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Movimiento de Juan Francisco de León (página 2)

Enviado por Guerrero Marco



Partes: 1, 2


Don Felipe Ricardos:

La política de Arriaga fue interrumpida por las instrucciones que traía el nuevo gobernador, don Felipe Ricardos, consistentes en restablecer la Compañía y castigar a los responsables. Ante las medidas represivas, León se levantó en armas en 1751, apoyado par las gentes de la provincia de barlovento, valles de Aragua y de la costa. A pesar de todo estos sucumbieron ante la política represiva de Ricardos, quien condenó a muerte a muchos de los comprometidos y llenó las cárceles de presos. Viendo su causa fracasada León se entregó. Se le confiscaron sus bienes, y su casa fue destruida y sembrada de sal. Enviado a España fue condenado a servir junto con su hijo Nicolás en el África. No tardó en ser perdonado y su hijo Nicolás regresó a tomar posesión de sus bienes.

Juicios acerca del movimiento de León:

El primero de nuestros clásicos, Baralt, dice al respecto: "El fin a que entonces se aspiraba la supresión de la Compañía: gran número de habitantes de los pueblos del tránsito y de toda la provincia se habían asociado espontáneamente a la empresa; la gente rica de las ciudades la fomentaban con promesas y dinero, aunque sin dar la cara: y, en suma, las clases pobres y trabajadoras, las hacendadas, los indios, habían convertido una insignificante y humilde solicitud en un grande y solemne empeño nacional. Así se forman, modifican y triunfan las revoluciones verdaderamente populares; porque el instinto general, siempre seguro, conoce el mal, lo llama por su nombre u le pide el remedio conveniente, descartando embozos y tardanzas". Para concluir en que León no era el hombre para realizar un movimiento popular por respecto a la ley y a las autoridades.

Don Arístides Rojas tiene el mérito de haber sido el primero en estudiarlo como un antecedente del movimiento de la Independencia y encontrar en él la cuna de la revolución americana. Le asigna entonces carácter eminentemente político.

Gil Fourtoul lo concibe más como un movimiento político, un movimiento económico de la oligarquia territorial, que utilizó a León de instrumento: "Las turbulencias de 1749 a 1752 nacieron y se alimentaron de una pretensión egoísta y nada patriótica de la oligarquía territorial; porque los grandes propietarios de la Colonia, que lanzaron a León en su aventura, y lo abandonaron cobardemente en la desgracia, no se proponían ningún fin de progreso político, antes sólo conservar intactos, con la expulsión de los guipuzcoanos, los privilegios que como señores de la tierra y amos de los esclavos tenían desde los tiempos de la conquista; privilegios que rara vez usaron en fomentar la agricultura, ni el comercio, ni en mejorar la triste condición de la clase menesterosa".

Augusto Mijares lo analiza como un movimiento nacional, de mantuanos, tenderos y hasta oficiales de milicia. A este respecto dice: "Más que sus intereses, en sentido estricto, fue, sin duda, una verdadera susceptibilidad nacionalista la causa inicial de la posición de nuestra oligarquía a los abusos de la Compañía Guipuzcoana; además, la supieron enlazar enérgicamente a los interés del pueblo, y, sobre todo, a los de la patria naciente, y de allí que el movimiento adquiriese un verdadero carácter nacional y culminase en los resultadas que desde el principio se señalaron".

Consecuencias del Movimiento de León:

El movimiento de Juan Francisco de León, aún cuando fue vencido, significó la cercenación de muchos privilegios detentados por la Conquista. Tuvo la virtud de alertar a España sobre los abusos de ésta y sus posibles consecuencias. De allí que la Corona no tardara en tomar medidas, dentro de las cuales resaltan las siguientes:

  1. Anulación de todas las concesiones dadas a la Compañía y retorno a las condiciones del contrato original de 1728.
  2. Garantía para cosecheros y comerciantes venezolanos del comercio con Veracruz y otros países.
  3. Sede obligatoria del consejo de la Compañía en Madrid y no en San Sebastián como venía aconteciendo. Además, se le obligó a garantizarle a la Península el cacao necesario para su consumo.
  4. Formación de una Junta Fijadora de Precios, compuesta por el gobernador, un regidor y un representante de la Compañía, que debía fijar anualmente el precio de los productos agrícolas.
  5. Participación de los venezolanos en la Compañía. Para fines de 1752 fueron admitidos y se asignaron 300 acciones para la Provincia de Caracas y 100 para la de Maracaibo.
  6. Concesión de la sexta parte de la capacidad de las bodegas a los vecinos de las provincias.

Fin de la Compañía:

Para 1757 la Compañía se dirigió a la Corona exponiéndole su penosa situación como consecuencia del contrabando, y pidiéndole el cambio de gobernador, la abolición de la Junta fijadora de precios y permiso para reinstalar en San Sebastián la sede de la Compañía. La situación económica de la Compañía no se debía a sus negocios coloniales, sino a las aventuras económicas en las cuales se vio envuelta en la metrópoli.

En 1776 los puertos de La Guaira y Maracaibo quedaron comprendidos dentro de las reglas de comercio libre de las cuales gozaban Cartagena y La Habana.

La guerra con Inglaterra en 1779 determinó el fin de la Compañía. La Corona permitió el libre comercio de Venezuela con los puertos habilitados en España, así como también se permitió el comercio con Curazao y otras colonias.

En 1781 por decisión real fue rescindido el contrato con la Compañía. En 1785 la Compañía se disolvió y se refundió en la Compañía de Filipinas. Sin embargo esta compañía todavía controló durante algún tiempo el comercio de la colonia.

Juicios sobre la Guipuzcoana:

Los historiadores discrepan acerca de la influencia de la Compañía Guipuzcoana en la vida económica de Venezuela. Aun cuando la mayoría se inclina a reconocer que desempeñó un gran papel en su evolución económica y en la formación de una clara conciencia de clase en los terratenientes criollos que identificaron la defensa de sus intereses de la provincia.

Don Arístides Rojas considera que la Compañía Guipuzcoana "siembra los gérmenes de la riqueza venezolana e interviene durante una centuria como principio político, en la suerte de Venezuela". Contrasta el elogio que hace de su labor con la condena que anteriormente hace del monopolio al analizar el movimiento de Francisco de León.

Gil Fortoul, partiendo de un punto de vista errado, como es el de la pobreza de la provincia venezolana, antes de la llegada de los guipuzcoanos, error ratificado por Arcila Farías, considera que la Compañía fue beneficiosa para el comercio de España y de Venezuela. Además que crearon otras fuentes de producción con la plantación de nuevos cultivos y desarrollo de otros, como algodón, el añil, el café, el tabaco, el dividive y el aumento de la producción del ganado.

Andrés Bello considera que "la creación de la Guipuzcoana fue el acto más memorable del reinado de Felipe V en las Américas".

Arturo Uslar Pietri juzga que: "Su importancia en la evolución económica es extraordinaria. Creó una agricultura rica, moderna y pujante. Los Campos se cubrieron de plantaciones y de aldeas en las valles de Aragua y del Tuy. Quedaron establecidos los primeros sistemas de crédito. Todavía cien años más tarde los visitantes extranjeros admiraban los sistemas e riego artificial usados en las haciendas venezolanas. Con los usos refinados de una vida más fácil y culta, los hombres y buques de la Guipuzcoana trajeron las inquietudes del siglo de las luces. Mucha filosofía política francesa vino en las naves de cacao, patrocinada por los próceres de las Sociedades amigas del País. La Venezuela que conocieron y los viajeros de fines del siglo XVIII, tan llena de la dulzura de vivir y tan distante de las ásperas rancherías de los buscadores de Manoa, era en gran parte la obra de la Guipuzcoana. Para estos años la población venezolana se acerca a los ochocientos mil habitantes, y la exportación alcanza un valor de veinte millones de bolívares".

Para Briceño Iragorri con "La Compañía Guipuzcoana se cambia el orden económico de la provincia y ello aflora, como es natural, en el propio curso de la política. La Compañía vino a ser una nueva fuerza en la estructura social y entabla con ella una lucha entre los intereses de los explotadores, Apoyados por sus socios y beneficiados en la Corte, y la ya permanente de los terratenientes coloniales. Se abulta un proceso de reconquista de tipo imperialista. Sobre la capa social, ya densa de dos siglos, se erige un nuevo elemento de explotación factoril. Nuestro proceso económico hasta 1730 había sido obra de una lenta expansión agrícola, con fines preferentes a las necesidades de la tierra y con su lógica miranda hacia los mercados exteriores. Desde 1730 en adelante la agricultura se subordina a los intereses fundamentales del monopolio. Deja de ser municipal para convertirse en agricultura de fondos de barcos. Como la Compañía mantiene el ritmo del comercio, no ve bien lo que la provincia produce sin posibilidades de mercado extraño. Exportar e importar en gran escala es su misión. Nada le duele si merca acá lo que ella puede traer. Le interesa sólo agrandar la producción que vaya a otros mercados. Con la Compañía mejoran muchos renglones agrícolas, pero surgen vicios que roen la propia moral de las autoridades.

De otra parte la Compañía busca el predominio del blanco europeo sobre el criollo que porfía ha influir en la dirección del gobierno local. Y el europeo gana a su contendor indígena. Para ello va el cacao y tabaco a los almacenes de Pasajes y los señores de la Corte ven crecer sus doblones y reciben con ello más confianza y honores. La Cédula Real llamada de alternativa, mete en el cabildo cada segundo año un europeo. Esto no satisface al criollo ya arrogante, que busca el Cabildo como la torre del homenaje donde hallan seguridad, su altanería y fuerza a sus privilegios".

J.L. Andara en su libro "La Evolución Social y Política de Venezuela", enjuicia así la labor de los guipuzcoanos: "Esa Compañía que monopolizó el comercio de Venezuela, y fue de consecuencias desastrosas para la producción del país, provocó al fin con sus excesos una revolución popular. Todo lo dominaba, pues con su oro influía decisivamente en los personales poderosos, obtenía así la mayor parte de los nombramientos para oprimir a los productores del país y tenía la exclusiva para la importación de mercancías".

Arcila Farías dice que "La Compañía influyó mucho, por su carácter representante de capital español más exclusivista y ávido de ganancias, en que se creara, por reacción el sentimiento de nacionalidad: es un hecho que desde el preciso momento de su llegada se comenzó a hablar de los opresores, aludiendo a los comerciantes españoles; y las revueltas que se produjeron en Venezuela durante el siglo XVIII se encaminaban a sacudir, si no la dependencia política, si el yugo económico, ya que aquella nunca fue demasiado pesada, y los coloniales ni se quejaron, ni hicieron alusión a ella sino en las postrimerías del siglo y en los primeros años del siguiente, cuando la revolución estaba en marcha, y cuando se comprendió que para librarse de ese yugo económico era preciso obtener también libertad política. Basta considerar que los cabildos disponían de facultades que no tenían los de España, pues mientras en la metrópoli, se iniciaban con la centralización monárquica de la decadencia del régimen municipal, en América los municipios iban adquiriendo cada vez mayor autonomía. Las actas del cabildo caraqueño, las numerosas representaciones enviadas a España, los frecuentes y agitados litigios establecidos entre las autoridades de que estos gozaban y de los excesos de palabras que se permitían en su trato con los gobernadores e intendentes a los que no temían contrariar en la práctica".

 

Marco guerrero


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