CAPÍTULO Xº
Dieter, se despidió de Devries en la puerta de su hotel , habían acordado recabar más información procedente de su socio Carl, para poder tomar decisiones conjuntas.
Jacob Devries se marchó caminando por la ancho Boulevard Binnen, antes de cruzar el río Schelde tomó un taxi que le llevó hasta la puerta de la DiamodStar BV, su factoría de talla de diamantes y fabricación de herramientas.
Sus hijos Peter y André eran los responsables del departamento comercial de la compañía, Jacob además de ser el presidente de la misma tenía bajo su responsabilidad la dirección técnica.
Devries entró en su oficina y ordenó a su fiel secretario de toda la vida, León Deboer, que reuniera a sus hijos en la sala de reuniones.
Unos minutos después los cuatro estaban reunidos alrededor de una lustrosa mesa ovalada. Del techo de la sala pendían unos potentes focos de luz alógena orientables, especialmente diseñados para poder crear una cascada de luz alógena sobre los diamantes que se mostraban a los clientes que venían a adquirir lotes completos. Extendían sobre la mesa un tapete de unos 70 centímetros de fieltro negro, sobre los mismos se depositaba todo el lote de diamantes que iluminaban profusamente los focos, produciendo un sin fin de brillantes destellos por la reflexión de la luz que proyectaba sobre las facetas de cada una de las piezas, era un primer efecto psicológico que solía impresionar mucho al cliente, independientemente que a continuación fuesen inspeccionados minuciosamente uno a uno, comprobando la pureza, color ,talla y peso.
Jacob tomó la palabra. –Hijos, acabo de llegar de un almuerzo de trabajo, también he querido estuvieras tu presente León, por que se trata de reiniciar un posible negocio que en su día intentamos y no nos fue posible llevar a cabo por circunstancias que en aquel momento consideramos muy arriesgadas-.
Los tres se miraron algo sorprendidos, detalle que Jacob captó. –Hasta ahora no os había citado nada de ello, por que todavía no tenía demasiado que contaros, pero en la reunión mantenida este mediodía, estoy en situación de poderos explicar algo más sólido-.
Sin dejar la palabra, siguió: -Hace algunos días, me llamó por teléfono un alemán que conocí en el pasado en circunstancias muy especiales-, dirigiéndose a su secretario le dijo – tú León también le conociste-, León se quedó todavía más sorprendido, pero no se atrevió a interrumpir a su amigo y jefe. Peter y André lo estaban aún más.
-Como os estaba diciendo, este hombre me llamó por teléfono para efectuarme una consulta sobre diamantes en bruto de origen africano, al parecer en aquellos momentos uno de sus socios se hallaba en una misión comercial y su cliente le proponía efectuar el pago de la mercancía en diamantes sin tallar, dado a su lógico desconocimiento del tema, me llamó solicitándome asesoramiento. Le dije que no era prudente hablar de estos temas por teléfono y me propuso una reunión aquí en Amberes para tratar sobre ello-.
-Padre, ¿conoces el origen de los diamantes, sabes si son robados o proceden de algún origen oscuro? ¿o si han sido obtenidos con baño de sangre de inocentes?-. Repuso Peter.
-Realmente Peter, todavía no lo sabemos, pero sigo con mi exposición. Este alemán se llama Dieter Schiller, posee junto con otro socio, una sociedad cuya actividad principal es la venta de armas, él dice poseer una credencial del G8 que le autoriza a efectuar transacciones de un modo totalmente legal, hasta aquí todo bien, pero hace pocos días, le llamó su socio desde Turquía, donde se hallaba cerrando una venta de armas a un individuo de raza negra, al parecer súbdito de la República de Liberia, este le propuso pagar la factura de las armas mediante diamantes en bruto-.
-Recuerdo al individuo dijo León-. -Era hijo de un general alemán, un prusiano, si no me falla la memoria, él también era militar, no recuerdo el grado, te sacó del atolladero previo pago de una respetable suma de dinero, que no tenías y que recuerdo que le pagaste con una colección de magníficas esmeraldas colombianas que procedían de tus abuelos-.
-Efectivamente León, pero no eran prusianos, procedían de la alta Sajonia-. Corrigió Jacob.
-Sigo-, dijo Devries, -hoy durante nuestro almuerzo, me ha ampliado algunos detalles más y, finalmente me ha propuesto asociarme con ellos para llevar a cabo este proyecto de negocio-.
León se levantó algo excitado y pidió permiso para tomar la palabra. Devires se la dio. –Habla, habla León, danos tu parecer-.
-Recordarás Jacob que hace algunos años me enviaste a investigar a Sierra Leona, para ver la posibilidad de adquirir diamantes sin tallar desde aquel país, y tuve que marchar a toda prisa antes de que me secuestraran y pidieran un fuerte rescate por mi persona-. –Es sumamente peligroso, todavía recuerdo cuando me llevaron unos nativos a negociar en una especie de lúgubre y maloliente sótano, que más parecía un calabozo que una oficina, me llevaron allí con la excusa de mostrarme algunas de las piezas y, después de unos minutos de estar allí, todavía no me habían mostrado ninguna pieza, solo se interesaban por la solidez económica de nuestra sociedad, lo cual me hizo sospechar de que no tenían nada de lo que me habían dicho y lo que trataban era de secuestrarme y pedir un rescate-. –El que parecía ser el jefe de ellos, era un negro gordo y seboso que se tocaba con una especie de gorro cuartelero de piel de leopardo y sacudía las moscas con una especie de flagelos-. -Qué miedo pasé-, dijo finalmente.
-Lo recuerdo perfectamente León, pero en esta ocasión, ninguno de nosotros se desplazará allí, con lo cual nuestro riesgo, en este sentido, será nulo-.
-A medida que se vayan produciendo novedades, nos reuniremos para comentarlas-, acabó Devries.
Dieter pasó el resto del día en Amberes, visitó el Museo Real de las Bellas-Artes, edificio construido en el siglo XIX, que cuenta con una bellas columnas corintias en su fachada, posee una de las mejores exposiciones de pinturas de Rubens y de los primitivos flamencos, en los que se puede apreciar la evolución de su estilo, desde el Bautismo de Jesús, pintado en Italia, la Venus Frígida y la Adoración de los Magos. Dieter era un amante del arte en general y de la pintura en particular. A lo largo de su vida fue adquiriendo algunas obras de arte verdaderamente interesantes y, en la actualidad poseía una colección francamente apetecible y valorada.
Al día siguiente despidió el Hotel muy temprano, bajó al garaje, arrancó su Jaguar y después de cruzar algunos bulevares, tomó la autopista A-67 camino de Eindhoven, Duisburg, Essen, hasta Berlín.
CAPÍTULO XIº
Bergman habló de nuevo por teléfono con su socio, este le puso al corriente de la entrevista y acuerdos mantenidos con Devries, éste le aconsejó desplazarse hasta Liberia con su cliente e introducirse todo cuanto le fuera posible en el círculo local que domina la extracción del preciado mineral de carbono puro. Le contó también la experiencia habida por el empleado de Devries y le recomendó tener gran prudencia.
Para Carl, la noche anterior en compañía de su nueva amiga Eva, había sido realmente deliciosa, había perdido la memoria de la última vez que tuvo una aventura con una mujer tan bella y tan experimentada en las artes del amor, él únicamente lamentó no poseer aquella noche, todo el vigor que tuvo a los treinta años.
Después de hablar con su socio Dieter, colgó el teléfono y abrió las cortinas de la habitación, un volcán de luz solar invadió la estancia, Eva estaba todavía amodorrada en la cama, unos rayos de sol coincidían sobre su larga y rubia cabellera esparcida sobre la almohada brillando como si de una catarata de oro se tratara. Carl, con una toalla envuelta en su cintura, se quedó contemplándola una vez más, no acaba de creerse que él a su edad, hubiese podido tener un encuentro tan apasionado y amoroso con una mujer bella y mucho más joven que él, por su mente pasaban mil ideas al respecto, como si se tratase de un caleidoscópio de imágenes.
Debía marcharse de viaje y le dolía dejar la compañía de aquella joven, que le había hecho tan feliz aquella noche, de otra parte era consciente del negocio que llevaba entre manos y, sabía que no podía permitirse echarlo por la borda con alguna distracción inconveniente. Se marchó al baño y abrió el grifo de la ducha.
Eva se levantó con sigilo, se cercioró de que Bergman estuviera bañándose, se acercó al porta documentos que estaba sobre una silla, al abrirle a primera vista vio una especie de libreta de tamaño DIN A4 que abrió, en la primera página estaba la factura pro forma hecha a mano, que el día anterior Carl había hecho para el liberiano, memorizó los nombres, direcciones y teléfono, volvió a cerrar , dejó todo como lo había encontrado y regresó al lecho.
Poco después entraba Carl a la habitación frotándose todavía con la toalla. Se acercó a la cama y dio una suave palmadita en una de las nalgas descubiertas de Eva. Esta hizo como que despertaba, efectuó unos estiramientos bostezando, al abrir los ojos vio a su compañero y le regaló una de sus mejores sonrisas.
Bergman tenía una lucha interna, no sabía que hacer, al fin se decidió a proponerle a Eva si deseaba viajar con él.
Esperó a que les trajeran el desayuno, ambos ya se habían vestido, se sentaron en la terraza para desayunar, en este momento Bergman le propuso a la holandesa:. –Eva, debo marcharme por unos días , ¿qué plan tienes para los próximas fechas?-.
Esta se hizo la sorprendida: -Cómo, ¿te vas ya?, ¿regresas a Alemania?-.
-No, me ha salido un viaje imprevisto, debo ir a la República de Liberia con mi cliente, tengo una reunión importante pasado mañana con un político, ¿te apetecería acompañarme?.
Nuevamente Eva puso cara de cierta candidez, sentía una íntima satisfacción, sus planes previstos se le estaban poniendo en bandeja sin forzar ella la situación. –Si me gustaría mucho poder acompañarte, pero debería arreglarlo con mi compañera, no creo que haya problema, ¿ pero qué dirán tus clientes?-.
-Este extremo no debe preocuparte, puedo decir que eres mi secretaria, aunque no tengo necesidad de dar explicaciones a nadie, total pienso que solo estaremos un par de días-, ¿te apetecería correr esta aventura africana? aseveró Carl con una pícara sonrisa de complicidad.
-Aguarda, voy a mi habitación, hablaré con mi compañera para ver si se hace cargo de mi trabajo por unos días y de paso me arreglaré, en una media hora regreso-. –Hasta luego-, le lanzó un beso con la mano y se marchó.
Ya en su habitación, Eva encontró a su compañera que salía del baño, -Hola querida, ¿dónde anduviste a noche?, encontré tu nota en el espejo del baño, me decías que cenabas en la habitación del caballero alemán, pero veo que has pasado una larga velada con él-, dijo con cierta ironía.
-Tengo muy buenas noticias, he pasado la noche con él y, no puedo quejarme, a pesar de su edad no funciona del todo mal, tiene muchos recursos…ya me entiendes, ¿supongo que no te sentirás celosa?, estaba cumpliendo con mi deber-, dijo devolviendo la sutil ironía.
Anna Cerova la encajó, no dejaba de molestarle en lo más íntimo que su amante Eva, se acostara con algún hombre, a pesar de que estuviera cumpliendo con la parte de un trabajo que les habían encargado a ambas.
-¿Y que has logrado en concreto?-, dijo la rusa con cierto aire de despecho.
Eva notó que su compañera no se sentía cómoda con el tipo de conversación y, lamentó haber sido quizás demasiado explícita, se acercó a ella y la abrazó por la cintura intentando besarla, ésta la reuyó diciéndole con cierto aire de despecho :- Por lo menos dúchate por favor-.
Eva no hizo el menor comentario y se fue directa al cuarto de baño, después de una reconfortante ducha se vistió con ropa informal, unos pantalones tejanos blancos, con un suéter de cuello alto color turquesa pálido y manga corta, calzándose unos auténticos mocasines Sebago. Se fue a su ordenador portátil, conectó con Internet y emitió un mensaje a su jefe.
Decía :
" A la atención del Sr. Caron B.Millar – AMR, Co., Hong-Kong.
De : Eva Rijens – Ana Cerova. – Estambul. Turkía.
Sr. Millar,
He intimado con el individuo alemán, llamado Carl Bergman.
Me propone viajar con él a la República de Liberia, por unos pocos días, haciéndome pasar por su secretaria.
Al parecer va a tratar con algunas personalidades políticas del país, referente a un posible e importante negocio de diamantes, lo cual confirma lo apuntado en mi anterior mensaje.
Creo debo aceptar la oferta e irme con él como secretaria, de ese modo podré asistir a las entrevistas que mantenga y tendré la oportunidad de obtener una abundante y fidedigna información al respecto.
El hombre liberiano, se llama Samuel Kieh, desconozco sus señas y demás particularidades.
Desde Monrovia volveré a conectar con Vd. para indicarle mi paradero.
Saludos.
Eva Rijens.
Mientras Eva estaba tecleando su mensaje de Internet, su compañera, algo más tranquilizada, se situó tras ella y leyó el mensaje que estaba emitiendo al jefe.
-Al parecer querida, has hecho buena pesca-, dijo la rusa al oído de su compañera. Puso suavemente sus manos sobre los hombros de Ana y le besó varias veces con suavidad en la nuca.
-Creo que acerté en intimar con él, me ha tomado cierta confianza y me atrevería a decir que también algo de enamoramiento, de lo contrario no me hubiese invitado a viajar con él-, situó el cursor del PC sobre la casilla de "Enviar" y pulsó la tecla enviando así el mensaje, se levantó y dio media vuelta sobre si misma, abrazó a su amiga y le dio un dulce beso en los carnosos y entreabiertos labios de Anna.
-¡!Dios¡¡- exclamó de repente mirando su Cartier de muñeca, -le he dicho a Carl que regresaba en media hora, nos vemos luego querida-, dijo cerrando la puerta tras de si.
Llamó a la puerta de la habitación de Bergman, éste la abrió invitándola a entrar con un ademán acompañado de una sonrisa. Carl vestía un chaqueta color camel que acompañaba con un pantalón de franela gris oscuro con una bien marcada raya, camisa blanca y un foulard de seda natural color beige atado con un suave nudo al cuello. Un verdadero hombre elegante, un dandy.
-¿Has podido arreglar la suplencia con tu compañera?,- la dijo cogiéndola de ambas manos y llevándola al sofá de la antecámara.
-Si, no me ha sido fácil, pero al fin ha consentido-.
-Fantástico-, dijo Karl con contenido entusiasmo. –Probablemente necesitarás algunas ropas apropiadas para el lugar, el clima en África central es verdaderamente tórrido y sofocante-.
Ella con picaresca ironía le dijo bromeando: -Tengo algunos bikinis en mi maleta-, soltando a la vez una juvenil risa.
Carl captó el chiste y se rió con bastante estrépito. – Bien, vayamos de tiendas, la tomó de una mano y la llevó casi arrastrando por el pasillo hasta llegar al ascensor. Parecía un hombre enamorado por primera vez.
Bergman estuvo casado, enviudó diez años después debido a un accidente de motocicleta, era un apasionado de ellas. Su esposa Inge iba sentada en la parte posterior del sillín de la BMW, al salir del trazado de una curva, el suelo estaba lleno de la arenilla dejada por la lluvia del día anterior, lo que motivó que la rueda trasera patinara lateralmente y el vehículo perdiera el equilibrio resbalando unos metros hasta llegar al guarda raíl de la cuneta, con tan mala fortuna que Inge salió despedida y su cuerpo pasó por debajo del guarda-rail, no así el casco que llevaba puesto que quedó trabado entre este y el suelo provocando que Inge se rompiera algunas de las vértebras cervicales, dejándola tetrapléjica, luego dos años después falleció. Carl se inculpó del accidente y estuvo unos años bastante perdido.
Luego fue conociendo a otras mujeres que le sirvieron de terapia.
Tomaron un taxi en la misma puerta del hotel ordenándole que les llevara a la parte de la ciudad en la que hubiesen las mejores tiendas de ropas europeas.
Cruzaron una buena parte de la tumultuosa y variopinta ciudad y les dejó en una plaza con una bella fuente de agua en el centro, diciéndoles en un casi ininteligible inglés que allí hallarían lo que buscaban. Turquía está a caballo de Europa y Asia, por ello no es difícil hallar tiendas de los mejores modistos europeos. Enfilaron cogidos de la mano, por una arbolada avenida que se iniciaba en la plaza, unos pocos metros más allá vieron unos grandes almacenes.
Mientras estaban comprando algunas ropas, le sonó el celular a Bergman, lo atendió, era el seboso Kalim, que le decía –Sr. Bergman, tengo a mi lado al señor Kieh que quiere hablar con usted-.
-Pásemelo por favor-.
-Hallo-, - Señor Bergman, soy Kieh, he hablado con Monrovia y nos esperan pasado mañana miércoles, yo me marcho para allá dentro de tres horas para prepararlo todo, usted puede tomar un avión mañana al mediodía, hay un vuelo de Alitalia que parte a las 12,30 y en cinco horas estará en la capital, le esperaré con un automóvil en la Terminal del aeropuerto, ¿de acuerdo?-.
-Perfecto, allí estaré, ah, vendré acompañado de mi secretaria, resérveme dos habitaciones en un buen hotel, gracias y hasta mañana-. Colgó.
Eva estaba en un pequeño recinto probándose algunas ropas blancas de fino lino y algodón, Carl entró en el probador y la besó en los labios dulcemente, ella le devolvió el beso. –Acaban de confirmarme por teléfono que debo estar en Liberia pasado mañana, les he dicho que iba con mi secretaria y que nos reservaran dos habitaciones en el mejor hotel de la ciudad-.
-Oh, estoy muy ilusionada con este viaje, jamás estuve en el continente africano-, dijo Eva.
-Carl pagó la cuenta de las ropas, a pesar de la oposición de Eva, -eres mi invitada y no permito que pagues nada, ni tan siquiera una Coca-Cola-, la dijo bromeando.
Salieron de los grandes almacenes y tomaron un taxi.
-Llévenos a las oficinas de Alitalia, por favor-, le dijo al chofer.
De nuevo cruzaron la bulliciosa ciudad hasta llegar a las oficinas de la compañía aérea, encargó dos billetes en business class para Monrovia y regreso Berlín, vía Londres. Luego tomaron otro taxi y se fueron a almorzar a un típico restaurante de comida griega.
CAPÍTULO XIIº
Amnistía Internacional pide a los gobiernos de Sierra Leona y Guinea que realicen controles eficaces y transparentes para la industria del diamante en el interior de ambos países, a fin de garantizar a largo plazo el respeto del Estado de derecho y los derechos humanos en la región, y para aplicar el futuro sistema internacional de certificación de diamantes.
Sin tales controles no puede haber garantías de que los diamantes con certificación oficial para exportación sean de la calidad deseada y, no tienen vínculo alguno con los abusos contra los derechos humanos.
Amnistía Internacional pidió al gobierno de Liberia que :
*Instituya sistemas eficaces y transparentes para controlar la extracción, comercio y exportación de diamantes en bruto, que puedan activarse en cuanto se levanten las sanciones impuestas por la ONU a las exportaciones de diamantes de Liberia.
*Incluir en estos sistemas, mecanismos eficaces para que expertos independientes puedan supervisar y verificar todos los aspectos de este comercio.
Estos documentos fueron escritos en Inglés, y en los leguajes de las etnias, Krio, Mende y Temne, con el fin de que fueran difundidos a toda la población y todos ellos pudieran estar enterados.
El subsecretario del Ministerio de Minas de Liberia, recibía la visita concertada por Kieh y Karl Bergman.
El alto funcionario ministerial, se levantó de su asiento de detrás de su mesa de trabajo y se adelantó con una sonrisa en dirección a los visitantes.
Samuel Kieh, efectuó las presentaciones, -Señor Subsecretario, le presento al señor Bergman y la señorita Rijens su secretaria, Sr. Bergman le presento al señor Subsecretario, Moté Muawi-.
-Tenemos un grato placer en recibirle Sr. Bergman- dijo el subsecretario tomando del brazo a sus visitantes mientras les acompañaba hasta unas butacas cercanas, Samuel Kieh tomaba asiento en una contigua.
-¿Qué tal viaje han tenido?- preguntó el funcionario.
-Bastante ajetreado, pero para mí lo más duro es este calor tan sofocante al que no estoy habituado-, apuntó Bergman.
Samuel Kieh, intervino en la conversación y fue directamente al asunto que allí les había traído.
-Señor Subsecretario, he traído al Sr. Bergman a entrevistarse con usted para negociar un intercambio de armas por diamantes. El Sr. Bergman, es un vendedor autorizado de armas ligeras de reputación profesional intachable-. – Como ya le informé a usted he comprometido al Sr.Bergman una cantidad de armas que serán destinadas a la guerrilla fronteriza con Sierra Leona-.
-Cierto- dijo el funcionario, -Señor Bergman, Samuel Kieh, es uno de los hombres de confianza de nuestro Primer Ministro, tengo encargo personal para que se ocupe de dar los pasos necesarios para que se lleve a cabo ésta transacción-, hizo una breve pausa y siguió; -cualquier asunto que trate usted al respecto con el señor Kieh, es como si lo hubiese cerrado con el propio Primer Ministro-.
-Gracias por su confianza-, repuso Bergman.
Kieh volvió a intervenir – El Primer Ministro, vería con muy buenos ojos hacer una sociedad mixta con ustedes para comercializar una parte de la producción de diamantes que se extraen en nuestras minas y, también de algunas cantidades procedentes de minas de otros países productores vecinos al nuestro, a los que se les compensaría pagándoles por las armas que necesitasen.
Eva cumpliendo con las funciones de secretaria iba tomando notas taquigráficas de lo más relevante de la conversación, pero además llevaba oculta en su bolso una diminuta grabadora en la que registraba todo cuanto en aquel despacho se decía.
La conversación derivó al planteo de la futura sociedad mixta y sus diversos aspectos y condiciones, Bergman con criterio, sugirió consultar con sus socios en Europa, el Subsecretario apuntó una nueva reunión para el día siguiente.
Kieh acompañó con el coche oficial a sus huéspedes hasta el hotel en el que se alojaban, le dejó un número de teléfono a Bergman diciéndole : -Si precisa de cualquier cosa, llámeme a este número, no obstante, si a usted le parece bien le invito a cenar esta noche, degustará usted comida típica de nuestro país-.
Bergman no sabía que responder, miró de soslayo a Eva, esta parecía que con la mirada le dijera que aceptase, finalmente este aceptó, - De acuerdo señor Kieh, páseme a recoger a eso de las siete de la tarde-
-O.K., así lo haré- aseveró el liberiano.
Recogieron las llaves de recepción y tomaron el ascensor hasta sus habitaciones, quedaron en encontrarse en una hora para salir a dar un paseo por la ciudad. Eva le dijo a Carl que le iba a pasar las notas taquigráficas que había tomado al ordenador y se las grabaría en un CD.
Se hospedaban en el Mamba Point Hotel, no era ninguna maravilla , en Europa podría pertenecer a la categoría de dos estrellas, con todo los respetos a los de ésta clase, la decoración era antigua y en un pobre estado de conservación, como todo en el país, desde que Charles Taylor dio el golpe de estado derrocando al sanguinario Sam Doe, comparado éste a Idi Amin Dada, el país cayó en una profunda crisis económica, Taylor impuso nuevamente el orden y luchó contra la purulenta corrupción, pero unos años después las constantes guerras tribales entre Kpelles, Bassas, Gios y Manos, volvieron a ensangrentar el país haciéndole caer de nuevo en una galopante corrupción, hasta el punto de que en la actualidad los habitantes no distinguen la realidad de una democracia o la corrupción que encuentran ya natural.
El fluido eléctrico tiene frecuentes caídas de tensión, paralizando ascensores, aparatos de aire acondicionado, el sistema de saneamiento público insuficiente, transitar por las anárquicas calles de Monrovia es una verdadera aventura y conducir un automóvil un suicidio.
Eva entró en su habitación y cerró la puerta poniendo a su vez el pestillo, comprobó si su grabadora oculta había registrado correctamente la conversación y accionó su PC portátil, lo conectó a la línea telefónica de su mesita de noche y envió un mensaje a su jefe, Caron B.Millar:.
"Mensaje para el Sr. Caron B. Millar – AMR Co. , Hong-Kong.
Sr. Millar,
Me hallo ya en Monrovia, hospedada en el MAMBA POINT HOTEL.
Hace no más de una hora he asistido a una reunión entre el alemán que acompaño, el individuo llamado Kieh y el Subsecretario del actual gobierno.
He tenido la oportunidad de grabar en un diminuto magnetófono toda la conversación.
En correo separado le envío un extracto de la misma.
Indíqueme por favor qué hacer con la grabación.
Debo finalizar, vienen a por mi hora mismo.
Espero sus noticias al respecto.
Saludos.
Eva Rijens."
Se encontraron en el lobby, Carl se acercó al mostrador de recepción para preguntar si sería posible pedir un taxi, la señorita que le atendió le disuadió de tomar algún taxi de la calle. – Le aconsejo señor, que no tome ningún taxi por la calle, mejor alquile un automóvil del hotel con chofer, pues son personas seleccionadas por nosotros y de confianza, un taxista al ver que son extranjeros, les podría llevar a algún lugar alejado y asaltarles para quitarles el dinero o las joyas, no sería el primer caso que se diera-.
Carl agradeció el consejo y le encargó a la recepcionista que le facilitara uno de estos automóviles con chofer. Aguardaron unos minutos y les vino a buscar un hombre alto y enjuto de raza negra, les invitó a subir a un automóvil estacionado en la puerta del hotel.
-Llévenos a la embajada de Alemania, por favor-.
El auto de fabricación japonesa, era bastante nuevo y afortunadamente no olía a nada desagradable. El conductor les llevó con cierta parsimonia por varias de las bulliciosas avenidas de la ciudad, estaban todas ellas en bastante mal estado de pavimento y limpieza, pero se adivinaba que en esta ciudad, en algún momento hubo dinero abundante y que Monrovia había sido una bella urbe. Unos veinte minutos después el chofer les advertía que estaban en la puerta de la embajada de Alemania.
Se apearon ambos, Carl le indicó al conductor que les aguardara unos minutos. –No se preocupe, no me moveré de aquí-, dijo el chofer.
La embajada de Alemania en la República de Liberia, era un bonito chalet modernista de dos plantas, rodeado de jardines muy bien cuidados, probablemente era de los pocos edificios de la ciudad, con un mantenimiento esmerado, casi desentonaba con las edificaciones del entorno. Al fondo del jardín podía apreciarse el garaje en el que se podía ver la parte frontal de dos inconfundibles Mercedes Benz, de color negro con el banderín de la sede diplomática.
Una gruesa placa de bronce bruñido, estaba fuertemente sujeta en la reja de la entrada en la que se indicaba con gruesas letras, que se trataba de la embajada alemana advirtiendo que se accedía a territorio alemán. Una ostentosa cámara de televisión de circuito cerrado se hallaba fijada a unos 4 metros de altura sobre una de las columnas que sujetaba a una de las rejas de hierro forjado de la puerta de acceso y, a la altura de una persona un intercomunicador con un llamador.
Al otro lado de la avenida, frente a frente, se hallaba también el edificio de la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica con dos uniformados y fornidos marines de color, montando guardia en la puerta de la misma. Detalle que no le escapó a Carl.
Llamaron al intercomunicador, al instante una voz masculina preguntó en alemán que deseaban y se identificaran. –Soy Carl Bergman y mi secretaria la señorita Eva Rijens, venimos a ver al señor Otto Krinkel-.
-Aine moment bitte-, respondió la misma voz. De inmediato la cerradura de la verja de hierro vibró y quedó liberado el pestillo eléctrico de la misma, Carl la empujó y entraron al jardín, la verja volvió a cerrarse sola mediante un fuerte resorte de retorno que tenía instalado.
Cruzaron el jardín y, subieron unos pocos peldaños de la escalera de acceso a la puerta principal del edificio. Un fornido individuo de inequívoco aspecto ario, les abrió solicitándoles amablemente sus documentos personales acreditativos.
Carl y Eva entregaron sendos pasaportes. El individuo los miró detenidamente devolviéndolos de inmediato. –¿En que podemos ayudarles?- les requirió.
-Venimos a ver al señor Otto Krinkel-. Repuso Carl, entregando al mismo tiempo una tarjeta personal de visita.
El funcionario les hizo pasar a un saloncito que tenían a su derecha y les invitó a sentarse, indicándoles que iba a avisar al señor Krinkel.
Un par de minutos después aparecía por la puerta un individuo de talla media, calvo, regularmente vestido, con un monóculo colgado en su ojo derecho prendido de una cadenita al ojal de la solapa de su chaqueta, quizás éste era el único detalle que hacía que el individuo pareciera alemán.
Carl se levantó y alargó la mano para estrechar la que le tendían. –Me llamó su socio Dieter precisamente ayer por la tarde para advertirme de su visita- dijo el funcionario. -Dieter y yo estudiamos en el mismo colegio, nuestros padres también eran amigos, ambos eran militares-. –Luego él eligió ingeniería y yo me fui al campo de la diplomacia, pero periódicamente, en los veranos nos vemos todos los años, aprovecho mis vacaciones para ir a Berlín y seguir sintiéndome alemán-, añadió con una afable sonrisa.
Carl presentó a Eva como su secretaria, la conversación transcurrió todo el tiempo en alemán, idioma que para ella no era excesivamente familiar, pero los holandeses suelen entender, por afinidad, una buena parte del idioma germano, por lo que pudo enterarse de lo más sustancial de la conversación.
Les invitó a sentarse con un breve ademán.
-Vera herr Krinkel- dijo Carl. –Llámeme Otto por favor- repuso este.
-Gracias, como le decía, el motivo de mi visita a este país, es puramente por cuestiones comerciales, como ya le debe haber informado Dieter, tenemos una sociedad que vende armamento de defensa, con autorización del G8-.
Otto, inclinó ligeramente su cabeza mientras esbozaba una leve sonrisa. Lo de la autorización del G8 le había motivado aquel gesto y sonrisa. Detalle que pasó desapercibido por Carl.
-Casualmente un cliente de nacionalidad liberiana, nos a propuesto entrar en el negocio de los diamantes en bruto-, siguió – esta misma mañana he tenido una entrevista con un alto funcionario del actual gobierno, un tal Mouwi, que nos ha propuesto crear una sociedad mixta con el propio Primer Ministro-.
-¿Ha visto usted en persona al primer ministro?-, preguntó Otto.
-Pues no, todavía no he tenido la ocasión de verle, ¿Por qué motivo me lo pregunta usted?-.
-No se, pero le sugeriría que fuese usted muy cauto con quien se relaciona, tenemos información de que una poderosa multinacional está intentando también introducirse en el sector, me consta que están forzando mucho la situación con los gobernantes del país y, posiblemente hasta con las tribus opositoras a estos, éstas se hallan precisamente en las zonas donde se extraen los minerales, se dice que les facilitan armamento y dinero con el fin de indisponerles con los gobernantes de la capital, si le parece, no deje de darme los nombres de las personas con que usted se esté relacionando, intentaré efectuar algunas averiguaciones-, informó el agregado comercial.
-Le agradezco inmensamente su información, a partir de este momento pondré mucho más cuidado y recelaré de todo-, -¿qué conoce usted del mercado de diamantes en bruto?-, preguntó Carl removiendo sus posaderas del asiento en que se hallaba con cierta inquietud. Lo que el agregado de la embajada le había contado, le dejó cierta intranquilidad de ánimo.
-No demasiado, pero lo suficiente para atreverme a darle algunos consejos. El gobierno de Liberia y consecuentemente sus gobernantes, necesitan hacer dinero rápido, las explotaciones mineras están en el Este del país, aquel territorio está dominado por varias etnias que también ambicionan lo mismo, son fuertes y la orografía y la selva les protege, hasta el punto que las patrullas del ejército no se atreven a penetrar en la región si no están acompañadas de un mayor número de efectivos, se han dado casos en que alguna ha sido capturada por los rebeldes y les han sido practicados crueles tormentos, a base de mutilaciones de algunos miembros del cuerpo a machetazos, generalmente las dos manos, luego les sueltan-.
Carl y Eva se miraron con cierta preocupación.
Otto siguió: - La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución sobre el papel de los diamantes en el fomento de los conflictos, rompiendo el vínculo entre la transacción ilícita de diamantes en bruto y los conflictos armados, como una contribución a la prevención y el arreglo de los mismos.
Al examinar este tema del programa, la Asamblea General reconoció que los diamantes de zonas en conflicto eran un factor de importancia crucial en la prolongación de las guerras brutales en algunas partes de África y destacó que los diamantes lícitos contribuían a la prosperidad y el desarrollo en otras partes del continente. En Sierra Leona y otros países, los diamantes de zonas en conflicto siguen financiando a los grupos rebeldes, grupos que actúan en contravención de los objetivos de la comunidad internacional de restaurar la paz en ambos países-.
–A partir de aquí, cabe deducir que las tribus del interior del país, minoritarios en número de individuos de la misma etnia, persiguen el poder político de la nación y solo podrán obtenerlo mediante el uso de las armas.
El actual gobierno conoce la situación a la perfección, son también sabedores que no la dominan, intuyen que los rebeldes pueden unirse con otras etnias vecinas y así formar un poderoso ejército que tarde o temprano asaltarían la capital y se harían con el poder.
Quiere ello decir que van a utilizar la organización de ustedes para que saquen el producto del país, lo vendan en el mercado internacional y les ingresen su parte en alguna cuenta que tengan abierta en algún paraíso fiscal, lugar donde ellos irán a residir tan pronto vean que van a perder el poder que ahora ostentan, intuyo que esta podría ser una de las intenciones-, finalizó.
-No sabe amigo Otto cuanto le agradezco la documentada exposición que nos ha hecho de la situación y, voy a comentarlo con mi socio en cuanto llegue al hotel, vamos a ver a que decisiones llegamos-. Dijo Carl. – No quisiera entretenerle más a usted-, finalizó mientras se levantaba del asiento.
El diplomático, no tenía demasiadas oportunidades de hablar con súbditos alemanes, pocos visitaban el país y visitaban la legación diplomática, les invitó a ambos a almorzar en la misma Embajada.
CAPÍTULO XIIIº
Millar, todavía con la hoja impresa del último mensaje recibido de Eva Rijens en la mano, llamó al detective serbio: -Karoli, acérquese por mi oficina lo antes posible, ha llegado el momento de actuar-, le ordenó.
Karoli, se reunió con su socio de la Agencia de detectives, le dijo que se marchaba al continente africano por un encargo que un cliente le había efectuado, le entregó los dossieres de los casos que estaba llevando él, pidiéndole que los siguiera y finalizara, no sabía cuántos días estaría en esta misión, pero le significó que una vez hubiese acabado tendrían un fuerte ingreso dinerario como recompensa.
Miroslav Karoli bajó al garaje que tenía debajo de su oficina, tomó su automóvil allroad Lexus, enfiló por una de las avenidas principales de la ciudad de los rascacielos orientales, en pocos minutos entraba en el gigantesco aparcamiento del edificio más alto de Hong-Kong, estacionó su auto en una de las plazas reservadas para la compañía de Caron Millar.
El ascensor le dejó en la misma puerta de acceso a las elegantes oficinas que la AMR poseía en el emblemático edificio, cruzó las amplias puertas de cristal de apertura fotoeléctrica, se dio a conocer a la señorita que atendía en recepción, esta le invitó a sentarse en una de las butaquitas de una salita contigua, en un par de minutos le invitó la propia secretaria de Caron Millar a que entrara en el despachó de su jefe, le acompañó hasta éste, Millar se levantó para saludar al detective, en el entretanto le daba instrucciones a su secretaria de que no le interrumpiera bajo ningún concepto.
-Verá Karoli, ha llegado el momento en que usted debe actuar, le he preparado un sobre con una información detallada y puntual del plan a seguir en cuanto llegue a Monrovia-, Millar le hizo entrega de un sobre de tamaño DIN A4 que contenía una serie de cuartillas mecanografiadas, con la actuación a llevar a cabo tan pronto pusiera los pies en el aeropuerto de Monrovia.
-No lo abra todavía, ya lo hará mientras vuele, tan pronto llegue a la ciudad contacte discretamente con nuestra empleada, Eva Rijens, ella también poseerá una copia de las instrucciones que acabo de entregarle y que le enviaré hoy mismo por Internet- .
Karoli cogió el abultado sobre y lo depositó dentro de su porta folios de aluminio.
Millar, le alargó otros dos sobres rectangulares –Tenga estos sobres, en uno de ellos hay un billete de avión open para Air France, cuando llegue usted al aeropuerto confirme el primer vuelo para París y otro cualquiera que enlace para Monrovia, en el otro sobre tiene cincuenta mil dólares americanos para gastos-. –No olvide de llevar siempre en situación de servicio el teléfono que le di, no dude en llamarme en cualquier momento si le surge cualquier problema, su misión es muy importante para la compañía, no tome iniciativas sin consultarme-. -¿Lo tiene claro?-, concluyó Millar.
-Hasta el momento ninguna duda señor Millar, tendré en cuenta sus sugerencias, saldré mañana por la mañana, creo recordar que hay un vuelo a París alrededor de las 6,30 de la mañana-. Alargó la mano y estrechó la de Millar y se despidió.
Millar en cuanto hubo salido el detective de su despacho, llamó a su secretaria y le pidió que localizara a la señorita Eva Rijens.
Tuvo algo de demora, por la diferencia de horario y las dificultades técnicas que Liberia tenía en sus sistemas de telefonía semi automatizados, una hora después conseguía comunicarse con ella.
-Hola-, avanzó Millar por el auricular, -¿Puede usted oírme señorita Rijens?-.
-No demasiado bien, los teléfonos aquí son bastante deficientes, pero dígame, dígame señor Millar-, dijo ésta.
- La quiero poner a usted en antecedentes para que sepa que acabo de enviarle a Monrovia a un hombre de mi completa confianza para colaborar paralelamente con usted, lleva con él un sobre con las instrucciones concretas a seguir para desarrollar el plan que he ideado-.
-No obstante, estas mismas instrucciones, se las voy a enviar a usted de inmediato por Internet, memorícelo y luego hágalo desaparecer de la memoria de su PC, no vaya a ser que alguien pudiera penetrar en sus mensajes y leerlo-.
-Así lo haré señor Millar, lo he entendido perfectamente-, repuso Eva.
-¿Cree que pueda usted necesitar a su compañera que quedó en Estambul?.
-Por el momento no creo que tenga necesidad de ella señor Millar, en todo caso ya le manifestaría a usted si fuese necesaria su intervención-.
-Bien señorita, abra usted su correo, en pocos minutos le habré enviado la documentación, ah se me olvidaba, el hombre que le envío se llama Karoli, Miroslav de nombre, es un detective minucioso y sumamente eficiente, capaz de "todo"- resaltó esta última palabra cambiando ligeramente su tono de su voz.
Eva entendió perfectamente a que se refería su jefe. No hizo ningún comentario al respecto.
-Tan pronto acabe de nuestra conferencia, conectaré con Internet-
-Bien, téngame informado de cada progreso que se efectúe, buenas tardes- dijo despidiéndose.
-Buenas tardes, señor Millar-, dijo colgando el teléfono a continuación.
Eva se quedó algo pensativa, luego llamó a continuación a Carl a su habitación, éste se había tumbado en la cama, el calor húmedo que hacía en aquel país le dejaba a uno el cuerpo con sensación de agotamiento, se echó sobre la cama después de darse una refrescante ducha y sin tan siquiera secarse el agua de la misma se tumbó sobre el lecho cuan largo era. –Carl, ¿estás ahí?,- dijo Eva, - vengo a verte-, dijo a continuación.
-Pegó con los nudillos a la puerta, este le dijo desde la cama que entrara, la habitación estaba en penumbra, Bergman había corrido las cortinas de la vidriera que daba a la bulliciosa calle para evitar la luz solar que aquellas horas de la tarde calentaba como si de un horno se tratara, la luz de la pieza era sumamente tenue.
Eva, casi a tientas, se acercó donde se hallaba Carl, se tumbó al lado de este, le palpó con una de sus manos y pudo comprobar que el cuerpo de éste estaba totalmente desprovisto de ropa. Ella se levantó e imitó a Carl, dejó caer toda la suya al suelo, junto a la cama. Volvió a acostarse y con sus manos acarició el torso de su compañero de lecho, éste se relajó, agradecía aquellas suaves caricias que Eva le practicaba con sus expertas manos, poco a poco su interés sexual fue en aumento, hasta alcanzar la erección de su miembro,
la experimentada Eva notó el estado de de excitación de Carl, suavemente subió sobre él colocando sus rodillas en cada lado del cuerpo de su compañero, introdujo cuidadosamente el miembro viril de éste en el interior de su vagina, e inició con suave lentitud un armonioso movimiento de arriba a bajo, las manos de ambos se entrelazaron, ella poco a poco fue aumentando el ritmo de vaivén hasta llegar al punto orgásmico en el que Carl llegó al cenit voluptuoso del acto, éste exhaló una especie de grito contenido y poco a poco, todos los músculos de su cuerpo fueron abandonándose a un dulce relax hasta quedarse profundamente dormido. Eva cubrió a ambos con una sábana y, también procuró dormirse, prefería pasar la noche en compañía de aquel hombre antes de estar sola en su habitación en un país tan poco seguro como aquél.
CAPÍTULO XIVº
Samuel Kieh, se reunió con el Subscretario del ministerio en la terraza al aire libre de un restaurante de la ciudad, dos fornidos individuos de raza negra, permanecían en pie muy cerca de ambos comensales, no dejaban de mirar a su alrededor constantemente, eran los responsables de evitar cualquier tipo de atentado al político que estaba sentado en la cercana mesa, la inseguridad personal en Liberia es palpable.
-Por Todos los medios, deberá amigo Kieh evitar que el alemán intente entrevistarse con el Primer Ministro- dijo el subsecretario Mouwi, -este hombre no debe ver ni saber en ningún momento que éste sea un negocio entre usted y yo exclusivamente-, apuntó el funcionario.
-Pase usted cuidado, cuidaré de ello, pero ¿qué tiene usted pensado hacer al respecto?-, preguntó Kieh. -¿Cómo haremos para que no se entere el Primer Ministro del plan?-.
-No vamos a tener dificultad alguna, el Primer Ministro, tiene depositada en mi toda la confianza, puedo hacer y deshacer a mi antojo sin tener que rendir cuentas a nadie, los funcionarios están todos ellos a mis órdenes, el jefe de la guerrilla de la oposición que opera en la frontera, es amigo mío e intervendrá en el negocio a cambio de armas y algún dinero que le podamos dar en efectivo, sin embargo él será quien nos facilite los diamantes en bruto-.
– Los documentos de la sociedad que formaremos con estos alemanes, los firmaré todos yo, les explicaré que por cuestiones de seguridad, al Primer Ministro no le interesa que su persona figure en este negocio y, que yo tengo plenos poderes para actuar en su nombre. Les facilitaremos tres números de cuenta cifrados de un banco en Panamá, una cuenta pertenecerá a usted, otra será mía y la tercera, ellos pensarán que es la del Primer Ministro, pero accederemos a ella únicamente usted y yo en partes iguales-.
-Los guerrilleros del Norte, cruzan a placer las fronteras de las montañas que dividen Liberia de Sierra Leona, de allí van a traer los diamantes, ninguno de ellos habrá sido extraído de alguna mina liberiana, para ser canjeados por armas-. –Vamos a valorarles estos por peso, pagándoles por un gramo algo menos de una quinta parte del valor real de mercado, los alemanes deberán asegurarnos un precio mínimo de venta por gramo, ya que ellos será los que pondrán luego el producto en circulación-.
-Pero ¿cómo transportar los diamantes desde las montañas hasta Monrovia, sin llamar la atención de las patrullas de carretera?-, preguntó Kieh.
-Un camión del ejército reparte avituallamiento, dos veces por semana a los destacamentos que tenemos en la zona, además de los alimentos, haremos que transporte algunas cajas con parte de las armas que nos han pedido. Para distinguirlas del resto de mercancías, las cajas en su exterior irán marcadas con un círculo rojo y sin ningún tipo de escritura que haga referencia al contenido-. El subsecretario paró un momento, tomó aliento y siguió : -Una vez hayan descargado los alimentos en cada uno de los destacamentos, a continuación el conductor variará la ruta de su mapa y se dirigirá a las coordenadas que nos habrán facilitado los rebeldes con anterioridad para cada encuentro-.
-Genial-, aseveró Kieh, que no salía de su asombro ante un plan tan bien ideado.
-De todos modos Kieh, aunque tengo confianza plena en mis hombres, en cada ocasión usted acompañará al camión para controlar las entregas en ambos sentidos-.
-Aprovecharemos las mismas cajas que contengan las armas, para poner en ellas los diamantes que nos entreguen-. El valor de los mismos se lo facilitaremos nosotros una vez lo hayamos recibido y pesado, en el entretanto les daremos aslgunas armas y un dinero a cuenta-.
-Entonces, ¿le puedo confirmar al alemán una primera entrega?-.
-Si pero antes debemos regularizar la documentación que unirán a ambas partes-. Dijo Mouwí, - cítele para mañana por la mañana en mi oficina, tendré preparados todos los documentos y los números de cuentas-.
-Así lo voy hacer-.
Luego se enfrascaron en una conversación de corte político y dieron buena cuenta de los platos que fueron presentándoles.
Mientras en el hotel Mamba Point, se recibía la llamada de Kieh a Bergman.
-Señor Bergman tiene una llamada del exterior-, le dijo la telefonista de la centralita.
-Dígame, ¿con quién hablo?-, dijo Carl.
-Herr Bergman, soy Kieh, le llamo a usted departe del Sub Secretario, nos ha dado cita para mañana por la mañana en su oficina, alrededor de las 11-.
-Me parece bien, ¿puede usted pasar a buscarme por el hotel?-, preguntó Carl, -no me fío demasiado de los taxistas de la ciudad-.
-Lo haré, hasta mañana a la hora indicada-
-Hasta mañana-.
Carl se levantó de la cama, se había recuperado ya del éxtasis que le había invadido apenas una hora antes de esa llamada.
Eva, su compañera, hacía algo más de quince minutos se había marchado a su habitación y trabajaba en su ordenador portátil, tenía un mensaje de Internet de Millar su jefe en Hong-Kong, el cual leía ávidamente. Se quedó algo sorprendida al ver el contenido del mismo, jamás había intervenido en una operación en la que pudiera haber la posibilidad de asesinar seres humanos, esto la dejó sumamente intranquila.
El plan se dividía en dos posibilidades y, según se desarrollaran los acontecimientos, se activaría la una o la otra. Pero lo que más la incomodaba, era la referencia al individuo que debía estar ya volando dirección Monrovia, un tal Miroslav Karoli, la frase venía a decir :. "Miroslav Karoli, está especialmente capacitado para resolver cualquier tipo de escollo que se interponga en nuestro proyecto, e incluso llevarlo hasta la última consecuencia, si fuese inevitable".
CAPÍTULO XVº
Un viernes por la tarde el moderno aeropuerto de París es un hervidero de actividad. Muchos parisinos se apresuraban para volar a diversas ciudades del país con motivo de un largo fin de semana, en el que coincidía un lunes con día festivo en toda la nación.
Miroslav Karoli estaba en una larga cola de clientes en las oficinas de Air France del propio aeropuerto. Trataba de que le fuera expendido un billete del vuelo semanal que la citada compañía tenía para Monrovia con escalas en Rabat y Costa de Marfil. Una hora después había conseguido un billete de ida y regreso. Su vuelo salía seis horas más tarde, por lo que decidió pasar unas horas en la ciudad de la luz.
Tomó un Bus hasta la Plaza de la Concordia, se apeó y fue caminando tranquilamente por todos los Campos Elíseos hasta llegar al Arco de Triunfo, por el camino, pudo ver las últimas novedades de automóviles, le llamó la atención el escaparate de la dedicado a Aston Martin, el último modelo de Vanquist era excepcional, color grafito metalizado, un cartelito sujeto con una elegante atril de metacrilato, informaba de la potencia de un grupo propulsor con 450 caballos DIN, Karoli se quedó un buen rato extasiado ante tanta belleza de armónicas líneas, siempre había deseado poseer un automóvil de aquella marca, quizás por que le recordaba al personaje de James Bond, que en su juventud había admirado a los mandos de su DB4 plateado. Pensó por sus adentros: "los ingleses han diseñado los automóviles deportivos más bellos de la historia".
Al llegar a la Place de l´Etoile, torció noventa grados a la izquierda y enfiló la Avenue de Victor Hugo, la ciudad se estaba quedando vacía por momentos, el tráfico rodado era cada vez menor, el parte metereológico de la TV había anunciado unos días de buena climatología, razón por demás para que algunos dudosos parisinos se decidieran a marchar fuera de la ciudad, ésta quedó a la disposición de los turistas.
Sin darse cuenta apenas, se halló en la Place du Trocadero divisando desde allí parte de la Torre Eiffel. Atajó por una callecita que desembocaba por los alrededores del museo de la Marina, a mitad de la callejuela le salieron al paso dos adolescentes que pronto adivinó que no llevaban muy buenas intenciones, siguió caminando sin perderles de vista, de pronto uno de ellos se acercó con un cigarrillo en los labios sin prender, al llegar a su altura, el muchacho le pidió fuego, Karoli le dijo que no le podía dar por que no fumaba, de repente apareció en la mano del muchacho una navajuela que le apuntaba a su barriga.
Éste le dijo –¡¡ entrégame todo el dinero que llevas encima y el reloj, vamos rápido !!-, mientras su compañero desde la acera de enfrente vigilaba si algún peatón pasaba por allí o los gendarmes, Karoli puso cara de sorprendido, lo que confió al muchacho, ésta fue su perdición, de repente le estalló en toda su cara un sonoro bofetón que le tumbó por los suelos y la navajuela cayó casi diez metros más allá de donde él estaba, su compañero, que había visto toda la acción, no sabía si ir en su ayuda o seguir donde se hallaba. La prudencia le recomendó quedarse donde se hallaba.
Miroslav levantó con una sola mano, al muchacho del suelo, mientras le decía –eres un tonto de remate, ¿no ves que podrían haberte matado por un puñado de monedas?-. El muchacho le miraba con cara de asustado y de odio al mismo tiempo.
-¿Necesitas dinero?- le preguntó Miroslav.
El muchacho no sabía que hacer, solo sabía que el bofetón que había recibido le estaba haciendo hervir la mejilla que había recibido el impacto. Se quedó sentado en el suelo tocándose ésta, aquel extranjero que le había vapuleado, le estaba preguntando si necesitaba dinero. Con la cabeza afirmó que si lo necesitaba, de su boca no salía una sola palabra.
Miroslav le cogió de una mano y le ayudó a levantarse. - ¿Conocéis bien París?-, le preguntó.
El muchacho encogió ligeramente los hombros y afirmó con la cabeza. -Si señor- se atrevió a decir.
-Bien pues os podréis ganar unos buenos dineros si me lleváis hasta algún gimnasio donde se practiquen artes marciales-.
Los dos muchachos se miraron con cierta extrañeza, el otro dijo:, - Podemos llevarle al Carpentier-.
-Bien pues tomaremos un taxi y le indicas la dirección al conductor- .
Fueron andando hasta la misma plaza del Trocadero, tomaron un taxi en la parada y uno de los muchachos le indicó al taxista un domicilio.
En menos de quince minutos estuvieron frente a la puerta de un edificio cercano a la Plaza de la República, que aparentaba ser una vieja nave industrial en desuso, pasaron el portalón entrando al interior. Efectivamente se trataba de una nave industrial, acondicionada ahora como gimnasio, estaba bastante concurrido, todo eran hombres, la mayor parte de ellos practicaban boxeo, otros levantamiento de pesas y unos pocos Judo.
Se les acercó un individuo grueso y fornido, de unos sesenta años, con una nariz achatada producto talvez de los golpes recibidos así como de sus orejas tipo coliflor, su aspecto denotaba que habría sido probablemente en sus tiempos boxeador. -¿En qué puedo ayudarle señor?- preguntó.
-Estaré unas horas en París y, desearía poder practicar un poco de judo, ¿sería posible?-.
-Bien si, creo que si, siempre y que alguno de los muchachos que están allá, se avenga a ello, pero deberá pagar una hora de práctica-.
-No hay inconveniente, ¿puede preguntarles?- repuso Miroslav.
El hombre se marchó a la otra esquina del local y habló con dos mocetones que estaban practicando una clase con un profesor.
El hombre regresó con una sonrisa en los labios le alargó la mano a Karoli en el entretanto le decía:. –Me llamo Pierre Dufresne señor, el profesor Michael acepta darle a usted una clase de una hora-, -¿tiene usted experiencia?.
-Si alguna, soy cinturón negro tercer Dan, pero hace algunos años que dejé de practicarle-.
Mientras hablaban se acercó otro hombre de unos treinta y cinco años, bien parecido y con indumentaria de judoka, -soy Michael- dijo presentándose así mismo, -¿al parecer desea usted hacer alguna práctica de judo?- cuando usted quiera, acompáñeme, ambos se fueron en dirección al vestuario, el profesor le facilitó el kimono necesario y a continuación le dijo:. –guarde su ropa en una de las taquillas, le espero en el tatame-.
Miroslav, en pocos minutos estaba descalzo sobre la colchoneta de prácticas, los dos muchachos que habían acompañado al serbio se quedaron a ver la clase y a cobrar la propina prometida.
Profesor y alumno se colocaron uno frente a otro a poca distancia se saludaron efectuando una media reverencia al unísono e iniciaron el combate.
Ambos se cogieron por la chaqueta del kimono de gruesa lona e iniciaron un forcejeo, procurando el uno al otro hacerle caer al suelo mediante zancadilla o volteo por encima del hombro, al primer intento Michael volteó a Miroslav, dando este con sus huesos sobre el tatame. El segundo intento también fue favorable al profesor, Miroslav fue entrando en calor y al poco rato era Michael quien rodaba por la colchoneta. Estuvieron luchando algo más de media hora, Karoli se excusó con el profesor: -Lo siento Michael, pero debo marchar al aeropuerto dentro de dos horas y media tengo que tomar un avión, lo he pasado muy bien-.
-Lo siento también yo, eres muy bueno, hacía tiempo que no luchaba con nadie de tu calidad-, dijo Michael. -¿A caso has sido profesional?-.
-No, aprendí judo cuando estuve en el ejército y participé en los campeonatos europeos de judo militar-, -es un deporte que me ha entusiasmado desde muy jovencito, y siempre que me es posible procuro practicarle-. Seguidamente le pagó a Michael el importe convenido de la clase, se dirigió a los dos muchachos que le habían asaltado y les dijo: - Tomad, veinte euros para que vayáis al cine y no andéis por la calle haciendo los maleantes, tarde o temprano acabaríais en una cárcel, ahora vamos a tomar un taxi y os dejaré donde me encontrasteis-. Tomaron el primer taxi que pasó, -a La Place du Trocadero-, dijo Karoli.
Al llegar allí, el serbio se despidió de los muchachos, estos se marcharon algo alucinados por haber visto a Karoli luchar y ganar en varias ocasiones el profesor del gimnasio.
Miroslav, se puso las manos en los bolsillos de su pantalón e inició a andar en dirección a la Plaza de la Concordia hasta la Terminal de los buses con destino al aeropuerto, treinta minutos después subía a uno de los buses. Miró la carta de embarque que le habían dado con anterioridad y, subió la escalera que daba al piso superior para pasar el control de pasaportes y personal. La policía francesa de aeropuertos era sumamente minuciosa en el control de pasajeros, equipajes y documentación, Miroslav vació sus bolsillos en una bandeja de plástico previa al control del detector de metales y la cinta de inspección por rayos X, pasó bajo el puente detector y sonó el silbato, regresó atrás e inspeccionó de nuevo sus bolsillos, no halló nada, se le acercó un gendarme con un detector portátil en la mano, le invitó a abrir brazos y piernas y le pasó el detector por todo el cuerpo, al llegar a la cintura zumbó un pitido del aparato, Karoli llevaba un cinturón con una gruesa hebilla de acero con los lados de ella muy afilados, era un elemento de defensa ante un posible ataque y hallarse desprovisto de armas, el gendarme le indicó que se lo sacara y lo dejara dentro de la bandeja de plástico junto al resto de sus enseres, a continuación repitió la operación de "peinado", en esta ocasión nada sonó y permitieron que pasara a la zona internacional, después de mostrar el pasaporte y la carta de embarque.
Una hora después embarcaba.
CAPÍTULO XVIº
Kieh fue puntual a la hora en que había convenido pasar a buscar a Bergman, se paseó un par de minutos por el lobby del hotel, Carl y Eva salieron del ascensor con paso vivo-
-Buenos días Kieh- saludó Carl.
-Buenos días Herr Bergman y usted señorita Rijens-.
-Señor Bergman, ¿podría hablar con usted en privado?-, dijo Kieh.
Carl se encontró de momento en una situación algo tensa por el inesperado requerimiento del liberiano. Miró a Eva y esta le asintió con la caída de sus párpados.
-Si, vamos a la cafetería, ¿nos disculpas Eva?-.
Ambos fueron a la cafetería.
-Verá herr Bergman, no quisiera que lo que voy a decirle pudiera incomodarle en lo más mínimo, pero sugeriría que la señorita Rijens no viniera a la entrevista-, dijo Kieh en tono algo misterioso.
-¿Por qué?- preguntó Carl.
-Verá, aquí en Liberia, las mujeres no tienen el mismo papel social que en Europa o América y no tienen derecho a asistir a ningún tipo de reuniones y, menos si de negocios se trata, posiblemente su presencia incomode al señor Sub Secretario-.
Carl se quedó algo sorprendido, pero reaccionó con cierta virulencia ante esta desconsideración a la mujer, -Verá señor Kieh, le guste o no al señor Subsecretario, deberá tolerar la presencia de mi secretaria la señorita Rijens, ésta va a venir con nosotros y asistirá a la entrevista, y no olviden que han sido ustedes que me han propuesto este negocio, pero soy yo quien decido con quién voy a las visitas, por eso le afirmo o que la señorita Rijens viene con migo o me marcho ahora mismo con el primer vuelo que pueda coger-, -decida-, finalizó Bergman.
Kieh, se quedó de una pieza, no esperaba una reacción tan brusca por parte del alemán, -Oh, espero que no se haya molestado señor Bergman, pero solo era una sugerencia, el señor subsecretario nada me ha comentado al respecto-, dijo el liberiano bastante azorado.
-Entonces ¿qué decide?- presionó Carl.
-No, nada, no tenga en cuenta lo manifestado, ha sido un error mío, vayamos a la cita con la señorita-.
Retornaron al lobby, Eva estaba distrayéndose leyendo un periódico británico de unos diez días de atraso.
-Vamos señorita Rijens- dijo Carl al tiempo que la tomaba del brazo y le entregaba su portafolios.
Subieron a un automóvil Mercedes del gobierno y, en poco tiempo estaban ante la puerta del Ministerio.
Subieron a la primera planta del edificio por una amplia escalera de mármol bruñido con pasamano de caoba barnizada de color oscuro.
En la antesala del despacho del subsecretario una espigada señorita de color, les atendió y les invitó cortésmente a sentarse en unas sillas de tipo colonial. Carl se fijó en la bella muchacha, por sus adentros pensó que jamás había visto una mujer de raza negra tan bella y de elegante porte, le recordó a una famosa modelo llamada Cambell que en alguna oportunidad había visto en alguna revista de modas.
Unos minutos después les conminó a pasar al despacho del señor Subsecretario –Tengan la amabilidad de pasar por favor-, les dijo con una suave voz que más parecía una sugerencia al oído.
El señor Mouwé se levantó de la silla en que se hallaba detrás de su mesa de trabajo yendo al encuentro de los tres visitantes.
-Buenos días mis queridos amigos, ¿han descansado bien?- les saludó con esta parrafada mientras les invitaba a sentarse en unas butacas que tenía en la misma pieza.
Prosiguió su charla: -Ayer por la tarde, tuve una larga reunión de trabajo con nuestro Primer Ministro, referente al asunto que nos interesa-. Eva tomaba notas taquigráficas, de cuanto allí se decía en un pequeño cuaderno de bolsillo.
-Hemos creado los siguientes documentos que han de regularizar nuestra futura colaboración mercantil-, siguió Mouwé. –Voy hacerle a usted entrega del borrador de cada uno de ellos para que usted y sus socios europeos puedan someterlo a estudio y efectuar las variaciones necesarias a cualquiera de los conceptos allí reflejados-.
-En primer lugar estos son los estatutos de la futura sociedad a constituir-, dijo mientras entregaba a Eva una carpeta con las hojas de redacción en su interior. –Como verán, el señor Primer Ministro, por razones obvias no figura en ella, ha delegado en mi persona su participación en la sociedad-. –La sociedad a constituir, se efectuará y registrará en Panamá-.
-En segundo lugar, estas son las tres cuentas numeradas abiertas en el Kommerz Bank de la ciudad de Colón, en Panamá, en las que se deberán situar nuestros beneficios, en la proporción que ahora pactaremos, por cada entrega de diamantes que se efectúe-.
-Los diamantes vendrán pesados en su origen y serán entregados en pequeños sacos de algodón, estos serán también pesados y valorados por ustedes a la recepción de los mismos, para ello precisaremos nos indiquen el valor por carat o peso por gramo, que ustedes abonarán toda vez haya sido comprobada la entrega y el peso de la misma, en base a esta valoración canjearemos el importe con parte de las armas que se precisan-.
-A las cuentas que le he asignado, abonarán el 50% del beneficio obtenido en cada operación distribuido en partes iguales, ustedes participarán con el 50% restante-.
Mauwé, entregó el resto de la documentación a Eva, ésta la colocó dentro del portafolios de Carl cerrándolo a continuación.
-Ah, se me olvidaba-, dijo político, -En todas las entregas y recepciones, estará presente el señor Kieh, el cuenta con mi confianza y es además de la misma etnia tribal de los guerrilleros del Este, nuestros aliados en este negocio, motivo por el cual es muy respetado-.
CAPÍTULO XVIIº
Kieh dejó en la puerta del hotel a Bergman y Eva, el primero le dijo al liberiano que iba a escanear los documentos y de inmediato los transmitiría por Internet a sus socios en Europa y, tan pronto tuviera respuesta, contactaría con él para comentarle la opinión y la decisión de sus socios. Con un –Hasta mañana-, se despidieron.
Carl y Eva subieron a sus habitaciones, éste le dijo a su compañera :-No sé como hacer para enviar por Internet estos documentos-.
-Muy fácil Carl, yo dispongo de un escaner de bolsillo, si te parece vamos a mi habitación los escaneamos y desde mi ordenador portátil los enviamos a la dirección de Internet de tus socios, esta operación nos ocupará poco menos de diez minutos-.
-Gracias Eva, eres la secretaria perfecta-, le dijo Carl con una sonrisa en la que mostraba su blanca dentadura.
-Querida, si no te importa, hazme ésta operación de escaneado mientras pongo conferencia a mi socio en Berlín, para informarle de la entrevista mantenida con el Subsecretario y advertirle al mismo tiempo que le envío los documentos por Internet-. Abrió el portafolios y le entregó a Eva el sobre que contenía toda la documentación que poco antes les había sido entregada.
Ambos se marcharon a sus respectivas habitaciones.
Ya en su habitación, Eva tomó el escaner portátil lo conectó a su ordenador y procedió a copiar todos los documentos, simultáneamente los enviaba por Internet a la AMR Trade de Hong-Kong. Añadió una nota en la que decía :.
-"Atttn Sr. Millar, le envío copia de la documentación que el Subsecretario de Estado le ha entregado esta misma mañana a Bergman. En los mismos se halla plasmado el sistema que tienen previsto para operar. Todavía no he tenido contacto alguno del hombre que usted ha enviado. Soy escueta en el mensaje, en cualquier momento llegará Bergman para pedirme que envíe estos documentos a sus socios para que los examinen. Aguardo noticias de usted.
Saludos E.Rijens"-.
Cerró su ordenador y entró en el baño para peinarse y retocar su maquillaje. Mientras Carl intentaba a través de la operadora, obtener conferencia con su socio Dieter. Después de varios intentos no pudo lograrlo. Algo molesto se marchó a la habitación de su compañera.
Llamó a la puerta, ésta le abrió sonriente. –Ye los he escaneado, ¿ a qué dirección de Internet deseas que los envíe?-.
-Llevo un buen rato intentando hablar con mi socio y no ha habido posibilidad de obtener línea internacional, no he podido todavía hablar con él-.
-Carl, estás en un país de los que los europeos hemos bautizado como tercermundista querido, ¿o acaso lo habías olvidado?-, repuso Eva.
-Llevas razón Eva, por un momento creí estar en Munich, o Barcelona o Birmingham, en una palabra en cualquier población europea-. –Bien trataré de llamarle más tarde, quizás tenga algo más de suerte que ahora.
Le dio a Eva escrito en un papelito, la dirección de Internet de su socio y ésta en un santiamén transmitió todo lo escaneado a la misma, Carl añadió un mensaje en el que decía : "Dieter, estos son los documentos con las bases operativas que propone la gente de aquí para seguir adelante con el proyecto, todavía no he tenido la oportunidad de leerlos detenidamente, he intentando llamarte por teléfono y no me ha sido posible obtener línea internacional, en un par de horas volveré a intentarlo o de otro modo inténtalo tu, quizás desde Alemania te pueda ser más asequible"
Auffidersen - Carl."
-Bien, ¿Qué te parece si nos vamos a almorzar al puerto?, preguntaré en recepción si hay allí algún restaurante "decente"-.
-Vamos allá, pero aguarda un momento, voy a ponerme ropa informal-. En un santiamén Eva se quedó en ropa interior, se puso un pantalón bermudas y una blusa blanca de lino escotada. Carl se quedó extasiado una vez más ante la belleza y elegancia de formas de aquella mujer, le parecía inaudito que a su edad ella pudiera sentirse atraída por él, en diversas ocasiones pensó qué haría cuando se acabara todo esto, ¿qué le diría a Eva?.
Bajaron hasta el lobby, Carl se dirigió a recepción y preguntó a uno de los recepcionistas si sabía de algún buen restaurante en el puerto. Este le dijo que habían tres, uno de ellos era de cocina local y los otros dos de cocina europea, -Verá usted señor Bergman que los tres están casi juntos, están situados al lado de la oficina del Comodoro del puerto-, le dijo el empleado.
-¿Puede llamarnos un auto del hotel?-
-Si ahora mismo lo va a tener el la puerta-.
Carl cogió del brazo a Eva y fueron hasta la puerta del hotel, en un par de minutos llegó el mismo automóvil que les había llevado hasta la embajada Alemana el día anterior. El taxista les abrió la puerta del vehículo y les preguntó dónde querían que les llevara. –Llévenos al puerto, nos han informado en recepción que hay allí tres restaurantes, ¿los conoce usted?-.
-Si les conozco bien, si lo que ustedes desean es comida europea, el mejor de los tres es el "L´Etoile de la Nuit", el propietario es un francés que en su tiempo fue uno de los cocineros de un famoso trasatlántico que embarrancó no lejos de aquí, allá por el 1978, él pudo salvarse junto con casi todo el pasaje y la marinería, dado a que el buque empleó varios días en hundirse en su totalidad, Preudomme, así es como se llama, con un bote de los utilizados para el salvamento, hizo varios viajes y salvó gran parte de la vajilla y muchos enseres de las cocinas que aún hoy utiliza en su restaurante-. –Su especialidad es el pescado, estoy seguro que les va a satisfacer-, dijo finalmente el taxista.
Al llegar al puerto el conductor les dejó en la puerta del restaurante que les había recomendado, Carl le pagó añadiéndole una buena propina, le indicó que en un par de horas fuera a recogerles.
Un fuerte olor de pescado a la parrilla reinaba en el ambiente del bullicioso puerto pesquero.
-Así lo haré señor-, respondió el chofer.
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