Capítulo 3
Miguel de Cervantes Saavedra, novelista, poeta y dramaturgo español (*1547 - †1616). Nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares y murió el 22 de abril de 1616 en Madrid (fue enterrado el 23 de abril y popularmente se conoce esta fecha como la de su muerte).
Es considerado la máxima figura de la literatura española. Es universalmente conocido, sobre todo por haber escrito El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que muchos críticos describen como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal. Se le ha dado el sobrenombre de Príncipe de los Ingenios.
Poesía
Cervantes se afanó en ser poeta, aunque llegó a dudar de su capacidad, como él mismo dijo antes de su muerte en Viaje del Parnaso:
Yo que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo
Se han perdido o no se han identificado casi todos los versos que no estaban incluidos en sus novelas o en sus obras teatrales; aunque se le suele llamar inventor de los versos de cabo roto, en realidad no fue él. Cervantes declara haber compuesto gran número de romances, entre los cuales estimaba especialmente uno sobre los celos.
En efecto, hacia 1580 participó con otros grandes poetas contemporáneos como Lope de Vega, Góngora o Quevedo en la imitación de los romances antiguos que dio origen al Romancero nuevo, llamado así frente al tradicional Romancero viejo del siglo XV, el cual era anónimo.
Inicia su obra poética con las cuatro composiciones dedicadas a Exequias de la reina Isabel de Valois. Otros poemas fueron: A Pedro Padilla, A la muerte de Fernando de Herrera, A la Austriada de Juan Rufo. Como poeta sin embargo destaca en el tono cómico y satírico, y sus obras maestras son los sonetos Un valentón de espátula y greguesco y Al túmulo del rey Felipe II, del cual se hizo famoso los últimos versos:
Caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.
La Epístola a Mateo Vázquez es una falsificación escrita por el erudito decimonónico Adolfo de Castro, como asimismo lo es el folleto en prosa El buscapié, una vindicación del Don Quijote escrita también por este erudito. Asentó algunas innovaciones en la métrica, como la invención de la estrofa denominada ovillejo y el uso del soneto con estrambote.
Teatro
Dadas sus penurias económicas, el teatro fue la gran vocación de Cervantes. Escribe que cuando era mozo «se le iban los ojos» tras el carro de los comediantes y que asistió a las austeras representaciones de Lope de Rueda. Sin embargo, su éxito, que lo tuvo, pues sus obras se representaron «sin ofrenda de pepinos», como dice en el prólogo a sus Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados, fue efímero ante el exitazo de la nueva fórmula dramática de Lope de Vega, más audaz y moderna que la suya, que hizo a los empresarios desestimar las comedias cervantinas y preferir las de su rival.
El teatro de Cervantes poseía un fin moral, incluía personajes alegóricos y procuraba someterse a las tres unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar, mientras que el de Lope rompía con esas unidades y era moralmente más desvergonzado y desenvuelto, así como mejor y más variadamente versificado.
Cervantes nunca pudo sobrellevar este fracaso y se mostró disgustado con el nuevo teatro lopesco en la primera parte del Don Quijote, cuyo carácter teatral aparece bien asentado a causa de la abundancia de diálogos y de situaciones de tipo entremesil que entreverán la trama. Y es, en efecto, el entremés el género dramático donde luce en todo su esplendor el genio dramático de Cervantes, de forma que puede decirse que junto a Luis Quiñones de Benavente y Francisco de Quevedo es Cervantes uno de los mejores autores del género, al que aportó una mayor profundidad en los personajes, un humor inimitable y un mayor calado y trascendencia en la temática. Que existía interconexión entre el mundo teatral y el narrativo de Cervantes lo demuestra que, por ejemplo, el tema del entremés de El viejo celoso aparezca en la novela ejemplar de El celoso extremeño.
Otras veces aparecen personajes sanchopancescos, como en el entremés de la Elección de los alcaldes de Daganzo, donde el protagonista es tan buen catador o «mojón» de vinos como Sancho. El barroco tema de la apariencia y la realidad se muestra en El retablo de las maravillas, donde se adapta el cuento medieval de don Juan Manuel (que Cervantes conocía y había leído en una edición contemporánea) del rey desnudo y se le da un contenido social. El juez de los divorcios tocaba también biográficamente a Cervantes, y en él se llega a la conclusión de que «más vale el peor concierto / que no el divorcio mejor».
También poseen interés los entremeses de El rufián viudo, La cueva de Salamanca, El vizcaíno fingido y La guarda cuidadosa. Para sus entremeses adopta Cervantes tanto la prosa como el verso y se le atribuyen algunos otros, como el de Los habladores.
Capítulo 4
Puedo dar un hincapié y detallar algo que se denota muy bien en las obras de Shakespeare y de Cervantes, y es el modo de darles una personalidad, posición social, educación y culturalización a los personajes con el uso de un vocabulario particular para cada uno.
Dándonos el ejemplo de Don Quijote y de Romeo y Julieta, podemos denotar muy bien como hay 2 tipos de personajes:
En el caso de Shakespeare, él utiliza un vocabulario muy amplio y desarrollado y se los imprime a sus personajes en las obras. También se caracteriza Shakespeare por darle éste nivel sociocultural a la mayoría de sus personajes en todas sus obras.
Y en el caso de Cervantes, dado el ejemplo del Quijote, se rescatan los dos personajes, siendo uno, en algunos momentos (El Mismo Don Quijote) maleable en su vocabulario. Éste es el momento, en que Don Quijote le quiere explicar sus ideales a Sancho Panza, y utiliza un vocabulario un tanto más vulgar para lograr coincidir en su código.
Hablando un poco de las actitudes de los personajes, Shakespeare le da más Romanticismo, y seriedad a cada conversación que se establece entre los personajes; parecido pero no igual, el caso del mismo Don Quijote, en donde una pisca de humor se adentra en el relato, siendo superado mucho mas por Sancho Panza, en donde muchas de sus frases llevan algún doble sentido expresando y denotando un sano humor.
Conclusión: Shakespeare prefiere la tragedia, el amor, lo imposible, lo inalcanzable, lo puro, lo esencial, lo perfecto en pocas palabras. Mientras que Cervantes prefiere mantenerse en el marco de la buena lectura basada en buenos relatos con toques de humor camuflados.
Capítulo 5
Alumno:
Broda Favio Noel
familiabroda[arroba]nodosud.com.ar
Fecha: 18/09/2007
17 años
Localidad: San Antonio de Litin - Córdoba - Argentina
Cursando Secundaria
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