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CAPÍTULO XXIXº

Karoli anduvo el recorrido con precaución hasta llegar a la zona portuaria, dobló una esquina a la derecha, se encontró ante la puerta del almacén en el que había encerrado a Carl, sacó un duplicado de la llave que había hecho hacerse y abrió la puerta.

Las luces del interior estaban prendidas, lo cual le extrañó, vio la puerta del contenedor ligeramente abierta, empuñó el revolver que le había quitado al policía, fue acercándose con cierto cuidado al contenedor, al llegar a él se asomó al interior, no había nadie, esto le desconcertó, esperaba encontrar al alemán allí.

La comida que le había dejado estaba intacta a excepción de una botella de agua que había sido utilizada.

Salió del contenedor y revisó el resto del local, nada le daba alguna pista de donde se hallaba el hombre que allí había dejado.

¿Cómo habrá podido escapar del contenedor este maldito alemán?, se preguntó.

Encontró tirada en el suelo del contenedor la cuerda con el alambre en forma de garfio que Carl había fabricado. –Maldita sea-, comprendió de inmediato lo ocurrido -¿cómo no se me ocurrió vaciar del todo el lugar?- masculló maldiciendo Karoli dando un fuerte puntapié a la silla, fue entonces cuando pudo ver tirada en el suelo, la reja de la ventana que arrancara Carl.

Subió de un atlético salto al techo del contenedor, se asomó por la abertura y vio la calleja, justo en el suelo debajo de la ventana se podían apreciar marcado sobre el polvo del suelo, las huellas dejadas por unos zapatos de suela. No había duda de que éstas pertenecían a los zapatos de Carl, los nativos no solían llevarlos, iban descalzos.

Salió por la puerta y cerró el local, rodeó a éste hasta llegar a la calleja, pudo comprobar que las huellas, que atribuía al alemán, estaban bien marcadas, las siguió unos pasos, comprobó que una de ambas huellas era poco marcada sobre el polvo del suelo, como si uno de los pies apoyara con menor fuerza, la otra sin embargo se distinguía perfectamente, lo que le hizo pensar que posiblemente se hubiese dañado uno de ellos y éste lo llevaba arrastrando, al llegar a la esquina de la calleja, ésta desembocaba a una calle algo mayor que estaba pavimentada, allí se perdía el rastro. Enfiló calle abajo en dirección al puerto, andaba todo el tiempo con todos sus sentidos alertados, era consciente de que la policía le andaba buscando. Recordó que aquella era la calle en la que fue a ver al tal Thomas, propietario del local que había alquilado, fue hasta allá, llamó a la puerta con fuerza, se abrió aquel ventanuco y una voz le preguntó que deseaba, –Vengo a ver al señor Thomas, él ya me conoce-, dijo Karoli. Se cerró el ventanuco y pasaron unos minutos, el serbio se puso algo nervioso por la demora, podía ocurrir que coincidiera a pasar una patrulla de la policía y le descubriera, oyó un ruido seco y se abrió una parte del portón.

Sígame, le dijo la voz del individuo que le había franqueado el paso. Karoli le siguió, aunque recordaba el camino, subieron las escaleras que comunicaban la planta baja con el piso superior, la sala estaba vacía, el negro que le sirvió de guía le dijo que aguardara y se marchó nuevamente escaleras abajo. Oyó el chirriar a sus espaldas, las bisagras de una puerta, al darse la vuelta vio al hombre que había venido a ver, éste estaba acompañado, como siempre, por un par de hombres de aspecto intimidatorio, Karoli pudo ver que uno de ellos llevaba un arma en el cinturón. El jefe, Thomas se acercó a Karoli unos pasos, preguntándole : -¿Qué puedo hacer por usted?-.

Karoli quedó algo sorprendido por la pregunta, daba la sensación de que el individuo estuviera al corriente de lo que le ocurría. –Verá-, dijo –vengo a verle por que necesito ayuda-.

-Le estaba esperando-, le respondió Thomas lacónicamente. –No olvide usted que cualquier cosa que ocurra en la ciudad y sus alrededores nada pasa desapercibido para mi-.

Karoli no salía de su asombro.

-Se desde el uso que le ha dado al local que me alquiló, hasta que está usted buscado ahora por la policía-, -¿Es así?-.

-Veo que tiene usted una información privilegiada sobre mis actividades-, dijo el serbio.

-No lo dude, le acabo de dar una muestra y, ahora dígame que desea-.

-Verá como usted sabe, me busca la policía, el motivo no creo que importe, necesito desaparecer por unos días hasta que ésta crea que me he marchado del país-.

-Algo de mucha trascendencia habrá hecho usted cuando le busca la policía local y la gubernamental-. –Si desea la ayuda de mi organización, necesito tener una información veraz, de lo que usted haya hecho y desee hacer, yo he tenido mis más y menos con la ley y debo andar con pies de plomo para que no me pillen en reincidencia-.

-Verá hay algunos aspectos que me es del todo imposible revelar, pues podría costarme la vida en ello-.

-Siga, cuénteme lo que crea que puede contar-.

-He venido a este país representando una poderosa compañía multinacional, para tramitar una transacción mercantil, sustituyendo a otra compañía, vamos a llamarla rival, que se había adelantado en la operatividad. Para ello tuve que secuestrar a un personaje y encerrarle por unos días, en el local que le alquilé a usted para que no interfiriera en los propósitos de la compañía-.

-Entonces no entiendo porqué la policía gubernamental y la local le andan buscando, ¿cómo han sabido ellos del secuestro?, dígamelo todo, no me oculte nada si realmente quiere que le ayude-, añadió Thomas.

-El individuo que secuestré tiene una secretaria o amante, que ha sido la que ha dado el aviso a la policía-.

-Y ésta cómo ¿sabe de usted?-.

Aquí Karoli estaba pillado, cómo explicar a aquel individuo que Eva pertenecía a la compañía rival y sin embargo colaboraba con la de Carl y, además no desvelar los nombres de las compañías y la esencia del negocio que estaban tratando.

-Es una antigua historia, ésta mujer hace algunos años había trabajado para nuestra compañía, de aquí que me conozca, la había visto en un par de ocasiones aquí en Monrovia, en el hotel, ella también me vio e incluso la estuve saludando, imagino que sabía que mi compañía también pretendía entrar en este negocio y al desaparecer su jefe relacionó su desaparición conmigo y advertiría a las autoridades-, explicó Karoli tratando de camuflar todo lo posible la verdad.

-Espero que usted no me haya mentido-. –Puedo tenerle unos días en una casa de las afueras de la población, allí nadie irá a husmear, ni nadie va a saber que usted está allí-. -Esto le costará a usted tres mil dólares americanos, pagaderos por adelantado-.

-De acuerdo, pero necesitaré haga otra gestión más-.

-¿Qué es ello?-, preguntó Thomas.

-Averiguar el paradero de la mujer y el hombre, ya no están en hotel en que se hospedaban, debo saber si todavía siguen en el país o en todo caso dónde se han refugiado ya que he comprobado que en el hotel no están-.

-Esto le va a costar unos dólares más-.

-Dígame cuánto-, apuntó Karoli con cierta impaciencia y algo molesto por la extorsión económica que aquel sujeto le estaba sometiendo.

-Mil más-, le soltó en tono seco, como queriendo demostrarle a su interlocutor que había adivinado su pensamiento.

Karoli estaba en sus manos, no tenía más remedio que aceptar las condiciones que le imponía.

-Bien acepto, pero le voy a dar ahora la mitad y cuando acabe su misión le daré el resto-.

-No, todo ahora o ya se puede usted marchar-, le dijo Thomas con acento desabrido y jugando fuerte, sabía que lo tenía agarrado y no quiso que quedara nada pendiente, no fuera ser que el individuo se marchara del país y le dejara sin pagar el resto, no confiaba en ningún blanco.

Karoli sacó su billetera entregándole cuatro mil dólares mientras decía : -Ahora espero que usted cumpla con su parte-.

Lo que no sabía Thomas, es que Karoli ya le había sentenciado a muerte por sus adentros.

Thomas llamó a uno de sus guardaespaldas le dio instrucciones en lengua vernácula y este se marchó.

-Aguarde unos minutos, mi gente le van a llevar al sitio que le dije, siéntese si lo desea, ¿puedo servirle alguna bebida señor Karoli?-, era la primera vez que Thomas citaba el nombre del serbio sin éste habérselo mencionado en ningún momento.

Karoli se dio cuenta del detalle, se preguntó por sus adentros ¿cómo se habría podido enterar de su nombre?, ¿qué más sabría sobre él?.

Se sentó en una de las sillas de la penumbrosa sala y le respondió afirmativamente a la invitación que le había formulado, pueden servirme una limonado bien fría, -¿es posible?-.

Thomas hizo una señal con la mano y el otro guardaespaldas fue a por la bebida pedida por el serbio.

Al poco regresó con un par de vasos de limonada envasada en unas latas. Abrió estas y sirvió la bebida.

Karoli echó un largo trago, estaba sediento, en aquel país hacía mucho calor, calor húmedo al que su organismo no estaba habituado, sudaba abundantemente y necesitaba reponer el líquido que su cuerpo emanaba para no acabar deshidratado.

Reinaba en la sala un absoluto silencio, nada de que hablar, Thomas observaba a Karoli descaradamente, este se sentía analizado por aquel "negro de mierda" que le extorsionaba. No era de su agrado estar en las manos de aquel individuo y, máxime él, que era un racista recalcitrante.

Procuró concentrarse con otros pensamientos. Pensó en su "jefe" mister Millar, no volvería a llamarle hasta que no estuviera fuera del país con el "encargo" acabado. De un modo u otro debía hallar a la "zorra" holandesa y al maldito alemán, acabaría con ellos, tampoco se libraría el "negro" y cualquiera que se le pusiera por delante para impedir su cometido.

Poco después de haberse marchado regresó el guardaespaldas que le habló al oído a su jefe, este asintió con la cabeza y dirigiéndose a Karoli, le dijo que tenía fuera un automóvil que le acompañaría hasta el lugar donde había la cabaña para refugiarse.

Karoli echó el último trago a la limonada y dejando el vaso vacío en el suelo se levantó y, sin despedirse siguió al guardaespaldas hasta la puerta, un deslucido automóvil de marca japonesa estaba estacionado con el motor al relantí, al volante otro individuo de raza negra al que veía por primera vez.

Subió al vehículo que olía a todos los pestilentes olores posibles menos a de Chanel número 2, tal parecía que fuese el automóvil del reparto de animales en una feria. Hizo de tripas corazón y se sentó detrás del conductor. Este sin mediar palabra arrancó con cierta brusquedad y en una velocidad considerable fue cruzando la ciudad, Karoli observó que no transitaban por calles principales, parecía que el conductor deseaba evitar todo posible encuentro con la policía. Treinta minutos después habían salido de Monrovia y circulaban por una carretera que no le fue desconocida a Karoli, era la misma carretera por la que le había llevado el taxista ladrón, inmediatamente se puso en guardia, no sabía que intenciones o instrucciones podía llevar el conductor.

Con sumo cuidado sacó el arma que llevaba en la cintura y la puso en uno de los bolsillos laterales de su chaqueta, no sin antes haberla "montado" con sumo cuidado de no hacer ruido que alertara al conductor, le ayudó el ruido que el motor y las ruedas entrechocando con el pavimento.

Unos veinte minutos después, el conductor abandonó la carretera y se metió por un camino vecinal de tierra en bastante mal estado, el automóvil daba constantes saltos debido a las irregularidades del terreno, en una ocasión llegó a dar con su cabeza con el techo del habitáculo debido a que el bache era de grandes proporciones y el chofer no aminoraba la velocidad a pesar de lo accidentado del terreno. Luego el vehículo efectuó una maniobra a la izquierda deteniéndose frente una desvencijada cabaña que asomaba entre una verde y espesa vegetación. El conductor bajó y conminó con un ademán al serbio para que se apeara, éste entendió y se bajó del vehículo. El conductor sin mediar palabra alguna caminó en dirección a la cabaña seguido por Karoli.

Abrió con una lleve que llevaba y entraron ambos, estaba decentemente equipada, el aspecto exterior daba la sensación que su interior podía ser deplorable, pero Karoli quedó sorprendido por el estado de limpieza y equipamiento, era una sola pieza totalmente cuadrada, no habría más de cuarenta metros cuadrado de habitáculo, en un rincón había una cama bastante ancha, al otro lado una cocina con todos los enseres necesarios, junto a ésta una alacena con alimentos enlatados, en el centro una mesa y cuatro sillas y en otra de las esquinas una pequeña pieza con puerta, que probablemente sería una ducha, con lavabo y retrete.

Karoli ahora se dirigió al conductor en idioma inglés para preguntarle si la cabaña disponía de electricidad, éste no respondió nada, se le quedó mirando fijamente, Karoli algo molesto le repitió la pregunta levantando más el tono de voz, este encogió los hombros como si quisiera decirle que no entendía, el serbio todavía más molesto y gritando le dijo : -¡¡¡¿Eres idiota o qué?!!!, responde-, le dijo gritándo.

El individuo vio la agresividad que desprendía la cara del serbio y señalando con un dedo su boca abrió ésta e hizo amago de sacar la lengua, Karoli se quedó estupefacto, aquel hombre no podía hablar, le habían cortado la lengua, solo le quedaba una especie de muñón rojizo, luego señaló a sus oídos dando a entender que tampoco era capaz de oír.

Karoli se excusó con señas. Este entendió se dio media vuelta subió al auto y se marchó.

El serbio entró de nuevo a la cabaña, encontró un par de linternas de petróleo para poder iluminar el interior del habitáculo cuando anocheciera, encontró en un cajón una radio transistorizada que no disponía de pilas, en la despensa había una buena provisión de latas con variedad de alimentos para poder resistir más de una semana, una caja con herramientas múltiples, cuerdas, cordeles y un botiquín de primeros auxilios.

Salió a reconocer los alrededores de la cabaña, la vegetación era bastante espesa casi lujuriosa, a unos cincuenta metros transcurría apaciblemente un río bastante caudaloso, posiblemente afluente de uno principal, repentinamente a poca distancia suya y en el mismo borde del río oyó un fragor vegetal, un cocodrilo saltó al agua produciendo un sonoro splash con gran salpicadura, posiblemente asustado por la intromisión de aquel humano.

CAPÍTULO XXXº

En Berlín, Dieter el socio de Carl Bergman, estaba preocupado por el silencio de su amigo, hacía algo más de tres días que le había enviado por UPS la documentación al hotel de Monrovia y no tenía noticias suyas. Pensó que quizás no le hubiese sido todavía entregada ésta, en estos países la distribución de mensajes y pequeños paquetes, no solía ser tan rápida y eficaz como en Europa o los EE.UU.. Llamó por teléfono a la delegación de la agencia en Berlín, le confirmaron que el encargo había sido entregado al destinatario tres días antes, lo cual le dejó todavía más preocupado.

Solicitó conferencia telefónica asistida por centralita, para hablar con el hotel en que su socio se hospedaba, si se hallaba allí en aquel momento podría hablar con él para que le pusiera al corriente de las gestiones.

Dos horas más tarde le pasaron una llamada con la recepción del hotel :. -¿Con quién hablo?- pregunto Dieter.

-Con la recepción del hotel………………….,señor, ¿en que puedo servirle?-.

-Desearía hablar con mi socio el señor Carl Bergman, ¿se halla en el hotel estos momentos?-.

-Verá señor, el señor Bergman hace algunos días que no viene por el hotel-, respondió el empleado.

Dieter se quedó muy extrañado por la información que recibía, no esperaba tal respuesta.

-¿Quiere usted decir que ha desaparecido?-, preguntó Dieter.

-Si y no-respondió el empleado.

-¿Qué quiere usted decir con ello?-.

-Verá señor, el señor Bergman, estuvo un par de días sin venir por el hotel, luego vino acompañado por el chofer del auto que está al servicio del hotel, recogió algunos enseres personales suyos y, se marchó acompañado de éste, hasta hoy no tenemos más noticias suyas-.

-¿Pero no tiene usted ningún indicio de dónde haya podido ir?-., preguntó el socio de Carl.

-Ciertamente no, creo que el chofer lo llevó donde se halla la señorita Rijens-.

-¿Y quién diablos es la señorita Rijens?- dijo Dieter, intrigado y molesto por no saber de quién se trataba la mujer que le acababan de citar.

-Su secretaria-, repuso el empleado.

-¿Sabe usted por casualidad esta tal señorita Rijens dónde está?-.

-No se con certeza, pero oí que el chofer Canuté le decía de llevarle a una población del norte del país que se llama, Gbanga, a un convento religioso que hay en la ciudad-.

-¿Tiene usted el teléfono de éste lugar?-.

-Lamentablemente no le tengo señor, pero si aguarda un momento puedo pedir a información telefónica para que nos lo faciliten-.

-Si, si aguardo el tiempo que sea necesario-, respondió el berlinés.

El solícito empleado del hotel, llamó a información por otra línea, en un par de minutos colgó y se puso de nuevo en la línea donde estaba Dieter.

-Señor, me informan que la misión católica no dispone de teléfono, solo tienen una vieja emisora de onda corta, pero puede usted llamar a un cercano puesto de policía local para que les transmitan algún mensaje suyo, el número es:….-.

Dieter se tomó nota del mismo y le agradeció al empleado sus atenciones.

Se quedó pensativo, ¿qué habría podido ocurrir para que Carl estuviera tantos días sin contactarle?, pensó que algo grave le ocurriría.

Pidió conferencia con la embajada de Alemania en Liberia, hablaría con Otto Krinkel, su compañero de juventud, para ver si podía echarle una mano.

Tuvo la fortuna de obtener línea al instante. –Hallo, ¿puede pasarme con Herr Otto Krikkel, bitte?-.

-Ja, aine moment bitte-.

-¿Hallo?-.

El berlinés reconoció la voz de su viejo camarada inmediatamente. –Hola viejo zorro, soy Dieter, ¿cómo te va por el país del calor?-.

-¡¡ Diablos Dieter!!, no esperaba tu llamada, creí que no hablaría contigo hasta las venideras navidades que iré a Berlín-.

-Querido Otto, necesito ahora más que nunca de tu colaboración-.

El diplomático, intrigado ante el ruego de su amigo dijo:. –¿Ocurre algo que te preocupe y pueda yo ayudarte?-.

-Si amigo, verás; vino a visitarte hace algunos días mi socio y gran amigo Carl Bergman, ¿cierto?-.

-Si, y por cierto, venía muy bien acompañado, estuvieron almorzando conmigo aquí en la embajada, son muy amables y gentiles, fue un modo de practicar nuestro lengua con gente que habitualmente no anda por la Embajada-.

-¿Y quién es esta compañía que me has insinuado?-.

-Ah ¿pero tu no la conoces?.

-Pues no, no he tenido la oportunidad de conocerla, ni tan siquiera sabía de su existencia-, dijo Dieter.

-Se llama Eva Rijens, es de nacionalidad holandesa, una belleza, me la presentó como su secretaria, pero yo diría que es algo más, podrían ser las ambas cosas, ¿sabes?- dijo algo socarronamente.

-Bien, si a Carl le satisface y le es de utilidad, me parece muy bien, pero vamos al asunto por el que te he llamado, hace algunos días que he perdido el contacto con Carl, en el hotel me dicen que se ha ausentado desde hace un par de días, que momentáneamente ha dejado el hotel y creen que se ha marchado a una especie de convento o misión católica que hay al norte del país, me han dicho que la población se llama algo así como…. Gbanga o parecido, ¿tienes idea del lugar?-.

-Si, como bien te han informado, se trata de una misión católica que ahora la llaman ONG administrada por sacerdotes misioneros, fue fundada a principio del siglo veinte, han hecho mucho bien en la zona, con grandes esfuerzos y sacrificios lograron organizar una población que estaba diseminada, sin agua potable, sin cuidados médicos y sanitarios, hambrientos y en constantes luchas sangrientas tribales. A los pocos años de instalarse, lograron erradicar algunas de las perennes enfermedades azote de las poblaciones africanas, principalmente las provocadas por una alimentación deficiente en vitaminas.

Por cierto, entre los actuales monjes, uno de ellos es de nacionalidad alemana, un individuo bastante singular, siempre que tiene la oportunidad de venir a la capital, se acerca por la Embajada y charlamos un buen rato, me informa poniéndome al corriente de los avatares de la misión y de la zona. Desde hace más de cinco años, no ha habido ninguna otra lucha tribal en la zona, los nativos han comprendido que el vivir en paz y solventando las diferencias hablando, les es mucho más sencillo y menos sangriento para llegar a un acuerdo, esto es una de las grades labores que esta sacrificada gente ha hecho germinar entre la población nativa, que les adoran. Como todo este tipo de misiones, andan siempre escasos de recursos, la Embajada hace todo lo posible para ayudarles, difundimos a través de la prensa alemana solicitudes de ayuda, el año pasado les abrimos una cuenta en el Coommerz Bank para que quien quisiera efectuarles un donativo pudiera hacerlo con facilidad, pero por desgracia la gente es cada vez menos generosa, el pasado año la compañía Bayer, les regaló un automóvil todo terreno de la Mercedes Benz, un modelo algo antiguo, de los que ya no se fabrican pero en muy buen estado, en verdad tenía muy pocos kilómetros, lo acompañaron con una gran caja de medicinas, en especial vacunas y antibióticos, una ayuda inestimable-.

-No sabía, realmente aquí, desde nuestros hogares se desconocen muchos de los sacrificios que los misioneros soportan y el bien humanitario que transmiten en este continente, no existe modo de pagarles su labor-.

-Regresando al inicio de nuestra conversación, te voy a decir lo que haré;. En la misión no disponen de teléfono pero si de un radiotransmisor, conozco la frecuencia que tienen sintonizada y les voy contactar de inmediato, tan pronto haya podido hablar con ellos te llamaré informándote, ¿te parece bien?-.

-Gracias querido amigo, estaré ansioso de saber tus noticias, hasta luego, cuídate-.

Dieter se quedó algo más tranquilo, cogió el ejemplar del Die Welt que su secretaria le había dejado sobre la mesa de trabajo, le abrió por la página de los deportes, el club de sus simpatías, el Herta Club de Fútbol, había empatado el día anterior con el Kaiserlautern, luego pasó a la página de economía, el Euro había subido un poco respecto al Dólar, este noticia no le satisfizo demasiado, las ventas de armas se efectuaban en Dólares, pero muchas de las fábricas estaban ubicadas en la denominada zona Euro.

Alrededor de una hora después, su secretaria le pasó una conferencia de Liberia, cogió el teléfono algo nervioso, vería que noticias le daba su amigo Otto.

-¿Otto?-

-Ja, he podido establecer comunicación directa con ellos, tuve la oportunidad de poder hablar con el propio Carl durante casi quince minutos, está bien, la muchacha estuvo muy asustada al estar amenazada por el individuo que secuestró a tu socio, al parecer el secuestrador intentó sustituir una documentación que tu les habías enviado por medio de courrier por una que él llevaba, con lo cual invalidaba la vuestra y se llevaba el negocio, o algo parecido, no ha podido facilitarme más detalles por que él todavía anda averiguando algunos trozos de éste rompecabezas que no tiene todavía demasiado claros.

Por parte de la Embajada, vamos a ponernos en contacto con el jefe de la policía en Monrovia pidiéndole una investigación sobre el caso, cuando haya reunido más información te llamaré, auffidersen-, dijo interrumpiendo la comunicación.

Después de esta conversación, Dieter no tenía muy claro todo el embrollo que se había organizado, sabía lo sumamente prudente que Carl era en el tema de negocios, dudaba que hubiese podido cometer alguna indiscreción referente a contar a alguien el negocio que llevaban entre manos para los diamantes en bruto. Después de darle muchas vueltas al tema, solo se le ocurría que la filtración a terceros, hubiese podido salir de esta muchacha, que no conocía, o de los recientes "socios" liberianos, por más vueltas que le daba al asunto, no veía otro camino, claro está que desde la distancia y desconociendo todos los detalles del desarrollo de los acontecimientos, no era fácil sacar deducciones acertadas. Finalmente decidió que si en las horas siguientes no lograba hablar personalmente con su socio Carl, tomaría el primer avión que le llevara a Monrovia, la seguridad de su socio estaba por encima de cualquier negocio.

Más tarde llamó a Devries para informarle.

CAPÍTULO XXXIº

Canuté una vez hubo rebasado las últimas casas de los suburbios de la capital, aceleró prudentemente el automóvil, no se atrevía a correr exageradamente debido a que el pavimento asfáltico de la carretera no estaba en óptimo estado.

Por el camino el cerebro de Carl no cesaba de analizar toda la situación vivida desde que llegaron a Monrovia. De todos modos estaba deseoso de llegar a la misión y poder encontrarse con su amiga Eva, en éste par de días sin haber estado ella a su lado valoró su interés emotivo, rechazaba todavía la palabra amor, pero comenzaba a sentir por ella un sentimiento, podríamos definirle de amoroso.

Unos cuarenta minutos de automóvil les pusieron en una zona de orografía llana, con extensos campos de maíz bien cultivados, luego les sucedieron arrozales, que junto con el trigo han sido los grandes sustentos de la humanidad desde que el ser humano salió de las cavernas y aprendió a trabajar la tierra. Este año la misión tenía como objetivo adquirir un nuevo tractor que sustituyera al ya viejo y fatigado con el que desde hacía más de diez años araba aquellas tierras, además de otras misiones que extraordinariamente se le requerían, tales como abrir nuevos caminos en las zonas selváticas y arrastrar gruesos troncos de árboles partidos por algún rayo.

Particularmente requirió su atención unos campos de regadío a ambos márgenes de la carretera, en los que se cultivaban verduras y tubérculos de todo tipo, estos campos estaban cubiertos con toldos de plástico a modo de techumbre con el fin de protegerles de las fuertes y copiosas lluvias que el clima de aquella parte del continente africano se prodigaban con cierta abundancia, de no disponer de ésta protección no podrían obtener probablemente ninguna cosecha aprovechable, tal era la fuerza con que los rayos de lluvia caían que partían las hojas y los frutos que hallaban a su paso.

Ensimismado Bergman en sus pensamientos, llegaron a la puerta de la misión. Canuté hizo sonar el claxon de su automóvil un par de ocasiones, momentos después se abrían de par en par las puertas para que pudiera entrar el vehículo hasta el interior del patio del edificio.

Eva y varios de los religiosos aguardaban de pie en una de las esquinas, Carl al ver a la muchacha sintió un vuelco de alegría su interior, por un momento volvió a experimentar la ansiedad que los amantes sienten cuando están alejados el uno del otro, era éste un sentimiento que casi había olvidado.

Intentó saltar al exterior del coche para correr a por ella, pero su maldito tobillo lesionado le recordó que no podía apoyarle en el suelo sin sentir unos fuertes dolores, cogió las muletas y bajó cuidadosamente.

Eva al verle en aquel estado, sintió una gran congoja en su interior, pero corrió a su encuentro abrazándole con todas sus fuerzas, Carl casi pierde la verticalidad al impactar el cuerpo de ella con el suyo. Se mantuvieron un buen rato en esta posición sin mediar palabra alguna, luego reaccionaron y, recordaron ambos que estaban en presencia de otras personas que les observaban. Caminaron uno junto al otro hasta llegar a una gran sala, que ya conocían de su anterior visita, hasta entonces no habían cruzado palabra alguna.

Canuté, bajó la maleta de Carl y la dejó cerca de donde éste se hallaba sentado, se despidió de ambos y charlando con uno de los residentes, se marchó a su casa.

Bergman se acomodó en una pequeña butaca de mimbre, el padre Anastasio y el padre Heinz se sentaron junto a ellos, a la vez que también lo hacía Eva.

Heiz dirigiéndose a Carl, le dijo en tono jocoso adornado con una afable sonrisa :. – Pero amigo Bergman, ¿nos puede explicar usted en que aventura se ha metido, para que le raptaran?, ¿es acaso usted una especie de 007?-, y soltó una sonora carcajada que retumbó en toda la amplia sala.

-La verdad amigo Heinz que todavía no tengo muy claro lo ocurrido, hace un par de días, estaba cenando con la señorita Rijens en un restaurante del puerto en Monrovia, necesité acudir a la toilette y, antes de poder entrar en ella, me atenazaron fuertemente, me pusieron un pañuelo en la boca que contenía alguna sustancia que me durmió, posiblemente cloroformo o algo similar y desperté, no se cuanto tiempo después, en el interior de un container.

-¿Pero pudo usted ver a su o sus agresores?- preguntó el padre Anastasio.

-No, en absoluto, fue todo tan rápido y sorpresivo que no me dio tiempo a nada-.

Eva estaba en estos momentos muy nerviosa, temía que se fuera a descubrir su traición delante de todos, su intención era contar toda la verdad a Carl pero en privado no quería hacerlo delante de todos para que éste no se avergonzara, quizás pudiera perdonarla.

-¿Dónde le llevaron?-, preguntó ahora Heinz.

-Luego pude saber que el lugar dónde estuve encerrado no estaba lejos del restaurante de donde fui secuestrado. Al despertarme estaba sentado en la única silla que había en un pequeño habitáculo, el contenedor que antes cité, una mesa con algunas latas de alimentos en conserva y agua embotellada, era todo cuanto había en el contenedor, aparte de bastante suciedad-.

-¿ Y como pudiste salir?- preguntó ahora Eva.

-Buscando entre los escombros del contenedor, hallé una cuerda y alambre, me fabriqué un artilugio para poder abrirle, a través de una pequeña ventana que una de sus puertas tenía alcancé ver la cancela de la cerradura, la verdad es que tuve mucha, muchísima suerte de que el anzuelo que fabriqué con aquel alambre, pudiera fijarse en la leva de apertura y cierre de la puerta de mi cárcel y permitiera poder abrirla después de mil intentos. Salí y pude comprobar que el contenedor estaba dentro de un local de considerables dimensiones, una especie de taller mecánico, pero vacío y sin herramientas.

Pude observar que por la parte posterior de dónde estaba colocado el contenedor, había una ventana enrejada que daba al exterior, me subí como pude al techo de éste y comprobé que la reja no estaba fijada con excesiva firmeza, intenté arrancarla con las manos pero no pude, luego hallé en el interior del local un pequeño y viejo elevador o gato para coches, de los que se utilizan para sustituir una de las ruedas, con su ayuda pude arrancar algunos de los puntos de fijación y el restó lo hice con mis propias manos, con tan mala fortuna que al soltarse del todo la reja, perdí el equilibrio y fui a caer abajo torciéndome el tobillo. Sobreponiéndome al dolor salté de la ventana a un callejón inmundo que había detrás del local y me arrastré por el hasta la esquina de una de las calles que conducen al puerto. Unos muchachitos que andaban por allí fueron avisar al dueño del restaurante en el que Eva y yo estuvimos cenando aquel día y, este acudió a prestarme su ayuda. Y hasta aquí puedo contarles, ah, olvidaba que el señor Preudomme, propietario del restaurante, llamó al hotel, les puso un poco en antecedentes, estos llamaron a Canuté que poco después vino a por mi, pasé por el hotel para coger mis pertinencias personales, se presentó a mi un agente de policía gubernamental con encargo expreso del señor Kieh para que me acompañara todo el tiempo, a modo de guardaespaldas, por definirlo de alguna manera.

De mis pertenencias no faltaba nada, estaba todo intacto, tal y como lo había dejado, a excepción de un sobre en el que llevaba bastante efectivo, no podría decir la cantidad con exactitud, pero que por el grosor pude apreciar que se me haya sido sustraída una parte, no se, quizás unos cinco mil dólares poco más o menos.

Todavía no he podido hablar con el señor Kieh, pero debería hacerlo, tampoco se como el se ha podido enterar de mi secuestro.

-Le informé yo Carl-, dijo Eva.

Eva se levantó del lugar dónde se hallaba sentada y acercándose a Bergman comenzó a narrar la otra parte, omitiendo por el momento, como es natural, su colaboración con la sociedad AMR y la trama que ésta había urdido.

-Carl, cuando te fuiste a la tolilette del restaurante, pasaron bastantes minutos y al ver que no regresabas, fui a buscarte, no te ví, llamé varias veces y no obtuve ninguna respuesta hasta que entré en el servicio de hombres y comprobé que tú no estabas allí. Me llevé una sorpresa, pensé que no te hubieses indispuesto y te hubieses marchado al hotel, pero me extrañó que, de ser así, no me hubieses avisado.

No dije nada en el restaurante, pagué la cuenta de lo que hasta aquel momento habíamos consumido y me fui caminando hasta el hotel. Al llegar a éste, no me dieron razón de que te hubieran visto recientemente, además la llave de tu habitación seguía colgada en su casillero.

Subí a mi habitación desolada, no sabía que hacer, decidí esperar algunas horas para ver si dabas señales de vida, a todo esto llamaron a mi puerta, al abrir me dieron un empujón que caí de espaldas al suelo, un sujeto muy alto y fornido me había empujado y ahora estaba cerrando la puerta con el pestillo de la cerradura, intenté gritar con fuerza, pero el individuo se abalanzó sobre mi de un salto inverosímil tapándome la boca con una de sus grandes manos, sacó un arma de uno de sus bolsillos y la puso en mi sien, en idioma alemán me dijo que no gritara o dispararía, yo estaba aterrada, aunque hubiese querido no habría salido ni tan siquiera una palabra de mi garganta.

Hizo que me levantara cogiéndome por un brazo con una de sus manazas, apretaba tan fuerte que sentí un dolor agudo que parecía como si me hubiese roto algún hueso. Me dijo que te había secuestrado, que te tenía encerrado en un lugar seguro, pero que si yo hacía todo lo que el me ordenase te liberaría sano y salvo, sin sufrir ni tan siquiera un rasguño-.

Eva detuvo un momento su declaración para tomar aire y concentrarse en lo debía explicar a continuación, la parte más delicada y comprometida.

Bergman se revolvió en el asiento y el resto de los que les acompañaban en la sala estaban silenciosos y sorprendidos, casi ni respiraban, tal les parecía el relato de Eva como si de una novela de espionaje se tratara, nadie tuvo intención de interrumpirla.

Ahora se acercó más a Carl y se sentó en un pequeño taburete de madera que había a su lado, tomó una de las manos de éste y se agarró a ella ejerciendo cierta presión, como si deseara ser protegida, le miró a los ojos y siguió con su explicación:.

-Le prometí que haría todo lo que me ordenase si me juraba que no te haría ningún daño y te liberaría. Salió de la habitación por unos instantes y regresó con un portafolios, sacó un sobre grande que contenía unos documentos y que me mostró. Cual sería mi estupor cuando comprobé que aquellos documentos eran un calco de los que te había entregado unos días antes en el Ministerio, el señor subsecretario.

Me exigió llamar al señor Kieh para informarle de que tú te habías tenido que ausentar con urgencia, pero que te sustituía tu socio que acababa de llegar desde Berlín, así mismo le tuve que decir que era portador de los documentos que esperaban debidamente legalizados en otro país.

El señor Kieh me dijo que me avisaría para ver el día y hora en que el señor subsecretario tuviera disponibilidad. Al poco rato me llamó para informarme que al día siguiente podíamos ir al Ministerio para formalizar el resto del proyecto.

Aquel mismo día en la recepción del hotel el courrier UPS, había hecho entrega de un sobre que Dieter tu socio había enviado desde Berlín.

Afortunadamente al marcharse aquel individuo de mi habitación, uno de los botones del hotel me hizo entrega a mi del sobre, lo abrí y pude comprobar que se trataban de los documentos esperados.

Más tarde aquel energúmeno volvió a mi habitación con el sobre, me ordenó ponerle dentro del portafolios tuyo para tenerlo dispuesto para el día siguiente. Se marchó por unos instantes y, se me ocurrió cambiar los documentos que él traía por los recibidos desde Berlín utilizando el mismo sobre del primero, el horror creo que se pintaba en mi cara, pero trataba de disimularlo cuanto me era posible, a buen seguro que si hubiese descubierto el cambio me hubiese pegado un tiro.

Al día siguiente por la mañana un automóvil de Ministerio nos vino a recoger, antes el individuo me preguntó si llevaba los documentos en el portafolios, abrí éste y le mostré el sobre sin abrir, quedó convencido, confieso que en este momento creí desfallecer de miedo-.

-Pobrecita, qué pánico pasaría usted-, exclamó el hermano Anastasio.

-Estoy verdaderamente alucinado con tu relato-, dijo Carl.

-¿Luego que hicisteis?-, preguntó Bergman.

-Al llegar al Ministerio nos recibió Kieh, quedó algo sorprendido pero le di la explicación que aquel individuo me había ordenado dar. El señor subsecretario también quedó algo sorprendido pero no profundizó en ello, allí tenían preparado un notario para que diera fe de la veracidad de la documentación que se le entregaba y la registrara oficialmente. Tuve la precaución de dar el sobre directamente al señor subsecretario, así aquel individuo no se atrevería a abrir el sobre y comprobar las firmas depositadas en ellos, el político hizo entrega de los mismos al notario y éste procedió a efectuar los trámites reglamentarios, ni que decir que éste fue otro momento de pánico que pasé.

Antes de salir del hotel, tuve la precaución de escribir una nota en un papelito dirigida a Kieh, en la que le venía a decir que no dijera palabra alguna, pero que en cuanto calculara que yo ya habría llegado al hotel que me llamara. En un momento de distracción se la pude poner en una de sus manos.

El notario después de analizar la documentación, manifestó la legalidad de la misma informando que ya era legalmente operativa. Al oír este comentario, aquel individuo comenzó a decir que tenía prisa, que debía tomar un vuelo en dos horas y casi me arrastró fuera de la oficina.

Ya en el hotel, le reclamé la llave y la dirección de dónde te había encerrado, después de hacerse el remolón, se marchó a su habitación y al poco rato oí un ruido tras la puerta de mi cámara, fui abrirla y en el suelo encontré tirada una llave y una nota en un papel en la que me venía a decir que te buscara, al leerla sentí una gran desolación.

Al poco me llamó Kieh, estaba extrañadísimo con la actitud del individuo y el contenido de mi nota. Le expliqué toda la verdad, me tranquilizó, me dijo que no me preocupara, que iba a movilizar a las fuerzas de seguridad y las locales para darle caza, dentro de mi nerviosismo, le di una descripción del hombre, me dijo que me enviaba dos agentes para protegerme. Le expliqué que tenía intención de abandonar el hotel, que allí no me iba a sentir segura, que iba a refugiarme en Margibi, sentía verdadero terror de la posibilidad volver a ver aquel individuo. Kieh me aseguró que le localizarían y le obligarían a confesar el lugar en el que te había encerrado.

Luego supe que al individuo lo habían detenido en el aeropuerto, pero que había podido escapar asesinando al policía que había quedado a su cuidado. En estos momentos está en paradero desconocido. Y eso es todo cuanto puedo explicar-, finalizó Eva.

Carl no salía de su asombro, solo pudo manifestar:. –Has sido muy valiente y has expuesto tu vida por mi, es algo que me obliga de por vida a sentir una profunda gratitud-. Le dijo todo esto con hondo sentimiento, quería demostrárselo con mayor efusión, pero el lugar donde se hallaban y en la presencia de los asistentes no se atrevió. Prefirió aguardar mejor ocasión.

CAPÍTULO XXXIIº

Thomas movió sus tentáculos por toda la ciudad y alrededores, sus informadores le advirtieron que se estaba movilizando un importante contingente de policía local y estatal buscando a un extranjero fugitivo, que durante su fuga había asesinado a uno de los policías del aeropuerto, los transportes públicos también estaban bajo control policial, así como el puerto.

Le informaron también que las órdenes de búsqueda y captura, procedían de "muy arriba", algo que al tal Thomas le sorprendió, pensó que "algo de mucho calibre debía cocerse" para que no se hiciera ningún tipo de publicidad y, se llevara con suma discreción. Efectivamente la prensa local, la televisión estatal y la radio no dieron ningún tipo de noticia al respecto. Al parecer se buscaba a un individuo extranjero que había secuestrado a un blanco amigo de algún personaje político de altura además de asesinar a un policía del aeropuerto.

-Si llego a saber que ese tipo había asesinado a un policía le pido el doble de lo que me pagó-. –Por el momento voy a seguir haciendo más acopio de información, intentaré llevarme una buena parte del negocio-.

Cogió el teléfono y efectuó una llamada local, habló con un sargento de la policía estatal, era un amigo y confidente a sueldo, ambos procedían de la misma etnia tribal del Norte del país. –Gnobo, soy Thomas, me interesa entrevistarme contigo cuanto antes en algún lugar discreto-, le dijo.

-Thomas, en treinta minutos puedo estar en la lancha de pesca de mi suegro atracada en la dársena Este del puerto, ¿la conoces?-.

-Si perfectamente, allí nos vemos-.

A continuación de haber terminado la conversación telefónica, bajó al sótano del edificio, no permitió que ninguno de sus dos secuaces le acompañara. Cerró la puerta con el pasador y fue directo a una especie de estantería que contenía desde botes de pintura a trapos, piezas de repuesto para automóviles y mil cosas más, agarró a ésta por una de sus patas tirando hacia sí, ésta giró sobre si misma dejando ver un hueco en la pared que había detrás y que no permitía verlo sino era apartada.

Thomas encendió una linterna dirigiendo el haz de luz en dirección al hueco, este disponía de unos cuatro estantes de madera que contenían diversos paquetes y sobres. Cogió uno de los sobres, levantó la solapa del mismo comprobando que contenía un buen fajo de billetes de banco sumamente nuevos que aún mantenía el fajín de papel del Banco Nacional, se puso éste en uno de sus bolsillos volviendo luego a colocar la estantería en su lugar, salió del sótano y ordenó a sus dos guardaespaldas de confianza que le acompañaran, sacó del garaje un automóvil BMW del año 98 de color azul marino metalizado, subieron los tres y enfilaron la avenida que conducía al puerto.

Los dos sicarios se quedaron en el interior del BMW a unos cien metros de distancia de la embarcación escuchando música rapera a todo volumen, Thomas se acercó a la barca pesquera que estaba atracada en el lugar indicado por su confidente Gnobo, éste todavía no había llegado, de un salto felino se quedó de pie en la cubierta, luego fue hasta la cabina del puente de mando y entró, se sentó en la butaquita giratoria del timonel, desde allí divisaba gran parte del muelle pudiendo ver quien se acercaba al lugar donde se hallaba.

Unos minutos después un automóvil de la policía se estacionaba cerca del BMW, descendió un individuo gordito y calvo al que el uniforme de oficial de policía le sentaba fatal, la camisa de color gris claro le venía sumamente apretada, en especial a la altura de la barriga, los botones de esta zona estaban en constante tensión y prestos a salir disparados y herir a alguien que se interpusiera en su trayectoria, la pistola reglamentaria enfundada en una cartuchera de cuero, le colgaba del cinto siguiendo el ritmo de las caderas de su propietario cuando éste caminaba, llevaba el pantalón azul marino reglamentario lleno de manchas de aceite procedente de comida, realmente como policía su aspecto no infundía demasiado respeto, pero tenía una gran cualidad, era muy estimado

por sus subordinados a los que protegía de las influencias políticas del exterior y dejaba que éstos hicieran sus pequeños y propios "negocios" de extorsión a los comerciantes.

A duras penas el policía pudo entrar en la cabina del piloto, su barriga era un serio impedimento. Se saludó con Thomas y éste último fue al grano:.

-Gnobo, ha llegado a mis oídos que se ha desplegado en la ciudad una vasta acción policial debido a que al parecer un extranjero de raza blanca ha cometido un secuestro y posterior asesinato de uno de los vuestros, ¿estás al corriente de ello?-.

-Si lo estoy, de hecho mi capitán me ha encargado patrullar con todos los efectivos a mis órdenes por las calles de la ciudad con una frecuencia muy superior a la que habitualmente venimos efectuando, nos han encomendado atrapar a un individuo del que nos facilitaron ayer un retrato robot efectuado por uno de nuestros dibujantes de la Central -.

-¿Puedes mostrarme el retrato del individuo?-, solicitó Thomas.

Gnobo asintió con la cabeza y metió la mano en el bolsillo posterior de su pantalón, sacando un papel blanco plegado en cuatro dobleces y todo manchado, se lo entregó a su interlocutor. Este lo abrió y comprobó que efectivamente se trataba de Karoli, el individuo tan requerido por todo el mundo, el dibujante había sacado un buen partido a la descripción que le había llegado, con pocas variaciones sustanciales al original, el retrato casi podía pasar por un calco del individuo. Volvió a doblarlo entregándoselo a continuación a su amigo policía.

-Verás amigo, tengo un personal y especial interés en saber el verdadero motivo por el que se halla en búsqueda y captura a este fulano, antes de cometer el asesinato ya era buscado después al cometer el asesinato del policía agrandó el interés en pillarle, quiero saber por que se le buscaba, se que había raptado a alguien de su raza y que éste "alguien" debía ser muy amigo de algún alto cargo del actual gobierno, sin duda alguna maquinaban hacer algún negocio, posibilidades: ¿armas, diamantes o drogas?. Quiero saber dónde se halla ahora el individuo raptado, por que se que pudo huir del lugar donde su raptor le retuvo, la clave del conocimiento del negocio la tiene este último, y finalmente ¿qué políticos están embrollados en el asunto?.

Necesito saberlo con toda urgencia, aquí tienes este sobre, cuando me traigas toda la información que te pido, tendrás otro sobre con una cantidad superior del contenido del actual, ¿estás de acuerdo?-.

Gnobo cogió prestamente el sobre que Thomas le alargaba diciendo : -No debes preocuparte hermano, ahora mismo voy a meterme en el asunto y quizás esta misma noche pueda facilitarte lo que me pides-.

-Anda muévete, no pierdas tiempo y mete tus narices por todos los rincones para informar con toda certeza, no admitiré el : me parece…., ¿has entendido?-, dijo Thomas con semblante serio. Gnobo conocía perfectamente aquel gesto facial de su interlocutor, -quiero afirmaciones-, dijo finalmente en tono autoritario.

-Así lo haré, no debes preocuparte, hasta luego-.

Para salir, volvió a restregar su abundante barriga por el quicio de la puerta de acceso a la cabina del timonel donde se hallaba Thomas, luego tuvo sus trabajos para subir al muelle anduvo resoplando todo el tiempo, una vez logrado, subió a su coche oficial, puso la sirena y se marchó veloz.

Thomas no pudo más que sonreír de la cómica situación y aspecto de su amigo y confidente policial.

Regresó a su BMW emprendiendo el retorno a su oficina. En la puerta de ésta estaba el chofer que había acompañado a Karoli hasta la cabaña de las afueras de la ciudad. Thomas le llamó con una seña, este acudió con rapidez, -¿Has dejado al hombre en el lugar que te dije?- le preguntó. El individuo era capaz de leer en el movimiento de los labios, pero solo era capaz de interpretarlo si le hablaban en la lengua que el conocía. Afirmó varias veces con la cabeza.

Thomas llamó a uno de sus guardaespaldas y le ordenó ir a la cabaña donde estaba refugiado Karoli y tenerle bajo constante control sin ser visto, -Cualquier movimiento que efectúe este individuo, deberás informarme inmediatamente, llévate uno de los teléfonos, pero evita que él sepa que está vigilado, tienes la ventaja de que él no está habituado al medio selvático sin embargo tu sí y podrás estar a escasa distancia de el sin ser visto. Mañana vendrá a turnarse contigo tu compañero. No quiero fallos has entendido bien?-, le dijo con semblante de pocos amigos. Éste asintió y se marchó presto.

CAPÍTULO XXXIIIº

Samuel Kieh tomó uno de los automóviles del Ministerio, había advertido al subsecretario Mouwé que iría al encuentro de Bergman con el fin de intentar averiguar el inesperado suceso acaecido.

Al llegar a la población de Gbanga dirigió el auto a la puerta principal de la Misión católica.

Dejó el automóvil estacionado bajo la sombra de un frondoso árbol que se hallaba próximo a la puerta, se acercó a la misma y tiró de una cadenita que colgaba en el exterior, oyó el claro tañido de una campanilla que advertía a los ocupantes de la misión que un visitante pretendía entrar. Al poco rato un muchacho negrito de unos doce años le franqueaba el paso abriendo una de las hojas de la puerta.

-Pase usted, ¿en que puedo ayudarle señor?- dijo el muchacho.

-Desearía ver al señor Bergman o la señorita Rijens-.

-Hace poco se han retirado a descansar-.

No obstante Kieh insistió en verles ; - Siento tener que perturbar su descanso, pero es urgente que pueda verles, pertenezco al gobierno, diles que Samuel Kieh les quiere ver-, insistió.

El muchacho encogió los hombros y dando media vuelta se alejó en dirección al interior mientras decía: - aguarde usted unos instantes señor-.

Sancho, nombre con el que había bautizado el hermano Anastasio al muchacho, en honor a Sancho Panza, se acercó a este y le informó de la pretensión del hombre del gobierno que aguardaba en la entrada.

-¿Le has dicho que estaban descansando?-.

-Si, si, pero ha insistido mucho y me ha dicho que era urgente-.

-Voy a verle-, dijo el religioso.

Al llegar al recibidor se encontró a Kieh paseando de un extremo a otro de la sala algo nervioso.

-Me han informado que desea ver al señor Bergman, ¿podría yo ayudarle en algo?-

-No creo, necesito hablar personalmente con cualquiera de los dos, me llamo Samuel Kieh, pertenezco al equipo del subsecretario Mouwé, se han desarrollado unos hechos que afectan a estas dos personas-.

-Ah, estoy en parte al corriente de ello, pase usted, pase, les voy avisar inmediatamente de su presencia, ¿desea beber algo fresco en el entretanto les aviso?-

-No, gracias, se lo agradezco pero no tengo esta necesidad en este momento-, dijo en tono amable.

-Aguarde unos instantes, voy a avisarles, pero siéntese por favor-, le dijo señalándole unas de las sillas de la sala.

El padre Anastasio se marchó presto dejando solo a Kieh.

Subió a la primeras planta y llamó a la puerta de la habitación asignada a Bergman, éste a pesar del sueño que le invadía oyó el golpeteo. Se levantó y acudió a la puerta.

-Señor Bergman, disculpe que le interrumpa su descanso, pero abajo está el señor Kieh que dice tener urgencia en verle-.

-Oh, gracias por avisarme, estaba aguardando su visita, ¿dispone usted de algún lugar en el que podamos hablar él y yo a solas?-.

-Si, al final de esta galería disponemos de un pequeño despachito, es un lugar tranquilo y pueden utilizarlo con toda tranquilidad-.

-Gracias por su amabilidad, hágale subir al señor Kieh, le aguardaré allí-.

Mientras el sacerdote iba a por el liberiano, Carl aprovechó para asearse mínimamente. Luego fue al despachito que el padre Anastasio le había indicado.

Llamaron a la puerta, Carl fue abrirla encontrándose a Kieh. Carl le estaba agradecido aquel hombre, que al conocerle no le tuvo ningún aprecio y que ahora su seguridad podía depender de él.

-Entre amigo mío-, le dijo estrechándole efusivamente la mano que este le tendía, acompañado de una amplia sonrisa en la que mostraba la nívea hilera de su dentadura.

-¿Cómo se siente usted, después de todas sus misteriosas tribulaciones?-, preguntó Kieh.

-Todavía no he logrado descifrar el porqué de mi rapto, mejor dicho, ¿de cómo pudieron llegar a conocer nuestro proyecto con tanto detalle y minuciosidad?-. –Pero siéntese amigo Kieh-, le dijo Carl acompañándole hasta una de las butaquitas del despachito.

-Yo también me he estado preguntando el ¿cómo?, pero no le hallo explicación ni pista alguna, estoy investigando la posibilidad de que en el despacho del señor subsecretario pudiese haber sido instalada alguna cámara secreta o algún micrófono oculto, pero por el momento nbo hemos hallado nada que pudiera darnos alguna pista-. –Ahora señor Bergman le voy h efectuar algunas preguntas que quizás puedan sorprenderle y quizás molestarle, pero pienso que debo hacérselas y quizás ello nos ayude a desentrañar este misterio-.

-Puede usted preguntarme lo que crea conveniente, yo también estoy interesado en esclarecerlo-, añadió Carl.

-¿Cuántas personas han tenido acceso a nuestro proyecto?, antes de responderme, piénselo bien recorra todo el circuito de personas que hayan tenido oportunidad de acceder a ello-, preguntó Kieh.

-Déjeme pensar-, dijo Carl, quedándose un rato meditabundo. Su cerebro comenzó a analizar las distintas situaciones, pero estaba todavía muy aturdido para hallar respuestas -Procure revisar todo el proceso, cualquier detalle que pueda parecer nimio podría ser la clave de ello-, le dijo Kieh.

-Vamos a ver, por mi parte solo pueden estar al corriente mi socio en Berlín, y nuestro asociado de Bélgica, un reputado tallador de diamantes, yo mismo y mi secretaria la señorita Rijens, nadie más- dijo Bergman en voz alta.

-Por nuestra parte, únicamente el señor subsecretario y yo somos conocedores del proyecto, el propio señor Mouwé redactó los documentos, en calidad de abogado que es, y la intervención notarial fue posterior al rapto de usted, con lo que descarto que pudiera proceder de nuestro bando-.

Carl se quedó meditabundo, repentinamente le paso por su imaginación que quizás Eva tuviera algo que ver en ello, pero rechazó la idea, -pensaré en ello, pero por más vueltas que le doy no veo una luz que me oriente en la solución-.

-Lo que no hay duda, es que entre nosotros hay una grieta, o mejor dicho un espía, debemos darnos prisa en descubrir el origen, pues la primera entrega de diamantes se efectuará en unos cinco días. ¿Se quedará usted residiendo en este convento o piensa regresar al hotel?-, de dijo Kieh.

-Pienso en quedarme aquí mientras no hayan podido ustedes dar caza al hombre que me secuestró, aquí me siento seguro con esta gente-.

-Amigo Bergman, coja usted éste teléfono celular que le doy, lo podrá utilizar para comunicarse conmigo o con su socio en Berlín, le daré un número telefónico de uno de mis agentes, que está ahora rondando por los alrededores de la misión, tengo entendido que usted ya le conoció cuando fue a recoger sus pertenencias al hotel, le puede llamar a cualquier hora, está a su completa disposición y, no se preocupe, daremos caza a este individuo, no le será fácil escabullirse de nosotros, un individuo de raza blanca que mide casi un metro y noventa centímetros, no pasa desapercibido en nuestro país, a no ser que tenga ayudas desde el interior. Duerma y descanse tranquilo, en cuanto le demos caza, nos dirá quién es el chivato y, le aseguro que tenemos medios para que hable-.

-Me tranquiliza usted amigo Kieh, gracias por el teléfono, llamaré a mi socio tan pronto me sea posible para advertirle de la próxima entrega, le acompaño a la puerta-, dijo Carl mientras le acompañaba hasta la salida.

-Sea cauto amigo Bergman-, le aconsejó el liberiano, en el entretanto subía a su automóvil oficial.

-Le prometo serlo – dijo éste mientras cerraba la puerta tras de si. No obstante Carl se quedó con la inquietud de averiguar ¿cómo alguien ajeno a su organización había podido penetrar en los documentos y conocer los pasos a efectuar para el desarrollo del proyecto?, subió las escaleras con este pensamiento, entró en su habitación y volvió a echarse sobre la cama, intentó dormir de nuevo, pero no lograba conciliar el sueño, seguía dándole vueltas al asunto. Media hora después se había dormido profundamente.

Eva ocupaba la habitación contigua a la de Carl. Ahora estaba sentada en una butaquita junto a la ventana que daba al patio interior o claustro de la misión, corría una agradable brisa que se filtraba a través de la mosquitera que protegía de los insectos exteriores, algunos de ellos bastante letales para un humano y, en especial para el hombre blanco.

No sabía como iniciar la explicación que debería darle a Carl, de como realmente se desarrollaron los acontecimientos hasta el momento actual, en una palabra; la verdad de su actuación. Una parte ya se la había explicado, pero lo fundamental no, y esto es lo que más temía, ¿cómo se lo iba a tomar Carl?, ¿la denunciaría a las autoridades?, por otra parte no tenía tampoco valor de contactar con su jefe el señor Millar, temía tanto la reacción virulenta de éste como al sicario enviado. El desasosiego que la embargaba no la dejaba vivir, como fuera debía quitarse este peso de encima. Armándose de valor, se levantó y se fue a la habitación de Carl, llamó a la puerta suavemente con los nudillos.

Carl estaba aun despierto, abrió la puerta y se quedó algo sorprendido al ver a Eva con la cara distorsionada que nunca le había visto, la cogió de una de sus manos invitándola a entrar.

-No podía descansar-, dijo ésta a Carl, a modo de excusa que justificara su presencia.

-No te creas, yo tampoco-. –Pero leo en tu cara un gesto de preocupación, todo ha pasado, o casi todo, en cuanto hayan cazado a este hombre, todo habrá acabado-, le dijo Carl para tranquilizarla.

Era el momento oportuno para descargar su conciencia, inconscientemente Carl se lo brindó en bandeja, le dio pie para que entrara a explicar todo lo que tenía encerrado en su corazón.

-Carl, he venido a verte para explicarte una parte de los hechos que no te conté…….-, aquí Eva se quedó por unos momentos callada, agachó la cabeza y siguió:. –Verás, puedo explicarte cómo este individuo ha podido llegar a tener conocimiento de tus planes-.

Bergman, se quedó algo desconcertado, pero siguió callado aguardando a que Eva acabara con su exposición. La hizo un gesto de asentimiento con los párpados de sus ojos alentándola a que siguiera.

Verás Carl, me cuesta mucho explicarte lo que a continuación voy a decirte y, no quisiera que te sintieras herido por ello, al principio de nuestro encuentro, fue para mi un mero trabajo profesional, pero nuestra relación, tu gentileza para conmigo cambió las cosas, mis sentimientos por ti no son ahora los mismos que al principio de contactar contigo. Volvió a quedarse unos momentos callada, unas lágrimas rodaron por sus sonrosadas mejillas, se mesó con amabas manos sus largos cabellos rubios y tomó aliento :.

-Verás, trabajo desde hace tres años en una compañía multinacional holandesa con sede en Honk Kong, la AMR Co., mi jefe inmediato es un tal Caron B. Millar. Mi función en la Corporación, es el viajar por determinados lugares del mundo en los que suelen generarse grandes negocios, algunos legales y otros algo menos, entrar en contacto con hombres de negocios y recabar toda la información posible de sus proyectos y conexiones, en una palabra efectuar espionaje industrial de sus proyectos, y luego enviar toda la información recabada a la compañía por la que trabajo, ésta entonces analiza y procesa la información recibida, decidiendo luego que actuación adoptar al respecto, o por el contrario proceder a su archivo, jamás se destruyen los informes que se reciben.

Bergman no salía de su asombro, jamás hubiese podido imaginar que aquella mujer, por la que sentía algo especial, le hubiese podido engañar de aquel modo, más que engaño lo consideraba una traición, una traición por que después de todo lo que había ocurrido entre los dos, una relación que comenzó por una atracción puramente física, se fue convirtiendo cada vez más en afectiva, por eso sus sentimientos se sentían ahora heridos.

Le corrieron por su cuerpo sudores que nada tenían que ver con el calor del ambiente, por su cabeza pasaron en pocos segundos, mil sensaciones de rabia, odio, ira y, hasta una ligera pena por aquella mujer que ahora le atormentaba y sorprendía con su confesión, por otra parte no dejaba de valorar la valentía con que le estaba contando su intervención en los hechos. Contuvo sus sensaciones y siguió escuchando.

-Te confieso Carl, que al principio yo actuaba respecto a ti con toda la frialdad que merecía el caso, memorizaba todo cuanto decías, con quién te relacionabas, transmitía la información a la AMR a través de Internet. Luego a medida que fui conociéndote e intimando sentí una inclinación especial por tu persona, era un sentimiento casi inexplicable, tu eres un hombre maduro, yo una muchacha casi veintiocho años más joven que tu, pero tu amabilidad y atenciones fueron penetrando dentro de mi, jamás nadie me había dispensado tanta delicadeza como lo hiciste tu, luego todo esto se fue convirtiendo en algo más profundo-. Un sollozo le entrecortó el habla, se cubrió la cara con ambas manos y echó a llorar desconsoladamente.

Carl se quedó unos momentos sin que decir ni hacer, estaba alucinado con el relato de aquella mujer y las lágrimas que ahora soltaba, en segundos se preguntó : ¿será real su actitud?, ¿estaría fingiendo?, decidió tomarse un descanso para poder evaluar y digerir todo el chaparrón de noticias que se le vino encima.

Bergman se levantó de donde estaba sentado, se frotó la barbilla y acercándose a su interlocutora le dijo con serenidad :. -Eva, si no te importa, desearía quedarme un tiempo solo para poder meditar en todo cuanto me has dicho, ¿te importaría ahora dejarme solo?, luego te llamo y podemos seguir, ahora necesito estar solo, no quiero que nada pueda influir en mis decisiones, ¿lo comprendes?.

-Si, lo comprendo-, dijo ésta con gesto sumiso mientras se levantaba de su lugar caminando en dirección a la puerta, Carl la siguió con los ojos, Eva antes de abrirla se giró un momento para mirar a Carl, éste vio en ella una mirada de tristeza y desespero.

Carl se sentó de nuevo abatido, la confesión que acababa de oír le había sentado como un mazazo en la cabeza, estaba algo aturdido, necesitaba ordenar sus ideas. Recordó que Kieh le había entregado un teléfono celular, lo cogió y marcó un número de Berlín, era el de su socio Dieter.

-Dígame-, dijo una voz femenina.

-Deseo hablar con el señor Henrichs, soy Bergman su socio-.

-El señor Henrichs no está ahora en casa, ¿quiere dejarle algún mensaje?-.

-Señorita, tiene usted a mano el número de su teléfono celular?, yo en estos momentos no dispongo de el.

-Lo siento señor Bergman, lo desconozco y además tengo prohibido facilitar todo tipo de información. No se preocupe, en cuanto llegue el señor le diré que usted le ha llamado, ¿quiere usted dejarme su número telefónico?.

Carl se lo dio algo contrariado, pero comprendió la prudencia de la sirvienta. Le dejó su número y colgó. Luego llamó a la embajada de Alemania en Monrovia.

-Buenos días, embajada de Alemania, dígame-, le dijo una voz femenina con claro acento bávaro.

-Buenos días, señorita por favor desearía hablar con el señor Otto Krikkel-.

-¿Quién le llama?-. Bergman, Carl Bergman-.

Un poco después oyó la voz de Otto. –Hola Carl, ¿sigues estando en la misión de Margibi?-.

-Si sigo aquí, estoy intentando hablar con Dieter pero ahora no estaba en su casa y no dispongo del número de su teléfono móvil, ¿le tienes tu?, debo hablar con él para que no esté preocupado, por lo demás todo está bien-.

-No debes preocuparte, yo pude hablar con él y le puse al corriente, también hablé con Kieh, me informó de que a puesto en marcha a una buena cantidad de agentes para dar caza al individuo que te secuestró, pero queda todavía por saber, ¿cómo se produjo ello?, ha, aguarda tómate nota de su número celular-, a continuación le dio el número y se despidieron.

-Llámame cuando quieras, ya sabes que esta legación está a tu disposición para defender tus intereses y los de Alemania-.

-Gracias amigo Otto, te llamaré para informarte en cuanto haya podido esclarecer todo este embrollo-.

A continuación marcó el número telefónico que Otto le había facilitado.

-¿Dieter?-.

–Si soy yo, ¿eres Carl? no te oigo demasiado bien-.

-¿Estás bien?, me llamó Otto para informarme-,

-Acabo de hablar con él ahora mismo, el me ha dado tu número telefónico, yo le tengo pero está en algún bolsillo de una de mis chaquetas que dejé en el hotel-.

-Dime Carl, he estado muy preocupado por tu persona, me han hablado de un secuestro y de una filtración en nuestro proyecto-.

-Nada debe preocuparte ahora Dieter, todo está bien, según lo previsto, a mi regreso te contaré con más detalle todo ello, pero quiero que sepas que Kieh acaba de informarme que la primera entrega se efectuará en muy pocos días, por tu parte procura tener todo preparado para remitirles el primer envío de una parte de las armas que pidieron después de que se haya efectuado la valoración de la mercancía que nos hayan entregado, yo voy a quedarme aquí para asistir a todo el proceso de entrega de las "piedras" en bruto hasta que salgan del país, Otto me dijo que no me fiara de nadie, por ello quiero quedarme aquí hasta ver consumada la primera entrega-.

-Bien, pero te recomiendo no corras ningún peligro innecesario, por cierto ¿quién es esa muchacha llamada Eva de la que me habló Otto?-.

Carl se quedó unos instantes pensativo, luego reaccionó :. –Verás es una señorita holandesa que conocí en Estambul y la contraté como secretaria, es muy competente-, dijo lacónicamente, como si no tuviera importancia alguna.

-Bien tu sabrás, ahora mismo me pongo en marcha para preparar el primer envío de armas, pero solo daré la orden de envío hasta que tu no hayas comprobado la entrega, cuídate mucho-.

-Así lo haré querido amigo, así lo haré-, dijo Carl, antes de cortar la conversación. Seguidamente llamó a Kieh.

-Hallo, ¿es Kieh?-.

-Si, dígame Herr Bergman-.

-Acabo de hablar con mi socio en Berlín, le he informado de que se efectuará una primera entrega de diamantes en pocos días, está dando las instrucciones necesarias para que se prepare el envío de algunas de las armas solicitadas, luego más tarde le podré decir el puerto de embarque-.

-Excelente, le avisaré en el mismo momento que me sean entregados, ya sabe usted que el señor subsecretario me ha hecho responsable de estar presente en todas las entregas para verificar la autenticidad de la materia que nos entregan y con ello responsabilizarnos-.

-¿Tiene usted alguna novedad sobre el paradero del individuo que me raptó?-.

-No, todavía no, hemos averiguado que mató también a un empleado del aeropuerto para quitarle el uniforme, hemos registrado todos los hoteles de la ciudad y alrededores, sin éxito, cabe la posibilidad que tenga alguna ayuda interna que estamos intentando averiguar, también es posible que se haya refugiado en algunos de los bosques de la zona, tampoco ha alquilado ningún automóvil, ha sido comprobado, solo tenemos dos compañías de alquiler y hemos revisado todos sus contratos de los últimos quince días, infructuoso, pero no desesperamos, estamos convencidos de que no ha salido del país, hemos sometido a un riguroso control de pasajeros en las aduanas y en el puerto, a pesar de todo estamos convencidos de que tarde o temprano la vamos a pillar, no debe estar usted preocupado-.

-Gracias querido amigo, nos hablamos más tarde-, finalizó Carl.

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