Categorización de la hipovolemia
Usualmente se establecen tres categorías o grados de hipovolemia:
El tratamiento consiste en la restauración del volumen circulatorio y del déficit de líquido extracelular, al tiempo que se administra oxígeno por cánula nasal, mascara facial, mascara laringea o tubo endotraqueal.
El restablecimiento del volumen circulatorio previo a la inducción anestésica se realiza mediante:
Algunas medidas tradicionales, tales como la posición de Trendelenburg, o el uso de pantalones neumáticos, están en desuso porque causan más alteraciones fisiológicas indeseables que beneficio.
Los signos clínicos más precoces de shock son la taquicardia y vasoconstricción cutánea, por lo que debe considerarse siempre a todo niño traumatizado en shock, si está taquicárdico y pálido. La disminución de la presión de pulso sugiere pérdidas de sangre significativa y el desencadenamiento de mecanismos compensadores. La presión sistólica desciende recién con pérdidas de 30 a 40 % de la volemia, por lo tanto, inicie la reposición de líquidos cuando se sospeche o aparezcan síntomas o signos de pérdida de sangre y no cuando la presión haya caído significativamente.
El anestesiólogo puede colocar una vía subclavia, femoral o yugular (si no hay lesiones cervicales o craneo-encefálicas que nos impidan el acceso al cuello). Hay que recordar que el catéter venoso central no es una vía preferencial para iniciar la reposición de volúmenes por ser más lenta en su colocación y requerir de mayor entrenamiento. Además, a igualdad de diámetro, infunde menos volumen porque requiere de catéteres más largos que las periféricas.
En los niños de seis o menos años en los que los intentos de punción fueron imposibles por el colapso circulatorio la alternativa más fácil y que se realiza en un menor tiempo que una denudación venosa es la punción intraósea en un hueso largo no lesionado. La canulación de la médula ósea proporciona un acceso al torrente circulatorio de emergencia en el niño traumatizado o criticamente enfermo. Se realiza en la cara ventromedial de la tibia 2 a 3 centímetros por debajo de la tuberosidad anterior dirigiéndola distal a la fisis. Se logra buenos volumenes y se pueden infundir cristaloides, coloides y medicamentos (con la contraindicación del Bretilium). No es aconsejable inyectar por esa vía el bicarbonato. En caso de lesión de ambas tibias se coloca las vías intraóseas en los fémures en la línea media tres centímetros a cefálico de los cóndilos y dirigiéndose a cefálico respecto a la fisis. También se puede usar el hueso ilíaco a nivel de su cresta ilíaca y en menores de tres años el maleolo tibial. El tiempo de llegada desde la extremidad al corazón es de aproximadamente 20 segundos y es posible infundir volúmenes adecuados rápidamente.
Otros autores enfocan el tema de la siguiente forma:
Hipovolémico
Hemorrágico: Localización precoz del foco de sangrado y control de este e infundir rápidamente ringer lactato en uso limitado, porque aunque incrementa el transporte de 02 al aumentar la precarga provoca hemodilución con disminución del contenido arterial de oxígeno. Si pese a estas medidas la inestabilidad hemodinámica y los signos de hipoperfusión persisten se deberá administrar sangre sin olvidar que por cada 5 unidades de concentrados de hematíes se deberá administrar una unidad de plasma fresco y una unidad de concentrado de plaquetas por cada 10 kg de peso corporal.
No hemorrágico: Corrección rápida de la hipovolemia, pues si se retrasa una o 2 horas las posibilidades de éxito de la resucitación se reducen drásticamente.
Séptico: Remoción del foco séptico y antibioticoterapia empírica hasta tener el resultado microbiológico. Administración de fluidos si no mejora la situación hemodinámica, se indica el uso de ionotropos y vasopresores.
a) General.
Los mismos síntomas y signos de perfusión tisular inadecuados usados para diagnosticar el estado de shock son de importancia para valorar la respuesta del paciente. La mejoría del nivel de conciencia y de la perfusión de la piel: color, temperatura y llene capilar son prueba de mejoría pero son difícil de evaluar, ya que el niño puede tener una alteración de conciencia por trauma cráneo-encefálico o presentar lesiones abrasivas importantes que impiden evaluar adecuadamente.Además debe realizarse una estrecha monitorización de las variables TAM,TAS,TAD,TEMPERATURA,SPO2,ETCO2,PVC,GLICEMIA,VARIBLES GASOMETRICAS YDIURESIS.
b) Gasto urinario.
Si no hay uso de diuréticos la medición de la diuresis horaria es un muy buen índice de perfusión renal siendo normal en lactantes 2 ml / kg / hora; en prescolares 1 a 2 ml / kg / hora y en escolares 1 ml / kg / hora.
c) Equilibrio ácido base.
La acidosis metabólica es consecuencia del metabolismo anaeróbico resultante de la oxigenación tisular inadecuada y su persistencia suele deberse a un aporte inadecuado de volumen. Sólo use bicarbonato bajo 7.2 de pH. En estado de shock la persistencia de la acidosis se debe tratar con una adecuada oxigenación, ventilación y aporte de volumen para lograr una perfusión y oxigenación tisular adecuada. Recuerde que los efectos bioquímicos y fisiopatológicos de la hipoxia e hipoperfusión prolongada conducen a falla del sistema inmune que puede llevar al niño a una sepsis y por otra parte a falla orgánica (renal, pulmonar, hepática, etc.)
Decisiones terapéuticas.
La metodología de bolos tibios (39° C) de Ringer lactato de 20 ml / kg de peso y evaluación de su respuesta permite identificar aquellos niños cuyas pérdidas de sangre han sido menores que lo esperado y también aquellos que continúan sangrando. Además limita la posibilidad de transfundir innecesariamente un niño cuyo estado clínico inicial era discordante con la magnitud de la hemorragia.
Los tipos de respuestas a la administración inicial de volumen en bolos puede ser:
Recuerde que un taponamiento cardíaco puede no presentar respuesta a la administración de fluidos. Considérelo si el mecanismo lesional es sospechoso.
Prevención de complicaciones.
Es fundamental estar atento a la evolución posterior a la infusión inicial del o los bolos de fluído endovenoso ya que se pueden presentar complicaciones inherentes al trauma o a nuestras medidas terapéuticas como las siguientes:
El monitoreo de la presión venosa central (P.V.C.) es un procedimiento relativamente simple y suele usarse como guía de la capacidad que tienen las cavidades cardíacas derechas para aceptar una carga de volumen. La comparación de la presión de la aurícula derecha con el gasto cardíaco es una estimación indirecta y no es un valor considerado como sensible de ésta relación. La P.V.C. es válida para las evaluaciones generales de diversas situaciones clínicas. Considere esto y no dependa exclusivamente del monitoreo de la presión venosa central.
En trauma, una P.V.C. baja generalmente corresponde a una hipovolemia y una significativamente alta puede ser ocasionada por un catéter mal colocado, hipervolemia por sobretransfusión, disfunción miocárdica, taponamiento cardíaco o neumotórax hipertensivo.
Reevalúe permanentemente.
Una vez terminado el proceder quirúrgico y anestésico volver a reevaluar al paciente antes de trasladarlo a la unidad de cuidados intensivos.
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Autor:
Dr. Roberto Viton Martin
Biografía del autor:
Nacido en la ciudad de la Habana el 16 de marza de 1970, Cuba.
Graduado del Instituto de Ciencias Medicas de la Habana en el 1994.
Especialista de primer Grado de Anestesia y Reanimación en el año 2000.
Diplomado de terapia intensiva pediátrica en el año 2005.
Diplomado en educación medica superior en el año 2006.
Máster en Urgencias medicas en el año 2007.
Profesor instructor de la especialidad de Anestesia y reanimación y terapia intensiva.
Profesor principal de la especialidad de Anestesia y reanimación y terapia intensiva. Estado Falcón, República bolivariana de Venezuela.
El documento se realizo en la República de Venezuela, Estado Falcón a los 2 días del mes de abril del 2008.
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