El estudio de la visión comienza cuando el hombre trata de explicar el fenómeno de la visión, considerándolo como una facultad anímica que les permite relacionarse con el mundo exterior. Para las civilizaciones antiguas la percepción visual requería un "algo" que enlazara nuestro espíritu con el objeto visto, y así la escuela atomista sostenía que la visión se producía porque los objetos emiten "imágenes" que desprendiéndose de ellos, venían a nuestra alma a través de los ojos. La escuela pitagórica sostenía, por el contrario, que la visión se producía por medio de un "fuego invisible" que saliendo de los ojos, a modo de tentáculo, iba a tocar y explorar los objetos. Trece siglos después, con el árabe Alhazen (965-1039 d.C.), no hay indicios del menor progreso. Alhazen sienta la idea de que la luz procede de los objetos o que va del Sol a los objetos y de éstos a los ojos [1].
El estudio científico de la percepción visual comienza en el siglo XIX con Hermann von Helmholtz y los primeros métodos psicofísicos. A comienzos del siglo XX se hace fuerte la escuela de la Gestalt que propone que la visión está fuertemente guiada por procesos arriba-abajo. A mediados del siglo XX aparecen los proponentes de la percepción indirecta, los constructivistas y los proponentes de la percepción directa, los ecologistas. Hoy en día es más difícil hablar de escuelas, puesto que el estudio de la visión es sumamente interdisciplinario [2].
La función del sistema visual es extraer información sobre el mundo a partir de las radiaciones electromagnéticas, los objetos pueden reflejarlas, absorberlas, curvarlas. Lo que supone un gran trabajo y requiere una maquinaria neural muy especializada y compleja. A través de una pequeña apertura de unos 2 mm de diámetro, el ojo selecciona una pequeña fracción de estas longitudes de onda y junto con el cerebro reconstruye la posición, forma, color y movimiento de cada objeto en nuestro campo de visión [1].
La visión es el sentido que permite a los animales interpretar su entorno a partir de la luz que reflejan las superficies que lo componen. El sentido de la vista es la capacidad de detectar la energía electromagnética dentro de la luz visible por el ojo e interpretar por el cerebro la imagen como vista. La visión se nutre de múltiples fuentes de información para interpretar el mundo que nos rodea. El ojo es el primer componente de este sistema sensorial, los ojos permiten relacionarse con el medio, interpretando la energía luminosa visible [1,2]. Los ojos son los órganos de los sentidos de mayor potencia en un medio aéreo, ya que son los de más largo alcance y los más rápidos (la información ambiental a través de la luz viaja a enormes velocidades); por eso se puede decir que son de los más perfectos [3].
La visión es una facultad a través de la cual se percibe el mundo exterior. Muchos organismos simples tienen receptores luminosos capaces de reaccionar ante determinados movimientos y sombras, pero la verdadera visión se compone por la formación de imágenes en el cerebro. Los receptores sensoriales son células especializadas en la captación de estímulos, que representan la vía de entrada de la información en el sistema nervioso de un organismo. Los receptores pueden ser neuronas algo modificadas, las cuales reciben el nombre de células sensoriales primarias; o células no nerviosas, células sensoriales secundarias, las que se ponen en contacto química o eléctricamente con las neuronas. Estas células sensoriales secundarias se concentran, frecuentemente, en estructuras denominadas órganos sensoriales. Los fotorreceptores son las células nerviosas que captan los fotones y se denominan conos o bastones. Se encuentran en la retina, y a través de ellos se puede obtener la información acerca del volumen, tamaño, la forma, el color y el movimiento de los objetos [4].
El siguiente trabajo tiene como objetivo, profundizar en el conocimiento del mundo visual de las diferentes especies animales, apoyándonos en el estudio de la estructura y funcionamiento de los órganos de la visión, así como de las adaptaciones de los mismos para sobrevivir en su medio natural.
En toda la escala evolutiva hay un elemento que se repite reiteradamente y que parece haber sufrido muy pocas modificaciones desde sus orígenes. Ese elemento es el ojo. El ojo es un órgano que ha evolucionado para la finalidad de detectar la luz. Se compone de un sistema sensible a los cambios de luz, capaz de transformar éstos en impulsos eléctricos. Es una estructura casi esferoidal, situada en una cavidad ósea denominada órbita ocular, de situación frontal o lateral según la especie animal. El ojo presenta cámaras en cuyo interior se encuentran medios de refracción y en su porción posterior o fondo se localiza la retina, la que se continúa con el nervio óptico; además presenta un aparato de protección. El globo ocular está rodeado de una almohadilla elástica y blanda, de tejido conjuntivo con células adiposas, fibras musculares, fascias, vasos sanguíneos y linfáticos, glándulas y nervios, estas estructuras facilitan el movimiento del ojo alrededor de su centro de rotación [5,6].
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