4.- Depresión en las etapas del desarrollo.
CAPÍTULO PRIMERO
1.1.- ASPECTO HISTÓRICO.
La historia conceptual de loa enfermedad depresiva tiene su formulación primera en Hipócrates (460-370 a. C.). En realidad, el punto de vista hipocrático sobre la depresión no es específico, sino que abarca una concepción más amplia –casi nosológica- de enfermedades mentales. Hipócrates aísla tres formas fundamentales de locura: la melancolía, la frenitis y la manía (Sigerist, 1961). La melancolía se caracteriza, en versión hipocrática, por aversión a la comida, irritabilidad, cansancio y somnolencia. Como puede observarse, Hipócrates subraya la sintomatología más específicamente somática (Martiny, 1964). Sin embargo, el médico de Cos sugiere que tanto el miedo como la tristeza, sean o no depresivos, cuando se prolongan mucho tiempo pueden transformarse en melancolía (Hipócrates, 1967).
Galeno de Pérgamo (130-210) apenas habla de la melancolía, al menos en el sentido psicopatológico que posteriormente llegó a adquirir. Para Galeno a la discusión hay que establecerla en torno a si la melancolía es apenas un síntoma o más bien un estado fisiológico.
Muchas de las afirmaciones que en relación a la melancolía se atribuyen a Galeno de Pérgamo son las procedentes del escrito seudogalénico On Medical Definitions (Galeno, 1963).
En esta obra se describe la melancolía como una alteración crónica que no se acompaña de fiebre. Los pacientes melancólicos se presentan como temerosos, suspicaces, misántropos y cansados de la vida. En la tipología depresiva, aquí descrita, se pone especial énfasis en la denominada "melancolía hipocondríaca", un cuadro en el que principalmente se destaca la flatulencia y las alteraciones digestivas (Jhanso, 1969). Se destaca también el componente delusivo de algunas depresiones en las que algunos pacientes se experimentan como "sujetos hechos de cristal, o sin cabeza o habiendo sido envenenados" (Siegel, 1968). Estas aportaciones galénicas acentúan más la sintomatología hipocondríaca.
El término "melancolía" (palabra derivada del griego melas, "negro", y chole "bilis"), se observó para designar a los pacientes que con frecuencia vomitaban bilis negra a causa de su irritabilidad y ansiedad. Al menos éste es el significado que se desprende del análisis del contexto en el que lo empleó Cicerón. Inicialmente, su uso no designó una relación causal entre la bilis negra (causa) y la depresión (efecto), como dice expresamente Caelius Aurelianus (siglo V). Siguiendo a este autor, los síntomas que preceden a la aparición de la melancolía (el vómito de bilis negra) tampoco se aproximan a la sicopatología de las depresiones, tal y como hoy las conocemos, y mucho menos llegan a implicar una somatización de tipo etiológico sobre la depresión.
Estos síntomas consisten en ansiedad, silencio, rechazo y hostilidad hacia la propia familia. En ocasiones deseos de vivir y en ocasiones deseo de morir; suspicacias ante la idea de que se ha decidido un cierto complot contra el paciente, llantos y quejas sin sentido, etc. Por otra parte, la manía y la melancolía no surgen como dos alteraciones clínicamente contrapuestas que pueden estar relacionadas entre sí. La melancolía en una forma mapas de locura, de manía (entendida ésta como insania general). Hipócrates y más tarde Areteus fueron los que establecieron una cierta conexión psicopatólogica entre manía y melancolía, pero la formalización de esta conexión no se encuentra en la clínica hasta la obra de Bonetus (siglo XVII).
Bonetus se refiere en una de sus primeras obras (1679) a la "manía de la melancolía" (melancholiae manía); sólo años más tarde, en otra publicación (1686), asentará definitivamente la relación y la significación etiopatogénica existente entre la melancolía y la manía. Bonetus emplea él término maniacomelancholicus, término equivalente al usado hoy de "maniacodepresivo".
En el largo periodo medieval, la melancolía se conceptualiza como acedia. Sin embargo, a pesar de que el uso de este término se extiende alrededor de más de diez siglos, su significación no es constante. En este largo periodo pueden distinguirse, desde esta perspectiva, dos diferentes etapas: una, que se prolonga hasta el siglo XII; y otra, desde este siglo en adelante.
En esta primera etapa, muy vinculada al pensamiento de la Alta Edad Media, la acedia se va a configurar, siguiendo la tradicional denominación, como un vicio capital más. Hay que esperar hasta el siglo XII, si exceptuamos las aportaciones de san Gregorio Magno (540-604), para asistir a la configuración de la acedia como otra cosa, como un desorden de la vida emocional que se tematiza en funciones de los apetitos dentro del marco teórico de las pasiones, introducido por santo Tomás. Gracias a la escolástica, la acedia va a inscribirse en el ámbito de los desequilibrios humorales, a través del cual se establece la conexión con el pensamiento médico.
En síntesis puede afirmarse que durante la Alta Edad Media la significación de la acedia se restringe al recortado ámbito de la teología moral; con santo Tomás se psicologiza, y a partir de él se medicaliza. En realidad, dicho término se usó en este periodo para designar también la melancolía, pero un especial tipo de estado melancólico en el que la tristeza, la pena y el abatimiento no constituían sus principales contenidos, sino más bien la pereza y la holgazanería. Al comienzo, la acedia estuvo muy vinculada al pecado de pereza. Más tarde, su significación designa también una especial lasitud, un cierto desaliento y descuido, asociándose con la tristeza y apuntando especialmente a los estados de desesperanza.
Durante este periodo inicial, la acedia es tipificada como un "estado del alma", cuyo padecimiento se restringía únicamente a los religiosos que vivían en el aislamiento y la soledad de sus respectivas celdas. Casiano describe este sexto combate de la lucha ascética al exponerlo a sus monjes. La acedia produce desgana, apatía, estar en disgusto en su celda, dificultades para respirar, y pereza y flojedad para cometer los trabajos propios de la clausura y de la vida recoleta. El monje comienza a pensar que jamás se sentirá bien hasta que no abandone el monasterio; el descanso se hace imposible, mientras que el tiempo pasa lenta y pesadamente. Desaparece la paz que tradicionalmente acompañaba, como una de sus principales características, a la vida contemplativa. Mientras tanto, surgen deseos de abandonar la soledad de la celda las diversiones y actividades mundanas.
Durante la etapa tardía de la Edad Media al acedia no es ya un fenómeno que incida únicamente sobre los clérigos, sino que se extiende también a los laicos. En cualquier caso, la tristeza ha desaparecido del catálogo de pecados, a la vez que la acedia va distanciándose del concepto de tristeza. En este punto, asistimos a la reposición del tradicional concepto galénico de la melancolía, cuyo perfil psicopatológico está caracterizado por tristeza, temor, actitudes misantrópicas y suspicaces, cansancio de la vida y, a menudo, aunque no siempre, por la aparición de ideas delirantes. Aunque acedia y melancolía no se superpongan ni identifiquen en este contexto histórico, ambos conceptos, sin embargo, comienzan a hacerse convergentes. En particular, lo que diferencia a la melancolía de la acedia es la aparición o no de las ideas delirantes. Sin embargo, la pena, el desaliento y la desesperanza, que tradicionalmente caracteriza a la acedia, son ahora síntomas que se transfieren al concepto de melancolía y en él quedan subsumidos. Durante los siglos XV y XVI, la melancolía sustituye a la acedia; la sintomatología que en el pasado caracterizaba a la acedia se metamorfosea y adquiere una nueva titularidad bajo el concepto de melancolía. La pobreza, el torpor, la indolencia, son ahora de nuevo sustituyen los principales signos sobre los que se asentará el concepto de melancolía.
En el transcurso de los dos siglos siguientes, el concepto de acedia casi se volatiliza; en su lugar adquiere un uso progresivamente mayor el término melancolía. A lo largo de este proceso conceptual la melancolía queda adscrita al fin a la clínica sin ninguna connotación o remembranza de su antigua vinculación con la acedia y con el contexto religioso en que ésta surgió.
1.2.- REVISIÓN CONCEPTUAL DE LA DEPRESIÓN.
La depresión según el diccionario se define como un estado afectivo penoso, calmo y duradero, con un dolor que invade la conciencia. Definición muy larga en psicología intenta definir poniendo énfasis sobre un sentimiento de pérdida o de carencia que permite experimentar un estado de abatimiento con enlentecimiento del área psicomotora.
Camphell (1995) señala: que "el término depresión se emplea para describir el humor, entonces se refiere a sentimientos de tristeza, desesperación o aflicción, la depresión es experimentada universalmente como normal. Cuando el término se usa en el diagnóstico, la depresión puede ser índice siquiátrico específico o un componente de la enfermedad".
También podemos definir a la depresión como:
A.- Depresión como Síntoma:
Una vez que está claro el trastorno depresivo vemos cómo la depresión puede estar asociada con muchas otras enfermedades siquiátricas y médicas.
Los síntomas afectivos casi nunca se presentan solos; van combinados con trastornos somáticos y psicosociales incluso cuando están asociados a otras enfermedades (el síntoma es lo que manifiesta el paciente, es muy subjetivo).
B.- Depresión como Signo:
Es lo que se observa, percibe en el sujeto, es la parte objetiva como: llanto, malhumor , inestabilidad, ideas autoderrotantes o suicidas.
C.- Depresión como Síndrome:
Es la suma de síntomas o signos, no necesariamente cambios afectivos sino que integran a carencia, vegetativos y psicomotores, cognitivos motivacionales.
El síndrome clínico puede aparecer como problema principal o puede acompañar a otros trastornos, como: anorexia, cambio de peso, estreñimiento, retardo, agitación psicomotora, dolor de cabeza, y otros trastornos corporales.
1.3.- MODELOS QUE EXPLICAN LA DEPRESIÓN.
1.3.1.- MODELO NEUROFISIOLÓGICO.
La sinapsis es la unión de dos neuronas. Los neurotransmisores son las sustancias químicas que harán posible la transmisión, estas son: la Noradrenalina (genera dolor); la Serotonina (genera el estado de ánimo); y la Dopamina (genera placer). Estas son almacenadas en gránulos o vesicular; cuando llega el impulso nervioso, estas se rompen y son liberadas en el espacio intraneuronal, puede seguir cuatro caminos posibles:
A mayor liberación de neurotransmisores que generan dolor, mayor será el estado de ánimo, decaído (Montejo 1986).
1.3.2.- MODELO COMPORTAMENTAL.
A.- Teoría de Seligman(1967):
Hicieron los experimentos mas importantes para explicar la depresión.
El experimento constaba en dos etapas:

Fuente: Moreno, 1985.
B.- Teoría de Beck (1967):
Según el autor Beck, 1967, describe criterios de respuesta de estímulos, tales son:
En la teoría de Back, 1967, hay tres cosas importantes en su terapia cognitiva.
La objetividad alterada esta constituida por distorsiones cognitivas que han sido originadas a través de estructuras inadecuadas del pensamiento. Por la vía de las percepciones "una situación desencadena emociones que pueden ser deprimentes".
"La emoción no es producto de la situación sino el pensamiento es producto de mi malestar, entonces, tengo que cambiar mi manera de pensar para sentirse mas aliviada".

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Clientes |
SITUACIÓN |
PENSAMIENTO |
EMOCIÓN |
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Cliente "A". |
Acabo de perder mi empleo. |
Soy un perdedor. |
Estoy deprimido. |
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Cliente "B". |
Mi mujer me ha dejado. |
Se acabo mi vida. |
Estoy muy nervioso. |
C.- Teoría de Fester Lazarús (1973):
Explica la depresión como déficit severo en el suministro de refuerzo social, atención, estigma, aprecio, esto lleva a conductas de alejamiento, retraimiento del sujeto y de las otras personas con una actitud amarga, existen para con los demás, así como una actitud de desvalorización personal, rechazo, desprecio, comportamiento de evitación a consecuencias negativas desagradables que conduce al déficit en el refuerzo social positivo por tanto va a deprimirse.
D.- Teoría de Lewinson:
Nos habla sobre la ausencia del refuerzo positivo ya sea en el ambiente social y familiar con frecuencia castigo y esto conlleva al evitamiento de consecuencias castigadoras y la baja taza de refuerzo positivo, en consecuencia va a dar la depresión (Noriega, 1986).
E.- teoría de Leintember (1984):
También cree que el depresivo esta desesperanzado acerca del logro de sus propósitos y acentúa la idea que el paciente se culpa así mismo por sus fracasos (Noriega Adelaida, 1986).
F.- Teoría Schmale y Enget:
Indicaron que la falta de confianza y la importancia hacen a una persona más sensible a la depresión, señalan que la pérdida o amenaza de pérdida está relacionada con la ira y el miedo.
1.3.3.- MODELO PSICOANALÍTICO.
Freud distingue con toda nitidez ente el duelo y la melancolía: el duelo es, por lo general, la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente. El duelo es un efecto normal a la melancolía.
La melancolía se caracteriza psíquicamente por un estado doloroso, una cesación por el mundo exterior, la perdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y (la disminución del amor propio). Esta se traduce a los reproches y las acusaciones que se hace el paciente así mismo:
1.3.4.- MODELO COGNITIVO CONDUCTUAL.
Una teoría cognoscitiva importante ha sido propuesta por Beck (1976), de acuerdo con esta la depresión es un trastorno primario en el pensamiento más que un trastorno básico en el estado de ánimo. La manera en que las personas estructuran e interpretan sus experiencias determinan sus estados afectivos. Si los individuos ven una situación como desagradable centran un estado de ánimo de desagrado.
Se dice que los pacientes deprimidos tienen esquemas que los preparan para la depresión, (un esquema es un patrón de pensamiento o una serie cognoscitiva que determina las reacciones y respuestas de una persona). En otras palabras, los esquemas tienen a modificar, o colorear la interpretación de la información que se reciben.
1.4.- TIPOS DE DEPRESIÓN.
Para una mejor comprensión de las diferentes formas de presentación de la depresión se le puede diferenciar en dos apartados distintos, según su origen: depresión exógena o reactiva, y la depresión endógena o biológica.
1.4.1.- DEPRESIÓN EXÓGENA.
Consiste en una respuesta anormal en intensidad o duración, a experiencias vitales del individuo, que pueden llevarle a o ver las cosas tal como son, sino, tal como le guía su estado de ánimo. Se considera que tiene una causa externa, generalmente por conflictos psicológicos, y por este motivo recibe también el nombre de depresión neurótica. Las manifestaciones depresivas ante situaciones de enfermedad, muerte, problema laboral, desengaño amoroso, etc., que pueden ser superadas con ayuda de apoyo afectivo o distracción, no pueden ser consideradas como depresiones, sino, como reacciones depresivas. Esta forma de reaccionar no ser considera una anormalidad, sino al contrario, representa una respuesta normal y deseable ante situaciones que lógicamente deben entristecer y preocupar.
1.4.2.- DEPRESIÓN ENDÓGENA.
En la depresión endógena, no se encuentra un acontecimiento previo desencadenante, no hay agentes exteriores que justifiquen la intensidad de los síntomas. Se sabe que está provocada por la alteración de ciertos componentes del sistema nerviosos central, por un desajuste neuroquímico. Se considera más grave que la depresión reactiva. Los casos más severos de este tipo de depresión reciben el nombre de depresión psicótica (particularmente si está asociada a periodos de excitación maniaca).
Existen cuadros depresivos mixtos, en los que asocian ambos factores. Junto a una depresión de carácter endógeno pueden presentarse conflictos o situaciones traumáticas que de alguna manera justifican los síntomas. En el inicio del trastorno, este tipo de enfermos, suelen pensar que existe una correlación entre la causa –en conflicto- y el efecto –la sensación depresiva-, pero pronto se da cuenta que tales ejemplo son desproporcionados, y se dicen a sí mismo que no es normal lo que sucede.
Al hacer el diagnóstico de la depresión es importante resaltar las bases orgánicas, pues la conducta depresiva esta asociada ocasionalmente a la demencia arteriosclerótica y la senil, lesión cerebral, enfermedad de parkinson y de Alzheimer, Corea de Huntington, hepatitis infecciosa vírica, acción de fármacos como la cortisona, la reseprina, el propoanolol o los anticonceptivos orales.
CAPÍTULO SEGUNDO
2.1.- CAUSAS DE LA DEPRESIÓN.
El ser humano es considerado como una unidad biopsicosocial, debemos considerar una serie de factores que pueden determinar: algunos de ellos estarán en función al diagnóstico. Cada autor de acuerdo a sus perspectivas determinará la etiología de la depresión, con cierto predominio en algunos agentes predisponentes y determinantes.
La participación de factores ambientales, éste estado básico, tenemos que reconocer que en la depresión psicótica puede influir elementos ambientales de diferente tipo, descartándose el criterio clásico de que por ser cuadro endógeno no es susceptible de modificación por factores exteriores.
Aun cuando no existen factores etiológicos específicos en ningún tipo de depresión, con fines didácticos consideraré las causas que han sido establecidas por el autor: causas genéticas, psicológicas, ecológicos y sociales. Así mismo establece una división a los depresivos en tres tipos: psicóticos, neuróticos, y simples (Calderón, 1989).
2.1.1.- Causas genéticas:
Estas causas son de mayor importancia en las depresiones psicóticas, los factores constitucionales no pueden ser ignorados en este cuadro. Es evidente, con frecuencia se presentan trastornos depresivos en varios miembros de la familia, es decir, no se habla de herencia directa de la depresión, simplemente de posibilidad de transmisión, ya que los miembros de una familia están sujetos a los mismos factores ambientales que pueden determinar la depresión, la convivencia con una persona deprimida puede originar el mismo cuadro.
2.1.2.- Causas Psicológicas:
Estas causas pueden intervenir en cualquier tipo de depresión, pero son importantes en la depresión neurótica, ya que los factores emocionales desempeñan un papel importante, presentándose desde los primeros años de vida, estos determinan los rasgos de personalidad. Estos rasgos, no son heredados, sino, se aprenden a través de la estrecha interrelación y la dependencia respecto de los miembros de la familia. Estas causas psicológicas son influenciadas por factores determinantes y desencadenantes.
Cuando se habla del factor determinante, existe la creencia de que casi todos los patrones de conducta inadaptada se derivan de conflictos y actitudes afectivas que aparecen desde la niñez, para entender la conducta inadaptada de un sujeto se deben relacionar los síntomas del individuo con alguna situación problemática que no fue resulta durante la infancia.
Durante la infancia se presentan algunos trastornos, terror nocturno, berrinches, timidez, se conceptúan como problemas de conducta, situacionales. Cabria la posibilidad de advertir la presencia de sentimientos de culpa, conflictos creados por necesidades inconscientes de situaciones que en la vida del sujeto ha tenido un gran significado.
También sería conveniente mencionar la influencia del objeto perdido, este elemento, "pérdida", puede ser reciente y real, o puede haberse presentado en el pasado, ser algo intangible, como afecto, autoestima; como la juventud que se va. Esta pérdida del objeto durante la etapa de desarrollo podría relacionarse con la psicopatología de la vida adulta.
Si se habla de las etapas del desarrollo, si un niño no tiene una relación satisfactoria con su madre, podría volverse reservado y ser incapaz de tener relaciones adecuadas en otras etapas de la vida. Pues la relación etiológica existente entre la carencia afectiva en la primera infancia y determinados trastornos de la personalidad pueden persistir hasta la adultez.
El individuo deja de ser niño para ser adulto; sus esfuerzos por alcanzar la madurez y lograr su independencia puede originar un periodo de turbulencia emocional al adolescente.
Esta conducta rara exasperante del adolescente emana de sus inexpertos esfuerzos por enfrentar a situaciones difíciles, aún le falta madurez emocional, éste suele padecer alteraciones emocionales y cambios de la personalidad, van ah existir factores que influyen en el desarrollo normal del adolescente, originándole severas depresiones que podrían llevarlo hasta el suicidio, estos factores también van ha ocasionar ambivalencia en relación con el logro de su independencia, inicio de la actividad sexual.
Una de las metas del adolescente es lograr su propia identidad, al querer demostrar ante sí mismo y ante la sociedad su autonomía, el adolescente provoca reacciones antisociales, autodestructivas, entonces entra en conflicto con el medio.
La pérdida del objeto en el adulto es más fácil de identificar, puede ser la pérdida de un ser querido, situación económica, poder o salud. Cuando se da está situación de pérdida, la magnitud de la respuesta está condicionada por la intensidad de los lazos de afecto. Si se presenta la depresión, sugiere Calderón (1989): "el abordaje terapéutico debe estar condicionada por las diferentes características específicas del cuadro por tratar, refiere que las causas psicológicas de la depresión son diversas, y que afectan al ser humano en cualquier etapa de la vida".
2.1.3.- Causas Ecológicas:
El hombre desde siempre ha venido cambiando su hábitat, va a la búsqueda continua de sus satisfacciones. Durante estos últimos siglos la humanidad alcanzó un grado de desarrollo científico y tecnológico, esto proporciona al hombre una gran satisfacción, pero también tuvo consecuencia negativa, como: un aumento acelerado de la población, explotación inmoderada de recursos naturales, producción incontrolada de sustancias contaminantes, una severa contaminación ambiental y el desequilibrio ecológico.
2.1.4.- Causas Sociales:
Los estados afectivos de depresión son una respuesta a la pérdida de los lazos de unión que han sido indispensables para la supervivencia y desarrollo de nuestra especie. Durante siglos los tres sistemas de apoyo social más trascendental ha sido la familia, la comunidad de vecinos y la iglesia.
Hoy en día, si hablamos de los lazos familiares se han debilitado, los jóvenes tratan de independizarse cuando los medios económicos le permiten.
Por otro lado, los lazos religiosos se están debilitando cada día, el número de personas que hace gala de un materialismo, sin esperar ayuda espiritual o divina de ningún tipo.
El vivir en una época agitada, no existe entre los vecinos una relación de afecto y apoyo emocional que existía antes.
2.2.- SÍNTOMAS DE LA DEPRESIÓN.
2.2.1.- Síntomas afectivos.
La ansiedad puede producirse por el estrés, la neurosis, la esquizofrenia; siempre con carácter muy semejante. Hay numerosos síntomas somáticos que son debidos a la ansiedad: palpitaciones, dolor de cabeza, malestar, sudoración, sensación de no poder respirar, "gases" y otros trastornos digestivos, mareos, etc., por lo que ante estos síntomas podemos pensar que en el fondo hay ansiedad o depresión.
Todo lo molesta: el ruido, las conversaciones, la compañía, etc. Sus actividades cada vez le producen menos satisfacción y se desinteresa de ellas. No sólo sus obligaciones van a afectarse, sino también sus aficiones: el deporte, el cine, la lectura, la vida social; todo le aburre y le cansa, nada le satisface. Su trabajo le resulta le resulta muy costoso, hasta que lo deja. Descuidará sus ropas, su aseo personal, su habitación; es casi inútil recomendarle que se arregle, oye esto con indiferencia o con irritación.
Sienten que no son capaces de hacer lo que desean, exagera sus defectos, creen que todo lo hacen mal. Llegan a sentirse responsables de cuantas desgracias ocurren en el mundo. Se habla de los delirios de ruina, enfermedad de culpa, como los propios de la depresión. Un ama de casa pensará que no ha tenido bien a sus hijos, que no los está educando, que por su culpa van a padecer enormes desgracias.; un hombre de negocios pensará que la empresa no va bien por él, que se va a arruinar, que se pierden contratos porque él no es eficaz, pensará que le van a despedir.
Algunos autores indican que esta agitación es mayor cuando el deprimido es un individuo de edad avanzada, pero puede verse en pacientes en pacientes de cualquier edad.
Otros deprimidos presentan inhibición. Esta se manifiesta por "retardo psicomotriz", esto es, lentitud de movimientos: anda despacio, habla lentamente, mueve los brazos con pesadez, parece como si cualquier manifestación motriz le fuese difícil. Así mismo están enlentecidas las funciones del pensamiento, las ideas, la comprensión, las reacciones son lentas.
Esta deformación de la realidad externa en el sentido de verla sólo en sus negativos, ocurre también con la propia imagen corporal. El deprimido se ve deforme, más "feo", sin atractivo personal. Puede pensar que desagrada a cuantos le rodean, sus imperfecciones físicas son llevadas a primer plano y lamentadas como algo terrible y sin remedio. Una pequeña mancha en la cara que antes apenas le llamaba la atención, de repente cobra una inusitada importancia y puede ser la causa aparente de que no salga a la calle o de que intente una cirugía plástica.
2.2.2.- Síntomas Motivacionales.
2.2.3.- Síntomas Cognitivos.
Los delirios suceden en las depresiones graves. El delirio es definido por los clásicos como una "idea falsa originada patológicamente y que resiste a toda argumentación". En la depresión suelen tratar sobre temas de culpa, enfermedad y ruina, como ya hemos dicho.
2.2.4.- Síntomas Conductuales.
2.2.5.- Síntomas Fisiológicos.
Lo primero que notan suele ser la pérdida del sabor, no apetecen las comidas, su parte placentera desapacere, pero siguen comiendo normalmente. El rechazo a la comida es preocupante para los familiares. En algunas ocasiones, sobre todo cuando la ansiedad es importante, el individuo puede comer más tratando de buscar cierto alivio en la comida de un modo compulsivo, naturalmente ganarán de peso.
2.3.- CRITERIOS CLÍNICOS DE LA DEPRESIÓN SEGÚN EL DSM-IV.
2.3.1.- TRASTORNOS DEPRESIVOS.
Éste término aparece por primera vez en un sistema de clasificación oficial con el DSM-IV (APA, 1980), y ha tenido una amplia aceptación, se ha caracterizado por uno o más episodios depresivos: se emplea para describir a una persona que presenta un episodio mayor. Estos estudios han indicado un amplio intervalo de valores para la proporción de la población adulta. El riesgo a lo largo de la vida ha variado entre 10 a 25% para las mujeres y entre 5 y 12% para los varones. La prevalencia de este trastorno ha variado en adultos entre 5 y 9% para las mujeres y el 2 y el 3% para los varones, estas prevalencias no están relacionadas con la raza.
2.3.1.1.- Trastorno depresivo mayor.
Los trastornos depresivos es el de "Episodio depresivo mayor".ñ se define por la presencia simultánea de una serie de síntomas durante 2 semanas.
Para el diagnóstico de episodio depresivo mayor requiere cumplir dos criterios (Belloch, 1995):" uno, que los síntomas no sean causados por una enfermedad o ingesta de sustancias; y segundo que los síntomas no se deban a una reacción de duelo normal por la muerte de un ser querido".
Estos episodios difieren de gravedad, se pueden valorar con escalas apropiadas o clínicamente de un modo global. En el DSM-IV (1995), plantea los siguientes niveles:
Según el DSM-IV, propone que un episodio depresivo puede tener características de melancolía, cuando no ocurren los síntomas, es decir, que la melancolía no implica mayor gravedad. Las etiquetas o categorías asignadas dentro de los trastornos depresivos se mencionan.
2.3.1.2.- El trastorno distimico.
Se usan para definir un tipo de depresión cuya definición nunca había estado bien resuelta. Se trata de estados depresivos muy profundos, crónica y otros que se caracterizan por la presencia de bastantes síntomas depresivos. El término vendría a sustituir a otros, como la "neurosis depresiva" y la personalidad depresiva que antes se incluía en el apartado de los trastornos de personalidad.
La razón de ésta nueva ubicación es la idea de que la distancia es más un trastorno afectivo, que un trastorno de personalidad. Lo que caracteriza al distimia son la presencia durante un periodo mayor de dos años, también es necesario la presencia de al menos otros tres síntomas que coexistan con esta tristeza.
Lo importante que la distimia no es un estado de depresión subsindrómica tras experimentar un trastorno depresivo mayor.
En cuanto al inicio, el DSM-III R y el DSM-IV, distinguen dos tipos: distimia de comienzo temprano y distimia de comienzo tardío, según haya empezado el cuadro antes de 21 años. La idea de esta distinción es que, aunque no tenemos aun mucho datos. No existen datos sobre el curso y tratamiento de la distancia.
2.3.1.3.- El trastorno depresivo no específico.
Se incluye para codificar los trastornos con característica que no cumplen los criterios para un trastorno depresivo mayor, trastorno distímico, trastorno adaptativo con estado de ánimo deprimido trastorno adaptativo con estado de ánimo mixto ansioso y depresivo (o síntomas depresivos sobre los que una información inadecuada o contradictoria). La categoría dedicada a las depresiones no especificada engloba cuadros muy diversos. Por esta razón, apenas, tiene sentido ofrecer datos epidemiológicos, de curso clínico o de cualquier otro parámetro, puesto que comprende entidades muy heterogéneas.
2.3.2.- TRASTORNOS BIPOLARES.
Síntomas de la Manía. Sus manifestaciones más leves (hipomanía), la manía es lo contrario de la depresión, "aunque hay casos en los que un estado de alegría desbordante inunda al paciente, en la mayoría se mezclan estados de irascibilidad, a veces explosiva y furiosa" (Bellochetal, 1995). En ocasiones, en numerosos pacientes, se observan momentos de abatimiento entremezclados con el propio episodio de manía. Estos pacientes se caracterizan por la expansividad anímica y cognitiva.
Las personas afectadas de ese trastorno están imbuidas de una sensación de bienestar y omnipotencia. Son más productivas de lo normal y más apasionadas. Cuando la persona maníaca se enfrenta a la resistencia y objeciones de los demás se vuelve irritable, hostil, paranoide, agresiva. Así pues, no cabe afirmar simplemente que la depresión y la manía son las dos caras de una moneda. Los síntomas y signos más frecuentes de la manía se puede agrupar de modo semejante a lo que apuntábamos en el caso de los trastornos depresivos.
La manía, junto con algunos trastornos de personalidad, es uno de los pocos cuadros en el que el paciente no sufre por los síntomas presentes.
Ocasionalmente, bajo este estado de hiperactividad e irritabilidad pueden producirse agresiones.
2.3.2.1.- El trastorno bipolar I.
Se caracteriza por uno o más episodios maníacos o mixtos, habitualmente están acompañados por episodios depresivos mayores, es decir, es una mezcla heterogénea de componentes.
2.3.2.2.- El trastorno bipolar II.
Se trata de personas que habiendo padecido episodios depresivos hipomaníacos, nunca han padecido un episodio completo de la manía.
La aparición de los episodios maníacos puede ser lenta y progresiva. Los pacientes bipolares presentan más episodios afectivos a lo largo de la vida que los pacientes unipolares. El trastorno bipolar II se caracteriza por uno o más episodios depresivos mayores.
Aunque los trastornos bipolares son más recurrentes que los unipolares, los episodios tienen una duración media menor (uno a cuatro meses). Es interesante resaltar que la duración del episodio maníaco o depresivo no depende de la gravedad de los síntomas presentes. El riesgo vital como mínimo de uno porciento en la población general, aunque hay bastante disparidad en los estudios realizados hasta la fecha. Este riesgo se incrementa mucho si existe un familiar del primer grado que manifiesta o haya manifestado el trastorno.
2.3.2.3.- El trastorno ciclotímico.
Se caracteriza por al menos dos años de numerosos periodos de síntomas hipomaníacos que no cumplan los criterios para un episodio maníaco y numerosos períodos de síntomas depresivos que no cumplen los criterios para un episodio depresivo mayor.
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