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El hombre jamás se ha postrado ante las injusticias y la opresión. Desde los remotos orígenes, ha inventado, a la par que las herramientas, -desde las más simples a las más sofisticadas-, los grandes sueños justicieros, las utopías progresivas, los grandes ideales, a veces emergidas de las relaciones cotidianas para superarlas partiendo de ellas, otras veces debidos a la pura fantasía, pero han abierto derroteros por los cuales ha transitado y transita, en lucha por dignificar su existencia.
Mariátegui1 tenía razón al afirmar que el hombre no puede vivir sin una fé, sin un gran ideal, sin un "mito" que sirva de derrotero, ya que progresar es realizar utopías, y sin imaginación no hay progreso. Los ideales o los mitos surgen de las entrañas del devenir, por lo que cada época tiene sus ideales y mitos propios. Si antaño eran ultra terrenales (sobre todo en la visión de las religiones), hoy tienden a ser terrenales, concretos, humanos, porque se busca la justicia y la libertad en la tierra y no en el cielo.
Hay ideales que por su divorcio de la realidad o por haber dejado de coincidir con bastos intereses sociales, se quedan al margen del devenir histórico. Los ideales y mitos que encarnan en las aspiraciones de las multitudes, son los que han emergido de las entrañas de la sociedad, de sus sueños y de sus problemas cotidianos. Pero, por muy fantasiosos que parezcan, se ha evidenciado en todos los tiempos y por diversos pensadores, que la vida excede a la novela, que la "realidad" excede a la ficción y fantasía.
Trotsky, reivindicando los grandes ideales y principios, lo mismo que toda acción humana llena de nobleza y heroísmo, solía decir que la fe mueve montañas, y que un revolucionario puede ser culto o ignorante, pero lo que jamás debe faltar, es la fe y la esperanza en el porvenir humano. Yoffe, uno de sus discípulos rusos, antes de morir, dejó su mensaje de esperanza: "... hace mas de treinta años que abracé la idea de que la vida humana sólo tiene sentido en la medida en que se dedica al servicio de algo infinito, y para nosotros ese infinito es la humanidad. Trabajar con cualquier propósito finito -y todo lo mas es finito- carece de sentido. Aún cuando la vida de la humanidad llegara a su término, esto en todo caso sucedería en una época tan remota que nosotros podemos considerar a la humanidad como el infinito absoluto. Si se cree, como creo yo, en el progreso, puede suponerse que cuando llegue ese momento de la desaparición de nuestro planeta, la humanidad habrá encontrado mucho antes los medios para emigrar y establecerse en otros planetas más jóvenes... Así, todo lo que se haya logrado en nuestro tiempo para beneficio de la humanidad sobrevivirá de algún modo en las épocas futuras; y en virtud de esto nuestra existencia adquiere el único sentido que puede poseerlo2".
Hasta hoy, en ninguna época del devenir, el hombre se ha resignado a las injusticias, a la opresión entre semejantes, a la violencia, a la competencia desenfrenada, a las guerras, ..., que los apologistas del capitalismo lo presentan como parte de la "naturaleza" congénita (biológica) del hombre. Contrariamente a todo eso, se han levantado una y mil veces en lucha bajo ideales libertarios y justicieros, incluyendo religiosos, porque las lacras antes mencionadas, son en su mayor parte, la resultante de las relaciones sociales que se han formado en el devenir. No es casual que las guerras mundiales del siglo veinte, con el genocidio y millones de víctimas, tuvieron de escenario el continente más "civilizado", y tampoco es casual que los países más industrializados en el presente, sean los principales protagonistas de los conflictos entre pueblos, ya sea interviniendo directamente o azuzando ánimos de beligerancia en terceros, de acuerdo a sus intereses. No se trata de la "naturaleza" congénita (biológica) de los europeos u norteamericanos, sino que las relaciones económicas sociales los ubican en el centro de la tormenta.
Ernest Mandel señalaba que, "la disposición a la cooperación a la solidaridad, al amor al prójimo corresponde mucho más a las necesidades biológicas específicas, a los rasgos antropológicos fundamentales, que la tendencia a la competencia, a la lucha por la opresión a los demás"... "El hombre es un ser social no solamente en el sentido socio económico, sino también en el sentido biológico del término. De todos los mamíferos superiores, es el que nace en un estado más débil, el menos protegido, el menos capaz de autodefensa. La antropología considera al hombre como un embrión nacido prematuramente y provisto por ello de una organización fisiológica que lo hace capaz de un aprendizaje más prolongado, y de una adaptabilidad casi ilimitada, gracias a la actividad y la socialización en el curso de un año de existencia como embrión extrauterino. La filogénesis confirma aquí la ontogenia que en el origen de la especie humana se encuentran esos mismos procesos de activación (nacimiento de una praxis deliberada) y de socializacióno3".
No hay que confundir la rebeldía, la imaginación, la aventura, para sobreponerse a la adversidad, con la hostilidad y violencia alimentadas por regímenes basados en clases sociales. Si bien es cierto que junto a la predisposición a la cooperación, fraternidad y solidaridad, la violencia y la hostilidad anidan en parte de las entrañas del ser humano, en tanto "herencia" biológica de los tiempos que formó parte pasiva del mundo animal, para luego transformarse en la parte más activa e inteligente de ese mundo, también es cierto que hay la tendencia de que esa herencia negativa tienda a superarse, inmerso en las relaciones sociales cada vez más humanas. Incluso en especies animales inferiores, ciertas predisposiciones instintivas de "salvajismo", hostilidad y violencia han sido superadas en su devenir. Y aún las fieras más salvajes, que en su hábitat y modo de vida original o "natural" dan rienda suelta a la violencia en su máxima expresión, bajo otras condiciones de vida, esos rasgos tienden a disminuir y hasta desaparecer.
En tanto la lucha por la libertad hasta ahora es el soporte del devenir, hay identidad entre historia y devenir. La disciplina (o ciencia) social llamada historia, en tanto instrumento de conocimiento, intenta descifrar todo el proceso del devenir, con sus avances y retrocesos.
Según la mayor parte de historiadores académicos, la historia (que no logran diferenciarlo del devenir), surge con la aparición de la escritura, siendo todo lo anterior, prehistoria. Una concepción errada, ya que deja fuera de la historia a milenios de años desde la aparición del hombre, que en sucesivas generaciones, ha hecho revoluciones y descubrimientos de vital importancia, que han mejorado y dignificado su existencia.
La historia, para nosotros, se remonta a los orígenes, a los primeros instantes en que la criatura animal que a la postre devino hombre, comenzó hacer esfuerzos instintivos para superarse así mismo y diferenciarse del resto de animales, proceso en el cual (que denominamos de "humanización") se va distanciando relativamente de sus raíces ancestrales más "salvajes" y "bárbaras", cultivando nuevas aptitudes, aunque pierda otras en el trayecto y, en todo caso, sigue siendo la parte más activa de la naturaleza.
Uno de los atributos más significativos en su devenir, conjuntamente a la domesticación de plantas y animales para su sobre vivencia, la utilización y (posterior) construcción de instrumentos, es la aparición o creación del lenguaje articulado, a partir de lo cual logra dar un salto cualitativo respecto del conjunto del mundo animal en un proceso de "humanización", que sigue su derrotero, en tanto lucha por dignificar su existencia.
La importancia de la escritura en el devenir nadie discute, y la aparición de la misma en las culturas es señal de gran avance, ya que permite graficar los conocimientos y modos de vida. Pero la escritura no es sino un peldaño, un escalón de vital importancia en el devenir humano.
La división entre historia y prehistoria teniendo de base a la escritura, es un artificio, una invención, debido en parte al ansia de dejar atrás el pasado considerado ignominioso, ofensivo a la dignidad, por lo que se pretende recomenzar el camino poniendo un lindero; y por otra parte, se debe también al eurocentrismo, tendiente a legitimar el dominio al resto del mundo por Europa desde la época de los descubrimientos y conquistas con el surgimiento capitalista, al margen de que la escritura no fue creada primero en Europa, sino en un desarrollo paralelo, es decir sin tener contacto con las culturas antes mencionadas, en ciertas regiones del Asia, Africa y en el mismo sentido en ciertas culturas indo americanas afincadas en lo que es hoy Méjico y Centro América. También los Incas tenían a los Quipus, una forma de escritura (no convencional, según Toynbee), que se le atribuye como un instrumento de contabilidad, aunque ya se reconoce que pueden contener historias, es decir, ideas, relatos, con lo cual queda abierta la posibilidad de que sea una forma de escritura no descifrada todavía. Lo que llama la atención en el devenir de la cultura andina -ecuatoriana, peruana, boliviana- es de que existen. al igual que en otras de la antigüedad, grafías primitivas en los restos arqueológicos, que son el comienzo de la escritura (convencional), por lo que es pertinente hacernos la pregunta de si los Quipus pueden haberse creado partiendo o teniendo en cuenta por lo menos en parte esas representaciones primigenias o siguieron un proceso diferente. En caso las hayan tenido en cuenta, los Quipus representarían una forma bastante desarrollada de escritura "no convencional".
Es pertinente preguntar porqué no se pone como lindero entre "historia" y "pre historia" a la aparición del lenguaje articulado, a la domesticación de plantas y animales (agricultura y ganadería), al descubrimiento del fuego, a la construcción de instrumentos, etc.
Para nosotros, la prehistoria pertenece al mundo cuando la criatura que devino humana, se confundía y entrelazaba con el resto del mundo animal. Y la historia, cuando, por sus cualidades, logra diferenciarse de ese mundo, creándose uno propio, cada vez más humano. A este accionar en su devenir, de lucha por mejorar su existencia, lo llamamos historia.
Las inentirrumpida construcción e innovación de instrumentos es uno de los distintivos humanos que los diferencian de las demás especies animales. Hay instrumentos anclados al cuerpo, entre ellos los sentidos, las extremidades, el lenguaje o idioma... y hay instrumentos exteriores, propiamente dichos, que potencializan lo antes mencionado, que puede ser desde la piedra más tosca utilizada instintivamente, hasta las máquinas que horadan espacios siderales o los laboratorios que sirven para crear vida en probeta. Por lo general, cuanto más sofisticados los instrumentos, incrementan la productividad, aunque no necesariamente mejoran las relaciones sociales en el conjunto de la sociedad dividida en clases sociales.
El saber, consistente en el cúmulo de conocimientos técnicos, científicos, artísticos, se ha convertido o instrumentalizado, sirviendo a unos para explotar y dominar a gran parte de la sociedad, y a otros como arma de liberación.
El idioma o lenguaje no escapa a la visión ideológica eurocéntrica o etnocéntrica. España impuso a la mayoría de sus colonias en América su idioma, que se aclimató en los pueblos que paulatinamente fueron apropiándose, enriqueciéndolo. Sin embargo, a los nuevos términos o palabras surgidas en América se les denomina "americanismos", usando el gentilicio de cada país, existiendo por ejemplo "peruanismos", pero las palabras nuevas surgidas en España ingresan al diccionario sin el gentilicio de "españolismos", discriminando al resto de países de habla castellana en América, que particularmente desde el siglo veinte, por su riqueza creativa sobre todo en las artes literarias, si no han superado a España, están a la par de ella en la utilización y el enriquecimiento del idioma.
El simple hecho de dar nuevo nombre a las cosas en idioma español por parte de los conquistadores, es a la vez que un acto de opresión para los vencidos, un acto de subversión en el conocimiento y en el lenguaje. Subversión que siglos más tarde, cuando los vencidos hacen suyo el idioma español, se acrecienta en el plano de la creación literaria, y España deja de ser el "centro".
Los "americanismos" y, dentro de ello, los "peruanismos", emergieron como una forma de reivindicar nuevos términos que enriquecen el idioma y se recuerda que los españoles o la Real Academia Española de la lengua, ponían (y ponen) barreras a esto. Ricardo Palma (Lima, 1833-1919), un innovador, creador de las "tradiciones" como género literario, en su calidad de representante de la lengua española en el Perú, recopiló nuevos términos surgidos en el Perú y viajó a España intentando interceder para que lo incorporen al diccionario oficial, siendo rechazado, motivo por el cual renunció a su cargo, aunque años después se reincorporó pensando que desde allí podía servir mejor al mejoramiento de la cultura.
En su mayor parte los académicos, a su apego a la conservación y al orden, agregan su ideología eurocéntrica o etnocéntrica, marginando a la mayoría de pueblos de habla hispana. Los "peruanismos" (o "americanismos"), cuando no se refieran al nombre de cosas o lugares del continente, en la mayor parte son la resultante de términos tenidos como ajenos al idioma, porque se supone no cumplen ciertas reglas y no están en el diccionario, llamándolos "barbarismos". Sin embargo, ante su uso constante en el devenir popular, plasmado incluso en obras literarias, hace que no tengan otra opción que incorporarlas con el apelativo de "peruanismos".
Hubo en periodo en el cual no existían clases sociales y las relaciones entre los hombres se sostenían sobre la base del "parentesco", inmersos en la precariedad en todos los aspectos, pero a la postre sobrevivieron gracias al desarrollo de la solidaridad y reciprocidad, a partir de los cuales el hombre, en tanto ser social, adquirió un gran impulso en su proceso de humanización, vale decir, en el mejoramiento de las relaciones entre semejantes y en el mejoramiento de las relaciones con la naturaleza y el cosmos, hacia los cuales vivían subordinados (enajenados), temerosos y a la vez inmersos en todo lo que podía tocar su sensibilidad. Nos estamos refiriendo a la época más conocida como "comunismo primitivo". No siempre, pues, han existido clases sociales, y cuando aparecen, en su devenir han cumplido funciones de dominio o subordinación, progresivas o retrógradas.
Las clases sociales en el devenir se han formado en razón de la posición y el lugar que tienen respecto a los medios de vida fundamentales a cada época, comenzando de la naturaleza con todos sus recursos y las creaciones humanas materiales, técnico científicas y mentales.. Las clases dominantes son las propietarias de estos medios de vida (o en el menor de los casos las principales usufructuarias), y las clases dominadas carecen en gran parte de la propiedad de las mismas. Y si bien es cierto que en diversas formaciones sociales han existido y existen sectores dueños de sus medios de vida, entre ellos campesinos propietarios de sus parcelas de tierras o artesanos propietarios de sus instrumentos de trabajo, su condición es de subordinación o marginalidad respecto al modo de producción dominante basado en la propiedad de los grandes medios de vida por una clase social o elite dominante, siempre minoritarias respecto al conjunto de la sociedad.
Existen clases sociales con historia y clases sociales sin historia. A nuestro entender, una clase es con historia cuando sus intereses particulares, privados, confluyen en gran parte con los intereses del conjunto de la sociedad coadyuvando así a mejorar la existencia humana. Si esto es así, en caso de llegar a dominar la sociedad, este dominio descansará en el consentimiento, y la fuerza sólo se empleará en casos extremos. Diferente es el caso de las clases que han dejado de coincidir con el progreso, es decir, con las luchas por dignificar la vida, y en caso hayan devenido dominantes, éste se basará principalmente en el empleo de la fuerza, que sólo servirá para prolongar su agonía, junto a los quebrantos (sufrimientos) de la sociedad en su conjunto, si no hay una clase ascendente (o elite) con historia, que lo desplace y se haga del poder en representación del conjunto de la sociedad.
En tanto sus intereses son parte del progreso, el dominio de una clase con historia tiene mayor predisposición de confluir con el desarrollo de las ciencias, las artes y en suma, con el descubrimiento de la verdad o las verdades. En el devenir humano se ha visto a las clases que han dejado de confluir con el progreso, remover cielo y tierra para ocultar la verdad, ya que ello desenmascara sus mezquinos intereses de clase que se han vuelto anacrónicos, arcaicos, para el devenir de la sociedad en general.
Hemos de diferenciar dos clases de "verdad". Una, o cronológicamente la primera verdad, tiene atributo mágico religioso, existiendo por tanto la "verdad revelada", divina, sobre la cual (se supone) no hay posibilidad de dudas ni murmuraciones, ya que se cae en el "pecado" o el sacrilegio. La otra verdad es moderna, presente en la mentalidad "racional" cotidiana, o la encontrada por las disciplinas sociales y científicas, las primeras que desentrañan el devenir social, y las segundas, la naturaleza de las cosas. Ambas indisolublemente ligadas. ya que el hombre ha llegado a ser la parte más activa de la naturaleza, que utiliza la ciencia y la técnica para dominarla en su beneficio.
Cuanto más primigenias las culturas, cuanto más antiguas, el poder divino se confundía con el poder terrenal, encarnado en los gobernantes (autocracia). Es lo que en parte sobrevive en los países musulmanes de "oriente", aunque ya desprovistos de su inicial aureola. En la civilización occidental se van separando el poder religioso y el poder civil, lo cual es una de la característica de las sociedades modernas.
El primer intento del hombre para explicar su origen y su lugar en el universo, fue por mediación del mundo mágico religioso, constituyendo una "filosofía popular", según la expresión de Carlos Marx. Posteriormente surgen las ideologías y las ciencias sociales, a la par que las ciencias físico naturales, que tienden a reemplazar a las religiones en la explicación del devenir, y éstas, para sobrevivir, tienen sus reformas.
Generalmente en toda sociedad existe una religión (iglesia) oficial, con su respectiva jerarquía adscrita al orden imperante, que está expuesta a ser resquebrajado su dominio o hegemonía durante las crisis sociales, con tendencias que ponen en tela de juicio los preceptos ("verdades") oficiales, que a veces tienen arraigo en la religiosidad popular de las multitudes. Por ejemplo, fue lo que ocurrió con el cisma que dio origen al protestantismo en la iglesia católica, en los orígenes del capitalismo eurooccidental, coexistiendo, por la misma época, con infinidad de tendencias cristianas sobre todo en el campo, (conocidas peyorativamente como "sectas"), que con armas en mano intentaban crear el paraíso en la tierra, poniendo en tela de juicio las "verdades" de católicos y protestantes, adscritos a determinado orden, lo mismo que el dominio de las clases dominantes.
La versión académica sobre el surgimiento del capitalismo, explica que la burguesía europea, dueña de un poder económico inmenso acumulado en la edad media, desplazó del poder político a la aristocracia feudal, (e incluso convivió con ella a veces poniéndola a su servicio), pero se deja de lado, sea por malicia (por ocultar la verdad), sea por ignorancia, de que el orden burgués en Europa y el mundo, solamente advino cuando se aniquiló a los creyentes cristianos campesinos, motejados despectivamente como "sectas", que junto o paralelamente a sectores plebeyos de las ciudades, intentaban realizar el paraíso bíblico en la tierra, construyendo una sociedad igualitaria y libertaria, sin opresores ni oprimidos. En esta tarea, de extirpar a las "sectas" en Europa, se unieron burgueses y aristócratas, legitimados por sus leyes y por la religión "oficial", la católica, a la que pronto se sumaron los protestantes, cuando se volvieron religión oficial. (Se entiende en este contexto la posición de muchos pensadores y artistas, particularmente los románticos, que al inicio apoyaron al naciente orden capitalista, luego renieguen de él, sea pensando en un futuro mejor, en una sociedad socialista, sea volviendo los ojos al pasado). .
El pensador italiano Antonio Gramsci acuñó el término bloque histórico, para evidenciar la unidad de intereses entre dominados y dominantes, en lo material y espiritual. En el devenir andino las clases dominantes, desde la colonia a la república, no han podido formar un bloque histórico porque sus intereses particulares son contrapuestos a las mayorías.
Conforme lo explicamos en el capítulo V del presente estudio (Colonialismo y modernidad), en el escenario andino (peruano, ecuatoriano, boliviano), mientras la vertiente indígena liderada por los descendientes de la nobleza inca confluyó como hegemónica en un gran bloque histórico, en lucha contra el colonialismo, que incluía desde indígenas, a criollos descontentos de la metrópoli, siendo su expresión más alta en la revolución derrotada de Túpac Amaru (1780), la vertiente "criolla" simbolizada en el General José de San Martín, fue todo lo contrario, ya que temían que las montoneras y guerrillas que asediaban la capital del virreynato, formado por indios, negros, mestizos y patriotas consecuentes, trajeran abajo la estructura colonial. Es por esto que San Martín, a la par que el Virrey la Serna, evitaron enfrentamientos en la capital. Los gobernantes de la república, herederos de la colonia, tampoco han podido formar un bloque histórico nacional popular. De ahí el divorcio, empleando palabras del historiador Jorge Basadre, entre el estado oficial de las clases dominantes y el Perú real de las mayorías.
En cuanto a las ciencias físicas naturales y sociales, que buscan la verdad en los hechos y en el devenir de las sociedades, vienen al mundo en medio de grandes luchas y controversias. Durante la transición del feudalismo al capitalismo en Europa (siglos catorce al diecinueve), es conocido que muchos sabios terminaron en las hogueras y la horca de la santa inquisición o de los reformadores (protestantes) por el sólo hecho de que sus conocimientos eran contrarios a las "sagradas escrituras", a la (supuesta) "verdad revelada", sobre la que se sostenía el régimen feudal en agonía. En su mayoría estos sabios eran creyentes cristianos.
La humanidad en su devenir encuentra o inventa nuevas "verdades", que de una manera u otra, tienen de referencia el pasado, inmediato o remoto, proyectándose al porvenir, ya que puede ser fruto de una idea latente anteriormente y por tanto es la coronación de un proceso, sea la antítesis de lo existente, al que tiene obligatoriamente como punto de partida. El devenir nunca comienza de cero.
Cuanto más devenga una clase social sin historia, a la par que más oprobioso su régimen de dominio, más utilizará la mentira para perennizarse en el poder. No puede existir ejemplo más significativo que en el actual mundo dominado por los monopolios, todos o la mayoría de países tienen leyes anti monopolios, que en realidad legitiman a los monopolios.
Particularmente desde mediados de la segunda mitad del siglo XX, se ha hablado como un hecho consumado, del "fin de la historia", lo cual es totalmente falso. La historia llegará a su fin cuando la humanidad deje de luchar por dignificar su existencia, en caso que las fuerzas de progreso hayan sido derrotadas por las clases sin historia, lo cual constituiría una definitiva regresión a la barbarie.
El fascismo es un ejemplo de eso, no porque intente volver a regímenes pasados como del medioevo, u anteriores, lo cual es imposible, menos por que (supuestamente) represente una "irracionalidad" o un exabrupto, sino que con este régimen (fascista), afloran a la vida pública las peores lacras ("racionales") de la modernidad capitalista, coactando toda iniciativa de lucha por la libertad, en una represión sin cuartel contra el pueblo y contra todo ideal de progreso, utilizando todos los medios, desde los "pacíficos", por mediación de la "opinión pública", hasta la violencia abierta y descarada.
En todos los contextos, en países "ricos" y "pobres", el fascismo surge cuando la forma tradicional de dominio democrático liberal es incapaz de contener la rebeldía popular y no hay más salida que revolución o contrarrevolución (socialismo o barbarie). Por tanto, el fascismo es "racional" al orden capitalista. Sus ideólogos -en su mayoría- denigran del renacimiento y reforma, y de todo pensamiento progresivo que ha hecho posible el advenimiento de la modernidad. En la actualidad los ideólogos del "fin de la historia" tienen la misma opinión, extendiendo su rechazo al legado progresivo de las religiones, ya que la prédica de justicia e igualdad de los hombres (como "hijos de Dios") se ha constituido en un estorbo para la supervivencia del sistema.
Antes que el fin de la historia de la humanidad en su conjunto, es evidente que la burguesía se ha tornado en clase sin historia, ya que sus intereses particulares de clase, han dejado de coincidir o confluir con los intereses de la humanidad. Y como toda clase dominante, identifica su destino con el interés general. También en el pasado, cuando la aristocracia feudal perdió su poder económico y político en Europa, desplazada por la ascendente burguesía, presentaron esos acontecimientos, como el fin de la humanidad, cuando en realidad era el fin de la época feudal, iniciándose una nueva época, la capitalista.
Ya en el siglo XIX en Europa, durante agudas crisis sociales, la burguesía abdicaba de sus ideales gracias a los cuales llegó al poder, por temor a las clases populares que hacían suyos esos ideales, poniendo en tela de juicio su dominio. Por eso no hay que sorprenderse de que las conquistas sociales fundamentales, entre ellas la democracia representativa, con el voto universal y secreto, para hombres y mujeres (al igual que para analfabetos), la separación del estado y la iglesia, y todas las libertades públicas ... parte de las cuales hicieron posible desplazar del escenario de la historia a la aristocracia feudal, más que obra de la burguesía, fueron obra de los pueblos que empujaban a la burguesía a ir más allá de donde quisiesen. Federico Engels en el siglo diecinueve decía que mientras las clases explotadas, los "subversivos", usando la legalidad, pueden conseguir grandes reivindicaciones, las clases dominantes, es decir, la burguesía y sus aliados, reniegan de esa legalidad, clamando: "¡La legalidad nos mata!".
No es de extrañar entonces que muchos pensadores, entre ellos Mariátegui, consideren que los auténticos liberales, si quieren seguir con sus ideales libertarios, se tienen que volver socialistas.
Existen épocas en las cuales parece que la humanidad puede tocar los cielos, construyendo el paraíso en la tierra, y existen épocas de retroceso o estancamiento, cuando parece que todo lo avanzado se desmorona, pero siempre hay un renacer, intuido en las diversas épocas, bajo diverso ropaje, incluso por las culturas más primigenias, que frente a la adversidad no se amilanaban, porque tenían en mente que todo volverá a renacer, volviendo las "épocas doradas" de felicidad. Esta mentalidad era congruente con la simplicidad de su economía primigenia regida por las estaciones del año donde todo tiende a reproducirse, al igual que los días y las noches, contrastando con el continuo cambio de la era moderna, donde la solución a los problemas se plantea como superación del actual orden mundial..
Desde finales del siglo veinte e inicios del veintiuno, se ha fortalecido la tendencia más reaccionaria de la burguesía, y en nombre del "fin de la historia", que lo signan entre otras razones como el fin de las ideas libertarias, -fin de las ideologías-, intentan legitimar todos los genocidios, del pasado y del presente, las conquistas, invasiones y usurpaciones a territorios de ultramar en siglos pasados y los regímenes de genocidio del presente, entre ellos los fascistas del siglo veinte, la invasión colonialista a países como Irak en la actualidad.
Para legitimar su accionar, las clases sin historia, es decir, la burguesía o sus representantes, (una de sus variantes son conocidos como "lobystas"), a falta de ideas coherentes, utilizan los argumentos más burdos y no se avergüenzan de ello. Así, para la invasión y ocupación de Irak, una guerra colonialista en pleno siglo veintiuno, lo camuflan no solo con una supuesta lucha "democrática", sino también como un mandato... "divino".
Hace casi un siglo Mariátegui, aludiendo a la crisis de la democracia, decía que los intereses de cada "trust" o "cartel" (en Alemania o Estados Unidos, que podemos extenderlo al conjunto del sistema capitalista), tienen mayor peso en las decisiones políticas, que toda la ideología liberal burguesa, señalando al mismo tiempo, que con la primera guerra mundial se había terminado toda una época en el devenir del capitalismo, comenzando su declive, su decadencia, donde podrán encontrar paliativos para las crisis económicas, pero no encontrará solución a la crisis moral, a la crisis filosófica, que es irreversible4.
Uno de los síntomas de esa decadencia, es el agnosticismo y el nihilismo, expresado en todos los aspectos de la vida, incluyendo el arte, empujando a las elites de la sociedad, a buscar consuelo en "ocultismos orientales5" que sirvan como "estupefacientes", refiriéndose a los rituales, ideologías y mentalidades más retrogradas que legitiman la supervivencia de las autocracias en esos pueblos, entre ellas, a la escolástica religiosa, mas conocida hoy como "fundamentalismo".
Cuando el presidente de Estados Unidos, Georg Bush, se dirige al mundo para decir que la invasión a Irak, le fue dictada por una revelación divina, por mandato de Dios, para salvar a la humanidad, está utilizando el mismo discurso fundamentalista (escolástico) de los autócratas orientales a los que quiere derrotar. Pero Bush y en el caso de Irak, sus oponentes, saben -en su mentalidad racional moderna- que la guerra y la invasión no tienen nada que ver con ningún Dios, sino con la energía representada por el petróleo que el imperialismo de occidente representada por empresas transnacionales quiere controlar. Bush, en su vida diaria, está alejado de los preceptos bíblicos, al igual que sus (acaso) ocasionales aliados y adversarios en Irak, en la práctica, están alejados de los preceptos islámicos de su pueblo, aunque usen ropaje tradicional. Todos -en occidente o "oriente"-, han mercantilizado la religión para legitimar sus actos, donde a unos les tocó hacer de invasores y colonialistas, y a los otros presentarse como víctimas y hasta mártires defensores de su pueblo.
Pero detrás o a la par que las declaraciones de gobernantes, para legitimarlos, están las instituciones públicas y privadas, religiosas y laicas, entre ellas el sistema educativo y otras culturales, con sus "filósofos", (o a la falta, alguien que funja en serlo), los medios de comunicación de masas, los sistemas religiosos (generalmente en su alta jerarquía) ... y en fin, en un mundo "informatizado", hasta los encargados de hacer reír, burlándose de los adversarios (de los "otros"), es decir, los payasos ("humoristas" o "chistosos") que venden su talento al mejor postor.
La religión (católica) en la civilización occidental, a la par que posee gran autonomía, es entendida de manera particular por los diversos estratos sociales y en los diversos países. La primera gran división, es entre la alta jerarquía eclesiástica, con sus doctores (teólogos), en su mayoría adscritos al orden imperante, encargados de encausar y cohesionar en el mismo sentido al conjunto de feligreses, y por otra parte está el pueblo creyente e ingenuo, donde anidan las creencias más ramplonas, pero a la vez las más nobles y libertarias, que a veces son cohesionadas por algún teólogo (que puede surgir de sus propias filas), poniendo en riesgo la hegemonía oficial de la iglesia sobre el conjunto de creyentes (por ejemplo sectores de la teología de la liberación en América Latina).
Cuando las clases dominantes por boca de sus representantes políticos hablan de "revelaciones" divinas que guían sus acciones, lo hacen convencidos de que sus palabras pueden encarnar en los creyentes más ingenuos.
En "oriente" se evidencia cada vez más una racionalidad y modernidad capitalista en las elites dominantes, quedando la religión mercantilizada, de la sumisión, para el pueblo. Esto quiere decir que la autocracia no es solamente sinónimo de regímenes precapitalistas, sino que existe autocracia burguesa en "oriente", y la democracia burguesa en "occidente" se tiñe de autocracia cuando así lo dicten las necesidades de dominio y legitimidad para sus actos.
Es evidente que la democracia burguesa no puede recomponerse de su crisis espiritual, cultural, tal como lo vaticinó Mariátegui. Los grandes principios e ideales son dejados de lado o vaciados de todo contenido progresivo. Más que los grandes ideales, a la burguesía le interesa la opinión pública, a la que lo ha convertido en una gran industria al igual que al conjunto de los medios de comunicación que lo ha puesto a su servicio.
Noam Chomsky6, un prestigioso intelectual norteamericano, cuando se refiere a la democracia de su país, nos dice que hay dos "modelos": Uno, progresivo y libertario, que permite participar libremente a todos, basado en los grandes ideales, y el otro modelo, renunciando a todo principio, instrumentaliza a la opinión pública, controlando los medios de comunicación de acuerdo a los intereses de una minoría. La segunda opción, nos dice, vaciada de todo contenido ético y moral, manejado por empresarios de la opinión pública, es la que prevalece en los Estados Unidos de Norteamérica desde la primera guerra mundial hasta la actualidad. En la creación de una opinión pública sobre determinado tema, por ejemplo para doblegar y reprimir a la clase obrera organizada y a toda oposición al sistema imperante o para legitimar las guerras (Vietnam, el Golfo Pérsico, Irak), se congregan los "ideólogos", los grandes medios de comunicación, el sistema educativo, etc., cuyo objetivo es convertir al conjunto de la sociedad en un rebaño dócil y moldeable de acuerdo a las circunstancias.
Chomsky no nos dice donde está la democracia basada en la participación ciudadana por medio de los grandes ideales, porque no existe.
Es de suponer que el mismo tipo de publicistas que manejan las campañas electorales, aconsejando hasta la forma de maquillarse y de vestirse, aconsejen a los mandatarios como Bush, presentarse ante el mundo como los privilegiados en percibir "revelaciones" para legitimar sus actos genocidas en diversas partes del planeta.
En sus épocas iniciales, la burguesía en Europa occidental hizo a la vez un papel progresivo en su lucha contra la aristocracia feudal, confluyendo con principios libertarios, y al mismo tiempo hizo un papel conservador, al promover o coadyuvar a la invasión y usurpación de tierras de otros continentes. Cuando se hace del poder político desplazando a la aristocracia feudal para legitimar su dominio sobre el conjunto de la sociedad, renuncia paulatinamente a sus grandes ideales, que son retomados por las clases dominadas, surgiendo el socialismo. La burguesía norteamericana en lucha contra el colonialismo británico levantó banderas libertarias, pero mantuvo la esclavitud sobre los negros legitimándose en el racismo. Incluso luego de la supresión de la esclavitud por el presidente Abraham Lincoln (1861), el racismo es uno de los componentes esenciales del dominio de la burguesía norteamericana. Cuando adviene la fase imperialista del capitalismo, con el correr del siglo veinte, Estados Unidos se convierte en la primera potencia mundial, cumpliendo su labor de gendarme del sistema imperante al igual que Inglaterra lo hizo en la época del capitalismo de "libre competencia". Para esta tarea tiene que hacer suyo el lado siniestro y bárbaro de la modernidad, mientras que el lado libertario y justiciero es retomado y cohesionado por las clases populares.
1.- Mariátegui: Ver entre otros ensayos: "El Hombre y el Mito", "La lucha Final", "Pesimismo de la Realidad y Optimismo del Ideal", incluidos en "El Alma Matinal".
Edgar Montiel señala que "El hombre es el único animal que sueña. La Utopía es una permanente creencia colectiva en el perfeccionamiento de la realidad, para hacerla más grata a la condición humana. Condenados a ser libres y felices, hay en el ser humano una incurable condición utópica. Para navegar en las aguas procelosas de la esperanza hay que tener presente que la esperanza es a la Historia lo que la reproducción es a la Naturaleza: principio de vida, de continuidad y no de muerte, pues toda colectividad humana lucha por conservarse. A la esperanza la mueve un ethos de vida, de armonía y trascendencia". (Montiel, Edgar: «América en las utopías políticas de la modernidad», en Ciberayllu 26 de julio del 2005).
2.- Isaac Deutscher: "Trotsky: El Profeta Desarmado". Ed. Era, Mejico, 1971 pag. 350-51
3.- Ernest Mandel: "Tratado de Economía Marxista", Ed. Era, Méjico, 1969, tomo II, pag. 274.
4.- Mariátegui: "Dos Concepciones de la Vida" (y) "La crisis de la Democracia". Incluido en "El Alma Matinal".
5.- Mariátegui: "Defensa del Marxismo".
6.- Noam Chomsky: "El Control de los Medios de Comunicación" (conferencia pública, reproducida en texto por internet).
Autor:
El autor es sociólogo. A su interés en descifrar el devenir peruano inmerso en el sistema mundial, es compositor.
El presente texto, "Historia y Anti historia", es el capítulo primero del libro "Barbarie y modernidad: El Perú en la globalización capitalista".
En este espacio de Monografías.com, se puede apreciar del mismo libro, el capítulo seis: "Literatura y modernidad: (El indigenismo)". De igual modo un capítulo del libro "Mariátegui y Trotsky", titulado: "Opinión de Mariátegui sobre la pugna entre Trotsky y Stalin".
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