1. Resumen
  2. Introducción
  3. Arte y trabajo
  4. El Discóbolo y el trabajo esclavo y campesino en la Grecia clásica
  5. La Venus de Milo, comerciantes, marinos y científicos en el Helenismo
  6. El panteón, el soldado y el esclavo en Roma
  7. El Señor de la Compasión, monjes y castas en la India gupta
  8. La Mezquita de Córdoba y el trabajo del comerciante y el acequiador
  9. La Alhambra y el aclimatador de plantas
  10. Renacimiento, monarquías, siervos y señores
  11. El Barroco, el industrial y el asalariado
  12. Impresionismo y Modernidad
  13. Bibliografía

 

RESUMEN

Comenzando con las pinturas rupestres se pretende describir la belleza de destacadas obras de arte. Para llevar ello a cabo, se enlazan los conceptos estéticos con la habilidad del trabajo humano. Así, se aborda el Discóbolo en el contexto del trabajo que se desarrollaba en la Grecia clásica; la Venus de Milo dentro del Helenismo, el Partenón y su conexión con las labores en el Imperio Romano, el Señor de la Compasión en las cuevas catedrales de Ajanta, y de igual forma se tratan la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la Mona Lisa del Renacimiento europeo y, finalmente, el Barroco y el Arte Impresionista y Modernista.

INTRODUCCIÓN

¿Es desconsuelo lo que esconde la expresión de doña Lisa Cherardini? ¿Por qué su mejilla derecha es flácida, por qué el cambio de horizonte en el cuadro? Y la Venus de Milo, ¿son tan sugerentes sus caderas que pueden hipnotizar a través de los siglos sin saber por qué? ¿Qué condición de belleza distingue la mezquita de Córdoba del Panteón romano? ¿Por qué serán eternos los planos alterados del cubismo, quién mira a quién en Las Meninas? Y, aún más importante, ¿qué relación guardan esas obras maestras con las manos de los campesinos atenienses, los herreros romanos, los artesanos indios o los laneros españoles?

Para hacer inteligible la lectura, es necesario antes de comenzar que nos refiramos al sencillo movimiento de un péndulo. Un péndulo describe cuatro etapas en su movimiento. Cuando está pasando por su trayectoria más baja va a la mayor velocidad, después comienza a frenarse, en el extremo de su trayectoria se detiene y posteriormente de regreso comienza de nuevo a adquirir velocidad conforme se vuelve a acercar a su trayectoria más baja, ahora de regreso.

O sea, su primera etapa será de descentralización de fuerzas -en su trayectoria más baja -, en la segunda existirá cada vez una tendencia mayor a retardar el péndulo, o sea, centralizarlo, lo cual se alcanzará en la tercera etapa en el extremo de su movimiento cuando el péndulo quede un instante detenido por una fuerza que lo hala hacia el centro de su trayectoria, antes de dar comienzo al regreso. Y la última etapa será simplemente una tendencia a la descentralización hasta que alcanza de nuevo su máxima velocidad en su trayectoria más baja, ahora moviéndose en sentido contrario.

Por cada una de estas cuatro etapas el cuerpo pasa de manera continua, de forma tal que ningún punto de su trayectoria es igual a otro: solo en el punto más bajo hay una total descentralización de las fuerzas actuantes (se anulan mutuamente) y solo en el extremo hay una total centralización de las fuerzas actuantes y por lo tanto el cuerpo se detiene se detiene en un solo instante.

Pues bien, la relación entre el arte y los oficios sigue también estas cuatro etapas y es después de analizar las características de cada una de ellas que podemos entender la perfección de las grandes obras, como resultado de su vínculo con el trabajo a través del tiempo.

ARTE Y TRABAJO

Es evidente la conexión de esencia que tuvo en la Prehistoria el arte y el trabajo. La representación de caballos, bisontes y rebecos está tan ligada a la caza como la música a los ritmos de las faenas agrícolas. Esta conexión no es superficial, en el sentido de un rito adocenado, cada cacería no está obligadamente condicionada a la visita a un templo cavernario; sino que la conexión es de base: la desesperación por la supervivencia, por rastrear trabajosamente la pieza de caza, enfrentarla y darle muerte, esa aventura estupenda y mortal, se ve directamente condicionada por el ánimo que se tenga para ello, y este ánimo lo insufla el brujo en el templo de la cueva, donde al cazador se le hace próxima y pacífica la fiera.

Pero si además la figura del animal no es basta, si presenta colores atrayentes y formas delicadas con ancas evocadoras, entonces la pieza se hace asequible y codiciada. Si se la ve tendida al galope se despierta el valor por darle alcance; si yace, el anhelo por lancearla. Y cuando en la tierra no se encuentra la raíz comestible, o mucho después, cuando no germina el grano, las largas hambrunas se atenúan con la esperanza al contemplar la Venus de Willendorf, su vientre prolífico y sus enormes senos generosos de buena leche.

De tal forma se funden la vida real y la artística que de manera instintiva se adoran las figuras del animal y la mujer, y esta misma idolatría se transmite al arma esbelta, regularmente afilada, cuando "la mano que toca la herramienta siente toda su suavidad" (Parias, Nougier, Sauneron, Garelli, Bouriot & Rémondon, 1965, T I, p. 63) . Vale decir, ha nacido el signo en el arte.


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