Pero, sin embargo se venden, y representan una industria distinguida y poderosa.
Un estudio detallado e individual de todas las píldoras que se ofrecen al consumidor ingenuo, estaría fuera del propósito de esta lección. Aquí basta resumir lo siguiente, que luego del efecto inicial de "suprimir" el apetito vía mecanismos de estimulación bioquímica de varios centros cerebrales, las píldoras de dieta dejan de actuar, estimulando en su lugar el deseo de comer en exceso.
Las píldoras de dietar, con su incremento de energía emocional, a menudo resultan ser aditivas.
Para estudiar las dietas usaremos la de Atkins como modelo de desilusión generalizada.
La premisa que Atkins (un cardiólogo que muriera atiborrado de dinero y de adiposidad en su organismo) es la siguiente: Permanezcan en una dieta alta en grasa, y baja en carbohidratos --- por toda la vida. Esto en sí, es una insensatez…
Las dietas bajas en carbohidratos han sido tradicionalmente las más populares. Su secreto y sus éxitos han sido un efecto secundario a sus actividades biológicas. Éstas alteran el metabolismo mineral, produciendo diuresis profusa; con la pérdida rápida de fluidos, el paciente cree que lo que ha perdido es grasa. Pero no, el deshidratado paciente se pesa y se anima porque la balanza le registra pérdidas rápidas de libras (de agua)… ¡Horror! (si lo supieran).
Dos o tres días más adelante, cuando las reservas de carbohidratos se agotan, la grasa almacenada en el cuerpo comienza a degradarse. En este proceso cuerpos cetónicos se producen. Cuerpos cetónicos, crean acidosis, la que puede afectar negativamente el feto de la mujer embarazada; y no reducen el apetito, como los proponentes de Atkins mantienen.
Los partidarios de esta dieta, habiendo exhaustado sus reservas de carbohidratos, a menudo se desbocan en una orgía de consumo voraz de dulces y azúcar, para compensar por la falta de energía física que producen las dietas cetogénicas.
Así, paradójicamente, pueden engordar…
La dieta de Atkins no fue su idea original. La idea tuvo su comienzo con los trabajos de Alfred W. Pennington, un internista que trabajaba con la compañía E. I. du Pont en Wilmington, Delaware. Pennington creía que la obesidad se debía a un defecto en la habilidad del cuerpo de quemar carbohidratos. Pensando así, planteó que una dieta baja en carbohidratos sería la respuesta para no engordar. En 1953, Pennington publicó sus recomendaciones en la prestigiosa revista médica, New England Journal of Medicne.
Para Pennington, la clave para el éxito dietético estaba en la producción de cetonas; resultado final de la reducción de carbohidratos en la dieta.
Lo curioso era, que Pennington en sus especulaciones, desafiaba las leyes de la química y de la física. Sus teorías implicaban que si una persona comía una naranja y dos guineos todos los días, esa persona nunca perdería de peso; mientras que alguien que se coma dos docenas de hamburguesas (sin el pan) sí que lo perdería. Para confirmar sus convicciones, Pennington ensayó su dieta en los empleados de du Pont con buenos resultados. Pero, cuando otros trataron de replicar sus hallazgos, siguiendo sus métodos, lo que obtuvieran no fue el éxito que Pennington prometiera.
En 1955, Sidney Werner de la Universidad de Columbia puso a prueba las teorías de Pennington y falló. Werner encontró que pacientes hospitalizados perdieron tanto peso consumiendo una dieta alta en carbohidratos como lo hicieran los que consumieran una alta en grasa, excepto por la pérdida inicial de fluidos que la dieta alta en grasa causara en algunas de las personas.
Las ideas de Pennington fueron olvidadas hasta que en 1960, Herman Taller, un obstetricia de origen rumano, publicara el primer best seller moderno en el campo del dietar, Las Calorías no Cuentan. Taller (como Atkins no hiciera a su vez) le dio crédito a Pennington por sus ideas, las que él aplicara con mucha libertad. Su libro vendió dos millones de copias; eventualmente, sin embargo, debido a sus prácticas engañosas, Taller fue encontrado culpable de fraude postal, conspiración, y de violación de las leyes federales que regulan el uso de substancias controladas.
La realidad, demostrada, es que una dieta alta en carbohidratos complejos, es tan efectiva para perder de peso como la que es una alta en grasa. Además la fibra contenida en las frutas (de la dieta alta en carbohidratos) asiste a los diabéticos reduciendo la dosis de insulina que necesitan y asiste en la prevención del cáncer del colon.
Lo que era sorprendente era la persistencia de los prejuicios contra los carbohidratos. Prejuicio que es totalmente irracional. Por ejemplo, onza por onza, los carbohidratos contienen la mitad de las calorías contenidas en la grasa. Sin embargo, por alguna razón perversa, generaciones de dietistas han insistido en decirles a sus clientes que los carbohidratos son dañinos para perder de peso.
Entra, cardiólogo Robert Atkins…
Dr. Atkins fue responsable por la resurrección de la dieta alta en grasa y en la eliminación total de los carbohidratos dietéticos. Atkins afirmaba (erróneamente) que la condición de cetosis (acidosis) era: "… un estado que debiera ser buscado con devoción incesante, porque cuando uno está en este estado feliz, la grasa del cuerpo se está quemando con una eficiencia máxima y con un mínimo de dolor… porque la cetosis hace que el hambre desaparezca…"
¡Falso!
Un grupo de investigadores en la Universidad de Yale, demolieron contundentemente las aserciones de Atkins --- pero, ¿para qué? La gente desoye lo que desean y hacen lo que les dé la gana, aunque esto les perjudique.
Las ideas de Atkins (que nunca diera crédito a quienes originalmente las propusieran) no eran ni nuevas ni esencialmente beneficiales a quienes siguieran su método.
Pero, se vendió como pan caliente…
Ahora, si uno lee lo que solía escribir, uno pensaría que estaba en presencia de un verdadero revolucionario científico. Al final de su libro Atkins nos informa:
"Martín Luther King, tenía un sueño. Yo también tengo uno. Yo sueño de un mundo donde nadie tiene que dietar. Un mundo donde los carbohidratos engordadores serán excluidos de la dieta. Escriban a sus representantes en el Congreso. Ayuden a que las cafeterías escolares cesen y desistan en sus esfuerzos de abarrotar los estómagos de nuestros hijos con una dieta repleta de carbohidratos baratos. Con su ayuda, tendremos una verdadera Revolución Dietética (el título de su libro)."
Atkins murió hace unos años, y con su muerte, ha nacido un esfuerzo renovado por sus herederos para inducirnos a adoptar sus ideas y comprar sus métodos y sus "comidas."
Atkins vive, aunque está en bancarrota…
Por supuesto, la dieta de Atkins no es la única que se ha basado en falsas premisas y que nos concede falsos resultados. Las otras dietas mercadeadas también son incapaces de alcanzar lo que proponen hacer: Bajar de peso. Esta aserción es tan clara*, que cualquier persona la ha comprobado por sí misma en el transcurso de su vida. (*La palabra que usarían aquí los políticos dominicanos es perogrullada…)
Pero, mientras todo nos pasa y seguimos tratando de perder unas libras, olvidamos que existen modelos para comer, que son naturales y que ni llevan a la gordura ni se ajustan a las teorías equivocadas y pecuniariamente motivadas, de nadie.
Antes de abandonar la dieta de Atkins, leamos el reporte médico de la autopsia que, a él, se le hiciera:
"El Dr. Robert Atkins murió el pasado mes de abril a la edad de 72 años, como consecuencia de heridas que recibiera cuando resbalara en una calle cuya superficie estaba helada.
"Antes de su muerte, el médico había padecido un ataque al corazón. Sufría de insuficiencia cardiaca congestiva, fallo miocárdico y de la hipertensión arterial. (Reportado por The Wall Street Journal, resumiendo partes del informe medico de las autoridades neoyorquinas.)
"Pesando 258 lb. con una estatura de seis pies, Atkins hubiese sido considerado una persona obesa."
La idea de estas lecciones es, meramente, la de enseñar e instruir nuestros lectores con la esperanza de que sean ellos mismos quienes (usando sus conocimientos adquiridos) disciernan lo que les conviene.
Para hacer dinero y para escribir un libro de dietas uno puede seguir las pautas (mordaces) avanzadas por el Dr. William I. Bennett:
¡Buena suerte!
Ahora, pausemos. Lo que queremos instilar en esta lección es cómo hacer de la comida y del acto de comer asuntos fáciles y de acuerdo con los designios de la Naturaleza.
Diseñada y aplicada por: Dr. Félix E. F. Larocca
Este sistema, no es una dieta, sino una adaptación moderna de las estrategias originales que usaban nuestros antepasados para subsistir en la selva original.
Es asimismo, un plan de comer basado en observaciones sistemáticas llevadas a cabo en grupos aborígenes humanos.
Para implementarla:
Desayune con algo ligero: Casabe, jugo, frutas frescas, huevos hervidos, quesos duros, atún enlatado en agua. No mida lo que coma… no enloquezca
Durante el día consuma vegetales y frutas frescas en abundancia
Almuerce con carbohidratos complejos (arroz, papas, pastas, habichuelas, maíz, etc.); carne, pescado, pollo (asados, hervidos, horneados, a la parrilla --- sin aderezos grasos) víveres, y frutas al final.
Beba mucha agua
Continúe comiendo verduras frescas y frutas durante el día
Cene ligeramente:
Papas al horno, atún sin aceite, ensalada mixta preparada con un mínimo de aceite verde, frutas, etc.
Hechos:
Este plan es una receta para una vida de mejor calidad y duración
Fin de la lección
P: Nos escribe un médico desde La Herradura: "A usted parece ser que le interesan muchas cosas. Explíqueme algo ¿Qué es con un político que campaña en base de sus tosquedades? Un político que todo lo que hace es hablar de galleras, cuestiona la sexualidad de sus oponentes, hace referencias anatómicas ‘tiene los pies fríos, las manos mojadas, tengo los pantalones bien amarrados, no soy gallo manilo’; y que al mismo tiempo evita hablar de lo qué propone hacer para remediar el tollo que hizo de su país"
R: Esa persona, como niño, puede que haya sido hiperactivo (y que nunca mejorara). Permaneciendo fijado en un estado del desarrollo psicosexual, previo al estado de la evolución del desarrollo moral. Yo diría que básicamente está incapacitado por una global falta de madurez emocional. Nunca debe de gobernar ¿A quién se refiere usted?
P: "Mi maestra tiene una hija de tres años, se llama Lissa Carolina, la trae con ella al colegio (donde trabaja) y después, cuando va a la casa, tiene un cuarto lleno de materiales y juegos de enseñanza donde se pasan horas dedicadas a su entrenamiento. La niña es muy inteligente, precoz, vana y muy linda, pero se comporta y habla como una mujer adulta. ¿Está malo? Yo sé todo esto, porque soy su baby sitter."
R: Jon Bennet Ramsey, la niña modeladora (presuntamente asesinada por sus padres) fue el producto de este tipo de explotación egoísta e insensible de los hijos. Procede de mujer a mujer, aunque los varones no están exentos. Las mamás hacen que sus hijas crezcan como adultos en miniatura, para sentir el aprecio de otras madres de niñas normales, que las envidian por la precocidad que sus hijas exhiben. Las teorías abundan. Yo diría, que esta niña crecerá con problemas de identidad y de autoestima… ¡La pobre…!
P: De Santo Domingo, nos escribe un papá: "Yo sé de un caso que usted tratara. Era un muchacho retraído, aislado, hiperactivo y plagado con muchos tic nerviosos. Ahora está muy bien. Mi tío, es igualito ¿Puede que también sufra de Tourette?"
R: Es muy posible. Ya hemos respondido a preguntas similares en esta sección. Por esa razón, le envío material pertinente directamente a usted.
Escriban…
Suministrada por solicitud.
Dr. Félix E. F. Larocca
f.larocca[arroba]codetel.net.do
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