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Librecambismo (página 2)

Enviado por Adriana Deligdisch



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  • 1.3. Teoría de la ventaja absoluta.

Aquí tenemos la expresión de la teoría de la ventaja absoluta: se importarán los bienes que sean más baratos en el extranjero que en el mercado local y se exportarán aquellos que sean más caros en el mercado internacional que en el doméstico. Ahora bien, Smith estudia también factores no estrictamente económicos como la geografía, la desconfianza, la historia y la política, entre otros. El elemento geográfico recibe mucha atención cuando trata del comercio entre el campo y la ciudad, pero también al explicar la condición de Inglaterra como centro del comercio exterior en base "a la fertilidad de su suelo, a la gran extensión de su costa (...) y a los muchos ríos navegables"; destaca, además, las ventajas del transporte marítimo, ilustrándolas con el papel histórico del Mediterráneo en el nacimiento de la civilización. Otro factor subrayado por Smith es el obstáculo que supone para el comercio exterior la necesidad de confiar en individuos de diferentes culturas e idiomas, sometidos a leyes distintas y situados a distancias que en la época debieron parecer enormes al autor: es el antecesor del concepto actual de costes de transacción. Smith explica la aparición de las manufacturas bien cómo "la criatura del comercio exterior", bien fruto del "gradual refinamiento de la industria popular y primitiva", lo que desde luego no resulta demasiado esclarecedor; también dedica Smith varias páginas a glosar el papel del comercio exterior y las manufacturas en la desaparición del régimen feudal.

Las recomendaciones efectuadas por Smith tienen un componente político muy importante. En la medida en que surgen del derecho a la "libertad natural", el elemento normativo que sustenta todo el edificio smithiano, tales cimientos pueden ser rechazados y descartadas sus recomendaciones. No obstante, retenemos de Smith el concepto de agentes económicos atomizados que se interrelacionan en mercados competitivos que se ajustan y se regulan por sí solos; esa doctrina, derivada del "propio interés", se extiende al ámbito de las naciones cuando Smith propone que cada nación vea "las riquezas de las vecinas como una causa y ocasión probable para acumular riquezas ella misma", lo que entraña una visión cosmopolita de la política exterior. En palabras del profesor Oyarzun: "pese a la permanencia de una visión nacional, la teoría liberal representaba también un regreso de la visión internacionalista del mundo y de la economía".

  • 1.4.David Ricardo y John Stuart Mill

Son los dos grandes nombres de la economía clásica, cuyo análisis económico es tributario del iniciado por Smith, especialmente en lo que respecta al crecimiento económico, considerado por la escuela clásica como la interacción de la acumulación del capital, la división del trabajo, el cambio técnico y el incremento de la población, es decir, tal y como Smith lo había concebido. En el ámbito de la economía internacional, la escuela clásica aportó cuatro novedades al análisis: una teoría específica de los valores internacionales, el teorema de los costos comparativos, la teoría de la demanda recíproca y una teoría del mecanismo de ajuste de la balanza de pagos. Las dos primeras fueron popularizadas por Ricardo, mientras que la tercera fue establecida por J.S. Mill, quien también sintetizó las posturas clásicas respecto al ajuste de la balanza de pagos. David Ricardo fue el primer economista que estableció el estudio del comercio internacional como una disciplina separada del comercio interior. Ello se debe a los obstáculos que, según Ricardo, encuentran los factores de producción para desplazarse entre naciones. La principal aportación de Ricardo a la teoría del comercio internacional consiste en la teoría de la ventaja comparativa. Ricardo refutaba así la teoría de la ventaja absoluta smithiana recurriendo a la misma analogía que Smith:

"Supongamos que dos hombres fabrican sombreros y zapatos, y que uno de ellos es superior al otro en ambas manufacturas; pero al fabricar sombreros, sólo podrá superar a su competidor en una quinta parte (...) y haciendo zapatos podrá aventajarle por una tercera parte (...); ¿no será, acaso, interesante para ambos que el mejor de los dos fabrique exclusivamente zapatos, y que el menos bueno haga los sombreros?".

Pese a que Ricardo construyó toda su obra sobre la teoría del valor-trabajo, el rechazo de ésta no conduce al rechazo de su teoría de la ventaja comparativa. En efecto, Haberler reformuló la teoría de los costes comparativos en términos de costes de oportunidad. Las implicaciones de esta teoría, sobre todo en lo que respecta a la especialización, han sido muy criticadas. Se ha interpretado que Ricardo, y con él la economía clásica, propugnaba una especialización completa (i.e.: los países en desarrollo se especializarían en productos primarios y los desarrollados en bienes manufacturados), y de ahí se ha pasado a rechazar incluso la especialización parcial. También se ha criticado el carácter estático que reviste la doctrina de la ventaja comparativa, así como su carácter "ahistórico", pese a que Ricardo nunca negó la posibilidad de que las ventajas comparativas pudieran evolucionar. Ahora bien, la especialización ricardiana ocasionada por las diferencias en los costes relativos es un proceso reversible, mientras que la especialización smithiana derivada de la doctrina de la "salida del excedente" no lo es en la misma medida. Ello implica que un país especializado mediante un proceso de adaptación de su estructura productiva para satisfacer exclusivamente la demanda externa será muy vulnerable a fenómenos como el deterioro de la relación real de intercambio o cualquier otro tipo de perturbación exógeno (i.e.: recesión en los países industriales o aparición de nuevos competidores). ¿Cómo concebía Ricardo los beneficios del librecambio y su relación con el crecimiento económico? La respuesta es sencilla: como un medio de aumentar la acumulación de capital, la cual era para él, en última instancia, la responsable del crecimiento económico. Habiendo establecido previamente la tendencia al descenso en la tasa de beneficio y el consiguiente advenimiento de la sociedad estacionaria, el comercio exterior puede compensar el declive de la tasa de beneficio y retrasar este proceso. Tres puntos merecen aquí nuestra atención. En primer lugar, tenemos el argumento basado en el incremento del capital mediante los mayores ingresos que reporta a los comerciantes o por el descenso en el gasto de los consumidores; el comercio exterior favorece así el ahorro, el cual a su vez acelera la acumulación de capital. En segundo lugar viene el argumento del impulso a la acumulación de capital a través del aumento de la tasa de beneficio: si el comercio exterior permite el acceso por parte de los trabajadores a los productos por ellos consumidos a un precio menor, entonces se elevaría la tasa de beneficio de las empresas y con ella, nuevamente, la acumulación de capital. En tercer lugar, tenemos el argumento del incremento en la oferta de bienes, tanto en número como en variedad; Ricardo deja claro que es el volumen de bienes y no el valor poseído por el país lo que aumenta con el comercio exterior.

Ricardo asumió las críticas efectuadas por Smith al mercantilismo, el cual "al forzar el capital por canales a través de los cuales no discurriría de otra manera, disminuyó la suma total de mercancías producidas". Pero además del análisis económico desarrollado por Ricardo para defender el papel positivo del librecambio en el crecimiento económico, este autor deja traslucir connotaciones políticas e incluso éticas, en su defensa del libre comercio, tal y como había hecho Smith y como habría de hacer J.S. Mill posteriormente. La transición de los argumentos económicos a los políticos, o mejor dicho, la interacción entre ambos, puede apreciarse en un párrafo tributario, en nuestra opinión, del más enérgico Adam Smith:

"En un sistema de comercio absolutamente libre, cada país invertirá naturalmente su capital y su trabajo en empleos tales que sean lo más beneficioso para ambos. Esta persecución del provecho individual está admirablemente relacionada con el bienestar universal. Distribuye el trabajo en la forma más efectiva y económica posible al estimular la industria, recompensar el ingenio y por el más eficaz empleo de las actitudes peculiares con que lo ha dotado la naturaleza; al incrementar la masa general de la producción, difunde el beneficio general y une a la sociedad universal de las naciones en todo el mundo civilizado con un mismo lazo de interés e intercambio común a todas ellas".

Sin duda, términos como "bienestar universal", "beneficio general" o "sociedad universal" pueden parecer máscaras que oculten el bienestar de la sociedad inglesa (en el siglo XIX) o de los países desarrollados (en el siglo XX). Pero la fuerza del razonamiento contenido en el párrafo citado sobre estas líneas mantiene su vigencia y, tras haber sido puesto en duda tras la II Guerra Mundial por numerosos economistas heterodoxos que propugnaron políticas proteccionistas, parece haberse impuesto en nuestros días. Sobre todo, por la evidencia empírica que liga el comercio con el crecimiento, de un lado, y el proteccionismo con el estancamiento, de otro.

  • 1.5.John Stuart Mill

Es una de las figuras intelectuales más interesantes del siglo XIX. Sus obras abarcan infinidad de campos y cada una de las páginas escritas por él destila humanismo y compromiso ético. Este aspecto es muy importante, en tanto sus convicciones utilitaristas (la mejora de la humanidad) impregnan su concepción de la "economía política", tal y como se desprende del propio título de su principal obra económica: Principios de economía política con algunas de sus aplicaciones a la filosofía social. Es por ello que no debemos perder de vista en Mill, incluso en mayor medida que en Smith o Ricardo, el componente ético de su liberalismo económico y político, que se extiende a su defensa del librecambio.

J.S. Mill inicia sus Principios arremetiendo contra el mercantilismo. En ese contexto, rechaza la teoría de la "salida del excedente" smithiana, considerándola "una reliquia de la teoría mercantil". Concede gran importancia a la geografía en la explicación del comercio internacional. Destaca asimismo que la causa de la riqueza de Inglaterra consiste en la elevada productividad de su mano de obra. También trata las economías de escala al modo smithiano, considerándolas limitadas por la extensión del mercado, con lo que para beneficiarse de aquellas se requiere "o bien una comunidad populosa y floreciente, o bien la posibilidad de exportar en gran escala". En lo que hace a su aportación a la teoría del comercio internacional, la teoría de la demanda recíproca, ésta supone "una ampliación de la ley general del valor, a la que hemos llamado ecuación de la oferta y la demanda. La "ecuación de la demanda internacional" completa el teorema de Ricardo, al establecer que la relación de intercambio en el comercio entre dos países depende de la demanda recíproca, es decir, de la demanda de cada país por los productos del otro.

El nexo establecido por J.S. Mill entre comercio internacional, librecambio y crecimiento económico puede estructurarse en tres estratos: el primero estriba en las implicaciones de la teoría de la demanda recíproca para la distribución de las ventajas del comercio; el segundo consiste en las ventajas proporcionadas por el comercio exterior, directas e indirectas, explicitadas por Mill; el tercero lo forman las consideraciones que Mill realiza sobre la política comercial.

En primer lugar, ¿qué paises obtienen mayores ventajas con el comercio? "aquellos cuyas mercancías están más solicitadas por los países extranjeros, mientras su propia demanda de mercancías extranjeras es muy reducida". De ello deduce Mill que los que menos ganan son los países más ricos, pues la relación de intercambio se altera en su perjuicio, si bien reconoce que al efectuar estos países ricos un mayor volumen de negocio, sus ganancias totales son mayores que las de los países pobres. Pero, excepto en el caso extremo de que uno de los dos países se apropie de toda la ventaja procurada por el comercio, los dos países ganarán con él, si bien en distinta medida.

En segundo lugar, ¿cuáles son las ventajas del comercio exterior identificadas por Mill? Estas son clasificadas en directas e indirectas. Las directas las proporcionan las importaciones y consisten en "obtener mercancías que (los países) no podrían producir" y en "el empleo más eficaz de las fuerzas productivas mundiales". Hasta aquí tenemos los argumentos ya aducidos por Smith y Ricardo, respectivamente. Pero Mill añade tres efectos indirectos, manifiestamente positivos, que él considera "muy importantes".

(1) "la ampliación de los mercados contribuye mucho a perfeccionar los procedimientos de producción" vía mayor división del trabajo, en la línea de lo argumentado por Smith;

(2) al introducir nuevas necesidades y deseos en un país "el comercio exterior (...) produce algunas veces una especie de revolución industrial en un país cuyos recursos estaban sin desarrollar por falta de energía y ambición en la gente";

(3) por último, tenemos los efectos del comercio en el plano moral e intelectual que, para Mill, "son aún más importantes que las ventajas económicas", como no podía ser menos dada su perspectiva utilitarista, ya comentada anteriormente; éstos se subdividen a su vez en tres más, los dos primeros procedentes de sus Principios...y un tercero contenido en el ensayo Sobre la libertad:

(3a) los efectos referentes al progreso técnico, pero también moral, que implica la comunicación entre los pueblos impuesta por su comercio exterior1, es decir, algo mucho más amplio que el argumento actual de la transferencia de tecnología y know-how;

(3b) el hecho de que la extensión de los intereses comerciales inhiba las tensiones bélicas, argumento que ya vimos en Ricardo2;

(3c) en Sobre la libertad, Mill parece concebir el librecambio como un aspecto particular de la libertad individual, si bien reconoce que ambos se basan en fundamentos distintos3.

Esta nube de efectos indirectos inducidos por el comercio fue rescatada y ampliada posteriormente, hasta abarcar los efectos del comercio como vehículo para la movilidad

1 "En el atrasado estado actual del progreso humano es difícil exagerar la gran importancia que tiene el que los seres humanos se pongan en contacto con personas desemejantes a ellos, y con modos de pensar y de acción distintos a aquéllos con que están familiarizados. El comercio es ahora lo que antes era la guerra: la principal fuente de contacto. (...) Y el comercio es el objeto de la mayor parte de la comunicación entre las naciones civilizadas. Tal comunicación ha sido siempre, y lo es sobre todo en la época actual, una de las principales fuentes de progreso".

2 "El comercio fué el que enseñó a las naciones a no mirar con recelo la riqueza y la prosperidad de las demás. (...) Y puede decirse sin exageración que la gran extensión y el rápido incremento del comercio internacional, siendo la principal garantía para la paz mundial, aseguran en forma permanente el progreso ininterrumpido de las ideas, las instituciones y el carácter de la raza humana".

3 "Conviene repetirlo; el comercio es un acto social. Todo el que se dedique a vender al público mercancías de cualquier clase hace algo que afecta a los intereses de otras personas y de la sociedad en general; y, por consiguiente, su conducta cae dentro de la jurisdicción de la sociedad; de acuerdo con esto, se sostuvo en un tiempo que era deber de los gobiernos fijar los precios y regular los procesos de fabricación en todos los casos que se considerasen de importancia. Mas ahora se reconoce, no sin haber sostenido una larga lucha, que la baratura y buena calidad de los productos quedan más eficazmente asegurados dejando a productores y vendedores completamente libres, sin otra limitación que la de una igual libertad por parte de los compradores para proveerse donde les plazca. Esta es la doctrina llamada del librecambio, que se apoya en fundamentos distintos, aunque igualmente sólidos, que el principio de la libertad individual proclamado en este ensayo. Las restricciones al comercio o a la producción para fines comerciales constituyen verdaderas coacciones, y toda coacción, qua coacción, es un mal". Internacional del capital y como la mejor política anti-monopolista posible. Así, junto al argumento estático ricardiano de la ventaja comparativa completado con la teoría de la demanda recíproca, Mill introduce un argumento más dinámico descuidado posteriormente por la literatura neoclásica.

En tercer lugar, tenemos las consideraciones sobre política comercial. Esas consideraciones abarcan (1) los aranceles a la exportación y a la importación, (2) los aranceles como medio de proteger el empleo nacional y (3) las excepciones en que Mill juzga justificable la protección (por motivos de seguridad nacional, de abastecimiento alimenticio y de industrias nacientes). Dediquemos las líneas que siguen a estos aspectos del pensamiento de Mill.

J.S. Mill dedica un amplio epígrafe a los derechos sobre las exportaciones y las importaciones: ambos introducen una perturbación en la ecuación de la demanda internacional que será beneficiosa o no para el país que los impone en función de las elasticidades-precio de las demandas del propio país y de las de sus socios comerciales. En el caso de los impuestos a las exportaciones, Mill reconoce que "podemos, en determinadas circunstancias, producir una división de las ventajas del comercio que sea más favorable para nosotros", pero matiza que esas circunstancias "son tan difíciles de establecer que es casi imposible decidir, aún después de establecido el impuesto, si salimos ganado o perdiendo"; las circunstancias a que se refiere para que el efecto sea beneficioso consisten en que la demanda de los bienes gravados sea muy inelástica (pone como ejemplo el caso del impuesto a la exportación de opio en China). En lo que respecta a la imposición de las importaciones, además de considerar los distintos resultados derivados de elasticidades de demanda diferentes en forma similar a la descrita en el párrafo anterior, Mill distingue entre aranceles protectores (aquellos suficientemente altos para incentivar la producción doméstica de los bienes gravados) y no protectores (aquellos que permiten el intercambio). Los primeros "son perjudiciales tanto para el país que los establece como para aquellos con quien comercia", tal y como se desprende del teorema de los costes comparativos. Los segundos sí reconoce Mill que producirían "en la mayor parte de los casos una ganancia al país que los estableciera", pero a continuación objeta que ese efecto "sería fácil contrarrestarlo adoptando el otro país un procedimiento análogo", es decir, mediante represalias, única forma en que un país puede impedir las perdidas acarreadas por los aranceles que le imponen otras naciones.

Al igual que sus antecesores, Mill efectúa una crítica devastadora al proteccionismo mercantilista, rebatiendo el argumento, al parecer imperecedero, de que el proteccionismo proporciona empleo a los obreros del país en cuestión; para Mill, "la alternativa no está entre emplear nuestros propios obreros o los extranjeros, sino entre emplear una u otra clase de los nuestros". Rebate, igualmente, las tesis proteccionistas edificadas sobre el ahorro en los gastos de transporte derivado de producir las mercancías cerca de donde se consumen. Mill admite tres razones que justificarían el proteccionismo: por razones de subsistencia, por motivos de defensa nacional y en virtud del argumento de la industria naciente. No obstante, introduce matices que desvirtúan gran parte de la fuerza que inicialmente parece reconocerles. Respecto a la justificación en base a la subsistencia, admite la posibilidad de gravar las exportaciones de alimentos, pero sólo desde una perspectiva nacional, pues aquí nos encontramos con la máxima utilitarista de la mayor felicidad para el mayor número: "cuando se tienen en cuenta los intereses de todos los países es de desear la libre exportación". Acepta también la justificación por motivos de defensa, al igual que Adam Smith, en concreto respecto a las leyes de navegación, si bien parece otorgar a la marina británica la condición de "industria naciente" en tiempos de Smith, considerando injustificable su vigencia en el período en que escribía. El argumento de la "industria naciente" es el que Mill acepta de mejor grado:

"El único caso en el cual pueden defenderse los derechos protectores basándose en principios de la economía política, es cuando se imponen temporalmente (sobre todo en una nación joven y progresista) esperando poder naturalizar una industria extranjera que es de por sí adaptable a las circunstancias del país".

No obstante, limita el alcance del argumento a los casos en que haya razones para suponer que dicha industria "podrá prescindir de la protección después de algún tiempo" y que la protección sea de duración limitada y gradualmente decreciente.

Por tanto, la obra de J.S. Mill nos lega básicamente una teoría para estimar en qué medida cada país obtiene mayores o menores ventajas de su participación en el comercio internacional, una distinción muy fructífera entre los efectos directos e indirectos, económicos y éticos, del comercio internacional y un análisis de las medidas más frecuentes de política comercial. De estos tres elementos, desarrollados en los párrafos anteriores, debemos destacar, a efectos de la relación entre comercio exterior, librecambio y crecimiento, la consideración de los efectos indirectos/semidinámicos, los cuales han recibido una gran atención en la segunda mitad del siglo XX por parte de numerosos autores al considerar que pueden sobrepasar a los efectos emanados de una mejor reasignación de recursos, resultando en esa medida sus análisis tributarios de las sugerencias efectuadas por J.S. Mill al respecto.

  • 1.6.La escuela neoclásica

Supone una ruptura tajante con su predecesora. Esta ruptura consiste, principalmente, en la sustitución de la teoría del valor-trabajo por una teoría del valor basada en la utilidad de los bienes y en el modelo del equilibrio económico general. En este sentido, la escuela neoclásica resulta menos rica en sus implicaciones para el crecimiento económico de lo que puede considerarse la escuela clásica. La principal aportación de la corriente neoclásica en el campo de la teoría del comercio internacional ha consistido, esencialmente, en la elaboración de un modelo de especialización internacional: el modelo de especialización en factores de producción, denominado modelo Heckscher-Ohlin-Samuelson.

  • 1.7. El teorema de Heckscher-Ohlin-Samuelson

El teorema de Heckscher-Ohlin-Samuelson se ciñe al de la ventaja comparativa ricardiana, pero por distintas causas a las apuntadas por Ricardo. En breve, estipula que los países se especializarán en la producción de bienes que incorporen el factor de producción más abundante de cada país. Así, los países en desarrollo, con abundancia de mano de obra y recursos naturales, deben especializarse en la producción de bienes intensivos en trabajo y en recursos naturales. Si observamos la composición de los flujos comerciales, podemos observar que este teorema explica un fenómeno contrastado: los países en desarrollo exportan bienes intensivos en trabajo y recursos (textiles, calzado, productos agrícolas, productos energéticos y minerales), mientras que los países avanzados exportan bienes intensivos en capital físico, capital humano y contenido tecnológico (automóviles, aviones, ordenadores y electrónica de consumo, entre otros). Este fenómeno se aprecia también entre los propios países ricos: así España exporta a Alemania bienes relativamente más intensivos en trabajo y recursos (por ejemplo, productos agrícolas, vino, componentes de automóviles, automóviles de gama baja y electrodomésticos), importando de ella productos con mayor contenido tecnológico y de capital físico y humano (maquinaria, automóviles de lujo, material de telecomunicaciones, etc.).

Este enfoque destaca la importancia de una óptima asignación de recursos (es decir, que los recursos se utilicen allí donde son más productivos) según el criterio de la ventaja comparativa. El argumento apunta, en pocas palabras, que el librecambio produce esa óptima asignación de recursos y da lugar a la especialización, es decir, se centran en aspectos estáticos, dejando de lado los efectos indirectos/semidinámicos resaltados por J.S. Mill. Sin duda, la elaboración teórica de los modelos de especialización es mucho más acabada que la introducida por Ricardo, pero, en un primer momento, no aportan nada radicalmente nuevo al binomio librecambio-crecimiento. Las ganancias del librecambio para la escuela neoclásica consisten en un incremento del bienestar representado por el paso de una curva de indiferencia social dada, en la autarquía, a otra curva situada sobre la anterior en una situación de libre comercio. Es, en realidad, el argumento clásico de que el librecambio aumenta el nivel de consumo de la sociedad: cuando los países se dedican a producir bienes para cuya producción se requieren factores de producción abundantes dentro de cada país, se produce una especialización acorde con las ventajas comparativas respectivas, aumenta la productividad y, por tanto, la producción; una vez intercambiados mediante el comercio, ambos países consiguen un nivel de producción y consumo más elevado, además de precios al consumo más reducidos. El carácter beneficioso de la especialización justifica el comercio libre bajo ciertos supuestos y condiciones, que pueden resumirse como sigue: (1) los mercados son libres y competitivos, (2) el análisis general se basa en consideraciones a largo plazo, (3) existe pleno empleo, (4) se prescinde del efecto del libre comercio sobre la distribución de la renta o se supone que ésta será, bajo el librecambio, tan "buena" o "mejor" como con protección y (5) existe movilidad efectiva de empleo de los factores en respuesta a diferencias en su retribución real.

Por tanto, la economía neoclásica centra las ganancias teóricas del librecambio en los beneficios para el bienestar social que ocasiona la óptima asignación de recursos producida por la especialización, dejando de lado los aspectos dinámicos. Pese a este supuesto olvido teórico de los efectos dinámicos del comercio internacional, debemos reivindicar aquí la postura de Marshall al respecto. Para Marshall, "las causas que determinan el progreso económico de las naciones pertenecen al estudio del comercio internacional". En palabras de Gomes:

"Desde un punto de vista de política práctica, por tanto, su defensa {la de Marshall} del libre comercio se apoya en última instancia no tanto en términos del modo convencional de razonamiento basado en la eficiencia estática de la asignación como en la necesidad de mantener a un país industrial al tanto del ‘progreso en las artes y recursos de las manufacturas’, i.e.: cambios en el state of the arts o avances tecnológicos foráneos"

Marshall, por tanto, incide en la conexión comercio exterior-tecnología-crecimiento económico, en tanto la competencia internacional (1) aumenta la eficacia de la industria doméstica, (2) crea oportunidades para la migración de capital y trabajo, (3) favorece la diligencia de los empleados y (4) ayuda al desarrollo de una industria a a gran escala. Todos estos argumentos en favor del librecambio son de caracteres esencialmente dinámicos y continuadores en gran medida del análisis de J.S. Mill. No obstante, esta línea de investigación en el campo del comercio internacional no será retomada a nivel teórico hasta después de la segunda guerra mundial, cuando arrecian las críticas heterodoxas al carácter estático y ahistórico de la economía neoclásica.

Conclusión

Según las teorías del librecambismo revisadas en este trabajo de investigación podemos sintetizar que con el transcurso de los tiempos las corrientes filosóficas fueron dando respuestas a los problemas sociales y económicos a través de grandes pensadores, con teorías lógicas y convincentes para impulsar la riqueza y el poder estatal al tiempo que promueve las empresas privada a organizar su economía y producción guiándose por estas teorías para la elaboración de sus productos para el mercado local, y también tener una información convincente del por que buscar el mercado internacional. (Para que su producto no se sature en el mercado local).

Lo bueno sería que nuestro estado se interesara en estas teorías para progresar en la economía nacional y poder invertir en nuestro país nosotros mismos.

Bibliografía

Martínez Sánchez, J. Manuel. ACERCA DE LAS TEORÍAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL disponible en

Sotelo, Ricardo "Economía internacional". Edición: 1 Edición - Lima
"Enciclopedia practica de economía".Director Editorial: Virgilio Ortega. Edición: Ediciones Orbis S.A. 1985
Francisco Mocua. "Principios y aplicaciones". Edición: Mc.Graw Hill, 2da Edición, 1998

Artículo de Internet. http://www.aulafacil.com/marketinginternacional/Lecc-1i.htm

 

Adriana Deligdisch

Carlos Dacoud

Paraguay

2007


Partes: 1, 2


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