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Pero, no saltemos adelante. Empecemos con otro famoso programa norteamericano el celebrado Programa Head Start.
Como su nombre, en inglés, lo indica; este es un proyecto de educación temprana que sirve a niños entre las edades del principio de su locomoción hasta los cinco años; involucrando igualmente a sus madres, a toda mujer encinta, aunque aún no tenga hijos, y a sus respectivas familias.
La idea es obvia: amplificar las posibilidades de todos los niños para hacer una entrada exitosa y fructífera a la vida escolar.
Como puede bien apreciarse, se colige que este no es un programa que puede dispensar con las madres y con otros familiares, como se estila con el desayuno escolar. Sino que es un sistema que abarca en su totalidad al niño y su entorno.
No pan rancio y Trópico de chocolate --- Sino, que en su lugar, el párvulo desarrolla conocimientos y seguridad para nutrir el alma, el cerebro y el autoestima --- patrimonio deficiente de los pobres.
Para un niño. Cualquier niño. La idea de separarse de su mamá para ir al colegio es un trauma considerable. Para quienes, como los hijos de nuestros pobres, van a la escuela a no aprender, hacerlo así es un daño --- a menudo, irreparable y perverso.
Ahora, implementemos la idea.
La parte inicial, la de la coordinación del programa, correspondería a las agencias que sirven los niños y al departamento de educación, cuyos titulares aquí han sido, por los resultados tangibles, deficientes tradicionales en conocimientos básicos acerca de lo que al niño respecta.
Para el suministro de asistencia médica y psiquiátrica a los centros comunales, es preciso que quienes lo coordinen tengan conocimientos de ambas cosas: medicina comunitaria y psiquiatría comunal.
Aquí tampoco existen esos profesionales calificados.
No es que a alguien le agrade la idea de conducir grupos de terapia y de soporte, porque poseen elementos de interés profesional y la idea les interesa. No. Es que quienes organicen los programas, deben disfrutar de entendimientos sólidos y demostrados, en el diseño y en la constitución profesional de esos centros.
Los centros deben de operar en conjunto con las cortes juveniles y las cortes de familia. Ya que la idea no es necesariamente remover niños de la custodia de padres que son supuestamente inadecuados. No, lo que se desea, es asistir, encauzar, rehabilitar y educar a los padres en todos los niveles necesarios para que ajusten a la sociedad en que viven en compañía de sus hijos.
En otras palabras, convertirlos en padres responsables, de hijos que también crecerán siendo responsables como ciudadanos y como padres.
A todos.
Eso es mucha brega, señores políticos.
Imaginémonos, lo que se puede lograr si algunos de los millones de dólares que se desperdician en servicios castrenses se utilizaran en, y para el bien, del pueblo, y no para el macuteo de tantos.
Esto requiere que educación, juventud y justicia se añadan a los organismos asignados a esta tarea ignorada.
Para comenzar, hay que designar "zonas de captación" (catchment areas), de donde provendrán los pacientes.
El centro comunal mismo, siempre se ubica en el corazón geográfico del área misma donde funciona --- resultando accesible para todos.
Para describir la filosofía de los mismos, debe de entenderse que haremos uso figurado del término "prevención" que aquí emplearemos.
Si es cierto, que la mayoría de los trastornos emocionales, que, como psiquiatras tratamos, no pueden prevenirse (por falta de un agente etiológico demostrable en pruebas de laboratorio); como si fueran enfermedades médicas. También es cierto que si se aplica el concepto, aquí invocado, con cierta flexibilidad, nos servirá bien.
Las prevenciones explicadas con simplicidad extraordinaria.
Le dije que sería simple y con simpleza, ha sido descrito.
El tema de esta entrega no es uno que fuera seleccionado al azar.
El 28 de agosto del 1963, harán este mes 44 años. Mientras que erguido, como prócer y futuro mártir de su nación, en la escalinata del Monumento en Memoria al Presidente Lincoln en Washington. El Reverendo Martin Luther King Jr. pronunció una de las maravillas más elegantes y perdurables de la retórica. Lo hizo frente a la estatua de otro prócer y mártir, quien hiciese lo mismo, a su vez, en Gettysburg, durante la Guerra Civil de los americanos.
Aquí siguen las palabras del Reverendo Martin Luther King Jr, adaptadas por mí.
Yo tengo un sueño: I have a dream…
Cien años atrás, un americano ilustre, bajo cuya sombra simbólica nos cubrimos, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este decreto monumental llegó como un faro de luz y esperanza a millones de esclavos Negros cuyas vidas permanecían consumidas en las llamas de fulminante injusticia. Llegó como una aurora para terminar la noche larga de nuestro cautiverio.
Pero, cien años más tarde, nosotros tenemos que confrontar el hecho de que el Negro aún no es libre. Cien años después, la vida del Negro permanece tristemente inmovilizada por los grillos de la segregación y las cadenas de la discriminación. Cien años más tarde, el Negro vive en una isla de pobrezas en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, el Negro aún languidece en los márgenes y en la periferia de la sociedad americana y se encuentra a sí mismo en autoexilio en su propia tierra. Así, que hemos venido este día a dramatizar esta condición espantosa.
En cierto modo, hemos venido a la capital de nuestra nación a cobrar un cheque.
Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las palabras solemnes de nuestra Constitución y las de la Declaración de nuestra Independencia, ellos estaban firmando una nota promisoria a la cual cada americano tendría el derecho de compartir. Esta nota fue una promesa a todos los hombres, que les estarían garantizados los derechos inalienables de vida, libertad y la adquisición de la felicidad.
Hoy es obvio que América está en mora en esta nota promisoria; lo está en la medida que les corresponde a sus ciudadanos de color. En vez de honrar esta sagrada obligación, América le ha dado al Negro un cheque marcado "sin fondos". Pero, nosotros rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nosotros rehusamos a creer que no hay fondos suficientes en las cajas fuertes de la oportunidad en esta nación. Así es que hemos venido a cobrar este cheque --- un cheque que nos dará en demanda las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia. También hemos venido a este lugar santificado a recordarle a América de la urgencia apasionada de que esto suceda ahora. No es este el tiempo de consumirse en el lujo de dejar que las cosas se enfríen o de ingerir la droga tranquilizante del gradualismo. Ahora es el momento para levantarse del valle oscuro y desolado de la segregación y transitar el sendero luminoso de la justicia racial. Ahora es la ocasión para abrir las puertas de la oportunidad a todos los hijos de Dios. Ahora es la hora de levantar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial y conducirla a la sólida roca de la hermandad.
Sería un juicio fatal para la nación ignorar la urgencia del momento y subestimar la determinación del Negro. Este verano sofocante del descontento legítimo del Negro no pasará hasta que haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad. El mil novecientos sesenta y tres no es un fin por sí mismo, sino un comienzo. Aquéllos quienes esperan que lo que el Negro necesitaba era descargar sus tensiones y que ahora se aplacará de nuevo, tendrán un despertar muy brusco si la nación retorna al status quo. Nunca habrá ni paz ni tranquilidad en América hasta que al Negro se le garanticen sus derechos de ciudadano. Los torbellinos de la rebelión continuarán sacudiendo las fundaciones de nuestra nación hasta que el día luminoso de la justicia alboreé.
Pero hay algo más que yo tengo que decir a mi gente que están de pie en el umbral cálido que conduce al palacio de la justicia. En el proceso de obtener nuestro legítimo lugar en esta nación, no podemos ser culpables de actos censurables. No procuremos satisfacer nuestra sed bebiendo de la copa de la amargura y del odio.
Nosotros debemos eternamente conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y de la disciplina. Nosotros no podemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez nosotros debemos elevarnos a las alturas donde la fuerza física se mide frente a la fuerza espiritual. La nueva militancia maravillosa que ha engolfado la comunidad del Negro no debe conducirnos a desconfiar de todos los blancos; porque muchos de nuestros hermanos blancos, corroborado por su presencia aquí en esta ocasión, han llegado a la conclusión de que su propio destino está intrínsecamente ligado con nuestro propio destino y que su libertad está ligada inextricablemente con la nuestra. No podemos caminar solos.
Y mientras marchamos, debemos de hacer el voto de que marcharemos adelante. No podemos volver atrás. Existen aquéllos que preguntan a los adherentes de los derechos civiles, "¿Cuándo estarán ustedes satisfechos?" Nosotros nunca estaremos satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por la fatiga de viajar, no puedan registrarse en moteles en las carreteras, y hoteles en las ciudades. No podemos estar satisfechos mientras que la movilidad básica del Negro es de un ghetto menor a un ghetto mayor. Nosotros no podemos estar satisfechos mientras que el Negro en Mississippi no pueda votar y el Negro en New York crea que no tiene razón por la qué votar. No, no, nosotros no estamos satisfechos, y nosotros no estaremos satisfechos hasta que la justicia surja cuesta abajo como las aguas irresistibles de un torrente poderoso.
Yo no hago caso omiso del hecho de que algunos de entre ustedes han venido aquí en medio de muchas mortificaciones y tribulaciones. Algunos de ustedes vienen, recién salidos de celdas carcelarias afrentosas. Algunos han venido de áreas donde su ansiedad por libertad los ha dejado maltratados por las tormentas de la persecución y tambaleándose frente a los vientos de la brutalidad de la policía. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen, entonces, trabajando con la fe de que el sufrimiento inmerecido es redentor.
Vuelve de nuevo a Mississippi, retorna a Alabama, vuelve a Georgia, vuelve a Luisiana, retorna a las barriadas bajas y a los ghettos de nuestras ciudades norteñas, conocedores de que de algún modo esta situación puede ser y será cambiada. No nos revolquemos en el fango del valle de la desesperanza.
Yo les digo a ustedes, mis amigos, en este día, que a pesar de las dificultades y las frustraciones del momento, que yo todavía tengo un sueño. Este es un sueño arraigado muy profundamente en el sueño americano.
Yo tengo un sueño de que algún día esta nación se levantará y vivirá el significado verdadero de su credo: "Nosotros mantenemos la creencia de que estas verdades son indiscutiblemente evidentes: que todos los hombres fueron creados iguales".
Yo tengo un sueño que un día en las colinas rojas de Georgia los hijos de previos esclavos y los hijos de previos dueños de esclavos se sentarán juntos en la mesa de la hermandad.
Yo tengo un sueño que algún día, aún el estado de Mississippi, un estado desértico, sofocado con el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.
Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos vivirán algún día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por la excelencia de su carácter.
Yo tengo un sueño hoy.
Yo tengo un sueño que un día el estado de Alabama, donde los labios de su gobernador están, en este instante chorreando con la saliva de la separación y la derogación, será transformado en una situación donde niñitos negros y niñitas negras serán permitidos juntar manos con niñitos y niñitas blancas y caminar unidos como hermanas y hermanos.
Yo tengo un sueño hoy.
Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será hecha plana, los lugares ásperos suaves, y los sitios torcidos serán hechos rectos, y la gloria del Señor será revelada, y la Carne la verá juntamente.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con que yo retornaré al Sur. Con esta misma fe nosotros seremos capaces de extraer de la montaña de la desesperación una roca de esperanza. Con esta fe nosotros seremos capaces de transformar la cacofonía disonante de nuestra nación en una sinfonía hermosa de fraternidad. Con esta fe nosotros seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de batallar juntos, de ir a la cárcel juntos, de levantarnos y luchar por la libertad juntos, sabiendo que seremos libres algún día.
Este será el día cuando todos los hijos de Dios serán capaces de cantar con un significado nuevo, "Mi país, esta es la tierra dulce de la libertad, a ti yo canto. Tierra donde mis antepasados murieran, tierra del orgullo de los peregrinos, de las laderas de las montañas donde el fragor de nuestra libertad resuena".
Y si América será una nación grandiosa esto tiene que pasar. Que las campanas de la libertad repiquen desde las cimas prodigiosas de las lomas de New Hampshire. Que libertad resuene desde las montañas sublimes de New York. Que la libertad resuene desde los elevados Alleghenies hasta Pensilvana.
¡Que la libertad resuene desde las montañas Rocosas cubiertas de nieve de Colorado!
¡Que la libertad resuene desde los picos curvilíneos de California!
Pero no sólo eso; ¡que libertad resuene de la Montaña de Piedra de Georgia!
¡Que libertad resuene de la Montaña del Mirador de Tennessee!
¡Que la libertad resuene de todas las montañas y cada madriguera de Mississippi!
¡De toda falda de montaña, que resuene la libertad!
Cuando dejemos que la libertad resuene, cuando dejemos que resuene desde cada villorrio y cada poblado, desde todo estado y cada ciudad, entonces seremos capaces de acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, hombres blancos y negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán libres para juntar manos y cantar en las palabras del espiritual Negro, "¡Libre al fin! ¡Libre al fin! Gracias Dios Todopoderoso, ¡nosotros somos, finalmente libres!

Señor Presidente de los dominicanos, cuando este pobre país produzca ese tipo de patriota, y no los charlatanes mediocre e hiperactivos que hemos sufrido, quizás las lomas, entonces, se harán más resonantes con el eco de la palabra "justicia" y los políticos serán menos corruptos.

¡Esperanza… maravilla…!
Pero esta es una sociedad más dividida aún que a la que King aludiera en su oratoria.
Esta es una sociedad esclavizada y violada. Violada y esclavizada por las acciones de sus políticos venales, sus economistas deshonestos, su iglesia indiferente y por sus banqueros pérfidos, de ambos sexos.
De ambos sexos. Porque a todos los niveles, ambos sexos se han turnado para profanarnos.
¿Pero qué sabe usted acerca de los cambios de viento, nomotéticos, de la Naturaleza?
¿Cómo lee usted el oráculo del destino histórico?
Lo que avecina es palpable aún para el más ingenuo de los ingenuos.
Las cosas cambiarán sin uso de la violencia.
Las cosas están cambiando. La Naturaleza no hace saltos… Su cólera, como a usted dirá Julia Ward Howe, en otra ponencia: Su cólera, está marchando…
¡Aleluya!
Hace muchos años que nosotros tuviéramos la ilusión de haber "descubierto" la Isla Saona. Poseedora, entonces, de la tasa de longevidad más alta en todo el territorio dominicano, imbuida de tranquilidad beatífica, adornada con florcillas silvestres de vistosos colores, con una fauna escueta y con habitantes de costumbres simples y de afabilidad proverbial.
¡Qué espectáculo más impresionante fue la puesta del sol en esa islita encantadora! Un sitio el cual casi nadie visitaba.
Fue a raíz de esa experiencia singular, que nosotros motivados por entusiasmos cuasi patrióticos, publicamos artículos y editoriales en los cuales laudábamos las virtudes inéditas del modo de comer de los "saoninos" (¿o "saoneros"?).
Durante nuestra primera visita estuvimos impresionados por el hecho aparente de que nadie en la Saona tenía sobrepeso, excepto una niña a quien llamaremos Leonora. Y aun en este caso el sobrepeso de Leonora era de proporciones menores comparado con el que se ve por doquier en los Estados Unidos o en Australia.
Ella sí admitió tener una tendencia gustativa por las bolas de azúcar. Sabiendo que mis palabras caerían en oídos sordos yo me abstuve de ofrecerle mis opiniones profesionales, a una niña quien apenas cumplía los nueve años.

Isla Saona, 1993
Más el tiempo transcurrió, y con ello se intensificaron nuestros deseos de retornar a esta isla cuya memoria crecía con la distancia más y más.
En Londres durante una visita al renombrado Instituto de Psiquiatría Maudsley, le contamos las experiencias de nuestro viaje a la Saona al Profesor Gerald Russell. Quien se mostró intrigado. En St. Louis, cuando la autoridad internacional en la obesidad, que personifica el Profesor Albert Stunkard nos vino a ver; con él compartimos la experiencia de haber visitado un lugar sin obesos. Él se ofreció a aceptar cualquier invitación que le hiciéramos para visitar la isla misteriosa.
Nosotros mismos recordábamos a la enfermera de la Saona, quien prestaba servicios médicos a los moradores, como mujer bien esbelta y de apariencias moderadas.
Finalmente, hicimos la resolución de retornar el Día de las Madres de ese año.
Amigos nuestros habían puesto a nuestra disposición un bote bastante amplio, de calado considerable y dotado con una tripulación experta.
Zarpamos el viernes precedente a la celebración del domingo, haciendo la etapa de rigueur en la Isla Catalina en cuyas aguas nadáramos.
Cuando echamos ancla en la Saona tuvimos que hacerlo así, luego de esquivar un sinnúmero de botes repletos de turistas que iban llegando también a visitarla.
La playa, de antes tranquila, se había tornado en una algazara de personas semidesnudas y semi-intoxicadas cuyas radios tocaban la más alta, la más alborotosa y la más ruidosa de las músicas. De antes no había lugar donde comer; ahora sí que lo había.
El restaurante que se había construido dominaba la calle principal que corre paralela al mar. Ahí se podrían ordenar (sí solamente fritos) pescados, langostas, cangrejos y tostones o papas fritas (por supuesto). No había, ni se podían encontrar los artículos requeridos para preparar una ensalada pequeñita, ni se podían conseguir frutas de ninguna clase.
Las cervezas, los refrescos y los dulces se consumían en abundancia pasmosa, los saoninos pareciendo estar poseídos de un frenesí comercial gigantesco.
Los habitantes de la Isla, quienes solo unos escasos años atrás desconocían la gordura, ahora exhibían sus corpulencias rotundas sin ningún estorbo moral.
A Leonora la encontramos detrás del mostrador de un ventorrillo. Ella, inmediatamente nos reconoció y nos vino a saludar con la afabilidad permitida por una gordura excesiva que le impedía la locomoción ágil. Aun comía su adorada bola de azúcar; la cual estaba forzada a tener que chupar ya que los dientes se les habían "carcomido" (sus propias palabras).
Pasamos por la casa de la enfermera para saludarla. Por ella nos enteramos que había abandonado el servicio de la salud para dedicarse a la misión, más importante y noble, de administrar una casa de pensionados en donde se ofrecían comidas.
Por sus apariencias físicas e infladas fue muy fácil deducir que lo que ella cocinaba y servía no era necesariamente bajo en calorías... sus niñas también habían engordado, y creo que el gato también... pero de esto no estoy muy seguro.
Temerosos de participar en la catástrofe metabólica que representaría ordenar del menú en el restaurante local, zarpamos de nuevo para la Romana.
Un sólo pensamiento habitando nuestras mentes: y, ¿si se hunde la Isla?...
Larocca, F. E. F: Fruta… No frito… Revista Rumbo
Larocca, F. E. F: El precio de una "Jartura". Revista Rumbo
Maestro, B. and Maestro, G: The Discovery of the Americas: From Prehistory Through the Age of Columbus (1992) Harper Trophy NY
Dr. Félix E. F. Larocca
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