La pregunta

¿Qué pasaría si ponemos a Marino en una dieta para hacerlo engordar?

Para lograr este objetivo, primero tendríamos que convencer a Marino, de que si tenemos éxito, que quizás ganaría algunas libras indeseables, las que podrían resultarles duras quitarse de encima.

Para compensarlo, le pagamos un honorario, por la duración del experimento. "Por el dinero baila Marino" --- sino el mono…

Método

Procedimos con el entendimiento convencional, del folklore de los "nutricionistas" que dicen que la ingestión de 1,500 calorías diarias, nos agregan una libra de peso, cada día. Lo que resulta en matemática falaz, refutada como sigue: 1,500 calorías = 1 libra diaria. En un año: 365 libras. En diez años 3,650 --- en cien años… Para nuestros propósitos, decidimos, sencillamente, que por doce meses, que vencieran el 1ero de diciembre pasado. Que Marino consumiría (en sus colaciones diarias) tres comidas idénticas a lo que se servía el más comilón de los empleados, Sergio "el panzón." --- Con eso, al fin de un año, Marino no aumentó ni una onza sobre su peso inicial.

¡Sorpresa!

Interludio

Mientras que este melodrama tenía lugar; mi amigo Gustavo pasó a visitarnos y me informó que desde la fiesta de Thanksgiving, hasta el 31 de diciembre pasado, había aumentado las 15 libritas "requeridas" para celebrar las festividades navideñas. De ser cierto, entre Gustavo, su esposa y tres hijos habían aumentado entre los cinco, 75 libras, "cortesía" de las fiestas conmemorativas de la llegada de un Mesías, que (dicho sea de paso) almorzaba con mucha frugalidad.

Pero, "todo se arreglará" comentó Gustavo. "El día dos de enero, Dinorah (la esposa) y yo tenemos cita con una dietista…" Esa peregrinación al dietista es un ritual anual, que culmina, todos los años, con el abandono temprano del sacrificio forzoso de la dieta. El abandono de la dieta, comienza unos pocos días desde su comienzo, y finaliza después de la Semana Santa.

¡Pobre Cristo! Las secuelas hedonistas que nos dejaras con tu nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección…

Historieta

En Monticello Missouri, vivió (hasta su muerte, en julio del 1958); Robert Earl Hughes, quien, a la edad de treinta y dos años pesaba 1,069 libras. Así lo registró el Guiness Book of World Records. Sin embargo, Hughes consumía menos comida que su hermana (delgada), con quien éste viviera.

"Tenía problemas tiroides o glandulares" --- algunos dirían.

Pero, no, Hughes era un hombre "normal" si no fuera por el volumen extraordinario de su acumulación adiposa…

"Es la herencia" --- otros dirían.

Esa hubiese sido su esperanza ---- todos los Hughes pesaban lo normal.

"Entonces, es un fenómeno inexplicable" --- Veremos, en los párrafos siguientes que no era, totalmente inexplicable.

El Minnesota Experiment

Un día lluvioso del año 1944, 36 voluntarios, objetores de conciencia al servicio militar, se alojaron en un dormitorio de la Universidad de Minnesota. Sus intenciones, la de seguir una dieta muy estricta por seis meses.

El experimento se conduciría para evaluar, de antemano y en antelación, a la conclusión de la II Guerra Mundial los efectos del hambre forzada a que tantas víctimas fueran sometidas en los campos de concentración Nazis.

Antes de la dieta

Los voluntarios habían sido sometidos a pruebas físicas y psicológicas muy rigorosas y fueron declarados calificados para someterse a la prueba.

El experimento comenzó el 12 de febrero del 1945. Desde ese mismo instante, el consumo de calorías para los voluntarios fue reducido a la mitad de lo que hasta entonces habían estado consumiendo. Sus actividades físicas permanecieron inalteradas.

La dieta consistió de pan de trigo integral, papas, granos, víveres y repollo. Cantidades modestas de lacticinios y carne se añadían ocasionalmente.

Al principio del experimento, los voluntarios mostraban entusiasmo y evidencia de estar felices. A veces, aún exhibían signos de euforia --- quizás el sentimiento de trascendencia descrito por algunas personas que ayunan. Pero, lo que nunca los abandonara totalmente, fueron los sentimientos de hambre. Una semana dentro del ayuno, algunos comenzaron a sufrir depresiones inexplicables.

El peso comenzó a bajar rápidamente, principalmente en forma de grasa subcutánea acumulada. Después de tres meses habían perdido más de la mitad de sus reservas grasas iniciales; principalmente las que se almacenaban debajo de la piel y en el abdomen.

Entonces, muchos de los sujetos sentían irritación y tendían a riñas con poca provocación. La tensión creció tan aguda, que los mítines de grupo se cancelaron para evitar problemas.

En este estado del experimento, todos decidieron conservar energía. Porque se sentían letárgicos, comenzaron a evitar, no sólo las caminatas acostumbradas, sino que, asimismo, el trabajo mental.

La higiene personal fue descuidada y todos lucían mugrientos y desaliñados.

Hacia la mitad del tiempo acordado para la duración del experimento, la mayoría no podía asegurar a los investigadores que podrían resistir las demandas que la dieta les imponía. Tres de los voluntarios fueron excluidos por la presencia de trastornos psicológicos severos.

Los investigadores, nunca preguntaron a los sujetos, qué los hacía tan miserables, porque la respuesta parecía ser tan obvia. Todos sentían que se estaban "muriendo" del hambre. Ellos, realmente, no morían del hambre. Lo único que se redujeron fueron algunas calorías. El consumo normal de vitaminas y minerales había sido mantenido. Las proteínas se continuaban ofreciendo en la dieta en cantidades esenciales para la salud.

Después de la dieta

Pero, ¿qué sucedió?

Algo pudo que estuviera pasando dentro de la "dialéctica" del cuerpo. Quizás el hipotálamo cerebral comenzó a sopesar lo que se comía y concluyera con que: Primero, "esto no es lo suficiente para sobrevivir". Segundo, la pérdida de reservas (discretas) de proteínas pudo ser la causa de su malestar general. Tercero (y la más probable); la pérdida de grasa corpórea puede que fuera la razón principal por las penurias por todos sufridas.

Al final de los seis meses en estado de semi-inanición todos los hombres lucían ostensiblemente apáticos. Todos habían perdido todo el interés en el sexo. Ninguno se masturbaba. Todos mostraban indiferencia hacia sus visitantes. Y, a pesar de que sus facultades intelectuales, no estaban disminuidas, su pensamiento se había reducido a pensar solamente en una cosa: la comida.

Las horas, cuando las comidas se servían, se convirtieron en el foco de sus vidas. Pero, cuando las comidas se ponían de por frente, ellos (a menudo) en lugar de comer, jugaban con la misma por unas dos horas. Para intensificar su sabor, añadían cantidades enormes de sal y de otros condimentos innecesarios. (Véanse mis artículos acerca de esta característica de alimentación en las anoréxicas).

Al final del período de inanición. La re-nutrición progresiva y gradual comenzó.

El fin del Experimento

Todos los voluntarios habían perdido, por lo menos, 25% de su peso inicial. Ahora, el peso comenzó a subir (a pesar de que la dieta básica era reducida). Pero aún, con un poco más de comida, se sentían mal… bien mal…

Cuando la dieta suministrada contenía 4,000 calorías diarias, los sujetos se quejaban de que no se les estaba dando la suficiente cantidad de comer.

El 20 de octubre del 1945. En el banquete ofrecido para celebrar el fin de las restricciones dietéticas muchos de los participantes se enfermaron por ingerir demasiado comida.

Subsecuentemente, con la libertad asegurada, ellos comían sin cesar: 2 desayunos, tres almuerzos, tres cenas --- en el mismo día. Muchos excedían de este modo el consumo diario de las 6,000 calorías. Pero, a pesar de este consumo exagerado de calorías, todos reportaban que tenían un hambre implacable que los torturaba. Muchos reportaron, un fenómeno común entre quienes dietan: Que es, el retorno del hambre intensa, siguiendo la ingestión de una cantidad enorme de comida. Lo que yo he llamado "el precio de una hartura" (véase mi artículo que va por ese título).

Así que a pesar de la restauración de su estado nutricional, los efectos psicológicos del hambre forzada, persistían.

Unos tres meses más tarde, la obsesión con la comida perseveraba y los cambios negativos de la personalidad seguían inalterados.

A pesar de que para el mes de diciembre, todos habían recuperado, y algunos excedieron, su peso inicial, todos seguían dándose atracones, mientras que reportaban sentimientos implacables e incesantes de estar hambrientos. (Los libros que aquí se recomiendan son: The Psychology of Eating and Drinking, por A. Logue y The Encyclopedia of Obesity and Eating Disorders por D. Cassell y F. E. F. Larocca).

La explicación

Personas que han dietado por períodos sostenidos de tiempo, pueden reconocerse a sí mismos en esta triste historia.

Lo que sucedió fue, lo que no reconocieran los investigadores de entonces. Que nuestro organismo posee censores que responden a la presencia balanceada de la grasa. Faltándoles grasa, los voluntarios respondieron negativamente, entrando en un estado de estrés para lo que el cuerpo no estaba habituado.

El corolario final: Que las dietas, restrictivas, son una "enfermedad" en sí mismas.

Marino

¿Pero qué pasó con Marino? ¿Por qué no engordó? ¿Por qué estimularnos en ustedes, el apetito de aprender, presentando este caso y dejándolo a medias?

Otros experimentos han sido conducidos en los cuales se proponía lograr lo opuesto de lo que se deseaba en el Experimento de Minnesota.

En el Experimento, lo que se quería establecer eran patrones de respuestas de los seres humanos, víctimas de la inanición forzada iguales a las que los nazis sometieran algunas de sus víctimas en los aborrecibles campos de concentración.

La razón no era académica, sino que obedecía a la necesidad de concebir una estrategia para re-nutrir a los sobrevivientes de la atrocidad genocida del Tercer Reich.

Marino, representa una muestra de lo que queremos demostrar, en esta lección inicial: El peso se gana y se pierde, pero no lo hace siguiendo patrones fiduciarios establecidos. Los factores involucrados son de complejidades enormes y desafían la simpleza de: Come más y trabaja menos = gordura. Come menos, y trabaja más = flacura… (Véanse mis ponencias al respecto).

Marino no engordó, porque su hipotálamo regulaba su peso estable dentro de un nivel estrecho y "defendido".

No importan lo que los "expertos" digan.

En resumen

Lo que sabemos es que la regulación del peso es compleja, se origina en el hipotálamo y no se controla simplemente dietando.

Si desean saber más de lo mostrado, consulten mi artículo Las Políticas de la Gordura (UD). (Publicado en monografías.com).

Bibliografía

Suministrada por solicitud.

 

Dr. Félix E. F. Larocca

f.larocca[arroba]codetel.net.do

 



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