Usos médicos

El efecto específico de algunas medicinas en el metabolismo de estos neurotransmisores (que es lo que las endorfinas son); han permitido que se les usen en el tratamiento del alcoholismo, la Naltrexona, siendo una de estas drogas. Las endorfinas pueden, asimismo, propiciar comportamientos aberrantes. Como cuando muchos animales de laboratorio buscan la sensación del dolor para, luego, deleitarse en el éxtasis de los placeres derivados por la circulación subsecuente de estas substancias las cuales mímican a la morfina en sus efectos.

En ese aspecto nos parecemos a ellos.

Es muy posible, que ciertas experiencias sensoriales estén programadas para ser asociadas con la sensación del placer; y, que esas experiencias, a su vez estén asociadas con el metabolismo de las endorfinas.

Por ejemplo, el ser humano es eminentemente social. Por ende, actividades de grupo, pueden ser muy gratificantes. Viene a la mente el acto de ir a un concierto presentado por una banda de Rock and Roll, donde, mientras mayor es la audiencia, mientras más estertorosa es la música, y mientras más personas se unen en sus gritos a la cacofonía de los cantantes; más placer derivan (algunos, dicho sea de paso) de esta experiencia tan especial.

Para prepararse para el combate, las tropas y los equipos deportivos ---formas civilizadas de combatir --- se reúnen bajo la dirección de sus líderes, mientras ellos les incitan a que canten slogans estereotípicos los cuales sirven el propósito de unificar al grupo en un objetivo común. El placer de servir a la "causa" (cualquiera que ésta sea, no importa). Esto despierta l’esprit de corps y la elevación del coraje; lo que resulta en el incremento de la serotonina circulante (aumentando la autoestima), y la abolición de los miedos.

Esta cascada bioquímica de neurotransmisores hace que se ignore la certeza presente de la posibilidad de la muerte o de injuria, las que se esfuman por virtud del efecto misterioso de estas substancias. Es así como se halla la explicación a la autoinmolaciones desconcertantes de ciertos individuos pertenecientes a ciertas sectas religiosas.

San Francisco en éxtasis por Caravaggio.

Por las mañanas, cuando nosotros abandonamos nuestros lechos acogedores, y nos lanzamos en una jornada de muchos kilómetros, para así mejorar la condición de nuestros cuerpos y a la vez de nuestros espíritus. Bajo la sombra de un higüero acogedor, un conjunto de seres humanos se preparan para alabar a un Dios a quienes ellos piden, si no un destino mejor, mucha más fortaleza para tolerar sus miserias. (Véase mi ponencia, La Oxitocin: la hormona del amor, publicada en monografías.com).

¡Oh Dios, gracias por haber dotado nuestros cuerpos con la magia de las endorfinas!

Ahora hablaremos de lo que nos sucede cuando se agotan o no existen nuestras hormonas gratificantes.

El Síndrome de la Deficiencia de la Recompensa (Reward Defficiency Syndrome)

Dr. Félix E. F. Larocca

En 1990 se publicó un artículo sugiriendo que una anomalía genética presente en algunas personas era responsable por el alcoholismo. Desafortunadamente al mismo tiempo, fue manifestado erróneamente, que, con ese hallazgo, se había localizado el "gen del alcoholismo", implicando, por primera vez, que existe una relación entre un gen y un comportamiento específico.

Tales interpretaciones son ahora comunes. Por ejemplo algunos lectores de mis columnas pueden recordar historias de la "existencia" de un "gen de la obesidad", o de un "gen de la personalidad", o de la homosexualidad o de Dios. Para nuestros fines, resultaría superfluo repetir, que no existe un gen específico para el alcoholismo, la obesidad o un tipo particular de personalidad. Sin embargo, sería igualmente simplista afirmar lo contrario: que todos aspectos del comportamiento humano no están asociados a nuestros programas genéticos. (Véase mi trabajo: Del gen de la Obesidad…"Of mice and men…")’

La posición actual es tratar de entender cómo ciertos genes y rasgos específicos de la conducta están conectados.

En el curso de investigaciones recientes se ha establecido que la anomalía genética encontrada previamente asociada al alcoholismo también se encuentra relacionada con otros desórdenes adictivos, obligatorios o compulsivos. Resultando en una lista que es tan larga como vasta, y que abarca entre los mismos el alcoholismo, el abuso de las drogas, el tabaquismo, el comer en exceso con la obesidad consecuente, el desorden deficitario de la atención, el síndrome de Tourette y la ludopatía.


Creemos que estos desórdenes están relacionados por medio de un substrato biológico común, un sistema integrado o "hard-wired" en el cerebro que proporciona placer como recompensa durante ciertas conductas. Pensemos como la gente responde positivamente a la seguridad, al afecto recibido, o a un estómago satisfecho. Pero si, por el contrario, se confrontan peligros, o si necesidades básicas no se han satisfecho los resultantes son sentimientos de inquietud y ansiedad.

Se ha postulado que estas respuestas en sus mecanismos son mediadas por medio de sistemas cerebrales que pueden aliviar las emociones negativas. Este desequilibrio químico se manifiesta como unos o más desórdenes del comportamiento para los cuales se ha acuñado el término "el síndrome de la deficiencia de la recompensa". (Véase: The Reward Deficiency Syndrome por K. Blum --- Scientific American).
Este síndrome implica una forma de privación sensorial de los mecanismos del placer del cerebro. Puede ser manifestado en formas relativamente moderadas o severas que siguen como consecuencia de la inhabilidad bioquímica de un individuo de derivar la recompensa de actividades ordinarias, y prosaicas.

La biología de la recompensa

El sistema del placer y de la recompensa en el cerebro humano fue descubierto por serendipia en 1954. El neuropsicólogo norteamericano James Olds estudiaba la estimulación de ciertas áreas en el cerebro de ratas, cuando colocó accidentalmente electrodos en una parte del sistema límbico, específicamente en un grupo de estructuras situadas profundamente en el encéfalo que están involucradas con el procesamiento de ciertas reacciones emocionales. Los resultados fueron asombrosos, ya que las ratas, estimuladas de modo placentero, buscaban las descargas eléctricas continuamente, presionando la palanca que las producía, hasta cinco mil veces consecutivas.


La investigación subsiguiente con sujetos humanos reveló que el estímulo eléctrico de algunas áreas del cerebro (el hipotálamo intermedio) producía una sensación de estimulación sexual de índole orgásmica. Estos y otros experimentos posteriores establecieron que el placer es una función neurológica específica que se asocia a un sistema complejo de estimulación y gratificación. (Véase: The Tangled Wing por M. Konner).
Los mecanismos neurales para la producción de estas respuestas son complicados, pero han sido establecidos y sabemos que actúan en la producción y mantenimiento de síndromes específicos de inhibición, desinhibición y placer.
El conocimiento resultado de estos experimentos pone en duda la eficacia de métodos de tratamiento para las dependencias, las adicciones, los síndromes de la deficiencia de la atención (ADDH), del autismo, Asperger, el TOC y aun las neurosis sin que se aprecie y asimismo se aplique en su totalidad, el control de los mecanismos aludidos.

En otras palabras que nuestros lectores deben de considerar que meramente recitar o seguir pasos o lecturas prescritas por sus, --- llamados ---"terapeutas" o "consejeros" nunca les bastaran para algún día lograr salir del vivir en un estado de "recuperación constante" --- al estado del fruto de una cura total.

Aplicaciones del concepto

Cuando la neurociencia estaba en aun pañales, durante mis años de aprendizaje científico, los trabajos importantísimos de Winokur, Clonninger, Gooodwin, y de los muchos cerebros organicistas de la escuela de psiquiatría de Washington University en Saint Louis, habían adelantado el estado de nuestros conocimientos encauzándonos en la dirección en que hoy nos dirigimos con la certeza de haber completado el Círculo proyectado por Freud. Su sueño realizado de la institución de una psicología científica. Ciencia ésta que está basada en la medicina, afincada en las disciplinas genéticas y neurológicas, con bases neuroanatómicas; con los fines de lograr la comprensión del desarrollo individual, del entendimiento de la génesis de las enfermedades emocionales, y últimamente, de la delineación del concepto elusivo de lo que constituye la personalidad.

Quienes hoy aprenden la psicología y la psiquiatría en sus principios arcaicos, pasarán a la historia ignorando la época más fructifica de la historia en ambas disciplinas.

Bibliografía

Suministrada por solicitud.

 

Dr. Félix E. F. Larocca

f.larocca[arroba]codetel.net.do



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