Aprendemos valores y normas imitando las actitudes de quienes nos enseñan.
Y quienes, de niños, entonces nos educaron, fueron los primeros políticos a quienes conociéramos --- ¡Sorpresa! --- Esos "políticos" fueron nuestros padres, autores sinceros de tantas "mentiras blancas" con las que esperaban enseñarnos a no mentir --- precisamente.
Así fue como nuestros propios padres nos
adoctrinarían en el arte de la
mentira. (Véanse mis ponencias al respecto).
Enseñar a vivir es acompañar a alguien en el
proceso de
maduración hacia su propia autonomía. En este
camino, quien enseña ha de mantener una postura activa,
inmediata y vigilante pero también considerada. Por otra
parte, como en todo aprendizaje, y de
manera más notoria en el que se hace directamente de la
vida, la seguridad que se
le ofrezca a quien está aprendiendo servirá como
pilar al que aferrarse en el día a día.
Respeto y mutua confianza han de ser las bases en las que se fundamenta toda educación.
Pero antes, y para llegar a ello, quien enseña debe ser familiar con lo que va a enseñar, ya que se convertirá en modelo con sus propias palabras, y sobre todo, con sus actos --- como debieran los padres de ser.
Y no como son nuestros políticos que nos mienten asegurándonos --- durante la campaña de lo que harán --- mientras que al final nos engañan haciendo lo que a ellos les beneficia hacer.
Esperen el finale de esta lección…

Fotos que no quisiéramos recordar: Así vive el dominicano residente de las sierras… Donde hace mucho frio…
Un buen compañero en el trayecto de hacerse persona respetable y civilizada, entrelaza su disponibilidad y compromiso bajo las pautas del deber y la conformidad. El aprendiz debe saberse entendido, escuchar que lo es, pero también debe sentirlo. Se usarán con él palabras de soporte, sin olvidar el tacto, cuando éste sea apropiado. También debe sentirse aceptado tal como es, piensa y siente, aun cuando no coincida con la forma de pensar y sentir de quien lo educa. Su seguridad se reafirmará si lo tratamos desde la aceptación juiciosa, que lo respeta tal cual es, sin reproches, descalificaciones ni imposiciones --- siempre y cuando, los valores del bisoño sean emanadas de la ética --- porque debemos ser conscientes de que la aceptación no tiene por qué ser sinónimo de aprobación.
Una relación terapéutica es un buen ejemplo.
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