¿Hay algún fenómeno natural capaz de convertir algo múltiple en una sola cosa a ciertos efectos, fenómeno que además pueda ser recreado por el cerebro para lograr dicha unidad subjetiva? Resulta que hay un fenómeno en la naturaleza que consigue que dos objetos, al ligarse, sean sólo uno, un estado ligado que a diversos efectos (al efecto de cierta medición) es de hecho un solo objeto a determinada escala con un error despreciable. Dicho fenómeno es el entrelazamiento, la formación de estados ligados. Por ejemplo: un protón es básicamente un estado ligado de quarks (partículas elementales). El protón en la práctica es una sola partícula a ciertos efectos con un error despreciable, de hecho, a los físicos les costó descubrir que no era elemental, porque lo parecía en sus experimentos.
Ahora bien, el entrelazamiento es un fenómeno propio de la mecánica cuántica, la parte de la física que explica el comportamiento de lo ultramicroscópico, mientras que la subjetividad es macroscópica. El cerebro parecería a priori propio de la mecánica clásica, la parte de la física que explica el comportamiento de lo macroscópico. ¿Será capaz el cerebro de recrear un comportamiento cuántico a gran escala, aun a sabiendas de tener que aceptar que sería una recreación, no un comportamiento cuántico verdadero, sino una abstracción del mismo mediante la recreación de esa forma, ese aspecto, a determinada escala (tal vez mediante un comportamiento de tipo fractal, una vez más)? ¿Puede el cerebro recrear a escala un entrelazamiento, un estado ligado entre objetos mentales? Si el cerebro consiguiese recrear un estado ligado entre objetos abstractos, conseguiría que la mente tomase la forma de una sola partícula, un solo objeto abstracto, el sujeto, con aspecto de elemental, irreducible, indivisible, único desde cualquier punto de vista, como si fuese un espectador de la realidad, en la escala en la que fuese efectiva (la macroscópica en este caso, es decir, con aspecto de objeto emergente). Y es que la subjetividad da la impresión de ser una partícula, y más o menos así se ha llamado metafóricamente desde hace siglos al alma: una partícula atómica encerrada en nuestro cerebro. Si el cerebro consiguiese recrear un estado ligado, tal vez el sujeto podría existir. El sujeto es efectivo, así que tal vez esté ya ocurriendo la recreación de dicho entrelazamiento, y quizá sea esta simple idea la explicación del principal misterio de nuestra mente. Lo vamos a ir viendo poco a poco, porque probablemente esta es la explicación de cómo somos lo que somos. Pero hay que explicarlo a fondo, y demostrarlo, para pasar de simple intuición a mecanismo comprensible y desarrollado hasta el extremo de ser una hipótesis comprobable científicamente con hechos, más allá del mero juego filosófico: prosigamos.
A priori parece difícil que el cerebro recree de algún modo un estado ligado, un estado entrelazado, ya que éste es un estado cuántico, y las neuronas no son partículas subatómicas con un comportamiento cuántico, sino células vivas, con un comportamiento biológico, no cuántico, a la escala a la que son efectivas. ¿Cómo podrían las neuronas recrear un comportamiento cuántico? Hombre, la transmisión de información está cuantificada, así que tal vez sí haya un modo, después de todo.
¿Hay sistemas en la naturaleza que recreen a gran escala comportamientos cuánticos? Pues sí, y precisamente el que sean detectables a gran escala, con carácter fractal, podría estar detrás de la posibilidad de tales recreaciones en el cerebro también, pues el cerebro, al procesar información abstracta, dispone no sólo de gran versatilidad en sus posibilidades, que incluye el cambio de escala, como se comprueba mediante la verificación de la vigencia de las conductas motoras como efectivas a gran escala.
Para no perdernos en la complejidad de estas ideas tan abstractas veamos un ejemplo de un sistema que a escala macroscópica recrea comportamientos cuánticos propios de una escala ultramicroscópica: el agua líquida. Digamos que una onda se podría definir como una perturbación transmitida en un medio o en el vacío; pues bien, un movimiento ondulatorio sería la transmisión de un movimiento vibratorio armónico simple (un movimiento vibratorio armónico simple es un vaivén periódico alrededor de un punto cero, con velocidad variable proporcional a la distancia al punto cero, de tal modo que en su representación gráfica en función del tiempo aparece con forma sinsusoide); y resulta que en el agua, si se sumerge un foco con una vibración armónica simple, se transmite dicho movimiento en forma de una onda; dicha onda tendrá longitud de onda, frecuencia, amplitud, y será capaz de fenómenos de difracción, refracción e interferencia, y todo ello a escala macroscópica. Resulta que las partículas elementales, el fundamento de la materia real, se pueden categorizar como ondas, según se desprende de algunos experimentos. Pero si son los elementos de la realidad, a ciertos efectos han de ser ondas de verdad (con carácter irreducible a otra cosa), y, de hecho, también presentan longitud de onda, frecuencia, amplitud, y fenómenos de difracción, refracción e interferencia de ondas, como las ondas en el agua (o tal vez mejor dicho al contrario, las ondas en el agua como las partículas subatómicas). Pero a diferencia de las ondas de agua, los fotones (un ejemplo de onda supuestamente concreta) se transmiten en el vacío, y a la velocidad de la luz, y llevan una partícula asociada, y son irreducibles (aceptemos temporalmente el paradigma de las partículas elementales como entes con dualidad onda-corpúsculo para esta disquisición). En cambio, las ondas en el agua no son ondas concretas, sino recreaciones de ondas, pues son visibles a simple vista con su forma, reducibles a un mecanismo fundamental (el movimiento mecánico de las moléculas de agua), no viajan por el vacío ni a la velocidad de la luz, y no llevan una partícula asociada. El agua recrea ondas, y las ondas en el agua carecen de la concreción de los fotones, y de algunas de sus propiedades; pero otras propiedades, asombrosa y sorprendentemente, las recrean tal cual las de los fotones y a otra escala de medición efectiva, como la propiedad de la difracción (aunque sin el paradójico y contraintuitivo comportamiento del fotón en el fenómeno de la doble rendija de Young, que no se va a comentar en este ensayo por apartarse del tema central en demasía, aunque tiene su interés también) o como la interferencia.
La recreación a gran escala de comportamientos cuánticos es posible hasta cierto punto, y de modo convincente. Se trata de comportamientos que recrean fenómenos macrocuánticos, por lo que son fenómenos cuánticos ficticios, pero visibles a simple vista (fenómenos macrocuánticos verdaderos son por ejemplo el efecto Bose-Einstein, y la superfluidez). Más ejemplos de comportamientos sistemáticos macroscópicos (clásicos) que parecen recrear comportamientos ultramicroscópicos (cuánticos): el efecto Doppler en el aire (recuerda al corrimiento al rojo de las galaxias lejanas); el quantal squander o desprendimiento aleatorio de moléculas de neurotransmisor en el botón presináptico (recuerda a las fluctuaciones cuánticas en el vacío debidas al principio de incertidumbre de Heisenberg); los estados de superposición de ondas en el agua (recuerda a la suma de historias de un suceso cuántico durante una interacción); la inflación de los precios por la pérdida de poder adquisitivo, y en general cualquier cadena de delegaciones en sentido descendente a lo largo de una estructura jerárquica (recuerda a la pérdida de energía de los electrones al saltar entre orbitales moleculares en los citocromos en el proceso de respiración mitocondrial en busca del estado de energía mínima); los objetos que parecen ser de una pieza, desde el Moisés de Miguel Ángel hasta la palabra SOL percibida subjetivamente (recuerda a un estado ligado, como un protón, o una molécula); el movimiento orbital alrededor del Sol o a otra escala el de toda la galaxia alrededor de su centro (recuerda al "movimiento" de electrones "alrededor" del núcleo atómico en el modelo de Bohr); la quiralidad, la simetría por diferencia entre izquierda y derecha (recuerda a la no invariancia por paridad de los neutrinos observada en las interacciones débiles); los gemelos univitelinos (recuerdan al comportamiento del fotón en el experimento de la doble rendija, donde interfiere consigo mismo); la imposibilidad para percibir lo microscópico desde la escala macroscópica confinada (recuerda al principio de complementariedad); las propias matemáticas, como recreación en forma de teoremas verdaderos de lo que ocurre en la naturaleza de modo sistemático, incluyendo la propia estructura fractal; la recreación convincente de un isomorfismo entre una manzana y la idea de manzana; la recreación de la idea de estabilidad a gran escala; etc. Algunos de estos ejemplos podrán encontrarse más o menos discutibles (carezco de formación matemática suficiente para saber si todos o alguno cumplen lo que Bertalanffy llamaba razón de isomorfismo), pero lo que se está tratando de dar a entender es que a escala macroscópica se encuentran comportamientos que parecen intuitivamente un reflejo de lo que ocurre a pequeña escala (otro ejemplo típico es el hallazgo de Phi en diversas escalas de la naturaleza).
Lo que está claro es que el agua no es un fotón, y sin embargo consigue recrear en su seno un fenómeno de interferencia ondulatoria de modo convincente. De hecho, se les llama olas, u ondas, a los movimientos del agua, cuando no son olas, ni ondas, pues ondas son los fotones, ya que son elementales, y por tanto concretos en su carácter ondulatorio. Los fotones son ondas, es lo que son a ciertos efectos, mientras que las ondas u olas del agua sólo lo parecen a ciertos efectos a determinada escala con un error despreciable en la práctica, pues se pueden reducir a otra cosa, algo imposible con el fotón, que se sepa (aunque el fotón fuese reducible este hilo argumental no quedaría invalidado, porque lo importante no es que el fotón sea irreducible, sino que las olas de agua y la mente sí lo sean, para que puedan tener un mecanismo que analizar y carácter abstracto, que es lo necesario para la conciencia, pues el carácter abstracto es una de sus características).
El caso es que el cerebro también podría ser capaz de recrear de un modo convincente todo o parte de un comportamiento cuántico a gran escala, por la sencilla razón de ser precisa sólo la emergencia de tal comportamiento, es decir, su recreación en el terreno de la abstracción a escala sin necesidad de concretarlo, lo cual sería posible si los objetos implicados en las interacciones, que recrearían tal comportamiento cuántico a gran escala pasasen falsamente pero convincentemente por elementales (concretos) durante dicha recreación. Y las letras, por poner un ejemplo, pasan por elementales en la escala de las palabras, pues es a lo único a que se reducen las palabras en el terreno de la abstracción, de hecho. Así que, dado que en el terreno de la abstracción se pueden considerar elementales en la práctica, y dada la versatilidad computacional del cerebro, no sería de extrañar que fuese capaz de recrear comportamientos como los de un movimiento ondulatorio, con fenómenos interferenciales incluidos, y que fuese tal comportamiento falsamente cuántico la explicación del comportamiento neuronal peculiar durante la subjetividad, la explicación de lo que ocurre entre las neuronas durante la recreación de un estado ligado de (por ejemplo) letras en forma de palabras con entidad única y por ello con la posibilidad de ser palabras subjetivas. Y es que la subjetividad consiste en la adquisición de entidad única por parte de la información consciente.
La información consciente subjetiva es heterogénea. Dicha unicidad se adquiere en funcion del tiempo, se trata de un ente único en cuanto a que se ubican todas sus partes en un solo punto del tiempo, y para que un intervalo de tiempo se comporte como un punto, es decir, como una partícula elemental, irreducible, debe producirse un cambio de escala, de modo que dicho intervalo de tiempo sea la unidad elemental en la nueva escala. Como se puede entrever, para que la subjetividad sea algo así como una partícula elemental, debe ocurrir en función del tiempo; la clave, por tanto, sigue estando en el modo en que debe tener la integración neuronal para que tenga lugar la concurrencia temporal de los heterogéneos objetos mentales, y sin que sea mediante una sincronización. Y al mismo tiempo, dicha concurrencia temporal que no consiste en una sincronización debe ser capaz de recrear un estado ligado, un entrelazamiento, de modo que una red, y el significado que codifica, se comporte como un todo a escala, como un objeto único e individual, por ejemplo, como una palabra en la escala de las palabras.
En el cerebro la descarga de potenciales de acción en cierto modo recuerda a un movimiento ondulatorio, pues la presencia del potencial de acción es como el pico de una función sinusoidal, y su ausencia como el valle de una función sinusoidal. La actividad sináptica tiene carácter oscilatorio. De hecho, la suma de los potenciales de acción se registra en el cuero cabelludo mediante un electroencefalograma, y el gráfico de la función resultante tiene forma sinusoidal cuando se vuelve regular, lo cual se aprecia más claramente en la región occipital, donde se registra una línea sinusoidal al representar dicha función gráficamente: el ritmo alfa, a 8-13 Hz. En el cerebro se recrea un comportamiento que recuerda a un movimiento ondulatorio, como el del agua. En el cerebro hay oleadas de actividad neuronal, como las olas en el mar, o las ondas que dibujan formas caprichosas en los campos de hierba movidos por el viento. Prosigamos, a ver de qué son capaces las neuronas con sus "caprichos", cuando sus tendencias caóticas son sometidas a cierto grado de organización sistemática.
Sigamos con el ejemplo simple y fácilmente visualizable: la información sobre las letras S, O y L codificada, digamos, en 3 redes neurales que transcurre de manera paralela por las, supongamos, tres redes paralelas correspondientes a cada letra, llega un momento en que se integra. La palabra SOL es efectiva entonces con un error despreciable (como un todo, sin que se aprecie que se trata de tres partes ligadas, y que cada una de estas tres partes se trata también de otras muchas partes a su vez, como si las letra fuese la muñeca pequeña dentro de la palabra, la muñeca grande, en una muñeca rusa). La integración de SOL presupone también la existencia previa de sinapsis entre las redes S, O y L, pudiéndose establecer entre ellas un tipo de interacción como pueda ser la reentrada, con retroacción recíproca entre S, O y L, de modo que su integración sea peculiar, ya que de esa peculiaridad dependerá la efectividad de SOL como objeto consciente subjetivo, al tratarse SOL de una forma en un instante de un proceso físico sistemático dinámico. En todo caso, la retroacción recíproca, o al menos las conexiones sinápticas previas entre ciertas redes, son necesarias para su mutua compatibilización, para ser coherentes entre sí, y es que si S, O y L no fueran compatibles, es decir, verdaderas al mismo tiempo, y por tanto efectivas a la vez, la percepción de SOL no podría ser efectiva.
Resulta, y esto es importante, que curiosamente un estado entrelazado es un estado cuántico coherente, de modo que SOL sí podría ser la recreación de un estado ligado mediante la recreación de un estado cuántico coherente entre las redes implicadas… pero antes de proferir un Eureka hay que destripar más a fondo el mecanismo del reloj, para entenderlo del todo y estar seguros de esta hipótesis
La conexión sináptica entre S, O y L es necesaria si SOL es una posibilidad del sistema (es decir, si SOL es potencialmente posible como palabra computable por el sistema… que lo es evidentemente, acabamos de escribirla por estar pensando en ella). La efectividad de SOL como parte de la percepción subjetiva es posible, por lo que S, O y L han de estar integradas cuando SOL es efectiva. S, O y L también han de ser posibles por separado. Para que SOL sea percepción subjetiva (mejor dicho, para que sea parte de la percepción subjetiva en un momento dado, ojo con esto: no hay que perder de vista que SOL es un ejemplo simple, pero la subjetividad es compleja, heterogénea, por necesidad, no consiste sólo en objetos simples como SOL; cuando somos subjetivamente conscientes de SOL no podemos ser sólo subjetivamente conscientes de SOL aunque queramos) es necesaria la percepción de sus partes, S, O y L, como un todo con entidad única. Al integrarse las tres redes, las correspondientes a S, O y L, lo que ocurre es que se forma una sola red a partir de tres, la red correspondiente a SOL (que a su vez es congruente con que la subjetividad dependa de una escala macroscópica, pues la red SOL necesariamente será mayor que cualquiera de las otras tres; este también es un detalle importante).
El modo en que se recrea una escala macroscópica, la correspondiente a la percepción de SOL a simple vista, consiste en la integración sucesiva de redes en redes de mayor tamaño (lo cual es congruente con el hecho de la dependencia o vinculación de la emergencia de la subjetividad con la complejidad en el sistema, hasta alcanzar el umbral de emergencia de la subjetividad; las neuronas implicadas en el fenómeno de la subjetividad, además de hacer algo peculiar, deben ser suficientemente numerosas). Así que la efectividad de la escala macroscópica de percepción está directamente vinculada a la formación de una estructura macroscópica, la red neural, lo cual no deja de ser aceptable, hasta el momento, desde un punto de vista intuitivo: la percepción es macroscópica porque la estructura que percibe "ahora" es macroscópica, mayor que las efectivas "antes"; las neuronas no son las que perciben subjetivamente, son las redes, y las redes son, de hecho, macroscópicas respecto de las neuronas y los circuitos.
El cambio de escala con el paso de percepción microscópica a macroscópica se debe a la integración en redes de complejidad (tamaño y heterogeneidad) creciente (y es que la complejidad es el aumento del número y/o tipos de elementos del sistema), y se debe a la efectividad de las redes como estructuras morfofuncionales reales con tal entidad en la práctica (como de hecho se consideran en la actualidad en neurociencia de acuerdo con la evidencia disponible hasta el momento). Así que la percepción macroscópica es macroscópica porque la unidad morfofuncional vinculada a la percepción macroscópica se va volviendo macroscópica al integrarse, literalmente.
SOL está compuesto por tres letras, y por muchas neuronas, pero es efectivo como objeto a simple vista (no hay tres soles en el cielo, uno por letra, sino uno, y a eso se refiere sin ambigüedad la palabra SOL, que también es una palabra). De modo que la integración neuronal tiene éxito tanto al integrar una conducta individual (la contracción de un músculo como un todo mediante sincronización, por ejemplo) como al integrar objetos mentales abstractos (mediante algo así como una recreación de su entrelazamiento, que sería la recreación de un estado cuántico coherente, no una sincronización), como cuando se forma una idea objetiva en nuestra mente a partir de la palabra SOL (y los demás objetos que se sumen a la palabra de modo automático por facilitación previa en ese sentido; por ejemplo: asociada a la palabra SOL seguramente estará facilitada la integración de la representación mental abstracta de un disco amarillo que irradia calor y está en el cielo). Y la palabra SOL es efectiva de hecho en la práctica como un todo, un ente único, a simple vista, a pesar de ser un ente abstracto.
La palabra SOL, dibujada en nuestra mente, y formando parte de la percepción subjetiva en un momento dado, es información abstracta, y es en la práctica un ente único, una sola palabra. Así que la red correspondiente a SOL también debe ser efectiva como un todo a ciertos efectos en la práctica con un error despreciable (una sola red), en particular, al efecto de percibir SOL a simple vista como un todo con entidad única, de manera que SOL adquiere, de hecho, particularidad, concreción, irreducibilidad, indivisibilidad a ciertos efectos a determinada escala y con un error despreciable.
Así que una red es un elevado número de neuronas interconectadas y coordinadas para procesar información abstracta con un propósito común en un momento dado, y han de estar integradas de algún modo, por ejemplo, sincronizadas (es fácil imaginar que han de estar sincronizadas, por ejemplo, para la sensación homogénea de un objeto dado, como la sensación del color amarillo del Sol, todo el Sol debe ser amarillo; pero para la percepción subjetiva del Sol no puede ser suficiente con la sincronización de la información correspondiente, porque si fuese toda sincrónica, sería homogénea, sólo habría amarillez, así que ya no se distinguiría al Sol del cielo, ni siquiera se distinguiría al color amarillo de la forma circular, brillante y cálida, y por tanto el Sol no sería efectivo como ente en su forma representada en la mente de manera abstracta; la integración neuronal necesaria para que ocurra el fenómeno de la subjetividad debe consistir en algún tipo de actividad más, aparte de la sincronización, y debe incluir a las partes abstractas del Sol, y al cielo también, y es posible que tenga que ver con que las neuronas, aparte de codificar un significado dado con sus trenes de potenciales, además los organicen entre sí de modo que lleven a cabo la recreación de un estado cuántico coherente a gran escala; es lógico).
En la actualidad en algunos laboratorios se identifican redes neurales correlativas con ciertas funciones mentales, para lo cual utilizan técnicas de neuroimagen como la tomografía por emisión de positrones, o la resonancia magnética funcional, que no tienen excesiva resolución (no ven neurona a neurona) pero sí la suficiente como para identificar redes. Se identifican así grupos de neuronas que funcionan en red de hecho, y además, con aspecto de red integral (un objeto integral es aquel que permanece como un todo aun en ausencia de alguna de sus partes), lo cual es congruente con que la subjetividad sea también una red integral, ya que la subjetividad debe ser integral, debe persistir como un todo aunque cambian sus partes (dicho en sentido figurado: el sujeto consciente permanece de manera continua y estable como espectador de la cambiante realidad ante él). La subjetividad es el cambio conformacional del cerebro. Este carácter integral de la subjetividad implica que de un momento a otro una neurona podría faltar de una red, o incluso dicha neurona podría pertenecer a dos redes distintas en dos instantes consecutivos.
Si una red puede ser efectiva como un todo, a pesar de la separación de sus partes, las neuronas, en las sinapsis, donde no se tocan, entonces la subjetividad como un todo también podría ser posible, pero para ello ha de obviarse dicha separación entre neuronas.
La percepción subjetiva no sólo tiene lugar como la experiencia de un todo, sino que además dicho todo presenta continuidad entre sus partes (cuando percibimos el cielo azul lo percibimos como una estructura continua) y así mismo presenta continuidad a lo largo del tiempo nuestra subjetividad, no se enciende y se apaga, sino que aparenta ser continua en el ilusorio presente. De alguna manera se evita la percepción de la separación entre las partes de la subjetividad, empezando por la separación entre neuronas, y terminando por la separación entre fotogramas cuando estamos viendo una película en el cine, o la separación entre S, O y L cuando pensamos en SOL. Como es evidente, para no percibir las partes de algo, y verlo como un todo, por ejemplo, para no percibir los ladrillos de una pared, hay que alejarse de la pared lo suficiente, para seguir viendo la pared pero sin distinguir ya los ladrillos por falta de resolución del sistema de medición a la nueva distancia. Esto es lo mismo que decir que para no distinguir las partes y percibir sólo el todo hay que cambiar la escala de medición, hay que usar una escala en la que la unidad de medida, la distancia entre las rayitas de la regla, sea mayor que la distancia entre los dos extremos de un ladrillo, de modo que el ladrillo ya no pueda ser detectado en esa escala, pero la pared todavía sí, porque es mayor que la distancia entre las rayitas de la escala, y por eso puede ser medida con esa escala. Y esto es lo que, de algún modo, ha de hacer el cerebro para que, al cambiar la escala, emerja el todo, la subjetividad.
Husserl, que vivió de 1859 a 1938, escribió que la conciencia (en mi opinión en referencia a la subjetiva, añadiré una vez más) es el entrelazamiento de las vivencias psíquicas en la unidad de su curso, que es una idea parecida a la que se está analizando aquí (debo decir que la hipótesis de este ensayo se me ocurrió antes de conocer la frase de Husserl, no ha sido lo que la ha inspirado, pero por su proximidad a la hipótesis me veo obligado a citarla, como se está haciendo con tantas otras ideas parecidas que van quedando recogidas en el ensayo; la inspiración para este ensayo ha sido la frase de Schrödinger: "Sujeto y objeto son una sola cosa", este ha sido el aleteo de la mariposa que ha provocado este ensayo de 200 páginas). Parece ser que Husserl afirmó esto en sus investigaciones lógicas, publicadas antes de 1935, la fecha de publicación del artículo de Einstein, Podolsky y Rosen en el que se predecía el entrelazamiento verdadero (el cuántico). Husserl intuía también que la conciencia (la conciencia subjetiva o subjetividad, habría que insistir una vez más) es una, a pesar de tener partes (Aldous Huxley, en su ensayo Los demonios de Loudun, al hacer un repaso acerca de la concepción que sobre el alma se tenía, por ejemplo, en el siglo XVI según la corriente filosófica mayoritaria en occidente, de acuerdo con las conclusiones tras el estudio de las anatomías del alma que se estilaban en tal época, afirmaba lo siguiente: "El alma es simple, porque no puede descomponerse ni desintegrarse. En cuanto a su etimología, es un átomo psicológico: algo que no puede ser dividido"). Por una de esas casualidades de la vida, Husserl hace referencia al entrelazamiento de las partes, a la ligazón, de la que hemos hablado hace algunos párrafos. Y hace referencia al entrelazamiento como condición necesaria, se sobreentiende, para que la vivencia sea un continuo. Vamos a idear una conjetura: supongamos que el fenómeno del entrelazamiento, descrito en mecánica cuántica, tuviese que ver de algún modo con la integración de objetos mentales en el terreno de la abstracción para constituir un todo, la subjetividad. Supongamos que el cerebro, del mismo modo que el agua es capaz de recrear un movimiento ondulatorio, fuera capaz de recrear un entrelazamiento. ¿Será posible? ¿Y cómo tendría lugar?
Lo que no se puede negar es que los objetos abstractos, como S, O y L, dan la impresión de entrelazarse en el terreno de la abstracción, por ejemplo, para tener SOL, como si mediante el entrelazamiento de las partes se configurase un solo objeto emergente a simple vista con entidad única, como SOL, gracias a lo cual la percepción de SOL es una, es decir, como si fuese la de un solo sujeto, que es lo que hace falta para que la percepción sea subjetiva. La percepción de SOL sería lo que se identifica con el sujeto mientras sea efectiva. Como SOL es un objeto abstracto, el sujeto también es un objeto abstracto, no un objeto concreto dotado de subjetividad.
Para que la conciencia subjetiva emerja como lo que es, un todo con entidad única, es necesario que de algún modo sus partes se entrelacen, de modo que no sólo configuren el significado de algún objeto, por ejemplo, el significado del Sol con la palabra SOL (el significado de disco ardiente que flota en el cielo), sino que además se debe configurar el significado de SOL como ente único a ciertos efectos con un error despreciable, ha de emerger la información sobre SOL con la propiedad de la subjetividad, para lo cual, han de ser efectivas las partes, S, O y L, y ha de ocurrir algo entre ellas para que sean un todo (subjetivo), han de hacerse algo entre sí las redes S, O y L (los trenes de potenciales de acción en función del tiempo, se sobreentiende), algo que de algún modo trate de ser una recreación de un entrelazamiento, pues un entrelazamiento conlleva un estado ligado, y un estado ligado es el estado reducible a partes que en la naturaleza consigue con gran eficacia ser efectivo como un todo con un error despreciable a ciertos efectos en la escala fundamental. Es lógico, pero, ¿es posible en el cerebro que esto ocurra así? ¿Es posible la efectividad, con un error despreciable, de la recreación a gran escala de un entrelazamiento entre objetos abstractos en la mente? ¿Y cuáles son los detalles? ¿Serán los detalles posibles? ¿Cómo podrían lograr unos trenes de potenciales de acción organizarse de modo que parezcan un estado cuántico coherente con un error despreciable?
El caso es que la recreación de un entrelazamiento entre S, O y L, sería el tipo de comportamiento neuronal que podría explicar la efectividad de la subjetividad, al ser la manera en que la subjetividad tendría entidad única con un error despreciable a determinada escala, al ligarse o entrelazarse los objetos abstractos implicados, del mismo modo que al entrelazarse los quarks de un protón (y los gluones) emerge el protón con entidad única a ciertos efectos (al efecto de ser detectado como protón en ciertas interacciones). El problema, evidentemente, es que los objetos abstractos no son quarks, no son partículas subatómicas concretas. Así que, ¿serán las neuronas capaces de recrear, con sus interacciones, de algún modo, lo que hacen los concretos quarks entre sí, del mismo modo que las moléculas de agua, con sus interacciones, son capaces de recrear el fenómeno interferencial? ¿Serán las neuronas tan versátiles como las moléculas de agua (ya hemos hablado de la gran versatilidad que supone el procesamiento de información abstracta frente a la computación de información concreta, pues en el terreno de la abstracción se pueden computar como verdaderos fenómenos imposibles, por ejemplo, se puede afirmar que uno puede elevarse del suelo tirándose de los cordones de los zapatos… habrá que ver cómo se tiran de los cordones de los zapatos las neuronas para lograr la filigrana de correlacionarse con la experiencia subjetiva)? ¿Qué tendrían que hacer las neuronas para conseguirlo?
La cuestión es que la subjetividad conseguirá quedar configurada como un todo con entidad única, con un error despreciable, si con la emergencia de la subjetividad se consigue obviar el carácter individual de las partes que configuran la subjetividad y a las que la subjetividad es reducible.
La recreación de un entrelazamiento de las neuronas no sólo debe ser explicado sin ambigüedad, y demostrado, si se quiere convencer a alguien de su posibilidad, sino que además habrá que explicar también de qué modo esa posible recreación de un estado ligado consigue obviar el carácter individual de las partes para que el todo sea efectivo como un objeto con entidad única. Es decir, hay que explicar cómo emerge la subjetividad, pero también cómo se confina en la escala macroscópica.
Para que sea despreciable el error con el que la percepción macroscópica confinada es efectiva, el todo debe ser efectivo a gran escala, y las partes individuales no, debe ser efectivo el bosque, no los árboles, que deben quedar confinados, fuera de la vista en la escala-bosque. Para eso, el todo debe "alejarse" de las partes, lo cual es difícil, porque a diferencia del ejemplo de la pared y los ladrillos, en el caso de la mente, las partes no sólo son también el todo, sino que el todo y las partes son también el observador, y este no puede alejarse de sí mismo, como no puede meterse una caja dentro de sí misma. La recreación del hecho en el cerebro conlleva esta dificultad sobreañadida, que también ha de ser solventada (necesariamente, dado que percibimos subjetivamente, de hecho). El truco consiste en que con la efectividad de la escala macroscópica, esta escala macroscópica quede además confinada, de modo que la microscópica deje de ser efectiva, y así, se vea sólo pared ya, y no ladrillos entonces. Y así, con el confinamiento en una escala, se solventaría el problema de la imposibilidad del observador de alejarse de la pared, al ser el observador la propia pared en el caso de la mente. Y, curiosamente, el truco del confinamiento es precisamente lo que hacen los quarks para que el protón sea efectivo: los quarks se confinan en su propio espacio interior para "quitarse de en medio" y que ya sólo el protón sea efectivo (a pesar de ser el protón, de hecho, un montón de quarks, pero indetectables ya mientras el protón sea efectivo, al quedar los quarks confinados e indetectables). ¿Casualidad o necesidad? ¿No sería asombroso que para recrear el confinamiento de la subjetividad en la escala macroscópica, el cerebro recrease también un mecanismo de confinamiento como el del confinamiento de los quarks? Tal vez no sea tan asombroso, vista la predisposición de los sistemas dinámicos a recrear comportamientos isomórficos a diferentes escalas (si uno lo piensa, no sería tan rara la recreación de un comportamiento cuántico, pues la naturaleza es cuántica, la mecánica cuántica es el modelo a seguir en las interacciones particulares, que no deja de ser aquello a lo que se dedican las neuronas, así que, ¿por qué no recrearlo a gran escala, como hacen las olas en el agua al recrear el fenómeno de interferencia? De todos modos, en el caso de la subjetividad tampoco sería exactamente una recreación isomórfica, pues también el isomorfismo sería una recreación, ya que la subjetividad se conforma en el terreno de la abstracción -y esto es importante, porque precisamente gracias a que todo esto ocurre en el terreno de la abstracción es posible que ocurra de modo efectivo-).
El confinamiento de la subjetividad en la escala macroscópica en la que esté siendo efectiva en un momento dado, consistiría, por ejemplo, en el confinamiento del todo, la subjetividad, en el estado en el que estuviese entonces, por ejemplo, el estado SOL (es decir, que las redes en el estado SOL sólo estuviesen en el estado SOL… lo cual a priori se antoja lógico de un modo intuitivo, evidentemente, aunque en seguida se explicará porqué en detalle), y así, mientras SOL esté siendo efectivo como un todo, no será posible la percepción de S, O y L por separado; en esto consistiría el confinamiento en el caso de la mente, el confinamiento en una escala, la efectiva en un momento dado, la escala definida por la red SOL, en este ejemplo, consistente en la efectividad del estado morfofuncional SOL (macroscópico) en oposición a los estados S, O y L (que son los microscópicos; es decir, SOL es de hecho una escala de por sí), para lo cual debe ocurrir algo entre los estados S, O y L para que se trasforme en el estado SOL, y tal acontecimiento debe tener una explicación a escala neuronal: esas neuronas deben hacer algo peculiar y distinto desde el punto de vista fisiológico para que en un momento dado no posean la propiedad de la subjetividad, y al momento siguiente, sólo por tener lugar algún tipo de interacción entre las neuronas de S, O y L, emerja SOL con la propiedad de la subjetividad.
La cuestión ahora es imaginar cómo podrían hacer esto las neuronas, y si sería posible para ellas (aunque, si se ha prestado atención, se verá que ya se ha dicho). Como ya se puede imaginar, si se diese respuesta positiva a estas dos cuestiones, la emergencia y el confinamiento, si se aclarasen estos posibles mecanismos neuronales implicados, capaces de recrear estos comportamientos de tipo cuántico a gran escala, se estaría dando una explicación completa de la subjetividad. Seamos conscientes de la relevancia de la cuestión desde el punto de vista intelectual: sería la respuesta a una de las eternas preguntas de tipo filosófico: ¿cómo somos lo que somos (o incluso: ¿qué somos?) que en caso de quedar respondida, dejaría de ser una cuestión filosófica para pasar a ser una cuestión científica: la conciencia subjetiva entraría en el terreno de la ciencia por fin.
De momento estamos asumiendo que como de hecho percibimos SOL, de algún modo podría ser cierto que se estaría recreando un estado ligado de objetos abstractos en el cerebro (que precisamente es el tipo de estado que hace posible un confinamiento), así que, una vez ligados, quedarían confinados en determinada escala, y así tendría lugar la efectividad de parte de la mente como un todo consciente, un sujeto consciente; de manera que al percibir SOL se perciba "como un protón", no como sus partes confinadas, "los quarks", S, O y L.
La emergencia y el confinamiento de la subjetividad son un solo fenómeno, aunque desde nuestro punto de vista, reabstracto, los podamos categorizar por separado para su análisis particular. Puede ser difícil intuir esto, pero se puede entender con una analogía: ocurre lo mismo al cruzar un umbral y entrar (emerger) dentro de una habitación; por un lado, desde el punto de vista de la habitación se aparece o emerge dentro de la habitación (que sería la subjetividad); y por otro lado, desaparece uno del exterior de la habitación, desde el punto de vista del exterior de la habitación (que sería la infrasubjetividad). Desde el exterior de la habitación, uno parece confinado en la habitación (en la subjetividad). Esta es la idea. Son el mismo fenómeno, pero se pueden estudiar como si fueran dos al poder tener dos puntos de vista. Lo que esto indica es que la explicación del modo cómo emerge la subjetividad será también la explicación del modo cómo se confina la subjetividad, lo cual es interesante, claro, porque así se podrá matar dos pájaros de un tiro.
El confinamiento de la subjetividad, por ejemplo, el confinamiento de SOL en la subjetividad, consiste en el confinamiento del proceso de percepción (en este ejemplo, de la percepción de SOL) en una escala, la escala macroscópica a la que esté siendo efectiva la subjetividad en ese momento, que es la escala a la que tiene lugar la percepción a simple vista, que es efectiva en el momento en que, por ejemplo, SOL, cuya efectividad (la de la red neural correlativa) define la escala, es efectiva en el momento en que SOL es percepción a simple vista.
El ejemplo de la habitación ha sido una metáfora. Cuando la percepción se confina en la escala que corresponde a la efectividad de la subjetividad en un momento dado eso no quiere decir que la información sobre SOL, por ejemplo, entre en algún lugar del cerebro, o en algo así como una habitación y allí quede encerrada. El mecanismo es otro: lo que ocurre es que la subjetividad se confina debido a que no se pueden percibir el todo, SOL, y las partes, S, O y L, a la vez (sigue siendo función del tiempo). Y en el caso de la subjetividad, sólo se percibe el todo porque es lo efectivo en ese momento (y es posible porque el momento es un momento gracias al cambio de escala). La manera en que el cerebro consigue esto es mediante una interacción peculiar entre las redes de S, O y L, que conlleva una recreación de un entrelazamiento entre S, O y L que constituya la recreación de un estado ligado a ciertos efectos y a determinada escala en la práctica con un error despreciable, de modo que SOL sea en efecto SOL, y ya no S, O y L por separado.
Hay un modo mediante el cual las neuronas lo consiguen, y no es la sincronización. Si las redes de S, O y L se sincronizasen, sus códigos se volverían iguales, y ya no se distinguiría la S, de la O ni de la L. Las tres redes deben seguir siendo distintas, en lo que respecta a sus códigos durante la efectividad de SOL, y sin embargo, S, O y L deben concurrir temporalmente de algún modo, deben coincidir en un mismo punto de la línea temporal a simple vista, mediante algún tipo de interacción retroactiva entre ellas, para configurar un todo con un error despreciable a cierta escala, para recrear la magia de la captura de la realidad de manera abstracta, unificada e individual en el momento presente. En el momento en que esto ocurra, la subjetividad será efectiva, y con el significado de SOL (SOL, en este ejemplo simple que estamos utilizando para darle vueltas al asunto).
Una de las razones por las que se consigue recrear la percepción de SOL como un todo, es que SOL no es un todo de verdad (no es un protón, o algo así), sino la recreación de un todo efectivo con un error que es despreciable gracias a la falta de resolución de la red emergente para distinguir las partes a su escala, porque ahora las partes, las redes S, O y L, estarán integradas, y por tanto ya no serán partes a ciertos efectos, serán una sola red (y la red define la escala). El modo de perder resolución para no distinguir las partes con el cambio de escala, con la formación de la red grande, consiste en la recreación de un entrelazamiento. Así que llega el momento de preguntar qué es el entrelazamiento.
¿Qué es el entrelazamiento? El entrelazamiento es uno de tantos fenómenos contraintuitivos propios de la mecánica cuántica. Fue intuido por Einstein, Podolsky y Rosen como situación extraña e incomprensible, tan paradójica, que pensaban que serviría para demostrar el carácter antinatural de la mecánica cuántica. Resulta que al final el entrelazamiento resultó ser un fenómeno cierto, y ya comprobado. La naturaleza resultó ser contraintuitiva a pequeñísima escala, no antinatural. La naturaleza es extraña y contraintuitiva desde nuestro punto de vista convencional, por mucho que provoque un sarpullido asumir el hecho. El entrelazamiento es el modo por el que en la naturaleza se consigue un estado ligado, es el modo en que dos partículas, al ligarse, se comportan como si fuesen una sola (los gemelos idénticos casi lo consiguen en cierto modo a veces, cuando uno se presenta en lugar del otro a un examen del colegio usurpando su identidad). Y en la práctica es así de hecho, dos partículas pueden ser una sola si se entrelazan, algo imposible e inimaginable a gran escala, pero totalmente cierto a escala ultramicroscópica, por contraintuitivo que parezca.
No debe sorprender que las neuronas sean capaces de recrear un mecanismo que ni siquiera podemos imaginar: ellas no tienen que imaginarlo, simplemente han de seguir mecánicamente su necesaria naturaleza, puesta a punto por la selección natural a lo largo de la evolución, que hace las cosas por tanteo y necesidad, no siguiendo una intención pergeñada conscientemente de antemano.
Si las neuronas hicieran tal cosa como recrear un entrelazamiento (al igual que las moléculas de agua son capaces de recrear una interferencia), una vez superada la sorpresa, habría que detenerse un poco en los detalles para tratar de desmenuzar el posible mecanismo, cosa que se va a ir haciendo a continuación. Iremos paso a paso, porque el asunto es de gran complejidad. A mí por lo menos me cuesta bastante seguir el hilo en todo este asunto. Por suerte esto va por escrito y se puede repasar una y otra vez antes de publicarlo.
La dificultad principal estriba en tres detalles: primero, estas ideas, y la teoría que de ellas saldrá, son originales, por tanto ha habido que inventarlas casi de principio a fin; en segundo lugar, los conceptos y conocimientos que se manejan son multidisciplinares e interdisciplinares, lo cual conlleva una dificultad sobreañadida; en tercer lugar, ya tengo claro el "mecanismo" de emergencia de la subjetividad, pero ahora tengo que conseguir que usted lo tenga claro también. Pero prosigamos.
Mientras la percepción subjetiva está siendo efectiva, el todo se distingue de las partes, la percepción de SOL ya no es lo mismo que la percepción de S, O ó L. La diferencia entre la percepción del todo o de cada una de las partes, la diferencia en el cerebro que está percibiendo SOL, o que está percibiendo S, u O ó L, es el punto de vista del observador en cada caso, la escala efectiva en cada caso (la red efectiva en cada caso) escala de palabras (SOL) o escala de letras (S, O, ó L). Cuando SOL es percepción subjetiva efectiva, la red SOL es el punto de vista subjetivo, macroscópico confinado, y en ese momento, S, O y L como entes individuales están ahí también, pues forman parte de la red SOL, pero como entes individuales son infrasubjetivos en ese momento.
Es la escala efectiva lo que termina de hacer posibles ciertas propiedades: la subjetividad sólo es posible si una escala macroscópica suficientemente grande (compleja: con un número suficiente de neuronas y tipos peculiares de interacciones presentes) es efectiva en el cerebro mientras el proceso físico sistemático y dinámico llamado mente tiene lugar. El cerebro no tiene la intención de cumplir dicha misión final (las neuronas una a una no tienen conciencia, ni decisión, ni intención, ni hacen planes); el cerebro no trata de cumplir conscientemente tal posibilidad, sino que así es como el cerebro se comporta necesariamente; tras evolución y selección natural en ese sentido a lo largo de millones de años de filogenia, y tras muchos cambios preadaptativos (algunos deletéreos, y otros menos).
Las neuronas no pueden alejarse de sí mismas para cambiar de escala, como hacemos nosotros para cambiar de escala ante un cuadro de Dalí. A corta distancia aparecen cuernos de rinoceronte (las partes) y de lejos los cuernos de rinoceronte dejen de ser visibles uno a uno al empequeñecerse a los ojos del observador, y en su lugar emerge a otra escala mayor lo que los cuernos configuraban (una figura de la Madonna). Como las neuronas no pueden alejarse de la forma abstracta que recrean mediante sus cambios configuracionales, lo que hacen es recrear en el terreno de la abstracción un cambio de escala, y así no tienen que moverse del sitio, lo que se mueve es la información abstracta, la información es lo que cambia, y dicho cambio consigue recrear el cambio de escala.
El truco consiste en que los objetos abstractos, S, O y L (por ejemplo) recreen un entrelazamiento para ser una sola cosa, SOL, y así SOL será la percepción de un todo, y por tanto la percepción será ya un todo y no las partes, porque SOL será la percepción en ese momento. Como S, O y L son objetos abstractos, se ligan de modo abstracto, no de verdad (S, O y L no intercambian gluones). El truco para recrear el cambio de escala consiste en que la red efectiva como escala de percepción sea mayor (que SOL sea mayor que S, o que O, o que L, lo cual evidentemente es así de hecho), mediante la integración de redes, consiste en recrear un entrelazamiento de manera abstracta.
Ahora bien, las letras son abstractas, pero las neuronas que las configuran están ahí también, y haciendo cosas, descargando potenciales, así que ya veremos con más definición cómo lo consiguen las neuronas desde el punto de vista de los potenciales (los potenciales tienen un comportamiento oscilatorio, y un estado ligado es un estado cuántico coherente: sería asombroso que la explicación de lo que hacen las neuronas durante la subjetividad, para que los objetos abstractos se entrelacen, consistiese en la recreación de un estado cuántico coherente, es decir, no en una sincronización de neuronas, sino en una entrada en estado neuronal coherente entre ellas… que en seguida veremos qué significa esto).
Al acercarnos o alejarnos de un cuadro de Dalí en el que esté representado el cambio de escala, percibimos ora cuernos de rinoceronte, ora a la Madonna. A las neuronas les ocurre igual, al recrear en el terreno de la abstracción un cambio de escala, cambia la percepción (la medición depende de la escala, y la percepción es medición, así que si se cambia la escala cambia la medición y por ende la percepción, que así puede pasar de infrasubjetiva a subjetiva, es decir, de microscópica a macroscópica, a partir de cierto umbral de complejidad, complejidad que depende del número de neuronas implicadas y de algo peculiar que han de hacer al interactuar). La percepción será distinta en cada caso: S, u O ó L en un caso, SOL en otro caso (las letras también pueden ser percibidas subjetivamente una a una, por supuesto, si se entrelaza una letra sola con el resto de los objetos confinados en la subjetividad).
Recordemos que la escala (el conjunto de rayitas en una regla, siendo la regla una dimensión espaciotemporal) queda definida por la unidad de medida (por la distancia entre dos de las rayitas de la regla). Una magnitud es el número de unidades (de huecos entre dos rayitas de la regla de medir) que se alcanza en una medición, el nivel en la escala que alcanza una medición. Y medir es cuantificar una magnitud, lo cual consiste en comparar una magnitud con otra de referencia, que es la unidad. Las neuronas son células vivas excitables, que responden sensible y específicamente ante estímulos, ante cambios en el entorno, con cambios en ellas mismas. Dichos cambios en las neuronas, los potenciales de acción, están cuantificados, al ser transitorios (tienen principio y fin cada poco tiempo), y son estereotipados y estables en el tiempo, en tanto que cada uno es más o menos igual al anterior, y tienen además carácter oscilatorio. Por todo ello (y el resto de las trece características) dan cuenta de una medida del cambio en el entorno, y como la respuesta neuronal codifica ese cambio del entorno, da cuenta del entorno representándolo. Y como dicha representación abstrae el entorno, constituye información consciente acerca del entorno, de modo que da cuenta del entorno, es información consciente del entorno.
Esa información abstracta que significa al entorno es una visión consciente del entorno. Pero dicha visión consciente del entorno no es subjetiva; nadie es consciente de esa visión del entorno en tanto no emerja la subjetividad a gran escala, del mismo modo que la humedad y liquidez del agua, o la untuosidad de los álcalis, o la rojez del rojo, no son efectivas mientras no emerge su objetividad a gran escala (y es que la subjetividad es la objetividad del objeto llamado sujeto). Por tanto, no hay que confundir la propiedad de la conciencia, suficiente para integrar una conducta consciente, con que alguien sea consciente con esa información consciente, que además de la conciencia, e independientemente de la efectividad o inefectividad de la conducta correspondiente (la subjetividad es una preconducta, como toda información que se integra en neuronas internunciales, pero la correspondiente conducta puede tener una probabilidad del 0% en la práctica, al ser información abstracta, al ser el cerebro tan complejo y al ser el universo no repetitivo, coincidiendo en tal caso improbabilidad con imposibilidad), requiere la propiedad de la subjetividad, es decir, lo que en la práctica viene siendo, con un error despreciable, la efectividad de un ilusorio sujeto consciente de esa información.
Las neuronas miden el entorno, y lo hacen una y otra vez conforme dicha información es transmitida a lo largo de los circuitos cerebrales, y procesada (cambiada mediante asociación e integración) y en consecuencia interpretada (percibida) de algún modo (si dicho modo es compatible con el entorno, la supervivencia se verá favorecida, lógicamente). Así que, pensar es medir, como ya se había dicho.
En el cerebro la unidad de medida fundamental es el potencial de acción, así que la unidad se recrea cada vez que se descarga un potencial de acción, la rayita de la regla se traza en la regla cada vez que el potencial se descarga, no permanece de forma estable en el cerebro como una regla en nuestro escritorio. Cada vez que una neurona responde a los cambios en su entorno (la información que le llega a través de las sinapsis, que es el modo de conectarse con el entorno) generando, conduciendo y transmitiendo su propio potencial de acción, vuelve a recrear la unidad de medida con la que mide la realidad, y la anterior desaparece del presente. Como dicho potencial es igual a los que había generado antes, mide la realidad según un mismo parámetro una y otra vez. Esto favorece que la mente sea coherente y compatible, gracias a la constancia y estabilidad en sus características y propiedades (al menos durante el tiempo que dure la vida del individuo). La neurona es más o menos la misma cada vez que produce una respuesta, y lo mismo ocurre con el resto de las neuronas, que todas hacen más o menos lo mismo, los cien mil millones de neuronas, usan la misma unidad de medida, lo cual hace posible que el cerebro consiga organizarse a pesar del desorden y la complejidad, y acaben tomando forma objetos abstractos al usar todas las neuronas un mismo lenguaje, al usarse el mismo tipo de piezas en el puzzle. Las piezas presentan heterogeneidad espaciotemporal, pero son el mismo tipo de pieza, sirven para construir objetos mentales de modo organizado. Este equilibrio entre orden y desorden es tal que hace posible la integración de conductas eficaces para la persistencia del sistema con sus características, a pesar del tamaño desproporcionadamente grande del cerebro.
Un potencial de acción tiene principio y final, al principio va aumentando de amplitud, alcanza un máximo, y termina, y pasa un tiempo hasta que se puede descargar otro (hay un periodo refractario). Cuando los potenciales de acción de las neuronas se sincronizan, cuando coinciden por sus picos de máxima amplitud, se pueden mover en oleadas de sincronización, como si se moviesen en oleadas de actividad por el cerebro, como la ola que forman los espectadores de un estadio deportivo. El cerebro es capaz de recrear un movimiento ondulatorio.
Thomas, en un artículo suyo, titulado: Gases de Fermi atrapados ópticamente, publicado en Investigación y Ciencia, en 1992, afirmaba que hay un principio universal que establece que el cambio de escala no modifica las propiedades fundamentales del sistema. Resulta que esto tiene que ver con algo que se ha estado defendiendo a lo largo del ensayo: que la conciencia es una propiedad microscópica que persiste a escala macroscópica cuando emerge la subjetividad. Precisamente, gracias a que el cambio de escala de medición, de microscópica a macroscópica, no modifica la propiedad de la conciencia, la subjetividad y la conciencia pueden tener lugar a la vez, y así es posible la ilusión según la cual la subjetividad consiste en un sujeto consciente, gracias a que donde antes había conciencia, ahora habrá conciencia subjetiva, es decir, conciencia y subjetividad, conciencia unificada en un todo confinado, que por tanto será un todo consciente y sólo macroscópico: en la práctica, un sujeto, a ciertos efectos (al efecto de la percepción subjetiva y consciente), con un error despreciable en condiciones normales. Donde antes un cerebro daba cuenta de la realidad de forma consciente además ahora el cerebro, con la emergencia de la propiedad de la subjetividad con el cambio de escala (con la integración de redes de suficiente complejidad) se da cuenta de la realidad (y si además se computan objetos mentales con significado autorreferencial, como la palabra YO, entonces ese cerebro se dará cuenta de estarse dando cuenta de la realidad, que es en lo que consiste la autoconciencia, que no es lo mismo que la subjetividad; cuando la autoconciencia es subjetiva, entonces tenemos la conciencia subjetiva reflexiva, que es el nivel máximo de conciencia de la realidad que es posible en este momento; ciertos místicos hacen referencia a un nivel aun superior de conciencia, que trasciende al yo, pero no se trata de momento de un extremo abordable científicamente, por lo que dejamos aquí el terreno de lo trascendental, que no incumbe a este ensayo).
Al integrarse neuronas y circuitos para formar redes, y a continuación la redes en redes mayores, las redes mayores siguen haciendo lo mismo que hacían las neuronas: medir, pues con el cambio de escala, con el paso de la escala microscópica de las neuronas y circuitos a la escala macroscópica de las redes, no se alteran las propiedades fundamentales del sistema. Y una de las propiedades de las neuronas es medir, pensar, computar, y eso siguen haciendo las redes a gran escala. Lo que pasa es que, al cambiar de escala, como la escala determina la unidad de medida en el sistema, pues cambia la unidad de medida, y como las redes son efectivas como un todo en la práctica a ciertos efectos con un error despreciable, la unidad de medida pasa de hecho de ser la neurona (un potencial de acción) a ser la red (un elevado número de potenciales de acción concurriendo temporalmente dentro de un intervalo de tiempo dado que ha de constituir un todo también, una unidad de tiempo, no una escala, sino una partícula, o un punto y no una línea, un momento que captura el instante presente a escala), pasa de ser una unidad de medida microscópica a ser macroscópica. Por eso se entiende que se vean bultos macroscópicos, no detalles microscópicos, por eso se ve una figura en movimiento en el cine, no cada fotograma por separado durante la proyección. Además, al cambiar la escala de medida, varía la percepción, que será entonces percepción macroscópica. Y como no se percibe otra cosa que lo macroscópico, la percepción además de ser macroscópica estará confinada: subjetivamente se percibirá sólo a simple vista; y dicho confinamiento incluye a todas las dimensiones espaciotemporales: no se distingue cada fotograma por separado (confinamiento en la escala macroscópica en la dimensión o dimensiones del tiempo) y no se distingue cada molécula de un charco de agua (confinamiento en las escala macroscópica en las dimensiones del espacio).
La cuestión ahora es describrir cómo se produce el cambio de escala, cómo el sistema pierde resolución para que un conjunto de potenciales de acción en un intervalo de tiempo sea una sola cosa, la cuestión es describrir cómo emerge la subjetividad y cómo se confina. Esta es la parte verdaderamente difícil, porque no hay escuela donde lo expliquen.
Hay dos posibilidades para que la unidad sea mayor y por tanto se pierda resolución y emerja lo macroscópico a simple vista: o lentificar el tiempo, o cambiar la escala; la segunda opción es más razonable, ya que estamos en el campo de la física clásica.
Cuando la palabra SOL es un objeto mental abstracto subjetivo, es de suponer que la red correspondiente a SOL es una red que cuando SOL no era efectivo no era efectiva con subjetividad, y que ha tenido que tener lugar la integración de las redes correspondientes a S, O y L para ser efectiva. La red SOL es un todo en el momento en que SOL es efectivo (que equivale al momento en el que el sujeto es consciente de SOL). La red SOL supone una nueva medición en una escala distinta a la medición que tendría lugar con cada red S, O y L por separado. Además, SOL es una red mayor, es macroscópica respecto de S, u O, o L. La unidad de medida define la escala de medida, así que si una red es efectiva como un todo en un instante dado, aunque no deja de ser neuronas, al ser un todo la medición también es un todo, pues una red es medición, al ser una estructura morfofuncional, y no sólo morfológica, de modo que la red determina una nueva unidad de medida, de ahí que la medición en forma de red tenga lugar en otra escala, mayor en este caso, y por tanto efectiva como macroscópica, al serlo respecto de la escala anterior. Al variar la unidad de medida varía la forma de la medición, y si la medición es distinta, la percepción es otra también; y si al cambiar la unidad cambia la escala, al cambiar la escala cambia la medición, y por tanto cambia la percepción, que de un momento a otro pasará de ser microscópica (por ejemplo, infrasubjetiva) a ser macroscópica (por ejemplo, subjetiva). Así que, como la efectividad de la estructura en red neural, como un todo, es posible, la efectividad de la escala de medición que esa red determina también es posible a ciertos efectos, por ejemplo, al efecto de afirmar en la práctica, con un error despreciable, que se está viviendo la experiencia de la percepción consciente subjetiva. Una persona puede así ser capaz de afirmar que es un sujeto consciente de la palabra SOL y de todo el significado al respecto contenido en "su" mente.
El paso de neurona y circuito a red tiene que ver con el cambio de escala. La emergencia de la subjetividad tiene que ver con el aumento de la complejidad en el sistema, pues se diría que se trata de un fenómeno emergente. La complejidad se refiere tanto al número de elementos del sistema como al tipo de interacciones, y como se lleva un rato insinuando, hay un tipo de interacción clave que probablemente está detrás de la emergencia de la subjetividad, y que es la pieza que falta en este puzzle para que todo tenga sentido. Ya falta menos.
Si aceptamos que la información abstracta transmitida entre las neuronas es consciente, cuando emerge la subjetividad en correlación con la efectividad de una red macroscópica que defina la escala macroscópica, la información seguirá entonces siendo consciente. Nuestra propia experiencia personal da la razón a esta aseveración, por mero empirismo percibimos que somos sujetos conscientes de las cosas, percibimos que nuestra mente es una representación abstracta que da cuenta de lo concreto, que nuestra percepción subjetiva de una manzana no es una manzana, sino una representación abstracta de una manzana dentro de nuestro cráneo. Y como además de seguir siendo conscientes somos subjetivos, algo así como sujetos conscientes, experimentamos que nuestra mente no sólo da cuenta de la realidad, de la manzana, sino que además al ser subjetivos nuestra mente se da cuenta de la manzana al formar parte también de la realidad y comportarse en la práctica como un "reflejo" de ella siendo efectiva como "reflejo". Nos damos cuenta, somos un sujeto consciente de la manzana, somos, de hecho, una manzana abstracta, y eso es lo que el sujeto es cuando se percibe de manera consciente y subjetiva una manzana: otra manzana abstracta consciente, no un sujeto: una manzana pensante, no un yo pensante en ese momento (salvo que además de estar pensando en una manzana esté pensando en el yo también, como le pasa comúnmente a las personas, aunque no a todas, y a muy pocos chimpancés, y posiblemente a ningún perro). Y un sujeto no es una manzana desde cualquier punto de vista, por lo que tampoco es un sujeto, sino que sólo lo parece de manera convincente.
Al emerger la subjetividad se confina: al entrar en la habitación, la puerta se cierra. Al estar dentro ya no se está fuera. El confinamiento de la subjetividad incluye la imposibilidad para percibir subjetivamente el carácter ilusorio de este confinamiento: en el cerebro no se confina la información, sino que se recrea en el terreno de la abstracción dicho confinamiento con un error despreciable, imperceptible por la falta de resolución del sujeto macroscópico: no se da cuenta que sigue siendo microscópico mientras es macroscópico (sigue siendo neuronas mientras es red, porque la red está formada por neuronas; sigue siendo capaz de contar sólo hasta las décimas de segundo mientras sus neuronas siguen de hecho funcionando en milésimas de segundo).
Las neuronas y la red no están superpuestas, sino que son complementarias, existe complementariedad entre ellas, entre lo microscópico y lo macroscópico; no se trata de superposición, sino de complementariedad. Lo que pasa es que no es una complementariedad auténtica, es la recreación de una complementariedad (una complementariedad reducible). Por tanto, podría tener fisuras, aunque caigan fuera de la capacidad de resolución del observador macroscópico: la puerta de la habitación podría tener una rendija por donde se colase la luz de fuera. Por ejemplo, la subjetividad y la infrasubjetividad (el subconsciente) podrían estar unidos en parte, no totalmente separados, pero desde la subjetividad no es perceptible dicha unión, al ocurrir a escala microscópica, o justo en la transición de microscópico a macroscópico. Esto explicaría que los contenidos de la mente entren y salgan en la subjetividad desde la infrasubjetividad continuamente, como si hubiese una puerta giratoria entre ambos en las sinapsis donde neuronas entran y salen de la subjetividad e infrasubjetividad sucesivamente.
Esta complementariedad casi se diría que es otra de esas recreaciones a gran escala y en el terreno de la abstracción del comportamiento de la naturaleza a escala ultramicroscópica, pues también hay un principio de complementariedad en la mecánica cuántica, enunciado por Bohr, y que tiene que ver con la dualidad onda-corpúsculo, en particular, con la imposibilidad de determinar el carácter ondulatorio y corpuscular a la vez con un mismo experimento científico. Del mismo modo, es imposible ser subjetivo e infrasubjetivo a la vez, por ejemplo: no se puede ser y no ser subjetivamente consciente de las excursiones ventilatorias a la vez; o una cosa o la otra (a veces ventilamos, inspiramos y espiramos, sin darnos cuenta de estarlo haciendo, y otras veces controlamos desde la subjetividad nuestra ventilación pulmonar, pero no ambas cosas a la vez). Sin embargo, todo parece indicar que a pesar de la complementariedad, y en caso de ser algo, las partículas no serían ondas o corpúsculos, sino ondas y corpúsculos, a pesar de lo que le esté dado a los físicos detectar con sus aparatos. De modo análogo, la conciencia no es macroscópica o microscópica, sino macroscópica y microscópica, pues mientras es macroscópica, mientras las redes son efectivas, las microscópicas neuronas siguen interactuando con denuedo para que la red siga emergiendo desde cierto punto de vista (el macroscópico). El detectar neurona o red también depende del "aparato" utilizado por el observador, depende de si se confina o no se confina. Por el confinamiento y la complementariedad no es posible percibir subjetivamente que duran lo mismo diez décimas de segundo (medición macroscópica) que mil milésimas de segundo (medición microscópica); y eso que las dos mediciones duran lo mismo: un segundo. De hecho, a simple vista es perceptible el paso del tiempo hasta las décimas de segundo aproximadamente, pero no hasta las milésimas, no podemos contar en milésimas, es demasiado rápido para la capacidad de resolución de la subjetividad, pues el confinamiento establece esa especie de principio de complementariedad. La percepción subjetiva sólo ocurre a simple vista, a escala macroscópica confinada, y la verdad es que la actividad neural que está llevando a cabo esa medición en décimas de segundo lo está haciendo en milésimas de segundo, pues el funcionamiento neuronal, que es microscópico, transcurre en la escala de las milésimas de segundo, pues eso es lo que dura un potencial de acción, milésimas.
La percepción subjetiva es emergente, así que es reducible, pero como está confinada sólo puede ser efectiva en una escala: a simple vista, a escala macroscópica confinada. En el cine ocurre lo mismo, una sucesión de fotogramas, de imágenes fijas, se percibe como imagen en movimiento al interpretarse así los cambios de un fotograma a otro, pues al estar confinados en la escala macroscópica, por la falta de resolución a dicha escala, no da tiempo a percibir cada fotograma por separado, así que se perciben todos juntos, y el bulto que se percibe es el movimiento de la figura que se identifica en la imagen. Y por más que queramos no podemos abandonar el confinamiento. La única manera sería pasar la película más despacio, para que los fotogramas cayeran dentro de la resolución de la escala macroscópica confinada y pudieran ser percibidos, es decir, lentificando la dimensión del tiempo, momento en que se empezará a perder la sensación de movimiento continuo de la figura cinematográfica. Y no hay que olvidar que la información que llega a las retinas a partir de la proyección de cine no es macroscópica en origen: son fotones, de modo que todo el asunto del cambio de escala y la percepción de objetos macroscópicos tiene lugar en la mente. Y en cuanto a la mente, como el tiempo no se lentifica a gran escala, no podemos percibir los "fotogramas" de la mente, así que, subjetivos nos quedamos.
91. SCALING.
El confinamiento de la medición de la realidad en la escala macroscópica es una manera de decir que el cerebro, como sistema de medición, carece de escalabilidad al confinarse. Ferrero, en un artículo del 2003 en Investigación y ciencia, titulado Información cuántica, estado de la cuestión, decía que la escalabilidad de un sistema físico es la capacidad del sistema para adaptarse a tareas de distinta magnitud. Así mismo, Ynduráin, en su interesante libro Electrones, neutrinos y quarks, explica que el scaling indica lo que cambia una cantidad física al alterar la escala de uno de los parámetros de los que depende. El observador subjetivo es un sistema físico de medición de información consciente y adaptada a la percepción a determinada escala, la efectiva en el momento en que el cerebro se encuentra en el peculiar estado morfofuncional correspondiente a la propiedad de la subjetividad. El observador subjetivo, por su confinamiento, no posee la capacidad de la escalabilidad, por lo que la percepción a simple vista sólo ocurre a simple vista, está confinada en una escala determinada. El confinamiento, la falta de escalabilidad del sistema de medición en el estado morfofuncional de observador subjetivo, explica la efectividad de la subjetividad en la práctica, de manera que tan interesante es el modo de emerger, como el modo de confinarse, aunque ambas cosas sean lo mismo, de manera que explicando uno, se explica el otro, pues aunque se puedan categorizar por separado, son indisolubles en el proceso mental en sí. El confinamiento en la subjetividad, el hecho de poder percibir solamente lo macroscópico como sujetos conscientes, se debe a la falta de escalabilidad del estado dinámico morfofuncional subjetivo del cerebro como proceso de medición sistemático, es una cuestión de scaling.
El scaling es cosa de físicos. Parece ser que indica lo que cambia la magnitud de una medición efectuada en un sistema si cambia la escala de uno de los parámetros de medición. Hay que reconocer que lo del scaling recuerda a cómo cambia la percepción al cambiar la medición, por ejemplo, cómo cambian las propiedades de la conciencia al pasar de escala microscópica a macroscópica, como cuando pasamos de no darnos cuenta de las cosas a darnos cuenta de las cosas, cuando pasamos de infrasubjetivos a subjetivos con sólo cambiar la escala de la conciencia y confinarla. Parece ser que en mediciones físicas groseras, por ejemplo, macroscópicas, el scaling no influye mucho en la práctica en los resultados, pudiendo ser el error despreciable. En medidas microscópicas, en las que el margen de error no es despreciable, sí influye de manera importante en los resultados. A escala macroscópica, el error en la medición que pudiera ocurrir en uno de los elementos queda amortiguado por una mayoría no errónea, ya que los elementos son muy numerosos, por ejemplo, ante comida a la hora de comer, la mayoría de las neuronas implicadas integrarán como respuesta la conducta de ir a comer, y si algunas por error integran lo contrario, quedarán anuladas por una mayoría "decidida" a comer, y será lo que al final se haga, con un error despreciable (el error de las neuronas que llevaban la contraria).
Así que la escala influye en la medición. La magnitud medida cambia en función de un cambio en la escala de alguno de los parámetros. Cuando los físicos hicieron colisionar electrones con protones, a los que consideraban elementales, los resultados de los choques se alejaron de lo previsto. Feynman propuso que se podría tratar de scaling, fruto de haber prejuzgado que electrón y protón se hallaban en una misma escala (y no era así, el electrón parece ser elemental en la realidad; el protón, no). De este modo se empezó a comprobar que el protón no era elemental, como el electrón, sino formado por quarks y gluones (al principio a las partes del protón se las llamó partones, antes de descubrir los quarks). Y así, al no considerar a los protones como elementales los cálculos ya salieron sin error, que no era despreciable en este caso, al ser choques medidos partícula a partícula. Para solucionar su problema con los choques entre protones y electrones necesitaron cambiar la escala, para poner a los protones a la altura de los electrones, o más bien, para corregir la diferencia entre ambos, al ser uno elemental y el otro, no. Y todo esto no es casualidad, ni azar, sino un mecanismo, o un proceso físico sistemático, como la vida, y como la conciencia.
La subjetividad también parece un estado ligado, como el protón, también es efectiva como un solo objeto a ciertos efectos, a pesar de ser reducible, y también parece haber confinamiento en su caso, como en el caso de los quarks. De modo que tal vez la mente utilice, como los quarks, el entrelazamiento para cambiar la escala de medición, y dar lugar a un efecto distinto: la subjetividad, mediante la recreación de un entrelazamiento en el terreno de la abstracción: la subjetividad sería entonces un efecto macrocuántico de alguna especie, de modo que, aunque macroscópica, no sería el resultado de un comportamiento físico clásico, sino cuántico, aunque mediante una recreación de un comportamiento cuántico que de algún modo conseguiría ser efectivo como cuántico con un error despreciable en la práctica a gran escala y en el terreno de la abstracción.
Ya hemos visto que en el terreno de la abstracción es posible computar imposibles (como imaginar que un hombre pueda viajar al pasado en una máquina del tiempo), pero, en el caso de la mente, la subjetividad es una realidad, es real, y su compatibilidad con la realidad del entorno es indudable: percibimos que cae lo que cae, sin error en dicha interpretación. Por tanto, la subjetividad es abstracta, pero sustentada en la materia que, entonces, debe tener un comportamiento concreto correlativo capaz de ser lo suficientemente peculiar como para corresponder a ese fenómeno único y propio del cerebro (que se sepa) como es la subjetividad.
Un correlato neural dado, además de explicar cómo la mente consigue llevar a cabo la recreación de un entrelazamiento en el terreno de la abstracción, debe ser tal que dicha recreación se corresponda con un correlato neural determinado que sea posible en el cerebro, no puede basarse en un imposible, y debe permitir explicar dicho entrelazamiento entre objetos abstractos. No parece tarea fácil. ¿Existirá una explicación para todo este galimatías de creciente complejidad? …Como es de suponer, no habría escrito un ensayo tan largo y difícil si no tuviese una explicación fácil de antemano, una respuesta fácil a una pregunta difícil.
Al ser la conciencia subjetiva un objeto integral (integral: el constituido por sus piezas fundamentales, que persiste como un todo en ausencia de algunas piezas) con el tiempo va cambiando el contenido de la conciencia, conforme aumenta la entropía en este sistema dinámico. A pesar de este cambio en el contenido de la conciencia subjetiva (no es tan raro en el fondo: sin cambio no hay conciencia –aunque no todo cambio es consciente-), el carácter subjetivo de la subjetividad no se pierde a lo largo del proceso consciente subjetivo, ni sus características, como que la percepción sea macroscópica y confinada a todo lo largo de su efectividad.
Se diría que esta integridad de la efectividad de parte de la mente como un todo, la subjetividad, así como el aspecto macroscópico confinado, tienen que ver con la falta de escalabilidad del observador subjetivo. Por su parte, el carácter integral de la subjetividad tiene que ver con que sean muchas, millones, las neuronas implicadas en la integración de cada respuesta macroscópica, y que ninguna de esas neuronas sea imprescindible, en general, al ser las redes tan grandes (de hecho, cada día mueren una cierta cantidad de neuronas en el cerebro, y no ocurre gran cosa por ello a corto plazo en lo que se refiere a la propiedad de la subjetividad). Dicha irrelevancia de algunas neuronas en el resultado final tiene que ver con el hecho de ser el error del resultado despreciable en la práctica a gran escala.
Esta variación continua en las neuronas que están participando en la red subjetiva, tiene que ver también con el cambio constante del contenido de la mente, el cambio del objeto del pensamiento. El cambio en el contenido también tiene que ver con el caos del sistema. En cuanto a la persistencia de la propiedad de la subjetividad, a pesar del cambio en el contenido de la subjetividad, es posible, ya que la subjetividad no es un contenido, sino una propiedad de un sistema enorme, y por tanto también se conserva por este motivo con un error despreciable, pues las neuronas que se incorporan a la subjetividad sustituyen a las que salen de ella, del mismo modo que los seres vivos sustituyen a los que mueren, y así la vida parece una propiedad continua en el tiempo, cuando no hay vida, sino seres vivos, ni conciencia subjetiva, sino información subjetivamente consciente; sujetos conscientes. Pasa lo mismo con una pared blanca: de lejos se percibe como blanca con un error despreciable, mientras que de cerca se aprecia su abigarramiento y sus desconchones.
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