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CAPÍTULO XXXIVº

La primera noche en la selva, los múltiples y variopintos ruidos que la misma genera no permitieron que Karoli pudiera pegar ojo en toda la noche, la solitaria y húmeda cabaña fue para él un infierno, no había tenido jamás la oportunidad de moverse en un medio natural y selvático como aquel, en su etapa de soldado de alquiler se desenvolvió siempre en medios urbanos en escenarios sumamente difíciles y peligrosos en los que cada acción su vida pendía de un hilo, pero sabía en cada caso anticiparse a la situación, pero aquí y en este nuevo medio que le era desconocido, le desconcertaba.

Le despertó un lejano ruido como si de tambores se tratasen, era un contumaz, tum, tum. Algunos minutos después su oído se había habituado a ello dejando de prestarle atención automáticamente, cogió un cubo de plástico que haló en el interior de la cabaña y se acercó al río con cautela, no deseaba tener un encuentro inesperado como el día anterior, la imagen del cocodrilo saltando al aguaba el estruendo que provocó al chocar con el líquido elemento le impresionó vivamente dándole la medida de la peligrosidad del medio, cogió agua y regresó a la cabaña de nuevo.

Efectuó sus abluciones matutinas, pero no pudo afeitarse ya que no disponía de lo necesario, preparó el desayuno con los alimentos que habían en la despensa y salió a reconocer los alrededores. Procuró en principio no alejarse demasiado de la cabaña, debía familiarizarse poco a poco con el lugar por dónde debía moverse y no extraviarse. Caminó formando círculos alrededor de la casita, cada vez éstos iban siendo de mayor diámetro, vio alguna serpiente y un enorme termitero que procuró evitar su proximidad. Aquel tum, tum, seguía sonando sin descanso, ahora le parecía estar algo más cerca de el, pensó si podrían ser de algún poblado no lejano en el que estuvieran celebrando algún ritual.

Más allá se tropezó con una especie de pista forestal sin pavimentar, de tierra sumamente rojiza, como era característica en aquella zona, en ella habían quedado bien marcadas las rodaduras de unos neumáticos de algún vehículo pesado que pasaría por allí pocas horas antes, estaban muy marcadas. Para no perderse, con la orientación de la cabaña, recogió unas cuantas piedras y las alineó en dirección a donde se hallaba la choza en la que había dormido, con la referencia de la pista forestal y la alineación de las piedras no le sería difícil hallarla desde aquel punto.

Decidió nadar algunos kilómetros siguiendo la pista con el fin de intentar averiguar dónde se hallaba o que había en sus alrededores. En el cinto llevaba la pistola cargada y dispuesta.

Llevaba caminando algo más de una hora, calculó que habría recorrido algo más de seis kilómetros, súbitamente se acalló toda la algarabía que reinaba en aquel rincón de la selva, los pájaros y algunos simios dejaron de chillar, se hizo un silencio casi sepulcral, el serbio se quedó sorprendido e intrigado, hasta el monótono tum, tum, dejó de sonar, Karoli se detuvo y aguzó todos sus sentidos, en especial el del oído. Le pareció captar en la lejanía el monótono ruido de un motor de explosión de un vehículo a motor. Se quedó casi como una estatua para poder determinar con mayor certeza el origen y lugar de procedencia de aquel monótono run, run, efectivamente, unos minutos después sonaba más cercano y con seguridad algún vehículo motorizado se acercaba por la pista que estaba pisando. Precavidamente se apartó de la pista yendo a refugiarse detrás del grueso tronco de un árbol cercano a ella. El serbio tomó ésta precaución por si el vehículo pudiera pertenecer al ejército o la policía que andaban en su búsqueda.

Tuvo que aguardar poco tiempo, a los pocos minutos aparecía tras un recodo de la pista un automóvil de color negro salpicado de barro rojizo por los dos costados, andaba a muy poca velocidad, el lamentable estado de la pista no permitía hacer abusivo uso del acelerador, so pena de correr el riesgo de dejar la parte inferior del vehículo esparcido por los suelos. Karoli no abandonó su escondite, aguardó a que el auto estuviera a su altura para poder ver su interior.

Unos segundos después lo tenía a su mismo nivel, le pareció distinguir al mismo conductor que le había dejado el día anterior en la cabaña.

Salió de su escondrijo yendo a situarse en mitad de la pista, gritó con fuerza para que el conductor pudiera advertir su presencia, pero el ruido que producía el tubo de escape roto del vehículo cubría sus voces. Se agachó para coger algunas piedras y las lanzó al coche, la primera dio de lleno sobre el techo del mismo, el ruido alertó al conductor que se detuvo de inmediato y bajó del vehículo, vio en mitad de la calzada al hombre que le habían ordenado dejar en la choza de la selva. Dado al impedimento oral que el hombre tenía, hizo gestos para que este se acercara, así lo entendió, al llegar junto al individuo, éste le entregó un papel que llevaba doblado en el bolsillo de su sucia camisa.

Karoli desdobló el mensaje y vio garabateado en el papel un mensaje en inglés que venía a decirle "regrese a Monrovia con el mensajero, he localizado a la gente que usted busca", nada más decía, ni tan siquiera estaba firmado.

El serbio ya imaginó quién era el autor, subió al automóvil en los asientos posteriores, el conductor puso el motor en marcha y buscó un pequeño claro en la espesura para poder efectuar la maniobra de regreso.

El viaje de retorno se le hizo eterno, solo cuando se incorporaron a la carretera principal el conductor pudo alcanzar mayor velocidad y recuperar parte del tiempo perdido en la pista forestal, cerca de las primera viviendas de la ciudad de Monrovia, divisaron una patrulla de policía controlando el paso de vehículos, el conductor se apercibió con tiempo suficiente para salirse discretamente de la calzada y se metió por las irregulares callejuelas del suburbio hasta llegar a la casona donde estaba Thomas.

Se detuvo en ante la puerta y con dos toques cortos del claxon le abrieron las puertas para que pudiera entrar el auto.

El serbio se apeó del auto y le acompañaron hasta el piso superior donde se hallaba Thomas. Sin tan siquiera cruzarse saludo alguno, éste le dijo : - He podido hacer bastantes averiguaciones respecto a lo que usted me pidió, muchas más de las solicitadas-.

Karoli se acercó algo más a su interlocutor para decirle : -Cuénteme, cuénteme-.

-Mi información es tan confidencial , importante y costosa, que deberá usted invertir algún dinero más para conocerla-.

El serbio estuvo en un tris de saltar al cuello de aquel negro chantajista y darle su merecido, después de todo el dinero que ya le había entregado con anterioridad y ahora insinuaba que le iba a pedir más.

-¿Cuánto me va a pedir ahora?-, dijo Karoli de mal talante.

Thomas sin tan siquiera inmutarse le dijo : -Unos mil dólares señor, pero le puedo informar dónde se halla la persona que usted con tanto anhelo busca y la compañera de éste, están muy bien protegidos y fuera de la ciudad-.

Karoli sacó del bolsillo de su chaqueta, contó diez de cien dólares, los dobló por la mitad y los entregó a su interlocutor tirándolos despectivamente sobre la mesa que había entre ambos, el negro los cogió sin contarlos metiéndolos en uno de los bolsillos de su mugriento pantalón, a continuación cogió un pedazo de papel y lápiz escribiendo en el una dirección y un nombre, entregándolo a continuación al serbio.

Karoli cogió éste echándole un vistazo dirigiéndose a continuación a su interlocutor : -¿Qué es esto de Gbamga y de una Misión?-.

-Gbamga es una ciudad del Norte del país, y la Misión es un antiguo convento de frailes misioneros, éste es el lugar donde se hallan refugiadas las personas que usted anda buscando-.

-Bien y ¿ cómo llegar hasta allí sin llamar demasiado la atención?-.

-Ya he pensado en ésta eventualidad, en el local que me tiene usted todavía arrendado, le he dejado preparada una vieja motocicleta que funciona a la perfección, tiene el depósito lleno de carburante, con el puede hacer más de doscientas millas y en una de sus bolsas laterales para portaobjetos le he puesto un plano y le he marcado una ruta a seguir en lápiz rojo para que no tenga problemas con la policía, son calles secundarias y caminos muy poco transitados que le llevarán hasta el lugar-.

-¿Está usted totalmente seguro de la información recibida?-. Insistió Karoli.

-Absolutamente señor, la obtengo de la mismísima policía-.

-Bien, pues dígale a su coger que me acompañe hasta el local, no quisiera deambular por las calles y correr riesgos inútiles-.

-Le acompañará, pero le aconsejo que no salga usted de allí hasta que inicie el ocaso, deberá aguardar todavía unas horas, el chofer le acompañará hasta la salida de la ciudad, a partir de allí podrá continuar solo hasta hallar la cabaña en la que se refugió, pase la noche allí y al día siguiente prosiga, si lo desea, hasta Gbamga, toda la ruta la tiene perfectamente marcada en el plano, ah también le he puesto una brújula para que se pueda orientar mejor-. Thomas sin decir más se dio la vuelta sin mediar ninguna palabra y se marchó de la pieza.

Karoli se puso el papel en el bolsillo y salió de la habitación en dirección a donde estaba el coger y el automóvil que le trajo hasta allí.

Abrieron el portón saliendo a continuación hasta la calle, en un par de minutos estuvieron frente a la puerta del local, el conductor le dijo, por medio de signos, que iría a por el en un par de horas.

Karoli le hizo un gesto con la mano cerrada y el pulgar extendido hacia arriba en señal de asentimiento, aguardó a que se marchara el empleado de Thomas cerró con llave la puerta del lugar y cogió el teléfono celular que le había entregado Millar, a continuación marcó el número que tenia introducido en la memoria de éste y que correspondía a la AMR Co..

-¿Señor Millar?-.

-Dime Karoli, se breve, estoy para entrar a una del Consejo-, dijo en tono algo áspero.

-Señor, he localizado dónde se han refugiado estos dos, mañana me acercaré al lugar, están en una misión de frailes misioneros a bastantes millas de la capital-, informó.

-Bien, elimina como sea a estos dos, luego acércate sus contactos e intenta que se avengan a proseguir el negocio con nuestra sociedad, en el caso de que se negasen, ¡¡elimínalos también!!, no nos conviene en modo alguno, dejar rastros ni testigos, sería un escándalo mundiales se descubriera la trama-, a continuación, sin más dilación colgó.

El sicario se metió el teléfono en el bolsillo y fue a comprobar la motocicleta, halló los planos y la brújula, comprobó el contenido de carburante del depósito y se dispuso a poner en marcha a la misma, cebó el carburador con el pulsador apropósito para ello, apoyó el pie sobre el quick-start y de un golpe seco con el pie, el motor se puso en marcha inmediatamente, la motocicleta era un modelo japonés de los años ochenta, pero que mecánicamente había sido muy bien conservada.

Cerró el contacto para apagar el motor y se concentró en estudiar el plano que le habían preparado. Había sido efectuado concienzudamente, en lápiz rojo habían señalado todas las rutas a seguir y los poblados que por el camino iría encontrando, también el lugar en el que se hallaba la cabaña que ya conocía, todo perfectamente indicado, no había pérdida posible.

Algo después de una hora el automóvil que le iba a guiar hasta la salida de la ciudad, estaba en la puerta, sonó el claxon una sola vez a modo de aviso, Karoli se asomó e indicó al conductor que estaba dispuesto para salir, puso en marcha la motocicleta y salió con ella, cerró el portón del local, montó en ella y siguió al automóvil, que a un paso bastante lento se por un interminable número de callejas muy poco transitadas por vehículos, casi unos cuarenta minutos después dejaban atrás las últimas casas de la ciudad, comenzaba anochecer, en el cenit podía divisarse el disco solar enorme y muy rojo que llenaba de este color todo el cielo, y que lentamente se iba escondiendo más allá del mar.

El automóvil se detuvo justo al acceso de una pista forestal de tierra rojiza, se trataba de la que conducía a la cabaña, pudo identificarla con facilidad en el plano, el coger dio la vuelta al vehículo y regresó de nuevo a la ciudad. Karoli le dio al acelerador de la motocicleta y siguió camino por la pista, al poco tiempo de andar tuvo que encender la iluminación autónoma del vehículo, pudo comprobar que el faro de ésta daba la luz suficiente y ver el camino siempre que se fuera a una velocidad moderada. Consultó de nuevo el plano en un par de ocasiones hasta que halló el lugar donde estaba la cabaña, le sorprendió la minuciosidad con que se había detallado el mapa, tal y como lo hubiese efectuado un profesional de cartografía o un militar.

Abandonó la pista e inició un corto recorrido campo a través por el espeso follaje del lugar hasta llegar a la cabaña, paró el motor del vehículo y lo dejó aparcado junto a una de las paredes de la choza.

Al entrar en el habitáculo prendió la lámpara de petróleo que había dejado sobre la mesa para iluminar el interior, echó un vistazo a su alrededor y le pareció observar que el camastro donde había dormido la noche anterior y le pareció que hubiese sido removido, una de las sábanas estaba tirada en el suelo a un par de metros de distancia del lecho, estaba seguro de no haberla dejado allí, la almohada estaba sobre una de las sillas y en la despensa faltaba una buena parte de la comida que había contenido.

Estaba convencido de que alguien había estado allí, no sabía que pensar, tenía sueño y deseaba descansar, cogió una de las sillas y atrancó la puerta con ella, algunas latas de conserva que había vaciado el día anterior, estaban todavía sobre uno de los estantes de la cocina, las cogió y las puso sobre el postigo entornado de la ventana, con el fin de que si alguien intentaba entrar por ella, la lata cayera al suelo y el ruido que ésta produjera le despertara, luego rehizo la cama, apagó la lámpara y se hechó sobre el camastro vestido y con la culata de la pistola asida con una de sus manos.

CAPÍTULO XXXVº

Uno de los empleados de Thomas le avisó de que tenía la visita de la policía, éste con un gesto indicó a su empleado que permitiera la entrada al agente.

-Gnobo, ¿qué noticias me traes?-, le dijo sin tan siquiera saludarle.

-Me he informado muy bien, a pesar de que hay órdenes de que se lleve todo con extremada discreción, las órdenes proceden de muy arriba, quiero decirte Thomas que personalmente me estoy jugando el cargo y hasta quizás la vida-.

-Puede, pero éste es tu problema, vamos ahora a la información-, dijo con aspereza.

Gnobo encajó el directo, pero se guardó de replicar, sabía como las gastaba su paisano tribal Thomas, por otra parte consideraba que era para él una fuente de ingresos extraordinaria.

-Te explico, en la Comisaría Central, hay órdenes de buscar a un individuo extranjero del que ya te dije, el individuo entró legalmente al país, pero ha cometido ha cometido en nuestro territorio varios delitos ; secuestro y asesinato, la justicia le persigue, a pesar de no existir denuncia oficial por parte de la persona secuestrada-.

-Ésta versión ya me la diste la vez anterior, nada nuevo me das por ahora- dijo con voz ronca denotando que la paciencia se le estaba agotando.

-Permíteme que sigua, solo trataba de fijar los antecedentes. Al parecer un individuo llegó al país con una misión determinada , se le ha visto en compañía de un tal Kieh, éste es el hombre de absoluta confianza del subsecretario de Estado. Corre la voz de que éste aprovecha el cargo para hacer sus propios negocios y quizás también los del Presidente de la República, esto último es una conjetura mía. La pregunta es : ¿El extranjero secuestrado a que vino a Liberia?, segunda cuestión : ¿qué negocios se traen el tal Kieh y el subsecretario?. Por simple deducción solo pueden tratarse de dos tipos de negocios : armas o diamantes.

De todas maneras debe de tratarse de alguna transacción importante y de mucho interés para que alguien haya enviado a un profesional del crimen.

El individuo secuestrado se llama Bergman, de nacionalidad alemana y su compañera o secretaria, es una muchacha holandesa que responde al apellido Rijens. Ambos se han refugiado en le Misión de Gbamga, administrada por unos frailes católicos misioneros muy bien considerados y queridos en la región.

Insisto que debe tratarse de algún negocio muy importante, tenemos órdenes taxativas de mantener un hombre en constante vigilancia en los alrededores de la misión y, otro en el hotel se alojaban para protegerles del individuo que raptó al alemán, el resto de los agentes destinados al caso se dedican a rastrear en busca del extranjero asesino-, concluyó.

-Eso está mejor, es una buena información, pero sigue manteniendo tus ojos y oídos muy atentos, cualquier cosa o suceso que puedas captar al respecto házmelo saber, por poco importante que a ti pueda parecerte. Te aseguro que si esto se desarrolla como estoy pensando, vas a llevarte una buena tajada-.

Gnobo estrechó la mano de Thomas y se marchó.

Mientras andaba a buscar su automóvil, Gnobo pensaba en la posibilidad de dar caza al fugitivo extranjero personalmente, naturalmente nada sabía de que Thomas ya conocía el escondite de éste, pensó que de poderle detener le podría significar un importante ascenso dentro del cuerpo de la policía. Subió al automóvil y puso la sirena del mismo en acción, la ponía siempre aunque no tuviera ninguna llamada de urgencia, era la manera de poder desplazarse rápido por el embarullado tráfico de la ciudad.

Al llegar a la comisaría central, pidió al departamento de Interior toda la información que se dispusiera referente a la Misión católica de Gbamga.

Por otra parte Thomas mandó traer su automóvil BMW, le ordenó al coger habitual que se quedara, condujo el mismo saliendo de laciudad, tomó la pista que llevaba a Gbamga.

Por el camino su pensamiento fue tramando un plan a seguir.

CAPÍTULO XXXVIº

Kieh llamó a Bergman al teléfono que le había cedido. –Señor Bergman, soy Kieh, le llamo para informarle que mañana por la mañana voy a ir al Norte del país para recoger la primera entrega-.

- Bien ,es una buena noticia , llamaré a mi socio para que tenga todo preparado-, evitaban dar demasiados datos por teléfono.

- He pensado que una vez haya recibido la mercancía , haré que me lleven a la Misión donde se halla usted , así de este modo podré comprobar el producto y el peso del mismo.

-Bien pero deberemos ser cuidadosos y discretos, esto es una pacifica misión religiosa y nada saben de mis negocios-.

-No se preocupe, seremos muy discretos, ¿dispone usted allí de un lugar reservado para poder reunirnos?.

-Si dispongo de una habitación no demasiado confortable pero podemos estar en ella,

Le presentaré como un amigo de negocios-.

-Bien, entonces calcule que estaré con usted al final de la tarde, entonces hasta mañana-.

-Hasta mañana amigo Kieh-.

Carl marcó inmediatamente el número de Dieter, desafortunadamente estaba fuera de servicio, luego marcó el número marcó el número del teléfono de la casa.

-¿Hallo?-, dijo una voz femenina.

-Herr Henricks bitte-.

-Eine moment bitte-.

Un largo minuto después otra voz femenina se puso al aparato. -¿Quién llama a Dieter?-, preguntó.

-Soy Carl, Carl Bergman, ¿eres Katerina?-.

-Oh Carl, como estás, Dieter acaba de ir al centro, pero no tardará en regresar, le digo que te llame tan pronto llegue-.

-Si, dile que es preciso que hable con él tan pronto como le sea posible, le he llamado al celular y está fuera de servicio-.

-Cierto, lo ha dejado en casa cargando la batería, pero en menos de una hora estoy segura que regresará-.

-Bien, entonces hasta luego, te mando un beso-. Colgó.

A Carl, le vino a la mente Eva, estaba allí en la habitación contigua a la suya, se sentía defraudado y descorazonado por todo lo que la muchacha le había explicado, en su intimidad había hecho planes para con ella, le había tomado algo más que aprecio, incluso había pensado en ella como su compañera hasta el fin de sus días, su primer y único matrimonio había sido breve y por las circunstancias de la vida penoso y dramático.

Valoraba la valentía con que se expresó para explicarle su implicación en el tema, pensó si debía darle otra oportunidad, quiso convencerse de que debía concederle un poco de credibilidad a su arrepentimiento.

Mientras aguardaba la llamada de Dieter, fue a la habitación de Eva, llamó suavemente a la puerta, al abrirse mostró la imagen de una mujer con los ojos hinchados y enrojecidos, todavía unos gruesos lagrimones descendían por sus sonrojadas mejillas, había estado llorando todo el tiempo.

La imagen de Eva le partió el corazón, abrió sus brazos a la muchacha, ésta al ver el gesto de su amigo se echó a él para que la rodearan con fuerza, seguía llorando desconsoladamente, Bergman sacó un pañuelo del bolsillo para ayudarla a secar las lágrimas, ésta le miró agradecida con la cabeza apoyada sobre el pecho de Carl.

-Ven, vamos a mi habitación, vendrá en cualquier momento Kieh a visitarme, vamos a hablar de negocios-.

-¿Crees que debo estar presente en la conversación?-, apuntó Eva con cierto recelo.

-Naturalmente, he hecho propósito de olvidar todo lo que me contaste al respecto, cuando nos conocimos tu estabas realizando un trabajo que te habían encargado, luego te comportaste con gran valor y honestidad. Ahora las cosas han cambiado para nosotros, ¿es así?-.

-Si Carl, totalmente. He renunciado a mi compromiso con la multinacional AMR Co.-.

Sentados en los pies de la sencilla cama, estuvieron hablando por más de tres horas.

En el entretanto charlaban sonó el teléfono celular, se trataba de Dieter. –Hola ¿Cómo estás?-.

-Bien, me dijo Katerin que me habías llamado-.

-Si, era para informarte que Kieh vendrá a visitarme durante esta tarde, él ahora se encuentra viajando con uno los camiones del ejército para recoger la mercancía que le tienen preparada, me ha in formado que como se halla no demasiado lejos de dónde estoy, vendrá a visitarme, así podré ver la "mercancía" comprobarla y pesarla. Si te parece cuando le tenga aquí ¿Cómo tienes la entrega de la "otra" mercancía?-.

-Bien, todo dispuesto-. –Oye Carl, para efectuar el trueque sugeriría el siguiente procedimiento, veamos que te parece; podríamos enviar la mercancía mediante un avión bimotor que volaría desde las islas Canarias hasta Monrovia, es un bimotor turbohélice A646, algo antiguo, pero en perfecto estado de mantenimiento, es de una compañía alemana, de las conocidas como "piratas", no son miembros de IATA, los propietarios del avión suprimieron en su día los 20 asientos que llevaba para pasajeros y los¡ convirtieron en un carguero, sus tarifas son siempre más bajas que las de las líneas regulares. El presidente de la compañía propietaria es un alemán antiguo piloto de la Luftwaffe, a quién conozco bastante bien y podemos confiar-.

-En principio me parece muy aceptable, ¿Cuántos metros de longitud de pista precisa este aparato para tomar tierra?-.

-Para poder efectuar con seguridad las entregas, se precisaría disponer de una pista de aterrizaje no inferior de los 1000 metros de longitud y que no esté controlada por las autoridades aduaneras del país. ¿Puedes interesarte en ello?, tal vez este personaje que tú conoces, el tal Kieh, pueda tener alguna solución-.

-Ha sido muy oportuno tu comentario, como ya te dije, Kieh está viniendo para acá, lo consultaré y de inmediato te digo algo al respecto, pero no dejes de pensar en otras fórmulas para las entregas, no fuera a ser que la que ahora propones no pudiera tener viabilidad-.

-¿Qué hay de tu joven secretaria?-, pregunto algo socarronamente Dieter.

-Ah muy bien, la tengo aquí a mi lado, ha sido y es una importante colaboradora-, respondió Carl mirando a su vez a los ojos de Eva. Esta se sonrió ligeramente devolviéndole una mirada de agradecimiento.

-Oye amigo-, dijo Dieter,-¿tiene porvenir esta relación o acaso es circunstancial?-.

-Todavía no puedo decirte nada al respecto, ya se verá vamos a darle tiempo-.

-Bien, llámame tan pronto tengas noticias a lo que acabamos de comentar-.

Berkman guardó su teléfono en el bolsillo del pantalón, se acercó a Eva y cogiéndola de la mano la dijo:- ¿Te apetece salir a dar un paseo por los alrededores de la Misión?-.

-Si me encantaría-.

Salieron de su habitación y buscaron al hermano Heinz, lo hallaron en la enfermería enseñando a unos adolescentes a efectuar vendajes y primeros auxilios.

Buenas tardes hermano Heinz, ¿le apetecería a usted dar un paseo con nosotros y mostrarnos la población?-.

-Si encantado en acompañarles, aguarden unos minutos a que acabe el cursillo que imparto a estos muchachos, el año que viene van a ser enfermeros auxiliares y su colaboración será muy importante para esta población, vamos a inaugurar otro ambulatorio de primeros auxilios y ellos estarán al cuidado, aguarden unos pocos minutos, pueden sentarse en este banco-, les dijo señalando uno de madera.

-No tenemos prisa alguna, puede usted seguir impartiendo su clase-.

Pocos minutos después, el hermano Heinz había finalizado el cursillo, se acercó a sus amigos acompañado de sus alumnos, -ahora que ya acabé, estoy a disposición de ustedes, síganme-.

Salieron por la puerta principal acompañados de los muchachos, allá fuera estaba también el chofer Canuté limpiando su taxi, éste les saludó sonriendo levantando una mano, enfilaron por la calle principal de la población, las calles estaban pavimentadas con una especie de adoquines planos así como también las aceras, estaban provistas de alcantarillas, y en cada extremo de las calles había una fuente publica. La mayor parte de las casas eran de una sola planta construidas con ladrillos, disponían de agua corriente, con los años aquellos misioneros habían diseñado y construido un sistema de almacenamiento para las abundantes aguas pluviales procedentes de las tormentas tropicales, tan frecuentes en la zona, era suficiente para abastecer a la población, ante el aumento urbano incorporaron un sistema de extracción de aguas mediante pozos con estaciones de bombeo que mantenían la reserva hídrica necesaria, capacitaron a cinco nativos para efectuar el mantenimiento y cloración, llegando a tener unos de los abastecimientos de agua más efectivos y modernos del país, aquel mísero poblado de

Antaño, se había convertido en una próspera y activa población agrícola de unas mil doscientas almas, que ni tan siquiera la próxima ciudad de Gbanga podía competir con ella.

Heinz les fue explicando la evolución que a través de los años aquel suburbio de Gbanga había ido experimentando de la mano de los múltiples misioneros que fueros destinados a aquel rincón del mundo. Carl y Eva estaban impresionados, jamás podrían haber adivinado que una iniciativa tan pobre en recursos, aquellos sacrificados hombres buenos, pudieran haber alcanzado metas tan efectivas y sociales. Así se los expresaron a su acompañante.

Poco a poco fueron regresando a la misión, en la puerta de la misma había un automóvil Mercedes Benz negro estacionado, Carl pensó inmediatamente que con toda probabilidad se trataba de Kielh que había llegado, llamaron a la campanilla y en instante se abrió la media hoja del portón. Dentro de una salita estaba Kieh.

Carl se acercó a éste y estrechándole la mano le dio nuevamente las gracias por sus desvelos. Le invitó a entrar en su habitación, acompañándoles Eva, no sin antes haber presentado al hermano Heinz.

-Le estamos muy reconocidos por toda la ayuda en este lamentable suceso, en especial la señorita Eva a la que usted le prestó el primer apoyo-, dijo Carl.

-No tiene importancia alguna-. Junto a él sobre el asiento de una silla inmediata, tenía un pequeños¡ saquito de yute blanco que cerraba el lazo de una cinta de cuero. Lo cogió entregándoselo a Carl.-Tenga, cójalo y ábralo-.

Carl cogió el saquito y deshizo el lazo, abrió con ambas manos la boca del envoltorio, en la estancia no había demasiada luz, se acercaron los tres a la ventana que daba al exterior, metió la mano hasta el fondo del mismo, palpó algunos objetos que le parecieron unas piedras frías, como si fueran canicas de vidrio, agarró un puñado de ellas y las sacó al exterior, abrió la mano y allí estaban unas cinco piedras transparentes, algo parecidas a los cristales de cuarzo, de diversos tamaños, la mayor no media más de ocho milímetros de altura en una de sus caras, extendieron sobre una mesita un pañuelo blanco que llevaba Eva en su bolso y depositaron allí a todas ellas, Carl volvió a poner su mano dentro del saquito y sacó el resto, unas seis piezas más, todas eran de un ligero tono amarillo, pero una destacaba sobre las demás, era la más grande de todas, andaría rondando los 12 milímetros de diámetro pero la particularidad que les distinguía del resto, era el color, era totalmente negra y brillaba mucho más que el resto a pesar de no haber sido tallada.

Carl, al verla, pegó un respingo, no se pudo contener,- Dios mío-, exclamó,- es un diamante negro, una de las escasas rarezas de la naturaleza, vale tres veces más que cualquiera de los otros-.

Kieh, sacó una balanza electrónica de precisión que llevaba dentro de un maletín, la depositó en la mesita y se dispusieron a pesar aquellas preciosas piedras una a una. Venían a pesar algo más de 350 gramos, una fortuna. Anotaron el peso en un pequeño cuaderno que Eva llevaba.

-¿Qué le parece Carl?, de me su opinión-dijo Kieh.

-Estoy realmente sorprendido, no pensaba que pudieran obtenerse piedras de este tamaño veamos que dice nuestro socio y experto Devries, el es una autoridad en la materia, es un inicio perfecto. Voy a llamar a Dieter ahora mismo-.

Carl estaba algo excitado ante la perspectiva de negocio que adivinaba, con unas diez entregas como aquella les convertirían en inmensamente ricos. Cogió de nuevo el teléfono para llamar a su socio.

-Dieter, el señor Kieh acaba de mostrarme la mercancía-Carl estaba algo excitado.

-Y bien ¿qué impresión has sacado?-.

-Fantástica, pero en especial una de las piezas es de color negro, tiene un brillo inusual a pesar de no haber sido tallada todavía que la distingue de todas las demás-,

Siguió diciendo Carl.

-Eso que me dices es muy bueno, pero el dictamen de las calidades y la valoración real de mercado lo deberá efectuar Devries, él es el experto.

-Si, naturalmente. Aguarda un minuto voy a consultar a Kieh lo de la pista de aterrizaje.

-Señor Kieh, mi socio me propone efectuar la primera entrega de armas transportándolas con el avión de una línea aérea de un amigo nuestro, mañana podría estar aquí, pero me pide si es posible hallar una pista de aterrizaje privada el avión pertenece a una de estas líneas que podríamos llamar "piratas", en una palabra que no es miembro de IATA y, de hacerlo en el aeropuerto de Monrovia quizás pudiera tener algún problema de documentos con las autoridades-.

-Déjeme que piense-, dijo Kieh. Unos segundos después dijo : -Existe una pista forestal que tiene una recta de varios kilómetros, no muy lejos de aquí, en la llanura de Muntogo, esta pista fue abierta hace muchos años para que los camiones de Firestone transportaran las cosechas de látex hasta las factorías de proceso, eran pistas bastante anchas y el firme se cuidaba con bastante frecuencia, ya que los transportes eran muy pesados, hace bastante tiempo que no paso por allí, no se que tal estará, últimamente las utilizaba el ejército para aproximarse a las montañas donde se refugia la guerrilla rebelde. Aguarden un poquito, tengo buenas amistades en el ejército, llamaré a uno de los capitanes de las patrullas para que me informe-.

Kieh cogió el teléfono celular y llamó a un número de Monrovia, estuvo hablando unos minutos con una lengua que los presentes desconocían, guardó el teléfono en el bolsillo y se dirigió de nuevo a Carl, -Me han informado de que la pista en cuestión, está en un estado de conservación bastante regular, que un vehículo rodado puede utilizarla con bastante seguridad, pero ignoro si puede ser apta para ser utilizada por un avión-.

-Voy a comunicarlo ahora mismo a Dieter, vamos a ver que solución nos aporta-. Bergman cogió el teléfono y marcó un número de Berlín. Acudió al teléfono su socio :- Dieter, estamos viendo cómo solucionamos lo de la pista de aterrizaje. Hay una pista forestal con una recta de varios kilómetros en una zona llana al Norte del país, fue en su día transitada por camiones de gran tonelaje, nos han informado que su estado de conservación es regular, actualmente es utilizada en algunas ocasiones por el ejército-.

-Bien, pienso que puede sernos útil, pero voy a intentar haber si pillo todavía a mi amigo el propietario, el puede tener medios de localizarla a través de Internet con algún programa que conecta vía satélite. Os llamo tan pronto haya podido hablar con él-.

Dieter llamó a un número de Canarias, tuvo la fortuna que su amigo todavía se hallaba en la oficina y pudo exponerle el presunto problema de la pista.

-Aguarda Dieter-, le dijo mientras , -hablaban estoy abriendo el programa de Internet que tengo en mi PC, ya estoy en el satélite, me dices que se halla al norte del país ¿no?-.

-Si, esto es lo que me han informado-.

-Ya la tengo, aguarda, estoy aumentando la imagen para poder ver el pavimento, ya lo veo, es de tierra, no está mal, presenta algún bache pero no son demasiado peligrosos, podríamos darla por aceptable, diles a tus amigos o clientes que es afirmativo, ya he tomado nota de las coordenadas a través del GPS y en cuanto me lo ordenes puedo volar hasta allí, únicamente deberán de disponer de un transporte a pie de pista para cargar la mercancía que les llevaremos, la descarga y carga, deberá efectuarse con suma rapidez y eficacia , ya que deberemos levantar el vuelo inmediatamente, los motores del aparato permanecerán encendidos y, antes de proceder a la descarga, el aparato efectuará la maniobra de emplazamiento para despegar por cuestiones de seguridad, no quisiera tener dificultades con las autoridades del país, ya que no disponemos de licencia para entrar en su espacio aéreo-.

-Entendido, más tarde tendrás noticias mías-. A continuación el berlinés llamó a Carl.

-Carl, acabo de hablar ahora mismo con el director de la compañía aérea, está de acuerdo en poder tomar tierra en la pista propuesta, la ha identificado fácilmente por Internet, me ha dado algunas instrucciones, breves pero concisas que ahora te cito:.Debemos darles una fecha exacta para el lugar de la recogida y entrega, el vuelo partirá de un aeroclub de Canarias, alrededor de las 9.00 horas de la mañana, la duración del vuelo será alrededor de unas cinco horas, quiere decir que la gente en Liberia deberá estar dispuesta en la pista una hora antes de lo previsto. En el caso de que durante la maniobra de acercamiento el comandante de la nave avistara alguna anomalía en tierra y, que a su criterio considerara que pudiera ser peligroso para el aterrizaje, abortaría éste y se marcharía a algún país vecino para repostar y volver a intentarlo al día siguiente-.

-Entendido, ahora le voy a explicar al señor Kieh y más tarde te llamamos-.

-Bergman contó a su interlocutor la parte de la conversación mantenida con su socio que éste no había podido oír, Kieh entendió perfectamente las instrucciones, se quedó unos instantes meditabundo, luego se sentó en la silla y le dijo a Carl:.-Puede dar usted confirmación y aceptación a las instrucciones que le ha dado su socio, podemos fijar como fecha para la operación ; pasado mañana a partir de las nueve horas locales, tendré junto a la pista, camuflado entre árboles, un camión del ejército con cinco soldados de mi entera confianza, será el mismo que utilizaremos luego para transportar las armas al lugar de entrega, allá en las montañas-.

-Bien luego le voy a llamar para decírselo y posteriormente le informo a usted-, apunto Carl.

Kieh estrechó la mano a Carl y Eva, se despidió y le acompañaron hasta la puerta. A la salida de la Misión, Kieh pudo advertir un automóvil estacionado discretamente a unos cien metros de distancia con un hombre de su misma raza en el interior, se trataba de uno de los agentes que había encargado mantener en constante vigilancia del lugar y protección de sus huéspedes. Subió a su automóvil para regresar a la capital.

CAPITULO XXXVIIº

Karoli se despertó temprano, echó un vistazo a su alrededor, todo estaba normal. Sentado al borde del camastro en el que había dormido se desperezó, cogió un cubo de plástico y se fue a por agua al río, por el camino encontró un árbol de mangos, cogió algunos que le parecieron maduros y los metió en el bolsillo de sus pantalones.

Después de asearse y desayunar, volvió a coger la motocicleta para ir hasta Gbamga, no sin antes dejar preparadas unas ingeniosas trampas en las ventanas y la puerta para cerciorarse de que alguien pudiera haber entrado en su ausencia, en el suelo esparció puñados de harina que encontró en la despensa de la cocina, con el fin de poder detectar las posibles huellas que pudiera dejar un intruso.

Arrancó para regresar a la pista forestal que le indicaron en el mapa, luego siguió en dirección norte tal y como venía señalado en lápiz rojo. Procuraba no excederse en la velocidad, por diversas razones, la primera y principal; por que el estado de la pista no permitía desarrollar demasiada velocidad so pena de jugarse la vida, desplazarse moderadamente y no exigirle a la motocicleta toda su potencia, generaba ésta mucho menos ruido, no le interesaba al serbio anunciarse demasiado, debía pasar completamente desapercibido y otra razón no menos importante era que a menos velocidad, menos consumo de carburante, necesitaba mantener la mayor reserva posible de gasolina.

Pasó cerca de algo que le pareció ser una aldea habitada, se olía a madera quemada y se podía apreciar algo de humo, evitó acercarse a ella, desconocía como reaccionaban aquellas gentes ante la presencia de un extraño si además éste era de raza blanca, había oído contar historias truculentas de aquel país. Cuando llegó por primera vez a él le extraño lo avanzado que éste estaba, desde su ignorancia africana siempre había creído que en Africa solo era selva, desierto y cabañas llenas de negros salvajes caníbales, a excepción de Sudáfrica que contenía una amplía población de raza blanca dominante. Había creído que Liberia era uno de estos países lleno de salvajes, algo así como había visto de jovencito en alguna película de Tarzán.

La primera sorpresa la tuvo en el aeropuerto, que aunque pequeño era bastante moderno, luego la ciudad, algo descuidada, estaba bastante bien organizada, la huella americana de los negros libertos que fundaron el país estaba presente en sus calles, se distinguía de algunas ciudades europeas por sus árboles y colorido así como el bullicio y suciedad que reinaba en sus calles.

Algunos kilómetros más adelante la pista quedaba cortada por un ancho río, consultó el mapa, allí estaba, era un afluente de uno de los grandes ríos del país, el Sant Paul que bajaba desde las montañas del norte del país en sus límites con Guinea Conakry y, discurría suavemente por la prolongada y suave pendiente hasta fundirse en sabana a su llegada a la ciudad de Monrovia.

El río no dejaba de ser un inconveniente, desconocía la profundidad del mismo. Dejó la motocicleta entre unos matorrales de la orilla de la pista, se descalzó arremangándose las perneras del pantalón hasta las rodillas y acercándose a la orilla se metió con sumo cuidado dentro del agua. Ésta estaba a una temperatura bastante agradable, alrededor de unos 25º C, miró a su derecha e izquierda, nada de particular, no olvidaba del susto que aquel cocodrilo le había dado un par de días antes cerca de la cabaña.

El caudal transcurría lentamente, la profundidad no sobrepasaba, por el momento, los cuarenta centímetros, siguió adelante, casi había llegado a la otra orilla y la profundidad seguía siendo la misma.

Dio media vuelta para regresar al lugar de partida, pensó que podría vadearlo con la motocicleta, restableció en su lugar el bajo de su pantalón y se puso los zapatos. Sacó la motocicleta del escondrijo y después de ponerla en marcha inició la aventura de cruzar el río. Lo hacía con gran lentitud, el agua no llegaba más allá del eje de las ruedas, se puso de pié sobre las estriberas de la montura para aumentar el equilibrio, tal como si estuviera haciendo Trial, finalmente llegó a la otra orilla y continuó por la pista forestal.

Casi una hora después, comenzó a divisar a pocos kilómetros algunas casitas típicas de la zona, y algunos campos de cultivo, cosa que le sorprendió, jamás hubiese podido imaginar que en aquella inhóspita tierra pudieran haber cultivos como los que los campesinos europeos venían efectuando desde siglos. Algunos campos anegados de agua eran arrozales, la comida básica africana, también maizales y cafetales, a su izquierda un verdadero bosque de árboles frutales de distintas familias, bien alineados y cuidados, frutos todos ellos tropicales, más allá a su derecha unos pastizales en los que se podía ver ganado vacuno pastando, se trataba de cebús. Estaba sorprendido.

La pista desembocaba en una calle del suburbio de la ciudad de Gbanga, aminoró el paso de su vehículo e inició la circulación por aquella calle, que estaba enumerada, al estilo de muchas de las ciudades de los EE.UU. de Norteamérica, esta era la Quinta. Circulaba con suma precaución, y procuraba no hacer demasiado ruido, no sabía si allí todavía le andaba buscando la policía. Era todavía muy temprano y la población aún no estaba en plena actividad, en alguna ocasión pudo ver a algún campesino empujando un carrito con aperos propios de trabajo en el campo.

Súbitamente le pareció oír el sonido de unas campanas, no muy lejos de donde se hallaba, frenó y paró el motor del vehículo para poder oír con mayor claridad y orientarse, estaba seguro que procedían de la Misión, se hallaba en un país en que predominaba la religión musulmana, por lo tanto pocas iglesias y campanarios podrían haber en la ciudad, le pareció que los tañidos procedían del sur de la población, no lejos de donde él se hallaba, volvió a poner en marcha la motocicleta y enfiló cuidadosamente una calle central algo más ancha que la anterior, unos trescientos metros después divisó el blanco campanario de la misión. Unos cien metros después estacionó la motocicleta apoyándola en le tronco de un grueso árbol y se puso a caminar arrimándose a las paredes de las construcciones. Le llamó su atención el tipo de construcción de las casas, eran de total diseño europeo, de una sola planta y con paredes de ladrillo cocidos. Caminaba con cautela mirando en todas direcciones, se cruzó con dos mujeres que llevaban algunos fardos sobre sus cabezas.

Casi al tocar las paredes de la misión vio un automóvil negro estacionado a pocos metros de la puerta principal, se acercó con cautela para inspeccionar de más cerca su interior, dentro se hallaba un hombre de raza negra adormilado sobre el volante, aprovechó que estaba dormido para mirar con atención, sobre el asiento posterior había una gorra de blanca con visera de hule negro que tenía un escudo prendido en su arte frontal, pertenece a la policía, se dijo entre si, dio media vuelta y fue a rodear el edificio, quería inspeccionar los puntos débiles del mismo, vio en la parte posterior de la edificación algunas ventanas fáciles de acceder. Luego regresó donde había dejado la motocicleta y se marchó con ella fuera de la población, pensaba regresar a la caída de la tarde.

CAPÍTULO XXXVIIIº

El bimotor despegó del aeropuerto canario alrededor de las ocho de la mañana, previamente el piloto, un joven alemán de unos treinta y cinco años había presentado el plan de vuelo, los libros del avión y los de los motores para que le fueran certificadas las horas de vuelo. Mientras se entretenían en esta operación, unas de las compañías de servicios aeroportuarios cargaba cinco grandes cajas en la bodega de la aeronave. El copiloto se responsabilizó de la sujeción de la carga en el interior del avión, la mercancía debía quedar firmemente sujeta, un corrimiento de ésta en pleno vuelo podía ser muy peligroso.

Una vez se hubieron acabado todos los trámites, procedieron a efectuar las maniobras necesarias para el despegue. Abrieron el manual de procedimiento del avión siguiendo rutinariamente todas las instrucciones, finalmente pusieron en marcha los dos motores turbohélices que rugieron al primer intento produciendo un ligero temblor en la nave.

Suavemente se situaron en la cabecera de la pista aguardando que desde la torre les dieran la orden de despegue. No demoraron demasiado la autorización, aceleraron los motores y soltaron los frenos, la nave experimentó un fuerte empujón iniciando su rodadura por la pista, al llegar por la mitad de la misma el aparato inició la elevación, los motores en aquellos momentos eran requeridos en toda su capacidad de potencia, al llegar a la altitud deseda, fijaron el piloto automático, introduciendo las coordenadas que correspondían a la pista forestal donde debían tomar tierra : 6º 23´19.73" Norte y 10º 41´00.06 Oeste.

Ministras en Liberia, Kieh tenía dispuesto un camión del ejército junto a una espesa arboleda vecina a la pista, el personalmente supervisaría toda la maniobra de entrega. Un jefe de la guerrilla, destinatario final de la mercancía, le acompañaba.

Alrededor de las trece horas se oyó el rumor cadencioso y lejano del bimotor, cinco minutos más tarde aparecía sobre la pista a unos 300 metros de altitud, dio una vuelta de reconocimiento, el piloto Meter Wisert no observó nada anómalo que le infundiera desconfianza, uno de los soldados salió a la pista con un lienzo blanco en señal de que no había nada que impidiera la toma de tierra, el piloto efectuó un movimiento lateral a un lado y otro con el aparato en señal de asentimiento, acabó la maniobra de aproximación y tomo tierra sobre aquel irregular firme levantando una formidable nube de polvo rojo. Recorrió unos doscientos metros y dejó el aparato en posición de despegue y los motores al relantí. Mientras el camión salió de la espesura acercándose con rapidez a la escalerilla de la compuerta que uno de los pilotos había abierto.

En un santiamén bajaron las cajas y las depositaron en la parte posterior del transporte militar, no tardaron más de diez minutos en ello, unos nubarrones que aparecieron durante la descarga comenzaron a descargar agua con bastante fuerza, la clásica tormenta tropical, el piloto subió la escalerilla y cerró rápidamente la compuerta del avión, le requirió toda la potencia a los motores y despegó a toda prisa, este tipo de tormentas inundan el suelo con gran rapidez y podría encontrarse atrapado por el barro, tomó velocidad recorrió unos trescientos metros de la pista y acto seguido el aparato levantó el morro e hizo el resto de operaciones de replegado del tren de aterrizaje al mismo tiempo que iniciaba la maniobra de tomar el rumbo de regreso a Canarias, no sin antes hacer una escala por el camino para repostar.

El camión se dirigió al Norte del país en la zona de montañas para entregar la carga que llevaba. Las armas fueron revisadas y comprobado el funcionamiento de cada una de ellas, el resultado fue satisfactorio, Kieh fu felicitado por ello por el propio jefe de la guerrilla.

Kieh regresó a Gbanga con el mismo transporte militar, llegó bien entradas las ocho de la tarde, cuando el sol indicaba su rojo ocaso. Ordenó a los soldados que regresaran a Monrovia, él regresaría con el automóvil del policía que tenía destinado a proteger la misión.

Tiró de la cadenilla de la puerta de la misión que hacía sonar la campanilla, al poco le habían franqueado el paso al interior.

El muchacho que abrió el portalón ya le conocía y le acompañó hasta la puerta de la habitación de Carl, llamó a la puerta y abrió el propio ocupante, éste al ver a Kieh no pudo reprimir su alegría, había estado todo el día intranquilo pensando en la entrega de las armas.

-Pase amigo Kieh, pase usted y cuénteme cómo se ha desarrollado todo-, le dijo.

-Mejor imposible, todo se ha desarrollado a la perfección, la entrega se ha efectuado en menos de quince minutos, mayor rapidez imposible. Es un placer trabajar con ustedes, nada que objetar-.

-No puede imaginarse cuanto me complace oír de usted lo que acaba de contarme, en nombre de mi socio y mío, le quiero expresar nuestro agradecimiento por todas las atenciones que ha tenido con nosotros y su lealtad, y también con la señorita Rijens en todos los sucesos acaecidos-.

Carl le propuso celebrar el buen fin de la entrega yendo a cenar fuera, llamó al hermano Heinz, vino al momento. –Hermano, no se si conoce usted al señor Kieh-, le dijo a modo de presentación.

-No personalmente, me había hablado usted de él en varias ocasiones-, dijo acercándose a Kieh para estrecharle la mano, sea usted bienvenido a esta sencilla casa y, personalmente le agradezco cuanto ha hecho por nuestro amigo y compatriota mío.

-Hermano Heinz, ¿existe en la población algún restaurante donde podamos ir a cenar?.

-Si hay uno no demasiado lejos de la Misión, está en el casco de la ciudad antigua, sirven comida típica del lugar, o sea africana, creo que les puede gustar si sus estómagos toleran el picante, Canuté, el taxista podrá llevarles, conoce bien el lugar-.

-¿Le apetecería acompañarnos?-, le preguntó Carl.

-Oh, gracias es usted muy amable, pero hoy precisamente tengo una reunión con los padres de mis alumnos que me impide poder acompañarles, en otra ocasión será-.

-Voy a llamar a la señorita Rijens, no se vaya todavía hermano Heinz, le necesito solo unos minutos-.

Heinz y Kieh se miraron algo sorprendidos mientras Carl salía de la habitación en busca de Eva. Carl regresó con ella manteniéndola cogida de la mano. –Hermano ¿podría usted casarnos mañana por el rito católico?-.

Eva se quedó de una sola pieza, no estaba preparada para ello, al igual que los otros dos ocupantes de la habitación. –Pero Carl, no se que decir, es una sorpresa que no esperaba-, dijo casi balbuceando y sonrojada.

-No te había dicho nada hasta ahora, he estado meditándolo por mucho tiempo, tengo pensado regresar a Europa pasado mañana y me agradaría hacerlo en tu compañía y para siempre-, le dijo Carl con una sincera sonrisa, -¿qué me respondes?-.

-Me halaga y me emociona tu propuesta, que sin duda sale de tu corazón, pero me gustaría poder hablarlo contigo en privado-, repuso Eva con cierto rubor.

-Estoy de acuerdo, discúlpame quizás no he estado oportuno en el momento para pedirte en matrimonio y, considero justo lo que tu dices de hablarlo privadamente. Bien ahora nos vamos a cenar fuera con el señor Kieh, es un pequeño obsequio que deseo hacerle para mostrarle mi gratitud a todas sus atenciones, el hermano Heinz nos ha recomendado un restaurante típico africano en la población-.

-Gracias, pero vayan ustedes, tengo una fuerte jaqueca y posiblemente no sería una compañía demasiado animada, quizás les fastidiaría la fiesta-, dijo Eva con naturalidad.

Carl se quedó algo cortado, pero reaccionó con prontitud: -no debes preocuparte, acuéstate si ello va a mejorar tus dolores y mañana seguimos con lo que se ha interrumpido ahora-.

Eva se despidió y se excusó de Samuel Kieh, con un –hasta mañana- lo hizo de Bergman.

Los dos hombres salieron del recinto y tomaron el taxi de Canoute.

Eva fue de nuevo a su habitación para ducharse y luego meterse en la cama para descansar y meditar sobre lo que Carl le acababa de proponer.

Tumbada sobre la cama y algo más relajada, entró a considerar varios aspectos a valorar; éste hombre que al principio de conocerle le había considera un producto, un producto del proyecto de investigación que le encargaron, luego fueron precipitándose los acontecimientos. Eva había ido tomándole afecto a su relación con Carl, incluso había llegado a admitir vivir una temporada con él en calidad de amiga-am,ante, pero jamás le pasó por la cabeza un matrimonio con Carl ni con ningún otro hombre.

La naturaleza había sido sumamente generosa en su aspecto físico, la había dotado de un aspecto propio de una diosa rubia del Olimpo griego, un cuerpo casi perfecto, sin embargo con condición sexual era ambigua, en el internado universitario había tenido sus primeros escarceos sexuales con algunas de sus compañeras de curso en la intimidad de su habitación, habían sido algo así como satisfactorias, también había probado con alguno de los muchachos del campus, que anhelaban medio embobados, que Eva les permitiera salir con ella, se había sentido decepcionada, eran muchachos jóvenes e inexpertos y poco delicados, no le habías dado el trato sensible y cariñoso hallado con las compañeras femeninas.

Con Carl todo fue nuevo, la trató siempre con suma delicadeza, respeto y cariño, había sido diferente a todo lo demás. No podía obviar la reacción tan humana que Carl tuvo cuando ella le relató, a verdad de su comportamiento respecto a él, había recibido una gran lección cuando después de todo le abrió los brazos para acogerla. Con estos pensamientos se quedó felizmente dormida.

El sol había llegado al ocaso en tu totalidad, le substituía una lechosa luna llena que esparcía sus albos rayos sobre la población agigantando las sombras del arbolado. Reinaba un silencio casi palpable interrumpido de vez en cuando por el chillido de algún animal de pluma incómodo con el lugar elegido para pasar la noche.

Una silenciosa sombra humana fue acercándose a la misión con cautela, aprovechaba cualquier rincón o sombra para desaparecer del campo de visión del policía que vigilaba desde dentro del automóvil.

La sombra pertenecía al serbio Karoli que había permanecido todo el tiempo oculto en un bosquecillo cercano a uno de los campos de labranza de la población, aguardó a que anocheciera, éste pegó su espalda al muro posterior del edificio justo debajo de dos ventanas que no estaban provistas de rejas, ambas estaban abiertas de par en par, la noche era calurosa, únicamente una ligera tela metálica evitaba que los mosquitos y otros dañinos insectos pudieran penetrar impunemente.

Intento alcanzar el borde de una de las ventanas haciendo puntillas, pero le faltaban algo más de treinta centímetros, miro a su alrededor y pudo distinguir un poco más allá una gruesa piedra, fue a por ella y como pudo la cargó entre sus brazos, evidentemente era un individuo dotado de una fuerza descomunal, aquella piedra posiblemente pesara algo más de setenta kilos.

Por fortuna a sus intereses, el muro posterior del edificio estaba en el lado contrarío

a la dirección de los rayos lunares por lo que la luz allí estaba sumamente mermada, depositó la piedra debajo de una de las ventanas, se subió en ella y comprobó que alcanzaba perfectamente el pequeño rellano que ésta tenía.

Apoyó ambas manos en las esquinas del rellano y de un ágil salto de encaramó en él, echó mano a un cuchillo que llevaba en uno de sus bolsillos y lo desplegó, de un tajo cortó la malla antiinsectos que le permitió entrar libremente en el recinto. Ya en su interior comprobó que las dos ventanas daban a un largo corredor que tenía algunas puertas cerradas, reinaba un silencio absoluto, anduvo unos pasos por el corredor, al llegar a la primera puerta, la abrió procurando efectuarlo en el más absoluto silencio, la habitación le pareció que estaba casi vacía, reinaba la oscuridad en ella y no era demasiado fácil distinguir los objetos que contenía, la cerró de nuevo y continuó su andadura, unos pasos más allá otra puerta, ésta estaba acristalada y un cartel pegado al vidrio ponía : Enfermería, la abrió efectivamente el olor a medicamentos que desprendía avalaban el rótulo, no se entretuvo, tenía ansiedad para hallar a las dos personas a las que iba a quitar la vida luego desaparecería del país.

El final del corredor deba a una escalera de madera que llegaba al piso superior, Kalori apoyó el pie sobre el primer peldaño, pero sus zapatos producían algo de ruido, se descalzó, mantuvo ambos con su mano izquierda, en la derecha sostenía el cuchillo con el que había rajado la mosquitera de la ventana. Inició el ascenso hasta llegar a una sala de la que tenían acceso varias puertas. –Podían tratarse de las habitaciones-, pensó el intruso, abrió una de ellas y efectivamente vio en ella una cama vacía y una mesita de noche, la siguiente era otra habitación, sobre la cama, había un individuo adulto durmiendo a pierna suelta, prendió un segundo la linterna para poder identificar al sujeto y la apagó de inmediato, había podido comprobar que no se trataba de ninguna de las dos personas que andaba buscando, rápidamente cruzó la sala para inspeccionar el resto de las puertas , abrió la última, allá estaba, ara la habitación que Eva utilizaba, entró cerrando luego la puerta, dejó sus calzado en el suelo, junto a la puerta y sobre sus puntillas se acercó al lecho.

Prendió por un momento la linterna pudiendo comprobar que se trataba de uno de sus objetivos, luego girando sobre si mismo iluminó el resto de la habitación, vio en una de las paredes una ventana abierta, se asomó a ella y pudo distinguir que daba a un pequeño patio cerrado por una empalizada de troncos verticales y montoncitos de leña cortada para utilizar en las cocinas.

De nuevo dirigió su atención a la cama, allí estaba dormida la muchacha que le había gastado aquella jugarreta, cuya consecuencia había provocado el enojo de su cliente, se situó muy cerca del borde de la cama, en aquel momento Eva, que estaba acostada sobre su lado derecho, fue a cambiar de posición, el serbio interpretó que iba a despertarse, de un salto subió sobre ella tapándole a su vez la boca con una de sus manazas.

Eva todavía con el corazón dormido, abrió los ojos, débilmente pudo atisbar el rostro de su agresor que estaba a pocos centímetros del suyo, lo distinguió inmediatamente e intentó gritar con todas sus fuerzas, imposible, aquella mano le tenia sellada la boca, trató de expulsar de su cuerpo al individuo que tenia encima, arqueando el vientre trató de expulsarle de encima, pero aquel individuo sobrepasaba los cien kilogramos y tenía una fuerza demoledora, sus brazos estaban libres luchó hasta la extenuación, en una de las ocasiones clavó las uñas en una de las mejillas del asaltante arrancándole una buena parte de la piel.

-¡¡Maldita puta holandesa!!!-, gritó Karoli ciego por el dolor que aquel arañazo le había causado.

Repentinamente oyó pasos y voces en las escaleras de madera.- Debo acabar pronto-, se dijo.

Con el cuchillo cortó de un solo tajo la yugular y la tráquea de su presa, ésta de inmediato dejó de moverse, de succionada carótida súbitamente comenzó a manar un chorro de sangre en los dos últimos movimientos sistólicos de su corazón. Karoli de un felino salto se alejó de la cama, fue a la ventana y saltó de ésta al vacío, pensando que regresaría a por el otro.

Por las escaleras de madera subía Carl acompañado del padre Anastasio que le abierto la puerta a su regreso de la cena con Kieh, éste último acababa de partir para la capital en el taxi con Canuté. Subía con parsimonia las escaleras cuando repentinamente oyeron un fuerte aullido que le pareció humano, ambos atónitos se miraron sorprendidos sin explicarse el motivo de aquel desgarrador grito, acabaron de subir los pocos escalones que quedaban hasta llegar al rellano en el que estaban las puertas de algunas de las habitaciones, tuvo una corazonada, llamó a la puerta de Eva, nadie respondió, lo cual le alarmó, el corazón le dio un vuelco, abrió la puerta, la cámara estaba a oscuras pero la poca luz que se colaba a través de la puerta abierta que procedía de donde instantes antes se hallaban Carl y Anastasio, le permitió a éste ver vagamente la figura de Eva sobre la cama, se acercó sin hacer ningún ruido, no deseaba en modo alguno interrumpir el sueño de la muchacha.

Se acercó lentamente, el hermano Anastasio se quedó en el umbral de la puerta, cuando estuvo a poca distancia de la muchacha le pareció ver algo oscuro alrededor del cuello, le pasó la mano por encima, como si quisiera acariciar el cuello y notó algo viscoso que humedecía su mano, su interior le dijo que algo andaba mal, repentinamente le vino a la mente el individuo que la había raptado, metió una mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su encendedor, lo prendió, la llamita iluminó casi toda la habitación, se quedó atónito, sin habla, el dantesco y horrible espectáculo que había aparecido le heló la sangre, el hermano Anastasio, comenzó a correr y gritar como un poseso: -¡¡¡ socorro, socorro ¡!!-.

El griterío hizo despertar a toda la misión, el hermano Heinz fue el primero en acudir, se encontró con Anastasio por el pasillo, le sujetó por los hombros sacudiéndole para que reaccionara mientras le preguntaba, -¿qué ocurre hermano?-.

-¡¡Alguien ha asesinado a la señorita Rijens!!, está bañada en sangre sobre su lecho!!-.

-Pero, pero..¿qué está diciendo usted?-.

-Lo que oye hermano Heinz, está sobre la cama tumbada, bañada en un gran charco de sangre-.

Ambos echaron a correr en dirección a la habitación. Al llegar a ella, hallaron a Carl arrodillado junto a la cama con las manos en la cabeza sollozando, le llamaron por su nombre y nos les hizo el menor caso. Heinz se aproximó al cadáver, le tomó el pulso, no percibió ningún síntoma de latido, le pidió a Anastasio que trajera una farola con luz, éste le trajo uno de la habitación contigua, Carl seguía arrodillado bañado en lagrimas y profiriendo profundos sollozos, Anastasio intentó levantarle para sentarle en una de las sillas de la habitación pero rechazó con brusquedad la ayuda.

La luz aportó una perspectiva más cruda al horror de la escena. Se apreciaba un profundo tajo efectuado por arma blanca que había seccionado limpiamente la tráquea y una buena parte de las arterias que riegan el cerebro que provocó una muerte inmediata a la muchacha, ésta era la explicación a la gran cantidad de sangre que había vertida por todo alrededor de la parte alta del tronco de la mujer, todavía en fase de coagulación.

El rostro de Eva conservaba la huella del pánico, lo que todavía creaba un ambiente más terrorífico.

El hermano Heinz era el único que mantenía la serenidad. -¿Quién habrá podido hacer tan execrable crimen?-, preguntó en voz alta y con las manos en la cabeza, ¡¡¡Dios mío acógela!!!.

-¡¡¡ Ha sido el maldito monstruo que me rapto!!!-, gritó de improvisto Bergman, con la cara desencajada por el dolor que su alma sentía. Carl comenzó a serenarse, tomó el teléfono celular de su bolsillo y llamó a Kieh, éste respondió de inmediato, estaba todavía camino de Monrovia.

-Dígame Carl-.

-Kieh, le ruego regrese de inmediato a la Misión, ha ocurrido algo horroroso-, dijo con voz ronca y alterada.

Kieh, se alarmó por el ton o de su voz y brusquedad que Bergman utilizaba, jamás le había oído utilizar éstos modales.

-Pero dígame, ¿qué es lo ocurrido, que hace que me llame tan alterado?-.

-Eva, ha sido brutalmente asesinada-, dijo.

-¡¡¡ ¿Cómo ha dicho usted? !!!-.

-Si, asesinada mientras dormía, del modo más vil y terrible-.

-Ahora mismo regreso, estamos a mitad de camino, no tardaremos más de treinta o cuarenta minutos, sosiéguese cuanto le sea posible, en el entretanto que alguien se

acerque al agente que tenemos apostado fuera de la misión y le advierta de lo sucedido, díganle que voy para allá y que pida refuerzos urgente-.

-Gracias una vez más. No me cabe duda que ha sido el asesino a sueldo de la multinacional AMR-.

-Yo también lo creo y, veo que realmente nos enfrentamos a alguien sumamente peligroso, quizás lo habíamos subestimado-.

Carl cortó la comunicación, tomó del brazo al hermano Anastasio y le pidió que le acompañase fuera de la misión para advertir al policía.

Al cruzar por la cocina, Carl vio un grueso cuchillo de partir carne sobre los fogones, lo asió fuertemente por el mango, estaba loco de ira, deseaba encontrar a aquel monstruo para hundirle el cuchillo en el corazón. Fuera de la misión vieron el automóvil del agente apostado en el lugar de siempre. Fueron para allá, el conductor estaba dormitando en el interior, medio tumbado sobre el asiento contiguo, el hermano Anastasio puso la mano sobre el hombro del agente sacudiéndole para que despertara. Éste se llevó un inesperado susto mientras preguntaba: -¿Qué sucede?-.

-Rápido, pida refuerzos a la central, en la misión se ha cometido un asesinato, creemos que el autor ha sido el homicida que ustedes andan buscando, el señor Kieh está viniendo para acá-, dijo el hermano Anastasio.

Carl buscaba por los alrededores de la misión como enloquecido, sentía una irrefrenable sed de venganza, el hermano Anastasio que le acompañaba, no se separaba de él, temía que cometiera algo irreparable, fueron pasando los minutos si detectar ningún vestigio del asesino. Alrededor de unos cuarenta y cinco minutos llegaron tres automóviles de la policía dotados de cuatro agentes armados cada uno, al mismo tiempo que llegaba Kieh.

Se esparcieron los agentes por los alrededores de la misión, a excepción de uno de los automóviles con dos policías de dotación destinados a patrullar por la población, en búsqueda del asesino. Kieh acompañado de uno de los cargos de la policía estatal, entraron con Carl en el edificio para registrarle a fondo, no fuera a ser que estuviera todavía escondido en alguno de sus rincones. Bergman estaba muy alterado, los ojos parecían querer salir de sus órbitas. Cerraron la puerta tras de si y dejaron un policía al cuidado de la misma con orden expresa de no dejar traspasar a nadie, ninguno de los dos sentido, luego iniciaron pausadamente la búsqueda pieza por pieza.

En la planta baja no hallaron ningún vestigio del individuo que buscaban, subieron a la planta superior, también sin resultado positivo. Entraron de nuevo en la habitación donde se hallaba el cadáver de Eva, éste había sido cubierto con una sábana por el hermano Heinz. Uno de los policías se asomó a la ventana que daba a un pequeño patio con una empalizada de madera a modo de cerramiento, la leñera, eran ya casi las seis de la mañana y la luz solar comenzaba a clarear el nuevo día, súbitamente el policía que se había asomado por la ventana gritó :, -¡¡¡ Señor Kieh, señor Kieh ¡!!!, ¡¡¡acérquese!!-.

Kieh y varios de los policías que le acompañaban se acercaron a la ventana,-¡¡mire allí!!,dijo el agente señalando con el dedo hacía abajo. Kieh se asomó, pudo ver allá abajo un espectáculo insólito, un individuo de considerable constitución, pendía ya cadáver, atravesado por una barra de acero y, bañado en un charco de sangre.

Bajaron rápidamente al lugar donde se hallaba el cuerpo del individuo. Pudieron comprobar fehacientemente que se trataba del buscado serbio, al parecer al efectuar el alocado salto de huída desde la ventana, debido a la oscuridad entonces reinante, no advirtió la presencia de una barra de acero corrugado, originaria del sobrante de alguno de los materiales utilizados en las varias etapas de la construcción de la misión, que estaba clavada en posición vertical en el suelo del recinto en paralelo con otra igual

Utilizada para tender la ropa recién lavada.

En el salto, al serbio le entró la barra por una de sus ingles atravesándole en diagonal el tronco hasta salir por uno de sus omoplatos. Fue una muerte instantánea ya que el corazón también fue alcanzado por la barra durante su recorrido cuando atravesaba el tronco.

El jefe de la policía ordenó no tocar ninguno de ambos cadáveres hasta que no hubiese llegado un juez.

Carl, no estaba en sus cabales, andaba de un lugar a otro sin sentido, ni saber que hacer ni decir, el hermano Heinz a la vista de su estado, le dedicó toda su atención. Intentó sosegarle y reconfortante ante tamaña desgracia. En una de sus muchas charlas habidas, Carl le había manifestado su intención de pedir a Eva en matrimonio le había contado también cuan desgraciado había sido en su primer matrimonio, también con fatal desenlace, en ésta ocasión por causa de un accidente viario.

Casi una hora después llegó un juez de la misma población de Gbanga, junto con un médico forense, examinaron ambos cadáveres y poco después ordenaron su levantamiento para que fueran trasladados a un pequeño hospital de la ciudad con el fin de poderles practicar la autopsia.

Casi una hora después llegó un juez de la misma población de Gbanga, junto con un médico forense, examinaron ambos cadáveres y poco después ordenaron su levantamiento para que fueran trasladados a un pequeño hospital de la ciudad con el fin de poderles practicar la autopsia. Esta última operación deberían efectuarla con prontitud, el fuerte calor que reinaría un par o tres horas más tarde aceleraría la descomposición de los cadáveres, en la población no se disponía de los sistemas de conservación utilizados en la capital.

Heinz había logrado serenar en parte a Carl, lo sacó de la misión para que pasearan por las calles que la rodeaban, confiando que poco a poco se iría sosegando y razonaría. Heinz le llevaba cogido del hombro, tal y como de dos amigos se tratase.

Una hora después, ya algo más sereno, regresaron a la misión, donde los demás les aguardaban.

CAPÍTULO XXXIXº

En la Terminal del aeropuerto de Monrovia, Carl aguardaba que anunciaran por megafonía la salida de su vuelo con Lufthansa con destino Londres y Frankfurt que posteriormente enlazaría con un vuelo doméstico a Berlín, le acompañaban los hermanos Heinz y Anastasio y también Samuel Kieh y el diplomático Otto Krinkel.

Aquellos últimos días, Carl había estado meditando profundamente su situación después de los trágicos acontecimientos acaecidos. Admiraba la lealtad de aquel hombre negro que al inicio de conocerse tanto despreció y, el extraordinario y reconfortante acogimiento que aquellos religiosos católicos Gbanga le dispensaron, sentía como si de su familia se tratasen. Bergman ahora ya sereno, analizó su futuro, tenía una edad que todavía le permitía poder desarrollar múltiples actividades, físicamente había procurado siempre mantenerse en buena forma, todos los días del año por las mañanas salía a correr durante una hora,. Practicaba golf dos veces por semana, siempre que no se lo impidieran sus ocupaciones profesionales, tenía casi el mismo peso que veinte años atrás y no había sufrido enfermedades que hubiesen minado su salud, sus únicos vicios eran fumar buenos cigarros habanos y de vez en cuanto algún escarceo femenino. Disponía de una óptima situación económica, no le podía pedir más a la vida, sin embargo los recientes sucesos le habían hecho mucho daño en su estado psiquico.

Unos días antes de su partida y después de una profunda meditación y análisis, se reunió con los hermanos Heinz y Anastasio para decirles que había tomado la decisión de que si le admitían, se quedaría para siempre con ellos.

-Si soy aceptado-, les dijo a ambos, -compartiré con vosotros el resto de mis días, para mi será una satisfacción personal poder contribuir con ésta humanitaria labor iniciada casi cien años atrás-.

El hermano Anastasio se levantó del asiento que ocupaba y acercándose a Carl le dio un fuerte abrazo mientras decía: -Se bien venido entre nosotros buen amigo, te aseguro que experimentarás placeres que nunca has sentido, abrirás tu corazón a éstas buenas gentes que te lo agradecerán con una mirada de amistad que probablemente no hayas conocido jamás, es impagable recibir gratitud a cambio de abnegación-.

Carl sintió un torrente de emociones que le invadía. Les puntualizó que el no era católico, que se había criado en un ambiente familiar luterano.

Heniz, le contestó que :-No necesariamente se ha de ser católico para hacer el bien, basta con sentir la necesidad de ayudar al prójimo-.

Minutos después cruzaba el control de pasaportes y se sentaba en el avión, regresaba a su tierra natal, Alemania, tenía mucho que hacer allí antes de retornar a Monrovia.

Doce horas más tarde pisaba suelo berlinés, Dieter su socio y amigo, le aguardaba, se fundieron en un fuerte y largo abrazo, Carl estaba muy emocionado, subieron al Jaguar de su amigo y se dirigieron a la ciudad, el día le recibía con un tiempo muy propio de Berlín, gris y lluvioso.

-¿Carl, podrás algún día explicarme todo lo vivido estas últimas semanas?-, le dijo Dieter.

-Si, lo voy hacer. Verás, todo comenzó en Estambul"……………."

En el entretanto el potente automóvil cruzaba la gran ciudad, Carl le contó todo lo vivido con toda clase de detalles. Ya a casi a las afueras de Berlín, Dieter tomó por la Pistorius strasse, girando luego para tomar la Amalien strasse, hasta llegar a la casa de éste junto al pequeño lago de aquella parte donde las construcciones de casas unifamiliares eran de gran lujo.

Salió la esposa de Dieter a recibirles, Carl se abrazó a ella muy emocionado, los tres entraron al salón principal de la residencia.

El anfitrión le sirvió a su socio un Cardhu con dos porciones de hielo, él le acompañó con la misma bebida. Carl echó un corto trago paladeándolo, Dieter le acercó una bella caja de caoba que contenía un buen surtido de cigarros habanos, principalmente Cohibas y Davidoff. Carl eligió un Cohiba de vitola churchill, perforó la cabeza del mismo con una guillotina que había dentro de la aromática caja forrado su interior en cedro, elogió el uniforme color marrón del cigarro y el aroma que ya desprendía sin todavía haberle encendido, el grado de humedad del cigarro era el adecuado para ser fumado.

Carl cogió un encendedor especial de gas y le prendió fuego, aspiró suavemente para que se encendiera regularmente en todo el perímetro del extremo opuesto.

-Excelente cigarro Dieter, ¿cómo te las arreglas para conseguirlo?, de sobra sabes que no es fácil obtenerlos dado a la limitada producción.

-Tengo mis contactos-, dijo su amigo sonriendo.-Los cónsules son los primeros a los que los cubanos abastecen-.

-Posiblemente será el último cigarro que fumaré de esa calidad-, dijo Bergman mientras abría el maletín de mano que traía consigo, sacó de su interior una bolsita que entregó a su socio.

-Toma, estos son los diamantes de la primera entrega realizada-.

Dieter tomó la bolsita, la abrió y, vertió cuidadosamente su contenido sobre el mármol blanco que había sobre la mesita auxiliar. Éste dio una exclamación de sorpresa ante la belleza y tamaño de las piedras preciosas.

-Son exquisitamente preciosas Carl-, exclamó su socio con cara de verdadero asombro por la belleza de las piedras que tenía delante. –Con franqueza te diré que no lo esperaba, Devries seguro se pondrá muy contento en cuanto las vea-.

-En efecto lo son, a pesar de que ha costado una vida joven- añadió Bergman con voz algo quebradiza.

-Veras Dieter-, dijo Carl poniendo un tono solemne en su voz, -he tomado una decisión irrevocable y, por ello quisiera que me comprendieras y no te sintieras molesto u ofendido con lo que voy a comunicarte, pues por encima de todo está nuestra amistad de tantos y tantos años-.

Dieter algo intrigado le respondió a su amigo y socio : -Sabes que puedes decirme lo que tu creas conveniente Carl, siempre tu y yo hemos hablado el mismo idioma, el de la sinceridad, respetaré cualquier decisión que hayas podido tomar, y como tu muy bien dices prevalecerá siempre nuestra sólida y añeja amistad-, repuso el berlinés.

-Como bien sabes, vivo solo en el mundo, no tengo familia próxima, solo algunos parientes lejanos esparcidos por varios países de Sudamérica donde se refugiaron después de la guerra mundial. La decisión que he tomado la he meditado durante muchos días y en profundidad. Voy a quedarme a vivir en la misión de Gbanga, en la República de Liberia, dedicaré el resto de mis días a colaborar con la importante labor humanitaria que vienen desarrollando aquellos hombres buenos y religiosos que tuve la oportunidad de conocer y que con tanto cariño me acogieron.

Voy a darte unos poderes notariales para que puedas proceder a vender mis propiedades, el dinero que de ello percibas lo ingresarás en una cuenta bancaria que te facilitaré y que luego transferirás el importe íntegro a otra cuenta que habré abierto en un banco de Monrovia. Este dinero y el que siga percibiendo por los beneficios que produzcan las transacciones presentes y futuras de los diamantes, también me los irás ingresando en estas cuentas. Voy a dedicarlo a la financiación de las necesidades que la misión de Gbanga tiene para el desarrollo de su humanitaria labor-.

-Puedes contar incondicionalmente con ello querido amigo-, respondió Dieter con contenida emoción.

-No debe preocuparte el desarrollo del proyecto que tenemos en marcha para con aquel país, yo estaré allí para encauzarlo, cuenta con ello, de todas maneras te aseguro que con Kieh tendrás siempre un fiel aliado-.

-Te agradezco tu aclaración y admiro tu valiente decisión que respaldo-.

Estuvieron varias horas charlando amigablemente, la esposa de Dieter se interesó por la muchacha asesinada, a Carl se le hizo un nudo en la garganta y sus ojos se inundaron de lágrimas. Se levantó y pidió que le disculparan, estaba fatigado y deseaba descansar Dieter le llevó hasta el Bristol Kemnpinski Hotel, en la Kurfürstendamm en el que se hospedó.

-Mañana vengo a por ti para llevar a cabo todas éstas gestiones que me indicaste. Si necesitas algo de nosotros, no dudes en llamarnos-, le dijo su amigo a modo de despedida.

-Hasta mañana amigo, gracias por todos tus desvelos-, se dio media vuelta y subió los pocos escalones de la escalinata del majestuoso hotel.

Después de una reconfortante ducha, se puso el albornoz de rizo blanco del equipo de baño del hotel, cogió el teléfono y llamó a Monrovia. –Kieh, soy Bergman, estoy en Berlín y le llamo para confirmarle que mañana mi socio ejecutará las transferencias bancarias para el pago de la primera transacción, yo regresaré en un par de días a Liberia-.

-¿Tanto le gusta mi país amigo Bergman?-. preguntó Kieh con una sonrisa.

-Si amigo, por esta razón y muchas otras he decidido vivir indefinidamente en su país, junto a los monjes de la Misión de Gbanga, así estaré de algún modo cerca de la persona con quién iba a compartir los años que restan de mi vida-.

-Será usted muy bien recibido, llámeme tan pronto tenga el vuelo de regreso cerrado, vendré a buscarle al aeropuerto-.

-Le llamaré, hasta pronto-.

Al día siguiente después de materializar todas las gestiones previstas, su amigo Dieter le dejó en el aeropuerto, se despidieron con un fuerte y lago abrazo, -Hasta siempre- se dijeron conteniendo ambos con dificultad la emoción.

A su llegada al aeropuerto de Monrovia le aguardaba Kieh, éste le acompañó hasta la Misión, antes de llegar al lugar, Carl le pidió a su acompañante que se detuviera un momento en el cementerio en el que había sido enterrado el cuerpo de Eva, Carl Cogió un ramillete de flores naturales que depositó sobre la tumba de la que estuvo a punto de ser su esposa.

Kieh le dejó en la entrada principal de la Misión, Carl llamó a la campanilla y le abrieron, se dio la vuelta un momento para decir adiós a su amigo con un ademán, luego entró por la puerta y ésta se cerró tras él. Para Carl Bergman iniciaba otra vida.

Fin

 

Autor :

Manuel Batista Farrés

escritor.mdm[arroba]hotmail.com

39 Capítulos

Páginas 148 en formato DIN A4

Inició Abril 2006 – Acabó Abril 2007

Inscrita en el Registro de La Propiedad Intelectual núm.: B-2584-07

 

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