Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10

62. SUJETO OBJETIVO.

Por la especificidad entre estímulo y respuesta, una neurona no se hace cargo de dar cuenta de lo que no está procesando, sino que informa a la neurona siguiente sobre aquello que procesa.

Así mismo, la neurona no se da cuenta de aquello sobre lo que informa, sino que esa información da cuenta de aquello sobre lo que informa a lo largo del proceso de interacción y cambio entre neuronas (proceso de información abstracta). De modo que en los circuitos nadie se da cuenta de esa información, nadie es consciente de esa información, sino que dicha información da cuenta de un estímulo, y no da cuenta de él a nadie, sino que el hecho de permanecer el estímulo en forma abstracta a lo largo del circuito es en sí ese proceso de dar cuenta del estímulo, es en sí la conciencia, así que la conciencia es la información abstracta que salta en las sinapsis, literalmente, pues dicha información es consciente, es decir, lo consciente es la representación del estímulo. Otra cosa es que alguien consiga darse cuenta de la representación del estímulo, que alguien sea consciente del estímulo con el aspecto de un yo consciente, de un sujeto consciente. Para que esto otro ocurra no es suficiente con que la información sea consciente; además, debe ser subjetiva. Para entender la hipótesis propuesta en este ensayo es imprescindible comprender que conciencia y subjetividad son dos cosas distintas.

Dicha especificidad en la vinculación entre estímulo y respuesta tiene que ver con la propia especificidad de los receptores sensoriales donde empieza el proceso de computación a lo largo de los circuitos, y ayuda para lograr dicha especificidad que cada neurona permanezca en una ubicación estable dentro de un circuito que empiece en un receptor, a modo de eslabón de una cadena de montaje de objetos mentales. Como una neurona no da cuenta de lo que no da cuenta (transmite sus potenciales de acción, no los de otra neurona), la información que transmite es congruente, así que procesa de modo congruente el estímulo. Esta falta de incongruencia implica por un lado que el potencial de acción, aunque representa al estímulo (probablemente mediante un código espaciotemporal de trenes de potenciales de acción, algo así como un código Morse a base de trenes de potenciales de acción), el potencial de acción no se identifica con el estímulo, no es el estímulo, sino su representación (su abstracción), pero, por otro lado, la falta de incongruencia implica que la representación del estímulo es objetiva, no subjetiva. Al hablar de la subjetividad hay que tener en cuenta que la subjetividad es una abstracción, no un objeto concreto, como pueda ser un electrón o un neutrino, sino que la subjetividad es una propiedad reconocible en el cerebro, pero la información consciente es objetiva, y por tanto también la de la conciencia subjetiva.

El aspecto concreto de la subjetividad, el que percibamos ser un sujeto concreto que percibe la realidad como un espectador consciente y único, un individuo consciente y subjetivo, algo así como un yo concreto, es una ilusión, es la ilusión de la unificación de toda la información que conforma la subjetividad en un solo ente, tomado por concreto e indivisible de por sí, elemental, como si fuese un ente concreto auténtico. No es auténtico, pero sí real. Parece concreto a simple vista, porque al ser efectivo en una escala macroscópica confinada, no se aprecia su multiplicidad subyacente, hasta el extremo de identificar dicha unificación de la información en la subjetividad como la existencia concreta de un sujeto concreto que contempla la realidad como un espectador, como si el sujeto fuese una pantalla en blanco sobre la que el cerebro proyectase para él la realidad. Pero la mente es información objetiva, no subjetiva, sujeto incluido (a pesar de su nombre) ya que el sistema nervioso no está generando complejidad (cierta cantidad de información) para que un sujeto concreto la perciba, pues, en tal caso, ¿de qué modo se mostraría tal sujeto concreto a sí mismo lo que percibe para ser subjetivo respecto de lo objetivo? Nótese que tal cosa parece imposible, debido a que en caso de haber un modo por el que el sujeto pudiese hacerse llegar a sí mismo la información objetiva respecto de la que ser subjetivo, en tal momento sería él también información objetiva de nuevo, por lo que debería nuevamente volverse subjetivo respecto de dicha información subjetiva, con lo cual, tendría nuevamente que hacer llegar dicha información objetiva a la nueva subjetividad, y vuelta a empezar, sin fin. La concreción de la subjetividad es por tanto simplemente imposible, y aunque nos parezca intuitivamente posible, pues percibimos a simple vista ser un yo que percibe la realidad como ente único e indivisible, sin embargo es una posibilidad absurdamente intuida por nuestras propias limitaciones al hacer un análisis intuitivo pero superficial de una realidad que es fundamentalmente contraintuitiva.

Autodenominarnos sujetos sólo es una forma de hablar, que hace referencia al hecho del aspecto ilusoriamente subjetivo a escala macroscópica de la información mental objetiva y consciente que se unifica, se confina y se vuelve efectiva con entidad única a gran escala, dando la impresión de ser subjetiva. Por la falta de resolución de la mente a escala macroscópica parece confinada, dando la impresión de ser cada uno de nosotros un sujeto concreto consciente (una ilusión es una percepción errónea de la sensación por algún motivo, por ejemplo, en este caso de la subjetividad, por falta de resolución para percibir a simple vista, es decir, a escala macroscópica confinada, el mecanismo de emergencia de la subjetividad, o sea, el modo en que dicha información consciente microscópica se confina en dicha escala macroscópica confinada emergente).

La subjetividad no implica que un yo personal y concreto tome el control de la conducta, ya que la subjetividad está presente durante los sueños, y los sueños quedan fuera del control de un yo personal. Por tanto, no hay que identificar al sujeto con un yo concreto. El sujeto (la propiedad de la subjetividad) se refiere a que muchas piezas de la conciencia se integran en un solo objeto consciente, como si fuese un sujeto (y a escala macroscópica confinada lo parece con un error despreciable, pero no es un objeto concreto, sino la recreación de esa concreción, de modo que es abstracto); otra cosa es que las ideas de autoreferencia, como los pronombres: yo, etc. hagan posible que el sujeto, al ser un objeto, atribuya a dicho objeto mental (un objeto abstracto), por ejemplo, al pronombre yo (o a otro objeto autorreferencial, o autoreferenciable de modo reflexivo, es decir, reabstracto, por ejemplo, a un dolor de muelas), la autoría de sus conductas, como si yo, o el yo, fuesen entes concretos interactuando sistemáticamente con la realidad contemplándola (la autoconciencia no es la conciencia subjetiva, sino la conciencia del yo, del mismo modo que la conciencia del tú no es un tú consciente; de todos modos, si la conciencia del yo forma parte de la percepción subjetiva, ilusoriamente se puede tomar al yo por el sujeto, y creer uno que existe el yo consciente, pues yo es información consciente, y significa yo, así que puede ser tomado por un sujeto-yo concreto con un error despreciable, que es lo mismo que decir que si manzana forma parte de la subjetividad podríamos pensar que somos una manzana consciente, en vez de un yo consciente; y sin embargo esto último no lo hacemos, porque al vernos en el espejo intuimos infrasubjetivamente que no somos una manzana, pero no podemos evitar pensar que somos un yo). De todos modos, no hay que perder de vista que al yo, o al pronombre yo no se le da cuenta de la realidad, ni se da cuenta de la realidad. Yo sólo da cuenta de yo mientras la red neural correspondiente codifica potenciales de acción con ese significado.

El sujeto son muchos objetos conscientes interactuando sistemáticamente con aspecto de un solo objeto consciente a gran escala. El sujeto no es un objeto concreto verdadero (irreducible a cualquier escala), ya que, por ejemplo, si el sujeto fuese un ente concreto tendría que ser subjetivo respecto de sí mismo para ser subjetivo, y así podría ser un sujeto concreto, lo cual es un absurdo, como lo es tratar de meter una caja dentro de sí misma. La respuesta para esta aporía es simple: el sujeto es un objeto, pero un objeto es lo que un observador determina como objeto, así que puede ser abstracto, no tiene por qué ser concreto en todo caso, y este es el caso del sujeto.

Entonces un objeto es algo objetivo categorizado como objeto. Algo objetivo es algo medible; lo subjetivo también es medible (medición es interacción) ya que se identifica con la medición consciente. Entonces lo subjetivo es objetivo, pues ambos son medición, así que el sujeto es objeto. Pero hay un matiz: el sujeto es un objeto consciente, por tanto, no es cualquier objeto, sino el consciente, de modo que el sujeto es un objeto consciente al que calificamos de subjetivo por convencionalismo. En definitiva: el sujeto es un objeto consciente, y es un objeto abstracto, y esto es lo que somos: un objeto abstracto, información, y un objeto que es dinámico, como el movimiento en el cine: la mente no son los fotogramas, sino el movimiento de los fotogramas en el tiempo, y como los fotogramas tienen contenido (información: formas, figuras sobre fondo) y por tanto significado, en el cine se ven figuras en movimiento, y "en" la mente somos conscientes de una realidad cambiante, por eso la conciencia consiste en la conciencia de algo.

El sujeto es un objeto subjetivo por otra razón: por el hecho de ser un objeto detectable por un solo observador, que resulta ser el propio sujeto, y como esto es imposible, que el sujeto sea consciente de sí mismo como si se viese en un espejo (del mismo modo que es imposible meter una caja dentro de sí misma) entonces lo que ocurre es que como el sujeto-objeto es consciente, al ser consciente del yo ilusoriamente cree que el yo es un objeto concreto que es consciente de la realidad como sujeto, y la cuestión es que la información sobre el yo es abstracta, no concreta, pero como la propiedad de la conciencia es real, forma parte de la realidad, y consiste en la capacidad de tener un conocimiento de la realidad, pues yo es, de hecho, un conocimiento de la realidad, y como es un conocimiento autorreferencial pues se toma como cierto que dicho objeto existe de verdad, y existe, pero no de manera concreta, sino de manera abstracta, así que el yo no es un ente que observa la realidad, sino que yo es el propio proceso de observación consciente de la realidad en ese momento, y manzana en otro momento: esta es la clave de la cuestión: no somos un yo que percibe la realidad, sino un proceso de percepción de la realidad mediante su representación abstracta a base de información mental consciente que ocasionalmente computa significantes autorreferenciales, pero los objetos con significado autorreferencial son figuras en fotogramas, no la pantalla donde se proyecta la película: en la mente no hay pantalla, no hay yo concreto: esta es una de las claves para entender la mente, la ausencia de dualismo donde a simple vista parece que hay dualismo.

La mente es movimiento, cambio del estado morfofuncional del cerebro, formas cambiantes, información, y como tienen carácter abstracto, representativo, forman figuras que también se ven en movimiento (la información consciente es simbólica, así que ha de haber una codificación con un significado, algo posible para las neuronas conectadas mediante sinapsis). Y como las figuras en movimiento en la mente no son las figuras, sino su representación consciente, y son reales, el movimiento de las figuras es detección de las figuras (sin movimiento, sin cambio, no hay detección, y sin detección no hay conciencia, y sólo hay movimiento y detección y realidad si hay interacciones). Ahora bien, dicha conciencia de la realidad es sensación consciente de realidad, pero no es percepción mientras no se integra una respuesta congruente con la realidad a gran escala, ya sea mediante la integración de una conducta (como cuando una hormiga esquiva un obstáculo), y/o ya sea mediante la integración de la subjetividad (como cuando se percibe la realidad conscientemente de manera subjetiva, como sujeto).

Ser consciente de algo no implica necesariamente que un sujeto sea consciente de ese algo: la conciencia de algo puede ser infrasubjetiva. Y para que ocurra algo que parezca como que un sujeto sea consciente de algo no es suficiente con la conciencia, también es precisa la subjetividad. La conciencia puede ser infrasubjetiva (como cuando apartamos la mano del fuego antes de darnos cuenta ilusoriamente como sujetos de estarnos quemando –duele después de apartar la mano-), para ser un sujeto consciente además de conciencia ha de haber sujeto, que requiere una propiedad distinta a la conciencia, requiere la subjetividad, que emerge en la mente "encima" de la propiedad de la conciencia.

Sujeto consciente es el modo de llamar a la mente consciente y subjetiva. El sujeto es un objeto consciente, y suficientemente complejo como para que tenga lugar la ilusión de ser nosotros sujetos conscientes, cuando somos ese objeto, no algo más.

El sujeto es información. Lo que percibimos depende del aspecto macroscópico de dicha información. Eso es lo que somos: información, y eso es lo que es, por ejemplo, la rojez del rojo (la percepción de la sensación roja), información abstracta. Cómo llega la rojez a la realidad a partir del rojo, el cómo la sensación del rojo se vuelve la percepción subjetiva de la rojez, depende de la interacción de las partes implicadas (las neuronas). La subjetividad es real (por eso somos conscientes de manera personal vívida) pero no es lo que de verdad es el cerebro, que en esencia es materia, no subjetividad, la subjetividad, como la rojez, es la abstracción lograda por la interacción entre neuronas (no por los electrones, neutrinos y quarks del cerebro, sino por las a su vez abstracciones de iones, átomos y moléculas: las neuronas). El que el rojo se perciba distinto al verde es de suponer que se deberá básicamente a que los códigos implicados serán distintos. Quizá ayude el que la información sobre rojo y verde se origine en dos tipos de conos distintos (los códigos provenientes de cada lugar del sistema nervioso supuestamente serán algunos innatos, otros aprendidos, y otros una mezcla de ambos). Y es de suponer que todas las personas percibirán el rojo y el verde más o menos de igual manera al ser los cerebros lo suficientemente parecidos.

En cuanto a por qué la rojez es rojez y no otra cosa, no tiene un por qué, al ser la rojez efectiva sólo a su escala, y por tanto elemental en dicha escala, no reducible a otra cosa. En todo caso es emergente, y por tanto es el aspecto de una interacción sistemática peculiar a determinada escala, por tanto, el carácter distintivo de la rojez se debe al carácter distintivo de la interacción peculiar en la que emerge. Pero que sea la rojez distintiva no explica qué es la rojez, lo que pasa es que cuando algo es irreducible carece de sentido plantearse qué es, simplemente es como es. Únicamente podría aclararse cómo emerge la rojez, no qué es, o sea, se podría aclarar la peculiaridad de las interacciones propias de la rojez, pero no por qué dichas interacciones tienen la cualidad de rojo y no otra, pues no hay un por qué, al no haber un qué, ya que la rojez no es algo concreto, y por tanto no hay tal qué, sino muchas interacciones que un observador detecta a gran escala con forma de rojez, pero que otro observador podría detectar con otra forma, con otra cualidad a gran escala (y sin observador subjetivo no hay rojez, habrá sensación de rojo, pero no rojez, que precisa subjetividad). Es más, ciertas interacciones neuronales presentan a gran escala la peculiaridad de la rojez por la sencilla razón de ser sólo esas interacciones neuronales dadas, no otras, por esa curiosa mezcla de sistematización, estabilidad, complejidad, irreversibilidad, impredecibilidad e irrepetibilidad de los sucesos físicos (sistemáticos). La solución para el misterio de la rojez consiste en que no hay tal misterio.

El sujeto es un objeto, pero la subjetividad se diferencia de la objetividad en que la subjetividad sólo es objetiva para un observador, el sujeto, mientras que lo objetivo puede serlo para más de un observador. Pero esto se debe a la mayor accesibilidad del objeto a la observación que el sujeto, no a que la conciencia subjetiva esté en otra realidad. Otra diferencia es que el sujeto es un objeto consciente, mientras que un objeto no subjetivo, como una manzana, es un objeto inconsciente.

Un sujeto es un objeto emergente, y la emergencia es la medida a gran escala de una interacción entre las piezas a pequeña escala (a escala microscópica, a escala neuronal). Dicha medición con detección del objeto no es posible a escala microscópica, y sí a escala macroscópica, por eso parece que emerge, porque no está entre las neuronas y sí está entre las redes, de ahí que parezca surgir de la nada cuando se considera que las redes son irreducibles. Pero son reducibles (aunque dejan entonces de ser redes). El objeto macroscópico no emerge de la nada, sino que lo que ocurre es que la medición es efectiva cuando se producen las interacciones correlativas adecuadas de tal manera que se conformen las redes, y así pueda conformarse entonces otra escala, pues el cambio de escala es el modo en que tiene lugar la emergencia. Lo de la emergencia es más una cuestión de posibilidades, escalas y tiempo, que de emergencia desde algún sitio (ahora puede parecer obvio que la interacción entre los elementos de un sistema implica la posibilidad de fenómenos emergentes, pero hace años, cuando se profundizó en la teoría de sistemas, no era tan obvio; un pionero en este tipo de ideas fue Bertalanffy; y el corolario que pervive en la actualidad dice que los objetos quedan determinados como objetos por sus interacciones con otros objetos, que también quedan determinados por sus interacciones y así sucesivamente, aunque esto no permite predecir si el universo es abierto o cerrado, algo que no se sabe a ciencia cierta).

La emergencia de algo es la verificación de la efectividad de lo contingente. Ese algo ni se crea ni se destruye cuando emerge o desaparece, sólo es información, cambios en la forma de la materia y la energía. El caso es que los objetos tampoco son objetos, sino que sólo lo parecen cuando un observador determina algo como objeto. El observador, por su falta de resolución a la escala en que es efectivo como observador, categoriza a un proceso como objeto, al que supone concreto y con entidad de por sí a ciertos efectos (por ejemplo, al efecto de comerse una manzana como si fuese un objeto concreto, siendo la manzana el proceso de interacción entre las células de la manzana, por el que tienden a unirse y formar la manzana). El proceso consiste en una sucesión de interacciones, interacciones que a gran escala no se perciben, y sólo se percibe el bulto emergente, pues a gran escala no se ven las partes (las células vegetales, en este caso de la manzana). Los objetos no son cuerpos concretos, pues no son lo que son (una manzana no es una manzana, al ser reducible a otros objetos en otra escala, y estos a otros, hasta llegar a electrones, neutrinos y quarks, y sus bosones). El sujeto es un objeto emergente, pero no concreto, no es lo que es, sino que lo parece a escala (a escala es concreto en la práctica con un error despreciable), al igual que un árbol en una pintura parece un árbol, pero es pintura con forma de árbol a cierta escala. El sujeto no es un sujeto, sino neuronas con forma de sujeto. El sujeto no es inmaterial, ni irreal, pues sus piezas son materiales, y reales, sino un objeto de concreción ficticia, es decir, abstracto, aunque a simple vista parezca concreto. Un sujeto no es un objeto concreto, sino una mente con forma de sujeto, del mismo modo que el árbol de un cuadro es pintura con la forma de un árbol. Así que el sujeto es una forma, forma de objeto abstracto, y eso no es o material o inmaterial (la mente no es inmaterial), sino información, in-formación, es decir, una formación, la forma que va adoptando a cierta escala la materia conforme sus partes (las neuronas, en este caso) cambian de estado durante sus interacciones. El sujeto es información, es forma. Pero a simple vista lo intuimos como ente concreto, intuimos que somos objetos concretos, fotogramas, los sujetos que presencian la realidad como proyectada en su mente. La aparente estabilidad y continuidad del sujeto a lo largo del tiempo, mientras la realidad da la impresión de pasar cambiante ante nosotros, es ilusoria, pues dicha representación mental abstracta de la realidad es subjetiva, y es cambio, así que el sujeto, a pesar de su aparente papel como espectador fijo de lo que ocurre ante él, también es cambio, no estabilidad y continuidad. No hay sujeto contemplando esa realidad, sólo lo parece a simple vista intuitivamente. Pero como la subjetividad incluye el confinamiento, el sujeto es efectivo en la práctica con un error despreciable como objeto concreto ficticio, como sujeto estable y continuo que percibe la realidad ante él, de modo real en la práctica, pero falso.

63. ESCALA Y PERCEPCIÓN

Medir es comparar una magnitud con otra de referencia, a la que llamar unidad. El sistema nervioso transduce las señales energéticas que alcanzan a los receptores sensoriales específicos (los órganos de los sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto y equilibrio). Las señales energéticas que los receptores detectan, sus estímulos, son de cinco tipos: mecánicas, químicas, eléctricas, fotónicas y térmicas. Al transducir un estímulo, el receptor lo convierte en una cierta cantidad de actividad bioeléctrica. Dicha cantidad es proporcional a la intensidad del estímulo, por tanto, dicha cantidad es una unidad de medida, de modo que la sensación consciente es un proceso de medición.

Cada vez que tiene lugar una transducción de un estímulo en una descarga bioeléctrica, dicha unidad de medición es recreada de nuevo. Pero como el sistema es estable, dicha unidad será igual por sistema, lo cual hará posible que el sistema, el cerebro, disponga de unidades de medida fundamentales y constantes. El procesamiento puede, también por este otro motivo, ser coherente y compatible, al hablar todo el rato un mismo lenguaje propio.

Cada vez que una neurona transmite un impulso a otra, dicha medición sigue aconteciendo en el sistema, en cada sinapsis de los millones de sinapsis que se activan en cada instante. Dicha medición conlleva además un procesamiento, por ejemplo, una agrupación de las unidades de medida en trenes que configuran códigos, que, al ser específicos y ser movidos con congruencia y estabilidad, adquieren un significado constante, y por tanto, coherente también consigo mismo.

El procesamiento de códigos, al progresar dentro del cerebro, gana en complejidad, hasta acabar derivando en el paso de sensación a percepción, siendo la percepción la interpretación de la sensación, que consiste en la integración de dicha información en forma de conducta, y/o de percepción subjetiva de la sensación (con el aspecto peculiar que presente a escala macroscópica confinada, como pueda ser la rojez del rojo, o el carácter doloroso del dolor).

De modo que ver es medir. Y ya que hablamos de escalas y medidas, hay que recordar que la unidad de medida determina la escala de medida. Tenemos una unidad de medida, por ejemplo, la respuesta neuronal, el potencial de acción transmitido de uno en uno (de unidad definida en unidad definida) en cada sinapsis, mediante un todo o nada, es decir, que mide si mide, y no mide si no mide, y además, suele medir cuando tiene que medir algo (con excitabilidad, sensibilidad y especificidad), y lo hace también con estabilidad, y de modo efectivo, abstracto, cuantificado, codificado, isomórfico, sensible, coherente, compatible, y computado (estas trece son las características de esos elusivos trenes de potenciales a los que nos estamos refiriendo, y por tanto se proponen aquí para que consten como las características que podrían definir a la conciencia).

El cerebro es capaz de medir gracias a que la información va cuantificada (potencial de acción a potencial de acción) y codificada (formando trenes de potenciales de acción que probablemente van estereotipados y con significado adscribible). Esta cuantificación y codificación hace posible que haya una forma de transmitir información dentro del sistema (en todo caso, dentro de los límites establecidos por las posibilidades del sistema, por ejemplo, no se pueden transmitir potenciales de acción a mayor frecuencia que la frecuencia de descarga posible para una neurona, que suele ser de algunas docenas de Hz). Si no se produjese esta transmisión no podría haber medición, por eso la codificación y cuantificación son cruciales para al proceso de medición conocido como mente. Hay una manera mediante la cual la información resulta transmisible en el sistema: la codificación. Esto permite a su vez que haya algo medible dentro del sistema, y en forma abstracta, representativa, no concreta.

La unidad de medida determina la escala de medida, y a su vez la medida depende de la escala (por ejemplo: a simple vista no se ven los microbios, son detectables a una escala menor). Si la medición, en el caso de la visión, se basase en el circuito como un todo morfofuncional la escala de medición no sería la misma que si se basara en conjuntos de neuronas asociadas e integradas formando una red, otro todo morfofuncional. Por ejemplo: la resolución de la visión variaría durante la percepción en ambos casos, la medición respectiva no sería la misma. Por ejemplo: parece ser que en las esponjas las respuestas motoras son integradas por una sola neurona (no llegan a formarse circuitos neurales) entre estímulo y respuesta (la respuesta es la contracción muscular). La (dudosa) percepción de la realidad por una esponja es distinta a la percepción de la realidad por una persona. La esponja y el ser humano miden la realidad de modo distinto, usando escalas distintas; ven la realidad de modo diferente, y también su percepción es distinta (y en el caso de la esponja, es posible que no haya cruzado todavía la barrera de la emergencia de la mente, así que tal vez no se le puedan aplicar los términos visión y percepción).

Si varía la medición, la unidad de medida, varía la percepción. Dependiendo de la escala efectiva en el sistema de medición a efectos de la percepción, la percepción será distinta; por ejemplo: en un caso la percepción de la realidad en el cerebro de un ser humano puede ser infrasubjetiva (mente subconsciente) y en otros casos subjetiva (mente subjetiva).

Las redes son efectivas como un todo a ciertos efectos (por ejemplo, al efecto de detectarlas con técnicas de neuroimagen en correlación con funciones específicas correspondientes). Dado que las redes son estructuras morfofuncionales efectivas como un todo a ciertos efectos, la escala de medición efectiva en una red (tomada la red como sistema de medición) será también efectiva como escala de medición a ciertos efectos con un error despreciable. Por ejemplo, y dado que dicha medición es a base de información consciente, pues dicha escala de medición puede ser efectiva como la escala macroscópica confinada que hace posible que una persona sea capaz de afirmar que es un sujeto con una experiencia subjetiva consciente efectiva de la realidad.

64. PENSAR ES MEDIR.

Para medir, el sistema nervioso hace algo así como comparar cada señal entrante, cuantificada en impulsos, con una unidad de referencia. La unidad son los propios impulsos, que son la referencia para cuantificar la señal. Por tanto, cada vez que una señal es considerada estímulo y transducida, la unidad es recreada de nuevo. Pero como el circuito es el mismo cada vez, la unidad es igual cada vez, con lo que el sistema es congruente consigo mismo, además de con el entorno, por lo que el sistema puede pensar con perdurabilidad y congruencia debido a esto también. Por ejemplo: las células fotosensibles de la retina responden específicamente a ciertos estímulos, a ciertos fotones. El sistema nervioso, por medio de los sentidos, como el de la vista, compara cada estímulo específico correspondiente a cada receptor, mediante la medición en paralelo de los códigos correspondientes a cada modalidad sensorial. Además, también hay en cierto modo una comparación del estímulo con el no estímulo, es decir, con las señales que al no ser específicas para un receptor tienden a no entrar en el sistema a través de dicho receptor, a no formar parte de la detección, salvo error del receptor (como ya se ha ejemplificado en otro capítulo, por ejemplo, al hablarse de las fotopsias). El estímulo se transduce en energía bioeléctrica, y se codifica. Müller ideó la ley de las energías específicas en 1840, según la cual: a un receptor sensorial dado, un estímulo dado. Esta idea implica que un receptor presentaría un umbral bajo de sensibilidad al estímulo específico, y alto para otros estímulos. Lo que pasa es que posteriormente a 1840, los datos empíricos han permitido matizar esta idea inicial de Müller, por ejemplo, con la descripción de receptores más o menos específicos, pues, de hecho, se han encontrado receptores que son polimodales (y como se ha visto con el ejemplo de las fotopsias por un golpe en el ojo, la retina responde también a estímulos mecánicos, y con un umbral no excesivamente alto).

La descripción del funcionamiento del sistema nervioso puede adquirir enorme complejidad ya desde los mismos receptores sensoriales (se trata pues de otro sistema que depende de las condiciones iniciales), y esto, en definitiva, quiere decir que el sistema nervioso mide como puede, dicho de otro modo, con errores, y, por tanto, el ser humano percibe la realidad como puede, conviviendo con su, en cierta medida, errónea percepción de la realidad, por incompleta, ilusoria y demás.

El objetivo de la física es medir, y también el de la biofísica (la física aplicada a la biología, por ejemplo, a la fisiología, y en su caso, a la neurofisiología). La información transmitida en las sinapsis da cuenta de la realidad, de un modo consciente (y con significado). Dicha información abstracta, representativa de la realidad, son los objetos mentales, y dado que sirven para integrar conductas conscientes congruentes con la realidad de modo compatible con la realidad (coherentes en el sistema a la vez que con la realidad, es decir, verdaderas al mismo tiempo que la realidad es verdadera –verdadera quiere decir efectiva en congruencia con sus posibilidades, no con lo imposible en el sistema-) dichos objetos mentales dan cuenta de la realidad, y al ser efectivos se pueden considerar información consciente, objetos reales conscientes, o sea, objetos de la realidad conscientes, dicho de otro modo, objetos conscientes de la realidad, y en algunos casos, sujetos conscientes de la realidad con un error despreciable a ciertos efectos a determinada escala confinada. De modo que el proceso de medición en el cerebro es consciente, sea o no subjetivo en un momento dado. No hay que confundir consciente con subjetivo.

Subconsciente, o infrasubjetivo, no es inconsciente. La inconsciencia coincide con la detención del proceso mental, con la detención del pensamiento, del encadenamiento de ideas, de la asociación e integración de objetos mentales. La información abstracta que no es efectiva, que no es real, es inconsciente porque no existe.

Pensar es idear, idear es ver, ver es medir, y medir es un proceso físico, así que pensar es un proceso físico, dado que pensar es medir.

65. CONCIENCIA Y VIDA.

La información consciente es la que da cuenta de la realidad, y la información consciente subjetiva es la que en la práctica se da cuenta de la realidad como sujeto (aunque sea con un error despreciable y de manera ilusoria). Y no hay que confundir conciencia y subjetividad con autoconciencia. La autoconciencia es la conciencia del yo. Es decir: la conciencia y la subjetividad son propiedades del cerebro, mientras que el yo es un significado dado, ya sea infrasubjetivo o subjetivo. Lo que pasa es que el yo como objeto mental, es decir, por ejemplo, la palabra YO, cuando es parte de la subjetividad permite significados conscientes de autorreferencia, lo cual conlleva la posibilidad de la conciencia reflexiva (la identificación del sujeto con el yo, y la adjudicación de la conciencia subjetiva al yo), dicho de otro modo, la autoconciencia subjetiva. Si la conciencia es dar uno cuenta de la realidad, y la subjetividad darse uno cuenta de la realidad, el significado del yo, al ser consciente, conlleva la (también ilusoria) posibilidad de la reflexividad, de darse uno cuenta de estarse dando uno cuenta de la realidad, como si el sujeto fuese un yo consciente al haber conciencia del yo (lo cual implica que al haber conciencia de una manzana no seríamos un yo consciente de una manzana, sino una manzana consciente; y en caso de haber conciencia del yo y de la manzana, podríamos ser un yo consciente de una manzana, o una manzana consciente del yo, aunque de modo natural e intuitivo optamos por sistema por la opción yo consciente de una manzana en todo caso en situación de ausencia de enfermedad mental). En la práctica la conciencia equivale a conducta consciente, la subjetividad a sujeto consciente, y la autoconciencia subjetiva a yo consciente.

¿Cómo definir entonces la conciencia? Pues, como se ha dicho, la conciencia es una propiedad de la mente, de la información abstracta procesada por el sistema nervioso, y consiste en que dicha información es consciente, lo cual quiere decir que dicha información es real, abstracta, sensible, específica, cuantificada, codificada, isomórfica, coherente y compatible (además es un proceso y adquiere significado), y así hasta las trece características citadas anteriormente (capítulo 63). ¿Puede definirse así la conciencia? Comparémosla con la definición de vida. Un ser vivo es un proceso físico sistemático peculiar, con propiedades, la vida es una de sus propiedades: no hay vida, sino seres vivos. Del mismo modo, no hay conciencia, sino información consciente. Pues la vida se define de un modo parecido a esta definición de conciencia. La conciencia es pues una propiedad del sistema nervioso, caracterizada por lo dicho. Y así es como se define también la vida: la vida es la propiedad de los seres vivos, que son los que se caracterizan por presentar reproducción, nutrición, organización, crecimiento, propósito específico, excitabilidad (la excitabilidad en el caso de las neuronas implica una sensibilidad y especificidad tales que hacen posible la conciencia), motilidad y adaptabilidad. Así que la conciencia puede definirse como una propiedad del sistema nervioso (de su información consciente) con dichas características citadas.

Habrá sistemas que tengan alguna de dichas características, pero no todas, no llegando, por tanto, a ser conscientes, pero casi. Hasta el momento, el único sistema conocido capaz de ser consciente es el sistema nervioso. No tiene porqué ser imposible que otros sistemas lo sean, o incluso que otros sistemas lleguen a ser subjetivos también.

66. PRINCIPIO DE EMERGENCIA AD HOC.

La conciencia es una propiedad del sistema nervioso, según la cual, la información abstracta que procesa durante su transmisión a lo largo de los circuitos sinápticos es consciente. Y un objeto es lo que un observador determina como objeto. Hay objetos concretos (partículas irreducibles, que son lo que son, no otra cosa, como electrones, neutrinos y quarks) y objetos abstractos (que representan a otro objeto, pero sin coexistencia de ambos en un mismo ente, de modo que el abstracto es una abstracción, o trasunto, o representación del abstraído; un objeto abstraído puede ser concreto o abstracto, por ejemplo, la palabra FOTÓN abstrae a un objeto concreto, irreducible, mientras que la palabra MANZANA reabstrae a un objeto que ya era abstracto). Hay objetos concretos sin objeto abstracto correspondiente (no todo objeto concreto recibe un nombre, por ejemplo); y hay objetos abstractos sin objeto concreto correspondiente, inventados (la imaginación recrea la realidad dotando de ilusoria concreción a su antojo a cualquier idea, por caótica que sea, o por imposible que sea su concreción).

Muchos de los objetos abstractos logran una suficiente concreción ilusoria en la práctica con un error despreciable, por ejemplo, la belleza, ya que, como un observador subjetivo percibe la belleza de modo macroscópico y confinado, asume ilusoriamente la concreción del objeto bello, que de ese modo se convierte en un objeto elemental desde el punto de vista subjetivo, se convierte en un objeto irreducible (por ejemplo, la imagen mental de una mujer bella es irreducible como idea). Esto da pie a intentar definir un objeto emergente como aquel que es efectivo como objeto concreto a una escala dada con un error despreciable, si a dicha escala resulta ser irreducible en la práctica a ciertos efectos con un error despreciable (algo más sencillo si la escala está confinada). A esta definición de objeto emergente la podríamos bautizar como principio de emergencia. Desconozco si ha sido enunciado previamente, y si es refutable, pero puede ser interesante para aclarar posiciones en estas disquisiciones sobre la conciencia y la subjetividad.

67. INFORMACIÓN Y ENTROPÍA.

La mente es la computación de objetos abstractos, y la conciencia es una de las propiedades detectables efectivamente en la mente. Por su parte, de acuerdo con la definición clásica de Shannon y Weaver, de 1949, en su libro The mathematical theory of communication, la información es una interacción entre objetos y un cambio de sus estados, que implica una comunicación de dicha información; y la información es la medida de la inversa de la entropía en el sistema constituido por objetos e interacciones. La inversa de una magnitud es otra magnitud, de modo que consiste en cambiar el punto de vista. Por ejemplo, si se toma un círculo, el radio es una línea recta entre el centro y la circunferencia. Pues bien, la inversa del radio, que es una magnitud dada, curiosamente es la medida de la curvatura de la circunferencia, que no es más que otra magnitud dada alcanzada por otro parámetro. Dado el radio r, la curvatura de la circunferencia, c, no sólo es proporcional al radio (a más radio, menos curvada será la circunferencia, y viceversa) sino que su relación es c = 1/r; exactamente la inversa del radio. Con la entropía y la información ocurre lo mismo, la información es la inversa de la entropía. Si la entropía es la medida del desorden de un sistema, la información es la medida del orden del mismo sistema desde el punto de vista de un observador. Por tanto, la información no deja de ser más que otra forma de desordenarse el sistema, con apariencia de orden desde cierto punto de vista, ya que se ha invertido energía para ordenarlo (se ordena al observarlo).

El sistema mente no es cerrado, pues es parte del cerebro, que no es un sistema cerrado. El orden aparece cuando desde cierto punto de vista se mide el sistema como si fuera cerrado, despreciando la energía que pierde el sistema, y considerando que las interacciones entre los elementos del sistema son categorizables como formas emergentes en el sistema, es decir, información, adopción de una forma por un sistema dinámico durante su evolución. Si se considera que el universo es una sopa de letras, las formas serían las palabras que se formaran al desordenarse el sistema, y que por su aspecto regular, le parece orden a un observador capaz de darle importancia a dicha información en forma de palabras (lo cual es posible para el observador por el hecho de moverse en ciertas escalas que hacen posible la percepción de la efectividad de las palabras como formas ordenadas). Cuanto más neguentrópico el sistema (cuanto más alejado del equilibrio), más neguentrópico será y más palabras se formarán. El equilibrio se alcanza cuando las letras están tan separadas como para no poderse formar más palabras en el futuro desde el punto de vista de cualquier observador.

Las microscópicas gotas de una nube pueden adoptar determinadas formas emergentes a otras escala, a escala macroscópica, al interactuar entre sí (al cambiar sus posiciones relativas en el seno de la nube), forma de osezno, de oveja, de ferrocarril, etc. Sin embargo, las microgotas de una nube no son partículas elementales (electrones, neutrinos o quarks). Y sin embargo las microgotas pueden comportarse como si fuesen los elementos fundamentales de la forma de osezno u oveja de la nube desde el punto de vista de un observador a simple vista. De manera análoga, las microscópicas neuronas, que tampoco son partículas subatómicas elementales, a partir de sus interacciones (de la forma del caleidoscópico dibujo tejido en las sinapsis en función de si están en reposo o activas) adoptan formas, la forma somatotópica de la distribución del estado de la sensación de tacto por el cuerpo, la forma de las imágenes, frases y conceptos abstractos con los que pensamos, o la forma de la experiencia consciente subjetiva, que no deja de ser una manera de asociarse e integrarse la actividad neuronal (dado que la subjetividad es una manera distinta de procesarse la información mental, hay que esperar que lo que hagan las neuronas durante la subjetividad sea algo peculiar desde el punto de vista fisiológico, distinto a lo que hacen las neuronas, y más aun, las redes neurales, durante el procesamiento de la información mental infrasubjetiva; y es que una sensación puede ser procesada infrasubjetiva o subjetivamente, y la diferencia será la ausencia de la propiedad de la subjetividad en la parte infrasubjetiva de la mente, y la presencia de la propiedad de la subjetividad en la parte subjetiva de la mente).

La subjetividad es una forma más compleja (con más cantidad de información) que la forma de un osezno detectable en una nube, pero no por ello la subjetividad deja de ser otro trasunto, un objeto abstracto más, formas que se van recreando en el sistema conforme va cambiando de estado morfofuncional de manera autoorganizada. La subjetividad tiene que ver con los cambios físicos reales del cerebro, es un fenómeno de principio a fin ubicado en la realidad. Que algo no sea subjetivo, por ejemplo, la información infrasubjetiva (subconsciente) no quiere decir que sea irreal (virtual), sólo indica que no es subjetivo.

68. VERDADERO Y FALSO.

Es interesante no confundir entre sí los términos concreto-abstracto con real-virtual ni con verdadero-falso. Concreto es aquello que es lo que es, que no es reducible a otra cosa, es decir, las partículas elementales, o todo aquel objeto que pase por elemental a una escala dada circunstancialmente, según el principio de emergencia, como las letras: elementos de las palabras en la escala de las palabras (las letras serían objetos abstractos que pasarían por concretos desde "el punto de vista" de las palabras). Lo real es lo detectable, lo medible, todo aquello que puede ser una magnitud en una escala de la dimensión espaciotemporal definida por un parámetro (virtual, por el contrario, es la parte del universo inmedible, es decir, las partículas virtuales, como los fotones que intercambian los fermiones durante sus interacciones, o los pares electrón-positrón que aparecen y desaparecen en el vacío por fluctuaciones cuánticas de acuerdo con el principio de incertidumbre de Heisenberg). Verdadero es aquello posible en un sistema, que se verifica, que deja de ser una posibilidad con una probabilidad y constituye una prueba, algo probado (por ejemplo, una proposición verdadera es: X = X, o, en el caso de una red neural que sea el correlato de la subjetividad, serán verdaderos todos los potenciales de acción que se descarguen durante un periodo de tiempo dado y conformen dicha red, pues se habrá tratado de la efectividad comprobable de algo que era posible en el sistema, incluso aunque dicha red codifique un delirio, un contenido informático incompatible con la realidad, ya que el sujeto no podrá discernir que dicha idea es delirante y por tanto incompatible con la realidad, lo cual explica que un sujeto delirante no esté inconsciente al delirar: y es que, para dicho sujeto, no hay tal incompatibilidad; no obstante, para los sujetos que le rodean, sus ideas delirantes sí pueden ser detectables como incompatibles con la realidad, así que sus semejantes sí pueden considerar que se trata de una persona funcionalmente inconsciente de la realidad).

De acuerdo con estas definiciones, que acotan las acepciones usadas en este ensayo, algo real puede ser verdadero o falso, algo irreal puede ser concreto, pero en principio no abstracto (lo abstracto es en todo caso real), etc. Y por último, expresiones contradictorias como realidad virtual (realidad irreal) no se refieren a algo aceptable como correctamente enunciado, salvo en sentido figurado.

69. CAMBIO DE ESCALA Y EMERGENCIA.

No hay que confundir entre sí conciencia y subjetividad, son dos propiedades distintas del cerebro; pero cuando van juntas en una misma red, tenemos la conciencia subjetiva, el sujeto consciente; de lo contrario, si sólo hay conciencia sin subjetividad, la información no subjetiva será consciente (el sujeto seguirá despierto y haciendo cosas, como cuando ventilamos –espiramos e inspiramos- sin control subjetivo del diafragma; o como cuando seguimos conduciendo el coche sin pensar en ello subjetivamente, mientras la mente subjetiva divaga en otros contenidos).

Lo que debe quedar claro es que puede haber conciencia sin subjetividad, pero no subjetividad sin conciencia: puede haber conciencia y subjetividad por separado, pero no subjetividad sola sin conciencia, de ahí la facilidad para identificar equivocadamente a conciencia con subjetividad. La conciencia es un prerrequisito para la subjetividad, de modo que las neuronas que procesan la información consciente, cuando además procesan la información subjetiva, siguen haciendo lo que estaban haciendo (por ejemplo: descargar potenciales de acción, asociarlos e integrarlos, por ejemplo, sincronizándolos, etc.). Cuando además emerge la subjetividad, para ello las neuronas han de seguir haciendo lo que estaban haciendo (procesar información consciente) y empezar a hacer algo más (procesar información consciente y subjetiva). Este algo más es lo que se va a explicar en este ensayo; aquí se va a decir en qué consiste ese algo más, de modo que no se va a explicar qué es la subjetividad, ya que no es un objeto concreto, sino que se va a contar cómo emerge… desde el punto de vista del autor, por supuesto.

La subjetividad es una propiedad emergente en cerebros con suficiente complejidad y es efectiva a escala macroscópica confinada. En el cerebro, la escala macroscópica es la escala de redes neurales, mientras que el proceso neuronal morfofuncional fundamental tiene lugar a escala microscópica, que es la escala de neuronas y circuitos. La experiencia subjetiva tiene lugar a escala de redes, por tanto, para la emergencia de la subjetividad de algún modo ha de haber un cambio de escala en el sistema, una paso de escala microscópica a escala macroscópica vinculado a la emergencia de dicha subjetividad. Y la interacción neuronal ha de hacer posible de algún modo dicho cambio de escala. Tal a hecho ha de verificarse a lo largo del proceso morfofuncional normal del cerebro, dado que tal hecho acontece durante dicho proceso, y el mecanismo ha estar ahí para ser descubierto. Dicho mecanismo será desvelado en este ensayo como hipótesis comprobable.

Lo de considerar a las redes neurales estructuras morfofuncionales macroscópicas se debe a que se detectan a escala macroscópica, por ejemplo, mediante neuroimagen funcional. De igual manera, el hecho de considerar a las neuronas y sus circuitos estructuras morfofuncionales propias de una escala microscópica se debe a que se detectan con el microscopio solamente.

70. CEREBRO EN RED.

Volviendo al asunto de la localización de funciones específicas (la conciencia espacial, el lenguaje, el cálculo numérico, etc.) en determinadas regiones corticales, es cierto que las lesiones de dichas regiones determinan pérdidas funcionales específicas (hay docenas de dichas lesiones descritas: los síndromes neurológicos topográficos), pero en la práctica, en el cerebro vivo, dichas regiones no funcionan exactamente como las piezas de un mecanismo, las regiones no funcionan independientemente, sino sólo si se conectan, de modo que lo que importa es el todo, la red. No importa sólo que haya una región con una función específica, sino que esté ubicada temporoespacialmente en el lugar y momento adecuado, conectada en el momento adecuado con otras regiones, de lo contrario, la consideración de la especificidad funcional de dicha región carecería de sentido. La especificidad funcional de una región sólo tiene valor si dicha región se imbrica como eslabón efectivo en una cadena dinámica en un momento dado. Dicho de otro modo: en el cerebro sólo cuenta lo que está ocurriendo, una región sólo es una región si está funcionando como región, lo cual sólo es posible si ocurren dos cosas: si dicha región está funcionando, y si lo está haciendo en red con el resto de las regiones que le dan sentido a su efectividad como región con especificidad morfofuncional.

Es importante tener en mente esta concepción dinámica y cambiante del cerebro, y no olvidar que hablar de la mente sólo tiene sentido si se hace en referencia a su carácter morfofuncional: la mente no es la posibilidad de pensar, sino el proceso del pensamiento en su curso efectivo: carece de sentido hablar de mente virtual. La mente sólo tiene sentido tratarla como fenómeno real, de algún modo existente sólo en lo que podríamos llamar presente inmediato y actual. Esta es la idea.

Al hacer referencia a regiones que actúan en red (que constituyen un entramado que actúa como un todo en la práctica, a pesar de ser reducible a varias regiones distintas) hay que tener en cuenta que además dicha red está constituida por regiones que pueden estar dispersas por todo el cerebro. Damasio, en su libro El error de Descartes, dice que la actividad simultánea en distintos lugares conecta las partes de la mente separadas. Se sobreentiende que quiere decir que las conecta en un todo. Y también dice: "… (la) integración mental (de la subjetividad) se (re)crea a partir de la acción concertada de sistemas a gran escala mediante conjuntos sincronizados (y algo más, diremos aquí) de actividad neural en regiones separadas del cerebro". El propio Damasio aclara: "… la sincronización es una parte importante del mecanismo… de ligazón… de las partes de la mente que se integran… pero la sincronización (no trata de ser la)… explicación (última del mecanismo de emergencia de la subjetividad mediante la ligazón o entrelazamiento de dichas partes)". Como se irá viendo a lo largo de este ensayo, en mi opinión, que coincide con la de Damasio, la sincronización forma parte de dicha simultaneidad en parte, pero la clave de la formación de redes en el cerebro, en el caso de ese todo que es la subjetividad, no es sólo la sincronización, sino algo más, algo que tiene que ver con el cambio de escala necesario para que la subjetividad emerja.

La sincronización neuronal, la concurrencia temporal de la actividad neuronal, comenzó a cobrar importancia para los neurocientíficos antes de llamarse neurocientíficos. Ya desde los trabajos de Sherrington sobre la integración de la sensación visual se otorgó su importancia a la sincronización neuronal. Uno de los trabajos destacables sobre sincronización corresponden a Strogatz y Mirollo (1989) de la Universidad de Boston. Según estos autores, cualquier sistema de osciladores acoplados (como es el caso de las neuronas) se autoorganizan espontáneamente. En cierto modo se está proponiendo a la sincronía como oposición natural al caos (Poincaré fue el precursor en el desarrollo de este tipo de conceptos).

Damasio dice en otra parte de su libro que una mera representación de objetos en la mente no llega para ser subjetivamente consciente de dichas imágenes objetivas, que hace falta la subjetividad como característica (propiedad diríamos aquí, preferiblemente) clave de la conciencia. Y es cierto: la subjetividad es la propiedad que otorga subjetividad a las imágenes, de modo que para ser subjetivamente consciente de las imágenes, además de imágenes, hace falta subjetividad, que es otra propiedad aparte de la conciencia. Las imágenes representadas son conscientes, pero para ser subjetivas, además de conciencia, es necesaria subjetividad: sin subjetividad puede haber conciencia, pero no sujeto consciente; se puede dar cuenta de la realidad (por ejemplo, para integrar, en consecuencia, una conducta consciente), pero no se puede dar uno cuenta de la realidad (que es en lo que consiste la subjetividad: en dar uno cuenta de la realidad y por tanto darse cuenta de la realidad).

71. CONFINAMIENTO.

La conciencia es microscópica, el pensamiento es computado por las neuronas, que son microscópicas. Se piensa a escala microscópica. La subjetividad es macroscópica, como la liquidez del agua. Pero la liquidez consiste en moléculas interactuando, no es un ente macroscópico concreto. La subjetividad tampoco. La liquidez y la subjetividad son propiedades identificables a escala macroscópica, son propiedades emergentes, pero las interacciones sistemáticas fundamentales a que se reducen son microscópicas. La conciencia da cuenta de una realidad microscópica, ya que forma parte de la realidad a escala microscópica. Pero la subjetividad está confinada en la escala macroscópica, así que la subjetividad no es microscópica. Como la mente no deja de ser consciente (una propiedad microscópica) a pesar de ser subjetiva (macroscópica), la mente subjetiva también es consciente, no deja de ser consciente (con lo cual la conciencia se vuelve macroscópica –y confinada- gracias a la subjetividad).

Como la subjetividad no es microscópica, lo que se percibe conscientemente no son objetos microscópicos, sino bultos desenfocados formados por ellos (desenfocados por la falta de resolución como conscuencia del confinamiento a gran escala), de modo que subjetivamente no se perciben las partes individuales de la mente, sino bultos de partes individuales inidentificables una a una, formando un continuo borroso a gran escala. A gran escala lo efectivo es el bulto, que adquiere entidad como bulto por este motivo en la práctica con un error despreciable, como si la subjetividad fuese un helicóptero sobrevolando sobre el bosque de las neuronas. Y así, percibimos agua líquida, una masa de agua, un bulto de agua, no un montón de moléculas en movimiento unas en relación con las otras.

Percibimos subjetivamente todo en forma de bultos, incluido el tiempo, que también percibimos como un movimiento (continuo), y que sólo discriminamos a simple vista hasta las décimas de segundo, aproximadamente, y eso que el pensamiento se está produciendo en la escala de los milisegundos, pues ese es el rango temporal en el que se consuma la actividad neuronal. Y el hecho es que aunque nuestras neuronas funcionan en milisegundos, sólo podemos contar a simple vista hasta las décimas de segundo. El confinamiento nos obliga a no ser capaces de intuir que diez décimas de segundo es lo mismo que mil milésimas de segundo, es decir, que las neuronas son la subjetividad, que neuronas en cierto estado morfofuncional y subjetividad son una identidad desde dos puntos de vista diferentes, el microscópico y el macroscópico. Por mucho que queramos evitarlo, estamos confinados, por eso somos incapaces de captar en el cine el paso de cada fotograma, sólo percibimos el bulto, la figura en movimiento (no se distingue un fotograma de otro, pero como los fotogramas cambian, el cambio se percibe dentro de los límites de resolución del sistema, y como esos límites no captan todos los detalles, la percepción del cambio es ilusoria, y la ilusión que se produce es la ilusión del movimiento de las figuras en los fotogramas; por supuesto que la coherencia en la sucesión de fotogramas ayuda a que lo que se perciba tenga sentido, y lo mismo se aplica a la mente y sus propios sistemas para dotar de coherencia al pensamiento).

El pensamiento lo percibimos como un movimiento continuo, como una permanencia continúa de la conciencia en contacto con la realidad, cuando en realidad todo ocurre a saltos, pues a pequeña escala, interacción a interacción, gobierna la realidad la mecánica cuántica.

Si la subjetividad no estuviera confinada, no percibiríamos un rostro, y por conveniencia evolutiva es práctico y útil percibir rostros, de modo que la subjetividad, como forma de pensar, ha encontrado su hueco en la evolución como preadaptación, y el favor de la selección natural.

72. INFRASUBJETIVIDAD E INTUICIÓN.

Ya se ha dicho que de acuerdo con las premisas utilizadas en este ensayo, conciencia y subjetividad no son lo mismo. La conciencia es un concepto abstracto referido a una propiedad característica del sistema nervioso a escala microscópica que no se pierde a escala macroscópica, pues a escala macroscópica es detectable en una conducta consciente y/o en el fenómeno de la subjetividad. Esto quiere decir que cuando emerge la propiedad de la subjetividad, la experiencia consciente, además de consciente es también, entonces, subjetiva.

La conciencia no se entiende buscando un por qué, sino un cómo. Y téngase en cuenta que las neuronas no son entes conscientes, lo que es consciente es la información abstracta que transmiten, que es la que mediante la forma que adopta es consciente de algo, es la que da cuenta de algo sin ser ese algo, sino su representación. La conciencia en sí no existe de forma concreta, es una abstracción con la que se recrea el concepto de esa propiedad del sistema nervioso. Los seres conscientes no poseen la conciencia de forma concreta en lugar alguno de su cuerpo, nunca se ha comprobado semejante extremo. La conciencia es una propiedad, no un objeto concreto, tampoco es uno de los neurotransmisores secretados por las neuronas, ni un campo electromagnético generado por el cerebro. Los seres son conscientes en el momento en que trasnsmiten información consciente. La conciencia está construida con muchas piezas, es algo reducible a sus partes, la información abstracta codificada en los puntos de transmisión de dicha información, en las sinapsis.

La conciencia subjetiva es un estado morfofuncional del cerebro, y por definición es aquel del que se puede dar noticia, lo cual ocurre cuando uno está despierto y con algún contenido en su mente del que se puede dar cuenta como sujeto individual a otro sujeto individual. Al menos, este es un modo práctico de categorizar el hecho, por lo que también es una manera práctica de definir el hecho. También existe el estado morfofuncional consciente no subjetivo, o infrasubjetivo, el reino de la intuición (intuir es pensar infrasubjetivamente). La información mental infrasubjetiva es consciente, pues tiene contenido y se procesa estando uno despierto. La información infrasubjetiva no está integrada en la subjetividad, cursan en paralelo una respecto de otra, y partes (objetos) de una y otra pueden entrar y salir de una y otra de un momento a otro, cruzando la frontera entre infrasubjetividad y subjetividad con facilidad, cruzando el umbral de emergencia de la subjetividad como si los objetos mentales fueran delfines que saltaran fuera del agua (a la subjetividad) y volvieran a sumergirse en el agua (la infrasubjetividad) de un momento a otro sin dejar por ello de nadar (de estar conscientes), o como si hubiese una puerta giratoria entre subjetividad e infrasubjetividad. La manera cómo lo consiguen se explicará a fondo en la última parte de este ensayo, en el que se desmenuzará el mecanismo de emergencia de la subjetividad, que se enunciará finalmente en una sola frase de 19 palabras, hipótesis que además servirá para realizar una serie de predicciones que, de comprobarse, servirían para verificar la posible certeza de esa hipótesis sobre la mente.

De modo infrasubjetivo se resuelven muchos de los problemas cotidianos de los que se ocupa el cerebro, desde coordinar a bíceps y tríceps cuando nos cepillamos los dientes, hasta mil cosas más. Parte de la información involucrada en la solución infrasubjetiva de problemas emerge en la subjetividad, y muchas veces en forma de soluciones, que brotan en la subjetividad de manera aparentemente instantánea, desde el punto de vista macroscópico confinado, pero provienen de la infrasubjetividad, y su computación lleva un tiempo, unos milisegundos (por eso parecen las respuestas intutivas tan rápidas, porque de manera subjetiva sólo discriminamos hasta las décimas de segundo).

La información consciente transmitida entre neuronas a escala microscópica no debería ser subjetiva, pues la subjetividad es una propiedad emergente, y por tanto, depende de cierta complejidad para emerger, amén de cierta estructuración morfofuncional que una sola sinapsis no aporta. Un sistema nervioso con cierta complejidad, como el de una hormiga, también procesa información consciente, así que su conducta es consciente (aunque simple), pero es dudoso que una hormiga perciba la realidad como sujeto. Sólo su conducta sería consciente, pero una hormiga probablemente no es una persona con sentimientos. ¿Y un protozoo? ¿Es consciente un protozoo, un ser vivo individual pero sin sistema nervioso, un ser vivo que no procesa información abstracta? ¿Es al menos consciente la conducta de un protozoo?

73. VIDA INCONSCIENTE.

Un protozoo también se basa en la autoorganización, y su conducta es propositiva, pero no integra su conducta integrando información abstracta, por lo que no puede ser consciente. Veamos de cerca un protozoo, hasta distinguir los objetos que lo componen: un gran montón de moléculas (estados ligados de átomos). Algunas de las moléculas de la membrana del protozoo actúan como receptores de estímulos del medio externo al protozoo (el charco en el que flota y vive, por ejemplo). Si un receptor de la membrana del protozoo responde a un estímulo, cambiará de estado, pero dicho cambio de estado, a diferencia de lo que hacen las sinapsis, y aunque el cambio de estado en el protozoo también supone una comunicación de información que preludia una posible conducta propositiva (propositiva, pero no consciente) el cambio de estado en el protozoo no supone una abstracción del entorno y por tanto no supone una conciencia del medio; veamos cómo: cuando colisionan las moléculas que configuran el proceso físico sistemático llamado protozoo vivo, la cadena de cambios moleculares mantienen al protozoo comunicado con el medio, pero el protozoo no se abstrae del entorno, se continúa con él, y sin abstracción, no hay conciencia (y tampoco subjetividad, claro); por ejemplo: si un estímulo E1 choca con la molécula P1 del protozoo, receptora específica de E1, P1 cambia a un nuevo estado, el estado P2. P2 ahora choca con otra molécula dentro del protozoo, con Q1, específica a su vez de P2. La información que P2 comunica a Q1 no es información codificada que abstrae a P1, sino que únicamente comunica a Q1 información sobre el estado de P2. Para Q1, P1 es un desconocido. Aunque P2 es P1 en otro estado, no es P1, ni tampoco su representación, es un recuerdo de P1, pero no su representación, por lo que Q1 no va a poder dar cuenta de P1 a la siguiente molécula de la cadena con la que Q1 se encuentre a continuación, sino que Q1 ya sólo informará sobre Q1. Q1 tampoco será E1, ni su representación, sino el siguiente eslabón de una cadena de información concreta: E1-P1-P2-Q1-etc. La secuencia de comunicación de información que empieza en el medio, continúa en el protozoo, y dicho proceso informativo hace posible la integración de una conducta propositiva, pero dicha información no es consciente. El protozoo es un eslabón en una cadena, no forma una cadena paralela que representa a otra cadena de manera real, sensible, específica, cuantificada, codificada, abstracta, isomórfica, coherente, compatible, etc. es decir, el protozoo es información, como todo, pero no conoce su entorno, no es información que conozca a su entorno, porque no da cuenta de él, porque no se abstrae de él, sino que forma parte de él. El protozoo no es un ser consciente. Las bacterias tampoco. Ni conocen a su entorno, ni se conocen a sí mismos, pero están vivos, de todos modos. El protozoo comunica información con algunas de las características necesarias para que su conducta sea propositiva, y por tanto viva, pero no lo suficiente como para que, además de propositiva, su conducta sea consciente.

Por otro lado, la vida es la propiedad de los seres vivos, es decir, los seres que verifican una serie de cadenas bioquímicas acopladas de manera compleja en un equilibrio casi milagroso. Sin embargo, la mente no consiste en esas cadenas bioquímicas que definen la vida, así que la mente no posee la propiedad de la vida. De hecho, la mente no son cadenas de reacciones bioquímicas, sino información abstracta. Por este motivo, no podemos afirmar que la mente esté viva, y si no está viva no es mortal, ni inmortal. La mente puede aparecer y desaparecer, como aparece y desaparece la forma de un jarrón a partir del barro húmedo en manos de un alfarero, pero ni vive ni muere. La conciencia subjetiva es una experiencia vívida, pero no por viva, sino por ser real, efectiva verdaderamente. La conciencia no muere, porque no vive. Suena contraintuitivo, pero la realidad no ha consultado a nuestra intuición.

74. CONCRECIÓN.

Se acaba de decir que la información que comunica un protozoo en su seno, en las cadenas de choques moleculares que lo constituyen, es concreta, y parece haber incongruencia con lo que se había dicho al principio del ensayo: que los objetos concretos son los irreducibles, los de irreducibilidad comprobada en el estado actual de conocimientos científicos. Y estos objetos que en este momento la evidencia lleva a tomar como concretos son las partículas elementales, electrones, neutrinos y quarks (y sus bosones). ¿Cómo es que entonces se insinúa ahora de pronto que las moléculas son objetos concretos? Ya se había dicho que a ciertos efectos, algunos objetos pueden ser considerados concretos a determinada escala con un error despreciable, pero esto se refería a objetos abstractos que aparentaban ser concretos al medirlos (al detectar las interacciones entre ellos a gran escala). ¿Se está entonces insinuando que las moléculas son objetos abstractos, construidos a base de partículas elementales, así como en una nube con forma de osezno el osezno es una forma caprichosa en la nube que en nuestra mente es tomada por la abstracción de un osezno? ¿Cómo establecer una frontera, una escala, a partir de la cuál estar seguros de si los objetos son concretos o abstractos con certeza? Es más: ¿son las partículas que consideramos elementales también una abstracción de una escala cuya existencia desconocemos, una escala desconocida a la que llamar dimensión extraña, la escala donde se superponen las (desde nuestro punto de vista supuestamente tetradimensional) infinitas historias posibles de un suceso ultramicroscópico antes de desplegarse con cierta magnitud en la geometría tetradimensional a diversas escalas de acuerdo con una evolución fractal?

Dado el peculiar comportamiento del mundo cuántico ultramicroscópico, y gracias a la formación de estados ligados, una molécula podría ser también un objeto concreto, ya que es un estado ligado de otras partículas, y en los estados ligados, a ciertos efectos, es indetectable el carácter reducible de dichos objetos constituidos como estados ligados, por ejemplo, al efecto de las reacciones químicas. Y un protozoo consiste en cadenas de choques moleculares, es decir, reacciones químicas, a cuyos efectos, en lo que a su detectabilidad como choques se refiere, son efectivos como si cada molécula fuese un solo objeto a la escala en la que los choques son efectivos. De modo que los choques se pueden considerar como una comunicación de información concreta desde "el punto de vista" del protozoo.

La barrera que establece en el Universo el límite de lo que es posible o no de manera concreta parece ser la temperatura: sólo a ciertas temperaturas son detectables moléculas comportándose como objetos concretos.

Las moléculas son concretas desde el punto de vista del protozoo. Las moléculas se comportan como objetos concretos, al ser estados ligados de partículas elementales, de ahí que su interacción no dé lugar a la comunicación de información abstracta, sino concreta. En cambio, las neuronas ya no son estados ligados de partículas elementales, sino conjuntos de moléculas, de ahí que la neurona como un todo ya no sea un estado ligado, y así, la información que transmite ya puede ser abstracta, y no concreta, y de ese modo puede ser consciente, algo probablemente imposible para la información que mueve una molécula sola, por lo que, aunque el Universo es información, es dudoso que sea conciencia, estando el fenómeno de la conciencia posiblemente limitado a los cerebros, de manera intrascendente. Hablar de conciencia universal sería como hablar de liquidez universal, o de rojez universal, sería absurdo. Por eso un ser humano no es el Universo siendo consciente de sí mismo.

75. MENTE Y ALFARERÍA.

La mente es un modo en que cambia de forma la materia, es decir, es información, en particular, es el modo en que cambia de forma el cerebro; dicho de otra manera, es la medida del cambio de la posición relativa de las partes del cerebro, las neuronas, igual que un jarrón es el cambio en la posición relativa entre las partículas de barro que en manos de un alfarero van adoptando, a gran escala, aspecto de jarrón para el alfarero, con un error despreciable (error que existe ahí si se mira bien, ya que la verdad es que no es un jarrón, sino un montón de barro, y más aun, un montón de partículas elementales). Del mismo modo que el jarrón es la forma del barro, la mente es la forma del cerebro. A diferencia de la mente, el jarrón no es consciente. Esto no quiere decir que la mente no sea material, sino que el jarrón no es consciente. A diferencia del barro, cuando el cerebro está adoptando forma de mente, las neuronas no se mueven del sitio donde están, lo que se mueve es el grado de actividad de cada sinapsis, así es como el cerebro mueve la información, cambiando el estado de las sinapsis en función del tiempo, no moviendo las neuronas en el espacio, que es como se cambia la forma del barro (o la de la nube). Es por esto que tal vez cueste intuir que la mente en el fondo es como barro y alfarería: cambios de forma, información.

El caso del barro y el jarrón es como el caso del observador que ve pasar el tren desde la estación, en el que es el tren (la información) el que se mueve ante el espectador (son las partículas de barro, o el tren lo que se mueve ante el observador). En el caso de la mente, como las neuronas no se mueven, es el mundo el que se mueve ante las neuronas, como si el observador, en el caso del tren, estuviera ahora montado en el tren y fuese el mundo el que diese la impresión de moverse. Pero el cerebro no es más que barro en manos de un alfarero: el tiempo.

La mente presenta propiedades, como el barro: la mente es consciente, y el barro es moldeable, por poner dos ejemplos. Otra diferencia entre el jarrón y la mente, que dificulta la intuición del concepto de mente y conciencia, es que el jarrón, una vez cocido el barro, permanece con una sola forma estable en el tiempo a gran escala, una sola silueta, mientras que la mente, al cambiar de forma sin cesar, parecería no tener forma, pero hay que entender que la mente está tomando forma de mente sin llegar a congelar su forma en una estructura estable, pues es un proceso, y su efectividad como mente depende del proceso, del mismo modo que el río sólo es río si fluye el agua (si el agua se detiene es otra cosa, como lago; si la mente se detiene es otra cosa, por ejemplo: persona en coma). Además, hay algo que sí permanece estable a gran escala en el caso de la mente, como la forma del jarrón en el caso del barro, y es la forma del sujeto, la propiedad de la subjetividad, que es lo que emerge a gran escala, y además de manera estable hasta cierto punto, como un jarrón de barro cocido. ¿Cómo lo consiguen las neuronas? Posiblemente de una manera tan ingeniosa y compleja que merecería ser comprobada.

76. MECÁNICA CUÁNTICA Y MENTE.

Hay una corriente de pensadores que intuyen una vinculación entre la mecánica cuántica y los fenómenos mentales, conciencia y subjetividad incluidas, con diversos puntos de vista al respecto, unos más fundamentados y otros más especulativos e imaginativos. Pastor-Gómez ha hecho una revisión del asunto en su artículo: Mecánica cuántica y cerebro, publicada en el año 2002 en la Revista de Neurología. En mi opinión sí hay vinculación entre la mecánica cuántica y la conciencia subjetiva, pero explicar mi punto de vista sobre el particular me va a llevar el resto del ensayo.

Cairns-Smith, en su libro Evolving the mind, hace una afirmación interesante: "… hay personas que piensan que la conciencia (subjetiva) es de hecho un efecto macrocuántico de alguna especie…". Bien, es sorprendente encontrar esta afirmación en un libro, ya que, en efecto, podría ser cierto, con matizaciones: la emergencia de la subjetividad podría ser ciertamente la recreación en el terreno de la abstracción de un fenómeno macrocuántico. Un fenómeno macrocuántico es un fenómeno cuántico perceptible a simple vista. Por ejemplo: la superfluidez del Helio común líquido a 2,17º K, explicada porque a tal temperatura muchos átomos de Helio coinciden en un mismo estado y el Helio tiende a comportarse como un solo objeto, lo cual se puede apreciar a simple vista en cierto modo, como ocurre con la subjetividad, en la cual todos los objetos deben estar en un mismo estado morfofuncional, el correspondiente a lo que se detecta a simple vista como la propiedad de la subjetividad.

Tal vez la subjetividad sea la recreación a gran escala de un estado macrocuántico, la recreación de dicho estado, no uno verdadero. Se diría que el estado cuántico recreado a gran escala en el que han de coincidir los objetos mentales que vayan a constituir la subjetividad ha de ser un estado en el que cada objeto debe estar en su lugar del cerebro, es decir, cada neurona debe seguir en su sitio (en su región espacial cerebral), así que donde deben coincidir para ser efectivas con la propiedad de la unidad (la subjetividad) debe ser en un punto a lo largo del tiempo (un intervalo temporal dado que a gran escala sea efectivo como un punto, un ente irreducible, con un error despreciable a gran escala, dado que el sujeto se ve a sí mismo como un ente irreducible, y sin embargo capaz de percibir una realidad compleja ante él, y como dicha complejidad debe corresponder a la representación cartográfica de dicha complejidad, en función del espacio, su unicidad como sujeto debe corresponder a una función temporal, para que la subjetividad sea un todo unificado).

A priori, la subjetividad consistirá necesariamente entonces en la efectividad de una ventana temporal como un ente puntiforme (un tramo de la línea temporal a pequeña escala, pero con aspecto de punto a mayor escala; por ejemplo: si se mide el tiempo en minutos, un segundo parecerá un punto, cuando no es un punto, sino, por ejemplo, 1000 milisegundos, es decir, otro intervalo a menor escala).

Dicho ente temporal puntiforme, según una mayoría de neurocientíficos, se ha venido considerando que debería quedar determinado por un fenómeno de sincronización neuronal, y, como se verá al final de este ensayo, esta idea es tan discutible, y la alternativa que se va a proponer es tan lógica en cambio, que no va a quedar más remedio que proponer la alternativa expuesta en este ensayo como la hipótesis más plausible para la explicación del mecanismo de emergencia de la conciencia subjetiva.

Los fenómenos cuánticos son los que responden a la mecánica cuántica, que es la rama de la física que describe las interacciones de menor orden entre partículas subatómicas, descripción que precisa una mecánica propia, distinta a la mecánica clásica (la mecánica clásica explica la dinámica de los cuerpos macroscópicos, como las fórmulas newtonianas del tipo F = m x a). La mecánica cuántica ha tenido que ser desarrollada a mayores, debido a que las partículas subatómicas han resultado comportarse de manera contraintuitiva en comparación con los cuerpos macroscópicos; por ejemplo: un cuerpo macroscópico, como pueda ser una persona, puede estar sentada en la silla A, o en la B, en el minuto X, pero no en las dos a la vez. En cambio, ciertas partículas subatómicas, por ejemplo, un fotón, suponiendo que estar en una silla sea estar en un estado cuántico, sí puede estar en dos estados a la vez en determinadas circunstancias. Esta rareza no se puede intuir desde nuestra perspectiva intuitiva macroscópica confinada, ya que podemos enunciarlo pero no imaginarlo y la mecánica clásica tampoco lo explica. Los físicos, durante el siglo XX, tuvieron que formular una física nueva, reservada a especialistas, la mecánica cuántica, que explica fenómenos contraintuitivos, como la conocida dualidad onda-corpúsculo de de Broglie.

El caso es que algunos de los fenómenos propios de la mecánica cuántica, y por tanto de la menor escala posible en la realidad, una escala ultramicroscópica, correspondiente a interacciones entre partículas elementales, son visibles a simple vista con su comportamiento no-clásico, sobre todo cuando afectan a sistemas enormes. Los fenómenos macrocuánticos suelen ser visibles a simple vista, a escala macroscópica confinada, donde emergen con algún aspecto peculiar, cuando consisten en cosas como el que todas las partículas de un sistema estén de un momento a otro en un mismo estado cuántico, y entonces, como hacen todas lo mismo, a simple vista se detecta un comportamiento reconocible. La subjetividad no deja de ser algo así como que parte de la compleja información de la mente asuma un mismo estado, una sola entidad, la subjetividad, un solo sujeto, lo cual recuerda a un estado macrocuántico, ya que es un solo estado y además reconocible a simple vista como fenómeno con entidad única. De modo que a la fuerza hay que tender a encontrar reminiscencias entre lo que la mente hace y lo que las partículas subatómicas hacen.

Hay numerosos sistemas físicos macroscópicos que exhiben a simple vista conductas que recuerdan a los comportamientos de las partículas subatómicas, hay numerosos sistemas macroscópicos cuyos objetos llevan a cabo interacciones que recuerdan a las que llevan a cabo las partículas elementales (recuérdese el carácter fractal de la realidad). No es inimaginable que las neuronas del cerebro hagan algo similar de algún modo también. Las neuronas no sólo codifican la información del entorno, convirtiéndose en una representación del mismo, además, la interacción neuronal manifiesta un comportamiento de tipo ondulatorio (oscilatorio), como las partículas elementales (las partículas elementales atraviesan el vacío en forma de radiación electromagnética, es decir, ondas de radio, ondas luminosas, etc.), pues, de hecho, y sin ir más lejos, las neuronas: sincronizan y desincronizan su actividad, presentan fenómenos de resonancia, etc. Es decir, aprovechan el carácter periódico de sus descargas para recrear una actividad que conforma un movimiento (un cambio de estado morfofuncional) con carácter ondulatorio. Una onda es la transmisión de una perturbación en un medio, y eso hacen las neuronas, transmitir ondas de información a través de las sinapsis. Dicho carácter ondulatorio se detecta, por ejemplo, con un electroencefalograma.

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