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Y mientras permanecen en un lugar, el don de Vianne consiste en hacer el más delicioso chocolate y adivinar de qué forma lo prefiere cada persona. Aunque ella y su hija no sean bienvenidas, como en este pueblo. Los dulces se convertirán, entonces, en símbolo de la tentación, el placer y la libertad, desconocidos por esa gente.
La moral y la transgresión están representadas por los dos lugares concretos en los que transcurre la acción: la iglesia (que en realidad también está bajo la influencia del Alcalde) y la chocolatería. Y también en base a estos dos arquetipos están delineados los personajes principales: el Conde de Reynaud, líder de la comunidad, el cura; el marido abandonado y la madre castradora, por un lado; y Vianne, la vieja y decadente Armande (dueña del local que alquila Vianne) y la rebelde amiga Josephine (la mujer golpeada que se rebela), por el otro. En el medio, una serie de criaturas que poco a poco se van "cambiando de bando" y que completan la galería de personajes que desfilan por la casa de Dios y la del "pecado"(la chocolatería).
La intolerancia va ganando lugar en la narración. El conflicto de Chocolate se centra en esta idea que es trabajada en el film a través de situaciones cotidianas. La madre que le prohibe a su hijo ver a la abuela; la viuda que no puede romper el luto para volver a enamorarse; el alejamiento de Armande porque está vieja y enferma; la violencia del cantinero frente al abandono de su esposa. En definitiva, el rechazo por los que no piensan igual expresa –por extensión– ideas mucho más amplias y universales que tienen que ver con la marginación y la discriminación. Y todos cuando comen los chocolates de Vianne (hasta un perro) ven incentivadas sus ganas de hacer el amor, ser felices, desarrollar sus potencialidades.
El conflicto con el Alcalde aumenta con la llegada de Roux (Johnny Depp), quien junto a su grupo de gitanos "piratas" del mar redobla los prejuicios de la población sobre los "diferentes", los salvajes. Pero como toda fábula tiene su moraleja, en Chocolate no faltarán los arrepentimientos. Depp también aporta la cuota de romance que se merece la paciente y bondadosa Vianne y adorna un final esperanzado.
Los dulces son la pócima que transforma a los habitantes del lugar, quienes, junto con las recetas, aprenderán una lección.
La voz en off no deja en ningún momento de hilvanar el relato. Aunque a veces se vuelve un poco retórica al reiterar el sentido que por sí solas aportan las imágenes. En esta película, las imágenes hacen de significantes, y el audio aporta el significado. Y es recién en la última escena, al cerrarse la puerta de la chocolatería –y de la ficción– cuando descubrimos quién ha narrado esta historia. La cámara se aleja nuevamente como al comienzo y el viento vuelve a soplar, aunque esta vez las viajeras ya no van a partir. Vianne ha dejado volar las cenizas de su padre por la ventana y va a afincarse en ese pueblo junto a su hija y su nuevo amor gitano, ya que ahora también ellos son partes de la villa.
Algo sobre la estética del film.
Al comienzo y en la mayor parte de la película abundan los colores grises, negros y azules. Lo disonante es el color rojo de las capas de Vianne y su hija. También Vianne es la única que usa zapatos rojos. Y esto llama la atención. El rojo despierta los sentidos y las pasiones. Se asocia al poder, a la energía, a la vitalidad y a las emociones de la vida.
Sobre el color rojo se ha escrito mucho. En su aspecto positivo: el rojo estimula la acción, la actividad, el amor, el vigor, el poder creativo. Se ha llamado al rojo "El gran energizante", "Padre de la vitalidad".
Solo en la escena final hay un festejo donde cambian las vestimentas de todos y hay un conjunto de colores vistosos donde el gris y el negro ya no están más.
Algo sobre el rol de la mujer en el film
Vjanne representa un nuevo modelo de mujer (la historia se sitúa en 1959), independiente, fuerte, decidida, que no requiere de un hombre para desarrollarse o mantenerse o defender sus ideales.
No es una mujer que se ofrece o permite ser ofrecida como mercancía entre sectores sociales, grupos o familias.
Se muestra un pueblo imaginario en el que todo sucede de manera monótona, día tras día las costumbres y tradiciones son la Ley y el Alcalde es el guardián que se encarga de hacerlas cumplir. Han aprendido a temerle a Dios y la religión es vivida con culpa debiendo realizar constantes sacrificios y abstinencias, para complacencia de Dios y del Alcalde, que además es un noble, un conde.
La vida es simple y hay una sola mirada de la realidad, la de Occidente, que es único y universal.
Todos los habitantes siguen las mismas reglas, nadie se atreve a desafiarlas. Hasta que aparece ese otro que instala la posibilidad de la alteridad: Vianne. Todas las miradas se posan sobre ella, mujer sin hombre, madre soltera, no cristiana, que osaba abrir una chocolatería durante la cuaresma. Ese "otro" que ella representa es observado con desconfianza y solo podría ser incluido si demostrara adaptarse a las costumbres vigentes, algo que no ocurre para nada.
El pueblo y su portavoz, el alcalde, juzgan lo diferente desde su punto de referencia, desde su cultura. Ella les provoca asombro, rechazo, pero ella no va a jugar el papel de excluida pasiva, que solo iba a lugar por su lugar en ese mundo. El Conde Alcalde, ya de entrada dice que va a ir a verla porque es para uno conocer a sus enemigos.
Se comienza a establecer entre ellos una dinámica en la que la gente del pueblo para reconocer a ese otro primero deben reconocerse a sí mismos tal cual son. Y en esta relación que no es unilineal, ambos componentes de la misma, Vianne y los habitantes, van a salir modificados.
El conflicto se potencia con la aparición del gitano errante, otro "otro" discriminado y considerado inferior.
Con el transcurrir de los hechos, el pueblo se liberará de la opresión de la religión y del modo de gobernar persecutorio del Conde, y Vianne se va a liberar también de su obligación de seguir al viento del norte para cumplir con su mandato milenario.
La película nos ofrece como objeto de estudio una propuesta inicial observable: Para la pequeña aldea francesa donde se desarrolla la película, Vianne y luego el gitano errante representan el otro primitivo al que se rechaza o se intenta compulsivamente de adaptar a la cultura occidental que el pueblo representa y sostiene. Son salvajes modernos, que pertenecen a etapas de evolución ya superadas por la Europa civilizada.
Así es que podemos enfocar esto desde distintas corrientes de pensamiento.
El Iluminismo, en el sentido más amplio de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos de si mismos. La protagonista es la que viene con sus fórmulas (su abuelo había unido la ciencia farmacológica europea con los saberes aprendidos en América) de chocolate a liberar a esa gente de sus ataduras externas, del encierro propuesto por la religión y la manera de ejercer el poder monárquica del Conde. Por otro lado, también les demuestra que los sentimientos genuinos de esos seres les señalan su propio destino, al mejor estilo romántico, generando un nuevo paradigma en la subjetividad de ese pueblo. Y con el transcurrir de las secuencia veremos que no solo los habitantes si no también el cura y el conde se ven liberados de viejos conceptos, pues en el sermón final del día de Pascuas el sacerdote habla del hombre como constructor de su propio destino, y dice que el servir a Dios no pasa por las cosas que se dejan de hacer sino por la capacidad de aceptación del otro diferente que seamos capaces de practicar.
En síntesis, el paradigma de la alteridad, la manera en el que "nosotros" y los "otros" nos construimos aceptando que el otro es otro, se hace evidente positivamente.
El Evolucionismo considera que las distintas culturas se desarrollan de manera independiente, pero que pasan por los mismos estadios fijos (salvajismo, barbarie, civilización), con una idea lineal del tiempo, pasado, presente, futuro, considerando los avances tecnológicos como una medida de evolución de cada cultura o pueblo, En el film, el otro diferente no es solo Vianne, que es una viajera errante con ascendente indígena, y que viene de vivir en España e Italia, lugares considerados "inferiores" por los franceses, sino también el rechazo a la barbarie se produce cuando arriban al pueblo los gitanos marinos, que vive en una barcaza, y que el conde describe como nómades sin fe y prohíbe por decreto a los habitantes que los atienda cuando van a los negocios del pueblo. La gente del lugar y el Alcalde los ve como piratas, los considera como pertenecientes a un estadio previo a la civilización, ya que no han alcanzado a vivir en casas, siguiendo el concepto de Orden y Progreso de la sociedad occidental.
Otra lectura del film nos orienta hacia el Funcionalismo, escuela que insiste particularmente en el estudio de las funciones que dentro del sistema social, concebido como una totalidad integrada, desempeñan los individuos, grupos e instituciones. Es una corriente a la que no le preocupa la historia sino que va a estudiar la cultura tal como se presenta en el aquí y ahora, y tiene por finalidad explicar los aspectos y fenómenos sociales por su función. Y la función es satisfacer necesidades de esa sociedad. Esta línea de pensamiento, privilegia las funciones sociales orientadas a la conservación de la estructura social. Una cultura es, pues, un sistema complejo que logra facilitar la supervivencia social en un medio hostil. Desde esta visión podríamos preguntarnos qué función cumple, como parte de un organismo vivo que es ese pueblo, la chocolatería. En principio podríamos decir que satisface una necesidad básica relacionada con los chocolates, bombones y postres como necesidad básica de alimentación y placer. Pero hay ciertas consecuencias derivadas de su accionar como la transmisión cultural, la capacidad de escucha y de atención de los clientes, la entrega de productos cuyo consumo produce un cambio interior en las personas, que finalmente se liberan y cumplen sus deseos reprimidos, hacen que el negocio de Vianne se vuelva imprescindible para ese sistema, aunque al principio fuera rechazado. La inserción de la chocolatería en ese todo funcional integrado produce momentos de conflicto, tensión, y luego de cooperación, acuerdo y finalmente una nueva realidad de convivencia sin sobresaltos. El sistema social, entonces, siempre tendería a un estado de equilibrio.
Fran Boas, por su parte, representante del Particularismo Histórico, propone considerar la historia de cada sociedad desde lo más antiguo hasta hoy para explicar su cultura. Y afirma que las tradiciones y culturas se transmiten de generación en generación, conciente e inconscientemente, a través de procesos históricos. En esta villa francesa se compartía un mismo sistema de valores, y el conde lo afirma cuando dice que confiaba en la sabiduría de las generaciones pasadas, que fundamentaban sus acciones actuales. Por otro lado Vianne era descendiente de otra cultura y transmitía el conocimiento de los mayas. Pero no solo en cuanto a los ingredientes del cacao puro y condimentos.

Los mayas, citados en esta película, son una antigua civilización que floreció en los territorios que hoy son México, Guatemala, Hondura, entre los años 250 dC y 900 dC. Fueron destacados astrónomos y crearon un complejo calendario. La chocolatera Vianne le hacía girar un plato que tenía la forma del calendario solar maya a sus clientes, y les preguntaba qué imagen ellos veían y según la respuesta obtenida, les daba el chocolate que le parecía indicado para ese cliente.
(ver a continuación- en la página siguiente, la imagen del calendario solar maya)

Con la gente del barco, la gente despliega una actitud etnocéntrica, de rechazo a lo diferente a lo que además se ve como inferior.
Lévi-Strauss piensa que los fenómenos sociales ofrecen el carácter de signos y que cualquier sociedad puede ser estudiada como un sistema de signos, y hasta se puede considerar las reglas del matrimonio y los sistemas de parentesco como una especie de lenguaje, un conjunto de operaciones destinadas a asegurar entre los individuos y los grupos cierto tipo de comunicación y solidaridad. Es decir, una sociedad puede ser considerada como un juego de signos, de lenguaje o de comunicación, aunque a diversos niveles: comunicación de mujeres (prohibición de incesto, exogamia), comunicación de bienes o servicios, comunicación de mensajes. El método para su estudio será descubrir la estructura o sistema de ese juego. Dado que, en cualquier caso, se trata siempre de fenómenos sociales que pueden ser considerados como signos, la metodología puede ser la misma que la empleada por la lingüística estructural. L.Strauss cree en la unidad psicobiológica de la humanidad, que la mente humana interpreta y ordena al mundo según lógicas de oposición y complementariedad. Por eso los productos culturales tienen la misma estructura del lenguaje. En la película vemos que tanto la protagonista como los integrantes del pueblo tenían búsquedas universales similares: querían llegar a la verdad (los del pueblo por medio de la religión, Vianne a través de la leyenda del cacao que había heredado de su madre, abuela, etc.. La coalición que finalmente existe entre ellos hace que la sociedad de ese pueblo se vuelva acumulativa, no estacionaria. Ella representa la heterogeneidad que es rechazada por la actitud etnocéntrica del pueblo, luego es aceptada pero la nueva homogeneidad será afectada por la aparición del gitano navegante, el cual al final también abandona su vida errante y vuelve para quedarse con Vianne y su hija, formando una nueva familia y generando una nueva homogeneidad provisoria. Se da el juego de homogeneidad, diversificación, homogeneidad.
En las escenas del film vemos que se dan momentos de intercambio y reciprocidad entre personajes distantes y yuxtapuestos, se genera lentamente una cadena de alianzas, y lo instituyente se incorpora a lo instituido, generando un nuevo equilibrio, en el final en el que la película, que no se plantea como momentáneo sino como definitivo, a fin de que la ficción logre imprimir su cuota de seguridad ontológica al espectador, su fe ante el devenir de los acontecimientos. Si, como los cuentos de hadas, los protagonistas en el abrazo final darán la señal de que a partir de ese momento comieron perdices (o chocolate) y fueron felices, pero no lo podemos saber porque nadie conoce el día después de los finales de libros y películas. Pero, si nos guiamos por lo aprendido, intuimos que tarde o temprano llegará otro, un nuevo tercero en discordia, a incomodarles la existencia.

Luis Buero
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