Primero que todo el etnomarketing empieza por hacer un público y expreso reconocimiento a la cultura como el marco y la esencia del accionar de los negocios contemporáneos, tanto desde el consumidor como desde la organización y el mercado en el que ella se desenvuelve, y termina por poner a prueba, de manera decidida, el aporte hecho por la antropología, la etnografía y el simbolismo que estimula el fenómeno de consumo que caracteriza a las culturas de consumo actualmente reconocidas.
Bajo el revelador lente de la cultura (Schein, 1985) con toda su carga simbólica impresa en la conducta humana –consumidores, compradores, clientes, empresarios, empleados, agentes del gobierno, intermediarios-, en los artefactos –productos- y transacciones –intercambio de beneficio mutuo-, el etnomarketing, comienza a develar las incógnitas escondidas tras los valores y las creencias predominantes, así como bajo el mundo que subyace en el fondo de nuestras raíces culturales (Ver figura 1)
Figura 1. Niveles de la cultura (Schein, 1985)

De esta manera, el etnomarketing ha sido visualizado como el proceso social que desde el punto de vista de los grupos humanos concibe e implementa en una óptica integradora y consistente las tres principales funciones del marketing: comprender consumidores, conquistar compradores y conservar clientes, agrupándolas en una estratégica matriz donde se aglutinan los esfuerzos dispersos en el inmenso panorama de los negocios modernos. El etnomarketing está diseñado como el marketing para grupos humanos con significativas homogeneidades entre sí, para grupos étnicos existentes en la gran diversidad cultural que caracteriza a los culturas de hoy.
Al abordar en forma revolucionaria e irreverente los postulados del marketing, el etnomarketing está rompiendo en miles de fragmentos la tradicional y anquilosada aproximación al marketing desde la clásica mezcla de marketing que tanto daño le ha causado al intentar reducirlo a una fórmula universal con superficiales variaciones en la dosificación de sus ingredientes (Gronroos, 1994, 1997), sin prestarle mayor atención a los radicales ajustes que ha de hacérsele en función del agudo entorno competitivo presente en determinado segmento de mercado.
El etnomarketing se ha apoyado en el extenso debate que se viene dando en torno a la etnicidad como constructo histórico-temporal a partir de dos conjuntos de principios que operan al interior de cada grupo humano: lo incluyente-excluyente, y la diferencia-identidad (Arnold and Basmossy, 1995). De igual manera, se ha apoyado en distintos trabajos académicos que han apoyado sus tesis en la cultura como su base central. Recobra vigencia el etnoconsumo entendido como el consumo visto desde el grupo social como su objeto principal de estudio (Venkatesh, 1995); la dimensión cultural de los mercados donde los objetos, las normas y las partes del intercambio adquieren significado solo en el marco de determinada cultura. (Spillman, 1999); y las culturas organizacionales orientadas al mercado donde el marketing asume un rol relevante como eje principal de toda la estrategia empresarial (Páramo, 1998a) apoyado en los trabajos de Narver y Slater (1990) y Kohlí y Jaworsky (1990).
2.1. Etnicidad
Las diferentes aproximaciones hechas por las ciencias sociales al tema de lo étnico son vastas y complejas, aunque desde el marketing se prefiere ahondar en los trabajos antropológicos y sociológicos que explican claramente la etnicidad como fenómeno. Vista así, la etnicidad es un concepto de identidad individual y de grupo que "comprende las diferencias identificadas por color, lengua, religión o algunos atributos de origen común" (Horowitz, 1985). Como constructo teórico, la etnicidad ha adquirido una posición central en estudios culturales en su particular característica de acordar estatus separados para las personas pertenecientes a grupos diferenciados. No obstante la relevante e innegable importancia que la etnicidad ha venido ganando, aún permanecen algunos cuestionamientos sobre quién la define y cuáles son sus fronteras. Al respecto varios investigadores (Barth, 1969; De Vos, 1975) afirman que la base de la etnicidad está en la auto-identificación de sus miembros mediados por la percepción de los otros.
Desde la perspectiva del marketing los estudios realizados alrededor de la etnicidad como una estructura social compleja al interior de distintos valores étnicos de un grupo han estado estrechamente ligados al comportamiento del consumidor. La mayoría de ellos han involucrado grupos étnicos residentes en países desarrollados y a menudo se han concentrado en revisar los diferentes procesos de aculturación vividos. Dentro de la disciplina del marketing, la literatura, el entrenamiento y los paradigmas se han focalizado en menor medida en aprender cómo evaluar lo que es culturalmente relevante fuera de la propia cultura del investigador. Como resultado la literatura ha tendido ser parroquial y/o etnocéntrica en su perspectiva (Arnold and Bamossy, 1995).
2.2. Etnoconsumo
Reuniendo los aspectos culturales, los sociales, y los individuales en un mismo esfuerzo analítico, Venkatesh (1995) propuso "el etnoconsumo", concebido como el estudio del consumo desde el punto de vista del grupo social o el grupo cultural al que se pertenece. Este nuevo paradigma en comportamiento del consumidor usa las categorías teóricas originadas dentro de una cultura dada. Este es concebido como el estudio del consumo desde el punto de vista del orden cultural en cuestión, usando las categorías de comportamiento y pensamiento que son propias de la cultura en consideración. Ethnos, nación o pueblo, se usa aquí en su sentido clásico, es decir referido a un grupo de prácticas culturales que no deben ser confundidas con conceptos tales como el activismo de los consumidores en la defensa de sus derechos universales, por ejemplo.
El etnoconsumo sigue las tradiciones intelectuales de los métodos comparativos y los estudios interculturales, pero difiere de las versiones existentes de estos estudios en varios aspectos. Primero, el etnoconsumo no es un método, como tienden a ser aproximaciones conceptuales similares, aunque las comparaciones interculturales pueden y deben hacerse. El etnoconsumo comienza con las categorías culturales básicas de una cultura dada, estudia las acciones, las prácticas, las palabras, los pensamientos, el lenguaje, las instituciones y las interconexiones entre tales categorías.
Tras revisar muchas experiencias de investigación en estudios étnicos e interculturales, el etnoconsumo obliga al investigador a contemplar a la persona no solo en su condición de individuo sino que la analiza como un ser cultural, como parte de una cultura, de una subcultura y de otras afiliaciones de grupo. El etnoconsumo conjunta el estudio del consumidor con los sistemas de valores, los sistemas de creencias simbólicas, los rituales y las prácticas cotidianas; todas ellas entretejidas en una visión holística del consumidor. La aproximación del etnoconsumo tiene varios niveles:
2.3. La dimensión cultural de los mercados
A partir de aceptar las ideas fundamentales de la postmodernidad según las cuales el individuo no tiene conciencia autónoma aunque sí necesita una comunicación interactiva con los "otros" para desarrollar su propia identidad, es vital entender que la concepción e implementación del marketing se enmarcan en la importancia que se le ha asignado a la comunicación contexto-dependiente y a la temporalidad dada la unidad de significado y al consenso sobre las reglas de juego que son continuamente rotas y cambiadas en un permanente proceso de diferenciación y cambio (Nooteboom, 1992).
Bajo este enfoque, deben verse, entonces los mercados como procesos en construcción desde el significado que se les asigna a los objetos sometidos al intercambio (simbolización y de-simbolización), a las partes que intervienen (el imaginario social de los mercados) y a las normas con las que se rigen dichos intercambios (Spillman, 1999)
2.4. Culturas organizacionales orientadas al mercado
Estudiando la cultura organizacional como una fuente de ventajas competitivas sostenidas, Barney (1986) la analizó como un recurso valorable, raro e imperfectamente imitable. En consecuencia, su implementación puede convertirse en una fuente de desempeño financiero sostenido superior para aquella organización que la logre consolidar y mantener. Entre las formas modernas de las culturas organizacionales están aquellas con una específica orientación al mercado que proponen que un negocio que incrementa su grado de comprensión de los requerimientos del mercado puede mejorar su desempeño global (Narver and Slater 1990).
Es claro que durante el desarrollo de los procesos de cambio que se pretendan llevar a cabo al interior de una organización los símbolos pueden adquirir nuevas y potenciales connotaciones idiosincráticas (Barley, 1983). Estos símbolos como el lenguaje, además de comportar en sí mismos una fuerza integradora de valores y creencias, expresiones y formas de hacer las cosas, permiten que las estrategias, los procesos y las políticas de acción sean compartidos por todos los miembros de la organización. Es por ello por lo que se hace imprescindible construir un lenguaje común entre los empleados respecto a lo que implica una cultura organizacional orientada al mercado, en contraposición a lo que tradicionalmente se ha creído.
Establecer una orientación al mercado en una cultura organizacional se relaciona, definitivamente, con la implementación del concepto de marketing en toda la organización (Narver and Slater, 1990). En otras palabras, tratar de crear o impulsar una cultura organizacional orientada al mercado implica desplegar esfuerzos para que el concepto de marketing esté siempre presente en todas y cada una de las unidades funcionales que conforman la organización. Esto significa que para ser exitosa una organización orientada al mercado necesita construir relaciones en una perspectiva de largo plazo, estableciendo estrategias que les permitan a los potenciales consumidores devenir en clientes leales, pasando antes por su condición de compradores -vistos como una unidad de compra-, esencia del concepto de marketing. Para alcanzarlo, una organización tiene que conocer muy de cerca las necesidades de sus contrapartes en cada uno de los momentos en los cuales establece relaciones de intercambio con ellas: antes (intercambio pre-transaccional), durante (intercambio transaccional) y después (intercambio post-transaccional) del proceso. (Páramo, 1998b).
Aceptando esto, una organización orientada al mercado tiene que operar teniendo en cuenta los tres componentes de comportamiento -orientación al cliente, orientación a la competencia, coordinación interfuncional- y los dos criterios de decisión -largo plazo y rentabilidad- que tipifican una orientación al mercado (Narver and Slater, 1990). Es decir, Un conjunto de comportamientos, mitos, ritos, rituales, símbolos, creencias, supuestos y sobre todo, valores, que le permitan a la organización colocar al cliente en el centro de todas sus actividades, conocer sus actuales y futuros competidores, coordinar adecuadamente las actividades en su interior, tomar las decisiones en una perspectiva de largo plazo y no olvidar su rentabilidad acorde con sus propios planes y necesidades previamente establecidas.
En el marco de las incertidumbres y los múltiples caminos abiertos para enfrentar al consumidor de hoy, el etnomarketing, como disciplina de pensamiento y acción organizacional en la cual la cultura, desde la antropología y la etnografía, es tomada como el emprendedor y avasallador mecanismo que estimula y da respuesta a las relaciones comerciales en cada variable y en los a veces casi inexpugnables segmentos de mercado, se apoya en los siguientes postulados (Páramo, 2004a; 2004b):
El proceso de comprensión considera: contemplar, conocer, categorizar, cuantificar y caracterizar a los consumidores.
El proceso de conquista de compradores abarca: concordar, coordinar, competir, comunicar y colocar los esfuerzos organizacionales.
El proceso de conservar clientes incluye: consultar, clasificar, complacer, cultivar y consolidar la relación con ellos.
Usando como plataforma de lanzamiento del etnomarketing a la cultura con todas sus complejidades encajadas en la tradición y la historia de cada mercado, a continuación se presenta la matriz estratégica que se espera sirva como guía práctica de esta propuesta que hoy es presentada como parte de un cuerpo ordenado, sistemático y coherente para hacer frente al fenómeno de consumo típico de las sociedades actuales.
Como puede apreciarse en la Figura No. 2 en la matriz estratégica del etnomarketing aparecen claramente las tres funciones que desde el marketing deben ser emprendidas a fin de ser exitosos en términos de los objetivos de beneficio mutuo que deben ser establecidos en el permanente intercambio entre la organización y sus mercados. A fin de buscar una mayor recordación y memorización de las 15 actividades a realizar, éstas han sido sintetizadas en una matriz de 15 C’s; cinco por cada una de las funciones a concretar.

Figura 2. Matriz estratégica del etnomarketing
Allí, aparece el punto de partida, es decir la función del etnomarketing relacionada con el proceso de comprensión de los consumidores, recurriendo a las diferentes y más efectivas fuentes de información que permitan reunir los elementos de juicio necesarios para decidir el rumbo estratégico, los planes y los programas que van a ser implementados. Después y armados con la información con la que se comprendieron gustos, preferencias y tendencias de consumo, la organización debe alistarse como un todo para salir en la conquista decidida de los compradores, quienes a la sazón también están siendo bombardeados por toda clase de ofertas existentes en el mercado. Para cerrar el ciclo que servirá como inicio de uno nuevo, la preocupación central está en la conservación de los clientes ya sea por ajustes a las ofertas entregadas, por sus reclamos, o simplemente, porque su lealtad es vital para la supervivencia de la organización en escenarios tan competidos como los que estamos viviendo actualmente.
Veamos, en detalle, cada una de las funciones y las actividades que el etnomarketing propone para ser realizadas.
Apoyados en la soberanía del consumidor como uno de los postulados claves que el etnomarketing recoge con prominente convicción de que este agente del mercado es el principio y el fin de toda la actividad económica y social, esta primera función está relacionada con la imperativa necesidad de comprender, a cabalidad y sin excusa alguna, sus perfiles de consumo, sus tendencias, su gustos, sus preferencias. Sólo a partir de la contemplación del fenómeno de consumo, sus expresiones, su contexto y sus rituales, será posible conocer los consumidores, categorizarlos, cuantificarlos y sobre todo caracterizar las futuras estrategias y programas a implementar para satisfacer sus anhelos más profundos.
Comprender consumidores debe traducirse en una explicación clara y convincente de las complejidades que tipifican a los seres humanos frente al acto de consumo. Con esta información es posible trazar, sin titubeos, el trayecto a recorrer para transformar estos consumidores en asiduos clientes, que es en últimas el propósito de todo esfuerzo organizacional desplegado en el mercado. Allí deberán aparecer los diferentes tipos de consumo propios de la época y las motivaciones que los promueven y que son los que han inspirado el etnomarketing, concebido para la atención y servicio de los grupos humanos, -las etnias-, interesados en ciertos comportamientos y cierto tipo de productos.
El consumo secular y el consumo sagrado deben ser delimitados con precisión a fin de descubrir hasta dónde lo profano se ha impuesto en determinados círculos sociales y, viceversa. El consumo de emulación también tendrá que ser definido en términos de su influencia en las actitudes de los potenciales consumidores en su insistente proceso de imitación de ciertos personajes ubicados en los estratos superiores de la sociedad. El materialismo, tan típico de estos tiempos, deberá ser también considerado, dada la notable influencia que éste tiene en la adquisición de cierto tipo de productos, sobre todo aquellos de mayor visibilidad social que los hacen ver como una extensión de las personas que las adquieren. "Las cosas no son como son, son como somos" (Belk, 1988).
Las posesiones, como una forma de reafirmar la personalidad de muchos consumidores para quienes su vida gira alrededor de las cosas que pueden adquirir y enajenar para mostrarse ante la sociedad como individuos de éxito y dignos de ser emulados, también deben ser tenidas en cuenta. De igual forma, los rituales de consumo tienen que ser claramente identificados en términos de los artefactos utilizados, el guión –script- aprendido y fielmente repetido, los roles a cumplir y la audiencia para la cual está siendo practicado. Asimismo, es absolutamente indispensable encontrar la conexión entre los valores culturales –terminales- que los consumidores pretenden materializar, los objetivos de consumo y los atributos de los productos con los cuales los consumidores asumen que le pueden ser satisfechas sus expectativas (Assael, 1999).
Al ejecutar las cinco actividades asociadas con la función inicial de comprender a los consumidores en su propio contexto se corresponde a plenitud con el intercambio pretransaccional de expectativas por perfiles de consumo, típico de esta fase. Las siguientes son las actividades que deben implementarse:
Inspirados en varios de los postulados que sirven de sustento conceptual al etnomarketing, la función relacionada con la conquista de compradores, emerge como una de las acciones claves a emprender por cualquier organización que busque sostenerse en el mercado de forma rentable. La apremiante necesidad de presentarle al mercado ofertas atractivas, diferenciadas y competitivas para que el consumidor tanga verdadera libertad y voluntad de decisión, la organización debe desarrollar un paquete de acciones que le ayuden a mostrarse como la mejor alternativa que se tiene para su predilección. Esta oferta, a diferencia de lo que muchos creen, no está constituida únicamente por los productos básicos –bienes, servicios, ideas- que allí se procesan, por el contrario, es la organización en su conjunto la que está haciendo presencia y en consecuencia las decisiones deben abarcarla en su totalidad.
Es por ello que apoyados en la comprensión de los consumidores anteriormente realizada, es importante hacer concordante las decisiones a implementar con la realidad detectada, coordinar todas las áreas en el interior de la empresa, establecer las características con las cuales se va hacer frente a la competencia, comunicar tales particularidades y, por último, colocar la oferta en los canales y medios en forma oportuna y de manera rentable. Es al tenor del cumplimiento de esta función del marketing donde aparecen los modelos matemáticos para la toma de decisiones, tan claramente pregonados como la principal característica diferenciadora de la formación del profesional de marketing, visto desde la ingeniería de mercados.
El desarrollo de las cinco actividades enmarcadas en la conquista de compradores ubica a la organización en el cumplimiento del proceso de intercambio de benéfico mutuo conocido como transaccional que como se puede ver entrega satisfactores –productos- y recibe a cambio utilidades en forma de precios.
Guiados por el precepto financiero de que es más barato conservar clientes que conquistar nuevos compradores, el etnomarketing ha propuesto la idea de estructurar un paquete de actividades concebidas para retener y mantener a todas aquellas personas que de una u otra forma han estado alguna vez en contacto con la organización o con parte de ella. Para ello, sugiere que se destinen los recursos organizacionales para crear sistemas internos que garanticen consultar, clasificar, complacer cultivar, pero sobre todo consolidar la relación con los clientes. Todas ellas, con la filosofía de permanente retroalimentación que las debe caracterizar, van a facilitar la política empresarial de corregir y ajustar el rumbo escogido o, al menos, de buscar las formas para que los recursos desplegados para comprender consumidores y conquistar clientes no sean derrochados en inútiles acciones empresariales.
Implementar este conjunto de actividades significa, de alguna manera, concretar la concreción de la función del etnomarketing asentada en el benéfico mutuo buscado en el intercambio postransaccional donde se está entregando satisfacción para recibir, a cambio, lealtad y clientes, ojalá eternos.
A partir de haber desarrollado de manera concienzuda las tres diferentes y complementarias funciones del etnomarketing, es claro que lo que se está pretendiendo es rescatar lo afirmado por los clásicos pensadores de la administración moderna como Peter Drucker, respecto a la importancia de crear clientes, como la única razón de ser de cualquier organización.
Este pasado que ha sido siempre tipificado por poner a toda la organización al servicio del mercado, comprendiéndolo, conquistándolo y sobre todo conservándolo de manera satisfactoria tanto para unos como para otros, es el que ha impulsado este esfuerzo intelectual por poner juntas una serie de reflexiones frente al quehacer del profesional de marketing cuya labor, a pesar de ser más compleja, se ha simplificado por los enormes avances tecnológicos.
Afortunados, tal vez dirían los expertos de la década de 1940 cuando frente a la ENIAC –más de 30 kilos de peso y más de 18.000 tubos de vacío- elaboraban trágicos pronósticos respecto al futuro de los computadores, pensando en los hombres de negocios de hoy, cuando el desarrollo de los sistemas y de computación han permitido no solamente procesar y analizar datos para ser convertidos en información útil, sino que han facilitado el proceso de consulta y clasificación de clientes para ser complacidos, cultivados y sobre todo consolidados para el bienestar de todos los involucrados.
Teniendo en cuenta el papel jugado por el etnomarketing en este proceso de revolucionar y sacudir las actuales estructuras organizativas, este esfuerzo pudiera quedar incompleto, sino se abordara, así sea de manera rápida y somera, las relaciones entre esta propuesta y su efecto en la organización como tal.
Como puede apreciarse en la figura No. 3, la cultura invade, sin pedirle permiso a nadie, toda la esfera de los negocios de hoy. Su presencia, como puede percibirse se siente por doquier. Tanto en el mercado donde se reflejan los 3 niveles de la cultura ya estudiados (artefactos y conducta, valores y creencias, mundo subyacente), como en el interior de la organización donde también prevalecen los patrones culturales que durante la vida de la empresa han logrado transformarse en los dominantes.
Figura 3. Etnomarketing y organización

En la mencionada gráfica también se corresponden los tipos de intercambio ya estudiados anteriormente -pretransaccional, transaccional, postransacional-, (Páramo, 1998a) con las 3 diferentes funciones de marketing ya analizadas –comprender consumidores, conquistar compradores, conservar clientes-
Como también ya se señaló, se desarrolla el proceso de comprensión de los consumidores a través de las 5 actividades con las que se concreta el intercambio pretransacional de expectativas por perfiles de consumo; el de conquista de compradores mediante las 5 actividades que desembocan en el intercambio transaccional de satisfactores por utilidades; y finalmente, el de conservación de clientes materializando el intercambio postransaccional de satisfacción por lealtad.
Conocer e interpretar el comportamiento tanto del consumidor como de empresarios y empleados desde el etnomarketing, significa dimensionar al hombre como un ser social y no en solitario como ha sido la tradición en la investigación social. Implica recurrir a la etnografía a fin de analizar el contenido de sus acciones tratando de encontrar explicaciones a sus evidentes irracionalidades, lo cual implica, inevitablemente, contemplar al marketing desde la perspectiva contextual, como una manifestación cultural y simbólica del grupo al que el consumidor pertenece y/o ha pertenecido en el devenir de su existencia.
En este sentido, el marketing, como expresión de una cultura determinada tiene que ser visto desde una óptica más antropológica y social, donde las creencias, los valores, y las tradiciones de los agentes participantes son las que determinan el comportamiento de los individuos que como seres culturales participan en los procesos de intercambio que sirven como precondición para su implementación (Mowen y Minor, 1998). Es partir del estudio profundo y detallado de los factores determinantes del comportamiento de los seres humanos involucrados en el proceso de marketing, como pueden verse los verdaderos aportes de la antropología cultural y sus métodos etnográficos a la concepción e implementación del marketing en un contexto determinado, el etnomarketing.
Se asume entonces que el proceso de estudiar, analizar e interpretar la realidad de un entorno para darle respuesta a sus necesidades implica, de una u otra forma, abordar las realidades culturales que le son propias. En consecuencia, estas circunstancias situacionales solo podrán ser aproximadas apelando a la etnografía, como método de la antropología cultural, para develar el mundo simbólico que se inscribe detrás de cada acción y decisión comercial de cada comunidad estudiada. La etnografía, desde su propia rigurosidad epistemológica, se convierte así en la forma no de aprender la cultura, sino de vivirla, de experimentarla en el marco de un grupo determinado y sus normas de conducta socialmente establecidas y compartidas (Guber, 2001). De esta manera, la etnografía no solo establece el contexto y significado subjetivo de la experiencia de un grupo de personas, sino que también busca transportar en forma comparativa e interpretada el significado cultural de dicha experiencia (Arnould and Wallendorf, 1994).
Para cumplir su cometido la etnografía emplea diferentes métodos de recolección e interpretación de datos que además de ajustarse a los propósitos del etnomarketing de darle vida a la cultura y sus distintas expresiones étnicas. Para lograrlo los siguientes cuatro rasgos de la etnografía guían la práctica del trabajo investigativo de los etnógrafos, tales como (Arnould and Wallendorf, 1994):
Puede decirse que el etnomarketing puede transformarse en la más clara expresión de un encuentro cultural de varios mundos que bien vale la pena explorar a fin de comprender la profundidad de sus propias complejidades. De un lado, aparecen los antecedentes históricos y sociales que traen consigo tanto el consumidor como el empresario y, por el otro, emergen con fuerza las tradiciones y las costumbres propias del segmento del mercado en el que todos van a encontrarse en busca de la satisfacción de quienes consciente o inconscientemente toman parte en los intercambios debidamente planificados por las organizaciones.
Las ventajas de aproximarse al marketing con esta perspectiva cultural en mente son bastante plausibles porque permite (Peñalosa, 2000):
Parece obvio que esta revolucionaria propuesta del etnomarketing produzca un fuerte sacudón en la tradicional forma de ver la concepción e implementación del marketing. Se espera que la clásica forma de aproximarse al fenómeno de consumo y los senderos estratégicos definidos para hacerle frente sean cambiados en forma drástica. Así, comprender consumidores, conquistar compradores y conservar clientes debe ser las retadoras funciones del marketing para ser llevadas a cabo bajo los patrones culturales dominantes encada segmento de mercado.
En este sentido se pueden señalar algunas implicaciones en la investigación en marketing:
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Dagoberto Páramo Morales
dparamo[arroba]uninorte.edu.co
Nació en Ibagué, Colombia, en 1956. Ha sabido combinar sus preferencias profesionales como experto en marketing con sus inclinaciones vocacionales como escritor de literatura. Tiene un doctorado en administración y gestión con énfasis en marketing de la Universidad de Ginebra (Suiza), una maestría en administración de la Universidad de Tulane (Estados Unidos), una maestría en gestión internacional de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), una especialización en comercio exterior del Instituto Mexicano de Comercio Exterior de México y una licenciatura en mercadotecnia de la Universidad de Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia (México).
Ha publicado: "Culturas organizacionales orientadas al mercado. Un modelo para su implementación" (1998); "Marketing, su esencia conceptual" (2004); "Influencia de los estilos de dirección en las organizaciones orientadas al mercado" (2005); "Cultura de consumo de bebidas alcohólicas" (2007); "Gerencia estratégica de marketing. Un enfoque cultural" (2007). "Consumidor de tienda manizaleña. Una mirada cultural" (2007)
Como literato ha publicado una novela (Hombre roca perfume de pistolas, 1985), un libro de cuentos cortos (Resistencia con sabor a sal, 1987) y tiene varios libros terminados (cuentos, poesía y novela) que se encuentran en proceso de publicación. Ha aparecido en varias antologías en las que se ha podido apreciar su particular y revolucionario estilo.
En una especial forma de conjugar sus intereses personales y profesionales ha recurrido a la literatura como recurso pedagógico para enseñar mercadeo. Así, ha logrado demostrar que a través de la lúdica y la ficción literarias es posible recrear ciertos temas de mercadeo para ser compartidos de manera más placentera. Bajo esta perspectiva publicó una novela pedagógica ("A mí no me hablen de mercadeo", 2002) que ha servido de referente para varios docentes de marketing.
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