CAPÍTULO TERCERO
3.1.- DEPRESIÓN INFANTIL.
3.1.1.- CONCEPTO.
La noción de la depresión en la infancia no es aún muy precisa, difícil de concretar e incluso discutida, a pesar del interés, que éste tema ha despertado, es a partir del siglo XVII cuando se empieza a hablar del concepto melancolía ligado principalmente en adultos. En 1621 el clérigo Roberto Burton escribe la obra: "Anatomía de la melancolía", donde, en forma extensa, su propia experiencia haciendo alguna alusión de su infancia (citado en Polaino-Lorente, 1988).
Pasan los siglos antes de prestarle atención a la sicopatología infantil, siendo en el siglo XIX cuando los primeros textos de psiquiatría infantil aparecen con lasos referenciales sobre melancolía del niño.
Polaino Lorente (1988) manifiesta que "descuret, francés y doctor en medicina, descubrió por primera vez un caso diagnosticado de nostalgia en un niño de dos años que había sido separado de su nodriza. Los síntomas que se identificaron en éste caso fueron: desesperanza, tristeza, debilidad afectiva, cogniciones depresivas, pérdida del apetito y de peso, síntomas vegetativos, ideas delirantes e insomnio. Éste autor se adelanta a lo que años después describe Spitz, como producto de la separación materna, a la teorías psicoanalítica de pérdida del objeto y la modelo de pérdida del reforzamiento de Lewinsohn.
Las referencias sobre la depresión o melancolía infantil comenzaron a progresar y a sus numerosas a partir del siglo XX. Paralelamente, el término "depresión" predominó y sustituyó el término "melancolía".
Klein (1934), es la primera que introdujo el término depresión refiriendo a la infancia. Poliano Lorente cita a Stern, quien hizo una descripción acerca del niño deprimido "niños deprimidos, no puede reír, y un niño que no pudo reír, ni alborotarse y enfadarse con el niño. Los muchachos deprimidos son huraños, huyen de la compañía de los demás.
Después de apurarse la depresión analíticas del bebe descritas por Spitz y Bowlby (1945) donde ya se habla de un cuadro clínico producto de la separación de la madre. En los años setenta surgen los conceptos, de depresión enmarcada y equivalentes depresivos, los cuales refugian que la sintomatología de la depresión en el niño tenía poco o nada que ver con la depresión típica. A partir de los años 70, fue que se dio la aceptación del síndrome deprimido específico de la infancia y se va haciendo casi unánime, marcando el comienzo de la fase actual, un estado de la depresión infantil. Así un poco más de 20 años se ha logrado un gran avance gracias a numerosas investigaciones.
Hace pocos lustros no se la considera como tal, en la actualidad hay plena conciencia de la existencia de cuadros depresivos en la infancia. El niño que se queja de tristeza, llora fácilmente, está raro, silencioso, habla poco con los demás, incluso huye de las situaciones sociales y se le ve andando solo o sentado en un rincón; está de mal humor irritable, con ideas autodestructivas, sentimientos de inferioridad y culpabilidad. Presenta problemas escolares o incluso rechaza la escuela; de rendimiento escolar malo, dificultad de atención y concentración, pérdida de interés a cualquier actividad, se aburre con facilidad, apático e indiferente. Esta conducta antisocial, las fugas de casa, actos sexuales impulsivos. A nivel físico se observaron trastornos del sueño, pesadillas, pérdida del apetito; agitación elentecimiento y otros.
Esto alguno de los síntomas que se puede presentar en un cuadro de depresión infantil. Una de las mayores dificultades para su diagnóstico es que el niño es incapaz de expresar su estado afectivo.
Los signos de depresión pueden surgir tras el nacimiento de un nuevo hermano, un cambio de casa o de colegio, enfermedad, muerte de un familiar o un amigo; puede ser debido a los rasgos de personalidad neuróticos que le hacen responder deprimiéndose ante cualquier dificultad, como la frustración. El tratamiento de las depresiones infantiles no es distinto del resto de depresiones.
3.1.2.- CLASIFICACIÓN DE LAS DEPRESIONES INFANTILES.
La necesidad de clasificar las depresiones infantiles se debe a su función de simplificar adecuadamente los síntomas según similitudes y diferencias para poder establecer grupos homogéneos de niños y cuyos grupos sintomatológicos sean susceptibles a determinados tratamientos y se puede predecir su curso. Asignar a un niño es posible entre el grupo y el niño respecto a los síntomas, la etiología y el tratamiento.
Además, las clasificaciones permiten un acuerdo entre investigadores para lograr avances científicos que mejoren la intervención y prevención. Polaino y Lorente (1988) señalan que el primer esbozo nosológico de la depresión infantil se remonta a 1857, cuando Descuret, clasifica las nostalgias infantiles en tres tipos:
En la etapa de desarrollo más actual, la escuela francesa ha tratado de clasificar las depresiones infantiles:
Cytrin y Mc Knew (1972) distinguen tres formas clínicas de depresión en la infancia en función de sus manifestaciones clínicas, antecedentes familiares, duración de la enfermedad, historia premorbida y factores precipitantes que son los siguientes:
Ollendick Y Hersen (1988) dicen que otras clasificaciones han apelado a un criterio etiológico y evolutivo por ejemplo Malmquist (1975) ha propuesto las siguientes categorías y subcategorías:
1.- Depresión Asociada a Enfermedades orgánicas:
2.- Depresión por Privación: reacción a un ambiente no gratificante.
3.- Depresión por Trastorno de la Individualización.
4.- Depresión de Latencia o Infancia Media:
5.- Depresión en la Adolescencia:
Vemos que estas clasificaciones cuyos criterios son solamente etiológicos, no presentaría mucha utilidad ya que podrían haber tantas depresiones como supuestos etiológicos. Además, dejan al margen la multicidad de factores que caracterizan a la depresión ya que nunca se puede afirmar la existencias de una relación causas única entre un factor y la depresión.
Ollendick y Hersen (1988) refieren que Nissen en 1978 divide las depresiones en psicógenas-sociógenas, según estados evolutivos; considerando causas multifactoriales. Este tipo de depresiones están relacionados con la socialización e influencias familiares y ambientales como el rechazo y no aceptación, separaciones familiares, actitudes patógenas de los padres, actividades cambiantes de los adultos hacia los niños, comunicación de un estado de ánimo depresivo de la madre, expectativas escolares excesivas, etc. Así, Nissen distingue: la depresión anaclítica (primera infancia), las depresiones de separación e inducidas (segunda infancia, pre-escolaridad), la depresión escolar (por demandas excesivas) y las depresiones neuróticas (pre-pubertad e inicio de la adolescencia).
En el CIE 10 (OMS, 1995) se puede distinguir que hay una clasificación, podría decirse que es porque son ellos los que proponen el enfoque del continuismo con la depresión adulta, se observa también que inician clasificando lo que concierne a la depresión como trastorno del humor (afectivos). Es decir en este manual se clasifican las depresiones de la siguiente manera:
En esta parte se clasifican a la depresión, existen otros tipos de trastorno del humor pero cuyo síntoma principal no es la depresión.El DSM IV (APA, 1995) describe los siguientes trastornos del estado de ánimo:
Poliano Lorente (1988) concluye que varios estudios basados en el DSM, evidencian el hecho significativo de que la depresión mayor y el trastorno distímico aparecen como unidades sindrómicas en la infancia y la adolescencia y su expresión fenomenológica es la misma.
El mismo autor refiere, que sin embargo, el problema se origina al plantear la existencia de las depresiones psicóticas en los niños. Los aportes del estudio de Chambers etal., (1982) fueron valiosos al estudiar en 58 niños pre-púberes (8 a 12 años); con ideas delirantes y alucinaciones; asociadas a la enfermedad depresiva, según criterios RDC. Se concluyó que la depresión psicótica o endógena en la infancia tiene un perfil bastante semejante a la del adulto, predominando las ideas delirantes más que las alucinaciones y siendo más frecuente el contenido congruente al estado de ánimo, que el contenido no congruente.
Como vemos, aún no existe una clasificación bien fundamentada de las depresiones infantiles, por lo tanto, las categorías existentes actuales para la clasificación de la depresión del adulto (CIE 10 y DSM IV) parecerían ser válidas también para los niños.
3.1.3.- SÍNTOMAS DE LA DEPRESIÓN INFANTIL.
Según Ajuriaguerra y Marcelli (1982) realizan una clasificación de la sintomatología infantil, la cual engloba los distintos enfoques al considerar cuatro grupos de síntomas:
1.- Síntomas directamente vinculados a la depresión:
2.- Sentimientos asociados a sufrimientos depresivos:
3.- Sentimientos que aparecen como defensa contra la posición depresiva:
4.- Equivalentes depresivos específicos:
El enfoque de la sicopatología, refiere que la depresión surge a raíz de la sugerencia de destacados autores de considerar criterios de desarrollo en la sicopatología infantil, así como el estado caótico al que se había llegado como concepto de depresión enmascarada, que virtualmente permitía considerar cualquier conducta desviada como un síntoma de depresión.
Desde la perspectiva del desarrollo, la depresión puede surgir en cualquier momento del desarrollo infantil, pero la sintomatología se dispersa en función del estadío evolutivo del niño. Se parte de que si los síntomas clínicos de la depresión son estadísticamente normales en la infancia y remiten con la edad, no deberían considerarse ni tratarse como un síndrome clínico.
Ollendick y Hersen (1988) citan a Murria (1970) quién señala que hay ocho síntomas principales que indican la presencia del síndrome depresivo en el niño: depresión, trastorno del sueño, temor a la muerte, retraimiento social, ausentismo escolar, queja somática, agresión y ansiedad general. También afirma Murria, que en los niños de 6 a 10 años la ansiedad forma parte importante de trastorno, mientras que en los púberes de 11 a 15 años es más habitual la conducta agresiva.
Mc. Convilley (1973) también señalaron la importancia del nivel de desarrollo. Afirman que los niños más pequeños expresan tristeza e indefensión en relación a las percepciones de soledad y vacío ya que dependen más de los estados emocionales que del pensamiento organizado. Para los niños pequeños son importantes los factores de crianza y de separación; en el periodo escolar o de latencia, predominan los "pensamientos-sentimientos" ya que el niño desarrolla ideas negativas fijas de baja autoestima que afianza la depresión, después de haber experimentado pérdida y separaciones de personas queridas; en la pubertad cuando el niño ya debiera manejar el pensamiento abstracto se presenta la culpabilidad. En síntesis plantea tres subtítulos de depresión según la edad cronológica.
Polaino Lorente (1988) refiere que Nissen, en 1971 plantea la correspondencia entre determinados síntomas depresivos y las etapas evolutivas:
La depresión de la etapa escolar que más investigación ha suscitado, la mayoría de estudios sobre la depresión infantil son realizados con niños a partir de los 6 y 8 años de edad. Pero quizás algunos autores cuestionan la existencia de la depresión en infantes o pre-escolares, pero la depresión en la niñez intermedia ya esta instaurada como entidad clínica independiente en la sicopatología infantil.
Uno de los síntomas asociados más importantes y significativos de la depresión en esta etapa de desarrollo es la disminución del rendimiento escolar, considerando por muchos de los defensores de la depresión enmascarada como uno de las principales manifestaciones que encubren la depresión.
3.2.- DEPRESIÓN EN LA ADOLESCENCIA.
Se hace evidente la necesidad de una rigurosa definición del marco referencial cuando se aborda el problema de la depresión en la adolescencia. En efecto, las evaluaciones epidemiológicas de adolescentes deprimidos varían desde el 39.8 % si se incluye el conjunto de adolescentes con un síntoma depresivo y / o una semiología depresiva, hasta del DSM-II-R incluyendo las dos entidades de episodios depresivos mayor y distinta, y alcanzan el 9.7% si solos se considera la entidad de episodios depresivos mayor.
La normal observación del estado anímico de los adolescentes puede dar la impresión de que los desórdenes depresivos son una epidemia desde la pubertad en adelante. El problema radica en diferenciar entre los jóvenes realmente depresivos y aquellos que en el contexto de su cambiante estado de ánimo a modo de exagerada reacción ante frustraciones más o menos triviales.
La adolescencia, como etapa de desarrollo de todo individuo, es descrita a menudo en términos que se aplicarían también a la descripción de una depresión o de una lucha contra la depresión. En el adolescente existe sin duda la tristeza, la agitación, la cólera, el sentimiento de inutilidad, el pesimismo, los sentimientos de culpabilidad o de humillación, de decepción, el aislamiento, etc.
La presencia de estos aspectos en el curso de los procesos normales del desarrollo de la adolescencia hace pensar en que no hay adolescente sin depresión. Evidentemente, se observan en el proceso normal de evolución del adolescente la existencia de diversos procesos de carácter depresivo.
1.- Separación, ruptura de lazos, pérdida.- ocurren separaciones del medio familiar, tanto físicos como psíquicos, existen cambios y pérdidas de la propia imagen corporal, existen pérdidas y nuevas adquisiciones de procesos de identidad, hay pérdidas en la autoestima.
2.- Agresividad y sentimientos de culpa.- posiblemente la rabia producida por tales pérdidas se exponen como agresividad, dirigida bien hacia sí mismo (siendo entonces la causa de enfermedades de expresión somática) o bien sobre lo externo (crisis de violencia).
3.- El efecto depresivo de base.- son frecuentes en el adolescente el aislamiento, el encerrarse, los accesos de pesimismo, el enlentecimiento asociado a actividades reducidas al mínimo, el aburrimiento, la morosidad, el tedio, la taciturnidad, etc que vienen a construir un todo afectivo mercadamente "depresivo". Pero es precisamente su carácter pasajero, cambiante y influenciable por el medio externo, lo que le da identidad de proceso evolutivo más que de un proceso depresivo establecido propiamente dicho.
3.2.1.- PECULIARIDAD DE LAS DEPRESIONES ADOLESCENTES.
Para establecer el diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor en el adolescente sirven perfectamente las Criterios del DSM-IV:
F32.x (296.2x) Episodio depresivo mayor, episodio único: Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un periodo de dos semanas, representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser estado de ánimo depresivo o pérdida de interés o de la capacidad para el placer.
No incluir los síntomas que son claramente debidos a enfermedad médica o las ideas delirantes o alucinaciones no congruentes con el estado de ánimo.
Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (droga, o medicamentos) o una enfermedad médica (hipotiroidismo). Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo, los síntomas persisten durante más de dos meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor.
Pero no obstante, debemos tener presente qué síntomas son los más frecuentes de este trastorno en la adolescencia, por orden de prevalencia:
Otra peculiaridad del trastorno depresivo en la adolescencia consiste en los llamados "equivalentes depresivos"; muchos autores sostienen que precisamente son estos síntomas los característicos y diferenciales de las depresiones de esta etapa:
3.2.2.- DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE DIVERSAS ALTERACIONES DEPRESIVAS EN LA DOLESCENCIA.
A.- Depresión de la edad evolutiva.
Existencia de "afecto depresivo de base" pero temporal, cambiante y determinado por situaciones externas.
B.- Trastornos depresivos de la personalidad.
Peculiaridad depresiva de la personalidad, pero de tinte más cognitivo que afectivo, y presente durante toda la vida, tendencias de rigidez, la perfeccionismo, a la auto y heteroexigencia, la control y a la obesidad. Posibles patrones familiares.
C.- Trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo.
Criterios del DSM-IV de trastornos de adaptación, con Reacción depresiva breve, prolongada o mixta.
D.- Distimia.
Estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día, manifestado por el sujeto u observado por los demás. Presencia, mientras está deprimido de dos o más de los siguientes síntomas.
E.- En la adolescencia.
Cronicidad (síntomas presentes al menos durante dos años). Tendencia cicloide, fluctuante. Mayor abundancia de actitudes reactivas, menor retraimiento, humor triste, que alterna con irritabilidad y ansiedad. Patrón estacional. Posibles antecedentes familiares de distimia o trastorno depresivo.
3.3.- DEPRESIÓN EN LA TERCERA EDAD.
3.3.1.- CONCEPTO.
Hacia los 60 años aproximadamente, es el momento por el cual puede producirse el primer enlace depresivo o el retorno de una depresión ocurrida al comienzo de la vida adulta o siguientemente ocurrida el momento de la frecuencia o de la profundidad.
Los síntomas o signos de la depresión en la tercera edad consisten no sólo en las manifestaciones, evidencias observables de estrés, sino también trastornos de interacción individuo con su medio ambiente.
Pero el diagnóstico se requiere la presencia de estado de ánimo deprimido, por lo menos durante dos semanas consecutivas, además de por lo menos 4 o 8 signo "vegetativos", como falta de interés, sentimientos de culpa, disminución de la energía, etc.
Respecto a su incidencia es ésta época de la vida, Wolman en, Wolman, 1987, afirma que la vejez las personas están sujetas continuamente a la depresión.
3.3.2.- CARACTERÍSTICAS.
Entre los principales aspectos característicos de la depresión en la edad avanzada se ha dado un relativo comienzo en señalar la presencia de:
3.3.3.- CAUSAS.
El ser humano es considerado como una unidad biopsico-social debemos considerar una serie de factores que pueden determinar.
Aunque funcionan interrelacionadas, vamos a dividir las causas de la depresión en externas e internas.
A.- Causas Externas.
Las causas externas son solamente desencadenantes que incidiendo sobre la previamente creada desarmonía anterior despliegan el estado depresivo.
Como ejemplos frecuentes están las desilusiones afectivas, los conflictos interpersonales, la marginación o aislamiento por parte de otras personas, la jubilación no aceptada, los problemas económicos, la muerte de alguien querido, etc.
Si se presenta la depresión sugiere Calderón (1989). "El abordaje terapéutico debe estar condicionado por las diferentes características específicas del cuadro por tratar, refiere que las causas psicológicas de la depresión son diversas, y afectan al ser humano en cualquier etapa de al vida.
B.- Causas Internas.
Las causas internas, las cuales llevan, durante un periodo de tiempo más o menos largo, a un desajuste o desarmonía psicológica que, a su vez, se constituye en campo abonado para que, antes o después, surja la depresión. Ejemplo estas hipertensiones, los miedos prolongados, las preocupaciones, las frustraciones, el pesimismo, la tristeza y la tensión nerviosa; la incomunicación, la soledad, la dependencia, etc.
3.3.4.- SINTOMATOLOGÍA.
Sentirse deprimido o no es un síntoma suficiente para diagnosticar una depresión. Es importante hacer la distinción de los síntomas depresivos. Estos están presentes e n la mayor parte de los cuadros psicopatológicos. Dentro de la depresión clínica ha de concebirse como un síndrome, es decir, un patrón más o menos ordenado de síntomas; no resulta fácil diferenciar la depresión clínica de los estados depresivos emergentes de situaciones discriminativas transitorias y cotidianas. En cualquier caso, la depresión es uno de los cuadros clínicos mas complejos y heterogéneos sintomatológicamente, y la manifestación de un fenómeno depresivo, puede variar mucho de persona a persona. En algunos casos la depresión, se acompaña de un estado de agitación e insomnio, mientras que en otros casos aparecen profundos estados de inhibición psicomotora, en el estado de ánimo de un sujeto deprimido suele aparecer al menos 4 o 5 síntomas asociadas.
En definitivo el conjunto de sintomático de las depresiones se menciona en cuatro grupos:
La pérdida de interés por el medio social es característico en los trastornos depresivos seniles. La irritabilidad, la preocupación y las ganas de llorar son síntomas relatados con frecuencia por los pacientes deprimidos de edad avanzada.
El sentimiento de vacío se observa con frecuencia en ancianos, estos sentimientos se asocian frecuentemente con impulsos suicidas. De hecho, la sensación de vacío puede ser uno de los sentimientos más intolerables que experimentan los ancianos.
En los ancianos desmoralizados y desanimados, se observa una sensación de impotencia y desesperanza respecto al futuro; las enfermedades y la penuria económica puede restar autonomía al individuo y justificar su desánimo respecto al futuro. El anciano deprimido probablemente se retraiga de las actividades sociales, lo que le conduce al tedio y a la soledad.
La repetición de los problemas presentes y pasados es características de los ancianos con depresión. Estos suelen repetir su evaluación y sus sentimientos sobre un hecho particular en sucesivas sesiones diagnósticas y terapéuticas.
Una de las principales características es el deterioro en las relaciones interpersonales, estos pacientes sufren de rechazo de las personas.
Cuando se evalúa a una persona de edad avanzada con depresión grave, los signos observables de enfermedad depresiva proporcionan muchos indicios que no es posible obtener mediante la revisión de los síntomas. La expresión de tristeza, la lentitud de movimientos o la agitación, el llanto frecuente, la reiteración y otras expresiones de desesperanza son características de la depresión. La pérdida de peso se da con mayor frecuencia entre los ancianos deprimidos que en los pacientes de edad inferior a los 60 años.
La preocupación, los sentimientos de inutilidad, tristeza, pesimismo, fatiga, el insomnio y las alteraciones motivacionales son síntomas relativamente frecuentes en los ancianos.
Trabajo enviado por:
Héctor Aguilar Valdez
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