Giza, en Egipto; rostro humano enorme en foto aérea

Partes: 1, 2, 3, 4, 5
  1. La esfinge saluda al sol equinoccial
  2. Chocante imagen de cara geográfica
  3. ¿De quién aprendieron tanta ciencia?
  4. Las creencias en el antiguo Egipto
  5. ¿Para qué caras en lugares sagrados?
  6. Los inicios de Egipto "a vista de pájaro"
  7. Culto solar del unificador Rey Menes
  8. El sincretismo religioso
  9. De la cosmología heliopolitana
  10. ¿El ojo de Horus? No, ¡el ojo de Ra!
  11. El ángulo más olvidado de Giza
  12. Entrada a los subterráneos de Giza
  13. El simbolismo de túmulos y escarabajos
  14. Maadi: colina equidistante de las pirámides
  15. Constelación de Orión, y pirámides alineadas
  16. Cara de Hathor en el templo de Dendera
  17. El "Osiréion" del Templo de Abydos
  18. Proliferación de divinidades egipcias
  19. Divinidades enfrentadas: el dogma - lo accesorio
  20. La cámara secreta de Sokar
  21. ¿Dónde está escondida la tumba de Toth?
  22. ¿Están relacionados Ra-She y Sa-Ra?
  23. ¿Dónde está la sala de los archivos?
  24. "Tiempo del Dios" ¿De Osiris, o de Ra?
  25. Inspirados por Ra: Atum y Amón
  26. Símbolos iniciáticos eternos
  27. ¿Fue Al-Fayum el lago Moeris ?
  28. La tumba de la hija del Rey Micerinos
  29. Novedades religiosas en la V Dinastía
  30. Marduk-Ra-Quetzalcoalt ¿Uno sólo?
  31. Consideraciones residuales

Prefacio

Una imagen de rostro humano aparece cerca de la Esfinge de Gizeh en una foto aérea, pero tan sólo cuando una colinita de arena (con tres piedras encima) es iluminado por el sol de la tarde en determinada fecha. Es un fenómeno que se repite en muchos otros lugares sagrados del mundo y que tengo el privilegio de haber sabido detectar.

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 Ante la perplejidad de la gente por mi descubrimiento de una sorprendente imagen de rostro humano sobre un montículo arenoso de la meseta de Giza (para mi la menor de cuantas formas de cara he descubierto en fotos aéreas), supongo que de mi pensarán, por haberlo divulgado, que soy un oportunista y que, culturalmente hablando, pretendo "convertir la arena del desierto en oro". Ello es cierto, pero al modo como tantos innovadores antes que yo obraron, más que para beneficiarse ellos mismos, en beneficio de la sociedad en general. Sus inolvidables ejemplos me dicen que justamente fue la incredulidad de sus contemporáneos lo que mejor acredita su creatividad.

Todos los nuevos descubrimientos son, a veces incluso traumáticos llegada la hora de aceptarlos,... aunque luego cueste también de dejarlos de lado. Unos prefieren ignorarlos y otros los estudian porque simplemente aman el progreso. Puesto que ahora se trata de dar el "visto-bueno" a unas enormes imágenes de rostro que parecen haber sido esculpidos por una superior inteligencia, mi actitud es hacer evidente mi buena fe al darlos a conocer. Pero este no es mi verdadero objetivo. Procuraré dar "vida" a la imagen de rostro sobre la arena e incluso intentaré con todas mis fuerzas dotarla de un alma. Otra cosa será explicar que su formación fuese obra de la volutad humana, porque en caso de ser casual sería aún mucho más prodigioso.

Ni esta investigación ni ninguna pueden resultar divertidas de leer, pero procuraré intentarlo y para ello empezaré desmenuzándola en breves capítulos, apoyados por series de imágenes, de forma que cada uno pueda dar una idea de lo demás. Me obligo con ello a ser reiterativo, pero dada la complejidad de las divinidades y sus funciones puede que sea también de agradecer no tener que leerlo todo de una vez. Aparte de lo que el título proclama, aportaré opiniones que permiten considerar una religión precozmente monoteista en el Antiguo Egipto, precursora de las grandes religiones posteriores, de las que vale decir que son por igual un hecho tan universal como íntimo. En efecto, y cual un prisma de mil caras, todas las religiones tienen algo en común que es el propio prisma, y puede ser entendido cuando superamos las capillitas en que la famila humana está dividida.

Además de la novedad que representa un rostro allí, en el plano físico también trataré de evidenciar las grandes posibilidades de la existencia de un mundo subterráneo en la colina Maadi vecina a la Esfinge. Es la gran olvidada de aquel sector. Asimismo rescataré de un muy injusto olvido a la más gran reina, una sacerdotisa y noble que fue cual una bisagra viva entre la más prestigiosas dinastías de aquel antiguo país.

En lo referente al nuevo rostro descubierto, quienes buscaron configurarla en un muy preciso emplazamiento cerca de la Esfinge de Giza y luego moldearon la superficie de la arena con una imagen de aspecto inteligente y optimista, me obligan a suponer que debajo del suelo construyeron también espaciosos túneles, quizá semejantes a los que existen cerca de las pirámides desmoronadas de Abusir. De todo ello espero haber rehuido testimonios escritos suficientes de la antigüedad, los cuales si bien han permanecido indescifrables a lo largo de muchas generaciones es evidente que pasaron a través del rey Salomón hasta las órdenes militares medievales que en Palestina hicieron méritos para ser custodios de iniciáticos secretos.

Me referiré a rostros detectados por fotos aéreas sobre lugares especialmente sagrados del mundo. Son sólo reconocibles desde el aire y desde un determinado ángulo visual cuando están debidamente iluminados. En mi opinión sería aún más inverosímil creer que son fruto de las fuerzas de la Madre Naturaleza puesto que debe de tener un "alma" más poderosa que cualquier persona, según leo que se vuelve a divulgar, puesto que incluso se le atribuyen los misteriosos círculos en las cosechas. En tal caso sería comparable a cuando los primitivos, no teniendo idea de la existencia de la electricidad, atribuían sus efectos a milagros divinos.

Ante el nuevo rostro de Giza asistimos al despertar de una ciencia desconocida, cuyas consecuencias somos incapaces aún de entrever en el mundo de las ideas, porque todo depende de su desarrollo positivo y la utilidad que les sea asignada en el futuro. Intuyo que al ocuparnos de una imagen de circunspecta cara que tiene por condición ser resaltada por el ángulo de incidencia de los rayos del sol al iluminar las arenas de Giza, ofrece una nueva vía para el redescubrimiento de los valores sociales más eternos y fiables, empezando por admitir que en nuestro entorno cotidiano existe un superior nivel espiritual intangible pero que se puede manifestar.

Las reglas del arte egipcio no han de impedir el reconocimiento de tan sofisticado arte, pues la tal "escultura" puede ser anterior a todo lo conocido. Por otra parte, opino que quien la crea tan sólo fruto del puro capricho de las emanaciones telúricas de la Tierra, aún la debería de apreciar mucho más. Algo hay de cierto: Una foto la ha inmortalizado.

El tiempo es un factor que importa mucho, empezando por advertir que el dicho lugar ha podido permanecer milenios inalterable mientras que a pocos metros en todo su alrededor se ha removido tantísimo el terreno, ya fuese para enterrar o para hacer excavaciones. Existe un tiempo sagrado e indestructible que está fuera del curso de las civilizaciones. En cualquier caso, aquí estoy para tratar de dar vida a un rostro mudo pero elocuente en varios sentidos.

Ante lo que para muchos no pasará de ser un montón de arena, al menos deberían admitir que, por ser sólo arena, ya representa aquello que habiendo sido, hoy no existe. Es como aludir a lo que nuestro mundo actual será cuando deje de ser lo que es. Es una cuestión de tiempo que sea un pasado perdido. Bueno es tener raíces, pero más aún tener alas. Ahora bien, aquel que tenga alas para volar y no las use, será "gallina", porque hay situaciones como esta en las que debemos rastrear todas las ruinas de la memoria común y entonces se encuentra lo que nadie se imagina. He aquí mi invitación a la superación personal (sin relación con lo económico).

Al SE. de la Gran Pirámide, se aparece este fenoménico rostro en visión aérea. La foto de procedencia Stern, existe desde mediados el siglo XX, siendo muy divulgada en publicaciones especializadas de gran formato. No se detectó, con anterioridad por un motivo bien fácil de entender, y es que, por increíble que pueda parecer, nunca nadie la había buscado; afortunadamente yo si tuve la dicha iniciativa.

Un fenómeno semejante a la aparición del nuevo rostro humano de Giza se produce en la gran pirámide-templo maya de Chichén-Itzá (Yucatán). Cada equinoccio el sol poniente (Tum) allí también hace resaltar en el más bajo de sus 91 peldaños: la cabeza en piedra de una serpiente. Justo seis meses después se repite un idéntico fenómeno de iluminación solar en lo alto de la misma pirámide, pero en su cara opuesta. Con tales fenoménicas cabezas, los mayas simbolizaron el período que vivió en la tierra su dios Kukulkán antes de regresar al cielo. Tal sutileza les exigió un alarde de observación, planificación, ejecución, técnica y "know-how", todo lo cual es muy difícil admitir que fuese fruto de la humana evolución en aquellas latitudes.

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