La filosofía y sus relaciones con la educación

Resumen

El siguiente documento muestra la importancia de la filosofía en el planteamiento de los fines de la educación; entendida ésta como un valioso instrumento para llevar a cabo las más hermosas esperanzas de la humanidad. El tema es abordado desde la perspectiva didáctica y pedagógica del brasilero Luiz Alvez de Mattos, y se centra en la comparación entre el paradigma tradicional y el paradigma holístico; Mostrando el problema de la enseñanza tradicional y su continua evolución hasta hoy.

"Más importante que la ciencia de gobernar al pueblo 

                                                                                                                   Es la ciencia de educar a la juventud"

            PLATÓN

El fenómeno educativo debió impresionar fuertemente al celebre Platón para incitarlo a escribir tal sentencia; y es que esta obra es una urdimbre de responsabilidades, pues dada su naturaleza, profundidad y duración, sus efectos- positivos o negativos, a nivel individual o social- son imprevisibles y de largo alcance; no en vano se ha asegurado siempre que el grado de civilización de un pueblo se mide por la calidad de la educación que brinda a sus generaciones nuevas. En este trabajo perseguimos, sin elevadas pretensiones, una tarea que supone mostrar, no en forma exhaustiva, las relaciones de la filosofía con la educación o bien presentar lo que filósofos y pedagogos han reconocido como la pariente pobre de la filosofía, la llamada filosofía de la educación.  

 La instrucción y educación de las jóvenes generaciones no es una tarea sencilla, puesto que su objetivo es ayudarles en el desarrollo y la formación del carácter, la inteligencia y la personalidad, además de incentivarles a una integración social positiva de bienestar, de mejoría y de progreso humanos. "La educación, afirma John Dewey, puede eliminar males sociales manifiestos, induciendo a los jóvenes a seguir caminos que eviten esos males {……} La educación puede convertirse en un instrumento eficaz para realizar las más hermosas esperanzas de la humanidad."[1] Sin lugar a dudas, el hombre siempre ha colocado fe en el poder de la educación, tarea que  le supone una elevada dosis de idealismo  y dedicación a la causa de la humanidad; y no sólo eso, sino ha creído fielmente que la educación debe conducir al ser humano hacia el "buen vivir" y a la felicidad.        

La realización de este noble ideal se ha dado a través de la reforma de la escuela y la transformación de los tradicionales procesos de enseñanza, la letra de la ley ha cambiado, pero no son las leyes, el problema es en la enseñanza práctica, es en las mentes de quienes ejercen tradicionalmente la tarea educativa que se encuentra la falla; la escuela tradicional se ha encerrado en un circulo estrecho y sólo se ha preocupado de la transmisión de conocimientos, el profesor tradicional ha sido el centro, estrechando sus horizontes. Esto ha llevado a la acción educativa ha requerir de sí misma una reflexión crítica que asegure los medios más apropiados para una actuación indudable y eficaz; la escuela habrá de moverse en un circulo más amplio, con un control del saber en sus tres niveles, el individual, el cultural y el social, de tal forma que se incentive una integración humana perfecta.      

 Ahora bien, esta preocupación del hombre por el fenómeno educativo se basa en su naturaleza, Luiz Alvez de Mattos la presenta como un fenómeno constante, pues la convivencia y transmisión de enseñanzas son la garantía más segura de dar continuidad a la cultura; como universal  porque, a través de todos los tiempos y latitudes ha florecido; y como irreductible porque, no se confunde con ningún otro fenómeno de la vida humana, y se destaca generador ya que los configura y les da rumbo, transformándolos en valores dinámicos y actuales que contribuyen al bienestar , mejora y perfeccionamiento de la propia naturaleza humana y de la sociedad. La educación deja ver Mattos, debe asegurar la continuidad de la civilización y de la organización social, pero no sólo ha de estar orientada

a preservar y perpetuar la cultura sino también enfocada a la crítica y revisión de ésta y de los valores sociales, de tal forma que las nuevas generaciones puedan corregir los desajustes sociales y subsanar  las deficiencias de su funcionamiento.

 Lo expuesto hasta aquí, nos adentra a una fase de la labor educativa, tal es la fundamentación pedagógica, que por supuesto trabajaremos sólo a partir de  la reflexión critica de la filosofía, dejando de lado las no menos importantes reflexiones científicas y técnicas, de las que se vale la pedagogía para habilitarse.

 Atendiendo a las consideraciones Heidegeerianas en cuanto a hablar una palabra en griego, sin ánimos de ofender sus profundas reflexiones acerca de esto, escuchemos lo que dice la palabra pedagogía en griego y sigamos su exposición inmediata, su logos, ya que escribe Heidegger "con la palabra oída en griego estamos directamente ante la misma cosa presente y no ante una significación de palabra".[2] La palabra pedagogía resulta de la yuxtaposición de dos raíces: pais-paidos = niño y agw-agein = dirigir, así cuando habla en griego, pedagogia dice, dirigir a los niños, pero no sin contar con ellos, pues agein no es tomar de la mano y llevar por el camino que otro quiere, significa desarrollar, provocar, llevar a, estipular; de aquí que Rousseau plantee en "El Emilio" que educar es respetar y favorecer en el niño sus tendencias naturales y preparar situaciones libres para su natural desarrollo. Ahora, conceptualmente la palabra pedagogía ha sido  definida como el conjunto  de  conocimientos  sistemáticos  relativos al  fenómeno educativo, fenómeno  que ya hemos caracterizado y ubicado entre las coordenadas de la naturaleza y la sociedad.      

 El fenómeno educativo es tratado por la pedagogía como un ideal que debe ser alcanzado y perfeccionado, como una problemática que debe ser solucionada, como un proceso que debe ser orientado a la eficacia y como el resultado concreto de ese proceso; para esto se vale de las tres posiciones ya mencionadas, de las cuales nos ocuparemos de la filosófica, a la que recurre la pedagogía para determinar el ideal y los valores éticos-sociales que la educación se debe proponer, es decir, procura determinar lo que debe ser la educación.

El quehacer filosófico sobre la educación se encarga entonces de establecer sus fines y los contenidos necesarios para cumplir los mismos.

 En todas las épocas los fundamentos de la obra educativa han sido distintos, el hombre sensiblemente ha sentido la necesidad de principios para guiarse y para guiar a los demás, el creerse un ser razonable, no movido únicamente por los instintos, le ha llevado a fijarse ideales y a organizar sus actividades orientándolas hacia éstos; el destino del hombre sea cual sea, el concepto que se forme de él, estará en relación implícita o explicita con un sistema de filosofía; así, aunque una técnica pedagógica pueda marcar una senda acertada para el logro del saber, no determina ni aclara el destino humano general, la técnica enriquece con medios, pero no relaciona al hombre con fines y cuando este se ve precisado a diseñar su vida, a dar juicios de valor, a tomar decisiones debe acudir necesariamente a un marco. De aquí que toda practica pedagógica debe relacionarse estrechamente con los problemas esenciales de la vida, bajo un marco filosófico que explique esta vinculación entre la concepción del hombre, sus fines, los valores y la sociedad en la cual se desarrollara la tarea educativa.                

  La filosofía de la educación, al señalar el fin asigna lugares, llena vacíos, liga el todo y da, en fin, un alma a lo que sin ella, no seria más que un trabajo rutinario como tantos otros; tan importante es el fin de una actuación; que Aristóteles le otorga función de causalidad; y efectivamente la actuación educativa adquiere valor y sentido, si y  sólo sí se desarrolla en pos de un fin bien definido y conscientemente propuesto.[3] Las finalidades expresan los ideales de vida y educación de un pueblo o una época, no obstante lo hacen en términos abstractos y genéricos, que las hacen poco fecundas como guías, obligando a aquel que ejerce la labor educativa a integrarlas gradualmente en su practica día a día de la enseñanza.      

 Pasemos ahora ha observar los fines determinados, a partir de la reflexión filosófica, de dos casos de enseñanza, la norteamericana y la francesa, dejando para lavar al final la ropa  de casa. No nos adentraremos en la fundamentación pedagógica de estos sistemas educativos, los veremos someramente, pues es cosa complicada y es tarea que no queremos abordar aquí; la enseñanza norteamericana, traza sus fines bajo el ideal de eficiencia social, cuyos fundamentos se encuentran en las filosofías pragmatistas y utilitaristas; la juventud estadounidense es educada para integrarse perfectamente a la sociedad, orientada especialmente para alcanzar los fines de la eficiencia y asegurar la independencia económica a través de una ocupación lucrativa; para alcanzar la eficiencia en las horas de descanso para gozarlas con dignidad y en pos del bienestar colectivo; para mostrar interés por el gobierno y la democracia; para adquirir valores morales y sociales; para asumir obligaciones y responsabilidades familiares; para saber  y conocer la lengua y los medios convencionales de intercambio social.                 

 Lo anterior deja claro  que a los norteamericanos las preocupaciones meramente intelectualistas y académicas no les importa. En la otra cara de la moneda encontramos los postulados franceses que orientan la enseñanza de sus jóvenes generaciones; la ley de orientación de la educación en Francia afirma: "la educación constituye la primera prioridad nacional. El servicio público de la educación esta organizado en función de los alumnos y estudiantes, y contribuye a la igualdad de oportunidades".[4] El pensamiento francés, de tradición humanista intelectual, racionalista por principio y naturalmente social, cree esencial y prioritario educar bajo los principios de libertad, igualdad y solidaridad humana, sus jóvenes son educados teniendo como fin: La preparación del ciudadano  para su pleno desarrollo humano en el respeto a la diversidad de culturas, a la dignidad, la libertad y la condena  de todo trato desigual por razón  de convicción  filosófica,  política o  religiosa; la comprensión de los derechos y deberes de la persona del ciudadano, del estado y la familia; el fortalecimiento nacional y la solidaridad internacional; la preparación del individuo y de la sociedad en valores para el dominio de la ciencia y la técnica  de tal forma que pueda darse una adaptación social y una liberación de la mente para hacer frente a las dificultades del medio.                 

 Y sigue, pero hasta aquí, podemos mirar que los fines ético-sociales y humanísticos son enfocados en relación con los políticos y los económicos, finalidades que en la educación significan un progreso indiscutible. El problema, es y será siempre, traducirlos a las realidades concretas y que sean vividas tanto por educadores como por educandos.         

 Bien, no podemos terminar sin dar un vistazo a nuestro panorama educativo colombiano, cuyos problemas reflejan lo que somos; y es que la educación está íntimamente ligada a la sociedad, tanto que es ésta la que determina sus objetivos, reconociéndola como instrumento para la puesta en marcha de un proyecto social, sin embargo, cabe preguntar si existe en Colombia un tal proyecto y si existe donde está; nuestro desarrollo educativo está mermado por  - la desorientación y la ineficacia, a pesar de la teorización de los propósitos de la educación, los mecanismos para hacerlos conocer y llevarlos a la aplicación practica son contradictorios e ineficaces; - la desmotivación, ya que sólo unos pocos se interesan en él, sus debates son de tercera categoría; - la falta de capacitación, nadie entiende el problema, ni la solución que se le da; - el centralismo educativo, las políticas que se formulan casi nunca son ejecutadas por la distancia entre los sectores y se convierten en letra muerta; - la incomprensión de la unidad educativa, la sociedad no está integrada en torno a propósitos comunes, cada entidad educativa tiene sus propósitos, no hay un proyecto social que unifique esfuerzos institucionales; - la insuficiente cobertura, la baja calidad y la infaltable politiquería.                       

 A raíz de estos desajustes que no son nada nuevos, se expide en nuestro país una ley general de educación, de la cual sólo observaremos lo que pronuncia en cuanto a los fines de la educación colombiana.   

En Colombia el sistema educativo, ha sido, es y quien sabe hasta cuando será dual,- esto es, público y privado, quedando este último en manos de particulares con poca intervención estatal- impidiendo el desarrollo de un proyecto educativo nacional. Este problema se quiso subsanar con la Constitución de 1991 y la definición que en ésta se hace del estado colombiano como un estado social de derecho, lo que amplia el sentido de lo público, pues la educación transmite la Constitución es publica, sea prestada por el estado o por  particulares; mas este nuevo sentido de lo público es incomprensible cuando la ley fija condiciones diferentes para la prestación del servicio por parte de particulares y no les obliga a evitar discriminaciones por razones sociales o económicas y a cumplir con los fines de la educación consagrados en la Carta Magna.               

  Estas condiciones perpetúan los dos sistemas educativos además de la persistencia y discriminación entre la elite y lo público, los ricos y los pobres; la  voluntad que orienta tal acción no es popular, si no administrativa, carece de fines u horizontes, y es que los fines traducen una concepción de mundo e ideales sociales, filosóficos, políticos y culturales; orientan la organización del sistema educativo y determinan las responsabilidades del estado, la familia y la sociedad; estos fines que son establecidos por indicaciones  Constitucionales, estipulan la formación del colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz, a la democracia, en la practica del trabajo y la sana recreación etc. La educación debe servir al desarrollo del país y no al plan de  desarrollo particular de un gobierno.          

Así, de conformidad con el articulo 67 de la Constitución del 91, la ley 115 de1994 por la cual se expide la Ley general de la educación, establece que los fines de la educación colombiana serán principalmente trece, aquí  por mor a la simplicidad enunciaremos sólo algunos de ellos; la educación se desarrollará atendiendo a:

 Hermosos ideales, pero indiscutiblemente, el problema radica en la puesta en marcha de ellos en las realidades concretas; y es que estos ideales únicamente pueden hacerse reales y efectivos en las mentes de los jóvenes a través de la escuela, familiarizándolos con los aspectos positivos, ciertos, útiles y seleccionados de la cultura y la vida humana.

La juventud colombiana merece la oportunidad de formarse no en ideales de servidumbre y conformismo, obedientes a objetivos de un poder que nos es ajeno ; no desde la perspectiva que son botellas vacías que se deben llenar, de arcilla que otro moldea a su antojo u hojas en blanco sobre las que hay que trabajar, no, pues pensar hacer tal cosa, es atentar contra la dignidad humana; el educando es una semilla que se debe ayudar a germinar, es un árbol en potencia, que necesita un ambiente propicio para desarrollarse. Tanto aquí en Colombia como en toda América Latina, las nuevas generaciones merecen se les forme en hábitos de aprendizaje auténticos, que los acompañen a través de la vida y les permitan comprender y enfrentar con mayor humanidad y eficiencia las realidades y problemas de la misma.           

 BIBLIOGRAFÍA GENERAL 

 

[1] Dewey, John. Citado por Luiz Alvez de Mattos en Compendio de didáctica general. 1974. Pág. 5

[2] Heidegger, Martín. ¿Qué es eso de la filosofía? 1960. Pág. 53

[3] Véase Aristóteles. Ética a Nicomaco, libro I, cap., I

[4] France, ministère de l´éducation nationale, Ley de orientación de la educación. 10 de julio de1989

[5] Colombia. Ley general de educación, ley 115 de feb. 8 de 1994. ED. Unión Ltda. 2002

Autor:

Fausto Baquero Marimón

Filósofo - Universidad de Cartagena. Psicólogo - Universidad Nacional A D. Estudios pedagógicos - Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Profesor de Filosofía y Etica

Cartagena – Colombia, 20 de Septiembre de 2004