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La Educación: Una mirada desde la Teoría de la Complejidad (página 2)

Enviado por Juan Carlos Denis



Partes: 1, 2

Las cuatro reglas básicas del Positivismo son las siguientes:

  1. Rechazar la diferencia entre esencia y fenómeno. Las esencias no son perceptibles al hombre; por lo tanto sólo se tendrán en cuenta los fenómenos.
  2. En el mundo sólo hay objetos particulares; las generalizaciones son ordenaciones de los datos experienciales (Nominalismo).
  3. Los juicios de valor carecen de objetividad por no ser dados en la experiencia sensible. Aún así la moral es importante para la ordenación de la sociedad.
  4. Hay un solo método válido, el de La Ciencia Única: La Física

La base de la filosofía comteana esta en la teoría de los tres estadios de la historia de la humanidad (Teológico, Metafísico y Positivo).

En el primer estadio (Estadio Teológico) los seres humanos buscaron el origen de las cosas, las causas esenciales, los conocimientos absolutos.

Con el correr de los siglos se pasó a un segundo estadio: el Metafísico, el cual es sólo de transición. Aquí la razón trata de entender lo absoluto, y a través de abstracciones se desarrolla una ontología.

Finalmente se accede al estadio Positivo, donde el hombre se desembraza ya de lo anterior para dar paso a la realidad concreta. La característica principal de este promisorio período es "la subordinación de la imaginación a la observación. Si bien está subordinada, la imaginación no desaparece: su tarea es crear o perfeccionar los medios de relación, las conexiones entre los fenómenos"

Como se dijo anteriormente, los fundadores del sistema educativo de nuestra nación combinaron los valores de la Revolución Francesa (Libertad, Igualdad y Fraternidad) con la profunda confianza en la ciencia del Positivismo, lo cual forjó un nivel de educación que fue muy oportuna para la época que se vivía.

Pero los tiempos cambiaron y la crisis que la Filosofía Positivista acarrea en lo científico desde hace décadas, influyó notoriamente en la reflexión pedagógica.

MARCO TEÓRICO

¿Que es la complejidad?

Durante los últimos años, la palabra complejidad se usa con frecuencia, no solamente en los ambientes intelectuales sino también en el lenguaje cotidiano. El término suena atractivo ya que nos muestra una verdad difícil de cuestionar: la realidad, en toda su dimensión, es compleja.

Este descubrimiento nos puede llevar a caer en una trampa acerca de la cual somos prevenidos, inclusive, por el mismísimo Morin: la de concebir a la complejidad como una poción mágica para los males del espíritu y no como un constante desafío.

Etimológicamente, la palabra complejo deriva del vocablo latino complexus, que significa "lo que está tejido junto". La complejidad es el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares que constituyen nuestro universo. Hay complejidad "donde en un mismo espacio conviven orden y desorden, donde no sólo hay determinismo sino también azares; allí donde emerge la incertidumbre".

La complejidad va acompañada de la perplejidad, es decir de lo enredado, lo inextricable, el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre.

Hay muchos tipos de complejidad, por un lado podemos hablar de aquellas que están ligadas al desorden y otras que están sobre todo ligadas a contradicciones lógicas. Lo complejo de esta manera "recupera por un lado la incapacidad de formar un orden absoluto y por otro la incapacidad de evitar contradicciones"

Complejidad no es lo mismo que complicación. Lo complicado se puede reducir a un principio simple. Si bien el mundo es complicado, también es complejo. Sino así no fuera, los problemas del mundo tendrían un llano camino hacia su solución. Simplemente se apelaría a la reducción y esto sería suficiente. Pero si la reducción pretendería explicarlo todo se volvería "cretinizante y destructiva".

Esto se debe a que el mundo actual nos presenta problemas cada vez más pluridisciplinarios, multidimensionales, transnacionales, globales, planetarios etc. Dichos problemas exigen soluciones acordes con su naturaleza. Ofrecerles un conocimiento parcelado o disociado vuelve nulo nuestro esfuerzo por entender la realidad.

Ante esta delicada situación la escuela ha escogido una forma de enseñar totalmente fragmentaria. Nos han enseñado desde niños a dividir la realidad en materias o asignaturas. En vez de explicarnos que la realidad es compleja, se obedeció a los lineamientos positivistas y cartesianos, mostrándonos un mundo dividido en muchas partes bien separadas entre sí.

En el nivel superior la diferenciación se hace más aguda, hasta tal punto que si un docente de Historia, por ejemplo, corrige en un examen los errores ortográficos de los alumnos, estos se quejan diciendo que él no es el profesor de Lengua y Literatura.

Ante esta cultura fragmentaria, irremediablemente se aprecia la hiperespecialización, es decir aquella especialización que no permite ver el todo, que se encierra en ella misma y se forma una coraza definitiva ante su entorno. Al tener en alta estima este tipo de especialización, el paradigma simplista veces parece imborrable.

Así el estudiante se enfrenta con los problemas cotidianos de la vida y no puede hacerlos con éxito debido a que es incapaz de pensar lo multidimensional, "cuanto más progresa la crisis, más aumenta la incapacidad para pensar la crisis, cuanto más globales se vuelven los problemas, menos se piensa en ellos." La inteligencia termina siendo una inteligencia irresponsable.

Por lo tanto quien aspire a esta nueva concepción de pensamiento debe evitar la fragmentación simplista y los sistemas filosóficos cerrados, que explican la realidad desde su olimpo de la totalidad y la escritura acabada.

Es decir que la complejidad esta estrechamente relacionada con ver la realidad en sí. Complejidad es observar el todo desde nuestra limitación humana, con ese asombro inigualable que los griegos supieron tener al intentar conocer la naturaleza.

Esto nos lleva a reflexionar sobre la Filosofía de la Naturaleza que nuestro autor sostiene.

Antes de explicarla es importante destacar que en la actualidad, diversos descubrimientos y el dinamismo de la sociedad en que vivimos han hecho imprescindible el replanteo de la ontología y la epistemología clásicas.

La modernidad, a través de Galileo y Newton, interpretó el universo como un sistema independiente del hombre y sujeto a leyes matemáticas y necesarias.

Pero hoy en día "el orgulloso edificio de la ciencia clásica ha sido sacudido por fuertes terremotos que amenazan día a día la solidez y eternidad que se habían atribuido a sus pilares".

La ciencia moderna omitió ciertas cuestiones filosóficas con respecto a la naturaleza que no se respondieron, ya que su intento era salvar los fenómenos, la filosofía actual pretende salvar la realidad y para eso debemos admitir cuestiones que eran tabú para aquella ortodoxia científica: indeterminismo, desorden, caos, etc.

Ante estos términos, podríamos ver la realidad como un misterio y el conocimiento como un problema.

La teoría de la complejidad se ha decidido a reivindicar y construir una ontología que trate de dar una respuesta a la pregunta por la naturaleza. El objetivo de Morin es comprender el todo desde una physis y una epistemología complejas. Esto nos lleva a superar las nociones de "objeto" y de "elemento", reemplazándolas por las de sistema.

Sistema es "El carácter fenoménico y global que toman las interrelaciones cuya disposición constituye la organización del sistema", nótese que la definición apunta, no a un objeto separado, sino a las interrelaciones. Es decir que el universo está conformado por sistemas que irremediablemente están en constante y completa relación con el todo.

Desde la persperctiva del todo el sistema es uno (unitas), pero desde sus partes es diverso y heterogéneo (multiplex), por lo tanto hablamos de unidad compleja de la cual derivan las emergencias.

Las emergencias son las cualidades fenoménicas del sistema, están dotadas de retroactividad organizacional, por su capacidad de contribuir retroactivamente a reproducir aquello que las produce. Es decir que lo real no es solamente lo que está escondido en lo profundo, sino también lo que emerge en la superficie, aún así debemos ser conscientes que las emergencias son resultados, no fundamentos ontológicos.

Dentro de un sistema hay organización solamente si las fuerzas de atracción que operan en el nivel de los componentes se imponen a las fuerza de exclusión. Una vez en marcha, el mecanismo que asegura la constancia de un sistema se denomina retroacción negativa, cuya misión es evitar que determinadas fluctuaciones lleguen a superar un umbral crítico de tolerancia y se conviertan en una amenaza para la estabilidad del sistema, porque (es necesario destacar esta idea de Morin, por su influencia en la educación) el sistema no es sólo armonía entre elementos sino desorden organizacional. La physis compleja que sostiene nuestro autor, garantiza la organización (o mejor dicho, la autoorganización) dentro del desorden. Una vez que el orden y la organización hayan surgido, emergería con ellos una capacidad intrínseca para vencer cualquier amenaza que ponga en peligro su continuidad.

El concepto más conocido dentro de la ontología de Morin es el de Bucle Tetralógico, el cual es el principio que posee la physis compleja y se divide, obviamente, en cuatro momentos:

  • Desorden y agitación: sin ellos, las interacciones necesarias para que surja el orden son impensables y no podríamos admitir que en el universo hay evolución constante e infinitas relaciones. Concluiríamos en un determinismo si no admitimos el desorden, pero tampoco podemos afirmar que el universo es desorden absoluto; por lo tanto el universo es imperfecto-perfecto y en el hay un mínimo de reglas y leyes que constantemente ceden su rigurosidad al Azar.
  • Interacción: Es la solidaridad entre los componentes de un sistema. La interacción es la piedra angular, sin la cual no habría orden.
  • Interrelación: Ningún fenómeno u objeto se encuentra realmente aislado e independiente sino que éste está en interrelación con otros, los que a su vez determinan y son determinados por el fenómeno u objeto en consideración. Todos ellos conforman un sistema. La idea de aislamiento no es más que una abstracción, necesaria sí, pero un tanto problemática y por ello debe ser manejada con sumo cuidado.
  • Emergencia: La novedad del todo. Esta idea es muy fuerte en Morin, a tal punto de que el hombre mismo es una emergencia de la historia de la vida terrestre. Hay una emergencia en el origen del hombre como así también hay emergencias en un grupo de trabajo, en la relectura de un texto, en la búsqueda de Dios etc. El universo es novedad constante, por lo tanto las emergencias son infinitas e incalculables en cantidad.

Morin, al concebir la realidad como un bucle, da diversos ejemplos de ellos. Citaremos a continuación algunos:

  • El bucle cerebro-mente-cultura

El hombre se realiza como tal dentro de la cultura. No hay cultura sin cerebro humano, y no hay mente (entendiendo a esta como capacidad de conciencia y pensamiento) sin cultura. La mente humana es un surgimiento que nace y se afirma en la relación cerebro-cultura. Una vez que la mente ha surgido, ella interviene en el funcionamiento cerebral con efecto retroactivo. Cada uno de los términos necesita a los otros. La mente es un surgimiento del cerebro que produce la cultura, la cual no existiría sin el cerebro.

  • El bucle razón-afecto-impulso

La complejidad humana integra la animalidad en la humanidad y la humanidad en la

animalidad. Las relaciones entre las tres instancias no solamente son

complementarias sino también antagónicas, implicando los conflictos muy

conocidos entre la impulsividad, el corazón y la razón; de manera correlativa; hay

una relación inestable, permutante, rotativa entre la razón, la afectividad y el impulso . La racionalidad no es un poder supremo (como pretendía la modernidad); es sólo una instancia de una triada inseparable; es frágil puede ser dominada, sumergida, incluso esclavizada por la afectividad o la impulsividad.

2.4 El bucle individuo-sociedad-especie.

Los individuos son el producto del proceso reproductor de la especie humana, pero

éste mismo proceso debe ser producido por dos individuos (madre y padre). Las interacciones entre individuos producen la sociedad y ésta es parte de la especie humana.

No se puede absolutizar al individuo, deificándolo tal como pretendió la modernidad al considerarlo un fin supremo; tampoco se lo puede recortar de la sociedad o de la especie. A nivel antropológico, la sociedad vive para el individuo, el cual vive para la sociedad/humana.

Todo desarrollo verdaderamente humano significa desarrollo conjunto de

las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y del

sentido de pertenencia con la especie humana.

Es decir que la persona lleva en su interior el mundo físico y químico y a la vez su conciencia lo separa de dicho mundo. Llevamos dentro de nuestra singularidad a toda la humanidad, a toda la vida, en definitiva a todo el cosmos y su misterio. Esta idea de hombre nos remonta a los antiguos griegos quienes sostenían que el hombre es Microphysis; es decir que cada ser humano tiene en sí la misma capacidad de autorregularse que posee la naturaleza. En el conviven la animalidad, la racionalidad, la irracionalidad, la preocupación por la sociedad (polis), etc.

A través de estos conceptos (y muchísimos otros) el autor ha encontrado un Hilo de Ariadna que le permite bucear en la complejidad y no perderse en ella. Nociones como sistema, bucle tetralógico, emergencias, retroacción negativa, entre otras, nos dan una idea importante acerca del fundamento de la teoría pedagógica de nuestro autor.

El error, la novedad, la incertidumbre, la impredecibilidad, la admisión de opuestos etc, son componentes esenciales del acto educativo, a los cuales no debemos esquivar. El desarrollo de este trabajo tratará de explicar esta revolucionaria visión y su impacto en la práctica de los docentes del siglo XXI.

DESARROLLO

CAPÍTULO UNO

La Teoría de la Complejidad y Los Docentes

Ante esta nueva visión acerca de la realidad, los educadores se encuentran con una misión indelegable: la de transmitir "no saber puro, sino una cultura que permita comprender nuestra condición y ayudarnos a vivir. Al mismo tiempo favorecer una manera de pensar abierta y libre".

Se debe transmitir un conocimiento que se dé cuenta que las partes dependen del todo y viceversa; que no aísle los fenómenos (como pretendía Descartes) sino que los integre en la totalidad y que detecte lo uno en lo diverso; admitiendo la diversidad y la unidad a la vez.

Esto debe estar acompañado de la incansable búsqueda (por parte del docente) de que los alumnos logren un estado interior y profundo de reflexión para poder orientarse por sí mismos en la vida.

La incapacidad que los actores de la comunidad educativa poseen para interpretar sistemas complejos no es innata.

La modernidad es la culpable de haber eclipsado lo que los griegos, los hebreos y los medievales pudieron vislumbrar. La aceptación de un plus de misterio complejo que escapa al entendimiento humano y que enfrenta a éste con sus límites -dejándolo en el campo del asombro-ya había sido hecha por nuestros antecesores milenarios.

Pero en la fragmentación cartesiana se sobrevaloró lo claro y distinto. La escuela argentina acepto esta propuesta gnoseológica y la combinó (como ya se dijo) con elementos del Positivismo, Conductismo y La Ilustración. Por lo tanto desde sus comienzos se enseñó "al soberano" a dividir la realidad para entenderla; y si es posible entenderla con detalles eruditos y de memoria. Definitivamente un cambio de paradigma es imperioso.

Es decir que las prácticas educativas no deben centrarse en un enciclopedismo que transmita lo puramente cognitivo, eso lo puede hacer una computadora, un libro o un programa de TV. La verdadera educación es un encuentro entre seres humanos, donde la vida misma es la protagonista. Se deben cuestionar las instancias pedagógicas tradicionales y buscar la perspectiva compleja. Los contenidos tratados en clase deben apuntar a la transformación del sujeto, "no son neutros, se presentan en concreto, con un determinado grado de valor. (...) en consecuencia, cada contenido educativo no debe ser propuesto sólo como conocimiento objetivo, también debe ser reconocida la libertad del sujeto para apreciarlo como valioso para sí."

En su gran libro Educar es un riesgo Luigi Giussani nos advierte que la verdadera educación es aquella que introduce al estudiante a la realidad total. "Realidad es para la palabra educación como la meta para el camino" y, según lo que venimos exponiendo, dicha realidad es compleja.

Es por eso que es imprescindible que el docente de hoy presente los contenidos integrados al conocimiento cotidiano e intereses del alumno, es decir a su realidad total.

La escuela debe tener en cuenta constantemente la realidad de los alumnos. El contexto en el que ellos se desenvuelven los modifica sin cesar; por eso en educación la relación con el medio, con el contexto, con la realidad total es imprescindible en los docentes. Se debe estar al tanto de la vida de los jóvenes: sus códigos, sus costumbres, su forma de pensar, los peligros a los que se exponen, los personajes de televisión con los cuales se identifican etc.

En La Cabeza Bien Puesta, Morin afirma que la escuela debe enseñar la condición humana. A mi entender esta afirmación está en estrecha relación con la postura de Giussani anteriormente citada.

Enseñar la condición humana no es algo que le corresponde sólo a las Ciencias Humanas ni a la Literatura.

Es también responsabilidad de las Ciencias Naturales, integrando en este término la cosmología, la ecología entre otras. De esta manera el hombre se mostraría situado dentro del cosmos y la vida.La condición humana se le presenta a todos los hombres, así vivan la existencia más rutinaria. No es patrimonio exclusivo de quien filosofa o del poeta tomar conciencia de la tragedia de la muerte, de lo misteriosa que es la vida, de la pregunta por la existencia de Dios. Esas preguntas están en el corazón del hombre, por lo tanto nadie está exento de esos planteos existenciales.

La era planetaria en la que vivimos es veloz y dichos planteos más de una vez quedan postergados. Los adelantos tecnológicos son rápidos, la atención al cliente es rápida, las rutas son rápidas y el crecimiento de las fuentes de comunicación y conocimientos también son rápidas

En el mundo, las comunicaciones crecen de un modo incontrolable, quedando al desnudo otro problema que en la actualidad se debe entender y a la vez combatir: el de la expansión descontrolada de saber.

Con una metáfora muy adecuada, Morin nos habla de una "gigantesca Torre de Babel" de la cual emana más confusión que conocimiento, haciendo referencia a la ola interminable de saberes disociados y descontextualizados que emergen desde las ciencias, medios de comunicación, etc. Se activó el conocimiento pero se adormeció la capacidad crítica y reflexiva. El ser humano, desesperado, observa como el conocimiento se escapa, inasible, de sus manos.

Aquí surge otra idea muy importante: es inútil saber si no se sabe para la vida. Y en la medida que los docentes no tengan en cuenta esto, corre peligro la noción de hombre a la que se quiere arribar. El alumno que no sabe para la vida no aspira a la sabiduría, que es, en última instancia, lo que hace del conocimiento algo imprescindible. Si el docente es enciclopedista o simplista logrará un hombre con una cabeza repleta, en cambio si el docente piensa en complejo e incentiva al alumno a transitar el mismo camino, logrará formar un hombre con la cabeza bien puesta.

Aprender a vivir es, no sólo conocer, sino transformación de ese conocimiento en sapiencia para la vida. Si no se logra este cometido, el alumno quedará rezagado en la Torre de Babel antes citada.

Dicha sapiencia esta fundada en la contextualización del saber. Las clases del docente de la era planetaria deben enseñar a contextualizar los conocimientos. La aptitud para contextualizar debe ser un imperativo categórico de la educación.

La Complejidad exige al docente, entre tantas otras cuestiones, considerar al alumno en su individualidad, entenderlo como un ser único e irrepetible. "Cada grupo, cada alumno, cada suceso educativo representa una problemática a resolver, por lo que no se pueden aplicar teorías o técnicas estandarizadas; sólo una permanente actitud reflexiva acerca de los acontecimientos vividos va constituyendo un almacén experiencial, al que el docente puede acudir en circunstancias de incertidumbre"

La humildad que esta cita reclama a la profesión docente es notable. Cuando más sumergidos estamos en el pensamiento complejo, más modestia necesitamos. La teoría de Morin nos muestra, en gran parte, la lucha constante contra el entendimiento de la realidad desde una sola visión y nos invita a ver las situaciones desde el suelo de la incertidumbre.

Capítulo dos

Los siete saberes necesarios para nuestra educación

En su libro Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, Morin expone, a mi entender, lo que los actuales y futuros docentes debemos tener presente en cada momento de nuestra práctica.

A través de esta obra podemos apreciar como la educación adquiere un carácter estratégico, pues permite tomar conciencia de los desafíos a enfrentar y crear otras condiciones para el desarrollo de soluciones.

El conocimiento y sus cegueras

El primero de los saberes, según nuestro autor es ser plenamente concientes de que todo conocimiento conlleva riesgo de error e ilusión. Esta lucha es crucial y "contra las ideas, pero no podemos hacerla más que con ideas"

Morin denuncia que la educación, cuyo objetivo esencial es comunicar los conocimientos, permanezca aún hoy a ciegas ante las imperfecciones, dificultades y tendencias tanto al error como a la ilusión que dicho conocimiento posee. La preocupación debe ser, por lo tanto: conocer lo que es conocer, y así afrontar riesgos permanentes de error e ilusión que no cesan de parasitar la mente humana.

Un conocimiento no es el espejo de las cosas o del mundo exterior. Todas las percepciones son a la vez traducciones y reconstrucciones hechas por el sujeto. Nunca sabremos la distancia exacta entre el cognoscente y el objeto conocido.

Conocer es también interpretar, lo que introduce el riesgo de error por la subjetividad de quien conoce, por su visión del mundo, sus principios de conocimiento, las perturbaciones mentales que aportan las emociones o la proyección de los deseos o miedos.

Se podría solucionar este problema si elimináramos el riesgo de error rechazando cualquier afectividad. Pero esto es imposible porque existe una relación muy estrecha entre inteligencia y afectividad.

La educación debe entonces dedicarse a la identificación de los orígenes de errores, de ilusiones y de cegueras, con un agravante: nuestro sistema de ideas (teorías, doctrinas, ideologías) no sólo cometen errores sino que también los protegen.

La razón humana también está llamada a moderar las aspiraciones que la modernidad le brindó. Lo que se propone desde el pensamiento complejo es la racionalidad; bien diferenciada de la racionalización.

La racionalización es cerrada, la racionalidad es abierta por naturaleza, dialoga con una realidad que se le resiste Un racionalismo que ignora los seres, la subjetividad, la afectividad, la vida, es irracional.

Al endiosar la razón, la filosofía moderna creyó imposible que el resto de la humanidad posea la verdadera racionalidad; esta sería una cualidad de la cual dispondría en monopolio sólo la civilización occidental.

Esto obviamente no puede ser aceptado desde una visión compleja. Como consecuencia se propone un principio de incertidumbre racional donde se acepten los severos límites que posee la racionalidad, pero no al estilo kantiano donde se dictaminaba hasta que punto se podía encontrar certeza absoluta, sino los límites que le otorgan la afectividad, el carácter, el contexto cultural, la situación económica etc.

Un alumno que es educado por un docente que es consciente de esta problemática, se encontraría en las puertas de la lucidez, o como Morin prefiere llamarlo en una iniciación en la lucidez, la cual viene del la mano de la autoobservación.

La autobservación "Es esa aptitud reflexiva de la mente humana que la vuelve capaz de considerarse a sí mismo". Es abandonar ese egocentrismo tan arraigado en nuestra cultura: el de la autojustificación. Es descubrir, no sin asombro, como la memoria elimina lo que nos molesta y redunda en recuerdos agradables.

La lucidez es inseparable de aquello que los paradigmas simplistas quisieron eliminar: el error.

Las equivocaciones y los desaciertos son parte del proceso de aprendizaje y es deber de los maestros practicar la tolerancia del error del alumno, ya que al no considerarse el saber como algo definitivo sino como algo progresivo, nos vemos en la necesidad de darles el lugar que les corresponde.

Un alumno que se equivoca es un alumno que está aprendiendo, y si llegara a superar su error podrá lograr la racionalidad, la cual se esfuerza por unir la coherencia con la experiencia a través de sucesivas equivocaciones. Se debe aceptar la educación como una situación compleja donde conviven el orden y el desorden, el error y el acierto; donde no hay determinismo sino azar, incertidumbre, perplejidad etc.

La contextualización del conocimiento

El segundo saber necesario explica algo fundamental para la educación de hoy y mañana: la contextualización. Educar en la era planetaria implica situar todo en el contexto y en la complejidad planetaria. El conocimiento del mundo, en tanto que mundo, es una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo.

Morin observa cuatros aspectos que esta propuesta debe considerar:

  • El contexto: El conocimiento de las informaciones de un modo aislado (como proponía Descartes) es insuficiente, debemos ubicar dichas informaciones en su contexto para que adquieran sentido.
  • Lo global: es decir, las relaciones entre todo y partes. Lo global no es sólo el contexto, es el conjunto que contiene partes diversas ligadas de manera inter- retroactiva u organizacional. Morin habla del principio hologramático donde el todo está en la parte. Cada célula singular, cada individuo singular contiene de manera holográmica el todo del cual hace parte y que al mismo tiempo hace parte de él.
  • Lo multidimensional: Las unidades complejas (el ser humano, la sociedad) son multidimensionales; el ser humano es a la vez biológico, psíquico, social, afectivo, racional. La sociedad es histórica, económica, sociológica y religiosa a la vez. El educador debe reconocer esta multidimensionalidad y reconocer estas inter- retroacciones permanentes.

Por ejemplo cuando abarcamos un conocimiento económico, debemos apreciar que la economía conlleva en sí, de manera holográmica: necesidades, deseos, pasiones humanas, que sobrepasan los meros intereses económicos.

Lo complejo: El conocimiento pertinente debe enfrentar la complejidad. Como ya se dijo complexus significa lo que está tejido junto, la complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad. En consecuencia, la educación debe promover una « inteligencia general » apta para referirse, de manera multidimensional, a lo complejo, al contexto en una concepción global.

Estamos recién en el comienzo de una era planetaria donde el conocimiento debe reconocer los diversos entornos que lo rodean. La pregunta que los docentes deben hacerse es "¿Como percibir y concebir el Contexto, lo Global, lo Multidimensional, lo Complejo?" Lo nuevo, el saber que se presenta al alumno debe incluirse dentro de lo global.

La condición humana

El tercer conocimiento necesario apunta al misterio de la condición humana. La educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana. Los alumnos del siglo XXI deberán reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural.

Como se dijo en la introducción, ya se ha abandonado la idea de un universo ordenado, perfecto, eterno, por un universo que nace en la irradiación, en el devenir, disperso donde actúan de manera complementaria y antagónica el orden y el desorden, la organización y la desorganización.

La educación del futuro deberá velar, también por que la idea de unidad de la

especie humana no borre la de su diversidad, y viceversa.

Existe una diversidad humana. La unidad no está solamente en los rasgos biológicos de la especie homo sapiens y, por su parte, la diversidad no está solamente en los rasgos sicológicos, culturales y sociales del ser humano. Existe también una diversidad propiamente biológica en el seno de la unidad humana; no sólo hay una unidad cerebral sino mental, síquica, afectiva e intelectual. Además, las culturas y las sociedades más diversas tienen principios generadores u organizadores comunes.

Es la unidad humana la que lleva en sí los principios de sus múltiples diversidades. Comprender lo humano, es comprender su unidad en la diversidad, su diversidad en la unidad.

La educación deberá ilustrar este principio de unidad/diversidad en todos

los campos y los educadores deben tomar conciencia del ser hipercomplejo que es el ser humano.

Nuestra identidad terrenal

La enseñanza de la identidad terrenal, cuarto saber necesario, significa que este planeta necesita un pensamiento policéntrico capaz de apuntar a un universalismo no abstracto sino consciente de la unidad/diversidad de la condición humana;

El tesoro de la humanidad está en su diversidad creadora, pero la fuente de su creatividad está en su unidad. Es asombroso como el mundo con el paso del tiempo se vuelve uno pero al mismo tiempo se divide. Paradójicamente es la misma era planetaria la que ha permitido y favorizado la parcelación generalizada en Estados-nación.

Con trabajo y esperanza podemos avizorar para el tercer milenio la posibilidad de una nueva creación: la de una ciudadanía terrestre, y la educación, que es a la vez transmisión de lo viejo y apertura de la mente para acoger lo nuevo, está en el corazón de esta nueva misión. Esto implica un compromiso humano del educador.

En momentos difíciles, donde vemos que el planeta sufre constantes ataques a su equilibrio ecológico y donde mueren miles de personas, los Estados deberían abandonar su deseo de "soberanía absoluta por sobre todos los grandes problemas de interés común, por sobre todos los problemas de vida o muerte que sobrepasan su competencia aislada".

De esta manera se salvaría la diversidad y la identidad humana, tanto las relaciones entre oriente y occidente como entre norte y sur serían de dialógica (no excluyente) y no de dialéctica (excluyente).

Enfrentar la incertidumbre

Vivimos en un mundo en el cual no se sabe que pasará en un par de meses. Los desastres ecológicos nos alarman acerca de nuestro destino, las potencias mundiales tienen suficiente armamento como para destruir el mundo entero en días, la inestabilidad económica puede sacudir de repente a múltiples sectores del planeta que hasta el momento parecían pisar suelo firme, la inseguridad civil (sobre todo en nuestro país) es una preocupación obsesiva. Hasta las relaciones afectivas se han desligado de "lo seguro" y los concubinatos o convivencias de pareja son cada vez más comunes.

Ante esto debemos plantearnos como continuar. No podemos aspirar a lo estrictamente seguro en un mundo que no lo es, y que tal vez nunca lo fue; el siglo XX nos enseñó que no se puede eliminar lo incierto

El conocimiento que procuramos que nuestros alumnos desarrollen se da en un contexto de incertidumbre cerebral, (porque nunca es reflejo absoluto de lo real) psíquica (porque no hay conocimiento sin interpretación) y epistemológica (la certeza parece no existir gracias a Nietzsche en lo filosófico y Popper en lo científico).

Después de miles de años de historia estamos con la misma incertidumbre de quien comienza. Tal vez, como humanidad, nunca quisimos darnos cuenta de esto, pero sería lo mejor tomar conciencia como educadores de que no es habitual lo definitivamente seguro.

Por lo tanto es imperiosa la necesidad de hablar de estrategias del docente y no de programas cuando planificamos nuestras clases. Es verdad que hace ya un tiempo los docentes vienen usando este nuevo término; aún así debemos tomar conciencia de que la estrategia se opone al programa. El programa determina a priori las acciones para lograr un objetivo, requiere de estabilidad total en el contexto del educando. Es decir que ante la menor perturbación de esa estabilidad se detiene el programa. "La vida nos solicita la estrategia".

De esta manera los docentes situaran los contenidos en los nuevos escenarios, comprendiendo así el Universo, la Tierra, la vida, lo humano.

Por último debemos integrar la incertidumbre en la esperanza. Esto, en otras palabras, es la apuesta. Lo azaroso de la existencia nos invita confiar en la aventura de la vida; la cual siempre nos depara novedades y desafíos a los cuales apostar.

Saber comprender

La situación sobre nuestra Tierra es paradójica. Las interdependencias se

han multiplicado, la comunicación triunfa, por todos lados encontramos redes, faxes, teléfonos celulares, modems, Internet, y sin embargo, la incomprensión continúa.

Podemos decir que en algo hemos avanzado con respecto a la comprensión, pero los progresos de la incomprensión parecen aún más grandes.

La comprensión de debe dar de dos maneras: de un modo planetario es decir, la comprensión entre humanos y de un modo individual, (relaciones particulares). Ambos modos están cada vez más amenazados por la incomprensión

El egocentrismo cultiva la self -deception, traición a sí mismo engendrada

por la autojustificación, la autoglorificación y la tendencia a adjudicar a los

demás, extraños o no, la causa de todos los males. (Ver anexo)

La sel f -deception es un juego rotativo complejo de mentira, sinceridad, convicción, duplicidad, que nos conduce a percibir , de manera peyorativa, las palabras o actos de los demás, a seleccionar lo que es desfavorable, a eliminar lo que es favorable, a seleccionar nuestros recuerdos gratificantes, a eliminar o transformar los deshonrosos.

La incomprensión se expande como un cáncer en la vida cotidiana y no debemos permitir que nuestras instituciones educativas estén sin inmunidad ante esa onda expansiva. Ésta requiere un gran esfuerzo. Se necesita de una gran entereza para comprender a aquel fanático quiere matar, sabiendo que éste no

lo comprenderá jamás.

La verdadera tolerancia no es indiferente a las ideas o escepticismos generalizados; ésta supone una convicción, una fe, una elección ética y al mismo tiempo la aceptación de la expresión de las ideas, convicciones,elecciones contrarias a las nuestras. ¡Menuda tarea la que nos propone nuestro autor! La tolerancia supone un sufrimiento, ¿Estaremos dispuestos a sufrir por un mundo mejor?

Ética =Ser humano

Por último, nuestro pensador nos habla de la importancia del desarrollar una ética del género humano, donde el educando pueda ver su triple dimensión de individuo, sociedad y especie. Esta conciencia ciudadana, transfronteriza y transcultural es emergente para contestar a problemas que requieren una respuesta tan imprescindible como mundial; los educadores del siglo XXI deben vivir este tipo de saberes, para que su transmisión hacia los ciudadanos del mañana sea eficaz.

El Talmud, ese texto tan bello y sabio, nos enseña una parábola que se entronca con esta reflexión sobre la preocupación por el mundo. Un aprendiz pregunta a su rabino por qué la cigüeña es un ave impura si su nombre en hebreo (Hassidá) significa "piadosa, la que ama a los suyos", a lo que el rabino responde: "porque sólo ama a los suyos".

El individualismo liberal promovido por la filosofía moderna, alcanzo su auge en el capitalismo posmoderno. Por lo tanto pensarse como parte de un todo se hace muy difícil. Esto lleva a una gran dificultad para encontrar el verdadero sentido de la participación con nuestra comunidad nacional, más dificultoso aún se vuelve la preocupación por la comunidad global.

Nuestro autor propone focalizar la mirada política en la democracia. Pero entendiéndola como un sistema político que une de manera complementaria términos antagónicos:

Consenso, conflicto; libertad, igualdad y fraternidad; comunidad nacional/antagonismos sociales e ideológicos.

Morin pregunta si la escuela no podría ser práctica y concretamente un laboratorio de vida democrática. A mi entender, no sólo es posible, sino necesario. Si los docentes no enseñamos la participación respetuosa en los debates cotidianos de clase, ¿Cuándo hacerlo?

Obviamente, se trataría de una democracia limitada en el sentido de que un profesor no sería elegido por sus estudiantes, aún así las condiciones siguen siendo propicias para proyectar pequeños congresos en nuestras aulas que enseñen a nuestros políticos como se habla respetuosamente y respetando las ideas del otro.

La Humanidad dejó de ser una noción abstracta: es una realidad vital ya que desde ahora está amenazada de muerte por primera vez.; la Humanidad, de ahora

en adelante, es una noción ética : ella es lo que debe ser realizado por todos y en cada uno.

De esta manera quien escribe ha tratado de responder en parte a la pregunta eje. Gran parte de los factores necesarios para que los docentes piensen en complejo han sido enumerados y comentados en esta primera fase del desarrollo. A mi entender se necesita, de modo urgente una cabeza bien puesta, una generación de docentes comprometidos con la esencia transformadora del acto educativo. En los siete saberes imprescindibles para el educador del mañana se puede vislumbrar el motor del cambio, para un mundo que necesita de una verdadera educación.

Capítulo tres:

PROPUESTAS DEL AUTOR DEL TRABAJO

Considerar la Filosofía como anfitriona del pensamiento complejo:

La filosofía debe reencontrar su vocación original, la que tuvieron los primeros griegos al preguntarse por el origen del todo, la que permaneció en los grandes filósofos medievales y la que hoy se ha perdido al considerarse una simple metodología. La profunda misión que la filosofía siempre debe tener es la de contribuir a la toma de conciencia acerca de la condición humana y el aprendizaje de la vida. Quien filosofa debe confiar en que la verdad es posible para el ser humano. Con esto no se quiere decir que la verdad es de fácil acceso; pero si existe la posibilidad de buscarla, debemos aprovecharla.

La gran aliada de la Filosofía fue, es y será la Literatura. Mientras la mentalidad cientificista del siglo XIX aseguraba que el mundo se dirigía al paraíso terrenal gracias a la ciencia que solucionaría todos los problemas de la humanidad; Poe, Dostoyevsky y Kafka detectaron la angustia en medio del optimismo. A través del don literario advirtieron que algo terrible se estaba gestando en medio de tanta ilusión. El tiempo les daría la razón cuando aquella ciencia que solucionaría los problemas de la humanidad se ponía al servicio de la matanza mecanizada durante las guerras mundiales. La soledad, la tristeza y la locura del hombre del siglo XX que abandonó su fundamento divino y lo canjeo por promesas de un tubo de ensayo fue advertida por la Literatura.

Es por eso que propongo la integración de ella en nuestras aulas. La Filosofía es la anfitriona del pensamiento complejo y la Literatura su aliada infalible.

Es tanta la importancia que el pensamiento Complejo le da a la Filosofía que Morin recomienda que las clases de Física y Biología debieran ser dadas por los profesores que correspondan y a la vez estar coordinadas por un Profesor de Filosofía que sepa integrar la condición humana dentro de dichas ciencias.

La filosofía no es una disciplina, es un poder único de interrogación. Nadie pregunta como el filósofo, nadie posee la profundidad que él posee. La vida se vuelve superficial si no se cede ante las preguntas existenciales y filosóficas.

Reencontrarnos con el verdadero significado de Educación:

Etimológicamente la palabra educación nos invita a elegir entre dos significados: Educere, que significa "sacar del hombre lo mejor de sus posibilidades" o, en lenguaje aristotélico, "llevar al acto lo que es potencia". El otro significado proviene del verbo Educare que podría traducirse como "amamantar" o "nutrir". Debido a que el pensamiento complejo integra los opuestos y no deshecha uno definitivamente; creo que podríamos redefinir la educación como: Nutrir de conocimiento a la persona logrando que ella misma pueda lograr lo mejor de sus posibilidades; es decir que con su propia capacidad pueda lograr llevar al acto su potencialidad.

En nuestra tarea como educadores, podemos correr el riesgo de confundir educación con otros conceptos como instruir, (brindar información sin participación activa del receptor) adiestrar, (implementar automatismos mecánicos, reforzados mediante premios y castigos) o hacer discípulos, (conseguir seguidores a través de una sabiduría particular a la cual el otro se adhiere).

El educador puede desviar su aspiración a educar hacia estos últimos conceptos. Puede hacerlo conciente o inconcientemente. A mi entender debe intentarse no perder jamás la idea de transformación autónoma de aquel que es convocado al perfeccionamiento mediante el acto educativo. Sólo educando en el sentido auténtico del término estaremos pensando en complejo y transmitiendo la complejidad en su total magnitud.

En la pedagogía de occidente, persiste aún hoy los excesos a favor de los aprendizajes de tipo intelectual y memorístico. Entendiendo que el cuerpo, materia deleznable, no tenía importancia en el desarrollo del hombre, se sobredimensionó la ejercitación racional, la gimnasia mental, dándole lugar casi exclusivo en la educación sistemática de tipo intelectual. La persona era un envase vacío que podía ser llenado.

Quienes estamos a favor de la complejidad debemos fomentar la idea de que la clase es un campo complejo. La explicación que damos acerca de un tema se da en un momento concreto, donde confluyen en el acto educativo muchísimos factores psicológicos, sociales, culturales, económicos, institucionales, etc.

Dicha enseñanza, por lo tanto debe partir de lo que saben los alumnos, creando así tramas de situaciones complejas. Es decir que si el tema que se está dando es, por tomar un ejemplo al azar, La Ilustración, no se puede transmitir sólo las definiciones conceptueles. Se deben contextualizar los saberes, compartiendo temas que tengan que ver con dicho tema. (Derechos Humanos, Rev Francesa, los colores de la bandera francesa y su significado, Francia hoy, la influencia de esta ideología en nuestros próceres) no puedo escaparle a lo histórico, a lo económico, a lo actual.

Esto cumplirá con el objetivo de perfeccionamiento que tiene la educación. No se puede perfeccionar un hombre sólo en lo intelectual. Se lo debe hacer en todas sus dimensiones. En las nociones aristotélicas de acto y potencia descubrimos que el paso de la potencia al acto lleva de modo implícito la perfección.

Un ser en acto es más perfecto que un ser en potencia. Un hombre desarrollado a pleno en todas sus facultades es más perfecto que aquel que no pudo lograrlo. "La necesidad de educación está en la misma base de la condición humana. Sin ella, el hombre permanece en condiciones infrahumanas"

Educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos...) que pueden ser sabidos y merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento. El deber moral de quien educa es velar por esta cuestión y colaborar a que el alumno se nutra de la verdadera cultura, un complejo proceso por el cual un individuo se perfecciona a través de la toma de conciencia de su rol en el mundo.

Ser concientes de que no hay objetividad absoluta en la práctica docente

En la actualidad se utiliza muy a menudo el término profesionalización docente. A mi entender parte de esa profesionalización es tomar plena conciencia acerca de lo difícil que se nos hace ser objetivos en nuestra práctica cotidiana debido a la complejidad que poseen nuestra naturaleza humana, las personas a quienes educamos, el ambiente escolar, la situación socio-económica que nos rodea etc. La profesionalización impone una meditación constante acerca de nuestro día a día para lograr una objetividad no-absoluta que trate de acercarse a lo real a través de las construcciones particulares. No existe la neutralidad total porque cada docente mira la realidad desde su ángulo particular, desde su cosmovisión. Cada educador tiene afirmaciones elementales para el andar en la vida, las cuales están organizadas con una lógica propia e individual.

Por lo tanto todos somos distintos y cuando actuamos nuestras intenciones están teñidas de subjetividad. La objetividad es imposible aunque se la pretenda. Quien educa nunca puede actuar libre de prejuicios, aún creyendo en la objetividad.

Volver al significado auténtico de Laicidad:

Esta propuesta, si bien está basada en el Anexo 1 de La Cabeza Bien Puesta, también la quiero considerar una propuesta personal. En ella se encubre lo que sostengo acerca de qué debe ser la educación. Como futuro Profesor de Filosofía, creo que el principal error que comete nuestra escuela es evitar el diálogo y la discusión democrática. Así también muchos docentes creen que logran dicho diálogo y dicha discusión, pero muchas veces no pasa de ser una catarsis en la cual cada uno confiesa su postura y no se llegan a consensos genuinos.

A la hora de enfrentarnos a preciosos debates dentro del aula, debemos saber que la plenitud y la libre expresión de los sujetos constituyen nuestro propósito ético y político sin dejar de pensar también que ellos constituyen la finalidad misma de la triada individuo-sociedad -especie. En ellos se plasman con mayor fuerza nuestros esfuerzos. Posteriormente la sociedad y la especie recibirán el aporte que ellos le brinden.

De esta manera ofrecemos a los educandos las herramientas para construir una Democracia que aún hoy como país (a más de veinte años de elegir a nuestros representantes) no supimos lograr. El poder nos ha hecho creer que el único valor democrático es el voto. Esta mentira nos deja en la superficialidad con respecto al verdadero concepto de Democracia, cuyo primer deber es colaborar para que los miembros de un país sean auténtico ciudadanos, con participación en la vida política como se entendía en la Antigua Grecia.

Los creadores del la semilla del sistema político más usado en la actualidad tenían una unión existencial con la polis. Cambiar de polis era cambiar de dioses; por eso Sócrates prefirió la muerte antes que el destierro.

Para un griego hablar de Democracia combinada con Individualismo sería algo inentendible. El discurso dominante nos propone una Democracia Liberal, pero a mi entender esto es una contradicción filosófica, porque el Liberalismo es esencialmente individualista y la verdadera Democracia es compromiso con el otro y la ciudad; es entender que el todo (la polis) es mas que la parte (el individuo). Por lo tanto la Democracia Liberal terminaría siendo una suerte de libertinaje restringido donde la verdadera preocupación sería favorecer el crecimiento del mercado por encima de la persona humana y donde se acrecientan las diferencias entre ricos y pobres.

Los educadores no podemos darle la espalda a esta situación. Muchos docentes de Formación Ética y Ciudadana repiten el discurso de los manuales (obviamente liberal) de un modo acrítico. Reproducir lo que el poder prefiere que el docente enseñe despoja a la tarea educativa de todo su carácter revolucionario. Los valores supremos de solidaridad y responsabilidad respecto de la patria quedarían estériles.

El debate respetuoso de las ideas del otro debe retornar. El Positivismo entendió la verdad de modo unívoco y, aún hoy la escuela padece este verticalismo. La clase debe ser una invitación a pensar y al encuentro con la verdad, a la cual se llega desde la experiencia originaria de cada uno.

El espíritu real de la laicidad, más allá de su tinte liberal, era la discusión profunda y el espacio del debate. El Laicismo, en cambio, fue la separación de la educación de todo lo que significara dogma, entendiendo por dogma la verdad religiosa.

El problema es que el Laicismo permitió la subjetividad aún a costa de la verdad y cada escuela laica termino abrazada a un subjetivismo estéril donde el estudiante no recibía ninguna propuesta integral de vida.

Esta otra cara de la moneda (el Laicismo) termina siendo tan dogmática como su enemigo. El imperativo termina siendo: "Admitir todas las posturas".

Es por eso que la laicidad como espíritu de debate de ideas debe retornar pero sin llegar al Laicismo.

Enfrentar el desencanto posmoderno

Nuestra sociedad es identificada por muchos como Posmodernismo, Posmoralismo, Poscapitalismo o Capitalismo Liberal. Esta etapa es caracterizada como indiferente a las ideas absolutas de la modernidad, junto con un abandono de la cultura del deber y un repliegue hacia un individualismo con características egocéntricas y relativistas.

Al hombre posmoderno no le interesa el proyecto histórico de la modernidad, sigue negociando, previendo, atrincherado en sí mismo como si la historia no tuviera finalidad. Hay una decepción plena por no haberse concretado el ideal paradisíaco de progreso que el hombre moderno prometió a las futuras generaciones.

Ante esto, los docentes debemos ayudar a recuperar el espíritu de quien lucha por una utopía. Esto no significa que volvamos a caer en las ilusiones que la modernidad creyó. Los "paraísos" ofrecidos por el Marxismo, el Positivismo o el Fascismo no se cumplirán jamás, pero es deber humano mejorar aunque sea en parte el planeta. Se renunció a un mundo ideal pero se puede lograr un mundo mejor; aunque sea en parte.

Hoy en día el compromiso con el otro, con la sociedad y con la ideología parecen mortalmente desvanecidos. Debemos recuperar, sin llegar a ideologías que no se cumplirán, el ideal de vida de cada ser humano. No sólo el nuestro sino también descubrir, hasta donde fuera posible, el de la persona que estamos educando. Parte de nuestro trabajo es ayudar a su liberación del desencanto que la sociedad le propone y colaborar a que encuentre el sentido de su existencia en su ideal de vida, el cual debe ser concretado.

CONCLUSIÓN DEL TRABAJO

Al inicio de este trabajo, en las hipótesis, destacábamos la necesidad de que los docentes replanteen seriamente su práctica educativa de un modo constante, logrando así que alumnos, padres y otros actores de la educación comprendan la necesidad de ver la vida de un modo complejo.

Estamos en un mundo que a diario acrecienta su complejidad. La globalización ocasionó un quiebre en la historia de la humanidad, cerrando así una etapa de limitaciones tecnológicas. Hoy en día contactarse con cualquier parte del mundo es algo que lleva sólo minutos. Negociar es accesible para cualquier persona que acceda a una PC.

Ante este escenario, es llamativo como persistimos en paradigmas antiguos que no se adaptan a la complejidad presente. Es tanta la influencia del cartesianismo y su gran aliado educativo el positivismo, que aún hoy somos fragmentarios en los análisis de una realidad cada vez más "tejida junta".

El enemigo de la comunidad planetaria está más en nosotros mismos y es difícil reconocerlo y enfrentarlo. Por lo tanto estamos recién en los balbuceos de estas tomas de conciencia y de estas nuevas solidaridades. Por lo tanto la suposición inicial de que la escuela demorará mucho tiempo en ingresar de lleno al pensamiento complejo es confirmada por quien escribe este trabajo.

Debemos tomar conciencia que el entusiasmo por los proyectos de la modernidad llegó a su fin, "como si esta hubiese tenido en potencia su propio germen de su destrucción"

Hoy, al ver que dos guerras mundiales se estrellaron contra utopías que prometían la felicidad universal algunos años después de la Belle Époque; solo resta construir una convivencia pacífica que busque la verdad y no renuncie a ella ni a su complejidad.

La globalización pretende realizar esa construcción, pero no debemos ser tan ingenuos de creer que esto es así. La globalización tiene como características buenas la movilidad social, profesional, económica y comunicacional, pero conlleva muchas cualidades malas como es el hecho de que los países quedan supeditados a las grandes potencias económicas y que los males sociales también se globalizan.

El avance tecnológico parece haber escapado de las manos del hombre. A esto se le suma la desesperación que la sociedad tiene por lo nuevo. En meses puede volverse obsoleto lo que antes fue novedoso, lo cual crea en la sociedad una mentalidad destructora. Las personas se vuelven más propensas a desechar cosas y, a veces, seres humanos.

Esto nos habla de que el problema es también antropológico ya que hoy asistimos alo que se ha dado en llamar la extraña figura antropológica. Lo humano busca su continente y su identidad. El desconcierto puede ilustrarse con la expresión de Caín; luego del fratricidio cometido se autodenominó "errante y extranjero de la tierra" (Génesis 4:14)

La pluralidad que pregona el mundo contemporáneo facilita el hecho de que en la actualidad la antropología no muestre una imagen única de hombre, sino una multiplicidad de ellas. Después de la modernidad, los parámetros de objetividad y racionalidad absoluta cedieron sus espacios y dieron lugar al pluralismo y a la subjetividad. Al desestimar la verdad como principio orientador, prevalecieron los parámetros de lo útil o lo que contenta.

Es decir que asistimos a un momento de la humanidad donde han desaparecido los ideales y donde el fastidio caracteriza la atmósfera educacional. Los educadores se sienten desanimados porque no reciben la retroalimentación esperada.

Los alumnos encuentran poco atractiva la escuela porque la cultura dominante les impone disvalores ajenos a la educación; los padres tienen en poca estima el trabajo del profesor y no creen conveniente trabajar en equipo con la institución educativa, sino enfrentarla ya que no educan a sus hijos como ellos creen conveniente.

Precisamos una escuela donde se pueda aprender y disfrutar de todas las actividades que ella ofrece, incluyendo el estudio; donde los docentes quieran enseñar y se sientan plenos en su vocación. Donde los padres se unan a la institución confiando en que sus hijos tendrán gracias a ésta un mejor presente y futuro. Esto implica una profundización en la complejidad de la vida, favorecida por el cuerpo docente. El cual tiene mayor acceso a las obras de Morin y a la pedagogía en general.

También afirmábamos; en la segunda hipótesis, que es necesario que la Filosofía sea una verdadera anfitriona en este proceso de integración del pensamiento complejo a la práctica docente.

La filosofía, para cumplir con este cometido, debe dejar de ser una práctica que sólo realizan ciertas personas "elegidas" que hablan poco claro y que privan a sus alumnos de la apertura a la vida propia del saber filosófico.

La filosofía puede interesar a todos si uno se expresa con claridad. Si uno vulgariza lo que se pensó desde Tales hasta Hegel, desde Nietzsche hasta Foucault.

Las preguntas esenciales de la vida son el inicio de la filosofía y ningún ser humano escapa a esos cuestionamientos.

De esta manera se logrará en el ser humano que se está formando un mejor destino de vida, que le dé las herramientas para ser mejor mañana con respecto al presente. Entre tantas frases felices que he podido aprender en el trayecto de esta investigación hubo uno de Graciela Frigerio que resumen parte de mi pensar: la educación no está hecha para el presente.

El educador debe mirar constantemente al futuro, esto no significa, de ninguna manera una evasión. Si se eligió esta profesión se elige implícitamente un compromiso con el futuro.

Si cada comunidad educativa tuviera en cuenta estos factores, los destinos de la humanidad se unirían gradualmente, provocando el convencimiento de más gente aún.

Estamos en una comunidad de destino donde todos los seres estamos sometidos a una misma amenaza de armas nucleares o de desastres ecológicos. Lamentablemente nos une más el espanto que el amor.

Por lo tanto es imperioso que humanicemos la globalización, este es el principio básico de la comunidad terrícola, la cual debe reconocer si patria terrestre, su pertenencia a la Tierra-Patria.

La era planetaria está recién en sus comienzos y quien escribe se siente parte de aquellos que desafían el mundo actual globalizado. Es por eso que durante el transcurso del trabajo se ha hablado algunas veces de los docentes en tercera persona y otras veces en primera persona plural, porque el que escribe esta a punto de recibirse y pasa por una extraña situación de inter-juego entre el ser docente, en algún sentido y el no serlo todavía

El desafío de educar en un mundo cambiante, peligroso, en crisis, lleno de incertidumbres, altamente diverso y multifacético debe ser asumido, es por eso que con este trabajo traté de descifrar que es lo que necesitamos para ser docentes que piensen en complejo.

Con respecto a la pregunta eje de este trabajo, creo que los factores necesarios se han enunciado renglón a renglón; las propuestas del capítulo tres resumen lo que, en mi opinión necesita la educación para pensar en complejo, pero insisto nuevamente: el tiempo de proceso va a ser mucho, por no decir muchísimo. No es pesimismo, es ver que una transformación social lleva cambios que si no son profundos no son duraderos. Hoy en día no veo cambios tan profundos como para agilizar el proceso de cambio.

Si debería resumir en un solo factor, lo que se precisa para la llegada y permanencia total del pensamiento complejo en nuestras escuelas, yo diría que ese factor es la humildad. La complejidad implica asombro y el asombro lo perciben sólo los humildes.

No se puede bucear en el pensamiento complejo de otra manera. Por eso hablamos de asumirla, no de imponerla.

Asumir nuestros límites, nuestra personalidad, nuestros caprichos, nuestros dogmas y sobre todo asumir nuestra profunda condición humana, es lo imprescindible en este desafío.

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Juan Carlos Denis

Fecha de Nacimiento: 15-07-1982

Edad: 24 años

Nacionalidad: Argentino

Título: Profesor de Filosofía

Es la primera monografía que publico. Espero esté a la altura de las circunstancias y sea de utilidad. Estoy investigando también otros temas (Gnosticismo y su influencia en la cultura religiosa actual, La Reforma Protestante y su influencia en los filósofos modernos).

Quisiera hacer pública mi gratitud al profesor René Rogelio Smith, verdadero titán de la Investigación educativa, quien aportó grandes ideas desde sus escritos a mi nebuloso pensamiento.

Otros datos

El presente trabajo fue realizado en la ciudad de Santa Fe, Argentina, durante marzo de 2006 y febrero de 2007 como requisito para la aprobación de la materia Seminario de Integración y Síntesis de la carrera Profesorado para EGB 3 y Polimodal en Filosofía, impartida en el Instituto Fray Francisco de Paula Castañeda, de la citada ciudad, por la Profesora Micaela Fernandez de Torres del Sel.


Partes: 1, 2


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