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El Martín Fierro, de José Hernández

Enviado por Dulio G. Artaza



Partes: 1, 2

  1. Contexto de la obra
  2. Conclusión
  3. Bibliografía

Paralelismo entre los consejos del Viejo Vizcacha y los de Martín Fierro como símbolos del saber popular

Introducción

El Martín Fierro, escrito por José Hernández en el año 1872 su primera parte y su segunda, bajo el nombre de La vuelta del Martín Fierro, siete años después (1979), es considerada por muchos la obra maestra de la literatura argentina y la consagración del género gauchesco.

Aparte del indudable valor literario, la importancia de esta obra reside en haber sacado a un personaje marginal de la sociedad argentina del momento, el gaucho, y convertirlo en algo así como el "gen argentino", el representante de la argentinidad o de la nacionalidad argentina, como lo hacen, por ejemplo, Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas.

Al tratar de encarar este trabajo se ha tomado ese valor extraliterario que se le da al Martín Fierro. Y se lo toma desde esa dualidad representativa del saber popular y que, por imperio de esa capacidad retratista de la realidad de la que hace gala Hernández a través de esos personajes, se puede rastrear en el texto: los consejos del Martín Fierro "oponiéndolos" a los del Viejo Vizcacha.

Se va a tratar de escudriñar en aquellos aspectos que se considera son parecidos y aquellos en los que difieren, viendo si esos consejos gozan de actualidad o no.

Contexto de la obra

Se ha afirmado que el Martín Fierro en su conjunto es una "novela narrada en verso", por cuanto relata peripecias de vida de un gaucho típico de las pampas, sus desventuras y aventuras, sus alegrías y penas, estando el narrador por fuera del relato, es omnisciente que cuenta en tercera persona, y utiliza la primera persona cuando "hace" hablar a sus personajes, transcribiendo esas voces (discurso referido directo).

En la época que fue escrita la primera parte del libro, el gaucho vivía una realidad angustiosa: las tierras de las pampas, ganadas al indio, tenían por dueños a unos pocos terratenientes (existía una ley que prohibía tener tierras en hectáreas mínimas, por lo que el gaucho no podía ser propietario), que contrataban a aquellos para las tareas rurales, en condiciones de inequidad social. Se agrava por la famosa ley de levas, un sistema de reclutamiento forzoso de aquellos gauchos desocupados para servir en la frontera, donde la vagancia (o peor, ser pobre, desocupado, no poder trabajar en tierra propia), era vista como delito. De manera que solo les quedaban dos caminos: vivir dentro de la ley, "conchabados" y abusados por los ricos, o vivir por fuera y con riesgo de morir en la pelea con el indio. Es esta condición social lo que denuncia Hernández.

En la segunda parte, La Vuelta de Martín Fierro, cambia la realidad misma del autor Hernández (es electo legislador y se suma al gobierno de Avellaneda, aliado a Sarmiento, en un clima de reconciliación nacional) y sus intenciones al escribir. Él lo dice en su Prólogo: "!Ojalá hubiera un libro que gozara del dichoso privilegio de circular de mano en mano en esa inmensa población diseminada en nuestras vastas campañas, y que bajo una forma que lo hiciera agradable, que asegurara su popularidad, sirviera de ameno pasatiempo a sus lectores, pero:

Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar.

Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que sirven de base a todas las virtudes sociales.

Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración hacia su Creador, inclinándolos a obrar bien.

Afeando las superticiones ridículas y generalizadas que nacen de una deplorable ignorancia.

Tendiendo a regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando por medios hábilmente escondidos, la moderación y el aprecio de sí mismo; el respeto a los demás; estimulando la fortaleza por el espectáculo del infortunio acerbo, aconsejando la perseverancia en el bien y la resignación en los trabajos.

Recordando a los padres los deberes que la naturaleza les impone para con sus hijos, poniendo ante sus ojos los males que produce su olvido, induciéndolos por ese medio a que mediten y calculen por sí mismos todos los beneficios de su cumplimiento.

Enseñando a los hijos como deben respetar y honrar a los autores de sus días.

Fomentando en el esposo el amor a su esposa, recordando a ésta los santos deberes de su estado; encareciendo la felicidad del hogar, enseńando a todos a tratarse con respeto recíproco, robusteciendo por todos estos medios los vínculos de la familia y de la sociabilidad.

Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados.

Enseñando a los hombres con escasas nociones morales, que deben ser humanos y clementes, caritativos con el huérfano y con el desvalido; fieles a la amistad; gratos a los favores recibidos; enemigos de la holgazanería y del vicio; conformes con los cambios de fortuna; amantes de la verdad, tolerantes, justos y prudentes siempre."

Como se ve, se trataba de "civilizar" al gaucho, para integrarlo a la sociedad urbana. Ya hay una finalidad pedagógica: enseñarles a ser "buenos ciudadanos".

En primera instancia, se analizará la ubicación, estructura y un análisis lírico de ambos:

Ubicándonos en la historia, se ve que los hechos tienen lugar en una pulpería, donde se encuentran Martín Fierro, sus hijos y el hijo de Cruz. Es el segundo hijo de Fierro el que relata sus andanzas con Vizcacha devenido en su tutor y el que hace voz sus consejos, siempre apuntando como mala su experiencia. Martín Fierro habla por sí mismo.

Los consejos del Viejo Vizcacha: Capítulo XV de La Vuelta del Martín Fierro. Consta de 23 estrofas, de seis versos cada una , octosilábicos, de rima consonante.

"El primer cuidao del hombre

es defender el pellejo; a

lleváte de mi consejo, a

fijáte bien de lo que hablo: b

el diablo sabe por diablo b

pero más sabe por viejo". a

Los consejos de Martín Fierro: Capítulo XXXII también de La Vuelta del Martín Fierro. Son 31 estrofas, también de seis versos (salvo la segunda de cinco), octosilábicos, de rima consonante.

Hay hombres que de su cencia a

tienen la cabeza llena; a

hay sabios de todas menas, a

mas digo, sin ser muy ducho: b

es mejor que aprender mucho b

el aprender cosas buena. a


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