Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8

La Iglesia

La única institución europea con carácter universal fue la Iglesia, pero incluso en ella se había producido una fragmentación de la autoridad. Todo el poder en el seno de la jerarquía eclesiástica estaba en las manos de los obispos de cada región. El papa tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de ser sucesor de san Pedro, primer obispo de Roma, a quien Cristo le había otorgado la máxima autoridad eclesiástica. No obstante, la elaborada maquinaria del gobierno eclesiástico y la idea de una Iglesia encabezada por el papa no se desarrollarían hasta pasados 500 años. La Iglesia se veía a sí misma como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros más destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios, diseminados por toda Europa y alejados de la jerarquía eclesiástica.

En el seno de la Iglesia hubo tendencias que aspiraban a unificar los rituales, el calendario y las reglas monásticas, opuestas a la desintegración y al desarrollo local. Al lado de estas medidas administrativas se conservaba la tradición cultural del Imperio romano. En el siglo IX, la llegada al poder de la dinastía Carolingia supuso el inicio de una nueva unidad europea basada en el legado romano, puesto que el poder político del emperador Carlomagno dependió de reformas administrativas en las que utilizó materiales, métodos y objetivos del extinto mundo romano.

Vida cultural

La actividad cultural durante los inicios de la edad media consistió principalmente en la conservación y sistematización del conocimiento del pasado y se copiaron y comentaron las obras de autores clásicos. Se escribieron obras enciclopédicas, como las Etimologías (623) de san Isidoro de Sevilla, en las que su autor pretendía compilar todo el conocimiento de la humanidad. En el centro de cualquier actividad docta estaba la Biblia: todo aprendizaje secular llegó a ser considerado como una mera preparación para la comprensión del Libro Sagrado.

Esta primera etapa de la edad media se cierra en el siglo X con las segundas migraciones germánicas e invasiones protagonizadas por los vikingos procedentes del norte y por los magiares de las estepas asiáticas, y la debilidad de todas las fuerzas integradoras y de expansión europeas al desintegrarse el Imperio Carolingio. La violencia y dislocamiento que sufrió Europa motivaron que las tierras se quedaran sin cultivar, la población disminuyera y los monasterios se convirtieran en los únicos baluartes de la civilización.

La alta edad media

Hacia mediados del siglo XI Europa se encontraba en un periodo de evolución desconocido hasta ese momento. La época de las grandes invasiones había llegado a su fin y el continente europeo experimentaba el crecimiento dinámico de una población ya asentada. Renacieron la vida urbana y el comercio regular a gran escala y se desarrolló una sociedad y cultura que fueron complejas, dinámicas e innovadoras. Este periodo se ha convertido en centro de atención de la moderna investigación y se le ha dado en llamar el renacimiento del siglo XII.

El poder papal

Durante la alta edad media la Iglesia católica, organizada en torno a una estructurada jerarquía con el papa como indiscutida cúspide, constituyó la más sofisticada institución de gobierno en Europa occidental. El Papado no sólo ejerció un control directo sobre el dominio de las tierras del centro y norte de Italia sino que además lo tuvo sobre toda Europa gracias a la diplomacia y a la administración de justicia (en este caso mediante el extenso sistema de tribunales eclesiásticos). Además las órdenes monásticas crecieron y prosperaron participando de lleno en la vida secular. Los antiguos monasterios benedictinos se imbricaron en la red de alianzas feudales. Los miembros de las nuevas órdenes monásticas, como los cistercienses, desecaron zonas pantanosas y limpiaron bosques; otras, como los franciscanos, entregados voluntariamente a la pobreza, pronto empezaron a participar en la renacida vida urbana. La Iglesia ya no se vería más como una ciudad espiritual en el exilio terrenal, sino como el centro de la existencia. La espiritualidad altomedieval adoptó un carácter individual, centrada ritualmente en el sacramento de la eucaristía y en la identificación subjetiva y emocional del creyente con el sufrimiento humano de Cristo. La creciente importancia del culto a la Virgen María, actitud desconocida en la Iglesia hasta este momento, tenia el mismo carácter emotivo.

Aspectos intelectuales

Dentro del ámbito cultural, hubo un resurgimiento intelectual al prosperar nuevas instituciones educativas como las escuelas catedralicias y monásticas. Se fundaron las primeras universidades, se ofertaron graduaciones superiores en medicina, derecho y teología, ámbitos en los que fue intensa la investigación: se recuperaron y tradujeron escritos médicos de la antigüedad, muchos de los cuales habían sobrevivido gracias a los eruditos árabes y se sistematizó, comentó e investigó la evolución tanto del Derecho canónico como del civil, especialmente en la famosa Universidad de Bolonia. Esta labor tuvo gran influencia en el desarrollo de nuevas metodologías que fructificarían en todos los campos de estudio. El escolasticismo se popularizó, se estudiaron los escritos de la Iglesia, se analizaron las doctrinas teológicas y las prácticas religiosas y se discutieron las cuestiones problemáticas de la tradición cristiana. El siglo XII, por tanto, dio paso a una época dorada de la filosofía en Occidente.

Innovaciones artísticas

También se produjeron innovaciones en el campo de las artes creativas. La escritura dejó de ser una actividad exclusiva del clero y el resultado fue el florecimiento de una nueva literatura, tanto en latín como, por primera vez, en lenguas vernáculas. Estos nuevos textos estaban destinadas a un público letrado que poseía educación y tiempo libre para leer. La lírica amorosa, el romance cortesano y la nueva modalidad de textos históricos expresaban la nueva complejidad de la vida y el compromiso con el mundo secular. En el campo de la pintura se prestó una atención sin precedentes a la representación de emociones extremas, a la vida cotidiana y al mundo de la naturaleza. En la arquitectura, el románico alcanzó su perfección con la edificación de incontables catedrales a lo largo de rutas de peregrinación en el sur de Francia y en España, especialmente el Camino de Santiago, incluso cuando ya comenzaba a abrirse paso el estilo gótico que en los siguientes siglos se convertiría en el estilo artístico predominante.

La nueva unidad europea

Durante el siglo XIII se sintetizaron los logros del siglo anterior. La Iglesia se convirtió en la gran institución europea, las relaciones comerciales integraron a Europa gracias especialmente a las actividades de los banqueros y comerciantes italianos, que extendieron sus actividades por Francia, Inglaterra, Países Bajos y el norte de África, así como por las tierras imperiales germanas. Los viajes, bien por razones de estudio o por motivo de una peregrinación fueron más habituales y cómodos. También fue el siglo de las Cruzadas; estas guerras, iniciadas a finales del siglo XI, fueron predicadas por el Papado para liberar los Santos Lugares cristianos en el Oriente Próximo que estaban en manos de los musulmanes. Concebidas según el Derecho canónico como peregrinaciones militares, los llamamientos no establecían distinciones sociales ni profesionales. Estas expediciones internacionales fueron un ejemplo más de la unidad europea centrada en la Iglesia, aunque también influyó el interés de dominar las rutas comerciales de Oriente. La alta edad media culminó con los grandes logros de la arquitectura gótica, los escritos filosóficos de santo Tomás de Aquino y la visión imaginativa de la totalidad de la vida humana, recogida en la Divina comedia de Dante Alighieri.

La baja edad media

Si la alta edad media estuvo caracterizada por la consecución de la unidad institucional y una síntesis intelectual, la baja edad media estuvo marcada por los conflictos y la disolución de dicha unidad. Fue entonces cuando empezó a surgir el Estado moderno —aún cuando éste en ocasiones no era más que un incipiente sentimiento nacional— y la lucha por la hegemonía entre la Iglesia y el Estado se convirtió en un rasgo permanente de la historia de Europa durante algunos siglos posteriores. Pueblos y ciudades continuaron creciendo en tamaño y prosperidad y comenzaron la lucha por la autonomía política. Este conflicto urbano se convirtió además en una lucha interna en la que los diversos grupos sociales quisieron imponer sus respectivos intereses.

Inicios de la ciencia política

Una de las consecuencias de esta pugna, particularmente en las corporaciones señoriales de las ciudades italianas, fue la intensificación del pensamiento político y social que se centró en el Estado secular como tal, independiente de la Iglesia.

La independencia del análisis político es sólo uno de los aspectos de una gran corriente del pensamiento bajomedieval y surgió como consecuencia del fracaso del gran proyecto de la filosofía altomedieval que pretendía alcanzar una síntesis de todo el conocimiento y experiencia tanto humano como divino.

La nueva espiritualidad

Aunque este desarrollo filosófico fue importante, la espiritualidad de la baja edad media fue el auténtico indicador de la turbulencia social y cultural de la época. Esta espiritualidad estuvo caracterizada por una intensa búsqueda de la experiencia directa con Dios, bien a través del éxtasis personal de la iluminación mística, o bien mediante el examen personal de la palabra de Dios en la Biblia. En ambos casos, la Iglesia orgánica —tanto en su tradicional función de intérprete de la doctrina como en su papel institucional de guardián de los sacramentos— no estuvo en disposición de combatir ni de prescindir de este fenómeno.

Toda la población, laicos o clérigos, hombres o mujeres, letrados o analfabetos, podían disfrutar potencialmente una experiencia mística. Concebida ésta como un don divino de carácter personal, resultaba totalmente independiente del rango social o del nivel de educación pues era indescriptible, irracional y privada. Por otro lado, la lectura devocional de la Biblia produjo una percepción de la Iglesia como institución marcadamente diferente a la de anteriores épocas en las que se la consideraba como algo omnipresente y ligado a los asuntos terrenales. Cristo y los apóstoles representaban una imagen de radical sencillez y al tomar la vida de Cristo como modelo de imitación, hubo personas que comenzaron a organizarse en comunidades apostólicas. En ocasiones se esforzaron por reformar la Iglesia desde su interior para conducirla a la pureza y sencillez apostólica, mientras que en otras ocasiones se desentendieron simplemente de todas las instituciones existentes.

En muchos casos estos movimientos adoptaron una postura apocalíptica o mesiánica, en particular entre los sectores más desprotegidos de las ciudades bajomedievales, que vivían en una situación muy difícil. Tras la aparición catastrófica de la peste negra, en la década de 1340, que acabó con la vida de una cuarta parte de la población europea, bandas de penitentes, flagelantes y de seguidores de nuevos mesías recorrieron toda Europa, preparándose para la llegada de la nueva época apostólica.

Esta situación de agitación e innovación espiritual desembocaría en la Reforma protestante; las nuevas identidades políticas conducirían al triunfo del Estado nacional moderno y la continua expansión económica y mercantil puso las bases para la transformación revolucionaria de la economía europea. De este modo las raíces de la edad pueden localizarse en medio de la disolución del mundo medieval, en medio de su crisis social y cultural.

La Edad Moderna

La Edad Moderna es una de las etapas en la que se divide tradicionalmente la historia, según la clasificación de Cristóbal Celarius. En su tiempo se la consideró de alcance mundial, pero hoy en día se restringe su alcance a la historia europea.

La fecha de inicio más aceptada es la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453, aunque también se han propuesto el Descubrimiento de América (1492) y la Reforma Protestante (1517) como hitos de partida. En cuanto a su final, cierta corriente historiográfica anglosajona tiende a considerar que estamos aún en la Edad Moderna, mientras que en nuestro entorno consideramos a nuestro tiempo como la Edad Contemporánea. El hito de separación más aceptado es el inicio de la Revolución Francesa en el año 1789, aunque también se han propuesto la independencia de Estados Unidos (1776) y el Congreso de Viena (1815). Como suele suceder, estas fechas o hitos son meramente indicativos, ya que no hubo un paso brusco de las características de un período histórico a otro, sino una transición gradual y por etapas. Es por eso que debe tomarse todas estas fechas con un criterio más bien pedagógico. La edad moderna transcurre mas o menos del siglo XV al siglo XVIII d.C.

Destacan en este periodo la invención de la imprenta, los grandes descubrimientos geográficos como el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, el Renacimiento, la Reforma Protestante (llevada a cabo por Lutero), la Contrarreforma Católica, el Absolutismo, el arte barroco, el Mercantilismo y el colonialismo entre otros.

Como dijimos, no hubo una transición brusca de la Edad Media a la época moderna. Los principales fenómenos históricos asociados a la Modernidad (capitalismo, humanismo, estados nacionales, etcétera) venían preparándose desde mucho antes, aunque fue en el paso de los siglos XV a XVI en donde confluyeron para crear una etapa histórica nueva.

En general, este proceso de transformación empezó con el paso de una economía agraria y rural, base de un sistema político feudal, a una comercial y urbana, base de un sistema político articulado en estados nacionales, lo que ocurrió durante la revolución del siglo XII. El principal actor social de este cambio fue la burguesía, que promovió valores tales como el humanismo, el individualismo, etcétera. Dichos valores terminaron por chocar con las grandes estructuras históricas propias de la Edad Media (la Iglesia Católica, el Imperio, los feudos, la servidumbre, etcétera), creando otras nuevas favorables al comercio y el emprendimiento individual. Estos choques cristalizaron en varias áreas distintas: en lo político con el surgimiento de estados nacionales y de los primeros imperios europeos modernos, en lo bélico con los cambios en la estrategia militar derivados del uso de la pólvora, en lo económico con el desarrollo del capitalismo, en lo artístico con el humanismo y el Renacimiento, en lo científico con el abandono del magister dixit y el desarrollo de la investigación empírica, en lo religioso con la Reforma Protestante y en lo filosófico con el surgimiento de filosofías seculares que reemplazaron a la Escolástica medieval. Ya para el siglo XVII, estos movimientos revolucionarios habían cambiado la faz de Europa, relegando a los actores tradicionales de la Edad Media (el clero y la aristocracia) al papel de meros comparsas de los nuevos protagonistas sociales: la monarquía absoluta, y la burguesía.

Principales fenómenos históricos de la Edad Moderna

El predominio de la burguesía

Los burgueses, habitantes de los burgos, se emplazaban a sí mismos fuera del sistema feudal, y se hicieron poderosos gracias a la creación de redes comerciales que abarcaban toda Europa. Ciudades comerciantes como Venecia y Génova crearon verdaderos imperios comerciales. En el norte surgió la Hansa, que dominó la vida económica del Mar Báltico hasta el siglo XVIII. Progresivamente fueron incorporándose nuevos actores, cuando exploradores como Enrique el Navegante, Cristóbal Colón, Juan Caboto, Vasco de Gama y Hernando de Magallanes se aventuraron en mares desconocidos y descubrieron nuevas tierras aprovechando una serie de mejoras náuticas: la brújula y la carabela. Aprovechando sus descubrimientos, España, Portugal y Holanda primero, y Francia e Inglaterra después, construyeron sendos imperios coloniales, cuyas riquezas estimularon aún más el desarrollo de la industria y el comercio. De esta manera en el siglo XVII, la burguesía era un estamento político casi sin contrapeso social alguno, que tenía todo el poder económico en las manos, aunque no el político. E incluso éste comenzó a caer en sus manos, cuando reyes como Luis XIV empezaron a llamar a burgueses y privados como ministros de estado, en vez de la vieja aristocracia.

Consolidación del Absolutismo

En forma paralela al crecimiento de la burguesía, un puñado de reyes consolidaron sus estados nacionales, surgiendo así los actuales Estados de España, Portugal, Francia, Inglaterra, Suecia, Holanda, Dinamarca y Polonia. Esta consolidación se vivió en tres direcciones: eliminación de todo contrapoder dentro del Estado, expansión de las fronteras políticas, y eliminación de estructuras feudales supranacionales.

Los reyes absolutistas intentaron liquidar a toda posible oposición. En el siglo XVI aprovecharon el movimiento reformista para separarse de la Iglesia Católica (fue el caso de Inglaterra), o bien para debilitarla imponiéndole sus condiciones (fue el caso de España). Una vez conseguido esto, los reyes intentaron imponer la unidad religiosa a sus súbditos: en España los Reyes Católicos expulsaron a los judíos y Felipe II a los moriscos, en Inglaterra el anglicano Enrique VIII persiguió a los católicos, y en Francia Richelieu persiguió a los protestantes. Otro frente de batalla fue la nobleza, la cual intentó sublevarse en algunas ocasiones (la Fronda francesa de 1648, por ejemplo, o el golpe de estado contra el Conde-Duque de Olivares en España, en 1640), pero sin mucha suerte. El resultado de todo esto fue que el monarca absoluto se transformó en amo de un estado unitario y centralizado, en la mayor parte de los casos, con la visible excepción de Inglaterra, que cedió paso a una monarquía constitucional después de varias guerras civiles.

En lo externo, los imperios europeos buscaron ampliar sus fronteras. España se construyó un Imperio Español en América. Portugal y Holanda fundaron factorías, núcleos de futuras ciudades, en diversos puntos del mapa terrestre. Francia e Inglaterra intentaron entrar en la India, al tiempo que fundaban colonias en lo que después serán Estados Unidos y Canadá. En Europa misma tuvieron menos suerte, ya que después de desgastarse en cruentas conflagraciones (la Guerra de los Treinta Años de 1618 a 1648, y las guerras de Luis XIV), no pudieron ampliar sensiblemente sus dominios, salvo a costa de los pequeños principados feudales que sobrevivían en Alemania e Italia. Uno de estos principados, Prusia, fue creciendo hasta transformarse en el núcleo de lo que después, en el siglo XIX, sería Alemania.

Frente a todo esto, las viejas estructuras supranacionales medievales hicieron crisis. La Iglesia Católica fue incapaz de mantener unida a Europa bajo su dominio, y el Sacro Imperio Romano Germánico, después del frustrado intento por restaurarlo de Carlos V de Alemania, fue definitivamente desmantelado por el Tratado de Westfalia de 1648, el cual siguió el principio de la soberanía nacional. El Imperio siguió existiendo teóricamente hasta 1806, pero en los hechos, no era más que una presencia nominal en el mapa internacional, sin poder efectivo.

Revolución militar

También el arte militar experimentó profundos cambios, que fueron correlativos a los políticos que se vivían en ese tiempo. La introducción de las armas de fuego marcó el final de la época de los caballeros feudales, y el inicio del predominio de la infantería. Al mismo tiempo, la ingeniería dio pasos de gigante, perfeccionando una nueva fórmula de defensa: el bastión. Como consecuencia, las campañas medievales se transformaron en verdaderas guerras de asedio y desgaste del enemigo, lo que explica la enorme crueldad de los conflictos durante el siglo XVII.

En consecuencia, para el siglo XVIII, las guerras experimentaron un notable descenso en su beligerancia, transformándose en campañas atemperadas y con prolijas maniobras, en donde los generales arriesgaban poco y cuidaban mucho a sus tropas. Esquema que regiría los campos de batalla europeos hasta la llegada de Napoleón Bonaparte, primer general que aprovechó a gran escala el reclutamiento masivo producto del servicio militar obligatorio.

Crisis religiosa, Reforma y Contrarreforma

La Iglesia Católica se había adaptado mal a la nueva vida urbana, y había mirado las transformaciones internas con reticencia. En el siglo XIV había vivido el Cautiverio de Babilonia y el Cisma de Occidente, y en el XV, vivió un proceso de acrecentamiento del poder temporal. Ejemplos de Papas mundanos fueron, por ejemplo, Alejandro VI y Julio II, este último apodado, y no sin razón, "el Papa guerrero". Para financiarse, recurrió de manera cada vez más escandalosa a la venta de indulgencias, lo que excitó las protestas de John Wycliff, Jan Huss y Martín Lutero. Este último, cuando la Iglesia lo llamó a someterse, se rehusó, señalando que la única fuente de autoridad eran las Sagradas Escrituras. Era esta una nueva visión de la relación entre el hombre y Dios, personalista e intimista, completamente moderna, muy diferente a la idea social y comunitaria de la religión que tenía el Catolicismo medieval. Lutero obtuvo numerosos seguidores, entre ellos Ulrico Zwinglio, Juan Calvino y John Knox, que fundaron sendas iglesias reformadas.

La Iglesia Católica reaccionó tardíamente, a finales del siglo XVI, imponiendo una serie de cambios internos en el Concilio de Trento (1545-1563). Estrellas de esta reforma fueron Ignacio de Loyola y la Compañía de Jesús. Sin embargo, no pudo hacer regresar a la obediencia católica a numerosas naciones reformadas. Gran parte de Alemania, así como Escandinavia y las Islas Británicas ya no volverían al rebaño católico, mientras que Francia se debatiría durante años entre el protestantismo y el catolicismo, hasta que en 1685 Luis XIV revocó el Edicto de Nantes, que garantizaba la tolerancia católica hacia los hugonotes, y los expulsó. España e Italia, por su parte, amén de los recién ganados dominios ultramarinos españoles en América, permanecieron católicos.

Todo esto originó una seguidilla de guerras de religión: Carlos V de Alemania contra los protestantes alemanes, crisis civiles como la Matanza de San Bartolomé en Francia (1572), o la Guerra de los Treinta Años, que terminó transformándose en un conflicto político. Después de lo cual, las guerras de religión se acabaron, por cansancio de ambas partes.

Humanismo, Renacimiento y filosofías seculares

Barroco y Neoclasicismo

El arte más representativo de la Época Moderna es el Barroco. Este estilo se caracterizaba por ser visualmente recargado, y alejado de la simplicidad y búsqueda de la armonía propias del Renacimiento. Se postula que el Barroco nació como una reacción a la crisis de la confianza humanista y renacentista en el ser humano, lo que explica su enorme carácter religioso, así como el abandono de la simplicidad clásica para intentar expresar la grandeza del infinito, y la predilección por motivos grotescos o "feos" por sobre la búsqueda de la belleza renacentista. Esto no quiere decir, de todas maneras, que el Barroco haya renunciado totalmente al Clasicismo. No en balde, uno de los más grandes monumentos de la arquitectura barroca es el Palacio de Versalles, construido en torno a la noción del culto al dios solar Apolo, como representación del monarca Luis XIV, el "Rey Sol".

En el siglo XVIII, el redescubrimiento de diversas ruinas romanas (incluyendo Pompeya y Herculano) puso de moda nuevamente el arte clásico. Esta vez, quienes se inspiraron en él lo hicieron de manera aún más rigurosa que en el Renacimiento, generando así el llamado Neoclasicismo. El Neoclasicismo es considerado muchas veces como un arte de transición, porque se lo asocia políticamente no al Absolutismo, sino a la Revolución Francesa y al Imperio Napoleónico.

Orígenes de la ciencia moderna

El nuevo espíritu inquisitivo de los burgueses produjo un cuestionamiento general de la sabiduría medieval, basada en el criterio de autoridad, y expresada en aforismos como "magister dixit" ("el maestro lo dijo") o "Roma locuta, causa finita" ("Roma ha hablado, la cuestión está terminada"). Nació así la investigación empírica de la naturaleza, aunque durante mucho tiempo, seguiría bastante lastrada por las concepciones predominantes en la Edad Media.

1543 fue el año decisivo, en el cual dos obras claves introdujeron profundas revoluciones: Nicolás Copérnico postuló por primera vez el Heliocentrismo cuestionando así el Geocentrismo del griego Tolomeo, mientras que Andrés Vesalio revisó la anatomía de Galeno. La senda abierta por ambos fue fructífera: en Física y Astronomía, los aportes acumulados de Tycho Brahe, Galileo Galilei y Johannes Kepler cambiaron la visión del universo, mientras que lo propio hacían en la Medicina Miguel Servet, William Harvey y Marcello Malpighi, entre otros. En tanto, en el siglo XVII, toda una escuela de matemáticos italianos como Bonaventura Cavalleri, por ejemplo, prepararon las herramientas matemáticas necesarias para que Isaac Newton postulara de manera científica la Teoría de la Gravedad, con la publicación de los "Principios matemáticos de filosofía natural", en 1687.

Algo más tarde, y como resultado de la combinación de este espíritu con los fenómenos asociados al capitalismo, se desarrollaron las primeras doctrinas económicas propiamente tales: el Mercantilismo y el Fisiocratismo. En 1776, el escocés Adam Smith le da el vamos a la moderna Economía, con su libro "La riqueza de las naciones".

El fin de la Edad Moderna

Durante toda la Edad Moderna, el poder político había estado claramente radicado en los monarcas absolutos, bien sea por ellos mismos, o bien sea a través de la institución del valido, como en España el Duque de Lerma o el Conde-Duque de Olivares, en Francia Richelieu y Mazarino, y en Inglaterra Buckingham. La burguesía era el estrato social más importante de todos en lo económico, pero su poder político venía del monarca. En forma paralela el clero y la aristocracia, supervivientes del mundo feudal, profitaban como una casta ociosa, que no ofrecían gran cosa a la sociedad, pero que estaban exentos de impuestos y gozaban de enormes riquezas. Era natural, entonces, que la burguesía soñase cada vez más con alcanzar el poder político.

Esta lucha se vivió primero en Inglaterra, que en el siglo XVII vivió varias guerras civiles. Terminaron éstas en 1688, con la llamada Revolución Gloriosa, en donde los ingleses consiguieron imponer al rey Guillermo III de Inglaterra un sistema político que garantizaba plenamente los derechos humanos, sentando así las bases de la democracia moderna. No era ésta perfecta, ni tampoco completamente representativa, pero estaba en ella presente la idea de que el poder del rey está limitado por la soberanía popular, ideas que se encargó de sistematizar el filósofo John Locke.

En el siglo XVIII, se esparcieron en Europa las ideas de la Ilustración, creando el llamado Siglo de las Luces, y que se inspiraba fuertemente en el ejemplo inglés. Aunque políticamente los ilustrados tenían muchas ideas diferentes entre sí, la mayoría estaba de acuerdo en conceptos tales como "soberanía popular" y "separación de poderes", todo lo cual iba directamente en contra del Absolutismo. La reacción monárquica osciló entre la represión, y la aceptación parcial de sus ideas, esto último dando por resultado el Despotismo Ilustrado.

De todas maneras, a finales del siglo XVIII se había acumulado mucha presión en la caldera social, estallando una serie de rebeliones contra la autoridad, que tenían por mira llevar a la burguesía al poder. En Estados Unidos se vivió bajo la forma de movimiento independentista, producido en 1776, que llevó a la construcción de un estado federal, bajo la Constitución de 1787. En Francia llevó a la Revolución Francesa primero, que estalló en 1789, y al Imperio Napoleónico después, seguidas por los epílogos de las revoluciones de 1830 y 1848. En Latinoamérica, se vivió bajo la forma de un gran movimiento independentista, librado entre 1810 y 1824, que hizo pedazos el Imperio Español y creó en su reemplazo una serie de repúblicas de nuevo corte burgués. Todos estos eventos son generalmente considerados el final de los Tiempos Modernos y el inicio de la Época Contemporánea.

La Edad Contemporánea

Se conoce como Edad Contemporánea al periodo histórico comprendido entre el inicio de la Revolución Francesa hasta la actualidad. Esto comprende un total de 217 años, entre 1789 y 2006 dividido en acontecimientos históricos bien definidos y marcados por el avance tecnológico constante iniciado con la Revolución Industrial, así como por las mayores guerras conocidas en la historia de la humanidad.

La serie de guerras civiles en la Inglaterra del siglo XVII llevó a la generación de un nuevo sistema político, la democracia, y de una nueva manera de entender la economía, el industrialismo, que se retroalimentaron para producir la Revolución industrial. Tras superar el sistema esclavista debido a la pérdida de sus colonias americanas y gracias al dominio de nuevas fuentes energéticas (merced a la invención de la máquina de vapor), Inglaterra conquistó un imperio que abarcó la cuarta parte de las tierras emergidas, hacia finales del siglo XIX. Al mismo tiempo, el modelo industrial fue exportado a otras regiones. Otras naciones europeas, Portugal, España... con colonias en América se mantuvieron en un sistema económico de servidumbre y esclavitud hasta finales del XIX lo cual retrasó su desarrollo industrial.

Como consecuencia de la expansión colonialista de las potencias industriales, las culturas no occidentales debieron elegir entre occidentalizarse o perecer. Rusia lo hizo en la época de Pedro I el Grande. El Imperio Otomano se negó renuentemente, hasta el siglo XIX. China lo hizo sólo después del desastre que significó la Guerra del Opio, mientras que la India fue invadida militarmente por Inglaterra. Y Japón, tras obligársele a abrirse al comercio exterior en 1853, empezó su occidentalización forzada en la Era Meiji (1868). Etiopía también hizo importantes reformas bajo Menelik II pero no fueron suficientes para transformar la economía del imperio.

Otra consecuencia del Industrialismo fue la mejoría de las condiciones de vida, que llevó a las naciones industrializadas a alcanzar los mayores estándares de vida experimentados por la Humanidad en cualquiera de sus fases. Esto incluyó desagradables consecuencias colaterales, tal y como la explosión demográfica, el aumento de la presión sobre el medio ambiente y la pérdida de biodiversidad a nivel planetario. Las teorías de Thomas Malthus afirmaban que el excesivo crecimiento poblacional puede poner a la Humanidad en riesgo de extinción, sin embargo las mejoras en agricultura permiten hoy día alimentar al doble de población que la que actualmente existe a condición de que haya un reparto equitativo de la riqueza, por otra parte las sociedades post-industriales muestran un crecimiento negativo de sus poblaciones y parece que esa es la tendencia normal independientemente de consideraciones geográficas o culturales.

Bomba atómica sobre Nagasaki, 9 de agosto de 1945.

Buzz Aldrin sobre la superficie lunar, 20 de julio de 1969

Siglo XX

El siglo XX vio dos conflagraciones bélicas de proporciones nunca conocidas (la Primera Guerra Mundial, y la Segunda Guerra Mundial), ambas originadas en centroeuropa. Los movimientos fascistas que llegaron al poder en varios estados de Europa implementaron sistemas de gobierno nacionalistas, entre los cuales el de la Alemania nazi es el más celebre representante.

A partir del final de la Segunda guerra en 1945, emergió un orden bipolar encabezado por Estados Unidos (EE.UU)y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), conocido como guerra fría y cuyas piedras de toque eran el enfrentamiento entre el sistema económico-social capitalista y el sistema económico-social marxista comunista.

Ambos sistemas chocaron en diversas ocasiones en países terceros en una conflagración en busca de aumentar los niveles de influencia de cada bando; Cuba, Centroamérica, Vietnam, Corea, Etiopía, Angola, Mozambique. Finalmente, después de la Perestroika, el sistema comunista de la URSS se derrumbó y EE.UU quedó como mayor poder político-militar del mundo, en 1991, la actual tendencia política es a considerar la existencia de un choque de civilizaciones).

Por otra parte los históricamente recurrentes conflictos bélicos en Europa occidental se han dejado a un lado, haciendo posible la construcción de la Unión Europea (UE).

En Asia a partir de los años 1980, China experimenta una sostenida tasa de crecimiento económico, que la llevó a formar parte de las diez economías más grandes del mundo al finalizar el siglo, haciendo que la mayoría de proyecciones la ubiquen como la que será la mayor economía del siglo XXI.

Continentes densamente poblados como África y la parte sur de América siguen sumidos en el subdesarrollo. A ello África suma la pandemia de SIDA que unida a las frecuentes guerras civiles diezman su población.

La última mitad del siglo ha visto el ascenso de la era de la información y la globalización. La exploración espacial está llegando a todos los rincones del sistema solar. El ADN fue descubierto, y el genoma humano secuenciado, dando esperanza para la cura de las enfermedades. El número de publicaciones científicas anuales supera al número de las publicadas antes de 1900, y se dobla aproximadamente cada 15 años.

ERA DEL CONOCIMIENTO

Las Perspectivas de la Tercera Ola

A través de todo el libro sobre «La Tercera Ola» se examina una buena parte de los sustantivos y radicales cambios que trajo como una de sus consecuencias la formidable revolución científica y tecnológica de los tiempos actuales. Tales cambios han echado por tierra todas las formas y particularidades más relevantes que tipificaban el desarrollo que caracterizó a las revoluciones industriales del pasado.

Así ocurre que, a la producción en masa la sustituyó la producción flexible.
A la presión uniformizadora la ha reemplazado la diversificación y el particularismo. Correspondientemente, a la concentración industrial le ha sucedido la producción conjunta o participativa y el mercado de la subcontratación.

En el texto de Toffler, sucede que:

"La tercera ola trae consigo una forma de vida auténticamente nueva basada en fuentes de energía diversificada y renovables; en métodos de producción que hacen resultar anticuadas las cadenas de montaje de la mayor parte de las fábricas; en nuevas familias no nucleares; en una nueva institución, que se podría denominar el «hogar electrónico» y en escuelas y corporaciones del futuro radicalmente modificadas. La civilización naciente escribe para nosotros un nuevo código de conducta y nos lleva más allá de la concentración de energía, dinero y poder".

"Esta nueva civilización, al desafiar a la antigua, derribará burocracias, reducirá el papel de la nación-Estado y dará nacimiento a economías semiautónomas en un mundo postim-perialista. Exige gobiernos que sean más sencillos, más eficaces y, sin embargo, más democráticos que ninguno de los que hoy conocemos. Es una civilización con su propia y característica perspectiva mundial, sus propias formas de entender el tiempo, el espacio, la lógica y la causalidad."

Y más abajo agrega que:

"Para la civilización de la tercera ola, la materia prima más básica de todas –y una que nunca puede agotarse– es la infor-mación, incluida la imaginación. Por medio de imaginación e información se encontrarán sustitutivos a muchos de los recursos agotables actuales, aunque con demasiada frecuencia esta susti-tución se verá acompañada también de dramáticas oscilaciones y sacudidas".

"Al tornarse la información más importante que nunca, la nueva civilización reestructurará la educación, redefinirá la investigación científica y, sobre todo, reorganizará los medios de comunicación. Los medios de comunicación actuales, tanto impresos como electrónicos, son totalmente inadecuados para enfrentarse a la carga de comunicaciones y suministrar la variedad cultural necesaria para la supervivencia. En vez de estar cultu-ralmente dominada por unos cuantos medios de comunicación de masas, la civilización de la tercera ola descansará sobre medios interactivos y desmasificados, introduciendo una imaginería sumamente diversa y a menudo altamente despersonalizada dentro y fuera de la corriente central de la sociedad."

En sus disgresiones sobre los enormes cambios y progresos traídos por la "Tercera Ola", Alvin Toffler llega, lógicamente, a encarar la cuestión referida a las transferencias de poder que trajo este inmenso proceso de transformaciones; específicamente, Toffler estudia este punto en uno de sus últimos libros, al que le puso un título particularmente expresivo: «El Cambio del Poder» (Plaza y Janes Editores; Barcelona, 1994). Todo lo que en ese extenso trabajo expone Toffler, lo resume (en nuestro concepto) el texto que nos vemos tentados a transcribir con cierta extensión. Tal texto dice lo siguiente:

"Una revolución está barriendo el mundo actual y dejando atrás todas las teorías de Bacon. Ningún genio del pasado, ni Sun-Tzu, ni Maquiavelo, ni el mismo Bacon, hubiera imaginado jamás el profundísimo cambio de poder actual, el asombroso grado al que han llegado a depender del conocimiento, hoy en día, tanto la fuerza como la riqueza".

"Hasta hace poco, el poderío militar era una prolongación del inconsciente puño. En la actualidad se basa casi por completo en «la mente sólida»: el conocimiento embebido en las armas y en las tecnologías de vigilancia. Desde los satélites hasta los subma-rinos, las armas modernas son fabricadas a base de componentes electrónicos repletos de información. Los aviones de combate actuales son ordenadores volantes. Incluso las armas «tontas» se construyen con la ayuda de ordenadores o elementos electrónicos «superinteligentes»".

"El ejército, por citar un solo ejemplo, usa conocimiento informatizado –«sistemas expertos»– en la defensa mediante cohetes. Dado que los cohetes subsónicos alcanzan una velocidad de 305 metros por segundo, los sistemas de defensa eficaces necesitan reaccionar en unas 10 milésimas de segundo. Pero los sistemas expertos pueden contener desde 10.000 hasta 100.000 reglas aportadas por especialistas humanos. El ordenador ha de explorar, sopesar e interrelacionar estas reglas antes de llegar a una decisión respecto a cómo reaccionar ante una amenaza. De este modo, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Defensa (DARPA), del Pentágono, de acuerdo con la revista «Defensa Science», se ha marcado como objetivo a largo plazo diseñar un sistema que pueda hacer «un millón de deducciones lógicas por segundo». Hoy en día, la lógica, la deducción, la epistemología –trabajo cerebral, humano y mecá-nico– es la condición previa para el poder militar".

"Del mismo modo se ha convertido en un cliché dentro del mundo empresarial decir que la riqueza depende cada vez más del poder del cerebro, de la capacidad intelectual. La economía avanzada no podría funcionar durante 30 segundos sin la ayuda de los ordenadores, y las nuevas complejidades de la producción, la integración de muchas tecnologías diferentes (en constante cambio) y la desmasificación de los mercados, la cantidad y calidad de la información necesaria para hacer que el sistema produzca riqueza. Además, debemos considerar que apenas estamos en el principio de este proceso de ‘informacionalización’. Nuestros mejores ordenadores y sistemas de diseño asistido por ordenadores y de fabricación asistida por ordenador son tan primitivos todavía como un hacha de la Edad de Piedra".

"Por lo tanto, el conocimiento en sí mismo resulta ser no sólo la fuente del poder de más calidad, sino también el ingrediente más importante de la fuerza y de la riqueza. En otras palabras, el conocimiento ha pasado de ser un accesorio del poder del dinero y del poder del músculo, a ser su propia esencia. De hecho, es el amplificador definitivo. Esta es la clave del cambio de poder que nos espera y explica el por qué la batalla por el control del conocimiento y de los medios de comunicación se está enar-deciendo por todo el mundo."

De otro lado, y en las perspectivas de las enormes transformaciones de la época, Peter Drucker (eminente asesor de las más grandes empresas norteamericanas) ha escrito un libro que conmocionó tanto al mundo de los negocios como a la inteligencia internacional, aun por su propio título, que es el siguiente: «La Sociedad Postcapitalista» (Editorial Sudamericana; Buenos Aires, 1994). Este título tiene una explicación muy simple: cuando se desintegró la Unión Soviética terminó un sistema al que se denominaba convencionalmente «socia-lista o comunista», pero que se fundaba en los mismos principios económicos que su aparente contrario, que era el capitalismo; tales principios eran el de la producción en masa, la división del trabajo, la centralización, la concentración, etc.; diferían, nomás, en que en el modelo soviético había más centralización a través del Estado (aunque las empresas estatales eran dirigidas también, como en el capitalismo, por gerentes con un gran poder). La causa de la desintegración del Estado Soviético, como es evidente, radica en que todos los principios que le dieron fundamento y sustento dejaron de tener vigencia. Pero como ellos habían presidido también el sistema capitalista que floreció antes de la Revolución Científica y Tecnológica, es claro que este sistema también ha sido superado, y en su lugar se ha instalado lo que Drucker denomina la «Sociedad Postcapitalista», a la que define en estos términos:

"La nueva sociedad, que ya está aquí, es una sociedad postcapitalista. Con certeza, digámoslo de nuevo, utilizará el mercado libre como único mecanismo de integración económica comprobado; no será una «sociedad anticapitalista», ni siquiera será una «sociedad acapitalista»; las instituciones del capitalismo sobrevivirán, aunque algunas, por ejemplo los bancos representen un papel bastante diferente; pero el centro de gravedad en la sociedad postcapitalista, su estructura, su dinámica social y económica, sus clases y sus problemas sociales serán diferentes de aquellos que dominaron los últimos doscientos cincuenta años y definieron las cuestiones alrededor de las cuales cristalizaron partidos políticos, grupos sociales, sistemas de valores sociales y compromisos personales y políticos".

"El recurso económico básico, el ‘medio de producción’ para utilizar el término de los economistas, ya no es el capital, ni los recursos naturales (el ‘suelo’ de los economistas) ni la ‘mano de obra’. Es y será el saber."

Y mucho más adelante, Drucker afina mucho más todavía su criterio respecto de lo que denomina la «Sociedad Postcapitalista», en los términos que pasamos a transcribir textualmente, así:

"La sociedad del saber debe tener como núcleo la idea de persona instruida. Tendrá que ser un concepto universal, precisamente porque la sociedad del saber es una sociedad de saberes y porque es global - en su dinero, su economía, sus carreras profesionales, su tecnología, sus problemas básicos y, sobre todo, su información. La sociedad postcapitalista necesita una fuerza unificadora, requiere un grupo de liderazgo que puede concentrar tradiciones distintas, individuales, locales, en un compromiso compartido con ciertos valores, en una idea común de excelencia y en un respeto mutuo. La sociedad postcapitalista, la sociedad del saber, necesita pues exactamente lo contrario de lo que los destruccionistas, las feministas radicales y los no occi-dentales proponen; necesita exactamente eso que rechazan: una persona instruida universal. Sin embargo, la sociedad del saber necesita una persona instruida diferente del ideal por el que luchan los humanistas. Tienen razón al destacar la locura de sus oponentes cuando exigen el repudio de la gran tradición y de la sabiduría, belleza y saber que son la herencia de la humanidad. Pero construir un puente al pasado no es suficiente y eso es lo único que ofrecen los humanistas. La persona instruida necesita ser capaz de aplicar su saber al presente, si no usarlo para moldear el futuro. No hay providencias para esa capacidad en las propuestas de los humanistas; es más, no hay interés por ello. Pero sin ella, la gran tradición es «anticuarismo» polvoriento."

Pero la humanidad no puede vivir sin organizaciones de todo tipo, en cuyo seno también se desenvuelven las gentes instruidas, y en ese sentido (lo dice Drucker):

"La sociedad postcapitalista es ambas cosas: una sociedad del saber y una sociedad de organizaciones diferente en conceptos, puntos de vista y valores. La mayoría de las personas instruidas, si no todas (como he dicho anteriormente en este libro), practicarán su saber como miembros de una organización. Por lo tanto, la persona instruida tendrá que estar preparada para vivir y trabajar simultáneamente en dos culturas: la del ‘intelectual’ que se concentra en palabras e ideas y la del ‘gestor’ que se concentra en personas y trabajo. Los intelectuales necesitan la organización como herramienta: les permite practicar su techne, su saber especializado. Los gestores ven el saber como un medio para conseguir un fin, el de los resultados organizacionales. Ambos tienen razón; son polos más que contradicciones; es más, se necesitan mutuamente. El científico investigador necesita al director de investigación y el director de investigación necesita al científico investigador. Si uno tiene más peso que el otro, sólo se consigue el no funcionamiento y una frustración absoluta. El mundo del intelectual, al menos que esté contrapesado por el gestor, llega a ser un mundo en el que cada uno ‘va a lo suyo’ pero nadie hace nada. El mundo del gestor, a menos que esté contrapesado por el intelectual, llega a ser burocracia y la ‘grisura’ embrutecedora del ‘hombre de la organización’. Pero si los dos se equilibran puede haber creatividad y orden, realización y misión".

El mundo nuestro es pues hoy el de la Sociedad Postcapitalista y Postsoviética. Es, por tanto, un mundo de una nueva época, en que se nos están abriendo las puertas de un porvenir lleno de inquietudes, promesas e incógnitas, que deberemos descifrar, resolver y superar. Pero esto, sólo a condición de que los países pobres intervengamos en él activa y creativamente, porque de lo contrario seremos aplastados irremisiblemente por los nuevos centros internacionales del poder económico. Esto nos dice que el novísimo mundo que está naciendo será indefectiblemente polar o alternativo, en sentido que se nos ofrecen las posibilidades o de una gran época de prosperidad y plena realización o de la marginación, la miseria y la eventual desaparición que puede seguirse y controlarse todo el proceso productivo o de servicios, desde un solo punto y en que, consecuentemente, la división del trabajo ha cedido el paso a la integración de toda la producción en procesos conjuncionados; la conclusión lógica de esto es que todo debe cambiar integralmente, sin concesión alguna, pasándose de una organización dividida en secciones y jerarquizada, a una totalmente distinta en que se unifica todo alrededor de una organización simplificada, o sea, de una organización orientada a los procesos.

Ahora bien, ¿cómo debemos entender los "procesos"?

La respuesta a la cuestión se plantea en estos términos : un proceso es un conjunto de pasos o actividades que comienza con la captación de insumos necesarios que pasan a ser modificados, en una sucesión lineal que concluye con un producto final, el que es entregado al cliente. En el pasado inmediato (con la producción en masa anterior) la totalidad de este proceso era planteado como una secuencia estricta de tareas, funciones, líneas de montaje, etc.; todo ordenado y sistematizado minuciosamente en estructuras, organigramas, directivas y demás normas, basadas en la división del trabajo.

Planteadas así las cosas, la reingeniería consiste en pasar de un sistema productivo basado en la segmentación (o división del trabajo) a otro distinto, que se basa en la integración de las distintas etapas, fases y tareas, controladas y guiadas desde un solo punto o por una sola unidad, encargada de todo el proceso, para cuyo efecto hay que reorganizarlo todo creando una nueva organización, en función de los procesos que la empresa realice. Estos procesos deberán hallarse en conexión y al servicio de los usuarios, clientes o demandantes.

Queda claro que todo esto no será realizable sin el empleo de los medios productivos y de trabajo que nos ofrece la Revolución Científica y Tecnológica (o Tercera Revolución Industrial) que estamos viviendo y que nos conduce a una nueva etapa de la evolución humana, que no es otra cosa que la Era del Conocimiento.

ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La Inteligencia Artificial

El término "inteligencia artificial" (abreviado IA) se ha popularizado para designar a una disciplina incluida entre las ciencias de la computación. Tiene que ver con el esfuerzo que decenas de científicos de distintos países, especialmente de los Estados Unidos y de Europa Occidental, han venido realizando durante los últimos treinta años para dotar a las computadoras de inteligencia. La frase "dotar a las computadoras de inteligencia" suele producir una reacción de asombro en muchas personas, aunque a veces por motivos diferentes: "Pero, ¿es que las computadoras no son inteligentes?", comentarán algunos que han visto o leído demasiadas historias de ciencia ficción. Claro que no, habrá que contestarlos, refiriéndonos al hecho de que la computadora ordinariamente programada no es más que un instrumento muy rápido y generalmente confiable de hacer operaciones aritméticas o de manipular fichas de nombres en orden alfabético (o de ponerlas en tal orden).

Para que una computadora comience a merecer el nombre de inteligente, deberá ser capaz de realizar acciones que, si realizadas por un ser humano, diríamos que requieren inteligencia, como jugar ajedrez o mantener un diálogo con otro ser considerado también inteligente, o resolver algún rompecabezas. Pero para otras personas la fuente del estupor al ver asociadas las palabras "inteligencia" y "artificial" consistirá en el hecho de que para ellas la inteligencia y las máquinas son conceptos esencialmente incompatibles: "Las computadoras pueden hacer operaciones aritméticas porque para eso sólo se necesita ser capaz de manipular números en forma mecánica; pero la inteligencia, a diferencia de la capacidad de manipular números, requiere creatividad, inventiva, iniciativa intelectual, y eso desde luego solo lo pueden tener los seres humanos, de ninguna manera las máquinas. Las computadoras pueden hacer lo que sus programadores les dicen, pero nada más; además, hagan lo que hagan, nunca sabrán lo que están haciendo, nunca serán conscientes de lo que hacen. Y para ser inteligente se requiere ser capaz de elegir conscientemente el propio camino en la solución de problemas". La contestación que podemos darle a esta segunda clase de personas es más compleja.

Lenguajes de programación

Debemos comenzar por aclarar que las computadoras no son simplemente manipuladoras de números; la idea de que lo son se debe a que inicialmente fueron diseñadas y construidas por ingenieros que deseaban ponerlas a realizar esa clase de operaciones. Pero en realidad la computadora manipula cualquier clase de información, numérica o no numérica; en general, la computadora es una manipuladora de símbolos. Por otra parte, debemos aclarar también que hay diversas formas de programar una computadora; cuando se dice que una computadora sólo puede hacer lo que su programador le ha especificado que haga, esto es cierto solamente para el caso de cierto tipo de programación, la más común de todas, la que se hace corrientemente en lenguajes como el COBOL o el BASIC o el FORTRAN en aplicaciones ordinarias.

Uno de los profetas de la IA, Marvin Minsky, ha clasificado los lenguajes de programación, para aclarar este asunto, en varios clases:

lenguajes "haga ahora": el programador instruye a la computadora para "hacer esto, hacer lo otro, hacer lo de más allá hasta que tal cosa pase"; todo queda especificado, excepto tal vez el número de veces que se hace cada cosa;

lenguajes "haga siempre que": permiten escribir un programa para resolver problemas que el programador no sabe como resolver (pero sabe qué cosas pueden intentarse, y que eventualmente alguna de ellas resultará efectiva);

lenguajes "de constreñimiento": permiten escribir programas en que se definen estructuras y estados que se condicionan y limitan recíprocamente.

Los dos últimos tipos de lenguaje permiten programar de tal manera que no es correcto decir que el programador sabe como va a actuar la computadora que ejecute el programa. El lenguaje del tipo "haga siempre que" se conoce como "sistema de producción" y está en la base de la mayor parte de los programas expertos de que trataremos más adelante; los lenguajes "de constreñimiento" son lenguajes manipuladores de símbolos de carácter funcional o relacional: los más conocidos son LISP y Prolog, en los cuales se escriben hoy la mayor parte de los programas de IA de tipo general. Para Minsky no hay duda de que los programas escritos en los últimos dos tipos de lenguaje exhiben algún grado de inventiva y por ende de inteligencia; pero admite que todavía será necesario desarrollar por lo menos dos tipos más elevados de lenguaje para obtener una IA comparable a la inteligencia humana:

lenguajes "haga algo que tenga sentido" : permiten al programa aprender del pasado y en cada nueva situación aplicar sus enseñanzas, y

lenguajes "mejórese a sí mismo": algún día permitirán escribir programas que escriban programas mejores que ellos mismos.

Por supuesto que en estos dos casos tampoco será justo decir que el programador ponga en el programa todo lo que la computadora llega a hacer.

El tema que estamos tratando tiene desde luego mucho que ver con el concepto de lo que es creación, o creatividad, en las acciones del ser humano, o de la computadora. Por lo general planteamos el problema de la creatividad citando las grandes obras de arte o de genio científico; pero la verdad es que la mayor parte de las obras humanas ordinarias exhiben un gran contenido de creatividad: creatividad consiste en ser capaz de combinar los elementos a nuestra disposición para dar una solución, eficiente (o bella, o sagaz) a un problema con que nos enfrentamos. Al hablar de IA es equitativo que comparemos a la computadora con esa habilidad ordinaria, dejando para mejor y futura oportunidad la cuestión de si puede llegar a haber "genio artificial".

A primera vista, la creatividad es algo que no podemos explicar, resultado de un don especial; sin embargo, observando con más cuidado podemos llegar a concluir que todo lo que no entendemos, lo que no hemos explicado todavía, parece así de misterioso. Decir que una máquina no puede llegar a exhibir creatividad tiene sentido en la medida en que sepamos con claridad qué es esa creatividad, en qué consiste: entonces podremos mostrar porqué su naturaleza está reñida con todo mecanismo; pero el caso es que llamamos creatividad precisamente a aquello que en nuestro comportamiento todavía no hemos podido explicar; por ejemplo, no llamamos creatividad, al don de resolver ecuaciones de segundo grado, ¡porque ya lo exhiben las computadoras! No solo no está bien, con base en nuestra ignorancia de lo que sea creatividad, negarle a la computadora la posibilidad de llegar a tenerla, sino que debemos estar agradecidos a la investigación en IA por la oportunidad de llegar a entender qué es creatividad. En efecto, pareciera que el trabajo en IA está comenzando a hacer posible encontrar una explicación satisfactoria a los fenómenos de la creatividad: en la misma medida en que, poco a poco, logramos escribir programas que exhiben propiedad, en esa misma medida empezamos a explicamos qué es la creatividad –se dé ella en la máquina o en el ser humano–.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8


 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

Comentarios


Trabajos relacionados

Ver mas trabajos de Filosofia

 

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.


Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.