Podemos entender como devenir, desde los orígenes de la humanidad a nuestros días, con sus avances y retrocesos, entendiendo como avances, los logros que dignifican la condición humana, y como retrocesos, todo lo que signifique oponerse a esos logros.
Inmerso en el devenir está lo que llamamos historia, una cualidad inherente al ser humano consistente en la constante búsqueda y lucha por dignificar su condición de vida, tanto con relación a sus semejantes, como con relación a la naturaleza y al cosmos. En este sentido, tenía razón Hegel al afirmar que la historia de la humanidad es el devenir en lucha por la libertad.
Cuando en el devenir se pierda ese don de hacer historia, de luchar por ennoblecer y dignificar la existencia, será el final de la historia.
En el devenir han existido clases sociales con historia y clases sociales sin historia. Las primeras, cuando sus intereses particulares (privados) confluyen por lo menos en parte, con el interés general, y las segundas cuando sus intereses no confluyen o han de confluir con el interés general.
Las clases sin historia hacen suyo los valores más siniestros, pasados y presentes, para perennizarse en el poder, mientras que las clases y culturas dominadas, para liberarse, hacen suyo los valores progresivos de la humanidad.
Capítulo I.- HISTORIA Y ANTI HISTORIA
Uno de los mayores logros en la evolución, fue cuando una criatura del mundo animal se rebela a la naturaleza de la cual forma parte, emergiendo un nuevo ser, -el hombre-, el más activo de todos los seres vivos, en un proceso de humanización hasta hoy ininterrumpida.
Podemos entender como devenir, desde los orígenes de la humanidad a nuestros días, con sus avances y retrocesos, entendiendo como avances, los logros que dignifican la condición humana, y como retrocesos, todo lo que signifique oponerse a esos logros.
Inmerso en el devenir está lo que llamamos historia, una cualidad inherente al ser humano consistente en la constante búsqueda y lucha por dignificar su condición de vida, tanto con relación a sus semejantes, como con relación a la naturaleza y al cosmos. En este sentido, tenía razón Hegel al afirmar que la historia de la humanidad es el devenir en lucha por la libertad.
Sin embargo, la humanidad no siempre ha sido ni es consciente de este proceso. La mayor parte de su camino lo ha recorrido a tientas, sin saber los pasos que da en el camino, ni las veces que subieron a las cumbres a la conquista de los cielos. Las primeras explicaciones a su existencia y lugar en el universo, fue por mediación del mundo mágico, mitológico y religioso. Pasaron millones de años, para que comience a buscar explicaciones en el hombre mismo, es decir, en las relaciones que se adquieren en el devenir, al margen de las divinidades.
Considerando que hasta hoy, la lucha por la libertad, ha marcado y marca el derrotero de la humanidad, con sus avances y retrocesos, en su generalidad hay identidad entre historia y devenir. Cuando en el devenir se pierda ese don de hacer historia, de luchar por ennoblecer y dignificar la existencia, será el final de la historia.
Pero el final de la historia, si bien toca las puertas, en época de decadencia capitalista en la cual vivimos, si bien hay signos de desaliento y desesperanza en amplios sectores, no se puede decir que en su conjunto, la humanidad haya dejado sus grandes ideales de justicia y libertad, traducido en rebeldía contra todo tipo de explotación, opresión y enajenación.
La explotación y opresión es la resultante de las relaciones basadas en clases sociales que el hombre se ha labrado en el devenir, en cuyo seno -de las relaciones sociales-, hay aspectos que quedan de legado progresivo para la posteridad, y lastres que se vuelven anacrónicos y arcaicos, en tanto se ha encontrado o creado nuevas alternativas, nuevas relaciones, que hagan más digna la existencia. La opresión se cohesiona en las creencias e ideas que legitiman la explotación sobre un conjunto social, sea por parte de una casta, un estamento, una clase social, una nacionalidad, etc., que en las sociedades modernas tiene como principal soporte el racismo, sobre el cual tiene su fundamento la modernidad en su tendencia siniestra y bárbara, reivindicado en forma abierta o tácita por las clases dominantes, en contraposición a la modernidad libertaria reivindicado por las clases y pueblos dominados.
El hombre se realiza en su práctica cotidiana, dentro de eso en el trabajo, que en el transcurso de su devenir, a la par que dignifica su condición humana, lo mella, lo estropea, por la enajenación y alienación, sea ante las fuerzas naturales o por estar inmerso en relaciones entre clases sociales.
En los tiempos primeros el entrelazamiento, subordinación y temor a la naturaleza, a la que se atribuía poderes sobrenaturales, contribuyó en parte a que en las relaciones sociales cotidianas, se le cuide y proteja, no existiendo por tanto depredación, o esta es mínima e involuntaria. Lo contrario sucede en la era moderna, donde, a decir de Marx, a la vez que se mutila al ser humano, se depreda a la naturaleza.
Con la aparición de las clases sociales de dominantes y dominados, a la enajenación y alienación ante la naturaleza, se suma la alienación en las relaciones sociales, económicas y políticas, afectando al conjunto de la sociedad de dominantes y dominados.
En las relaciones de trabajo una gran parte de la sociedad mutila o pierde toda propiedad, creando o trabajando para el amo esclavista, para el señor feudal, para el capitalista o para el mercado, a lo cual se agrega la división del trabajo que mutila sus múltiples facultades creativas. La voluntad humana se enajena al mundo de las cosas, de las religiones y las ideologías, que legitiman ese orden.
La democracia representativa, por una parte es una conquista que dignifica el universo de las relaciones sociales, -respecto al mundo de castas y estamentos premodernos-, pero en la dominación burguesa tiene sus límites que mellan y mutilan las aspiraciones del conjunto de la sociedad, que cada cierto periodo, en los procesos electorales, los "ciudadanos" acuden a dar su voto, la mayoría de veces a favor de sus propios opresores, quedando el resto del tiempo, la mayor parte de su vida, coaccionados desde el poder político y económico, por intermedio de sus medios de comunicación de masas -periódicos, radio, televisión, instituciones educativas, iglesias, partidos políticos, etc.-, a la pasividad frente a los acontecimientos. Los proyectos libertarios tienden a ampliar y superar la democracia así entendida, para que realmente el conjunto de la sociedad participe cotidianamente, creándose para ello, organismos adecuados..
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