Partes: 1, 2, 3

CUADRO Nº 5

Partidas de Vecinos y Oficiales Reales montados en Armas y otros Pertrechos para contrarrestar los ataques piráticos

Apellidos

Nombres

Armamentos y demás pertrechos Bélicos

RRiberos [sic]

Manual

-Una espada; una rrodela, una sargenta, una celada, un caballo, lanca, un arcabuz con sus aderezos [sic].

DeVegas

Goncalo [sic]

-Una celada [sic], un negro con sus arcos e flechas, una espada.

Campuzano [sic]

Pedro

-Dos cavallo ensillados y enfrenados, una lanca, dos españoles, dos arcabuces con todos sus aderezos.

Castellanos

-

-Proveyose de pólvora [sic]

Anriquez [sic]

Andres [sic]

-Proveyose de pólvora [sic]

De Manzarres [sic]

Antonio

-Un arcabuz aderezado, dos cavallos con sillas y enfrenados, dos lancas, una darga, un español con una espada y una rrodela [sic].

Capitan [sic] Ballesteros

-

-Dos cavallos ensillados y enfrenados, una lanca, un español que sirve da pie y cavallo [sic].

De Torquemada [sic]

Juan

-Un cavallo [sic] ensillado y enfrenado, una lanca [sic], un arcabuz aderezado, un soldado con una espada.

De RRua [sic]

Gabriel [sic]

-Una espada y una rrodela [sic].

Ballesteros

Pedro

-Una espada.

De RRios

Juan (1era vez)

-Un arcabuz, un cavallo [sic] ensillado y enfrenado.

De Sanmillán

Juan (1era vez)

-Una lanca y una darga [sic].

Con. Cuadro N° 5

Apellidos

Nombres

Armamentos y demás pertrechos Bélicos

Riveros

Goncalo [sic] por Pedro de Lerma

-Una lanca y una espada.

De Lara

Diego

-Una espada, un arcabuz con sus aderezos.

De Quiñones

Cristóbal [sic]

-Un arcabuz con sus aderezos.

De Arberosa

Gaspar

-Un atanbor [sic].

Marquez [sic]

Francisco

-Un atanbor [sic].

Fuente: AGI, Patronato, 267,N. 1, R. 49,1/8, 1/9, 1/20, 1/21, 1/22, 1/23; 15-VIII-1570 Elaboración propia.

Los anteriores datos pertenecen a un grupo de vecinos que sin experiencias en el manejo de armas, les correspondió, como a muchos otros habitantes de los distintos poblados de esa América española del siglo XVI, enfrentar las agresiones corsopiráticas.

Conjuntamente a las políticas jurídicas dispuestas por los monarcas españoles y al hecho de armar a sus representantes oficiales y a los pobladores; debió articularse un sistema de defensa marítimo y terrestre. Es decir, que se hacia imprescindiblemente necesario conformar toda una estructura para proteger las posesiones ultramarinas novohispánicas que debía contemplar sinnúmeras flotas reales y edificaciones amuralladas.

La erección de fortificaciones, cuyos restos aún hoy se conservan en nuestras costas, corresponden, siguiendo el vocabulario de la época, a la "defensa estática", iniciada a gran escala en el siglo XVI.

Pero los fuertes, por sí solos, no bastaban para guarecer las costas: debían completarse con la "defensa móvil", constituida por buques menores para recorrer las costas y el resguardo de alta mar o corso, formado por embarcaciones mayores capaces de batirse en mar abierto. (Ortega Rincones, 2003, p.26)

En este mismo orden de ideas y continuando con lo expuesto por la investigadora – historiadora Eulides Ortega Rincones (2003), se tiene que:

…Se precisaba constituir un auténtico Resguardo Marítimo, que implica la conjunción de esfuerzos y recursos materiales, organizativos, legislativos y humanos en cierta escala para conformar una estructura ad hoc, orientada y dedicada expresa y exclusivamente a prevenir y combatir las incursiones de navíos extranjeros…(p.26)

Puede decirse -para recapitular y avanzar en lo expuesto- que desde el momento mismo en los cuales se suscitaron los primeros asentamientos de españoles en las distintas regiones del nuevo mundo, se implementó, casi a la par de las fundaciones de los poblados, los sistemas de resguardos para protegerse de los ataques que llevaban a cabo, esporádicamente, los indígenas. Los fuertes edificados con el fin de garantizar la vida de los ocupantes europeos se limitaban a amparar las ciudades más importantes para la Corona, el resto de las comarcas quedarían desguarnecidas por no creerse necesaria su custodia. Principalmente, se fortificarían las plazas que poseyeran riquezas, así como las que presentaran mayores resistencias de los naturales.

Con el advenimiento de las operaciones piráticas a predios americanos, más de medio siglo después de la conquista y progresiva colonización, los pocos edificios destinados a la seguridad contra los factores de los aborígenes más aguerridos, resultarían ineficaces al momento de defender las posesiones coloniales ante las escuadras de los aventureros llegados a ellas a buscar rentas por la vía del expolio, el amedrentamiento y otras prácticas propias del vil oficio del piraterismo.

La idea de fortificar las posesiones ultramarinas para Castilla, sería primigenia a la presencia de los pillos del mar. Antes de que estos llegaran, ya los españoles habían aplicado medidas para abrigarse de los enemigos de entonces, es decir, de los indígenas – como se ha referido - pero las arribadas de los facinerosos piratas tomaron por sorpresa a los representantes oficiales de la católica corona, quienes, junto a los demás colonos, quedarían desprotegidos por la infuncionalidad de las primitivas y escasas guarniciones.

Los nuevos enemigos de la corona española además de plantearles un problema mayor, la obligaba a buscar prontas soluciones. No habría otro remedio que el de defenderse por tierra y por mar, así se daría comienzo a la creación de las Flotas de Armada y a los Cinturones de Fuertes extendidos a lo largo y ancho de América, primordialmente, en las plazas del insular Caribe y de las ciudades importantes de tierra firme. El sistema de defensa español se originaría en el mar, seguido complementariamente, por tierra. Primero se desarrollarían las flotas para perseguir y atacar en sus propias bases de operaciones a los pillos del mar y, luego, se erigirían una cantidad de edificios de piedra para repeler desde las propias ciudades fortificadas a esos aventureros. Los barcos que integrarían esa Armada Real, estarían provistos de cañones de gran alcance, además de: jarcias, arboladuras, lonetas, crotines, brines, breas, alquitrán, boletería entre otros productos para el aderezo de las naves y, para la tripulación: armamento de mano, pistolas, sables, puñales y pedreros para la defensa hombre a hombre. Las fortificaciones, por su parte, estarían provistas también, con cañones de largos disparos y una serie más de cañones menores; igualmente, conformada por un regimiento de soldados y oficiales reales adiestrados para hacerle frente a los declarados enemigos del monarca de Castilla.

Cuadro Nº 6

Tipos de Cañones y sus Utensilios tanto para Fuertes como para Naves

(Principalmente de los siglos XVI y XVII)

Instrumento

Efectos y Accesorios / otros

-Pedreros

-Cañón corto de bronce o hierro: lanza proyectil, horquilla de hierro, lanza piedras más o menos labradas.

-Cañones

-Para disparos de largo y corto alcance: atacadores, agujas de fogón, bolsa de cuero, botafuegos, botalanzafuegos, guardalanzafuegos, guardamechas, cartuchera para estopines, cubetas, cuñas de puntería, cuñones, chifles, lanadas, planadas, punzones, sacatrapos enastados, tapabocas, tinas y tintas de combate.

-Morteros

-Para disparos con algo de precisión: botafuegos, botalanzafuegos, crucetas de madera, cucharas de hierro, escobillones con atacadores, escuadras con péndulos, espátulas de madera, espeques herrados, lanadas, mordazas, niveles, pies de cabra de hierro, péndulos, pínulas de madera, plomadas, plomadas de conducción, rascadores, socaespoletas y sombreros.

-Obuses

-Para disparos de proyectiles huecos: agujas, botafuegos, crucetas, cucharas, escobillones, escuadras de graduación, espeques, espuertas para conducir las balas, listones para la puntería, lanadas con atacador, plomadas y tapabocas.

Fuente: Santiago- Gerardo Suárez (1978) Fortificación y Defensa. Caracas; Pp. LIII, LXV, LXVI. Elaboración propia.

La conquista de América, tanto para los españoles como para el resto de los europeos que también colonizaron en el novomundo, planteó una modernización progresiva de los armamentos y del cuerpo de elementos que los constituyen, así, la evolución desde mediados del siglo XVI será una constante en los años y siglos siguientes. Se pasa del primitivo sistema de molturación a los morteros y cañones de trituración con pilones lanza piedras y balas huecas. En tanto que, el avance mismo de la industria armamentística, supondría la habilidad de manejar los procesos metalúrgicos con inventos de aleaciones creadas por grandes artesanos. Por su parte los cuerpos militares debían andar al mismo ritmo que anduviese el desarrollo de la empresa de las armas, así que, ejércitos y armamentos debían conjuntarse con uno solo.

Cuadro Nº 7

Existencia y Evolución Histórica de algunos Cuerpos Militares

Cuerpo Militar (u otros)

Descripciones

Los Caballeros Teutónicos

-Hombres con el oficio de monjes y soldados, se puede decir que son mitad monjes y mitad soldados. Participaron en las cruzadas y un tanto después harían lo propio en la Pomerania en donde ingeniaron un curioso estado- fortaleza, colonizando parte de las actuales Polonia, Hungría y Lituania. Su época de plenitud, hacia el 480 a. de C.

Los Jenízaros

-Cuerpo del ejército Otomano que infiltraban como sus soldados a los raptados hijos de los cristianos que serían posteriormente educados para formar la feroz infantería de los Sultanes. Su época de plenitud, a partir de los iniciales años del siglo XV.

Los Mosqueteros

-Mercenarios principalmente a las órdenes de la monarquía francesa que fungían como custodios de la realeza y veedores en palacio de todos los movimientos y acciones secretas e intrigantes. Su época de plenitud, aproximadamente entre los años de 1622 a 1745.

Los Granaderos de la Guardia

-Cuerpos que fungían como guardia personal de napoleón Bonaparte y que fue punta de lanza en la mayoría de las arriesgadas ejecuciones militares del Emperador de los franceses. Su época de plenitud, desde los iniciales años del siglo XVIII hasta bien entrando el XIX.

Cont. Cuadro Nº 7

Cuerpo Militar (u otros)

Descripciones

Los Cadetes

-Grupos de futuros oficiales superiores. Educados en academias especiales que formarían las bases de los modernos ejércitos alemanes y que después se convertirán en la base de los grandes cuerpos de élite de la humanidad. Su época de plenitud, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días. Pero no puede negarse, ni menos precisarse la gestación de este cuerpo profesional militar en el devenir de su propia y tímida formación histórica.

Fuente: Jean – Jacques Maurreau (1980) Los Grandes Cuerpos Militares del Pasado.- Barcelona – España. Elaboración propia.-

Venezuela como particularidad de la generalidad americana, no podían quedar excluida ni de la organización política – administrativa española, ni de las actuaciones de los otros europeos arribados como corsarios o corsopiratas.

En principio la responsabilidad de la provincia de Venezuela fue entregada a los Welser de Augsburg, de tal manera que muchos españoles contratados como oficiales reales por merced del rey católico de Castilla, quedarían bajo las inmediatas órdenes de los extranjeros alemanes. Entre esos españoles estaría el incansable explorador – conquistador, Juan de Villegas, quien actuaría investido como Capitán General de la provincia, nombrado por los propios Welser y ratificado por el monarca cuando la colina quedo definitivamente en manos de este. La fama y confianza alcanzada por Villegas se sustentaría en su obra conquistadora, que resultó, en la fundación de varias ciudades. Un tanto después, este oficial real recibiría del gobernador español, el licenciado Juan Pérez de Tolosa (uno de los gobernadores al término del gobierno alemán) el nombramiento de Teniente General, lo cual le avivaría aún más su espíritu colonizador. De manera que, la etapa histórica inicial de la provincia venezolana quedará a cargo de Villegas, tanto en su fase exploratoria como en la de fundar y organizar centros poblados.

Al Capitán General y después Teniente General, Juan de Villegas, le tocó enfrentar junto a sus colaboradores, pequeñas escaramuzas con los habitantes aborígenes de las distintas zonas que exploró; más no le tocaría vivir en carne propia enfrentamientos con los corsarios y piratas. Dado que, para el año de 1553 cuando muere el oficial español, la lucrativa actividad aún se movía en la zona insular caribeña y, si hubo de tocar en tierra firme, no lo fue en la provincia de Venezuela hasta la iniciada segunda etapa del siglo XVI, aproximadamente hacia, el primer lustro de los años sesenta de ese siglo.

Los primeros establecimientos de españoles en Venezuela, tenían en común, la variedad de elementos naturales para el provecho y sostenimiento de la vida, así como para el desarrollo comercial entre las propias ciudades de la provincia y, de estas, con las otras colonias caribeñas y de tierra firme, siendo para ello necesario, la interrelación por rutas marítimas principalmente. Así que para, erigir cualquier poblado de españoles en el nuevo mundo, debían seguirse las instrucciones vedadas por la propia corona.

El trabajo de las autoridades y de los pobladores sería arduo y excesivamente cuesta arriba. Las misiones consistían fundamentalmente, en ir de manera progresiva levantando ciudades para garantizarles el derecho y la propiedad colonial a los monarcas castellanos. A ello deben sumarse las vicisitudes propiciadas por la misma naturaleza: fuertes torrentes de lluvias, bosques densos e impenetrables, animales venenosos, ríos caudalosos de fuentes corrientes, entre otras dificultades propias a los parajes americanos. Pero la mayor perturbación a los planes y ejecutorias de la conquista española en la América, sería la piratería, la cual se haría presente en la provincia de Venezuela, justo cuando ésta ya no era regentada por los alemanes, sino por los propios oficiales reales españoles.

El ordenamiento de la provincia de Venezuela traería consigo la satisfacción sustentada por las generosas riquezas aprovechables de los suelos, por lo que muchos hombres harían falta para poblar y explotar esos rentables bienes. Las personas tenían que llegar a la provincia con su debida permisología o licencia, expedidas éstas, por el gobierno español, sin embargo, ante la información de la fértil colonia que había ido tomando forma como resultado de su conquista y de la fundación de importantes centros poblados, otros extranjeros europeos y españoles mismos, sin autorización, se atrevieron a la aventura para probar también suerte, incluso, de otras partes de la propia América acudían a Venezuela, de los cuales, algunos se quedaban y otros como errantes, atravesaban el territorio en busca de oportunidad y de allí partían a probar suerte en otros lares.

Las distancias entre ciudades y las dificultades geográficas y naturales entre unas y otras, no permitían la comunicación, lo que resultaba para los vecinos de las distintas comarcas quedar vulnerables ante el acecho de los indómitos aborígenes, en principio, y después ante las incursiones de las temibles escuadras piráticas. Las vicisitudes afrontadas por los pobladores les obligó a reclamar la presencia de las autoridades para su protección, debiendo establecer los representantes de la corona española en la provincia, los mecanismos para el resguardo de las distintas ciudades importantes, objeto de la atención de los aventureros del mar. Pero antes de tomar cualquier decisión, los empleados oficiales de la monarquía católica, debían escribirle a su majestad planteándole las situaciones de la colonia y pedir así merced real a efecto de poder aplicar las políticas para la defensa de los distintos poblados ante los siniestros ataques de piratas, corsarios y de cualquier otro osado al lance y a la aventura.

Informada la monarquía hispana acerca de las realidades que enfrentaban las posesiones coloniales de ultramar, castigadas por el sometimiento feroz de la acción pirática, tuvo que preveer con prontitud los despachos para poder apoyar la lucha contra la canalla actividad y no dejar desamparados a sus conciudadanos en el otro lado del mundo. Lo demandado por los empleados del rey, básicamente eran: armas, pólvora, soldados, municiones, caballos y además la venia para disponer de los numerarios de las cajas Reales a efecto de sufragar las adquisiciones de pertrechos para la defensa.

El resguardo de la provincia de Venezuela supondría estrategias para poder aplicar la defensa necesaria contra las arribadas corsopiráticas, y ello quedaba en manos de los representantes oficiales de la corona. Los métodos de protección no distaban mucho de los aplicados por los colegas gobernantes de las otras provincias o colonias. Siendo el rey de España el mismo dueño de todas las posesiones hispanoamericanos, difícilmente alguna autoridad a su servicio, pudiera actuar por cuenta propia sin la plena aprobación del monarca, así que las tácticas para adversar las bandas de delincuentes marinos en sus afanes por los robos y estraperlos eran más o menos similares unas y otras en los distintos poblados de las ínsulas caribeñas y tierra firme.

Los españoles que se habían distraído en conquistar territorios, explorarlos, fundar ciudades y someter por la fuerza de sus armas a los descamisados naturales, no tuvieron tiempo para ponerse a pensar que algún día se les sobrevendrían tribulaciones más allá de las que ellos mismos impusieron a los antiguos pisatarios de los suelos americanos. Las fuerzas bélicas utilizadas para consolidar la dominación del nuevo mundo, no bastarían a la hora de hacerle frente a los inesperados, es decir, a los disputantes corsarios y piratas al servicio de los reinos opuestos al plan hegemónico exclusivista lusocastellano. Las aguas del Caribe y sus plazas, así como los poblados importantes de tierra firme, como por ejemplo, la provincia de Venezuela, serían manjares fáciles al paladar de los hambrientos de riquezas que infestaron los espacios más recónditos de la América.

Los armamentos españoles superaban las flechas, arcos, venenos y trampas de los arriesgado indígenas antagónicos a dejarse someter por designios extranjeros. Pero, cuando les tocó a los hispanos enfrentarse contra los otros europeos que reclamaban participar del festín de las nuevas tierras y quienes ante los mismos interpusieron a la piratería; sucumbieron al poder bélico y a las estrategias de los ataques y asaltos.

En franca desventaja los colonos de la provincia de Venezuela para repeler los ataques y robos perpetrados por los fanáticos piratas, hubieron de ingeniarse políticas como: la de armar a todos los pobladores de las principales plazas sitiadas, hacer recorridos por las zonas costeras en naves de poco calado, construcciones de pequeñas torres de vigilancia para mirar al mar y a los alrededores hasta donde alcanzar la vista, entre otras estrategias para defensa.

Como política más cónsona con la realidad sufrida en las jóvenes provincias, se harían petitorios a la monarquía española para que comenzaran las construcciones de edificaciones amuralladas y aderezadas con cañones de largo disparo para poder rechazar con supremacía el ataque de los pillos del mar. Pero el proceso burocrático para la aprobación de los recursos económicos necesarios, aunado a ello, el tiempo que se tardaban en eregir las fortificaciones, permitió la vulnerabilidad de las plazas que sería aprovechado con creces por los rivales vecinos del viejo mundo.

En síntesis, puede afirmarse que la corona española se pasaría todo el siglo XVI y XVII intentando una defensa de sus posesiones contra la actividad pirática sin mayores resultados. En una que otra colonia como Venezuela se irían construyendo algunas edificaciones amuralladas hacia los finales del siglo XVII, consolidadas finalmente, hacia el siglo XVIII, cuando ya, las demás corona europeas habían alcanzado también propiedades en ultramar y decidieron unir sus fuerzas bélicas, incluyendo la de España, para dar cacería pirata a pirata hasta que fueron desapareciéndolos de todos los predios americanos. Es decir, que resultó infructuosa la política de defensa y resguardo de las poblaciones que instruyó la corona española junto a sus representantes oficiales.

III.) Consideraciones finales: ¿Una Relación Civil Militar?

Tarea nada fácil, esta, la de plantearse un estudio de las relaciones civiles y militares a propósito del tema de la piratería americana y de la oficialidad real en la provincia de Venezuela de los siglos XVI y XVII. El intento no deja de ser provocador y, más aun, cuando en los períodos en referencia no existía del todo una conformación de los sectores, ni militar, ni civil.

Los europeos hispanos y lusitanos llegaron al nuevo mundo repartiéndose las tierras y, en virtud a ello, se dedicaron a ir explorando y conquistado espacios. Es decir que, los primeros actos fueron los de poblar progresivamente las distintas zonas que se convertirían en: comarcas, villas, ciudades y demás formas de establecimiento. De manera pues que, la idea de conformar algún tipo de ejército para la defensa de las novoposesiones, no tendrían cabida en los iniciales años del siglo XVI. Y, cuando más, entre los conquistadores y los aborígenes se generaban escaramuzas que no ameritaban la conformación de un cuerpo militar para contrarestar dicha ofensiva.

Retomado la idea de las relaciones Civiles y Militares, bien vale acotar que los grandes esfuerzos intelectuales dirigidos a reflexionar sobre este tema -en particular en el caso venezolano- están circunscritos al período histórico que va desde la gesta emancipadora criolla (S.XIX) hasta nuestros días (S.XXI). Pero, lo que no se puede apreciar -al menos hasta donde se ha investigado- es literatura versada en torno al tema de las relaciones civiles y militares en la Venezuela de los siglos XVI y XVII. Menos aún, se han de encontrar trabajos específicos sobre el tema objeto de esta indagación.

Un poco para tener una concepción amplia en torno a un enfoque moderno de las relaciones civiles y militares, se tiene que:

El término <<relaciones civiles – militares>> alude al papel del ejército en la sociedad. La expresión no es probablemente muy afortunada; presupone que las relaciones entre la población civil y la militar son como las relaciones laborales – empresariales, (…). Por consiguiente, las relaciones civiles – militares llevan consigo una multiplicidad de conexiones, por un lado entre instituciones, intereses y personas militares, y los diferentes y frecuentemente opuestos entre sí intereses, instituciones y personas no militares, de otro lado. No se trata, pues, de una relación bilateral, sino multilateral. (Huntington, 1967, p.181)

En la Venezuela colonial de los siglos XVI y XVII, al igual que en el resto de las plazas americanas de esa época, la organización estaba compuesta fundamentalmente por el cuerpo de gobernantes y oficiales reales que junto al común de hombres y mujeres sin cargos gubernamentales y/o militares, debían ocuparse de poblar en nombre del rey las nuevas tierras. En general, unos y otros disponían únicamente de tareas prescritas por el mismísimo monarca, en quien, residía todo el supremo poder tanto en el país del viejo mundo (Castilla, luego España) como en las colonia allende a sus fronteras (América Hispana).

En la subsiguiente cita se podrá observar como ejemplo a lo antes expuesto; cómo el rey ejercía un poder hegemónico en todos los sectores: el civil, el eclesiástico, el económico, el militar, entre otros.

… en los ejércitos europeos de los siglos XVII y XVIII, p.ej., las funciones de liderazgo de tipo político, económico y militar estaban todas concentradas en manos del monarca. De forma similar, los cargos militares eran en general, un privilegio de la aristocracia; los aristócratas accedían por adscripción a los papeles de liderazgo, tanto los militares como los sociales o económicos. Los grados inferiores y las tropas de los ejércitos europeos, sin embargo, eran reclutados entre las clases más bajas de la sociedad para largos periodos de servicios, y sus lazos con cualquiera de los grupos de la sociedad civil eran generalmente débiles en el mejor de los casos. (Huntington, 1967, Pp. 181-182)

España y, en general todas las colonias europeas que colonizaron en América, trasvasaron -de una forma u otra- el modelo de sociedad feudal al nuevo mundo, y si hubieron de cambiarlo progresivamente, como de hecho así fue, sería por el acto de la conquista y colonización misma. Pero, en donde no estaba disputa corona alguna a cambiar -tanto en el viejo como en el nuevo mundo- sería en la ostentación del poder absoluto a la hora de tomar las decisiones gubernamentales. Bajo este esquema hegemónico del ejercicio del poder en manos de la monarquía, es claro entender que entre los sectores que conformaban a la sociedad feudal europea y, más tarde, Americana (al menos en las postrimerías del siglo XV y comienzos del siglo XVI) no se evidenciará pugnacidad alguna entre los "sectores" civiles y militares de la época.

Para ilustrar un poco lo anteriormente expuesto, bien vale la pena referir la cita que el historiador Domingo Irwin hace de Eric. A. Nordlinger de su obra: Soldiers in politics. Military Coups and Governments. Englewords Cliffs, Nueva Jersey, Prentice Hall, 1977:

En el Modelo Tradicional no existe efectivamente tensión en las relaciones civiles – militares. Esto se debe a que las funciones de gobierno y las del aparato militar se encuentran en manos de una misma elite. El ejemplo clásico es el de las monarquías europeas de los siglos XVII y XVIII, d.c., donde la aristocracia dominaba tanto las instituciones políticas civiles como las militares. La clave, quizás, para entender la operatividad de este modelo es el carácter de oficiales militares aficionados que caracterizaba a los aristócratas. Antes que militares eran eso, aristócratas, miembros de una elite bien definida de esa época… (Pp. 41-42)

América significó para toda Europa, no solamente una salida a la crisis económica, sino más bien, la continua y progresiva evolución en el campo de la política, de lo social y lo militar, entre otros aspectos propios que conformaban el carácter de los distintos reinos del viejo mundo. Por ejemplo, en lo concerniente al aspecto militar en el siglo XVI europeo; las fuerzas se componían por levas feudales de mercenario y milicianos locales, es decir, que no existía la figura de algún tipo de ejército permanente bien estructurado, como sí, habría de suceder hacia las postrimerías del siglo XVII cuando se organizaron cuerpos militares normados bajo reglamentaciones gubernamentales, identificados, estos, con uniformes de acuerdo a cada rango y con asignación de armamentos reglamentarios, pero bajo el estricto control del estado, que como es sabido, lo representaba la propia figura del rey. En el nuevo mundo, en cambio, los componentes militares (ejército, milicia y demás organizaciones armadas) experimentarían desde mediados del siglo XVI una acelerada evolución institucional como fuerzas militares adaptadas a las propias condiciones americanas, pero, igualmente, sujetas a las disposiciones reales.

…en América la milicia se convirtió en la fuerza militar más destacada, en momentos en que entraba en decadencia en Europa. Era el sistema militar natural para sociedades con necesidades defensivas antes que ofensivas, intermitentes y no constantes. Los colonos del siglo XVII continuaron, adaptaron y mejoraron el sistema de las milicias… (Huntington, 1997, p. 115).

España, en diferencia de mucho de sus países vecinos, se adelantó a la organización de sus fuerzas militares, incluso, dedicó para ello grandes esfuerzos en materia legislativa a propósito de ir diferenciando a la milicia propiamente dicha, de un verdadero aparato militar.

En España, desde finales del siglo XV, se perfila la diferencia entre milicia y ejército. A partir del siglo XVI, se inicio el proceso de regulación y legislación de las "Guardias, artillería y demás gente de guerra y oficiales", lo que hizo posible que de 1503 a 1586 España pudiese prepara (principalmente en Flandes) la monarquía de guerra mas poderosa de Europa y, por tanto, del mundo occidental. (Liendo Gómez, 2006, p.21)

El componente militar que traspoló España al nuevo mundo, le serviría para sofocar una que otra rebelión indígena, pero no le ayudaría mucho cuando tocara hacerle frente a la corsopiratería que de manera intespectiva se hizo presente en el Caribe con el firme propósito de quebrantar los planes hegemónicos exclusivistas español. Así pues que la corona católica hispana debió ingeniarse la masificación de un ejército, para lo cual, se valió, de una serie de despachos reales que obligaba a todos los colonos a montarse en armas para defender las nuevas propiedades.

Una serie de reales cédulas recuerdan a las autoridades indianas a lo largo del siglo XVI, la obligación de los vecinos y, en particular, de los encomenderos, de cumplir con el servicio militar, invocándose, según las circunstancias, separada o conjuntamente, la necesidad de defenderse de los corsarios y piratas – que es tanto como decir de los estados extranjeros – o de los indios o de auxiliar a una provincia, ciudad o punto estratégico. El mandato regio se limitaba en muchos casos a ordenar a los obligados que estén apercibidos, esto es, en estado de alerta ante un posible ataque enemigo; pero, por lo general, el apercibido conlleva la exigencia de la posesión o tenencia de armas o de armas y caballo, de manera que el deber militar no se circunscribe a la simple presentación personal del servicio, sino a su prestación personal y armada. Naturalmente, la tenencia de armas y aun la de caballos, produce toda una gama de efectos de mayor o menor importancia que se reflejan, directa o indirectamente, en la época del reclutamiento. (Suárez, 1979, p. LXXXVIII).

En América a lo largo del siglo XVI y en buena parte del XVII, en la mayoría de sus provincias, virreinatos, capitanías generales, gobernaciones y audiencias; se dispuso para engrosar las filas militares, al lado de los oficiales reales y vecinos, el ingreso de los curas de las iglesias del nuevo mundo, quienes en principio, arribaron a este lado del globo para profesar sus costumbre religiosas y educar bajo sus criterios a los indígenas.

La incorporación definitiva de los sacerdotes a la milicia se produce en los años treinta del siglo XVI. Las reformas militares introducen en las Planas de las diferentes unidades, el cargo de Capellán. Y, en Ordenanza que le emperador Carlo V dirige al Virrey y Capitán General de Nápoles, en el año 1536, dispone que se destine al servicio espiritual de cada Compañía, un sacerdote secular. Durante esta época, el Capellán vive día y noche con su unidad: Tercio o Compañía. Pero no tiene atribuciones fijas ni goza de privilegios en beneficio de la tropa. Está sujeto a la autoridad episcopal del territorio ocupado por las fuerzas con las que ejerce su ministerio.

De esta manera se forja la alianza de la Cruz y la Espada, aunque la asistencia espiritual no está organizada ni tiene carácter de exención. (Suárez, 1971, p. XIX).

El mismo autor Santiago – Gerardo Suárez (1976) expone al respecto de la participación de los católicos pastores en las filas militares, lo siguiente:

La transformación del ejército feudal en ejército permanente y la del guerrero en soldado, no solamente determina una nueva forma de organización militar y la adopción de nuevos sistemas de reclutamiento, sino substancialmente modificaciones en el servicio militar – religioso.

Durante la edad media, como consecuencia de la implantación del feudalismo, se hacen extensivas al clero una serie de obligaciones castrenses, entre las cuales hay algunas que, como la de prestar un servicio militar y la de participar en la guerra… (p.13)

En el reino Castellano, como en los de más reinos del viejo mundo, el arte de combatir no les era ajeno. Las acciones ofensivas y defensivas, prácticamente eran una constate histórica generada por los mismos grupos humanos en sus actividades por conquistar y dominar a los otros, o sencillamente, para no dejarse someter por otros.

Las organizaciones sociales primitivas estuvieron siempre tan ocupadas en sus problemas de defensa; en las actividades que le garanticen la supervivencia frente a la acción de otros grupos similares, que nos sería imposible pasar por alto estos hechos si realmente queremos hacer una historia de estas sociedades. Partiendo de esto podemos afirmar sin ninguna aprehensión que el fenómeno de la guerra es tan antiguo como el hombre mismo; es un hecho intrínseco de la condición humana. (Omaña, 1978, p.17)

Defensa y ataque; ataque y defensa van de la mano. Los gobiernos y los estados a lo largo de su propia gestación histórica, han invertidos grandes esfuerzos políticos, económicos y humanos tanto en una acción como en la otra. Todo discurre en dominar o ser dominado, en someter o ser sometido y, esto pasa, por supuesto, en cómo se organizan los sistemas y estructuras militares para la defensiva u ofensiva terrestre y marítima de acuerdo a la época; en nuestros días, se incluyen los espacios aéreos.

La hegemonía de un estado se va estableciendo y configurando a lo largo de los siglos, a través de un complejo equilibrio formado por las << fuerzas reales>> que posea su gobierno (ejércitos, armadas, y fondos económicos para poder mantenerlos), así como por las << fuerzas aparentes>> (diplomacia, prestigio, <<publicidad>>) que vayan conformando ese mismo gobierno para supeditar y controlar a los Estados colindantes, pretendidos o rivales. (En prólogo de María Mestre, en la obra de David Goodman, 2001, Pp.7-8)

La provincia de Venezuela del siglo XVI y, en buena parte del siglo XVII, es heredera de las instituciones castellanas. La hispana corona no innovará en las primeras décadas de la conquista y colonización, más bien, es celosa de aplicar cual copia al carbón las mismas políticas del reino peninsular. "La sociedad venezolana de las postrimeras del siglo XVI, es heredera de tradiciones con alojamiento en formas e instituciones religiosas, civiles y militares"… (Suárez, 1969, p. XXXI). Así, esta provincia americana, al igual que las demás, será organizada bajo las formas y disposiciones gubernamentales de la corona.

En materia civil y militar puede observarse en la Venezuela del siglo XVI y XVII, que las obligaciones de los representantes oficiales, en esta provincia, estaban dirigidas a sumar esfuerzos junto a los nuevos pobladores y misioneros para fundar ciudades, villas y comarcas. Es decir, que los primeros objetivos civiles y militares en la provincia venezolana, no eran otros, que los de conquistar y colonizar estas tierras en nombre de la católica corona de Castilla. Visto así, y considerándose – como se ha referido anteriormente – que todo el poder residía en la figura del rey, es claro entender que entre los sectores conformados por: la oficialidad real, los misioneros (encomenderos) y, el común de los vecinos; no existieran pugnas por el control de un grupo sobre el otro, más bien, y sin ánimos de especular, entre estos sectores existían buenas relaciones, motivados a la razón, porque el papel de unos y otros en la provincia estaba prescrito por cédulas reales, lo que es igual a decir, por mandato divino de la sacra y excelsa majestad el rey. De haber existido pugnas y/o confrontaciones, éstas, eran entre particulares, de hecho, si las hubo no representarían ningún riesgo para la suprema hegemonía monárquica.

La presencia de corsarios y piratas en las costas venezolanas del siglo XVI y XVII, lo que generó- además de terror en la población en general -fue el afianzamiento de las relaciones entre los distintos sectores; éstos, que motivados en principio por las tareas comunes a la conquista y colonización, ahora, ante los huestes de los pillos del mar, debieron unificarse un tanto más de como lo venían haciendo, y es que la nueva realidad no daba pié para otra cosa que la mancomunación de fuerzas para repeler a los verdaderos enemigos del rey, y a los de sus súbditos en este lado del mundo.

En la provincia de Venezuela, al menos, hasta bien entrado el siglo XVIII, no se verá la conformación de un efectivo ejército nacional y de un sector civil bien organizado con pretensiones -en ambos casos- de poderes más allá de los otorgados por merced real. No puede negarse en el aspecto militar, que en las tres primeras décadas del siglo XVII se inició, incipientemente, un proceso de estructuración de la representación oficial americana en su conjunto, pero debe insistirse en que la inexistencia de un claro sector civil y uno militar, se debe, en muy buena parte, a que los mecanismos legales le pertenecían a la corona (modelo tradicional), y contra esta no se podía pugnar, así, que las tensiones y rivalidades no pasaban de ser actos entre particulares… "El civaje entre la esfera militar y la civil y las tensiones resultantes entre las dos son fenómenos de origen claramente reciente". (Huntington, 1995, p.32).

Bibliografía

1.- Inéditas Documentales

  • Archivo General de Indias (AG 1)
  • Patronato, 267, N.1, R49; 15-VIII-1570
  • Santo Domingo, 193,R.6/R.9/N.1;S/F

2.- Inéditas Bibliográficas

- Cabrera Geniber, (2004). La actitud de la Corona española y de los pobladores de la Borburata del siglo XVI ante las incursiones de piratas y corsarios. Tesis de Grado en la Maestría de Historia de Venezuela. Universidad de Carabobo. Valencia – Venezuela.

- Liendo Gómez, Carmen Brunilde (2006) Ejército y Milicias en la Capitanía General de Venezuela en el siglo XVIII. Trabajo presentado como requisito para optar al título de doctor en historia. U.C.A.B.

3.- Publicaciones Oficiales

- Actas del Cabildo de Caracas, tomo XV; 1677. Consejo Municipal de Caracas, 1977.

4.- Inéditas Bibliográficas

- Apestegui, Cruz (2000) Piratas en el Caribe, corsarios, filibusteros y bucaneros 1493-1700. Madrid. Lunwerg Editores.

  • Arciniegas, Germán (1975) Biografía del Caribe. Barcelona – España. Printer Industria Gráfica.
  • Britto García, Luís (2001) Señores del Caribe Indígenas, conquistadores y piratas en el mar colonial. Caracas. Epsilon Libros.
  • De Azcárraga y de Bustamante, José Luís (1950) El Corso Marítimo. (Concepto, justificación e historia). Consejo Supremo de Investigaciones Científicas. Instituto << Francisco Vitoria>>. Madrid. Duana. Artes Gráficas.
  • Donís Ríos, M.A (2001) El Territorio de Venezuela, documentos para su estudio. Instituto de Investigaciones Históricas, U.C.A.B, Montalbán – Caracas.
  • Exquemelin, Alexander Oliver (1999) Bucaneros de América. Madrid. Ediciones Valdemar.
  • Goodman, David (2001) El poderío naval español: Historia de la armada española del siglo XVIII. Barcelona – España. Ediciones Península.
  • Huntington, S.P. (1967) Relaciones Civiles – Militares, Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. Editor Aguilar.
  • ___ (1995) El Soldado y el Estado, teoría y política de las relaciones cívico – militares. Grupo Editorial Latinoamericano. Colección Estudios Políticos y Sociales. Buenos Aires – Argentina. Traducido al castellano por Cristina Piña.
  • ___ (1997) El Orden Político en la Sociedades en Cambio. Ediciones Paidos Ibérica, S.A., España. 4ta reimpresión.
  • Lucena Salmoral, Manuel (1994) Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. (perros, mendigos, y otros malditos del mar). Caracas. Editorial Grijalbo.
  • Maza Zavala, Domingo Felipe (1994) Hispanoamérica – Angloamérica. Cusas y factores de su diferente evolución. Caracas, Editorial Grijalbo.
  • Maurreau, Jean – Jaques (1980) Los Grandes Cuerpos Militares del Pasado. Barcelona – España, Editorial Grup – Graf. Traducido al castellano por César Astor.
  • Mota, Francisco M (2006) Piratas y Corsarios en las Costas de Cuba. Caracas – Venezuela, Fundación Editorial el perro y la rana.
  • Omaña, Pedro Arturo (1978) Historia de la Artillería. Caracas. Impreso en los talleres Gráficos del Congreso de la República.
  • Ortega Rincones, Eulides (2003) Historia del Resguardo Marítimo de Venezuela. 1781 – 1804. Caracas, Arauco Ediciones, C.A.
  • Suárez Santiago - Gerardo (1969) Las Instituciones Militares Venezolanas del Período Hispánico. Caracas, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Italográfca S.R.L.
  • ___ (1971) El Ordenamiento Militar de Indias. Caracas. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Italográfca S.R.L.

- ___ (1978) Fortificación Defensa. Caracas. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Italográfca S.R.L.

  • ___ (1979) Las Fuerzas Armadas Venezolanas en la Colonia. Caracas. Italográfca S.R.L.

5.- Hemerográficas

- Irwin G. Domingo (S/F) El Control Civil y la Democracia. (conceptos teóricos básicos). Material entregado a los cursantes del seminario doctoral en historia. U.C.A.B., semestre 1998-1999

 

Geniber Cabrera P.

geniber@cantv.net

Partes: 1, 2, 3


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