La validez Interna:
La validez externa:
Esta investigación por la parte de diseño cuantitativo contempla, encuestas, estadística y la construcción de algunos gráficos y un esbozo de estudio de costos asociados al modelo en cuestión. También se verá un diseño de tipo cualitativo en aspectos como la interpretación de la información, el análisis de casos, entrevistas personales, revisando así dimensiones sociológicas y antropológicas asociados al modelo investigado.
Pregunta de Investigación
La pregunta del problema a investigar puede ser presentada planteada en dos partes:
Planteada estas dos preguntas y antes de formular cualquier hipótesis, es importante establecer algunos puntos respecto de esta investigación.
Justificación de la Investigación.
Este estudio se realiza por la necesidad, en diferentes ámbitos, de lograr los mejores resultados en la educacion de los niños en Chile, especialmente aquellos que tienen motivos reales y concretos de llevar a cabo el modelo "Educación en Casa". Durante el presente informe se detallaran las motivaciones de los padres para elegir este modelo. Por otra parte no existen trabajos de este tipo realizados en el país, por lo menos a nivel de tesis de titulación en el área y menos bibliografía que respalde, estudios de este tipo. Como cada país tiene su propia cultura y sus propios problemas y también sus particularidades, es que los estudios realizados en países como EEUU, Canadá o la Comunidad Europea, aunque han sido considerados para el presente estudio, como marco teórico, no son necesarios y suficientes.
Viabilidad de la investigación.
Respecto a la viabilidad de esta investigación, podemos indicar lo siguiente:
Objetivos de la Investigación
Objetivos Generales tenemos:
Objetivos particulares Tenemos:
Hipótesis a demostrar:
Según la experiencia de otros países, cualquier familia perteneciente a los tres quintiles superiores de la población chilena, es decir el 60% de la población, puede si así lo quiere, implementar para si, el modelo de educación en casa.
Desde sus orígenes, en Estados Unidos este modelo educativo tuvo que hacer frente a la acusación de ilegalidad, con la consecuente demanda judicial contra los padres, por desacato de la legislación educativa correspondiente, que imponía la "escolarización obligatoria" como única vía legal para recibir una educación académica hasta los 16 años. Hoy sabemos que lo que este fenómeno realmente sacó a la palestra no fue educación en casa sí o no, sino educación fuera del marco único que impone la ley sí o no, convirtiéndose así en el germen que originó que cada vez más sectores de la sociedad en los respectivos países se cuestionaran la legitimidad y la constitucionalidad de la "escolarización obligatoria" tal como ésta había sido entendida hasta entonces.
Tras años de contenciosos con el ejecutivo, y avalados por los excelentes resultados académicos obtenidos por los jóvenes escolarizados "en casa" (primero en secundaria, y posteriormente en la universidad, valga de ejemplo el caso de la universidad de Harvard, que da admisión preferente a "escolarizados en casa" por su capacidad para el autoaprendizaje y la autodisciplina), y arropados por la creciente demanda social antes mencionada, cuestionando la legitimidad de la "escolarización obligatoria", los padres pioneros de la experiencia lograron que se fueran modificando las leyes en sus respectivos países hasta obtener el definitivo reconocimiento legal de la "escolarización en casa", abriendo las puertas así a otras vías educativas que no pasaran por la escuela obligatoria, obteniendo de paso mejores resultados.
Paulatinamente otros países fueron modificando sus leyes en la misma dirección, y hoy en día son numerosos los Estados en que se puede optar "legalmente" por este tipo de educación, reconociendo así el derecho a la libertad de educación tal como se contempla en la "Declaración Universal" de Derechos Humanos. En nuestro país, por ahora, la legislación educativa no ha dado muestra alguna de sensibilización al respecto, aún cuando la mayoría de los países de la Unión Europea han dado ya su reconocimiento legal a la escolarización en casa, aunque la tecnología les demuestre lo contrario.
Los padres y madres españoles que han decidido inclinarse por esta vía, han tenido que afrontar la acusación de ilegalidad por parte de inspectores y Ministerio, juicio incluido. Aún hoy, cuando los jueces españoles han confirmado que los padres que optan por este sistema educativo basando su decisión en consideraciones pedagógicas o académicas están simplemente ejerciendo un derecho fundamental recogido en la Constitución (Art. 27.3), ley de rango superior a las leyes educativas. La ley no distingue entre "no escolarización por abandono y desidia de los padres" y "no escolarización por intervención directa y activa de los padres en la educación de los hijos": ambas son igualmente ilegales. Lex, dura lex. No es de extrañar que, como sucedió antes en otros países, muchas personas encuentren claros síntomas de conflicto entre derechos y deberes en nuestra legislación educativa.
¿Qué ha sucedido para llegar a este punto en que un concepto que surgió para la defensa de un derecho humano fundamental puede llevar a la ilegalidad a aquellas personas que partiendo de la misma premisa, defender el derecho a la educación, intentan ejercer otro derecho igualmente fundamental: la libertad de educación?
El siglo XX fue testigo de un consenso histórico sin precedentes: la aceptación generalizada de que las instituciones estatales de las naciones tienen en primera instancia dos campos de obligatoriedad: ofertar educación y sanidad públicas y universales de tal forma que todos los ciudadanos y ciudadanas de un país tengan la posibilidad de ejercitar su derecho a acceder a ambos servicios. Así nació el concepto de "educación como derecho universal", en teoría el mayor logro de la humanidad desde la abolición oficial de la esclavitud. Menos romántico, o para ser exactos nada romántico, es el origen de los sistemas educativos obligatorios actuales. Aún así, qué duda cabe de que si hoy tenemos los niveles actuales de conocimientos en nuestro mundo occidental es precisamente gracias a la implantación de esos sistemas educativos y quizás, quién sabe, a su "obligatoriedad". No debemos olvidar tampoco que en la práctica funcionaban realmente como una ley de "protección al menor", impidiendo la incorporación de los jóvenes al mundo laboral antes de los 14 años, y actualmente antes de los 16. Pero los tiempos cambian, y las necesidades sociales cambian con ellos. Todos los inventos, los descubrimientos, las grandes ideas que revolucionan el pensamiento, e incluso los logros sociales, cumplen su función histórica, es decir nacen, crecen, se reproducen y dan pasos a nuevas formas de descubrimientos y logros. Sería impensable habernos quedado en la rueda, en la imprenta, o en las ideas de la ilustración, aunque efectivamente revolucionaron las formas de transporte, de difusión del conocimiento, y de organización social: fue precisamente porque ellas existieron y en función de lo que ellas nos dieron cómo hemos llegado a alcanzar formas más efectivas de transporte, de difusión del conocimiento, y de organización social. Y la educación no es ajena a esta evolución natural de los fenómenos sociales. O por lo menos, no debería serlo. A ninguno se nos escapa el avance social que supusieron las medievales escuelas gremiales, pero cuando a raíz de la revolución industrial surgió la necesidad de cualificar a los trabajadores para incrementar su producción, lógicamente tuvieron que dar paso a las primeras escuelas del siglo XIX, tal y como éstas posteriormente tuvieron que hacer con nuestras escuelas del siglo XX. Ley de vida.
Ley de vida es por tanto también preguntarnos si ha llegado el momento de plantearnos si en estos tiempos de nuevas y plurales referencias sociales, culturales, tecnológicas y vitales, procede la imposición unilateral y unidimensional de en qué forma y plazos estamos obligados a enfocar nuestras necesidades educativas o las de nuestros hijos e hijas. Tanto más cuando la educación es precisamente la llave que abre la puerta de nuestra receptividad a esa pluralidad y apertura a nuevos modelos. ¿Es la escolarización obligatoria realmente la única vía para que nuestros hijos e hijas reciban una formación académica hoy en día? Parece ser, según nos cuentan estos padres y madres, que no, que ya no es la única vía. Pero sí es la única vía "legal" en nuestro país: decididamente sólo el Ministerio de Educación y su actual Ley Orgánica de Educación, la LOCE, que data de 1990, puede decidir (e imponer) qué, cómo, cuándo y dónde deben estudiar nuestros hijos e hijas. "Escolarización obligatoria" es la seña de identidad de la casa. Baste mencionar los casos Montessori y Waldorf, cuyas filosofías pedagógicas tuvieron que irse diluyendo progresivamente en España, para dar paso a los contenidos y programaciones curriculares de obligado cumplimiento, eliminando la posibilidad de acceso a cualquier corriente o influencia educativa que no fuera la marcada por el estado.
Y para mayor abundancia, Educación Secundaria Obligatoria, ESO, fue el nombre elegido para el tramo de 12 a 16 años. Podía, por ejemplo, haberse contemplado, entre otros, nombres como "Educación como Derecho Universal", EDU, (ahora podríamos oír "yo hago tercero de EDU, ¿y tú?").O incluso haberse mantenido el discreto pero reconfortante "Educación General Básica". Podía, pero no se hizo. Se eligió "Educación Secundaria Obligatoria", sin más atenuantes conocidos que lo de "y el que avisa no es traidor", que también es de agradecer.
Aún así, hay que reconocer que de todos los posibles adjetivos para calificar un derecho, y desde luego para calificar la educación, "obligatoria" es sin duda una elección poco afortunada, con tintes nada evocadores de la motivación y el estímulo que hoy sabemos imprescindibles para que puedan existir auténticos aprendizajes. Porque cuando decimos "educación obligatoria" ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente? ¿Obligatoria para quién? ¿"Obligado" a qué?
Entre la gente de a pie, estas preguntas generan primero una cierta incredulidad (¿cómo pueden preguntarse cosas tan evidentes?), después una cierta duda, y por último, muestras de cautela: "...pues el "obligado" es el Estado ¿no?, que debe garantizar que todas las personas puedan recibir una educación, y también el Estado "obliga" a los padres a escolarizar a sus hijos, y también los hijos están "obligados" a ir al colegio...o sea están todos "obligados",supongo que por eso se llama obligatoria. Entonces ¿qué es lo obligatorio: estar escolarizado, garantizar que los hijos reciban una educación o recibir una educación? La cosa se pone realmente confusa, pues uno detecta, muy racional y razonablemente, que "le están mezclando" cosas que parecen derechos con otras que parecen deberes, sin saber exactamente desde qué ángulo "están intentando pillarle": "... bueno, es lo mismo ¿no?, si no es en la escuela ¿dónde vamos a recibir una educación? ", está claro, lo "obligatorio" es recibir una educación, aprender...
Pues no, no está tan claro. Mal asunto si todavía hoy, en el siglo XXI, tenemos que empezar el tema "obligando" tanto a tantos. Definitivamente, si lo pensamos empieza a estar cada vez menos claro. ¿Se está "obligado" a estar escolarizado y a recibir una educación? ¿O se tiene el derecho de estar escolarizado y de recibir una educación? Nuestros derechos y nuestros deberes.
Imaginemos por un instante qué sucedería si en este siglo XXI
llegáramos a ser testigos de una experiencia similar en el otro campo
de obligatoriedad de los estados: el de la sanidad. Dado que todos sabemos que
efectivamente una dieta equilibrada y una cantidad adecuada de ejercicio físico
son aspectos indispensables para mantenernos sanos, ¿podría darse el
caso de que se nos viéramos abocados a tener una "alimentación
y ejercicio físico obligatorios y universales" en aras de proteger nuestro
derecho a una vida sana?
¿Tengo yo el derecho a poder acceder a una dieta sana y equilibrada o la obligación
de tomar una dieta sana y equilibrada? ¿Tengo yo el derecho a realizar la cantidad
de ejercicio físico necesaria para mantenerme sano o la obligación
de realizar suficiente ejercicio físico para mantenerme sano? ¿Se puede
pensar en una "dieta obligatoria universal" o en una "tabla de ejercicios físicos
obligatoria universal" impuestas por ley? ¿Y qué criterios se seguirían
para los contenidos? Porque no olvidemos que todos tenemos diferentes constituciones,
necesidades nutricionales, gustos, biorritmos, metabolismos... ¿Y sería
sólo y exclusivamente el Ministerio de Sanidad quien estipularía
por ley exactamente qué tipo de alimentos estarían permitidos,
cómo habría que prepararlos, y cuando y en qué cantidad
habría que tomarlos? ¿Y qué pruebas habría que pasar para
obtener ese "certificado de alimentación sana y buena forma física",
que es de suponer sería imprescindible para acceder a la vida laboral,
y consecuentemente, qué duda cabe, también a la social?
Con todo lo deseables que resultan la salud y el ejercicio físico "chapeau"
Aldous Huxley, por tu profético "mundo feliz". Quizás sea exagerado
establecer una comparación entre ese hipotético caso de ficción
sanitaria y nuestra situación educativa actual, pero no se puede negar
que algunos aspectos presentan paralelismos que le hacen a uno pensar y preguntarse
seriamente si sólo los legisladores educativos están en situación
de saber qué conocimientos y qué aprendizajes necesitan nuestras
niñas y niños, y además ¿cómo, cuándo y dónde
deben llevarlos a cabo? Y si fuera verdad que lo saben ¿implica eso que además
pueden hacerlo obligatorio por ley y excluyente de cualquier otro criterio?
Y si lo implica ¿garantiza eso el recibir una auténtica educación?
Escolarización y Educación ¿una misma cosa?
Saber sabemos todos que son cosas muy diferentes: no hay que ser pedagogo, ni legislador educativo, ni profesional de la enseñanza, ni siquiera padre o madre, y desde luego basta con ser estudiante para detectar que estos términos en la realidad no son exactamente sinónimos. Porque vamos a ver: 8 horas diarias x 20 días lectivos durante 9 meses= 1440 horas por año x 10 años de escolarización obligatoria = 14.440 horas, que redondeadas a la baja por fiestas, puentes y posibles ausencias de unos y otros todavía nos dejan con unas jugosas 14.000 horas de escolarización obligatoria. De las horas y esfuerzos que hay que meter además "fuera de las horas escolares", mejor no entrar en cómputos ni detalles pero sabemos que todos, madres, padres y estudiantes, puedan dar buena fe de ellas. ¿Vivir para estudiar o estudiar para vivir? ¿Y están realmente recibiendo una educación? No siempre. Las innumerables muestras de necesitar auxilio que está dando el sistema educativo, las quejas continuadas de unos ("no saben nada" "no aprenden nada"), y otros ("tengo miles de deberes", "tengo mucho que estudiar", "tengo tres exámenes mañana"...), y tantas otras señales apuntando a la saturación del sistema, no deben quedarse sólo en voces clamando en el desierto, ni en la descalificación indiscriminada del sistema, de los profesores, de los padres, de los alumnos de todos en general, ni en dar "más de lo mismo": más años, más horas, más asignaturas, más títulos, más master. Hay que mirar a la realidad de frente y saber decir: esto es lo que hay, la situación educativa actual necesita de algo más que parches. ¿Qué podemos hacer para mejorarla? Y es natural que los padres quieran incluirse en ese "podemos". Podría considerarse positivo, incluso de agradecer, que intenten tomar la iniciativa. Tanto más si recordamos que en educación, como en palacio, las cosas van despacio, y que las soluciones a los viejos problemas y la inclusión de las nuevas corrientes tardan en llegar, lo que comprensible hasta cierto punto dada la magnitud de la elaboración de un proyecto educativo. Tanto más, también, si pensamos que la nuestra es una de las legislaciones educativas menos flexibles y menos abiertas, pues la presencia de optativos en la enseñanza media puede considerarse estrictamente anecdótica, y las posibles combinaciones curriculares son simplemente inexistentes en el tramo de la secundaria obligatoria, apareciendo sólo posteriormente en un bachillerato no obligatorio: materias, contenidos de las mismas, y modos y plazos en que deben aprenderse son únicos y universales, para todos los niños y niñas de nuestro país, independientemente de sus capacidades, prioridades y expectativas personales. Resulta por tanto doblemente restrictivo el que además se impida a los padres actuar en el único campo que les queda sin acotar: ayudar a los hijos a que encuentren una forma personal, beneficiosa y eficaz de aprender todo eso que ya les viene impuesto. Pues no, eso tampoco: sólo el profesor y el colegio pueden enseñar a nuestros hijos legalmente. Los padres podemos, eso sí, repetírselo todo otra vez a nuestro gusto por las tardes, en las escasas horas que les quedan para hacer sus muchos deberes tras la salida del colegio. Dispuestos a vivir en la "ilegalidad oficial". Indudablemente, mientras las cosas siguen así, será difícil saber cuántos padres y madres españoles se plantearían la educación en casa de no tener que pasar por la acusación de ilegalidad. Por eso, vamos siendo cada vez más los que pensamos que necesariamente debe haber alguna otra actividad posible a la que inspectores y leyes puedan dedicar su tiempo y energías que no sea precisamente a dirigir sus iras contra aquellos que de forma más personal y directa tratan de involucrarse en encontrar posibles mejoras para una situación claramente mejorable, como es el caso de estos padres y madres que deciden educar ellos mismos a sus hijos. Quizás sea pretender demasiado que esta batalla se salde a tiempo y sin sangre, por el mero reconocimiento y aceptación de que navegar con ese poderoso viento que es el signo de los tiempos es muchísimo más potente y efectivo que la bomba de neutrones, gracias demos a los dioses por ello. O quizás, como en tantas otras cosas de la vida, sea simplemente una cuestión de número. ¿Cuántos padres tienen que pedirlo a gritos, o cuantas sentencias tienen que reconocer que no es un pecado querer educar a los hijos de esta manera para que se reconozca la "legalidad" de la escolarización en casa? Y esperemos, sinceramente, que los números no tengan necesariamente que ser "números mortales" como con los accidentes de tráfico: ¿cuántos accidentes mortales son necesarios para que se cambien señalizaciones de cruce insuficientes o inadecuadas? Pues igual ¿cuántos "fracasos escolares mortales" son necesarios para dar la bienvenida a aquellos que se ponen ya a intentar hacer algo al respecto?
El éxito escolar de sus hijos puede estar en su propia casa, dicen los partidarios de la educación en el hogar. Los niños que completan la educación primaria y secundaria en sus propias casas, instruidos por sus padres, obtienen mejores calificaciones que aquéllos que asisten a escuelas privadas y públicas, afirma un reciente estudio del Departamento de Educación.
Estudio realizado por la Home Schooling Legal Defense Association
"Se trata de la investigación más importante que se ha hecho en los últimos tiempos sobre la educación en el hogar", declaró Michael Farris, fundador y presidente de la Home Schooling Legal Defense Association, a la revista Score-Newsweek.
El estudio, realizado a nivel nacional, utilizó las calificaciones obtenidas en Composición, Lectura, Gramática, Matemáticas, Ciencias y Estudios Sociales por niños de primero hasta decimosegundo grado. Se comprobó, por ejemplo, que el promedio general de los alumnos de tercer grado que estudian en su casa fue de 204 puntos, mientras que los estudiantes del mismo grado en escuelas tradicionales obtuvieron una puntuación promedio de 185. Los que terminaron la secundaria en sus hogares lograron un promedio general de 325 puntos, en contraste con la media nacional de 280 puntos, según el estudio. Aunque la mayoría de las escuelas caseras enseñan las asignaturas tradicionales, el enfoque, la secuencia y el énfasis no concuerdan necesariamente con los programas académicos nacionales. Para muchos padres, la importancia de este tipo de educación está en la enseñanza de los valores religiosos y morales, dice el estudio. También arrojo que el 93 % de los estudiantes provenía de hogares cristianos, primero protestantes y luego los siguen los católicos, las cifras dicen que es una relación de 70/30 respectivamente. Otro aspecto a considerar es que el 77% de las madres con hijos en casa, no trabajan fuera de esta. El 88% de los padres tiene un nivel académico superior al resto de los padres, pero de estos solo el 48% tiene formación universitaria, el aspecto relevante esta en que el padre es autodidacta y tiene apego por aprender y entregar.
Durante el desarrollo de esta investigación descubrimos que existe en Chile una organización con varios años de experiencia, la cual ha diseñado y promovido la educación en casa. En Chile tenemos la organización "La Educación en Casa" dirigida por la Dra. en educación, postgraduada en la Universidad de Masachusett MIT, Sra. Kathleen McCurdy con base en la ciudad de Concepción.
Los niños desescolarizados están ligeramente por encima de la media en las pruebas de acceso a la universidad. Pese a que la mayoría de la gente en países desarrollados ha recibido su educación en las aulas de algún colegio, es quizás sorprendente saber que hay algunos ahora que rechazan ese modo de aprender. ¿Es posible que una madre, carente de una preparación pedagógica, esté sin embargo calificada para enseñar a sus hijos? Muchos sostienen que los niños educados con estas metodologías, poseerán una deficiencia de socialización. Existen personas que nos preguntan cómo es posible tener siempre a nuestros hijos junto a nosotros, en vez de disfrutar de su ausencia mientras van a la escuela. La verdad es que la educación no se trata de lo que se enseña, sino de lo que se aprende. Pero como hay muchos que obtienen el sustento mediante la profesión pedagógica, hace ya siglos que se piensa que todo lo que se sabe tiene que haberse aprendido mediante la educación formal, En Chile tenemos mas de 170 familias con el modelo de educación en Casa. Damos asesoría, incluso entregamos los módulos con los contenidos exigidos por el ministerio de educación, además asesoramos a los padres, vamos a sus casa y les enseñamos a dirigir el modelo, Por otro lado existe toda una vinculación vía WEB, además de posibilidades de otro tipo.
Podemos ver que la Hipótesis planteada, se encontraba totalmente respondida, y concuerda con la estimación realizada, puesto que más de los tres quintiles superiores de la población podrían realizar la "Educación en Casa "si es que así lo quisiesen.
Finalmente luego de todas los análisis, para el caso de Chile , ….la principal motivación de los padres, es de tipo valorico, puesto que no estamos dispuestos a que nuestros hijos se alejen de Dios, por influjo de unos currículos ocultos impregnados de un materialismo ateo, que para nosotros solo significa la perdida del paraíso para los niños…(Familia Davis, Católica, Batuco, Chile). En segundo termino esta el tema de una pésima socialización en la cual los niños recogen un sin fin de secuelas de inmoralidad, drogadicción y violencia, finalmente en tercer lugar esta el tema de la calidad de la educación, que realmente arroja resultados deplorables en los estándares internacionales. Finalmente y como corolario de todo lo expuesto, analizando los factores de riesgo a los cuales se ve enfrentado el adolescente, cuando se acude a la Educación en Casa, si estos factores no llegan a cero, por lo menos disminuyen considerablemente. De tal forma que se prolonga generación tras generación, la formación de personas direccionadas al bien común de la sociedad, sociedad en la cual la persona debiese perfeccionarse, lo que lamentablemente hoy día no esta sucediendo.
Alvaro Brantes Hidalgo
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