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Los piratas y los representantes oficiales de la corona española en la Venezuela de los siglos XVI y XVII: ¿Una relación civil y militar? (página 2)

Enviado por Geniber Cabrera P.



Partes: 1, 2, 3, 4, 5

Las exageradas ambiciones de los monarcas ibéricos han de tener su génesis en la antigüedad, cuando algunos gobernantes ensoberbecidos intentaron con la aplicación de sus fuerzas militares, apropiarse de extensos territorios y áreas marinas. El mejor ejemplo ilustrativo lo constituye la Roma imperial que quiso hacer del Mediterráneo un Mare Nostrum, es decir, un mar exclusivo para los romanos. Ni tan alejados Castilla y Portugal de esas intensiones cuando conquistaron el Nuevo Mundo. Al respecto refiere Manuel Lucena Salmoral (1994) que:

…A los españoles les tocó medio océano Atlántico, el que estaba más allá de un meridiano que pasaba a 370 leguas oeste de las islas de Cabo Verde. Se suponía que llegaba hasta las costas de China y de la India. Los portugueses se quedaron con la otra mitad del océano, la que iba desde dicho meridiano hacia el Oriente. También se suponía que llegaba hasta la mismísima India e islas de las Especiería. La locura ibérica llegó al extremo de que los portugueses garantizaran el libre paso por <<su>> océano de las naves españolas que iban al <<suyo>>, como se consignó en el tratado. Luego resultó que las islas halladas por Colón se transformaron en un continente nuevo, también repartido salomónicamente por el citado meridiano. Más tarde, en 1513, un capitán español llamado Vasco Núñez de Balboa encontró otro océano, a las espaldas del mismo, al que bautizó como Mar del Sur. Naturalmente, Balboa se apresuró a tomar posesión de dicho océano en nombre de su rey, como los portugueses habían hecho con el Índico. Fue así como los dos países peninsulares se autoadjudicaron los océanos, cosa con la que no estuvieron de acuerdo los otros cuando se enteraron. (p.18)

Con el repartimiento del novomundo americano por parte de los hispanolusitanos, el resto de los reinos europeos quedaron excluidos de los tesoros y demás bienes explotados y por explotarse en dicho territorio. El descubrimiento de 1492 se convirtió en un secreto celosamente guardado por sus patrocinantes, quienes, se reservaron para sí mismo las cartas de navegación contentivas de las rutas marítimas, allende a los mares hasta entonces conocidos y navegados. Pero no resultaría fácil esconder una verdad tan grande como lo era la de un Nuevo Continente y, además, tan rico y lleno de oportunidades para salirle al paso a la ya maltrecha economía feudal europea. Las vecinas coronas a los reinos de Castilla y Portugal quienes pasaban en igual circunstancias las vicisitudes socio-económicas; más temprano que tarde, se darían cuenta del rápido progreso experimentado por los españoles y los portugueses y, sin duda alguna; los intereses se cifrarían en averiguar el origen de dicha prosperidad.

No es menos cierto que Cristóbal Colón contribuyó a divulgar su descubrimiento, de hecho, cuando él regresó a Europa anunció con gran algaraza que había atracado sus naves en tierras hasta entonces desconocidas por los mareantes de la época. La ciudad de Cintra sería el escenario donde el genovés a bombos y platillos haría el anuncio. El nuevo almirante escribió, incluso, una epístola a varios de sus amigos que fungían en la sociedad del momento con altos cargos gubernamentales. Históricamente se le conocerá a la misiva como la Carta de Colon la cual rubricó y fechó a los 3 días del mes de Marzo del año 1493, en ella comunicaba del hallazgo de seis islas ricas en oro y las cuales eran habitadas por unos seres extraños, muy distintos a los del continente europeo. Pronto el contenido escrito por Colón se tradujo a varios idiomas y tendría eco en Roma, París, Amberes, Basilea, Florencia y otras ciudades importantes. Ahora, lo que si guardó Cristóbal Colón recelosamente, fueron las cartas de navegación de las rutas extrapeninsulares hacia las novotierras indianas.



A pesar de los esfuerzos porque no se divulgasen las noticias de que el hallazgo era un nuevo continente y, de recursos incalculables, en el año de 1507 se difundió por Europa la sensacional información; las tierras descubiertas por los españoles y portugueses, eran nada más y nada menos que un Nuevo Mundo que junto a África, Asia y Europa, constituiría el cuarto continente del momento. Se hizo posible comprender que no se trataba, simplemente, de nuevas geografías indianas cuando un grupo de intelectuales de la Academia del Vosgo publicó en una impresión de la obra de Ptolomeo en su prólogo de la Cosmographiae Introductio las revelaciones del navegante Amerigo Vespucci quien era nativo de Florencia y a cuyo honor se propuso llamar al continente nuevo como América, tal cual como hubo de bautizarse. Sin embargo, las rutas transoceánicas seguían sin conocerse con exactitud.

Corría el año 1521 y comenzaron las guerras entre Carlos I y Francisco I por la hegemonía de Europa. Mientras eso sucedía en el ahora Viejo Mundo, un marino llamado Jean Fleury o Juan Florín como también se le conocía, se encontraba por ese mismo año merodeando por las Azores cuando avistó tres embarcaciones de pabellón español y, Florín, hombre ducho en cuestión de asalto y piratería se lanzó contra ellas apresando a dos de las mismas, ya que una tercera logró escapar y refugiarse en la isla de Santa María, la cual apresaría un tanto después para completar la hazaña. Al descubrir las bodegas de dichas naves, se sorprendería al ver lo que había aprehendido: 58.000 lingotes de oro junto al resto del tesoro que Hernán Cortés había robado a Montezuma (Motecuhzoma) y que envió a su rey. Este gran golpe propinado por Florín a las embarcaciones españolas, traería consigo el desmedido afán por enfilar las naves hacia el nuevo mundo, aproximadamente a partir de 1528. Además del tesoro robado por Florín a Cortés quien a su vez hizo lo propio con los aztecas, vendrían las informaciones de las cartas de navegación que trazaban las rutas marinas al tornaviaje de la Carrera de Indias. Si bien es cierto que el tesoro que Juan Florín apresó a los barcos españoles, significó, el botín más grande de época alguna; mayor tesoro habría de ser el hecho de develar la secreta ruta hacia el novomundo americano, por que en este se encontraba la fuente de riquezas con la cual los reinos de Castilla y Lisboa pusieron coto a la maltrecha economía que les agobiaba.

Recapitulando; en 1507 los académicos del Vosgo hablan de la existencia de un nuevo continente, el cuarto del momento. En 1521 el italiano- francés Jean Fleury (Juan Florín) comprueba con su hazaña las informaciones que los intelectuales habían divulgado. En 1493 los españoles y portugueses ya se habían repartido el nuevo mundo. En las dos primeras décadas del siglo XVI aun permanecían aisladas del festín americano las coronas vecinas a España y Portugal. Ahora que todo quedaba claro, algo tenía que hacerse.

Europa comercialmente estuvo unida antes del descubrimiento (1492). Los puertos de las distintas ciudades recibían y despachaban barcos cargados con los variados productos destinados a los intercambios. Incluso, la actividad comercial era tal, que se sobreponía por encima de las luchas entre los monarcas que querían tomar el control hegemónico europeo. La unión y los esfuerzos se mancomunaban para defenderse de los ataques piráticos ejercidos por los vikingos en las aguas del Mar Mediterráneo, mediante el cual, transitaban las embarcaciones que iban de uno a otro puerto para llevar los diferentes rubros. Es decir, que los intereses personales de los emperadores europeos se veían diezmados ante los intereses comunes por sostener un intenso tráfico comercial.

A partir del siglo XI, se produce en toda Europa un claro despertar de la vida económica. Inglaterra desarrolla una importante flota comercial, dedicada al intercambio de telas y especias, las ciudades de Flandes, con Brujas a la cabeza, las ciudades alemanas con Lübeck, Hamburgo y Colonia, las coronas de Castilla, Navarra y Portugal, empleando como puertas de sus intercambios comerciales, Santander, Bilbao, Deva, Fuenterrabía, Bayona y Lisboa, establecen un intenso tráfico comercial. (Apestegui, 2000, p.12)

Todo pudo tolerarse y superarse entre los distintos gobernantes europeos mientras se dedicaron a mercadear unos con otros, pero, lo que no podría aguantarse, era precisamente, quedar relegados al gran botín hispanolusitano. Así que, la cierta paz que se respirara en Europa llegó a su fin definitivo en cuanto el nuevo mundo se convirtió en la manzana de la discordia. Pronto, los franceses se avalancharían hacia las nuevas posesiones de los españoles, ya que sería directamente al Caribe donde el monarca de Francia enviara a sus corsarios reales. Un tanto después, Inglaterra haría lo mismo y los holandeses, por su parte, seguirían a los anteriores, pero argumentando la teoría de Hugo Grocio del Mare Liberum la cual chocaba abiertamente con la jurisprudencia ibérica del Mare Nostrum o Mare Clausum. Así, el atlántico Caribe incluidas sus ínsulas, ya no sería exclusivo de los españoles, quienes forzosamente ahora compartirían con sus otroras socios comerciales, todas las benéficas riquezas de la América.

Por el Caribe hispano se verían desfilar las escuadras de corsarios con patentes oficiales expedidas por los reinos a los cuales prestasen sus servicios. El trabajo de estos empleados de las nóminas reales, era principalmente, demostrar la presencia ajena a Castilla en sus posesiones ultramarinas, con la firme intensión de quebrantar sus dominios hegemónicos-exclusivistas en las novocolonias americanas y poseer ellos también, propiedades allende a sus fronteras.

Los corsarios a cambio de sus trabajos recibían además de la gracia de sus monarcas, el pago porcentual en concordancia de lo usufructuado por la vía del expolio. Algunos, hasta se les nombraría como caballeros y sires de su majestad, lo cual debían honrar con el abultamiento de las arcas reales y de la toma de nuevas posesiones para acrecentar las fronteras de sus reinos. Pero, las riquezas en la América eran tales, que muchos de los corsarios se olvidarían de sus compromisos y comenzarían a actuar por voluntad propia sin otras obligaciones que las acordadas entre todos los decididos a llevar una vida libertaria. De esta nueva forma de operar nacerá la Piratería Americana y el Corsopiraterismo, este último, a propósito de los que decidieron hacer el doble juego, es decir, robar para el rey y para ellos. Esta, entre otras causas, motivaron la piratería en América o la piratería americana.

La piratería y el corso se trasladaron a América pocas décadas después de su descubrimiento, adquiriendo allí unos perfiles y características propios. Tan propios, que, para un europeo el verdadero pirata es el americano, el del pistolón, el sable y la botella de ron.

Muchas fueron las causas que movieron a la piratería, pero pueden reducirse a tres: la aparición de grandes riquezas en América, principalmente oro y palta, la existencia en Europa de una enorme masa de población pauperizada y la debilidad del imperio ultramarino español. (Lucena Salmoral, 1994, p.23)

Estudiar a profundidad las causas que originaron la piratería americana o en América, no es el caso a tratar ahora, pero si vale reseñar -aunado a lo anterior expuesto – que otros ingredientes importantes fueron los aspectos: religiosos entre el catolicismo y los corsopiratas o piratas hugonotes- protestantes, el afán de aventuras como búsqueda de libertad absoluta para delinquir a las anchas y, un elemento fundamental que no puede obviarse, ha de ver, con la extraña política de poblamiento que se determinó para colonizar al nuevo mundo, la cual consistía en enviar sólo ciudadanos de primera categoría y no de segunda categoría , es decir, ni judíos, ni moriscos, ni herejes, ni delincuentes, ni gitanos y mucho menos extranjeros, entre otros ciudadanos que no calificaran. España que tenía un poco más de 10.000.000 de habitantes y entre los cuales se contaban los excluidos, no pudo con esa obstinada política colonizadora abarcar grandes extensiones americanas, lo cual produjo un punto a favor de las otras coronas a la hora de participar en la apropiación de tierras y mares en el nuevo continente ya que no había suficientes pobladores españoles para repeler las acciones rivales.

La irrupción de la corsopiratería en el nuevo mundo fue -aproximadamente- hacia los finales de la tercera década del siglo XVI, cuando al Caribe se presentaron intespectivamente, sinnúmeras escuadras de barcos con variopintas banderas ondeadas por los vientos alisios, las cuales representaban los escudos y armas de los soberanos que les hubieren contratado y, cuando no, lucían pabellones propios con inscripciones y dibujos carabélicos como anunciantes del robo, la quema y la destrucción. Al Caribe llegaron y en sus islas se asentaron y, desde ellas planificaban, los macabros asaltos a las poblaciones de otras islas y a las costas de tierra firme.

CUADRO Nº 1

Algunos de los Corsarios y Piratas que arribaron al Caribe

(Siglos XVI y XVII)

Año

Nombre

Nacionalidad

Ciudad Visitada

La Acción Cometida

1528

Pirata Anónimo

-

San Germán Puerto Rico

Saquea e incendia la ciudad

1536

Pirata Anónimo

Francés

Chagrés y la Habana

Asalto de naves españolas

1538

Pirata Anónimo

-

La Habana

Primer intento de penetrar la ciudad

1554

Corsario Jacques Sore

Francés

Isla de Cuba

Se apodera de Santiago de Cuba

1555

Corsario Jacques Sore

Francés

Santa Marta y Cuba

Incendia a Santa Marta y toma la Habana

1562

Corsocontrabandista Jhon Hawkins

Inglés

Santo Domingo

Inicia comercio forzado

1586

Corsario Francis Drake

Inglés

Santo Domingo

Asalto y toma la isla

1595

Hawkins y Drake

Ingleses

San Juan de Puerto Rico

Asalto a la isla.

1628

Pieter Heyn

Holandés

Isla de Cuba

Se apodera de la flota de la plata en la bahía de matanzas

1629

Cornelius Goll

Holandés

La Habana

Fracasa en su intento de apoderarse de la ciudad

1655

Corsarios Anónimos

Ingleses

Jamaica y Gauson

Son conquistada

1662

Corsopirata Myngs

-

Isla de Cuba

Es tomada Santiago de Cuba

1679

Corsopirata Franquesnay

-

Isla de Cuba

Fracasa al intentar Tomar santiago de Cuba.

1694

Ducasse y sus hombres

-

Isla de Jamaica

Asolan el Sureste de Cuba

Fuente: Lucena Salmoral, Manuel (1994). Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos del mar. Pp.275, 276,277 y 278. Elaboración propia.

En el anterior cuadro apenas se recogen los nombres de algunos de los más sobresalientes corsarios y piratas que hubieron de actuar en el Caribe. Si se hubiesen registrado las acciones de cada uno de los hombres que asaltaron, quemaron, desolaron y robaron los más mínimos rincones de la América, los anaqueles de los archivos históricos del mundo, reservaran buena parte de ellos, única y exclusivamente a los nombres, sobrenombres, remoquetes y cualquier alias usado por los aventureros de la mar, incluida, además, sus propias acciones.

Los españoles y portugueses no eran ajenos a la piratería, de hecho, la conocían muy bien, tanto como en el resto de los países europeos que mercadeaban navalmente por las aguas mediterráneas y el mar del norte. Pero, la América planteó a los desheredados de su festín asirse al ancestral oficio delictivo para someter los ímpetus ibéricos que pretendían abarcar, únicamente para sí, la servida mesa de ese nuevo mundo. Lo que Ayer les unió, hoy les separa. Así pudiera apreciarse la rivalidad entre los propios reinos del viejo mundo por disputarse el nuevo.

La actividad pirática en el Caribe se revitalizó y tomó aspectos novedosos en la ejecución de sus prácticas. Ya no sería un simple acto de asaltar embarcaciones como en otrora tiempo se hacía en el Mediterráneo, ahora, en las atlánticas aguas e islas caribeñas se consolidaría como una verdadera empresa para delinquir. Muchos de los hombres que llegaron en condición de corsarios, se unieron a los otros que arribaron como piratas y libertarios por excelencia, así, en el Caribe se suscitaría como hecho inédito el corsopiraterismo que alcanzó tales niveles de organización para acometer sus hazañas, terminaron agrupándose en una especie de Cofradía Pirática, la cual consistía en realizar periódicamente asambleas para resolver desde las rutas de sus correrías hasta la elección de los capitanes y demás miembros de la tripulación de abordo. Como hecho histórico curioso, cabe destacar que en dichas juntas se resolvieron dictámenes para las indemnizaciones que les tocarían a cualquiera de los hombres de la cofradía que resultaran heridos, o en el peor de los casos, mutilados. Este tipo de compensaciones servirían como base a las empresas de la Revolución Industrial al momento de compensar a sus trabajadores por los accidentes sufridos.

…las recompensas y premios de los que serán heridos o mutilados de algún miembro, ordenando, por la pérdida de un brazo derecho seiscientos pesos o seis esclavos, por izquierda cuatrocientos pesos o cuatro esclavos, por un ojo cien pesos o un esclavo, y por un dedo tanto como un ojo; todo lo cual se debe sacar del capital o del montón y de lo que se ganare… (Exquemelin, 1999; p.74)

Se multiplicaron tanto las maneras de piratear en el Caribe, que en el decurso temporal que va desde el primer cuarto del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII, se suscitaron variados estilos para proceder en el vil oficio. En términos generales, se puede observar a lo largo de esas dos centurias y un poco más, que las principales formas de actuar arribadas a la América, fueron la de los corsarios y los piratas, después, la de los bucaneros y filibusteros, estos últimos como expresiones genuinas nacidas en el Caribe por la fusión de los primeros mencionados.

Aproximarse a una posible nomenclatura para denominar con propiedad a cada oficio delictivo en particular o de la fusión entre uno y otro, resulta un tanto riesgoso, sin embargo; las actuaciones ambiguas generan términos como los de: Corsopiratas, Corsofilibusteros, Corsobucaneros, Filibucaneros, entre otros. Ahora, lo que sí se pude aseverar es, precisamente, que todos bajo el signo de la acción libertaria, perseguían además de las aventuras, el lucro fácil.

…conviene aclarar que piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros son tipologías representativas de un oficio de ladrones del mar que tenían infinitos eslabones intermedios, imposibles de definir. Como ocurre frecuentemente, lo indefinido es más usual que lo definido, pues el hombre gusta de expresar su voluntarismo contra todo tipo de clasificaciones. Veremos así piratas semicorsarios, corsarios semipiratas, bucaneros semifilibusteros, etc. (Lucena Salmoral, 1994, p.40)

La dinámica ejercida por los piratas en el Caribe se irradiaría a todos las costas de tierra firme, en ésta, arremeterían contra los colonos para robarles sus bienes y, además, para atemorizarles como demostración de quienes realmente dominaban en el nuevo mundo. Muchas plazas notorias quedaron marcadas bajo el signo de la delictiva actividad que como práctica común optaba por dejar tierra arrasada tras sus pasos.

La Venezuela de los siglos XVI y XVII no quedaría excluida de las acciones piráticas. Venezuela con una maravillosa posición geográfica frente al Caribe, poseedora de una vasta condición natural, con riquezas en sus suelos de minerales preciosos, con bosques de buenos árboles para el aderezamiento de los barcos y además, con recursos marinos abundantes en especies y granjerías de perlas en las islas de Margarita, Coche y Cubagua; no podía pasar inadvertida de las trazadas rutas de los aviesos aventureros del mar.

Cuando se hace referencia a la Venezuela de los siglos XVI y XVII, se hace guardando las consideraciones pertinentes de los teóricos dedicados en materia de territorialidad, claro, que no es el caso a ocupar en este trabajo lo referente a las profundizaciones de esos estudios, pero bien vale la pena citar lo expuesto por el historiador Manuel Donís Ríos (2001) quien al respecto dice:

Se abusa del término "Venezuela" al abarcar territorios que ni siquiera eran llamados así, cuando nos referimos a una Venezuela prehispánica o del período colonial. No obstante, consideramos que como la unidad integrada final tuvo este nombre, este tiene que ser el término propio de comprensión a lo largo de la descripción de su proceso evolutivo. (p.17)

En Venezuela había oro y plata, no tanto como lo que se imaginaba en El Dorado, pero sí lo suficiente para atraer a cuanto pirata merodeara en el Caribe. Entre otras riquezas, Venezuela, aportaría un tercer elemento de codicia, es decir, las granjerías naturales de perlas que se utilizaban como una especie de numerario desde el propio período aborígen, cuando, con estas, se sufragaban los costos de algunos productos.

La primera fábula de la riqueza americana es la de las perlas. Por ellas el primer nombre del litoral venezolano es la Costa de las Perlas. Por ellas nace y muere Nueva Cádiz la primera ciudad fundada en el Nuevo Mundo cerca de Tierra Firme a partir de un asentamiento de explotadores de perlas instalados en 1517 en la isla de Cubagua…

Cubagua es descubierta por Cristóbal Colón en su tercer viaje. Al ver la cantidad de perlas que lucen los indígenas y la generosidad con que las cambian por platos de loza, el Almirante proclama a su tripulación: "Hemos llegado al país más rico del mundo". (Britto García, 2001, p.38)

Las Perlas como elemento de riqueza convirtieron a Venezuela, específicamente, en sus ínsulas de Margarita, Coche y Cubagua; en centro de atracción, no sólo de piratas buscadores de fortunas fáciles, sino también de los propios colonos de las distintas comarcas de tierra firme y de las islas caribeñas…"En Santo Domingo no hay quien no salga a rescatar perlas. Hasta los dominicos y los franciscanos cruzan el mar y se quedan en Venezuela… (Arciniegas, 1975, p.352)

Los beneficios a obtenerse en Venezuela eran tantos que, prácticamente, dicha provincia se convirtió en una escala obligada para todo aquel escrutador de la mar Caribe y de cualquier rincón americano. Pareciera que las excelsas fortunas de los suelos, los subsuelos y los mares de Venezuela, aguardaran por el mejor postor.

El Caribe sirvió como una especie de base de operaciones de las distintas escuadras y cofradías piráticas. Desde sus islas partían pertrechadas las naves de los pillos del mar para iniciar sus periplos por cada rincón americano. A Venezuela llegaban, la mayor de las veces , tocando primero a la Margarita y Cubagua buscando las preciosas perlas, de allí aprovechando hinchar las velas con los favorables vientos alisios, comenzaban el itinerario hacia otras comarcas como las de Caraballeda, distante de Santiago de León de Caracas a unas cuatro leguas más o menos, y de acá se dirigían al puerto de la Borburata, luego al Tocuyo, Cabo de la Vela, Coro, Maracaibo, continuando sus acechos a Cartagena de Indias, subiendo ayudados por los mismos vientos, hasta Portobelo en Panamá, y desde allí, bordeando todo el golfo costero de México ponían fin a la diabólica agenda pautada para regresar a guarecerse y planificar los nuevos asaltos.

CUADRO Nº 2

Algunos de los Corsarios y Piratas que arribaron a Venezuela

(Siglo XVI y XVII)

Año

Nombre

Nacionalidad

Ciudad Visitada

Acción Cometida

1555

Corsario desconocido

Francés

Borburata

Entraron y estuvieron 6 días robando y causando grandes daños a la población.

1564

John Hawkins

Inglés

Borburata

Contrabandeó con los colonos bajo amenaza.

1566

Lowell

Inglés

Borburata

Contrabandea y piratea.

1567

Nicolás Valier

Francés

Borburata

Invade y causó despoblamiento de la ciudad.

1568

John Hawkins

Inglés

Margarita y Borburata

Contrabandea aplicando un comercio forzado.

1595

Walter Raleigh

Inglés

Guayana

Ataca la ciudad

1599

Flota de Holandeses

Holandeses

Araya

A rescatar sal de las minas.

1617

Walter Raleigh

Inglés

El Dorado

Expedición en su búsqueda.

1618

Walter Raleigh

Inglés

Guayana

Caído en desgracia y ejecución

1623

L` Hremite

Francés

El Callao

Incursión y Muerte del pirata

1642

William Jackson

-

Maracaibo

Saqueo de la ciudad.

1659

Myngs

Inglés

Cumaná, Puerto Cabello y Coro

Destrucción de Cumaná y asalto a Puerto Cabello y Coro.

1668

El Olonés (Juan David Nau)

Francés

Maracaibo y Gibraltar

Toma de estas ciudades.

1669

Henry Morgan

-

Maracaibo y Gibraltar.

Asalto a ambas ciudades.

1680

Sharp, Coxon, Essex, Allison, Row y Magott.

-

Cumaná y la Guaira

Asalto a ambas ciudades.

Fuente: AGI, Santo Domingo, Patronato, 193, (R.6/R. 9/N.1) Pp.203,71,78.- Apestegui, Cruz (2000) Los ladrones del mar, Piratas en el Caribe, Corsarios, Filibusteros y Bucaneros, 1493-1700.Pp.211 a la 221. Elaboración propia.

Venezuela en tiempos del corsopiraterismo no quedó excluida de los afanosos trajinares de los buscadores de tesoros, y es que no podía ser más perfecta una plaza hispánica para tales fines, porque entre su conjunto mar y tierra, se aguardaban los elementos que en el Viejo Mundo tenían su apremio comercial. Bastábase llegar a la América para regresar con los barcos llenos de riquezas.

Venezuela como otras colonias españolas, quedó sumida bajo el signo de la piratería, esa que germinó en el Caribe, allí frente a su cabeza de playa se asentaron los hombres que perseguirían sus fines (riquezas) sin importarles los medios a aplicar (muerte, quema, robo y total destrucción).

El Caribe se convirtió en un hervidero de hombres malvados, a él llegaron y se multiplicaron. Rondaron sus aguas e islas sometiendo y destrozando sus principales plazas, convirtiéndolas en sus bases de operaciones; desde ellas preparaban sus campañas de terror y muerte, y a ellas, después, regresaban con sus bodegas lastradas de fortunas y el orgullo en alto, insuflado de libertad y ganas para las empresas por venir. Cada rincón, cada puerto y lugar del Caribe y Tierra Firme eran espacios preciosos para probar la suerte de un buen botín. (…) Las posesiones españolas en ultramar quedaron subyugadas a la piratería americana durante dos largas centurias, realidad que España tuvo que soportar como un mal que mata lentamente y no se puede remediar. Y, Venezuela, por su parte, no escaparía de esa amarga realidad. (Cabrera,2004,p.174)

Las distintas comarcas que conformaban a la primitiva provincia de Venezuela, sufrieron los embates de la piratería, una tras otra. Primero fueron atacadas las ciudades costeras y próximas a estas en un recorrido del nororiente al noroccidente, después, los aventureros fueron adentrándose en el territorio, logrando asaltar poblados alejados de las costas. Es decir, en donde se sospechase que habían riquezas, allí, se harían presente los facinerosos piratas para aplicar sus métodos delictivos y obtener a expensa de lo que fuere, el botín.

II).- Oficialidad Real y Resguardos en la Venezuela de los Siglos XVI y XVII

Hispanoamérica, en su conjunto, sería organizada administrativa-política-militar y territorialmente bajo las propias orientaciones de la corona y de la dinámica misma generada en el proceso de exploración y conquista. Así, en la medida en que se iban colonizando los distintos espacios, a su vez, se organizaban los cuerpos gubernamentales y demás funcionarios al servicio de los intereses castellanos, un tanto después, españoles en la América.

Las vicisitudes enfrentadas y por enfrentar en el proceso de dominación del nuevo mundo, generarían los mecanismos propios para fundar los pueblos de españoles y crear a su vez, los sistemas de defensa, primero, contra los aguerridos aborígenes opuestos a perder sus tierras y bienes, luego, contra el advenimiento de los corsarios y piratas que representaban los intereses de Francia, Inglaterra y Holanda, cuando estas coronas se interesaron también por colonizar más allá de sus fronteras.

La América Hispana fue sembrada de villas, castillos y fortines (…). Tales fundaciones, la mayoría de las cuales existen actualmente, obedecían a necesidades de la conquista y de los primeros tiempos de colonización: I) como medio de defensa contra las incursiones y rebeliones indígenas; II) como asiento estable para la vida de los conquistadores y colonizadores; III) como centros administrativos y religiosos; IV) como base de intercambio y de defensa contra la piratería y el contrabando. (Maza Zavala, 1994, p.58)

El afán y la codicia por territorios y, por ende, de riquezas, sería el acicate de los conquistadores ibéricos cuando arribaron al otro costado del mundo, también hubo de serlo cuando a este llegaron los otros europeos en calidad de corsarios reales, y un tanto después, como colonizadores. Así, a los españoles les correspondería actuar por partida doble, por un lado, para desplazar a la base aborígen, por el otro, para no dejarse desplazar por sus rivales vecinos del viejo mundo.

Siguiendo a Eulides Ortega Rincones (2003), se puede apreciar que la exploración, conquista y colonización del nuevo mundo que estuvo impulsada, entre otros, por los mitos de las ciudades doradas, obligó a la corona española a comenzar en el propio siglo XVI a dibujar el entramado institucional necesario para asegurarse la soberanía. De modo pues que, en 1503 se creará la Casa de Contratación, la cual, a partir de 1511, tendrá amplia jurisdicción en lo civil y lo criminal a propósito de todo lo que surgiera a raíz de los viajes de ultramar. En 1524 esta institución quedará subordinada al Consejo Real y Supremo de Indias el cual tendría facultades judiciales, legislativas y fiscales, además de funcionar como tribunal administrativo y ordinario que a su vez regula y controla las finanzas generadas por el comercio transoceánico, en tanto que servirá como instancia de apelación de la Casa de Contratación. El 15 de enero de 1529 por despacho de Real Cédula se establece la obligatoriedad de registrar todos los barcos españoles para tomar nota de las personas y de los bienes a bordo, así, la Casa de Contratación fue dotada de Oficiales Reales para que pecharan los derechos correspondientes a su majestad e impidieran cualquier clase de contrabando.

Junto a las instituciones que se crearon con el propósito de controlar y fiscalizar el torrente de bienes despachados desde la América al reino español, también se contrató una nómina de empleados reales al servicio de los intereses monárquicos en el novomundo americano. A estos funcionarios les tocaría además de regentar política y administrativamente las provincias, velar por los intereses de la realeza y enfrentar cualquier pretensión de sublevación indígena, de ataques de piratas y contrabando, estos últimos, como las tareas más difíciles de cumplir dada la poca capacidad de respuesta bélica en las colonias.

Cuadro N° 3

Conformación Capitular de Gobiernos Provincianos (Oficiales Reales)

Partes: 1, 2, 3, 4, 5


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