El imaginario colectivo, es un dispositivo que produce materialidad, sobre los sujetos y sobre las relaciones de éstos con el mundo, las valoraciones se van constituyendo así a partir de las coincidencias valorativas de las personas y adquiere forma propia, convirtiéndose en un proceso sin sujetos.
En el cambio de época y gracias a los discursos médicos, al uso de la tecnología
a los especialistas en sexología, se ha constituido un cuerpo que para ser valorado colectivamente debe ser en primera instancia un cuerpo adaptable.
En la modernidad la medicina apelaba al concepto de salud, consistente en mantener al cuerpo sin enfermedad, a través de prácticas concretas para dicho fin, éstas prácticas eran realizadas sobre el cuerpo del enfermo, un cuerpo a observar y describir, sobre el que se podía adquirir así conocimientos. El anhelo de la modernidad era el de saber sobre el cuerpo, a partir de allí se instrumentaban prácticas que a la vez generaban nuevas disciplinas.
Con el discurso del "estar en forma", la medicina produce, ayudado por las prácticas, un cuerpo moldeable con la posibilidad del cambio permanente. ¿Estar en forma para que? ¿Cuál es la forma? ¿ Qué procedimientos son necesarios para adquirir la forma ideal? La medicina aparece como instrumento de poder y control social en el mismo momento de que el cuerpo y su bienestar son objeto (como mercancía) de los criterios de rentabilidad económica ajenos al interés individual y colectivo del sujeto paciente. El cuerpo se transforma en una obsesión está en todas partes, y no importa que esté sano ya que la enfermedad que acecha puede manifestarse en forma silenciosa.
Con el auge de los medios de comunicación, de masas aparece otro mecanismo de poder el "sinóptico", concepto acuñado por Mathiesen y utilizado por Bauman, consistente en que muchos observen a pocos. ¿Serán estos pocos los responsables de emitir discursos que constituyan imaginarios colectivos? Continúa Bauman definiendo al sinóptico y expresa que no necesita aplicar la coerción seduce a las personas para que se conviertan en observadores de los modelos globalizados a imitar.
Se constituyen referentes identitarios, generados por el mercado de consumo, cuerpos dóciles domesticados para consumir, un cuerpo destinado a la eterna auto contemplación, que sumerge al sujeto a una permanente insatisfacción y frustración producidas por la distancia enorme con el modelo de perfección planteado por el consumo.
Levy plantea que gracias a las biotecnologías de la medicina, se han constituido "cuerpos virtuales " que no poseen ni interioridad ni exterioridad al modo de una banda de Moebius, donde lo privado se torna público como en el caso de la donación de órganos, la creación de bancos de esperma, transfusiones de sangre. Plantea la creación de un hipercuerpo, que escapa a las limitaciones del mundo real, convirtiéndose en representaciones gráficas, proyecciones corporales, sin asidero en el cuerpo físico.
Esther Díaz, en su libro "posmodernidad y vida cotidiana", habla de individuos que poseen en tanto sujetos discurso pero carecen de identidad.
Con relación a la sexualidad entendida también como un discurso que regla el deseo éste promueve en conjunto con los discursos de la tecnología y el de los medios de comunicación, cuerpos "narcisistas" mas ocupados en proporcionarse placer, a través del goce con la imagen propia, que en convocar al deseo del otro.
El sexo es mercancía y solo puede gozarse plenamente con un cuerpo reglado por los modelos, que el mercado ofrece "cuerpos esculpidos".
Baudrillard, en su libro "el crimen perfecto", plantea el cambio de época como la muerte de lo otro de lo diferente, por lo tanto la muerte de la seducción, éstos cuerpos narcisistas se bastan a ellos mismos, convirtiendo así a la sexualidad en autoerotismo. Si el otro existe, se lo puede recrear a gusto, ya que las relaciones en red permiten imaginar al otro como se lo prefiera, con la posibilidad de recrear a su vez, un personaje propio.
En la cultura del narcisismo, se ejerce un patrón de relaciones del sujeto consigo mismo y con su propio cuerpo, con los demás y con el tiempo histórico, que responde a valores como el culto a la imagen corporal, la exaltación de los ideales de belleza.
Concluyendo puede resumirse que el cuerpo atravesado por el discurso de la medicina y la biotecnología hacen ingresar al mismo a la cultura, como espectáculo y simulacro de si.
Haciendo alusión al "complejo bioético posmoderno", cuyas principal forma cultural es el "narcisismo individualista" que apuesta al repliegue del sujeto sobre sí como valor supremo, ayudado por la medicina y la tecnología quienes promueven y prometen mutaciones vertiginosas por las cuales, en ciertos aspectos, la condición humana deja de ser una realidad irreparable.
Una de las características del cambio de época parece estar relacionado a una cultura del cuerpo, pero no un cuerpo bello para la seducción del otro sino un cuerpo, que a través de la autodisciplina pueda ser seductor y amable para el mismo sujeto que lo porta.
En la modernidad (S. XIX y mediados del S.XX), los sujetos pasaban de un ámbito de encierro a otro del hospital a la fábrica. Los cuerpos eran usados para la producción y controlados en función de la misma.
La sociedad moderna es una sociedad industrial racional y regida por la ciencia, apoyada en la idea de que con la ayuda de la misma se triunfará sobre la ignorancia y se conseguirá un progreso contínuo.
En la fábrica se mantenía un equilibrio interno, en sus fuerzas, el más alto en términos de producción y el más bajo en términos de salario. Este equilibrio era controlado desde el interior de la misma. Los cuerpos constituían una continuidad con las máquinas, utilizando su fuerza hasta el máximo, creando sistemas de producción en línea: fordismo, como así también, una racionalización de la utilización del tiempo, los movimientos corporales, por parte de varias teorías y técnicas agrupadas bajo el nombre de taylorismo.
En el trabajo en las fábricas, el cuerpo orgánico es desmembrado por una actividad pasiva, y el sujeto transformado en un objeto pasivo, carente de voluntad.
El cuerpo desmembrado y su contrapartida, el sujeto desmembrado, fueron dos de las grandes obsesiones de la época.
La experiencia que los sujetos modernos poseen de su cuerpo, es que el mismo es como el engranaje de una gran máquina que funciona junto a otros engranajes.El cuerpo es vivido como una máquina que no posee relación con el sujeto que lo porta.
El cuerpo durante este período estaba subordinado al trabajo, el sujeto es anulado en su conocimiento y solo tomado en la funcionalidad mecánica de su cuerpo como fuente de producción.Gracias al Fordismo y al taylorismo y a la simplificación de las tareas cualquiera podía ocuparse de la producción, solo era necesaria la fuerza de trabajo que brindaba el cuerpo del sujeto, cualquier cuerpo.
En la fábrica se realizan programas y ritmos colectivos y a nivel individual un sistema secuencial de gestos.extrayéndose de cada movimiento el tiempo disponible, y de cada instante cada vez más fuerzas útiles.
Este recorrido por la modernidad sirve para realizar un análisis de cómo los cuerpos de los sujetos son atravesados por el discurso de la misma, para analizar la metamorfosis que este cuerpo realiza cuando es tomado por los discursos del cambio de época y que imaginarios sociales se producen con relación a él.
El cuerpo de la modernidad es entonces un cuerpo "maquina" controlado a través del tiempo y su relación con la producción, un cuerpo que funciona en sincronía con el tiempo, priorizando los actos por sobre el pensamiento, un cuerpo desmembrado y dócil, controlado y encerrado para dicho control, del que a la vez que se extraen fuerza de trabajo, aporta conocimientos acerca del mismo, que van a constituir diversas disciplinas y ciencias, que a la vez se utilizarán sobre ellos. El cuerpo se torna una pura materialidad técnicamente desmontable.
El cambio de época al que algunos intelectuales denominan "posmodernidad" implica una serie de cambios estructurales respecto de las sociedades disciplinarias modernas.
Una sociedad de consumo, una sociedad de la informática y de los medios de comunicación masiva, en donde lo que prevalece es el individualismo, la concreción inmediata de los deseos fomentados por el mercado, la supresión del tiempo de espera, una sociedad fragmentada, que constituye modelos identitarios que van cambiando a la velocidad misma del consumo.
El trabajo flexible, que es propio del cambio de época está caracterizado por la centralización de las tareas, con el fin de lograr una mayor efectividad, sumado éste hecho a la implementación de las nuevas tecnologías.
A diferencia de la modernidad en donde el trabajo era posible de ser realizado por cualquiera en la posmodernidad el desempeño de una tarea requiere de un conocimiento previo, conocimiento siempre mutante, es por ello que el sujeto debe ser creativo y estar implicado en los objetivos de la empresa.
Para hacer posible esta producción tensa, es necesario, trascender los compartimentos estancos de los niveles jerárquicos de control gestados por el viejo modelo. Se promueve una organización horizontal, conjuntamente con el achatamiento de la pirámide organizacional.
El nuevo mercado debe ser flexible a los cambios bruscos, y los cuerpos de los trabajadores del cambio de época deben poder adaptarse siendo polivalentes a cada uno de los mismos, para poder seguir estando en el mercado, la flexibilidad laboral requiere de menos trabajadores, constituyendo esto un problema propio de la posmodernidad ya que el trabajo no posee solo una significación productiva, sino que proporciona al sujeto un enclave para su existencia, le permite organizarse en su cotidianeidad, entregarle un sentido a su vida, muchos sujetos quedan excluidos de este proceso, no encontrando un espacio que supla dicha carencia existencial.
El control y el disciplinamiento de los cuerpos no serán efectuados desde el exterior, sino que la vigilancia se traslada a los lugares de trabajo cada obrero controlará a su grupo de pares y en cada uno funcionará la disciplina internalizada la "autodisciplina". La empresa no solo le exige al trabajado una forma de producir sino que este también deberá aceptar una forma de ser, encarnando la "imagen de la empresa". Un trabajador que posea un espíritu y cuerpo joven siempre jovial, dinámico, creativo y adaptable. La perpetuación de la juventud coincidente con el imaginario social y ayudado por la medicina y las cirugías estéticas que entrega sus herramientas para concretarlos. Un cuerpo que "hay que mantener" para seguir en el mercado laboral.
En la antigua Grecia, Aristóteles habla del "pensar sin hacer", referido al concepto de "alma sin cuerpo", dentro del ámbito de la ciencia pura. Solo el ciudadano tenía acceso tanto a lo práctico como a lo teórico, asociado a lo intangible y referido al análisis ético de las cosas y a la convivencia. Lo único que se consideraba productivo era lo que desencadenaba en un producto final y concreto, basado en una técnica particular; es decir en la tecnología, que es la teoría puesta al servicio de la producción y que solo acude a la ciencia en busca de algunas respuestas con el único fin de alcanzar un resultado. Esta producción quedaba en manos de los esclavos.
Siguiendo un orden cronológico, es interesante el concepto que plantea el filósofo René Descartes para comprender mejor esta cuestión del cuerpo como símbolo, que da inicio a la historia moderna del cuerpo en occidente. Ya desde el siglo XVII se pensaba que el cuerpo solo estaba ligado a la mente por la glándula pineal, que produce hormonas por reacción a la luz como punto de contacto. El cuerpo reaccionaba simplemente ante las percepciones de los sentidos, mientras que la mente reflexionaba sobre tales percepciones y adoptaba decisiones que podía o no coincidir con ellas.
Entrando en la etapa posmoderna, estamos ya en presencia de una marcada "sociedad de consumo", donde la tecnología es la base del cambio, y los avances no tienen que ver solo con lo social; lo importante deja de ser lo teórico, para convertirse en conocimientos aplicados.
Para comprender la incidencia del mercado como discurso dominante, no podemos dejar de mencionar a la tecnología, en su interacción con los medios de comunicación. Inicialmente la radio, después la televisión, y en el nuevo milenio, el gran incremento de Internet y su alta repercusión, son quienes juegan un papel decisivo a la hora de consumir determinados discursos.
Por ejemplo, el discurso de la moda, incitado por dichos medios, tiene estrecha relación con la estética corporal, otorgándole al propio mercado todas las herramientas para que éste ejerza el absoluto control sobre los cuerpos, por cierto dóciles, tal como lo explica el autor en el que se inspira éste trabajo.
Retomando la idea de Faucoult, al referirnos al cuerpo no estamos pensando en una sumatoria de órganos, sino en un símbolo que puede ser fácilmente atravesado por los diferentes discursos que ejercen su rol hegemónico. El discurso de mercado supone una gran influencia a nivel ideológico también y tiene además una alta cabida en el clima de ideas de una época, tal como sucede en la actualidad, y desde hace al menos un decenio. El cuerpo no consume solo productos tangibles, consume imágenes, ideas, que desencadenan en la obtención de un bien particular, que es previamente estudiado a raíz de conocer el comportamiento del cuerpo como consecuencia de la incitación que producen los poderosos actores económicos.
Como bien señala García Canclini en su análisis sobre el consumo, debemos analizarlo como algo un tanto más complejo que la simple influencia de los medios sobre los cuerpos, sino también con el ámbito social con el que nos rodeamos en el trato cotidiano: los grupos de pares, la familia, el trabajo. Cita el autor: "El consumo es el conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la apropiación y los usos de los productos". Indudablemente el consumo divide clases sociales; es más, acrecienta su brecha de diferenciación, por lo que a su vez está generando indirectamente una identidad.
El cuerpo como identidad.
Siguiendo el concepto de Le Breton, muchas veces el cuerpo es usado en pos de romper con el orden establecido, o contrariamente, para alcanzar un ideal moral y social. En el primer caso, las propias transformaciones del cuerpo datan de un descontento social, y se traduce de ésta manera, que a su vez termina generando nuevas modas. Los piercing y los tatuajes no son nada novedosos, es más, en occidente siempre fueron consideramos como una señal de atraso, sin embargo, parecería ser que hoy son sinónimos de modernidad.
Paradójicamente, en el segundo caso, existen países como Africa que intentan pasar de la protesta al convencionalismo, por ende realizan todo tipo de prácticas para asemejarse a los modelos occidentales, más precisamente al modelo de belleza estadounidense. Para ellos perece ser que en la occidentalización del cuerpo encuentran la estrategia para vivir al ritmo de la mundialización.
En la cultura del cambio de época el cuerpo adquiere una importancia relevante. Con respecto al narcisismo, debemos aclarar que éste no solo recae sobre el cuerpo, sino también afecta a las relaciones intersubjetivas, debido a la pérdida de sentido del "otro", y a un a agudización del individualismo.
La cultura de los "in" y los "out", nos revela quienes están y quienes no están insertados en el mercado. Inserción que depende de la buena presencia, y de los perfiles gestados por la empresa; por lo que es preciso que el cuerpo de los sujetos sea flexible para poder amoldarse a los cambios que el mercado realiza en forma constante.
Nos parece oportuno señalar las consecuencias de este proceso de individualización: la fractura de la sociedad; y la elaboración de una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades, posibilitando que la sociedad pueda organizarse de una forma novedosa, adquiriendo un nuevo modo de gestionar los comportamientos, con un mínimo de coacciones, y un máximo de elecciones privadas.
Cuando el cuerpo deja de considerarse un valor de uso para convertirse en un valor de cambio, pasa a ser, sin lugar a duda, un importante elemento de mercado, ya que a partir de él surgen los diversos discursos que lo identifican.
También es importante mencionar al cuerpo como cuestión identitaria, y cabe señalar que la belleza mantiene íntimas como oscuras relaciones con la salud, pensando al cuerpo como la clave para alcanzar el éxito. Cuando ésta no queda en manos del bisturí, queda en manos de Dios. El modelo ideal de mujer supone delgadez, bustos grandes, cinturas diminutas, glúteos elevados y piernas estilizadas.
Este modelo impuesto por el mercado a través de los medios, produce un efecto multiplicador en los diferentes ámbitos con los que nos enfrentamos día a día, generando en forma indirecta enfermedades tales como la "bulimia y la anorexia", que provocan un gran desorden alimenticio alcanzando niveles que pueden tener como consecuencia la misma muerte.
Esta no es una cuestión menor, la vida del cuerpo queda en manos del discurso médico, que ayudado por los avances tecnológicos lo adaptarán al ideal de belleza, apoyado en la cultura con la exigencia de la eterna juventud y vitalidad, exigencia que recae por sobre todo en la apariencia.
Esta es la prueba más contundente de que hoy el mercado es el más poderoso de todos los discursos, ya que la característica innata de los cuerpos dóciles es dejar que otros tomen el control de su propia existencia.
Consideramos que ninguno de los discursos analizados tendría un sentido sin la "tecnología" como nexo coordinante, ya que desde su aparición el mundo se ha moldeado y parece seguir haciéndolo a un ritmo vertiginoso.
Un cuerpo atravesado por un poder invisible pero efectivo, que está en todas partes, y que ya no necesita de dispositivos físicos para actuar.
El cambio de época, convoca a un análisis exhaustivo de todas las concepciones con las cuales el sujeto contaba, los valores, el trabajo, la familia, el amor, la relación con los otros la salud, la estética y la ética.
Gabriela Libonati
gabriela1112[arroba]yahoo.com.ar
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