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La Tierra no es estacionaria. Tampoco es el centro del Universo (página 2)

Enviado por Ricado Stevens



Partes: 1, 2


1. La tierra como corazón de todo

La concepción del mundo como centro del universo está más que implícitamente dicho en Génesis. Ni falta hace que se hubiese afirmado expresamente.

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo"...(Gen.1/1-2) Al cuarto día hizo Dios el sol, la luna y las estrellas (Gen. 1/14).

    Descontemos la implicación real de que la Tierra estuviese desordenada, ya que esto sería contrario a vacío, que es lo que se dice seguidamente y en conjunción, ya que el desorden supone necesariamente existencia de más de un elemento, que están fuera de un orden esperado: los mangos están puestos de cualquier manera para la venta, no están juntados de cinco en cinco, tal como se van a vender, así están en desorden. Si nunca hubo mangos o no hay, porque se acabaron, no puede haber desorden de mangos. En la vacuidad no puede haber desarreglo.

    Asumamos, entonces, que lo correcto es que la Tierra estuviese vacía; no es un abuso contra lo expresamente dicho, de que estaba desordenada, era el inicio de los tiempos; los complementos del mundo se integrarían a partir del segundo día.

    El cielo, creado el mismo día primero, estaba de igual modo vacío, aun cuando esto no se dijera textualmente como en el caso de la Tierra. Pero fue al cuarto día cuando Dios comandó que hubiera "lumbreras en la expansión de los cielos"(Gen. 1/14), y los cielos dejaron de estar vacíos.

    Habiendo sido la Tierra obra del primer amanecer, y fueron la lumbrera mayor, el sol, para que señorease en el día y la lumbrera menor, la luna, para que señorease en la noche, realizaciones del cuarto del calendario, es evidente la condición secundaria de estos cuerpos celestes, además de accesorios, útiles para la obra inicial, hechos a propósito de ésta.

a) Origen de la idea geocéntrica

Así dispuestas las cosas, la Tierra era, sin lugar a confusiones, lo primero del universo. El orden de la Creación relatado en la Biblia y la condición subsidiaria del sol y de la luna que allí está arreglado, fue solamente la reproducción de la manera colectiva de como los primitivos habitantes del planeta habían asimilado, como verdad, los hechos de que eran testigos acostumbrados, por tanto, seguros.

    Erguidos sobre tierra, de cuya inamovilidad nunca sospecharon, veían asomarse por un extremo, allá en la distancia, la lumbrera mayor, que se iba elevando, con giro de curva, que de a poco alcanzaba un punto máximo, como observándolo todo, como confirmando que todo estaba en armonía, para luego iniciar un lento descenso, y finalmente ocultarse por el otro borde de la tierra vista. La lumbrera menor, con su propio ritmo y modos, hacía lo mismo.

    Esa secuencia, repetida e ininterrumpida, habidos los conocimientos de entonces, no podía ser otra cosa que la representación del rotar constante de esos astros alrededor de la Tierra.

    Más todavía, cuando después de siglos, a la Biblia se le hizo decir que las lumbreras en la expansión de los cielos eran "para hacer una división entre el día y la noche; y tienen que servir de señales y para las estaciones y para días y años. Y tienen que servir de lumbreras en la expansión de los cielos para brillar sobre la tierra"(Gen. 1/14-15), se expresaban otros niveles de estudio y de conocimientos alcanzados por esa joven humanidad, la ciencia y la verdad de entonces, no obstante, mantenidos aún dentro de la concepción que entendía en esos cuerpos una condición accesoria. Sirven, se dice, como señales para la guía de los caminantes, en cortos y en largos y complicados trechos, como siempre a los navegantes, para las estaciones que ya se reconocieron, para la siembra y la cosecha, y para contar el transcurso del tiempo en días y en años, además, lo primero que se supo, de brillar sobre la tierra.

    Recogida, como lo fue en ese códice de fe, la Biblia, ese desarrollo de la conciencia social, adquirió categoría de Credo, de doctrina de la colectividad, fue la versión oficial del lugar de la Tierra en el universo.

b) Represión de herejías

Esta concepción, conocida como geocéntrica, postulada en la Biblia como palabra de Dios, y La Verdad, no es asumida hoy por nadie, ni siquiera por la Iglesia. Sin embargo, la intelectualidad dominante desde el inicio de los tiempos hasta el siglo XVII, hace menos de cuatrocientos años, incluidas las duras posiciones de la Iglesia, tuvo como heréticas las ideas heliocentristas de Nicolás Copérnico(1473-1543), que postulaban que el sol estaba en el centro y que la tierra era uno de los cuerpos que giraba en su derredor, exponiéndolo como un candidato cierto a sucumbir ante las artes hogueríferas de La Inquisición.

    Pero fue Galileo(1564-1642), quien sostuvo que lo de Copérnico no solamente era una hipótesis sino una realidad física, quien fue condenado el 22 de junio de 1633, mediante decreto de la Congregación del Santo Oficio, La Inquisición, que lo "declaraba culpable de haber afirmado absolutamente el movimiento de la Tierra y la estabilidad del Sol", ya que la "afirmación de que ‘el Sol es el centro del universo, que no se mueve de Oriente a Occidente, que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo’ es contraria a la Escritura e ‘insensata y absurda". Galileo, para preservar la vida, tuvo que repudiar sus convicciones científicas, y fue condenado a prisión, de la que se salvó por su avanzada edad, confinándosele a una región segregada(1).

    Antes, el 17 de febrero de 1600 en Campo di Fiori, Roma, fue quemado Giordano Bruno(1548-1600), luego de un encarcelamiento de casi ocho años, sin arrepentirse, y la orden de juicio por parte del Papa Clemente VIII, por los cargos de blasfemia, herejía e inmoralidad, entre otras razones, por difundir las ideas heliocentristas de Copérnico.

c) Admisión oficial, 359 años después

En 1758 la Iglesia Católica removió de la lista de libros prohibidos aquellos que defendían la teoría heliocentrista; y no fue sino hasta el 31 de octubre de 1992 cuando el Papa Juan Pablo II manifestó pesar por la manera como se condujo el asunto de Galileo Galilei, y oficialmente admitió que la Tierra no era estacionaria(2).

d) No es verdad

Que el Sol gire alredor de la Tierra, no es verdad, aunque pensarlo y decirlo hubiese sido considerado contrario a la Santa Escritura, con riesgo auténtico de morir en la hoguera. Tampoco es verdad que la Tierra sea el centro del universo, aunque eso se haya establecido en Génesis; y no lo fue nunca ni lo será por más fe que se ponga detrás de la palabra bíblica. Se podrá minimizar como insignificantes y de un porcentaje mínimo esos primeros diecisiete versículos, dentro del conjunto del Antiguo Testamento, y lo será, pero el hecho es que están allí en la Biblia y lo que afirman no es verdad.

    En honor a la justicia con que deben ser expresadas las ideas y las posiciones, debo subrayar, porque ya lo dije, que los criterios geocentristas no son postulados ya ni por la Iglesia, y si hay quienes se apegan a la letra de Génesis, por lo menos, que afirma que la Tierra es primero, y que todo lo que está dicho allí es verdad, andan en la orfandad y pecan, en el sentido más amplio del término, no solamente por repetir como pajarracos lo que se les ha contado, por no haber leído por sí mismos los textos y hacerse sus propios juicios, y, más grave todavía, por no estar al tanto de la más reciente versión oficial de los hechos.

2. De nombres y de aparecidas

La Biblia, examinada sin necesidad de lupa, es introducida por Génesis como un documento que exalta marcada e inocultablemente el machismo, el sometimiento eterno de la mujer y se aprueba su abuso por parte del hombre, y después, en otro libro, Exodo, es ella tenida como bien al que se podía poner precio.

    Esa concepción de la relación entre el varón y la hembra, no cabe duda, fue la que correspondió a la época en que se compuso la Biblia. Sin embargo, puede observarse, no sé por qué, que esa comprensión dominante en el texto es precedida por una modalidad diferente, que es inmediatamente abolida, cierto, pero que indica la existencia anterior de un tipo de vínculos en que la subordinación entre los géneros, en el primer estadio de la humanidad, no tenía lugar.

    En Génesis, en los iniciales días se describen, se verá, dos creaciones de los seres humanos; la primera, la de la igualdad de los sexos, allí el término "hombre" significaba macho y hembra, y, en la segunda, fue de la desigualdad, donde "hombre" era el varón, y la mujer, un apéndice de aquél. Este último criterio es el que ha prevalecido a través del resto del texto.

a) Mujer, cuál es tu nombre...

Luego de Eva, hay una serie enorme de mujeres que, salvo dos, todas son almas anónimas, no tienen nombres; aparecen, según algún texto, como «fulano conoció mujer y engendró a fulanito» o «zutano tuvo... hijas».

    De las 20 esposas que debieron tener Adán, Caín y Set, hijos de Adán, Enoc, hijo de Caín(Gen.4/17), Irad, hijo de Enoc(Gen. 4/18), Mehuajael, hijo de Irad(Gen.4/18), Matusael, hijo de Mehuajael (Gen. 4/18), Lamec, hijo de Matusael, que éstas fueron dos(Gen. 4/18), Enos, hijo de Set(Gen. 5/7), Cainán, hijo de Enos (Gen. 5/9), Mahalaleel, hijo de Cainán (Gen. 5/13), Jared, hijo de Mahalaleel(Gen. 5/15),Enoc, hijo de Jared (Gen. 5/19), Matusalén, hijo de Enoc(Gen. 4/18), Lamec hijo de Matusalén(Gen. 5/25), Noé, hijo de Lamec (Gen. 5/29), Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé(Gen. 6/9), únicamente se registran los nombre de tres mujeres: Eva, esposa de Adán, y Ada y Zila(Gen. 4/19), esposas de Lamec, hijo de Matusael. Todas las demás hembras incluidas las cuatro que subieron al Arca son anónimas.

    A estos personajes femeninos sin nombres, hay que agregar las hijas de Adán(Gen. 5/4), las de Enos (Gen. 5/10), las de Set(Gen. 5/7), las hijas de Enos (Gen. 5/10), las de Cainán, las de Mahalaleel, y las hijas de Jared.

b) La esposa de Caín

Uno de los verdaderos misterios de Génesis es la esposa de Caín. ¿De quién es hija, si es que tuvo esa condición? ¿Cuándo y dónde apareció antes de ser esposa de Caín?

    En la creación Dios hizo a Adán y después a Eva, y de éstos, luego de coito, Caín y Abel(Gen. 4/1). Tiempo después Set fue concebido por la mujer de Adán(Gen. 4/25). Hasta Set, en el mundo de Génesis solamente han existido cinco personas: Adán, Eva, Caín, Abel y Set. Las hijas y los otros hijos que engendró Adán, según el texto, aparecen ochocientos años después de Set(Gen. 5/4).

    Siendo que todas las criaturas de la tierra las creó Dios, para tener Caín mujer hubo, entonces, debió ser, otra constitución simultánea o posterior, la creación de otros hombres y de otras mujeres de donde saldría aquella esposa, y también los varones, no descendientes de Adán, que hubieran podido hallar a Caín y matarlo luego del destierro por la muerte de Abel(Gen. 4/14).

    Por estar dentro del marco de un libro monoteísta, desecho la posibilidad de que esta mujer que sí existió en Génesis haya sido creada por otro dios.

    Una posibilidad es que Adán y Eva hubiesen tenido una hija al tiempo que a Caín y Abel, no mencionada en el texto, que sería hermana de estos; y que la esposa de Caín y madre de Enoc (Gen. 4/17), fuese su hermana. La sugerencia, que sería escandalosa hoy, por incestuosa, no debiera alarmar, que entonces todavía Dios no había prohibido descubrir «la desnudez de tu hermana», eso fue muchísimo tiempo después, cuando el mundo estaba poblado y diferenciado y existían los de Egipto y el éxodo dirigido por Moisés (Lev 18/9).

    Otra circunstancia creíble es que Adán y Eva no tuviesen otros hijos distintos a Caín y Abel hasta Set, como no lo menciona la Biblia, y que la mujer que conoció Caín fue la única que existía, Eva; relación que tampoco estaba negada sino muchas generaciones después, como ya señalé, con Moisés, cuando se determinó que «la desnudez de tu madre no descubrirás»( Lev 18/7). Esta posibilidad es confirmada como probable en los casos de las hijas de Lot, "la mayor" y "la menor", otras anónimas, quienes tuvieron sexo con él y descendencia (Gen. 19/31-36). También está el caso de Rubén, quien "durmió con Bilha la concubina de su padre", Jacob, lo que fue sabido por éste sin que hubiese consecuencias(Gen. 35/22).

    ¿Cuál es el origen de la esposa de Caín? Ese es un secreto que solamente Dios sabe.

3. El programa de vida del sexto día era comunista

Lo que aconteció después, según lo que se cuenta seguido al día santificado por el reposo de Dios, el séptimo, está escrito; no se conocen las razones, y, por las reglas rígidas en el tratamiento de estos asuntos, ni se cuestionan: la posterior entrega únicamente al hombre, al individuo, a él sólo, la custodia de los bienes del Edén(Gen. 2/15), ni del porqué de la representación de la mujer como creada después, como su "complemento"(Gen. 2/18), un apéndice del hombre, construida de su costilla, no formada del mismo polvo del que hizo al hombre, como el día anterior pareció ser, e hizo que ella fuese su "ayuda idónea".

    De estas razones, de verdad que el que sabe es Dios, y las dirá si quiere. Sin embargo, este nuevo curso reviró lo fundamental de lo realizado justamente el día anterior, en el sexto, cuando macho y hembra, así los creó, eran uno en el hombre, en una expresión que significó pluralidad de géneros e igualdad entre estos en obligaciones y en derechos sobre la comunidad de bienes que era el universo terrestre.

    Lo que se dice, seguido del séptimo día, alteró radicalmente el orden social: no se dejó piedra sobre piedra.

a) El sexto día según Génesis (1/26-31)

«Y Dios pasó a decir: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra". Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. Además, los bendijo Dios y les dijo Dios: "Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra".

Y Dios pasó a decir: "Miren que les he dado toda vegetación que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla. Que les sirva de alimento. Y toda bestia salvaje de la tierra y toda criatura voladora de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra en que hay vida como alma he dado toda la vegetación verde para alimento". Y llegó a ser así.

Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire! Era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto.»

a.1) Unidad e igualdad en el hombre

Hombre, en este texto bíblico, expresa pluralidad, específicamente pluralidad de género; es una palabra comprensiva de "macho" y de "hembra". Hombre, allí en lo escrito, no es una idea que significa exclusivamente al varón, y que excluya a la mujer; eso sería después.

    El sentido plural de la palabra dicha en singular se manifiesta varias veces.

    Primera ocasión: "Hagamos al hombre a nuestra imagen... y tengan ellos en sujeción los peces del mar"...

    Segunda vez: "Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó.

    Más adelante, otro texto precisa el significado de hombre: "Macho y hembra los creó. Después los bendijo, y por nombre los llamó Hombre en el día que fueron creados"(Gen. 5/1-2).

a.2) La comunidad de los bienes de la tierra

Según el texto de la Biblia, "al hombre", a quien hizo a su imagen y semejanza, macho y hembra los creó, le(s) entregó proindiviso, en paridad, para que "tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra".

    Convencido del plan basado en la comunidad, lo repitió una y otra vez, como para que no hubiese duda de su entonces voluntad: A macho y a hembra les encomendó Dios: «Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra». Y, a macho y a hembra, confirió autoridad para que «sojuzguen la tierra, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra».

    Y Dios ratificó, al macho y a la hembra: «Miren que les he dado toda vegetación que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla. Que les sirva de alimento. Y toda bestia salvaje de la tierra y toda criatura voladora de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra en que hay vida como alma he dado toda la vegetación verde para alimento».

    Después, satisfecho de su plan para el hombre, para el macho y para la hembra, persuadido, admitió que "Era muy bueno."

b) Cantidad de bienes el sexto y el séptimo días

b.1) En el sexto, toda la tierra

En el sexto Dios les dio al macho y a la hembra "toda vegetación que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla.

b.2) Luego del séptimo, solamente una parcela en Edén

En el séptimo, luego de "formar al hombre", el individuo macho, "puso al hombre" en el jardín que había plantado en Edén, un lugar mucho más reducido que toda la tierra del día anterior, para que allí "lo cultivara y lo cuidara"(2/15). Todavía no se les había ocurrido a Dios ni al hombre la necesidad de una compañía, y menos de la necesidad de una mujer.

c) El trabajo en el sexto y el séptimo días

c.1) En el séptimo

El trabajo, aquella actividad humana que produce bienes, está más claramente expresado luego del día séptimo.

    El séptimo día, que, como ya se vio, fue bendecido por Dios porque en él descansaba. Después se cuenta la historia de la creación y se afirma que "no había hombre que cultivara el suelo"(Gen. 2/5). Cultivar es "dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que fructifiquen".

    Dios "hizo crecer del suelo todo árbol deseable a la vista de uno y bueno para alimento"; y, bien pensado, no iba el Señor a estar toda la eternidad en labranza alimentando la pereza en el hombre, por lo que sería muy apropiado que este hombre, con su trabajo, como se señaló, cultivara el suelo (Gen. 2/5).

    Para que ese hombre, el individuo -hasta allí sin genero, que sería masculino cuando hubiese femenino-, no continuara solo, con aquello de la labor de cultivo y de comer opíparamente hasta quedar satisfecho(Gen. 2/16), se extenuaría, se me ocurre, que no era bueno, Dios decidió: «Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él»(Gen. 2/18).

    Así, en esa búsqueda de ayudante para el hombre, primero, del mismo suelo de donde sacó el polvo con que hizo a este hombre-individuo sin sexo, formó "toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos"(2/19), y, cuando luego de ese trabajoso afán, "no se halló ayudante como complemento" del hombre(Gen. 2/20), de la costilla del adormecido hombre, todavía sin identidad de género ni nombre que no era necesario, que no había otro de quien debía descollarse, Dios procedió a construir una mujer, persona, a ojos vista, distinta al hombre, con lo que entonces éste se hizo "macho", de género masculino, para distinguirlo de la recién llegada que sería "Varona", de género femenino.

    Luego del asunto de la serpiente y la desobediencia, Dios condenó al hombre, que, además de género, ya tenía nombre, Adán, a trabajo forzado: ...«maldito está el suelo por tu causa. Con dolor comerás su producto todos los días de tu vida»... «Con el sudor de tu frente comerás pan hasta que vuelvas al suelo».

c.2) En el sexto

Cierto que en el sexto día no hubo los dramas del siguiente, y sí que era el paraíso, sin la limitación del huerto en Edén, que "toda la tierra", que "toda vegetación que da semilla" que sobre la superficie de toda la tierra está, y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla, eran los confines de ese deleite.

    Empero, ese estado primitivo y celestial, no se mantendría sin trabajo. El tener "en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra"(Gen. 1/28), no se realizaría con sólo mirar a los peces y demás criaturas; habría que pescarlos, escamarlos, cazarlos, degollarlos, pelarlos, cocerlos. Y toda aquella "vegetación que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla" que generosa y magnánimamente les dio Dios al hombre -macho y hembra- tendría que ser reproducida en toda la superficie de esa tierra. En fin, en el sexto día la vida no sería de sólo comer y holgar; era necesario, para la continuidad de la buena vida, el trabajo del hombre -macho y hembra- no como castigo, como se determinó luego de la desobediencia: el vivir para trabajar, sino como una necesidad vital: el trabajar para vivir.

    El trabajo del inicio, la pesca, la caza, el cultivo, comparado con lo que sería después del castigo, no debió ser doloroso, como luego lo sentenció Dios por la ofensa de rebeldía.

d) El paraíso fue en el sexto día

d.1) Al macho y a la hembra se les encomendó ser felices

En el sexto día un solo mandato dio Dios al hombre -macho y hembra-, el de ser felices: «Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra»; y especialmente significativo, les entregó, sin limitaciones ni discriminaciones ni prohibiciones, "toda vegetación que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla. Que les sirva de alimento."

d.2) La prohibición fue después

Es evidente, hubo las reconsideraciones y los reordenamientos sociales, hubo la ocasión de los borrones y cuentas nuevas, y se hizo tabla rasa con el pasado inmediato. Eso ocurrió cuando se adelantó solamente a una persona, al hombre, que después sería de género masculino (Gen. 2/7), sin siquiera haberse pensado en la mujer, todavía, y ni siquiera como primera opción (Gen. 2/20–22). Se "plantó un jardín en Edén, hacia el este", en el que "Jehová Dios hizo crecer del suelo todo árbol deseable a la vista de uno y bueno para alimento, y también el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo"(Gen. 2/9), y ordenó al hombre: «De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás

e) El hombre en el segundo relato de la creación

Cuando se reedita la creación, el hombre es, como dice el texto, un "ser alma viviente"(Gen. 2/7), parecido a nada, distinto a nada, porque "no se hallaba ningún arbusto del campo en la tierra y ninguna vegetación del campo brotaba aún, porque Jehová Dios no había hecho llover sobre la tierra y no había hombre que cultivara el suelo"(Gen. 2/5), y "toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos" fue formada después(Gen. 2/19) para compañía del hombre.

    Ese hombre, ser de alma viviente, igual a nada, diferente a nada, no debió tener sexualidad, que solamente tuvo posibilidad de identificarse como diferente cuando Dios hizo a la mujer. Únicamente desde la creación de la hembra, un ser de alma viviente, a todas luces distinto al hombre existente, pudo ser ese hombre varón. Antes su sexualidad no era necesaria ni útil; el hombre era asexual, se entiende.

La misma inexistencia de un ser comparable, hizo innecesario que ese hombre tuviese nombre; bastaba con que Dios dijese «¡Oye tú!», y no habría que esperar «Señor, ¿conmigo?», porque no había otro que respondiese, sino ese hombre.

Luego que se construyó a la mujer de la costilla del hombre, y Dios sabía que ellos serían el inicio de otros hombres y de otras mujeres, para evitar confusiones, seguramente, al hombre llamó Adán, y a él permitió que le pusiera nombre a su esposa, y éste la llamó Eva(Gen. 3/20).

f) Ayuda para el hombre

A diferencia del plan original, donde hembra y macho son realizaciones a la imagen de Dios, producidas a la par(Gen.1/27), en el recuento, la mujer es construida después del hombre, cuando Dios se percató de que no era bueno que éste estuviese solo y emprendió la búsqueda de acompañamiento, una ayuda idónea, un complemento(Gen. 2/18).

    Sin embargo, la mujer no fue la primera opción. Antes, del mismo suelo del que se hizo al hombre, Dios formó "a toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos"(Gen. 2/19), pero en ellas no se halló ayudante adecuada (Gen. 2/20). En otro intento, uno siguiente al fallido, ya no del suelo, de la costilla del adormecido hombre, se hizo una mujer(Gen. 2/22).

    La condición accesoria de la mujer descrita en la Biblia no solamente le viene del que fuese hecha de una costilla del hombre, que fue lo material, se desprende igual de la intención declarada, para ayudantía, y de las formalidades posteriores. Fue el hombre quien decidió, autorizado, obvio, que esa nueva criatura, de quien tuvo clara conciencia de que era huesos de sus huesos y carne de su carne(Gen. 2/23), porque Dios se lo hizo saber, no hubo otra manera, se llamaría "mujer".

    Después del asunto de la fruta prohibida, y que a ella la condenó Dios a someterse a la autoridad del marido, éste volvió a decidir un nombre para esa mujer, Eva(Gen. 3/20), para la identificación civil.

    Sostener que "el relato de la formación de la mujer con una costilla sacada del hombre quiere destacar la unidad de la naturaleza, la íntima afinidad entre ambos sexos", hasta allí pudiera tenerse como consecuente con el texto bíblico, pero agregar, que lo mismo subraya "la igualdad esencial de derechos"(3), es una distorsión que atenta clara e inequívocamente contra lo expresamente dicho, contra el libreto, contra el contexto todo, contra el hecho cierto de que para las épocas de la construcción de lo que sería la Biblia, la mujer efectivamente estaba sometida a la autoridad totalitaria del varón, y, más grave todavía, camina contra la capacidad de discernimiento del lector; y lo único que pretende es atribuirle a la narración un sentido que no tiene, trata de ponerle una cara bonita, para lo que seguramente confía en la fe, la ciega.

g) El relato oficial

Puede continuarse afirmando, como se ha venido haciendo oficial y popularmente, que la creación de macho y la hembra es una sola en Génesis, y que no hay diferencias en los capítulos primero y segundo de ese libro; no obstante, la narración que va de Génesis 1/20 al 30 no es igual a la que en el mismo libro y seguidamente va del 2/4 al 22, y solamente forzando la obediencia a una determinada interpretación, serían complementarias.

Veamos.

g.1) Los tiempos y modos en la creación

g.1.1) Capítulo primero

En el capítulo inicial, en el quinto día Dios creó las almas vivientes, primero a las de las aguas y las que debían volar (Gen. 1/20-23), luego, a los animales domésticos y las bestias salvajes (Gen. 1/24-25).

    Después de haber hecho a los animales domésticos y a los salvajes "Dios pasó a decir: ‘Hagamos al hombre" (Gen. 1/26). En el versículo veintiséis del capítulo primero, además de estar ubicado, en orden numérico, en posición posterior a aquellos en que se creó a los animales domésticos y los salvajes, dice expresamente que "Dios pasó a", que, sin lugar a dudas, refiere el tránsito de un momento a otro, y por la disposición ya dicha, el transcurso debió ser a un tiempo siguiente.

    La idea presentada encuentra, pareciera, sustentación en la conducta de Dios cuando entregó al macho y a la hembra la hacienda ya antes creada: los peces, las aves y los animales terrestres, del quinto día, y la "vegetación que dé semilla, árboles frutales que lleven fruto según sus géneros", del tercer día (Gen. 1/11-13).

"Miren que les he dado toda vegetación que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol en el cual hay fruto de árbol que da semilla. Que les sirva de alimento. Y toda bestia salvaje de la tierra y toda criatura voladora de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra en que hay vida como alma he dado toda la vegetación verde para alimento"(Gen. 1/29).

    Con esto terminó la creación, en seis días, en ese orden temporal, al final del cual Dios concluyó para sí, que todo lo que había hecho era muy bueno.

g.1.2) Capítulo segundo

En el capítulo segundo se inicia afirmando que "Así quedaron terminados los cielos y la tierra y todo su ejército", y se cuenta que Dios procedió, en el día siguiente, el séptimo, a descansar. Sin embargo, al seguir el relato bíblico, en lo que parece ser un resumen, hecho, pudo ser, por persona distinta a la del capítulo pasado, se refiere la construcción inicial, "una historia de los tiempos de los cielos y la tierra en el tiempo en que fueron creados"(Gen. 2/4), pero en un orden inverso al ya descrito, y con hechos distintos.

    En este relato, que va a continuación del descanso en que se dice que se encontraba Dios, no había vegetación alguna, que, en el anterior informe, estaba desde el día tercero; tampoco había animales, que, como sabemos, en la anterior declaración, estaban desde el día cuarto.

    Dios procedió, primero, "a formar al hombre del polvo"(Gen. 2/7). Este hombre, el allí descrito y por lo que luego se dice, debió ser asexual, sin género, que no era necesario, porque en ese momento y por algún tiempo, como veremos, no hubo otro ser igual o parecido, con el que pudiera distinguirse como variedad.

    Luego, como se cuenta la historia en este pasaje, Dios "plantó un jardín en Edén", donde puso al hombre (Gen. 2/8), y seguido, "hizo crecer del suelo todo árbol deseable a la vista de uno y bueno para alimento"(Gen. 2/9). En este relato es primero el hombre, y después el alimento. En el primer relato, la vegetación que da frutos es del tercer día y el hombre del sexto.

    También el orden cambia en cuanto a la creación de los animales domésticos y los salvajes, que, según la noticia precedente, fueron realizaciones del cuarto día. Aquí, Dios, al constatar que el hombre estaba solo y que eso no era bueno, decidió hacerle "ayudante como complemento"(Gen. 2/18), y, para ello, formó del suelo "toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos", y fue el hombre quien entonces les puso nombre (Gen. 2/19).

    Por último, Dios hizo, de la costilla del hombre, a la mujer, que en el otro relato ambos habían sido una obra simultánea.

    Las creaciones descritas son tan radicalmente diferentes que cada una tiene existencia diferente en modo, tiempos y lugares. No son un mismo cuento.

4. Las penas del inicio

a) Destierro

La primera pena impuesta por Dios al hombre, macho y hembra, fue el destierro, a perpetuidad.

    Se castigó tanto a Adán como a Eva por la falta de obediencia: «del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás»(Gen.1/17), y, se sabe, comieron.

    Como penas accesorias, a Eva le estableció tres: uno, multiplicó los dolores de la preñez, dos, que su deseo fuese para su marido, y el otro, sumisión al marido (Gen.3/16).

    Adán fue condenado, en adición, a que su trabajo fuese doloroso, por las dificultades que le presentará la tierra (Gen.3/17).

    También la pena de expulsión fue aplicada a Caín, pero por homicidio, la muerte intencional de Abel: «Errante y extranjero serás en la tierra»(Gen.4/12).

    La desobediencia y el fratricidio tienen en el inicio de la Biblia un único castigo principal, el destierro.

b) Muerte masiva y cruel

Por la corrupción y la violencia generalizada, Dios condenó a toda la humanidad de entonces, salvo ocho personas (Noé, su esposa, sus hijos Sem, Cam y Jafet, y las esposas de estos) a la muerte: «Raeré de sobre la tierra a los hombres que he creado»(Gen.6/7). La expresión hombre, allí dicha, era la comprensiva de macho y hembra, como se indicó en el sexto día, ya que no habría ser, que no estuviera en el Arca, que se salvara del diluvio que sepultaría a la montaña más alta por quince codos de agua(Gen. 7/20).

    La versión del diluvio en la Biblia es una bastante aséptica, de la que se diluyó el real dramatismo de lo que debió suceder. La muerte, ésa, sería una condena única, simultánea, masiva, indiscriminada y cruel, por los terrores de la inmersión, la asfixia, las angustias y el ahogamiento, cuerpos trozados por objetos arrojados por la torrencial fuerza de las aguas; miles de personas: niños, ancianos, paralíticos, parapléjicos, cuadrapléjicos, cojos, mancos, ciegos, sordos, locos, enfermos, mujeres preñadas y sus nascituros, mujeres en parto, que debieron haber muchas en esos cuarenta días de monstruosas lluvias y emanaciones de aguas, inocentes recién nacidos, madres y padres locamente desesperados buscando inútilmente a sus criaturas, las adúlteras, las castas, los criminales perseguidos, detenidos y condenados y sus custodios, gente sorprendida en los campos con el arado en la mano, o en talleres con el mazo sobre las labores, los sacerdotes, que debió haberlos, gente aplastada por bestias en frenética e inservible huida, enterrados en los gigantescos deslaves de tierra, atrapados sin remedio en minas y cuevas, muertos por paros cardíacos por la terrible impresión de la enormidad e inmediatez de la tragedia, mutilados, fracturados en la desesperada y vana fuga, dormidos a quienes les fue mejor que a ningún otro, nunca despertaron, mujeres que no abortaron aún cuando el tipo dijo «Eso no es mío», adolescentes en juegos del cuerpo y del espíritu, con esperanzas de días mejores, poetas, músicos y pintores, famosos trovadores, carpinteros, panaderos, tal vez decenas de miles o quizás millones de personas; del número no se llevó cuenta.

    De las culpas de esa joven humanidad, solamente está la palabra atribuida a Dios. La maldad de los hombres era mucha en la tierra(Gen. 6/6), estaba llena de violencia (Gen. 6/11) y corrompida(Gen. 6/12). Gravísimo debió ser el estado de las relaciones de los hombres que el Hacedor se arrepintió de haberlos hecho(Gen. 6/7).

b.1) No hubo aviso

Fue la matazón más grande que se haya contado alguna vez. No se tiene registro de que al diablo se le hubiese ocurrido tamaño exterminio. Otros, por muchísimo, muchísimo menos, sin importar las conductas de las víctimas, ya han sido enjuiciados por crímenes contra la humanidad.

    Cuando niño, recuerdo, en la escuela dominical, se nos decía a los alumnos que Jehová, tal vez, no preciso, pero ciertamente el mismo Noé avisó en más de una oportunidad a las gentes para que enmendaran sus modos, pero que no hubo manera, y el final les llegó. He releído varias veces el texto sobre el diluvio y no he encontrado una sola advertencia, de uno ni de otro, nadie dijo «Arrepentíos y salvaos».

b.2) La madre de las pesadillas

Las aguas en que navegaba el Arca debieron estar tapizadas con despojos, millones de cuerpos de hombres, de mujeres y de animales de toda clase, que debieron subir a la superficie cuando los cuerpos flotan. Debió ser una imagen horrorosa, para pesadillas insuperables.

b.3) Al día siguiente

Cuarenta días y cuarenta noches de lluvias de fin del mundo, casi; aproximadamente un año de esos de Noé, desde el seiscientos de su vida(Gen. 7/11) al seiscientos uno, cuando las aguas se secaron sobre la tierra(Gen. 8/13), luego que "murió toda carne que se mueve sobre al tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre"(Gen. 7/21), millones de cadáveres, debió haber una colosal e insufrible carroña, como nunca hubo antes ni después. Dios, porque es Dios, pudo percibir un olor grato(Gen. 8/21), pero qué de la olfativa de Noé y la sofocante fetidez, qué de la fortaleza estomacal de su mujer, de los hijos y las nueras, qué de la de los miles y miles de animales, dos de cada género, que repoblarían el planeta. Las fosas debieron ser descomunales tragaderos de inmundicia, quién las hizo, no se dice cuándo.

b.4) Curiosidad de ese diluvio

Dios hizo que Noé salvara a "toda criatura viviente de toda carne, dos de cada clase de carne", macho y hembra(Gen. 6/6), porque iba a "arruinar de debajo de los cielos a toda carne en la cual está activa la fuerza de vida" (Gen. 6/17), por lo que allí debieron ir dos ratas, dos cucarachas, dos pulgas, dos chitras, dos ladillas, macho y hembra, dos arañas, dos cocuyos, dos hormigas, ¿cuál es tu sexo?, dos lagartijas, dos moscas, dos mosquitos, dos avispas, dos grillos, el mundo menudo.

    Sin embargo, los que no fueron sentenciados, por lo menos no fueron mencionados, y en el Arca no se instaló una pecera, fueron los peces y demás seres marinos de toda clase. Pero ciertamente el diluvio no hubiera bastado para arruinar a esa "carne en la cual está activa la fuerza de vida". Además, los ámbitos subjetivos y espaciales de la condena, según el recuento, fueron precisos: "Todo lo que había en tierra firme, y que tenía vida y podía respirar, murió"(Gen. 7/22); los peces no están en tierra firme.

c) La muerte de segunda clase

Ya se vio que Caín, aun cuando él creyó que el asesinato de su hermano podía, ante los ojos de los demás, merecer la muerte, Dios prometió castigo de fallecimiento para el que lo matare (Gen. 4/14-15). En cambio, por una acción que nada parece crimen, y si lo fuese, sería menor, comparado con el fratricidio, Dios condenó a muerte a Onán, hijo de Judá, por no haber vertido su semen en la mujer de su difunto hermano, y tirarlo a tierra(Gen. 38/8-10).

    Más adelante, se ordena muerte para el que hiere, por palabra o por hecho, a su padre o a su madre(Ex. 21/15), que ha de morir sin remedio la hechicera, el que se acueste con bestia, el que adore a dios distinto a Jehová (Ex. 22/18-21), trabajar los sábados, ¡oye!, muerte(Ex. 31/14-15), el secuestrador, muerte(Ex. 21/16) la que aborte, muerte, pudiera ser, mujer estéril, muerte, pudiera ser(Ex. 23/26), el adúltero, muerte, el que se acueste con la esposa de su padre, muerte, varón que se acueste con varón, muerte a los dos, el hombre que toma a una mujer y a la madre de ésta, deben ser quemados los tres, acostarse con una mujer que está menstruando, ambos tienen que ser cortados de entre su pueblo, los espiritistas y aquellos que se dedican a la predicción, deben ser lapidados hasta morir(Lev. 20/10-27), prostituta, hija de sacerdote, debe ser quemada(Lev. 21/9); y así, la muerte se repartía como castigo, como hoy la policía reparte boletas por infracciones de tránsito.

5. Abraham, la impunidad y la reincidencia

Abraham, ciertamente es una gran muestra de la obediencia, pero de la extrema, la ciega. No creo que haya otro quien acepte, así no más, sacrificar a un hijo en candela ni de otra manera, aunque se lo pidiese Dios(Gen. 22/23), que la fe normal no da para tanto. Abraham se encaminó a cumplir esa sinrazón, sin cuestionar siquiera, ni interceder por su crío como lo hizo por los corruptos, abusadores, criminales e indignos de Sodoma, varias veces, seis veces(Gen. 18/22-32).

    Seguramente ese sometimiento de Abraham a la voluntad de Dios le mereció espacio en el Santo Libro; pero más allá, Abraham se mostró como un maleante y de la peor calaña.

    Si lo que se cuenta después del héroe David, Bestabé y el patriota Urías, es un ejemplo claro de baja pasión y de abuso de autoridad y poder, que fue desagradable ante los ojos de Jehová(2 Samuel 11/1-27), lo de Abram en Egipto tiene todas las trazas de una tele-novela mala: engaño, seducción y aprovechamiento, pero donde al final el delincuente quedó en la impunidad.

a) En Egipto

Luego de salir de Harán, de la casa de su padre, Taré, por instrucciones de Dios, Abram pasó por varias tierras, entre ellas, Canaán, Siquem y Neguev (Gen. 12/5-9). Hubo hambruna en esas tierras y Abram decidió irse hasta Egipto (Gen. 12/10), y hacia allá se enrumbó.

    Ya a la entrada de Egipto, le dijo a su esposa Sarai «Eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, dí que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti»(Gen. 12/12-13).

    Allí, a la puerta del lugar a donde había ido porque las tierras prometidas eran infértiles y había hambre, se examinó la realidad en la nueva estancia, tal cual supuso que sería; se concluyó que un hombre, en Egipto, por extranjero, pudiera ser, con una mujer guapa, podría sufrir por la envidia de los poderosos. Y se acordó engañar, para que no se supiera que Sarai era su esposa. Abram instruyó: «Dí que eres mi hermana»(Gen. 12/13), que es la ocasión donde la mentira es de las buenas, por lo menos de las saludables, pueden evitar el asesinato. Pero ese aceptable y justo propósito, no fue el único alcance del engaño; éste tenía una pretensión adicional expresa y mezquina: «para que me vaya bien por causa tuya»(Gen. 12/13).

    Los encantos de Sarai serían utilizados deliberadamente para seducir y sacar provecho, y ciertamente resultó, porque se "hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos"(Gen. 12/16).

    Lo descrito no es, en manera alguna, una conducta estimulante del buen proceder. Sin embargo, el engañado, aquél de quien, además, se aprovecharon, ése fue castigado, él, el Faraón, y toda su casa, cualquier cantidad de gente, "con grandes plagas", qué tantas, no se dice, pero fue "por causa de Sarai, mujer de Abram"(Gen. 12/17), que eso no lo sabía el que fue dadivoso y, trágicamente, víctima.

    El Faraón, que fue absolutamente engatusado, como ido, quiso saber de Abram, «¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿ Por qué no me declaraste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer?»(Gen. 12/18-19).

    Sin exagerar los hechos ni las consecuencias, puede agregarse a la conducta de Abram, como agravante, el mal de la codicia, el deseo excesivo de tener riquezas, que él, a su salida de la casa de su padre, ya era pudiente, tenedor de bienes y de personas esclavas(Gen. 12/5). La facilitación de un amor, que él conocía como ilícito, es alcahuetería, de la que él obtuvo provecho. Eso también debió ser abominación, me parece.

    En este pasaje el engaño, la seducción, el proxenetismo y la estafa, quedaron impunes; ni siquiera se hizo juicio de esos comportamientos.

b) La reincidencia

Luego del asunto de la concepción y el nacimiento de Moab y Ben-ammi, hijos de Lot con sus hijas, conocidas como "la mayor" y "la menor", según la crónica de Génesis, Abraham, que ahora se llama así, no Abram (Gen. 17/5), habitó como forastero en Gerar, y allí repitió que Sara, que tampoco se llamará Sarai(Gen. 17/15) pero es la misma, «Es mi hermana». El engañado esta vez fue el rey Abimelec, quien "tomó a Sara" (Gen. 20/1-2).

    Sin embargo, este gobernante no sufrió lo del Faraón de Egipto porque, antes de poseer a Sara, que era lo propio, tuvo un sueño en que Dios le reveló la verdad, y le informó «Es casada con marido», y que moriría a causa de la mujer que tomó (Gen. 20/4). Abimelec, siendo rey, seguramente conocía la ley y proclamó su honestidad porque, primero, "no se había llegado a ella" y, además, había sido embaucado, y preguntó: «¿Matarás también a un inocente? ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano?»(Gen. 20/4-5).

    Luego de la charla con Dios en sueños, el rey confrontó a Abraham, y la respuesta de éste fue, escuchen, «Dije para mí: Me matarán por causa de mi mujer»(Gen. 20/11).

c) Problemas en los relatos

La violencia divina contra la primera víctima de las artes de Abram, el Faraón, y la evidente tolerancia celestial de las conductas de Abram y Sarai, obviamente no pudieron tener ningún efecto disuasivo, todo lo contrario; y el recurso fue nuevamente utilizado, incluso por una generación posterior.

    Además, esta Sara, a diferencia de la Sarai en Egipto, que entonces era joven y guapa, era vieja, tal vez preservara los vestigios de la anterior hermosura, pero lo cierto es que era de edad avanzada, a quien "le había cesado ya la costumbre de las mujeres"(Gen. 18/11).

    Por otro lado, habiendo leído lo escrito, no entiendo el temor de Abraham por su vida ante el rey Abimelec. Abram no solamente era rico, como se ha visto, igual tenía capacidad militar vencedora. Cuando Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidai, rey de Goim, hicieron guerra contra cuatro reinos, incluidos los de Sodoma y Gomorra, siendo estos vencidos, Lot, sobrino de Abram, quien era residente en Sodoma, fue tomado por los vencedores junto con sus bienes (Gen. 14/1-12). Enterado Abram de la suerte de su pariente, dice el texto, juntó una tropa de trecientos dieciocho, se armó y fue en persecución de los asaltantes, los atacó, y los hizo retirar hasta Hoba, al norte de Damasco, "recobró todos los bienes, y también a Lot, su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente"(Gen. 14/14-16).

d) De tal palo

Isaac, hijo de Abraham en Sara, hizo uso del mismo ardid, con la misma supuesta razón, con el rey Abimelec, dijo de Rebeca«Es mi hermana»; pero el rey, que ya había vivido la experiencia con el progenitor y casi le cuesta la vida, estuvo con el forastero todo lo pendiente que la razón demandaba, y pudo prevenir males (Gen. 26/7-11).

e) Sara

Del relato del asunto en Egipto no pude alcanzar a entender si Sarai, además de haber ingresado al harén del Faraón, fue o no poseída sexualmente. Sin embargo, por las razones expuestas de lo sucedido con el rey Abimelec concluyo que el Faraón sí poseyó a Sarai en su carne.

    Recuérdese, el rey Abimelec no fue ajusticiado, precisamente porque "no se había llegado a ella"(Gen. 20/4) carnalmente, porque, como el mismo Dios señaló: «Y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases»(Gen. 20/6). De esto infiero que el Faraón, que también fue engañado, como lo fue el rey Abimelec, sufrió las plagas por haber pecado contra Dios, por haber tocado carnalmente a Sarai.

    Sara tiene la condición de partícipe en las censurables acciones. Cuando lo del Faraón, se podía alegar en su favor que ella fue una dócil obediente del marido, a pesar que algo debió ella hacer para que Abram fuese tan buenamente favorecido, no habrá sido solamente por los encantos de su natural belleza. Pero en el caso de Abimelec, Sara le dijo al rey, «Es mi hermano»(Gen. 20/5), dispuesta a prostituirse.

    Sara tiene su propio y personal antecedente. Con el pretexto de que Isamael, el primer hijo de Abram, el habido con Agar, la sierva dada por la propia Sarai para que la preñara, se reía de Isaac, su hijo carnal, Sara exigió la expulsión de la sierva y de su hijo para que éste no heredara con su hijo, Isaac (Gen. 21/8-10). Consecuencia de la exigencia y, dígase, la intervención de Dios, Abraham, solamente con "pan y un odre de agua", que no debió ser mucho, que sobre el hombro de la madre se pudo llevar la bolsa con el líquido, echó a la buena de Dios al chiquillo de 14 o 15 años(4) a rodar por el desierto, en lo que, en circunstancias normales, era una condena a muerte (Gen. 21/13-15), en el entendimiento de Sara.

6. Sobre valores

La Biblia, siendo lo que pretende ser, un instrumento para "corregir y educar en una vida de rectitud"(5), contiene un número importante de valores: amarás a tu padre y a tu madre, no hurtarás, no matarás, no desearás la mujer de tu prójimo, etcétera, que no solamente son universales, sino perpetuos e imprescriptibles, por la justicia en que se fundan. Sin embargo, registra otros valores, o más bien, anti-valores, que no niega, que fueron reglas de entonces, como las otras, con el mismo valor entonces, pero que ciertamente no son valederos hoy. La esclavitud, como solo un ejemplo, que hay otros contra-valores no repudiados.

    La primera anotación de la esclavitud en la Biblia, si no me equivoco, es la condena que infligió Noé a Canaán, reducido a esa condición por una dudosa culpa de su padre, Cam, el haber visto éste la desnudez borracha de Noé(Gen. 9/21-27).

    Cuando Abrám salió de Harán (Gen. 12/4), luego de la muerte de su padre, Taré (Gen. 11/32), y del reparto de la herencia, bien probable, partió como se lo había indicado Dios (Gen. 12/1), acompañado por su esposa, Sarai, por Lot, el hijo de su difunto hermano Harán (Gen. 11/27-28), y todos los bienes que ellos habían acumulado "y las almas que habían adquirido en Harán"(Gen. 12/5).

    Abrám, cuando luchó para rescatar a Lot del cautiverio, "juntó en formación militar a sus hombres adiestrados, trecientos dieciocho esclavos nacidos en su casa"(Gen. 14/14).

    La esclavitud descrita no es solamente el servicio de un sirviente o de un criado, que se han utilizado como eufemismos para encubrir el trabajo forzado, es decir, involuntario, doloroso y gratuito.

    Así lo comprendió Dios cuando se dispuso liberar a los de Israel porque indisputablemente vio "la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el clamor de ellos a causa de los que los obligan a trabajar"(Ex. 3/7), "a quienes los egipcios tienen esclavizados" (Ex. 6/5). Debe tenerse presente aquí, que fue el mismo Dios quien mandó a la descendencia de Abrám a ser afligida por cuatrocientos años a tierra ajena(Gen. 15/13); debió ser una prueba de las que solamente a él, según lo escrito, se le ocurriría.

    En esto no hay error de entendimiento, la Biblia registra otra forma de trabajo, el asalariado. La hija del Faraón prometió paga a la madre de Moisés por el trabajo de criarlo(Ex. 2/9). Dios prescribió, como leyes acerca de la Pascua, normas para el esclavo comprado con dinero y, también expresamente, para el trabajador asalariado(Ex. 12/44-45).

    La esclavitud fue la primera forma de explotación del trabajo ajeno y de apropiación del producto de ese trabajo ajeno. Ese fue el verdadero origen de las injusticias en la tierra, la génesis de las riquezas de los pocos y de la pobreza de los muchos; y sobrevino cuando sucedió la supresión, para siempre, de la igualdad original, instaurada el día seis de la creación.

    La Biblia detalla, como moralidad aceptada, las reglas de la esclavitud, cuando ese esclavo es, por ejemplo, hebreo, su liberación luego de seis años de trabajo, las condiciones para la manumisión o no de los hijos y la mujer del esclavo, y la venta de una hija como esclava(Ex. 21/1-11).

a) Usos arbitrarios y abusivos

La Biblia acusa como contra-valores los comportamientos del hombre que se acueste con varón como uno se acuesta con mujer(Lev. 20/13), y el aborto(Gen. 23/26); y para los dos hombres de la homosexualidad, como para la mujer del aborto, se sentencia la condenación, y la pena es la extrema, la muerte.

    Hoy, los opositores a los derechos de las parejas de un mismo sexo, y los adversarios a los derechos de la mujer a decidir sobre su cuerpo, utilizan, los más fundamentalistas, para llamarlos de alguna manera, los referidos textos de la Biblia, y concluyen muy razonadamente, que siendo ese escrito la luz y la verdad, la palabra de Dios, esas conductas son abominables.

    Esa postura no carece de cinismo en los que han leído y conocen los escritos de la Biblia, y de mucha ignorancia entre los que, siguiendo la propaganda de los primeros, no han leído la Biblia.

    Sucede que en el mismo versículo donde se dice que en medio de tu pueblo no habrá mujer que aborte, mátesela, también ordena, separado por solamente un signo de coma, que en medio de tu pueblo no haya mujer estéril(Gen. 23/26), con lo que tanto la del aborto y la infecunda serán muertas. Dios no ejecutó a Sarai cuando ella era incapaz de procrear, ni a nadie se le ocurriría asesinar a la mujer que se esteriliza para no tener más hijos.

    La Biblia es utilizada selectiva y abusivamente, como instrumento para particulares agendas, especialmente políticas, aunque ello se niegue a voces.

    Veamos lo que sigue, que no es otra cosa que muestras de una doble y conveniente moral.

    Si las condenaciones a la homosexualidad y al aborto lo son porque están así marcadas en el texto sagrado, sucede que junto a esas prohibiciones está igual la de la usura(Ex. 22/25). Los mercachifles de misa los domingos y confesiones limpiadoras, se saltaron esta abominación, y se hacen llamar banqueros, financistas y muy dignificos neoliberales.

    Lo mismo, la Biblia tiene como malo el lograr animales y vegetales híbridos (Lev. 19/19). Aquí, en nuestro patio, sin muchas complicaciones, se han producido naranjas, bananos y mangos híbridos, y hay reses híbridas. La ciencia de la genética ha beneficiado al mundo en el rubro alimentario, precisamente con eso que en la Santa Escritura se tiene como prohibido, y que consumimos todos, incluso los que debieran no hacerlo por ser expresamente abominable, por estar así sentenciado en el texto bíblico. La denuncia de lo híbrido alcanza a las prendas de vestir, que no deben tener dos tipos de hilos mezclados juntos(Lev. 19/19); ¿qué del algodón con polyester?

    El tatuarse está condenado por la Biblia(Lev. 19/28); el pronosticar está prohibido(Lev. 19/31), lo que hace que los que vaticinan los cambios climáticos, los especuladores de las bolsas de valores y los analistas políticos, entre otros adivinadores, sean delincuentes de la ley santa. Están, igual, penados el motilarse y el cortarse la barba(Lev. 19/27).

    Trabajar los sábados es merecedor de la condena a muerte(Ex. 31/14-15). Todo animal de mar y de otros torrentes que no tenga aletas y escamas es asqueroso, y el creyente no debe comer carne asquerosa(Lev. 11/10-11). Esto debe excluir de la dieta del creyente las almejas, los langostinos, las langostas, los cangrejos, el pulpo, qué demencia.

    Todas estas conductas, entre otras muchas enumeradas en esa ley santa, así como el acostarse con varón como uno se acuesta con mujer, y el aborto, son abominaciones. Sin embargo, evidentemente existe frente a ellas un tratamiento interesadamente selectivo.

7. El dueño del mundo

«Yo soy el que soy»(Ex. 3/14). Ese es Dios, dicho por él mismo; no se debiera necesitar más, ni identificación ni cartas de referencia: Adán nunca preguntó «¿Quién eres tú?», ni pidió demostraciones. Abraham ciertamente tenía conocimiento de los antecedentes de Dios y de la durísima represión de la desobediencia, y cuando el Señor le pidió en sacrificio la vida de Isaac, su hijo, no titubeó, no preguntó por qué.

    Al comienzo señalé que la Biblia pudiera ser, muy probablemente, un deficiente propagandista del Hacedor, y me ratifico. En uno de los medios de comunicación modernos, You Tube, por internet, se ha dicho que el Papa no se ha leído la Biblia, ya que éste afirmó que Dios es por naturaleza misericordioso.

    Ciertamente aquello de la misericordia, como de la naturaleza esencial de Jehová está negada por los iniciales libros de la Biblia: esos textos nos presentan a un Dios que no perdonó, que fuese de piedad hacerlo, la primera falta de los hijos de su creación, y los condenó para siempre, a ellos y a sus descendientes. El Dios que retrata la Biblia decidió raer de sobre la tierra a los hombres que creó(Gen.6/7), a toda criatura viviente de toda carne, salvo dos de cada clase de carne, macho y hembra(Gen. 6/19), y lo hizo, arruinando de debajo de los cielos a toda carne en la cual está activa la fuerza de vida(Gen.7/11-12), aniquilando incluso a las bestias salvajes y los animales domésticos, que qué culpas pudieran tener. El Dios de la Biblia, con azufre y fuego, avanzó sobre los pueblos de Sodoma y Gomorra, derribando a esas ciudades y ejecutando a todos los habitantes(Gen. 19/24-25).

    Fue el Dios descrito en la Biblia quien envió deliberadamente a la descendencia de Abrám a ser afligida por cuatrocientos años a tierra ajena, «Puedes saber con seguridad que tu descendencia llegará a ser residente forastera en tierra ajena, y tendrá que servirles, y estos ciertamente la afligirán por cuatrocientos años»(Gen. 15/13), y que cuando decidió redimirla y encomendó a Moisés hablar con el Faraón para liberar a los de Israel, se aseguró, desde el inicio y todas las veces, de que el corazón del gobernante se mantuviese endurecido, «En cuanto a mí, yo dejaré que él se le haga obstinado»(Ex. 4/21), para después hacer caer sobre él, su casa y sobre todo Egipto todas las plagas, incluso, la atrocidad aterradora, la muerte de todo primogénito.

    La Biblia describe a un Dios intolerante, que llama a la agresión y, evidentemente, a la confrontación violenta contra la fe, las creencias y los ritos de los otros, cuando no son de su ensimismada adoración: «Sin falta los echará abajo y sin falta derribará sus columnas sagradas»(Ex. 23/24).

    El Dios de la Biblia es presentado como discriminador; a él no pueden servirle, «no podrá estar cerca de la cortina, y no podrá acercarse al altar, porque hay defecto en él»(Lev.21/23), el ciego, el cojo, el de nariz hendida, el de miembro demasiado largo, hombre que tenga fractura del pie o de la mano, el jorobado o el delgado o el enfermo de los ojos, ¡ajá, los sacerdotes miopes!, o el costroso, el que tenga culebrilla o el que tenga quebrados los testículos, «porque hay defecto en él y no debe él profanar mi santuario»(Lev. 21/17-23).

    La capacidad de destrucción del Dios de la Biblia estaba más que registrada en la vida de los de Israel, sin embargo, se le relata en permanente jactancia de su poder, con amenazas terribles contra un pueblo que anduvo cuarenta años por el desierto: «Haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma: y sembraréis en balde vuestra simiente, porque vuestros enemigos la comerán» (Lev. 23/16), «Y pondré mi ira sobre vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga»(Lev. 23/17), «Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten los hijos, y destruyan vuestros animales, y os apoquen, y vuestros caminos sean desiertos»(Lev. 23/22), «Y a vosotros os esparciré por las gentes, y desenvainaré espada en pos de vosotros: y vuestra tierra estará asolada, y yermas vuestras ciudades»(Lev. 23/33).

    Si Dios es el de la Biblia, y es misericordioso, debe haber experimentado un proceso de rehabilitación, porque el de la introducción bíblica es brutal.

a) ¿Se hacía o, de verdad, no sabía?

¿Dónde estás?, preguntó Dios al hombre(Gen. 3/9). ¿Quién te informó que estabas desnudo? ¿Del árbol del que te mandé que no comieras has comido?(Gen. 3/11).

    Estas preguntas que se atribuyen a Dios me hacen preguntarme, con perdón, qué estaba haciendo Dios que no se enteró de lo que sucedía en esa parcelita dentro de Edén; en qué andaba distraído que no retumbó desde los cielos y previno «Oye tú, mujer, dije que de ese árbol no».

    El hombre y la mujer de ese sitio eran los bebés de la humanidad, dos personitas sin experiencia en las cosas de la vida y el mundo, que sabían tanto de bien y de mal y de obediencia, como los bebés de hoy, y a pesar de que a nuestros hijos les ordenamos «No comas eso», es nuestra ineludible obligación el estar pendientes de que no lo hagan, porque ellos estarán tentados a meterse a la boca todo, incluso aquello expresamente señalado como prohibido, porque no conocen todavía las consecuencias. Los buenos papás no pueden desentenderse de sus criaturas y exculparse con aquello de «¡Se lo dije!».

    Se ve que con lo de del crimen de Caín, Dios sí estuvo al tanto de lo ocurrido, a pesar de preguntar, haciéndose el que no sabe: «¿Dónde está Abel tu hermano?»(Gen. 4/9).«¿Qué has Hecho?»(Gen. 4/10). Se notó enseguida que sí sabía cuando Dios indicó: «¡Escucha! La sangre de tu hermano está llamando a mí desde el suelo»(Gen.4/11).

    Y ni siquiera pregunto dónde andaba ni en qué se entretenía cuando después de anegar a toda la tierra y dejar a la deriva el Arca del obediente Noé y a sus pasajeros (miles y miles de animales, dos de cada género) y los tripulantes (la esposa de él, sus tres hijos y sus esposas), cuando, a las mil y quinientas, "Dios se acordó"(Gen. 8/1). Pudo haber ocurrido un amotinamiento, se han visto después casos así, o encallar la nave con tanto montón de cadáveres que debieron infestar las aguas.

8. El «Yo no fui»

El «Yo no fui» es una expresión que rechaza culpa, y tiene su registro más antiguo en el Jardín de Edén.

    Cuando Dios reclamó al hombre «¿Del árbol del que mandé que no comieras has comido?»(Gen. 3/11), éste     respondió:«La mujer que me diste de compañera me dio de ese fruto y comí»(Gen. 3/12). Allí hubo dos direcciones de la culpa, se me señaló, que la alejaban del hombre: una, "la mujer" ésa, ella fue; y, la otra, "la mujer que me diste" tú por compañera. Casi ocurrió el primer «De ésta lavo mis manos», pero eso sería después.

    Al cuestionar a la mujer: «¿Qué es esto que has hecho?», entonces ella afirmó: «La serpiente... ella me engañó, y así es que comí»(Gen. 3/13).

    A la serpiente, que podía hablar, quedó muda desde entonces sin que se le indicara ese castigo, y era la más astuta de todos los animales salvajes creados (Gen. 3/1), Dios nada le preguntó; ¿para qué?, tal vez hubiese proclamado «Yo no fui», y no habría mentido, que es sabido que la fruta, que no era manzana necesariamente, se la comieron esos dos desobedientes bípedos.

Citas

1. Enciclopedia Salvat, 2004, Volumen 9.

2. Wikipedia: Galileo Galilei.

3. La Biblia de Estudio, Edición Misionera, 2005, ps.20-21. Explicación del Capítulo 2 de Génesis, versículo 23.

4. Ismael fue circundado a los trece años, cuando Abraham tenía 99 (Gen. 17/24-26). Isaac nació cuando Abraham tenía 100 años de edad (Gen. 21/5).

5. "Valor religioso de la Biblia", en La Biblia de Estudio, Edición Misionera, 2005, p.4.

 

El autor

Ricado Stevens

Panameño, nacido en la ciudad de Colón, abogado, profesor universitario (Universidad de Panamá) de Ciencia Política y Filosofía del Derecho. Autor de los siguientes libros: "Un año con Martín", crítica política, 2005; "De la costilla de ella, yo", recuerdos de su madre, 2005; "El Estado", Ciencia Política, 2004; "Aspectos generales de la relación individual de trabajo", Derecho Laboral, 2003. Ha publicado más de 200 artículos de opinión.

"La Tierra no es estacionaria" fue terminada en enero del 2008, en la ciudad de Colón, república de Panamá.


Partes: 1, 2


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