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La felicidad, esa constante búsqueda




Partes: 1, 2

  1. Resumen
  2. Pensamiento griego
  3. Pensamiento escolástico
  4. Distintos modelos contemporáneos de felicidad
  5. Artículos periodísticos relacionado al tema
  6. Conclusión
  7. Bibliografía

RESUMEN

Se piensa a menudo, que la desgracia es el advenimiento del mal y el dolor a la vida humana, esto consiste en una dualidad del mal hasta el logro del bien, desde la infelicidad hasta la alegría. La felicidad es la liberación del mal, es la eterna búsqueda del hombre, cuya aceptación no es desechada, porque en ella puede conseguirse.

INTRODUCCIÓN.

Cuando empecé a indagar el tema de la felicidad estaba dispuesto a preguntarme ¿Cómo plantear adecuadamente la felicidad?. Quizá la respuesta sea simple, y solo se responde si encuadramos estos interrogantes en un ámbito de reflexión. Según Julián Marías, el tema de la felicidad se plantea en una situación donde hay grandes discusiones importantes que evitan realidades que no se pueden definir fácilmente y que uno, gracias a la experiencia y al asombro puede llegar a conocerlas cada vez mas.

La pregunta por la felicidad no requiere una respuesta meramente conceptual. Al descubrir la complejidad del problema que esconde el concepto, no podemos dejar de preguntarnos si no hay algún rasgo básico que siempre queda en manos del azar, del destino, de la suerte, de la fortuna o, simplemente, de la «aventura».

Además, una inadecuada conceptualización del hecho ha traído como consecuencia que los filósofos morales se dediquen con mayor apuro a la legitimación de normas que a la elaboración de los problemas racionales que determinen las condiciones de felicidad.

Se busca llegar a conocer mas allá de las sensaciones materiales, aunque en algunos casos es importante lo material, a las realidades que se obvian no son cosas sino más bien le pertenecen a otro tipo de realidades, llámese "más complejas". Por ejemplo, es imposible determinar la vida o la muerte a partir de encuestas o estadísticas, hay que pensar en este caso en realidades complejas que no contienen componentes materiales.

Es necesario conocer todo nuestro sistema intelectual, para poder afrontar las realidades afectivas que supone el mundo y por consecuencia, como dice Julián Marías "remediar en lo posible ciertas ausencias".

Queda claro afirmar que todas las palabras poseen un significado y a su vez se le atribuyen ciertos sinónimos que pueden ser discutibles. También existen las realidades contrarias a ciertas palabras. Supongamos, a la felicidad se puede atribuir como suerte, fortuna, beatitud; pero en realidades contrarias, infelicidad, desgracia, mala suerte, entre otras. Como dice el autor, lo malo deriva de lo bueno por eso se parte de la felicidad como tal y luego de lo contrario. Lo que se intenta con la lingüística es saber si la felicidad es un verbo o un adjetivo, y que queda claro que es muy difícil saberlo, pero nos ayudaría a responder que se entiende de ella. Por ejemplo, si partimos de que es un verbo, sería como se expresaría la felicidad; y si es un adjetivo, hay varios términos para enumerar, como afortunado, próspero, entre otros.

Con respecto a los primeros interrogantes o exploraciones, se establece que la felicidad es confundida con alegría, bienestar, placer y demás realidades que sin duda tienen que ver con ella pero que no la constituye en su totalidad, destacando de este modo que por su carácter confuso y elusivo, no se ha prestado mucha atención intelectual a la felicidad, pero por otra parte el hombre no deja de buscarla. Todo lo que hace, lo hace con el propósito voluntario de aumentar su felicidad. Las cosas que busca y quiere el hombre tienen un trasfondo que es su felicidad. Nos interesan en la medida en que van a contribuir a afirmar nuestra felicidad.

Nos puede llegar a esclarecer el tema, si se pudiera colocar límites, para poder preguntarse de lo tan misteriosa que es, pero no se solucionaría el problema. Conocer que es la felicidad como tal es muy complejo y se puede confundir con realidades superficiales.

La vida humana, se concentra en un desenlace definitivo o inquebrantable, que lleva a la persona a dos riesgos; uno olvidarse que la felicidad está en la vida y el otro peligro es no imaginar que la felicidad sea sobrenatural, o sea pensar que es algo placentero o bien en algunos casos material.

La felicidad de cada uno es de uno, pero no solo de carácter individual o particular, sino tiene que estar conectado con cada uno de nosotros mismos. Uno intenta ser que necesita ser, la felicidad de cualquiera no es felicidad de nadie, y por eso es necesario que la felicidad ultraterrena se la piense en conexión estrecha con ésta.

La felicidad es una aventura interior. Lo que nos pasa, siempre nos pasa dentro. Si falta el estado de ánimo adecuado, la sensibilidad de la conciencia para lo maravilloso o lo terrible, no habrá heroísmo o aventura, aunque el sujeto se pase la vida divagando.

Hay muchas personas que creen que los hombres no son felices en la tierra, pero por otra parte el hombre es el ente que necesita ser feliz porque nunca renuncia a la felicidad y acá nos encontramos con un problema muy importante para definir la felicidad.

El hombre nunca está contento, porque necesita de una o de otras cosas distintas para poder ser feliz. A diferencia del animal, el hombre no tiene naturaleza en sentido de vida pero tiene la capacidad de la razón <logos>, no vive naturalmente sino que depende de construcciones, tecnologías, etc. El animal tiene naturaleza de conductas que se logran a partir de una condición genética y obviamente, vive sin modificar la naturaleza. Debido a esto, la felicidad no es una vida.

La felicidad no es un «premio» que se obtiene al obrar bien; no es exterior a los quehaceres, tareas y prácticas del concursar humano, sino que se va logrando en aquel modo de vivir que nos es más propio como seres humanos racionales. Pero como no todos coincidimos en el modo de entender la dignidad y plenitud, tampoco en la historia de la filosofía moral encontramos unanimidad en los distintos sistemas morales.

La ética de la felicidad debe ser a la vez una ética de la responsabilidad consciente de la copia de sus propuestas. Ya no es posible pensar con seriedad las condiciones de la felicidad sin las condiciones de la justicia; dicho con otras palabras, es preciso reconstruir el sentido que pueda tener una ética de la felicidad desde la posibilidad real de una vida humana digna para todos.

Desde una perspectiva social se corre el peligro de identificar «bienestar público» con «felicidad pública». Cuando se produce esta identificación, nos hallamos ante dos peligros. Por un lado, ante una ética social necesitada de cuantificar todas las consecuencias; por otro, ante un utilitarismo que, en aras del «bienestar público», promueve una «felicidad pública» con el peligro de agravar la «libertad pública».

El objetivo de esta monografía es saber ¿qué se entiende por felicidad?, ya sea desde el punto de vista aristotélico-platónico, y del cristianismo. También dar explicaciones fundamentadas para saber ¿porqué la felicidad es aquello que sentimos como nuestra inexorable realidad?.


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