La rapidez de la curación depende de la virulencia del microorganismo, la competencia del sistema inmunitario del huésped y el uso de fármacos antimicrobianos.En pacientes no inmunodeprimidos la retinitis cura en 1-4 meses, siendo sustituida por una cicatriz atrófica muy bien delimitada y rodeada por un borde hiperpigmentado.La turbidez vítrea desaparece gradualmente aunque puede persistir una condensación vítrea.La resolución de la uveítis anterior es un indicador fiable de la curación del segmento posterior.En un pequeño porcentaje d casos la inflamación intraocular dura hasta dos años a pesar del tratamiento intensivo con corticoides y antimicrobianos.La inflamación fulminante ocurre de forma más frecuente cuando la retinitis se trata sólo con corticoides o en pacientes inmunosuprimidos. Después del primer ataque la tasa de recurrencia es de 2.7 enfermos.
Los ojos con Toxoplasmosis pueden perder visión debido a diversas causas directas o indirectas.
Los taquizoítos en macrófagos. Fase aguda de la enfermedad.
La infección por Toxoplasma gondii, comienza a ser conocida en la década del 30, y se diagnosticó en 1948 con la prueba de Sabin y Feldman, en 1970 queda recién establecida su forma de propagación, cuando se descubre que el huésped definitivo es de la familia Felidae y dentro de ella, 2 géneros y 7 especies (entre ellas el gato doméstico), si bien el toxoplasma puede infectar células de todos los vertebrados (con excepción de los eritrocitos) y aún algunos invertebrados como la lombriz de tierra.
El toxoplasma causa toda una gama de manifestaciones, desde linfadenopatía benigna asintomática hasta enfermedad del SNC en potencia letal, coriorretinitis y retraso mental. Los exámenes serológicos masivos a la población indican que la exposición humana a la toxoplasmosis ocurre en todo el mundo y es frecuente; entre el 20 y el 40% de los adultos sanos norteamericanos son seropositivos. Del 5 al 90% de la población general –dependiendo de las áreas geográficas– ha estado en contacto con este microorganismo a partir de los 20-30 años. El feto en desarrollo y los pacientes inmunodeprimidos experimentan riesgo especial de enfermedad grave.
T. gondii es un protozoo perteneciente al orden de los Coccidia. Puede presentarse bajo tres formas:

Los taquizoítos, formas invasivas, de división rápida, extraepitelial, observadas en la infección aguda, son ovales o en forma de media luna y su tamaño es de 3-4 μm de ancho por 7-8 μm de largo. Se pueden visualizar con la tinción de hematoxilina-eosina y mejor con las de Wright-Giemsa o inmunoperoxidasa. No permanecen mucho tiempo fuera de la célula, son parásitos intracelulares obligados y capaces de invadir (por mecanismos todavía no bien conocidos) las células nucleadas y de sobrevivir en el interior de los macrófagos y, en general, de toda célula nucleada de cualquier mamífero. Residen en vacuolas y, al dividirse, pueden provocar la lisis celular o dar lugar a quistes tisulares. Éstos se forman en el interior de las células cuando la aparición de anticuerpos y la inmunidad celular específica limitan la proliferación de los taquizoítos.

Los quistes son formas de resistencia, pueden llegar a alcanzar un tamaño de 10-200 μm y contener miles de bradizoítos, forma de multiplicación lenta. Éstos se tiñen con las tinciones de PAS, Wright-Giemsa, plata metenamina de Gomori o inmunoperoxidasa, mientras que para la pared del quiste son más adecuadas las dos últimas. Los quistes pueden encontrarse en cualquier órgano, pero predominan en el SNC y en el tejido muscular (corazón y músculo esquelético estriado), donde pueden persistir en fase de latencia durante toda la vida y son capaces de reactivarse. La desecación, la congelación por debajo de los –20 ºC y el calor superior a 60 ºC los destruye.
Los ooquistes son formas ovales de 10-12 μm que se eliminan por las heces de los gatos (únicos huéspedes definitivos del T. gondii) que han ingerido quistes tisulares u ooquistes esporulados. Cuando ello ocurre se liberan taquizoítos, que invaden el epitelio intestinal y provocan una diseminación hematógena (primera división asexuada, esquizogonia originándose merozoítos); además, existe un ciclo sexuado (los merozoítos evolucionan a gametocitos) que por esporogonia origina un huevo o cigote que se elimina por las heces bajo la forma de un ooquiste no esporulado y no infectante en el comienzo, con excreción de hasta 10 millones de ooquistes diarios por las heces durante 1-3 semanas a partir de los 15-25 días de producirse la infección. Si el ooquiste puede esporular en el suelo (para lo cual se requieren condiciones de humedad y una temperatura comprendida entre 4 y 37 °C) persistirá con capacidad infectante hasta 18 meses. En el medio ambiente los ooquistes maduran en 1 ó 2 días y originan 2 esporoquistes en cuyo interior se forman 4 esporozoitos. La ebullición o bien el calor seco a temperaturas superiores a los 66 ºC los destruye. Cuando el gato ingiere quistes tarda alrededor de 20 a 24 días en generar ooquistes, en cambio cuando ingiere seudoquistes se vuelve infectante en 3 a 4 días.

No se ha descrito el contagio interhumano. Se ha demostrado la posibilidad de adquirir una toxoplasmosis también a partir de transfusiones de productos hemáticos (sangre total o leucocitos) provenientes de pacientes en fase de diseminación hematógena o bien a través de órganos trasplantados que contengan quistes del parásito. También se ha descrito la inoculación accidental en personal de laboratorio. Los taquizoítos pueden sobrevivir hasta 50 días en sangre total citratada y conservada a 4 °C.
Las principales vías de transmisión al hombre son la oral y la transplacentaria.
Una vez ingeridos, la pared de los quistes tisulares, o de los ooquistes esporulados, es destruida por las enzimas digestivas, con lo cual se liberan los taquizoítos. Éstos se diseminan por vía hematógena o linfática tras invadir las células del epitelio intestinal y pueden alcanzar cualquier órgano, aunque se localizan sobre todo en los músculos esqueléticos, el corazón y el cerebro. Los taquizoítos se multiplican en el interior de las células y, al lisarlas, invaden por contigüidad las células próximas y pueden permanecer viables durante períodos muy prolongados en el interior de los macrófagos. El cese de la multiplicación coincide con la aparición de la respuesta inmunitaria (humoral y celular). Como consecuencia de ésta, los taquizoítos se enquistan, forma en la que pueden permanecer viables durante toda la vida del paciente. La proliferación de los taquizoítos se puede prolongar más tiempo en el SNC y en la retina de los pacientes, debido a la dificultad de los anticuerpos para alcanzar estas localizaciones o en caso de que la primoinfección se produzca en un huésped inmunodeprimido. Las reactivaciones coinciden con depresiones transitorias o permanentes de la inmunidad celular.
La toxoplasmosis congénita se transmite por vía transplacentaria y la condición necesaria es que la madre sufra durante el embarazo una diseminación hematógena. Ello ocurre cuando la madre adquiere una primoinfección durante el embarazo y, mucho más raramente, si como consecuencia de una inmunodepresión coincidente con el embarazo se reactiva una toxoplasmosis latente.
Dicha infección debe tomar previamente la placenta. La frecuencia de la placentitis y de la consiguiente infección fetal, depende de la edad gestacional a la cual ocurre.
En el primer trimestre el porcentaje es del 14%, del 29% para el segundo y el 59% para el tercero. La contaminación fetal pasa del 1% en el primer trimestre al 90% si ocurre durante el tercer trimestre. La septicemia fetal se produce con difusión del parásito a los diversos tejidos principalmente retina, cerebro, tejido muscular, corazón, hígado, bazo, pulmón, etc.
Con la aparición de anticuerpos se origina las formas quisticas, las cuales pueden invadir e infectar otros órganos.
La probabilidad de una primoinfección durante el embarazo es de 0,5-1%, con independencia del área geográfica. La probabilidad global de transmisión maternofetal es del 50%, aunque parece ser considerablemente inferior durante el primer trimestre y superior durante el último, y puede reducirse al 5% o menos si la infección de la madre se detecta y se administra el tratamiento adecuado. La incidencia global de infección por toxoplasma es de 1-3 por cada 1.000 nacidos vivos.
En general, todas las infecciones intrauterinas crónicas tienen retardo del crecimiento intrauterino. Siendo los casos sintomáticos y fatales propios de la infección del primer y segundo trimestre. En la infección tardía el daño fetal es menor. El neonato puede tener por lo tanto una enfermedad generalizada o puede tener un compromiso neurológico predominante, o un compromiso ocular aislado (imágen izquierda: lesiones activa y curada; lesión de la mácula en la imágen derecha), así como una forma latente que se manifieste años más tarde.
Casi todos los tejidos pueden estar comprometidos, las lesiones del músculo son de menor importancia, en tanto que las lesiones del SNC, las coriorretinitis son de gran prioridad.

Las zonas de necrosis pueden evolucionar al Acueducto de Sylvius y/o el Foramen, y originar una hidrocefalia (fotografía); o pueden calcificarse y ser diagnosticadas por ecografía durante la gravidez. Otros órganos afectados pueden ser los pulmones, el tubo digestivo y fundamentalmente el hígado, donde pueden producir una cirrosis, calcificaciones e ictericia. En la siguiente radiografía se nota la hepatoesplenomegalia congénita. Si cursa con anemia, trombocitopenia, ictericia, hepatoesplenomegalia y erupciones cutáneas en un recién nacido, simula una sepsis neonatal.

A: Formalin-fixed Toxoplasma gondii tachyzoites, stained by immunofluorescence (IFA). This is a positive reaction (tachyzoites + human antibodies to Toxoplasma + FITC-labelled antihuman IgG = fluorescence.).
B: Negative IFA for antibodies to T. gondii.
C: Negative IFA for antibodies to T. gondii, polar stain reaction.
Demostración de anticuerpos específicos
Anticuerpos IgG
La presencia de anticuerpos IgG implica que ha habido contacto entre el paciente y el parásito en algún momento de la vida. La infección aguda o relativamente reciente suele acompañarse con títulos elevados, pero no se trata de un criterio diagnóstico definitivo.
Anticuerpos IgM
Clásicamente, su detección fue considerada como el marcador de la fase aguda de la enfermedad. La evidencia de que los títulos de IgM anti-Toxoplasma pueden permanecer detectables durante muchos meses, o incluso años. En este sentido, el principal valor de las IgM radica en que su ausencia prácticamente descarta la infección reciente.
Anticuerpos IgA
Considerado también como un marcador de fase aguda, se ha comprobado que, si bien al igual que la IgM puede también permanecer positivo varios meses después de la primoinfección, el porcentaje de IgA residuales es mucho menor que el de las IgM. En el adulto, la cinética de la producción de IgA específica es prácticamente paralela a la de la IgM, aunque aparece un poco más tarde y desaparece más precozmente.
Anticuerpos IgE
Algunos estudios iniciales sugieren que las IgE antitoxoplasma aparecen pronto, al inicio de la enfermedad, y desaparecen más rápidamente que los anticuerpos de las clases IgM e IgA.
misma.
Objetivos del control de la toxoplasmosis en la gestante:

Gestante con alta probabilidad de infección aguda por T. gondii.
Las medidas a tomar pueden resumirse en los puntos siguientes:
En una población de mujeres embarazadas, 20 muestras eran de pacientes en fase aguda y 130 de paciente en fase crónica, previamente diagnosticadas clínica y serológicamente. En la distribución de valores de índice de avidez de IgG anti-T. gondii de encontró una medida del 1,09+-0,33 en pacientes agudos y 1,91+-0,18 en pacientes crónicos, siendo la diferencia entre ambos grupos estadísticamente significativa (p<0,05). Los índices de avidez se mantuvieron bajos ( 1,5M de tiocianato) por más de dos meses post infección, por lo tanto la baja avidez de IgG no es método ideal para detectar una infección aguda, sin embargo una alta avidez confirma una infección crónica o antigua, como apoyo al diagnóstico de toxoplasmosis en la mujer embarazada.
Evolución de reactivos comerciales empleados en el Diagnóstico serológico de IgM Anti Toxoplasma Gondii4.
Comparando la sensibilidad y especificidad relativas del ELISA Toxo IgM (I.I.C.S.- Paraguay), el VIDAS Toxo IgM (Biomeriux-Francia), el IFI IgM (Biomeriux-Francia) y el ELISA Platelia Toxo IgM (Pasteur), los resultados obtenidos con este último reactivo fueron considerados como estándar de oro para este estudio. El ELISA IgM Toxo Test (I.I.C.S. -Paraguay) presentó mejor sensibilidad pero también mayor cantidad de resultados falsos positivos en pacientes con infección antigua o crónica. En base a los resultados obtenidos en este estudio recomendamos la utilización del reactivo de ELISA IgM I.I.C.S. para tamizaje pre-natal por su alta sensibilidad y métodos de IFI y VIDAS IgM para confirmar un diagnóstico de infección aguda por su alta especificidad.
Coriorretinitis por Toxoplasma Gondii5.
La frecuencia de coriorretinitis causada por Toxoplasma Gondii en 2920 pacientes que consultaron en el Servicio de oftalmología del hospital de Clínicas, durante un periodo de 22 meses. Fue que 73 pacientes presentaban coriorretinitis (2,5%), de los cuales 37 pacientes (51%) presentaba como agente etiológico el T. gondii. Las edades mas frecuentes oscilaban entre 10 a 19 años, con predominio del sexo masculino. Un 40% presentaron lesiones cicatrizadas en el fondo de ojo, 38% de lesiones activas, y 22% lesiones mixtas. Se observó lesiones en ambos ojos en 16% de los casos. El 36% de las coriorretinitis
Fisipatogenia tratamiento complicaciones presentaban serología IgG positiva para Toxoplasma, un 16% presentó serología negativa, y el resto sin datos registrados.
Trabajo de investigación de tipo transversal, en el mes de junio de 1999, a personas del sexo femenino, de 15 a 20 años de edad. Se obtuvieron 91 muestras de sangre con el objetivo de determinar la parasitemia de las mismas por el Toxoplasma gondii. Se realizó una encuesta epidemiológica a las mismas sobre los factores de riesgos de toxoplasmosis: contacto con gatos, tipo de alimentación, antecedentes familiares de la enfermedad y posibles transfusiones sanguíneas. Los resultados obtenidos mostraron una positividad del 40,66 por ciento para la toxoplasmosis, por el método de ELISA.
El período de incubación (libre de síntomas) de la toxoplasmosis es entre 1 y 2 semanas. Los síntomas y signos más típicos son:
Huésped normal:
Infección congénita:
Huésped inmunodeprimido:
Serologías: Pruebas específicas con suero del paciente para determinar anticuerpos circulantes contra el Toxoplasma.
Toxoplasmosis cerebral: Para su diagnóstico, pueden ser precisos un Scanner (TAC) craneal y/o una Resonancia Nuclear Magnética, e incluso una biopsia cerebral.
En humanos, entre los principios activos utilizados en el tratamiento de esta parasitosis destaca el uso de pirimetamina y sulfadiazina, que inhiben la producción de la dehidrofolato reductasa, presentando cualquiera de los dos efectos adversos importantes.
La sulfadiazina con frecuencia origina reacciones alérgicas como urticaria,
sensibilización solar y fiebre, aunque para tratar de disminuir estos efectos se tiende a
empezar con dosis bajas de medicamento, que luego se van incrementando poco a poco para tratar de "acostumbrar" al paciente. En los pacientes que no toleran el principio activo, puede ser sustituido por clindamicina.
Si el paciente sigue el tratamiento con sulfadiazina se le deben realizar
controles frecuentes de la función renal, además deben aumentar la cantidad de agua ingerida
Publicado en Correofarmaceutico.com el 23/02/2004
para evitar la posible alcalización de la orina.
La pirimetamina también provoca efectos secundarios importantes como
discrasias sanguíneas, convulsiones y depleción de la médula ósea; para evitar esto último ligado
al tratamiento anterior, se suele administrar ácido fólico.
En embarazadas con infección aguda no es recomendable el uso de
pirimetamina, sino que se sustituye por espiromicina y en caso de que no la tolere se administraría el medicamento de elección, pese a que está contraindicado en las primeras 16 semanas de embarazo.
Con menos frecuencia se administra en el tratamiento de la toxoplasmosis
azitromicina o claritromicina.
El uso de corticoides está contraindicado, a no ser que el paciente presente
retinocoroiditis; en este caso se administraría prednisona para disminuir la inflamación.
El tratamiento de la toxoplasmosis no es puntual, ya que los medicamentos
utilizados suprimen la replicación del parásito, pero no lo hacen desaparecer por completo del
organismo que lo alberga, y por lo tanto, los fármacos utilizados deben emplearse durante
períodos prolongados de tiempo una vez que se contrae la toxoplasmosis, especialmente en los grupos de riesgo.
En mujeres embarazadas la instauración de tratamiento es un hecho controvertido debido a los efectos teratógenos y a la toxicidad de los principios activos
utilizados en el tratamiento de esta parasitosis, aunque generalmente esto se obvia y el tratamiento se implanta, debido a que ayuda a disminuir las secuelas en el feto.
Puedes hablar tambien las q se produce en el embarazo y las neurologicas
La toxoplasmosis congénita se caracteriza por daño a los ojos, sistema nervioso, piel y oídos. Los recién nacidos suelen tener un bajo peso al nacer, agrandamiento del hígado y del bazo, ictericia, anemia, petequias (finos puntos rojos en la piel causados por hemorragias de los capilares) y daño a los ojos evidenciado por la inflamación de la retina.
El examen físico puede mostrar signos de:
Entre las manifestaciones tardías (signos y síntomas que aparecen más tarde en la enfermedad) se pueden mencionar:
Los exámenes prenatales incluyen:
Diagnóstico posnatal:
La infección en la madre embarazada puede ser tratada con espiramicina. La infección fetal (diagnosticada durante el embarazo) se puede tratar con pirimetamina y sulfadiazina. El tratamiento de los niños con toxoplasmosis congénita incluye típicamente pirimetamina, sulfadiazina y leucovorina durante un año. En algunas ocasiones, a los bebes se les suministran esteroides también si su visión está amenazada o si el nivel de proteínas en el líquido cefalorraquídeo es alto. Los resultados dependen de la severidad de la toxoplasmosis congénita.
Complicaciones
- Afectación de la retina, incluso con necrosis. Algunos de los protozoarios pueden llegar hasta los humores del ojo y es allí donde pueden romper la cápsula y producir grados inflamatorios gravísimos para el aparato ocular fetal.
CUADRO CLÍNICO: No siempre se presentan con signología clínica, siendo a los años 4 - 5 años donde el niño puede empezar con las manifestaciones neurológicas y/o oculares.
Existen 4 signos clínicos presentes:
1. Corioretinitis
2. Hidrocefalea
3. Calcificaciones cerebrales
4. Retraso en el crecimiento psicomotor infantil.
Harrison Principios de Medicina Interna 16a edición
Manifestaciones clínicas
Sections: Manifestaciones clínicas , Toxoplasmosis en las personas
inmunocompetentes , Infección en personas inmunodeprimidas , Toxoplasmosis
congénita , Infección ocular .
Temas tratados: meningoencefalitis por toxoplasmosis adquirida; otra
coriorretinitis y retinocoroiditis; toxoplasmosis; toxoplasmosis congénita;
Toxoplasmosis Ocular.
Extracto: "En las personas con un sistema inmunitario íntegro,
la toxoplasmosis aguda suele ser asintomática y cura espontáneamente.
Pasa inadvertida en 80 a 90% de los adultos y los niños con infección
adquirida. La naturaleza asintomática de esta infección dificulta
el diagnóstico de las madres infectadas durante el embarazo. Por el contrario,
la amplia gama de manifestaciones clínicas presente en los niños
con infección congénita comprende complicaciones neurológicas
graves como hidrocefalia, microcefalia, retraso mental y coriorretinitis. Cuando
la infección prenatal es grave, puede haber falla multiorgánica,
con la consiguiente muerte fetal intrauterina. En niños y adultos, la
infección crónica puede persistir durante toda la vida, con pocas
consecuencias para el hospedador inmunocompetente.La manifestación más
frecuente de la toxoplasmosis aguda es la linfadenopatía cervical. Las
adenopatías pueden ser únicas o múltiples, por lo general
son indoloras, de tamaño medio y muestran una consistencia variable.
También puede encontrarse linfadenopatía en las regiones suboccipital,
supraclavicular, inguinal y mediastínica
BOTERO, David, RESTREPO, Marcos, Parasitosis Humanas, editorial CIB, Colombia, 2003 Cuarta edición
Pp 262- 269
Patricia Sotomayor Viñas
Estudiante de la universidad Inca Garcilaso de la Vega
Colaboradores
David Botero,
Doctor en medicina en la Universidad e Antioquia, Colombia Master en salud Publica Universidad e Columbia, EEUU.
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