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He ahí la tremenda metamorfosis sufrida por los cuerpos para llegar a ser parte del alma humana; y es ese el primer grado metafísico del alma en el cual puede dar cabida, al espíritu que la ha de llevar a ser conciencia clara, sentimiento puro y luz de su misma luz a fuerza de metamorfosis, que son tantas, que resultan innumerables nada más que hasta donde se encuentran vuestras almas en séptimo día de la tierra, en que dejó de ser mundo de expiación, para ser mundo regenerado.
Pero no olvides que hemos pasado en la tierra ya, 45 millones de siglos, hasta llegar al juicio de mayoría (Juicio Final ya celebrado el 5 de abril de 1912, en Argentina) y ascendíamos de un mundo embrionario al primitivo de éste, al de prueba; este, al de expiación siempre metamorfoseándonos. ¿Cuántas evoluciones hemos hecho y el espíritu las rigió?
¡Qué grande resulta ahora el espíritu! ¿No es verdad que, aunque lo habéis visto infinitesimal ante el Padre, detrás de él, no hay otro ser, ni otra cosa más grande? ¿Quién no verá ahora la injusticia de los hombres dúos, que cuando se hicieron el primer destello de consciencia y encontraron su alma, le dieron a ésta toda la grandeza del hombre, siendo sólo el espíritu?
Pero, ¿creéis que es poco que el hombre pueda llamarse dúo, aunque cometa la injusticia de creer al alma, causa de su ser?... No es poco; es mucho y cuando a eso llega, ya el espíritu puede iniciar los progresos, las artes y las ciencias, para con eso poner el orgullo (último del instinto racional) en un "brete" del que no puede escapar, porque retroceder no puede; y si ha de ir adelante, tiene que descubrir, quiera o no a su jefe el primero, el espíritu, que aun no sabía el hombre que dentro de su capote iba el que lo hacía andar y se produce el encuentro supremo: uno que todo lo hizo en silencio y no puede ceder su ley; otro que creía ser el todo y director y se encuentra con que sólo es el capote, la herramienta; y gracias que los estima hasta el amor máximo, porque con sus hijos que le han costado largas luchas y metamorfosis innumerables y les dice el espíritu, lo que Jesús advirtió: "¿Quién será el primero?" ¡Qué lejos han estado los hombres de comprender esa palabra a pesar de que parabólicamente, él diera la contestación, pues añadía: "Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros!... Y así es en verdad, pues se descubre el último el espíritu y es el primero; se había descubierto el alma y se hacía progresar a expensas de la dirección del cuerpo; y éste, que se ha creído el único y el primero, se encuentra con que son tres y él el último; porque la trinidad del hombre por ley y por justicia, es así: Espíritu, Alma y Cuerpo.
Como esto será fundamentado en todo el artículo, queda así juzgado el caso, dando a cada entidad el lugar que le corresponde y declarando asimismo que el hombre es la primera y única trinidad racional que sirve de pedestal único y digno del Creador, porque no son otros que su pensamiento y voluntad que han demostrado la vida en la creación de formas, en las que el hombre fue sentando en reglas y leyes las ciencias, resultando de la experiencia del espíritu en tantas evoluciones. Ciencias que hoy, al descubrirse la sabiduría del espíritu, creen algunos que "están en bancarrota", como lo demuestra el siguiente manifiesto de un "miope de larga vista" de 6 de diciembre de 1913, dice:
Leí no ha mucho en un importante diario argentino, la trascripción de algunos fragmentos de un brillante artículo sobre la bancarrota de la ciencia, "Verán nuestros lectores – decía el diario – cómo han sido recibidas las conclusiones del gran Brunetière por uno de los primeros pensadores argentinos"
Bien, pues, yo que alguna vez tuve la satisfacción embestido cordialmente por haber intentado probar en "Modos de Ver" que no había tal ciencia en quiebra y sí muchos espíritus quebrados, y que Mr. Brunetière quizá podría estar viendo al revés como cualquier enfermo de retrograditis crónica, recorrí con atención esas líneas he hice mis observaciones del momento.
En primer lugar, me dije, ese pensador argentino no puede ser el autor de este artículo; lo conozco y se como el piensa. Efectivamente, después supe que estaba en lo cierto.
No creo tampoco en la extraordinaria magnitud de Mr. Brunetiére. Si no me equivoco se trata de un hombre pequeño, como todo hombre importante, de talento reconocido y muy bien rentado por quienes necesitan de su pluma. Entonces, alguien dirá: Mr Brunetiére no puede ver al revés. Así será; pero recuerdo el caso del ilustre profesor Klugel, autor de un noble tratado de óptica, quién para examinar un cuerpo lejano en presencia de varios sabios, se obstina en mirar por el objetivo del anteojo, lo cual como todos saben, implica alejar, ya que no invertir, aunque otra era la causa del error de Krugel.
Esto de defender la ciencia es tarea fácil y a la vez inútil. Fácil, porque para ello basta el sentido común libre de prejuicios y de vacunas preventivas; inútil, porque la ciencia misma se encarga de hacerlo. Ella vence a sus enemigos de una manera original, no con insultos ni diatribas; al contrario, colmándolos de beneficios, dándole armas para luchar contra la brutalidad de la naturaleza, abriéndoles nuevos horizontes, nuevas perspectivas, poniéndolos en condiciones de desenvolver libremente todas las facultades superiores. Podríamos decir que la ciencia trata a sus enemigos de acuerdo con aquel consejo árabe "Sed como el sándalo que perfuma has el hacha que lo hiere".
¿Pero realmente la ciencia puede tener enemigos? La sola pregunta avergüenza. Quizá no son enemigos los que tiene, sino gente a quien no conviene la luz que ella irradia. Muchas veces hasta el resplandor de un fósforo resulta inoportuno. Paso por alto a los malos, porque siendo incapaces de comprenderla no pueden amarla ni odiarla; cuando más, podrían rebuznarle al recibir su ración cotidiana (Muy bien. Pero cuidado con una coz, Frater Gil. Esto es nuestro)
Creo que no puede haber una ciencia atea, ni creyente, ni materialista, etc.; aunque haya sabios con todos esos rótulos. No se debe confundir el contenido con el continente. La ciencia moderna investiga fríamente, sin premeditación alguna, con sinceridad absoluta, sin una pizca de ideas preconcebidas; busca la verdad tan solo, salga lo que salga: ¿Descubre una ley? La formula, la generaliza si puede, y apoyándose en ella da un paso a la región de lo desconocido, trazando así su espiral de débil luz en la inmensa bóveda del misterio. Luz débil, es cierto, pero es la única con que contamos.
Goethe, al ser interrogado acerca de sus ciencias, contestó: "como poeta, soy politeísta; como naturalista, panteísta; como ser moral, soy deísta y tengo necesidad de todas estas cosas para expresar mis ideas". Si personificáramos a la ciencia y la obligáramos a contestar esa misma pregunta, quizá la respuesta fuera parecida a la de Goethe, aunque mil veces más amplia.
Los sabios, los estudiosos podrán ser ateos, materialistas, creyentes, espiritualistas o cualquier otra cosa, pero la ciencia no; ella no se compromete con ninguno; enseña a investigar, dejando en libertad al espíritu.
Ahora tenemos algunos párrafos de la transcripción a que nos hemos referido: "Por definición, la ciencia es contradictoria. Sin cesar, se desmiente, se corrige, se niega. Cada día el universo misterioso ofrece un aspecto nuevo a su sorpresa constante. En ese siglo XIX, que fué la época de su imperio universal, ¿No ha sido por turno, materialista, espiritualista, positivista, idealista? Cada año trae un suceso inesperado que arrasa el edificio naciente de las hipótesis. Dios ha confundido las lenguas de estos reconstructores de la torres de Babel". (Eso es lo que hace dios, pero no lo que hace el Padre Creador)
En estas líneas se ha hecho, sin querer, el mayor elogio a la ciencia. Efectivamente, lo que no cambia, lo que no varía, lo que no marcha, lo que no se transforma, es lo antiprogresivo, lo petrificado, lo que no tiene órbita.
La ciencia no se desmiente; se corrige, eso sí, y constantemente; pero corregirse, es perfeccionarse, es depurarse, elevarse, es ser mejor que ayer, mañana que hoy, siempre mejor. Allí esta el secreto de la perfecta juventud y belleza de la ciencia. (Todo esto es porque la ciencia es antirreligiosa, como hijas del "Espiritismo Luz y Verdad") Esos sucesos inesperados de cada año, no "arrasan" el edificio de las hipótesis nacientes, modifican, cambian en parte su orientación; hay más bien permutación de nombres que valores. Y si algunos caen realmente, otros menos imperfectos los substituyen. Después, desde el punto de vista utilitario, esos cambios no cambian en lo más mínimo los beneficios que la ciencia nos proporciona. Si mañana sufriera un derrumbamiento la teoría de la electricidad, no por eso se apagarían los focos ni se pararían los motores eléctricos. No volveríamos a las velas de sebo ni a la carreta; la variante se notaría en los nuevos textos de física; se modificarían las fisonomías de algunas fórmulas, substituyendo, digamos, una multiplicación por una elevación a potencia, una división por extracción de raíz. Nadie sufriría, con esto, tanto, que si el mismo Brunetiére, a fuerza de aplaudir el derrumbamiento de la teoría de la electricidad, enfermara gravemente, desde París la bendición pontificia, podría estar seguro de recibirla como en hondazo en menos tiempo que canta un gallo, porque el telégrafo seguirá funcionando no obstante el derrumbamiento. (La electricidad, fuerza omnipotente y madre de todo lo creado, hemos dicho nosotros).
Refiriéndose el siglo XIX, dice el articulista: "Saludóse el principio de una era nueva, el comienzo del reino del hombre. Todas la ciencias parciales parecía integrase para la revelación suprema. La biología daba la clave para el misterio vital. La astronomía manifestaba el ritmo de la mecánica celeste. La química abría el panorama del mundo orgánico. La hipótesis del evolucionismo explicaba el enigma único del mundo, vulgarizaba en secreto formidable de la creación del cosmos, de la sujeción de las formas".
"… Las promesas de la serpiente edémica se cumplían. Éramos como dioses. ¿Qué ha quedado de todo ese delirio? Ni una sola de las incógnitas se ha transmutado en cifra cognoscible del espíritu atónito de las ecuaciones. Nuestro telescopio nos enseña por la inducción de la luz espectral los elementos que se amalgamaron para condensar las estrellas. Pero no nos dicen en virtud de que voluntad esos astros que creíamos fijos en el cielo cóncavo circulaban… El telecopio nos muestra el país populoso de los invisibles, pero no saben cómo el infusorio aparece… " "¿Qué ha quedado de todo esto?" ¡Caramba! ¡La pregunta asombra, en verdad!
Felizmente, todo lector sano habrá contestado con una sonrisa. La respuesta podríamos sintetizar en estas seis palabras: ha quedado dignificado el espíritu humano. Han quedado establecidos los grandes y fecundos métodos de la investigación. Hánse abierto puertas hacia todos los rumbos del horizonte, por donde penetran luces nuevas, dilatadas perspectivas, realidades hermosas, ilusiones sublimes, y soplo helado y tonificante del infinito. En cuanto a lo material, puede responder la física aplicada, la química, la fisiología experimental, la cirugía, la bacteriología, la mecánica… en fin, pueden responder los Helmholtz, los Claudios, Bernal, los Pasteur, los Berthelot y sus discípulo ilustres, honor de la humanidad.
La ciencia más inútil, según los ciegos, la astronomía, ¿Qué ha dejado? ¡Oh! Sería irnos muy lejos, hasta más allá de de las estrellas quizá, y no todos se atreven a perder de vista nuestra común guarida.
Bajo la faz filosófica de la astronomía, al reducir a un punto matemático, no digo a la Tierra, sino a nuestro sistema entero, es decir, a una circunferencia trazada con radio de cuatro millones de kilómetros, haciendo centro en el Sol, y al fijar la dirección y velocidad la marcha misteriosa, con sólo esto, digo, ha magnificado el pensamiento humano. Pero todos sabemos cuanto más ha hecho. Ha legislado para el presente y el futuro más remoto los movimientos y posiciones relativas de los planetas y satélites de nuestro sistema, poniendo en claro su complicado engranaje, gracias a los progresos de análisis matemáticos sobre el clásico problema de "los tres cuerpos", inabordable para Newton. Por el estudio de algunos sistemas binarios estelares – estrellas dobles – ha comprobado la universalidad absoluta de las leyes de Képler y de Newton, , algo que conmueve hondamente el espíritu cuando medita con detenimiento.
El análisis espectral, evidenciando la identidad de la materia que compone los universos, proclama la eternidad de cielos. Quizá podríamos decir que es la idea de Cristo (vemos que aun no vió "lo que es cristo ni quien lo fundó) generalizada y dilatada hasta las estrellas. Por último, las nuevas aplicaciones del espectroscopio para determinar la velocidad radial de ciertos astros, el estudio de rotación de algunos planetas y satélites, el desdoble de ciertos sistemas que el telescopio no podía resolver, y la aclaración casi total de las estrellas variables es algo maravilloso.
Un eminente geómetra francés analista profundo y por lo tanto filósofo, hablando de la armonía eterna del Universo, que su mejor expresión es la Ley. Ley – agrega –es una de las más recientes conquistas del espíritu humano; y todavía hay pueblos que viven en un milagro perpetuo sin sorprenderse. Esta conquista de ley se la debemos a la astronomía y esto es lo que hace la grandeza de esa ciencia, aun más todavía que el tamaño material de los objetos que ella considera". (Sí, pero la astronomía se la debemos al espiritismo, como todo el progreso).
La astronomía moderna va dejando cualquier cosa, aunque no sea dinero ni alimento. Mas por esto mismo muchos proceden respecto a ella como aquel beduino que, al encontrar en el desierto una bolsa de perlas, las arrojó muy lejos cuando se hubo cerciorado de que no eran arvejas. Los extremos se tocan. A mi ver, el error de los desilusionados, en general consiste en arrojar la bolsa de perlas, las conquistas de la ciencia moderna, porque no contiene la verdad absoluta, la clave del misterio total. Por eso examinan: "la astronomía hace tal y cual cosa; pero no nos dicen en virtud de que volunta esos astros que creíamos fijos circulan… ", etc. (No lo ha dicho Dios, pero lo dice siempre el Creador: por su voluntad, encargada al espíritu su hijo, cuya unión es el espiritismo, su gobierno, que establece el flujo y reflujo).
Es cierto no lo dice, y probablemente nadie lo dirá jamás, porque la verdad absoluta no es del resorte del cerebro humano, no cabe en él: la ciencia ha sido la primera en reconocerlo. Pero si no señala esa voluntad, nos aproxima a ella cada día. No debiéramos confundir la ciencia chata y mercantil norteaméricana con la verdadera ciencia, cuya característica primordial es justamente el desinterés, el goce interior, espiritual; la ciencia por la ciencia misma.
Se ha dicho que el americanismo matará la ciencia y el arte. Puede ser; pero la matará dentro de su casa, no en el mundo (ni allí tampoco: la ciencia es inmortal). No veo la dificultad que habría en concebir un término medio entre esa ciencia ordinaria, pero útil, y la elevada y verdadera.
Aquellos espíritus demasiado sensibles, los que no pueden soportar mucho tiempo la mirada penetrante y fría del gran enigma, encontraran lo que buscan fuera de la ciencia, en las páginas de los libros sagrados de las tres y cuatro grandes religiones con que cuenta la humanidad. Allí está explicado todo, detalladamente, con puntos y comas, y en una forma agradable (pero no útil. La astronomía prefiere lo útil a lo agradable). Por lo demás no es necesario preparación alguna: al contrario, conviene ir desnudo de ideas. Allí se hallan "transmutadas" en cifras cognoscibles las ecuaciones que dejan atónito el espíritu" (atónito ante los errores consagrados en verdades por la religión). Desde esas alturas compadecerán sin duda a sus hermanos menos felices que se sacrifican aquí abajo investigando libremente en obsequio del espíritu humano (por eso somos locos e ilusos ante los aferrados al error)
No; no ataquemos a la ciencia: al contrario, defendámosla cada uno según nuestras fuerzas, porque en la verdad se encierra la justicia, la moral y la belleza.
Martín Gil.
(Preguntamos: ¿puede ser bello el Sol manchado?... (.Aplaudimos, en general, el artículo y el autor. Algo es algo.)
Esta trinidad la tiene bien estudiada la física y de ella han derivado los hombres racional y espiritualmente hasta el borde mismo de la metafísica espiritual; pero se pararon ahí, asustados, por lo que dije en el párrafo anterior que el espíritu, envuelto en el capote del hombre, lo encaminó por el progreso y el arte, hasta la ciencia, y al final se encontraron con el espíritu envuelto y, se espantaron los dúos de saber que no sabían y quedaron como estatuas, muy bellas al exterior, pero vacías o petrificadas en el interior.
No podían volver atrás, pero no se atrevían a seguir adelante, declarando con altura que sólo eran escafandras que envuelven al buzo que baja al fondo del mar y que, como escafandra sin el buzo-hombre no examinaría el suelo de los mares, así el hombre con el cuerpo y el alma, no sería más que un animal distinguido pero de poco provecho.
Pero no hay más remedio que ceder al más y obedece a su energía, para que haya movimiento, que es la vida, demostrándolo en obras, en luz y calor.
Ceda, pues, el dualismo y sepa que nada sabe y demos a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar; porque, el espíritu es luz, potencia, sabiduría y amor, y ni aun en la individualidad no lo habéis podido reducir, porque él tiene, inexorable, la ley del más.
Pero cuando llega a descubrir y enseñar la trinidad, entonces es omnipotente, ya por su naturaleza, ya porque entonces está en él la ley, en vez de estar él en ella; y porque en ese momento feliz entra en solidaridad de los trinos y la luz es su vestido, en vez de la tiniebla opaca del capote, en que tanto estuvo envuelto en tantos millones de siglos, obrando metamorfosis en la materia de su alma y en los cuerpos sin número que gastó.
¿Y por qué pudo resistir allí encerrado tanto tiempo? Porque por su naturaleza es inmortal. Más dio movimientos a su cuerpo y calor a su alma ¿Qué hay que pueda originar el movimiento y calor? Es la energía, la fuerza central, por cuyo movimiento y calor se hace las formas y se demuestra la vida en el movimiento, en actividad y en la tangibilidad. Por eso decimos que el espíritu descubrió la luz.
Luego, la luz es la primera entidad en esta trinidad creadora, y así tendremos: Luz, Energía y Movimiento. Pero como en esto, para la demostración de la vida, no puede actuar una sola de las tres entidades, ni afecta el principio primordial, ya sea creador tratándose del Universo, o del espíritu en la creación de los mundos y las formas, es indiferente tomar unos u otros por primeros, porque hemos de encontrar, en rigor, las tres a la vez en acción; el caso necesario es, comprender los hechos, que si se quieren juzgar, ya se tiene el principio espíritu y de él derivar el primero de la acción; pero también se tiene ya dicho.
Lo que se persigue aquí es, demostrar axiomáticamente que, en la creación todo es trino, de Eloí abajo; El es solo y único, aunque para explicarlo clara y humanamente y percibirlo, lo hayamos hecho trino con su pensamiento que es todo el Universo y su voluntad que es el espíritu.
Estas tres leyes, son todo el argumento de este artículo, porque en su todo son: la Fisiología, la Fisiognosia y la Etnología, en las que se compone el ser hombre.
Pero todas las leyes son toda la ley de amor, porque es la única ley del Creador y de ella nacen las otras leyes derivadas y fatales llamadas naturales, y de estas por la imperfección de la materia y el progreso del espíritu, hacemos leyes y reglamentos humanos, con los cuales, sin querer nos engolfamos en la única ley de amor, después de recorrer esos intrincados vericuetos de leyes, las más de las veces sin razón como hemos visto atrás, pero que responden al modo de ser de cada grupo o pueblo de los tantos en que se divide la tierra.
Y es que, el espíritu en su sabiduría, deriva de una causa tantos efectos cuantos defectos hay en los hombres; y luego que estos van sufriendo desengaños, van quitando defectos y comprende los efectos y así llegan a conocer la causa, para, al fin, venir a converger al punto de partida: a la ley de amor.
Hace el espíritu en esto, como el océano, que manda por hilos finos en sus filtraciones por la tierra el líquido de vida, el cual sale a borbotones en las fuentes, sacando cada una las peculiaridades del terreno por donde filtra; proveen a la humanidad sus necesidades y luego corren en arroyos y torrentes, regando la tierra y formando lo grandes ríos, que al fin, vuelve al océano en poderoso caudal, después de haber cumplido el fin de la ley natural, que en finos hilos filtrados los sacó del mar.
Vuelve a su centro a purificarse de las impurezas que recorrió en su marcha; y lo mismo sucede con todas la leyes humanas, que son las fuentes que satisfacen la sed del hombre, o curan la dolencias en particular; y las constituciones, que encierran todas las leyes parciales, son los riachos y torrentes, que entre todos forman el caudaloso río del progreso, que al fin entra en la ley común por derecho de gentes. Este es el océano donde se purifican las aguas en el oxígeno de fraternidad que ya es amor.
¿No véis cómo todo estudio nos lleva fatalmente al principio de donde procede el efecto, o sea a su causa? Pues así como surgió, sin buscarlo, el ejemplo anterior, hubiera surgido un árbol, un animal o un hombre, habríamos descubierto su causa, porque los efectos indican claro como la luz, cuál es la causa.
Lo que hace falta al hombre es, tirar los prejuicios erróneos y no temblar al llegar al borde del efecto; porque en los efectos estudiamos lo físico y en el borde del efecto encontramos lo metafísico, y de su conjunto descubrimos la causa generadora de la metafísica y lo físico.
Pero si temblamos en el borde, es seguro que lo perdemos todo, por que no nos sirve de nada lo que hemos visto en lo físico, ya que nos falta valor para escudriñar en lo metafísico, que es el neutral equilibrador que existe en todo entre el efecto y la causa.
Sabéis, pues, que toda esa trinidad de leyes, divina, natural y humana, al fin se refunde sólo en la ley de amor, que es la causa que la generó, atendiendo la ignorancia del hombre; y lo hace, por lo que la causa es en si misma: amor.
Hasta se habla de sabiduría reduciéndola a su mínima expresión y haciendo una sabiduría sarcasmo, porque a cualquier hombre de ciencia lo llaman sabio, cuando este hombre debe demostrar la sabiduría en su completa civilización.
Yo he rebuscado con entero deseo y entre todos los hombres no encontré la civilización; lo dejo expuesto para que se pruebe lo contrario; ojala que me hubiera equivocado; y aun se vería contento el Espíritu de Verdad (Santo bíblico) haberse equivocado él, al decir que "apenas hay un poquito de ilustración".
La sabiduría, dije, requiere conocer y entender todas las causas que originan todos los efectos materiales y espirituales, hasta llegar al borde inabordable del Creador, que suma la sabiduría de todos y la suya incomprensible: pero de ahí abajo hay que comprenderlo todo, incluso la creación de los mundos, y estar el espíritu dispuesto a emprender esa obra; eso es ser sabio; para lo cual hay que tener el amor bastante para ello, y entre todos los hombres de la tierra hoy no tienen un gramo de amor desinteresado, que sería el primer grado de civilización, sin la cual no es posible que exista la sabiduría.
Hay hombres de sabiduría pero no tienen sabiduría; he ahí la diferencia. Como también está en la tierra la civilización, pero no hay hombres civilizados.
La sabiduría está igualmente, pero no hay hombres que tengan sabiduría; porque, de tener sabiduría a tener la sabiduría, hay tanta distancia que entre el cuerpo y el espíritu, y, sabemos que éste es causa y aquél efecto; y como el espíritu es causa del cuerpo, la sabiduría es causa de la sabiduría, y esta parte de sabiduría y el progreso, son efectos de la sabiduría y causa de las ciencias.
No es este párrafo poco importante, porque de ello bajamos a la individualidad; y aunque en el párrafo "Grados de Progreso" y sobre todo en "La creación de los mundos" están bien estudiadas y fundamentadas todas la cuestiones acerca de la sabiduría, de las ciencias y la civilización, hay que hacer aquí una correlación sucinta, para ver que, progreso y ciencias se derivan por necesidad directa de la sabiduría, la que es causa de ellas; como el Creador es de todo y el espíritu lo es del alma y del cuerpo.
Dijimos al describir el momento solemne de lanzar el Padre los espíritus a la lucha que llegan sencillos: ha habido hombres que ocupándose de este hecho en los libros del espiritismo al descubrirse de nuevo, han dicho que "llegan sencillos e ignorantes".
Aclaremos este punto muy capital (pues ya os dije en el código que yo venía a deshacer entuertos), y fundamentemos esta cuestión que va a herir a ciertos hermanos que han gastado muchos años en vanidades, creyendo ser granos sazonados de la espiga espiritismo, único credo en todo el Universo que tiene y es la verdadera y eterna sabiduría, inmutable como Eloí.
Ahí tenéis toda la obra del apóstol Kardec, llena de principios de la verdad suprema; pero no se dio la verdad suprema, pues sólo es prólogo y preparación de la obra (toda la filosofía de Trincado) que venía a anunciar en su obra; y allí está dicho que "el espíritu al ser lanzado a la lucha, llega sencillo e ignorante".
Luego de aquella obra prólogo, se dio un monumento, en Lérida, donde habla ya en su verdadero carácter de Madre, María, y descorren (todos los que allí hablan) la punta del velo que cubre los ojos de la humanidad, llegando tan lejos, que le dicen a aquel afortunado grupo de campeones españoles: "Esperad un momento, porque el que espera el mundo está en vuestro horizonte y lo podéis ver". En ese momento (que bien lo intitularon "Roma y el Evangelio") quedan Roma, evangelio, cristo y caridad, maltrechos y heridos, para ir ya debilitándolos para este día, en que quedan deshechos, muertos y enterrados. (Sí, muertos y enterrados; sin ningún poder y el Nilo los espera)
Pero "!qué diferencia, hermano mío (me han dicho), entre lo que hoy sostenemos y decimos en el tribunal y lo decíamos hace 50 años!... Era el paliativo que necesitaba la humanidad, debilitada por tan larga enfermedad". Es así en verdad; y aquí precisamente se ve la sabiduría y potencia del espíritu, no más que lo que cada uno podría digerir y retener, lo que sólo pertenecía al juez que esperaban los hombres y de quien en "Roma y el Evangelio" les decían; "Está en vuestro horizonte y lo podéis ver"; contaba entonces dos años el niño que sería el juez, y así, estaba, no sólo en el horizonte de aquellos campeones, sino también en el mismo país o nación. (¿España?)
. Queda, pues, así dicho que, Kardec no pudo decir más porque no estaba en él, ni se lo revelaron, porque no era para él que sólo era el precurso del que nacía cuando imprimía sus obras. Joaquín Trincado
No hicieron, pues, más que descorrer, levantar la punta del velo en "Roma y el Evangelio", porque, aunque fue mucho, "sólo era el paliativo que la convalecencia de la humana enfermedad podía digerir".
Porque, ¿Cómo decir a Kardec que, Jesús no era el redentor de la humanidad por su sangre, ni que Jesús fuera más que el mesías de la libertad y el profeta del amor, pero que no era el primero, ni el único, ni el más alto? Ni Kardec, ni los campeones de Lérida, España, podía dirigir como hombres tales píldoras; y así, no era prudente darles más que lo que les dio para iniciarles al estudio y buscar las causas por los efectos, en cuanto sus prejuicios se lo permitieran y así preparar el ambiente a recibir la eficaz purga del Pagliano que hoy se da a la humanidad, que la puede resistir, porque ya su organismo está preparado con aquellas píldoras laxantes y, la humanidad debe gratitud a los emparejadores del camino. (Ya se dio el Juicio: Mateo, Cap. 12, Ver. 36 y 37 en que todos los miles de millos espíritus de la Tierra fuimos juzgados; no lo sigan esperando).
Se les dijo: "El espíritu al ser lanzado a la lucha, llega sencillo e ignorante" y dijeron verdad en el sentido de que el espíritu es todo amor, y el que ama es sencillo y por ser sencillo es ignorante en la maldad, en las tretas y pasiones de la materia en que se encierra para empezar la lucha de su vida individual.
He ahí su ignorancia; pero es sabio porque ama, y por el amor es sencillo. Esta sencillez, lo hará sufrir por la doblez de la materia a la que viene a purificar (reencarnado miles de veces) y extraerle su esencia y vestirse con esa esencia de un mundo y luego de otro y otros, hasta ser suficientemente rico en experiencia para demostrar las ciencias, las que, unidas demostrarán más tarde la sabiduría, cuando habrá dominado a su alma y a los cuerpos que le sirven de herramientas, y al fin domina al mundo y muchos mundos. ¿Puede esto hacerlo con la ignorancia? La verdad es que el hombre todo los domina, Y apelo a vosotros mismos ante el progreso presente. Ya sabéis que el cuerpo del hombre es la materia que vino a dominar y dominó el espíritu; lo prueba matemáticamente que, la ignorancia no puede hacer el progreso, y el progreso lo véis y lo palpáis y vivís en él, éste lo ha hecho "la sabiduría". Luego el espíritu, sencillo por su amor y por esto ignorante en la maldad, si ha triunfado en la materia y hay progreso en el mundo y no puede hacerlo la ignorancia, lo ha traído y lo ha hecho la sabiduría; luego el espíritu no era ignorante.
Y como toda la creación es obra del espíritu y todo lo existente es obra de la sabiduría, y el espíritu es consubstancial de la suma sabiduría, el Creador su progenitor, del que el espíritu es la voluntad y el actor en la eterna creación, ¿puede ser el espíritu ignorante? Si alguien sostiene esto, ese desnaturaliza el espíritu y juzga mal el que mandó al espíritu su hijo a ejecutar la creación su pensamiento, llevada eternamente a cabo por su voluntad, el espíritu, y esa creación no puede ser hecha siendo el actor ignorante.
No; el espíritu, al ser lanzado a la vida individual manifestada en la lucha en la que vemos en el primer caso el progreso y en segundo las ciencias que hacen ley de las artes que son el progreso, trae la sabiduría del bien que es el amor, y si no, no triunfaría en su lucha, porque la ignorancia siempre es vencida. El Padre , manda a los espíritus a triunfar y no a ser vencidos, porque, si el espíritu pudiera ser vencido, sería vencido el Creador, y esto es imposible.
Creer que el espíritu llegue ignorante, es suponer que la sabiduría está en los mundos donde aquel se enriquecerá de ella, y esto nos lo debería demostrar la materia creando y haciendo los progresos, que sólo hace el hombre cuando se despeja y se despega de la materia; esto mismo nos confirma que, la sabiduría está en el espíritu y no en el materia o cuerpo ni aun en el alma, porque entonces lo demostraría el reino animal y en nada lo demuestra, ni hacen entre todas la familias o especies lo que hace un solo hombre por el espíritu y sólo es hombre completo cuando descubre y vive su trinidad, ello es, porque la sabiduría es el espíritu; y así tiene que ser en justicia, porque el espíritu es consubstancial del único sabio y creador. Dios, sí, así lo entendéis.
La sabiduría, pues, está en el espíritu por su procedencia y naturaleza; no lo demuestra sino por grados, porque la justicia no puede desarmonizar la obra común y colectiva; y por ésta se va ascendiendo de grado en grado, a medida que la comunidad apura el anterior, y entonces se le enseña otro y luego otro hasta descubrir la parte de la sabiduría que encierra cada grado; así, cada hombre tiene una parte de sabiduría según los grados de progreso que haya apurado. Entre todos los hombres, con todos los oficios, industrias y ciencias sumadas, forman la sabiduría de una familia humana; pero cada espíritu tiene en sí más sabiduría que toda la demostrada entre todos los hombres de esa familia humana, que sólo puede ser la sabiduría que suman las ciencias efectos del progreso, porque aquéllas son la regla matemática del porqué del progreso; ciencias con las cuales profundizamos las artes y las industrias y sabemos las causas que originan los efectos.
Pero así como las ciencias nacen de los efecto, éstos es necesario que nazcan de otra causa y ésta, sólo puede ser y es la sabiduría del espíritu, que en su sabiduría, reúne en conciencia archivada en el alma, todas aquellas cosas que dominadas tiene y reúne todos los homogéneos de las diferentes denominaciones, para dar forma material a un cuerpo o arte. Esto no puede ser más que con la inteligencia provinente de la sabiduría, que es crear; y, crear es, reunir cuerpos unidos y uniformes por su fuerza central, que os, lo dije, la ley, o vida universal, pensamiento del Creador, cuyo ejecutor único y eterno es el espíritu; y repito que, sin el espíritu las cosa y los mundos y los hombres, no existirían.
Es, pues, la sabiduría el mismo espíritu y, fuera del espíritu no hay ni puede haber sabiduría, porque el espíritu es nonada, sí, pero partícula integrante del Creador, causa única de toda la creación; y siendo partícula del Creador, aunque sea nonada, es sabiduría de la sabiduría de donde procede, como voluntad generadora. La voluntad es potencia, por lo que no puede ser vencida por un menor que es el pensamiento, por cuanto el pensamiento sólo es deseo de ser y la voluntad es el ser mismo de la figura pensada; por lo que siendo la misma sabiduría el Creador y el espíritu su primogénito y por lo tanto consubstancial, la sabiduría está sólo en el espíritu, el que promueve los oficios, y de éstos las artes y las industrias que indican el progreso; éste en la necesidad de saber el porqué de las cosas, hace nacer las ciencias y, luego no podrás encontrar ni ciencias sin artes, ni artes sin ciencias, ni progreso sin ciencias y artes. Esto es sabiduría que sopla por todas partes, tenemos necesidad de saber de dónde sopla, es decir, tenemos necesidad de saber el porqué de las cosas, por ejemplo, como y porque de un ladrillo, una mesa o un hombre, son tales; y esto los sabemos en cuanto sabemos de dónde sopla ese viento de la ciencia, del arte y del oficio, que sólo puede proceder de causa mayor, esa causa mayor es la sabiduría, primera entidad de la trinidad civilizadora, que ya dejé formada por: Sabiduría, Progreso y Ciencia, soplo poderoso del espíritu sencillo, pero no ignorante. Ya Jesús indicó esto diciendo: "El espíritu sopla pero no sabéis de dónde viene el viento". Yo os digo que, ese viene por el espíritu del Creador, padre y progenitor de nuestro espíritu.
Ascended, pues, por ese hilo de viento que os sopla y llegaréis al centro de donde parte; pero encontraréis que vosotros mismos sois en vuestro espíritu ese hilo de viento, que todo lo trae a los mundos, en el infinito, y, no os empeñéis en romper ese hilo, porque no lo lograréis; lo enredaréis en tal forma que os parecerá imposible desenredarlo; pero al fin habéis encontrar el cabo y cada uno de vosotros solo, desenredará su madeja; esa es la sentencia; es inflexible e inapelable; pero el amor todo lo vence y el espíritu es todo amor, aunque sea sencillo, por lo mismo que es amor; pero como es inmortal y vive siempre y ahora eternamente, desenredará su madeja sin romper el hilo, que al fin tirará del cabo y sabrá de dónde sopla el viento.
Todos hemos luchado en esa sencillez y hemos ya presentido el triunfo, al menos porque no hemos sido vencidos, aunque hayamos caído rodando mucha veces por la escabrosa pendiente de la montaña; pero no hemos sido vencidos, porque no éramos ignorantes mas que en la maldad, y la que a pesar de ser monstruosa, la hemos vencido con nuestra sencillez, porque está es hija de nuestra sabiduría que es amor, que sacamos nosotros al salir del padre a luchar y vencer y no ser vencidos y volveremos a él, triunfantes, llevando como presente la esencia de materia dominada, pero viva, porque ése era el mandato: triunfar dominando y sin matar un solo instinto, y lo conseguimos en la sencillez, pero no lo conseguiríamos en la ignorancia.
Eso es sabiduría: vencer sin que haya vencidos; por esto las tremendas luchas del espíritu, sencillo pero sabio, luchando con la brutalidad y pasión de la materia y por esto, la sabiduría se envuelve en esa materia y se muestra solo al fin de su lucha; cuando ha dominado y todo lo hace servir de para ver de sonde corre el viento, ya que él lo oye del centro, de donde sopla el Padre; ya entonces, se dirige entre luz y armonía y sufre la auscultación que yo sufrí, para poder deciros esas verdades y enseñaros el camino a los que ya podéis emprenderlo conociendo las tres trinidades de las cosas, las causa de los efectos que palpáis; ascended en paz, pues jalones os dejé
En esta trinidad, el orden está invertido; pero vuelve en su realidad en el hombre sabio después que ha encontrado que la metafísica hubo de ser antes, para poder crear formas que nos anunciaran los efectos físico originados necesariamente por las evoluciones metafísicas, pero que no podrían haber sido, si antes no estuviera la mecánica que impele esas evoluciones y combinaciones, que son la metafísica, de la cual se forman esas ráfagas de aire y líneas luminosas de los cuerpos y cosas que hacen el hecho físico que se estudia.
Ya bastará esta razón para comprender que deberíamos decir: mecánica, metafísica y física; pero esto será después, cuando la sabiduría sea descubierta en los hombres. Hoy, tenemos necesidad de considerar esa trinidad como está en el título, ya que en el efecto físico vemos una realidad de los hechos y de él partimos para atrás deshaciendo, esa realidad en átomos y llegaremos a encontrar las evoluciones de todas las partículas y átomos que la realidad constituye, llegando por ese camino a encontrar la mecánica en acción, cuyo principio original es el magnetismo de todas las cosa que en afinidad componen un cuerpo.
Si hubiéramos de tratar aquí estas tres grandes entidades no bastarían tres grandes volúmenes, sólo para reunir las leyes que ya la ciencia ha hecho de éllas; pero por lo mismo que son ya leyes de nuestro dominio, no tengo que entrar en esa mecánica de la ciencia, pues para eso vinieron los que las han hecho y son ciencias verdad; pero son efectos todos de la "mecánica celeste", como ya lo conoce el geómetra Echegaray, de saber que se hace. Por justicia, ya que prueba todo mi argumento...
No sólo el hombre es trinidad en sí mismo, sino que por su desarrollo, la humanidad también constituye una trinidad en el conjunto, dividiéndose en tres entidades según sean hombres trinos, dúos o unos; pero que por el progreso continuado, indefinido y eterno, al final de cada humanidad, desaparecen los dúos y los unos, y todos se convierten en trinos.
Los hombres en su principio y hasta llegar a los mundos de expiación (como los primitivos), todos somos unos, porque nadie podía ver en el hombre más que figura física corporal. Este estado de unos es de larguísimos siglos, varios millones; hasta que logran el discernimiento y desaparecen del mundo físico, cuando éste llega al juicio de mayoría o juicio final, en que para la armonía, son separados los unos si los había, cosa difícil pero no imposible; pero no me ocuparé ya de los unos, pues ya se sabe lo que son y que todos lo fuimos; pero en ese estado, por la inconsciencia, no sufríamos ni gozábamos más que como los animales.
Pero el estado de dúo, (que es cuando empieza el raciocinio y la semiconciencia) es terrible, porque nuestra satisfacción en las pasiones nos agrada y no está la razón clara para apreciar el daño que causa a los inconscientes unos, a los semiconscientes dúos, y a los dúos conscientes y a los trinos sobre todo, cuando ya los hay.
Estos dúos conscientes son los hombres que mueven el progreso de los mundos, porque de la idealización abstracta a que los lleva la razón de su espíritu que ya logró hacer sentir a su alma una vida extracorpórea, han llegado al momento en que su espíritu puede recibir las vibraciones de otros mayores; porque la ley de las armonías y solidaridad universal baña a todos, pero, según su grado, cada uno siente más o menos la fuerza de la ley, por la sensibilidad mayor o menor; en la lucha del recién doctorado que prepara la tesis que lo ha de facultar. Es ese estado el más grande de la vida de los hombres; es un momento terrible porque luchan la razón y el prejuicio que aun gravita pesado sobre el ser cuerpo y el alma, de tantos errores pasados; pero hacen esas tesis, de donde resultan las matemáticas que comprueban tangiblemente, lo que antes sólo era percepción, idealismos de la razón y por las matemáticas, nacen las ciencias legisladas que son hecho racional, comprobándolo por leyes materiales donde se estancan un momento indecisos y es el momento terrible, porque han de leer su tesis ante el jurado que los ha de facultar, que en lo espiritual es convicción de todo aquello ejecutado por el cuerpo y sentido por el alma, pero que no es concepción de ésta, sino que hay un ordenador, un guarismo radical inequívoco que da todas las sumas todas las restas y todas las divisiones de todas las obras realizadas: se encuentran entonces el dúo, con su espíritu que le hace razón, que le hace luz del guarismo originario y el alma se ve iluminada y bella y, se somete a la voluntad porque sabe que no es vencida, sino que se eleva tanto como su primero que ha estado encerrado en ella misma; y comprende el alma, el amor y la omnipotencia del espíritu que, sirviéndole ella de traje, ni siquiera había podido verlo, porque él es omnipotente para ocultarse en justicia, hasta que su alma no sufra por sus imperfecciones pues sufriría necesariamente si, siendo imperfecta relativamente, se le mostrara el que de ella se viste, que es luz, potencia, sabiduría y amor.
Por evitar sufrimientos mayores el alma, el espíritu opaquita su luz, para no desarmonizar; cuando ya su alma no se escandalizará de sí misma, el espíritu mismo descubre y requiere su reconocimiento de sus dos efectos; alma y cuerpo. Ya el hombre es trino, vive en los dos mundos, reinado las dos potencias bajo la máxima ley del espíritu; el amor, que es la única ley de Eloí su padre.
Momento solemne es éste de descubrirse el espíritu a su alma en la que se encerró tantos millones de siglos! Entonces el alma, resuelve todos los problemas de la vida eterna por leyes materiales y en conocimiento matemático se eleva de efecto en efecto hasta la causa primera, que cada vez comprenderá más y mejor, según vaya progresando en justicia y ley, de la que entonces no sólo no se excusa; sino que busca las ley y la justicia para entrarse en ellas, cuando antes las había horrorizado; porque siendo dúo inconsciente le hacían sufrir y cunado dúo consciente estudiar y le dan gozo y gloria, siendo trino.
Mas llegado el juicio de un mundo, son sacados los dúos inconscientes y los consciente que no quieren reconocer la justicia, quedando (en el mundo y sus espacios) los trinos, como maestro de los dúos conscientes que acaban su tesis y, todos en armonía desentrañan los secretos de la sabiduría, demostrándolo todo tangiblemente, por las matemáticas, para darle a los cuerpos lo que en ley les pertenece y al espíritu lo que es suyo; para lo cual se establece la comuna (régimen perfecto de los hombres trinos) por que es el régimen ordenado por la sabiduría de Eloí, en su ley de amor. Es el fin perfecto de los mundos de expiación donde todos salimos facultados porque hicimos la tesis verdad de la trinidad en un solo principio: Eloí, que los dúos conscientes no puede aún percibir, pero sí presentir por la razón.
Ese es el trabajo de tesis hasta comprenderse trinos; entre cuyo descubrimiento se les adelanta luz del espiritismo que los trinos les muestran dándoles pie para las comprobaciones y, así se abre su razón (matemática pura) y acababa por ver que el espiritismo es todo matemática pura, única y radical, porque es la sabiduría que todo lo mide y lo pesa en razón del progreso de cada uno. Entonces el hombre, llega a concebir al Creador universal, único guarismo real y lo comprendía, para el mundo, en el principio matemático C.G.S y universalmente, con el nombre de Eloí.
¿Qué luchas le costó al espíritu ascender hasta este estado de su trinidad franca y
real desde el estado de uno en que lo vimos en el primer hombrecillo de 50 centímetros? Hasta en lo impalpable hay una trinidad geométrica y matemática; pero del hombre abajo, siempre el mayor es el magnetismo obrando como fuerza central metafísica. Ese es el mismo Creador en su vibración constante y eterna, que es su pensamiento; y que el espíritu es su voluntad y obra la metafísica de ese magnetismo y así se enlaza desde el Creador (por el espíritu) hasta el más microscópico y desvalorizado electrón, en lo intangible; y desde el hombre, el que en su constitución lleva los tres reinos de la naturaleza, se enlaza, desde la esencia pura, hasta el más rustico mineral.
A continuación, copiamos un artículo del geómetra José Echegaray, que confirma científicamente lo que puntualiza y axiomatiza todo un conocimiento, que no puede ser menos, sino del más destacado "sabio" , que ha existido en múltiples reencarnaciones, casi en todas, legislando leyes con fin de regenerar la humanidad de la tierra; empezando desde la aparición de Adán y Eva, hace unos 60 siglos hasta el siglo 1 de esta Nueva Era; su última reencarnación, en la que después de celebrar el "Juicio Final o de Mayoría" , nos dejó una austera Filosofía, incluso, un "Código de Leyes" que es la "Constitución única" para la "Comuna de Amor y Ley" de todo el mundo, que regirá en su totalidad en pocos años próximos. Tal como dice el "Juez de Vivos y Muertos" que anunció Jesús: Don Joaquín Trincado Mateo, José Echegaray confirma todo el copiado en su artículo:
Por José Echegaray
El siglo XIX ha sido tan fecundo en grandes creaciones, que al buscar una que las domine a todas y que pueda servir para dar nombre a la centuria y caracterizarla, nos encontramos con que otras muchas, tan grandes como aquella, le disputan, en buena ley, la hora y el privilegio.
Se ha dicho que es el siglo del vapor; pero, ¿por qué no el siglo de la electricidad? ¿Y por qué no el siglo de las matemáticas?
Muchos descubrimientos matemáticos desde el renacimiento hasta el siglo XVIII; pero es que en el siglo XIX las ciencias matemáticas se han desarrollado de una manera verdaderamente abrumadora.
A fines del siglo pasado, - y consta que escribimos este artículo en los últimos días del siglo XIX, - cualquier matemático de primer orden podría abarcar la ciencia aquella en su totalidad.
En el momento presente, pondrá la vista en la que se encuentre en la eminencia abarca todo los horizontes de esta rama del saber; pero es matemáticamente imposible que los recorra todos, y así las especialidades se han impuesto.
Ya en otro artículo tratamos esto; o mejor dicho, en otros artículos, porque con uno solo no tendremos bastante. Por hoy nuestro objeto es distinto.
Hemos hablado hasta aquí de las matemáticas en general. Pero hay que distinguir la ciencia matemática, o sean las matemáticas puras, de las matemáticas aplicadas.
Las matemáticas puras son las de la cantidad y sus leyes; las del orden combinatorio; las de las relaciones entre las variables; las de los simbolismos abstractos; la ciencia desinteresada, superior aún al tiempo y al espacio y toda la aplicación material.
La ciencia, repetimos, que prescinda de la materia, de los fenómenos físicos y químicos, del desarrollo de la vida y de todo aquello que constituya la ciencia positiva propiamente dicha.
La matemática pura toma el concepto de cantidad como concepto abstracto y no dice que esa cantidad sea una fuerza ni una masa, ni una velocidad, ni, en suma, nada concreto.
Toma la cantidad como concepto abstracto, y también como concepto abstracto del orden combinatorio.
En suma: es una lógica perfeccionada y sublime de lo más y de lo menos, o sea de las magnitudes o cantidades y de sus leyes y combinaciones; lógica que se desarrolla en la región más alta del idealismo.
Aunque no existiera el mundo material le importaría poco. Mientras existiera un cerebro con unos cuantos axiomas y un poder mágico combinatorio eficiente, las matemáticas puras existirían.
Para descubrir sus leyes, el pensamiento no tendría más que pensar y mirarse a sí mismo por dentro y a cierto número de categorías.
Y claro es que aquí prescindimos de estos conceptos que, según algunos, es un origen espiritual y absoluto; que, según otros, no es más que un empirismo acumulado que, a fuerza de trabajar durante siglos en el cerebro, ha creado ciertos moldes tradicionales para la razón humana.
De todas estas cuestiones metafísicas prescindimos aquí por completo, y tomamos las matemáticas puras como ellas son, según los partidarios de la ciencia a priori; como ellas creen ser, según los que sostienen que toda verdad científica, aún las mismas matemáticas, no es más que el resultado de la experiencia: experiencia actual para las ciencias positivas; experiencia acumulada desde que apareció la primera masa protoplasmáticza hasta el momento presente, para los conceptos racionales por excelencia.
Ello es que desde los tiempos históricos, desde la India, desde Egipto, desde Grecia, la verdad matemática se distingue de todas las demás verdades por la evidencia, por ser superior al tiempo y al espacio, por ser o creerse superior a la experiencia misma, por reclamar para sí caracteres eternos y semidivinos.
¿Es esto consciencia de su fuerza? ¿Es ilusión o soberbia? Discútanlo los filósofos cuando analicen los primeros principios de la razón.
Nosotros hacemos contar un hecho, y el hecho es evidentísimo. Entre una verdad empírica y una verdad matemática, hay una diferencia profunda.
Cuando un físico dice: "la densidad del hierro es 7", esta verdad ha llegado a tal categoría por una experiencia o una serie de experiencias.
Que un físico ponga ante sí un pedazo de hierro puro; que discurra cuanto pueda discurrir; que llame en su ayuda a todos los sabios del mundo; que contemplen con ojos escudriñadores duran te años y años el pedazo de metal, y por mucho que contemplen y discurran, no probaran que la densidad de aquel cuerpo es 7, como no acudan a la experiencia.
¿Quién dice que es 7, y que no puede ser 6, 8 o l000? Las leyes de densidad de los cuerpos no están escritas de antemano en la razón humana ni en las celdillas cerebrales.
Y lo que decimos de esta verdad o de este hecho, pudiéramos decir de todos los hechos o de todas verdades de las ciencias de la naturaleza.
¿Quién puede saber, encerrado en un gabinete, las dimensiones del globo terráqueo o fijar las magnitudes de los ejes de nuestra órbita planetaria?
¿Quién pudo, cruzándose de brazos, cerrando los ojos y pensando, descubrir que el equivalente mecánico del calor está representado por el número 426, por ejemplo? ¿Y qué las atracciones planetarias varían o parecen variar en razón inversa al cuadrado de las distancias?
Todas las verdades que se llaman empíricas exigen, para tomar puesto en la ciencia, el empleo del método experimental.
En religión pudo haber profetas; en ciencia experimental no los hay: habrá cuanto más, y por otras razones, presentimientos; profecías firmes y seguras, nunca.
En cambio en las matemáticas puras el presentimiento de investigación, y sobre todo en presentimiento de demostración, es absolutamente racional sin un átomo de empirismo ni de experimentación.
Todavía al investigar Matemáticas pueden aplicarse a la vez el método inductivo y el deductivo; al demostrar, el deductivo tan sólo.
La verdad matemática podría comprobarse mediante la experiencia; pero sólo se prueba, sólo se demuestra por el ejercicio severo, y pudiéramos decir solitario, de la razón.
Varga un ejemplo: el orden de factores – dice el matemático, -- no altera el producto: 4 por 5 es lo mismo 5 por 4; y teorema subsiste, sean cuales fueren los números.
¿Cómo se demuestra dicha verdad en la matemática pura? ¿Acaso poniendo muchos ejemplos y viendo que en todos ellos la verdad subsiste?
Este sería el método empírico; pero este no es el método racional. La verdad no se impone de éste modo, ni como universal ni como necesaria. ¿En cien ejemplos, en mil ejemplos, resulta comprobada? ¿Y qué? ¿Quién no dice que no podrá presentarse un caso no ensayado todavía en que ambos productos resulten distintos?
En experimentación nunca supone la evidencia racional, sino la probabilidad empírica.
Toda verdad empírica está en jaque perpetuo. Un descubrimiento nuevo puede echarla a tierra.
Es cierto: 4 por 5 es 20; y 5 por 4 es 20 también. Pero como ambos productos representan operaciones distintas por su naturaleza, porque el primer producto exige que el número 4 se repita cinco veces, y el segundo que el número 5 distinto del 4 se repita 4 veces, número distinto del 5, como son cuestiones aritméticas distintas sobre números distintos también, la razón humana, sana y robusta y reflexiva, no ha considerado nunca como evidente que el orden de los factores no altere el producto. Y ha buscado una demostración, y en todos los tratados de aritmética se encuentra.
Y se prueba con evidencia tal, que sin necesidad de agotar todos lo números, porque no podrían agotarse aunque por los siglos de los siglos estuvieran haciendo multiplicaciones cuantas generaciones han existido, se dice y se afirma, - repito – que por alterar el orden de los factores no se altera el producto.
No se puede negar esto sin negar la razón humana; como que su propio fondo, de ella misma, de lo más hondo de su esencia arranca el matemático sus demostraciones.
Como que las matemáticas puras no son otra cosa que la misma razón humana y su potencia lógica desarrolladas en formulas y demostraciones y teoremas.
Así las matemáticas puras son la ciencia más idealista que existe; en un puro idealismo; y ahora que el idealismo anda de capa caída. – según ciertas teorías, -- no faltará quien pregunte ¿Y para qué puede servir una ciencia creada fuera de toda realidad material, forjada a puro devanarse los sesos un hombre que se llama matemático, una ciencia cuyo contenido es un enjambre de abstracciones; creación que, en suma, es la razón solitaria empeñada en fecundarse a sí misma sin recibir nunca los calores ni los estremecimientos del mundo real?
En efecto; la objeción tiene fuerza; el argumento parece sólido. Lo que se engendró fuera de la realidad, sin contar con ella. ¿Cómo ha de aplicarse jamás al mundo firme y sólido de las realidades vivientes y vibrantes?
Pues, sin embargo, entre las notas que caracterizan al siglo XIX una de ellas, quizá la que más domina, si no en la apariencia aparatosa, en el fondo y en las entrañas, es la aplicación constante, y cada vez más extensa, de las matemáticas puras a las industrias y a casi todas las ciencias, y, en suma, al mundo todo de la realidad.
Las matemáticas puras se han aplicado a la Física matemática; mejor dicho, han creado la Física matemática. La Física experimental se ha impregnado toda ella, para expresarnos de este modo, en los conceptos puros de la cantidad y del número. Y así la óptica se ha constituido como ciencia maravillosa, en que no sólo los hechos dispersos se funden en una gran unidad, sino que mediante el cálculo se prevén nuevos hechos, antes jamás observados. De suerte que el análisis matemático se anticipa a la experiencia. Lo ideal de las matemáticas se impone a la realidad física. Lo que se engendró en campo experimental entra en él imponiendo sus leyes y sus formas.
Y otro tanto podríamos decir de la teoría de la electricidad. Y aquí las matemáticas puras no sólo se aplican a la ciencia física sino que llegan hasta la industria, y dan el medio de calcular los grandes puentes de hierro. Así miles de trenes, millones de personas, la vida y la riqueza, la realidad por excelencia, pasan sobre abismos, corriendo sobre unas vigas de hierro bajo la fe de las fórmulas matemáticas.
Otro tanto podemos decir de la electricidad y de sus aplicaciones; ciencias e industrias fundadas en el fluido hipotético y misterioso y en un elemento ideal, como son las matemáticas; de tal suerte, que hasta uno de los conceptos más abstractos de la ciencia pura – la teoría de las imaginarias, queremos decir, -- viene a imponer sus leyes ideales al telégrafo sin hilos. Y es posible la transmisión cuando las raíces de ciertas ecuaciones son imaginarias, y no lo es cuando son reales; porque en el primer caso, el movimiento del fluido eléctrico es continuo, y en el segundo es oscilante.
Dijéramos que el idealismo de las matemáticas se venga de la realidad tosca y grosera, no sólo dominándola y escarneciéndola.
No le basta que los métodos experimentales reciban en su seno las leyes del número, las fórmulas algebraicas, todo el ideal de la Geometría, el cálculo diferencial e integral, sino que es preciso que se sometan a lo ideal de lo ideal; no a las cantidades reales, sino a las mismas cantidades imaginarias.
Pero el que habla de la electricidad habla del magnetismo, y hasta abrir un libro cualquiera de cierta importancia que trate el magnetismo y electricidad, para encontrar sus páginas cuajadas de cálculos matemáticos.
Esto se aplica a los grandes tratados como el Mas-Well y Mascart y Joubert, como el último libro de electrotecnia en sus aplicaciones prácticas.
Siempre la matemáticas puras empapando, por decirlo de es te modo, con su jugo todas las ramas de física, desde la más alta región científica a la región industrial más modesta.
Ni cesa la invasión matemática al llegar al calórico y sus aplicaciones, y aquí nos encontramos con las teorías más elevadazas del cálculo integral, resolviendo los problemas de la conductivilidad, y nos encontramos, sobre todo, con una nueva y admirable ciencia, termodinámica, creada en este siglo.
Y nada hemos dicho de la astronomía, porque toda persona de mediana cultura sabe que la mecánica celeste es una ciencia eminentemente matemática y que en ellas se aplican las teorías más elevadas del análisis, como son, por ejemplo las teorías de la integración.
Ahora bien; al descender las matemáticas puras desde sus elevadas regiones idealistas hasta el mundo de la realidad y hasta imponerse a la observación de los fenómenos, y hasta a la experimentación, han necesitado bajar por grados. Uno muy tenue que apenas se nota. Otro, en que ya el elemento material adquiere verdadera importancia. Y otro tercero en que ya, resueltamente se funden en una gran unidad el elemento idealista de las Matemáticas y el elemento real del universo, o si se quiere, la materia con sus evoluciones y sus leyes empíricas.
Es decir que el espíritu de la Matemática pura pasa por tres grados al encarnar en el mundo físico.
El primero de estos tres grados, ya lo hemos dicho, es muy tenue; tanto, que muchas veces este segundo momento se confunde con el primero y algunos lo consideran comprendido en la definición de las matemáticas puras.
Pero en rigor estas no se ocupan más que de la cantidad en abstracto, de las funciones o leyes que enlazan las cantidades variables, de los números y de sus admirables relaciones, del orden combinatorio, de la teoría de la posición y del llamado en general cálculo de los infinitos, y así en adelante: siempre el idealismo más puro.
Que las matemáticas puras abarcan hoy un campo tan extenso que de todo esto tratan, y aún no estamos seguros de haber omitido ramas importantes de la ciencia.
Bien es verdad que si se quiere expresar todo ello de una manera sintética, podemos decir que tratan de la cantidad y del orden.
Al concretar en un primer grado las anteriores abstracciones, nos encontramos con una primera aplicación de las matemáticas puras al espacio, de donde resulta la Geometría, que generalmente se considera como formando parte de las Matemáticas puras, pero que en rigor es una aplicación de aquellas.
Porque la cantidad matemática es cualquiera; en este caso del espacio la cantidad ya no es indeterminada, sino que es la cantidad geométrica.
La cantidad concreta puede ser una masa, una fuerza, una cantidad de luz o de calor y hasta una cantidad de sensación o de vibración nerviosa, que la psicología pugna por medir..
Y cómo puede ser todo esto, la cantidad puede ser también una línea, un volumen, una superficie, una curvatura, un sector, una torsión, un cuaterno o bien otro cualquier concepto geométrico.
De suerte que para nosotros, si la geometría está íntima y profundamente unidas a las Matemática puras y casi se confunden ellas, en rigor es ya una aplicación particular de la ciencia de la cantidad.
Tanto es así, que algunos geómetras suponen que ya en el espacio entre el elemento experimental y que el célebre Postulado de Euclides debe ser comprobado por la experiencia y hasta admiten la posibilidad de espacios de cuatro y más dimensiones.
Sin entrar a fondo en estas interesantes y curiosísimas lucubraciones, no puede negarse que la cantidad geométrica es una determinación particular de la cantidad pura de las Matemáticas.
Y así la Geometría es un primer grado de encarnación de la ciencia ideal.
Los conceptos a priori de Kant, o mejor dicho, las formas a priori de la sensibilidad eran el espacio y el tiempo. Y así como las aplicaciones de las Matemáticas puras como perfecto organismo de la Lógica al espacio de la Geometría, así la aplicación de las Matemáticas puras como perfecto organismo de la Lógica al espacio de la Geometría, Así a la aplicación al espacio y al tiempo combinados de la Geometría, o sea la ciencia del movimiento independientemente de sus causas.
En cinemática se habla de trayectorias, de aceleraciones; pero ni se habla de masas, ni de fuerzas, ni de energía.
En una especie de geometría menos abstracta que la Geometría pura, porque ya cuenta con el tiempo.
Y la Geometría y la Cinemática forman aquel primer grado de determinación de que antes hablábamos.
Las Matemáticas puras, para salir de su idealismo y descender a la realidad necesitan de irse apropiando de ciertos elementos de los que a la realidad aparecen, y estos primeros elementos son el tiempo y el espacio.
El número ya no es número puro; el Algebra no es un Algebra abstracta porque en este primer grado números y formas no aplican a cosas concretas, las que acabamos de señalar; el tiempo y el espacio.
El segundo grado de encarnación es la Mecánica; la llamada mecánica racional, que también pudiera llamarse Mecánica pura.
La mecánica racional toma de la cantidad menos elementos, pero importantísimos; por ejemplo, la masa, la fuerza; y como ya no le basta con los axiomas de las Matemáticas puras, necesita tomar algunos principios fundamentales.
Contiene el espacio, contiene el tiempo, la masa, la fuerza, la relación de carácter experimental entre fuerzas, masa y velocidades, la independencia de ciertos efectos.
¡Qué poco posen, aunque importante, las necesidades de mundo! ¡Qué cantidad de ciencia ponen las Matemáticas puras en la mecánica racional!
Y este es el segundo grado que indicamos antes en la evolución de los conceptos matemáticos de la industria, como, por ejemplo, a las máquinas.
Pero la Mecánica racional es todavía demasiado idealista, demasiado sencilla – por decirlo de este modo – para acomodarse a la complejidad enorme de los hechos en las mil combinaciones del mundo inorgánico.
Y para llegar al tercer grado de desenvolvimiento es necesario acudir a las grandes hipótesis. Hay que suponer, por ejemplo, que los cuerpos atraen proporcionalmente a las masas y en razón inversa del cuadrado de las distancias, o que las cosas pasan por lo menos, como si se atrajeran según estas dos leyes. Y entonces sí, toda la astronomía se convierte en un problema de Mecánica racional, y las Matemáticas puras triunfan y engrandan los sublimes prodigios de la mecánica celeste.
El método de observación, ya que aquí no puede ser el experimental, no por eso pierde sus derechos ni su importancia; pero la ley racional le domina, y él está por comprobar formulas y determinar confidentes.
Sin la Astronomía práctica, la mecánica celeste sería una pura abstracción; pero sin éstas, ¡que pobre y que humilde sería la astronomía, y que embrionaria y que vacilante!.
La parte sublime a las matemáticas puras corresponde, y así realiza maravillas y descubre astros jamás vistos y manda aparecer en el cielo un planeta, y la enorme masa planetaria obedece y acude a la cita en los espacios celestes.
En la física se forma otra nueva hipótesis, la de la existencia del éter, y mediante ella se forja lo óptica matemática, o mejor dicho la teoría matemática de la luz como vibración del éter.
Y aquí, como en la astronomía, en esta astronomía misteriosa de los átomos etéreos, la mecánica racional, y por lo tanto las matemáticas puras se enseñorean como señoras absolutas.
El fenómeno físico se borra ante este problema de mecánica racional: vibración del éter, o sea de un sistema de puntos enlazados por fuerzas recíprocas, que es el fondo del problema de la elasticidad de que antes hablamos.
Y se enseñorea de tal modo la ley ideal, que se anticipa a la experiencia, como por ejemplo en la refracción cónica, fenómeno que jamás se había observado, Hamilton, émulo de Leverrier, en este cielo de aquí abajo anuncia, estudiando la superficie de la onda; que los más hábiles experimentadores niegan, y que al fin se encuentra en un cristal de dragonita.
Y de este modo en toda la física. Así las matemáticas puras, o si se quiere la mecánica racional, con el auxilio de nuevas hipótesis, hacen suyo el sonido mediante la teoría de las vibraciones de los cuerpos ponderables, y hacen suyo el calor con la teoría de las vibraciones, todavía de la materia y del éter, y pugnan por apoderarse de la electricidad y el magnetismo, siempre acudiendo al éter y crean de esta surte teorías de extraordinaria fecundidad, aunque algo incierta aún, pero acercándose cada vez más a una gran unidad de todos los fenómenos físicos: por ejemplo, cuando se identifica con la luz la vibración eléctrica en las célebres experiencias de Hertz.
No se ha conseguido tanto en la aplicación de las matemáticas a la química; pero por el mismo camino se va, y en cada teoría nueva se da un nuevo paso, siempre hacia el mismo norte.
Ya sabemos que aceptando la aplicación de las matemáticas puras a los fenómenos naturales ha surgido, entre ciertos sabios la gran nombradía, un recelo más o menos marcado contra lo que se llama la hipótesis mecánica, fundándose en que, dada una solución en este sentido, se podrían encontrar muchas.
Pero esto a nuestro entender, importa poco. Porque con la hipótesis mecánica, no se puede desgarrar el velo que cubre los secretos de la naturaleza, sino buscar un alto simbolismo matemático que por medio de la mecánica racional, y mediante ciertas hipótesis, reproduzca o imite, dentro de la unida más amplia posible todos los fenómenos surgidos del mundo material y nos de algo así como la imagen del mundo de estos fenómenos.
Quizá la atracción neptuniana no exista. ¿Y qué importa, si las cosas pasan como si existiese y en el espacio de los astros dominan leyes que se expresan racionalmente por medio de la mecánica racional?
¿Es que aquí va también a rechazarse la hipótesis mecánica? Pues del mismo orden, exactamente del mismo orden, aunque algo más complicada, es la hipótesis mecánica cuando se aplica a la elasticidad, al sonido, a la luz, a la electricidad, al magnetismo, al calor y a los fenómenos de la Química.
¿Qué importa que las masas en movimiento sean grandes como Neptuno y volteen en el espacio celeste o que sean pequeñas como un átomo y se agiten en los espacios atómicos?
Todo esto es relativo. Si creciéramos en dimensiones a medida de nuestra ambición Júpiter, Saturno y Neptuno podrían ser átomos para nosotros ni alcanzaríamos a verlos con un microscopio.
Acaso entonces la que hoy es nuestra Astronomía fuera nuestra Física molecular y ciegamente rechazásemos la hipótesis mecánica, que es hoy una de las mayores glorias del genio humano y que se llama mecánica celeste.
En suma: yo creo que el gran progreso de la Física está en reducir todos los problemas en un sólo problema de mecánica racional a saber: puntos materiales y atracciones y repulsiones en función de las distancias. Porque todas las demás hipótesis y todas las demás soluciones son intermedias y provisionales; porque todo enlace entre los átomos es artificial y transitorio: acaso preste servicio algunas de estas hipótesis; pero al fin y al cabo será preciso desecharla.
Pero esto nos lleva demasiado lejos. Dejemos cuestiones tan arduas para otra ocasión.
El hecho es que las ciencias matemáticas hoy entran vencedoras por los anchos campos de todas las demás ciencias. Y que toda ciencia de la naturaleza es tanto más elevada y tanto más sube en jerarquía, cuanto más domina en ella el carácter matemático.
Verdad es que casi no necesita pruebas, y si las necesita habría que dejar para otra ocasión; porque este artículo, por sí sobradamente árido, va siendo eterno en demasía.
Dejemos para otro entrar en las profundidades de lo mucho que todavía queda por decir. José Echegaray.
Tal cuál, como dice mi Maestro universal Joaquín Trincado, en algún párrafo de este filosófico y austero capítulo de su libro "Conócete a ti mismo" al referirse a este estudio "El siglo de las matemáticas" de José Echegaray, quién, al parecer no era él el designado para entrar en las profundidades de la sabiduría universal y eterna; pues, prefirió dejar para otra entrada la continuación de su estudio geométrico. Sin embargo, mi maestro, no sólo entró en las profundidades de la matemática pura; sino, hasta la raíz de donde dimana la sabiduría infinita: el Ser Supremo o Creador
Puntos neurálgicos, que no dejo de incluir aquí del eminente filósofo alemán Chopenhauer "Todo esplendor, toda alegría, es pobre reflejada en la conciencia de un necio, enfrente de la consciencia de Cervantes, cuando, en una prisión escribió el Quijote"
"La condición primera y más esencial para la felicidad en la vida, es lo que SOMOS" y "Lo que se es contribuye más a la felicidad que lo que se TIENE (material) o lo que se REPRESENTA. Lo principal, es siempre lo que un hombre es; lo que tiene en sí mismo, en su espíritu; porque su individualidad lo acompaña en todo tiempo y en todo lugar, y tiene en sus matices todos los sucesos de su vida espiritual".
Apotegma: "LA VIDA DEL LOCO ES PEOR QUE LA MUERTE". Así se ve, que en todo individuo es tanto más sociable cuanto es más pobre de inteligencia y en general más vulgar. >No censures ni hagas crítica de lo que no entiendes<
Por
Pedro Sandrea,
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