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La Pragmática y sus generalidades




Partes: 1, 2

  1. A modo de introducción
  2. La Pragmática y su objeto de estudio
  3. Términos claves para un mejor estudio de la Pragmática
  4. Bibliografía

El trabajo aborda elementos relacionados con las disciplinas lingüísticas del siglo XX y su desarrollo en el cursar de los años. Su estudio se centra en la Pragmática como una de las más importantes y sus representantes. Otro de los aspectos a tratar en el artículo son los términos más utilizados en dicha disciplina. Por lo que el siguiente artículo proporcionará a los lectores una gama de información para posteriores trabajos investigativos.

A modo de introducción

En la búsqueda de información en torno a la Pragmática me surgió la necesidad de elaborar un texto referativo a partir de bibliografía en soporte plano y digital para la realización de estudios posteriores.

Muchos han sido los estudiosos de la Lingüística y de sus principales ramas de estudio. El siglo XX permite reelaborar conceptos y profundizar en la tesis de una lingüística más acabada y/o mejor estudiada, donde se proporcionarán elementos para el destaque de tres momentos relevantes: El Estructuralismo, Generativismo y La lingüística del Texto.

Este último se ocupará de la organización del lenguaje que va más allá del límite de la frase. Es una teoría que ha incorporado el significado y el contexto y tiene principios que regulan el proceso comunicativo en tres dimensiones: semántica, sintáctica y pragmática. Su unidad de observación es el acto comunicativo en un contexto determinado. Para el texto lingüístico la comunicación se complementa en un tiempo y espacio entre un emisor y un receptor influyendo en ellos las relaciones sociales, económicas, culturales, sicobiológicas, las que permiten que la esencia llegue al receptor.

Por lo que en el siguiente trabajo se profundizará en el estudio de la Pragmática como ciencia que busca más allá de significado, a partir de los elementos que influyen en el acto de comunicación.

En la primera mitad del siglo XX, Charles W. Morris (1938) concibió el estudio de la Teoría de los signos, a partir de tres disciplinas: la sintaxis, la semántica y la pragmática. La sintaxis se ocuparía de la relación formal entre un signo y otro; la semántica, los vínculos entre los signos y los objetos a los que se refieren; y la pragmática atendería la relación entre los signos y sus intérpretes.

Esta primera propuesta de pragmática no tuvo consecuencias inmediatas en el desarrollo de la lingüística. La necesidad de una disciplina que se ocupara del uso de la lengua nace de un hecho posterior. En la década de 1960, Charles J. Fillmore, George Lakoff, James D. McCawley y John Robert Ross, entre otros, intentaron desarrollar dentro de la nueva gramática generativa una corriente que se denominó "semántica generativa". Estos lingüistas pretendieron resolver como gramaticales los problemas de significado que acababan de exponer filósofos del lenguaje como John Austin, John Searle, Peter F. Strawson o H. Paul Grice.

Después de unos años de desarrollo, el fundador y guía de la escuela generativa Noam Chomsky atacó con firmeza los fundamentos de la semántica generativa y mantuvo que muchas de las cuestiones que se intentaban dilucidar quedaban lejos de las posibilidades de un estudio riguroso del lenguaje como el que él pretendía, esto es, un estudio fundamentado esencialmente en las propiedades sintácticas de la gramática. Por este motivo, desterró estos asuntos fuera de los confines de la gramática, a un terreno que ocupaba aquella disciplina que había propuesto la semiótica, pero que no se había desarrollado la Pragmática.

A partir de la década de 1970, los lingüistas que se han ocupado del estudio del uso de la lengua han procurado delimitar el objeto de la pragmática buscando las bases teóricas con las que dar cuenta de los problemas que se les presentan. En la actualidad buena parte de esos investigadores considera que la pragmática no es un componente de la teoría lingüística como puedan ser la fonología, la morfología, la sintaxis o la semántica, tampoco pertenece a las disciplinas que relacionan el lenguaje con la realidad extralingüística como la psicolingüística, la sociolingüística o la neurolingüística. La pragmática constituye una perspectiva de estudio que puede ocuparse de cualquiera de estas disciplinas.

La Pragmática y su objeto de estudio

La Pragmática es el estudio del modo en que el contexto influye en la interpretación del significado. El contexto debe entenderse como situación, ya que puede incluir cualquier aspecto extralingüístico.

La Pragmática tiene un carácter interdisciplinario: la filosofía, la lingüística, la sociología, la antropología y la psicología hablan de ella. Pero para los lingüistas, el término Pragmática entra como uno de los componentes de la Semiótica, junto con la Sintaxis y la Semántica, triple clasificación que se remonta a Peirce. El término Semiótica, sin embargo, lo divulgó Morris, asumiéndolo más tarde el filósofo y lógico Carnap.

A pesar de que algunos niegan la existencia de un campo propio y coherente de la Pragmática, sin embargo, autores tan destacados como Herbert E. Brekle, János S. Petöfi o Teun A. Van Dijk , hablan de ella como una disciplina que debe investigar las relaciones que se establecen entre las expresiones de lengua y sus condiciones de uso para producir actos de habla. Por su parte, Eugenio Coseriu, en un artículo publicado en el número VII de Romanistiches Jahrbuch se refería a la necesidad de inaugurar una nueva teoría que contemplara la lengua como actividad, es decir, reivindicando así una "Lingüística del hablar".

Según estudios realizados, la Pragmática, actualmente ya establecida y reconocida como una disciplina crecientemente empírica, incluye en sus análisis los factores sociales, psicológicos, culturales, literarios, que determina la estructura de la comunicación verbal y sus consecuencias. En esta se relacionan la semántica y la sintaxis: la semántica hace abstracción de los usuarios y la sintaxis expresa la relación entre los signos sin tener en cuenta a los usuarios; sintetizando todo el proceso en el estudio del qué se dice y lo que literalmente se quiere decir.

La interacción lingüística que se produce entre emisor y receptor resulta de una serie de actos de habla de diferentes interlocutores, según las reglas convencionales, respetando el Principio de Cooperación, lo que implica (implicaturas) y presupone (presuposiciones) toda una serie de informaciones no expresas, pero que se generan con las inferencias pragmáticas. Entre emisor y receptor se dan toda una serie de procesos que explican cómo se comprenden, almacenan, reproducen y producen los enunciados o, mejor dicho, los textos (Van Dijk, 1983: 20-21 [1978]).

Es fundamental analizar también las huellas que emisor y receptor dejan en el texto. Así, por ejemplo, la presencia de un YO que se dirige a un puede imprimir una cierta fuerza persuasoria al mensaje, al introducirse, consciente o inconscientemente, el autor en el texto en un intento de modificar la conducta de la persona que recibe el mensaje.

Muchas disciplinas, además de la Lingüística, han aportado importantes ayudas para la descripción de las estructuras del texto. Éste, entendido como la unidad de comunicación eficaz, debe contar con una gramática que explique el sistema de reglas, en sus diferentes niveles, que son la base de la producción y la comprensión de los enunciados de una lengua natural.

Corresponderá a la Semántica ocuparse, no sólo del nivel del significado, sino investigar además el por qué del sentido de ese texto, investigación que propiciará la introducción de la Sintaxis al tener que abordar lo que tiene que ver con la unión de las proposiciones y la coherencia de las frases. Así, la denominada Semántica Intencional, en su investigación, utiliza exclusivamente las informaciones lingüísticas, haciendo abstracción de cualquier otro elemento no lingüístico. Se trata de una representación puramente semántico-intencional o cotexto, en terminología de Petöfi. En este nivel se estudian las diferentes conexiones, lineales y globales, que producen la coherencia de un texto (Van Dijk (1980: 125-238 [1977]).

La comunicación textual depende también de otros elementos no lingüísticos (parámetros extralingüísticos), como son el tiempo y el lugar de la enunciación, la tradición literaria en el caso de textos muy concretos, y cualesquiera otros recursos extratextuales que los emisores utilizan para conseguir un acto de expresión eficaz.

Resumiendo todo lo expuesto, hay que hablar, en el estudio y análisis del lenguaje, de tres niveles: COTEXTO, CONTEXTO y EXTRATEXTO (Albert, 1995:99), en cuyo entrecruzamiento (espacio relleno) se sitúa el acto de habla.


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