Pedagogos y psicólogos a partir del Siglo XV comenzaron a dar los primeros pasos en aras de educar y rehabilitar a las personas con esta entidad; constituyen evidencias de este planteamiento los siguientes:
En la segunda mitad del Siglo XIX se producen significativos avances que posibilitaron un mayor esclarecimiento de la deficiencia mental:
Hasta el Siglo XIX el retraso mental no tuvo una conceptualización claramente diferenciada de otras patologías y no se encontraban diferencias con el sordo, criminal, epiléptico o loco; en ocasiones eran considerados como una variante de demencia.
Sus causas se asociaban a patologías de orden biológico.
En 1818, Esquirol plantea la definición de idiota y establece la diferencia entre esta y la demencia y confusión mental. Plantea además que era un déficit intelectual, constatable, de origen orgánico e incurable.
Finales del Siglo XIX y principios del XX aportan elementos importantes para la comprensión de la naturaleza del retraso mental; se distingue de la enfermedad mental y se profundiza en los agentes causales y niveles de retraso.
En el Siglo XX predominan dos criterios en su definición: la distribución estadística de la inteligencia y los problemas de la conducta adaptativa.
Pudiera entonces plantearse que la evolución de las concepciones en relación al retraso mental está marcada en dos momentos puntuales: uno antes del Siglo XIX en que esta entidad no se diferenciaba de otras alteraciones y era considerada como una variante de la demencia atribuible a bases orgánicas, biológicas o innatas y otro a partir del Siglo XIX cuando se diferencia de otras entidades y que según algunos autores mantienen vigencia las tendencias biologicistas como una alteración constituyente del Sistema Nervioso Central (SNC).
¿Cuáles son las principales tendencias en cuanto a las reflexiones conceptuales y terminológicas del retraso mental?
La Psiquiatría Occidental basa el estudio de los conceptos tomando como criterio la experiencia acumulada por algunas instituciones científicas.
A pesar de existir múltiples concepciones, se aprecian dos tendencias principales:
La Psiquiatría Occidental lo considera como un estado que implica el funcionamiento subnormal del individuo e inadaptación y que constituye un problema multidisciplinario y multidimensional que abarca aspectos fisiológicos, psicológicos, médicos y educacionales y ante todo un problema social.
Por otra parte fundamenta que su etiología es diversa, incluida la privación psicosocial o ambiental, categoría atribuible a aquellos casos en los cuales la deficiencia se atribuye a factores ambientales, en ausencia de patologías del sistema nervioso central (SNC) y establece una clasificación en dependencia de la profundidad del defecto: leve, moderado, grave y profundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) para clasificar en sentido general las enfermedades se fundamenta en el criterio etiológico, por cuanto la clasificación de la entidad no abarca sus diferentes formas o manifestaciones clínicas específicas. Utiliza los siguientes niveles:
En estudios y análisis posteriores, específicamente en la Novena Revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades, define esta entidad diagnóstica sobre la base de los siguientes criterios:
Deja pues de utilizar la categoría de limitáneo o fronterizo, más mantiene el retraso mental de grado no especificado para aquellos casos en que el nivel de funcionamiento no está bien definido, pero que evidentemente es subnormal.
A pesar de los valores positivos que encierra esta clasificación, la misma adolece de aspectos en el orden negativo, tales como: no se precisa la etiología ni la etapa del desarrollo en que se produce la lesión, deja de precisarse además hasta qué punto esta definición abarca otras áreas de la personalidad, así como sus síntomas acompañantes.
Los países de Europa del Este comparten los criterios que condicionan el concepto retraso mental, su etiología y métodos para el diagnóstico.
Los especialistas rusos consideran que para hablar de retraso mental es necesario como conceptos generales:
Sería importante en este momento hacer referencia a los enfoques referidos a los criterios diagnósticos y que en buena medida aportan elementos de gran valor para la definición del referido concepto.
Con el aporte de las primeras escalas de desarrollo intelectual aportadas por Binet y Simon en 1905, abre sus puertas el enfoque psicométrico, el que se convirtió en el punto de referencia absoluto para el diagnóstico y clasificación de los sujetos con diagnóstico de retraso mental; atribuyéndole este calificativo a aquellas personas cuyo CI era inferior a dos desviaciones típicas de la medida fijada para la población de que formaban parte.
Este enfoque que jugó en su momento un rol importante, adoleció y aún adolece de aspectos en el orden negativo, entre ellos:
Por otro lado está el enfoque biológico caracterizado por considerar como condición imprescindible la presencia de cambios básicos del cerebro, entiéndase como una lesión anatómica demostrable; cuestión que deja a medias una concepción que requiere de un análisis más completo, por cuanto no basta con el hecho de conocer solamente el daño desde el punto de vista biológico.
El enfoque socio-cultural, hace énfasis en la actividad social del individuo y en su adaptación a la sociedad en todas sus formas y que bien pudiera aludirse, como lo hacen varios autores, a la conducta adaptativa y que sin lugar a dudas conlleva a variadas interpretaciones en correspondencia con las diferencias sustanciales entre las distintas sociedades.
El enfoque orgánico abarca solamente el 25 % y hace referencia a aspectos de vital importancia: la etiología de la lesión, su prevención y tratamiento. Considera con retraso mental a todas aquellas personas con el rango de las desviaciones estándar por debajo de la media y afectadas por insuficiencias detectables por medios bioquímicos, cromosómicos, anatómicos y fisiológicos que conlleven a una deficiencia intelectual.
Aquellos sujetos, cuyo desarrollo intelectual está por debajo de la media y que su aprendizaje escolar es lento, son considerados con retraso mental, según el enfoque educativo. Incluyen aproximadamente entre el 5 y el 15 % de la población escolar, en dependencia de la edad y de la ubicación geográfica de la institución docente.
El enfoque madurativo alude a que las alteraciones globales o parciales producen una alteración en determinados esquemas motrices o provocan modalidades patológicas de conducta; teniendo como condicionante que se produzcan antes de los 3 años. Este enfoque abarca las encefalopatías infantiles de origen pre y peri natal, los atributos a daño cerebral, las perturbaciones motrices, epilepsias, Parálisis Cerebral, entre otras.
En resumen, cada enfoque aporta elementos de peso para la definición del concepto un tanto más abarcador, entre ellos: la lesión del sistema nervioso central, el nivel en que funciona el sujeto y su capacidad para su desenvolvimiento como persona desde el punto de vista social, cultural y educativo.
No basta tener en cuenta las premisas anteriores para la definición del retraso mental, sino que se hace necesario tener presente la naturaleza y estructura del defecto y para ello es imprescindible valorar:
Al considerar la estructura del defecto como base para el análisis del retraso mental, particularizan dos formas fundamentales de esta entidad: Oligofrenia, caracterizada por el insuficiente desarrollo de las formas complejas de la actividad psíquica, fundamentalmente de la cognoscitiva. Las manifestaciones de la lesión no son progresivas y se produce antes del nacimiento, durante el nacimiento o después del nacimiento tempranamente; esta deficiencia posee un carácter uniforme en todo el desarrollo de la personalidad del sujeto.
La oligofrenia se divide en dos sentidos:
Demencia orgánica: Los trastornos del intelecto que sufren los sujetos se deben a enfermedades infecciosas o traumáticas del sistema nervioso central. Son de carácter estable y más o menos graves, además de ser progresiva. No poseen un carácter uniforme por cuanto la deficiencia mental produce la destrucción de los sistemas formados.
Según los especialistas rusos, esta forma de retraso mental se clasifica también en dos sentidos:
Consideran pues, el retraso mental como la entidad nosológica más general, mientras que la oligofrenia y la demencia como formas particulares.
La Psiquiatría Norteamericana basa su análisis sobre la base de diferentes aristas por cuanto existe diversidad de criterios entre los distintos investigadores, de ahí que existan también múltiples concepciones acerca del retraso mental; no obstante pueden delimitarse dos tendencias más generalizadas:
En resumen, definen conceptualmente al retraso mental como "un término que alude a un funcionamiento general del intelecto inferior al promedio que se origina en el período de desarrollo del sujeto y se asocia a un déficit de la conducta adaptativa" (Egea García, 1999).
En sentido general, al margen de las disímiles tendencias existentes, los investigadores norteamericanos coinciden con esta definición conceptual y fundamentan sus criterios teniendo en cuenta el considerarlo como un estado que implica un funcionamiento subnormal del individuo e inadaptación del mismo, como un problema multidisciplinario y multidimensional que abarca aspectos fisiológicos, psicológicos, médicos y educativos y donde el aspecto social cobra particular importancia.
Por otra parte consideran su etiología de formas muy diversas, incluida la deprivación psicosocial o ambiental y reservan esta última para los casos donde la deficiencia es atribuible a factores de índole ambiental, en ausencia de patologías del Sistema Nervioso Central (SNC). Su clasificación por el nivel de profundidad alude a las siguientes categorías: limitáneos, leves, moderados, graves o profundos.
La Asociación Americana sobre retraso mental (AARM) desde su fundación en 1876 ha tenido como una de sus principales ocupaciones la de conseguir una delimitación clara y no discriminatoria de la condición de las personas con este diagnóstico.
La primera edición de su manual sobre la definición del Retraso Mental fue en el año 1921 y a partir de entonces se han publicado 8 más, correspondientes a los años 1933, 1941, 1957, 1959, 1973, 1977, 1983 y 1992, siendo esta última la novena edición. Cada década ha contado con la influencia de estos manuales clasificatorios y, con cada nueva edición, la definición de esta entidad fue enriqueciéndose con matices cada vez más esclarecedores; las nuevas ediciones jamás negaron lo planteado por las anteriores, sino que servían de base y punto de partida para una mejor y mayor comprensión del retraso mental en cuanto a claridad, amplitud y delimitación.
La definición de retraso mental tuvo como punto de partida y eje fundamental al Coeficiente Intelectual (CI). Los test de inteligencia y su aplicación generalizada en EEUU, hacían de este parámetro el dato más objetivo para apoyar cualquier tipo de investigación poblacional en función de sus rendimientos intelectuales. La presencia de la entidad diagnóstica estaba dada cuando existían dos desviaciones típicas por debajo de las consideradas como norma en la sociedad. En esta época este enfoque tuvo una relevada importancia ya que permitía medir numéricamente la impresión visual del especialista frente al caso.
En el desarrollo evolutivo en cuanto a la definición y clasificación del retraso mental hay aspectos que resaltan por su significativo interés:
Desde este momento se habla de que la definición está "casi a punto". En posteriores ediciones sólo habrán matizaciones terminológicas (se añade el término "significativamente" previo a frase "funcionamiento intelectual general inferior a la media", se da un carácter orientativo al límite del CI que puede complementarse con otras evaluaciones clínicas poniendo el CI de 75 como barreras, o se amplía el límite de edad para la aparición del proceso etiológico detonante a los 18 años (Egea García, 1999).
La Novena Edición en 1992 representa un intento de exponer el cambio en el concepto pero sobre todo en la comprensión del mismo y plantea cómo deben clasificar y describir los sistemas de apoyo necesarios para estas personas.
Esta edición representa un cambio de paradigma, desde una visión como rasgo absoluto manifestado únicamente por un individuo, a una expresión de la interacción entre la persona con un funcionamiento intelectual limitado y su entorno y amplía el concepto de comportamiento adaptativo dando un paso más desde una descripción global a una especificación de áreas de habilidades concretas.
Esta edición posee un enfoque más abarcador al considerar que la persona con retraso mental no es un ente aislado, sino que se interrelaciona con su entorno, se ve condicionado por este y a su vez es capaz de condicionarlo.
La definición vigente, en la Novena Edición del Manual de la Asociación Americana sobre Retraso Mental (AARM) (Egea García, 1999) alude a que el retraso mental hace referencia a limitaciones substanciales en el desenvolvimiento corriente. Se caracteriza por un funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media, junto con limitaciones asociadas en dos o más de las siguientes áreas de habilidades adaptativas: comunicación ,cuidado personal, vida en hogar, habilidades sociales, utilización de la comunidad, autogobierno, salud y seguridad, habilidades académicas funcionales, ocio y trabajo. Se manifiesta antes de los 18 años.
Especifica además, que para poder aplicar la definición deben tomarse en consideración las cuatro premisas siguientes:
Resulta atinado aludir a los cambios de esta definición en comparación con los anteriores:
La concepción del retraso mental en Cuba y su definición conceptual, como en otros países, tuvo diferentes interpretaciones tanto desde el punto de vista pedagógico como médico; sin embargo, la colaboración de los países socialistas, fundamentalmente la otrora Unión Soviética permitió el desarrollo de una concepción con un enfoque pedagógico. De ahí que haya sido considerado como un estado peculiar del desarrollo que implica trastornos estables de la actividad cognoscitiva y que tiene en su base una lesión orgánica del cerebro.
Las distintas definiciones utilizadas al respecto son las que siguen:
En cada una de las definiciones se destacan palabras claves que permiten arribar a un concepto más generalizado y completo: alteraciones del desarrollo psíquico, fundamentalmente de la actividad cognoscitiva; presencia de lesión orgánica del cerebro; carácter irreversible; manifestaciones estables.
En este sentido considera al retraso mental como un estado del individuo en el cual se producen alteraciones en los procesos psíquicos en general, fundamentalmente en la esfera cognoscitiva, las cuales son estables y se deben a una lesión orgánica del Sistema Nervioso Central (SNC) de carácter difuso e irreversible y de etiología genética, congénita o adquirida (González Monteagudo, 199370).
Esta definición conceptual implica aspectos de relevada significación: una valoración integral del sujeto, la naturaleza primaria del defecto, la estabilidad de las manifestaciones del daño, la diversidad de formas, la diferenciación de los estados parecidos y el carácter optimista de las posibilidades del desarrollo de los retrasados mentales.
Constituyen elementos de gran valía:
En este sentido tener en cuenta las características más generales de cada uno de ellos, que al mismo tiempo se convierten en indicadores diagnósticos para cada grado de profundidad. Estas son las siguientes (Según Psicología Especial, Tomo II, (2006) Dra. C. María Teresa García Eligio de la Puente y Psicopatología Infantil. Su evaluación y diagnóstico (2006) Dra. C. Aurora García Morey):
Observación:
Pautas para el diagnóstico:
Si se utilizan test de CI estandarizados de un modo adecuado, el rango 50 al 69 corresponde a un retraso mental leve. La comprensión y el uso del lenguaje tienden a tener un retraso de grado diverso y se presentan problemas en la expresión del lenguaje que interfiere con la posibilidad de lograr una independencia y que puedan persistir en la vida adulta. Solo en una minoría de los adultos afectados puede reconocerse una etiología orgánica. En un número variable de los afectados pueden presentarse además, otros trastornos tales como: autismo, otros trastonso del desarrollo, epilepsia, trastorno disocial o discapacidades somáticas. En estos casos deben ser codificados independientemente.
Observación:
Pautas para el diagnóstico:
El CI está comprendido entre 35 y 49. En este grupo lo más frecuente es que haya discrepancias entre los perfiles de rendimiento y así hay individuos con niveles más altos para tareas viso-espaciales que para otras dependientes del lenguaje, mientras otros son marcadamente torpes, pero son capaces de participar en relaciones sociales o conversaciones simples.
El nivel del desarrollo del lenguaje es variable, desde la capacidad para tomar parte en una conversación sencilla hasta la adquisición de un lenguaje solo suficiente para sus necesidades prácticas. Algunos nunca aprenden a hacer uso del lenguaje, aunque pueden responder a instrucciones simples. Otros aprender a gesticular con las manos para compensar, hasta cierto grado, los problemas del habla.
En la mayoría puede reconocerse una etiología orgánica. En una proporción pequeña pero significativa están presentes un autismo infantil o trastornos del desarrollo, los cuales tienen una gran repercusión en el cuadro clínico y en el tipo de tratamiento necesario. También son frecuentes la epilepsia y los déficit neurológicos y las alteraciones somáticas, a pesar de lo cual la mayoría puede llegar a ser capaz de caminar sin ayuda.
Algunas veces es posible identificar otros trastornos psiquiátricos, pero el escaso nivel del desarrollo del lenguaje hace difícil el diagn´sotico, que puede basarse en la información obtenida de terceros,
Observación:
Pautas para el diagnóstico:
El CI está comprendido entre 20 y 34.
Pautas para el diagnóstico:
El CI es inferior a 20. La comprensión y expresión del lenguaje se limitan, en el mejor de los casos, a la comprensión de órdenes básicas y a hacer peticiones simples.
Pueden adquirir las funciones viso-espaciales más básicas y simples como las de comprar y ordenar y ser capaces, con una adecuada supervisión y guía de una pequeña participación en las tareas domesticas.
Puede ponerse de manifiesto una etiología orgánica. Lo más frecuente es que se acompañen de déficit somáticos o neurológicos graves que afectan a la motilidad, de epilepsia o de déficit visuales o de audición.
También es muy frecuente la presencia de trastornos generalizaos del desarrollo en sus formas más graves, en especial de autismo atípico, sobre todo en aquellos casos que son capaces de caminar.
Aproximarse al concepto de retraso mental resulta algo en extremo complejo por la variedad de definiciones y las interpretaciones realizadas en diferentes campos (Guerra Iglesias, 2005), sin embargo, hoy en Cuba se comparte para el análisis entre especialistas, fundamentalmente de los Centro de Diagnóstico y Orientación el que nos ofrece Torres González (2000) y que alude a una característica especial del desarrollo donde se presenta una insuficiencia general en la formación y desarrollo de las funciones psíquicas superiores, comprometiendo de manera significativa la actividad cognoscitiva y provocado por una afectación importante del sistema nervioso central en los períodos pre, peri y postnatal, por factores genéticos, biológicos adquiridos e infraestimulación socio-ambiental intensa en las primeras etapas evolutivas que se caracteriza por la variabilidad y diferencias en el grado del compromiso funcional.
A pesar de reconocer el valor del concepto anterior, sería válido reconocer los aportes que en tal sentido han ofrecido autores cubanos de reconocido prestigio, entre otros: Rafael Bell Rodríguez, Arturo Gayle Morejón, Ramón López Machín, Guillermo Áreas Beatón, María Teresa García Eligio de la Puente y Sonia Guerra Iglesias.
Sin lugar a dudas la concepción del retraso mental en Cuba posibilita un trabajo pedagógico con estos niños donde se articulan coherentemente las acciones correctivas compensatorias gracias al conjunto de elementos que aporta el diagnóstico integral y que se manifiesta en su descripción, naturaleza, profundidad, etiología y momento de aparición de la lesión, y en los casos que lo presenten, sus síndromes acompañantes. A decir de Guerra Iglesias (2005) se trata de una concepción que sin dejar de reconocer las limitaciones, permita el reconocimiento de las potencialidades encaminadas al desarrollo y formación del niño y de la niña con retraso mental con un tratamiento menos agresivo para él y su familia.
El autor considera que para hablar a favor de un diagnóstico de retraso mental resultan imprescindibles la presencia de un insuficiente desarrollo de los procesos psíquicos, especialmente los cognitivos, la presencia de una lesión orgánica en el sistema nervioso central y las limitaciones en el proceso de una conducta adaptativa, traducida en su nivel de aprendizaje escolar y social.
Resulta importante para tratar de arribar al diagnóstico de retraso mental considerar los siguientes criterios:
La práctica del diagnóstico escolar en Cuba y que se concreta con mayor aplicación en los Centros de Diagnóstico y Orientación ha demostrado que para el desarrollo exitoso de este proceso se hace necesario implementar y llevar a vía de hecho principios rectores (Nieves, 1994), entre ellos:
Valdría la pena hacer referencia a las tendencias más contemporáneas en el área del diagnóstico escolar y que sirvieron para efectuar un viraje en este particular a partir de la década de los años 90 y que mantienen vigencia absoluta (Nieves, 1994):
El nuevo paradigma del retraso mental demanda de todos los profesionales de la Educación Especial y de la sociedad en general compromisos para con las personas con este diagnóstico:
El cumplimiento de los citados compromisos debe conllevar a garantizar una mejoría de la calidad de vida de los niños y niñas con diagnóstico de retraso mental y a su vez lograr en la sociedad una auténtica cultura de aceptación a la diversidad.
Afrontamiento en las familias ante el Retraso Mental: Evaluación y terapia /Frank J. Floyd.../ el al /.- (1996) Madrid: Editorial Siglo Cero.
GÓMEZ CARDOSO, ÁNGEL LUIS. (2007) Estrategia educativa para la preparación de la familia del niño y la niña con diagnóstico de retraso mental. Tesis en opción al Grado Científico de Doctor en Ciencias Pedagógicas. Camagüey.
______________________________. (1999) Propuesta de un Diseño de Ayudas para la familia del niño con Necesidades Especiales. Una vía de Trabajo Social. Tesis en opción por el título de Master en Trabajo Social, Camagüey.
______________________________. (2003) Evaluación y tratamiento en el Retraso Mental. Trabajo Preventivo. Publicación Electrónica. Página Web www.astrolabio.net y www.monografías.com.
_________________________________. (2003) La caracterización y el diagnóstico de la familia del niño con Necesidades Especiales por Retraso Mental. Una alternativa de trabajo. Publicación Electrónica. Página Web www.astrolabio.net.
Selección de lecturas sobre Retraso Mental (2005) / Sonia Guerra Iglesias…- /et al/.- La Habana: Editorial Pueblo y Educación.
VERDUGO ALONSO, MIGUEL ÁNGEL. (1995) Personas con discapacidad. Perspectivas psicopedagógicas y rehabilitativas.- Madrid: Editorial Siglo Veintiuno, SA.
Autores:
Dr. C Ángel Luis Gómez Cardoso
Profesor Titular. Departamento de Educación Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José Martí. Camagüey. Cuba.
MSc. Olga Lidia Núñez Rodríguez
Profesora Auxiliar. Departamento de Educación Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José Martí Directora del Centro de Diagnóstico y Orientación. Camagüey. Cuba.
Lic. Yelene Palenzuela Hidalgo
Profesora Instructora. Departamento de Educación Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José Martí. Camagüey. Cuba.
Lic. Edwart Fleites Cobiella
Profesor Instructor. Departamento de Educación Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José Martí. Camagüey. Cuba.
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