27. Las derrotas italianas
Los aliados sufrieron varios reveses en el frente italiano en 1917. Durante los ocho primeros meses del año, las fuerzas italianas dirigidas por el general Luigi Cadorna siguieron intentando franquear las líneas austriacas establecidas en el río Isonzo para llegar a Trieste, pero sus esfuerzos, tras la décima y la undécima batalla de Isonzo, fracasaron. Lo más destacable de los últimos meses del año fue la firme ofensiva austro-alemana iniciada en el curso alto del Isonzo, cerca de la ciudad de Caporetto, por la que las fuerzas italianas se vieron obligadas a retirarse a sus posiciones del río Piave. La batalla de Caporetto resultó trágica para las tropas italianas; refuerzos británicos y franceses llegaron en su auxilio en el mes de noviembre y el nuevo comandante general italiano, el general Armando Diaz, reemplazó al general Cadorna.
28. La entrada de grecia en la guerra
Por lo que respecta a la actividad en el frente de los Balcanes durante 1917, los aliados libraron diversos enfrentamientos en Monastir, en el lago Presba y en el río Vardar que concluyeron sin la victoria de ningún bando; intentaron expulsar al rey griego Constantino I, alegando que su colaboración con los Imperios Centrales impedía a los aliados culminar con éxito las operaciones de la región de los Balcanes. Los aliados comenzaron la invasión de Grecia en el mes de junio y presionaron al monarca griego por medios diplomáticos para conseguir su abdicación. Éste renunció a la corona el 12 de junio; Venizelos se convirtió en presidente del gobierno formado bajo la autoridad de Alejandro, hijo de Constantino. Tras estas transformaciones internas, Grecia declaró la guerra a los Imperios Centrales el 27 de junio.
Los británicos intentaron conquistar Gaza (Palestina) en dos ocasiones (marzo y abril) durante 1917. Dirigidos por el general Edmund Allenby, los británicos atravesaron las líneas turcas en Beersheba (noviembre), obligándoles a evacuar Gaza; el 9 de diciembre las tropas de Allenby tomaron Jerusalén. Fue también en ese año cuando el coronel británico Thomas Edward Lawrence (más conocido como Lawrence de Arabia), dirigió la rebelión árabe contra los turcos; tras tomar la ciudad turca de al-Aqaba en julio, sus tropas llevaron a cabo numerosos asaltos en la red ferroviaria del Hiyaz durante el resto del año. También vencieron los británicos en Mesopotamia; conquistaron Bagdad en marzo, y hacia septiembre habían avanzado hasta Ramadi, a orillas del río Éufrates, y Tikrit, a orillas del Tigris.
Los primeros meses de 1918 no resultaron favorables para las potencias aliadas. Rusia firmó el 3 de marzo la Paz de Brest-Litovsk, por la que se ponía fin oficialmente a la guerra entre esta nación y los Imperios Centrales; el 7 de mayo Rumania firmó el Tratado de Bucarest, según el cual debía ceder la región de Dobrudja a Bulgaria, los pasos de la cordillera de los Cárpatos a Austria-Hungría y conceder a Alemania un arrendamiento a largo plazo de los pozos de petróleo rumanos.
31. La retirada de bulgaria y Austria-Hungría
Sin embargo, el resultado de la lucha en el frente de los Balcanes durante 1918 fue catastrófico para los Imperios Centrales. Una fuerza de unos 700.000 soldados aliados, compuesta por franceses, británicos, griegos, serbios e italianos, comenzó una ofensiva a gran escala contra las tropas alemanas, austriacas y búlgaras en Serbia. El éxito del ataque fue tal que a finales de mes los búlgaros estaban completamente derrotados y firmaron un armisticio con los aliados. Rumania volvió a intervenir en el conflicto en noviembre en favor de la causa aliada, apoyada por las tropas aliadas que habían entrado en el país tras la capitulación de Bulgaria. Los soldados serbios del Ejército aliado continuaron avanzando después de que se firmara la tregua con los búlgaros y ocuparon Belgrado el 1 de noviembre; el Ejército italiano invadió y ocupó Albania.
Tras una fallida ofensiva austriaca sobre el Piave, los aliados obtuvieron la victoria definitiva en el frente italiano durante octubre y noviembre, cuando derrotaron a los austriacos en la batalla de Vittorio Veneto (del 24 de octubre al 4 de noviembre). Los italianos tomaron finalmente Trieste el 3 de noviembre y ocuparon Fiume (actual Rijeka) el 5 de noviembre. La conmoción de la derrota provocó alzamientos revolucionarios en el Imperio Austro-Húngaro. Los checos y los eslovacos ya habían constituido en octubre un Estado independiente, Checoslovaquia; los eslavos del Sur proclamaron su independencia en octubre y fundaron en diciembre el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que más tarde pasaría a denominarse Yugoslavia (en la actualidad Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Yugoslavia). Los húngaros establecieron un gobierno independiente en noviembre. Las autoridades austro-húngaras establecidas en Viena firmaron un armisticio con los aliados el 3 de noviembre y Carlos I, el último emperador de los Habsburgo, abdicó días después; al día siguiente se proclamó la República de Austria.
Los aliados también pusieron fin a la guerra en el frente turco de forma satisfactoria en 1918. Las fuerzas británicas rompieron las líneas turcas en Megiddo y derrotaron a los destacamentos alemanes que las apoyaban en el mes de septiembre; los británicos, después de unirse a las tropas árabes lideradas por Lawrence, tomaron Líbano y Siria. En octubre conquistaron Damasco, Alepo y otros puntos estratégicos; a su vez, la Marina francesa ocupó Beirut y el gobierno otomano solicitó un armisticio que se firmó el 30 de octubre. Según las condiciones establecidas, el Imperio otomano debía retirar sus ejércitos, romper relaciones con los Imperios Centrales y permitir a los buques de guerra aliados cruzar el estrecho de los Dardanelos.
33. El último esfuerzo de los alemanes
A pesar de las victorias de los alemanes sobre los rusos y los rumanos en 1917, los aliados formularon unos objetivos de guerra a comienzos de 1918 radicalmente opuestos a los expresados por los Imperios Centrales. La política de pacificación del presidente estadounidense Wilson comprendía catorce puntos cuyo objetivo era alcanzar una paz justa e indujo a los Imperios Centrales a cesar las hostilidades algunos meses después. A comienzos de 1918, los alemanes decidieron llevar a cabo un esfuerzo supremo en la primavera de ese año para romper las líneas aliadas en el frente occidental y llegar así hasta París. Esta poderosa ofensiva, que comenzó el 21 de marzo, fue dirigida contra el frente británico situado al sur de Arras. El temor a que los alemanes consiguieran atravesar las líneas aliadas se fue extendiendo debido al éxito de la ofensiva durante la primera semana; por este motivo, los aliados encargaron al general Ferdinand Foch la coordinación de las operaciones aliadas, nombrándole comandante general de los ejércitos aliados en Francia —formados por franceses, belgas, británicos y estadounidenses— al mes siguiente. De abril a junio los alemanes emprendieron un segundo avance, lo que les permitió llegar hasta un punto del Marne que se hallaba tan sólo a 60 km de París, pero las tropas francesas y la II División estadounidense detuvieron el avance alemán en la batalla de Château-Thierry (4 de junio) y la fuerza de la ofensiva alemana decayó enormemente a mediados de julio. Pese al avance logrado en la segunda batalla del Marne, sus progresos se vieron frenados inmediatamente por las tropas francesas y estadounidenses. El general Foch, que advirtió que la ofensiva alemana carecía de fuerza, ordenó un contraataque el 18 de julio. Los alemanes se vieron obligados a replegarse sobre el Marne y los aliados tomaron la iniciativa en el frente occidental y siguieron en esta línea hasta que concluyó el conflicto.
34. El final de la guerra en europa
Los aliados emprendieron una ofensiva sobre las líneas alemanas establecidas en Amiens (del 8 al 11 de agosto); los alemanes se rindieron tres meses después. Las fuerzas británicas y francesas ganaron la segunda batalla del Somme y la quinta batalla de Arras durante la última semana de agosto y los primeros días de septiembre, e hicieron retroceder a los alemanes hasta la Línea Hindenburg. El resto de las tropas alemanas fue reducido por los estadounidenses en la batalla de Saint-Mihiel (12 y 13 de septiembre). Los británicos avanzaron hacia Cambrai en octubre y principios de noviembre, y los estadounidenses atravesaron la boscosa región de Argonne. El último ataque logró romper las líneas alemanas establecidas entre Metz y Sedan. Como resultado de estas ofensivas, Ludendorff pidió al gobierno alemán que solicitara un armisticio al enemigo. El gobierno alemán inició las conversaciones con los aliados en octubre, pero éstas fracasaron cuando el presidente Wilson insistió en negociar únicamente con regímenes democráticos. Mientras tanto, los británicos realizaban importantes progresos en el norte de Francia y a lo largo de la costa belga, y las tropas francesas y estadounidenses llegaron a Sedan el 10 de noviembre. La Línea Hindenburg había sido completamente aniquilada a comienzos de este mes, y los alemanes se retiraban con rapidez de todo el frente occidental. La derrota del Ejército alemán tuvo repercusiones en el interior del país que afectaron de forma muy negativa al gobierno establecido. La flota alemana se amotinó, el rey de Baviera fue destronado por un levantamiento y el emperador Guillermo II abdicó en noviembre y huyó a los Países Bajos. El día 9 de ese mismo mes se proclamó la República de Weimar en Alemania, cuyo gobierno envió una comisión para negociar con los aliados. A las cinco de la mañana del 11 de noviembre tuvo lugar en el bosque de Compiègne la firma del armisticio entre Alemania y los aliados; este documento estaba basado en las condiciones establecidas por los vencedores; esa misma mañana cesaron las hostilidades en el frente occidental.
Las fuerzas destacadas en las colonias alemanas de África y el océano Pacífico, a excepción de las que se encontraban en África oriental a finales de 1917 y durante 1918, lucharon a la defensiva la mayor parte del tiempo. Fueron derrotadas con rapidez en unos casos y gradualmente en otros, pero prácticamente todas se habían rendido a los aliados hacia el final de la guerra.
Los territorios africanos colonizados por los alemanes en 1914 eran Togo, Camerún, el África Suroccidental Alemana (actual Namibia) y el África Oriental Alemana. Una fuerza anglo-francesa tomó posesión de Togo en agosto de 1914. En septiembre de ese año los británicos invadieron Camerún desde Nigeria, y los franceses se internaron en el este y el sur de esta región desde el África Ecuatorial Francesa. Después de muchas campañas, la resistencia alemana fue superada definitivamente en febrero de 1916. El África Suroccidental Alemana fue conquistada entre septiembre de 1914 y julio de 1915 por tropas de la Unión Surafricana (actual República de Suráfrica). La más importante de las posesiones alemanas, el África Oriental Alemana, fue la que ofreció más oposición a los aliados. Los primeros ataques emprendidos por las tropas británicas e indias (noviembre de 1914) fueron repelidos por las fuerzas alemanas dirigidas por el general Paul von Lettow-Vorbeck. En noviembre de 1915 las unidades navales de los británicos se apoderaron del lago Tanganica, y el general Jan Christiaan Smuts recibió el mando de las fuerzas aliadas (formadas por británicos, surafricanos y portugueses) que se encargarían de la invasión del África Oriental Alemana al año siguiente. Los aliados tomaron en 1916 sus principales ciudades: Tanga, Bagamoyo, Dar es-Salaam y Tabora, por lo que las tropas de Lettow-Vorbeck se retiraron hacia el sureste de esta región. Sin embargo, las fuerzas alemanas iniciaron una ofensiva a finales de 1917 e invadieron el África Portuguesa. Cuando se firmó el armisticio en Europa en 1918, las tropas alemanas del África Occidental Alemana seguían aún luchando, a pesar de que la mayor parte de la colonia se encontraba en poder de los aliados. Lettow-Vorbeck se rindió tres días después de que se terminara la guerra en Europa.
En el Pacífico, una fuerza neozelandesa conquistó la zona alemana de Samoa en agosto de 1914, y los archipiélagos alemanes de Bismarck y Nueva Guinea fueron ocupados por tropas australianas en septiembre. Las fuerzas japonesas tomaron la fortaleza de Qingdao, un puerto alemán situado en la provincia china de Shandong, en noviembre de 1914, y las islas Marshall, las islas Marianas, el archipiélago de Palau y las islas Carolinas entre agosto y noviembre de ese año. Cuando la guerra terminó, Japón conservó Qingdao hasta 1922 y consiguió un mandato sobre las islas Marshall, Marianas, Palau y Carolinas.
A comienzos de la guerra, el grueso de la flota británica, la Gran Flota, contaba con veinte acorazados y numerosos cruceros y destructores; estaba ubicada en la base de Scapa Flow, situada en las islas Orcadas, mientras que una segunda flota protegía el canal de la Mancha. La Flota de Altamar alemana estaba compuesta por trece acorazados y tenía sus bases en los puertos alemanes de mar del Norte.
En la batalla que tuvo lugar en la ensenada de Helgoland (1914) los británicos atacaron la base naval alemana de la isla de Helgoland y hundieron tres naves enemigas; los submarinos alemanes hundieron el superacorazado Audacious (27 de octubre) e intentaron atacar Scapa Flow, por lo que las naves británicas allí fondeadas hubieron de zarpar en busca de refugio a la costa occidental de Escocia.
Una escuadra de cruceros alemanes destacada en el Pacífico sur, al mando de la cual se hallaba el almirante Maximilian Spee, causó importantes daños en las instalaciones francesas de Papeete y en las islas Fanning (de posesión británica) en septiembre y octubre de 1914; el 1 de noviembre derrotó a una escuadra británica en la batalla de Coronel, pero fue vencida el 8 de diciembre por una escuadra británica a las órdenes del almirante Frederick Sturdee en la batalla de las islas Malvinas, en la que perdió cuatro de sus cinco naves. Durante 1914 y los primeros meses de 1915, los cruceros alemanes produjeron graves daños a los buques británicos del océano Índico y otras zonas.
La acción más destacable de 1915 fue el bloqueo submarino impuesto por Alemania a Gran Bretaña. El hundimiento del transatlántico de pasajeros Lusitania a manos de un submarino alemán el 7 de mayo costó la vida a muchos súbditos estadounidenses, lo que originó una polémica que estuvo a punto de provocar la guerra entre Estados Unidos y Alemania, modificando ésta última sus métodos de guerra submarina para satisfacer al gobierno estadounidense. Sin embargo, en marzo de 1916, el hundimiento por un submarino alemán del buque de vapor francés Sussex en el canal de la Mancha y la existencia de víctimas estadounidenses hizo estallar un nuevo conflicto diplomático entre estos países.
El enfrentamiento naval más importante de la guerra fue la batalla de Jutlandia, librada el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916 entre la Gran Flota británica y la Flota de Altamar alemana, y tras la cual Gran Bretaña pudo conservar su supremacía naval. No obstante, los alemanes consiguieron romper el bloqueo británico y reanudaron la guerra submarina sin restricciones en 1917, persuadidos de que éste era el único método con el que podrían derrotar a Gran Bretaña; esta estrategia no condujo a la rendición de los británicos, sino que motivó que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania. Los ataques de los submarinos alemanes a los convoyes británicos en el océano Atlántico y en el mar del Norte ocasionaron la destrucción de numerosas embarcaciones. Por este motivo, los británicos intentaron bloquear, con escaso éxito, las bases submarinas alemanas de Ostende y Zeebrugge (ambas en Bélgica) en abril de 1918; finalmente, las fuerzas terrestres británicas marcharon sobre Bélgica en octubre y tomaron ambas bases y otros puertos belgas.
37. El hundimiento de la flota alemana
De acuerdo con los términos del armisticio, los alemanes debían entregar a los aliados la mayor parte de su flota, compuesta por 10 acorazados, 17 cruceros, 50 lanchas torpederas y más de 100 submarinos. Salvo estos últimos, toda la flota, incluidos capitanes y tripulaciones, estaba retenida en Scapa Flow en noviembre de 1918. El Tratado de Versalles (1919), que puso fin a la guerra, estipulaba que todas las naves retenidas pasaban a ser propiedad de los aliados; los alemanes habían de entregar los restantes buques de guerra que se encontraran en su poder; además, el tamaño de la futura flota alemana quedaba drásticamente reducido. Como represalia ante estas condiciones, los alemanes hundieron el 21 de junio de 1919 sus propias naves de Scapa Flow.
El tonelaje total de naves aliadas hundidas por los submarinos, embarcaciones y minas alemanas fue de casi 13 millones; el mayor tonelaje hundido en un solo año (1917) alcanzó los 6 millones.
La I Guerra Mundial estimuló enormemente la fabricación de aeronaves, su uso con fines militares y el desarrollo de la guerra aérea; se construyeron dirigibles, globos y aviones. Éstos últimos se utilizaban principalmente para dos tipos de misiones: la observación y el bombardeo. La exploración de los frentes de batalla fijos se llevaba a cabo mediante pequeños globos con cuerdas; los dirigibles servían para realizar reconocimientos en el mar, y los aeroplanos para sobrevolar las zonas costeras. Con respecto a las operaciones militares terrestres, los aeroplanos se empleaban para observar la disposición de las tropas y defensas del enemigo y bombardear sus líneas o a sus fuerzas cuando entraban en combate.
Los alemanes bombardearon por primera vez París desde el aire el 30 de agosto de 1914 y Dover (Gran Bretaña) el 21 de diciembre de 1914. Durante 1915 y 1916, los dirigibles alemanes, conocidos como zepelines, atacaron el este de Inglaterra y Londres en sesenta ocasiones. El primer ataque con aviones se produjo el 28 noviembre de 1916, y estas acciones se repitieron con frecuencia durante el resto de la guerra.
Desde mediados de 1915 se hicieron frecuentes los combates aéreos entre aviones o escuadrones enemigos. Los alemanes disfrutaron de la supremacía aérea en el frente occidental desde octubre de 1915 hasta julio de 1916, año en el que los británicos demostraron su superioridad. Entre los más importantes aviadores, cabe destacar al estadounidense Eddie Rickenbacker, al canadiense William Avery Bishop y al barón alemán Manfred von Richthofen.
La I Guerra Mundial duró cuatro años, tres meses y catorce días. El conflicto representó un coste de 186.000 millones de dólares para los países beligerantes. Las bajas en los combates terrestres ascendieron a 37 millones, y casi diez millones de personas pertenecientes a la población civil fallecieron indirectamente a causa de la contienda. A pesar de que todas las naciones confiaban en que los acuerdos alcanzados después del conflicto restablecerían la paz mundial sobre unas bases estables, las condiciones impuestas promovieron un conflicto aún más destructivo (que se inició en 1939 y que, no en vano, fue denominado II Guerra Mundial). Los Imperios Centrales aceptaron los catorce puntos elaborados por el presidente Wilson como fundamento del armisticio, esperando que los aliados los adoptaran como referencia básica en los tratados de paz. Sin embargo, la mayor parte de las potencias aliadas acudieron a la Conferencia de Paz de París (celebrada en Versalles) con la determinación de obtener indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra equivalentes al coste total de la misma y de repartirse los territorios y posesiones de las naciones derrotadas según acuerdos secretos. Durante las negociaciones de paz, el presidente estadounidense Wilson insistió en que la Conferencia de Paz de París aceptara su programa completo organizado en catorce puntos, pero finalmente desistió de su propósito inicial y se centró en conseguir el apoyo de los aliados para la formación de la Sociedad de Naciones.
Las potencias vencedoras permitieron que se incumplieran ciertos términos establecidos en los tratados de paz de Versalles, Saint-Germain-en-Laye, Trianon, Neuilly-sur-Seine y Sèvres, lo que provocó el resurgimiento del militarismo y de un nacionalismo agresivo en Alemania y desórdenes sociales en gran parte de Europa.
Hay muchos factores que considerar en los orígenes y causas de la I Guerra Mundial:
ninguno de ellos es suficiente, y todos son contaminantes. Uno es la continuación histórica de de los grandes conflictos de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en donde potencias centrales en torno a Alemania se encontraban frente a aliados en torno a Rusia, Francia y Gran Bretaña. Otro, un poco dudoso, es el enfrentamiento de democracias y autoritarismo.
Un factor clave es la lucha imperialista por el reparto del Mundo, ya que en efecto, en 1914 Europa dominaba el mundo, salvo por los Estados Unidos y el Japón, y las riquezas estaban irregularmente distribuídas. Además, algunos países veían en la guerra la posiblidad de resolver sus conflictos internos.
Sus principales protagonistas: el emperador de Austria Francisco José, el zar Nicolás II de Rusia y el Kaiser Guillermo II de Alemania
La Gran Guerra duró cuatro años, que los tratadistas militares dividen en tres períodos:
En los primeros meses, guerra de movimientos; en los tres años siguientes guerra de posiciones o trincheras y el período de ofensiva alemana y contraofensiva aliada que en un plazo de catorce semanas y gracias a la intervención de los Estados Unidos, terminó con las potencias centrales y las redujo a un estado de postración. De este estado de postración y de los tratados de paz subsiguientes iba a salir el fenómeno del nazismo.
Los tratados de paz no fueron fáciles: las potencias vencedoras no estaban de acuerdo entre sí sobre el reparto de los territorios de los perdedores y sobre el destino de Alemania. Francia pretendía el desmembramiento de su enemiga y por su parte Gran Bretaña y Estados Unidos veían ya la necesidad de conservarla como nación fuerte para el comunismo, tesis que se repetiría al final de la II Guerra Mundial
Finalmente el Tratado de Versalles decidió el reparto de territorios y colonias de Alemania, la reducción de su ejército a 10.000 hombres y la obligación germana de pagar indemnizaciones de guerra por las reparaciones a los daños hechos a los aliados.
Los cambios que produjo esta guerra fueron: la revolución bolchevique (comunista) en Rusia, la entrada de los Estados Unidos en Europa y, por supuesto, las bases para la II Guerra Mundial. Una vez más, una guerra de enorme envergadura no había acabado las contradicciones, sino que, además de aumentarlas, creó otras nuevas.
De forma activa o pasiva, países de todos los continentes se vieron implicados o afectados por la segunda guerra mundial, una contienda en la que naciones con siglos de civilización se enfrentaron en una escala destructiva sin precedentes.
La segunda guerra mundial fue un conflicto armado que se extendió prácticamente por todo el mundo entre los años 1939 y 1945. Los principales beligerantes fueron, de un lado, Alemania, Italia y Japón, llamadas las potencias del eje, y del otro, las potencias aliadas, Francia, el Reino Unido, los Estados Unidos, la Unión Soviética y, en menor medida, China. La guerra fue en muchos aspectos una consecuencia, tras un difícil paréntesis de veinte años, de las graves disputas que la primera guerra mundial había dejado sin resolver. La frustración alemana después de la derrota y los duros términos del Tratado de Versalles, junto con la intranquilidad política y la inestabilidad social que afectaron crecientemente a la república de Weimar, tuvieron como resultado una radicalización del nacionalismo alemán. De esta forma se produjo el advenimiento al poder de Adolf Hitler, jefe del Partido Obrero Alemán Nacional Socialista (NSDAP), o partido nazi, de ideología totalitaria, ultranacionalista y antisemita.
Después de haberse otorgado plenos poderes en 1933, Hitler, que había asumido el título de Fuhrer o caudillo del Tercer Reich, impulsó el rearme secreto de Alemania. Aprovechó la falta de decisión de las potencias europeas para oponerse activamente a sus designios y ordenó la ocupación militar de Renania en marzo de 1936, decisión que contravenía unilateralmente el Tratado de Versalles.
En ese mismo año, Benito Mussolini, el dictador fascista de Italia, que ya se había embarcado en una agresión a Abisinia (Etiopía), firmó con Hitler un acuerdo secreto germano-italiano que daría lugar al establecimiento del Eje Romano-Berlín. Al año siguiente, Italia se unió al pacto que Alemania y Japón habían firmado en 1936. Fue el llamado pacto tripartito.
Alemania e Italia intervinieron, en nombre del anticomunismo, en la guerra civil española iniciada en 1936.
En marzo de 1938, Hitler envió tropas alemanas para ocupar Austria, que pronto fue incorporada por plebiscito al Tercer Reich (el Anschluss). En una hábil combinación de presiones internas y externas, logró la anexión o neutralización del territorio checoslovaco en marzo de 1939. En abril del mismo año, Italia se anexionó Albania. En agosto se firmó un pacto de no-agresión entre Alemania y la Unión Soviética, en el que se establecía una cláusula secreta sobre la división de Polonia y el establecimiento de esferas de influencia soviética y alemanas en los estados bálticos y en Finlandia. Tras este atrevido acuerdo, que dejó atónitos a los gobernantes del resto de Europa, Hitler ordenó iniciar la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939. El Reino Unido y Francia declararon la guerra a Alemania dos días después. El 17 de septiembre, tropas soviéticas penetraron en la parte oriental de Polonia, que de esta forma quedó dividida entre Alemania y la Unión Soviética. A finales de 1939 se firmó un nuevo pacto por el que Alemania recibía toda la parte situada al oeste del río Bug y los soviéticos obtenían Lituania dentro de su esfera de influencia.
La Unión Soviética, aprovechando su entendimiento con Alemania, obligó a Estonia, Letonia y Lituania a admitir guarniciones militares en su territorio. Finlandia se negó a obedecer y fue atacada por tropas soviéticas en noviembre de 1939. Inicialmente, el pequeño país finés contuvo el ataque soviético, lo que despertó las simpatías de todo el mundo. La Unión Soviética no había valorado en su justa medida la voluntad de Finlandia para resistir ni los obstáculos naturales constituidos por los numerosos lagos y bosques del país. No obstante, en marzo de 1940 Finlandia hubo de pedir la paz, después de un ataque que obligó masivo de las fuerzas soviéticas que obligó a los finlandeses a replegarse.
Durante el inicio de 1939, las principales actividades alemanas se desarrollaron en el mar, incluyendo una campaña submarina muy activa contra buques mercantes con rumbo al Reino Unido. En cambio, en la guerra naval de superficie los británicos fueron en conjunto más afortunados que los alemanes.
En abril de 1940, Hitler puso en práctica la táctica de la "guerra relámpago" al ordenar la invasión de Noruega y la ocupación de sus principales campos de aviación de Oslo y Stavanger. Al mismo tiempo, los alemanes enviaron barcos de guerra al puerto de Copenhague y se introdujeron en la península de Jutlandia. La ocupación de Dinamarca era necesaria para la seguridad de las comunicaciones alemanas con Noruega.
Los acontecimientos en los países nórdicos se convirtieron en un problema de menor importancia para las potencias en los países nórdicos se convirtieron en un problema de menor importancia para las potencias occidentales cuando el 10 de mayo de 1040 se vieron sorprendidas ante el ataque fulminante de Hitler a través de los Países Bajos y de Bélgica. En este último país, la cooperación de la Luftwaffe o fuerza aérea alemana con las líneas de defensa. El 12 de mayo, los alemanes cruzaron la frontera franco-belga, y el 22 de junio, tres quintas partes de Francia, incluyendo París, estaban ocupadas. Sin embargo, buena parte de las tropas británicas en Francia, así como otros grupos de diversas nacionalidades, lograron escapar por el puerto de Dunquerque. Se firmó entonces un armisticio entre Alemania y Francia, representada ésta por el mariscal Philippe Pétain, héroe francés de la primera guerra mundial. A partir de entonces, los alemanes ocuparon todo el norte de Francia, desde la frontera suiza al canal de la Mancha y el Atlántico, y una franja de la costa atlántica desde el bajo Loira al extremo oriental de los Pirineos. El gobierno francés, con sede en Vichy, conservaba el control de dos quintas partes de Francia y de la armada y la fuerza aérea, que, sin embargo, habían de mantenerse neutrales. Mientras tanto, el general Charles de Gaulle, desde Londres, radiaba proclamas invitando a los franceses a continuar la resistencia contra los invasores alemanes.
Durante agosto y septiembre de 1940, la Luftwaffe alemana lanzó un bombardero aéreo masivo sobre el Reino Unido en un intento de debilitar al país para una invasión posterior a través del canal. Los británicos tenían a su favor un sistema de detección por radar y un tipo de caza, el "Spitfire", superior a cualquier avión alemán. En la batalla de Inglaterra se fue imponiendo fundamentalmente la Royal Air Force británica, y Hitler pospuso indefinidamente la invasión. Por primera vez, el avance alemán había sido frenado, lo que tuvo un enorme valor simbólico.
Después del fracaso intento de invasión de Grecia por parte de Italia en noviembre de 1940, Hitler incorporó sucesivamente a Hungría, Rumania y Eslovaquia al Eje. Bulgaria se unió en marzo de 1941. En abril, Alemania atacó a Yugoslavia y Grecia, que fueron invadidas a finales de mes. El estado yugoslavo se disolvió completamente, y Grecia fue ocupada por los italianos, excepto Atenas, Tesalónica y Demótica, en Tracia, así como las islas de Quíos, Lesbos, Santos, Melos y Creta, que se reservaron los alemanes para sí.
En junio de 1941, Hitler rompió el pacto de no-agresión de 1939 y atacó a la Unión Soviética. La amistad de este país, sin la que las victorias de 1939-1940 hubieran sido imposibles, ya no le era necesaria a Alemania. Unidas armadas alemanas entraron en territorio soviético y en diciembre habían llegado a los alrededores de Moscú, antes de que los contraataques y los rigores del invierno paralizarían la ofensiva.
41. La guerra en el pacífico y las primeras victorias aliadas
Cuando la guerra se inició en Europa en septiembre de 1939, los japoneses, a pesar de su continuado avance en China, no veían el final de un conflicto que se les antojaba largo y estéril. La declaración de guerra del Reino Unido y Francia contra Alemania abrió al Japón la perspectiva de apoderarse de colonias europeas en el sudeste de Asia y en el Pacífico. A finales de 1940, Japón había decidido que en caso de iniciar una ofensiva, ésta tendría como objetivo las posiciones de los Estados Unidos, su principal adversario en el Pacífico. Entre el 7 y el 8 de diciembre de 1941, los japoneses bombardearon las instalaciones estadounidenses en el Pearl Harbor, Hawaii, y en las Filipinas. A continuación, los Estados Unidos declararon la guerra a las potencias del Eje.
A pesar de la ventaja inicial obtenida por medio del ataque sorpresa, Japón perdió las batallas navales decisivas del mar del Coral y de Midway en mayo y junio de 1942. En este momento, la guerra en el Pacífico cambió de signo. Japón había perdido sus portaaviones de primera línea y la mayoría de sus mejores pilotos. En lo sucesivo, las fuerzas navales de los japoneses y de los aliados quedaron igualadas. La estrategia estadounidense en el Pacífico consistía en utilizar fuerzas navales u anfibias para avanzar por las cadenas de islas hacia Japón, mientras que fuerzas terrestres en menor escala cooperaban con los chinos y los británicos en el continente asiático.
En el norte de África, los británicos, que en 1940-1941 habían eliminado fuerzas italianas mucho mayores, entablaron batalla con el Afrika Korps alemán dirigido por el mariscal Erwin Rommel. En julio de 1942, la ofensiva alemana contra Egipto fue detenida en la batalla de El-Alamein. En ese momento terminaron las esperanzas de Alemania de conseguir una victoria rápida en África. Las tropas de Rommel se encontraban exhaustas y sometidas además al acoso de los británicos. A mediados de octubre de 1942 llegaron refuerzos aliados al norte de África. La superioridad numérica sobre las tropas alemanas fue en aquel momento tan fuerte que en noviembre Rommel carecía de fuerza para resistir y ordenó la retirada. Las tropas alemanas se replegaron gradualmente hacia Túnez, hasta que capitularon en mayo de 1943.
En julio de aquel año, fuerzas aliadas desembarcaron en Sicilia desde el norte de África. La invasión representaba una amenaza directa para Italia. Cuando Mussolini reveló al Gran Consejo Fascista que los alemanes estaban proyectando la evacuación de la mitad sur de Italia, la mayoría del consejo votó una resolución en contra de Mussolini, que dimitió y fue arrestado el 25 de julio. El rey Víctor Manuel III ordenó entonces la formación de un nuevo gobierno, a cuyo frente se puso Pietro Badoglio. Desde Sicilia, los aliados pasaron a Italia con el desembarco en Salerno en septiembre de 1943. El gobierno italiano, en cumplimiento de una pacto firmado con los Estados Unidos, declaró la guerra a Alemania en octubre de 1943. Los alemanes reforzaron sus defensas en el norte u centro de Italia y continuaron luchando duramente contra las tropas aliadas durante el resto de la guerra.
En el frente oriental, desde agosto de 1942 a febrero de 1943, los alemanes llevaron a cabo un asedio de Stalingrado (posteriormente Volgogrado) que chocó con una dura oposición y que finalmente no tuvo éxito. Las fuerzas alemanas en la Unión Soviética perdieron ímpetu. Mientras las bajas humanas y de equipo obligaban a los alemanes a abandonar su proyectada ofensiva, el ejército rojo mejoraba continuamente la calidad de su mando y aumentaba su fuerza recurriendo a sus enormes reservas de hombres. En el verano de 1943 tenía una superioridad numérica de cuatro a uno sobre los alemanes, que comenzaron a retroceder.
A partir de 1944, las fuerzas alemanas habían iniciado una retirada parcial del este con fin de prepararse para contener la invasión aliada que se esperaba en el oeste de Europa. No se sabía, sin embargo, dónde tendría lugar. La misión había sido confiada al general Dwight Eisenhower, y recibió el nombre de "operación Overlord". EL 6 de junio de 1944 (que se conocería como día D), 156.000 hombres desembarcaron en las playas de Normandía, procedentes del sur de a Gran Bretaña. Las fuerzas invasoras estaban compuestas por soldados británicos, canadienses y estadounidenses, y pequeños grupos de otras nacionalidades. Los aliados hicieron rápidos progresos en el norte de Francia gracias a su fuerza aérea, capaz de interferir decisivamente el movimiento de las reservas alemanas.
Comenzaron también en este momento las dudas y las disensiones por parte de los mismos alemanes.
Aparte del progreso de los aliados, un acontecimiento desmoralizó a los mandos alemanes: el fracaso y las consecuencias de una conspiración contra Hitler. El curso desastroso que había tomado la guerra y la alarma ante los crímenes del régimen nazi, llevaron a cierto número de civiles y de oficiales a formar una oposición secreta que decidió finalmente matar al Fuhrer. El complot fracasó y la reacción nazi fue salvaje: 200 conspiradores implicados y otras cinco mil personas más remotamente relacionadas con el complot fueron condenados a muerte. Hitler y sus fanáticos partidarios, cada vez más alejados de su pueblo, tenían todavía la esperanza de inclinar la balanza a su favor mediante el empleo de armas nuevas que los científicos alemanes estaban perfeccionando. Pero la realidad era que la superioridad aliada hacía ya completamente infructuosos los esfuerzos de Alemania. Los aliados consolidaron rápidamente su dominio de Francia y comenzaron un avance hacia el este que finalizaría con la ocupación de Alemania entre marzo y abril de 1945. Hitler ordenó la movilización de todos los hombres de edades comprendidas entre los 16 y 60 años en un intento desesperado a defender el Tercer Reich. Mientras tanto, el ejército soviético avanzó hacia el oeste y ocupó la mitad oriental de Alemania. Antes de que sus tropas estuviesen listas para el asalto final, los aliados intensificaron sus bombardeos aéreos. Esta ofensiva culminó el 13 de febrero de 1945 con una serie de cinco ataques sobre Dresde, que quedó completamente destruida.
En el momento más crítico del colapso alemán, con Berlín rodeado de tropas soviéticas, Hitler, aislado y presa de la desesperación se suicido el 30 de abril de 1945. La rendición definitiva de las fuerzas alemanas se firmó el 8 de mayo. La guerra había terminado oficialmente en Europa.
En el Pacífico, el general estadounidense Douglas MacArhur aniquiló prácticamente a la armada japonesa en la batalla naval del golfo de Leyte y abrió el camino a los Estados Unidos para la ocupación de la Filipinas, objetivo primordial de la campaña. En marzo de 1944, Manila se rindió, y en marzo y junio del año siguiente los Estados Unidos capturaron las islas de Iwo Jima y Okinawa después de una encarnizada lucha con los japoneses. Quedaba entonces libre el camino para un bombardero masivo del Japón e incluso una posible invasión. Se estaba preparando, sin embargo, algo mucho más contundente. En efecto, los Estados Unidos, a partir de experimentos alemanes, habían elaborado una bomba atómica. Harry S. Truman, quien asumió la presidencia estadounidense tras la muerte de Franklin D. Roosevelt, había estimado que la bomba atómica podía utilizarse para derrotar a Japón de tal forma que costaría menos bajas a los Estados Unidos que una invasión tradicional. El 6 de agosto fue lanzada la primera bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima. Ochenta mil personas murieron abrasadas o a consecuencia de la radiación, y otras setenta mil quedaron gravemente afectadas. Dos días después, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón, y el 9 de agosto, los estadounidenses lanzaron la segunda bomba nuclear sobre Nagasaki. Los japoneses, ante esta demostración de fuerza, se rindieron formalmente el 2 de septiembre de 1945.
La segunda guerra mundial arrojó un balance de entre 35 y 60 millones de muertos, de ellos gran número de civiles. Los bombarderos masivos de ciudades e instalaciones industriales generaron asimismo enormes pérdidas materiales. La capacidad ofensiva de las nuevas armas y tácticas de guerra (transportes y bombardeos aéreos, portaaviones, unidades de paracaídas, tanques con potentes cañones, bombas autopropulsadas -como los cohetes V-1 y V-2 que lanzaron los alemanes sobre Londres- y bombas atómicas) explica las grandes destrucciones y matanzas producidas, sobre todo, en la Unión Soviética, Alemania, Japón, Francia y el Reino Unido.
Las conferencias de paz de Teherán (1943), Yalta y Potsdam (ambas en 1945) cambiaron el mapa del mundo y sentaron las bases de un nuevo período histórico en el que la vieja Europa cedió su hegemonía a las dos nuevas superpotencias que se consolidaron durante y tras la guerra: los Estados Unidos y la Unión Soviética.
42. Acontecimientos de la II guerra mundial.
- 1939: invasión alemana de Polonia tras la invasión de la parte oriental por el Ejército Rojo, el territorio polaco se reparte entre el III Reich y la Unión Soviética en virtud del Pacto Germano-Soviético.
Como consecuencia de la invasión de Polonia, Francia y Gran Bretaña declaran la guerra a Alemania.
Ataque de la URSS contra Finlandia.
- 1940: los alemanes invaden Dinamarca. Se inicia la invasión de Noruega.
Hay una campaña alemana invadiendo Holanda, Bélgica y el norte de Francia. Gran parte de las tropas británicas y francesas consiguen reembarcar en Dunquerque y trasladarse a Inglaterra. Los alemanes continúan la ofensiva hacia el Sur de Francia, hasta la rendición de ésta.
Comienza la batalla de Inglaterra: Alemania lanza continuos ataques aéreos contra el Sur de Inglaterra, para preparar la invasión de la isla; pero los cazas británicos y las instalaciones de radar inclinan el control del espacio aéreo de parte de Inglaterra, haciendo a Alemania desistir de la invasión.
Italia entra en la guerra junto a Alemania.
Ataque italiano desde Libia contra el Egipto británico, abriendo así un nuevo escenario de guerra en el norte de África.
Desde Albania, los italianos atacan Grecia, pero son rechazados por fuerzas británicas.
- 1941: Alemania envía tropas a Libia bajo el mando de Romel ("Afrikakorps"), que consiguen penetrar en Egipto.
Comienza la campaña alemana en los Balcanes, lanzada desde Hungría, Rumania y Bulgaria (aliadas de Reich); en menos de un mes se produce la ocupación de Yugoslavia y Grecia, con lo que Inglaterra pierde sus últimas bases en el continente.
Alemania ataca a la URSS sin declaración de guerra. Stalin firma una alianza militar con Gran Bretaña y organiza el traslado de la industria soviética al este de los Urales, para evitar que caiga en manos de los alemanes. Estados Unidos empieza a suministrar material bélico a la URSS.
Carta del Atlántico, declaración conjunta, de Churchill y Roosevelt, que marca el final de la neutralidad de Estados Unidos.
Las tropas soviéticas detienen el avance alemán a las puertas de Moscú y de Leningrado.
Ataque aéreo japonés contra la base americana de Pearl Harbour (Hawai), que provoca la declaración de guerra de Estados Unidos y Gran Bretaña contra Japón; los Estados Unidos entran también en la guerra contra Alemania e Italia. Japón realiza una rápida expansión en Asia y el Pacífico.
- 1942: con el ataque aéreo anglo-americano sobre Colonia comienza el bombardeo masivo de las ciudades alemanas.
Nueva ofensiva alemana en Stalingrado.
La victoria americana en la batalla aeronaval de Midway y el posterior desembarco en Guadalcanal hacen pasar la iniciativa a manos de los aliados en el Pacífico.
Desembarco de tropas anglo-norteamericanas en Marruecos y Argelia, bajo el mando de Eisenhower.
El ejército británico en Egipto, bajo el mando de Montgomery, detiene a los alemanes en El Alamein.
El ejército soviético cerca a los alemanes en Stalingrado y les hace capitular; comienza el avance de la URSS hacia el oeste: los alemanes se retiran de la zona del Cáucaso.
- 1943: capitulación de las tropas del Eje en el norte de África.
Los aliados desembarcan en Sicilia, desde donde inician la conquista.
Mussolini cae del poder y es sustituido por Badoglio, quien disuelve el Partido fascista y firma un armisticio con los aliados. En respuesta, los alemanes ocupan el norte y centro de Italia, y organizan la resistencia al avance anglo-americano.
Conferencia de Teherán; los aliados acuerdan un desembarco en Normandía para abrir un frente occidental en Europa.
- 1944: capitulación de las fuerzas alemanas en Italia.
Tropas británicas, norteamericanas y chinas lanzan una ofensiva en Birmania, que hará retroceder a los japoneses hasta la frontera Tailandesa.
El ejército soviético lanza una nueva ofensiva, hasta las afueras de Varsovia y rompe el frente alemán en los Balcanes. Rumania, Bulgaria, Hungría y Finlandia firman armisticios con la URSS. Yugoslavia y Albania son liberadas.
Desembarco de Normandía: tras dos meses de lucha en Normandía, los aliados consolidan sus posiciones y avanzan hacia el interior, reconquistando París, el norte de Francia, Bélgica y Holanda.
Fracasa un último intento alemán de tomar la iniciativa en el frente occidental lanzando un ataque en las Ardenas.
- 1945: La ofensiva lanzada por los soviéticos provoca el hundimiento del frente oriental alemán y deja Polonia en manos de la URSS.
Primer desembarco americano en suelo japonés (Iwo Jima).
Conferencia de Yalta: los aliados elaboran el diseño político de Europa y definen las zonas de ocupación de Alemania.
Los soviéticos lanzan la ofensiva final, toman Berlín y se reúnen en Elba con las tropas angloamericanas que habían conquistado Alemania occidental.
Capitulación de Wehrmacht.
En el Pacífico, los americanos establecen una base aérea en Okinawa, desde donde bombardearán las ciudades e industrias japonesas.
Conferencia de Postdam: los aliados discuten la organización del mundo tras la victoria, y acuerdan la declaración de la guerra contra Japón por parte de la URSS.
Lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, que determinan la capitulación del Japón (septiembre).
Consecuencias de las dos guerras mundiales
Si hay dos eventos que dieron forma al siglo que ya termina, fueron las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945). Ambas conflagraciones no sólo causaron decenas de millones de muertos, sino que además pusieron los fundamentos para muchos de los problemas no resueltos con los que la sociedad internacional ingresa al nuevo milenio.
Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, Europa vivió una era de gran apogeo. Con su poderoso desarrollo industrial y capitalista, Europa se había impuesto al resto del mundo, excepto a EE.UU. y Japón.. Sus fuerzas armadas dominaban en Africa, Oceanía y gran parte de Asia. Pero la Europa superior ante los ojos del mundo no era una unidad: profundas desigualdades entre países y rivalidades entre potencias desataron una guerra que gobernantes y militares creyeron ganar fácil y rápidamente, mas no fue así y cuando terminó, concluyó también la supremacía europea.
La Primera Guerra Mundial duró cuatro años (1914 – 1918) y se debió básicamente a la superproducción industrial europea y al nacionalismo extremo
El desarrollo industrial y la competencia neocolonialista generaron tensiones y rivalidades en un mundo en el cual ya no quedaba nada por repartir al nivel de mercados y colonias.
El nacionalismo se vivía en las grandes potencias y también en los pequeños países sometidos a los grandes. En las potencias, los partidos y la prensa exaltaban la superioridad de su país frente a los demás y la opinión pública compartía estos sentimientos, los que se expresaron en propaganda bélica y una carrera armamentista por superar a sus rivales en ejércitos, flotas y mejores armas. Por ello, al período de 1885 a 1914 se le llamó la Paz Armada: aunque no hubo guerras entre las grandes potencias, todas parecían prepararse para ella. Por su parte, las pequeñas naciones eslavas necesitaban arrojar a Austria y Turquía de los Balcanes para lograr la total independencia y unidad de sus pueblos. Para ello contaban con el apoyo de Rusia, algo que se ha mantenido hasta los actuales tiempos.
Como resultado de estas tensiones, las potencias formaron dos grandes bloques rivales de un lado Alemania apoyando a Austria-Hungría en sus pretensiones sobre los Balcanes, y del otro Gran Bretaña y Francia, que recelaban de Alemania y pactaron con Rusia la Triple Entente.
La causa inmediata de la guerra fue el asesinato del archiduque Francisco Ferdinando, heredero del trono de Austria y su esposa, a manos de un estudiante serbio en Sarajevo. Las víctimas visitaban las posesiones austríacas de los Balcanes. Aunque el asesino fue capturado, el emperador Francisco José exigió permiso de Serbia para que la policía austríaca investigara y capturara a los autores intelectuales. Como Serbia se negó, el imperio de Austria-Hungría le declaró la guerra el 28 de julio de 1914. Cuando Rusia movilizó sus fuerzas en ayuda de Serbia, Alemania y Austria le declararon la guerra y el sistema de alianzas envolvió a los dos bloques armados.
Junto a la Entente participaron a lo largo de la guerra otros países como EE.UU. y Japón. Este último para adueñarse de las colonias alemanas en el Pacífico.
Puede decirse que con la llamada Gran Guerra finalizó una época, acabando gran parte de lo que el siglo XIX había construido.
Durante esta guerra se transformó el arte bélico. La lucha en las trincheras obligó a transformar las tácticas, aparecía el tanque, que eliminó a la caballería, y los aviones militares. Además se emplearon granadas, bombas y gases tóxicos. En los mares se generalizó el uso de los submarinos.
El tratado de Versalles: los representantes de los vencedores se reunieron en esa ciudad para discutir la paz con Alemania. El presidente Wilson de los EE.UU. llevó un programa de catorce puntos para restablecer el orden internacional sobre la libre determinación de los pueblos y lograr una "paz sin victoria" para evitar venganzas y nuevos odios. Sin embargo, el primer ministro francés Clemenceau, el primer ministro británico Lloyd George y el ministro italiano Orlando lograron imponer su criterio de castigar a Alemania y demás países vencidos. Alemania fue declarada culpable del conflicto y obligada a devolver Alsacia y Lorena –perdidas en 1870- a Francia, entregar todas sus colonias, reducir sus FFAA y pagar una fuerte indemnización. Los EE.UU. no aceptaron el tratado y firmaron tratados por separado con cada nación vencida.
Otros tratados de paz se firmaron con los demás países derrotados. El imperio austro-húngaro fue desmembrado y reducido a dos pequeños Estados: Austria y Hungría. Bulgaria perdió su acceso al mar Egeo. El imperio turco fue desmembrado y reducido a la península de Asia Menor y un pequeño territorio europeo (Constantinopla y la Tracia).
Surgieron nuevos Estados: Yugoslavia, por la unión de Serbia, Montenegro y los territorios eslavos quitados a Austria-Hungría; Checoslovaquia, integrada por los territorios de Bohemia, Eslovenia y otros también desmembrados del imperio austro-húngaro; Polonia resurgió, reuniendo su territorio repartido por siglos entre Alemania, Austria y Rusia.
En los territorios que Rusia perdió a manos de Alemania, al retirarse de la guerra en 1917, se formó una cadena de nuevas repúblicas: Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania, con lo cual Rusia quedaba nuevamente alejada de Occidente.
Los vencedores se repartieron las posesiones de los vencidos. Italia se anexó la península de Istria, antes austríaca, mientras Gran Bretaña y Francia pasaban a administrar las colonias alemanas de Africa y las regiones desmembradas del imperio turco en el Cercano Oriente, como Siria, Palestina e Iraq. Las posesiones alemanas en el Lejano Oriente y el Pacífico pasaron a poder de Japón, EE.UU. y Gran Bretaña.
Desaparecieron las viejas y poderosas dinastías europeas: diversas revoluciones internas derrocaron a los Romanov de Rusia, los Hohenzollern de Alemania y los Habsburgo de Austria. En Turquía también fue destronado el sultán y el país se convirtió en república.
EE.UU. se afianzaron como gran potencia mundial. Gran Bretaña conservó la supremacía marítima y Francia aumentó su poder luego de ver aniquilada a su tradicional enemiga.
Muerte y ruina: el conflicto costó la vida de cerca de 13 millones de personas, dejó inválidos, mutilados y enfermos a unos quince millones y un número igual de viudas y huérfanos.
Cambios sociales: durante la guerra las mujeres tuvieron que reemplazar a los hombres en las oficinas y en las fábricas, por lo cual se les concedió el derecho al voto y a ser elegidas en Gran Bretaña y otros países. Desde entonces la mujer comenzó a participar en los estudios, las profesiones y la política.
Los obreros de los países vencidos y vencedores obtuvieron el reconocimiento de sus derechos y notables mejoras en salarios y condiciones de trabajo, como la inamovilidad en el empleo o el despido con indemnización, medidas de seguridad social y reducción de la jornada de trabajo. Incluso se creó la Organización Mundial del Trabajo (OIT) para elevar en todo el mundo el nivel de vida del proletariado.
En la Alemania devastada surgieron las peligrosas ideas comunistas importadas de Rusia, además de tempranos sentimientos revanchistas. La crisis mundial de 1929 favorecería el surgimiento del nazismo.
En Italia surgiría el fascismo encabezado por Benito Mussolini.
En Rusia se consolidó el régimen comunista, el cual a través del Comintern trató de propagar esa ideología.
Tal como lo mencionamos, la crisis de 1929, la consolidación de ideologías y regímenes totalitarios en Rusia, Alemania e Italia, así como un extremo militarismo en el Japón, fueron poniendo las bases de la segunda conflagración mundial.
El nazismo, con Hitler a la cabeza, supo canalizar las frustraciones y deseos revanchistas del pueblo alemán, en los hechos violando el tratado de Versalles e iniciando un pronto y gigantesco rearme. Imbuido de una concepción racista y expansionista, el régimen nazi poco a poco fue apoderándose de la Renania en 1936 –cedida a Francia y Bélgica luego de la derrota de 1918-, anexó Austria y Checoslovaquia, y cuando pretendió hacer lo mismo con Polonia, Gran Bretaña y Francia se aprestaron a combatirlo. El 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia y dos días más tarde los ingleses les declaran la guerra.
En el Lejano Oriente, el expansionismo japonés en China e Indochina hizo que los EE.UU. le impusieran fuertes sanciones económicas en la forma de un embargo. Japón, que en 1940 se había aliado a Alemania e Italia en el llamado Pacto de Acero, atacó a los EE.UU. en diciembre de 1941, propiciando su ingreso a la guerra mundial.
Las estadísticas fundamentales de la Segunda Guerra Mundial la convierten en el mayor conflicto de la historia en cuanto a los recursos humanos y materiales empleados. En total, tomaron parte en esta contienda 61 países con una población total de 1,700 millones de personas. Se reclutó a 110 millones de ciudadanos, más de la mitad de los cuales procedían de tres países: la URSS (22-30 millones), Alemania (17 millones) y EE.UU. (16 millones).
En las pérdidas humanas tenemos a la URSS encabezando la lista, ya que sus bajas entre personal militar y población civil se cree que superaron los 28 millones. Las víctimas militares y civiles de los aliados fueron de 44 millones, en tanto que las potencias del Eje perdieron 11 millones de personas. Las víctimas de la guerra contra Japón llegaron a 6 millones. Estados Unidos, que apenas sufrió bajas entre la población civil, perdió a unos 400,000 ciudadanos. Cabe mencionar el hecho del horroroso exterminio de los judíos en Europa, cuyas víctimas sumaron unos 6 millones.
Se estima que el costo económico rebasó el billón de dólares estadounidenses - de esa época -, lo que la hace más onerosa que todas las anteriores guerras en conjunto.
EE.UU. fue el país que más dinero destinó a la guerra; el gasto aproximado fue de 341,000 millones de dólares, incluidos 50,000 millones asignados a préstamos y arriendos. La segunda nación fue Alemania, que dedicó 272,000 millones de dólares; le sigue la URSS con 192,000 millones; Gran Bretaña, con 120,000 millones; Italia, con 94,000 millones; y Japón con 56,000 millones.
El gobierno soviético calculó que su país perdió el 30% de su riqueza nacional.
Como consecuencia de estas ingentes pérdidas humanas y económicas, se alteró el equilibrio político. Gran Bretaña, Francia y Alemania dejaron de ser grandes potencias desde el punto de vista militar, posición que fue ocupada por los EE.UU. y la URSS.
Desde el punto de vista estratégico y militar, se da inicio a la era nuclear y al denominado "equilibrio del terror" entre Washington y Moscú a partir de 1949, cuando estos últimos detonan su primera bomba atómica.
El mundo se divide en dos grandes bloques ideológicos, los que a su vez se traducen en una serie de alianzas militares como la OTAN, el Pacto de Varsovia, el SEATO, el CENTO, etc. La Guerra Fría se había iniciado.
Esta aumentó en 1949 y 1950, cuando los soviéticos ingresan a la era nuclear y los comunistas toman el poder en China, respectivamente. Japón, entonces bajo ocupación norteamericana, aceleró su desarrollo económico para luchar contra el comunismo asiático. Cuando la comunista Corea del Norte invadió Corea del Sur en 1950, provocó el primer gran conflicto armado de la Guerra Fría. Esta guerra duró hasta 1953 y sus efectos hasta ahora se hacen sentir, al ser la península coreana uno de los focos de tensión más graves del planeta.
La derrota francesa en Indochina (1954) dio inicio a la intervención norteamericana que duró hasta 1975, año en el que retiró en total derrota.
Se dio inicio al proceso de descolonización, el cual fue aprovechado por los países comunistas para imponer regímenes afines, bajo la sombrilla de las "guerras de liberación nacional", en el Tercer Mundo, más específicamente en Africa y Asia.
Alemania fue dividida hasta 1990, año en el que bajo la conducción de Helmut Kohl logró la ansiada reunificación.
Se dio origen a los organismos internacionales de alcance mundial y regional, tal fue el caso de la ONU.. Fue fundada el 26 de junio de 1945 por 50 países, enemigos del Eje, en la Conferencia de San Francisco, como resultado de las resoluciones de las conferencias de Moscú y Yalta. Su finalidad es la preservación de la paz mundial por medio de la mediación, el arbitraje, el envío de fuerzas militares pacificadoras, sanciones diplomáticas y económicas; e implemento de medidas de desarme. La ONU se concibió y nació del idealismo y las esperanzas de paz que surgieron a raíz del final de la guerra.
Bretton Woods: en esta reunión de 1946 se dio origen a organismos multilaterales de crédito como el FMI y el Banco Mundial. De la conferencia también surgió un nuevo sistema monetario internacional que tenía que lograr la estabilidad de los tipos de cambio entre las diversas monedas; además se estableció el patrón oro (35 dólares por onza). Este sistema logró la estabilidad monetaria hasta que se derrumbó bajo las presiones especulativas que siguieron a la crisis del petróleo de 1973.
Una de las principales conclusiones que podemos extraer del significado de ambas guerras mundiales, es que dejaron problemas no resueltos o sino el germen de otros en el futuro. Por ejemplo, creada artificialmente en 1918, Yugoslavia desde 1991 es un problema de seguridad internacional para Europa y bien puede dar inicio a, por lo menos, una nueva guerra balcánica. Es decir, a más de ochenta años de terminada esa guerra mundial (11 de noviembre de 1918), seguimos padeciendo algunos problemas de esa época.
La URSS ha desaparecido y las ideas marxistas están en franca retirada. Sin embargo a la Guerra Fría no la sucedió un mundo de paz, democracia y armonía, sino todo lo contrario: el caos, la violencia y el desorden amenazan a todos por igual porque el actual sistema internacional no termina de resolver problemas que provocaron o que fueron consecuencia directa de las grandes conflagraciones mundiales de 1914 y 1939.
Aun está por verse cuál es la clase de mundo que surgirá de este, aparentemente transitorio, caos global. Lo importante es que el ser humano mire hacia atrás y vea los horrores de ambas guerras mundiales para que comprenda la inutilidad y la futilidad de políticas agresivas y expansionistas entre las naciones, y que la paz, la cooperación y la armonía son las únicas bases verdaderas del progreso.
44. ¿Qué es lo que hay detrás de la ampliacion de la otan?
En los tiempos de la Guerra Fría, Polonia, Hungría y la República Checa (entonces formaban parte de Checoslovaquia) eran piezas importantes dentro de la alianza defensiva presidida por la ex URSS, conocida como el "Pacto de Varsovia". Obedecía a la lógica de enfrentamiento ideológico y eventualmente militar entre el bloque occidental y el oriental.
Con el fin de la Guerra Fría y el derrumbe del socialismo en Europa Oriental entre 1989 y 1990, y la desaparición de la misma URSS a fines de 1991, surgió en algunos de los antiguos miembros del fenecido Pacto de Varsovia, la intención de incorporarse a la alianza defensiva occidental, es decir, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). ¿Cuáles eran sus motivos? El primero era un ancestral temor al expansionismo ruso, el cual habían padecido desde los tiempos de los zares, pasando por los jerarcas comunistas. Desaparecida la amenaza comunista, consideraban que Rusia seguiría manteniendo su interés de influir y tal vez intervenir en una zona que siempre consideraron como parte de su zona de influencia, en especial cuando el caos y la anarquía dominaban su política interna , desconociendose si los ultranacionalistas como Zhirinovsky o los comunistas como Zyuganov podrían acceder al poder. El temor fue, que ambos coincidieron en una "recuperación de las antiguas fronteras", las que coincidentemente incluyen a esos países.
Desde el inicio, Moscú se opuso a la posibilidad de una ampliación de la OTAN que incluyera a ex aliados suyos. No obstante sus objeciones y después de largas negociaciones con Washington, a regañadientes aceptaron en mayo de 1998 la ampliación en mención, eso sí, con las debidas seguridades del caso y dentro de un nuevo marco de cooperación estratégica con la OTAN.
El problema para aceptar a cabalidad esta lógica es que el ejército ruso simplemente está cayéndose a pedazos, está colapsando por la grave crisis económica que sufre el país en su doloroso tránsito hacia el capitalismo y la democracia, por lo que sería casi imposible que pudiera conducir grandes operaciones en dirección oeste. Ni siquiera fueron capaces de vencer, ni qué decir actuar decorosamente, en Chechenia.
Por el lado occidental también se han alzado voces oponiéndose a la ampliación de la OTAN por no sólo razones estratégicas, sino sobre todo por su costo económico, ya que se calcula que serían unos 125,000 millones de dólares a ser gastados en un período de 15 años, correspondiéndoles a los Estados Unidos aproximadamente una sexta parte de esa suma. Y en los mismos nuevos miembros hay oposición interna a su incorporación a la OTAN, también por razones económicas: les supondrá aumentar el gasto militar a costa de rubros como salud o educación. Varsovia, Budapest y Praga esperan así ingresar después a la Unión Europea(UE), lo que es una gran contradicción, porque si el ingreso a la alianza militar les supone un agravamiento de sus ya de por sí delicadas economías, es obvio que no podrán ingresar a la UE.
No obstante estas razones, siguen las justificaciones y racionalizaciones para que se haga efectiva la ampliación, estando detrás de ellas el llamado complejo militar-industrial norteamericano, fuertemente golpeado por el fin de la Guerra Fría. Por ejemplo, el presidente del Comité Norteamericano pro Ampliación de la OTAN es nada menos que el director de planificación estratégica de la Lockheed Martin, una de las más grandes productoras de armamentos. Estas quieren que los nuevos miembros, no importa a un altísimo costo, les compren las armas que les servirán para compatibilizarse militarmente con los equipos de sus nuevos aliados. Tal vez consigan lograr esa compatibilización, pero el costo económico y financiero será tan alto, que al final las amenazas a su seguridad no vendrán de Moscú, sino de la inestabilidad interna que provocarán. Polonia, Hungría y la República Checa tendrán que paulatinamente cambiar su equipamiento militar que provenía del bloque oriental, por uno occidental. Eso cuesta mucho dinero y es lo que realmente está detrás de la ampliación de la OTAN: la recuperación económica de los grandes fabricantes de armas.
Es necesario resaltar las diferencias con lo que sucede en nuestro continente, en el que los países de la región, como lo están demostrando Perú y Ecuador, en la consolidación del histórico proceso de paz iniciado el pasado 26 de octubre pasado, están disminuyendo sus gastos militares para destinarlos a vencer al principal y verdadero enemigo de nuestro pueblos: el subdesarrollo.
Ninguno de los tratados de paz de París fueron más drásticos en sus términos que el tratado de Trianon. Por este Hungría no sólo fue mutilada sino también desmembrada. Incluso si excluimos a Croacia, que había estado unida solamente en un lazo federal a las otras tierras de la Santa corona de San Esteban - aunque permaneció uno de los ochocientos años – Las propiedades Húngaras fueron reducidas a menos de un tercio de su área de preguerra, y a un poco más de los 2/5 de su población. Los territorios y personas exhúngaros fueron distribuidos a través de al menos 7 distintos estados. Rumania solamente aseguró, con el costo de Hungría, un área más grande que eso a la izquierda de Hungría. http://babelfish.altavista.digital.com/cgi-bin/ - _1
Estas pérdidas fueron proporcionalmente menores a las infligidas a Alemania o Bulgaria. La Austria de 1920 era, de hecho, una fracción incluso más pequeña del estado que había llevado su nombre en 1918, pero la vieja Austria no había sido un estado unitario, sino solamente una federación de reinos, ducados y provincias, los estados hereditarios de una dinastía súper-nacional. El tratado de St. Germain dividió simplemente esta federación en sus elementos constitutivos. Turquía conservó casi intacta la base turca de su imperio, perdiendo solamente porciones periféricas.
El estado húngaro, por otra parte, había existido por mil años dentro de las fronteras que habían mostrado un grado muy notable de estabilidad. El estado político incluido dentro de esos límites había sido unitario mucho antes de que la mayoría de los estados de hoy. Por otra parte, su estructura geográfica había impuesto ante ella también una coherencia económica muy cercana, obviamente beneficiosa a casi todos sus habitantes. La unidad de Hungría era así algo de una orden enteramente diversa de la del imperio austriaco o del imperio otomano. Era incluso más firme que la establecida por Alemania.
Estos asuntos nunca fueron seriamente negados. Pero la razón verdadera de la partición de Hungría era, por supuesto, que la diversidad racial de su población era por lo menos tan innegable como su unidad histórica o geográfica. La mayoría de la población de la periferia era alemana en el oeste, Eslovaca en el norte, Rutenos en noreste, y rumanos en el este, mientras que en el sur había un gran contingente de Serbios, mezclado con el Maguiares y con otras colonias alemanas. Era, ampliamente discutido, el principio de la autodeterminación que fue invocado en 1919 para causar la desmembración de Hungría. El área alemana en el oeste fue asignada a Austria; el norte, ambos Eslovaco y Rutenos, a Checoslovaquia; el este a Rumania, y el sur a Yugoslavia, con Italia tomando el acceso del puerto de Fiume; Polonia consiguió algo en el norte lejano, mientras que el centro seguía perteneciendo a Hungría.
Los límites etnográficos, sin embargo, no fueron seguidos exactamente. Los estados sucesores y sus abogados tomaron su soporte en el simple derecho de la autodeterminación de los pueblos, los cuales, según ellos, automáticamente justificaban que los no-Maguiares salieran de Hungría para formar su propio Estado nacional. Este derecho parecía tan obvio que apenas fue discutido en Trianon. La doctrina de la autodeterminación fue utilizada para separar no solamente a los rumanos y al Serbios de Hungría, sino también a los Eslovacos. Los Rutenos fueron asignados a Checoslovaquia como hogar más natural para ellos que Hungría. Pero el argumento fue llevado más allá. Se supuso que las minorías neutrales o de tercera persona, tales como los alemanes en la Hungría norteña, del este, y meridional, también tenían que ser reconocidos como los campos no-Maguiares. Así en Hungría meridional, por ejemplo, agregaron a los alemanes a los Serbios; mientras que, si hubieran agregado a los alemanes a los Maguiares, habría sido los Serbios quienes hubieran demandado por parecer más débiles. Por otra parte, la evidencia fue presentada para mostrar que la regla de Maguiar en Hungría había sido injusta, opresiva, y tiránica. Debido a esta regla opresiva de Maguiar, fue discutido que los nuevos estados nacionales fueron automáticamente justificados, y que incluso donde era necesario asignarles minorías, esto hiciera poco daño, porque eran más democráticas y socialmente más avanzadas que Hungría. Además, debido a consideraciones económicas y estratégicas, tres millones y medio de húngaros, un tercio de la gente de habla húngara, fueron transferidos a los estados sucesores, y muchos de éstos vivían en bloques compactos contiguos a las nuevas fronteras.
Hungría no negó en conjunto los derechos de la autodeterminación nacional, pero si protestó fuertemente contra las conclusiones derivadas de esta. Hungría admitió como válida solamente la decisión tomada por la dieta de Croacia. Para el resto, ella cuestionó el carácter representativo de las reuniones populares locales, y mantuvo valientemente que las nacionalidades realmente nunca deseaban desmembrarse. El punto era incierto, podría ser preguntado en los plebiscitos, que ella solicitó, pero fue inútil. Hungría era confidente que su resultado sería favorable a ella pero afirmó que las nacionalidades no tenían ninguna razón de ser, como fue probado por la cohesión notablemente mostrada por el estado húngaro a través de la historia. Y aunque la nación de Maguiar había predominado en Hungría, nunca se sintió oprimida por los no Maguiares. El postulado de los Maguiares solamente había sido la unidad política del estado. Un no Maguiar había sido dejado enteramente libre de gozar de su propia cultura nacional en asuntos privados y locales. Por lo tanto hablar de opresión era absurdo, y empaquetar encima de la vieja unidad histórica y económica de Hungría era infligir no simplemente injusticia sino también el desastre para lo que la gente acordó.
Es de hacerse notar que el tratado no fue negociado sino dictado. Hungría incluso no fue invitada a Trianon hasta que los aliados habían convenido entre sí mismos, y la masa de mapas, de ensayos históricos, y de estadísticas que sus delegados trajeron con ellos representó, desde el punto de vista de la conferencia, tanto trabajo perdido.
Aunque en la mayoría de los respectos había poca diferencia entre el tratado de Trianon y los otros tratados de paz, había por lo menos una particularidad. El tratado no se podía presentar en Hungría hasta 1920. En aquella época muchos de los que participaron en el trabajo de la conferencia de paz admitieron sin reserva que los errores cometidos por la conferencia y los defectos de sus conclusiones. Uno tenía que referirse solamente al Senado de los Estados Unidos, cuya actitud hacia los tratados era bien sabido. El 19 de noviembre de 1919, el Senado, después de meses de discusión, rechazó el tratado de Versalles. Como consecuencia de esto, cuando William C. Bullitt, experto geográfico y económico de la delegación americana en París, vio los primeros borradores del Tratado de paz con Hungría, él dejó la conferencia para expresar en Estados Unidos su oposición por lo que sucedía en Paris. En Inglaterra varios miembros de la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes hablaron abiertamente para la revisión del tratado de Trianon. En 1919, John M. Keynes publicó un libro en Londres titulado Las Consecuencias Económicas de la Paz. Aunque él se ocupó del tratado alemán, él concluyó que los tratados debían ser revisados. El movimiento para la revisión alcanzó una etapa más significativa cuando Signor Nitti, antiguo Primer Ministro de Italia, apareció en la escena. Cuando Nitti dimitió de su cargo, recuperando su libertad, precisó que los aliados se habrían horrorizado si cualquier persona hubiera utilizado el tono que habían adoptado hacia las naciones derrotadas. El artículo en el cual estas opiniones fueron dispuestas y pensadas originalmente para la publicación en los Estados Unidos pero fue impreso en última instancia en periódicos italianos.
Pronto después, Nitti levantó su voz en una reunión de la Unión para el Control Democrático en Londres urgiendo la revisión del Tratado de Versalles. Lord Newton estableció en la Cámara de los Lores que el Tratado de Trianon era un escándalo para la civilización. Senador de Monzie, miembro del senado francés, llegó a la conclusión que Europa central había sido balcanizada por el tratado de Trianon, que ésta creó una nueva zona peligrosa para Europa, y que la revisión de este tratado era imprescindible en propio interés de Francia. M. Danielou estableció en la Cámara de Diputados que los franceses estaban extremadamente mal informados sobre la situación en los estados Danubienses, que no debe aprobar el parlamento francés este tratado riguroso y que hay que encontrar una manera para remediar esta injusticia.
En 1920 muchos artículos fueron publicados en los periódicos franceses, británicos, e italianos que abogaron la revisión del tratado en el interés general de la humanidad. El 1 de mayo de 1920, el New York Herald publica que Europa se acerca rápidamente a una gran destrucción debido a los tratados de paz. Aquí aparece un artículo que es probable reestablecer la paz en el mundo, nueve países aún están en guerra, las Fuerzas Armadas aún ocupan diecinueve frentes, cuatro estados son amenazas con inminente peligro de hostilidad, y en siete países hay inminentes guerras civiles. Además, Turquía luchaba con toda su fuerza contra el tratado. En un artículo del New York Herald escrito por Poincare, el cual fue publicado en Revue des deux Mondes, se caracteriza el tratado turco de paz como "roto Sevres china".
Hubo muchas discusiones acerca de la revisión, pero el tratado seguía siendo igual. Millerand, el nuevo primer ministro francés, declarado que el tratado de Trianon podría ser validado o ser rechazado solamente porque todos los tratados de la paz constituyeron una sola estructura orgánica que sería deteriorada por cualquier cambio.
La delegación húngara de paz, dirigida por el gran viejo de Hungría Conde Albert Apponyi, llegó a París el 5 de enero de 1920. Fue alojado en el hotel Chateau de Madrid, en Neuilly, uno de los suburbios de París, aislados perfectamente. No permitieron a los miembros de la misión comunicarse con ningún diplomático extranjero o embajada en París. Apponyi informó al gobierno húngaro en su primer telegrama a Budapest del hecho de que internaron a la delegación húngara. Este aislamiento estaba tan cerca del total que cuando el embajador japonés en París expresó el deseo que la delegación húngara se contactara con él, le informaron que era imposible. El Coronel Paul Henry, representante del gobierno francés, declaró que el contacto personal con los diplomáticos aliados era imposible hasta después de firmar el tratado de paz.
Aunque Hungría no tenía ningún aliado en 1920, ella todavía tenía algunos amigos personales. Entre ellos estaban algunos miembros influyentes del parlamento británico. Antes de que la delegación de la paz se fuera para París, Lord Bryce aconsejó al gobierno húngaro que fue su contacto más importante tenía que ser con el Gobierno de los Estados Unidos. Los Estados Unidos no fueron limitados por el tratado secreto del tiempo de guerra rumano; por lo tanto, ellos podrían tomar una posición contra la anexión de Transilvania por los rumanos y podría exigir que la decisión final en esta materia esté condicionada sobre los resultados de una comisión designada al arreglo de este problema. Tal demanda por parte de los Estados Unidos sería utilizada por numerosos miembros del parlamento británico.
El ministro húngaro para asuntos exteriores planteó esta pregunta al representante de los Estados Unidos en Budapest. El Ministro de Asuntos Exteriores acentuó a Grant-Smith que el embajador de los Estados Unidos en París no participaba en las negociaciones preliminares referentes al tratado de la paz con Hungría y que, por lo tanto, las condiciones de la paz eran determinadas sin el conocimiento y la aprobación de los Estados Unidos. El Ministro de Asuntos Exteriores indicó: "No sabemos si, bajo estas circunstancias, los Estados Unidos se sentirán encuadernados por ese tratado. Sería más importante tener al embajador americano en París participando en las discusiones de las condiciones de paz y para tener su ayuda a nombre de nuestra demanda justificable para un plebiscito basado en la idea de la autodeterminación.
En respuesta a esta petición, Grant-Smith sugirió que el gobierno húngaro debía inducir al Departamento de Estado en Washington para que participe en la discusión de la paz húngara. Él sugirió esto porque era evidente que si él (Grant-Smith) emprendía por sí mismo los pasos de progresión oficiales a tal efecto, inmediatamente despertaría a los Yugoslavos y a los checos que contrariarían sin duda alguna con eficacia su movimiento. En base de esta sugerencia, el ministro de asuntos externos mandó a la legación húngara en el Hague a iniciar tal acción inmediatamente a través del cónsul Janos Perenyi. También una nota especial fue enviada al consejo supremo que precisaba que debido al hecho de que los Estados Unidos no estarían más representados en el consejo supremo, la posición de Hungría era diferente de la de las potencias con las cuales la paz había sido concluida hasta ahora. Hungría no podría dejar su posición hacia los Estados Unidos sin resolver, especialmente pues había muchos millares de húngaros en los Estados Unidos cuyos intereses debían ser protegidos.
La respuesta de Clemenceau a la carta de la delegación húngara fue escrita en un tono muy precipitado. Concluyó que si la delegación húngara deseaba causar retardo por un cierto pretexto, no había necesidad para que permaneciera en Paris. La primera reunión de la delegación húngara con los delegados del consejo supremo ocurrió en la oficina de Coronel Henry en el Chateau de Madrid el 14 enero de 1920. M. Jules Cambon presentó las credenciales de los plenipotenciarios aliados. Cuando él leyó la lista de nombres, no había representante de los Estados Unidos entre ellos. El Conde Apponyi preguntó a Cambon si los Estados Unidos estaban representados, y Cambon contestó que no. La ceremonia entera era algo frígida. Cambon se presentó así como a los representantes aliados, con lo cual el Conde Apponyi se presentó y a los otros delegados húngaros. Aparte de lo relacionado arriba, ninguna conversación ocurrió. El Conde Apponyi validó las credenciales y se terminó la ceremonia. No hubo apretón de manos. El Conde Apponyi escribió después de eso una carta a Clemenceau. Él indicó en esta carta: "Tomando la nota, con las comunicaciones hechas por M. Jules Cambon, del hecho de que los Estados Unidos de América no están representados en la conferencia a la cual nuestro gobierno nos envió, confiado con la misión de preparar la paz con todos los beligerantes, nosotros le pedimos, Sr. presidente, que encuentre la manera para que entremos en relación directa con el gobierno en Washington y su representante acreditado en París. Los aliados no pueden coartar de ninguna manera nuestro deseo de concluir la paz con los Estados Unidos".
La carta indicó además que no trataron a los miembros de la delegación húngara como diplomáticos porque no podrían comunicarse con los otros diplomáticos en París. Por lo tanto, los miembros no podrían negociar como generalmente lo hacían entre diplomáticos. En tales circunstancias la delegación húngara no podría permanecer en París, aunque su deseo era negociar con las potencias aliadas. El día siguiente, quizás debido a otras razones políticas, el gobierno francés se aplacó. El nuevo gobierno francés permitió la libre comunicación a la delegación y Clemenceau prometió mediar entre la delegación de paz de los húngaros y los Estados Unidos.
El 15 de enero de 1920, los aliados dieron sus condiciones de paz al Conde Albert Apponyi, presidente de la delegación húngara. El día siguiente, en el nombre del pueblo de Hungría, Apponyi apeló al consejo supremo. Él se refirió al gran principio expresado tan felizmente por presidente Wilson; es decir, que ningún grupo de personas, ninguna población puede ser transferida a partir de un estado a otro sin primero ser consultado. En el nombre de este gran principio, él dijo: "Exigimos un plebiscito en esas partes de Hungría que ahora estén ahora en el punto de la separación de nosotros; Yo declaró que estoy dispuesto a aceptar cualquier decisión que plebiscito arroje, cualquiera que esta sea". Alexandre Millerand. El presidente del consejo supremo, argumentó que la consulta al pueblo no ofrecía un resultado distinto al conocido por lo aliados, por lo tanto el plebiscito esta considerado innecesario.
El tratado de paz fue firmado entre Hungría y las potencias de la Entente el 4 de julio de 1920. Firmado en Versalles en el palacio de Trianon, se conoce como el tratado de Trianon. Fue ratificado por el parlamento húngaro el 15 de noviembre de 1920, pero ningún Húngaro podría aceptarlo y ningún funcionario húngaro o políticas no oficiales podían tomarlo como la lucha contra Trianon durante el periodo entre guerras. Durante estos años era la aspiración de casi cada Maguiar para terminar la triste situación impuesta ante ellos por el establecimiento de la paz. No es ninguna maravilla entonces que el revisionismo, como fue llamado el movimiento para la alteración de los términos del tratado de Trianon, se convirtió en un factor muy importante en política húngara. También se convirtió en una declaración de fe, una barra que mide el patriotismo y lealtad de cada Maguiar.
Para servir como instrumento de esta causa; organizaron la Liga Húngara para la Revisión; la liga colaboró con el influyente político británico y magnate de los periódicos, Lord Rothermere, y con otras personas influyentes, que condujeron una campaña personal para la revisión pacífica del tratado de Trianon. La campaña, sin embargo, conducida a poco, no tuvo un éxito visible.
De acuerdo con el Tratado, Hungría perdía dos tercios de su superficie y la mitad de su población mediante la cesión de los siguientes territorios: Eslovaquia y Rutenia a Checoslovaquia; Transilvania y el Banato de Temesvár a Rumania; Croacia, la región de Batchka, el Banato occidental (al norte y este de Belgrado) y Eslovenia al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (que más tarde recibió el nombre de Yugoslavia); la región de Burgenland a Austria, y pequeñas extensiones de tierra a Italia (entre ellas, la ciudad de Fiume, actual Rijeka-Susak, en Croacia) y Polonia. El ejército húngaro fue reducido a 35.000 hombres. Además, el Tratado establecía que Hungría debía proporcionar ganado a los países devastados, y que el reino yugoslavo recibiría, durante cinco años y sin coste alguno, asignaciones anuales de carbón procedente de Hungría. Debía realizarse un pago como indemnización, cuyo importe total sería fijado por la comisión de reparaciones; la primera parte debía ser abonada antes del 1 de mayo de 1921 y el resto en 66 pagos semestrales.
El tratado de saint germain-en-laye
El tratado de Saint Germain-en-Laye fue firmado el 10 de septiembre de 1919, por los aliados victoriosos de la guerra mundial por una parte y por la nueva república de Austria por la otra. Como el tratado de Versalles con Alemania, contuvo el convenio de la liga de naciones y consecuentemente no fue ratificada por los Estad