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Enseñanza de la historia para la escuela actual (página 2)




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Se discute la necesidad de un nuevo paradigma historiográfico, que para C. Barros (2000) debe tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Exigencias sociales derivadas de la globalización. La historia fragmentada de los ochenta no sirve para el mundo globalizado que viene, hay que revisar porqué no se logró avanzar en la historia total para llevarlo finalmente a la práctica; a la vez que será digitalizada la información histórica que se aporte con múltiples enlaces a partir del hipertexto, mientras que Internet conectará más directamente a toda la comunidad internacional de historiadores.
  • Exigencias culturales y educativas. Hay un retorno a los valores humanistas y formativos, como consecuencia del repliegue del economicismo y del tecnocratismo neoliberal.
  • Exigencias políticas y sociales de los nuevos (y viejos) sujetos políticos y sociales. Se busca la identidad en la historia en el ámbito local, regional, nacional e internacional, reavivando la función crítica de la historia.
  • Exigencias científicas. Ya no podemos hablar de una ciencia del pasado al estilo positivista, pues no se puede separar ciencia de conciencia, como no hay objeto de la historia sin sujeto; ya no vale que la historia no es ciencia porque no puede ser objetiva y exacta; pues la verdad absoluta no existe, solo existen verdades relativas; lo que perfila no abandonar la identidad de la historia como ciencia.

Todo deja el camino expedito para delimitar las peculiaridades de la ciencia historia en el siglo XXI:

  • La historia como ciencia, que se expresa en sujetos bien delimitados, es más científica que la vieja ciencia positivista, camino que se debe seguir para ofrecer resultados cada vez más cercanos a la realidad de la vida social. En concreto es asumir que los hombres están haciendo y decidiendo su historia, en las dos acepciones, tanto la historia de la ciencia como la historia de los hechos.
  • El estudio del pasado, a partir de problemas del presente, es un criterio cada vez más consensuado entre los historiadores, que justifica la utilidad social de la historia en la lucha por un futuro mejor para la humanidad.
  • Estudiar la historia desde la pluricausalidad, en el que interactúan los aspectos económicos, políticos, sociales, ideológicos y culturales, para obtener una visión más total de la actividad social de los hombres, dentro de un enfoque dialéctico. Esta concepción exige buscar estrategias globales de investigación y de divulgación de los hechos de la historia.
  • Se exige en el siglo XXI una gran pluralidad de temas y métodos. En cuanto a temas no para producir una fragmentación de la historia, sino para no dejar fuera ninguna de las aristas de la actividad social y sus interacciones, incluyendo la macro y microhistoria, que conlleva a interesantes estudios intra e interdisciplinar; y con los métodos sucede algo similar: no debe pasar que al criticar la absolutización de los métodos cuantitativos propios del positivismo, se caiga en otra reducción cualitativa, se trata de la adecuada interrelación entre lo cuantitativo y cualitativo.
  • La historia debe plantearse una posición que vaya de lo pluridisciplinar (convergencia de disciplinas) a lo transdisciplinar, que posibilita atravesar las disciplinas y trascender; es establecer una alianza estable con otras ciencias como el resto de las sociales, la geografía, la economía, entre otras. Las demandas crecientes de la interdisciplinaridad solamente pueden ser satisfechas por una disciplina histórica consciente de su unidad y su irreductible singularidad.
  • La historia debe dejar claro que hay futuro, y que precisamente hay futuro porque hay historia, hay esperanza porque hay historia. La historia tiene que pensar históricamente el futuro, es transformar desde el presente que no ocurran los grandes errores del pasado histórico de los hombres. "La aldea global que viene, sin la historia y las ciencias humanas, será el futuro de las cosas, jamás el futuro de los hombres" C. Barros (1996 : 58)
  • El debate sistemático de los historiadores, elaborando los fundamentos teóricos de esta ciencia será indispensable en el siglo que recién comienza. Hay que acabar de romper con el esquema conceptual positivista que la historia es colectadora de datos, con desprecio a la teoría y en menor medida por la historiografía y la metodología. Lo anterior supone también alejar la idea de que las escuelas historiográficas que más impactaron en el siglo XX Annales y Marxista, son cosas del pasado y no están activas, queriendo despojar a la Historia de dos de las corrientes que más la hicieron avanzar y la pueden seguir hacer avanzar.

Siendo la historia una ciencia de orden social y a su vez una disciplina escolar, sus principales problemas teóricos se reflejan en la manera de enseñar, de ahí que las corrientes historiográficas que han existido y existen influyan de manera directa en la forma de concebir el currículum de la asignatura. "La historiografía tiene una relación directa con la epistemología en tanto que una corriente historiográfica se define por su teoría y por su método" S. Sánchez (1995 : 42). En fin, la teoría que sustenta a una determinada escuela histórica aporta su metodología y todo redunda en el campo epistemológico, lo cual supone cambios y afectaciones en los fundamentos científicos de la historia y sus métodos, y a su vez, esa metodología de la ciencia llega de forma directa a la estructura didáctica de la asignatura, lo que tiene su explicación desde la relación ciencia – asignatura.

Relación entre la cultura histórica, la memoria histórica y la conciencia histórica como base para la educación histórica de los alumnos

La formación de la cultura es un proceso eminentemente histórico-social, continuo, dialéctico; que como acumulación de los conocimientos de la humanidad es siempre cultura de una sociedad, marcado por el proceso de socialización en que el hombre a lo largo de toda su vida aprende de las generaciones anteriores.

Lo creado por el hombre refleja las peculiaridades y tradiciones de una región o de un país, que a su vez aporta a los valores y tradiciones universales. Las peculiaridades con que se desarrolla el proceso de globalización en la actualidad exigen la preservación de lo que es propio, autóctono del acervo cultural de cada pueblo y que lo distingue del resto porque refleja su identidad cultural.

Decía Miguel de Unamuno: "Que la memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición es la base de la personalidad colectiva de un pueblo. Vivimos en y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es en el fondo sino el esfuerzo que hacemos para que nuestros recuerdos se perpetúen y se vuelvan esperanza, para que nuestro pasado se vuelva futuro", citado por F. Mayor (1997 : 42).

Lo histórico de la cultura humana es algo inherente a su origen, a la necesaria preservación de lo acumulado por el hombre para dejarlo como legado a otras generaciones, como testimonio de cuanto se ha hecho de una etapa histórica a otra, que no es más que el reflejo del avance de la sociedad. Este legado se diferencia en cada región del planeta por expresar las peculiaridades de diferentes sectores sociales en un contexto tempo-espacial con sus características distintivas.

La cultura histórica son todos los valores materiales y espirituales producidos por el hombre en su actividad histórico-social, y que constituye el legado generacional de su actividad económica, política, social y cultural a nivel universal, nacional, regional y comunitario.

La cultura histórica se expresa en la conciencia histórica de la humanidad. Cuando una sociedad es capaz de percatarse cual es su historia, la manera en que las generaciones de un país o región ha desarrollado su vida práctico-social, incluyendo el acervo cultural resultado de la actividad material y/o espiritual, está en condiciones de mantener y preservar determinados valores patrimoniales: construcciones, lugares históricos, objetos, información sobre su evolución histórica, normas, costumbres y valores que expresan una continuidad y a su vez la discontinuidad histórica.

"La historia se convierte en una necesidad social desde el momento en que los grupos sociales poseen - o adquieren - una conciencia histórica a través de la cual adecuan su presente y sitúan las esperanzas de su futuro". P. Pagés (1993 : 73).

La conciencia histórica que forma parte de la conciencia social, viene dada de la experiencia concreta que cada grupo social, que cada colectividad nacional ha acumulado. Esos puntos de vistas, ideas, valores y criterios que sobre la historia se van formando los hombres en el propio desarrollo de una sociedad y que expresan el grado de identificación de un pueblo con su historia total, refleja implícita, y a veces hasta explícitamente el nivel de conciencia histórica de un país.

La conciencia histórica nacional necesita de la experiencia para su formación. Es práctico pues devela el protagonismo colectivo al formarse a través de un largo proceso en que va incorporando a la memoria colectiva todos aquellos fenómenos y hechos que ocurren en la vida de un grupo social, una región y un país, entre otros.

Lo importante radica en que cada pueblo tenga conciencia del valor de preservar todo el resultado de la cultura creada. Tal significado tiene lo anterior que C. Anta Diop (1982 : 5) señala "que la identidad cultural de un pueblo depende de tres factores principales: el histórico, el lingüístico y el psicológico", manejándolo de manera interrelacionada, pero destacando el rol de la conciencia histórica como baluarte de defensa de esa identidad frente a las contingencias internas o foráneas enajenantes.

La conciencia histórica de una nación se nutre de los propios acontecimientos históricos vividos por ese país: qué han hecho sus habitantes al transitar por diferentes períodos de su evolución, cómo han resuelto sus problemas, qué acciones han desarrollado en la conformación de su nación, lo cual en general se erige como memoria colectiva y como guía más directa de actuación social por el impacto afectivo transmitido generacionalmente.

De ahí que consideremos la memoria histórica como la facultad que se tiene para conservar los acontecimientos, los fenómenos, los sentimientos, los ideales, las normas, las costumbres y los valores autóctonos, genuinos que caracterizan a una nación y trasladarlos al plano de la conciencia histórica.

Sin memoria histórica, no hay conciencia ni cultura histórica. El esfuerzo de una nación para no olvidar sus orígenes, desentrañar sus hilos conductores, a veces complejos, significa darle el justo lugar a todos los que en conjunto han aportado en la formación, desarrollo y consolidación de la nación.

La interiorización de los valores históricos de una nación, no se puede lograr al margen de develar el protagonismo individual y colectivo de su pueblo. Si entre todos se preserva y construye la identidad de la nación, no se pueden desechar todas las fuentes que nutren de información y de fortaleza espiritual para ese empeño.

Si el proceso de formación de la conciencia histórica combina lo espontáneo con lo consciente su nivel cualitativo será superior. Cuánto aportaría la educación si interviniera de manera más directa, organizada y de forma sistematizada sobre las fuentes que establecen los nexos generacionales haciendo de la preservación de la identidad nacional un afectivo intercambio entre la escuela, la familia y la comunidad.

Potencialidades educativas de la historia

La finalidad educativa de la asignatura Historia es contribuir el desarrollo integral del alumno, propiciar el crecimiento de su personalidad, incidir en su formación humanista, y para este propósito la Didáctica de la Historia posee un importante papel.

La presencia de la Historia en la educación se justifica desde múltiples razones:

  • Despertar el interés del alumno por el pasado, que facilita la comprensión del presente: no se puede entender el presente del alumno sin que se adentre en el estudio del pasado. El presente tiene unos hilos conductores que se mueven hacia el pasado, tanto al pasado reciente como al pasado pasado como señalan algunos autores. Heller, A. (1997)
  • Comprensión del presente para hacer reflexionar al alumno sobre su proyección futura: el estudio del pasado a partir de hechos, procesos y fenómenos, con el protagonismo de los actores de la historia, entra en conexión con la vida presente y se convierte en una vía para que el alumno piense cómo debe ser la posición de la sociedad y la de él como miembro de la misma en el transcurrir de la historia. Qué lugar le corresponde en la sociedad como futura generación adulta.
  • Potenciar en los educandos el sentido de identidad: sentirse parte de la historia y la vida de un país, conocedor de sus costumbres, raíces, tradiciones y defensor de esos valores identitarios. Esto es algo necesario en la era de la globalización neoliberal que trata de aniquilar los valores autóctonos nacionales para imponer los valores que provienen de los centros de poder en el mundo.
  • Respetar la historia y las tradiciones de otros pueblos del mundo: al conocer la historia de otros pueblos del mundo, encontrará relaciones, conexiones entre el mundo, el continente y la región con el país en que vive y elevará su cultura sobre otros países, lo que fomenta la tolerancia y la valoración de lo diferente a partir del desarrollo histórico de cada pueblo. Desde lo diverso que es el mundo actual encontrará lo semejante entre los pueblos, tal y como afirma Martí (1975 : 468) "Patria es humanidad"
  • Preparar a los alumnos para la vida adulta: al comprender desde la historia los problemas sociales, al formar criterios, actitudes y valores relacionados con la vida ciudadana. Desde la historia y la actividad desplegada por los hombres se aprende cómo enfrentar los problemas sociales.
  • Desarrollo del pensamiento del escolar: la enseñanza de la Historia favorece el ejercicio humano de pensar, se activan todos los procesos lógicos: análisis, síntesis, abstracción, inducción, deducción, comparación, generalización. Se aprende a pensar con sentido crítico, buscando elementos factuales y lógicos que posibiliten argumentar, contrastar las opiniones que tenemos con las de otros en el acto comunicativo que es la educación.
  • Se enseña los métodos y procedimientos para la investigación histórico social: todas las habilidades que se enseñan para reconstruir el pasado, son útiles en la formación integral del alumno. Cuando aprende a formular hipótesis, a buscar datos que permiten corroborarla o desecharla en fuentes variadas, se está preparando al alumno en un serio ejercicio intelectual, que será útil en su vida futura, independientemente de la profesión que elige más tarde estudiar.

En esta dirección ideas martianas aportan pautas teórico – metodológicas. Para ello hemos tomado algunos de los planteados en la bella y trascendente carta a María Mantilla, escrita el 9 de abril de 1895, que constituye su testamento pedagógico. Cuando José Martí dice: "[ ...] Elévate, pensando y trabajando "[...] Cuadernos Martianos II (1997 :102) ofrece las vías para lograr el crecimiento individual y social, pues según él " [...] Enseñar, es crecer [...]" Cuadernos Martianos II (1997: 102).

Es particularmente significativa su opinión al decir: [ ... ] Donde yo encuentro poesía mayor en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo [...] Es hermoso, asomarse a un colgadizo, y ver vivir al mundo: verlo nacer, crecer, cambiar, mejorar y aprender en esa majestad continua el gusto de la verdad [...] (Cuadernos Martianos II (1997: 102). Para nosotros, entender y explicar el desarrollo del mundo social es esencial, como esencial es contribuir a establecer relaciones significativas entre el mundo social y el mundo individual del alumno.

Recordemos que en la formación de valores la significación para sí de lo aprendido es fundamental y que en este complejo proceso la dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo es cuestión clave dado el carácter subjetivo y personal de los valores. Nuestro Héroe Nacional en el año 1880 hace referencia a las interrogantes que él mismo se fomentaba cuando apenas tenía doce años y dice: "¿Y de qué me sirve toda esta miseria que me han enseñado, estos rosarios de hechos huecos, estos textos escritos en jerga pomposa y oscura? El mundo que llevo en mí, él se me va explicando solo: pero ese otro mundo vivo de afuera, que me llama a sí con atracción seductora, ¿quién me lo explica?... Se cría hoy a los carneros, toros y caballos con más realidad y juicio que a los hombres, porque a los caballos, torso y carneros los cuidan, afinan desenvuelven las partes del cuerpo que han de necesitar para el oficio a que se les destina, el hueso si son para la carga, la fibra si son para la matanza, los elementos de la leche si son para la cría, Y al niño, que ha de vivir en la tierra, no le enseñan ni la tierra ni la vida[...]" J. Martí (1995 : 34)

He ahí nuestra principal función, lograr que aprendan la vida social en necesaria y dialéctica relación con su vida interior, con su mundo espiritual que saldrá enriquecido.

El aprendizaje de la Historia ayuda al alumno a tomar conciencia de sus propios valores y a fundamentar sus relaciones sociales, su práctica a lo largo de la vida. Para ello es necesario establecer una adecuada relación entre ciencia y humanismo, pues, por una parte, tienen relevante importancia los conceptos y posiciones teóricas de la Historia como ciencia y su devenir en asignaturas, y por otra, que la clase de Historia es un espacio social de comunicación, intercambio y enriquecimiento en función de la formación integral humanista de los alumnos.

Como vemos, para el logro de esta intencionalidad formativa es preciso tener en cuenta al alumno, a las demandas y necesidades de la época y sociedad en que vivimos, a la epistemología de la Historia como ciencia y a condicionamientos de carácter psicológico y propiamente didácticos, todo ello para poder contribuir al desarrollo de las capacidades de los alumnos para valorar, sentir, amar, imaginar y poner en práctica lo aprendido para defender nuestras ideas y principios revolucionarios y hacer posible un mundo mejor.

En nuestro caso, la ciencia Historia es la fuente, ofrece el rigor de la lógica histórica, el modo de razonar histórico, y constituye un pilar esencial, y la ética del historiador es el otro pilar fundamental para el desarrollo de las opiniones, el fortalecimiento de criterios propios, el establecimiento de un compromiso ideológico, humanista y científico para ejercer la crítica desde una actitud histórica, revolucionaria y transformadora, basada en la idea martiana que plantea que " La crítica no es la censura; es sencillamente y hasta en su acepción formal _ en su etimología _ es eso, el ejercicio del criterio " J. Martí T 19 (1978 : 366).

Por tanto, contribuir al desarrollo del pensamiento histórico y de la conciencia histórica de los estudiantes constituye una importante vía para enfrentar los problemas del mundo actual pues "conocer es resolver" J. Martí T 6 (1978 : 18). Para ello es necesario fortalecer la relación entre ciencia y humanismo, por la relevancia de las fuentes, métodos, ideas, conceptos, enfoques, que aporta la primera, y por el valor del segundo como concepción integral acerca del hombre y su realización.

Son conocidas las características del modo de razonar en la ciencia histórica y en la clase de historia es necesario contribuir a su desarrollo. Creemos oportuno agregar la utilidad de tener en cuenta conceptos históricos estructurantes para una verdadera comprensión histórica tales como: causa – efecto, clases sociales, continuidad, ruptura, identidad, cultura, objetivo, subjetivo, contradicciones, desarrollo, interrelación y otros. Estos conceptos expresan la forma de pensar la Historia, son construcciones propias para una adecuada interpretación histórica, por eso son conceptos sociales claves, o sea, son aplicables para el análisis del desarrollo social.

En nuestra asignatura esto supone la utilización de métodos científicos de la Historia, asumir una lógica histórica en los razonamientos, una actitud histórica, trabajar con fuentes históricas y del conocimiento histórico, acercar el aprendizaje de la Historia y la actividad de historiar, propiciar un acercamiento objetivo y científico a la huella histórica, pero a la vez afectivo y emocional, teniendo en cuenta al alumno, sus particularidades, intereses, necesidades, así como las necesidades de nuestra época y sociedad, o sea, la clase de Historia debe aportar herramientas y recursos intelectuales para pensar, debe entrenar en una metodología de indagación histórico social, y debe aportar también vías para el enjuiciamiento ético, debe dejar una lección humana que enriquezca al alumno integralmente, que permita el crecimiento de su personalidad, el mejoramiento individual en su inserción social, el desarrollo de un saber humanizante.

La vida social, el mundo en que vivimos, puede ser una importante fuente de aprendizaje histórico social. Conocer sobre lo atractivo y actual del estudio de la vida cotidiana y el hombre común nos revela la posibilidad de diseñar una opción alternativa que permita trabajar un currículum de Historia Social de la comunidad para la escuela. ¿Conoce y aprovecha la escuela las potencialidades cognitivas y afectivas de la Historia Social de la comunidad? Una vez conocidas, ¿Concibe acciones que contribuyan al desarrollo científico y humano de los estudiantes? ¿Están preparados los futuros profesionales de la docencia para ello? ¿Cómo prepararlos?

¿Se han elaborado propuestas que tengan en cuenta a la comunidad, a los alumnos, a la familia para el estudio de la historia local? ¿Existen innovaciones educativas relacionadas con ello? ¿Cuáles son sus fundamentos? Estas interrogantes incentivan nuestras reflexiones.

Estrategias de enseñanza-aprendizaje de la Historia en la escuela actual, a partir del aprovechamiento de la variedad de fuentes

El proceso de enseñanza-aprendizaje de la Historia en la actualidad exige de un docente con un alto desarrollo de la competencia profesional, vista en sus dos aristas, como competencia científica (dominio de los contenidos que imparte, gran actualización científica en la(s) materia(s) que imparte) y como competencia pedagógica (comprometidos con el proceso formativo de los estudiantes y un alto dominio acerca de la conducción pedagógica del proceso formativo, que incluye conocimientos biológicos, sociológicos, psicológicos, pedagógicos y didácticos, entre otros).

El docente de Historia de hoy no puede pensar en los términos que lo hace un profesor positivista, único protagonista del proceso, conocedor de la verdad, aportador de datos fácticos provenientes solo de documentos y que ofrece una visión distorsionada de la historia al centrarla solo en los elementos políticos, diplomáticos y militares de la actividad de las personalidades históricas. Aquí cabe una sola estrategia de aprendizaje: la memorización de hechos, procesos y fenómenos históricos y el transcurrir en la historia de las grandes personalidades.

El docente de Historia debe potenciar estrategias didácticas que favorezcan la calidad del aprendizaje de esta asignatura. Se entiende por estrategias didácticas "el conjunto de las acciones que realiza el docente con clara y explícita intencionalidad pedagógica" C. Bixio (1998 : 48)

La enseñanza de la Historia desde una perspectiva estratégica implica que el docente desarrolle estrategias de enseñanza que favorezcan las estrategias de aprendizaje de los alumnos. De esta manera se favorece el aprendizaje estratégico de los alumnos y se enseña a aprender y se aprende a aprender.

Uno de los retos mayores que tiene el docente en la contemporaneidad es saber enseñar a sus alumnos a aprender Historia. Que el docente domine el contenido histórico no significa que lo enseñe bien y mucho menos que los alumnos lo aprendan bien, aunque se considere una importante condición para poder enseñar esta materia. En la literatura pedagógica de los últimos años hemos estado encontrando los términos enseñar a aprender, aprender a aprender, enseñar a aprender a aprender y cada uno encierra una interesante meta para el trabajo pedagógico de los docentes. Veamos qué cuota de responsabilidad tenemos ante la esencia de cada término anteriormente mencionado:

  • Enseñar a aprender sobre la historia: supone el proceso en el que el docente no se ocupa solo del aprendizaje de los conocimientos históricos, sino el dominio de procedimientos, técnicas, métodos para adquirir los conocimientos con mayor independencia y aplicarlos a la práctica social. Se revela, desde esta concepción, una alta responsabilidad del docente ante el aprendizaje histórico del escolar.
  • Aprender a aprender sobre la historia: se sitúa desde la posición del alumno, que no solo debe acumular conocimientos históricos, sino que se ocupa de apropiarse de procedimientos eficaces para llegar por sí solo a nuevos conocimientos históricos, determinar cuáles se ajustan mejor a sus peculiaridades personales y saber pedir ayuda para avanzar en el camino de su propio aprendizaje. Esta asociado con la metacognición, con el aprendizaje autorregulado.
  • Enseñar a aprender a aprender sobre la historia: Establece la relación entre enseñar a aprender sobre la historia y aprender a aprender sobre la historia. El docente debe aprender cómo enseñar a aprender sobre la historia, concentrar su atención no sólo en cómo se apropia el alumnado del contenido histórico (conocimientos, habilidades, hábitos, normas, ideales, actitudes, valores) sino a la vez, cómo concientizan los métodos de aprendizaje y cómo ayudar a cada alumno a dominar su proceso de aprender a aprender sobre la historia.

Se aprende a aprender sobre la historia desde la experiencia personal de los aprendices, pero sin obviar la experiencia histórico-cultural acumulada por la sociedad, la experiencia de aprendizaje de otros: coetáneos, docentes, familia, comunidad y miembros de la sociedad en general.

Enseñar a aprender equivale a introducir entre la información que el maestro presenta y el conocimiento que el alumno se apropia un tercer elemento: tradicionalmente este tercer elemento era el método; hoy se considera las estrategias didácticas de enseñanza que utiliza el docente y para el alumno este tercer elemento lo definimos como estrategias de aprendizaje. Por lo tanto este tercer elemento queda subdividido en: estrategias didácticas que utiliza el docente y estrategias de aprendizaje de los alumnos.

Cuadro # 1 J. I. Reyes (2000)

Estos procesos que el alumno pone en juego a la hora de resolver una determinada situación o de aprender un determinado concepto, principio, hecho o procedimiento, es lo que llamamos estrategias de aprendizaje.

C. Bixio (1998) se refiere a pilares que son el marco constitutivo de la estrategia de aprendizaje, de los que comparto los siguientes:

  • La estructura cognoscitiva.
  • Los conocimientos previos que posee un sujeto sobre el tema.
  • Los procedimientos de que disponga y las destrezas de las que sea capaz.
  • El interés que el estudio de dicho tema le despierta; los lazos afectivos con el tema.
  • Las intenciones y objetivos que lo mueven a realizar este estudio.
  • Las condiciones psico – físicas en las que se encuentra en ese momento.

Pero tan importante como lo anterior son los factores externos que pueden ser determinantes en el momento de seleccionar una estrategia: tiempo para estudiar, material bibliográfico que dispone, tipo y cantidad de contenido a estudiar, las condiciones ambientales del lugar y la presencia de otras personas con quien compartir el estudio.

Tomando en consideración lo anterior, el sujeto selecciona la estrategia de aprendizaje que seguirá, la que le permita asegurar el cumplimiento de las exigencias del programa escolar, a la vez que crece como ser humano y se transforma personológicamente. Esto revela que no siempre el sujeto utiliza la misma estrategia de aprendizaje, pero si hay una conducción pedagógica correcta se estará apropiando de mecanismos de autoaprendizaje que le permitirá moverse de manera cada vez más independiente en la escuela, en la familia, en la comunidad, en la sociedad.

Lo anterior se relaciona con los enfoques de aprendizaje que señala J. C. Torres Puente (1997):

  • Enfoque superficial: motivos externos en el aprendizaje, estudio de puntos importantes y para reproducirlos, tendencia a memorizar, percepción del contenido de forma aislada, se desea aprobar con el mínimo de esfuerzo.
  • Enfoque profundo: realización de la tarea por motivos intrínsecos, intención de encontrar el significado de lo que estudia, deseo de obtener una comprensión profunda de lo que estudia.
  • Enfoque de logro: implicación personal en la tarea como medio, no como fin, intención de obtener los mejores resultados posibles, tendencia a ser ordenado y disciplinado en función de la importancia de la tarea, uso eficaz del tiempo y del esfuerzo.

Estos enfoques son características que los estudiantes presentan de forma continuada, pero no suelen considerarse como rasgos de la personalidad, pues en determinadas circunstancias pueden variar. Un alumno con poco tiempo para estudiar un tema, presionado por un examen cercano, puede hacer un estudio superficial, sin embargo su tendencia es hacer estudios profundos y de logro.

Es necesario concebir las estrategias de aprendizaje como instrumentos al servicio del progreso personal y no como meros recursos técnicos para estudiar mejor.

Es imposible un proceso de enseñanza-aprendizaje estratégico desde la historia sin percatarse de las potencialidades que ofrecen las variadas temáticas y las fuentes históricas para su estudio.

Desde la enseñanza de la historia el profesor debe desarrollar estrategias didácticas para que el alumno pueda:

  • Localizar información en diferentes fuentes históricas y del conocimiento histórico, tales como documentos, textos, objetos de la cultura histórico material, participantes y testigos de los hechos históricos, videos, filmes, software, entre otros.
  • Procesar la información en forma de notas, informes, resúmenes, cuadros, esquemas, tablas, entre otros.
  • Elaborar hipótesis, ideas y hacerse preguntas alrededor del material histórico que guíen la búsqueda de la verdad histórica.
  • Analizar el material histórico como base para comparar y arribar a generalizaciones sobre los hechos, procesos y fenómenos históricos.
  • Exponer el material histórico en forma de narraciones, descripciones, caracterizaciones, explicaciones, argumentaciones, demostraciones y valoraciones, en un movimiento dialéctico desde lo fáctico hasta lo lógico.
  • Relacionar el conocimiento histórico del pasado con el presente, comprendiendo la utilidad personal y social de lo que aprende.
  • Establecer nexos causales, temporales y espaciales entre los hechos, procesos y fenómenos históricos universales, nacionales, locales, familiares y personales favoreciendo la formación de la temporalidad.

En Cuba se han realizado diferentes investigaciones relacionadas con la historia social integral con un fundamento epistemológico desde el materialismo dialéctico e histórico, cuyas estrategias didácticas implican:

  • Un estudio de la historia social integral, como una historia que recrea todas las aristas de la actividad social: económica, política, social, cultural e ideológica desde la dialéctica pasado – presente – futuro.
  • Un acercamiento a temáticas que han tenido menos espacio en el currículo histórico escolar, como la historia del hombre común, la historia personal, la historia familiar, historia social comunitaria, la historia de las mujeres, la historia de los oficios y las profesiones, la historia de la vida cotidiana, entre otros.
  • Un protagonismo activo de los estudiantes en el proceso del aprendizaje a partir de la participación en la decisión de contenidos que entran al currículo, métodos y procedimientos para aprenderlos y sistema de evaluación.
  • El estudiante, de manera individual o grupal, utiliza los procedimientos de la investigación histórico social para realizar sus estudios históricos, que los pertrecha para comprender mejor el entramado de relaciones sociales en diferentes niveles de relaciones que se ve compulsado a establecer.
  • La interacción del estudiante con su grupo escolar y el colectivo pedagógico, su familia, miembros de la comunidad y de la sociedad en general, utilizando lo aprendido para comprender el contexto familiar, comunitario, y nacional en que vive.

Dentro de esas investigaciones podemos mencionar las realizadas por R. M. Álvarez (1998) Historia-Alumno-Sociedad; J. I. Reyes (1999) La historia familiar y comunitaria como vía para el aprendizaje de la historia nacional y de la vinculación del alumno de secundaria básica con su contexto social; M. Romero (1999) Una propuesta de diseño curricular de historia social de la comunidad para la escuela; A. F. Jevey y J. I. Reyes (2001) Historia personal y familiar en el currículo de la escuela primaria; A. Palomo (2001) Didáctica para favorecer el aprendizaje de la historia nacional y la vinculación del alumno de secundaria básica con su contexto social a partir del tema del hombre común; A. Laurencio (2002) La historia local y su proyección axiológico-identitario en el proceso de enseñanza – aprendizaje de la Historia de Cuba en secundaria básica; Y. Frías (2003) La vida civil en el campo mambí holguinero durante la guerra de 1895. Una aproximación a su estudio desde lo cotidiano; L. Bao (2004) Una concepción didáctica dirigida a desarrollar los intereses cognoscitivos, profesionales y sociales de los estudiantes para el estudio de la Historia de Cuba en la educación superior; M. Rivera (2004) El patrimonio cultural de la localidad y su contribución al desarrollo del proceso de enseñanza – aprendizaje de la Historia de Cuba en la Secundaria Básica; entre otras.

Para la discusión en este curso se utilizaran los resultados de:

I.- J. I. Reyes (1999) La historia familiar y comunitaria como vía para el aprendizaje de la historia nacional y de la vinculación del alumno de secundaria básica con su contexto social

El hombre forma parte de la historia, lo hace cotidianamente, es protagonista y a su vez registrador de su transitar por la vida social y su conexión primaria le llega a través de la historia familiar. Ese micromundo familiar tiene lazos que lo conectan con la sociedad, que expresa los rasgos de carácter general, común a otras familias, a su comunidad y a su nación.

El estudio de la historia familiar posibilita conservar la memoria histórica de un núcleo de personas unidas por lazos sanguíneos y afectivos, que permiten percibir la continuidad en las relaciones humanas, el sentido del cambio, la transformación, la heterogeneidad de elementos que influyen en la actuación de los seres humanos, la necesaria relación entre los elementos individuales y sociales, la capacidad de reflexión ante situaciones distintas incluyendo las más dramáticas y conmocionantes, las costumbres de cada época histórica, las normas y códigos éticos y su influencia social.

Las historias contadas por los familiares, una vez organizadas, sistematizadas y enmarcadas en su contexto se irán convirtiendo poco a poco en "Historia con mayúsculas"

Hay estudiosos de este tema como H. Pluckrose (1993) que consideran que los niños que cuentan con una familia numerosa y que se encuentran con frecuencia en contacto con sus abuelos desarrollan un sentido del tiempo mucho más arraigado que aquellos que se ven más limitado a entrar en contacto con los abuelos de la familia. Hay que aprovechar el arsenal de información que poseen sobre todo los abuelos, pues como dice un proverbio africano "cuando muere un anciano es como si ardiera toda una biblioteca" Pluckrose (1993: 76).

Es fructífero y estimulante cuando la comunicación entre los mayores de la familia, incluyendo los abuelos, asume una posición protagónica en la formación histórico - social de los niños y adolescentes y apelan a sus historias para prepararlos para la vida adulta; pero como no sucede siempre así, la escuela, y en particular la asignatura Historia, debe facilitar la integración de los alumnos y sus familiares, lo que indudablemente enriquecerá a ambas partes.

Es bueno atender la alerta de Pluskrose (1993: 72) que afirma que "la irrupción en el pasado de una familia puede ser causa de problemas y tensiones". No siempre la familia desea que se busque en su pasado, por temor a exhibir sucesos que trajeron conflictos o no están en sintonía correcta desde la óptica del presente. Esto supone una comunicación fluida entre el profesor y sus alumnos para no violentar lo que no se desee revelar al auditorio o lograr el análisis objetivo y desprejuiciado de la actuación de algún familiar o varios de ellos.

El alumno se tiene que sentir orgulloso de que al desempolvar la historia familiar, recupera y preserva sus objetos y sentimientos más significativos, recrea anécdotas y vivencias, las sistematiza y organiza convirtiéndose en el protagonista de una actividad de rescate histórico con el que entrará a la historia de modo que en el futuro de su familia será siempre considerado como el actor que en el presente (ya pasado en el futuro) produjo una reflexión colectiva (sobre las tradiciones, costumbres, normas y otros elementos de valor histórico) que llegará a sus descendientes.

La historia asume el verdadero realismo que tiene, ya no es ficción que me cuentan otros, es el resultado de utilizar los métodos de la investigación histórica ajustada a las posibilidades de la edad, pero permitiendo develar que el historiador tiene la necesidad de acudir a variadas fuentes, contrastar la información, analizar detalladamente y llegar a conclusiones mediante un serio esfuerzo indagativo que el alumno ahora reproduce en menor escala.

El pasado histórico familiar es real, como reales son los miembros de su familia aunque algunos no están ya vivos, pero se conservan objetos sobre ellos o huellas de su paso por la vida que recoge la historia oral familiar. La historia familiar libera a la enseñanza de la historia de esa sujeción estéril a los textos escolares, como la única fuente de aprendizaje lo que en parte ha contribuido, por su mala utilización, al rechazo de los alumnos hacia esta materia.

Esta propuesta didáctica se realizó con adolescentes de secundaria básica de Las Tunas y se siguió la siguiente secuencia:

  • Investigación individual de la historia familiar de cada alumno, utilizando las fuentes a su disposición.
  • Exposición ante el grupo de la reconstrucción histórico familiar realizada, apoyada en objetos de la familia.
  • Investigación en equipo de algunas historias de familia, desde el estudio histórico familiar individual realizado.
  • Exposición ante el grupo de la reconstrucción histórico familiar realizada, apoyada en objetos de la familia y con la presencia de algunos de sus miembros que fueron informantes claves. Contrastación con respecto a la primera versión de la historia familiar, enfatizando en las vías utilizadas e información obtenida.
  • Discusión en taller acerca de qué aprendí con respecto a la historia nacional y local desde la historia de mi familia. Cada estudiante previamente tiene que contextualizar los sucesos familiares dentro de los periodos de estudio de la historia nacional y local.

II.- M. Romero (1999) Una propuesta de diseño curricular de historia social de la comunidad para la escuela

Esta propuesta se desarrolló con adolescentes de una secundaria básica de la capital de país, promoviendo el acercamiento de ellos a determinadas aristas de la historia de su comunidad que antes no habían sido objeto de estudio desde la escuela.

El plan diseñado de Historia Social Comunitaria tiene los siguientes pasos:

1.¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿ A dónde voy? Mi autohistoria. Valores personales. La historia de mi familia. Tradiciones familiares. ¿Cómo puedo crecer en mi contexto histórico social?

2. Mi comunidad y sus valores. Yo y ellos. ¿Dónde vivo? ¿ Quiénes me rodean?

En la comunidad en que vivo la historia de la familia más antigua, del anciano más longevo, del parque principal, de la casa más antigua, de las luchas históricas, las tradiciones culturales de mi comunidad, la historia de un científico, de un maestro, de un obrero, de un deportista, de un internacionalista, de un artista, de una figura pintoresca de mi comunidad.

¿Cuáles son los valores patrimoniales de mi comunidad?

¿Cómo puedo enriquecer y rescatar los valores y tradiciones de la misma?

3. Las ideas nos hacen fuertes y los ideales invencibles.

¿Cómo pienso? ¿Cómo pensamos en mi comunidad?

Nuestras raíces históricas. Los mejores valores de cubanía. Ayer y hoy.

El pensamiento de José Martí. Valor universal y metodológico del Manifiesto de Montecristi y de Yugo y Estrella. Actualidad.

¿Cómo podemos desarrollar nuestra sociedad para el futuro?

Objetivo del programa:

Desarrollar un aprendizaje funcional para la vida sobre la base de la relación entre el conocimiento cotidiano y el conocimiento teórico, tomando como referente a la sociedad, lo que promueve el desarrollo del pensamiento histórico y los valores.

Conocimientos fácticos:

Se mueven en el plano de: autohistorias, historias familiares, historias de lugares, entidades y personas de la comunidad.

Conceptos: historia social, autohistoria, comunidad, valores, familia, tradiciones, ideas, ideales, patrimonio, identidad, cubanía, sociedad, raíces históricas, historiador, además de conceptos relacionados con la ciencia histórica, su enfoque, tales como: desarrollo, cambio, tiempo histórico, duración, sucesión, común, diverso, causas, consecuencias, relaciones.

Regularidades:

En el desarrollo de la sociedad el hombre común tiene un importante papel.

Existe una relación dialéctica entre el hombre y la sociedad.

Idea Rectora.

El mejoramiento de la sociedad depende en gran medida de las actitudes y valores de los hombres que la conforman y de la identificación de cada hombre con su contexto social.

Habilidades relacionadas con el pensamiento social.

Trabajo con fuentes

Recogida de datos (información) : observación

Procesos de primer nivel: análisis y síntesis, interpretación y clasificación

Procesos intermedios: comparación, inferencia

Procesos de nivel superior: generalización y valoración

Actitudes y valores:

Actitudes autorreflexivas que promuevan el autorreconocimiento, la autoestima y sentido de pertenencia, y el mejoramiento individual en su inserción social, promoviendo una cultura de paz y relaciones de integración.

Valores como: solidaridad, dignidad, tolerancia, independencia y justicia.

Evaluación:

La tendencia evaluativa es sistemática, a partir del diálogo informativo y reflexivo resultado de la indagación individual desarrollada según las exigencias de cada tema. Cada alumno presentará los textos históricos producidos y defenderá sus criterios.

Sobre esta base el resto de los alumnos y el profesor formularán interrogantes que facilitarán el desarrollo de la actividad metacognitiva y la conciencia afectiva.

III.- A. Palomo (2001) Didáctica para favorecer el aprendizaje de la historia nacional y la vinculación del alumno de secundaria básica con su contexto social a partir del tema del hombre común

La historia del hombre corriente, la historia de los de abajo o también la historia del hombre común, ha puesto en manos de los historiadores una posibilidad para enriquecer la investigación y la reconstrucción histórica. No menos importante, ha sido para los docentes contar con una cantidad y variedad de materiales que poseen una carga emotiva referida a personas sencillas, que potencian las motivaciones de los alumnos al facilitar la conexión vital que poseen los conocimientos históricos.

En este proyecto curricular el hombre común es su eje, para motivar al estudiante, promover desde las historias individuales el conocimiento de la historia comunitaria y nacional, movilizando el pensamiento histórico del estudiante.

Reflexionar en historia con relación al hombre significa detenerse en sus acciones como ser individual y social, con el cual se confiere a esta ciencia un enorme potencial no solo en el plano intelectual sino educativo.

La historia no solo está hecha por personalidades, sino también y sobretodo por el hombre común, los de abajo, como dirían algunos teóricos de la historia. Todos vivimos nuestras vidas y con sus acciones construimos nuestras respectivas historias. Son historias individuales que entretejidas resultan la historia de la familia, de la localidad, de la nación. Ninguna historia humana ocurre por la acción exclusiva del propio individuo, sin vínculo con el resto de los seres humanos que le rodean.

La actividad del hombre común, es esencialmente significativa para la sociedad, su actuación acorde a determinadas exigencias histórico-sociales, constituye un eslabón más de la cadena de hechos políticos, económicos, sociales, ideológicos y culturales que enriquecen su propia historia, la de su localidad, la de su nación y la del universo.

Reconocer que la labor cotidiana, anónima, incansable es el punto de partida para construir la sociedad aunque hasta ahora la historiografía y la didáctica de la Historia no la tengan en ese lugar.

La historia del hombre común tiene una dimensión individual y otra dimensión colectiva. La actividad desplegada por cada individuo por una parte y lo que aporta a un colectivo donde se inserta socialmente.

"El hombre común es aquel sujeto de la historia cuya actividad, de muy diversas gradaciones, se desenvuelve esencialmente en lo cotidiano constituyendo al mismo tiempo, un eslabón de la cadena de los hechos políticos, económicos, sociales, ideológicos y culturales, las que, al formar parte de una colectividad mayor, contribuyen a mover los resortes de la historia de su localidad, de su nación y del universo" A. Palomo (2001)

Este proyecto didáctico se desarrolló en una secundaria básica de Holguín en los contenidos referidos a la historia nacional después de 1959. El proyecto transcurrió por cuatro fases:

  • Fase 1: De exploración de los conocimientos, habilidades y actitudes previas de alumno para el aprendizaje de la historia.
  • Fase 2: Introducción del tema y de preparación
  • Fase 3: Despliegue del conocimiento de la historia de mujeres y hombres comunes
  • Fase 4: Exposición de los resultados y evaluación
  • Fase 5: De socialización en la comunidad

Los alumnos estudian las historias de personas comunes que despliegan actividades sociales variadas, utilizan los métodos de la investigación histórica, experimentan cómo se construye el conocimiento histórico, al percibir que el hombre común forma parte de la historia se transforma su concepción del lugar de ellos en la historia al sentirse protagonistas de ellos, se sensibilizan con diferentes actividades sociales creciendo la apreciación que tienen de lo cotidiano y también de lo que es trascendente.

En resumen, la historia que se debe enseñar debe abarcar la totalidad de las aristas de la actividad social, promover el desarrollo del pensamiento histórico en los alumnos y una fuerte vocación humanista de aceptación del otro a partir de conocer la historia de los hombres comunes, las grandes personalidades, historias de familias (incluyendo la suya), historia de la comunidad, de la nación y el universo.

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Autor:

Dr.C José Ignacio Reyes González

Profesor Titular

es Doctor en Ciencias Pedagógicas, especialista en Didáctica de la Historia, Profesor Titular, Director del Centro de Estudios Pedagógicos del Instituto Superior Pedagógico "Pepito Tey" de las Tunas, Cuba; dirige tesis doctorales y de maestría en enseñanza de la Historia.

MSc Manuel Romero Ramudo,

Profesor Auxiliar

es Master en Enseñanza de la Historia, Profesor Auxiliar, profesor del Instituto Superior Pedagógico "Enrique José Varona, de La Habana, actualmente se desempeña como asesor de la enseñanza de la Historia del Ministerio de Educación de Cuba

Dra. C Adalys Palomo Alemán,

Profesor Titular

es Doctora en Ciencias Pedagógicas, especialista en Didáctica de la Historia, Profesora Titular, Vicerrectora de Investigaciones y Postgrado del Instituto Superior Pedagógico "José de la Luz y Caballero" de Holguín, Cuba; dirige tesis doctorales y de maestría en enseñanza de la Historia.

Este trabajo constituye la base de un curso impartido por los autores en el Congreso Internacional Pedagogía 2007, celebrado en La Habana, Cuba, febrero de 2007


Partes: 1, 2


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