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Prosigamos…
Repentinamente el mago-ratón es despertado de su sueño por olas de agua que chocan contra sus pies. Su sillón flota en el torrente que rebalsa la caverna. La incansable escoba ha llenado la gruta con miles de galones de agua, causando una inundación gigantesca. Ahora, Mickey no puede lograr que la escoba ni pare ni le obedezca. En desesperación, el ratón se apodera de una hachuela y golpeándola, parte la escoba en astillas. Por un instante todo queda en silencio, hasta que los fragmentos de escoba proliferan generando más escobas. Cada nueva escoba transporta dos cubos cada una, acarreando más agua de la fuente a la caverna. Desesperado, Mickey intenta reducir el acreciento de agua con un simple cubo, mientras que el ejército de escobas continúa su misión de inundación.
En desesperación, Mickey consulta un libro de encantos mágicos que encuentra en la cueva, pero sin ningún resultado, mientras que las escobillas en su misión fuera de control, amenazan sumergirlo todo.
Al final, el Mago hace una aparición dramática, calmando las aguas, recuperando su sombrero, ordenando a su aprendiz a retornar a su labor de cargar los cubos de agua como de un neófito se espera y terminándolo todo como un buen padre, en gesto humorístico.

En el aprendizaje acerca del ser humano, pocos científicos se interesan en un aspecto esencial de nuestra naturaleza, siendo que somos seres inteligentes y por propensión curiosos.
Por ejemplo, ¿cuántos de quienes leen estos escritos reparan en ciertas cosas?:
Miren hacia detrás y notarán algo que pocas veces hago, subrayar palabras, y que "somos" (igualmente a que ‘yo soy’) se lee como un palíndromo.
¿Pero, por qué es importante que seamos curiosos? Lo es porque en nuestro estado original y prístino, nuestra supervivencia de ello mismo dependiera. Cosa simple.
Era así, pero, ahora, cuando confrontamos un dilema de cualquier tipo, sea en nuestras vidas sentimentales, de negocios, en nuestras existencias internas, un problema cualquiera, lo resolvemos, muy a menudo, y sin pensar, o sin reflexión siguiendo las pautas que amigos nos ofrecen gratuitas o extraemos "conocimiento" de las revistas que abundan como autoayuda en las salas de esperas de las peluquerías. O de los salones de belleza, lugares donde se discuten las vidas portentosas de los famosos, adaptando en envidia sus estilos de vivir, como si ellos tuvieran acceso a lo que tantos anhelan: a la juventud eterna, a la inteligencia innata, al juicio infalible, a la belleza natural y al albedrío perpetuo -que es sólo fantasía que ellos desean proyectar. Ellos son los mismos quienes pueblan iterada y aburridoramente las páginas del Ritmo Social, de OH!, Elle, ¡Hola! y otras revistas destinadas a dejar que el pudiente trivial demuestre que no es tan rico como es mediocre. Chacun à son goût…
Pero volvamos al por qué es importante que seamos curiosos:
"O, la, la, la, la, c’est magnifique!" Como nos canturreaba Maurice Chevalier…

Maurice Chevalier
Somos curiosos porque vivimos en un universo confuso con leyes vagas que aún los poderosos no pueden enjaezar. Un mundo de entropías y de incertidumbres. Un mundo donde lo único cierto, es lo que es incierto.
Me gusta escribir, me fascina educar. Por eso lo hago.
A Leonardo le gustaba pintar, a Rodin, esculpir. Preguntemos a los moradores de las páginas sociales qué gustan hacer (además de comer) y qué, además de eso, hacen bien.
¿Contar con patrimonio heredado? Bueno, lo concedemos, es una ventaja y un privilegio temporal. Pero muy fútil.
¿Darse empachos de dulces? Tarea, para tantos, muy edificante y muy noble.
¿Qué más hacen? Tratar de impresionar a otros y a ellos mismos con la idea de que son respetados y de que son superiores. Pero en ese propósito fallan, porque, simplemente, no lo son.
Que se compren y se rodeen de desventurados mediocres que les canten sus "glorias", porque de ellos dependen -pero, no basta, porque quienes verdaderamente valen de entre su entorno, ni los respetan, ni los consideran dignos.
Si alguien bien lo sabe c’est moi.

Por ejemplo:
¿Quién es este Bill Clinton?
Para los dominicanos que viven entre Punta Cana y La Romana, Bill es un héroe.
Pero, para los americanos, que bien lo conocemos, Bill, fue un buen presidente cuyos instintos le proporcionaron un lugar dudoso en la historia de los presidentes de ese país. Así fue, porque tenía un problema serio con la veracidad y con una voracidad sexual desenfrenada -el caso de muchos modistas y cantantes que, por todas partes, viven.
He aquí donde el Mago y el Exégeta hacen su entrada.
¿Queremos vivir de la propaganda que otros nos alimentan como verdades eternas? O, ¿queremos vivir con un entendimiento de la realidad de que este mundo pertenece a quienes logran entender y descifrar las intenciones de los demás?
Preguntémonos:
¿Queremos poder controlar las respuestas y las acciones de aquellos que nos rodean? Sería bueno, ¿no creen?
A mí me parece que sí. Que es importante tener un sentimiento cierto de seguridad de que un cliente va a comprar, de que una aventura amorosa es estable o de que es, simplemente, una aventura.
O de que olvidar y salir de una relación tóxica es acto saludable.
A mí me parece importante saber (no, sería mejor, creer) que las intenciones de los demás son congruentes con mi entendimiento de las mismas, y que mi margen de equivocación es mínimo.
Para mí, estos son asuntos importantes, como lo es para quienes de mí dependen y quienes adoptan como estudiantes esta "doctrina".
Yo, prefiero leer, o intuir, si se prefiere, las mentes y las intenciones de los demás, para poder, como animal del Paleolítico Superior, embrujar a mi presa, o burlar a mi enemigo.
Ésta, para mí, es asimismo La Opción de Hobson… La única que nos queda, porque al fin y al cabo como animales, somos bestias de presa. Pero, somos físicamente débiles; nacimos desnudos, sin garras, sin colmillos, sin caparazón, sin poder alcanzar velocidades impresionantes. Nacimos sin nada más que poseedores de un cerebro enorme que tantos rehúsan usar.
Por eso engordamos y dependemos del azúcar y de comer hasta que la muerte prematura nos lleve…
Tenemos que aprender el uso del encantamiento sin perder control, como Mickey hiciera en la película Fantasia.
Aprender antes de que la cueva se nos rebalse con el líquido problemático que la vida proporciona.
Escuchemos entonces el lenguaje de la entelequia y el mensaje de los sueños.
Larocca, F. E. F: La Opción de Hobson en el Tratamiento de la Gordura
Livio, M: The Golden Ratio: The Story of PHI, the World’s Most Astonishing Number (2002) Broadway Books NY
Von Goethe, J. W: Der Zauberlehrling (1798) Musenalmanach für
Dr. Félix E. F. Larocca
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