Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10

77. COHERENCIA Y COMPATIBILIDAD

Recordemos que el orden con el que funciona el cerebro, a pesar de su tendencia natural al desorden (al aumento de la entropía) hace posible que el pensamiento sea congruente o coherente con la realidad externa. Viene a cuento aclarar un poco qué se entiende aquí por coherente (término con diversas acepciones posibles), para lo cual se va a recurrir a Hofstadter y su libro Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, del año 2003. Según Hofstadter, un sistema es coherente con la realidad si todo teorema es verdadero, y además los teoremas son coherentes entre sí si son compatibles, es decir, verdaderos al mismo tiempo. Intentemos desmigar esto un poco más: un teorema es una proposición verdadera, por ejemplo, en un sistema de signos equis, y signos igual a, un teorema sería: X = X. Se confirma que un teorema es un teorema si la proposición es verdadera, si se puede verificar en dicho sistema con los elementos y los tipos de interacción posibles en el sistema, lo cual implica que hemos de tener un sistema dinámico, un conjunto de elementos, e interacciones peculiares y detectables (propias de la realidad, de la geometría espaciotemporal). La presencia de interacciones peculiares determina que en el sistema no todo será posible, lo cual establece una evolución impredecible pero necesaria para el sistema, dado que no todo será posible. En el sistema habrá por definición interacciones posibles y al ser dinámico se van a producir en cuestión de tiempo en función de su probabilidad. Sólo ocurrirá lo posible, y como algo va a ocurrir, ocurra lo que ocurra será lo posible, y por tanto lo verdadero.

En una sinapsis el potencial de acción que se detecte será el que se descargue, no el que no se descargue, y por ello, la información que se transmita en un circuito sináptico será por definición verdadera en todo caso. Por este motivo, dada una secuencia de potenciales de acción a lo largo de un circuito, constituirá una proposición del sistema si se categoriza como un todo (una forma de categorizarla como un todo es asociándola directamente con una conducta categorizada como un todo también, por ejemplo). Cada potencial de acción posible que se descarga a largo del circuito pasa a ser comprobable de acuerdo con las posibilidades del sistema (y así será si la descarga es efectiva), y una secuencia de descargas es un teorema en dicho sistema. Ahora consideremos a otra sucesión sistemática de sucesos en la realidad externa como otro teorema. Pues si ahora el teorema del cerebro se asocia específicamente con el teorema del exterior, por ejemplo, si un fotón rojo que llega al pigmento de un cono rojo (teorema externo) se asocia específicamente a un teorema interno (la descarga de trenes de potenciales consiguientes) ambos teoremas serán compatibles, verdaderos a la vez, y ambos teoremas serán coherentes entre sí. Y como dicha asociación entre lo externo e interno es sensible y específica, y lo interno, al ser consciente, será además una representación efectiva y abstracta de lo externo, cuantificada, codificada, isomórfica, coherente, compatible, computada y con significado, la conciencia puede ser compatible con la realidad, y es posible que al ver caer un objeto percibamos que un objeto cae. De manera que la conciencia de las cosas conlleva por definición la congruencia de dicha conciencia con aquello de lo que se es consciente.

Una persona delirante, con una interpretación equivocada de la realidad, tendrá una percepción incongruente de la realidad, pero para esa persona, su percepción de la realidad será para ella una interpretación certera de la realidad, cierta, auténtica, verdadera, ya que las representaciones en su cerebro serán verdaderas (serán teoremas) y no habrá quién le haga cambiar de opinión (que en esto consisten las ideas delirantes). En palabras de Bohm: "Verdadero es lo que es".

No hace falta explicar las consecuencias que para la vida personal conllevan estos fallos en la congruencia de los diversos cerebros que pueblan la superficie del planeta.

Como hemos visto al hablar de la retina, la transducción y codificación de información conlleva errores, por ejemplo, por pérdida de especificidad. Y como acabamos de ver, el pensamiento abstracto es coherente con la realidad macroscópica del entorno si la información cerebral sobre el entorno es compatible con el entorno. Uno intuye que es verdad lo que percibe del entorno, y a pesar de la evidencia cotidiana, más o menos científica, sobre el carácter ilusorio y parcial de lo que percibimos, tenemos un sentimiento de certeza sobre la coherencia de nuestro pensamiento. Para una persona lo que ve es la verdad en su cerebro, así que lo que se percibe es lo que se ve, y como dependemos de lo que haga nuestro cerebro, se actúa como si lo que se percibe fuera compatible con el entorno: a las personas sanas no les supone un problema, a las psicóticas sí, pero las enfermas no siempre se dan cuenta de la incompatibilidad cuando existe. Y en general todo esto puede ser matizable hasta el colmo porque tanto la percepción como la intuición pueden fallar también, así que en la práctica las personas suelen manifestarse de manera abigarrada, impredecible e incoherente, de manera ajena a estereotipos inamovibles.

En el cerebro se pierde el paralelismo de las redes, a lo largo de las secuencias, a lo largo del proceso, conforme la integración va teniendo lugar. Y a pesar de esta integración y desintegración de objetos, esta recreación caleidoscópica sucesiva de objetos, no se pierde la compatibilidad de dichos objetos con la realidad externa; la percepción no se vuelve contradictoria con la realidad, a pesar de la enorme complejidad de la mente. Veamos cómo se logra:

En el circuito microscópico ideal A-B-C, A sinapta con B y B con C. La descarga de B es efecto de la descarga de A transmitida a B. A es causa de B, y B causa de C. Entre A y B hay relación causa-efecto a escala neuronal en la práctica con un error despreciable, y relación de B con C. Pero A no es causa de C, al estar B por medio. La vinculación de A y C es de correlación; C depende de A; sin descarga en A no hay descarga en C, pero A no es causa de C a escala microscópica; sólo el correlato, en este esquema simple. El que una vinculación entre A y C sea de correlación resulta más patente en el cerebro vivo (no-ideal), ya que en el cerebro C tendría una infinidad de correlaciones. De modo que tratar de buscar una causa al devenir de la mente, o a la subjetividad, resulta ilógico, es multicausal, no responde a un qué, sino a un cómo. En la escala macroscópica, A-B-C puede constituir un todo, una red, mediante la integración de la asociación A-B-C, en la forma [A-B-C]. Dada una asociación de redes, [A-B-C]-[D-E-F], se puede convenir que a escala macroscópica (escala de redes en este caso), dado que las redes constituyentes son efectivas como un todo, también actúan como elementos (partes irreducibles a ciertos efectos con un error despreciable) de un nuevo sistema, el sistema de procesamiento de redes, y, por tanto, se puede convenir también el establecimiento de vínculos de causalidad entre redes, si, por ejemplo, la red [A-B-C] estimula como un todo a la red [D-E-F]. Para que la primera estimule como un todo a la segunda, lo que ha de ocurrir es que, por ejemplo, A estimule a D a la vez (a la vez con un error despreciable a escala macroscópica, pues a escala microscópica será un intervalo, no un punto temporal) que B a E y C a F. El cambio de escala con el paso desde la escala de circuitos a la escala de redes supone un nuevo modo de cuantificar el aumento de complejidad en el cerebro, es decir, supone un aumento de la información cerebral. Y aun así se sigue manteniendo la coherencia del cerebro con la realidad representada, que no se pierde con el cambio de escala. Tampoco se pierde la coherencia del cerebro consigo mismo, ya que aunque se pase de la escala de circuitos a la de redes, como la vinculación causal entre redes se puede reducir a la vinculación causal entre neuronas la información no se vuelve contradictoria, pues para que una red sea causa de la otra, y viendo a que se reducen, ha de cumplirse que A sea la causa de D, B la de E y C la de F, y que al mismo tiempo A sea la causa de B, B la de C, D la de E y E la de F. Y se cumple, por lo que la coherencia se mantiene en el interior a escala de redes, y como la exterior también se mantiene, la compatibilidad se conserva igualmente. Por eso el procesamiento a escala de redes, a escala macroscópica, sigue siendo compatible con la realidad externa. Y así es cómo nuestra mente consigue ser congruente a pesar de su complejidad (su tendencia caótica): mediante la estructuración morfofuncional en redes.

Dada una red [A-B-C], desde la escala de las redes, la escala macroscópica (respecto de la escala de circuitos), A podría ser considerado la causa de C con un error despreciable, y no sólo el correlato (como decíamos antes que ocurría en la escala neuronal), pues considerar a A causa de C a escala macroscópica no alteraría al procesamiento de redes, al ser objetos integrales y al ser la red efectiva como un todo en la práctica a ciertos efectos, de modo que lo que importa a gran escala es la interacción de una red con otra como un todo (un objeto integral es aquel que actúa como un todo aun en ausencia de alguna de sus partes; la red actúa como un todo a ciertos efectos, por ejemplo, al efecto de integrar la conducta de un músculo, que en su caso sería la conducta de contracción del músculo como un todo por la sincronización de sus partes a gran escala con un error despreciable en la práctica). La integración de redes en nuevas redes de complejidad creciente, que se configuran como nuevos objetos elementales de otro sistema en la nueva escala emergente, implica que el cerebro se organiza en supersistemas de complejidad creciente, siendo la subjetividad una propiedad de un supersistema de gran complejidad. Y a pesar de esta complejidad, al poderse establecer vínculos de causalidad entre redes con un error despreciable, a simple vista no se pierde la coherencia del sistema, y se conserva un interesante grado de orden entre el desorden. Y al mismo tiempo, el pensamiento será compatible con la realidad exterior.

 

Como en el cerebro la información consciente procesada es abstracta, estas consideraciones acerca de neuronas y redes se pueden extrapolar al terreno de la abstracción, a la mente, y por tanto, la coherencia del cerebro supone, por ejemplo, la coherencia de las frases que se construyen al computar el lenguaje, coherentes con la sintaxis, y también serán compatibles con los hechos del entorno reflejados, lo cual supone una coherencia entre redes, objetos mentales abstractos (que depende del cambio de escala sin que este suponga una pérdida de coherencia) y los sucesos del entorno (que depende de la compatibilidad; será importante retener intuitivamente todas estas ideas para entender los capítulos finales).

La persistencia de la coherencia entre sistema nervioso y entorno debe de haberse ido conformando durante millones de años mediante la presión de la selección natural sobre los cambios evolutivos sucesivos ocurridos con el sistema nervioso en forma de preadaptaciones desde su forma rudimentaria en los primeros animales con neuronas hasta llegar a la actualidad, con todas las variedades de sistema nervioso que existen.

Para Hofstadter, la congruencia con la realidad externa depende de una adecuada interpretación de la realidad externa. Con tal motivo, un sujeto delirante, por más que dicho sujeto no lo entienda, es incongruente con la realidad externa. La incongruencia tampoco ha de ser tomada a priori como algo esencial al cerebro, por lo que un sujeto delirante puede acertar a veces por casualidad sin dejar de ser delirante. En cada caso dependerá de la interpretación actual de los hechos.

Una secuencia A-B-C, en principio será coherente consigo misma, pero para ser congruente con la realidad externa lo primero que tendrá que ocurrir es que A-B-C logre persistir en lo que a su efectividad se refiere, debe superar el rasero de la selección natural. Es la evolución la que establece el grado de coherencia del cerebro con la realidad externa. Como es lógico, cuanta mayor coherencia más probabilidades de adaptabilidad al medio, a priori, y más posibilidades de sobrevivir. La existencia de tantos sujetos manifiestamente incongruentes e incompatibles da a entender que la coherencia no precisa ser del 100%, ni con uno mismo ni con el entorno, y que hay un amplio margen de error tolerable por la selección natural en lo que a congruencia mental se refiere, pues hay, por lo que se ve, numerosos mecanismos compensatorios; como reza el dicho popular: vivimos de milagro.

La persistencia de A-B-C en la realidad se produce a lo largo de la evolución por un ajuste inconsciente, que incluye lo impredecible (por ejemplo: la secuencia [A-B-C] puede ser apta para la integración congruente de un individuo en la realidad con éxito en la supervivencia, pero esta aptitud no puede evitar que [A-B-C] sea inútil para la supervivencia si le cae un rayo encima al individuo antes de reproducirse y transmitir así la secuencia genética apta).

Pongamos un ejemplo práctico de cómo un sistema [A-B-C] cualquiera se las apaña, al ser favorable (o indiferente) para la adaptabilidad, para perdurar en la naturaleza a lo largo de la evolución al no ser eliminado por la selección natural: a lo largo de la evolución ha quedado establecido que en el cerebro de un bebé recién nacido haya un subsistema neural encargado de lograr que el bebé parpadee cuando se le dirija un cuerpo cualquiera hacia los ojos, y que los pediatras comprueban para asegurarse de la integridad del sistema visual del bebé (dicho mecanismo resulta útil para proteger los ojos y favorece la supervivencia, aunque no sea crucial, evidentemente, pero suma a favor del todo final consistente en que el bebé logre llegar a reproducirse el día de mañana, que parece ser el programa fundamental impreso en sus genes). El bebé no discrimina qué se le dirige al ojo en particular, le basta con saber que un bulto amorfo es dirigido a su ojo para interpretar la presencia del peligro y la necesidad de cerrar el ojo. Y este comportamiento del bebé es innato, no necesita aprenderlo, sus genes moldean su cerebro de esta forma ya en el útero (del mismo modo que no necesita aprender a mamar, es una conducta construida sobre todo con la información de los genes, a diferencia del habla, que sí hay que aprenderla, o la deambulación (en parte innata y en parte adquirida, lo que da una idea de la dependencia de la vida en sociedad, dependencia que no presentan todos los animales, pues hay animales asociales).

La adscripción persistente del parpadeo como respuesta adecuada y como interpretación en definitiva del hecho de la aproximación de un bulto (un todo) al ojo de un bebé podrá contar con la anuencia sobreañadida del convencionalismo cultural, que ya requiere aprendizaje. El convencionalismo cultural añadirá hojas al árbol, complejidad, de modo que con el tiempo el bebé no perderá esta respuesta automática del parpadeo, pero percibirá los hechos con más complejidad, por ejemplo, podrá discriminar si el bulto que se acerca al ojo es el balón de su hermanito, u otro objeto, lo cual le permitirá aumentar la versatilidad de sus respuestas, y pretender un mayor éxito con vistas a la supervivencia por un tiempo más prolongado (entre los seres vivos, la supervivencia aumenta la probabilidad de tener descendencia, que a esto se limita la jugada, a seguir en la brecha porque sí).

La mayor complejidad del bulto conforme se procesa mayor información al respecto, con el crecimiento, la maduración y la influencia cultural, conlleva que el bebé se vuelva consciente de más cosas, y esto es lo que significa ser más consiente: ser consciente de más cosas.

Ya se ha visto que el cerebro consigue ser coherente a gran escala con la realidad macroscópica organizando su funcionamiento en redes, pero, ¿cómo es posible que se establezca una secuencia coherente de objetos mentales abstractos, por ejemplo, respetando la sintaxis aprendida, si el sistema funciona, a escala neuronal, a base de un movimiento caótico e impredecible de iones a un lado y otro de la membrana celular, que es el modo en que se produce la carga y descarga de potenciales? Obsérvese que aunque no sea predecible lo que va a ocurrir con cada ion (un ion es un átomo cargado) que está continuamente pasando de un lado a otro de la membrana de cada neurona, a gran escala sí es predecible con gran certidumbre el resultado de una configuración de objetos mentales, por ejemplo, es predecible que en la mayoría de las frases de este ensayo los adjetivos van a ir después de los nombres, o que los artículos irán antes de los nombres. Aunque la neurona sea la unidad funcional elemental del cerebro en tanto que máquina capaz de computar, y por tanto el caos sea parte de la base del funcionamiento a dicha escala, el hecho es que a escala macroscópica confinada las redes son efectivas con un error despreciable a ciertos efectos (por ejemplo, al efecto de su detectabilidad mediante neuroimagen, o, también desde un punto de vista subjetivo, como sujeto consciente), y los objetos mentales también, pues resulta que a escala macroscopica confinada, al estar confinada, lo microscópico no cuenta en la medición, sólo cuenta lo macroscópico, y a escala macroscópica el orden es efectivo, y el orden efectivo es el de la red, que es la unidad morfofuncional efectiva a gran escala en la práctica, no la neurona. La coherencia mental depende de esta estructuración morfofuncional en redes neurales y del confinamiento. Con tal motivo, tan interesante será desvelar la emergencia de la subjetividad como su confinamiento.

Esta estructuración en redes es el resultado de la presión selectiva actuando a lo largo de la evolución sobe la herencia genética cambiante a lo largo de la filogenia (darwinismo neuronal). Además, la estructuración en redes se construye y reconstruye en vida gracias a diversas propiedades del sistema nervioso, como la plasticidad neuronal, el fenómeno de la memoria (que se analizará posteriormente más a fondo) y algo que ya se ha mencionado: la relativa estabilidad de la estructura durante el tiempo que dura la vida del individuo (que tiene que ver en parte con aquello que decíamos también previamente: que al intentar recordar un nombre de pila podemos recordarlo igual una y otra vez). Otras características ayudan también a lograr ese orden a gran escala necesario, para hacer posible esa estructuración en redes de la que depende la coherencia: se trata de detalles como que la conducción a través de las sinapsis sea anterógrada, hacia delante, en un solo sentido, de axón a dendrita (la sinapsis tiene carácter valvular, la transmisión va de la membrana presináptica, de la neurona A, a la membrana postsináptica, a la neurona B, pero no de B a A, debido al modo en que funciona la maquinaria molecular: el truco consiste en que dicha maquinaria es distinta a un lado y otro de la sinapsis, así de simple). Otra característica, ya mencionada, y que influye en el orden a escala macroscópica, es la estimulotopía, como ocurre con la somatotopía (presente en corteza sensorial, corteza motora, tálamo, cerebelo, etc.), la retinotopía, etc. También importa, en referencia al orden a simple vista, la organización espaciotemporal del cerebro, a la que se ha hecho mención desde varios puntos de vista, como al hacer referencia a la codificación espacial, a la codificación temporal, al hablar de sincronización, de resonancia, etc. Y hay otro punto de vista de la importancia de la organización espaciotemporal del cerebro que también se ha mencionado y no hay que olvidar, y es el siguiente: la organización espacial también se manifiesta en el hecho de la especificidad funcional del cerebro, hechos como que la información visual se procese por sistema en la región occipital, no en otra. Y la organización temporal llega hasta extremos que se pueden pasar por alto debido a su sencillez o incluso obviedad de perogrullo, pero que son tan importantes como pueda serlo la sincronización, y un detalle importante es el siguiente: el orden temporal también se basa en algo tan simple como que cierta información dada, como pueda ser la información visual, no se procesa en la región occipital hasta que llega el estímulo adecuado a su área específica de procesamiento; es decir, no se procesa hasta que se procesa, y aunque parezca una perogrullada, en el fondo es mera descripción de cómo es posible el orden en la práctica, pues sin este orden basado en parte en una simplicidad de perogrullo no sería posible el prodigio de la subjetividad. Quizá por eso resulte difícil comprender a fondo la mente, porque a veces se pasan por alto aspectos evidentes de gran importancia no sólo por contraintuitivos, sino también por su ocasional simplicidad aparente, que los hace parecer irrelevantes ante el ojo poco predispuesto a captar lo que tiende a pasar desapercibido.

En cuanto a la importancia que tiene la estabilidad relativa del cerebro a gran escala, viene ya favorecida desde la escala microscópica, como ya intuyó en su momento Ramón y Cajal, anticipándose a su época. En 1899 a Ramón y Cajal le publicaron un Manual de Histología normal, en el que dejó escrito lo siguiente: "… La duración de las células nerviosas debe ser larguísima pues jamás se descubren en los centros nerviosos de los adultos señales de kariokinesis ni de destrucción celular. Quizás esta particularidad esté relacionada con la persistencia de los recuerdos y con la conservación durante toda la vida de la noción de nuestra personalidad". Está claro que Cajal intuía cómo es que recordamos nuestro nombre de pila durante tanto tiempo.

Hay que suponer que una red dada, como la red correlacionada con el nombre de pila de uno, es una estructura morfofuncional relativamente estable. Dicha red poseerá, por tanto, cierta especificidad en lo que a dicho nombre de pila se refiere, especificidad que no deja de parecer una reminiscencia de la especificidad de los receptores sensoriales que habíamos mencionado en párrafos anteriores. Esto quiere decir que no va a ser posible la generación de cualquier significado a partir de dicha red, sino sólo el nombre de pila, gracias a dicha estabilidad y peculiaridad (estos factores ayudan, como se irá viendo, a que las neuronas sean capaces de recrear estados como los cuánticos y así su cambio de estado morfofuncional emerja a gran escala como la recreación de un estado macrocuántico). Esto recuerda un poco a lo que ocurre con los tubos de un órgano de iglesia, que sólo pueden dar la nota que les corresponde, no la de otro tubo. Y esto prueba una vez más que en el terreno de lo concreto no es posible todo lo imaginable en el terreno de la abstracción. Sólo tiene una probabilidad no nula de suceder aquello que sea posible, y lo que finalmente ocurre es lo que es, no lo que quisiéramos que fuera, dado que, debido a las leyes físicas de conservación, por definición no todo es posible (como ha recordado Weinberg en su libro Los tres primeros minutos del universo).

A pesar de cierto orden mental a simple vista, el caos y el desorden no dejan de manifestarse sin cesar, pues los seres humanos son básicamente incongruentes, contradictorios, impredecibles, incontrolados. Y qué decir de las imágenes oníricas (los sueños), surrealistas y fuera de control, incluso inquietantes y supuestamente impropias de uno en ocasiones. Tampoco podemos tener ni la más remota idea de los pensamientos que ocuparán nuestra mente al cabo de un rato. También se refleja el caos en algo tan simple como que ninguna conversación coloquial se ciña a un guion, o que haya gente que sufre ataques de risa durante un funeral, o que de pronto empecemos a tararear una vieja canción que surge sin motivo desde la infrasubjetividad y se apodera de nuestra "voluntad", o que la respuesta de un interlocutor a una pregunta no tenga que ver con la pregunta, o que las opiniones de dos personas sobre un mismo suceso sean incompatibles, o que una persona delire por el simple hecho de excederse con el whisky…

A pesar de tanto caos fundamental, la compatibilidad y congruencia de la mente a simple vista van siendo las suficientes con un error despreciable en la práctica, tan despreciable como para que un órgano como el cerebro, a pesar de ser demasiado grande para computar, consiga servir como órgano capaz de pensar (pensar es computar) reduciendo su complejidad a gran escala organizándose en forma de redes, y vaya así pasando hasta el momento el examen al que le somete la selección natural cada vez que se dispara un potencial de acción.

78. RETROACCIÓN ENTRE REDES.

Las secuencias de información abstracta en el cerebro se pueden categorizar tomando en consideración a las neuronas, si se considera el fenómeno a escala microscópica, o tomando en consideración a las redes, si se considera el fenómeno a escala macroscópica. Si consideramos secuencias de neuronas, escribamos A-B-C-D-E-F. Siendo cada letra una neurona. Si consideramos redes, escribamos: [A-B-C]-[D-E-F]. Siendo las letras entre corchetes el equivalente a millones de neuronas efectivas como un todo a ciertos efectos, es decir, redes, y sean entonces las secuencias de redes, nuevas redes de orden superior (efectivas a otra escala mayor) cuando se integran. Pues bien, como ya hemos visto, se producen secuencias paralelas de redes, que pueden integrarse en otra red mayor mediante la correlación espaciotemporal de la actividad de las neuronas constituyentes, y, según la mayoría de las opiniones consultadas, mediante la actividad retroactiva entre las neuronas de las redes paralelas, de modo que la neurona A envía un axón a B, pero B también envía otro a A, y entre ambas se modulan retroactivamente.

Es mi opinión, que ya razonaré, que las neuronas de una red dada, para formar parte de esa red dada posiblemente retroactúan, llegando a la sincronización durante el tiempo necesario para que esa red sea efectiva como un todo (se trata de un sistema de osciladores acoplados). Es opinión de la mayoría de los neurocientíficos consultados, que la sincronización también es el correlato neural detrás de la red correlativa con la experiencia subjetiva; pero en este segundo caso, mi opinión es que la sincronización no es lo que ocurre entre las redes que interactúan para integrarse en la red emergente correlativa con la subjetividad, como ya iré razonando (ojo, porque eso que en mi opinión hacen las neuronas en correlación con la subjetividad, que no es la sincronización, y que iré explicando poco a poco, dada la complejidad del asunto, es, también en mi opinión, el mecanismo de emergencia de la subjetividad, de la conciencia subjetiva, del sujeto inmerso en la realidad con aspecto de espectador consciente de la misma; nótese que esto es importante. Si fuera cierto, y todo indicará que podría serlo… me refiero a que sería importante que por fin se encontrase el mecanismo de emergencia de la conciencia subjetiva, de lo que coloquialmente se conoce como emergencia de la conciencia subjetiva; y, o mucho me equivoco, o en este ensayo está la respuesta; y además, se van a dejar pistas de cómo se podrá comprobar la hipótesis final).

Las conexiones recíprocas retroactivas entre redes son tanto córtico-corticales como córtico-subcorticales, destacando las tálamo-corticales, y son de gran complejidad: estamos hablando de unos cien mil millones de neuronas, cada una con unas diez mil conexiones con otras neuronas (la mayoría de estas conexiones parece ser que son locales –recordemos lo del modelo de small world networks-). Por ahora seguimos atando cabos, y separando el grano de la paja. La reentrada es importante tanto en conexiones córtico-corticales como en córtico-subcorticales; durante la década de 1990 se llevó a cabo una intensa investigación sobre este asunto, siendo destacables las investigaciones llevadas a cabo por Rodolfo Llinás y su equipo acerca del sistema tálamo-cortical. Y parece ser que hay 20 ó 30 sistemas de conexión córtico-subcortical, aparte del tálamo-cortical.

Viene a cuento recordar ahora que en el embrión y el feto aumenta el número de neuronas en el cerebro, número que alcanza su tope poco antes de nacer, unas semanas antes del parto, momento en que deja de aumentar el número de neuronas. El aumento del tamaño de la cabeza tras el nacimiento hasta alcanzar su tamaño definitivo se debe al aumento de las dendritas y los axones, no del número de neuronas. Tras nacer el cerebro crece y madura sin que aumente ya el número de neuronas (más bien al contrario, como es sabido).

A la interacción recíproca entre regiones de neuronas, Edelman la denomina reentrada, y la considera una pieza fundamental de la subjetividad. Yo también: las redes han de actuar como un todo para ser un solo sujeto, y la actividad entre redes podría ser recíproca, así que sin actividad recíproca entre redes a priori hay que suponer que difícilmente podrá haber subjetividad, ya que los diferentes objetos mentales, las diferentes redes, se detectan al mismo tiempo por sistema durante el fenómeno de la subjetividad, aunque la reentrada no sería el único candidato posible para este prodigio. Pero la constatación de la supuesta importancia de la reentrada no es suficiente como explicación del mecanismo de la emergencia de la subjetividad: falta el mecanismo en sí, que ya se verá cuál es (mecanismo que de por sí podría incluso explicar la subjetividad aun cuando la reentrada no fuese tan importante, en el caso, por ejemplo, de no depender tal mecanismo neuronal básico para la subjetividad tanto de la reentrada como de otro tipo de factores, como la existencia de un marcapasos subcortical, u otro mecanismo por el estilo que hiciese no tan imprescindible al papel supuestamente desempeñado por la reentrada, detalles cuya importancia quedará pendiente de ser totalmente determinada en descubrimientos futuros, más allá de la hipótesis propuesta aquí, hipótesis que no va a desvelar todos los detalles, sino el detalle más importante: el mecanismo de emergencia de la subjetividad, que ya se verá cuál es, en los capítulos siguientes).

79. MEMORIA.

Antes de avanzar en los detalles de la subjetividad, dediquemos unas palabras, prometidas hace algunas líneas, al interesante asunto de la memoria:

Las neuronas y la glía forman en el cerebro redes neurales morfofuncionales que son un sistema dinámico que cambia de estado con el tiempo, lo cual supone un aumento de complejidad en el sistema, al desordenarse, y por tanto supone una información del sistema, información que se comunica por el hecho del cambio, ya que las neuronas no se mueven del sitio. Pero si las neuronas no se mueven de su sitio, para que haya información, y por tanto comunicación del cambio que se va produciendo con el tiempo, ha de notarse el cambio, y como el estado anterior deja de ser efectivo con la aparición del nuevo estado (cuando un potencial de acción aparece en una sinapsis el anterior ha desaparecido), para que haya comunicación ha de haber algún vínculo con el estado pasado, pues el cambio fluye en el cauce del tiempo. Ese vínculo con el pasado es la memoria, que por tanto es imprescindible para que el cerebro mueva información, y para que exista la posibilidad de procesarla y de pensar. Y sin pensar no hay contenido en la mente, y sin contenido no hay conciencia subjetiva, del mismo modo que sin movimiento no hay cine. La conciencia, como el cine, sólo es efectiva si hay movimiento, si hay información. La conciencia es información. Lo que pasa es que la conciencia es real (los sujetos percibimos realmente) porque la materia que se informa (la del cerebro) es real, no irreal, por eso la experiencia consciente subjetiva es real (por ejemplo: es real para la persona que afirma experimentarla como sujeto).

La efectividad del contenido informático específico codificado en una red neural es impredecible mientras no tenga lugar la detectabilidad de su forma (no se puede pensar en algo mientras no se piense en ese algo), y es que la definitiva ubicación efectiva en el espaciotiempo de cada potencial de acción que configure dicho código específico es impredecible. Este caos fundamental a escala neuronal resulta amortiguado a escala macroscópica por la estructuración en redes, como se comprueba al recordar un nombre de pila una y otra vez, o como demuestra un gato que cruza una mesa de comedor sin derribar ni una copa de vidrio, haciendo patente que el cerebro funciona como sistema de control con eficacia (en fisiología, como explica Cardinali en el Tratado de Fisiología humana de Tresguerres el control es el ajuste consciente, y la regulación el ajuste inconsciente; el ajuste es la búsqueda del equilibrio; el cerebro es un sistema de control ya que realiza ajustes sistemáticos, por ejemplo, correcciones en la postura del cuerpo, procesando información consciente).

Una red neural se caracteriza por ser efectiva como un todo a ciertos efectos y en determinada escala; por ejemplo, si las neuronas de una red estimulan como un todo, sincronizadamente (la sincronización es una de las maneras para que algo sea un todo desde el punto de vista temporal) a un músculo dado, dicho músculo se contraerá todo él a la vez, y por tanto, como si fuera también un todo, un solo músculo (que es lo congruente, además, dado que un músculos se da a conocer mediante sus contracciones y estas deben ser eficaces en la práctica); del mismo modo, una red puede constituir un todo, por integración de sus partes al percibir una palabra como si fuera un todo, como la palabra SOL. Dicha palabra será efectiva como ente único con un error despreciable a simple vista. SOL simboliza isomórficamente al Sol a escala macroscópica confinada y con un error despreciable en la práctica.

Un símbolo es una forma organizada con la que se establece un código, y Sol se codifica con un símbolo isomórfico y estable gracias a la organización del sistema, característica indisoluble con las de estabilidad, complejidad y coherencia. El tratamiento de símbolos es la computación, y computar es pensar. La computación tiene como aplicación la solución de problemas, y para eso sirve el cerebro, para resolver problemas, gracias a su capacidad de previsión (de computar supuestos) y de ejecución (de escoger antes o después un supuesto para cada caso práctico).

La información mental es consciente y abstracta; es abstracta porque unos códigos dados que simbolicen isomórficamente a un objeto externo, constituyendo un objeto mental (interno) no coexisten en un solo ente, el objeto externo e interno no son un objeto solo, sino dos, ambos efectivos distintamente, y aceptablemente isomórficos. Si un código no se hace efectivo, no formará parte de la percepción, de modo que la percepción consciente es un proceso basado en el movimiento de información abstracta, pero real: la mente forma parte de la realidad material.

Entra dentro de lo posible que una persona compute un nombre de pila a lo largo de su vida, pero puede ocurrir que no piense en eso en toda su vida, en cuyo caso la efectvidad de dicho objeto mental en la mente de esa persona será tan improbable que su probabilidad podría a llegar a ser del 0%, y en tales casos lo improbable coincidirá con lo imposible en la práctica.

Cuanto mayores sean las redes, mayor cantidad de información podrán contener (la cantidad de información es una medida de la complejidad de un sistema). Dicha información no requiere en el cerebro un lugar para almacenarla, ya que la información nace y muere en cada sinapsis, y el que la región occipital procese información visual, como la retina, y no información sobre el tacto, se debe al isomorfismo entre retina y corteza occipital, que se basa en el hecho simple de estar conectadas entre sí de modo secuencial directo, el circuito va de la retina a la corteza occipital de modo directo y estimulotópico, por lo que el isomorfismo es posible. Pero la corteza occipital no procesa la información de la retina, sino la que genera la corteza, y dicha información es isomórfica por el isomorfismo, no porque dicha información haya ido de la retina a la corteza de modo concreto a bordo de algún tipo de transporte concreto. Pues bien, dado que dicha información no puede ser enviada de un modo concreto, como un paquete de correos, de un lado a otro del cerebro, carece de sentido pretender que haya un almacén de dicha información en lugar alguno del cerebro.

La memoria es por tanto un fenómeno local propio de cada sinapsis, cada sinapsis posee una capacidad memorística limitada a dicha sinapsis. Así, cada código presentará una especificidad espaciotemporal. Si se recuerda un nombre de pila será porque dicho código se mantiene estable y constante en alguna región específica del cerebro, no porque el nombre esté grabado en un almacén para nombres de pila. Se recuerda porque la red específica que lo codifica posee memoria, la posee en cada sinapsis. La capacidad memorística en parte depende de la estructura morfofuncional innata de la sinapsis (y me refiero a la propia maquinaria molecular que constituye la sinapsis), que le viene dada a partir del código genético, la trae "de fábrica". Esta estructura innata incluye la estabilidad de la estructura, que aunque cambia (no sólo se renuevan las piezas, sino que además la estructura puede crecer y/o madurar en ciertas fases de la vida de la persona), sigue igual en lo fundamental a lo largo del tiempo (por ejemplo, es fundamental que en la sinapsis se suelten neurotransmisores al producirse la descarga de la neurona), por tanto, los cambios son parciales, tales que el proceso informativo progrese, pero con memoria efectiva a escala microscópica. Esta estabilidad es importante para que se produzca en la sinapsis el proceso de memorización indisoluble del proceso de transmisión de información a través de la misma. Y es que la transmisión de potenciales de acción implica un cambio constante de estado de la sinapsis, de manera cíclica y periódica, y durante el cambio se pone en evidencia que la sinapsis es una estructura dinámica que existe a lo largo del tiempo y que existe porque cambia.

Por tanto, en la sinapsis tiene sentido hablar de un antes y un después, y el estado antes y después no será el mismo, y sin embargo la sinapsis será la misma. El que sea la misma pero cambie indica que es un proceso de cambio y transmisión, es decir, un proceso informativo, información en curso, en movimiento. Se mueve la información aunque la sinapsis no se mueva de su sitio (y aunque tampoco deje de ser una sinapsis en ese periodo de tiempo), y como la información movida es abstracta, el resultado es que se mueven objetos abstractos como si se moviesen en una cinta transportadora. En la práctica, en el terreno de la abstracción ocurre como si el objeto visual abstracto fuese de la retina a la corteza occipital, aunque de modo concreto tal cosa no ocurra. En el terreno de la abstracción en el cerebro se está representando la propagación de una perturbación en un medio, es decir, se está recreando una onda, y el objeto mental que ilusoriamente va de un lado a otro del cerebro de manera abstracta, no concreta, actúa como la partícula asociada a la onda que viaja por el vacío, de modo que la mente se comporta como un sistema formado por ondas y la integración de la información otorga particularidad a los objetos, y por eso nos parecen concretos a simple vista, por eso las formas que percibimos nos parecen concretas.

El cambio en la sinapsis indica que se puede hablar de un antes y un después en cada sinapsis. Aparte de la configuración innata de la sinapsis, existe la posibilidad de una alteración de la estructura morfofuncional innata a lo largo de la vida, mediante cambios locales en función de la estimulación recibida por la neurona, cambios que incluso pueden requerir la activación de ciertos genes en la neurona, para hacer posibles cambios en la sinapsis a lo largo de la vida en respuesta a los estímulos recibidos en la práctica. Esta capacidad de cambio en las sinapsis más allá de la relativamente rígida estructura innata se denomina plasticidad neural, y se produce en las sinapsis durante toda la vida, pues las sinapsis, durante la vida, como ha explicado Nieto, crecen, maduran y degeneran de manera sistemática (los hipotéticos cambios en las sinapsis, implicados en el tipo de memoria efectivo en una sinapsis en un momento dado, por ejemplo: memoria a corto plazo o memoria a largo plazo, dependientes del tipo de estímulo, fueron investigados por Hebb, que comprendió que todo se limitaba a mecanismos moleculares, a un mecanismo, no a una intención consciente de la sinapsis de recordar o no recordar algo).

Las neuronas no aumentan tras el nacimiento (al contrario, no dejan de disminuir), pero las sinapsis sí, no dejan de variar en número y en estado adaptándose al estímulo recibido.

Cuando uno recuerda algo no está recuperando un dato de un almacén, sino activando sinapsis actuales, estén en el estado que estén entonces. Cuando los fenómenos sinápticos se consuman, dado que para la sinapsis hay un antes y un después, constituyen un después, y dicho después constituye a su vez una memoria del pasado. Es importante entender que dicho después efectivo es un cambio consumado (olvidando por un momento que el cambio no se detiene y que ese después vuelve a ser otra vez un antes para un nuevo después ulterior, pero detengamos el correr del tiempo por un momento y veamos qué pasa con un después dado). Pues bien, cuando un cambio de estado sináptico se consuma constituye una memoria del pasado, y al ser un hecho consumado ya no es un hecho por pasar, y por tanto ya no es un hecho impredecible. Y un hecho predecible ya es susceptible de control. Por tanto, la capacidad de control del cerebro depende directamente de la propiedad de la memoria.

Así que la capacidad de control del cerebro no depende sólo de la organización, coherencia y demás: también depende de manera importante de la memoria del sistema. Y la memoria no es un almacén de datos, como quien guarda grano en un silo: recordar algo no es extraer un dato de un banco de datos, sino que consiste en volver efectiva información. Si pensamos en algo que evoca al pasado, decimos que recordamos el pasado, si pensamos en algo novedoso, no decimos que estemos recordando el pasado, sino pensando en el presente, y sin embargo el proceso es el mismo en ambos casos, todo pensamiento es un proceso de memorización, de modo que memorizar no es recordar el pasado, todo pensamiento es un recuerdo, pues en todo caso se trata de un antes y un después en una sinapsis.

Pensar es recordar el presente, ya que todo recuerdo es efectivo en el pensamiento por primera vez, ya que todo fenómeno neuronal es irrepetible y único; que dos fenómenos neuronales se parezcan no significa que sean el mismo fenómeno, el segundo no es un recuerdo del primero, eso es lo que tendemos a intuir desde nuestra atalaya a simple vista, pero la explicación es más contraintuitiva de lo que parece a primera vista: mientras no es efectivo un recuerdo, la información correspondiente no está almacenada, simplemente, no está. Memoria no es acumulación, sino verificación actual de la relación interactiva siempre nueva entre neuronas en las sinapsis. En la realidad, y la mente forma parte de la realidad, no existe el pasado, sólo algo así como un presente inasible que no deja de pasar de largo en su camino hacia un futuro que, como el pasado, tampoco existe. La memoria no es la recuperación del pasado, ni la preparación del futuro, es la mera verificación del presente, suponiendo que a su vez el presente sea algo. En principio lo que sí parece ser algo es el cambio, y sólo podemos intuirlo aludiendo al antes y al después, de modo que hablar de memoria es una forma de hacer referencia a la información, a la medida del cambio; la memoria es una manera de expresar la medida del cambio correspondiente a las interacciones.

Una neurona no planifica conscientemente cuál de sus estados futuros posibles será el más probable en pro de la integración de una conducta futura, ya que la neurona no es un cerebro consciente, es una célula inconsciente. Lo que es consciente es la información abstracta que procesa. La planificación necesita más de una neurona. En las sinapsis el proceso avanza de modo automático, por mero tanteo, de manera regulada sistemáticamente, pero no guiado por una voluntad personal consciente. Es dudoso que haya subjetividad en una sinapsis. Y el tanteo se basa en la interacción entre neuronas mediante la transmisión de unas a otras de potenciales de acción reales (es decir, transmisión a través de la sinapsis de los paquetes de neurotransmisores que cuantifican a dicho potencial, como se sobreentiende), información real, por lo que la mente es un proceso real (una pregunta inmediata es que cómo es posible que unos paquetes de moléculas de neurotransmisor sean nuestra mente, nuestros sentimientos, nuestra pasión; la respuesta es que nuestra pasión no son esas moléculas, que son insensibles, y que flotan en la hendidura sináptica como copos de nieve en el aire; pero de lejos, los copos tienen forma, como nube de copos, y eso ocurre con la mente, es una forma "de lejos", no algo concreto; ¿y cómo puede parecer tan aparentemente concreto como un dolor de muelas algo tan "fantasmagórico" como la forma de una nube? La verdad es que hay infinidad de cuerpos fantasmagóricos e invisibles que tienen entidad real auténtica, como el aire que respiramos, la luz que nos ilumina, etc. la clave es el cambio de escala, que vuelve los árboles, lo fantasmagórico, bosque, lo palpable, como el dolor de muelas). El cerebro computa sobre la marcha mediante la transmisión de potenciales de acción consumados en todo caso: la mente consiste en información real y objetiva, la información consciente es real, parte de la realidad.

El cambio de estado de la sinapsis, del que depende su capacidad memorística, la manera en que la memoria va tomando forma en cada sinapsis del cerebro, depende de la estructura innata de la sinapsis, y de su plasticidad, pero también de algo más: de la histéresis sináptica, que tiene que ver con que entre el antes y el después en una sinapsis, sea innato (genes) y/o adquirido (plasticidad), e independientemente de si se va a mantener por un plazo más o menos largo (mecanismos hebbianos de memoria a corto o largo plazo), no tienen porqué estar separados por un espacio de tiempo prefijado de manera predecible. La histéresis es un fenómeno descrito en física, de acuerdo con el cual el estado actual efectivo de un sistema depende de su estado previo. Si en dicho sistema se cumple el principio de causalidad, el estado actual, al ser posterior al previo, sería un efecto del previo, y el previo su causa, y por tanto el efecto sería la memoria actual de aquella causa. Los cambios en el sistema dinámico, por los que el efecto sigue a la causa, llevan un tiempo; la memoria tarda un tiempo en formarse. Esto da pie a la posibilidad de medir un trabajo en el sistema (midiendo la emisión de calor por el sistema durante el proceso de cambio). Es más, al ser cambios sistemáticos, por el efecto se puede conocer la causa, de ahí que la memoria pueda ser tomada como un recuerdo del pasado.

Pero memorizar no es acumular un objeto del pasado, intacto y sin cambios, sino que es la capacidad de saber cómo era el pasado al saber que el presente es un efecto causado sistemáticamente por el pasado. El cerebro emite calor, y es un sistema, y contiene sinapsis. Pues precisamente gracias a que hay sinapsis en el cerebro, puede tener lugar el fenómeno de histéresis en él. Gracias a que hay una estructura presináptica (el final del axón de una neurona) y una estructura postsináptica (la dendrita de la otra neurona) puede establecerse este proceso causal de cambio de estado con histéresis, y puede considerarse a una respuesta neuronal un efecto (postsináptico) cuya causa es la actividad (presináptica) de otras neuronas. De ahí que sea posible afirmar en la práctica que los estados neuronales disfrutan de la propiedad de la memoria, y todas las ventajas que la memoria supone para un sistema, como la capacidad de computar, y el control sistemático. Y la computación (la posibilidad de resolver problemas, por ejemplo, los propios de la mera supervivencia), el pensamiento, es imprescindible para que la conciencia sea efectiva como propiedad también (dado que para ser efectiva debe serlo a lo largo de las generaciones). La memoria es imprescindible para que la información mental sea consciente: para que haya conciencia debe pasar el tiempo, y para eso ha de haber un antes y un después en el sistema, para lo cual el sistema debe ser capaz de cambiar, y eso es lo que hace posible la memoria del sistema, un cambio que vaya del pasado al futuro.

 

A simple vista un nombre de pila se recuerda igual una y otra vez, pudiendo dar la impresión de ser un nombre recogido por el sujeto con un cucharón de un pozo donde se guardan nombres de pila. Pero no es así, el nombre se recuerda igual porque el código específico es igual, no porque memorizar consista en que el pasado permanezca inmutable (no hay pasado inmutable, sólo cambio, como un presente resbaladizo en cambio continuo). Memorizar es un proceso que ocurre en el presente, y precisamente se basa en el cambio continuo del estado al que denominamos presente a falta de otro recurso, no tiene que ver con la permanencia de un pasado inmutable, no es la recuperación de los cambios remotos, que son ya irrepetibles, por la irreversibilidad de los sistemas (por el aumento de la entropía y el carácter no ergódico, o no repetitivo, del Universo). Si el nombre se recuerda igual se debe a que la red es suficientemente estable en el tiempo a gran escala (a pesar del cambio fundamental), no a que memorizar sea guardar un pasado inmutable.

Si la red no fuera aparentemente algo estable a gran escala, el nombre se recordaría, pero distinto, con cada activación de la red. Así que hay que tener claro lo que memorizar significa: no es guardar grano en un almacén y tenerlo allí almacenado y después sacarlo del silo. Esta es la idea intuitiva a simple vista, basada en nuestra experiencia real con la agricultura, pero no lo que ocurre en el cerebro. Si memorizar fuese tener información inmóvil en el cerebro, como grano en un silo, dicha información inmóvil sería información abstracta irreal, y si fuese irreal no sería detectable, y por tanto no podría recuperarse, pues no se puede interactuar con lo que no existe (por lo menos en lo que a interacciones neuronales se refiere).

Por tanto, el cerebro no funciona "almacenando grano en un silo", aunque intuitivamente nos dé esa equivocada impresión a simple vista, pues cuando tratamos de recordar algo parece que estuviésemos intentando poner en movimiento un objeto abstracto inmóvil. Pero téngase en cuenta que es imposible la existencia de un objeto abstracto inmóvil, ya que la información consciente sólo es real, no hay información inmóvil (por definición) y la realidad es movimiento, nada real está inmóvil, que se sepa. Y aunque hay fotones virtuales, no consta que haya neuronas virtuales, ni por tanto nombres de pila virtuales, por lo que no existen nombres "inmóviles" accesibles al recuerdo.

La mente es efectiva mientras se mantiene en marcha el proceso de movimiento de información abstracta. Un utópico almacén de información abstracta inmóvil no contendría información abstracta inmóvil, ya que no existe, y si no existe, tampoco se podría recuperar para formar un recuerdo, y por tanto, es imposible memorizar algo sin mover información, de modo que si antes veíamos que no recordar algo vuelve tan improbable ese recuerdo como si fuera imposible, del mismo modo, tratar de recordar un dato inmóvil, y por tanto inexistente, es tan imposible como si fuese improbable al 100%. Así que, aunque decíamos en otro párrafo anterior que no se puede predecir en qué estará pensando una persona al cabo de una hora, sí que se puede predecir con certeza que, si sigue viva y consciente, con toda seguridad, del 100%, estará pensando en algo (y se puede afirmar con un 100% de certidumbre, a pesar del principio de incertidumbre de Heisenberg, porque el pensamiento es información abstracta, no concreta; precisamente, el poder afirmar esto con un 100% de certidumbre, antes de su verificación efectiva, prueba que la mente, y la subjetividad, son entes abstractos, no entes concretos -y, aunque no venga al caso, añadir como digresión que el que podamos afirmar con un 100% de seguridad que todo lo vivo muere también garantiza que la vida es otra abstracción, no algo esencialmente concreto-).

Es posible afirmar que se percibe de modo consciente y subjetivo un recuerdo cuando la información correspondiente se mueve en el cerebro, en la red que lo está memorizando. Hasta ese momento dicho objeto no es información abstracta real.

Un nuevo estado de la mente no implica el olvido del estado anterior, sino que la recreación del nuevo estado conlleva que el anterior deje de ser efectivo: hay una nueva configuración morfofuncional del cerebro por cambio en los estados relativos de las sinapsis. El nuevo estado de cada sinapsis no será cualquiera, sino que será una consecuencia del estado anterior, por el principio de causalidad y la histéresis. Y cada vez que se consume un estado morfofuncional en una sinapsis también quedará condicionado el estado futuro, al ser el futuro una memoria del pasado, y como pensar es un cambio por el que se pasa del pasado al futuro de modo sistemático, pensar es memorizar.

80. ALGORITMO CORTICAL BÁSICO.

Ramón y Cajal escribió, en 1899, que el tamaño y disposición de las células nerviosas, así como de sus expansiones, no parece referirse de un modo bien evidente con determinada modalidad funcional. Hay tipos diversos de neuronas en el cerebro, se pueden clasificar hasta en cientos de tipos diversos, dependiendo del criterio utilizado. Pero a pesar de su diversidad no son muy distintas entre sí (en esto se distingue, parece ser, nuestro enorme cerebro del cerebro de otro grupo de animales no mamíferos que también lo tienen enorme: los cefalópodos; así que tal vez los cefalópodos, a pesar de la inteligencia que demuestran los pulpos, carezcan de subjetividad, o quizá no). Las neuronas, a pesar de su diversidad, hacen más o menos lo mismo básicamente: generar, conducir y transmitir potenciales de acción en trenes, ya sea en respuesta a estímulos, o bajo la modulación por estímulos.

Recordemos el trabajo de Mountcastle de 1978 ya mencionado previamente, según el cual la estructura de la corteza cerebral es uniforme en todas las regiones grosso modo. Las variaciones no son tantas como para justificar la asombrosa versatilidad funcional del cerebro a partir de las diferencias locales. Este hecho asombró a Hawkins, que le dedicó al asunto un libro hecho a medias con Blakeslee, titulado Sobre la inteligencia (2005). Según Hawkins, en todas las partes de la corteza se ejecutan las mismas operaciones, el algoritmo cortical básico es el mismo: mover patrones (de trenes de potenciales de acción).

De modo que la heterogeneidad de nuestra mente ha de estar en los códigos, no en las operaciones que los mueven. Y para que los códigos sean distintos la clave debe estar en el hecho de ser las entradas de información en el sistema distintas: los receptores sensoriales son distintos, y de ahí debe proceder o ahí debe comenzar la riqueza y complejidad de la mente (como en el efecto mariposa). A simple vista es posible distinguir en un ramo de rosas blancas una rosa roja por su color, y también es posible en un concierto distinguir al oboe por su timbre, y no hay motivo para pensar que en la corteza haya neuronas que de modo innato (genético) sepan tomar conciencia de un oboe. Lo que esta idea conlleva entonces es que la corteza es más o menos la misma por todas partes, por lo que si una región es capaz, con años de aprendizaje, de identificar a un oboe, mientras que otra región es capaz de identificar a la rosa roja entre las rosas blancas de un ramo, ello debe depender de la configuración específica de las redes implicadas en cada caso, de la conformación circunstancial de estados sinápticos relativos, de (en sentido figurado) cómo se organicen los pixels de la pantalla cerebral.

Precisamente, que el algoritmo cortical básico sea el mismo hace posible que el cerebro sea un sistema adaptable a la cambiante realidad, y él mismo es muy cambiante (su complejidad es inmensa) de ahí que si se logra un equilibrio entre complejidad y adaptabilidad, también sea muy adaptable.

81. PROPIEDAD EMERGENTE DEL CEREBRO.

A priori parece prolijo tratar de buscar el correlato de la subjetividad en la neurona, sino que parece más lógico tratar de correlacionar a la subjetividad con redes neurales, con grupos integrales grandes (suficientemente complejos) de neuronas, efectivos como un todo (la única manera de ser subjetivamente conscientes del timbre de un oboe, o de qué rosa de entre las del ramo es la roja), con las configuraciones que dichos grupos de neuronas van recreando al interactuar en función del tiempo. Lo lógico es buscar a la subjetividad en la información consciente y abstracta que se está procesando en el cerebro, lo lógico es buscarla en la mente. No hay que tener dificultad con que la mente (y sus partes: la subjetividad y la infrasubjetividad), sea información abstracta, no debe haber dificultad con que el dolor, perceptible de manera consciente y subjetiva, de manera personal e intensa, sea información abstracta procesada en el cerebro, porque abstracto no significa irreal. El dolor es real, es detectable, aunque no sea algo concreto. Del mismo modo, al morder una manzana, la percepción multisensorial de la manzana no es una manzana concreta, sino su representación en el cerebro, y lo mismo ocurre con el dolor.

La percepción del dolor por una herida es más intensa que la de una manzana que saboreamos, pero eso no vuelve al dolor en algo más concreto, sino en algo más intenso, que probablemente tenga que ver más con las emociones que con ningún misterio insondable (y posiblemente la intensidad de una percepción también dependa de fenómenos de resonancia neuronal, no de fenómenos en relación con una milagrosa concreción de objetos mentales por algún tipo de acto neuronal prodigioso). De hecho, se sabe que en algunos tipos de lesión cerebral, en particular en la lesión de la corteza cingular anterior, la percepción sensorial del dolor se desvincula del contenido emocional del dolor por destrucción de los axones que se conectan al sistema límbico, perdiéndose la angustia asociada al dolor, las personas pueden percibir dolor pero no alterarse en lo más mínimo, al no asociar sufrimiento emocional a la sensación de dolor, y pueden contemplar de modo frío y racional su propio dolor, que perciben incluso con intensidad, sin perder la calma; no hay que confundir esto con la indiferencia al dolor, que consiste en que es el dolor lo que no se percibe, que es un caso distinto que se da en otro tipo de enfermedades neurológicas. Las personas con lesión en la corteza cingular anterior no sufren con el dolor, y, curiosamente, tampoco disfrutan con el placer.

Crick, tras investigar el ADN, se volcó en la neurociencia. Su idea básica es la siguiente: la conciencia es una propiedad emergente del cerebro. Quiero sobreentender que se estaba refiriendo a la conciencia subjetiva (la experiencia consciente como sujeto con entidad única). Si es así, estoy de acuerdo, lo cual requiere la siguiente aclaración: si es emergente, hay que tener en cuenta que la propiedad de la subjetividad ha de emerger al integrarse cierta información abstracta en el cerebro de cierta manera.

Al emerger la subjetividad, cierta información cerebral abstracta se integra en ese todo con entidad única a simple vista: la emergencia de la subjetividad no precede a esa integración, ni la integración precede a la emergencia. Emergencia parece querer decir que la subjetividad surge desde una profundidad, o que emerge desde una escala menor agrandándose por arte de magia; y no van por ahí los tiros, es más, esta palabra puede inducir a intuir que la subjetividad surge a partir de cierto umbral como la punta de un iceberg, como si la subjetividad se hubiera formado por aumento de intensidad mediante acumulación (resonancia, es decir, en lo que a neuronas se refiere: reclutamiento y sincronización), cuando no es así. De manera que hay que entender bien lo que se pretende expresar con este término. Emergencia implica que antes algo no era efectivo en el sistema, y después sí, pero la materia del sistema es la misma, no es más, no hay acumulación de más elementos por sincronización (resonancia) hasta que la punta del iceberg de la subjetividad emerja empujada desde "abajo" por la masa creciente, sino que lo que ha cambiado es su forma, por tanto, lo que emerge es una forma, no la materia, que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

La materia cambia su forma, se recrea, de modo que la emergencia de una propiedad en un sistema es la recreación de dicha propiedad en el sistema.

Al decir que la conciencia subjetiva es emergente tampoco se quiere decir que la conciencia surja de la nada, o de otra realidad, del mismo modo que la lluvia no emerge de la nada, ni de la nube, sino que es la misma nube pero con otra forma. La conciencia subjetiva también es la mente, pero con otra forma, hay un antes y un después, y ese cambio de la forma en función del tiempo implica que después puede ser efectivo algo que antes no lo era, como la subjetividad (o la lluvia). Esa detectabilidad contingente es denominada emergencia, la efectividad de lo contingente en función del tiempo, la efectividad de una forma sistemática dependiendo del paso de un tiempo suficiente.

Así que la conciencia no emerge del tejido nervioso, es el tejido nervioso, y como el tejido nervioso es una estructura morfofuncional, pues es su forma, su información, y en particular la información consciente que transmite y procesa a lo largo de sus circuitos y redes neurales. Y la subjetividad es la forma del cerebro según la cual parte de dicha información abstracta, parte de la mente, es efectiva como un todo único e individual a ciertos efectos a gran escala. Y dicha efectividad de la subjetividad se caracteriza además por el confinamiento en dicha escala (el confinamiento es lo que nos impide contar en milésimas de segundo, a simple vista, llegando sólo hasta las décimas de segundo, cuando las neuronas funcionan en el rango de las milésimas, algo que por otro lado no deja de ser hasta cierto punto una prueba del cambio de escala de medición en el terreno de la abstracción en el cerebro, y por tanto del cambio de percepción: percepción a simple vista y confinada).

La efectividad de la subjetividad no es tanto una emergencia como una medida de ciertos cambios en el cerebro, pero el término ya está muy afianzado en el acervo científico como para sustituirlo por otro a estas alturas.

La subjetividad no es un ente, sino una propiedad, no se explica recurriendo a un qué, sino a un cómo, a la descripción del modo en que el proceso tiene lugar a lo largo del tiempo, y eso es lo que se va a explicar al final del ensayo: cómo tiene lugar el proceso mental durante la efectividad de la subjetividad, cómo emerge la subjetividad, cómo funcionan las neuronas en ese momento.

82. SUJETO CONSCIENTE.

Cuando la propiedad de la subjetividad emerge en una mente consciente, infrasubjetiva hasta entonces, lo que ocurre a partir de entonces no consiste exactamente en que un sujeto consciente perciba la realidad externa como una cambiante imagen representativa integral, continua en el tiempo y unificada en un todo que sea el proceso de la experiencia consciente subjetiva, sino que el sujeto se identifica con esa percepción, es decir, no hay sujeto concreto, hay percepción, y dicha percepción es información, la forma de la materia a una determinada escala, su aspecto ordenado desde el punto de vista de un observador. Lo que pasa es que como dicha información es consciente, el observador, el sujeto, el observador subjetivo, también es el propio proceso de percepción consciente subjetiva, y como la percepción conforma una entidad única, se identifica ilusoriamente con un error despreciable con un sujeto, que a gran escala se comporta como una mente consciente individual, como si fuese un individuo subjetivo que percibe la realidad a gran escala, a simple vista, a escala macroscópica confinada.

El sujeto consciente, en tanto que objeto mental, es un objeto real, pero abstracto; no es un objeto concreto dotado de subjetividad. Por ejemplo: si la percepción subjetiva consiste en la percepción, entre otras cosas, de una manzana, entonces el sujeto será en ese momento una manzana, de modo que la efectividad de la subjetividad tiene sentido en cuanto haya conciencia, y por tanto, un contenido consciente con forma de algo, por ejemplo, de manzana, que no será una manzana, sino información que la abstrae y representa. Según escribió Schrödinger en su libro Mente y materia, siguiendo la visión hegeliana (que superaba la visión kantiana de sujeto y objeto): "Sujeto y objeto son una sola cosa". Para que sea efectiva la experiencia consciente subjetiva hay que ser consciente de algo, como anticiparon Epicuro y Locke entre otros; en palabras de Zeki, extraídas de su artículo La imagen visual en la mente y en el cerebro, publicado en Investigación y ciencia en 1992: "… no hay razón para separar de la conciencia la adquisición de conocimiento visual". Expresando esta idea, que ha viajado desde la Grecia clásica hasta Zeki, y dándole la vuelta a las palabras de Schrödinger, podemos concluir que si sujeto y objeto son una sola cosa (sujeto y manzana son una sola cosa), también es cierto que además sin objeto no hay sujeto (sin manzana no hay sujeto), no hay sujeto sin contenido mental (aunque sí pueda haber mente sin subjetividad), y eso sin olvidar que si el sujeto percibe la manzana no hay un sujeto concreto percibiendo la manzana, sino que el proceso de percepción de la manzana es el sujeto, eso es lo que somos, no un observador, sino el propio proceso de observación, así que no hay sujeto como ente con existencia de por sí, el sujeto no es concreto, no es un sujeto, sino otra cosa, un proceso de percepción consciente subjetiva, esto es cómo somos, que en la práctica viene a suponer, con un error despreciable, que esto es lo que somos en esencia a simple vista, y todo lo que somos.

Cuando creemos estar observando una manzana no la estamos observando, sino que somos ese proceso de observación de la manzana: en último extremo en tal caso no seríamos un sujeto, sino una manzana abstracta, es más: una manzana consciente. Lo que pasa es que dicha percepción es consciente porque dicha manzana es consciente y por tanto también real, detectable, la detección tiene lugar (si estamos percibiendo una manzana, no somos un sujeto consciente de una manzana, sino una manzana abstracta consciente, aunque suene surrealista, del mismo modo que si percibimos el yo somos un yo consciente, y si percibimos manzana y yo, somos un yo consciente de una manzana, tanto como una manzana consciente del yo, aunque esta última posibilidad nos resulte contraintuitiva).

83. INTEGRACIÓN NEURONAL.

Los mecanismos de integración neuronal que se correlacionarían con la experiencia consciente subjetiva han despertado el interés de algunos investigadores del cerebro conforme los medios para la investigación han ido aumentando, dado que dicho aumento de medios ha ido haciendo más accesible el cerebro a una visión objetiva del mismo, lo cual ha ido cimentando la esperanza de conseguir también una visión lo más objetiva posible de la subjetividad.

Los mecanismos de integración neuronal son diversos, veamos algún ejemplo de cómo se integra información en el cerebro: a escala neuronal, cuando la actividad de, por ejemplo, dos neuronas, converge en una tercera, es decir, si dos neuronas A y B hacen sinapsis en una tercera neurona C, C integra la actividad de A y B (de este modo, hay circuitos convergentes, divergentes, etc. con distintas funciones posibles en el sistema nervioso, como aumentar el contraste de la señal sensorial en el primer caso, o aumentar la intensidad de la señal sensorial por reclutamiento neuronal, resonancia estocástica, etc. en el segundo caso). Otro ejemplo de un mecanismo de integración básico en el sistema nervioso: en un circuito A-B-C, B actúa como neurona intermediaria o internuncial entre A y C, así, B integra la actividad de A y C (aparte de participar en la dotación de coherencia al circuito, de lo que ya habíamos hablado).

Esto de las neuronas internunciales o intercalares o intermediarias (como B en A-B-C) es más importante de lo que parece: resulta que en los sistemas nerviosos más primitivos no había internuncialidad. Por ejemplo, algunos de los primeros animales con neuronas, los espongiarios, no tenían circuitos neuronales, sino que las neuronas conectaban directamente al estímulo con la respuesta (muscular), sin intermediarios. Conforme la evolución avanzó y el sistema nervioso se fue haciendo más complejo, aparecieron los circuitos, al entrometerse neuronas intermediarias o internunciales entre estímulo y respuesta, como es el caso de B en A-B-C. La presencia de neuronas intermediarias dota de versatilidad a las respuestas, lo cual aparentemente puede suponer una ventaja para la supervivencia, por lo que, aunque no desaparezcan las esponjas (aún existen) no se impide la aparición de otras líneas de animales con otras características (por ejemplo, animales con gran cerebro). Y es que el cerebro es ni más ni menos que una gran masa de neuronas internunciales: la mente es una gran pérdida de tiempo entre estímulo y respuesta (como atestigua este ensayo), pérdida de tiempo que hasta el momento no termina de impedir la supervivencia de los seres afectados por esta peculiaridad evolutiva. La mente es un enorme montón de neuronas internunciales procesando de manera interminable, como una gigantesca legión de insufribles burócratas surgidos tras una pesadilla de Salvardor Dalí, una enorme cantidad de información destinada, a priori, a formar parte en la integración de conductas (pues esto es lo que hace un sistema nervioso, integrar conductas en respuesta a estímulos; si las conductas se integran en un nivel subcortical se denominan respuestas reflejas, como el reflejo rotuliano, y si se integran en el nivel cortical, se denominan respuestas automáticas, como cuando el diámetro pupilar cambia al mirar de cerca o de lejos, o como cuando Schrödinger colige que sujeto y objeto son una sola cosa; como decía Guyton: somos autómatas). De todos modos, la vida consiste en pasar el rato entre comida y comida, así que un montón de neuronas ociosas vienen bien para ocupar el tiempo en algo, sobre todo teniendo en cuenta que gran parte de la humanidad apenas come.

La subjetividad es una propiedad emergente en esta masa de neuronas internunciales cuando se dan, al menos, dos condiciones peculiares: primero, que el sistema implicado sea lo suficientemente complejo (ya que la emergencia de propiedades en un sistema depende de su complejidad), y, segundo, que, gracias a dicha complejidad, desde el punto meramente fisiológico ocurra algo distinto (desde el punto de vista de las interacciones entre los elementos del sistema), y ese algo distinto, necesario para la emergencia de la subjetividad, hasta ahora se ha sospechado que debería ser la sincronización, o, al menos, algún tipo peculiar de sincronización. Y en este ensayo se razonará porqué no puede ser la sincronización ese detalle fisiológico crucial para que haya subjetividad, y, a la vez, se razonará cuál puede ser en lugar de la sincronización neuronal, y como se puede llegar a predecir cuál puede ser el mecanismo fisiológico que sí debería estar implicado en la posibilidad de la emergencia de la subjetividad. Lo que pasa que esta segunda parte de la cuestión es compleja y difícil, razón por la que se está avanzando poco a poco hacia el final, para ir paso a paso.

Hay que tener en cuenta que la experiencia subjetiva es un proceso, de modo que su presencia, su emergencia en la realidad, el comienzo de la detectabilidad de su efectividad, se explicará describiendo un mecanismo, no una causa. Recordemos lo que habíamos dicho más arriba: en un circuito A-B-C, A no es la causa de C, sino el correlato; por tanto, la secuencia A-B-C, que va de A a C, no es un teorema que demuestra C a partir de A según el principio de causalidad; la actividad de C no se explica a partir de la actividad de A, pues A no es la causa de C, sino su correlato, pues no se relacionan directamente, se correlacionan. Y extrapolando esta idea a la escala de las redes: en el caso de que [A-B-C] fuese en un momento dado el correlato de la subjetividad, la red no sería tampoco la causa de la subjetividad, ni la demostración de la causa por la que la subjetividad es efectiva. De modo que A-B-C es una demostración de C a partir de A en tanto que correlatos, pero no demuestra la causa de C. Lo único que se puede demostrar es que C es un correlato de A si cada paso de A-B-C es verdadero (que es más o menos lo mismo que decir que en ese circuito en actividad, se detectaría un potencial de acción en A, después en B y después en C). Por estas razones no interesa conocer la causa de la emergencia de la subjetividad, porque no existe, y el simple hecho de plantearlo es ilógico. Lo que interesa es conocer el modo en que el cerebro funciona cuando la subjetividad es efectiva, porque sí es lógico pensar que ha de producirse un tipo peculiar de funcionamiento cerebral, que se correlacione con algo tan distinto como la experiencia subjetiva. Lo que interesa es descubrir cómo A-B-C puede llegar a ser un todo subjetivo a escala macroscópica confinada al integrarse A, B y C, las piezas a que se reduce ese todo subjetivo, así que hay que descubrir cómo se integran durante la subjetividad. Interesa cuál es ese mecanismo de integración neuronal peculiar en el caso de la subjetividad, que haga posible el entrelazamiento de diversos objetos mentales en un solo objeto mental, el sujeto, por el mero hecho de su concurrencia temporal, y de algún modo que no sea la sincronización. Y como tal mecanismo de integración no ha sido descrito todavía, si se describe no será una descripción, sino una predicción, una predicción de cómo se podría buscar la subjetividad en el cerebro de manera objetiva.

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