19. La finalidad natural
Si la
estética no concierne más que a la finalidad de la
razón en el sujeto, éste no puede en efecto
abstenerse, por analogía con el juicio de belleza, de
prestar una finalidad de derecho al mundo (nexus finalis). Aunque
los reinos animal y vegetal, por ejemplo, no tengan consciencia
de este fin, nosotros consideramos necesariamente su existencia
como si estuviera intencionadamente producida, como con vistas a
un fin: "imaginamos al artista (un ser razonable) fuera o
más allá de la naturaleza,
produciendo cuerpos que, para ser el objeto de una
apreciación en cuanto a sus fines naturales, requieren que
sus partes produzcan respectiva y recíprocamente una
totalidad orgánica cuyo concepto, a su
vez, pueda ser inversamente causa de éste"; de modo que
las causas eficientes que se encadenan son juzgadas como si
fueran un efecto de la acción de las causas
finales.
La mecánica y la biología, especialmente, no sabrían destruir en nosotros esta predisposición teleológica, por la sencilla razón de que ésta es transcendental o formal y no física o psicológica. También estamos autorizados "a poner a prueba todas las leyes conocidas del engendramiento mecánico", no sin permitirnos "apelar a una causa generadora que sea completamente diferente, a saber de la causalidad por los fines". Ésta es solo apta, si no para responder, sí al menos para correspondernos a la siguiente pregunta, incluso aunque exceda de facto los límites del entendimiento: ¿cómo son posibles las diversas producciones de la naturaleza?
Desde ese momento hay que admitir, para contestar, que el recurso al ciego mecanismo natural o al azar nos deja como pez fuera del agua, "arrojados en la arena con (nuestra) razón". Las causas invocadas por las ciencias naturales no podrían convencernos completamente de la posibilidad de que nosotros representamos los productos de la naturaleza "según otro modo de causalidad que el de las leyes materiales de la materia", con el fin de justificar su posibilidad. Ahora bien, esto sólo puede ser postulando (no para explicarlas sino para explicitarlas) un entendimiento originario como causa universal o fin de fines, pues incluso el conocimiento empírico, en cuanto causa efecto, presupone conceptos de la razón. Y si la teleología como legalidad del contingente no es una ciencia, al menos es necesaria como principio regulador (o máximo) para la facultad humana de juzgar respecto a la naturaleza como sistema según la regla de los fines, y en función del cual "en el mundo todo vale para algo, nada se hace en balde", en la medida en que las partes nos parecen concurrir a su efecto de conjunto orgánico.
Este principio racional de la facultad del juicio reflectante es subjetivo; como tal, está admitido situarlo en la causalidad físico-mecánica. En cambio, para situarse en el origen de la teología como conocimiento del ser originario y suprasensible, no se confundirá ni Dios ni la física (pese a que fuera física de la física) con la idea de un gran sistema de fines. Pues la intención desconocida que presupone la teleología postulando un "entendimiento arquitectónico" es una palabra o una pura idea que "aquí significa un principio de la facultad del juicio reflectante (o reguladora), y no de la facultad del juicio determinante" (o constitutiva). Este principio es crítico como condición subjetiva del pensamiento, y no dogmático u objetivo; es el momento también de evocar la existencia del hombre como fin último de la creación, la cual supone desde entonces cultura y disciplina.
Con el pensamiento expuesto en esta obra se cierra el vasto tríptico crítico kantiano: la metafísica es sólo posible sabiéndose fenomenología en la razón pura, fe racional en la razón práctica y, por último, solución de continuidad entre la pura facultad de conocer (teoría) y el ámbito del concepto de libertad (práctica).
20. Influencia
La filosofía kantiana, y en especial tal y como fue
desarrollada por el filósofo alemán Georg Wilhelm
Friedrich Hegel,
estableció los cimientos sobre los que se edificó
la estructura
básica del pensamiento de Karl Marx. El
método
dialéctico, utilizado tanto por Hegel como por
Marx, no fue
sino el desarrollo del
método de
razonamiento articulado por antinomias aplicado por Kant. El
filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte, alumno
suyo, rechazó la división del mundo hecha por su
maestro en partes objetivas y subjetivas, y elaboró una
filosofía idealista que también influyó de
una forma notable en los socialistas del siglo XIX. Uno de los
sucesores de Kant en la
Universidad de
Königsberg, Johann Friedrich Herbart, incorporó
algunas de las ideas kantianas a sus sistemas de
pedagogía.
21. Hegel, Georg Wilhelm
Friedrich
(1770-1831), filósofo alemán,
máximo representante del idealismo y
uno de los teóricos más influyentes en el
pensamiento universal desde el siglo XIX.
Nacido en Stuttgart el 27 de agosto de 1770, hijo de un funcionario de la hacienda pública, Hegel creció en un ambiente de pietismo protestante y estudió a los clásicos griegos y latinos mientras estuvo en el gymnasium de su ciudad natal. Animado por su padre para que se hiciera pastor protestante, en 1788 ingresó en el seminario de la Universidad de Tubinga, donde entabló amistad con el poeta Friedrich Hölderlin y el filósofo Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, de significada filiación romántica, compartiendo con ellos su entusiasmo por la Revolución Francesa y la antigüedad clásica. Después de completar un curso de Filosofía y Teología, y decidir que no quería seguir la carrera religiosa, en 1793 comenzó a ejercer como preceptor en Berna (Suiza). En 1797 consiguió un cargo similar en Frankfurt, pero dos años más tarde su padre falleció, dejándole un legado cuya cuantía económica le permitió abandonar su trabajo como tutor.
En 1801 se trasladó a la Universidad de Jena, donde estudió, escribió y logró un puesto como profesor. Allí concluyó la Fenomenología del espíritu (1807), una de sus obras más importantes. Permaneció en Jena hasta octubre de 1806, cuando la ciudad, en el transcurso de las Guerras Napoleónicas, fue ocupada por las tropas francesas, por lo que se vio obligado a huir. Desde 1807 hasta 1809, una vez agotadas las rentas que le había proporcionado la herencia paterna, trabajó como redactor en el periódico Bamberger Zeitung de Baviera. Sin embargo, el periodismo no le agradó y en 1809 se trasladó a Nuremberg donde fue director de un gymnasium durante ocho años.
Durante los años que residió en Nuremberg, Hegel conoció y contrajo matrimonio con Marie von Tucher, de quien tuvo tres hijos: una niña (que murió al poco de nacer) y dos varones (Karl e Immanuel). Antes de su matrimonio, Hegel había tenido un hijo ilegítimo (Ludwig) que acabaría viviendo en el hogar de los Hegel. Después de haber trabajado en su redacción durante siete años, publicó en Nuremberg otro de sus más afamados escritos, Ciencia de la Lógica (1812-1816). En 1816 aceptó la cátedra de Filosofía en la Universidad de Heidelberg y, poco después, publicó de forma sistemática sus pensamientos filosóficos en su obra Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817). En 1818 ingresó en la Universidad de Berlín, institución en la cual expuso y enseñó el conjunto de su pensamiento hasta su fallecimiento, ocurrido en esa misma ciudad el 14 de noviembre de 1831.
La última gran obra publicada por Hegel fue La filosofía del Derecho (1821), aunque algunas notas de sus conferencias y clases, junto con apuntes de sus alumnos, fueron también publicadas después de su muerte. En el conjunto de estos trabajos (conocido por el nombre genérico de Lecciones o Lecciones de Berlín) se encuentran Estética (1832), Lecciones sobre filosofía de la religión (1832), Lecciones de historia de la filosofía (1833-1836) y Lecciones de filosofía de la historia (1837).
Muy influido por las ideas de los grandes pensadores griegos, también conoció las obras del holandés Baruch Spinoza, del escritor francés Jean-Jacques Rousseau y de los autores alemanes Immanuel Kant, Johann Gottlieb Fichte y Schelling. Aunque muchas veces sus teorías discreparon de las de los mencionados pensadores, la influencia que ejercieron sobre él es evidente en sus escritos.
22. Objetivo
filosófico
El propósito de Hegel fue elaborar un sistema
filosófico que pudiera abarcar las ideas de sus
predecesores y crear un marco conceptual bajo cuyos
términos tanto el pasado como el futuro pudieran ser
entendidos desde presupuestos
teóricos racionales. Tal propósito requería
tener en cuenta, primeramente, la realidad misma. Así,
Hegel la concibió como un todo que, con un carácter
global, constituía la materia de
estudio de la filosofía. A esta realidad, o proceso de
desarrollo
total de todo aquello que existe, se refirió como lo
absoluto, o espíritu absoluto. Para Hegel, el cometido de
la filosofía es explicar el desarrollo del espíritu
absoluto. Esto implicaba, en primer lugar, esclarecer la estructura
racional interna de lo absoluto; en segundo lugar, demostrar de
qué forma lo absoluto se manifiesta en la naturaleza y en
la historia humana; y en tercer lugar, explicar la naturaleza
teleológica de lo absoluto, es decir, mostrar el destino o
el propósito hacia el que se dirige.
23.
Dialéctica
Por lo que se refiere a la estructura racional de lo absoluto,
Hegel, siguiendo al filósofo clásico griego
Parménides, afirmó: "lo que es racional es real y
lo que es real es racional". Hay que entender esto en los
términos de su afirmación posterior de que lo
absoluto tiene que ser considerado como pensamiento,
espíritu o mente, en un proceso de
continuo autodesarrollo. La lógica
que rige este proceso de desarrollo es la dialéctica. Por
sí misma constituye un método de pensamiento. El
método dialéctico se basa en que el movimiento,
proceso o progreso, es el resultado del conflicto
entre opuestos. De forma tradicional, esta dimensión del
pensamiento hegeliano se ha analizado en términos de
tesis,
antítesis y
síntesis. A pesar de que Hegel no utilizó dichos
conceptos, resultan muy útiles para comprender su
visión de la dialéctica. La tesis puede ser una
idea o un movimiento
histórico. Tal idea o movimiento presenta carencias que
dan lugar a una oposición o antítesis, que genera
una conflictividad interna. Como resultado de este conflicto
aparece un tercer punto de vista, una síntesis que supera
el conflicto conciliando en un plano superior la verdad contenida
en la tesis y la antítesis. Esta síntesis se
convierte en una nueva tesis que genera otra antítesis,
dando lugar a una nueva síntesis, conformándose
así el proceso de desarrollo intelectual o
histórico. Hegel pensaba que el propio espíritu
absoluto (la suma total de la realidad) se desarrolla por este
camino hacia un fin último o una meta más
alta.
Para Hegel, por lo tanto, la realidad se entiende como lo absoluto desdoblándose por la vía dialéctica en un proceso de autoevolución. En este proceso, lo absoluto se muestra tanto en la naturaleza como en la historia de la humanidad. La naturaleza es el pensamiento absoluto, o ser, que se objetiva a sí mismo bajo una apariencia material. Las mentes finitas y la historia de la humanidad son el proceso de lo absoluto que se manifiesta en lo que le es más cercano, a saber, el espíritu o la consciencia. En la Fenomenología del espíritu señaló las perspectivas de esta manifestación desde los planos más simples de conciencia, a través de la autoconciencia, hasta los puntos alcanzados por la razón más avanzada.
24. Autoconocimiento de lo
absoluto
La meta del
proceso cósmico dialéctico puede comprenderse mejor
en el ámbito de la razón. Conforme la razón
finita avanza en el entendimiento, lo absoluto progresa hacia el
autoconocimiento. Así, lo absoluto llega a conocerse a
través de una mayor asimilación de la realidad, o
de lo absoluto, por parte de la mente humana. Hegel analiza esta
progresión humana en el entendimiento en tres aspectos:
arte, religión y
filosofía. El arte atrapa lo
absoluto mediante formas materiales,
interpretando lo racional a través de los atributos
sensibles de la belleza. El arte está, como concepto,
suplantado por la religión, que capta lo absoluto por
medio de imágenes y
símbolos. La suprema religión para Hegel es el
cristianismo,
ya que en el cristianismo
lo absoluto se manifiesta en lo finito y está reflejado de
modo simbólico en la encarnación. La
filosofía, sin embargo, representa un concepto más
elevado, porque atrapa lo absoluto de una forma racional. Una vez
que se ha conseguido esto, lo absoluto llega al autoconocimiento
y el drama cósmico alcanza su fin y su meta. Sólo
en este punto, Hegel identifica lo absoluto con Dios: "Dios es
Dios", afirmó, "tan sólo en tanto en cuanto se
conoce a sí mismo".
25. Filosofía de la
historia
En el proceso de análisis de la naturaleza del
espíritu absoluto, Hegel realizó contribuciones
fundamentales en una gran variedad de campos de la
reflexión humana, que abarcan la filosofía de la
historia, la estética y la ética
social. En cuanto a la historia, sus dos categorías
explicativas claves son la razón y la libertad.
Mantenía que "el único pensamiento que aporta la
filosofía ... al estudio de la historia es la idea de
razón; porque la razón es la soberana del mundo, la
historia del mundo se nos presenta, por tanto, como un proceso
racional". Como proceso racional, la historia es el registro de la
evolución de la libertad humana, porque la
historia humana es una progresión desde una libertad menor
hacia un estado de
libertad máxima.
26. Etica y política
Sus
ideas sociales y políticas
se muestran de forma más asequible en sus discusiones
sobre moralidad (Moralität) y ética
social (Sittlichkei). En cuanto a la moralidad, el bien y el mal
son aspectos que conciernen la conciencia
individual, desde los que se avanza hasta el nivel de la
ética social ya que, según Hegel, el deber no es en
esencia el producto de un
juicio individual. Los individuos sólo son íntegros
en la medida en que mantienen relaciones sociales, por ello el
único contexto en el que el deber puede existir de hecho
es en el plano social. Consideraba que la pertenencia al Estado es uno
de los mayores deberes posibles que cabe asumir al individuo. De
una forma ideal, el Estado es
la manifestación de la voluntad general, que es la
más alta expresión del espíritu
ético. El sometimiento a esa voluntad general es el acto
propio de un individuo libre y racional. Hegel aparece así
como un filósofo conservador, pero no hay que deducir por
ello que su obra apoye el totalitarismo ya que también
afirmaba que la limitación de la libertad por parte del
Estado es inaceptable en el orden moral.
27. Influencia
Cuando Hegel murió era el filósofo alemán
más importante. Sus ideas estaban muy difundidas y sus
estudiantes gozaban de gran prestigio intelectual. Sus seguidores
se dividieron pronto entre hegelianos de derechas y de
izquierdas. Desde un punto de vista teológico y
político, los hegelianos de derechas ofrecieron una
interpretación conservadora de su obra. Subrayaron la
compatibilidad entre la filosofía de Hegel y el
cristianismo. Desde una perspectiva política, eran
conservadores. Los hegelianos de izquierdas evolucionaron hacia
el ateísmo y, en el plano político, muchos de ellos
adoptaron posturas revolucionarias. En este grupo
izquierdista figuraron Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Friedrich
Engels y Karl Marx. El
pensamiento de estos dos últimos estuvo muy influido por
la idea hegeliana de que la historia se rige por un proceso
dialéctico, pero sustituyeron su idealismo
filosófico por el materialismo.
El idealismo metafísico de Hegel alcanzó un fuerte impacto en la filosofía del siglo XIX y principios del XX, sobre todo en el británico Francis Herbert Bradley, en teóricos estadounidenses como Josiah Royce y en la cultura italiana gracias a la crítica de Benedetto Croce. También influyó en el existencialismo a través del filósofo danés Sören Kierkegaard. La fenomenología ha recibido, por otro lado, las ideas de Hegel sobre la consciencia. El extenso y variado impacto de su pensamiento en la filosofía occidental evidencia su profundidad.
28. Marx,
Karl
1818-1883), filósofo alemán, creador
junto con Friedrich Engels del socialismo
científico (comunismo
moderno) y uno de los pensadores más influyentes de la
historia contemporánea.
Marx nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818 y estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena. Publicó un artículo en la Rheinische Zeitung (Gaceta Renana) de Colonia en 1842 y poco después pasó a ser su jefe de redacción. Aunque su pensamiento político era radical, todavía no podía calificarse de comunista. Las críticas de las condiciones sociales y políticas vertidas en sus artículos periodísticos le indispusieron con las autoridades, que le obligaron a abandonar su puesto en el rotativo en 1843; poco después, el periódico dejó de editarse y Marx se trasladó a París. Los estudios de filosofía, historia y ciencia política que realizó en esa época le llevaron a adoptar el pensamiento de Friedrich Hegel. Cuando Engels se reunió con él en la capital francesa en 1844, ambos descubrieron que habían llegado independientemente a las mismas conclusiones sobre la naturaleza de los problemas revolucionarios. Comenzaron a trabajar juntos en el análisis de los principios teóricos del comunismo y en la organización de un movimiento internacional de trabajadores dedicado a la difusión de aquéllos. Esta colaboración con Engels continuó durante toda su vida.
29. El manifiesto
comunista
Marx se vio obligado a abandonar París en 1845 debido a su
implicación en actividades revolucionarias. Se
instaló en Bruselas y comenzó a organizar y dirigir
una red de grupos llamados
Comités de Correspondencia Comunista, establecidos en
varias ciudades europeas. En 1847, Marx y Engels recibieron el
encargo de elaborar una declaración de principios que
sirviera para unificar todas estas asociaciones e integrarlas en
la Liga de los Justos (más tarde llamada Liga Comunista).
El programa que
desarrollaron —conocido en todo el mundo como el Manifiesto
Comunista— fue redactado por Marx basándose
parcialmente en el trabajo
preparado por Engels y representaba la primera
sistematización de la doctrina del socialismo
moderno. Las proposiciones centrales del Manifiesto, aportadas
por Marx, constituyen la concepción del materialismo
histórico, concepción formulada más adelante
en la Crítica de la economía
política (1859). Según se explica en estas tesis,
el sistema económico dominante en cada época
histórica, por el cual se satisfacen las necesidades
vitales de los individuos, determina la estructura social y la
superestructura política e intelectual de cada periodo. De
este modo, la historia de la sociedad es la
historia de las luchas entre los explotadores y los explotados,
es decir, entre la clase social gobernante y las clases
sociales oprimidas. Partiendo de estas premisas, Marx
concluyó en el Manifiesto que la clase capitalista
sería derrocada y suprimida por una revolución
mundial de la clase obrera que culminaría con el
establecimiento de una sociedad sin
clases. Esta obra ejerció una gran influencia en la
literatura
comunista posterior y en el pensamiento revolucionario en
general; ha sido traducida a multitud de lenguas y de ella se han
editado cientos de miles de ejemplares.
30. El exilio
político
Poco después de la aparición del Manifiesto,
estallaron procesos
revolucionarios (las revoluciones de 1848) en Francia,
Alemania y el
Imperio Austriaco, por lo que el gobierno belga
expulsó a Marx temeroso de que la corriente revolucionaria
se extendiera también por el país. El pensador
alemán se trasladó a París y después
a Renania. Fundó y editó en Colonia una
publicación comunista, la Neue Rheinische Zeitung (Nueva
Gaceta Renana), y colaboró en actividades organizadoras de
agrupaciones obreras. En 1849 fue arrestado y juzgado bajo la
acusación de incitar a la rebelión armada. Aunque
fue absuelto, se le expulsó de Alemania y se
cerró la revista. Pocos
meses después las autoridades francesas también le
obligaron a abandonar el país y se trasladó a
Londres, donde permaneció el resto de sus
días.
Una vez instalado en Inglaterra, se dedicó a profundizar en sus ideas, publicando nuevos escritos, y a alentar la creación de un movimiento comunista internacional. Durante ese periodo, elaboró varias obras que fueron constituyendo la base doctrinal de la teoría comunista. Entre ellas se encuentra su ensayo más importante, El capital (volumen 1, 1867; volúmenes 2 y 3, editados por Engels y publicados a título póstumo en 1885 y 1894, respectivamente), un análisis histórico y detallado de la economía del sistema capitalista, en el que desarrolló la siguiente teoría: la clase trabajadora es explotada por la clase capitalista al apropiarse ésta del ‘valor excedente’ (plusvalía) producido por aquélla. Véase Capital.
La siguiente obra de Marx, La guerra civil en Francia (1871), analizaba la experiencia del efímero gobierno revolucionario francés conocido como la Comuna de París, establecida en esta ciudad durante la Guerra Franco-prusiana. Marx interpretó su creación y existencia como una confirmación histórica de la necesidad de que los trabajadores tomen el poder mediante una insurrección armada y destruyan al Estado capitalista. Aclamó a la Comuna como "la forma política, finalmente hallada, en la que podía producirse la emancipación del trabajador". Esta teoría fue desarrollada en Crítica del programa de Gotha (1875) en los siguientes términos: "Entre los sistemas capitalista y comunista se encuentra el periodo de transformación revolucionaria de uno en otro. Esta fase corresponde a un periodo de transición, cuyo estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado". Durante su estancia en Inglaterra, Marx también escribió crónicas sobre acontecimientos sociales y políticos para periódicos de Europa y Estados Unidos, entre ellos varios artículos sobre las ‘revoluciones liberales’ en España y en la América hispana. Fue corresponsal del New York Tribune desde 1852 hasta 1861 y escribió varios artículos para la New American Cyclopedia.
31. Los últimos
años
Después de la disolución de la Liga Comunista en
1852, Marx se mantuvo en contacto con cientos de revolucionarios
a fin de crear otra organización de la misma ideología.
Sus esfuerzos y los de sus colaboradores culminaron en 1864 con
la fundación en Londres de la I Internacional.
Pronunció el discurso
inaugural, escribió sus estatutos y posteriormente
dirigió la labor de su Consejo General (órgano
directivo), superando las críticas del grupo seguidor
de Mijaíl Bakunin, de carácter anarquista. Tras la
eliminación y represión de la Comuna parisina, en
la que habían participado miembros de la I Internacional,
la influencia de esta organización disminuyó y Marx
recomendó trasladar su sede a Estados Unidos.
Los últimos ocho años de la vida del
filósofo estuvieron marcados por una incesante lucha
contra las dolencias físicas que le impedían
trabajar en sus obras políticas y literarias. Los
manuscritos y notas encontrados en Londres después de su
muerte,
ocurrida el 14 de marzo de 1883, revelan que estaba preparando un
cuarto volumen de El
capital que recogería la historia de las doctrinas
económicas; estos fragmentos fueron revisados por el
socialista alemán Karl Johann Kautsky y publicados bajo el
título de Teorías
de la plusvalía (4 volúmenes, 1905-1910). Asimismo,
Marx planeaba realizar distintos trabajos que comprendían
investigaciones matemáticas, aplicaciones de éstas a
problemas
económicos y estudios sobre aspectos históricos de
varios desarrollos tecnológicos.
32. Su
influencia
Marx no ejerció una gran influencia en vida, fue
después de su muerte cuando su pensamiento comenzó
a destacar dentro del movimiento obrero. Su concepción
pasó a denominarse marxismo o
socialismo científico, una de las principales corrientes
de la teoría política contemporánea. Su
análisis del sistema capitalista y su teoría del
materialismo histórico, la lucha de clases y la
plusvalía son las principales fuentes de la
ideología socialista contemporánea. Su tesis sobre
la naturaleza del Estado capitalista, el camino hacia el poder y la
dictadura del
proletariado tienen una importancia decisiva en la acción
revolucionaria. Estas doctrinas, comentadas por la mayoría
de los socialistas después de su muerte, fueron retomadas
por Lenin en el siglo XX, y el desarrollo y aplicación que
el político ruso hizo de ellas fue el núcleo de la
teoría y la praxis del bolchevismo y de la III
Internacional.
33. Fichte, Johann
Gottlieb
(1762-1814), filósofo alemán,
autor de una influyente teoría idealista de la realidad y
de la acción moral.
Nació el 19 de mayo de 1762 en Rammenau (Sajonia). Comenzó sus estudios en Pforta, para después acudir a las universidades de Jena (1780) y Leipzig (1781-1784). Debido al prestigio que adquirió con la publicación de una de sus primeras obras, Ensayo de una crítica de toda revelación (1792), en un principio atribuida a Immanuel Kant, consiguió acceder a la cátedra de Filosofía de la Universidad de Jena en 1793. En 1799 fue acusado de defender doctrinas cercanas al ateísmo, por lo que tuvo que renunciar a su puesto y trasladarse a Berlín, donde siguió escribiendo y dando clases. Tras un breve periodo durante el cual impartió clases en Erlangen (1805) y Königsberg (actual Kaliningrado, 1806), en agosto de 1807 regresó a Berlín. En 1810 se convirtió en el primer rector de Universidad Real Federico Guillermo (actual Universidad de Berlín). Desde que en 1806 Prusia fuera derrotada por las tropas de Napoleón I Bonaparte, la incipiente independencia de los estados alemanes se vio amenazada y Fichte se dedicó a defender con fervor el desarrollo de la conciencia nacional germánica, especialmente en sus Discursos a la nación alemana (1808). Falleció el 27 de enero de 1814 en Berlín.
Fichte mantenía que la filosofía debe ser una ciencia que ha de desarrollarse, de modo sistemático, a partir de una proposición simple y evidente, y que debe dejar en claro el punto de partida de toda experiencia. Aunque en general aceptaba la filosofía crítica de Kant, se manifestó en desacuerdo con respecto a su teoría de la "cosa en sí" como incognoscible y a la dicotomía entre razón especulativa y razón práctica. Fichte defendía que el punto de partida de toda experiencia es la actividad pura y espontánea del yo, el cual puede ser intuido mediante procesos intelectuales por todas las conciencias. Para Fichte, el hecho de que el ego, el "yo", aprehenda su libre actividad, constituye su propia afirmación, que sin remedio le lleva al enfrentamiento con el "no yo", el no ego, la otreidad. La conciencia consiste en este dinámico encuentro entre el "yo" y el "no yo" por el que uno mismo y el mundo se definen y se realizan e interrelacionan. El idealismo ético fichteano, que subrayaba el deseo moral, es una derivación y una consecuencia de dicha concepción acerca del "yo".
Entre sus obras más importantes cabe mencionar Doctrina de la ciencia (1794), Fundamentos del derecho natural según los principios de la teoría de la ciencia (1796), El sistema de la moral según los principios de la teoría de la ciencia (1798) y El destino del hombre (1800).
34. Herbart, Johann
Friedrich
(1776-1841), filósofo y pedagogo alemán.
Nació en Oldenburg y se educó en la Universidad de
Jena. Después de abandonar esta ciudad fue preceptor
durante varios años en Suiza, donde se interesó por
el trabajo del
pedagogo reformista suizo Johann Heinrich Pestalozzi. En 1805
Herbart fue nombrado profesor de filosofía en la
Universidad de Gotinga. Se trasladó a Königsberg (hoy
Kaliningrado, Rusia) en 1809 para ocupar un puesto similar y en
1833 regresó a Gotinga, donde permaneció hasta su
muerte.
El sistema filosófico de Herbart se deriva del análisis de la experiencia, e integra la lógica, la metafísica y la estética como elementos coordinados. Rechazaba todos los enfoques basados en la separación de las facultades mentales, y sostenía, que todo fenómeno mental resulta de la interacción de ideas elementales. Creía que los métodos y sistemas pedagógicos deberían basarse en la psicología y la ética: en la psicología para proporcionar el conocimiento necesario de la mente y en la ética para servir como la base que determina los fines sociales de la educación. Entre sus principales obras se encuentra Manual de psicología (1816).
35. Descripción
temática:
Pese a que pasó a la historia
por su pensamiento puramente filosófico, Immanuel Kant
escribió acerca de otras muchas disciplinas, entre ellas
la ciencia política. En este sentido, su obra más
importante es La paz perpetua. El siguiente texto
reproduce la primera parte de dicho tratado, en el que Kant
expone las condiciones necesarias para que las relaciones
internacionales estén caracterizadas por el principio
de paz permanente entre los estados.
Fragmento de La paz perpetua.
De Immanuel Kant.
Sección Primera
que contiene los artículos preliminares para la paz
perpetua entre los Estados
1. «No debe considerarse válido ningún tratado de paz que se haya celebrado con la reserva secreta sobre alguna causa de guerra en el futuro.»
Se trataría, en ese caso, simplemente de un mero armisticio, un aplazamiento de las hostilidades, no de la paz, que significa el fin de todas las hostilidades. La añadidura del calificativo eterna es un pleonasmo sospechoso. Las causas existentes para una guerra en el futuro, aunque quizá ahora no conocidas ni siquiera para los negociadores, se destruyen en su conjunto por el tratado de paz, por mucho que pudieran aparecer en una penetrante investigación de los documentos de archivo. —La reserva (reservatio mentalis) sobre viejas pretensiones a las que, por el momento, ninguna de las partes hace mención porque están demasiado agotadas para proseguir la guerra, con la perversa intención de aprovechar la primera oportunidad en el futuro para este fin, pertenece a la casuística jesuítica y no se corresponde con la dignidad de los gobernantes así como tampoco se corresponde con la dignidad de un ministro la complacencia en semejantes cálculos, si se juzga el asunto tal como es en sí mismo.
Si, en cambio, se sitúa el verdadero honor del Estado, como hace la concepción ilustrada de la prudencia política, en el continuo incremento del poder sin importar los medios, aquella valoración parecerá pedante y escolar.
2. «Ningún Estado independiente (grande o pequeño, lo mismo da) podrá ser adquirido por otro mediante herencia, permuta, compra o donación.»
Un Estado no es un patrimonio (patrimonium) (como el suelo sobre el que tiene su sede). Es una sociedad de hombres sobre la que nadie más que ella misma tiene que mandar y disponer. Injertarlo en otro Estado, a él que como un tronco tiene sus propias raíces, significa eliminar su existencia como persona moral y convertirlo en una cosa, contradiciendo, por tanto, la idea del contrato originario sin el que no puede pensarse ningún derecho sobre un pueblo. Todo el mundo conoce a qué peligros ha conducido a Europa, hasta los tiempos más recientes, este prejuicio sobre el modo de adquisición, pues las otras partes del mundo no lo han conocido nunca, de poder, incluso, contraerse matrimonios entre Estados; este modo de adquisición es, en parte, un nuevo instrumento para aumentar la potencia sin gastos de fuerzas mediante pactos de familia, y, en parte, sirve para ampliar, por esta vía, las posesiones territoriales. —Hay que contar también el alquiler de tropas a otro Estado contra un enemigo no común, pues en este caso se usa y abusa de los súbditos a capricho, como si fueran cosas.
3. «Los ejércitos permanentes (miles perpetus) deben desaparecer totalmente con el tiempo.»
Pues suponen una amenaza de guerra para otros Estados con su disposición a aparecer siempre preparados para ella. Estos Estados se estimulan mutuamente a superarse dentro de un conjunto que aumenta sin cesar y, al resultar finalmente más opresiva la paz que una guerra corta, por los gastos generados por el armamento, se convierten ellos mismos en la causa de guerras ofensivas, al objeto de liberarse de esta carga; añádese a esto que ser tomados a cambio de dinero para matar o ser muertos parece implicar un abuso de los hombres como meras máquinas e instrumentos en manos de otro (del Estado); este uso no se armoniza bien con el derecho de la humanidad en nuestra propia persona. Otra cosa muy distinta es defenderse y defender a la patria de los ataques del exterior con las prácticas militares voluntarias de los ciudadanos, realizadas periódicamente. —Lo mismo ocurriría con la formación de un tesoro, pues, considerado por los demás Estados como una amenaza de guerra, les forzaría a un ataque adelantado si no se opusiera a ello la dificultad de calcular su magnitud (porque de los tres poderes, el militar, el de alianzas y el del dinero, este último podría ser ciertamente el medio más seguro de guerra).
4. «No debe emitirse deuda pública en relación con los asuntos de política exterior
Esta fuente de financiación no es sospechosa para buscar, dentro o fuera del Estado, un fomento de la economía (mejora de los caminos, nuevas colonizaciones creación de depósitos para los años malos, etc.). Pero un sistema de crédito, como instrumento en manos de las potencias para sus relaciones recíprocas, puede crecer indefinidamente y resulta siempre un poder financiero para exigir en el momento presente (pues seguramente no todos los acreedores lo harán a la vez) las deudas garantizadas (la ingeniosa invención de un pueblo de comerciantes en este siglo); es decir, es un tesoro para la guerra que supera a los tesoros de todos los demás Estados en conjunto y que sólo puede agotarse por la caída de los precios (que se mantendrán, sin embargo, largo tiempo gracias a la revitalización del comercio por los efectos que éste tiene sobre la industria y la riqueza). Esta facilidad para hacer la guerra unida a la tendencia de los detentadores del poder, que parece estar ínsita en la naturaleza humana, es, por tanto, un gran obstáculo para la paz perpetua; para prohibir esto debía existir, con mayor razón, un artículo preliminar, porque al final la inevitable bancarrota del Estado implicará a algunos otros Estados sin culpa, lo que constituiría una lesión pública de estos últimos. En ese caso, otros Estados, al menos, tienen derecho a aliarse contra semejante Estado y sus pretensiones.
5. «Ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución y gobierno de otro.»
Pues, ¿qué le daría derecho a ello?, ¿quizá el escándalo que dé a los súbditos de otro Estado? Pero este escándalo puede servir más bien de advertencia, al mostrar la gran desgracia que un pueblo se ha atraído sobre por sí por vivir sin leyes; además el mal ejemplo que una persona libre da a otra no es en absoluto ninguna lesión (como scandalum acceptum). Sin embargo, no resulta aplicable al caso de que un Estado se divida en dos partes a consecuencia de disensiones internas y cada una de las partes represente un Estado particular con la pretensión de ser el todo; que un tercer Estado preste entonces ayuda a una de las partes no podría ser considerado como injerencia en la constitución de otro Estado (pues sólo existe anarquía). Sin embargo, mientras esta lucha interna no se haya decidido, la injerencia de potencias extranjeras sería una violación de los derechos de un pueblo independiente que combate una enfermedad interna; sería, incluso, un escándalo y pondría en peligro la autonomía de todos los Estados.
6. «Ningún Estado en guerra con otro debe permitirse tales hostilidades que hagan imposible la confianza mutua en la paz futura, como el empleo en el otro Estado de asesinos (percussores), envenenadores (venefici), el quebrantamiento de capitulaciones, la inducción a la traición (perduellio), etc.»
Estas son estratagemas deshonrosas, pues aun en plena guerra ha de existir alguna confianza en la mentalidad del enemigo, ya que de lo contrario no se podría acordar nunca la paz y las hostilidades se desviarían hacia una guerra de exterminio (bellum internecinum); la guerra es, ciertamente, el medio tristemente necesario en el estado de naturaleza para afirmar el derecho por la fuerza (estado de naturaleza donde no existe ningún tribunal de justicia que pueda juzgar con la fuerza del derecho); en la guerra ninguna de las dos partes puede ser declarada enemigo injusto (porque esto presupone ya una sentencia judicial) sino que el resultado entre ambas partes decide de qué lado está el derecho (igual que ante los llamados juicios de Dios); no puede concebirse, por el contrario, una guerra de castigo entre Estados (bellum punitivum) (pues no se da entre ellos la relación de un superior a un inferior). De todo esto se sigue que una guerra de exterminio, en la que puede producirse la desaparición de ambas partes y, por tanto, de todo el derecho, sólo posibilitaría la paz perpetua sobre el gran cementerio de la especie humana y por consiguiente no puede permitirse ni una guerra semejante ni el uso de los medios conducentes a ella. Que los citados medios conducen inevitablemente a ella se desprende de que esas artes infernales, por sí mismas viles, cuando se utilizan no se mantienen por mucho tiempo dentro de los límites de la guerra sino que se trasladan también a la situación de paz, como ocurre, por ejemplo, en el empleo de espías (uti exploratoribus), en donde se aprovecha la indignidad de otros (la cual no puede eliminarse de golpe); de esta manera se destruiría por completo la voluntad de paz.
Aunque todas las leyes citadas son leyes prohibitivas (leges prohibitivae) objetivamente, es decir, en la intención de los que detentan el poder, hay algunas que tienen una eficacia rígida, sin consideración de las circunstancias, que obligan inmediatamente a un no hacer (leges strictae, como los números 1, 5, 6), mientras que otras (como los números 2, 3, 4), sin ser excepciones a la norma jurídica, pero tomando en cuenta las circunstancias al ser aplicadas, ampliando subjetivamente la capacidad, contienen una autorización para aplazar la ejecución de la norma sin perder de vista el fin, que permite, por ejemplo, la demora en la restitución de ciertos Estados después de perdida la libertad del número 2, no ad calendas graecas (como solía prometer Augusto), lo que supondría su no realización, sino sólo para que la restitución no se haga de manera apresurada y de manera contraria a la propia intención. La prohibición afecta, en este caso, sólo al modo de adquisición, que no debe valer en lo sucesivo, pero no afecta a la posesión que, si bien no tiene el título jurídico necesario, sí fue considerada como conforme a derecho por la opinión pública de todos los Estados en su tiempo (en el de la adquisición putativa).
Fuente: Kant, Immanuel. La paz perpetua. Presentación de Antonio Truyol y Serra. Traducción de Joaquín Abellán. Madrid. Editorial Tecnos, 1985.
Borowski, Ludwig Ernst. Relato de la vida y el
carácter de Immanuel Kant. Madrid: Editorial Tecnos, 1993.
Interesante trabajo biográfico que incide en la
importancia de la
personalidad de Kant.
Ferrari, Jean. Kant: o la investigación del hombre. Madrid: Editorial
Edaf, 1981. Aproximación a las principales ideas del
filósofo alemán.
*García Morente, Manuel. La filosofía de Kant: una
introducción a la filosofía. Madrid:
Espasa-Calpe3ª ed., 1986. . Análisis del sistema
filosófico kantiano por uno de sus principales estudiosos
españoles.
Goldmann, Lucien. Introducción a la filosofía de
Kant. Buenos Aires: Amorrortu. . Válido trabajo
introductorio a la filosofía de Kant.
Höffe, Otfried. Immanuel Kant. Barcelona: Editorial Herder,
1986. Muy completo y analítico ensayo.
Jiménez Moreno, Luis. Immanuel Kant (1724-1804). Madrid:
Ediciones del Orto, 1993. Importante acercamiento
biográfico al autor.
Körner, Stephan. Kant. Madrid: Alianza Editorial, 1977.
Interesante aproximación al personaje y a su
pensamiento.
Lacroix, Jean. Kant. Buenos Aires:
Editorial Sudamericana, 1969. Clásica obra sobre vida,
obra y pensamiento de Kant.
Jueves, 06 de Julio de 2000
ante cualquier sugerencia y/o correcciones, le solicito que me
envien un e-mail, la conclusión queda a cargo del
lector.
"lo eterno que puede ser un minuto cuando uno está mal y
lo corta que puede ser la eternidad cuando uno es feliz, buscando
en el conocimiento
el sentido de nuestra existencia".
Trabajo enviado y realizado por:
Profesor José Luis Dell'ordine.
Banfield, Pcia. de Buenos Aires,
Argentina
5 de julio de 2000
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