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Los conflictos silenciosos (infoguerra y posmodernidad)




Enviado por luisbarragan




    1. El
    contexto artesanal

    2. La visión
    dispersa

    3. Indecisamente, la
    guerra

    4. ¿Los límites de la
    estrategia operacional?

    5. Referencias
    básicas

    6. Resumen

    1. El contexto
    artesanal

    La herencia
    enteramente marcial tiene sus devotos por el mismo hecho de haber
    moldeado el nacimiento del Estado
    Nacional, aunque en el caso venezolano éste pudo llamarse
    tal con la férrea dictadura de
    Juan Vicente Gómez, concediéndole sus atributos
    reales y característicos. La Ilustración impregnó los textos
    constitucionales, traicionada a la postre por el megacaudillismo.
    Pugna y concentración del poder que
    abenegadamente levantó las banderas del orden, perdido el
    derecho a la felicidad proclamada, sobreviviente al
    establecimiento de la democracia
    representativa con todo el arreo de sus representaciones,
    desteñidas las de la reforma
    agraria o la nacionalización petrolera. De esta
    manera, no extraña que la intentona del 4 de febrero de
    1992 no sólo dio oportunidad a una logia militar
    obviamente secreta para salir (y aparatosamente sobrevivir) en
    los escenarios desconocidos del debate
    público, sino reinyectar un mesianismo amparado en la
    figura de Bolívar, justificando las más variadas
    inconformidades frente al sistema de un
    modo, a veces, doctrinariamente improvisado. O, motivo de
    preocupación por la mecánica aceptación de verdades que
    no les han sido demostradas, seguros
    portadores de la opinión del hogar, niños
    entre 9 y 17 años de edad consideren a Pérez
    Jiménez y Gómez como los mejores mandatarios que
    hemos tenido .

    La guerra
    tradicional, la que sugiere la inmediata y sacrificada
    movilización de todos los ciudadanos, actualiza el sentido
    de pertenencia en términos no admitidos por la más
    reciente tecnología
    bélica. Propensos a la violencia, los
    riesgos de un
    conflicto que,
    por indiscutido, portátil, son enormes si tomamos en
    cuenta el desprestigio de la política, apenas un
    tema de conversación ocasional (57%) entre los
    venezolanos, por ejemplo . Y no es porque los asuntos
    públicos deban predominar en la conversación
    cotidiana de los ciudadanos, sino por la entronización de
    sendos estereotipos que los simplifican abusivamente debido al
    distanciamiento de las instituciones
    que, como el Congreso, no cuentan con tiempo para
    discutir y formalizar el estado de
    hostilidad abierta de acuerdo al ritmo de los
    acontecimientos.

    Lo anterior ha facilitado la imposición y,
    posiblemente, la inicial popularidad con la que han contado las
    dictaduras en el continente. Establecen estados de guerra
    interior, facilitados por las campañas pregolpistas que
    asoman el régimen de fuerza como
    remedio al desorden y la desintegración nacional. No saben
    de los efectos democratizadores de las contiendas externas
    escenificadas en otros continentes, ilustrados con el
    mejoramiento de la salud en Gran Bretaña
    durante la segunda guerra
    mundial, satisfechas las exigencias vitamínicas,
    calóricas y proteínicas con el mejor racionamiento
    de los alimentos y la
    contención de epidemias, gracias a las nuevas drogas como la
    sulfanilamida y la penicilina e insecticidas como el DDT
    .

    Las protestas no alcanzan su natural prolongación
    en el campo político, convertidas en oportunidades para
    actos vandálicos, representado el onanismo social en los
    célebres encapuchados, huérfanos de objetivos que
    superen las 24 horas de sus jornadas callejeras, por lo que la
    institucionalidad democrática no se ve frontal y
    efectivamente cuestionada en relación a las
    insatisfacciones que genera hasta por concepción. Los
    conflictos
    generalizados, aparentemente incontenibles, involucran
    inmediatamente la nacionalidad, como si a todo trance
    constituyeran el más acentuado peligro a la permanencia de
    la patria alerta.

    Otro fenómeno, el colombiano, habla de un
    tratamiento diferente a los focos de conflicto que,
    igualmente, traslada a los países vecinos. En un esquema
    del deterioro que no tiene límites,
    parafraseando al Alejandro Mayta de Vargas Llosa, las guerrilas
    cumplen conciente o inconcientemente una invalorable misión de
    Estado al
    resguardar las fronteras. Distinto al caso peruano y sus feroces
    grupos
    terroristas, la estrategia de
    catalización de las perturbaciones internas rinde frutos
    en el culto a un pasado tanto o más promisorio que el
    futuro, en un presente harto de las paradojas que lo
    contextualizan.

    Poco importa si se trata de una entidad nacional que
    cuenta con recursos
    bélicos complejos, sofisticados, espectaculares en fin.
    Los movimientos estadounidenses de ultraderecha, reaccionando
    contra el gobierno federal,
    se han armado asombrosamente, reivindicando la noción de
    patria que las minorías ponen en peligro, advierten . Por
    supuesto, si pudieran acceder a las armas más
    elaboradas, las emplearían sin rubor, pero seguramente les
    restaría la vistosidad, el elemento propagandístico
    que las más antiguas, las artesanales, brindan en dirección a sus evocaciones épicas.
    Salvo el uso de Internet.

    2. La visión
    dispersa

    Lluvia ácida, capitales, mano de obra,
    armamentos, información, tecnologías, terrorismo,
    circulan sin respeto a las
    fronteras políticas
    establecidas. La tendencia globalizadora, creciente y
    necesariamente aceptada, pone en peligro las referencias
    tradicionales. Es cierto, por ejemplo, el predominio de imágenes
    en el venezolano que representan la ambición y dominio del
    extranjero, viéndose a sí mismo como arribista y
    traidor, pero también lo es que la crisis ha
    reivindicado la necesidad de privatizar las empresas del
    Estado o la de recibir las inversiones
    foráneas como signos positivos, tratando de coexistir con
    la creencia de un país rico, probablemente cercano a la
    autarquía si se elimina la corrupción
    administrativa.

    Cinco mil Ciudades-Estado correspondientes a otras cinco
    mil etnias, refieren los futurólogos, dibujan el rostro
    político de la
    globalización. Entidades semióticas, cuyo
    sostén específico ha de ser la efectiva
    satisfacción de las aspiraciones a un nivel superior de
    vida, con tradiciones alimentadas por una cotidianidad que no
    será otra que el procesamiento exitoso de las demandas de
    grupos y
    particulares, podría aseverarse. Las referencias
    tenderán a ser otras y los conflictos bélicos,
    silenciosos, casi inadvertidos, serán inherentes a la
    pugna de las élites sometidas a una autoridad
    mundial y/o regional probablemente de carácter
    judicial, cuando los otros conflictos (sociológicos,
    culturales, económicos, etc.) propicien una
    simbología que asegure consenso, pertenencia, continuidad,
    identidad.

    El sistema
    internacional ha adquirido tamañas complicaciones que
    permite la aparición de nuevos actores, a veces altamente
    beligerantes como Greenpeace o Amnistía Internacional,
    además de los propios Estados que sufren una
    transformación de sus tradicionales atribuciones o
    visiones. Los esquemas de integración son variados y ocurre que la
    adscripción al Pacto Andino no
    le impide a Venezuela
    ingresar a MERCOSUR (aunque
    ahora se negocia el paquete andino completo) o la Tailandia
    comprometida con la Zona Económica de Tonkin-Mekong
    tampoco le imposibilita su ingreso al ASEAN. Se trata de una
    madeja, cruces directos o indirectos, que puede desembocar en el
    reclamo de los goajiros como una nación
    independiente de Venezuela y
    Colombia,
    subrayando las fronteras ecológicos y semióticas
    que se asoman. Por lo demás, en lugar de
    geoeconomía, se habla de geoinformación,
    expresión que avala la diferenciación entre
    aquellos países o bases operacionales de las empresas
    transnacionales, productores de conocimientos, imágenes,
    cultura,
    ideología, valores o
    datos, como
    resortes del crecimiento
    económico que obligan a Toffler a concluir que el modo
    de crear riqueza es el mismo de librar la guerra .

    La libertad,
    pluralidad, tolerancia
    constituyen piezas claves del nuevo sostén difuso de ese
    mundo disperso que pone en aprietos el sentido de lealtad y la
    creencia en la legitimidad de las autoridades. Lucen mucho
    más importantes las normas a
    transmitir a los hijos que tienen que ver con la disciplina
    interior (honestidad en la
    vida, aplicación académica, respeto por los
    demás) , que las ingestas ideológicas propias del
    siglo XIX.

    Podemos afirmar, con Habermas, que sólo los
    pueblos que han sufrido grandes catástrofes políticas,
    como el fascismo y
    quizá por aquello de que nunca se sabe lo que se tiene
    hasta que se pierde, tienen mayor inclinación hacia los
    principios
    universalistas del Estado de Derecho
    y la democracia.
    Sin embargo, habría que observar con detenimiento si, en
    efecto, se "ha agudizado en todas partes la percepción
    de, y la sensibilidad para, la violación de los derechos humanos,
    la explotación, la miseria, las exigencias de los
    movimientos nacionales de liberación, etc." que,
    igualmente, provocan un miedo defensivo . Además, apunta
    Pérez Schael: " a diferencia de otras culturas cuyas
    identidades se levantan con tradiciones y logros de los pueblos,
    o sobre la herencia de los
    antepasados, nosotros, aparentemente huérfanos de todo
    ello, canalizábamos la imagen de nuestra
    entidad en los excepcionales y míticos atributos de un
    hombre,
    originalmente Simón Bolívar" .

    Crecientes comunidades epistemológicas, basadas
    en estructuras de
    significados comunes, adquieren importancia política. Las
    asociaciones positivas del venezolano en relación a la
    democracia, conceden mayor importancia a las libertades y las
    negativas versan sobre la corrupción, concluyendo en un alto nivel de
    insatisfacción pero, consabidos los bajos niveles de
    participación, tardan en aparecer referencias distintas y
    efectivas a las que tradicionalmente tienen sabor a la "Venezuela
    Heroica" de Eduardo Blanco (versionando a Jules Michelet). No
    olvidemos, por ejemplo, en el imaginario infantil, que el
    Presidente Caldera fácil (y portátilmente) es
    considerado "muy viejo", obviando otras consideraciones
    .

    El espíritu de la libertad no
    encuentra asidero en los opuestos extranjero-nación o
    gobierno-pueblo
    dominado, arraigada la creencia de una guerra independentista
    inconclusa. Y ésta, tan sustancial al proceso de
    creación del Estado Nacional, cohabita con la posmodernidad,
    confundiendo la perspectiva que ofrecen las nuevas
    tecnologías de la guerra y la propia decisión
    de emplearlas.

    El comercio
    internacional de armas, con el
    relativo libre tráfico, ha asestado un duro golpe al
    convencimiento de que sólo puede monopolizarlas una rama
    específica del Estado, permitiendo que el terrorismo,
    impulsado por los ideales religiosos, étnicos e, incluso,
    histórico-territoriales, se convierta en una fuerza
    centrífuga de todo sentimiento uniforme y presuntamente
    inmodificable de patria que pueda albergarse. Aún
    tratándose de movimientos secesionistas, éstos no
    escaparán -en caso de triunfar- de experiencias similares,
    fragmentando un escenario que, como el internacional, se cree
    solamente apto para las macroentidades.

    Las guerras
    mundiales de este siglo marcaron la transición hacia
    etapas previamente anunciadas del fenómeno bélico.
    El desarrollo de
    la movilidad (tanques y aviones como elementos de ruptura),
    disociada de la batalla como acto decisivo y central, ampliando
    el teatro de
    operaciones,
    le otorgó mayor espectacularidad, la adecuada para innovar
    la industria
    cultural. La irresistible dinámica de los conflictos llevó,
    junto al perfeccionamiento alterno de las armas químicas o
    biológicas y la guerra llamada de baja intensidad, como la
    padecida por Nicaragua en la última etapa del gobierno
    sandinista, a ARPANET. Una red que interconectó
    los centros académicos estadounidenses, cuya abolengo
    científico no logró ocultar su utilidad militar,
    precediendo a lo que hoy conocemos como la superautopista de la
    información. Y ha sido posible porque en la
    era nuclear, al peligrar el agresor tanto como el agredido, ya
    los conocidos objetivos
    políticos resultan inútiles.

    Con anterioridad a la mítica caída del
    muro de Berlín, distintos autores avisaron que los cambios
    fundamentales de Europa
    sobrevendrían por razones políticas más que
    militares. La guerra de Vietnam
    ejemplificó que la prioridad de la estrategia
    operacional, confiada en la sola y aplastante superioridad
    tecnológica, por encima de los objetivos políticos,
    no es sinónimo de triunfo, sobre todo cuando el oponente
    libró y ganó sus batallas en un terreno
    inadvertido: la opinión
    pública.

    3. Indecisamente, la
    guerra

    Los Estados (o las superpotencias) no disponen con
    facilidad sobre la guerra y la paz, siendo escasas las ocasiones
    en las que median formales declaraciones de guerra, habida cuenta
    de la lentitud del cuadro institucional (deliberante) para
    atender semejantes situaciones de emergencia. Más
    aún, "hoy, la creciente voluntad de
    autoconservación somete a todos los Estados al imperativo
    de abolir la guerra como medio de solución de los
    conflictos" . Una transformación de los fines que sirven
    de guía a la sociedad, perenne
    tensión entre lo aspirado y lo hecho que se refleja entre
    sus miembros, con pérdida de la benigna violencia que
    antiguamente portaban, reflejaban, justificaban. Nuevos,
    especializados y cotizados mercenarios; civiles que incursionan
    en el terreno estratégico con tanto o más talento
    que los militares de oficio; inocentes y curiosos que pueden dar
    con la fórmula de la bomba A, cohiben la elemental
    difusión del mensaje épico.

    La guerra abandona históricamente el brutal y
    personal
    enfrentamiento humano. De los golpes contundentes a la
    formación de rifleros, en la coreografía que
    admitió el asalto a las posiciones enemigas; la
    mediación de artefactos y bestias; el atrincheramiento; la
    pernición volante; el conducto electrónico; las
    posibilidades simbólicas de los triunfos y las derrotas,
    anticipado con la Agencia de Información de Estados Unidos o
    Radio
    Martí, tan sustanciadas de la Guerra
    Fría. Reafirmación de la guerra que alcanza
    objetivos políticos, con los efectos deseados en lo
    económico, resumida en la idea de saber detenerse. Cuando
    un conflicto nuclear sugiere la aniquilación de las
    partes, se informaliza con el empleo de las
    armas convencionales, como un accidentado cálculo
    tecnoburocrático, quizás asumida la (sub) cultura del
    mercado.

    Aparece el contrapunteo del ser y del parecer.
    Recordemos la estrategia kissingeriana de forzar, aún
    intensificando los bombardeos, las negociaciones con los
    norvietnamitas, quienes requerían de mayor tiempo para ganar
    la batalla de la opinión pública en Estados Unidos,
    con las encuestas pero
    también que es necesario examinarlos serenamente, a pesar
    de Noam Chomsky, para saber de las interioridades de una ansiedad
    que lleva los electrones en su seno, al fluir en las redes con las cargas
    genética de las guerras no
    ganadas espectacularmente.

    El poder
    atomizado, en el que tienden a desaparecer los puntos focales,
    protagónicos, centrales. La excentricidad, la
    dispersión, la particularidad que apunta a una
    reformulación de la política convertida en
    antipolítica como reacción a la tradicional,
    convencional. Formas aparentemente diversas y vaciadas de poder
    que ocultan el poder mismo. Varias y simultáneas
    militancias: vecinal, partidista, gremial, culturales,
    religiosas. La multiplicación de los sentidos, la
    intuición desestabilizada por la consulta permanente,
    rápidamente evacuada por los medios
    electrónicos. El camino de los apoyos portátiles,
    sin que impliquen inmediatos sacrificios personales, en el marco
    de una democracia descontextualizada de las articulaciones
    reales de poder y los contenidos históricos, las
    implicaciones éticas y epistemológicas, como
    esbozan algunos analistas. Así, por lo general, las
    agrupaciones de la ultraderecha, nostálgicas del
    patriotismo de guerra y reacias al patriotismo de la constitución, cuentan con el éxito
    de un código
    binario de afirmaciones-negaciones: amigos-enemigos,
    nosotros-ellos, verdad-mentira, facilitando no sólo la
    simple adhesión emocional, sin argumentaciones, sino la
    ruptura ilusoria de la intrincada, abigarrada, complicada
    realidad que no logra asimilarlas, digerirlas, reconvertirlas
    .

    El misticismo, las esperanzas innatas, las
    preconcepciones, las estigmatizaciones abonan el camino de la
    victoria y refuerzan la identidad del
    colectivo en guerra. Para Castex "el contagio mental
    desempeña allí un gran papel", pues
    "la derrota del frente repercute sobre la retaguardia, la que,
    como siempre, se desmoraliza más pronto que el frente, si
    no ofrece la resistencia
    requerida" y, a la inversa, " la retaguardia daña el
    frente transmitiéndole la depresión
    que resiente". Por lo tanto, "si ningún acontecimiento
    feliz concurre a mejorar la situación, las cosas se van
    agravando indefinidamente" . La moral de la
    nación, aunque persista la ilusión de las guerras
    cortas, constituye una pieza fundamental en el desarrollo de
    los acontecimientos.

    La tecnología garantiza
    el alcance, la velocidad y la
    letalidad como el trío innovador que sintetiza la mejor
    administración del conocimiento,
    traducida en la alta precisión de los objetivos, la libre
    iniciativa con el mínimo de esfuerzos, la envidiable
    integración sistémica confiada en el
    soldado que procura mantener su individualidad en el combate. Un
    sugerente catálogo advierte los conflictos
    autónomos, espaciales y simulados, afianzados en la
    robótica,
    el terrorismo científico o la fuga de cerebros y tomando
    en cuenta el desarrollo del armamento no letal (infrasonido,
    lubricantes, soporíferos, etc.).

    Sin embargo, no existe mayor novedad doctrinaria cuando
    se habla del avance tecnológico, pues, por ejemplo, se
    insiste en la destrucción de las líneas de mando,
    comunicación o logística, como en aquello de rehuir el
    combate frontal ante los puntos sólidos del enemigo. Las
    clásicas maniobras envolventes, realzadas en la Guerra del
    Golfo, resultan semejantes a la de "envolvimiento", ensayada por
    Negrín al intentar agredir a Gil Robles en el parlamento
    español,
    utilizando el pasillo más distante, como relatara Santiago
    Carrillo en sus "Memorias". En
    consecuencia, no se asoma diferencia alguna entre una y otra
    situación estratégica.

    Principios como el clausewitziano brutal enfrentamiento,
    la economía
    de fuerzas y la libertad de acción de Foch o la
    relación fin-medios,
    optimización de los medios, la agilidad permanente, el
    beneficio de la sorpresa de Liddell Hart, no sufren alteraciones
    con la tecnología bélica de estos días. Como
    siempre, el desequilibrio de los recursos
    disponibles y el extravío de los fines políticos en
    aras de la supramacía operacional, obviando el
    paragüas nuclear, conforman la clave. Autores comercialmente
    célebres, como Toffler, asumen, en el juego del
    mercado, la
    posibilidad de la libre denuncia y subsiguiente recompensa en
    relación a los brotes nucleares o el pago de mercenarios
    no artesanales que aseguren la paz . Por lo demás, queda
    pendiente la clarificación en torno a los
    productos que,
    como los satélites,
    tienen utilidad civil o
    mercantil y militar, habida cuenta del choque entre los medios de
    comunicación social y los estamentos militares.
    ¿ Dónde queda el sentido tradicional de la
    identidad?, ¿ la moral de la
    nación combatiente?, ¿ el liderazgo
    aciago, infausto, impotente frente a la activa desobediencia
    civil?.

    La decisión de ir a la guerra constituye todo un
    laberinto ante de las preguntas: ¿con quién y
    cómo ?. La política no institucional, centro de la
    expresividad democrática, compite con los partidos no
    programáticos, "recogelo-todo" ("catch-all"),
    electoralistas, sujetos al constante mercadeo
    político en las clases medias (con mayor acceso a la
    cultura y educación
    sistemática y propensas al activismo de la más
    variada índole: ecológico, homosexual, pacifista,
    etc.). A la larga, toda saturación conflictiva, poniendo a
    prueba el elenco institucional disponible, puede degenerar en una
    guerra civil, si llegara a traspasar los linderos de la guerra
    psicológica, trasfondo de la innovación tecnológica actual,
    dependiente de las hostilidades moldeadas y las imágenes
    continuamente transgredidas, con los obvios límites de
    desgaste. ¿Guerra civil mundial?.

    Con el desarrollo de la desobediencia civil, el
    patriotismo de la constitución adquiere una contundente
    relevancia y aminora, condiciona, supedita toda decisión
    de ir a la guerra. La formulación de las demandas
    políticas escapa de los conocidos, probados y ciertamente
    anacrónicos canales políticos, sujetas a la
    potencial dispersión que no significa frustración
    de reclamos o peticiones sino rediseño de productos y
    resultados.

    4. ¿Los
    límites de la estrategia operacional?

    Los medios electrónicos, como elementos para
    hacer la guerra, imposibilitan o dificultan el análisis en términos de capacidad de
    fuego y movimiento;
    cantidad de fuerzas, hombres y materiales
    disponibles; volumen de las
    fuerzas enemigas; espacio del teatro de
    operaciones.
    No hay formal distinción entre la guerra y la paz, como
    tampoco los consabidos factores estables: físicos,
    económicos, culturales, jurídicos. Ya los
    países con grandes excedentes no tienen necesidad de
    movilizar todos sus recursos materiales
    para apuntar al oponente, coaccionarlo, presionarlo, pues la
    fuerza física,
    en este aspecto del fenómeno bélico, no concurre
    para alcanzar los objetivos: ¿ se trata del desarrollo
    táctico que es empleo,
    privilegio de las armas en combate o de lo logístico, por
    indefinición de la estrategia general?, ¿ no
    estamos en presencia de la estrategia operacional?. Si tomamos en
    cuenta a Beaufre, es aconsejable " no sólo conciliar los
    objetivos elegidos por la estrategia general con las
    posibilidades determinadas por las tácticas o por las
    técnicas, sino también orientar la
    evolución de las tácticas y de las
    técnicas para adaptarlas a las necesidades de la
    estrategia" . De esta manera, concretamente, la informática nos remite a las movilidades
    estratégicas (fuera del combate), más que a las
    movilidades tácticas (dentro del combate): "Pero la
    estrategia no se juega como el ajedrez, con
    peones de valor
    constante y definido. Sus soluciones se
    asemejan a un guiso en que fuera preciso mezclar ingredientes en
    constante estado de transformación" . Las nuevas
    tecnologías interpelan las viejas estrategias sin
    éxito.

    Ahora bien, la estrategia disuasiva se hace inductiva
    por vía electrónica. Se dice, no hay documento
    oficial alguno que defina la "guerra de la información",
    aunque la Junta de Jefes de Estado Mayor estadounidense la
    concibe como "guerra de comando y control"
    ("Command and Control Warfare"
    – WC) El blanco del conflicto informativo es la mente humana, las
    ideas, las formas de pensar y decidir. El desequilibrio del
    oponente está subordinado al empleo de los misiles
    epistemológicos, por llamar de alguna manera la
    dislocación, manipulación, violencia ejercida sobre
    el sostén difuso de las comunidades, sus recursos
    simbólicos y lingüisticos, científicos y
    técnicos, éticos e ideológicos, creencias y
    valores. Y
    ello, sin considerar que a través de los hologramas,
    creando y generalizando el pánico de la población civil, pueden simularse grandes
    bombardeos aéreos.

    Puede asegurarse que las experiencias dictatoriales en
    América
    Latina recogen buena parte de los fundamentos de la guerra
    informativa que es psicosocial. Tácticas publicitarias,
    relieve de la
    crisis
    moral,
    acentuación del asedio guerrillero, provocación
    sistemática de miedo, amenaza del caos,
    prefiguración del mesianismo militar y, por supuesto, los
    enemigos semánticos de siempre que se esconden tras una
    expresión demoníaca y multívoca: comunistas,
    buscando la legitimación de los grupos paramilitares. El
    aspecto más entorpecido es el de las comunicaciones, la prensa escrito y
    audiovisual. Y todo lo anterior tiene relación con "las
    pobres condiciones ideológicas y altos niveles de
    confusión política, social e ideológica de
    la mayor parte de las masas oprimidas latinoamericanas" y,
    así, "la aplicación violenta del terrorismo de
    Estado las encuentra en un particular estado de
    indefensión yoica, especialmente vulnerable a la
    indefensión y que ataca directamente la integración
    de su sí mismo, provocando la aparición de
    múltiples sistemas
    defensivos" .

    La noción de realidad, la que permite al ser
    humano adentrarse en ella identificando sus posibilidades,
    percibir los límites de su libertad y adquirir ciertos
    niveles de seguridad y poder
    sobre el entorno, tomando a Pérez Schael, puede
    extraviarse con los flujos electrónicos,
    sistemáticamente dirigidos a tal objetivo.
    Constituye el rompimiento del dúo lejano-cerca,
    rico-pobre, comercial-residencial,lugar de trabajo-hogar,
    visible-invisible, luz-sombra, como
    si la distorsión informativa pudiera internarnos a todos
    en la casa que sorprendió y reprimió, con ahogos de
    sensualidad, incluso, al protagonista de "Aura" de Carlos
    Fuentes.

    Bélicamente, se trata del oscurecimiento de la
    información de combate: bases y sistemas de
    fusión
    de datos,
    procesamiento electrónico y sistema de presentación
    en los centros neurálgicos de mando y control, frenando el
    acceso a terceros mediante conexiones satelitales. Tras el
    absoluto silencio de los conflictos, declarados o no, sin mayor
    oportunidad para apelar a la moral de la
    nación, puede, en términos de psicosegundos,
    inyectar virus, avalanchas
    de datos, dislocar los sistemas ferroviarios y eléctricos,
    con relativa libertad de acción, anónimos soldados
    atrincherados en sus computadoras
    que, por sí misma, despliegan el combate, o, enlazando con
    los núcleos de dirección del personal militar
    o desplazamiento de las armas convencionales o no, deshebran
    cualquier sistema defensivo. Los daños por ataques
    vía Internet a las
    empresasmercantiles, casi nunca denunciados, alcanzaron la cifra
    de US $ 5 mil millones . Pensemos, por un momento, en los
    terroristas de la red y el anchísimo
    campo de maniobras que se ofrece, sin sujeción a un
    sentido de patria, con referencias estrictamente personales. Ya
    el poder de la red de redes está comprobada
    y, aunque supongamos que los zapatistas no cuentan con el apoyo o
    dominio
    popular, transparente y convincente en el interior de México,
    las campañas propagandísticas del exterior dicen lo
    contrario y son alrededor de 60 mil personas las que han visitado
    su página
    Web.

    Las hojas de la alcachofa electrónica, tomando a Beaufre, lucen
    más adecuadas en este tipo de conflictos silenciosos:
    acciones
    rápidas y brutales para luego detenerse, alcanzando
    objetivos parciales, reemprendiendo sucesivamente la marcha. Lo
    que sugiere el privilegio de los grupos de inteligencia,
    una mayor comunicación entre analistas y decisores,
    centralización de las instancias de
    concepción y planificación y descentralización de las ejecutoras,
    centrados en la decisionética:"complicar o confundir el
    proceso de
    producción de decisiones del oponente para
    que no pueda obrar o comportarse de un modo coordinado o
    efectivo" . Sin embargo, la sorpresa no está asegurada en
    tanto haya una creciente interconexión y
    domesticación militar de las nuevas armas.

    En América
    Latina, Brasil fue el
    país con mayor ventas de
    pc’s en 1995 (40,3%), seguido de México
    (14,1%), Argentina
    (10,5%), Colombia (7,8%),
    Chile (6,7%) y
    Venezuela (4,8%). En éste último país, la
    colocación de redes se proyecta del 3,1% en 1995 a 17,0%
    en 1999 y, en relación a la distribución por sectores, es de observar
    que la
    educación representa el 10,15%; gobierno, 4,13%;
    hogar, 18,99% y las grandes y medianas empresas, 65,77% .
    Rápidamente se infiere que es la población civil la que mejor está
    equipada en cuanto a unidades y redes .

    Ahora bien, la guerra de la información, en los
    términos de Stein, se verifica a través de los
    conflictos ampliados o restringidos de nación a
    nación, de sociedad a
    sociedad, adquiriendo las características de la guerra revolucionaria
    de corte maoísta, con claros objetivos (maximizados) de
    confrontación política, desestabilización.
    No obstante, por los diferentes intereses en pugna, fragmentada o
    dispersa crecientemente la vida social, que -en lo
    político- abren alternativas como el fortalecimiento de la
    autogestión el mandato directo, la nueva socialidad y
    sensibilidad, la autonomía frente a la expansión
    hogeneizante.

    La política es confrontación, proceso,
    negociación que resulta de la
    combinación de los intereses parciales contrastando,
    inevitablemente, con las fórmulas tradicionales de
    surgimiento del liderazgo.
    Así, surge el patriotismo de la constitución que
    puede franquearse como otra modalidad del patriotismo de la
    guerra, sin apelar a la consabida simbología, dando cauce
    al realismo
    virtual, pues potencialmente toda persona o
    agrupación puede esgrimir el armamento que tiene en sus
    manos para imponer ideas o simplemente divertirse con
    ellas.

    De acuerdo a nuestra Constitución,
    significaría, a sabiendas de las dificultades en mantener
    la independencia
    e integridad territorial, asegurar la libertad, la paz, la
    estabilidad de las instituciones,
    la garantía de los derechos de la persona humana,
    el repudio a la guerra y otras formas de predominio y el orden
    democrático. Reglas de juego y
    voluntad de respetarla, perfeccionando la democracia posmoderna
    hasta convertirla en instrumento capaz de resolver los problemas
    cotidianos y desembocar en una sociedad de derechos humanos
    y calidad de
    vida.

    La moral estratégica encuentra en Castex,
    imputada al gobierno, alto mando y nación, los tropiezos
    de la "extensión considerable de las constituciones e
    instituciones democráticas" y, además, con el
    ejemplo francés durante la primera contienda mundial,
    asoma el peligro de monopolizar las transformaciones morales .
    Sin embargo, la guerra electrónica, informática, informativa o
    infopsicológica no pone en peligro esa moral de la
    nación, pues, por una parte, se verifica entre las
    élites políticas y militares principalmente, casi
    sin que el resto de la sociedad pueda darse cuenta de ella, y,
    por otra, las referencias tradicionales pierden velozmente su
    eficacia y el
    fenómeno bélico merma como medio, instrumental,
    detonante del sentido de pertenencia, identidad, continuidad en
    crisis, favoreciendo, todavía con lentitud, las
    comunidades ecológicas y semióticas. Salvo que,
    dicha guerra, provoque daños colaterales, pues, una
    ilustración frecuente, el operador no puede
    introducir y desarrollar una campaña racista hacia el
    oponente, cuando, perteneciendo formalmente a otra nacionalidad,
    es de la misma raza.

    De todos modos, lo que está en el tapete es el
    problema estratégico de los conflictos silenciosos
    supeditados a una pregunta clave: ¿cuál idea de la
    victoria puede tenerse y sostenerse?, ¿no queda la guerra
    como un recurso para legitimar unas élites que se resisten
    a lo volátil del poder único y central, más
    que profundizar en la identidad de extensas y variadas
    poblaciones antes incuestionablemente apegadas a la figura del
    Estado Nacional?. Con Beaufre y Stein, se puede decir que no
    existe credibilidad en el genio de los estrategas, derrotados por
    la visión de las guerras catastróficas y las
    tertulias de café,
    pero es necesario concebir la estrategia de la posmodernidad
    para que la tecnología llegue sin superarla, subordinarla,
    hipotecarla, banalizando lo extraordinario. Es administrar las
    incertidumbres, sin apelar a los símbolos convencionales
    del patriotismo de guerra.

    5. Referencias
    básicas

    -Beaufre, André. "Introducción a la estrategia". Editorial
    Ríoplatense. Buenos Aires.
    1977.
    -Castex (Almirante). "Teorías
    estratégicas". S/e, s/f. Tomo IV.
    -Da Rous, Héctor. "Una forma de dominación de la
    autocracia militar en el cono sur: la guerra psicosocial"; en:
    AA.VV. "Terrorismo de Estado y violencia psíquica". Fondo
    Editorial Tropikos. Caracas. 1987.
    -Habermas, Jürgen. "Identidades nacionales y
    postnacionales". Editorial Tecnos. Madrid. 1989.
    -Hamon, Léo. "Estrategia contra la guerra". Ediciones
    Guadarrama. Madrid. 1969.
    -Jensen, Owen. "La guerra de información: principios de una
    guerra de la tercera ola". Airpower Journal. Edición
    Hispanoamericana. Verano de 1995. Internet, ruta y
    dirección:http://www/cdsar.af.mil/apj-s/sjensen.html.
    -Lanz, Rigoberto. "Discurso
    democrático y posmodernidad" y "Política y
    utopía: ¿cómo encontrar de nuevo la voluntad
    y el pensamiento?";
    en: AA.VV. "El malestar de la política". ULA.
    Mérida. 1994.
    -Molist,Mercé."Internet:armadeguerra":http://www.partal.com/web/mayo/artículos. html.
    -Pérez Schael, María Sol. "Petróleo,
    cultura y poder en Venezuela". Monte Avila Editores
    Latinoamericana. Caracas. 1993.
    -Stein, George. "La guerra de información". Airpower
    Journal. Edición Hispanoamericana. Verano de
    1996:http://www/cdsar.af.mil/apj-s/sstein.html.
    -Rey, Juan Carlos. "Apogeo y decadencia de la democracia
    representativa"; en: AA.VV. "América
    Latina: alternativas para la democracia". Monte Avila
    Editores. Caracas. 1992.
    -Romero, Aníbal. "Tiempos de conflicto (ensayos
    político-estratégicos)". Ediciones de la
    Asociación Política Internacional. Caracas.
    1986.
    -Toffler, Alvin (y Heidi). "Las guerras del futuro". Plaza y
    Janés. Barcelona.
    1994.-
    -Werz, Nikolaus. "Pensamiento
    sociopolítico moderno en América
    Latina". Nueva Sociedad. Caracas. 1995.
    -Woolley, Benjamin."Posmodernidad, ficción y
    virtualidad":http://www.iztapalapa.
    vam.mx/iztapala.www/topodrillo/35td_12.html.
    -Zapata, Roberto. "Los valores de
    los venezolanos". Conciencia 21.
    Caracas. 1995.
    -(*)
    // Apartado postal 17367 Parque Central Caracas Venezuela //
    Trabajo elaborado a mediados de 1996, expuesto en el ciclo de
    conferencias "Internet o los nuevos espacios públicos",
    Sala de Cibermedios, Fracción Parlamentaria del Partido
    Socialcristiano COPEI, Caracas, Enero de 1997. Editado por la
    referida Fracción.

    6.
    Resumen

    La guerra de masas, inherente al Estado Nacional,
    está en declive por fuerza del desarrollo
    tecnológico. Tiende a no actualizar el sentido de
    identidad. Se debe, fundamentalmente, al fenómeno de la
    dispersión del poder y la muy probable
    consolidación de las comunidades ecológicas y
    semióticas. Así, el patriotismo de la guerra
    cederá espacio al patriotismo de la constitución y
    la guerra electrónica, informativa o epistemológica
    irrumpirá sin contar con una doctrina estratégica
    general: al privilegiar los medios, evidenciando los
    límites de la estrategia operacional. La vieja
    épica no bastará para suscitar el entusiasmo y
    reforzar la moral de la nación. La realidad
    virtual se encargará de ello. Conflictos silenciosos o
    sistémicos que hablan de la infoguerra y
    posmodernidad.

    El estímulo y ampliación de los
    conflictos, resueltos o no, ayudan a la supervivencia del Estado
    en relación a la clásica tríada que lo
    define: poder – territorio – población. El soldado, su
    más cultivada expresión romántica, remite a
    una tradición que es de futuro y a una memoria que se
    dice del pasado, reforzando el sentido de identidad. No obstante,
    el presente puede ser (y lo es) de amargas dificultades que se
    afanan (y alivian) en los ejemplos de la historia superada, quedando
    pendiente la otra historia con sus promesas de
    triunfo colectivo, sin adivinar que la guerra, reputada y
    jerarquizada cada vez más por el desarrollo
    tecnológico, estuvo en los hombros del mercenario
    artesanal.

    El Estado Nacional en América Latina es fruto de
    la guerra que ya había fusionado la etapa preliminar con
    la batalla, escenario deslumbrante que, al enfatizar el principio
    divisionario (organizacional y logístico) y el
    perfeccionamiento de las armas, permitió cubrir grandes
    distancias propicias para la recreación
    y exaltación plásticas. La guerra naval y, luego,
    la aérea requerirá de un personal crecientemente
    especializado para hacerla, afín a los adelantos de la
    técnica que desembocará en la
    administración del secreto a través de un
    complejo sistema de comunicaciones, excepto el manejo de un
    código que le ha permitido atraer y cultivar a las masas
    mediante las fulgurantes maniobras que compiten con la imagen del
    soldado blindado por sofisticados dispositivos láser,
    rayando en la robótica.
    Es decir, su visibilidad responde más a los súbitos
    resultados espectaculares, con el bombardeo de puertos y
    ciudades, que al proceso de conscripción, convencimiento,
    reanimación y celebración de sus eventuales
    espectadores.

    El sistema político, generalmente urgido de
    recursos simbólicos que ayuden a equilibrarlo en atención a los apremios y las demandas que
    permanentemente recibe, apela al patriotismo de la guerra, real o
    imaginaria, para solventar sus problemas de
    consenso. El culto al pasado heroico, infalible, motivador,
    evocador de actos y actores recogidos en el lienzo, en la
    imprenta, en la épica -por definición- siempre
    inconclusa. Frente a contrincantes tan difusos, difíciles
    aunque no imposibles de encarnar, como la inflación, el
    déficit de viviendas o los brotes epidémicos,
    insiste en los orígenes casi sobrehumanos que conceden la
    identidad y continuidad necesarias, pues son muchos los
    años en los que el imaginario está fundado en la
    maniquea acentuación del bien y del mal, no admitiendo las
    zonas grises de una realidad que son varias a la vez.

    Así, se apela con facilidad al enemigo
    común, antes el imperialismo
    desde un flanco o el comunismo desde
    otro, y, con mayor soltura, el país vecino,
    depósito de todas las desdichas, previa conclusión
    de la Guerra
    Fría. Es el grupo de
    rock
    venezolano, los "Spías", quien tiene una exitosa
    presentación en el sector más duro al sur de
    Bogotá y, en una entrevista
    radial, consideran que la calidad de su
    música
    finalmente pudo vencer las reservas xenofóbicas
    enfrentadas. Y es que no se va a la guerra, incluso, pero siempre
    hay un discurso
    predispuesto hacia ella como elemento de aglutinación.
    Ocurre que las lamentables escaramuzas entre Perú y
    Ecuador,
    oportunas para la reelección de Fujimori, ocultaron la
    violación de los derechos humanos, empleados
    los indígenas como carne de cañón,
    según las 200 mil denuncias recibidas por José
    Ayala Lasso, representante de la ONU

     

     

    Autor:

    Luis Barragán J.

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