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Exégesis de cierta hipótesis comprobable acerca del posible correlato neuronal de la conciencia subjetiva (página 10)




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92. RECREACIÓN DE UN ENTRELAZAMIENTO EN EL CEREBRO.

La subjetividad, en una primera aproximación intuitiva a la solución del problema, emerge y se confina mediante un cambio de escala en el sistema, el cerebro, durante su peculiar y sistemático proceso morfofuncional. Hay que entender bien lo que esto quiere decir: este cambio de escala no significa que el objeto mental cambie de tamaño en el cerebro, no significa que la manzana ocupe una red mayor por resonancia, o algo parecido, hasta ser tan intensa que emerja de tanto empujar desde "abajo". No; lo que cambia es la unidad de medida, no el objeto. El objeto es el mismo, antes desintegrado en sus piezas: S, O y L, y después integrado en su forma: SOL. SOL es una nueva unidad de medida, y suficientemente compleja como para ser emergente, en su caso, macroscópica y confinada. Para que SOL persista como objeto subjetivo no necesita entrar y salir de la subjetividad, sino que es suficiente con que lo hagan el resto de las neuronas implicadas, pues cuando pensamos en SOL, pensamos a la vez en muchas otras cosas, que son el cambio necesario para seguir percibiendo SOL durante un tiempo. De modo que no se agranda SOL para que sea subjetivo, no se representa con una red creciente, sino que el entrelazamiento de S, O y L supone una nueva escala macroscópica.

El observador subjetivo se identifica con SOL en ese momento, ya que el observador subjetivo no es un ente concreto dotado de subjetividad, sino que en ese momento es la percepción consciente y subjetiva de SOL, es decir, el sujeto es un objeto abstracto, es la consciente red SOL dotada, además de la propiedad de la conciencia, de la propiedad de la subjetividad.

Al pasar de circuito a red cambia la unidad de medida, la distancia entre las rayas de la regla, de modo que SOL es más grande que S, o que O, o que L. Cualquiera de estas tres era más pequeña que SOL, una unidad de medida más pequeña, redes más pequeñas. Como una red es un todo, y una unidad de medida en la práctica, al integrarse SOL, la escala de medida cambia, de hecho, mediante scaling, al cambiar la estructura morfofuncional del cerebro durante su proceso sistemático dinámico. Y esto implica un cambio en la percepción, incluyendo la posibilidad de pasar de infrasubjetiva a subjetiva, por ejemplo.

No hay que olvidar que el cerebro es un sistema de medición, pensar es medir, las respuestas neuronales son una medida de algo, por ejemplo, del estímulo al que responden, pues los potenciales están cuantificados, por la ley del todo o nada que rige su descarga, y se organizan en trenes que codifican algo de modo objetivo, al ser las respuestas conscientes, estables y con memoria. Los códigos son un objeto mental que dan una medida de algún otro objeto.

El cambio de escala debería ser la recreación de un entrelazamiento, de algún modo, un trasunto en el terreno de la abstracción de un entrelazamiento entre objetos abstractos, por ejemplo, entre S, O y L durante la percepción de SOL. Y hay que ir teniendo en cuenta ya algo importante acerca del entrelazamiento: un objeto entrelazado, por ejemplo, un protón, o, por ejemplo, SOL, se percibe como si fuera el mismo objeto desde cualquier punto de vista desde el que se le mire a una escala dada, el Sol también nos parece uno solo, como su nombre indica. Y visto desde este punto de vista el asunto, hay que colegir entonces que la recreación de un entrelazamiento de objetos abstractos en el cerebro es el mecanismo de emergencia de la conciencia subjetiva, es decir, la integración de objetos mediante su entrelazamiento. Así qué: ¿en qué consiste el entrelazamiento, y cómo se las apañan las neuronas para recrearlo?

El entrelazamiento es un fenómeno descrito por los físicos mediante el cual dos ó más partículas concretas forman estados ligados, una situación contraintutiva, pero cierta. Y los objetos mentales son abstractos, no concretos, de modo que en principio la recreación del entrelazamiento podría estar dentro de esa categoría de fenómenos de tipo cuántico recreados por ciertos sistemas complejos a gran escala, como la interferencia ondulatoria en un charco de agua. Del mismo modo que la ola en un charco no es una onda concreta (no es un fotón, por ejemplo) pues la recreación de un entrelazamiento entre S, O y L para tener el estado ligado SOL tampoco es un entrelazamiento concreto (no son dos fotones entrelazados), pero se consigue con un error despreciable, pues sin duda somos conscientes de la palabra SOL como ente único y de su significado, de un modo estable y continuo.

¿Cómo se recrea el entrelazamiento de S, O y L? En primer lugar, digamos que un entrelazamiento, por ejemplo, el entrelazamiento entre dos fotones, consiste en una correlación no local entre ellos. Al ser no local la correlación entre dos fotones, ocurre algo al unísono a ambos, con dependencia entre lo que le ocurre a uno y a otro, pero de manera no local, sin estar uno cerca de otro, así que no pueden estar en contacto, y por tanto no pueden tener una vinculación causal directa como explicación de la correlación en este caso: lo que causa un cambio en uno, no puede ser la causa que produce el cambio en el otro, y sin embargo, ambos cambian como si dicha causa fuese común, lo cual no es posible, al estar demasiado separados para que sea posible que la causa actúe sobre ambos a la vez en ese mismo instante (en una sola medición), al ser su correlación no local (esto suena raro, pero es un fenómeno auténtico: los fenómenos cuánticos son contraintuitivos, son raros, casi inimaginables, pero son auténticos, es el comportamiento de la materia fundamental a escala mínima).

Pues bien, las neuronas no mantienen entre sí una correlación no local, por lo que de entrada tenemos esta primera dificultad para explicar cómo consiguen recrear una correlación no local.

El concepto de correlación es matemático, aunque aquí se está utilizando de una manera más general, en el sentido de dependencia o vinculación no causal. En el caso del entrelazamiento se solapa el concepto general con la idea matemática. Los matemáticos definen la correlación entre dos fenómenos como la existencia de una dependencia entre ellos, por ejemplo, una dependencia en función de una proporcionalidad directa o inversa (una proporción es una igualdad entre razones, por ejemplo: A/B = C/D, de modo que A depende de C porque A aumenta si C aumenta, A depende de D, porque A aumenta si D disminuye, etc.). Pero el establecimiento de una correlación entre fenómenos es una descripción, no permite confirmar una relación causa-efecto con seguridad en todo caso, por eso se usa la correlación para describir muchos fenómenos al margen de cuestiones sobre las causas, y la correlación no local en particular como descripción de lo que ocurre durante el contraintuitivo fenómeno del entrelazamiento, y es que en la escala de la mecánica cuántica no está clara la vinculación causal de las interacciones, al ser tan extrañas. En estadística afinan más la idea de la correlación, definiéndola como la teoría que trata de estudiar la dependencia que existe entre las dos variables que intervienen en una distribución bidimensional. Pero aquí vamos a usar una idea más prosaica de la palabra correlación.

No hay causalidad en el entrelazamiento, hay mera correlación; Ynduráin ha dicho: "¿Qué causa la emisión y/o absorción de partículas? ¿Qué mecanismo está detrás (de éste y de otro tipo de procesos similares)…? … La respuesta es: ninguno… tenemos que considerar tales procesos como irreducibles a otros". En palabras de Freeman Dyson: "… (tras dominar el lenguaje forma de la mecánica cuántica, hay que) reconocer que nada hay que entender". Sólo cabe la mera descripción de fenómenos que no sólo son contraintuitivos, sino que se reducen a sí mismos, carecen de mecanismo interno, no hay un qué ni un por qué para ellos, sólo hay un cómo. Con la mente y la conciencia ocurre lo mismo, no hay un por qué, sólo un cómo, sólo la descripción del modo en que el proceso físico sistemático correlativo evoluciona para que sea posible la efectividad del sujeto como ente ficticio, pero real: la subjetividad emerge mediante el cambio de escala en el sistema, y el cambio de escala es la recreación de un entrelazamiento (y necesariamente un tipo peculiar de integración neuronal compatible con este hecho) entre los objetos mentales implicados en la experiencia subjetiva en un momento dado. ¿Se puede explicar con más detalle aun, y se puede demostrar?

93. CORRELACIÓN NO LOCAL.

Aunque una correlación es un tipo de relación matemática entre dos entes matemáticos, en general la podemos considerar como una expresión de la dependencia entre dos sucesos, una vinculación, que no aclara si es relación (causal) o no, simplemente describe su vinculación, su dependencia. Por ejemplo: en la práctica podemos establecer una relación entre el virus de la gripe y la gripe con un error despreciable, pero entre la lluvia y la gente con paraguas bajo la lluvia no podemos establecer una relación, así que en este segundo caso sólo podemos plantear una correlación. En el ejemplo de la lluvia y la gente con paraguas, la correlación, basándonos en nuestra capacidad intuitiva, ha de ser local: la gente con paraguas ha de estar allí donde esté lloviendo. Lo que no tendría sentido desde el punto de vista de nuestra intuición sería que siempre que llueva en Londres, don Salustiano Romerales abra su paraguas a la misma hora en Sevilla. Algo así, una correlación no local, sería contraintuitiva, incluso lo era para Einstein, Podolsky y Rosen, que predijeron la posibilidad de la correlación no local entre partículas subatómicas (en 1935). Y como la correlación no local es absurda, la presentaron como forma de demostrar que la mecánica cuántica no podía ser la mecánica que explicase la naturaleza en la escala fundamental. Pero resulta que se ha comprobado que la correlación no local es auténtica, que es un fenómeno verdadero. Por ejemplo: entre fotones, se produce en ocasiones una correlacion no local: algo increíble, pero cierto. Y más increíble aun será demostrar que eso es lo que el cerebro recrea durante la emergencia de la subjetividad, porque el cerebro ni siquiera ha estudiado mecánica cuántica.

Las neuronas no sólo han de solventar el problema de su desconocimiento de la mecánica cuántica, también han de superar el problema de estarse correlacionando entre sí, durante sus interacciones (la transmisión de potenciales de acción) mediante una acción a distancia pero local, su correlación es local, no es una correlación no local, así que, a ver cómo recrean una correlación no local. Recordemos brevemente que en un circuito de neuronas A-B-C, A establece sinapsis con B, y B con C. Recordemos también que la vinculación entre A y B sí la podemos considerar una relación causa-efecto en la práctica con un error despreciable a escala neuronal. En cambio, la vinculación entre A y C es de correlación, asunto que ya habíamos discutido. Las neuronas internunciales o intercalares, como la neurona B en este ejemplo, establecen en el cerebro (que no es más que un gigantesco montón de neuronas internunciales) un enorme sistema de correlaciones. La correlación entre A y C es a distancia, pero local, pues están conectadas a través de B (en los sistemas nerviosos más primitivos no había neuronas intercalares; la presencia de neuronas intercalares ha persistido a lo largo de la evolución, de donde se infiere que no han sido excesivamente perjudiciales para la supervivencia, y de hecho, no han dejado de aumentar, si comparamos, por ejemplo, el tamaño del cerebro del Australopithecus con el del hombre moderno). Entre neuronas la acción a distancia se produce básicamente mediante neuritas (axones y dendritas), interneuronas, sinapsis y transmisión de potenciales de acción.

94. FOCO COHERENTE E INTERFERENCIA.

El entrelazamiento, la correlación no local, explica la presencia de los estados entrelazados que se observan cuando los elementos de ciertos sistemas cuánticos interactúan de forma peculiar. Hay diversos textos divulgativos que tratan de acercar el concepto del entrelazamiento al público (entre quienes me encuentro); un libro, titulado Entrelazamiento, escrito por Aczel, lo explica de modo inteligible (por suerte para el desarrollo de este ensayo). En este libro se explica que, como hemos dicho más arriba, las partículas entrelazadas no poseen ya propiedades individuales, sino que se comportan como un ente único desde cualquier punto de vista a ciertos efectos, que es precisamente lo que ocurre con la subjetividad. Lo que pasa es que la subjetividad al no ser un objeto concreto, debe llegar a dicha unicidad en su esencia (su esencia aparente a gran escala, se sobreentiende) mediante una recreación de un entrelazamiento. Un estado ligado como el protón también se comporta como una sola partícula, como si fuera elemental, de ahí que les costase en su momento descubrir que no era elemental, sino reducible a partículas elementales (elemental = irreducible). Pues si la subjetividad fuese de algún modo un estado ligado, quedaría claro que la conciencia subjetiva (la individualidad, o indivisibilidad, o irreducibilidad de nuestra experiencia consciente como sujetos) no depende de un qué, sino de un cómo, y el problema del origen del sujeto quedaría resuelto y demostrado. Esto es importante, sobre todo teniendo en cuenta que en este ensayo se dan las pautas para llegar a dicha demostración.

Un estado entrelazado en la mente sería un trasunto en el terreno de la abstracción de un estado entrelazado. Parece posible, de hecho, la palabra SOL es como un estado entrelazado de S, O y L, pues SOL es una sola palabra, una entidad única, en la práctica, y claramente es reducible a piezas. El mecanismo funciona con éxito en la práctica como si fuese un estado ligado de objetos abstractos (el éxito depende de la integración efectiva de SOL con un error despreciable, al ser en el fondo una compleja red integral formada por millones de neuronas). De todos modos es importante darse cuenta de la versatilidad del terreno de la abstracción mental, capaz de computar la descripción de sucesos imposibles en el terreno de lo concreto. Tal vez sea también posible la computación en el terreno de la abstracción de algo como la recreación de un estado entrelazado entre objetos mentales, como si dichos objetos fuesen partículas elementales. A favor del sí está el que los objetos mentales sean emergentes, lo cual quiere decir que, según el principio de emergencia ad hoc (un objeto emergente es aquel que se comporta como elemental o indivisible en la escala de emergencia con un error despreciable), la palabra SOL es elemental en la escala de las palabras, es decir a escala macroscópica confinada (cuando SOL es efectiva como percepción subjetiva).

Tal vez sí sea posible la explicación de la emergencia de la subjetividad mediante un mecanismo neuronal que consista en la recreación de un entrelazamiento a gran escala entre objetos macroscópicos abstractos. Además, a diferencia del terreno de lo concreto, en el que las condiciones han de ser estrictas para que se entrelacen las partículas (por ejemplo: para que dos partículas procedentes de un foco común coherente se entrelacen han de ser de la misma especie, por ejemplo, fotones), en el terreno de la abstracción no, pues se puede entrelazar cualquier objeto que se nos ocurra, con tal de ser recreado por las neuronas mediante un comportamiento neuronal peculiar, como si las neuronas garantizasen dicho foco común coherente de por sí, por su propia naturaleza como células excitables independientemente de lo que signifique su conformación, SOL, manzana o lo que sea (es decir, como si el foco coherente lo suministrase una entrada en coherencia entre los trenes de potenciales de acción, independientemente de la configuración interna particular de cada tren). En la mente cualquier objeto abstracto (cualquier significado correspondiente a un tren de potenciales específico) que se nos ocurra puede ejercer de "partícula elemental" entrelazable, que no serán verdaderas partículas elementales, pero lo que les pase (como la recreación de un estado ligado entre ellas mediante la entrada en coherencia entre trenes) aunque ficticio, no verdadero, sí que será efectivo, real, detectable, de modo que sucederá para un observador incapaz de distinguir lo auténtico de lo ficiticio, por ejemplo, un observador macroscópico confinado, incapaz de darse cuenta de la reducibilidad de los objetos subjetivos (los trenes coherentes). Y como además dicho proceso será consciente, será una realidad consciente, y al ser subjetiva, será en la práctica, con un error despreciable, la realidad consciente subjetiva, es decir, en la práctica, el equivalente a un sujeto consciente de la realidad, algo ficticio, pero real, como es real un surfista cabalgando una ola, a pesar de no ser la ola una onda verdadera.

Hemos hablado de la necesidad de un foco común coherente para que los fotones se entrelacen. Y antes hemos hablado del fenómeno físico de interferencia de ondas, y de cómo a gran escala algunos sistemas (como el agua líquida) son capaces de recrear la forma de un fenómeno de interferencia de ondas, pues entra dentro de sus posibilidades por sus características (sus partes y el tipo de interacciones que verifican por ser un sistema peculiar y no otro sistema peculiar). La interferencia de ondas consiste en que dos ondas, en un punto geométrico del medio por el que se transmiten, si inciden a la vez en dicho punto, suman sus efectos en dicho punto. La interferencia se basa en el principio de superposición, del que ya habíamos hablado, según el cual, el valor de la perturbación producido por las dos ondas al llegar a la vez al punto es el mismo valor que el que producirían cada una de las ondas por separado. Si la amplitud de una onda vale X, y la otra vale Y, la superposición de ambas ondas en un punto valdría X + Y, sin más. Si una onda causada por una piedra en un charco mueve una hoja de árbol flotante hacia arriba una distancia X (que es la amplitud de la onda que golpea a la hoja en un punto), y una segunda onda provocada por una segunda piedra llega a la vez que la primera a la hoja (es decir, procedentes de focos coherentes, o piedras que caen "a la vez" con un error despreciable en ese "a la vez") y la sube una altura Y, la altura final de la hoja será X + Y, por superposición de las dos olas. Con ondas en un charco es fácil visualizarlo, con ondas electromagnéticas, que se mueven por el vacío, es más difícil, al no verse el agua, pero la idea es la misma, siendo el vacío el agua (es más fácil visualizarlo si se entiende que el vacío no es la nada, sino campos de energía con poca energía y poca materia, pero con un entramado geométrico real, aunque poco activo en lo que a interacciones se refiere, es decir, el vacío sería algo así como materia poco probable, no la nada, y a simple vista, desde un punto de vista clásico, espacio y tiempo vacíos de sucesos) y las ondas se suman al interferirse mutuamente, al establecerse una interferencia entre ellas.

De modo que el principio de superposición explica el fenómeno de interferencia. Ambas olas, X e Y, estarán en un estado de superposición desde el punto de vista de la hoja cuando la mueven juntas hacia arriba. Para la hoja no habrá diferencia entre una ola y otra, estarán superpuestas a todos los efectos desde el punto de vista de la hoja, serán para ella un ente único. En el vacío no hay agua, de modo que cuesta un poco más visualizar el estado de superposición entre ondas concretas. Supongamos que el agua fuese invisible para la hoja flotante: pues se encontraría ascendiendo X + Y, en un momento dado, sin saber cómo, en algo así como el vacío, y únicamente podría concluir que sube no por el empuje del agua, sino por encontrarse, la hoja, en un estado de superposición X + Y, al comprobar que sube X + Y, sin más datos sobre el suceso. Si no se viese el agua, lo único que le quedaría a la hoja, para explicar este patrón de comportamiento, de acuerdo con el cual unas veces asciende X, otras Y y otras X + Y, sería hablar de su situación no como hoja flotando en agua que se mueve, sino como hoja en un estado: el estado de la hoja; un estado de la hoja sería el estado X, otro, el estado Y, y otro, el estado X + Y, el estado de superposición. La descripción del cambio de su situación dentro de una geometría dimensional sin otra explicación (sin agua), lo explicaría la hoja intuyendo a su propia evolución como un cambio de estado (no confundir con cambio de escala).

Como decía Cicerón (en referencia a la gente sabia), Vivere est cogitare, vivir es pensar. La física a veces es tan abstracta que resulta difícil ponerse en el lugar de los sucesos para pensar acerca de ellos y comprenderlos. Cuesta empatizar con los electrones. Esto ocurre con las ondas. Para visualizarlas, un truco es trasladar lo que ocurre en cuatro (según parece) dimensiones a dos, en una gráfica sobre un papel; resulta útil imaginar que una onda es una línea sinuosa sobre un papel. Haciendo esto, se entiende que una onda, representada por una sinusoide en un papel, tenga periodo (tiempo en volver a una misma altura que la de partida), frecuencia (número de vueltas alrededor de un punto durante un periodo de tiempo dado; la frecuencia es la inversa del periodo), amplitud (altura del punto máximo midiendo desde el punto de reposo), etc. Y dibujadas dos ondas iguales en paralelo en el papel, también se entiende que si ambas consisten en una línea sinuosa que sube y baja y vuelve a subir y bajar, el punto más alto, al que llamar pico (si lo tomamos como convexo), y el más bajo, al que llamar valle (si nos forzamos a tomarlo como cóncavo), pueden coincidir en la onda de arriba y en la paralela que está debajo, o pueden no coincidir picos de una y picos de la otra. Si dos ondas coinciden por todos sus picos, estarán sincronizadas, así que pueden tener distinta amplitud, pero igual frecuencia (si dos neuronas coinciden por los picos de sus potenciales de acción, estarán sincronizadas, y codificarán lo mismo, por eso la sincronización no puede ser la explicación de la subjetividad, ya que la subjetividad no es una "pantalla en blanco" con todas sus partes sincronizadas y por tanto iguales; simplemente es ilógico que la sincronización sea la base de la concurrencia temporal en el caso de la integración de la subjetividad en la mente; debe de ser la base de otros fenómenos neuronales, como la sinergia o el agonismo muscular, pero no la de la subjetividad). Ahora supongamos que las dos ondas paralelas que tenemos dibujadas en el papel no tienen la misma frecuencia; por ejemplo, la de arriba está a 2 Hz (2 ciclos por segundo, considerando al tiempo en abscisas, claro) y la de abajo a 3 Hz; pues en este caso, si cada onda conserva su forma, no pueden sincronizarse, no pueden hacer coincidir sus picos y valles (lo cual no quiere decir que no puedan superponerse, coincidir en un punto del espacio, sumar sus amplitudes en ordenadas, sólo quiere decir que no pueden sincronizarse, coincidir en el tiempo sus picos y valles en abscisas); ahora bien, si una va a 2 Hz y la otra a 3 Hz, aunque no puedan sincronizarse sin homogeneizar sus frecuencias, sí que pueden hacer coincidir, cada número de vueltas, uno de sus picos (al que podríamos bautizar, por nuestra cuenta, pico guía; en este ejemplo, cada dos vueltas de la onda a 2 Hz, y cada 3 vueltas de la onda a 3 Hz coincidirían sus picos guía). Dicha coincidencia de cierto pico ocurriría cada cierto número de vueltas, es decir, se mantendría una diferencia de fase constante entre ambas en tal caso.

Pues esta es una manera de definir la coherencia entre ondas: el mantenimiento de una diferencia de fase constante (es decir, lo que ocurre en el cerebro durante la subjetividad no se trataría de una sincronización de potenciales de acción, pero sí un mantenimiento de una diferencia de fase constante entre trenes de potenciales de acción asociados, con lo cual quedarían integrados; no sería sincronización neuronal, concurrencia temporal potencial de acción a potencial de acción, sino que sería coherencia neuronal, concurrencia temporal tren de potenciales de acción a tren de potenciales de acción). Para que sean coherentes no importa que estén en fase, no importa que estén sincronizadas, no hace falta que las fases coincidan (la fase es el área debajo de un pico o de un valle), sino que lo que hace falta es que se mantenga una diferencia de fase constante, que regularmente coincidan al menos los picos guía cada cierto número de vueltas a lo largo de la línea temporal considerada ad hoc como línea temporal absoluta.

Pues bien, una vez aclarado qué es sincronización y qué coherencia, hay que decir lo siguiente: para que se produzca una interferencia entre ondas, las ondas deben ser coherentes, y por tanto deben ser emitidas por focos coherentes, es decir, emitiendo ambas ondas con una diferencia de fase constante, estén o no en fase las ondas. Esta es la definición de coherencia que se va a utilizar aquí. Y es importante no confundir coherencia con sincronización de aquí en adelante (sincronización: coincidencia de fase; coherencia: diferencia de fase constante; interferencia: superposición de ondas con foco coherente; entrelazamiento: estado cuántico coherente). En el ejemplo del charco, para que las ondas provocadas por las dos piedras que caen en el charco interfieran entre sí, deben ser emitidas a la vez (si una piedra cae el lunes, y la otra el martes, no podrán interferir sus ondas, debe ser coherente la emisión, deben ser emitidas a la vez, las dos piedras deben caer a la vez, con un error despreciable para ese "a la vez" en la escala a la que la superposición de ambas vaya a ser efectiva en la práctica, se sobreentiende, y lo mismo en el caso de la subjetividad, si resulta que al final descubrimos que el entrelazamiento entre objetos va a consistir en la recreación de una superposición entre los estados de los objetos mentales abstractos; un estado de un objeto mental sería el estado S, y otros estados los estados O y L, por ejemplo).

Para que las ondas del charco se superpongan bajo la hoja no es necesario que estén sincronizadas, es suficiente con que sean coherentes (que el foco sea coherente, por tanto, que las piedras caigan "a la vez"), para que sus fases coincidan al menos una vez, porque con que lo hagan una vez es suficiente (e incluso aunque no sea exactamente por sus picos, ya que la superposición puede ser más o menos constructiva o destructiva, es decir el resultado de la suma puede medir más o menos al final, dependiendo de la parte de la pendiente de la onda por la que se sumen). Sólo han de coincidir una vez bajo la hoja, situación para la que, dicho desde el punto de vista de la hoja: sólo es necesario que la hoja esté en el estado adecuado (el estado de X, o el Y, o el estado de superposición X + Y) para que se verifique uno de sus estados posibles al medirlo (al medir su altura a partir del estado de reposo en un momento dado). Y con la subjetividad ocurre lo mismo: sólo es preciso que una red dada esté en el estado adecuado una vez, el estado S, O ó L, o estado SOL, para que se verifique un resultado u otro.

Aczel cuenta en su libro que la superposición consiste en la interferencia de una partícula consigo misma, y que el entrelazamiento consiste en la interferencia de un sistema consigo mismo (un estado cuántico coherente). Esto no es fácil de entender. Desde mi punto de vista lo que parece querer decir es algo así:

Las partículas son desde nuestro punto de vista una contraintuitiva dualidad onda-corpúsculo; a la hoja la hemos considerado un cuerpo idealizado, una partícula (si aceptamos que antes habíamos idealizado el suceso acaecido a la hoja y habíamos imaginado todo el rato que la onda de agua la empujaba por debajo en un punto adimensional sin rotación, es decir, transformando mentalmente a la hoja en una partícula). Si a la hoja la consideramos una onda, es decir, si identificamos su comportamiento con el del agua, entonces el estado X sería la altura del agua en un momento, no la altura de la hoja, y el estado Y sería la altura del agua en otro momento, y el estado X + Y sería una superposición del estado X e Y del agua en un mismo momento, es decir, una suma del agua consigo misma, no de dos ondas bajo la hoja, sino de una onda consigo misma, pues es la misma agua la que sube en X + Y (y el instante es el mismo) o desde el punto de vista de la hoja, sería una interferencia de la hoja consigo misma, que es lo que dice Aczel. En cuanto al entrelazamiento, consiste en la interferencia de varias hojas formando un sistema de hojas, de modo que aunque las hojas no llegan a interactuar entre sí, sí que se correlacionan al estar sobre la misma ola (en un mismo estado), de modo que suben y bajan a la vez si están en el mismo estado del charco. En tal caso, entre las hojas habrá correlación, y si dicha correlación consiste en la interferencia de un sistema consigo mismo, habrá un entrelazamiento, una correlación entre las hojas por superposición de los estados, no de las hojas. Ferrero, en el mismo artículo suyo citado antes, también aclara que un estado entrelazado es un estado cuántico coherente, con interferencia de un sistema consigo mismo: dentro de pocos párrafos intentaremos aclarar estas abstrusas ideas un poco más.

En este punto, y llevando a cabo una extrapolación de estas ideas al terreno de la abstracción, viene a cuento recordar que Hofstadter apuntó que una neurona puede formar parte de más de un símbolo mediante la superposición y el entrelazamiento de los símbolos, una buena intuición que ya habíamos mencionado a lo largo del ensayo, pues lo que significa en la práctica es que es posible que una neurona pueda formar parte de más de una red. Ya se me había ocurrido algo parecido a lo dicho por Hofstadter: que los símbolos son la recreación de un estado similar a un estado cuántico, el estado S, el estado O, el estado L, y que dichos estados pueden superponerse y entrelazarse, por ejemplo, en el estado percepción subjetiva de la palabra SOL (y todo su significado asociado por facilitación e integrado en la experiencia subjetiva en ese momento). La forma en la que una neurona podría formar parte de más de un símbolo sería mediante la pertenencia a redes diferentes en instantes diferentes, que sería como decir que una neurona estaría en un estado morfofuncional diferente en instantes diferentes, estando su estado definido, entre otros parámetros, por el estado de su relación y correlación con las neuronas con las que mantenga sinapsis en proximidad y/o a distancia. Así que, si las neuronas pueden estar en diferentes estados, también las redes, y estos superponerse, dado que el comportamiento neuronal recrea un comportamiento ondulatorio, como cuando se superponen varios símbolos (S, O y L) en un solo símbolo (SOL). Y el modo en que una neurona, por ejemplo una neurona en el estado S (una de las neuronas de la red en estado S) podría estar en otros símbolos a la vez, por ejemplo, en el estado O y L también (como ocurre en el estado SOL) sería mediante la recreación de un estado ligado entre las neuronas de la red S, con las de las redes O y L, la recreación de un estado cuántico coherente (que, como ya se puede ir adivinando, no va a consistir en la sincronización de las neuronas de la red S con las neuronas de las redes O y L, sino en otro tipo de actividad neuronal que a estas alturas ya no puede ser otro que la coherencia neuronal, la clave de todo este misterio, probablemente).

A lo largo del ensayo se han presentado varios ejemplos de ideas propias que posteriormente se han encontrado con igual forma en la literatura científica, como ocurre con el ejemplo que se acaba poner acerca de la posibilidad de la pertenencia de una neurona a más de una red, que ya había dejado por escrito Hofstadter entre otros autores (ya citados también) antes de ocurrírseme (y se han presentado más ejemplos diversos, como por ejemplo aquello de la neotenia como rasgo humano clave, y otras numerosas ideas por el estilo que siembran este espeso e interminable ensayo). Estas coincidencias, lejos de desanimarme en la búsqueda del correlato neuronal de la subjetividad, por sospechar que ya podría haber sido desvelado por alguien, indicarían la posibilidad de estar pisando un terreno firme y seguro: si a uno se le ocurren cosas parecidas a las que se le ocurren a individuos como Hofstadter, debe uno seguir adelante en su búsqueda. Así que prosigamos.

95. ENTRELAZAMIENTO.

Según explica Aczel, para que se produzca un entrelazamiento entre los elementos de un sistema cuántico, ha de darse en el sistema en primer lugar una superposición de los estados observables de dichos elementos, así que, dada una partícula en un estado X, o en un estado Y, incompatible con el estado X (incompatible de tal modo que si la partícula está en X, la probabilidad de observarla en Y sea nula), entonces, si se produce la superposición de X e Y, constituyendo un estado producto X + Y, al observar ahora la partícula se la encontrará en X e Y con una probabilidad no nula (y aun a pesar de ser incompatibles antes de estar X e Y superpuestos). Es decir, cuando X e Y no están superpuestos, la hoja de árbol que flota en el charco está en X o en Y, pero cuando están superpuestos, la hoja está en X y en Y, en X + Y, el estado producto de X e Y. Como la hoja no es un objeto cuántico, la probabilidad de estar en X e Y cuando se la detecta en el estado X + Y es del 100%, pero parece ser que con las partículas subatómicas la cosa no tiene por qué ser así. Si se hacen mediciones sucesivas de una partícula en el estado X + Y no se la encontrará en el estado X o Y, sino en X e Y, pero no con el 100%, sino de acuerdo con su propio reparto de probabilidades, un tanto por ciento para X y otro tanto para Y. Tras la superposición de X e Y, la probabilidad de encontrar la partícula en un estado que no sea X + Y, cuando está en el estado X o en el estado Y, será nula. Es decir, si se diseña un experimento para detectar partículas en el estado X, también será posible encontrarlas en el estado Y, con un experimento para Y, pero no en otro, aunque se diseñen experimentos para detectar otros estados, mientras que si X no está superpuesto con Y, al diseñar un experimento para detectarla en X la probabilidad de encontrarla en Y sería nula. Cuando la hoja esté en X, estará en Y, si X e Y están superpuestos, de modo que si se sigue la ola X para ver que ocurre cuando toque a la hoja, se verá que la hoja estará entonces en el estado X + Y, y lo mismo si se sigue a la ola Y.

Estos comportamientos contraintuitivos han sido comprobados experimentalmente varias veces: en el artículo de Molina, titulado Experimento en el Danubio, fotones entrelazados, publicado en Investigación y ciencia, en el año 2004, se relata alguno de ellos. Se trata de comportamientos contraintuitivos, porque una persona se puede sentar en la silla X, o en la silla Y, pero no en la silla X e Y, cosa que sí pueden hacer las partículas subatómicas. Y es contraintuitivo porque, en el caso de la hoja, el estado de la hoja es el del agua que tiene debajo, hay un medio que transmite la perturbación que agita a la hoja y determina el estado producto de la hoja. Pero en el caso de un fotón no hay agua debajo, sólo vacío, por eso es tan contraintuitivo el estado producto (de todos modos, el vacío sólo nos lo parece a nosotros, el vacío no es la nada, sino materia poco probable, que a gran escala percibimos como espacio vacío, mientras que los cuerpos sólidos simplemente son materia muy probable, y a gran escala lo percibimos como espacio ocupado o impenetrable, o cuerpos físicos –se suele decir, de todos modos, que la impenetrabilidad tiene que ver sobre todo con el principio de exclusión de Pauli-).

Aczel sigue explicando el entrelazamiento, y añade más leña al fuego cuando explica que dado un sistema cuántico compuesto, que sería un sistema constituido por 2 partículas (como mínimo, o más), en él podría haber un estado producto X + Y, y otro estado Z + W, de modo que si se detecta la partícula 1 en X, la partícula 2 estará en Y, y si se detecta la partícula 1 en Z, la partícula 2 estará en W. En caso de producirse ahora una superposición de estados producto, por ejemplo: (X + Y) + (Z + W), este nuevo estado producto sería ya un estado entrelazado. El estado entrelazado implicaría el entrelazamiento de las dos partículas, que entonces estarían entrelazadas, quedaría establecida entre ellas una correlación no local, lo cual tendría como significado práctico el caso siguiente como ejemplo: en caso de detectarse una partícula en el estado X, la otra sólo podría detectarse en Y, y si la partícula 1 se encuentra en el estado Z, la 2 sólo se podrá detectar en el estado W. Es un poco raro, porque intuitivamente uno tiende a suponer que si la partícula 1 está en X, la otra podría estar al menos en Y ó W, pero parece ser que no ocurre así en la práctica de hecho, sino que quedan verdaderamente entrelazadas en el caso de un estado cuántico coherente. Las dos partículas quedan entrelazadas mediante una superposición de estados producto del sistema, que provoca una correlación no local entre las partículas y supone que a ciertos efectos se comporten como una sola partícula sin necesidad de que haga falta demostrar un vínculo causal entre ellas, ya que el que la partícula 2 no pueda estar en W cuando la primera está en X, sino sólo en Y, es una forma de decir que la partícula 1 y 2 son ahora una sola partícula al efecto de comprobar su estado (X + Y + Z + W). De modo que si sabemos que las dos partículas están entrelazadas y se encuentran cada una en un extremo del universo, y diseñamos un experimento para detectar la primera en X, tenemos la garantía en caso de detectar a la otra con dicho experimento en otro punto el universo, de encontrarla en Y, no en W, sin necesidad de comunicación entre ambas, por el simple hecho de estar entrelazadas, dando la impresión de haberse comunicado entre ellas a velocidad mayor que la de la luz de un punto a otro del universo (no lo han hecho, la trampa está en que el experimento sólo detecta X, y por tanto sólo Y, y no W; no hay comunicación instantánea; así que lo misterioso no es la transmisión de información instantánea, la teleportación, ya que no se produce, aunque en la práctica ocurre como si se produjera; lo misterioso es que la superposición de estados producto sea cierta, ya que el medio es el vacío, de modo que la correlación sea no local, esto es lo verdaderamente difícil de visualizar, por una razón sencilla: no podemos… al menos yo no puedo).

Esto ya no se puede visualizar en el caso de la hoja, pero hay que tomarlo al pie de la letra, porque es lo que se ha comprobado que ocurre, o algo parecido (por ejemplo, con fotones entrelazados). Y hay que entenderlo tal como se cuenta, porque probablemente sea lo que las neuronas recrean de manera correlativa con la emergencia de la subjetividad: un estado cuántico coherente. Así que, como es tan importante, insistamos un poco más: si se suman X + Y + Z + W, en el caso de las hojas, si la primera hoja está en X, la segunda hoja se verá en Y, y si la hoja primera está en Z, la hoja segunda se verá en W. Parece ilógico, ya que X, Y, Z y W están todos juntos, por eso resulta contraintuitivo el entrelazamiento, pues sería algo así como si X e Y estuviesen unidas por un hilo extra a las hojas 1 y 2 por su lado, y Z y W por el suyo, y claro, no hay tal hilo en el charco. De momento no hay explicación para el hecho, sólo descripción, y como este no es el momento de especular sobre las posibles explicaciones, únicamente queda, por el momento, la aceptación del entrelazamiento como un comportamiento así de extraño, propio de la mecánica cuántica, y que, por muy contraintuitivo e incomprensible que sea, forma parte de la naturaleza esencial de la realidad. Y para mayor perplejidad podría ser además lo que está siendo recreado en el cerebro (y por eso posiblemente les está costando tanto desvelar los misterios de la mente a los neurocientíficos), una recreación de este escenario, un estado cuántico coherente entre partículas, o entre objetos mentales particulares, es decir, entre redes, al efecto de la emergencia de la subjetividad a escala macroscópica confinada, y sin que nadie se lo haya enseñado a las neuronas, del mismo modo que nadie ha enseñado a las moléculas de agua a recrear en un charco a gran escala una interferencia de ondas bajo una hoja mediante la variación de la distancia entre las moléculas dependiendo de la presión mecánica transmitida en su seno al caer en el charco dos piedras de modo coherente (con coincidencia del pico guía) aunque no estén sincronizadas (es decir, aunque las piedras tengan distinto diámetro).

96. RECREACIÓN EN EL CEREBRO DE PARTÍCULAS ELEMENTALES EN ESTADO CUÁNTICO COHERENTE.

¿Se configuran en la mente, en el cerebro pero en el terreno de la abstracción, trasuntos de superposiciones de estados, como puedan ser los estados S, O ó L? Cuando se piensa en SOL, ¿se está procediendo al trasunto de una detección de partículas del sistema en ciertos estados? ¿Son S, O, L, y SOL, estados con los que en la práctica se identifican las partículas (por irreducibles también en la práctica a sus respectivas escalas de efectividad objetiva) S, O, L, y SOL, cuando se piensa, es decir, cuando se detectan o perciben subjetivamente las letras S, O, L, o la palabra SOL, como elementos de un sistema?

Como la información va codificada y tiene un significado es específica, irreversible, irrepetible e insustituible, y entonces los estados se pueden identificar con las partículas detectables en dicho estados, de modo que además de la escala también el significado de los objetos mentales otorga particularidad en la práctica, y por tanto más concreción a nuestros pensamientos, de ahí que intuyamos con tanta claridad, equivocadamente, que el sujeto es algo concreto, y por tanto un espectador de la realidad que el cerebro estaría proyectando ante él, y de ahí a la equivocada pero inevitable y generalizada intuición acerca de la dualidad mente-cerebro no hay más que un paso.

Un objeto mental abstracto actúa en el terreno de la abstracción como una partícula que se va a entrelazar con otra: S, O y L son como partículas de un sistema que se van a entrelazar, pues están en ciertos estados que se van a superponer si las neuronas correlativas recrean la entrada en un estado coherente, que en el terreno de la abstracción será efectivo con un error despreciable como si fuera un verdadero estado cuántico coherente, de modo que a simple vista, SOL parecerá un estado ligado, la misma cosa desde cualquier punto de vista, un solo objeto, una sola palabra e indivisible, irreducible. ¿Y cómo consiguen las neuronas, por un lado, la recreación de un estado cuántico coherente, y por otro, la integración de las redes S, O y L, logrando su concurrencia temporal para que SOL sea efectiva como una sola cosa, pero sin recurrir a la sincronización? ¿Será algo tan peculiar posible en el sistema? Ha de serlo, ya que la percepción de SOL es un hecho; la cuestión es: ¿cómo? Mediante sincronización no puede ser, así que una posibilidad es que lo hagan, por ejemplo, y como ya se ha dicho, entrando literalmente en coherencia entre sí las neuronas de la red S, con las de la red O y con las de la red L mediante algún tipo de retroacción, manteniendo una diferencia de fase constante entre los trenes de potenciales de acción de estas redes, tal vez utilizando un potencial de acción guía (lo cual ya supone que dicha entrada en coherencia deba ser un fenómeno transitorio, y de hecho nuestros pensamientos cambian sin cesar, no podemos pensar en una sola cosa continuamente) y quizá correlacionándose a través de neuronas internunciales (en las áreas de asociación corticales, con mayor o menor participación en el proceso del sistema tálamo-cortical), que son unas de las candidatas a ser el mecanismo de acoplamiento neuronal necesario para la entrada en coherencia neuronal (la hipótesis de este ensayo no predice la organización neural hasta estos detalles íntimos, que deberán ser desvelados empíricamente; lo que esta hipótesis predice es el detalle fisiológico clave de la coherencia neuronal, que no ha sido descrito por la neurociencia en cerebro hasta ahora).

Sería francamente divertido que para recrear un estado cuántico coherente (propio de objetos concretos ultramicroscópicos), entre objetos abstractos macroscópicos (S, O y L), se recurriese a la entrada en coherencia entre objetos microscópicos (las neuronas). Sería divertido, una auténtica carambola entre escalas, con carácter fractal, y a la vez, y aunque caro desde el punto de vista energético (un lujo), sencillo, elegante, genial, estético y consecuente por parte de la naturaleza física de las cosas, y por parte de las neuronas (representantes de la naturaleza biofísica de las cosas).

En el cerebro los objetos abstractos tienen significado, así que pueden comportarse como partículas concretas a gran escala, para lo cual tienen que emerger, y así en la escala de emergencia se comportarán como un objeto elemental, y podrán comportarse como partículas, y entrelazarse, por ejemplo. Comportarse como partícula quiere decir ser efectivo como elemento, como objeto irreducible, a una escala dada a ciertos efectos con un error despreciable (según reza el principio de emergencia). La escala es efectiva, el objeto también, así que puede hacerse pasar por partícula. El objeto-partícula debe de ser algo así como un grupo de trenes de potenciales de acción en una red dada, que con el cambio de escala constarán como un solo objeto, al "encogerse" con el cambio de unidad, así que el futuro del objeto, en lo que a su falsa concreción se refiere, depende del futuro de esa información en pleno procesamiento. La falsa pero efectiva concreción de un objeto mental tiene una vida corta en cada ahora: su momento de gloria efímera (a veces no tan efímera, como cuando un dolor de muelas nos tiene atormentados durante un largo "momento presente transitorio"; se diría que los objetos falsamente concretos peor definidos, como el dolor, tienen más facilidad para prolongar su ilusorio "ahora" que los definidos con más complejidad, como la capacidad mental para comprender el entrelazamiento).

Supongamos el estado producto S + O + L. Supongamos que la "partícula" 1 u objeto mental 1 está en el estado S (si estamos pensando en S, si este es el objeto de nuestro pensamiento, entonces dicho objeto emergente o recreación de partícula elemental en la mente sería lo mismo que decir que el objeto 1 u objeto S es el estado mental S, del mismo modo que la hoja, cuando no veía el agua, se identificaba con el estado del agua y por tanto la hoja se podía identificar con su estado; pues de igual manera, en la mente, sujeto y objeto son una sola cosa, de modo que el estado es también el objeto, ya que la forma, como la forma de letra S, no es una letra S concreta). Supongamos a las "partículas" 2 y 3 en los estados O y L. Si SOL es efectivo como objeto subjetivo, la probabilidad de encontrar las partículas S, O y L en otro estado que no sea SOL será nula (por la especificidad de la información consciente, es decir, si se descarga la red SOL la forma efectiva será SOL, no otra, pues esta es la única posible para esta red por definición), curiosamente como ocurría en el estado entrelazado descrito más arriba. De modo que el estado SOL es como un estado entrelazado en la práctica de hecho. En la práctica será nula la probabilidad de percibir algo distinto a SOL al activarse la red SOL (por la especificidad de la información consciente). Así que de algún modo se está estableciendo la recreación de una superposición de estados producto en el terreno de la abstracción, mediante la interacción retroactiva entre las redes S, O y L.

Las neuronas pueden llevar a cabo esta recreación de una superposición de estados producto gracias a sus propiedades morfofuncionales, que incluyen la retroacción descrita, quizás por reentrada, y probablemente por concurrencia temporal mediante entrada en coherencia (la más importante predicción de la hipótesis expuesta en este ensayo, y que por tanto es la que serviría para comprobarla, lógicamente), y además deben incluir la propiedad de la diasquisis entre neuronas (la conexión morfofuncional entre regiones separadas, o a distancia, del cerebro, con la posibilidad de integrarse en un todo mediante correlación local pero a distancia, por estar en zonas anatómicas del cerebro separadas entre sí).

Márquez explica la diasquisis en uno de los capítulos del tratado de Fisiología humana de Tresguerres, en su edición del año 2000. Según cuenta Márquez, cuando se ejecuta una tarea mental correspondiente a una zona cerebral determinada, no sólo se activa esa zona (recordemos los conceptos de sistema dinámico, asociación e integración, acción a distancia, facilitación y organización en red, por ejemplo, para ayudar a visualizar esta situación). Así que la diasquisis supone en la práctica una anulación de la separación espacial entre regiones neuronales dispersas por el cerebro, que al funcionar a la vez actúan como si estuviesen todas en el mismo sitio, de modo que al correlacionarse entre sí se comportan como un todo desde el punto de vista morfofuncional, como una red. La diasquisis es posible gracias a las interneuronas, y también gracias a que una neurona puede hacer sinapsis con otra alejada, al ser los axones largos.

La diasquisis hace posible no sólo la organización en red, sino también la correlación local entre neuronas, necesaria para recrear una correlación no local en el terreno de la abstracción, la recreación de un entrelazamiento entre objetos mentales, como si fuesen partículas. Sin correlación local entre neuronas no habría interacción entre neuronas, y sin interacciones, y muchas, no habría un sistema suficientemente complejo, ni una recreación de cosas como la correlación no local, ya que entre neuronas no se da la correlación no local, es preciso recrearla convincentemente.

Supongamos que un sistema no lineal es capaz de recrear a gran escala el comportamiento de un sistema lineal, así que supongamos que dicha recreación de una superposición de estados producto en el cerebro se está produciendo, algo fácil de suponer, dado que percibimos consciente y subjetivamente la palabra SOL y el concepto unificado que conlleva toda la información referente a SOL (que se asocia previa facilitación y se integra en un todo automáticamente y como tal emerge en la subjetividad realmente). Dicha recreación sería demostrable con tal de encontrar la actividad neuronal coherente correlativa correspondiente, como después recalcaremos otra vez, dada la importancia de esta aseveración.

La probabilidad de encontrar el "objeto-partícula" S en un estado distinto al estado S, mientras SOL está siendo efectivo como percepción subjetiva, es nula. Es fácil de asumir, S es parte de SOL, es parte del estado producto SOL. Si SOL es un estado entrelazado, y la partícula S está en el estado S, las partículas O y L deben estar en los estados O y L con una probabilidad no nula, así como tendrán una probabilidad nula de estar en otro estado que no sea el subjetivo con el que se identifica el estado SOL en ese momento (dado que sujeto y objeto son una sola cosa), y eso es precisamente lo que ocurre durante un entrelazamiento, acabamos de verlo, y estamos suponiendo que el cerebro lo recrea dentro de sus posibilidades a gran escala. Y esta probabilidad nula del objeto mental SOL de estar fuera del estado cerebral SOL es la clave para conseguir ser macroscópico y confinado: no puede dejar de ser macroscópica y confinada mientras SOL sea efectivo, así de simple, porque SOL es una red macroscópica, y la probabilidad de la partícula SOL de ser detectable en otro estado es nula, pues como hemos visto, la actividad sináptica es verdadera, ocurre si ocurre, y como es nula la probabilidad de estar en otro estado (es nula la probabilidad de ser falsa la efectividad de la descarga de un potencial de acción que se está produciendo donde se está produciendo y cuando se está produciendo) de ahí que esté confinada, confinada en SOL, y como SOL es una red macroscópica, es una escala macroscópica, y confinada. Por eso la emergencia de la subjetividad ocurre, y así es cómo ocurre.

En el caso del objeto S, como no es una partícula subatómica verdadera, sino un conjunto numeroso de neuronas recreando el comportamiento de una partícula (así como el agua recrea el de una onda), la razón por la que S corresponde sólo a ese grupo de neuronas se debe a que la S sólo puede ser conformada por el grupo de neuronas que se configuren con esa forma, pues las formas configuradas por las neuronas son conscientes, y por tanto están organizadas no de cualquier manera en el cerebro, sino, entre otras cosas, con especificidad espaciotemporal, en un lugar específico y en un momento específico, del mismo modo que los trenes de potenciales correspondientes a los conos rojos salen sólo de los conos rojos, después de la excitación de los conos rojos, no de otro sitio ni en otro momento, sino con esa especificidad espaciotemporal, y además con una codificación también específica, con un significado basado en un código único propio de S, que permite su categorización como objeto consciente distinto.

El estado S corresponde pues a una red neural integral dada, de modo que esa red tampoco está en otro estado en ese momento, porque sólo tiene una forma en cada momento, por su especificidad (y también por su carácter: irreversible o entrópico y caótico, no ergódico o no repetitivo y mnésico o memorístico). La subjetividad sólo tiene sentido en una geometría en cuatro dimensiones con estos requisitos descritos. Nuestra percepción consciente de la realidad como sujetos forma parte de la realidad, no hay dualidad, ni sujeto como espectador al margen de la realidad. La mente es un proceso físico sistemático peculiar más, como otros. La mente es información abstracta, pero esta es parte de la realidad también, el sujeto se abstrae de la realidad, así que la recrea en el terreno de la abstracción, pero dicha abstracción, dicha recreación, forma parte de la realidad también, no es irreal; es abstracta (es inconcreta), pero no irreal (no inefectiva): mera física.

97. HIPÓTESIS ACERCA DE LA ANATOMÍA MORFOFUNCIONAL DE LA SUBJETIVIDAD.

Sin diasquisis, las redes S, O y L no estarían en comunicación recíproca, necesaria para la emergencia de la subjetividad. Aparte de la diasquisis, para la percepción subjetiva de SOL es necesaria la existencia de tres redes, cada una codificando específicamente cada letra, algo posible por la especificidad espaciotemporal de las redes y por tanto de lo que las redes significan con sus códigos. Además, las redes S, O y L han de estar conectadas entre sí por sinapsis recíprocas, que además deben poder activarse de este modo retroactivo con preferencia (deben ser vías facilitadas de antemano, para que la integración de SOL esté facilitada; dicha facilitación requiere por un lado la predisposición innata, genética, a dicha facilitación, y por otro el aprendizaje de dicha facilitación gracias a la plasticidad de las sinapsis, a la interacción con el medio, y al fenómeno de la memoria; esto quiere decir que hay todavía muchos detalles que desvelar sobre la estructura íntima de la arquitectura neuronal de la mente concernientes a estos asuntos, pero mediante la observación directa de dicha arquitectura, más que mediante disquisiciones filosóficas).

La correlación entre las redes S, O y L, tal vez por reentrada, y entrando cada red en coherencia con las otras (manteniendo una diferencia de fase constante) hará posible la compatibilización de las tres redes (que sean verdaderas al mismo tiempo, coherentes entre sí), su simultaneidad efectiva a gran escala con un error despreciable, que sería lo mismo que decir: su integración de este modo en una sola red morfofuncional, la red SOL, al efecto de la emergencia de la subjetividad. Bien, hay que ser conscientes de lo que acaba de ocurrir en este ensayo: acaba de darse la descripción de lo que probablemente ocurre en el cerebro durante la percepción consciente subjetiva de, por ejemplo, la palabra SOL en particular, y por extensión de la experiencia consciente subjetiva en general. La subjetividad podría limitarse simplemente a este simple mecanismo fisiológico de integración morfofuncional que se acaba de describir (como sistema de integración neuronal): la subjetividad podría consistir, simplemente, en la entrada en coherencia de redes morfofuncionales corticales (las neuronas de cada red tal vez estén sincronizadas entre sí, pero para la emergencia de la subjetividad tal vez todo se limite a que las neuronas de diversas redes estén transitoriamente, tal vez percepto a percepto, en coherencia con las neuronas de otras redes, integrándose de ese modo en una red máxima, para lo cual simplemente sería necesario que, si el objeto mental percibido subjetivamente, para ser efectivo, precisara quedar capturado como imagen dentro del rango de las décimas de segundo, la concurrencia temporal del correlato neuronal correspondiente debería ser efectiva en una escala temporal menor, por ejemplo, de milésimas de segundo… y esto sería todo, aunque faltarían algunos detalles, claro, como el modo concreto de acoplarse, si compartiendo medio interno gracias a la glía, si mediante la generación de un potencial guía mediante la intermediación de células internunciales de la corteza de asociación y/o del tálamo u otras estructuras, etc.).

Hasta ahora no se ha descrito dicha actividad coherente entre neuronas en corteza, que se sepa hasta el momento de escribir estas líneas, así que ya se sobreentiende que esta es la actividad que los neurocientíficos deberían buscar en corteza, pues este, posiblemente, es el correlato neuronal objetivo de la conciencia subjetiva.

Las redes S, O y L, al integrarse en SOL, y como cada red es un estado (recordemos que una red es un todo morfofuncional en la práctica a determinada escala), si lo hacen mediante una entrada en coherencia entre ellas, las redes estarán entrando en interferencia entre ellas (para que haya interferencia los focos deben ser coherentes, mantener una diferencia de fase constante, aunque no estén sincronizados), con lo cual, en consecuencia, los estados de las redes S, O y L, en esta situación, se estarán superponiendo, y lo estarán haciendo, mediante una recreación del fenómeno, en la propia escala de las redes. Y si se superponen, se suman, es decir, se integran, con lo cual la nueva red, SOL, será así efectiva como red, mediante este nuevo, e hipotético con pretensión de teórico en el futuro, mecanismo de integración neuronal que se está describiendo.

De modo que SOL debe ser, de hecho la recreación de un estado cuántico coherente a gran escala, la recreación de la interferencia de un sistema consigo mismo, la recreación de un entrelazamiento, y como a gran escala los objetos emergentes son en la práctica lo mismo que elementales, se trata de un estado ligado. Así que SOL es como la recreación de un entrelazamiento en la práctica, que conlleva la emergencia de un objeto como si fuese uno solo a ciertos efectos, a pesar de tratarse del estado ligado de otros objetos (y eso es precisamente lo que un sujeto es: un solo espectador, simple, de una realidad diversa, compleja). Y todo esto sin que las neuronas sepan mecánica cuántica.

Ahora bien: esto obliga a que, por lógica, en el cerebro haya actividad neuronal coherente, que es la predicción fundamental de la hipótesis que se enunciará en una sola frase al final del ensayo, la hipótesis que explica el mecanismo de emergencia de la subjetividad, y que por tanto desvela uno de los mayores misterios de la neurociencia (obviamente, el anuncio del descubrimiento de actividad neuronal coherente en corteza por algún laboratorio confirmaría esta hipótesis, por lo que esta hipótesis debería ser divulgada, para que dichos investigadores sepan entonces lo que tendrán entre manos).

Las redes S, O y L no serían compatibles ni se integrarían si no se superpusieran. Percibimos SOL, y SOL es reducible a neuronas que hacen algo, por tanto la recreación de la superposición (la entrada en coherencia) debe ser un hecho auténtico. Así mismo, no se superpondrían si fuesen incompatibles, así que deben ser compatibles (deben estar interconectadas de modo facilitado, retroactivo, etc.), y recordemos que, curiosamente, los estados deben ser compatibles para que haya un entrelazamiento, así que, hasta esto se cumple también.

La percepción consciente de la palabra SOL es cierta. Así que el cerebro, como sistema, reúne todos los requisitos necesarios para recrear un entrelazamiento. Se me ocurre una palabra para resumir todo este cúmulo de casualidades fantásticas que llevan al cerebro a ser el sistema adecuado no sólo para procesar información consciente, sino también para la recreación de un estado entrelazado, y por tanto, para dar lugar a la emergencia de la percepción consciente y subjetiva de la realidad: necesidad.

La percepción consciente y subjetiva a escala macroscópica confinada de la realidad es una experiencia fascinante; que los sistema complejos recreen a gran escala comportamientos cuánticos, como el entrelazamiento, también es fascinante, y que la subjetividad emerja precisamente mediante algo así como un cambio de escala basado en la recreación de un entrelazamiento que permita que todos los objetos abstractos implicados se comporten como un solo objeto, también es fascinante; y también es fascinante que a lo largo de la evolución se haya logrado configurar precisamente a la red neural como unidad morfofuncional, como un todo efectivo a gran escala en la práctica, ya que gracias a ello la red puede actuar como elemento a gran escala, como objeto entrelazable en una recreación de un entrelazamiento; y también es fascinante que el cerebro haga todo esto de modo automático, no intencionado, sino por mera interacción en función de sus posibilidades y de la mera complejidad, ya que esto permite entrever, una vez más, que la biología es física, y las propiedades de los sistemas vivos, como la vida, o la conciencia en algunos de ellos, también.

Ahora bien, lo que ya sobrepasa la capacidad de asombro ante la fuerza de la necesidad en la naturaleza es que para recrear un estado cuántico coherente, lo que las neuronas hagan en ese instante "eterno" sea precisamente entrar en coherencia, recrear una interferencia a gran escala, como ocurre en un charco de agua, no una sincronización, ni una resonancia, sino una interferencia. Es sensacional, y ya sólo la palabra asombro permite abarcar la armonía, lógica, elegancia y estética del hecho. Es un sistema, el cerebro, consistente, e inteligente; las hormigas (neuronas) construyen inteligentemente los pasadizos de su hormiguero (la mente).

La hipótesis del cambio de escala cumple un requisito muy importante: no sólo explica cómo somos lo que somos (hasta nos dice, en cierto modo, qué somos: somos un "cómo"), además, resulta estética, posee una elegancia y una base lógica que la convierte en una teoría probablemente correcta. Y además es comprobable: sólo hay que detectar actividad coherente entre neuronas de la corteza, dicho de otro modo, detectar un mantenimiento de una diferencia de fase constante de manera transitoria (o sea, en función del tiempo, que será el tiempo necesario para "cambiar de fotograma" para "cambiar de percepto") entre neuronas corticales (es más, hasta sería posible que las misteriosas áreas de asociación corticales, cuya función no se conoce a ciencia cierta, fuesen las responsable directas de la subjetividad, ya sea siendo ellas las que entran en coherencia con el resto, ya actuando como neuronas internunciales responsables de la entrada en coherencia del resto de las redes, o una mezcla de ambas cosas, y con mayor o menor intervención del sistema tálamo-cortical en esta entrada transitoria en coherencia en la corteza de asociación, y de otros subsistemas).

En la naturaleza los fenómenos no ocurren con un objetivo, simplemente ocurren (no hay que confundir inteligencia con teleología), y lo hacen por necesidad: las moléculas orgánicas no se atraen porque quieran formar un compuesto con ciertas propiedades para lograr un objetivo, sino porque poseen cargas opuestas en su superficie que se atraen necesariamente, sin más. Así que la subjetividad tampoco persigue un fin, pero es cierto que hace posible la percepción consciente de la realidad como sujeto con un error despreciable a gran escala.

La subjetividad es un comportamiento sistemático complejo peculiar en el cerebro, y su complejidad probablemente tiene que ver con la posibilidad de afrontar la solución de problemas también de mayor complejidad (no como objetivo, sino como consecuencia), como escribir un ensayo, que difícilmente se podrá realizar de modo subconsciente, sin el control directo de las neuronas subjetivas. Lo cual no quiere decir que haya un sujeto concreto controlando lo que se escribe; la escritura es un proceso automático. Lo que quiere decir es que el resultado, al ser llevado a cabo bajo control subjetivo, será más complejo.

Tomemos el cerebro: supongamos una recreación de un estado entrelazado en el que ciertas redes constituyan estados producto que se superponen, constituyendo sistemas de redes de complejidad creciente. Al percibirse SOL subjetivamente ha de estar teniendo lugar la recreación de un estado producto S + O + L, mediante la integración de las redes S, O y L. El estado entrelazado efectivo en ese momento será el equivalente de la conciencia subjetiva en ese momento. Y ahora hay que percatarse de un detalle importante: cuando la conciencia subjetiva esté siendo efectiva, y SOL esté siendo efectiva como percepción subjetiva (cuando el sujeto sea consciente de estar pensando en la palabra SOL), el sujeto no puede limitar el contenido de su conciencia subjetiva a la palabra SOL, sino que estará ocupando su subjetividad con un gran número de objetos a la vez, ya que enormes torrentes de datos están incorporándose a su subjetividad, no sólo SOL, sino también sonidos, olores, sabores, recuerdos, ideas asociadas a SOL, y un largo etcétera. De modo que aunque hemos utilizado SOL todo el rato como ejemplo simple para ir describiendo cómo funciona el cerebro, queda claro que el cerebro es mucho más complejo que el ejemplo expuesto. Así que el estado entrelazado llamado subjetividad consistirá en numerosos estados producto superpuestos en ese momento. No podríamos ser conscientes sólo de SOL, por mucho que nos empeñásemos: la subjetividad es muy compleja. Por otro lado, es lógico que sea así de compleja, ya que es una propiedad emergente, y la emergencia de propiedades y objetos depende de la complejidad del sistema. Y así, gracias a que la subjetividad es compleja emerge, y gracias a ello es posible que la subjetividad compute lo simple también, como la relativamente simple palabra SOL (relativamente porque parece una, un solo objeto, un objeto simple, pero está formada por los millones de neuronas que la codifican). SOL es perceptible subjetivamente precisamente gracias a que se integra con el resto de los contenidos de la subjetividad.

El estado entrelazado tiene vigencia en el terreno de la abstracción, así que es válido como recreación de un entrelazamiento en el terreno de la abstracción, un estado ligado entre los objetos mentales. SOL será efectivo como estado ligado a determinada escala en la práctica con un error despreciable. La percepción subjetiva de SOL tendrá lugar como si fuera la experiencia de un solo sujeto, que será efectivo como sujeto consciente con un error despreciable en la práctica en realidad. Por eso creemos ser sujetos conscientes, porque el mecanismo funciona.

98. RECREACIÓN DE UNA SUPERPOSICIÓN DE ESTADOS PRODUCTO EN EL CEREBRO.

La subjetividad emerge mediante una recreación de un entrelazamiento de objetos abstractos (objetos que actúan como partículas elementales, al ser las partes mínimas de un sistema en cierta escala), pero la efectividad de la subjetividad depende del confinamiento en la nueva escala, para que el estado ligado sea efectivo con un error despreciable, y esto depende del comportamiento de las partes como elementales. Ya habíamos visto que en el caso de la subjetividad, emergencia y confinamiento es el mismo fenómeno categorizado desde dos puntos de vista. También se acaba de ver que la subjetividad emerge mediante una recreación de un entrelazamiento en el cerebro en el terreno de la abstracción. Así que, ¿cómo emerge y se confina la subjetividad? Para ser efectiva debe emerger y confinarse en su nuevo estado, en esa gran escala constituida por la gran red integrada de esa manera peculiar; la red macroscópica emergente debe ser efectiva, y también debe serlo como objeto macroscópico confinado en el terreno de la abstracción. ¿Cómo lo hacen las neuronas? Ya lo hemos dicho, pero repitámoslo una vez más:

El cerebro presenta una estructura morfofuncional extremadamente compleja; gracias a dicha complejidad y peculiaridad, en el cerebro se configura la recreación de una superposición de estados con carácter abstracto, con el resultado de la formación de estados producto (por ejemplo, el estado producto S + O + L); un estado producto es una red recién integrada mediante entrada transitoria en coherencia de otras redes, que definirá una nueva unidad de medida (SOL será una nueva unidad de medida), y por tanto, definirá también una nueva escala; dicha escala podría ser la efectiva durante la subjetividad, si la red SOL fuese el correlato de la subjetividad en un momento dado (por ejemplo, si S, O y L estuviesen en estado coherente), y si SOL consiguiese cruzar el umbral de emergencia (en la práctica, esto precisaría que el estado producto fuese S + O + L + un número indeterminado de objetos necesarios para lograr la complejidad suficiente); en todo caso, si SOL consigue ser percepción subjetiva, y como SOL sería S + O + L, la probabilidad de la percepción consciente subjetiva de SOL de ser observable fuera de la escala SOL será nula (recuérdese que un estado producto implicaba la probabilidad nula de la detección de S, O ó L fuera de S + O + L durante la efectividad del estado producto, aun cuando previamente fuesen incompatibles, es decir, incoherentes entre sí mientras el estado producto no era efectivo); es decir, mientras SOL sea efectivo como percepción subjetiva, la probabilidad para la palabra SOL de estar siendo subjetiva por la actividad de otra red que no sea la red SOL será nula (no pensaremos en SOL si se activa la red MANZANA, sólo si se activa la red SOL); la palabra SOL no estará en otro estado que no sea la red SOL (estado producto S + O + L) cuando SOL se active, mientras la percepción subjetiva de SOL sea efectiva; y será nula, en primer lugar, por la especificidad espaciotemporal de la red SOL, que codifica específicamente SOL (la red que codifica SOL, sólo codifica SOL, sólo es consciente de SOL, no de MANZANA), y, además, dicha probabilidad de estar SOL en otro estado que no sea S + O + L, será nula porque, como hemos visto, SOL es la recreación de un entrelazamiento a dicha escala con un error despreciable en la práctica, y por tanto, S + O + L es efectivo como la recreación de un estado producto a gran escala con un error despreciable en la práctica, y por ello, por esa probabilidad nula de tener otra cosa que SOL en S + O + L, al ser efectivo como superposición, no sólo la subjetividad será efectiva como propiedad emergente con el cambio de escala, sino que, además, la subjetividad estará, de hecho, confinada en la práctica en dicha escala, con un error despreciable, de modo que SOL estará confinado (a simple vista SOL parecerá una sola palabra) y la experiencia consciente subjetiva será efectiva, como usted ya habrá percibido.

99. PREDICCIONES DE LA HIPÓTESIS.

Si se comprende que la conciencia subjetiva emerge mediante la recreación de un entrelazamiento en el cerebro, entonces es inevitable darse cuenta de algo importante: esta intuición constituye una hipótesis acerca de uno de los fenómenos más intrigantes de la mente: la subjetividad, y como toda hipótesis que se precie de serlo, permite llevar a cabo la predicción de futuros hallazgos.

Por ejemplo: permite predecir la existencia de actividad neuronal coherente transitoria entre algunas neuronas corticales, probablemente en las áreas corticales de asociación al menos. No hay una descripción de este tipo de actividad neuronal; por tanto, la hipotética existencia de dicho tipo de actividad neuronal debe ser tomada en consideración por su importancia. Estamos ante una descripción posiblemente nueva de lo que probablemente ocurre en el cerebro, mejor dicho, de cómo ocurre lo que ocurre en el cerebro, y posiblemente de cómo ocurre lo que ocurre en correlación con la experiencia consciente subjetiva. Es posible que lo que aquí se expone sea una interesante predicción en lo que a neurociencia se refiere, y que supondría, nada más y nada menos, que la incorporación de la subjetividad de la experiencia mental a la objetividad de la observación científica.

Otra predicción de la hipótesis es la existencia del potencial de acción guía, probablemente en relación con el fenómeno de internuncialidad, seguramente en las áreas de asociación cortical, sin poderse descartar la posible participación en mayor o menor medida del sistema tálamo-cortical en este proceso, y de la posibilidad de otros mecanismos fisiológicos implicados en el asunto, como la posible participación de la glía en el fenómeno, o del fenómeno de reentrada.

La coherencia neuronal aquí predicha debería ser detectada neurona a neurona, con electrodos intraneuronales, por ejemplo. Hay un artículo de Elías Manjárrez del año 2002 en el que describe actividad coherente en médula espinal de gato, lo cual podría ser un primer paso. Si efectivamente hay actividad neuronal coherente en médula espinal, entonces, por el fenómeno de telencefalización, es previsible que en cuestión de tiempo alguien, en algún lugar del mundo, encuentre actividad neuronal coherente en corteza cerebral humana mediante registros in vivo (que actualmente se realizan en varios lugares del mundo, por ejemplo, intraoperatoriamente) y se confirme así esta hipótesis. Por tanto, es interesante divulgar la hipótesis, para que cuando llegue el momento, ese investigador aún anónimo, o algún colaborador suyo, sea consciente del significado y la importancia de su hallazgo: habrá hecho lo que se creía imposible: detectar directamente y objetivamente la subjetividad de otra persona, momento en el que dejará de ser subjetiva, lógicamente (y esta es otra predicción de la teoría: la posibilidad futura de la medición objetiva de la subjetividad ¡y a escala microscópica!).

Este ensayo se está centrando en el mecanismo neuronal morfofuncional íntimo correlativo con la conciencia subjetiva, y se está haciendo poca mención a las repercusiones que estos hallazgos podrían tener desde el punto de vista antropológico, así que se va a esbozar alguna: dado que la hipótesis predice la futura detección de actividad neuronal coherente transitoria en corteza cerebral de asociación, en correlación con la experiencia consciente subjetiva de una persona, en primer lugar hay que decir que este hecho, la actividad neuronal coherente, permitiría confirmar que otros animales poseerían esa experiencia consciente subjetiva. Así mismo, se podría comprobar si existe en tálamo, para determinar si sería posible también una posible subjetividad talámica rudimentaria (rudimentaria en comparación con la cortical). Y algo importante: se podría lograr la determinación de la edad a partir de la cual un feto es un sujeto, una persona consciente de la realidad como ser humano (podría ocurrir antes de lo que se supone, ya que la corteza empieza a formarse a partir de la octava semana de vida embrionaria, por la llegada de oleadas masivas y sucesivas de neuroblastos, generados por el neuroepitelio embrionario, que emigran hacia los hemisferios para ir formando la corteza ya desde esa temprana etapa de la vida del ser humano, de modo que sería interesante saber exactamente a qué edad comienza la actividad coherente, a qué edad hay ya ahí, de hecho, un sujeto humano).

Otras predicciones de la teoría, aparte de la actividad neuronal coherente, han sido ya esbozadas también previamente: se predice la existencia de facilitación heterogénea entre redes (como entre S, O y L) y se predice también la pertenencia de una neurona a dos redes, y no a dos redes sucesivas en dos instantes sucesivos, sino al mismo tiempo (como por ejemplo una neurona de S que pertenezca a S y a O a la vez en el estado SOL).

Dado que la explicación de la emergencia de la subjetividad se basa en parte en la probable falta de escalabilidad del sistema, la teoría predice también, como consecuencia lógica, que durante la percepción subjetiva, y a diferencia de la actividad mental infrasubjetiva, en el cerebro debería poderse detectar un pico en el consumo de energía durante el fenómeno de la subjetividad, en relación con el predecible crecimiento de trabajo cerebral en tal estado. Y hasta aquí las predicciones.

Este ensayo parece una desmesurada introducción para llegar al cuerpo de la obra, la minúscula frase final. Ya sólo resta enunciar la hipótesis en una sola frase intuitiva que sintetice cómo tiene lugar el prodigio de la emergencia de la conciencia subjetiva; es el momento de redactar las 19 palabras que describen cómo somos lo que se diría que somos:

100. ENUNCIADO DE LA HIPÓTESIS.

La conciencia subjetiva emerge y se confina mediante la recreación de una superposición de estados producto en el cerebro.

 

 

 

Autor:

Manuel Fontoira Lombos

Doctor en Medicina

Especialista en Neurofisiología Clínica.

Pontevedra. España.

Marzo de 2008.


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