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Historia social y económica de la República Dominicana (página 2)

Enviado por Yoldany



Partes: 1, 2, 3


Exportaciones de Saint Domingue en 1789

Azúcar blanco. Azúcar crudo.

Café...

Algodón...

Añü.......

Cacao...

Cañafístula...

54, 644,010 Ibs.

107, 609,296 Ibs.

88, 360,502"

8, 405,128"

901,958"

600,000"

80,000"

Bija...

Concha carey Melado...

Ron...

Cueros...

Guayacán...

50,000 " 5,000 " 25,749 barriles 598 barriles 29,606 unidades 9, 600,000 piezas

En los últimos diez años se duplicó la producción de los principales renglones de exportación que eran azúcar parda, azúcar blanca y café. En 1783 se exportaron 44 millones de libras de azúcar parda y en 1789 la exportación se elevó a 107 millones, o sea un índice de cerca de 150 o/o respecto a 1783; la exportación de café pasó de 44 millones de libras en 1783 a 88 millones en 1789, o sea un índice de incremento de 100 %; el azúcar blanca creció a un ritmo inferior, pero también acelerado (los datos están recogidos por Américo Lugo y citados por Cordero Michel, op. cit.).

En esta última década de desarrollo vertiginoso de la colonia, el número de esclavos aumentó en un índice aproximado de 70 %. Esto significa que en este período la producción aumentaba no sólo por el acrecentamiento del número de esclavos, sino también por inversiones intensivas de capital que efectuaba la burguesía comercial francesa de los puertos del Atlántico, inversiones que hacían aumentar notablemente la productividad de las plantaciones del aumento del capital fijo, en lo que « traban los recursos tecnológicos común más desarrollados de entonces, fuentes indican que en esos diez comerciantes FRANCESES INVIRTIERON EN Saint Domingue mas de 100 millones de libras tornesas (60 millones de francos). La importancia de dichas inversiones resalta al saberse que las exportaciones en 1788 fueron de unos 110 millones de francos y en 1789 de 128 millones.

Las inversiones de capital en la economía de Saint Domingue han llevado a la generalidad de historiadores a calificar el modo de producción existente en esa colonia de capitalista. En realidad es una apreciación errada pues, a pesar de haber inversión de capital en gran magnitud, no se producía el proceso capitalista al no haber una relación contractual entre obreros asalariados libres con la clase propietaria de los medios de producción, rasgo fundamental en toda sociedad capitalista. El modo de producción de Saint Domingue era esclavista, puesto que la relación de producción dominante se llevaba por medio del trabajo esclavo. Pero era un régimen esclavista altamente avanzado, con rasgos e influencias de formas capitalistas, dadas por el condicionamiento que recibía del sector mercantil y capitalista de Francia. La colonia de Saint Domingue, al igual que las otras, no era ni tenía una economía independiente y autocentrada ni de carácter capitalista, sino que se movía de acuerdo a las demandas de las formaciones centrales capitalistas, sobre todo Francia, a fin de suplir sus necesidades en productos agrícolas tropicales.

Su esplendor ocultaba el real subdesarrollo interno, la dependencia colonial y la miseria de las masas esclavas.

La cantidad fabulosa de riquezas que proporcionaba la colonia iba en beneficio exclusivo de los esclavistas blancos y mulatos, así como de los comerciantes franceses y de otras naciones que traficaban con esta colonia. Particularmente era lucrativo en extremo el comercio de los negros esclavos o trata negrera. En la década de los años 80, la introducción de negros esclavos-se amplió extraordinariamente y si antes entraban en un promedio anual de 34 6,000, en estos años lo hacían entre 20 y 30,000.

La venta de las mercancías producidas y su reelaboración en manufacturas de Francia era una alta fuente de beneficios para la burguesía francesa. En vísperas de la revolución en Francia los sectores más enriquecidos y con un carácter más capitalista de la burguesía se encontraban en los puertos que hacían el comercio con Saint-Domingue. La colonia de Saint-Domingue fue un auxiliar decisivo en el desarrollo del sector capitalista en Francia en el siglo XVIII por la super-explotación de los esclavos que en última instancia iba en beneficio de la clase burguesa de la metrópoli como parte de una acumulación originaria. Diversas fuentes estiman que el trabajo de un esclavo negro en una plantación azucarera equivalía por los valores producidos al de 10 asalariados libres en las manufacturas francesas del período.

En Francia, sobre todo en ciudades portuarias, se fundaron manufacturas de grandes dimensiones para el procesamiento industrial de los productos tropicales de Saint Domingue. La burguesía francesa no sólo hizo inversiones de capitales en la colonia, sino que fortaleció el sector capitalista en la metrópoli obteniendo enormes beneficios. Se conocen manufacturas de refinerías de azúcar de procesamiento de café y cacao, de hilados y tejidos de algodón, de fabricación de colorantes, tenerías, etc.

La condición humana de los esclavos en el orden esclavista francés no podía ser más degradante. La miseria de las grandes mayorías sustentaba la opulencia de los esclavistas. La muerte de los esclavos era un fenómeno normal a causa de las intensas condiciones de trabajo, la pésima aumentación, los castigos y humillaciones y las frecuentes enfermedades.

Para los esclavistas valía más la pena aprovechar al máximo el trabajo de los esclavos aunque los hicieran perecer, ya que la inversión que hacían en ellos rendía frutos más elevados. La tragedia de la esclavitud negra en Saint-Domingue se resume con el dato de que en promedio los trabajadores esclavos en el cultivo directo de la tierra no sobrepasaban 8 años de vida. La alta tasa de mortalidad se compensaba con la introducción cada vez mayor de nuevos contingentes traídos de África. La cruel explotación a que eran sometidos los esclavos, la extrema polarización social entre esclavos y esclavistas y el inmenso número de esclavos que para 1789 se acercaba al medio millón frente a unos 50,000 blancos, eran todos elementos que presagiaban un virulento estallido revolucionario de los esclavos.

El Contraste de la Colonia Española. La colonia española, a pesar de tener unos 55,000 Km contra 22,000 de la colonia francesa, tenía una población notablemente inferior: de 100 a 125,000 habitantes en total contra cerca-de 600,000 de la colonia vecina. La población de la colonia española se dividía en aproximadamente unos 25,000 esclavos, en su mayoría negros, 40,000 libertos, mulatos y negros, y el resto de individuos libres reputados como blancos a pesar de que quizás la mayoría eran mulatos. Esto indica que probablemente más de 60 % de la población era de mulatos y alrededor del 20 % de negros y algo menos de blancos. Desde el punto de vista social, los datos indican que apenas un 20 o/o de la población era de esclavos y el resto de libertos y libres. Mientras en Saint Domingue había 5 esclavos por cada libre, en Santo Domingo había 5 libres por cada esclavo.

Esto significa que mientras las relaciones de producción esclavistas eran prácticamente exclusivas en la colonia francesa, en la colonia española el trabajo libre de pequeños propietarios era cuantitativamente de lejos más importante. Ahora bien, la esclavitud seguía teniendo una gran importancia porque era una relación social básica dentro de las unidades económicas que proveían la parte más importante del producto bruto de la colonia, los hatos ganaderos, cuya producción en su mayoría era exportada a la vecina colonia, como ya hemos visto. Es decir que, aunque minoritaria desde el punto de vista cuantitativo, la esclavitud era decisiva en las ramas económicas de vanguardia del conjunto de la colonia. Por eso se puede hablar de régimen social complejo (a diferencia del de Saint Domingue) donde se mezclaban la esclavitud intensiva de haciendas, la esclavitud patriarcal de los hatos, las relaciones feudales de esclavos, libertos y libres y el trabajo independiente de los pequeños propietarios o poseedores de tierras.

Como hemos dicho, del conjunto de estas relaciones, la esclavitud era la más importante por lo que la estructura social y económica de la colonia en su conjunto seguía estando determinada por esta relación de producción, aunque, como se observa, de manera radicalmente diferente a como se producía en la colonia francesa.

Mientras en la colonia francesa la producción era eminentemente mercantil, en la colonia española la economía natural predominaba. Por un lado, se destinaba al mercado menos de lo que se destinaba al auto-consumo por parte de los propietarios de las unidades agrícolas y ganaderas, salvo en los casos de las haciendas a base de trabaja, esclavo o de hatos muy grandes propiedad de la aristocracia burocrática colonial. Pero como hemos visto, el grueso de las explotaciones de la colonia no eran de gran escala como en el caso de las francesas, sino de mediana y pequeña escala, donde además la subutilización de las posibilidades de fuerza de trabajo determinaba que los excedentes destinados al mercado fueran bastante pequeños. Por otra parte, en el interior de la colonia los mecanismos mercantiles eran extremadamente débiles ya que lo que se necesitaba sólo era producido en el exterior, a lo que hay que agregar la falta de moneda que dificultaba las transacciones comerciales, por lo que en la mayoría de casos éstas tenían un carácter de simple trueque, aun cuando estos trueques se equiparan en valores monetarios estimados.

El valor de las exportaciones de la colonia española era de sólo aproximadamente 300,000 pesos en ganado vivo a la colonia vecina, y menos de 100,000 pesos en otros artículos con el mismo destino, como andullos de tabaco, cuerdas, cueros, sebo, cera, etc. A estos valores hay que agregar cierto comercio con España y otros puntos del imperio colonial español. Probablemente más del 80 % del comercio externo de la colonia española se realizaba con la colonia francesa.

Además de estas entradas, la colonia española disponía de una entrada suplementaria en monedas de plata por concepto de situado anual, que hacia fines del siglo XVIII se elevaba a unos 350,000 pesos. Como sabemos, estas sumas se destinaban al mantenimiento de la guarnición de la colonia y del aparato burocrático. Estas entradas suplementarias fueron de mucha importancia en la posibilidad del mantenimiento de ciertos niveles de comercio interno y externo, ya que como se hacían en moneda, ésta podía circular por la colonia.

Al mismo tiempo, como la gran mayoría del situado se destinaba a pagos de sueldos de altos funcionarios y oficiales, constituyó un elemento de acumulación de riquezas por parte de la aristocracia colonial.

Capítulo XI

EL HATO GANADERO

Rasgos Generales e Importancia del Hato. El hato ganadero resume lo fundamental de la estructura económica y social de Santo Domingo en el siglo XVIII. Los hatos eran las células sociales fundamentales de base, que generaban la mayor parte de la renta nacional de la colonia y agrupaban un sector muy elevado de su población. La dinámica social del hato era la que condicionaba el funcionamiento del conjunto de la sociedad colonial. Las relaciones de producción esclavistas-feudales del hato eran las que definían el modelo global del modo de producción colonial en el siglo XVIII.

El hato ganadero típico del siglo XVIII era una unidad social basada en la combinación del trabajo de los propietarios libres con el de los trabajadores esclavos, que era el fundamental, pero que tomaba rasgos feudales y patriarcales. Esto quiere decir que los esclavos no eran sometidos a un trato cruel, que tenían tiempo libre para dedicarse a labores para su provecho personal del pago de una renta al amo, que tenían en gran medida con las familias los y que tenían posibilidad de libertad después de haber acumula tras largos años de trabajo, hechos, el trabajo de libres y esclavos hatos no se diferenciaba demasiado por supuesto los beneficios iban n su gran mayoría a manos.

Las dimensiones de los hatos y el número de cabezas de ganado podían variar sensiblemente pero en lo fundamental los hatos eran explotaciones medianas de unos cuantos miles de tareas de tierras de pastos y bosques con algunos pocos centenares de cabezas de ganado y, en muchos casos, menos todavía, los que podían ser criados con el trabajo de los dueños y de dos o tres esclavos. La unidad productiva era de tipo extensivo, es decir, se aprovechaban poco los recursos de la naturaleza, la capacidad productiva del ganado y la fuerza de trabajo de esclavos y libres. Los beneficios de estas explotaciones eran bastante reducidos dando en lo fundamental sólo medios para que los hateros llevaran una vida llena de pobreza y mediocridad.

Había zonas del país en que predominaba el hato de gran extensión, como en el Este, donde sus tierras tenían muchos miles de tareas normalmente; en otras zonas, se extendió mucho el pequeño y mediano hato de pocos miles de tareas y aun de cientos. Sin embargo, la extensión de las tierras no era lo determinante en la magnitud de los hatos, sino el número de cabezas de ganado; había hatos que tenían desde unas decena hasta los mayores que tenían centenares que podían en casos sobrepasar el millar. El hato típico, al parecer, en este período, tenía pocos centenares de cabezas, entre 200 y 300, según se colige de diversas fuentes y en especial de los archivos notariales y de los municipales de Bayaguana e Higüey.

EL HATO GANADERO

Total del valor de los bienes: 3,723 ps.

Tiene comprometido 1.000 pesos de un tributo a la iglesia, para

lo que tiene hipotecados sus bienes. Le restan pues 2,723

Su esposa aportó de dote 1,332 Le quedan pues 139!

Los 1391 se dividen entre sus 5 hijos herederos a 278 ps. c/u

Total del valor de los bienes: 3,723 ps.

Tiene comprometido 1.000 pesos de un tributo a la iglesia, para

lo que tiene hipotecados sus bienes. Le restan pues 2,723

Su esposa aportó de dote 1,332 Le quedan pues 139!

Los 1391 se dividen entre sus 5 hijos herederos a 278 ps. c/u

El hato era una unidad esencialmente autosuficiente, donde la mayor parte de las cosas que se producían estaban destinadas al autoconsumo, o más bien la mayor parte de lo que se consumía se obtenía en el seno del hato. Por eso el hato no sólo era una explotación ganadera, sino que dentro de él se efectuaban las labores agrícolas necesarias para la obtención de los alimentos de consumo diario. Igualmente toda una gama de labores artesanales se realizaban en su interior, como sillas y otros aparejos de montar, muebles, sogas, recipientes, rústicas vestimentas, etc. Sin embargo, era muy importante la vinculación de los hatos con el mercado, principalmente con el de la colonia francesa, para procurarse sus dueños manufacturas europeas imprescindibles (ropa, armas, herramientas, etc.). En general, por eso, el grueso principal de las producciones de ganado se destinaba a la venta al exterior o a las ciudades.

Como ilustración viva, ofrecemos el siguiente cuadro de los bienes de un hato tomado de azar:

Casa de morada, un bohío de tabla maltratado 4 ps.

Una Ramada Grande 14 ps.

Un ingenio de caballo 20 ps.

Herramientas de carpintería 10 ps.

Dos coas I ps 2 rts

Una espada con puño de plata 6 ps.

Un sablecito con su concha y boquilla de plata 5 ps

Diversas pailas, botijas, calderos, etc...

Una bomba y una espumadera de cobre 1 ps. 4 rts

Tres hachas 4 ps. 4 ris

Dos sillas buenas con sus aperos 22 ps.

Un par de estribos 2 ps.

Una canoa 8 ps.

Machete, cuchillo y eslabón 1 ps. 6 ris

Una piedra de amolar de rueda 8 ps.

Diversas joyas de oro, plata y perla

Diversas prendas de vestir

91 papeletas de a peso 91 ps

Una docena de hormas para hacer azúcar 3 ps.

27 bestias caballares 636 ps.

22 cabezas de chivos 22 ps.

Una yunta de bueyes 40 ps.

110 reses pastando en los sitios de San Idelfonso a 6 ps. c/u 660 ps.

1,400 pesos de acciones del sitio de San Idelfonso con monterías 1,400 ps.

Un esclavo mutatico pequeño enfermo Gregorio 60 ps.

Un negro chollo José Antonio de 22 años 275 ps

El número total de hatos en la colonia en el siglo XVIII todavía no es conocido. Como se sabe, por el censo de Osorio en 1606 había unos 130 hatos en la isla. Para la segunda mitad del siglo XVIII su número t se había elevado mucho. Es posible pensar que en este último período el número total fluctuara entre 800 y 1,000 hatos. Hay datos parciales del número de hatos en las jurisdicciones de algunas villas en la década de 1780. En Bayaguana había 40 hatos, en Los Llanos 25, en Santiago (hasta Mao) 257, en Azua 15, en San Juan de la Maguana 28. En esas cifras no se cuentan los hatillos y es posible que escaparan hatos en algunas. Es evidente que en la zona cibaeña el número de hatos era mayor, lo que indica que las extensiones territoriales promedio eran inferiores a las de los hatos de la banda Sur.

Jurisdicción

Diezmos

Pesos fuertes

Diezmos

Pesos fuertes

Santiago

500

2,400

650

7,000

La Vega y Cotui

200

1,600

400

7,600

Hincha y San Rafael

350

2,200

600

8,050

Banica y San Juan

450

3,400

650

7,000

TOTAL

1,500

9,600

2,300

29,650

Si se parte de un promedio por hato entre 200 y 300 reses, el número total en la colonia se debería elevar de unas 200 a 300 mil reses en las décadas finales del siglo. Según Moreau de Saint Mery en un censo de 1780 se contaron en toda la colonia 200 mil reses vacunas, y calcula que si se incluyeran los animales exentos del pago de diezmo la cifra aumentaría a 250 mil reses vacunas, y en caso de sumárseles las bestias caballares, se podría llegar a una cifra total de 300 mil reses, con reproducción anual de 60 mil.

La producción pecuaria se mantuvo en expansión hasta los años anteriores a la Revolución Haitiana. Los siguientes datos de Moreau de Saint Mery lo aseveran:

Estos datos indican que el número total de ganado para la exportación en las 4 jurisdicciones censadas, las de más alta incidencia en la exportación a la parte francesa, se elevaba en 1760 a unos 15,000 animales y en 1780 a 23,000. Se puede inferir que se vendía una quinta parte, lo que arroja un total de ganado en esas comarcas de 75,000 cabezas vacunas en 1760 y de 115,000 en 1780. Para el total de la colonia, se puede elevar el múltiplo para venta en 10 mil más (además de las 15 mil en las 4 jurisdicciones) haciendo en total unas 25,000, o un total de ganado en la colonia de 125 mil cabezas en 1760 y de 200 mil para 1780. Estas cifras, como vemos, coinciden bastante con los cálculos anteriores, y sobre todo son importantes porque muestran un progreso sostenido de las exportaciones legales de ganado en pie, al menos hasta 1780.

Si se parte de la existencia de 800 a 1,000 hatos en la colonia y de un promedio de habitantes de 10 a 15 personas en cada

Uno, entre libres y esclavos con familiares, resulta que aproximadamente habitaban en hatos unas 10,000 o 15,000 personas, o sea una parte considerable de la población total de la colonia, lo que muestra la importancia social de estas unidades. Por otra parte, la fracción económicamente activa de esa población era la más productiva de toda la colonia (exceptuándose las plantaciones agrícolas esclavistas) pues generaba el producto mercantil fundamental, el ganado. Si se consideran los hatillos y monterías, es seguro que junto a los hatos agrupaban lo fundamental de la población trabajadora.

Las Relaciones de Producción

La posibilidad de movilidad social en esta época era bastante amplia. Dos factores principales explican el fenómeno: la baja densidad demográfica y la debilidad económica de la colonia española con sus consecuencias en la debilidad de las relaciones esclavistas y del poder económico y social de la clase esclavista. En las explotaciones típicas de la época, los hatos, era más conveniente para el amo dar muchas libertades a los esclavos ya que no había posibilidad de aprovechar su trabajo directo en toda su potencialidad. Después de ciertas labores diarias en el hato los esclavos no tenían nada más que hacer a causa de la mediocridad de esta unidad productiva.

El amo, entonces, permitía a los esclavos transformarse en pequeños productores agrícolas en los tiempos libres de que disponían o les cedía la administración de una crianza o montería en terrenos apartados. Igualmente, en determinados períodos los amos permitían que los esclavos trabajaran como asalariados en explotaciones vecinas o que, a cambio de una renta diaria, pudieran ausentarse de las labores de sus unidades de trabajo. Todo esto lo hacían los amos sabiendo que los esclavos se interesaban en producir más, es decir, como incentivo económico, a manera del mayor aprovechamiento posible de la fuerza de trabajo del esclavo para el tiempo en que no había posibilidad de aprovecharla directamente en el interior del hato.

El interés de los esclavos residía en que con lo que les quedaba después de pagar una pesada renta a los amos por la utilización de su tiempo libre y de sus tierras y otros medios de producción, iban formando un fondo de manumisión llamado peculio, con el cual después de muchos años de trabajo lograban reunir la suma necesaria para comprar su libertad y hacerse libertos. Por supuesto, la suma de los peculios era superior siempre al precio en que el esclavista había comprado el esclavo, a lo que sumando las pesadas rentas que se imponían en esta modalidad, la misma constituía una fuente de ganancias para los amos casi tan importante como la que obtenían del trabajo directo en sus haciendas.

En ese contexto se mantenía la doble tendencia a manumisiones y a la entrada de nuevos esclavos, comprados en la colonia francesa. De tal manera, la explotación de los esclavos en el siglo XVIII no tenía, desde el punto de vista socioeconómico, tan sólo un carácter esclavista, sino igualmente un carácter feudal. Las relaciones entre amo y esclavo en el tiempo libre del segundo eran a base de la posesión por éste de una pequeña economía propia, a cambio de » la cual pagaba rentas en dinero o en especies a los amos.

Esto se diferencia claramente de la explotación esclavista que consiste en el trabajo directo del esclavo en la hacienda del amo, donde es un elemento más de los medios de producción o, como decía Aristóteles, "un animal parlante".

En la mayoría de los casos esos esclavos liberados o libertos se podían hacer propietarios o poseedores de tierras de ganadería o de agricultura. Es cierto que muchas veces se mantenían ligados a sus antiguos amos por determinadas cláusulas limitativas de su libertad o porque así más les convenía al entrar en relaciones de arriendo de tierras o servir como peones en los hatos. Sin embargo fue generalizada la tendencia de los libertos a hacerse propietarios o poseedores libres. Hay dos elementos que explican esta posibilidad tan extendida: el sistema de los terrenos comuneros y las capellanías y censos de la iglesia.

HATERO. Grabado de Hazard

A menudo, dueños de hatos destacaban a libres o esclavos en calidad de mayordomos, sobre todo si eran de la aristocracia burocrática colonial o tenían varios hatos. La administración se llevaba a cabo mediante el pago de salarios o por contratos de aparcería u otras formas feudales. La mayoría de hateros sin embargo, como eran propietarios medianos, administraban por sí mismos sus hatos y dirigían y participaban en la mayoría de aspectos del proceso productivo. El hatero y sus familiares y a menudo otros libertos y libres (denominados arrimados) tenían gran importancia en el proceso productivo. El hato no era sólo pues una unidad a base de trabajo de esclavos sino también de libres. En algunas regiones de la isla, y en la generalidad de los hatos de menores magnitudes, incluso, el trabajo libre tenía más importancia que el esclavo. Este trabajo libre adquiría, como el de los esclavos, rasgos patriarcales, bajo relaciones de producción de tipo feudal.

De tal modo, las relaciones de producción comportaban la primacía de relaciones esclavistas entroncadas a relaciones feudales en condiciones de incidencia de patriarcalismo.

En las condiciones de mediocridad económica del hato, se producía una comunicación íntima en el trabajo y la vida cotidiana entre hateros, otros libres y esclavos, lo que constituía la base del patriarcalismo y de la posibilidad de utilizar ampliamente relaciones feudales, en esas condiciones específicas.

Los esclavos de los hatos no llevaron a cabo una lucha de clase coherente. No aspiraban generalizadamente a destruir el orden esclavista, sino que preferían integrarse al proceso patriarcal que les permitía promoverse socialmente dentro del sistema, alcanzando la libertad, y a menudo transformándose en propietarios por las facilidades que brindaba el sistema de terrenos comuneros y las propiedades eclesiásticas.

Las posibilidades de libertad de los esclavos y de lograr el status de pequeños y medianos propietarios agrarios, así como la ausencia de la explotación superintensiva y los tratos crueles por el patriarcalismo, no se debían a la supuesta humanidad y bondad hispánicas proclamadas por historiadores apologistas del colonialismo. La realidad es que estas situaciones se daban porque los esclavistas hateros no podían obrar de otra manera, si es que se atenían estrictamente a sus intereses propios de clase. Se trataba simplemente del interés en lograr al máximo el aprovechamiento de los esclavos, en condiciones de débil capitalización y mercantilización e inoperancia del modelo de gran plantación esclavista. La ideología religiosa no era más que una justificación de la racionalidad de estas relaciones de producción y de ninguna manera, como pretenden historiadores tradicionales, causa de esta conducta.


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