Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10

Vamos a definir más cosas: el procesamiento de información abstracta en el cerebro es la mente. No hay que confundir a la mente con la conciencia. La conciencia es la propiedad por la que un sistema da cuenta de la realidad de manera característica, la propiedad que permite conocer la realidad mediante su representación. La interpretación de dicha representación es el resultado del procesamiento mental y hace posible la manifestación objetiva de la existencia de la propiedad de la conciencia, que se detecta mediante la manifestación objetiva de una conducta consciente y/o mediante la percepción consciente subjetiva. La mente es la película de cine con la que el cerebro representa la realidad. Como dicha representación de la película de la realidad es consciente, es decir, conoce la realidad, entonces la mente es consciente, nosotros, cada mente, somos conscientes. Somos mentes conscientes. Así que la conciencia es una propiedad de la mente, y por tanto, la mente es esa información abstracta procesada en el cerebro.

Para que la mente sea capaz de llevar a cabo una representación de la realidad como una película de cine, fotograma a fotograma fluyendo en el cauce del tiempo, a partir de cada fotograma captado por los sentidos, la vista, el oído, etc. la mente debe abstraer la realidad, ya que no se puede meter en el cerebro la realidad: hay que representarla. Y una representación no es la realidad, es su representación, es decir, su abstracción, pues eso quiere decir abstracción: un objeto abstracto es un objeto que representa a otro pero sin ser el objeto, sino su representación, pero dando la impresión de ser el objeto de modo convincente, para lo cual el objeto abstracto debe abstraer al que se considere concreto, es decir, debe ser convincentemente igual pero sin coexistencia de ambos en un solo ente.

Un objeto abstracto es real, pues podemos verlo (vemos en nuestra mente la manzana sobre la mesa). Pero al ser abstracto el objeto manzana que tenemos en nuestro cerebro, dicho objeto abstracto es la representación en nuestro cerebro de la manzana que está sobre la mesa, dicho de otro modo, la manzana no está en nuestra cabeza, sino su representación, su abstracción. La manzana representada en nuestra cabeza es abstracta, y es real, pero no es una manzana concreta verdadera, sino una representación, una abstracción, una manzana real, pero falsa. Y sin embargo la manzana abstracta es real. No hay que olvidar que lo abstracto es real, aunque no sea verdadero. Precisamente, gracias a que lo abstracto es real, es decir, detectable (visible, en este caso), podemos ser conscientes de la realidad a pesar de estar nuestro cerebro utilizando información abstracta, ya que la información abstracta, a pesar de ser el fluir de un conjunto de objetos falsos, es real, y por tanto detectable, por ejemplo, detectable conscientemente.

Démonos cuenta de la dificultad para entender lo que acabamos de afirmar: la mente es información abstracta, un montón de impulsos nerviosos ordenados de tal modo que recrean conformaciones que son capaces de abstraer cosas que parecen concretas sin ser cosas concretas. Tiene su mérito el cerebro, por ser capaz de algo tan complejo: recrear la realidad mediante información abstracta. Y eso es lo que nuestra mente es. Y además hemos dicho que nuestra mente, esa información abstracta que el cerebro procesa con gran complejidad, y que recrea la realidad, es consciente. Nuestra mente es consciente, o bien: nosotros somos conscientes. Viene pues a cuento ahora que ya sabemos qué es la mente, y que sabemos que la conciencia es una propiedad de la mente, explicar en qué consiste esa propiedad.

Ya hemos dicho que la conciencia es una propiedad de la información abstracta que el cerebro procesa, así que es fácil entender que para describir dicha propiedad tampoco se va a poder hacer referencia a algo concreto, pues es la propiedad de algo abstracto. No va a ser posible afirmar algo como: la conciencia, una propiedad de la mente, es esta cosa que encuentro en el cerebro y coloco sobre la mesa para que usted la vea y la entienda; no. Para explicar la propiedad de la conciencia va a ser necesario andarse con rodeos. Aunque no sería la primera vez que se hace preciso andarse con rodeos para explicar alguna propiedad biológica. Sin ir más lejos, tenemos que para explicar la primera propiedad biológica, la propia vida, se hace preciso andarse con odeos, porque con la propiedad de la vida ocurre lo mismo que con la de la conciencia: también es una abstracción. Dicho de otro modo: no existe la vida, sino los seres vivos. Con la conciencia ocurre lo mismo: no existe la conciencia, sino la información consciente. Para explicar la propiedad de la vida no se puede llevar a cabo una descripción concreta de la vida, sino que se hace referencia a las características de los seres vivos: nacen, crecen, se reproducen, se meten en líos, mueren, etc. Con la conciencia hay que llevar a cabo el mismo ejercicio: la conciencia consiste en el grupo de características que definen a la información consciente. En este punto, cada uno puede incluir las características que le parezca bien. Se va a enunciar ahora algunas de las posibles características: la conciencia, o mejor dicho, la información consciente, es la que se caracteriza por las siguientes características: efectividad, abstracción, sensibilidad, especificidad, cuantificación, codificación, simbolismo, significado, isomorfismo, coherencia, compatibilidad… Puede que alguna sobre, o que falte alguna otra, pero este parece un punto de partida adecuado, ya que sin dichas características no parece concebible la propiedad de la conciencia tal como la experimentamos directamente como sujetos.

Por efectividad se entiende la detectabilidad de la información abstracta. Efectivo significa real, detectable, patente (efectivo es lo contrario de irreal, indetectable, virtual, latente). La efectividad conlleva que, aunque abstracta, la información puede ser objeto de una interpretación, por tanto puede formar parte de un proceso de percepción (la percepción es la interpretación de la información sensorial, lo que va de ver o usar la vista a percibir lo que se ve, o sea, saber qué se está viendo al interpretarlo).

Por abstracción se entiende la referencia al carácter representativo, o inconcreto, de la información consciente. Si la conciencia fuese algo concreto, no podría existir, porque la conciencia no es la cinta de celuloide sobre la que asientan los fotogramas de la "película" de la mente, sino que la conciencia es lo que se cuenta en la película, y eso por su parte es la mente, hablando metafóricamente, la película, pero no en referencia tampoco al celuloide, ni al argumento, sino al celuloide en movimiento, la proyección de la película en sí, el movimiento, es decir, la información. No somos nuestro cerebro, sino aquello en lo que nuestro cerebro está pensando, y el que esté pensando tiene dos vertientes, uno el hecho de estar pensando (la mente, información abstracta) y otra, aquello en lo que se está pensando (la conciencia, una propiedad de dicha información abstracta). No somos nuestras neuronas, sino la representación de una manzana en nuestras neuronas; las neuronas son las neuronas; nosotros, la manzana abstracta que ellas conforman, nuestra mente: si la manzana desaparece (cuando dormimos profundamente), nosotros desaparecemos, aunque las neuronas sigan ahí. Se hace preciso un pequeño esfuerzo intuitivo para captar esta idea. Esta idea procede de Hegel, y Schrödinger la resumió en su corolario: "Sujeto y objeto son una sola cosa"; el que piensa en la manzana es la propia manzana pensada.

Por sensibilidad se entiende que el sistema que ha de procesar información consciente en representación de algo tiene necesariamente que reaccionar ante ese algo cuando lo tenga delante. La sensibilidad, evidentemente, depende de dos factores fundamentales: los órganos de los sentidos, y la excitabilidad celular. Es decir, la sensibilidad depende de la propia vitalidad y de la forma en que los seres vivos han evolucionado. Así que sin vida, y sin una evolución natural con unas formas orgánicas concretas, forma de órganos de los sentidos, no podríamos estar hablando de la conciencia.

Por especificidad se entiende que el cerebro ha de dar cuenta de lo que da cuenta, y viceversa (no dar cuenta de lo que no da cuenta), así que debe conocer lo que conoce y como lo conoce, sin confundirse. Esto es fácil de entender también: los ojos responden a la luz específicamente, los oídos a los sonidos, no a otra cosa. Y esta especificidad se debe mantener dentro del cerebro una vez cruzada la frontera de los órganos de los sentidos.

Por cuantificación se hace referencia a que la información abstracta que se procesa en el cerebro es medible físicamente, cuantificable. No puede ser de otro modo, ya que lo que el cerebro genera, conduce, transmite y comunica son impulsos nerviosos bioeléctricos que pasan de una neurona a otra, es decir, pasan de uno en uno, de manera cuantificada.

Por codificada se quiere decir que dicha información, por estar cuantificada, puede organizarse, como si de un código Morse se tratara, formando códigos con los que disponer de símbolos a los que adjudicar, de manera innata y/o adquirida, un significado, como el de manzana.

Isomorfismo quiere decir que un objeto mental con un significado es isomórfico con el objeto concreto al que representa, tiene su misma forma. El que una forma se mantenga de un momento a otro depende también de una importante propiedad de la materia en general y del cerebro en particular: la estabilidad, que hace posible, entre otras cosas, la persistencia de los símbolos utilizados por la mente para su proceso de pensamiento (el pensamiento es la computación de símbolos, y eso es lo que hace el cerebro, computar símbolos).
La coherencia es también importante, pues entre otras cosas hace posible que un significado sea el adecuado al objeto concreto representado. Si el cerebro otorgase el significado pera al objeto mental manzana no serviría.
La compatibilidad tiene que ver con la coherencia, y tiene que ver con que el objeto mental no sólo ha de ser coherente con el objeto representado: no sólo el cerebro ha de pensar en una manzana si se ve una manzana, sino que además ha de ser compatible, es decir, ha de pensarse en una manzana no sólo si se trata de una manzana, sino además cuando se trate de una manzana, ambos objetos han de ser coherentes entre sí.

Hay que hacer notar algo importante: todas estas características que definen la propiedad de la conciencia no incluyen nuestra característica experiencia consciente personal, el que nos demos cuenta de la realidad como sujetos conscientes individuales. Y es que la conciencia no implica necesariamente que un sujeto sea consciente. La conciencia permite dar cuenta de la realidad mediante su representación, pero no implica que alguien se dé cuenta de esa representación, para este segundo fenómeno no es suficiente con la propiedad de la conciencia, hace falta una segunda propiedad que añadir a la conciencia: la propiedad de la subjetividad, por la que ya habrá un sujeto que se dé cuenta de aquello de lo que el cerebro da cuenta. Téngase en cuenta que, por poner un ejemplo, mientras conducimos el coche sin prestar atención a la conducción, por estar pensando en otras cosas, esa conducción no percibida subjetivamente no es por ello inconsciente, pues sigue siendo llevada a cabo por un cerebro consciente, despierto, y que procesa información abstracta (la correspondiente a ese proceso de conducción "robótica"). Así que la propiedad de la conciencia no incluye la otra propiedad que achacamos a nuestra mente: la subjetividad, el que nuestra mente se comporte con la propiedad de ser cada cerebro, no sólo consciente, sino además un sujeto consciente, la conciencia de un sujeto. Así que la subjetividad es la otra gran propiedad de la mente, aparte de la conciencia. Y al igual que ocurre con la conciencia, la propiedad de la subjetividad es algo inconcreto, así que el sujeto, aunque parezca lo contrario, también es un ente abstracto, y eso es lo que somos: sujetos conscientes; entes abstractos.

Esta otra propiedad, la subjetividad, hace posible que nos demos cuenta de las cosas como sujetos aparentemente concretos (una concreción ilusoria y real, pero falsa, como falsa es la ilusoria concreción de la manzana que tenemos en la cabeza; no hay que perder de vista que una ilusión, aunque falsa en cuanto a su adecuación acertada a los hechos, es real). La subjetividad permite que conozcamos como sujetos, como un solo observador que se da cuenta de muchas cosas a la vez como espectador único de todas ellas, es la propiedad por la que parte de la mente se unifica en el tiempo. No hay que confundir entonces a la subjetividad con la conciencia. Son dos propiedades distintas. Si las dos propiedades aparecen a la vez, entonces seremos sujetos conscientes. Pero si falta la subjetividad, el cerebro seguirá siendo consciente, aunque no subjetivo, como cuando conducimos el coche a la manera de un robot, sin pensar en ello subjetivamente, o como cuando caminamos hacia casa pensando en nuestras cosas sin necesidad de analizar conscientemente el camino antes de elegirlo, pues el subconsciente (la conciencia no subjetiva, la infrasubjetividad) lo hace por nosotros de manera consciente, pero no subjetiva.

La propiedad de la subjetividad es la que definitivamente nos hace ser lo que somos. Por un lado somos seres conscientes por la facultad de dar cuenta de la realidad, de lo que se encarga la conciencia. Además, gracias a que la subjetividad es la propiedad que se encarga de esa conciencia de la realidad haciendo que sea percepción con entidad única e individual (indivisible), disponemos de una perspectiva de la existencia desde donde contemplamos la realidad como seres vivos con conciencia individual de las cosas, y poseemos por ello la facultad ya no sólo de dar cuenta de la realidad, sino también de darnos cuenta de la realidad individualmente. Dicho de otro modo: la propiedad de la subjetividad conlleva que la conciencia, todos los objetos mentales conscientes presentes en el cerebro en un instante dado (el color de la manzana, su forma, su brillo…), se vuelvan un objeto mental individual (indivisible en el tiempo en cada instante una sola manzana, la conciencia de una manzana), y como la conciencia es información compleja, dicha individualidad conlleva en la práctica la posibilidad de ser dicha subjetividad efectiva como si se tratase de un individuo consciente de la realidad compleja: un sujeto consciente de la realidad (un individuo que percibe una manzana conscientemente como si fuese un sujeto consciente de una manzana). Las dos propiedades de la mente se unen en un solo fenómeno: la conciencia subjetiva. Y en la práctica eso llegamos a ser: sujetos conscientes, una ilusión después de todo, pues lo consciente es la manzana, no el sujeto, ya que si dejamos de pensar en una manzana, y pensamos en una pera, seremos entonces una pera, no un sujeto tampoco. Pero en la práctica la ilusión de ser sujetos conscientes es convincente, y así creemos estar percibiendo la realidad, salvo enfermedad.

Y cuando somos conscientes del yo, de nosotros mismos, además llegamos a ser autoconscientes, dicho de otro modo, a darnos cuenta de estarnos dando cuenta de la realidad, y nos volvemos entonces seres conscientes reflexivos.

2. CONCIENCIA Y CONSCIENCIA

Las palabras conciencia y consciencia serán utilizadas aquí como sinónimas. Con la palabra conciencia se hace referencia a la propiedad del sistema nervioso por la cual la información abstracta que procesa da cuenta de la realidad, y así la realidad es conocida mediante su representación abstracta, con mayor o menor complejidad (con mayor o menor conciencia de las cosas). La conciencia consiste en una representación isomórfica de la realidad, con mayor o menor resolución o definición (con mayor o menor complejidad) probablemente mediante los códigos generados con las sistemáticas descargas bioeléctricas de las neuronas, los potenciales de acción que saltan uno a uno entre las neuronas, a través de las sinapsis que las conectan.

Conciencia es el nombre que recibe una propiedad de cierta información: la información abstracta que procesa el sistema nervioso, y que se define a partir de sus características. La realidad se conoce representándola tal como se detecta de acuerdo con las posibilidades del sistema, con mayor y menor acierto y resolución: nosotros no vemos la luz ultravioleta, las abejas sí; nosotros entendemos el lenguaje hablado, las abejas no.

A diferencia de la información inconsciente (como pueda ser la trayectoria que traza una hoja de roble al caer al suelo en otoño) la conciencia es información consciente (como la trayectoria que traza un impulso nervioso al saltar de una neurona a otra); tiene algo de particular que la distingue, algunas características que hacen que este fenómeno, el de los sistemas dinámicos conscientes, sea distinto al de los inconscientes. La conciencia es un trasunto real de la propia realidad, más o menos distorsionado.

Conciencia es un concepto más general que conciencia subjetiva; la conciencia subjetiva, o subjetividad es un tipo de conciencia, es la conciencia correspondiente a un sujeto particular (un objeto con aspecto, a ciertos efectos, de ente indivisible). La mente es un proceso consciente, pero tampoco es la conciencia. La conciencia es una propiedad del tejido nervioso, y la mente es lo que el tejido nervioso hace con la información abstracta, la mente es el procesamiento de información abstracta en el sistema nervioso. Como dicha información abstracta es consciente, la mente es lo que el sistema nervioso hace con la información consciente. La propiedad de la conciencia consiste en que la mente, la información abstracta procesada por el tejido nervioso, es consciente, es decir, conoce la realidad, representándola (abstrayéndola) de modo efectivo, cuantificado, codificado, computado, con significado, de modo sensible, específico, isomórfico, coherente, compatible, etc.

La conciencia, como la vida, es una abstracción: no hay vida, sino seres vivos, y no hay conciencia, sino información consciente. La conciencia no es un ente concreto, no se puede extraer del sistema nervioso y depositar sobre una mesa, es una propiedad.

La conciencia subjetiva es información consciente con entidad única, integrada en un solo todo, con forma de ente único a determinada escala (con efectividad a ciertos efectos, al efecto de su detectabilidad a determinada escala), de sujeto único a simple vista, a escala macroscópica confinada (la escala macroscópica no es macroscópica porque haya una definición absoluta de lo macro, lo grande, sino porque hay otra escala menor que ella, simplemente, y es confinada porque es la única válida durante la efectividad de la subjetividad).

Conciencia no es lo mismo que mente, ni que subjetividad, y tampoco es lo mismo que autoconciencia. Autoconciencia es conciencia del yo, así que más que una propiedad la autoconciencia es el significado de un contenido informático dado en la mente, un significado de autoreferencia. La subjetividad consiste en ser consciente como sujeto, y la autoconciencia consiste en ser consciente del yo. Si el contenido de la mente es el yo, el sujeto se puede identificar con el yo, y creernos que somos un yo consciente, y del mismo modo, si el contenido de la mente, aquello sobre lo que pensamos, es una manzana, por costumbre no identificamos al sujeto con la manzana, y no solemos creer que somos una manzana consciente, pero podíamos hacerlo como con el yo. Es más, si pensamos en el yo y en una manzana a la vez, de manera subjetiva, tendemos a pensar que somos un yo que piensa en una manzana, cuando podíamos creer que somos una manzana que piensa en un yo. La cuestión es que por la subjetividad ni somos un yo ni en una manzana, pues ambos significados están representados de manera abstracta en la mente, no son objetos concretos, de modo que ni hay yo consciente ni manzana consciente. La subjetividad lo que hace posible es que tanto el yo como la manzana sean una sola cosa, y como tal sean percibidas conscientemente: un yo, una manzana. La subjetividad es la propiedad que permite percibir subjetivamente las cosas, es decir, como si fuera uno solo el sujeto que aparenta contemplarlas como si fuera un yo consciente, o una manzana consciente.

Sujeto y yo no son lo mismo: sujeto es cierta información diversa unificada circunstancialmente en un todo efectivo como un solo ente a ciertos efectos en la práctica, con un error despreciable, y a determinada escala; yo es un código simbólico dado, un símbolo (una palabra, en este caso) con un significado de autoreferencia, y que es consciente porque la información lo es, no porque haya un yo concreto consciente (el yo consciente es ilusorio). Tampoco hay un sujeto concreto consciente, sino que la información consciente es a veces subjetiva, que no es lo mismo (de aquí se deriva lógicamente que la información consciente, la mente, no tiene porqué ser subjetiva en todo caso, ya que puede ser consciente pero infrasubjetiva, o subconsciente, y se deriva que la información subjetiva debe ser consciente en todo caso).

La conciencia es la propiedad de un sistema que da cuenta de la realidad. La subjetividad es la propiedad de un sistema que se da cuenta de la realidad. Autoconciencia es la propiedad de un sistema que se da cuenta de estarse dando cuenta de la realidad (reflexividad, o capacidad de reflexionar). Mente es el procesamiento de información consciente en un sistema. Parte de la mente es subjetiva, y parte no lo es, pero no por ello deja de ser consciente, sino que sigue siendo consciente, aunque infrasubjetiva, o subconsciente. La mente es el procesamiento de información consciente, pero el procesamiento no es la conciencia. El procesamiento es la mente. La conciencia es una propiedad de esa información, no su procesamiento.

La subjetividad la percibimos a simple vista como una experiencia continua. Del mismo modo, pensamos que la vida es algo continuo, ya que los seres vivos que nacen van sustituyendo a los que mueren. La conciencia subjetiva se experimenta como algo continuo porque las neuronas que van desintegrándose del grupo neuronal correlativo con la subjetividad y regresando a la infrasubjetividad van siendo sustituidas por otras que se van incorporando a la subjetividad. De igual manera que la vida no existe de manera concreta, sino que lo que hay son seres vivos, tampoco hay conciencia, sino información consciente. La conciencia es un concepto abstracto. Pretender que la conciencia tenga existencia concreta y continua sería como pretender que un pez de 10 centímetros que nadase un metro fuese un pez de un metro. De modo que el cerebro no produce conciencia, las neuronas no secretan conciencia, sino neurotransmisores.

3. QUÉ Y CÓMO

El objetivo no es llegar a saber qué es la conciencia subjetiva, ya que la conciencia subjetiva es una abstracción, no es un objeto concreto, es efectiva, pero abstracta. La conciencia subjetiva es un proceso físico sistemático en curso dinámico. No hay un qué, la conciencia subjetiva no es aquello en lo que pensamos, sino el hecho de poder pensar en algo dándonos cuenta como sujetos conscientes.

Pero sí hay un cómo, sí hay una descripción del proceso del cambio sucesivo en el estado relativo de las partes del sistema, las neuronas, hay una manera de saber cómo fluye de manera sistemática la materia, energía e información del cerebro para dar lugar a un curso al que llamar conciencia subjetiva.

La conciencia subjetiva es un todo, un grupo con entidad única a ciertos efectos, pero para entender de qué modo, cómo es posible que sea un todo, hay que analizar su mecanismo a diversas escalas, y que los resultados de dichos análisis sean compatibles. El cómo: ese es el objetivo de este ensayo.

4. CONCRETO Y ABSTRACTO.

Un objeto concreto es un objeto que es lo que es, que no es otra cosa salvo lo que es. Una idea en la mente no es un objeto concreto a cualquier efecto, pues se puede reducir a otros objetos menores que la conforman. Por ejemplo: la imagen de una manzana se puede reducir a una suma de color, forma, brillo, etc. Cuando pensamos en una manzana, dicho trasunto mental de una manzana no es algo concreto, motivo por el cual la propia conciencia no puede ser tampoco algo concreto, pues al ser la propiedad de un proceso físico sistemático también puede reducirse a la descripción de sus partes fundamentales e interacciones correspondientes.

5. ESENCIA.

Hasta donde se sabe, las partes constituyentes fundamentales de cualquier objeto real, cuando dicho objeto se reduce hasta sus últimas posibilidades, son las partículas elementales (irreducibles) y sus interacciones. Las partículas se detectan a partir de sus interacciones; lo detectable no está hecho de objetos concretos, sino de interacciones, la esencia de la realidad, de lo detectable, son los sucesos físicos. Las partículas elementales, los objetos supuestamente concretos que supuestamente protagonizarían las interacciones (desde nuestro punto de vista macroscópico) son básicamente electrones, neutrinos y quarks, las partículas materiales, o fermiones, la materia que supuestamente constituye lo detectable, la información. Sus interacciones consisten a su vez en el intercambio de otras partículas entre ellas, los bosones (fotones, gluones, etc.) que no son partículas materiales, sino energía (aunque hay que recordar que la materia se puede transformar en energía y la energía en materia, y de manera sistemática, no de cualquier manera). Desde el punto de vista actual los bosones son emitidos y absorbidos por los fermiones, y en el proceso transmiten fuerzas entre los fermiones, y esta transmisión de fuerzas es el modo en que interactúan y cambian de estado, y por tanto el modo en que se mantiene el dinamismo de la realidad, su cambio conformacional, y el modo en que se teje la geometría dimensional espaciotemporal. No hay realidad sin, al menos, interacciones y cambio (interacción y cambio = información).

6. CONCIENCIA SUBJETIVA

El concepto de conciencia subjetiva tiene que ver con el hecho de estar nosotros percibiendo la realidad conscientemente como entes individuales desde nuestro punto de vista, con entidad única, seres vivos conscientes de uno en uno. Nuestra percepción consciente está caracterizada en la práctica por el hecho de ser categorizable desde nuestro punto de vista como propia de un ente solo, de un solo sujeto, un solo ser pendiente de muchas cosas a la vez (a la vez quiere decir con entidad única en el tiempo, y como el tiempo corre, se trata de una unicidad en el tiempo y que permanece en el tiempo con dicha unicidad de instante en instante). Un solo ser, cada uno de nosotros, que en la práctica da la impresión ilusoria de ser un espectador de la realidad a simple vista, incluso dándonos la impresión de ser nuestra conciencia subjetiva de las cosas una realidad dual, como si percibiésemos la realidad proyectada en una pantalla ante nosotros como espectadores desde fuera de la realidad, ante un sujeto consciente, como si la conciencia fuese un ente concreto capaz de llenarse de un contenido del que ser consciente como espectador subjetivo. Esto es lo que nos dicta equivocadamente la intuición directa de nuestra experiencia cotidiana acerca de la conciencia subjetiva. Desde nuestro intuitivo punto de vista inmediato la conciencia subjetiva es la conciencia de un sujeto consciente, un sujeto que intuimos dotado de existencia concreta desde la experiencia a partir de nuestro punto de vista (que se caracteriza por ser macroscópico y confinado; macroscópico no quiere decir grande, pues hay escalas mayores a la que caracteriza nuestro punto de vista subjetivo de la realidad; lo que quiere decir es que es mayor que otras cuyas partes medidas están incluidas en la representación mental que llevamos a cabo a escala subjetiva; por ejemplo: cuando percibimos subjetivamente una manzana, vemos una manzana, no cada una de sus células, por lo que nuestra escala de representación es macroscópica desde el punto de vista de las células, pero es microscópica desde el punto de vista de un planeta).

Sorprende la vivacidad de dicha experiencia, el que ocurra en realidad y que no sea un sueño sobre una realidad ficticia, sino una vivencia de efectividad cierta, evidente en su efectiva existencia plena, ajena totalmente a la nada, incluso contraria a la nada, pues para cada uno de nosotros, desde nuestro punto de vista macroscópico confinado, la subjetividad es el todo que constituye la esencia concreta de nuestra presencia personal en la existencia real y verdadera, y eso es lo que creemos ser: nuestra percepción consciente subjetiva de las cosas.

Nuestra percepción subjetiva consciente de la realidad es algo que ocurre, es algo real, y que, al ser subjetiva, nos ocurre, le ocurre a alguien, a un sujeto ocasionalmente perplejo ante su intromisión en la realidad desde dentro de la propia realidad, y dándose cuenta de ella como ente único, y como si fuese una partícula atómica, indivisible a simple vista, elemental, por esa unicidad que exhibe de modo real a simple vista, y como si fuese un ente concreto, por esa aparente esencia elemental a simple vista, esa aparente concreción como ente único e individual. Pero la subjetividad no es una partícula, al ser reducible, de modo que la concreción del sujeto es ilusoria.

7. REALIDAD.

Se va a suponer que la conciencia forma parte de la realidad. Supongamos, pues, que el procesamiento de información consciente es un hecho real, y que dicho proceso es uno de tantos procesos físicos sistemáticos que pueblan lo que llamamos realidad.

La realidad se caracteriza por ser sus partes reales, es decir, detectables, efectivas (no hay que confundir la palabra efectivo con la palabra eficaz; un fármaco, si cura, es eficaz, no efectivo, lo que sería efectivo, en este caso, sería la curación; lo eficaz es lo que hace efecto, el fármaco; lo efectivo es lo que tiene efecto, la curación). Lo real es lo que tiene efecto, lo que tiene lugar, lo que ocurre, lo efectivo, lo detectable. Lo que no ocurre no es detectable, así que no es real. A lo no detectable se lo denomina irreal, o virtual, o latente. Por esto mismo, cuando se denomina realidad virtual a las imágenes por ordenador, se comete un error similar al de calificar como efectivo a un fármaco que cura; se trata de errores que llevan a la confusión, y, por tanto, a la dificultad en la transmisión de un mensaje. Ha de quedar claro que las imágenes por ordenador no son virtuales (salvo en sentido figurado), ni tampoco las imágenes mentales, ya que dichas imágenes son detectables, son reales, se pueden ver y contemplar; la expresión realidad virtual es contradictoria y es errónea.

La realidad que conocemos parece formada por alguna de estas: materia, energía, información, geometría; en definitiva, partículas e interacciones. Las propias partículas son elusivas a la hora de tratar de comprender su ontología, pues no se detectan por ellas mismas, sino por las interacciones de dichas supuestas partículas, y sorprende que pueda ser partícula algo que aparece como un estado en el espaciotiempo puesto de manifiesto a partir del cambio en dicho espaciotiempo, y eso teniendo en cuenta detalles como que las partículas puedan estar en más de un estado a la vez, algo invisualizable a simple vista (una persona no puede sentarse en dos sillas a la vez, pero un fotón puede estar en dos estados a la vez). Algunas partículas son tan elusivas a la detección que se denominan vituales (por ejemplo, los fotones que intercambian las moléculas orgánicas en una cascada bioquímica en una célula pueden ser virtuales si los campos electromagnéticos que intercambian los fotones están superpuestos, si es acertada la descripción del mecanismo de transferencia de Förster). Así mismo, es posible que no todo lo que existe forme parte de la realidad, ni siquiera de la realidad "virtual" que corresponde a estos fotones virtuales y otras partículas virtuales (como las que aparecen y desaparecen en pares partícula-antipartícula en el vacío por fluctuaciones cuánticas), sino que parte de lo que existe podría ser un espaciotiempo adimensional (otra aparente contradicción) en el que se superponen las trayectorias posibles en el futuro correspondientes a sucesos consistentes en interacciones… pero este no es el asunto de este ensayo.

8. CAMBIO DE ESCALA

El universo, de acuerdo con los conocimientos actuales, consiste en ciertos tipos de partículas subatómicas elementales fundamentales y sus interacciones. Son fundamentales por dar origen, fundamento, mediante sus interacciones a pequeña escala, a la realidad que detectamos a cualquier escala. Al mismo tiempo, esas partículas son también elementales, pues se considera que son irreducibles a otras partículas más fundamentales. Dichas partículas fundamentales y elementales serían las partículas materiales concretas, las que constituyen la materia, que son los electrones, los neutrinos y los quarks. Hay otros tipos de partículas materiales, y algunos subtipos, pero casi todo lo que vemos se basa en estos tres tipos de partículas, básicamente. Al hablar de partículas elementales estamos hablando de una escala de tamaños y tiempos del orden de las diez mil millonésimas de metro, y de la mil millonésima de segundo; nos estamos refiriendo a acontecimientos reales, los que fundamentan todo lo que vemos, pero que son así de pequeños y así de breves. Son unas escalas de tamaños y tiempos, unas escalas espaciotemporales, inimaginables desde nuestra atalaya macroscópica, así que las comprendemos a base de las palabras y cifras que las abstraen, pero no podemos visualizarlas.

Conviene familiarizarse con estos cambios en la perspectiva de lo que vemos, estos cambios de escala y su influencia en la detección de la realidad, para ir dejando de sentir vértigo por la exposición a estos rangos inimaginables, ya sea por pequeños, o por enormes, como ocurre al dirigir la vista a las galaxias o al espacio vacío entre ellas, donde de nuevo nuestra mente se pierde ante nuestra incapacidad para intuir e imaginar estas magnitudes espantosas. Y sin embargo la realidad ha de analizarse así, hay que asumir las magnitudes que alcanzan los fenómenos reales en las dimensiones espaciotemporales al medir diferentes parámetros a diferentes escalas, con magnitudes que marean, ya sea por pequeñas, o por grandes. Y hay que ir comprendiendo que dependiendo de la escala la realidad cambia la percepción de la realidad, conforme se cambia de escala, de tal manera que lo que a escala microscópica es, por ejemplo, una pequeña mutación en un gen, a gran escala puede ser un enorme cambio en la calidad de vida de una persona si dicho cambio minúsculo conlleva una enfermedad grave. Desde la escala de percepción a simple vista, una escala que es macroscópica (al haber escalas menores) y confinada (a simple vista no vemos lo microscópico), habremos de asumir escalas microscópicas como parte de la realidad, escalas, por ejemplo, del orden de la centésima de milímetro, donde encontramos que resulta detectable la existencia de las células corporales, donde la vida ya presenta magnitudes medibles desde el punto de vista biológico, y de ahí, reduciendo la escala, hasta llegar a los tamaños de las partículas subatómicas, moviéndose en magnitudes que confunden a la imaginación.

9. MEDIDA.

El objetivo de la física (de los físicos) es medir. Medir es interactuar con la realidad. Medir es comparar una cantidad con otra de referencia. Se toman cantidades de referencia fijas, de manera arbitraria, como el metro, o el segundo. Dichas cantidades son imperfectas, pero en la escala en la que son consideradas las cantidades de referencia para una medición dada, el error en la medición por dicha imperfección es despreciable. Por ejemplo: si decimos que una persona es baja a simple vista (a escala macroscópica confinada), en comparación con la estatura media del grupo estimada objetivamente a simple vista, no estamos ajustando o aproximando la medición al milímetro, así que un error de un milímetro sería despreciable en esta medición a simple vista. Esto quiere decir que si a simple vista nos pareciera que dos individuos miden lo mismo, aunque su estatura difiriese en un milímetro, a simple vista no nos daríamos cuenta, de modo que tal error sería despreciable a simple vista y por tanto medirían lo mismo en la práctica. Y no digamos si su estatura difiriese en una millonésima de milímetro. De esta manera, su igualdad nos parecería un hecho concreto a simple vista, al no poderse detectar su reducibilidad a milímetros (a una escala menor inaccesible a simple vista a efectos de esta medición). Por tanto, al medir es importante la escala, pues en función de la escala varía el resultado obtenido.

10. PROPIEDAD

La conciencia es una propiedad del sistema nervioso. La conciencia y la subjetividad son propiedades del sistema nervioso, como la suma es una propiedad de la aritmética. Si un sistema está organizado y es suficientemente estable, resultará posible encontrar patrones de conducta constantes a partir de los cuales abstraer sus propiedades, y predecir resultados en mediciones sobre el sistema con un error despreciable. Por ejemplo: se puede predecir que 1 + 1 será mayor que 1 en el sistema aritmético, y se puede predecir, por la propiedad de la conciencia, que si un individuo consciente pone una mano sobre la llama de una vela, apartará la mano. Pero por la propiedad de la conciencia no es predecible que una medusa, que tiene sistema nervioso, vaya a percibir dolor subjetivamente, como sujeto consciente, porque para eso hace falta la propiedad de la subjetividad, no sólo la de la conciencia. Sin subjetividad la información puede ser consciente, pero no subjetiva.

11. SISTEMA.

Un sistema es un conjunto de objetos interactuando de modo sistemático, es decir, relacionándose entre ellos de un modo peculiar, distinto al tipo de relación entre los objetos de otro sistema, ya sea por tratarse de sistemas distintos por ser distintos los objetos que los componen (el tipo de objeto determina el tipo de interacción), o distintos por estar separados en el espaciotiempo. Ejemplo de lo primero: el ajedrez (la relación entre las piezas sobre el tablero) es un sistema distinto a un hormiguero. Ejemplo de lo segundo: dos hormigueros son dos sistemas distintos si están lo suficientemente separados en el espaciotiempo como para no interactuar. Y hay que tener en cuenta que un sistema puede depender de la escala de medición para poder ser categorizado como sistema. No hay que olvidar tampoco que las células del cerebro son parte de un sistema, el sistema nervioso.

Bertalanffy, en su Teoría general de sistemas, define a un sistema como un "conjunto de elementos en interacción". Un sistema está formado por ciertos objetos y por las relaciones peculiares entre ellos. Por un lado, hay que aclarar que un objeto es lo que un observador determina como objeto. También hay que tener en cuenta que las relaciones son peculiares porque se producen entre los objetos de un sistema dado, pero no entre los objetos de ese sistema dado y otro sistema distinto al primero. Y por último, debe saberse que la palabra relación implica la existencia de una vinculación causal entre los objetos, implica que el principio de causalidad está vigente en ese sistema en ese momento. Cuando en un fenómeno se encuentra una vinculación entre objetos, pero no se encuentra una vinculación causal entre ellos, sino tan sólo dependencia entre ellos, se hablará de correlación, para distinguirlo de una relación causa-efecto. El encontrar o no vinculación causal en un suceso depende también de la escala, por ejemplo, a escala cuántica puede no ser posible encontrar una relación entre los objetos vinculados a un suceso dado, sino sólo correlación.

En estas páginas se asume que en la realidad, tal como la percibimos, y al efecto de explicar la conciencia subjetiva, los fermiones y los bosones son los objetos concretos de la realidad (no importaría que no lo fueran para este razonamiento), y todo lo demás son abstracciones como fruto de la interacción sistemática de partículas elementales. Las interacciones entre fermiones y bosones son peculiares, de modo que son sistemáticas también, con lo cual, por un lado explican la heterogeneidad de la realidad, y por otro explican la posibilidad de la existencia de patrones de comportamiento repetitivos reconocibles (propiedades) en el seno de la heterogeneidad. Todo lo demás, aparte de las interacciones entre partículas elementales, son abstracciones que, a determinada escala, y a los efectos de la detectabilidad a dicha escala, pueden comportarse como los objetos elementales (y por tanto concretos) de un sistema; por ejemplo, unos jugadores de fútbol parecen a simple vista jugadores de fútbol, no fermiones intercambiando bosones, y lo parecen con un error despreciable en la práctica a escala macroscópica confinada.

12. MENTE.

La mente es un sistema también, se podría decir, por ejemplo, que es un sistema de establecimiento de categorías en el terreno de la abstracción. Los objetos de este sistema, de la mente, son abstractos, no son lo que son, al ser reducibles, es decir, toman su forma, detectable como tal a determinada escala espaciotemporal, cuando otros objetos de una escala menor se reúnen de manera sistemática para conformarlos. Por ejemplo, la mente utiliza a las palabras como objetos, y las palabras interactúan sistemáticamente como objetos de la mente, para formar frases. Las palabras son reducibles a letras, que también son reducibles. Desde el punto de vista de las palabras, las letras son en la práctica irreducibles con un error despreciable, son elementales en el terreno de la abstracción en la escala de las palabras, por ello, desde el punto de vista de las palabras, las letras son objetos concretos en la práctica con un error despreciable. Esto es posible desde el momento en el que, como las palabras no interactúan con las letras, sino que interactúan con otras palabras, las letras no son detectables para las palabras, pertenecen a otra escala de medida, de ahí que adquieran las letras concreción desde el punto de vista de las palabras. Y todo ello en el terreno de la abstracción, ya que ni palabras ni letras son concretas aunque pasen como tales en la práctica a ciertos efectos (por ejemplo, al efecto de la detectabilidad de las palabras como palabras), no son lo que son, sino que son conformadas por otros objetos que, conforme se reduce la escala, se van acercando a la supuestamente auténtica concreción (la supuesta concreción de electrones, neutrinos y quarks). La concreción de las letras es una recreación real de dicha concreción, no una concreción verdadera; real, sí, pero verdadera, no.

Recordemos la palabra recreación porque será importante. Está dicha en el sentido que le dio Gamow: recrear es dar forma a lo que no la tenía (o a lo que tenía otra forma, podríamos añadir).

Otro asunto importante será cómo consiguen las neuronas recrear objetos mentales abstractos, como las palabras, que recreen entre ellas interacciones que resulten ser coherentes a escala (por ejemplo, coherentes con la sintaxis al organizarse las palabras). Pero de este asunto, el orden y la coherencia, ya se hablará a lo largo del ensayo.

13. CATEGORÍA.

La mente es un sistema de establecimiento de categorías en el terreno de la abstracción. El afán de categorizar es necesario para el ser humano, ya que el cerebro computa, y categorizar es computar a base de enunciados, computar mediante afirmaciones sobre las cosas, en horizontal. Al llevar a cabo enunciados, se acaba comprobando que unos terminan por incluir a otros; por ejemplo, al decir que por un lado los perros son cánidos, y que por otro los perros y los hombres son mamíferos, no se puede evitar concluir que los cánidos están incluidos dentro de los mamíferos. Entonces, al categorizar se termina por encontrar la posibilidad de ordenar las afirmaciones en niveles, y así un sistema de enunciados termina convirtiéndose en una organización jerárquica, vertical, en la que se alcanza un nivel en función de dónde se esté incluido, y de aquí se deriva la idea errónea según la cual estar en una categoría conlleva pertenecer a un nivel mayor o menor, y por tanto un mayor o menor estatus de prestigio en alguna clasificación, social, moral, o del tipo de valoración que sea. Cuanto más arriba, más valor se posee si se sigue por esta vía, cuando en su origen la categorización de la realidad no persigue fin alguno, simplemente ocurre, no se perseguía el objetivo de atribuir mayor prestigio evolutivo al mamífero que al cánido, ni a la conciencia del hombre que a la de la mosca, en función de su categoría en el árbol evolutivo. De modo que la idea intuitiva común, según la cual la categoría humana conlleva prestigio, o estatus, es falsa. La categorización describe la complejidad, no el mérito ni la catadura.

14. SUBCONSCIENTE, O PREFERIBLEMENTE: INFRASUBJETIVIDAD

La conciencia subjetiva, desde nuestro punto de vista intuitivo, desde la escala en la que la subjetividad resulta ser efectiva (la escala macroscópica confinada), consiste en el hecho de poder ser, en la práctica, sujetos conscientes concretos con un error despreciable (como nos parecen concretas las palabras con un error despreciable). Cualquier persona reconoce su capacidad para ser consciente de las cosas… pero no de todas las que su cerebro procesa en un momento dado, démonos cuenta de este hecho. Todo el mundo (o casi todo) se da cuenta en algún momento de estar manteniendo el control consciente de sus actos como sujeto, pero también es patente que algunos actos no son llevados a cabo bajo la batuta del sujeto incluso en tiempo presente. Por ejemplo: cuando ventilamos (cuando inspiramos y espiramos el aire de los pulmones) la mayor parte del tiempo lo hacemos sin ser subjetivamente conscientes del hecho, aun cuando es el encéfalo el que envía la orden involuntaria y consciente (la parte del encéfalo que lo ejecuta está despierta); ocasionalmente, el sujeto puede participar conscientemente en la ventilación de un modo que calificamos como voluntario, y, por ejemplo, detener el flujo (al sumergirse en una piscina, por poner un caso). Así que hay un contenido informático en la mente que pertenece a la subjetividad, y un contenido informático que no pertenece a la subjetividad, pero que está siendo procesado en la mente también. A este otro tipo de estado mental, del que no participa la subjetividad, podemos convenir en llamarlo infrasubjetividad, o subconsciente (se prefiere aquí el término infrasubjetividad, ya que el término subconsciente parece dar a entender que dicha información infrasubjetiva no sería consciente, cuando no hay razón para pensar que no lo sea).

La intuición es el pensamiento infrasubjetivo. La infrasubjetividad es consciente también, aunque no se sea subjetiva. La actividad mental infrasubjetiva es consciente, pues es procesada por un cerebro despierto y activo, no por un cerebro inconsciente e inactivo. No hay que confundir conciencia con subjetividad; son dos propiedades distintas del sistema nervioso, con características distintas.

15. ZONAS CEREBRALES

Los estados mentales dependen de los estados cerebrales. Esta dependencia es tan estrecha que incluso surge de inmediato la tentación de asignar a zonas determinadas del cerebro funciones mentales determinadas, y hasta cierto punto es posible: hay áreas cerebrales determinadas e inintercambiables, como las visuales, las del lenguaje, las de los movimientos prácticos aprendidos (praxias, como abrir un bote de mermelada, o andar en bicicleta), para la sensación táctil en la punta del dedo gordo del pie derecho, y así sucesivamente, algunas zonas más determinadas genéticamente de modo innato, y otras más necesitadas de un aprendizaje tras el nacimiento a lo largo de más o menos tiempo permaneciendo en un entorno adecuado, etc. Y de hecho el cerebro tiene este grado de organización, es más, se conoce en bastante detalle esta distribución organizada de las funciones cerebrales, y de su dependencia directa con el fenómeno mental. Pero el cerebro es más que determinada localización de funciones en su superficie: en primer lugar, dicha determinación no es exacta, pues, por ejemplo, el área del lenguaje está distribuida por diversas áreas que se complementan, y no todas son imprescindibles ni están activas a la vez en todo momento. La propia localización de la actividad cerebral está sujeta a flexibilidad en la práctica.

Pero es que además el cerebro está en constante cambio morfofuncional, su funcionamiento consiste en una continua combinación de heterogeneidad y patrones. El estado neuronal efectivo en cada instante es en todo caso distinto e irrepetible, y es en esa heterogeneidad e irrepetibilidad donde se quiebra la idea de asignar a la localización de funciones el protagonismo de lo que el cerebro supone para el fenómeno mental. Es decir, que se puede adivinar con bastante acierto qué parte del cerebro de una persona es más probable que se active cuando su mente se ocupe del tacto de su dedo gordo del pie derecho, pero gracias a la tendencia a la heterogeneidad, al mismo tiempo que se sabe cuál es la zona que con más probabilidad se va a activar en correlación con las cosquillas en la punta del dedo, es imposible determinar el momento en que tal área se va a activar, y en compañía de la actividad de qué otras áreas, ambos extremos son impredecibles. Y en esta lucha entre heterogeneidad y patrones, entre desorden y orden, el cerebro consigue un equilibrio en su tendencia al caos (a la complejidad e impredecibilidad) que le permite ser eficaz como órgano de control de las funciones del organismo, y contribuir con éxito a la supervivencia del individuo, a su capacidad de adaptación al cambio, y por tanto tal vez también a la supervivencia de la especie.

17. MENTE Y CEREBRO.

Es conveniente abordar algo que se infiere obviamente de los párrafos precedentes: si cerebro y mente no son exactamente lo mismo, ¿cuál es la diferencia? Una tendencia natural, dado lo que hoy en día se sabe sobre el cerebro, es a identificar mente y cerebro. Lo que pasa es que el cerebro también es, por ejemplo, la glucosa que el cerebro oxida para obtener energía con la que mantener su proceso vital, y la glucosa no es la mente. Identificar de buenas a primeras al cerebro con la mente conlleva este tipo de incongruencias. Hace falta matizar la cuestión. El cerebro es el órgano nervioso dentro del cráneo, una estructura morfofuncional, una estructura anatómica o morfológica y funcionante o fisiológica. La mente, como se ha visto, es la subjetividad y la infrasubjetividad, y esto no es glucosa, es otra cosa, es: información. El cerebro también es información, pero la mente no contiene toda la información del cerebro, no contiene la oxidación de la glucosa, por ejemplo. Por tanto, la mente no es toda la información que el cerebro constituye por el hecho de ser un sistema dinámico en curso, sino que la mente es parte de esa información, es parte del cerebro (un sistema dinámico es un sistema que cambia de estado a lo largo del tiempo; un sistema es un conjunto de objetos elementales que interactúan de manera peculiar; un objeto elemental es un objeto irreducible a partes a una escala dada).

¿Qué parte del cerebro es la mente? La mente es la información subjetiva y la infrasubjetiva. ¿Y qué tipo de información es ésta? Pues se trata de la información abstracta que el cerebro procesa. Y es que el cerebro procesa mucha información, pero no toda tiene carácter abstracto. Por ejemplo: las interacciones fermión a fermión entre las partículas elementales que constituyen una molécula de una neurona del cerebro no son abstractas. Cuando un electrón gira alrededor de un núcleo atómico en una molécula de agua que forma parte de la sangre que baña a las células cerebrales no está abstrayendo la realidad para dar lugar a una mente pensante, y dicha molécula de agua, en la sangre que circula por el cerebro, que no es parte de la mente, sí es parte del cerebro, pues el cerebro es todo el órgano, sangre incluida, y la sangre no piensa. Por tanto, la mente es la parte pensante, y eso precisa información con carácter abstracto, ya que para pensar es preciso pensar sobre algo, lo cual requiere la representación abstracta de ese algo, y precisa un procesamiento de dicha información abstracta, que es lo que hacen las neuronas organizadas en circuitos y redes: procesar información abstracta.

Conciencia y mente tampoco es lo mismo. Mente: se va a considerar que es la información abstracta que procesa el sistema nervioso, el sistema nervioso de cualquier animal con sistema nervioso; por tanto, como la mente es un fenómeno prolongado en el tiempo, al ser un proceso (el proceso de transmisión de información abstracta, y su procesamiento), entonces posiblemente han de hacer falta como mínimo dos neuronas, para que entre ellas se transmita y procese un mínimo de información abstracta y que haya mente; según esto, animales con neuronas pero sin circuitos neuronales, como las esponjas, tal vez carezcan de mente, y estén por tanto en la antesala del fenómeno mental a pesar de tener ya neuronas. La conciencia no es un ente concreto, sino una propiedad del sistema nervioso, una propiedad de su información abstracta, de modo que la conciencia es una propiedad de la mente, no la mente, del mismo modo que la liquidez es una propiedad del agua que fluye, no el agua que fluye: el agua es líquida, y la mente consciente. El carácter abstracto de la mente es una de las características necesarias para que la información procesada sea consciente, para que tenga la propiedad de la conciencia, y por tanto para que dicha información sea la mente, ya que no existe la mente inconsciente, que se sepa.

18. PROCESAMIENTO

Se acaba de decir que la mente es el procesamiento de información abstracta en el sistema nervioso. ¿Qué es procesar información abstracta? Supongamos que la información abstracta se puede reducir a objetos mentales elementales. Por ejemplo: dadas las palabras, que son objetos abstractos (no son lo que son, sino que representan a otros objetos, por ejemplo, la palabra MANZANA no es una manzana, sino su representación abstracta) pues las palabras son reducibles a letras, así que las letras, desde el punto de vista de las palabras, son elementales, pues es a lo que se reducen las palabras. El procesamiento consiste en poner letras juntas y obtener palabras, mediante su interacción sistemática a escala (y en el terreno de la abstracción, es decir, en dependencia de lo que ocurra en el correlato neural) y, sobre la marcha, poner palabras juntas y obtener frases, e ideas y razonamientos sobre algún asunto representado por las palabras y las frases. De modo que procesar es asociar e integrar objetos (entendiendo que integrar se refiere a una sucesión de integraciones y desintegraciones sucesivas), es decir, es seguir el curso del proceso evolutivo de la mente como sistema (como conjunto de objetos sometidos a interacción y cambio, o sea, a la tendencia caótica al aumento de la entropía del sistema, dicho de otro modo, al aumento de la cantidad de información en el sistema).

Desde el punto de vista de los objetos abstractos, como las letras, el procesamiento consiste en asociar e integrar (y desintegrar) letras para ir obteniendo palabras. Desde el punto de vista de las neuronas, consiste en funcionar de tal modo que tal cosa como el procesamiento de letras sea posible desde el punto de vista de las letras. Asociar objetos consiste en producir sucesiones sistemáticas de ellos (que sean sistemáticas implica que hay reglas, en función de las posibilidades del sistema, de modo que las interacciones serán peculiares, lo cual conllevará heterogeneidad y patrones; la asociación de ideas como parte del pensamiento fue intuida por Aristóteles, que hasta dedujo unas leyes para la asociación de ideas: contigüidad, homología, etc. Ahora bien, en lo que a neuronas se refiere, la asociación depende, por ejemplo, de la facilitación de una vía neuronal posible, de lo preexcitada que esté dicha vía al llegar un estímulo a ella capaz de excitarla, con lo cual responderá con mayor facilidad, y también dependerá de otros factores, por ejemplo, una vía se excitará antes que otra, aparte de si está más facilitada que otra, también si, para una misma velocidad de conducción, es más corta; esto último ocurre por ejemplo en el caso de las moscas, que por sistema salen volando antes de poder atraparlas, al reaccionar antes gracias a que su vía nerviosa visual es más corta que la nuestra, y también más precisa, según recientes investigaciones). Al hablar de sucesiones ya se entiende que la mente utiliza un estilo de trabajo hasta cierto punto ordenado por necesidad a ciertas escalas, y que recuerda al orden de las matemáticas.

Integrar es sumar, para que unas partes dadas constituyan un todo a ciertos efectos con un error despreciable a determinada escala. Por ejemplo, la palabra SOL constituye en nuestra mente un todo al efecto de pensar en el Sol, a pesar de ser un objeto claramente reducible a letras. Pero esta reducibilidad se obvia en la práctica al pensar en el Sol, y en ningún momento se le pasa a uno por la cabeza que SOL son 3 letras cuando se trata de pensar en el Sol, y en ningún momento entendemos que SOL corresponda a 3 soles. Y al mismo tiempo, también es despreciable el error que implica que SOL no sea el Sol, sino su representación abstracta, por ejemplo, al buscar sombra integrando información abstracta sobre el Sol en nuestro cerebro.

La información concerniente a la palabra SOL es abstracta por partida doble: por un lado, es abstracta porque representa en nuestra mente al Sol, y por otro es abstracta porque es reducible (a letras). Las palabras son abstractas por partida doble, o incluso triple, porque estrictamente la palabra SOL no abstrae al Sol, sino que reabstrae a la información sensorial sobre el Sol que ya existía en la mente. El concepto de reabstracción es importante, pues permite comprender la existencia de la conciencia reflexiva, como en el caso ya citado de la autoconciencia.

Volviendo al asunto del procesamiento: partamos entonces de la idea según la cual la mente es parte de lo que el cerebro hace, es la información abstracta que el cerebro procesa, y que procesarla significa asociarla e integrarla, es decir, comunicarla en una sucesión sistemática de transmisiones, que luego integra, de modo que la suma y la resta formando objetos mediante el entrelazamiento y desentrelazamiento sucesivo de, a su vez, objetos: letras, palabras, frases, ideas globales, que conecta y desconecta de modo caleidoscópico en una mezcla caótica de orden y desorden, en un proceso con el aspecto de una percepción (interpretación) de la realidad, a la vez simple y complejo; simple, porque se trata de un solo individuo el que actúa en un momento dado dentro de esa realidad mediante su conducta motora, y/o mediante su percepción subjetiva como un solo sujeto, un solo observador subjetivo que percibe dicha realidad; y complejo, porque la información procesada es masiva, un sujeto percibe una sola escena en cada instante que se considere, pero se trata de una escena cargada de detalles, y los detalles, a su vez, son reducibles a una intrincada red neural activa, formada por miles de millones de neuronas funcionando, en ese instante, de un modo frenético y caleidoscópico, en una maraña que mezcla orden y desorden.

El proceso mental consiste en la asociación e integración de la información consciente en el cerebro (la información no sólo es abstracta, reúne otra serie de características que en conjunto definen su carácter consciente). La asociación es la sucesión sistemática de objetos mentales (no sucesión a lo largo de los circuitos neurales, sino sucesión a lo largo del tiempo, las neuronas están ahí quietas, lo que corre es el tiempo, y si se representaran los cambios de estados neurales en ordenadas, y el tiempo en abscisas, entonces ahí se apreciaría que se trata de una sucesión de cambios de estado encadenada del pasado al futuro a lo largo de una línea temporal; si se mirase directamente al cerebro no se apreciaría tan fácilmente el fenómeno de la sucesión a lo largo de un camino, la línea temporal, pues se contemplaría un caleidoscopio abigarrado e impredecible). Una sucesión puede ser la siguiente, la de las letras: S…O…L (la separación por la línea de puntos puede significar tanto separación en el espacio, si cada letra se conforma en un grupo neural distinto sobre la corteza, como en el tiempo, si no se conforman a la vez, sino con una separación temporal significativa a ciertos efectos a determinada escala, aunque tal vez no a otra, por ejemplo, en la escala de las palabras puede no percibirse la separación temporal entre las letras, de tal manera que las tres letras parecerán a dicha escala una sola palabra, un todo, no tres partes, al efecto de la efectividad de la palabra SOL como representación eficaz del Sol en la práctica).

La integración consiste en una correlación sistemática peculiar de los objetos de dicha sucesión (es decir, una interacción de los correlatos neurales que conforman dichos objetos, de las neuronas entre sí, tal vez mediante el intercambio recíproco de descargas bioeléctricas). Los objetos integrados resultan efectivos como un todo a cierta escala, de modo que tal vez la interacción de S con O y de O con S, y la de O con L y L con O retroactivamente (mediante la interacción retroactiva de sus correlatos neurales correspondientes), emergerá a escala macroscópica confinada como SOL (la retroacción, como se sobreentiende, se refiere a la que tal vez existe entre las neuronas que recrean las distintas letras en la corteza a base de códigos constituidos por trenes de potenciales de acción). El cambio de escala, pasando a una escala macroscópica (pasando, por ejemplo, de escala de letras a escala de palabras) es imprescindible, si la separación entre las letras es temporal, para que dicha separación sea despreciable en la nueva escala, de modo que se perciba la sucesión S…O…L como SOL, como un todo con un error despreciable en la práctica, es decir, percepción de las 3 letras, S, O y L a la vez (como de hecho nos ocurre al leer SOL en esta frase o al pensar en la palabra SOL). Somos subjetivos porque nuestro cerebro es capaz de percibir SOL como un todo, capaz de percibir S, O y L a la vez, porque es capaz de cambiar de escala de letras a escala de palabras. Explicar cómo lo hace el cerebro es el objetivo de este ensayo, explicar cómo emerge la conciencia subjetiva, y qué tiene de peculiar el procesamiento de información en el cerebro en el momento en que emerge la subjetividad mediante ese cambio de escala por el que se pasa a una escala macroscópica confinada.

19. INFRASUBJETIVIDAD ESTRICTA.

No toda la información mental (la información abstracta procesada por el cerebro, la subjetiva y la infrasubjetiva) tiene la posibilidad de ser subjetiva e infrasubjetiva de un momento a otro; hay información infrasubjetiva que nunca llega a la subjetividad, ya sea por imposibilidad espacial o temporal.

La imposibilidad espacial de cierta información para ser subjetiva se refiere a que las neuronas en las que se codifica dicha información infrasubjetiva que no puede ser subjetiva no pueden llevar a cabo cierta actividad neuronal necesaria para pertenecer a la red neural que se correlaciona con la subjetividad en un momento dado. Por ejemplo: en el cerebro se procesa información sobre la presión arterial, y dicha información nunca es percibida subjetivamente. Percibimos subjetivamente olores, sabores, dolor, etc. pero no la presión arterial, a pesar de lo importante que es esta información, ni percibimos que está siendo procesada conscientemente en el sistema nervioso sin entrar en la consideración del sujeto, ni se somete a su control directo en ningún momento.

La imposibilidad temporal de la información infrasubjetiva para ser subjetiva se refiere, por poner un ejemplo, a que si un objeto mental dado (como pueda ser el nombre de alguien a quien podrían presentarnos mañana si se diera la circunstancia) puede formar parte de la subjetividad en un momento dado, pero dicho momento no llega (si dicha posibilidad resulta ser muy improbable, tanto como para equivaler a imposible), entonces no será parte de la subjetividad (al ser el universo no ergódico, no repetitivo). La dimensionalidad espaciotemporal de la realidad debe ser tenida en cuenta para entender la mente.

20. RED NEURAL.

En el capítulo 18 se acaba de hacer referencia a la expresión red neural, en lugar de red neuronal. Se introducen así otros dos conceptos. En primer lugar, la palabra neural: en el cerebro hay neuronas, las células constituyentes de la parte noble del tejido nervioso, el tejido neuronal. Por cada neurona hay en el cerebro aproximadamente 10 células de soporte, propias del tejido nervioso, con diversas funciones (nutrición, arquitectura morfofuncional, homeostasis del medio, inmunidad, etc.), las células de la glía. El tejido neural son las neuronas y la glía. En segundo lugar, la palabra red: tiene que ver con lo que se decía más arriba, que a pesar de la clara localización de algunas funciones en ciertas áreas neuronales, dicha localización determinada se vuelve borrosa en la práctica, pues ninguna función es desempeñada por una sola área en exclusiva, y, al mismo tiempo, por la impredecibilidad e irrepetibilidad a las que se hacía referencia antes, tampoco se puede determinar con exactitud qué áreas estarán unidas para una función dada, ni cuándo. Por ello, en todo momento en el cerebro están más o menos activadas, de manera heterogénea, áreas cerebrales cambiantes, como un caleidoscopio en 4 dimensiones. Y este tipo de funcionamiento, con áreas que se activan y se unen entre sí para una función dada, impredecible y cambiante (abotonarse la camisa de arriba abajo a las siete y cinco de la mañana, desabotonársela de abajo arriba a las siete y siete porque se había empezado mal el abotonamiento, mirar de reojo a ver dónde se han puesto los pantalones, etc.), este tipo de activación caleidoscópica del cerebro, de modo congruente con la, a su vez, cambiante realidad percibida a la que el cerebro adapta el control al que somete al organismo, es un funcionamiento en red, pues distintas partes van conformando y tejiendo una red de activaciones heterogénea e impredecible (aunque con cierto orden, en equilibrio con el desorden inherente). Este es el funcionamiento en red de las redes neurales.

En el cerebro todo tiene una connotación morfofuncional, una mezcla indisoluble entre anatomía y fisiología. La razón por la que carece de sentido obcecarse con la determinación exacta de zonas funcionales en el cerebro, es que el cerebro nunca repite un mismo estado morfufuncional, el cerebro es en todo momento distinto a sí mismo a cada instante que pasa: es demasiado complejo como para hacer dos veces lo mismo de manera idéntica; simplemente no es posible.

21. MENTE ORDENADA Y CAÓTICA.

El proceso mental es por tanto impredecible: no es posible anticipar en qué estará pensando una persona al cabo de una hora. Y es que se piensa conforme el cerebro va cambiando de estado mientras oxida glucosa, y el cerebro es materia, y la materia está sometida al aumento de entropía en el universo, que implica un aumento de la complejidad y una impredecibilidad de los estados futuros. Pero a pesar de este caos fundamental que rige también en el cerebro, se encuentra desorden en pugna con el orden. Y a ciertos efectos el orden es patente y útil: uno puede recordar una y otra vez su nombre de pila, y, aunque en cada nueva recreación del nombre de pila este será igual al nombre recordado antes, el estado cerebral será distinto cada vez, será uno nuevo, pues el cerebro habrá cambiado desde entonces, aunque el estado nuevo sea más o menos igual que el previo (pero no idéntico, por ejemplo, alguna neurona que descargaba la primera vez puede no descargar la segunda vez que se recuerde el nombre de pila, aunque pueda no notarse a gran escala al ser muchas las neuronas, no notándose entonces a simple vista que falta una, de modo que los estados serán iguales con un error despreciable a gran escala, pero no idénticos; de hecho, ya de entrada no coincidirán en el tiempo).

Una y otra vez el nombre de pila puede ser recordado igual con un error despreciable (despreciable al ser un sistema integral; un sistema integral es aquel que persiste como un todo a determinada escala aun faltando elementos del sistema). Del mismo modo, una y otra vez puede establecerse una compatibilidad entre lo que sucede en el entorno y la interpretación mental sobre dicho suceso del entorno, de manera que lo que se piensa sobre la realidad externa sea congruente con lo que hay que pensar a la hora de integrar conductas adecuadas a la realidad externa, dado que se juega uno la vida, al tratarse del juego de la evolución y la selección natural (se habla de realidad externa no por dualismo, sino porque el cerebro está dentro del cráneo, y lo que el cerebro percibe está fuera del cráneo, con la excepción del dolor de cabeza y cosas por el estilo).

22. ANATOMÍA BÁSICA DEL SISTEMA NERVIOSO.

Se está haciendo mención una y otra vez al cerebro, cuando al principio se ha hablado del encéfalo. ¿A qué se debe? Pues se debe a que es más fácil hacer referencia al cerebro, al tratar de la mente, ya que es costumbre: "infarto cerebral", "la década del cerebro", "el lavado de cerebro", "cerebro electrónico", etc. El cerebro es popular, del encéfalo se habla menos. Pero hay que sobreentender que aquí se está hablando en todo momento del sistema nervioso en general, y del encéfalo en particular. Así que convendría aclarar algunos conceptos al respecto, aunque luego, por una cuestión estética, sigamos hablando del cerebro.

En el organismo se distinguen grupos celulares especializados, y las células especializadas iguales, que por regla general se agrupan en un mismo lugar del cuerpo al que llamar órgano (como el hígado, o el músculo, o el cerebro) se clasifican por sistemas (varios órganos con funciones comunes constituyen un sistema orgánico). Uno de los sistemas del organismo es el sistema nervioso, que se caracteriza por estar formado a base de células nerviosas, las neuronas (y la glía, y la sangre que lo irriga, etc.), células especializadas en funciones de tipo nervioso. El sistema nervioso a su vez presenta dos subsistemas: el central y el periférico. El sistema nervioso central se sitúa en el centro del cuerpo, y el periférico en la periferia. Se distinguen por diversas características distintas; una llamativa es que las células de sostén de las neuronas en el sistema nervioso periférico no son células de la glía, sino otro tipo de células, las células de Schwann. No se trata de hacer aquí una descripción completa del asunto, sino de perfilar unas líneas generales para poder imaginar al sistema nervioso con un golpe de vista. El sistema nervioso central es el tejido nervioso dentro de la cabeza, que se denomina encéfalo, y el tejido nervioso dentro de la columna vertebral, llamado médula espinal (no confundir con la médula ósea, que no es tejido nervioso, sino tejido hematopoyético, o fabricante de sangre).

El tejido nervioso dentro de la cabeza (cabeza = cráneo + cara) es el encéfalo, como su nombre indica. El encéfalo está formado por el cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico. El cerebro a su vez está formado por los hemisferios cerebrales (derecho e izquierdo: simetría bilateral) y el diencéfalo. Los hemisferios están formados por la corteza y los ganglios basales (los ganglios basales son lo que falla en la enfermedad de Parkinson). El diencéfalo está formado por el tálamo, hipotálamo, epitálamo, subtálamo e hipófisis. El tronco encefálico está formado por el mesencéfalo, la protuberancia y el bulbo raquídeo.

El sistema nervioso periférico está constituido por las estructuras externas a la piaracnoides (una cubierta que rodea al sistema nervioso central) de la médula espinal y el tronco encefálico; son los nervios (como el ciático) y los ganglios nerviosos; los nervios son básicamente de dos tipos: somáticos (como los que van a los músculos) y vegetativos (como los que van a las vísceras, y que tienen una estructura más primitiva, menos evolucionada, aunque siguen entre nosotros). Los nervios ópticos y olfatorios no pertenecen al sistema nervioso periférico (son la excepción) sino al central (de modo que no están rodeados por células de Schwann, así que estrictamente no son nervios, sino haces nerviosos, como los otros haces que van de un lado a otro dentro del cerebro). Los nervios también tienen cubiertas, el epineuro y el endoneuro, que faltan en los puntos en los que los nervios entran en el sistema nervioso central, las raíces nerviosas, motivo por el que en los estiramientos traumáticos de los nervios estos suelen romperse por las raíces; esto implica que las raíces nerviosas ya están bañadas por el líquido cefalorraquídeo que baña al sistema nervioso central.

Las neuronas son células formadas por un cuerpo o soma y las neuritas, unas prolongaciones largas y finas: axones y dendritas. En el caso de las neuronas medulares las neuritas se proyectan a la periferia, el cuerpo neuronal está en el sistema nervioso central, y las proyecciones (axones o dendritas) en el sistema nervioso periférico, a pesar de tratarse de una sola neurona. Así que los nervios son cordones formados por miles de axones (en los nervios motores, los axones conducen los impulsos bioeléctricos en sentido centrífugo desde la médula hacia los órganos efectores, como los músculos) o dendritas modificadas con aspecto de axones (en los nervios sensitivos, que conducen en sentido centrípeto las sensaciones hacia la médula espinal). Las neuronas de la médula espinal se conectan a lo largo de la médula a través de sus neuritas con el resto de las neuronas del sistema nervioso central, llegando mediante diversos relevos hasta la corteza cerebral en sentido ascendente y descendente y formando bucles de autocontrol de gran complejidad, como el sistema tálamocortical, el corticobulbar, etc.

El cerebro procesa información como cualquier otro sistema de computación: entra información en el sistema (en este caso, mediante transducción, transformando un tipo de energía, por ejemplo, energía luminosa, en otro tipo de energía, en este caso, en la energía bioeléctrica que generan las neuronas en respuesta al estímulo de, por ejemplo, la energía luminosa), la información se procesa, y sale una respuesta. El sistema nervioso da respuestas en forma de integración de conductas, sobre todo motoras, y rápidas, gracias a la secreción neuronal a corta distancia y la rápida conducción de impulsos bioeléctricos a lo largo de las neuritas y la rápida transmisión de una neurona a otra en los puntos de contacto entre ellas (sinapsis) mediante una secreción neurohormonal (neurtransmisores) de efecto rápido, al ser de acción local en la sinapsis, no a distancia vía sanguínea, como ocurre con el más lento sistema hormonal. El sistema nervioso es rápido, de hecho, la rapidez del sistema nervioso parece la clave de su éxito en el proceso de selección natural, pues las sucesivas adaptaciones que presenta el sistema nervioso en los animales a lo largo de la evolución, como pueda ser el moderno recubrimiento parcial de los axones de los nervios periféricos con mielina en forma capas de cebolla, una grasa aislante, que actúa como dieléctrico, producida por las células de Schwann que rodean a los axones en el caso del sistema nervioso periférico, y por la glía en el central, sirven precisamente para acelerar la velocidad de conducción del impulso nervioso a lo largo de los axones.

En la actualidad, la información de tipo científico acerca del sistema nervioso es enorme. Se posee una cantidad inmensa de datos sobre la anatomía y la fisiología del sistema nervioso. Hay una gran cantidad de libros sobre la materia, y miles de artículos de todo tipo al respecto. Conocer los detalles de todo lo que se sabe, o de gran parte, es interesante, pero no imprescindible para continuar la lectura de este ensayo.

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