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La inmigración en Perú (página 2)

Enviado por Juan Carlos Lpez



Partes: 1, 2


Los datos son contundentes en materia de población, y aunque existe un elevado número de italianos, también se manifiesta cierta flexibilidad gubernamental en su política de migraciones con respecto a las centurias precedentes, ya que hay ciudadanos de países a los cuales en un momento dado se les tildaría de sospechosos. Ahora bien, esto no significa una apertura total de las relaciones y mucho menos un cambio radical en las directrices políticas del Virreinato, ya que esto se conseguiría tiempo después de la independencia, en los primeros años de la republica.

Para finalizar esta parte mencionaremos que el flujo migratorio hacia el Virreinato era fuertemente controlado por el ordenamiento colonial. La mayor parte de la población viajera que llegaba al país era italiana, y si bien durante las últimas décadas se distendió la política inmigracionista, la situación no cambió mucho y se mantuvieron constantes las preferencias hacia ciertas nacionalidades. Como sabemos, este proceder del sistema virreinal obedece a su afán por proteger los mercados internos de la penetración inglesa y francesa, sus principales contendientes en el ámbito comercial.

Esta circunstancia, durante la independencia de las naciones sudamericanas y en sus primeros años como repúblicas iba a cambiar, y la apertura de mercados así como la densidad inmigracionista sufrirían un aumento cuantitativo.

Migraciones europeas a inicios de la República

La proclama independentista de las colonias americanas en la parte austral del continente no significó la prosperidad inmediata ni mucho menos la solución de problemas de raigambre colonial, y en el caso del Perú, la emancipación significó el umbral de un período caótico y de profundas contradicciones sociales que impidieron su desarrollo mediato.

En el plano económico, existía un serio problema en el sector productivo. Este tuvo sus antecedentes en las Reformas Borbónicas del siglo XVIII. La competencia surgida con la apertura de puertos en diversas partes del continente, la reducción de precios de las mercaderías europeas y la mermada producción nacional en comparación con los demás virreinatos y capitanías, generó una crisis que llegó a su cima con las guerras independentistas. Se dispuso, a través de una serie de medidas conocidas como Prohibiciones, proteger el mercado interno y al productor nacional, bajo un elevado impuesto de aduanas a mercaderías extranjeras.

Para galvanizar las actividades en postración era necesario-al menos en el sector agrícola-un trabajo sostenible de las tierras, las cuales se encontraban abandonadas a raíz del reclutamiento forzoso de esclavos para las guerras de liberación. La falta de mano de obra apremió al estado y finalmente éste se resolvió por incentivar la inmigración y la colonización de tierras en diversas partes del país.

Al respecto, es de suma importancia un documento elaborado por el cónsul británico en el Perú, el señor Milner Ricketts en 1826, cuando alude la difícil situación de la agricultura de entonces. Sostiene que aparte de los inconvenientes que se presentan en las explotaciones rurales por causa de la necesidad de brazos, se añade la falta de consumo ocasionado por la pobreza de los habitantes y la situación local del país. Por lo general, los productos debían ser traídos de una distancia de 40 ó 50 leguas, y el transporte sufre retrasos y dificultades propios de caminos poco transitables.

Todo esto es suficiente para mostrar que España no sacó ni pudo haber sacado del Perú ningún otro producto de importancia que sus riquezas metálicas. (Bonilla 1975 Vol. V: 19)

El marco legal auspició una política proteccionista para evitar el carácter permeable del mercado nacional y así beneficiar al productor nacional. Por otro lado, mediante la colonización de tierras y el trabajo de éstas, se buscó paliar el déficit productivo y la carestía de mano de obra. Por el momento, nos centraremos en este último asunto, y expondremos las principales leyes que promovieron el advenimiento de colonos europeos.

La urgencia de implementar fuerza laboral en las actividades agrícolas fue un aliciente para la elaboración de dispositivos que amparen este fin en especial. No podemos dejar de mencionar que:

"Con nada se ha manifestado el Perú desde sus primeros días de vida propia tan constante, tan uniforme, ni tan entusiasta como la idea o mejor dicho, como el sentimiento de la inmigración europea."(Arona 1891: 49). ***

Este entusiasmo tenía sus raíces, además, en la profunda admiración de la cultura europea, la cual se difundió significativamente en nuestro continente y fue de capital influencia sobre todo para las elites dominantes. Sin duda, se asoció la presencia de éstos al trabajo esforzado y al progreso, al desarrollo económico y cultural, algo que nuestras razas-se pensaba- estaban distantes de otorgarnos.

Por ello, el intento de europeizar América Latina se debió a la iniciativa de los grupos de poder, atraídos por los adelantos técnicos y el creciente poderío de Inglaterra y los modos de vida, progreso intelectual y refinamiento franceses.

La comunicación y su creciente evolución determinó la divulgación en América de modos y usos europeos, y pronto se identificó la viejo continente como la cuna de todos los progresos y lo europeo fue símbolo de civilizado. (Lexus 200: 951)

La Ley del 21 de noviembre de 1831, en su artículo 7, dispone la creación del departamento de Loreto. Se concede también tierras a extranjeros para que puedan labrarlas y se les otorga privilegios y exoneraciones respectivas.

En el decreto del 14 de marzo de 1835, el general Felipe Santiago Salaverry establece que todo individuo es ciudadano del Perú luego de inscribirse en el Registro Civil; sin embargo, esta proposición no fue acogida por sectores conservadores. Finalmente, el 25 de enero de 1845, se dispone que las autoridades de Junín deben apoyar la construcción y optimización de caminos a Pozuzo y Río Magro, para efectos de mejorar las vías de acceso hacia esta zona. Se ofrecían beneficios a los inmigrantes y se incentivaba la propiedad de las tierras, con exoneraciones fiscales y parroquiales.

Como señala Bonfiglio, estas facilidades al libre ingreso de inmigrantes fueron más jurídicas que reales, pues durante las primeras décadas de la independencia se produjo una depresión económica y desorden político que no permitió el ingreso de estos visitantes en cantidades considerables (2001:20).

Si bien es cierto que el marco legal propiciaba la inmigración a nuestro país, las disposiciones enunciadas por el aparato político no fueron aplicables en su momento; la inestabilidad política y las revueltas caudillezcas, aspectos íntimamente ligados a la crisis productiva del Perú, fueron vallas que impidieron el orden social y la estabilidad requeridas para dar garantía a cualquier intento de colonización. La contracción de la actividad migratoria a nuestro país y el ingreso reducido de europeos, al margen de los estatutos gubernamentales, va a contrastar con un aumento de extranjeros que llegarán a nuestras costas atraídos por el boom guanero, y que se explicará en adelante.

CAPÍTULO II

El comercio y la fuerza laboral europea

El período comprendido entre las luchas civiles de principios de la República peruana y los años precedentes a la guerra con Chile, está caracterizado por el ingreso de ingentes cantidades de dinero a las arcas nacionales, producto de la venta de guano y una aparente estabilidad política; una firmeza institucional que resultó ser un oasis en el desierto histórico de nuestro país del siglo XIX. La mala distribución de los ingresos, el despilfarro presupuestal en cuestiones intrascendentes, así como una mala organización estatal asestaron el golpe que dio final a esta prosperidad falaz.

En el marco de este progreso engañoso, se materializaron las disposiciones jurídicas que beneficiaron el flujo migratorio a nuestro país. Las naciones europeas, alentadas por la riqueza comercial en esta parte del continente, no dudaron en reforzar sus relaciones amistosas y propiciaron, en vista de la seguridad que ofrecía el Perú, nuevas oleadas migratorias. Su presencia se manifestó de diversas maneras, tanto en la colonización de tierras, como en el establecimiento de las famosas Casas Comerciales, aspecto que se expondrá en el presente capítulo.

Si en los años iniciales de nuestro país la migración fue reducida y limitada por el contexto, aquí se apreciará un aumento considerable en la cantidad de emigrados europeos, y se estudiará también las principales colonias de el continente viejo en nuestro país, como lo son las inglesas, francesas e italianas, entre las cuales hubo una suerte de especialización de labores y que han aportado considerablemente en nuestra cultura.

Comercio y migraciones

El período de prosperidad económica, como resultado del auge guanero permitió el fortalecimiento de las relaciones comerciales del Perú con el orbe europeo. Asimismo, propició la estructuración del cuerpo diplomático peruano y de cónsules nacionales en Europa con el fin de consolidar dicha simbiosis mediante los proyectos respectivos. (Bonfiglio 2001:22)

En efecto, la actividad guanera en apogeo estimuló por un lado el afianzamiento del comercio nacional y la intervención extranjera en las actividades económicas de nuestro país, y en segundo lugar, el aumento cuantitativo de comerciantes europeos atraídos por este importante recurso. Gran parte de los foráneos se asentaron por períodos extensos en costas limeñas, pues se abocaron a actividades lucrativas, como el establecimiento de Casas comerciales o pequeños almacenes donde expedían productos que comúnmente eran traídos por vía marítima desde Europa.

Esta búsqueda de independencia y ganancias propias, tenía su origen en las condiciones medianamente adversas por las cuales atravesaban los marineros-especialmente italianos-como por ejemplo, los ínfimos salarios. Estas circunstancias exacerbaban sus deseos de autonomía y finalmente se aventuraban por los negocios propios, como bien lo explica el Vice-Cónsul británico en nuestro país, Mr. Wilson según sus observaciones:

"En los últimos años se ha presentado un incremento en el número de hombres de mar en los barcos británicos que son originarios de países mediterráneos, italianos, griegos y austriácos, pocos de los cuales regresan y si no obtienen sus salarios y pago presentando alguna queja contra sus oficiales superiores (…) se fingen enfermos o, como único medio que se les dije, desertan y muchos se convierten en pequeños tenderos, de modo que el íntegro del comercio minorista está en manos de italianos y austriácos(…)"(Bonilla 1975 Vol. I: 183 )

Gran parte de los negocios minoristas de nuestro país estaba en manos de italianos, como se señaló líneas arriba. De cierta manera, hubo una suerte de especialización en las actividades comerciales: la mayor parte de los ingleses eran funcionarios de empresas de navegación, comerciales, ferrocarriles, etc. Por su parte, los italianos, a las labores descritas arriba, añadiendo su aporte a la expansión comercial guanera. (Bonfiglio 2001: 34)

Marco Legal

Afincados ya en Perú, los extranjeros aludidos se desenvolvieron según sus actividades específicas, sobre la base de cierta especialización de acuerdo a las nacionalidades. La estabilidad política y bonanza económica benefició el crecimiento de inmigrantes, y el gobierno aprovechó la coyuntura para promulgar algunos dispositivos y proyectos colonizadores.

La Ley de 1849 estipulaba el asentamiento de 320 colonos irlandeses, los cuales huyeron de su país por hambruna. Durante el segundo gobierno de Castilla, en 1859, se llevó a cabo un proyecto por el cual se pensaba traer 25 mil colonos irlandeses. No se llevó a cabo por las altas exigencias del gobierno inglés. En 1867, se introdujeron 314 colonos alemanes en Pozuzo, por un contrato celebrado entre Juan P. Martín y el otrora presidente Mariano Ignacio Prado.

Finalmente, el contratista peruano Antolín Rodulfo celebró con el estado un contrato por el que se comprometía traer 1096 colonos alemanes al valle de Moyabamba. Sin embargo, sólo un remanente de ellos llego a su destino, los otros se quedaron en Lima en calidad de indigentes.(Bonfiglio 2001:23-28)

Estos contratos, a pesar de la estabilidad imperante, no se hicieron patentes debido a la ligereza del estado y a la falta de una política seria por parte de nuestros gobiernos. La consecuencia de esto fue el desprestigio internacional hacia el Perú y las posteriores exigencias de parte de los países europeos, elevando sus requerimientos para enviar a sus patriotas.

Debido a esta razón es que se señala que la inmigración a nuestra nación, a pesar del apoyo legal que ofrecía el estado, se mantuvo como una actividad al margen de todas las formalidades jurídicas y se constituyo como un fenómeno autónomo y espontáneo, consecuencia más del florecimiento comercial de mediados del XIX, que de la actividad agrícola.

 

 

 

 

Autor:

Juan Carlos López


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