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Historia social y económica de la República Dominicana (página 3)

Enviado por Yoldany



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EL HATO GANADERO

Terrenos Comuneros y Capellanías. El sistema de los terrenos comuneros empezó a utilizarse en la segunda mitad del siglo XVII, pero su generalización se produjo a lo largo del siglo XVIII. El origen de este sistema radica en el poco valor de la tierra en esa época y en las características de debilidad económica del hato ganadero. Las tierras de crianza estaban amparadas por títulos expedidos por el Rey de España, en teoría, llamados Amparos Reales. Ahora bien, después de cierta época, cuando el propietario de un Amparo moría, sus herederos prefirieron no realizar la partición de las tierras que abarcaba por dos razones. La primera por los gastos que ocasionaba la partición y, la más importante, porque la ganadería extensiva que se practicaba en la colonia requería enormes extensiones de pastos y bosques y aguadas bien distribuidas De haberse prolongado las particiones, los terrenos subdivididos muchas veces hubiesen carecido de ríos, de la suficiente extensión de pastos como para alimentar un determinado número de reses, o de bosques necesarios.

Así pues, los herederos tendieron a no fraccionar las propiedades y a permanecer como copropietarios de ellas mediante un sistema de acciones que se contaban en la unidad monetaria o peso de la época, por lo que se las llamaba "pesos" La posesión de una pequeña cantidad de "pesos" sobre una propiedad daba iguales derechos de utilización del conjunto de tierras de bosques y pastos, así como de las aguas, que la de fuertes cantidades de "pesos". La única tierra que se consideraba propiedad privada dentro del sitio comunero era aquella que cualquier copropietario cercaba con una buena empalizada para evitar la entrada de animales y poder dedicarla a labores agrícolas y en algunos casos como potreros. Con el tiempo se hizo costumbre que los herederos copropietarios del sitio vendieran parte de sus acciones a personas extrañas a la familia, dándose lugar a una activa comercialización de esas acciones.

Como se ofrecían en venta acciones desde cantidades muy bajas, los liberffos y otras personas de baja condición social podían hacerse normalmente copropietarios de terrenos comuneros con idénticos derechos sobre la utilización del conjunto de las tierras indivisas para crianza de ganado. Es decir, se transformaban en pequeños productores agrícolas y ganaderos propietarios sin ninguna sujeción terrateniente. Por supuesto que la mayoría de los que lograban esa condición no sobrepasaban niveles modestos ya que el problema no era tanto ser propietario o poseedor de tierra sino de lo que efectivamente era la riqueza: cabezas de ganado. Estos libertos combinaban la cría de pequeñas cantidades de ganado vacuno y porcino con labores agrícolas a pequeña y mediana escala, mayormente para el autoconsumo pero también para los mercados urbanos. En la zona cibaeña parte de esos libertos se incorporaban a los productores de tabaco, con un nivel de comercialización de su producción agrícola mucho mayor que en la banda sur.

El otro factor que incidía en las posibilidades de movilidad social era la gran importancia que tenían las propiedades de la iglesia en el conjunto de la colonia. Estas riquezas, para la época extremadamente importantes, se originaban en las frecuentes donaciones a la iglesia antes de la muerte por Darte de personas de todas las condiciones sociales. La religiosidad era un elemento de la más alta importancia en la ideología cíe la población en el siglo XVIII. Ahora bien, las donaciones a la iglesia se hacían en la mayoría de los casos mediante la imposición de capellanías sobre propiedades del donante.

Por medio de estas capellanías se obtenían los recursos necesarios para que se cantara un número determinado de misas al año dependiendo del valor total de la propiedad, contando con un 5 % anual de interés para el pago al cura oficiante, o sea de acuerdo al nivel de usura normal en esos siglos. Una misa normalmente costaba 5 ps. de plata, o sea que con la donación a la parroquia de valores de 100 ps., se obtenía la celebración de una misa al año a favor del alma del difunto donante.

La mayor parte de las donaciones que recibía la iglesia era en valores de tierra y en cabezas de ganado. Pero como la puesta en producción de esa inmensa cantidad de propiedades y recursos exigía una organización muy extensa y difícil de lograr, la iglesia prefería arrendar a terceras personas estos bienes, a cambio de recibir un interés anual de 5 o/o sobre el valor total de las propiedades entregadas, con lo que se obtenía la suma necesaria para la celebración de las misas, que era lo importante para sostener económicamente a los párrocos y a las órdenes religiosas.

Pero como la posesión de propiedades de capellanías exigía el pago de un rédito anual del 5 o/o de su valor en dinero, suma para la época bastante alta si se toma en cuenta la baja capacidad mercantil de los hatos y su baja productividad, sólo recurrían a ese sistema las personas que o bien no tenían propiedades o que deseaban ampliar las que tenían por medio de un esfuerzo muy dinámico. En este caso, ya los libertos no disponían solamente de la tierra, como era tan fácil por la modalidad de los terrenos comuneros, sino que disponían de las tierras más el ganado que se encontraba en ellas y otros recursos hasta cierto punto costosos necesarios para la ganadería en una cierta escala. La iglesia incluso daba facilidades para que los que tomaban propiedades a tributo de capellanías o de otras propiedades corporativas pudiesen ir abonando el pago del capital, es decir, del valor de la propiedad, puesto que se prefería tener el dinero líquido que un interés anual bastante mediocre y a menudo muy difícil de cobrar. Al abonar la totalidad del capital de la propiedad que explotaban, la iglesia perdía todo derecho sobre ella y estas personas se transformaban en propietarios plenos de tierras y ganados. Así no era extraño que personas que habían sido esclavos pudieran llegar a posiciones sociales relativamente elevadas, siendo propietarios de hatos de cientos de cabezas de ganado y de algunos esclavos.

El sistema de donaciones a la iglesia y de tributos y capellanías fue además un factor de movilidad porque tendía a equiparar la distribución de las riquezas. Generalmente, las donaciones importantes provenían, como es normal, de grandes propietarios, con lo que dilapidaban en términos económicos en beneficio de la búsqueda de la salvación ultraterrena, gran parte de sus propiedades. Es decir, los ricos paralizaban su capacidad de multiplicación de sus riquezas y los pobres tendían a aprovecharse de esta situación usufructuando esas riquezas en tributos y capellanías.

Se tendía, pues, a determinadas nivelaciones de los agrupamientos sociales en las que, sin embargo, lo determinante era la pobreza económica y la incapacidad de fortalecimiento de la aristocracia colonial y los hateros. De haber habido una economía fuerte y una clase dominante en rápida expansión, se puede asegurar que no se hubiese manifestado una expresión ideológica como la que tendía a la dilapidación de las propiedades y se hubiesen creado mecanismos institucionales que, mediante la valoración del trabajo de los esclavos y de las propiedades agrarias, no permitiesen el ascenso social de las clases inferiores.

Capitulo XII

LA REVOLUCIÓN HAITIANA

La Revolución Francesa. Desde inicios del siglo XVIII la economía francesa había entrado en un proceso de crisis. El fracaso del expansionismo de Luis XIV tuvo múltiples consecuencias sobre toda la sociedad en Francia. El poder económico y político de los feudales salió fortalecido. Así, el mercantilismo de espíritu burgués, que había primado en el reinado de Luis XIV, cedió a una política favorecedora de la nobleza feudal, sobre todo de la cortesana. De este modo, Francia fue quedando a la zaga en el desarrollo industrial respecto a Inglaterra.

Las contradicciones sociales internas se fueron haciendo cada vez más agudas. Por una parte estaba el problema agrario, al seguir sufriendo la mayoría de los campesinos franceses formas de explotación de tipo feudal. El parasitismo de los feudales propietarios de tierras y la intensa explotación campesina provocaron una seria crisis en la agricultura francesa que ocasionó frecuentes déficits en la producción agrícola, con las secuelas de hambrunas y disturbios sociales.

De otra parte, el sector capitalista se desarrollaba en forma muy lenta. Las trabas que imponía el dominio de la nobleza, como la existencia de aduanas interiores o los impuestos contrarios al desarrollo industrial, hacían entrar a la burguesía, en forma cada vez más radical, en contra del orden establecido.

Para dar justificación ideológica a las aspiraciones de la burguesía surgió en el siglo XVIII un brillante conjunto de pensadores opuestos al absolutismo, cuyo núcleo más importante fue el de los enciclopedistas (llamados así por haber redactado una obra conjunta en varios tomos llamada La Enciclopedia). Los filósofos franceses iluministas cuestionaron no sólo el absolutismo, sino también la religión y las visiones filosóficas dominantes hasta entonces. En el plano social pugnaban por una sociedad democrática, lo que equivalía a los deseos de la burguesía. Los filósofos desataron una gran campaña intelectual contra el Antiguo Régimen, creando las bases intelectuales para una gran revolución.

La crisis de la economía francesa era tanto mayor en la medida en que Inglaterra, desde mediados del siglo XVIII, había iniciado un proceso tecnológico y social, conocido como la Revolución Industrial, mediante el cual se dio paso a la moderna industria fabril, lo cual le permitió ampliar su hegemonía económica. Precisamente, una de las grandes consecuencias para Francia de la Revolución fue que permitió la asimilación de la Revolución Industrial, al posibilitar el desarrollo armónico del capitalismo, libre ya de los obstáculos del orden feudal hasta entonces dominante.

En los años anteriores a 1789, que marca el inicio del proceso revolucionario, en Francia la crisis económica se había agudizado enormemente, reflejándose en una crisis en las finanzas del Estado. El Rey Luis XVI intentó solucionarla mediante una serie de reformas, pero todas fracasaron. Ante esta situación, no tuvo otra alternativa que convocar a los Estados Generales, un cuerpo que reuma representantes de los llamados tres estados (nobleza, clero y estado llano o burguesía), y que no se reunía desde el siglo XVII.

Conjuntamente se inició la ofensiva popular que a la larga logró el derrocamiento de la monarquía absolutista y la proclamación de la República. La Revolución Francesa fue el resultado de la confluencia, en una coyuntura de crisis del Estado feudal, de las aspiraciones de la burguesía con las del campesinado.

El conjunto de medidas tomadas por la Revolución abolió los derechos feudales de la nobleza, abriendo la plena propiedad de la tierra a los campesinos; eliminaba las trabas político-jurídicas del absolutismo y abría el camino para la modernización económica de Francia con el desarrollo de relaciones capitalistas y el paso del poder político a la burguesía.

Este programa fue realizado en una primera etapa por los revolucionarios clásicos, girondinos y jacobinos, pero sus resultados se obtuvieron en la institucionalización de la Revolución bajo los regímenes del Directorio y de Bonaparte, los cuales actuaron en todos los aspectos al servicio de la burguesía, desechando el radicalismo pequeño burgués de los jacobinos.

Las convulsiones que trajo la Revolución en las relaciones de producción y en el poder político del Estado tuvieron una gran repercusión en la política colonial del Estado francés. Casi todos los intereses coloniales de Francia se encontraban en Saint Do-mingue, y la coyuntura dada por la Revolución Francesa, junto a la agudización de las contradicciones internas del régimen esclavista, generaron un proceso revolucionario en la colonia. La Revolución Francesa tuvo su equivalente en la Revolución Haitiana, aunque las causas y las consecuencias de ambas fueron totalmente diferentes.

La Revolución Francesa despejó todos los obstáculos para el desarrollo del capitalismo en Francia, siendo el factor fundamental del predominio de este modo de producción en ese país en lo adelante. Además, la Revolución actuó a escala europea y aun a escala mundial contra los restos del feudalismo en una serie de países de Europa, por medio de las invasiones de los ejércitos republicanos franceses que exportaban de tal forma los postulados políticos e ideológicos de la Revolución, coadyuvando así a la superación parcial o total del viejo orden. Además, la Revolución Francesa puso en crisis el modelo de dominación colonial existente hasta entonces puesto que tuvo una influencia decisiva en la aparición de los movimientos independentistas de la América Latina, unida a la influencia que ya ejercía la independencia de los Estados Unidos.

La Revolución Francesa marcó, pues, una ruptura política netamente revolucionaria a escala universal con el orden feudal.

La Revolución Haitiana en cambio, no posibilitó el tránsito al modo de producción capitalista. La abolición por vía revolucionaria del modo de producción esclavista tuvo por resultado fundamental su sustitución por relaciones feudales y de pequeña propiedad mercantil.

Por otra parte, si bien Haití logró convertirse en un Estado independiente, no pudo escapar a nuevas formas de dominación de los países capitalistas centrales, a través del intercambio principalmente, por lo que a la larga pasó a la condición de país neocolonial, tanto en el aspecto económico como en el político.

Sin embargo, en el contexto histórico de la época la Revolución Haitiana tuvo consecuencias trascendentales sobre todo para el pueblo haitiano, al liberarlo de la ignominiosa explotación esclavista y de la sujeción colonial directa. Las condiciones de vida del pueblo haitiano mejoraron extraordinariamente, a pesar de que pasó a ser explotado por una nueva clase dominante local, salida del proceso revolucionario. Pero además la Revolución Haitiana tuvo consecuencias a escala de la zona del Caribe, asestando un primer golpe al sistema esclavista predominante en la región.

Hacia 1830 los ingleses abolieron la esclavitud en sus colonias desde antes habían introducido cambios ante el peligro de la extensión de la insurrección de los esclavos de la zona, el país que recibió la mayor influencia del proceso revolucionario haitiano, por razones geográficas y no sociales, fue la colonia española de Santo Domingo. Como veremos, los efectos de la Revolución Haitiana provocaron un cambio general del curso de la historia de Santo Domingo al poner en crisis el régimen colonial español.

Primeras Etapas del Proceso Revolucionario. Los esclavos de la colonia francesa en múltiples ocasiones intentaron organizar grandes levantamientos para liquidar el régimen esclavista, lo cual siempre fracasó. El descontento social de la masa de esclavos se manifestaba mediante huidas individuales o de pequeños grupos a los bosques, donde se organizaban en bandas de cimarrones o marrons. Por algunas épocas los cimarrones llegaban a tener tal número que obligaban a las autoridades coloniales a disponer cuerpos armados y campañas de persecución contra ellos. Muchos de ellos se refugiaban en las montañas de la parte española que colindaban con la colonia francesa, donde vivían por largos períodos sin ser molestados por nadie.

Los cimarrones a pesar de su relativa importancia, no representaron en ningún momento un peligro para la colonia occidental de la isla y se mantuvieron con altas y bajas habitando las montañas y con una táctica militar primordialmente defensiva, durante cerca de un siglo.

La posibilidad para el levantamiento de los esclavos vino dada por las consecuencias que tuvo en la colonia la Revolución Francesa. Esto se manifestó en un agravamiento de las contradicciones sociales inicial-mente de los grupos dominantes. Desde hacía bastante tiempo importantes sectores entre los grandes propietarios esclavistas eran partidarios de la independencia de la colonia francesa respecto a Francia, los cuales estaban imbuidos, al parecer, por el ejemplo de los Estados Unidos respecto a Inglaterra.

Estos grupos expresaban el descontento de los esclavistas frente a las discriminaciones que imponía la autoridad política del Estado francés, dadas las circunstancias de que la colonia estaba concebida como un sector auxiliar que debía simplemente servir como medio de enriquecimiento de la burguesía francesa y en general de las clases poderosas de la metrópoli. La discriminación se expresaba principalmente en tasas excesivas de impuestos, diferencias abismales de los precios de los productos manufacturados de Francia con respecto a los precios de los artículos de exportación de la colonia, mecanismos monopolistas que entorpecían el libre comercio de los colonos esclavistas con otros países (notablemente con los Estados Unidos), donde podían obtener mejores beneficios, en la falta de representación formal de los intereses coloniales en el Estado, etc.

Las medidas de la Revolución que desde muy pronto empezaron a lesionar las relaciones sociales y el viejo orden, impulsaron la determinación de estos sectores a obtener la independencia. Fundamentalmente los esclavistas blancos temían que la declaración de derechos humanos incluyera a los mulatos y les concediera derechos civiles y políticos similares a los que ellos disfrutaban en la condición de blancos, ya que las divisiones de los grupos sociales estaban matizadas por la división étnica de blancos, mulatos y negros. La Asamblea Provincial reunida por los esclavistas en la ciudad de San Marcos se opuso a los intentos de las autoridades metropolitanas por reformar las relaciones entre los grupos de libres en beneficio de los mulatos. Hubo otro grupo de esclavistas con posiciones más moderadas y que no llegaban a plantearse la independencia de la metrópoli, grupo que se organizó en torno al gobernador francés y a la Asamblea de El Cabo. O sea que la clase de los esclavistas estaba profundamente agitada y dividida en la nueva situación histórica.

En este contexto, es esencial el inicio de movilizaciones de los mulatos ricos por sus reivindicaciones sociales. El primer intento fue la fallida revuelta de Ogé y Chavannes en 1790, pero al poco tiempo ya la reivindicación de la igualdad de derechos había ganado la simpatía de las masas de mulatos que se incorporaron a un poderoso movimiento insurreccional dirigido por figuras como Villate y Rigaud. Así pues, la contradicción principal de las luchas políticas, que en la primera etapa de las conmociones de 1789 estaba entre diversas fracciones de los esclavistas blancos, pasó a fines de 1790 a tener como punto fundamental los intereses de los mulatos esclavistas contra el exclusivismo de los blancos.

En esta etapa hubo sectores de blancos, sobre todo entre grandes esclavistas, partidarios de llegar a acuerdos con los mulatos dándoles participación en las asambleas provinciales y aboliendo las restricciones a que eran sometidos, tales como la de casarse con blancas. Otros grupos mayoritarios de blancos, sin embargo, se opusieron a cualquier concesión sin darse cuenta de las nuevas condiciones que habían surgido tras la Revolución Francesa que obligaban a ello. Particularmente es importante la actitud de los petits blancs, quienes veían todas sus aspiraciones de ascenso social frustradas si se les concedían derechos a los mulatos, por lo que sirvieron de tropa de choque a los intereses más exclusivistas de la oligarquía esclavista blanca.

Rebelión de las Masas de Esclavos. La tercera etapa de los acontecimientos revolucionarios en la colonia es la más importante y está señalada por el paso a la lucha activa de grandes masas de negros esclavos por la libertad. La rebelión de los negros tuvo por centro la zona Norte de la colonia que era la más poblada y rica y donde las relaciones de la esclavitud tenían un carácter más cruel.

La insurrección fue organizada por un esclavo llamado Boukman a instancias de un grupo de blancos realistas, quienes pensaron que con la anarquía en la colonia el gobierno republicano sufriría las consecuencias y pensaron utilizar a la masa de los negros como tropa al servicio del regreso de la monarquía a Francia. La rebelión de los esclavos tuvo un carácter devastador, procediendo a incendiar y destruir propiedades de los esclavistas y a liquidar físicamente a muchos de ellos.

Era un movimiento espontáneo sin conciencia de lograr una nueva sociedad, sino solamente destruir el viejo orden. Por eso, quienes quedaron a la cabeza de los grupos insurrectos (los principales de los cuales eran Biassou y Jean François). En muchos aspectos servían a intereses negativos, ya que estaban imbuidos de la idea, muy extendida en las formaciones precapi-talistas, de que el monarca era un defensor de las aspiraciones de los oprimidos. Por ende, pusieron sus fuerzas al servicio del restablecimiento de la monarquía en Francia pensando que obtendrían la libertad junto con el hecho de haber producido grandes daños al dominio de los esclavistas. Esta política se expresó mayormente en el paso del ejército de los esclavos insurrectos bajo las órdenes de la Corona española cuando se abrieron las hostilidades entre las dos colonias a raíz de la guerra en Europa, resultante del ajusticiamiento de los reyes de Francia en 1793. El paso de los negros insurrectos a las filas españolas fue gestionado por el sacerdote de Dajabón José Vásquez, quien los incitó a llevar una Guerra Santa contra los ateos y revolucionarios.

Sin embargo, muchos otros grupos de esclavos en rebelión, con una conciencia espontánea mucho más acorde con sus intereses, en ningún momento se plegaron bajo el control del ejército español, que junto con tropas inglesas trataba de liquidar a la colonia occidental. La mayor parte de estos grupos permaneció en territorios interiores de la colonia francesa en un tipo de lucha más bien guerrillera, entrando por momentos en alianza con mulatos y hasta con autoridades francesas que expresaban aspectos de la política revolucionaria de la metrópoli.

La coalición de españoles, ingleses y esclavos sublevados contra la colonia francesa llegó a un momento crítico a fines de 1793. Estaba gobernando el Departamento Norte, el más importante de la colonia, el comisionado Sonthonax, quien representaba, junto con una fuerza militar metropolitana, las posiciones de los gobernantes revolucionarios de Francia, partidarios de cambios sustanciales en el orden interno de las colonias y muchos de ellos hasta partidarios de la abolición de la esclavitud, como Robespierre. Sin embargo, los mismos jacobinos nunca se plantearon la abolición del orden colonial y mantuvieron esperanzas de conciliar determinados intereses de la burguesía francesa, de la clase dominante de las colonias y de las masas explotadas.

Sonthonax intentó aplicar esta política a trayéndose la oposición de los sectores más importantes de los esclavistas blancos que pasaron a colaborar con la coalición antirrepublicana. Su base estaba principalmente en la mayoría de mulatos, en grupos de negros sublevados y en las tropas que habían venido de Francia.

Sin embargo, la situación se hizo insostenible y todo presagiaba la caída de la colonia en manos de la coalición anti-republicana. Para evitarlo, el comisionado hizo uso de un decreto histórico de abolición de la esclavitud, a fines de 1793. Inmediatamente ganó el apoyo de las grandes masas de negros esclavos de la colonia que lo aclamaron como un dios, lo que permitió evitar el triunfo de los enemigos de Francia.

Esta nueva situación fue comprendida por uno de los jefes del ejército de negros al servicio de España, Toussaint Louverture, quien había ganado una ascendencia casi igual a la de Jean François por sus amplias dotes militares y por su habilidad política y que, por ello, dirigía un destacamento muy importante de este ejército. A los dos meses de la liberación de los esclavos, Toussaint pasó con sus tropas al servicio de la República Francesa, destacándose como el dirigente máximo en lo adelante de las masas que acababan de salir de la esclavitud.

La política de Toussaint L'Ourveture. En apoyo de la política metropolitana quedaron dos grandes fuerzas en la colonia francesa, una la de los mulatos revolucionarios de todos los niveles sociales, mandada por Rigaud; y la otra, la de los antiguos esclavos, mandada por Toussaint. Estos dos sectores desde muy pronto se revelaron antagónicos por tener aspiraciones sociales divergentes. Los mulatos querían ocupar, bajo nuevas relaciones sociales, el puesto que había sido dejado por los esclavistas blancos, que ya en su mayoría habían huido o habían sido muertos y sus propiedades destruidas.

En torno a los negros se fue formando una élite de jefes militares que más bien eran partidarios de mantener el trabajo forzado de las grandes masas de ex-esclavos y ellos beneficiarse por vía de arrendamientos y traspasos de las propiedades de los emigrados que habían pasado al dominio público.

Esta tendencia hacia la constitución de un sector de clase dominante salido de los esclavos se explica fácilmente si se tiene en cuenta que los esclavos no podían generar una concepción de un nuevo orden y que su interés de clase era esencialmente pasar a la condición de campesinos libres de cualquier tutela o sujeción; pero los esclavos no tenían medios de hacer valer sus puntos de vista ya que surgieron intereses en la élite dirigente sobre la que además pesaban consideraciones de índole política.

Esto es perceptible en la concepción de Toussaint acerca de la nueva situación. Para él lo más importante era restablecer la economía que había sido seriamente afectada por las guerras civiles, y para eso creía necesario que los antiguos esclavos siguieran trabajando en las propiedades de sus antiguos amos y que esos antiguos amos, en su mayoría blancos, siguieran jugando un papel fundamental en la vida social de la colonia a través de un sistema de partición de las ganancias de las plantaciones que les dejaba un cuarto del total de beneficio, quedando otro cuarto a manos del conjunto de cultivadores y el resto a manos del Estado. De esta forma Toussaint quería estructurar un Estado poderoso capaz de afrontar agresiones externas, de funcionar en forma autónoma y, eventualmente, de acceder a la independencia. Toussaint veía el futuro del bienestar de los hombres de su raza a través de una política social conciliadora y a través del engrandecimiento nacional. O sea, el problema nacional adquirió mayor importancia que el problema social en la práctica de L'Ouverture.

Los mulatos se opusieron a este proyecto porque los marginaba de ser el factor hegemónico en la nueva situación. En la medida en que los puntos de vista de Toussaint empezaron a ser los que regían la vida colonial, ya que entroncaban con la legislación socioeconómica implantada por Sonthonax y ya que Toussaint era la primera figura militar de la colonia, tras haber sido el factor determinante en la derrota completa de las tropas inglesas que ocupaban puntos fuertes en las costas "haitianas, la colisión con los mulatos se hizo inevitable. Inmediatamente que la amenaza externa desapareció, tras el conocimiento del tratado de Basilea que desmovilizaba a la colonia española en su guerra contra la francesa (y cedía la colonia española a Francia), y la posterior expulsión de las tropas inglesas así como la reducción de la resistencia de esclavistas blancos y mulatos, la coalición de los sectores encabezados por Toussaint y Rigaud se fue deshaciendo y se inició la guerra civil por la supremacía de uno de los dos bandos, la cual empezó en 1798 al abandonar la isla el gobernador francés Laveaux v acabó en 1800.

La guerra entre el partido de los negros de Toussaint (apoyado por los antiguos esclavistas blancos) y el partido de los mulatos de Rigaud se saldó con la plena victoria del primero, quien por ende se erigió en factor hegemónico de la vida colonial, poniendo en práctica todo su programa socioeconómico y colocando la colonia en virtual estado de autonomía respecto a la metrópoli ya que Toussaint había logrado expulsar a todas las autoridades francesas y retener en«sus manos todo el poder de la colonia. Para consolidar sus propósitos Toussaint se planteó dos objetivos ulteriores': la ocupación de la parte oriental de la isla (cedida a Francia en virtud del tratado de Basilea 5 años antes) y la promulgación de una constitución que sancionara el status existente y su autoridad personal.

La puesta en ejecución del Tratado de Basilea no había' sido llevada a cabo porque las autoridades francesas prefirieron esperar a que la situación en la parte occidental se normalizara y que el poder de Toussaint fuera neutralizado. Por eso, Toussaint puso en ejecución el Tratado sin la autorización del gobierno francés, lo que iba en consonancia con sus proyectos cada vez más autonomistas. Tras una breve resistencia de las autoridades francesas y españolas de la parte oriental, Toussaint incorporó todo el territorio español a inicios de 1801, introduciendo en él toda una serie de cambios socioeconómicos.

Al poco tiempo hizo reunir una Asamblea constituyente en la que quedaban representados delegados de diversos sectores dominantes de la partes francesa y española, Constituyente que aprobó un documento que sancionaba el mantenimiento en la servidumbre de las masas salidas de la esclavitud, el poder económico de los antiguos esclavistas blancos y de la élite de los esclavos insurreccionados, así como el poder omnímodo de Toussaint sobre todos los aspectos de la vida política y social de la colonia. La promulgación de tal constitución sin el consentimiento del gobierno francés era sinónimo de una autonomía que casi se aproximaba a una situación de independencia de facto. Por supuesto, Toussaint mantuvo el reconocimiento de que la isla seguía siendo parte de la República Francesa y que, por ende, acataría determinados aspectos de la legislación francesa, lo cual, sin embargo, era bastante formal ya que los aspectos que interesaban a la metrópoli como las medidas proteccionistas sobre el comercio colonial fueron desconocidas por Toussaint quien fomentó un intenso libre comercio con Inglaterra y los Estados Unidos en detrimento de los intereses de la burguesía francesa.

Invasión de Leclerc. La evolución de la situación política en Francia se había manifestado en los últimos años del siglo XVIII y en los iniciales del siglo XIX por una tendencia hacia la estabilización acorde con los intereses de la burguesía francesa. Primero vino el régimen del Directorio que acabó con el extremismo jacobino y aplicó una política pragmática y acorde con intereses inmediatos de la alta burguesía francesa.

Esta tendencia fue profundizada por Napoleón Bonaparte, quien incluso concilio con sectores de la nobleza desplazada y retomó formas políticas del viejo régimen proclamándose emperador, unos años después de su ascensión al poder, en 1804. Napoleón se trazó un proyecto imperial acorde con los intereses de la alta burguesía francesa que quería desplazar el predominio inglés en la economía internacional, en la navegación y el comercio, y en el dominio colonial. Para ello mantuvo la política de extensión de la Revolución Francesa a otros países de Europa pero con una óptica diferente a la anterior ya que era exclusivamente en beneficio del engrandecimiento imperial de Francia. Como parte de esa política, Napoleón se propuso construir un gran imperio colonial en América, cuyas partes más importantes estarían en América del Norte, México y el Caribe.

La colonia de Saint Domingue debía servir de punto de partida a este proyecto imperial, teniendo en cuenta que esta colonia había sido el centro de aprovisionamiento de artículos tropicales para Francia y el eje principal de su comercio exterior. Napoleón se planteó como punto fundamental a su intento el restablecimiento de la situación existente en la colonia antes de 1789, sobre todo en lo referente a la vuelta al régimen de la esclavitud v al del control monopólico de la metrópoli.

Para llevar a cabo la primera parte del proyecto, Napoleón envió a su cuñado, el general Leclerc, al mando de la mayor fuerza militar que hubiese atravesado hasta esos momentos el Atlántico, con unos 30 mil hombres de combate. A las tropas francesas les fue muy fácil apoderarse de la parte española por razones que se verán en el próximo capítulo, sin embargo, en la parte francesa chocaron con una tenaz resistencia del ejército de los negros comandados por Toussaint. La resistencia no fue mayor, sin embargo, porque grandes sectores de las masas negras estaban descontentos con la política de Toussaint de protección a la gran propiedad de la plantación que incluía la sujeción servil de estas masas trabajadoras.

Por otra parte, los invasores franceses fueron hábiles en el sentido de no anunciar los propósitos de restablecer la esclavitud. Leclerc capitalizó el descontento de las masas y, ofreciendo prebendas a los jefes del ejército de Toussaint, fue ganando su adhesión gradualmente a medida que obtenía determinados triunfos militares. Así, poco a poco, los principales lugartenientes de Toussaint, como Christophe, Dessalines, Laplume, Age, Clervaux y otros, capitularon y se pusieron al servicio de las tropas francesas.

Toussaint probablemente capituló por haberse quedado aislado del resto de los líderes y no haber captado el inicio de la nueva situación, confiando en cambio en que los compromisos contraídos por Leclerc de mantenimiento de la libertad de los antiguos esclavos, serían respetados. Como la estatura de su personalidad representaba un peligro para el nuevo orden de cosas y su firmeza en favor de los intereses más generales de su raza era inquebrantable, Leclerc decidió apresarlo al poco tiempo de capitular y enviarlo a Francia donde murió en una cárcel años más tarde. Con el aislamiento de Toussaint y la pacificación total de la colonia, Leclerc se dedicó de lleno a restaurar el viejo orden colonial. El primer paso fue dado por medio de un decreto de Napoleón en donde se restablecía la esclavitud en todas las colonias francesas que, aunque no mencionaba a Saint Domingue, en los hechos la incluía.

Guerra de Independencia y Régimen de Dessalines. El conocimiento del restablecimiento de la esclavitud en las colonias francesas y de los planes de Leclerc de hacerla efectiva en Saint Domingue aceleró de nuevo el movimiento revolucionario de las masas negras. Este movimiento fue totalmente espontáneo y en la lucha por su represión participaron los principales líderes de la élite de los negros, como Christophe y Dessalines. Sin embargo, la rebelión de las masas por la libertad fue en ascenso y algunos líderes, el primero de los cuales fue Belair, empezaron a incorporarse al movimiento y a darle una nueva magnitud más organizada. La crueldad empleada por las fuerzas francesas contra el conjunto de la población negra del país fue contraproducente y estimuló la rebeldía popular. Así, finalmente, todos los antiguos líderes negros pasaron a las filas insurrectas con sus fuerzas y lo mismo hicieron los líderes de los mulatos que habían apoyado calurosamente la intervención de Leclerc ya que finalizaba con el predominio de Toussaint.

En la última etapa de la guerra por la independencia se creó una alianza histórica entre negros y mulatos para dar base a la formación del Estado Haitiano. Se reconoció la supremacía de los negros en esta alianza a través de la jefatura indiscutida de Dessalines, su principal representante.

Después de algunos meses de guerra en que los franceses, dirigidos por el general Rochambeau hicieron uso de los medios más atroces para quebrar la insurgencia del pueblo haitiano, las tropas francesas capitularon ante los ingleses a fines de 1803 y el 1ro. de enero de 1804 fue proclamada el acta de fundación del Estado Haitiano.

Los dirigentes haitianos, bajo la dirección de Dessalines, se propusieron llevar una política radical tendente la consolidación del nuevo Estado. En el plano de la lucha militar, se procedió a una matanza ge-general de blancos de la parte occidental a excepción de algunos polacos y de otras nacionalidades que habían desertado de las tropas napoleónicas. Una de las consignas principales de la nueva Constitución haitiana era que ningún blanco podía ser propietario en el nuevo Estado.

En el mismo sentido se planteó la expulsión de les franceses comandados por Ferrand de la parte oriental, ya que constituían una amenaza potencial para Haití y se deseaba incorporar el territorio y los habitantes de esa porción. Una gran invasión fue ejecutada por varios ejércitos, principalmente un ejército del sur dirigido por Pétion y el mismo Dessalines v un ejército del norte dirigido por Christhope. Esta invasión fracasó, después de un sitio de más de 20 días a la ciudad de Santo Domingo, y el hecho de que los dirigentes haitianos decidieran levantarlo para regresar a lo que consideraban la parte esencial del Estado, o sea, la antigua colonia francesa, es indicador de que no había mucha conciencia de la necesidad de persistir en el proyecto de unificación de la isla. Tras el fracaso de la invasión, Dessalines se concentró en aspectos administrativos interiores del Estado.

Concibió una política diferente a la de Toassaint en el sentido de que consideraba la masa 'Je cultivadores como la base sobre la que se debía asentar el Estado Haitiano, favoreciendo en principio una política de repartos de tierras que, sin embargo, no pudo ponerse en practica.

Al mismo tiempo que favorecía la creación de una élite dirigente en relación a las funciones militares. Dessalines, sin embargo, se propuso defender, el patrimonio del Estado, formado en base a las confiscaciones universales a los blancos. En el aspecto institucional quiso identificar las conquistas revolucionarias a su persona, proclamando un imperio por el que se atribuía poderes absolutos que en definitiva vinieron a ser poderes despóticos sumamente rigurosos.

La política social de Dessalines que actuaba a través de la concentración de poderes en sus manos, le suscitó una oposición sorda, principalmente entre los mulatos que deseaban otros esquemas políticos y económicos para afianzar su control de clase, cuya proveniencia venía de la época anterior a 1789. Los mulatos se dedicaron a falsificar títulos de propiedad de los blancos muertos o emigrados con el fin de monopolizar la riqueza del país, a lo cual Dessalines se opuso vigorosamente mediante comisiones de estudio de la validez de los títulos de propiedad y de otros documentos, como herencias, actos de venta, etc.

No solamente estaban descontentos los mulatos, sino que también la generalidad de los líderes del grupo de los negros estaba profundamente descontenta con Dessalines dado su despotismo que les hacía sentirse amenazados y relegados, y su política social que no se correspondía con sus aspiraciones de promoción para constituir un grupo bien conformado de clase dominante terrateniente y burocrática. En amplios sectores de pueblo, igualmente, el descontento se manifestaba por la no ejecución de una política social definida y por la incapacidad que mostraba Dessalines como gobernante. Indiscutiblemente Dessalines fue un gran jefe militar que condujo al pueblo haitiano a la independencia y al momento más alto del proceso revolucionario haitiano, pero no fue un estadista capaz de poner en práctica un programa de transformaciones sociales que sentara las bases de existencia del nuevo Estado.

Por eso su gestión fracasó y una amplia conspiración, montada por los principales jefes de los grupos negros y mulatos tuvo éxito en derrocar su poder y acabar con su vida, en 1807. División de Haití en Dos Estados.

El líder de la conspiración fue el general Christophe, jefe militar del Norte, quien fue proclamado jefe de Estado por una Asamblea Nacional reunida rápidamente en Portau-Prince, donde predominaba el grupo de mulatos del Sur y del Oeste que había sido el ejecutor directo del asesinato de Dessalines, grupo dirigido por los generales Pétion y Gerin. Muy pronto los deseos de supremacía hicieron enfrentar a ambos sectores de las élites de negros y mulatos. El grupo de los negros tenía su base en el Norte del país, donde, desde la época colonial, había una gran población esclava y donde parecía existencia de un sistema de gran plantación, el proceso de mestizaje fue menor siendo la importancia demográfica de los mulatos pequeña y su importancia social menor, ya que no accedieron normalmente al control sobre grandes propiedades.

En cambio en el Sur de Haití, desde la época colonial, se creó una población mulata significativa en términos demográficos, pero también términos sociales, pues tenía un poder económico muy superior al existente en el Norte por el mismo sector. En la nueva situación tras la muerte de Dessalines, los mulatos tomaron un control político completo sobre los Departamentos del Sur y del Oeste, con el apoyo de importantes sectores de negros que compartían su programa ya que en su mayoría provenían de grupos de libertos en la colonia y les fue fácil lograr un ascenso social et, la nueva realidad histórica.

En el Norte siguió teniendo una gran importancia la gran propiedad y el sometimiento feudal de las masas de cultivadores, sistema que beneficiaba a una élite militar de negros que se había adueñado por concesiones y mayormente por arriendos. Las propiedades desalojadas a los blancos. De todo esto se infiere que tras la muerte de Dessalines, vino un proceso en que se enfrentaron fuerzas contradictorias en el plano geográfico, en el plano racial y en el plano del modelo socioeconómico a desarrollar. Los exponentes de estas dos tendencias fueron Christophe y Pétion.

El grupo mulato del Sur quiso limitar el poder el poder de Crhistophe reduciendo, a través de la Constitución, los poderes del jefe de Estado y delegando todos los poderes en la Asamblea controlada por ellos. Christophe se negó a aceptar esa Constitución y se inicio una guerra civil que provocó la división del Estado haitiano en dos sectores.

Por una parte, una República en el Sur, con un sistema político democrático, que pasó a ser dirigida por Pétion; y en la otra parte un Estado despótico que más tarde fue proclamado remo, cuyo dirigente era Christophe. Esta situación se mantuvo desde 1808 hasta 1820 en que el sucesor de Pétion, Jean Pierre Boyer unificó de nuevo el territorio haitiano tras una sublevación en el Norte que había liquidado el régimen de Christophe.

En esos años se mantuvo una guerra civil en forma bastante crónica abarcando los territorios contrarios (había tropas partidarias de los republicanos en el Norte, en la zona de Port de Paix, e igualmente había guerrillas campesinas sostenidas por Christophe en el Sur, en la zona de la Grande Anse). Entre tanto, se configuraron dos regímenes sociales diferentes en ambos sectores: en el Sur, Pétion implemento una amplia reforma agraria por la que hizo la tierra accesible a grandes sectores de los antiguos esclavos. Este sistema se basaba en un predominio de la pequeña propiedad pero no eliminaba el latifundio feudal en manos de la élite política y militar de mulatos y de algunos grupos negros.

Así, la república mulata logró el apoyo de los más importantes sectores de las masas campesinas negras, para contrarrestar la incitación por motivos raciales que venía dada desde el Norte. Hay que tener en cuenta que los mulatos no necesitaban en lo fundamental el mantenimiento de la servidumbre del campesinado ya que podían organizar una explotación feudal que no implicara la sujeción extraeconómica y militarizada, como en los esquemas de Toussaint y Christophe; los mulatos eran dueños de grandes propiedades desde la época de la colonia y bien podían ceder al pueblo parte de los bienes confiscados a los blancos con tal de reafirmar su preeminencia de clase; por otra parte, los mulatos se distinguieron por su capacidad en coinvertirse en el sector burgués comercial en la situación postrevolucionaria, lo que les daba una base de clase dominante tan importante como el control terrateniente sobre la tierra. Otro elemento importante es que poseían los más altos niveles de instrucción.

En el Norte, el sistema socioeconómico se basó en el mantenimiento de las grandes propiedades provenientes del período colonial y en la transformación a siervos de los antiguos esclavos, quienes debían permanecer adscritos a las propiedades a través de una explotación feudal.

Se advierte que Christophe mantuvo el sistema agrario de Toussaint y eso no es una casualidad, sino que era producto de que tal sistema era el que mejor facilitaba el enriquecimiento y la conformación como clase dominante del grupo dirigente de los negros, en su inmensa mayoría militares salidos de la revolución. Este sector social lograba sus propósitos de clase en el reino de Christophe por medio de un sistema de vasallaje feudal que hacía de los jefes militares nobles de diversas jerarquías (príncipes, duques, condes, etc.) que debían fidelidad al soberano y que recibían de él feudos que venían a ser las grandes propiedades de plantación confiscadas a los blancos con sus campesinos adscritos siervos.

El sistema socioeconómico del Norte permitía una explotación mucho más intensa del campesinado que en el Sur y, por ende, un mayor nivel de riquezas y una importancia todavía destacada del comercio internacional. Este sistema, sin embargo, se fue agotando con los años ya que la nobleza feudal no fue capaz de reinvertir y de reproducir sobre bases económicas más sólidas su dominio de clase. Hay otros dos aspectos que incidieron en el debilitamiento del Estado de Christophe que fueron los enormes gastos suntuarios de la corte y de la nobleza del Estado, así como los enormes gastos militares que tenían por causa el antagonismo con el Sur y. principalmente, la amenaza, siempre tenida presente por Christophe, de una nueva invasión francesa.

De ahí que llego una situación en que las grandes masas campesinas no podían seguir resistiendo la explotación a que eran sometidas y en que parte importante de los nobles llegaron a la conclusión de que sus intereses ya no coincidían con los del rey Christophe, y así, a fines de 1820, una conspiración de nobles preparó las condiciones para una revuelta popular que puso fin al Estado del Norte y creó las condiciones para la reunificación nacional haitiana.

El posterior desarrollo de la economía y de la sociedad de Haití partió de los procesos que se dieron en la República del Sur, ya que tras la caída de Christophe el sistema del Sur fue en gran medida extendido a la parte Norte. Al mismo tiempo, dicho sistema influenció mucho a la parte española por el dominio que ejerció la República de Haití bajo la dirección del presidente Boyer sobre nuestro territorio durante 22 años.

Capítulo XIII

CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN HAITIANA

Cambios a Fines del siglo XVIII. En el momento de producirse el inicio de los acontecimientos revolucionarios en Haití, en la parte española se estaba produciendo débilmente algunos procesos que hacían ver una nueva tendencia en el desarrollo socioeconómico. El absolutismo ilustrado de Carlos III había creado ciertas condiciones para un mayor desarrollo de la colonia.

Esta tendencia hacia cambios se manifestaba en la búsqueda de fuentes de riquezas más productivas, basadas en un sistema esclavista más riguroso que, a diferencia del existente en torno al hato ganadero, permitiese un mayor aprovechamiento de los recursos naturales, de la fuerza de trabajo humana de los esclavos y una mayor incidencia en el mercado mundial. En definitiva se pretendía ir un poco por la vía esclavista clásica, cuyo punto más destacado en el Caribe era la colonia francesa de Saint Domingue, dirección que ya estaba tomando la isla de Cuba y que tendría vigencia durante casi todo el siglo XIX en ella.

Los grandes esclavistas de la parte española de Santo Domingo, en unión a los funcionarios burocráticos, forjaron un instrumento jurídico para tal programa social y económico que fue el Carolino Código Negro, por el cual el sistema de propiedad de la tierra de los hatos y el sistema de esclavitud feudal predominante en la parte española quedarían seriamente lesionados en beneficio de un sistema de plantación y de una esclavitud evolucionada intensiva.

El Código Negro y otros mecanismos para el cambio no fueron puestos en ejecución sin embargo, ya que todavía las fuerzas generadoras de dichos cambios eran bastante débiles y porque a partir de 1789 toda la historia de Santo Domingo español sufrió las profundas influencias de los acontecimientos de la parte occidental, influencias debidas a que el sistema colonial del siglo XVIII estaba basado en la subordinación hacia la vecina colonia francesa.

En los últimos años del siglo, se produjeron intentos de franceses emigrados de Saint Domingue por reproducir plantaciones en la parte española. Sin embargo, estos intentos no fueron lo suficientemente poderosos como para contrarrestar las otras influencias contrarias al orden esclavista. Hasta 1809 hubo un elevado número de franceses en el país, muchos de los cuales instalaron pequeñas plantaciones o se ocuparon en otras actividades, como cortes de maderas, sin lograr cambiar la fisonomía socioeconómica, en lo esencial.

En las últimas décadas del XVIII se estaban produciendo otros cambios de importancia. Por encima del intento de embestida contra el sistema del hato por parte de la aristocracia burocrática, este sistema empezaba a dar las primeras muestras de crisis.

Cierto que esta crisis era más bien potencial, con manifestaciones todavía muy débiles, porque el crecimiento vertiginoso de la colonia francesa seguía dando vigencia al aumento de la producción ganadera.

Sin embargo, además del desarrollo relativo del sector de la plantación esclavista, en la colonia española se desarrollaba con más fuerza otro sector, que iba sentando las bases para la superación de la ganadería y del modo de producción esclavista feudal predominante. Entre esos cambios se encontraba la constitución de una gran masa de libertos o descendientes, junto a otros libres, en la situación de pequeños y medianos productores agrícolas campesinos.

La formación del campesinado a fines del siglo XVIII se vio acompañada por el inicio del nuevo desarrollo de la pequeña burguesía urbana. Ambos sectores sociales tenían en lo esencial ya una base de sustentación diferente de la ganadería. Este nuevo sector social de campesinos y pequeños burgueses agrarios y urbanos se basaba además en relaciones de producción nuevas generadas por la propia dinámica de la economía del hato, relaciones de producción de pequeña propiedad mercantil simple pre-capitalista. El estudio de sus características lo haremos mas adelante, ya que estas relaciones sociales se hicieron predominantes totalmente con el régimen haitiano en 1822. Pero en general la Revolución Haitiana, desde los anos finales del XVIII, al provocar el colapso general del orden colonial tradicional, causó el desarrollo a ritmos mayores de estas nuevas relaciones de producción.

Un aspecto importante de los cambios fue el gran aumento de la población acumulado a fines de) siglo, ya que estaba llegando al punto de ser (al contrario de antes) un factor adverso a la ganadería y favorable al desarrollo de la agricultura en pequeña escala. El desarrollo agrícola fue en pequeña escala por el escaso poder de la clase esclavista y en general la poca capitalización existente, situación que se agravó a inicios del XIX.

Crisis del Régimen Colonial. Cuando la colonia francesa entró en crisis también entró en crisis la colonia española y su futuro destino histórico estuvo marcado por la influencia de estos cambios. La Revolución Haitiana impidió la materialización de un proyecto esclavista que hubiese dado mayor vigencia a la dominación colonial española, como sucedió en Cuba y Puerto Rico. Por otra parte, la Revolución Haitiana arruinó el sistema de la ganadería extensiva del hato al desaparecer el mercado natural de dicho renglón, que era el sistema de plantación de la colonia vecina, barrido con los cambios revolucionarios.

La influencia de los cambios en Haití fue más profunda porque hubo un intento de extensión del proceso revolucionario a la parte española, el cual acentuó más todavía la decadencia del orden colonial del siglo XVIII y particularmente de la relación social que le servía de base, que era la esclavitud.

Esta extensión de la Revolución Haitiana a la parte española provocó la emigración de sectores fundamentales de la clase esclavista en sus dos componentes de la aristocracia burocrática colonial y de los hateros, pero principalmente del primero. Con esto el sistema colonial sufrió un golpe demoledor, puesto que los centros productivos se desmontaron, se produjo una disminución demográfica bastante importante, el comercio externo se desorganizó y casi desapareció, y se produjo un proceso de nivelación social por ausencia de muchos de los esclavistas y por la liberación de los esclavos efectuada primero por Toussaint y luego por Boyer.

La quiebra del orden colonial tradicional significó un cambio de relaciones sociales que estuvo acompañado por un proceso intenso de luchas de clases y de luchas nacionales en que emergieron los primeros destellos de la conciencia nacional. La ruina del orden colonial se expresó directamente en un empobrecimiento del país, pero, en realidad, esa situación preparó la emergencia de nuevas relaciones de producción que suponían un avance histórico muy importante con respecto al período colonial.

Más adelante veremos los rasgos fundamentales de este nuevo modelo socioeconómico y sus consecuencias sobre el desarrollo histórico del país. Los acontecimientos revolucionarios desde finales del siglo XVIII y sobre todo en los primeros años del siglo XIX fueron un factor activo de primera importancia en la decadencia del orden social colonial y en la emergencia de uno nuevo.

La Situación Después de los Acontecimientos en Saint Domingue. El Tratado de Basi-lea. En los primeros tiempos las hostilidades en Saint Domingue no afectaron la situación vigente en la colonia española. Por un lado, hasta el inicio de la gran sublevación de esclavos en 1791. El comercio ganadero se mantuvo casi en la misma situación que en años anteriores. Todavía hasta años más tarde siguió existiendo algún comercio ganadero a pesar del proceso revolucionario, ya que como hemos visto, el dominio social de la clase esclavista sólo fue totalmente erradicado con la proclamación de la independencia por Dessalines.

Sin embargo, la desorganización de la economía de Saint Domingue a partir de 1791, planteó una crisis fundamental a la economía ganadera de la parte española. No obstante, la crisis no fue excesivamente destructiva por el tipo de organización económica del hato, que era esencialmente natural y resistía la paralización de los intercambios. Otro aspecto a destacar es que, a partir de 1789, la monarquía española concedió libertad de comercio a sus colonias americanas y de ahí partió el inicio de la nueva orientación del comercio exterior del país a través del puerto de Santo Domingo, aun cuando ese comercio se mantuviera en dimensiones muy modestas en esos años.

Las autoridades de la colonia española tomaron medidas para evitar que el espíritu revolucionario de la parte occidental se extendiera a la parte española. Para ello incrementaron la vigilancia de la frontera y reforzaron el potencial de las tropas. Sin embargo, la situación se mantuvo en calma hasta 1793 cuando, en virtud de la guerra en Europa, ambas colonias pasaron a combatir. En general, los dos años de guerra entre las dos colonias, donde junto con las tropas españolas combatieron tropas inglesas y las tropas negras de Jean François, se caracterizaron por intensas actividades en las zonas fronterizas, principalmente en el centro y en el norte, donde los españoles desplegaron una ofensiva para reconquistar los territorios de la colonia francesa.

La guerra tuvo un efecto destructivo sobre la ganadería de las porciones fronterizas que suplían la mayor parte de la producción pecuaria de la colonia por su proximidad a Saint Domingue. La matanza indiscriminada de reses y la necesidad alimenticia de los ejércitos causaron una disminución brusca de la riqueza pecuaria. En general las guerras que conoció la colonia hasta 1809 causaron un efecto muy negativo sobre su principal renglón económico, a lo que hay que agregar el factor ya visto de falta de estímulo a la reproducción ganadera por la pérdida de su mercado tradicional.

Estas guerras, que tuvieron por eje las zonas fronterizas, mayormente, así como la amenaza que se consideraba la presencia de los insurrectos haitianos, provocaron la migración masiva de la población de dichas zonas, que como se ha visto eran las que proporcionaban la mayor parte de la producción ganadera. Ese proceso migratorio comenzó con el tratado de Basilea en 1795 y llegó hasta la fundación del Estado haitiano, posteriormente a 1804. Inmensas zonas quedaron casi virtualmente desiertas, siendo algunas ocupadas por los haitianos, principalmente en el cul-de-sac de Las Cahobas, Hincha, San Rafael y San Miguel, donde consecuentemente se produjo un proceso migratorio de haitianos desde los primeros años de siglo, que definió que dicho sector pasara a formar parte de Haití.

La guerra fue interrumpida en 1795 por la paz de Basilea entre España y Francia, una de cuyas cláusulas establecía la cesión de la parte española de la isla de Santo Domingo a Francia. Los franceses nombraron comisionados en Santo Domingo para irse entendiendo con las autoridades españolas acerca de la evacuación de la administración colonial y la trasmisión del mando. Sin embargo, los franceses decidieron no ejecutar el acuerdo llegando a un entendido con las autoridades españolas, quienes esperaban que a través de este aplazamiento se pudiesen crear condiciones favorables para el mantenimiento de la soberanía española.

Así surgió una situación que se prolongó por más de 4 años en que la colonia española siguió subsistiendo como tal tras haber sido cedida a Francia. En esta época el gobernador García trabajó en estrecha cooperación con los comisionados franceses que residían en Santo Domingo.

A pesar del aplazamiento sistemático de la puesta en ejecución del tratado de Basilea, su anuncio fue acompañado por una proclama del rey español ofreciendo protección a los subditos que se quisiesen mantener bajo la autoridad española y que, por ende, decidieran abandonar la isla; se les ofrecía transporte gratuito de sus personas y de sus bienes y la adjudicación de propiedades en Cuba y Venezuela similares a las que abandonaran en Santo Domingo. De tal forma, ante la inminencia de la extensión de la autoridad republicana francesa que había proclamado la abolición de la esclavitud, un núcleo importante de los esclavistas se ausentó tras el anuncio del tratado, y otras personas, asimismo, abandonaron la isla, como el arzobispo, los frailes y las monjas de los monasterios, algunas autoridades coloniales, etc.

Sin embargo, otros grupos de esclavistas permanecieron en el país con la esperanza de que el tratado no se pusiera en ejecución y otros con la esperanza de que las autoridades francesas mantuvieran su promesa de respetar sus personas y sus propiedades. En lo adelante este grupo se constituyó en un factor de presión para evitar la puesta en vigencia del tratado y la subsiguiente extensión del proceso revolucionario haitiano a la parte española.

En esos años el proceso revolucionario haitiano no provocó estímulo sensible a la lucha de clase de los sectores sociales oprimidos de la parte española. Indudablemente que los primeros gérmenes de ideología liberal revolucionaria se propagaron entre representantes de vanguardia de las capas medias. Algunos dominicanos además se unieron a los insurgentes haitianos.

El intento revolucionario más importante de esos días fue el protagonizado por los más de 200 esclavos del ingenio Boca de Nigua, poco después del tratado de Basilea. Este ingenio pertenecía a un noble español y era la plantación esclavista más importante de la colonia.

Después de muchos días de resistencia, los esclavos fueron vencidos por tropas del presidio de Santo Domingo con refuerzos de Puerto Rico, mediante el uso de artillería pesada, pues los esclavos se atrincheraron aprovechando las fortificaciones del ingenio contra los ataques piratas.

Es significativo que, como en años posteriores, fueran esclavos de plantaciones los que se rebelaran intentando extender el proceso de Haití. Los esclavos de hatos y los domésticos, la inmensa mayoría en la colonia, en su generalidad como hemos señalado, no tenían una actitud revolucionaria ante el régimen esclavista a causa del patriarcalismo y a las relaciones de producción esclavistas feudales.

Los esclavos de plantación tendían a acciones revolucionarias porque eran explotados intensivamente y no veían posibilidades de mejorar su condición bajo el dominio colonial. Por otra parte, la presencia de ciertas cantidades de esclavos en cada plantación aumentaba la solidaridad de clase y estimulaba los deseos de rebelión. A esto se suma que los esclavos de plantación estaban casi todos en una zona bastante pequeña, en los alrededores de la capital. Pero aún así los insurrectos de Boca de Nigua

 

Realizado por

Andrea Maria Beltre

Informática A

Politécnico de Azua, República Dominicana.


Partes: 1, 2, 3


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