Complicaciones

La rapidez de la curación depende de la virulencia del microorganismo, la competencia del sistema inmunitario del huésped y el uso de fármacos antimicrobianos.En pacientes no inmunodeprimidos la retinitis cura en 1-4 meses, siendo sustituida por una cicatriz atrófica muy bien delimitada y rodeada por un borde hiperpigmentado.La turbidez vítrea desaparece gradualmente aunque puede persistir una condensación vítrea.La resolución de la uveítis anterior es un indicador fiable de la curación del segmento posterior.En un pequeño porcentaje d casos la inflamación intraocular dura hasta dos años a pesar del tratamiento intensivo con corticoides y antimicrobianos.La inflamación fulminante ocurre de forma más frecuente cuando la retinitis se trata sólo con corticoides o en pacientes inmunosuprimidos. Después del primer ataque la tasa de recurrencia es de 2.7 enfermos.

Los ojos con Toxoplasmosis pueden perder visión debido a diversas causas directas o indirectas.

    1. I.Directas
      1. a.Afección de la fóvea
      2. b.Lesión del haz papilomacular
      3. c.Afección de la cabeza del nervio óptico (infrecuentemente)

    2. II.Indirectas
      1. a.Edema macular cistoide debido a una lesión extrafoveal
      2. b.El fruncimiento macular ("pucker") con pliegues foveales puede aparecer en determinados ojos que no tienen afectada la fóvea directamente
      3. c.Se ha descrito neovascularización subretineana causante de hemorragia la mismo nivel
      4. d.La neovascularización retineana, que puede provocar una hemorragia vítrea secundaria, es una secuela muy rara de la fase inactiva
      5. e.El desprendimiento traccional de retina debido a fibrosis vítrea extensa también es muy infrecuente
      6. f.Desprendimiento regmatógeno de retina como consecuencia de roturas aparecidas durante la retinitis activa.

Los taquizoítos en macrófagos. Fase aguda de la enfermedad.

 La infección por Toxoplasma gondii, comienza a ser conocida en la década del 30, y se diagnosticó en 1948 con la prueba de Sabin y Feldman, en 1970 queda recién establecida su forma de propagación, cuando se descubre que el huésped definitivo es de la familia Felidae y dentro de ella, 2 géneros y 7 especies (entre ellas el gato doméstico), si bien el toxoplasma puede infectar células de todos los vertebrados (con excepción de los eritrocitos) y aún algunos invertebrados como la lombriz de tierra.

El toxoplasma causa toda una gama de manifestaciones, desde linfadenopatía benigna asintomática hasta enfermedad del SNC en potencia letal, coriorretinitis y retraso mental. Los exámenes serológicos masivos a la población indican que la exposición humana a la toxoplasmosis ocurre en todo el mundo y es frecuente; entre el 20 y el 40% de los adultos sanos norteamericanos son seropositivos. Del 5 al 90% de la población general –dependiendo de las áreas geográficas– ha estado en contacto con este microorganismo a partir de los 20-30 años. El feto en desarrollo y los pacientes inmunodeprimidos experimentan riesgo especial de enfermedad grave.

Etiología

T. gondii es un protozoo perteneciente al orden de los Coccidia. Puede presentarse bajo tres formas:

      • Taquizoítos o trofozoítos.
      • Seudoquiste o quistes tisulares.
      • Ooquistes.

 Los taquizoítos, formas invasivas, de división rápida, extraepitelial, observadas en la infección aguda, son ovales o en forma de media luna y su tamaño es de 3-4 μm de ancho por 7-8 μm de largo. Se pueden visualizar con la tinción de hematoxilina-eosina y mejor con las de Wright-Giemsa o inmunoperoxidasa. No permanecen mucho tiempo fuera de la célula, son parásitos intracelulares obligados y capaces de invadir (por mecanismos todavía no bien conocidos) las células nucleadas y de sobrevivir en el interior de los macrófagos y, en general, de toda célula nucleada de cualquier mamífero. Residen en vacuolas y, al dividirse, pueden provocar la lisis celular o dar lugar a quistes tisulares. Éstos se forman en el interior de las células cuando la aparición de anticuerpos y la inmunidad celular específica limitan la proliferación de los taquizoítos.

 Los quistes son formas de resistencia, pueden llegar a alcanzar un tamaño de 10-200 μm y contener miles de bradizoítos, forma de multiplicación lenta. Éstos se tiñen con las tinciones de PAS, Wright-Giemsa, plata metenamina de Gomori o inmunoperoxidasa, mientras que para la pared del quiste son más adecuadas las dos últimas. Los quistes pueden encontrarse en cualquier órgano, pero predominan en el SNC y en el tejido muscular (corazón y músculo esquelético estriado), donde pueden persistir en fase de latencia durante toda la vida y son capaces de reactivarse. La desecación, la congelación por debajo de los –20 ºC y el calor superior a 60 ºC los destruye.

 Los ooquistes son formas ovales de 10-12 μm que se eliminan por las heces de los gatos (únicos huéspedes definitivos del T. gondii) que han ingerido quistes tisulares u ooquistes esporulados. Cuando ello ocurre se liberan taquizoítos, que invaden el epitelio intestinal y provocan una diseminación hematógena (primera división asexuada, esquizogonia originándose merozoítos); además, existe un ciclo sexuado (los merozoítos evolucionan a gametocitos) que por esporogonia origina un huevo o cigote que se elimina por las heces bajo la forma de un ooquiste no esporulado y no infectante en el comienzo, con excreción de hasta 10 millones de ooquistes diarios por las heces durante 1-3 semanas a partir de los 15-25 días de producirse la infección. Si el ooquiste puede esporular en el suelo (para lo cual se requieren condiciones de humedad y una temperatura comprendida entre 4 y 37 °C) persistirá con capacidad infectante hasta 18 meses. En el medio ambiente los ooquistes maduran en 1 ó 2 días y originan 2 esporoquistes en cuyo interior se forman 4 esporozoitos. La ebullición o bien el calor seco a temperaturas superiores a los 66 ºC los destruye. Cuando el gato ingiere quistes tarda alrededor de 20 a 24 días en generar ooquistes, en cambio cuando ingiere seudoquistes se vuelve infectante en 3 a 4 días.

Epidemiología y patogenia

No se ha descrito el contagio interhumano. Se ha demostrado la posibilidad de adquirir una toxoplasmosis también a partir de transfusiones de productos hemáticos (sangre total o leucocitos) provenientes de pacientes en fase de diseminación hematógena o bien a través de órganos trasplantados que contengan quistes del parásito. También se ha descrito la inoculación accidental en personal de laboratorio. Los taquizoítos pueden sobrevivir hasta 50 días en sangre total citratada y conservada a 4 °C.

Las principales vías de transmisión al hombre son la oral y la transplacentaria.

Una vez ingeridos, la pared de los quistes tisulares, o de los ooquistes esporulados, es destruida por las enzimas digestivas, con lo cual se liberan los taquizoítos. Éstos se diseminan por vía hematógena o linfática tras invadir las células del epitelio intestinal y pueden alcanzar cualquier órgano, aunque se localizan sobre todo en los músculos esqueléticos, el corazón y el cerebro. Los taquizoítos se multiplican en el interior de las células y, al lisarlas, invaden por contigüidad las células próximas y pueden permanecer viables durante períodos muy prolongados en el interior de los macrófagos. El cese de la multiplicación coincide con la aparición de la respuesta inmunitaria (humoral y celular). Como consecuencia de ésta, los taquizoítos se enquistan, forma en la que pueden permanecer viables durante toda la vida del paciente. La proliferación de los taquizoítos se puede prolongar más tiempo en el SNC y en la retina de los pacientes, debido a la dificultad de los anticuerpos para alcanzar estas localizaciones o en caso de que la primoinfección se produzca en un huésped inmunodeprimido. Las reactivaciones coinciden con depresiones transitorias o permanentes de la inmunidad celular.

Toxoplasmosis y el embarazo

La toxoplasmosis congénita se transmite por vía transplacentaria y la condición necesaria es que la madre sufra durante el embarazo una diseminación hematógena. Ello ocurre cuando la madre adquiere una primoinfección durante el embarazo y, mucho más raramente, si como consecuencia de una inmunodepresión coincidente con el embarazo se reactiva una toxoplasmosis latente.

Dicha infección debe tomar previamente la placenta. La frecuencia de la placentitis y de la consiguiente infección fetal, depende de la edad gestacional a la cual ocurre.

En el primer trimestre el porcentaje es del 14%, del 29% para el segundo y el 59% para el tercero. La contaminación fetal pasa del 1% en el primer trimestre al 90% si ocurre durante el tercer trimestre. La septicemia fetal se produce con difusión del parásito a los diversos tejidos principalmente retina, cerebro, tejido muscular, corazón, hígado, bazo, pulmón, etc.

Con la aparición de anticuerpos se origina las formas quisticas, las cuales pueden invadir e infectar otros órganos.

La probabilidad de una primoinfección durante el embarazo es de 0,5-1%, con independencia del área geográfica. La probabilidad global de transmisión maternofetal es del 50%, aunque parece ser considerablemente inferior durante el primer trimestre y superior durante el último, y puede reducirse al 5% o menos si la infección de la madre se detecta y se administra el tratamiento adecuado. La incidencia global de infección por toxoplasma es de 1-3 por cada 1.000 nacidos vivos.

Patología de la infección intrauterina

En general, todas las infecciones intrauterinas crónicas tienen retardo del crecimiento intrauterino. Siendo los casos sintomáticos y fatales propios de la infección del primer y segundo trimestre. En la infección tardía el daño fetal es menor. El neonato puede tener por lo tanto una enfermedad generalizada o puede tener un compromiso neurológico predominante, o un compromiso ocular aislado (imágen izquierda: lesiones activa y curada; lesión de la mácula en la imágen derecha), así como una forma latente que se manifieste años más tarde.

 Casi todos los tejidos pueden estar comprometidos, las lesiones del músculo son de menor importancia, en tanto que las lesiones del SNC, las coriorretinitis son de gran prioridad.

Las zonas de necrosis pueden evolucionar al Acueducto de Sylvius y/o el Foramen, y originar una hidrocefalia (fotografía); o pueden calcificarse y ser diagnosticadas por ecografía durante la gravidez. Otros órganos afectados pueden ser los pulmones, el tubo digestivo y fundamentalmente el hígado, donde pueden producir una cirrosis, calcificaciones e ictericia. En la siguiente radiografía se nota la hepatoesplenomegalia congénita. Si cursa con anemia, trombocitopenia, ictericia, hepatoesplenomegalia y erupciones cutáneas en un recién nacido, simula una sepsis neonatal.

  • Sintomatología. La tríada clásica de la toxoplasmosis congénita es la presencia de coriorretinitis, hidrocefalia y calcificaciones cerebrales. Se observa cuando la infección se produce en los primeros meses de la gestación y ocasiona graves secuelas visuales y neurológicas en el niño. Otros síntomas menos frecuentes y específicos que pueden aparecer en el recién nacido son ictericia, hepatoesplenomegalia, trombocitopenia y pleocitosis en el LCR. Existen formas más larvadas de afectación retinocoroidea que pueden aparecer a partir del primer año de vida.
  • Detección del parásito o su ADN. Se puede realizar de acuerdo a la situación clínica, en el líquido amniótico y sangre fetal durante la gestación, en la placenta después del alumbramiento y en los tejidos embrionarios y fetales en caso de aborto u óbito fetal, en el recién nacido, en biopsia de hígado o en el LCR de acuerdo a la sintomatología que presente. Los métodos empleados son:
      • Examen directo en fresco y en extendidos coloreados, así como procedimientos histopatológicos.
      • Aislamiento por cultivo celular o inoculación al ratón (baja sensibilidad, requiere experiencia en los procedimientos).

      • Amplificación de secuencias génicas específicas por PCR, con la desventaja de que aún no están lo suficientemente estandarizadas para este diagnóstico, y los resultados por lo tanto son a veces de difícil interpretación y no comparables, como lo demuestra el Programa de la Red Europea de Toxoplasmosis. 

    • Serología. Los anticuerpos maternos del tipo IgG son transferidos por la madre al feto, ya que atraviesan la barrera hematoplacentaria. En los recién nacidos no infectados, estos anticuerpos van disminuyendo progresivamente hasta desaparecer entre los 6 y los 12 meses de vida. En el recién nacido con toxoplasmosis congénita, el título de anticuerpos IgG frente a T. gondii pueden aumentar progresivamente y, en cualquier caso, estos anticuerpos persisten detectables más allá de los 12 meses de vida. La proporción de IgG de baja avidez, marcador de toxoplasmosis reciente, dependerá del momento en que se produjo la infección fetal. El recién nacido con toxoplasmosis congénita suele producir IgM e IgA específicas frente a T. gondii que pueden detectarse durante los primeros 6 meses de vida, aunque su título y evolución dependerán del período del embarazo en el que se produjo la infección, siendo posible la ausencia de este tipo de anticuerpos. Mediante técnicas de inmunofluorescencia indirecta o enzimoinmunoanálisis es posible detectar IgM o IgA en un 75% de los recién nacidos con toxoplasmosis congénita. Otras técnicas más complejas, como el enzimoensayo de inmunofiltración (ELIFA) o el inmunoblot, permiten detectar la aparición de anticuerpos IgG, IgM o IgA en el 90% de los casos de toxoplasmosis congénita.

A: Formalin-fixed Toxoplasma gondii tachyzoites, stained by immunofluorescence (IFA).  This is a positive reaction (tachyzoites + human antibodies to Toxoplasma + FITC-labelled antihuman IgG = fluorescence.).

B: Negative IFA for antibodies to T. gondii.

C: Negative IFA for antibodies to T. gondii, polar stain reaction.

Demostración de anticuerpos específicos

Anticuerpos IgG

La presencia de anticuerpos IgG implica que ha habido contacto entre el paciente y el parásito en algún momento de la vida. La infección aguda o relativamente reciente suele acompañarse con títulos elevados, pero no se trata de un criterio diagnóstico definitivo.

Anticuerpos IgM

Clásicamente, su detección fue considerada como el marcador de la fase aguda de la enfermedad. La evidencia de que los títulos de IgM anti-Toxoplasma pueden permanecer detectables durante muchos meses, o incluso años. En este sentido, el principal valor de las IgM radica en que su ausencia prácticamente descarta la infección reciente.

Anticuerpos IgA

Considerado también como un marcador de fase aguda, se ha comprobado que, si bien al igual que la IgM puede también permanecer positivo varios meses después de la primoinfección, el porcentaje de IgA residuales es mucho menor que el de las IgM. En el adulto, la cinética de la producción de IgA específica es prácticamente paralela a la de la IgM, aunque aparece un poco más tarde y desaparece más precozmente.

Anticuerpos IgE

Algunos estudios iniciales sugieren que las IgE antitoxoplasma aparecen pronto, al inicio de la enfermedad, y desaparecen más rápidamente que los anticuerpos de las clases IgM e IgA.

misma.

Objetivos del control de la toxoplasmosis en la gestante:

  • Localizar todas las gestantes seronegativas mediante una determinación de IgG específica.. El seguimiento serológico consistirá en determinaciones de anticuerpos IgG realizadas periódicamente, cada 8-12 semanas, hasta el final del embarazo, con el fin de detectar las posibles seroconversiones. Toda seroconversión de IgG es diagnóstica de infección aguda materna.
  • Detectar las gestantes seropositivas con inmunidad permanente frente al parásito. Ante la positividad de los anticuerpos IgG en el cribado, se procederá a un estudio de IgM específica. La negatividad de ésta indicará infección pasada, sin prácticamente riesgo de infección congénita, puesto que sólo la infección primaria se ha asociado a transmisión vertical.
  • Detectar la infección primaria en la gestante. La presencia de IgM e IgG positivas en una gestante plantea un problema importante y de difícil interpretación. La persistencia de las IgM anti-Toxoplasma, durante meses o incluso años, hace que esta determinación sea útil tan sólo como cribado, para localizar las posibles infecciones agudas, pero la invalida para confirmar el diagnóstico. Una situación similar ocurre con las IgA específicas, que parecían aportar una ayuda en este tipo de infecciones, pero que siguen una cinética paralela a las IgM. En estos casos es obligada la cuantificación de las IgG en una segunda muestra de suero tomada a las 3-4 semanas de la primera. Un aumento significativo del título de anticuerpos IgG entre las dos muestras procesadas en paralelo, es diagnóstico de certeza de infección aguda. Este incremento sólo se observará en aquellas gestantes en las que el control se haya realizado en la fase inicial de la infección,

Gestante con alta probabilidad de infección aguda por T. gondii.

Las medidas a tomar pueden resumirse en los puntos siguientes:

  • Instauración de tratamiento con espiramicina, lo antes posible, para disminuir el riego de transmisión vertical.
  • Control ecográfico para valorar las lesiones compatibles con una infección por Toxoplasma (calcificaciones cerebrales e hidrocefalia.)
  • Estudiar la presencia del parásito en muestras fetales (sangre fetal y líquido amniótico.). Teóricamente, tanto una como otra muestra son adecuadas para el diagnóstico de la infección congénita, pero es aconsejable el estudio del líquido amniótico, dada la menor morbilidad de la amniocentesis con respecto a la funículocentesis, y a la dificultad técnica de realizar esta última antes de las 18 semanas. En el caso de que se confirme la infección fetal se aconseja realizar tratamiento específico con pirimetamina y sulfadiazina hasta el momento del parto, alternadas con espiramicina, evita la progresión de la enfermedad y la aparición de las formas tardías de la misma, y disminuye las secuelas, aunque no consigue la curación de las malformaciones neurológicas ya existentes en el momento de nacer.

 La avidez de IgG Anti-Toxoplasma Gondii en el diagnóstico de infección aguda3.

En una población de mujeres embarazadas, 20 muestras eran de pacientes en fase aguda y 130 de paciente en fase crónica, previamente diagnosticadas clínica y serológicamente. En la distribución de valores de índice de avidez de IgG anti-T. gondii de encontró una medida del 1,09+-0,33 en pacientes agudos y 1,91+-0,18 en pacientes crónicos, siendo la diferencia entre ambos grupos estadísticamente significativa (p<0,05). Los índices de avidez se mantuvieron bajos ( 1,5M de tiocianato) por más de dos meses post infección, por lo tanto la baja avidez de IgG no es método ideal para detectar una infección aguda, sin embargo una alta avidez confirma una infección crónica o antigua, como apoyo al diagnóstico de toxoplasmosis en la mujer embarazada.

 Evolución de reactivos comerciales empleados en el Diagnóstico serológico de IgM Anti Toxoplasma Gondii4.

Comparando la sensibilidad y especificidad relativas del ELISA Toxo IgM (I.I.C.S.- Paraguay), el VIDAS Toxo IgM (Biomeriux-Francia), el IFI IgM (Biomeriux-Francia) y el ELISA Platelia Toxo IgM (Pasteur), los resultados obtenidos con este último reactivo fueron considerados como estándar de oro para este estudio. El ELISA IgM Toxo Test (I.I.C.S. -Paraguay) presentó mejor sensibilidad pero también mayor cantidad de resultados falsos positivos en pacientes con infección antigua o crónica. En base a los resultados obtenidos en este estudio recomendamos la utilización del reactivo de ELISA IgM I.I.C.S. para tamizaje pre-natal por su alta sensibilidad y métodos de IFI y VIDAS IgM para confirmar un diagnóstico de infección aguda por su alta especificidad.

Coriorretinitis por Toxoplasma Gondii5.

La frecuencia de coriorretinitis causada por Toxoplasma Gondii en 2920 pacientes que consultaron en el Servicio de oftalmología del hospital de Clínicas, durante un periodo de 22 meses. Fue que 73 pacientes presentaban coriorretinitis (2,5%), de los cuales 37 pacientes (51%) presentaba como agente etiológico el T. gondii. Las edades mas frecuentes oscilaban entre 10 a 19 años, con predominio del sexo masculino. Un 40% presentaron lesiones cicatrizadas en el fondo de ojo, 38% de lesiones activas, y 22% lesiones mixtas. Se observó lesiones en ambos ojos en 16% de los casos. El 36% de las coriorretinitis

Fisipatogenia tratamiento complicaciones presentaban serología IgG positiva para Toxoplasma, un 16% presentó serología negativa, y el resto sin datos registrados.

Prevalencia de Toxoplasmosis en mujeres jóvenes en edad fértil6.

Trabajo de investigación de tipo transversal, en el mes de junio de 1999, a personas del sexo femenino, de 15 a 20 años de edad. Se obtuvieron 91 muestras de sangre con el objetivo de determinar la parasitemia de las mismas por el Toxoplasma gondii. Se realizó una encuesta epidemiológica a las mismas sobre los factores de riesgos de toxoplasmosis: contacto con gatos, tipo de alimentación, antecedentes familiares de la enfermedad y posibles transfusiones sanguíneas. Los resultados obtenidos mostraron una positividad del 40,66 por ciento para la toxoplasmosis, por el método de ELISA.

CLÍNICA

El período de incubación (libre de síntomas) de la toxoplasmosis es entre 1 y 2 semanas. Los síntomas y signos más típicos son:

Huésped normal:

    • Enfermedad febril leve similar a la llamada "mononucleosis".
    • Dolor de cabeza.
    • Dolores musculares.
    • Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.

Infección congénita:

    • Alteraciones del sistema nervioso central.
    • Aumento de tamaño del bazo y el hígado.
    • Fiebre
    • Ictericia (tinte amarillo).
    • Inflamación de la retina del ojo.
    • Retraso mental.

Huésped inmunodeprimido:

    • Toxoplasmosis cerebral: Fiebre, dolor de cabeza, confusión, convulsiones.
    • Toxoplasmosis de la retina: Visión borrosa.

DIAGNÓSTICO

Serologías: Pruebas específicas con suero del paciente para determinar anticuerpos circulantes contra el Toxoplasma.

Toxoplasmosis cerebral: Para su diagnóstico, pueden ser precisos un Scanner (TAC) craneal y/o una Resonancia Nuclear Magnética, e incluso una biopsia cerebral.

TRATAMIENTO

    • Los casos leves y asintomáticos no necesitan tratamiento.
    • El tratamiento de las mujeres gestantes es controvertido debido a la toxicidad de los medicamentos, pero suele hacerse.
    • Las medicaciones más empleadas son la pirimetamina, las sulfamidas y la clindamicina (Ver la guía ANTIBIÓTICOS).
    • El tratamiento en los pacientes con SIDA se mantiene de por vida, ya que la infección puede reactivarse si se suspende el tratamiento.

En humanos, entre los principios activos utilizados en el tratamiento de esta parasitosis destaca el uso de pirimetamina y sulfadiazina, que inhiben la producción de la dehidrofolato reductasa, presentando cualquiera de los dos efectos adversos importantes.

La sulfadiazina con frecuencia origina reacciones alérgicas como urticaria,

sensibilización solar y fiebre, aunque para tratar de disminuir estos efectos se tiende a

empezar con dosis bajas de medicamento, que luego se van incrementando poco a poco para tratar de "acostumbrar" al paciente. En los pacientes que no toleran el principio activo, puede ser sustituido por clindamicina.

Si el paciente sigue el tratamiento con sulfadiazina se le deben realizar

controles frecuentes de la función renal, además deben aumentar la cantidad de agua ingerida

Publicado en Correofarmaceutico.com el 23/02/2004

para evitar la posible alcalización de la orina.

La pirimetamina también provoca efectos secundarios importantes como

discrasias sanguíneas, convulsiones y depleción de la médula ósea; para evitar esto último ligado

al tratamiento anterior, se suele administrar ácido fólico.

En embarazadas con infección aguda no es recomendable el uso de

pirimetamina, sino que se sustituye por espiromicina y en caso de que no la tolere se administraría el medicamento de elección, pese a que está contraindicado en las primeras 16 semanas de embarazo.

Con menos frecuencia se administra en el tratamiento de la toxoplasmosis

azitromicina o claritromicina.

El uso de corticoides está contraindicado, a no ser que el paciente presente

retinocoroiditis; en este caso se administraría prednisona para disminuir la inflamación.

El tratamiento de la toxoplasmosis no es puntual, ya que los medicamentos

utilizados suprimen la replicación del parásito, pero no lo hacen desaparecer por completo del

organismo que lo alberga, y por lo tanto, los fármacos utilizados deben emplearse durante

períodos prolongados de tiempo una vez que se contrae la toxoplasmosis, especialmente en los grupos de riesgo.

En mujeres embarazadas la instauración de tratamiento es un hecho controvertido debido a los efectos teratógenos y a la toxicidad de los principios activos

utilizados en el tratamiento de esta parasitosis, aunque generalmente esto se obvia y el tratamiento se implanta, debido a que ayuda a disminuir las secuelas en el feto.

COMPLICACIONES

Puedes hablar tambien las q se produce en el embarazo y las neurologicas

La toxoplasmosis congénita se caracteriza por daño a los ojos, sistema nervioso, piel y oídos. Los recién nacidos suelen tener un bajo peso al nacer, agrandamiento del hígado y del bazo, ictericia, anemia, petequias (finos puntos rojos en la piel causados por hemorragias de los capilares) y daño a los ojos evidenciado por la inflamación de la retina.

    • Prematurez
    • Bebé de bajo peso al nacer
    • Ictericia incrementada o prolongada
    • Erupción cutánea (petequias o equimosis) al nacer

El examen físico puede mostrar signos de:

    • Coriorretinitis
    • Calcificaciones cerebrales
    • Hidrocefalia
    • Macrocefalia o microcefalia
    • Linfadenopatía
    • Anemia

Entre las manifestaciones tardías (signos y síntomas que aparecen más tarde en la enfermedad) se pueden mencionar:

    • Convulsiones
    • Retardo mental
    • Diversas manifestaciones neurológicas
    • Deterioro visual
    • Pérdida de la audición

Los exámenes prenatales incluyen:

    • Titulación de anticuerpos
    • Ultrasonido del abdomen
    • Examen de sangre fetal y del líquido amniótico

Diagnóstico posnatal:

    • Tomografía computarizada
    • Examen oftálmico estándar
    • Exámenes neurológicos
    • Estudios de anticuerpos en sangre del cordón umbilical y líquido cefalorraquídeo
    • Examen TORCH

La infección en la madre embarazada puede ser tratada con espiramicina. La infección fetal (diagnosticada durante el embarazo) se puede tratar con pirimetamina y sulfadiazina. El tratamiento de los niños con toxoplasmosis congénita incluye típicamente pirimetamina, sulfadiazina y leucovorina durante un año. En algunas ocasiones, a los bebes se les suministran esteroides también si su visión está amenazada o si el nivel de proteínas en el líquido cefalorraquídeo es alto. Los resultados dependen de la severidad de la toxoplasmosis congénita.

Complicaciones   

    • Ceguera o incapacidad visual severa
    • Retardo mental severo
    • Otras manifestaciones neurológicas
    • Encefalitis difusa
    • Meningitis
    • Signos de hemorragia cerebral, por trombosis de los vasos.

- Afectación de la retina, incluso con necrosis. Algunos de los protozoarios pueden llegar hasta los humores del ojo y es allí donde pueden romper la cápsula y producir grados inflamatorios gravísimos para el aparato ocular fetal. 

CUADRO CLÍNICO: No siempre se presentan con signología clínica, siendo a los años 4 - 5 años donde el niño puede empezar con las manifestaciones neurológicas y/o oculares.

Existen 4 signos clínicos presentes:

1. Corioretinitis

2. Hidrocefalea

3. Calcificaciones cerebrales

4. Retraso en el crecimiento psicomotor infantil.

Harrison Principios de Medicina Interna 16a edición

Manifestaciones clínicas
Sections: Manifestaciones clínicas , Toxoplasmosis en las personas inmunocompetentes , Infección en personas inmunodeprimidas , Toxoplasmosis congénita , Infección ocular .
Temas tratados: meningoencefalitis por toxoplasmosis adquirida; otra coriorretinitis y retinocoroiditis; toxoplasmosis; toxoplasmosis congénita; Toxoplasmosis Ocular.
Extracto: "En las personas con un sistema inmunitario íntegro, la toxoplasmosis aguda suele ser asintomática y cura espontáneamente. Pasa inadvertida en 80 a 90% de los adultos y los niños con infección adquirida. La naturaleza asintomática de esta infección dificulta el diagnóstico de las madres infectadas durante el embarazo. Por el contrario, la amplia gama de manifestaciones clínicas presente en los niños con infección congénita comprende complicaciones neurológicas graves como hidrocefalia, microcefalia, retraso mental y coriorretinitis. Cuando la infección prenatal es grave, puede haber falla multiorgánica, con la consiguiente muerte fetal intrauterina. En niños y adultos, la infección crónica puede persistir durante toda la vida, con pocas consecuencias para el hospedador inmunocompetente.La manifestación más frecuente de la toxoplasmosis aguda es la linfadenopatía cervical. Las adenopatías pueden ser únicas o múltiples, por lo general son indoloras, de tamaño medio y muestran una consistencia variable. También puede encontrarse linfadenopatía en las regiones suboccipital, supraclavicular, inguinal y mediastínica

BIBLIOGRAFÍA

BOTERO, David, RESTREPO, Marcos, Parasitosis Humanas, editorial CIB, Colombia, 2003 Cuarta edición

Pp 262- 269

 

Patricia Sotomayor Viñas

patriux86[arroba]yahoo.com

Estudiante de la universidad Inca Garcilaso de la Vega

Colaboradores

David Botero,

Doctor en medicina en la Universidad e Antioquia, Colombia Master en salud Publica Universidad e Columbia, EEUU.



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