Se trata de que las nuevas generaciones tomen en cuenta a los antiguos poetas y escritores, que no se olviden de los orígenes de la palabra, de la música o del verso mismo.
Con certeza, la poesía es considerada difícil por muchos, un género complicado y rebuscado; por tal situación, la mayoría de los medios comunicativos se han dado cuenta de que hablar de esta literatura no es negocio, que desperdiciar el tiempo -que vale una cantidad considerable de dinero- es inconcebible. El problema de esta escasez poética se debe a la falta de difusión de los medios de comunicación, pues son pocos los programas de algunos canales de televisión o estaciones de radio, que tratan de esto. Son también insuficientes los medios escritos para la difusión de poesía, los que lo llegan a hacer publican una vez a la semana, o hay revistas que prefieren publicar a autores conocidos que a nuevos talentos.
Así sucede, citando lo que alguna vez dijo Hugo Gutiérrez Vega:"no hay poesía hermética ni difícil, sino lectores perezosos". Y no refiero que "Secretos del ayer" sea una lectura rebuscada, sino todo lo contrario, podría sonar clara y con un lenguaje más que cotidiano, y sin complicar el sentido real, de hecho, son poemas de un niño que escribió, y que hoy con una selección de todos sus escritos que inició a los once años y dio un corte hasta los diecisiete. Son textos que desprenden cambios, querencias, y proponen. Sobretodo, dar a conocer estos secretos permiten valorar a los lectores lo fantástico que es escribir y hacerlo real en la imaginación. Y si uno muere en la imaginación o con ella misma, habrá que buscar en ese mundo de frenesí, un horizonte sin niebla, una luz blanca para renacer nuevamente, y decir, de algún modo: Volveré.
Ya se ha hablado de la perfección humana, de la divinidad en cielos terrenales, de personajes que se exaltan con palabras, se ha interpretado a este mundo enigmático, tan enigmático como el pasado que lo envuelve, y es justo ahí, en los años anteriores donde está la base de lo que somos, los recuerdos hacen historia y nos dejan vislumbrar lo que somos y hacia dónde queremos ir, y aquí no pierdo la ocasión para citar a un amigo, que más que una dedicatoria merece un recuerdo eterno en los corazones de los que lo conocimos, lo dijo Daniel Rivera en un escrito: "Los recuerdos de una persona son la mecha detonadora del potencial que cada uno lleva dentro, que irá creciendo y creciendo, hasta que llegue un momento en el que "algo" la encienda, entonces el tiempo y la magnitud de detonación serán tan grandes como la sumatoria misma de los recuerdos, que de una manera total saldrán destruyendo, modificando todo lo que esté en contacto con ellos según lo determine su conciencia inspirada o perturbada por todo un ciclo de generación creadora o destructiva".
Todo dependerá de enfoques. Hoy en este momento, trato de hilvanar los mejores recuerdos e intentar compartirlos con ustedes, parece que la inspiración brota en instantes no planeados, y aquí hago un invitación, cualquier sujeto tiene en qué pensar y tiene qué sentir, sólo hay que derribar esa barrera que está entre la hoja y nuestra mano, habrá que dejar fluir la palabra, seguir siendo quienes somos pero escribiendo lo que queremos.
Basta con deslizar la mano para ser artistas, de hecho lo somos. Y sin premeditaciones me abstengo los versos de corrido, sin mayores rasgos de esta mi primer obra y espero, sea el inicio de muchas más. Ahora habrá que perseguir la antología de los poemas actuales. En realidad "Secretos del ayer" surge de la vida común, con escritura común, es un libro que enseña, que propone, que marca etapas y que refleja mi punto de vista, mis sentimientos, refleja la persona que soy.
Las conclusiones pueden tomar la esencia que cada lector adquiera al leer la poesía que trato de poner en sus manos. No intento determinar reglas metódicas del sentimiento, intento decir lo que en cuenta propia busca el alma: expresar lo que quiere, lo que añora y los retos que tomará, así como la estrategia más adecuada para volver a sentir, para volver a los tiempos infantiles en los que podemos descifrar –simplemente- la solución de los problemas, que de adultos, nos producen tantas preocupaciones que crecen a pasos agigantados y es ahí donde corremos el riesgo de perder lo que por años hemos intentado ser.
Y luego los detalles de "Desnúdame el alma": David Solís Sánchez, poeta. De su diario tomamos algunos textos sueltos que explican, por sí solos, esa gran inquietud poética que vive en su alma. Hace falta una gran sensibilidad paralela a la suya para marchar al unísono de su pensamiento y de su originalidad. Hélos aquí: "Lo que hago es poesía que relata, que se amaina y repuja las experiencias, los poemas certifican la vida del vidente, del escucha, de mi amigo o de ti". "Un libro se convierte en ausencia o presencia, se transforma en vida o muerte. Un libro rememora la consecuencia de los hechos y los hace imaginables. Un libro emerge la senectud literaria haciéndola joven y recreándola. Y materialmente hecha, la literatura percibe lo que nuestros ojos no captan al momento, las letras estabilizan al ser". "Sin conocer el ávido concepto de la poesía me colé en ella dejándome llevar por las veladas creativas, tal vez buscando una técnica que me permitiese incursionar en un mundo de variados sentimientos y retos que prolongaba mi interés en la escritura". Hasta aquí algunos pensamientos sueltos de este poeta que aparece en el firmamento literario de México como una estrella.
Desnúdame el alma...
Despójame de la historia que creo,
ponme estelas de ti, yo las recreo,
cerrando los ojos entiendo tu esfuerzo,
enamorándome de ti como en silencio.
Un libro se convierte en ausencia y presencia, se transforma en vida o muerte. Un libro rememora la consecuencia de los hechos y los hace imaginables. Un libro emerge la senectud literaria haciéndola joven y recreándola. Y materialmente hecha, la literatura percibe lo que nuestros ojos no captan al momento, las letras, como lo asumo en la introducción de Secretos del ayer, nos hacen libres y no engañan.
De alguna manera, la poesía nos involucra en un todo. Formamos lo conmensurable, invitamos a la noche para pensar en lo que debemos, ponemos en borda lo indispensable del amor o la amistad, somos entonces testigos de la noctámbula que nos revela el porqué del corazón o de la comprensión social.
Llevo días pensando lo mismo, intentando saber el impacto del pensamiento propio en los demás, y con mucho encanto se revierten las fuerzas del yo para cautivar la palabra y tomarla como instrumento del "decir". Y así lo hice, con palabras, con anocheceres y crepúsculos que batallaban en mí, tratando de dejar atrás los delirios para ser un soñador. Y justamente, bajo los testigos astrales, las lágrimas y las alegrías, fui formando este poemario: "Desnúdame el alma", que creció conmigo, como aquellos mensajes que usaste a los dos años y siguen creciendo contigo, así fue.
Un título que de inmediato me hizo pensar en el tema de portada, un gesto de desgarrar la piel, como cuando se desgarra un libro al leerlo, con manos suaves porque la cultura la tomamos con delicadeza, y pensé en desnudar no por el verbo, sino en la versión sinonímica de despojarse, de dejar de guardar para expresar, para hacer la misma acción que se hace cuando se escribe, dejas la emoción en las hojas. Y luego, aunque pensé rápidamente en las miles de canciones, fetiches, textos y demás simbolismos que contenían tal concepto, me di un tope más cuando deliberé lo que seguiría al "desnudar", y fue: el alma. O sea que estaba perdido, "Desnúdame el alma", ya lo había escuchado en lo cotidiano, pero me abstuve de cambiarlo por dos razones, la primera, influye en la descripción total que hace el poema con el mismo nombre incluido en la obra, y me define, nos define. Y la segunda, porque el arte poético pese a que viene de la lírica no tiene mucho que ver con las letras musicales de hoy, y desnudar el alma es un vaivén que no se soporta tan fácil, es un encuentro de dar a conocer, de velar por las escenas que cada uno ve cuando está absorbido por la vida y sus deberes, desnudar el alma significa hacer derroche y debo advertir que el título es nuestro y adjudíquenselo para enterarse de que la duda está bien en los días y en las noches, que la emoción es caritativa en compañía, la sensibilidad es clemente para toda la vida. Y la vida, aunque no lo parezca para algunos, es buena a todas horas.
Cuando me invitó David a ser parte de este momento, pensé: qué difícil, nunca creí estar en una mesa presentando un libro, y llega la invitación, leí el libro y creo que por mi propia experiencia para hablar del momento en el que estamos, irremediablemente lo compararé con la música.
Vivimos en un momento y en un país donde el quehacer artístico no tiene la importancia y relevancia que en la realidad tiene, hay quien dice que las artes son el alimento del alma, pues realmente es triste darnos cuenta como los países de economías emergentes, cómo nos dicen las superpotencias, estamos con un problema de desnutrición, y es una anemia cultural que llega al grado que en el momento de decir en la casa, quiero ser músico o en este caso escritor el grito se pone en el cielo, y se convierte en algunos casos tristemente en la oveja negra de la familia con frases tan tristes como "Porque no pudiste ser Doctor".
Una profesión tan noble, tan sacrificada en un momento como el que vivimos, solo se puede aplaudir, la salida de un libro, la salida de un disco independiente, el montaje de una exposición, son el resultado de determinación de trabajo, de ilusión, de dejar muchas cosas por generar "la burbuja creativa", hoy estamos ante la presentación de otro proyecto nuevo, de el cúmulo de horas invertidas, de el momento de la separación de algo tan personal y ponerlo a los ojos y la critica de quien lo lea, David hoy estas palabras, ideas, pensamientos dejan de ser tuyas y pasan a ser de quien lo lea, felicidades por tener las agallas de compartirte, felicidades por creer en lo que tienes dentro, felicidades por ir contra la corriente.
EL FRENESÍ DE LOS ENAMORADOS
(PALABRAS POR LA POESÍA DE DAVID SOLÍS)
Cuando David me dijo que lo presentara, un escalofrío recorrió mi ser: "¡Desnúdame el alma!" El amigo de los medios de comunicación y la poesía, insistía; quería ser poeta, más allá de los Secretos del Ayer, el título de su primer libro, que tanto me había gustado por esa especie de ultimátum poético que entrañan sus metáforas, era el mismo David lleno de frases nobles que de repente hacen pedazos su alma, pero que va subiendo de tono, y ahora nos pide que se la desnudemos. Bien. Era una tarea que había que emprender y algo dentro de mí, me dijo: "Hazlo bien".
Yo tenía ya mi teoría sobre él y sus poemas. Pero ahora había que sentarse, expresarla y llevarla a cabo. David es un ser práctico que comunica, no se queda en sí mismo y anhela para su arte aquello que algunas tardes lluviosas en aquella Europa decimonónica se le oyó decir a Beethoven: "Que salga del corazón y llegue al corazón". Cuando menos a mí me llegó al corazón. Lo primero que leí fue el poema mismo intitulado "Desnúdame el alma", aquello de "sujeta fuerte los hilos míos", y pienso; sí, así es el alma, algo que nos fluye, que se nos pierde en su osadía, estamos, lo señala David: inmersos en el océano del todo, y debemos confiar en nuestra mente, ya que ella estabiliza la materia.
El poeta siente el talle de la criatura que ama, redacta el perfume de su rostro y le dice: "si te has convertido en mi vida,/ tienes mi cuerpo, te doy mi alma,/ descubre lo que hay detrás del harapo,/ mira el interior, desnúdame el alma.
La vida es siempre un signo, un signo de amor, que David va desnudando y en reciprocidad ella, lo desnuda a él. Todos tenemos una historia que creemos, la que nos han contado los demás de nosotros mismos, esa que en palabras de David se propone "estandarizar sentimiento", y la que nosotros nos hemos fabricado, distinta de la que es. Buscador de sonrisas, dice a su novia: "las sonrisas tuyas me hacen vivir mejor", y su imaginación evoluciona a partir de este encuentro, gana en sentido, en mirada, en conciencia. Entonces confiesa: "Pierdo un sentido para desarrollar otro que no siente sino hace sentir, mi imaginación evoluciona". Cuando uno está enamorado, se vuelve un perseguidor, aun de los muertos. Uno va por el cielo como David en el poema en que se pierde en el cielo y le confiesa a su ser querido ya lejano: "intenté ser pintor de tu sonrisa", y aquí en tierra persigue a la criatura que le gusta, la voz que lo seduce, como dice David: "Persigo afanosamente tu voz de sol", fíjate que en las Excelencias de la Ley de Dios está escrito: "Tu palabra es para mis pies una lámpara/ luz de mi sendero". El que se deja llevar de una pasión podrá ser preso por ella, pero es libre para la vida eterna. Por eso dijo San Agustín "Ama, y haz lo que quieras". El que entiende de pasiones sigue su rastro en el sol. Por ello en el poema de ese nombre: "Tu rastro en el sol", relata: "Miro al cielo, el sol me recuerda tus huellas,/ me mira y dice que estás bien, te cuida/. El amor es siempre ponerse cómodo, aunque sea en medio de piedras, adoptar la postura del que se aquieta en brazos de lo amado: Cito a David: "Sabes mi postura y me completas,/ tiras de ti la palabra precisa,/ eres entonces mi única musa… haces mi mundo, haces mi vida.// Soy lo que quieras que sea,/ te beso y miro, te hablo, te amo…"
Cuando el enamorado se adentra en sí mismo, descubre tesoros, que a otros le parecen simples, pues como dice David y lo repetiremos adelante: "Es simple reconocer al hombre que ama", el hombre que ama, lo decimos es el hombre que sueña, y el hombre que sueña, dice la poetisa moderna Reina María Rodríguez, "el hombre que sueña tiene / el poder de los espejos". Por la mente del hombre que ama se tejen selvas, ríos, bosques de pasión, va viendo los paisajes del alma, y eso fue lo que le pasó a David, que ha recorrido, como dice él: "ese pasillo", por donde pasan todos los que están hirviendo "en el calor de Dios"… ¿Qué poeta no desea en ese pasillo, que se detenga el tiempo, es así que le pide a su amor: "Detén el tiempo y hazlo tuyo". Claro que en ese deslumbramiento, las palabras no lo son todo, y he ahí un problema, que en poesía no tenemos nada más que las palabras. Dependemos en todo de ellas para lo que queramos transmitir, todo poeta debe casarse con ellas, en un matrimonio arduo, difícil, que le espera a David en las próximas décadas. Aguantar a la palabra, dormirse con ella, hacerle la barba, tiene sus riesgos, pero también, sus beneficios. La palabra, David, es celosa, si uno se aparta de ella, tú lo dices en tu "Petición al alma", llega a la insipiencia de perderse en mente ajena. Ya perdido, uno añora volver a su hogar, que es la palabra. Como el hijo pródigo, volver. Podríamos poner aquí la frase de Ortega y rellenarla con la palabra "palabra". En vez de decir tan sólo como él, "yo soy yo y mi circunstancias, y si no las salvo a ellas, no me salvo yo", decir: "yo soy yo y mis palabras, y si no las salvo a ellas, no me salvo yo".
Pues bien, David Solís, he aquí tu vocación y he aquí mi consejo: sujetar, amarrar a las palabras. ¿Cómo? En tu caso, el camino es claro: mediante el amor. Tú sabes dirigir tu mirada al amor, justo en esa figura de lo humano donde se ve un solo ser, con dos espaldas: donde el hombre y la mujer hacen un solo ser, es, para decirlo con nuestro poeta "la historia de dos en función de uno": "un ser que mira hacia sí mismo, un amor compartido por dos corazones". Esta suerte de abrazo que se dan los amantes, dáselo también a las palabras. Fúndete con ellas, sé uno, si puedes, con cada una de ellas, para que te quedes a dormir con la mejor. Con la mujer, pues para ti la palabra, poeta, indiscutiblemente es mujer. Es ahí donde está tu futuro, pero es un futuro de selección y de elección. Ya tienes lo mejor de los sentidos, el erotismo, como un sexto sentido, por eso dices a tu chica: "dime que me amas con un beso en mis ojos; dime que me amas, no con la boca, dímelo con el timbre de un beso". Sal de paseo con ella para que reconozcas como en "Secuela de mañana": "Nos sembramos, nos hacemos amor", desarrolla ese estado "que permite al corazón pertenecer al otro de un modo extraordinario". ¡Qué falta le hace al que ama esa guía que tú le das, y que si sabe leer con cuidado, él va a encontrar! Esa guía que pasa por el reparo de ver qué añora el ser amado, "descubrir qué canción te arrulla", dice en su "Desvío del corazón", anhela "ser el consejo que buscas, ser lo que no encuentras", todo eso que le ocurre al que ya cayó en las garras del amor, que lo lleva derechito al éxtasis, a lo mejor del mundo: "Amo tus días, amo tus palabras y tu alma. No busques más algo que ves a simple vista, no hay filosofía ambigua, es simple reconocer al hombre que ama, al que se olvida de sí para concentrarse en ti. Mis ojos no representan códigos escondidos, son sinceros, mi sensibilidad es la respuesta…" y en vía de animación a la amada sugiere: "Sólo mírame bien, no busques algo que tú también sientes, y ponle amén a la duda, víveme, hazme tuyo…" Dentro de esta intensidad, lo mueve el deseo de, como dice a su novia: "Tocarte el alma", y al dejarse llevar por el "Instinto de amor", recomienda: "¡Toca, incita a la belleza!". Pero es éste un destino que se obtiene queriendo ser poeta, con sentimiento y de corazón, por eso exclama en el poema llamado "Quiero ser poeta": Latir es el verbo del corazón". Eso lo saben sólo los enamorados. La poesía de David Solís cuenta a su manera, desbordada, inmensa, desgarbada tal vez, el frenesí de estar enamorados.
Quizá en esta aventura de hacerse poeta, al correr de los años muchas voces a uno lo abandonan. Muchas palabras, porque muchas de ellas son también o participan de, la hipocresía. Así en tu poema "Desvío del corazón", ese desvío del corazón que es como un desvío de poder, se tuerce ante el paso de una amada ingrata, cruel, que pasa lentamente junto al poeta y hace que su boca finja al pasar, una sonrisa. Ahí nos confiesa: "Hablé con palabras de la brasa: / calientes por decir tu nombre/ haciéndose trizas…"
Todo hombre que se enamora siente de pronto que su alma está en trizas. Que las palabras lo han abandonado, lo van dejando y uno tiende a quedarse con aquellas que alumbran, no que deslumbran; que no fallan, que no lo dejarían morir solo. Porque uno añora la verdad. ¿No quería un enamorado, el Orlando Furioso, que la luna nos devolviera los olvidos? Todo lo que había olvidado el ser humano, en esa simpática obra de la humanidad, estaba en la luna, y ahí se conservaba el juicio de los cuerdos, en unos frasquitos, que al olerlos los locos iban recobrando la cordura. Por eso tú cuando te animas a vigilar el alma de tu amada, estableces: "Allá en la luna no hay mentiras, /hay una blanca luz de convicciones". Y la luna señoras y señores, se ve de noche. De día es más difícil verla. Se ve de noche, por eso David tiene una "Diosa Nocturna" a la que en su poema de ese nombre, le suele decir: "Eres la diosa de los seres; / seres que succionas con tu voz,/ seres nocturnos y elocuentes". Es a esa Diosa a quien él seduce: "Estoy sediento de la sangre tuya/ sediento de la brisa de tu aliento,/ hambriento de tu voz que arrulla/ hambriento del respiro de tu viento", para culminar en su fusión con la diosa: "soy tuyo, vuélveme tuyo. Tu noche quiero tener…"
Este destino es algo que se añora y se hace presente. No es aquí el lema de que el presente no existe, sino al contrario, el poeta yendo en pos del "magnánimo día de hoy".
Como todo atrapado por el amor, persigues el nombre. Vas hacia la carne que te agrada y le dices: "Tu nombre debería hacerse himno, hurtarte sin insomnio en días cálidos/ con tranquilidad". Sales del escaparate, la estrategia de un poeta que ama es salir del escaparate, a la persona que de veras él quiere, la hace salir del escaparate, la defiende, en una defensa contra el tiempo, rasga su signo y su tiempo; "Pienso en ti, te doy mi embeleso/ te digo te amo, hago que no huyas".
Ese "te amo, que se dice honestamente, ese "te amo" que se dice intensamente, ese "gran frenesí de estar enamorados".
Trabaja como locutor, columnista y catedrático, la mayoría de sus columnas son bajo el nombre proveniente del latín: Tempos Ars, el nombre del espacio radica en la premura que tienen los entes sociales para dar un aliciente a los instantes, a los momentos de júbilo y belleza literaria, traducido el latín, se refuerza el Tiempo de Arte, porque ese tiempo jamás termina, un momento beligerante, de lucha y fuerzas que retoman el confort de la mente y la conciencia, es sabio y luego contiguo, es besar o refunfuñar pero al fin, y nuevamente un encuentro sublime de catarsis con la naturaleza.
Pero, ¿qué diferencia existe entre una canción y una poesía?
La canción y la poesía tienen diferencia en la forma de ser interpretadas, en este sentido lo que se intenta rescatar es la forma de darlas a conocer, por medio de la declamación o la canción. Técnicamente el término empleado para definir a la canción reside en que, se le dará este nombre a toda aquella composición (texto en verso o narrativo) que esté acompañada de música; la poesía se distingue en que puede catalogarse como un discurso de literatura que trata de infundir imágenes y figuras metafóricas.
Las opiniones sobre molestias o agrados entre la gente se dejaron notar con tres pequeñas entrevistas, a dos de ellos no les causaba ningún problema el escuchar una canción en prosa, el restante mencionó que hacia falta buenos declamadores porque por esa razón mucha gente se define por el gusto de la música; de esta forma se presenta una tesis más que queda en la borda, el ser compositor es ser poeta, el trovador es el poeta popular, daría lo mismo ser trovador (poeta de la Edad Media), que ser poeta o ser compositor, todo llega a lo mismo: describir sentimientos y realidades.
Su principal influencia: Jaime Sabines.
Sus obras favoritas: Diablo Guardián de Xavier Velasco, Historia de Mayta de Vargas Llosa, El amor en tiempo de cólera de García Márquez, etc.
Su cine preferido: Big Fish, 21 gramos, Diario de una pasión, La vida de David Gale.
Su contacto: rendersosan[arroba]hotmail.com
David Solís
rendersosan[arroba]hotmail.com
Locutor y maestro
Estado de México - México.
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