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El maltrato por negligencia de los cuidadores (página 3)




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El grupo humano integrado por miembros relacionados por vínculos de afecto y sangre y en el que se hace posible la maduración de la persona humana a través de encuentros, contactos e interacciones comunicativas que hacen posible la adquisición de una estabilidad personal, una cohesión interna y unas posibilidades de progreso según las necesidades profundas de cada uno de sus miembros (p. 290).

Se debe destacar en el concepto de Ríos, que la familia a través de la prestación de afecto y el desenvolvimiento en las diversas relaciones, que le proporcionan al infante o a otros miembros con los que conviven, influyen o generan en el niño un ejemplo a seguir, que lo guía en su desarrollo, propiciándole una estabilidad personal y emocional óptima para cada faceta de su vida.

Asimismo, el ICBF (2006) describe que la familia es primordial, ya que es un escenario de socialización, el cual debe favorecer la aplicación de los derechos del niño. De igual manera, para Covadonga (1999) la familia influye notablemente en el desarrollo (cognitivo, personal, emocional y socio-afectivo) del niño, desempeñando en sus primeros años de vida un papel fundamental, ya que su finalidad se basa en que ésta "… proporciona al niño todas las señales iniciales de afecto, valoración, aceptación o rechazo, éxito o fracaso" (Burns, 1990 citado en Ruiz. p. 289).

Es de resaltar, después de las anteriores definiciones, el papel primordial que tiene la familia en la vida del pequeño a su cargo, puesto que se debe encargar no sólo de promover y estimular su desarrollo, sino también de hacer primar sus derechos como niño y persona que hace parte de una sociedad.

Un ejemplo claro de la importancia que tiene la familia, lo enuncia Fuillerat (2004) al referir que el niño al nacer lo hace con algunos reflejos incondicionados, como es el de succión, el cual a través de este no solo se alimenta, sino que también involucra otros procesos como el psicológico y sociológico; además irá desarrollando los denominados reflejos condicionados por medio de la ayuda y afecto brindado por las personas responsables que le rodean y principalmente por la madre. De igual manera el autor citando a González (1985), afirma que la figura del adulto es necesaria para estimular el desarrollo del niño durante sus primeros años de vida.

Asimismo, autores como Amato (1987 citado en Covadonga, 1999) a través de sus aportes a la investigación de las familias, mencionan que ésta tiene como uno de sus propósitos, promover el desarrollo de la identidad, socializándolo por medio de un contexto que le permita el desenvolvimiento de sus habilidades y la obtención de metas personales. Esto con la finalidad de que logre obtener objetivos socialmente valorados, a través de una adecuada estimulación y de un modelo propicio de conducta social. Por consiguiente, se espera que la familia cubra las principales necesidades, respetando por lo tanto, sus derechos como ser humano y brindándole la adecuada estimulación para su desarrollo.

Del mismo modo, Moreno (2001) proporciona por medio de sus estudios sobre el abandono físico o negligencia infantil, una definición importante de lo que se espera que cubra la familia del niño que tienen a su cargo, refiriendo que:

La familia debe ser un lugar convivencial estable, que disponga de los recursos mínimos (económicos, laborales, higiénicos), donde el menor sea respetado como persona, se cubran sus necesidades básicas, afectivas y educativas, se le proteja contra las situaciones agresivas del medio en el que se desarrolla, reciba cuidados adecuados ante situaciones especiales de enfermedad o limitación, y un largo etcétera (p.23).

No obstante, el autor reporta que la función principal de la familia no es sólo las que se acaban de mencionar, sino que además deben ayudar y aportar con los procesos de desarrollo fisiológico y con las experiencias cotidianas, para promover su adecuada evolución.

Hasta este momento, los investigadores mencionados describen una forma adecuada de la relación de los padres o cuidadores con el niño, es por esto, que la importancia de la aceptación o rechazo que éste grupo tenga, puede generar en el niño una motivación o una perturbación que se hará notable más adelante, afectando el desarrollo social, emocional, físico, motriz, entre otras problemáticas que le pueden ocasionar.

En efecto, Repetti, Taylor y Seeman (2002 citado en Gracia, Lila & Musitu, 2005) confirman lo anterior, mencionando que se presentan dos dimensiones de la conducta de los cuidadores, donde por una parte está la aceptación que tienen hacia los hijos y por otro lado se presenta el rechazo, teniendo en cuenta que las dos hacen parte de todas las sociedades humanas. Pero antes de comenzar a especificar ésta última, se debe mencionar la definición dada por Rohner (1986 citado en Gracia et al., 2005) sobre la conducta parental, la cual es comprendida como algo permanente donde en un lado se encontrarían los padres que manifiestan al hijo su afecto de manera verbal y físicamente; y por el contrario, en el otro extremo se encuentran los encargados del niño que manifiestan a través de su conducta la desaprobación hacia el niño, sintiendo aversión por sus propios hijos, y empleando por lo tanto, medios más severos de castigo.

Se debe destacar que en la definición sobre la conducta parental, se evidencian las dos dimensiones o extremos del comportamiento de los padres hacia sus hijos, mostrándose la aceptación y el rechazo, así como las consecuencias que la última tiene sobre él. Por lo anterior, es importante definir el rechazo parental para tener una mejor comprensión de la forma de comportamiento adquirido por los cuidadores; siendo entendido como una "ausencia del calor, afecto o amor de los padres hacia sus hijos, o el privarlos de éstos de modo significativo, actitud que puede adoptar tres formas: a) hostilidad y agresividad; b) indiferencia y negligencia y, c) rechazo indiferenciado" (Rohner, 1986 citado en Gracia et al., 2005. p. 75). Se observa en esta definición el lado opuesto de los padres que aceptan adecuadamente a sus hijos, evidenciándose una familia que mantiene un comportamiento negligente hacia los niños a cargo, donde son rechazados y por lo tanto se presenta una desatención de las principales necesidades que se requieren en una temprana edad.

Peña (2005) confirma lo citado, refiriendo a través de su investigación sobre:

El fenómeno de rechazo a un miembro familiar puede tener origen en circunstancias previas de natalidad no planeada, padrastrazo, hijos extramatrimoniales o hijos en familias superpuestas resultantes de la unión de familias nucleares incompletas que combinan hijos de uniones anteriores y/o actuales. En estos casos se encuentran niños con carencias afectivas, sobre los cuales se suele descargar, a manera de compensación, la tensión generada por problemas y frustraciones. También se presentan casos de niños percibidos por el padre como sujetos indeseados o representación de resentimientos pasados, de males congénitos o de conductas indeseadas (p. 6).

Con lo anterior, se evidencian algunos de los factores que conllevan al rechazo de los hijos por parte de los padres, quienes destacan por medio de sus conductas, la irresponsabilidad de la unión entre dos familias, la historia de aprendizaje de los maltratantes, la planeación inadecuada de los hijos y su aversión hacia estos. Es así como Gracia, et al. (2005) proporcionan una mirada de como pueden ser vistos los cuidadores, refiriendo que "los padres indiferentes o negligentes pueden ser percibidos como fríos, distantes y despreocupados, y tienden a ser inaccesibles, física y emocionalmente, y poco responsivos con sus hijos" (p.76).

Sin embargo, Kagan (1978 citado por Gracia, 2002) hace un aporte donde refiere que "la definición de un padre como hostil o afectivo no puede ser realizada únicamente observando la conducta de los padres, puesto que ni el amor ni el rechazo son cualidades fijas de la conducta" (p. 275). Es decir, que las conductas parentales no son una acción emitida por los padres a los hijos, sino que es una creencia que mantiene el niño, por lo tanto su impacto no sólo se debe analizar desde la conducta emitida por la familia, sino de igual manera desde la perspectiva creada por el niño.

Por lo anterior, varios autores a través de la realización de estudios e investigaciones, han tomado posturas que evalúan la conducta emitida tanto por los padres como por el niño, con el objetivo de alcanzar una mejor comprensión de las variables y los factores de riesgo que conllevan a la problemática vivida por la familia, para así, generar un adecuado plan de intervención que permita abarcar mejor la problemática.

De tal manera, se evidencia a través de la investigación realizada por Lila y Gracia (2005), algunas variables que se deben tener en cuenta al momento de estudiar el fenómeno, éstas son entendidas como eventos estresantes que se presentan tanto a nivel individual, familiar y social. Señalando en la parte individual, los problemas de conducta del niño y la sintomatología psicopatológica en los padres; desde lo familiar, se menciona la conducta, el clima y el estrés; y en cuanto a lo social, hacen referencia a la integración y adaptación al medio o comunidad, donde conviven con otros grupos familiares. En estos padres o cuidadores que viven ciertas situaciones, se puede presentar por tal motivo, un mayor peligro de maltrato negligente hacia sus hijos.

A continuación se tendrán en cuenta los factores mencionados, así como las variables que hacen parte de cada uno de estos, las cuales son comprendidas como eventos que pueden generarse en niveles o factores individuales, familiares y sociales o contextuales. Es de destacar que estos afectan directamente a la familia y por lo tanto al niño que se encuentra bajo su cargo y protección.

Factores Individuales

El factor individual abarca las características y comportamientos de los padres, así como las conductas emitidas por el niño para despertar el interés de sus cuidadores; es por esto que, a través de diversos investigadores se comprenden las diferentes variables que hacen parte de esta.

Moreno (2001) cita a algunos autores como Polansky, De Saix y Sharlin (1972), quienes enuncian cinco tipos de madres negligentes que no se encuentran en las condiciones adecuadas para cumplir su rol y satisfacer las necesidades básicas de los niños, haciendo referencia a la madre apática, la inmadura, con presencia de retraso mental, la madre con depresión reactiva y la madre psicótica. Por lo anterior, Moreno analiza que las causas de esto, se debe a que:

Puede tratarse de factores caracteriológicos como el miedo a la cercanía, sentimiento de inutilidad que disuaden del acercamiento a los otros, infradesarrollo de las habilidades sociales o rasgos de personalidad que provocan rechazo. Puede tratarse de aspectos situacionales como la movilidad geográfica, la apariencia externa rechazante, la maternidad adolescente o sin pareja, la discriminación racial, etc. (p.55).

Las características que se acaban de mencionar sobre las madres negligentes, permiten evidenciar los comportamientos que mantienen las progenitoras, así como todos los factores que se relacionan unos con otros; evidenciando que el trato recibido por parte de la familia, por motivos o problemáticas que no son conocidos y que difieren de un caso a otro, es la misma relación que mantiene la madre con sus hijos, presentando por tal motivo la negligencia, el descuido y el rechazo hacia ellos.

Otro factor, se evidencia a través de los estudios realizados por Lila y Gracia (2005), que citan algunos autores entre los que se encuentran Day, Peterson y McCracken (1998), quienes afirman que una de las variables que determina la aceptación o el rechazo de la familia, es la conducta emitida por el niño, señalando que ésta influye en la relación con los padres llegando a ser en algunos casos coactiva. Sin embargo ante la afirmación, se cita también a Gershoff (2002) quien por medio de estudios ha encontrado, que la conducta de los niños es generada debido a la aplicación de malas técnicas disciplinarias por parte de los padres; por lo tanto las dos van dirigidas según el autor, hacia una relación mutua y bidireccional.

Es por esto, que se puede comprender que la conducta asimilada por el niño, es en cierto modo una consecuencia de la conducta que mantiene el cuidador hacia él, de tal forma que la relación que se presenta en estos casos, es propiciada por una familia conflictiva que lo rechaza. Además Moreno (2001), en sus estudios sobre el tema, refiere que las madres negligentes presentan un "único patrón de respuesta", puesto que se evidencian distorsiones cognitivas que se enfocan en la apreciación, atribución y comportamientos negativos del niño (Larrance & Twentyman, 1983). Es decir que, independientemente de la manera como se comporte el niño, así sea provocada por la conducta del progenitor, este no reaccionará a las señalas emitidas por él.

Lila y Gracia (2005), citando varios autores (Paquette, Bolté, Tucotte, Dubeau & Bouchard, 2000; Spieker, Larson, Lewis, Keller & Gilchrist, 1999) comprenden que la conducta de algunos padres, se debe a la presencia de trastornos de personalidad, los cuales se relacionan notablemente con el rechazo, destacando la ansiedad y los síntomas depresivos, como los más sufridos por las madres. Ante esto, se podría recalcar cómo las conductas emitidas por las cuidadoras hacia sus hijos al momento de presentarse estos trastornos, son usadas equívocamente generando en el niño un comportamiento diferente y provocador para ellas.

Otra variable a tener en cuenta es el coeficiente intelectual de la madre, el cual, en la investigación realizadas por Tymchuc y Andron (1990 citado por Moreno, 2001) se encontró que no todas las progenitoras que presentan retraso mental son negligentes, por lo tanto Moreno, considera que "la negligencia podría atribuirse a la falta de habilidades en el cuidado de los hijos, a un desconocimiento de las etapas evolutivas, etc." (p.55). Los investigadores a través de sus estudios, permiten tener una aclaración de las madres que presentan un coeficiente intelectual bajo, el cual no siempre es un factor de riesgo para el niño por parte del cuidador negligente, sino va más hacia la falta de atención y de capacitación de su cuidado.

Ahora bien, haciendo referencia en la compensación de las necesidades afectivas, también se evidencian algunos factores precipitantes, por los que se ven afectadas las madres. Fernández (2005) menciona que esto se debe primero, a la inestabilidad emocional y a la adquisición de actitudes pasivas con sentimientos ansiosos y de culpabilidad, los cuales no le permiten establecer relaciones adecuadas con los hijos; el segundo factor que evidencia el autor, es debido a la presencia de conflictos sin resolver; y un tercero que son los problemas matrimoniales.

Con lo anterior, se puede comprender que el comportamiento de estas madres, se ve afectado por las relaciones establecidas con los otros, las cuales han sido marcadas por situaciones inestables, que no le permiten generar vínculos seguros y por lo tanto, genera una disminución en el contacto que establece con su hijo.

Además, Pérez (1997) menciona unos factores precipitantes que pueden generar en los cuidadores conductas negligentes hacia sus hijos, entre los que se encuentran:

Embarazo no planeado ni deseado; madre soltera o padre solo; padres jóvenes; padres que hayan sido niños maltratados; escaso intervalo en el nacimiento de los hijos; padres estresados; con pobre conocimiento de la crianza y el desarrollo del niño; enfermedad aguda o crónica; disturbios emocionales; falta de vínculo con el niño; falta de autocontrol (p.153).

Estos factores que son estresantes para el progenitor, generan en ellos acciones que van en contra de los niños que se encuentran bajo su protección. Pues como lo menciona Perry (1999), los padres que critican y rechazan, tienden a afectar las relaciones con los hijos, generando en ellos la evitación de la intimidad emocional. Además refiere que debido a la depresión, el abuso de sustancias, los problemas personales u otras variables vivenciadas por las madres, son menos sensibles a él, interfiriendo por lo tanto en la estabilidad para proporcionar las necesidades adecuadas.

Es de resaltar que estas variables se presentan de manera continua en la familia y a demás en la mayoría de los casos, son varios los factores que perturban a los cuidadores. Pues como lo menciona Lila y Gracia (2005), la acumulación de estos eventos, que son estresantes para la familia, son un gran indicador de rechazo parental. Por lo tanto es de afirmar que la presencia de una o varias variables son factores de riesgo que precipitan la conducta de rechazo y por lo tanto, la negligencia de los cuidadores.

Desde las posturas destacadas por Moreno (2001) quien cita a otros autores, hace referencia a los diferentes modelos que intentan explicar las causas del abandono físico o negligencia infantil. Donde el modelo cognitivo, considera la problemática como una consecuencia de distorsiones cognitivas, expectativas y malas percepciones de los cuidadores (Larrance & Twentyman, 1983); el modelo psiquiátrico, menciona que se presenta esta forma de maltrato debido a la presencia de psicopatología parental (Polansky, 1985; Factor & Wolfe, 1990); el modelo del procesamiento de la información, expresa la presencia de una manera particular de este procesamiento en las familias, donde los progenitores no perciben las señales emitidas por el pequeño (Crittenden, 1993); y el modelo de afrontamiento del estrés, el cual refiere, que esta problemática se debe a la manera como los progenitores evalúan y aprecian las situaciones estresantes que se les presentan (Hillson & Kuiper, 1994). Además se plantea que la poca implicación conductual y psicológica, así como la búsqueda de apoyo de manera inadecuada y la eliminación de actividades, son las estrategias utilizadas por las personas que llegan a ser negligentes para dar solución a los problemas.

Es de enfatizar en las perspectivas mencionadas por los diferentes modelos, que las principales causas por las que se presenta el maltrato negligente de los cuidadores con los niños que tienen bajo su cuidado, son debido a: problemáticas cognitivas, percepciones inadecuadas, psicopatología parental, métodos inadecuados del procesamiento de información, las situaciones estresantes por las que pasan los padres y su inapropiada solución a los problemas.

Sin embargo, después de mencionar algunas de las características que pueden presentar los padres negligentes, es de resaltar que no siempre las manifestaciones que se encuentran al lado negativo, son las únicas, ya que el extremo positivo también desempeña un papel negligente por parte del cuidador hacia su hijo. Pues como lo refiere Sires (s.f.):

Este concepto abarca también a aquellos padres que producen excesos por encima de sus posibilidades que hacen a un niño diferente de otro, siendo un fenómeno social que comienza en el hogar, continúa en las salas de la maternidad y puede extenderse más allá de la adolescencia, si no se le presta debida atención, es además un problema progresivo que afecta ha niños procedentes a menudo de familias disfuncionales, con múltiples problemas económicos, maritales, con limitaciones intelectuales y pobre relación padres e hijos (p.10).

Las causas o variables que incitan la conducta de algunos padres hacia el rechazo del niño, o por el contrario el exceso de sobreprotección, son las que se han venido mencionando en el transcurso del capítulo por diferentes autores a través de la aplicación y desarrollo de investigaciones. Las cuales permiten destacar que los extremos de las conductas de los padres/cuidadores son perjudiciales para los niños que se encuentran bajo su protección.

Factores Familiares

Este factor implica las relaciones familiares, maritales, con la pareja, así como la historia de aprendizaje y desarrollo de los padres. Es por esto, que una de las variables comprendidas son las relaciones conflictivas en las familias, siendo generadores de un ambiente inseguro que acompañado además de castigo y rechazo, estimulan la ansiedad y agresividad (Scott, Scott & McCabe, 1991 citado por Covadonga, 1999).

También se evidencian constantes altibajos en la relación de pareja, presentando momentos positivos y negativos; así como inestabilidad en el manejo del poder de la relación (Moreno, 2002). Este conflicto que se forma generalmente entre los padres, quienes son el ejemplo de una relación afectiva para el infante, se presenta de manera permanente, siendo una influencia constantemente negativa para el niño y por lo tanto afectando su desarrollo de autonomía y confianza (Covadonga, 1999). Se debe señalar que la conducta que mantienen los padres al mostrarse agresivos en su presencia, es una forma de negligencia, como se había mencionado anteriormente, el cual tiene un impacto en el área emocional del niño.

Los dos aspectos indicados (relaciones conflictivas en la familia y altibajos en la relación de pareja) conforman el clima familiar, otra variable que puede provocar un maltrato negligente en el infante, el cual es mencionado en la investigación realizada por Lila y Gracia (2005), quienes han comprobado que ésta determina la aceptación y el rechazo de la familia, la cual se compone de ciertos comportamientos como "la cohesión familiar, la expresión de sentimientos, el nivel de conflicto familiar, el grado de autonomía de los miembros de la familia, la participación en actividades conjuntas, compartir inquietudes culturales o intelectuales" (p. 110).

Por lo anterior, Darling y Steinberg (1993 citado por Lila & Gracia, 2005), afirman que el clima familiar cumple un papel significativo, puesto que permite la interpretación de conductas, así como las mismas interacciones que se generan en el ambiente familiar. Cabe resaltar que esta variable es uno de los factores más importantes, el cual abarca varios comportamientos que influyen en las conductas e interacciones de los cuidadores hacia el niño a su cargo.

Acerca de las experiencias que viven los padres, se debe mencionar los hallazgos obtenidos a lo largo de los años, donde Gómez y De Paúl (2003) en su investigación, aluden que en la historia de infancia de los cuidadores es característico, que la mayoría de ellos hayan sido rechazados y maltratados por sus padres, convirtiéndose probablemente en maltratadores de sus hijos; es así como la hipótesis mencionada fue aceptada en la década de los 70 por la mayoría de los casos que se encontraron, presentándose una discriminación en ciertas situaciones hacia los padres y madres que habían sufrido de malos tratos. Sin embargo, hacia los años 80 y 90, se debaten las investigaciones realizadas encontrando diversos problemas que no permiten la verificación de la información. Aun así, en la actualidad se sigue presentando lo que Garmezy (1983 citado por Gómez y De Paúl), denominó "‘error etiológico’, error que consiste en que, mientras que retrospectivamente la historia de maltrato conduce de forma aparentemente inevitable a maltratar, prospectivamente haber sido maltratado no lleva necesariamente al maltrato" (p. 452).

Las experiencias que viven los padres negligentes en su temprana edad, les enseña la manera de tratar a las personas con las que se relacionan, principalmente con sus seres queridos. Debido a esto, los investigadores han referido de las personas que vivencian maltrato de niños, que la mayoría de ellos son de adultos padres maltratantes. Perry (1999), reafirma lo mencionado diciendo que "en las familias maltratantes, es común que este rechazo y abuso sean transgeneracionales. El padre negligente, fue un niño que sufrió negligencia. Crían como fueron criados" (p.6).

De la misma manera, Moreno (2002) verifica por medio de su investigación, lo mencionado, refiriendo que los cuidadores negligentes repiten con sus hijos el modelo de crianza que tuvieron de pequeños, verificando que esto se debe a un ejemplo parental inapropiado, del cual, se muestran evasivos al momento de tener que referirse a su niñez. Además, el autor para afirmar la concordancia de los datos obtenidos, cita a Belsky (1993); Kaufman y Zigler (1989); Browne y Linch (1995), quienes consideran que la historia de aprendizaje de los cuidadores condiciona las relaciones entre padres e hijos, así como su método disciplinario, el cuidado y atención que deben recibir.

Por lo anterior, se podría enfatizar en cuanto a los padres negligentes, que la mayoría de ellos tienden a repetir su historia de aprendizaje con sus hijos, debido principalmente a que su enseñanza se basa en el comportamiento de los padres cuyo afecto, atención y relaciones con los demás, se presentó de una manera fría, rechazante y negligente, siendo por lo tanto, un caso de maltrato que generó un impacto en el desarrollo del niño que ahora pasa a ser padre.

Factores Sociales y Contextuales

Con los factores sociales se pretenden abarcar las relaciones con otros grupos de personas como la familia extensa, los profesores del niño, vecinos, compañeros de trabajo y otros, con los que se tienen que comunicar y que pueden ser una red de apoyo de los cuidadores. Respecto a los factores contextuales, se comprenden las variables socioeconómicas, el ambiente laboral, problemas judiciales, entre otros, que es a lo que están expuestos los padres, siendo el medio donde se desenvuelven.

En cuanto a las relaciones de los padres negligentes con la familia extensa, Moreno (2002) describe una comunicación conflictiva, entre los cuales, el apoyo no es brindado debidamente, generando en algunos casos la desatención de las necesidades básicas cuando se espera la ayuda necesaria, como por ejemplo "para la supervisión del menor durante un corto periodo de tiempo" (p.145). Ante esto, se podría decir que las familias no se proporcionan entre ellos la colaboración pertinente, presentándose una rivalidad o despreocupación entre los mismos, llegando a damnificar a los hijos por las decisiones y relaciones que mantienen.

Respecto a la educación, los padres y maestros tienen el deber de esforzarse por proporcionar de manera adecuada el aprendizaje del niño, es por esto que Cavadonga (1999), citando autores como Moreno y Cubero (1990), refieren que la escuela deberá ser un lugar que coincida con los valores familiares, puesto que es el contexto en el que se integra y desarrolla el niño. Por consiguiente, la familia junto con la escuela, cumplen un papel importante en el desarrollo infantil, sin embargo cuando esta relación se ve afectada por el desinterés del cuidador, dejando de proporcionar el ambiente optimizante, por lo cual se convierte en una problemática más, que afecta tanto al niño como al grupo familiar.

Por otro lado, en los estudios realizados por Lila y Gracia (2005), se consideraron algunas variables que afectan la conducta de los padres, tales como el estatus socioeconómico, la integración y adaptación a la comunidad, así como la participación y la asociación. Se enfatiza respecto a esto, que al tener una mejor participación y adaptación al sistema social, se generan mejores relaciones con los hijos, presentándose de una manera más cálida y afectuosa; además, esta integración con el contexto les proporcionan a los cuidadores relaciones de apoyo, que les sirve para afrontar problemas emocionales o necesidades en cuanto a la protección y cuidado del pequeño (Cochran & Niego, 1995; Gracia & Musitu, 2003 citados por Lila & Gracia).

Sin embargo, es de mencionar, que las familias negligentes no mantienen la adaptación mencionada, por lo tanto estos factores, pasarían a ser eventos estresantes que se producen fuera de la familia pero que los afecta como tal; abarcando las dificultades económicas, los problemas legales, el ambiente laboral y social, entre otros.

Es así como Pérez (1997), hace referencia a los factores sociales y culturales a los que se ven expuestas las familias, mencionando los siguientes: "Aceptación de patrones de violencia en la educación de los niños; escasos recursos económicos; problemas laborales; bajo nivel cultural; alta movilidad social; emigración; marginación; hacinamiento; prostitución y/o delincuencia de los padres; falta de apoyo social" (p.153).

Moreno (2001), confirma lo anterior, diciendo que los cuidadores no responden socialmente a las situaciones ambientales, por lo tanto para explicar los factores sociales y contextuales que propician el abandono físico o negligencia infantil, se remite al modelo sociológico de Wolock y Horowitz (1984), quienes consideran que esto se produce debido a la insuficiencia económica o las situaciones de aislamiento social.

En las dos citas mencionadas por Moreno y Pérez, se evidencia la importancia que tiene la sociedad y el contexto con el que se relaciona y desenvuelve la familia. A su vez, se demuestran las dificultades que se les pueden presentar a los padres al no adaptarse de manera adecuada al medio que les rodea.

Una de las variables que más se han mencionado en los diferentes estudios es a la que hace referencia Pino, Herruzo & Moya (2000), quien revisando algunas investigaciones (p.e., Arruabarrena & De Paúl, 1994; Cazenave & Straus, 1979; Garbarino & Kostelny, 1992; Guterman, 1997; Hampton, 1987; Kruttschnitt, McLeod, & Dornfeld, 1994; Martínez & De Paúl, 1993; Pelton, 1978; Shameroff & Chandler, 1975; Wolfe & Pierre, 1993), concuerdan en señalar que la pobreza, es un factor muy ligado al maltrato por abandono de los cuidadores. Por lo tanto, el autor citando otros autores, menciona que es difícil aislar los factores socioeconómicos de esta forma de maltrato, ya que la mayoría de los casos se presentan principalmente en la clase socioeconómica baja (Wolfe & Pierre, 1993; López, 1995). En una investigación más reciente, Moreno (2002) evidencia que estas situaciones de las familias negligentes, son inestables, presentando dificultades para pagar las deudas y por lo tanto planificando de manera inadecuada sus gastos.

Sin embargo Torralva et al. (1999), refieren que el factor económico puede perjudicar a los padres en cuanto a la satisfacción de las necesidades básicas requeridas por los hijos, pero aún así, no es suficiente esta razón para rotular a los cuidadores como negligentes. Los autores indican que la falta de los padres para cumplir con las necesidades básicas, así como la de la incapacidad de la sociedad para ayudarlos, puede generar daños severos. Es de resaltar la aclaración dada por los investigadores, respecto al estado socioeconómico de la familia, el cual por ser bajo, no necesariamente genera un comportamiento negligente por parte del cuidador, además, como se ha mencionado anteriormente, ante esta falta de los padres, es deber de la sociedad y del gobierno, colaborar y ayudar en el desarrollo y formación del niño.

Otra variable a tener en cuenta, son las relaciones sociales de los cuidadores, las cuales según Moreno (2002), son pocas e incluso en algunos casos son nulas, es decir no mantiene un trato con otras personas; esto se debe de pronto a la poca disponibilidad por parte de las familias cercanas, así como a la conducta evasiva de los cuidadores para solicitar ayuda. Ante la variable de las relaciones sociales, se evidencia como el comportamiento de los padres negligentes, perjudican las relaciones con los demás, dificultando su adaptación al medio y por lo tanto no satisfaciendo algunas necesidades del niño, al necesitar el apoyo de otros.

De la misma manera, Moreno (2002) a través de estudios e investigaciones sobre los cuidadores negligentes, aporta otros factores a tener en cuenta, que hacen referencia a la parte social y contextual; se menciona la inestabilidad que tienen los progenitores en cuanto a: condiciones de vivienda, siendo inadecuada respecto al espacio, seguridad e higiene; la situación laboral, donde ninguno de los padres mantienen un trabajo estable, sino que usualmente se dedican a realizar acciones ilegales y/o marginales. Es así como el autor deja ver la importancia del contexto en el desarrollo y convivencia de la familia, la cual se puede ver afectada debido a la inestabilidad que tienen los padres a nivel económico y por las diversas acciones riesgosas, realizadas por estos mismos.

Es importante aclarar, que en los anteriores factores mencionados, las variables se relacionan unas con otras, es decir, las características de los cuidadores negligentes a nivel individual, podrían generar repercusiones en la conducta que mantienen con otros seres humanos, afectando las interacciones a nivel general. Por lo tanto se presentarán de igual manera, problemas familiares, sociales y contextuales que afectarán al individuo.

Después de haber citado a diversos autores, quienes por medio de investigaciones proporcionan una información pertinente de los padres maltratantes, es importante señalar las dificultades por las que estos mantienen una conducta de rechazo y desatención de las necesidades básicas de los infantes a su cargo; por lo tanto, se establecen como características de los cuidadores negligentes, tres principales factores de riesgo (ver figura 6), los cuales son: los individuales, familiares y sociales/ contextuales. Se debe resaltar que es difícil establecer cuales son las variables que determinan la conducta negligente, puesto que se debe tener en cuenta la cultura, el país, las problemáticas sociales y particulares a las que están expuestas las familias; de igual forma, se debe destacar que son varias las causas por las que los progenitores, mantienen una conducta indiferente con los niños, convirtiéndose en estresores que afectan a los padres y por lo tanto a la familia como tal. Finalmente, se debe mencionar que la presencia de factores de riesgo, no siempre implica que los padres o cuidadores sean negligentes con sus hijos, ya que esto se relaciona y depende de las estrategias de afrontamiento que ellos apliquen para la solución de los problemas.

Figura 6. Características de los cuidadores negligentes.

Impacto de la Negligencia Sobre el Desarrollo de los Niños

La infancia es un momento evolutivo que incluye gran variedad de cambios fisiológicos y psicológicos. "Es un proceso multidimensional que incluye cambios en el plano físico o motor (su capacidad para dominar movimientos), intelectual (su capacidad para pensar), emocional (su capacidad para sentir) y social (su capacidad para relacionarse)" (Torralva et al. 1999. p. 306).

Estos cambios constituyen un proceso, mediante el cual el niño adquiere las habilidades que le permiten adaptarse gradualmente a su medio. Estas transiciones evolutivas no ocurren como hechos aislados, sino que se encuentran altamente correlacionadas con las condiciones ambientales ofrecidas por los padres o adultos responsables de su cuidado. Ante esto, parece lógico pensar en la familia como derecho fundamental de un niño. Moreno, Rabazo y García (2006) confirman este principio:

Uno de los derechos primordiales de los menores, es el de tener una familia que se responsabilice de sus necesidades, que le de afecto y apoyo social. No obstante, si sucede alguna anomalía o se produce alguna alteración en la interacción del niño con el medio durante la primera infancia, pueden aparecer en el menor una serie de trastornos de naturaleza e intensidad diferentes (p.56).

Como puede observarse, la ausencia de estas figuras puede traer consecuencias considerables en las diferentes áreas de desarrollo evolutivo. En este punto, es importante resaltar que no solo basta con que los cuidadores estén presentes, sino que es de vital importancia que estos se relacionen constantemente con el niño, de tal forma que se promueva la formación de vínculos fuertes, que permitan la construcción de un espacio seguro y motivante. Los autores que se han abocado al tema, afirman que el desarrollo del infante está directamente relacionado con los niveles de contacto que se establezcan entre él y su cuidador, respondiendo física y emocionalmente a los llamados del niño, así como de forma consistente y clara. Lo que en últimas le proporcionará diversas aplicaciones de comportamientos apropiados (Soler, Rivera, Figueroa, Sánchez & Sánchez 2007; Moreno et al., 2006).

La negligencia infantil, es precisamente esta disminución de los vínculos afectivos con el niño. López (1995) citado por Pino et al. (2000), plantea que la interacción niño-cuidador en el caso del abandono, se caracteriza por una comunicación y estimulación infantil, un estilo educativo despreocupado y no exigente; y por un rechazo a los hijos o falta de respuesta a sus necesidades. De esta manera los requerimientos biológicos, físicos y psicológicos son desplazados a un segundo plano. Este desplazamiento conlleva una serie de solicitudes acumuladas, que al no ser atendidas por el adulto, forman en el infante una percepción de un ambiente pasivo y poco motivador, que no le permite desarrollarse por lo que se ve afectado y disminuido su crecimiento global.

Fernández (2005) explica que el síndrome de carencia afectiva, es una entidad nosológica que actualmente incluye una serie de trastornos que afectan fundamentalmente al crecimiento, desarrollo y comportamiento infantil. Este problema recibe varios nombres como síndrome de carencia afectiva, deprivación emocional, deprivación materna, fracaso de crecimiento ambiental, nanismo por deprivación, hiposomatotropismo reversible, hipopituitarismo transitorio, nanismo psicosomático, nanismo por abuso, retraso de crecimiento de origen psicosocial, hospitalismo y más recientemente síndrome de Kaspar Hauser.

En definitiva y sin trascender en las denominaciones de esta problemática, es primordial considerar aquellas repercusiones en el crecimiento y desarrollo del niño, que puede generar problemas crónicos sino se intervienen adecuadamente y a tiempo. Asimismo, hay que resaltar que el daño depende de la etapa en la que se presenten estas carencias, ya que existen etapas del desarrollo en donde la vulnerabilidad es mayor. Ante esto, la teoría establece que el primer año de vida tiene especial importancia, ya que el sistema nervioso central se encuentra en una fase de crecimiento rápido, y es aún muy vulnerable a las influencias del medio (Dobbing, 1968 citado por Andraca, Pino, De la Parra & Rivera, 1998).

Por otra parte, existen diferencias individuales que determinan el impacto o no, que puedan ocasionar las relaciones negativas del medio ambiente sobre el desarrollo y comportamiento del niño, es decir que no todas las personas responden de la misma manera a los estímulos del ambiente. Van der Kolk (2004 citado por Ramírez, 2006) resalta que:

El impacto hace referencia básicamente a la experiencia de trauma psicológico, a las consecuencias que tiene en las distintas dimensiones del desarrollo de los niños/as y a los términos de tiempo en que se muestran dichas consecuencias. Lo anterior depende de varios elementos: en primer término, de la capacidad de resiliencia del niño/a, de la clase de maltrato, de la percepción del trauma y de la intensidad del evento vivido. Adicionalmente, se consideran otros factores como son: la vulnerabilidad, el temperamento y la capacidad de ajuste que también inciden en la forma como se elabore el trauma (p.293).

Uno de los factores mencionados por este autor es la resiliencia, mediante la cual una persona es capaz de superar las adversidades, adaptándose al medio que le rodea de una manera saludable. Es por esto, que no en todas las situaciones de maltrato por negligencia se dan las mismas consecuencias negativas. De acuerdo con Ruther (1992 citado por Kotliarenco, Cáceres y Fontecilla, 1997), la resiliencia hace referencia a un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que determinan la posibilidad de tener una vida sana, aún cuando se crezca dentro de un medio insano. Por esta razón, es importante que los estudios sobre el impacto de la negligencia o las otras tipologías de maltrato, amplíen sus visiones de tal forma que tanto autores como lectores no sesguen sus conocimientos al tener en cuenta únicamente las consecuencias negativas en situaciones de alto riesgo, sino que se establezcan explicaciones que abarquen ambos puntos de vista. Esto resulta positivo, ya que este fenómeno como se verá más adelante constituye una variable que influye en la manera como se evalúa este impacto. Lo anterior plantea uno objetivo válido e importante para futuras investigaciones.

Otro aspecto relacionado con el apartado preliminar, es el error que se comete al situar al niño como "víctima". Mejía (1996) afirma que al niño maltratado se le ubica en el lugar de la víctima, lo cual equivale a considerarlo incapaz, sin perder de vista la indefensión que opera en ellos. La protección del niño implica también enseñarle a protegerse, defenderse y desenvolverse en un medio hostil. Esto es importante si se tienen en cuenta que durante el desarrollo de la infancia, se construye el autoconcepto por medio de las apreciaciones que hacen los demás. Si este niño abandonado, es etiquetado por las gran mayoría de personas que lo rodean como un niño indefenso, desprotegido y débil, lo más probable es que su autoconcepto se construya con estas bases. De esta manera, vale la pena considerar programas preventivos que eduquen a los padres sobre estos procesos evolutivos.

Luego de este preámbulo y antes de pasar a describir el impacto en cada una de las áreas, es primordial explorar los procesos de evaluación establecidos para su detección.

Evaluación

Para autores como Antequera (2006), el evaluar una problemática o variable psicológica es una posibilidad que "… se encuentra profundamente determinada por los conocimientos que existan sobre su génesis, desarrollo y consecuencias, así como por el grado en que se haya alcanzado una definición consensuada y operativa" (p.44). Como lo evidencia el autor los procesos de evaluación que actualmente se llevan a cabo frente a esta problemática, se ven afectados en gran medida por varias dificultades. Las primeras han sido explicadas en el capitulo uno (contexto y profesión); y las segundas, plantean el estudio del comportamiento del adulto frente al daño que causa. De esta manera, las diferentes posiciones traen con sí conflictos a la hora de operacionalizar las dimensiones a evaluar.

Frente a la primera dificultad, contexto y profesión, no se profundizará pues ya ha sido explicada con detenimiento en capítulos anteriores. Así, es claro que lo que se define como inapropiado en una sociedad, pueda que no lo sea en otra. Y en cuanto a la profesión, el instrumento que se utilice para su evaluación depende en gran medida de las necesidades y formación del que lo estudia.

En segundo lugar, se encuentra el comportamiento del adulto frente al daño en el niño, dentro de la cual se establecen dos variables: la primera es planteada por Gómez (2006) de la siguiente manera:

Debería establecerse claramente si es la conducta del abusador o el daño que se inflige al menor es lo que constituye la prueba relevante. Si el requisito es el daño sufrido, si es esto lo que ha de justificar la acción, es probable que no conlleve finalmente intervención alguna, ya que este daño puede no ser evidente hasta años después de que se cometa el abuso. Por el contrario, si se depende únicamente de la conducta del abusador, puede ocurrir que se realicen acciones en las que el niño no haya sufrido daño alguno. (p.43)

Esta dificultad es importante, en el momento de establecer medidas de protección que permitan juzgar este tipo de maltrato de forma legal. Así, el autor enfatiza que no esta claro desde que parámetro establecer el proceso de evaluación, ya que si se tiene en cuenta solo el comportamiento de los padres, puede que éstas sean sólo costumbres que no buscan causar daño. Si por el contrario, se centra en el niño, está demostrado que la negligencia es una forma de maltrato que no evidencia marcas observables y medibles, hasta el paso de algunos años, cuando estas ya se han visto cronificadas.

La segunda variable está altamente relacionada con la capacidad de resiliencia. Pues como se ha venido explicando, un mismo comportamiento causa diferentes reacciones dependiendo de las características del niño agredido. Así, "…un mismo comportamiento parental puede no causar daño en un niño sano, pero ser considerado negligente si el niño padece algún tipo de handicap o discapacidad." (Antequerra, 2006 p. 43). Es por esto, que al momento de establecer una evaluación, se deben elegir cuidadosamente todas aquellas variables que se interrelacionan para dar origen a la problemática.

De todas formas, es importante rescatar todas aquellas aproximaciones realizadas en busca de disminuir la influencia de las dificultades indicadas, optimizando los resultados de procesos evaluativos y diagnósticos. La teoría establece algunos sistemas de clasificación, dentro de los cuales el más destacado es Maltreatment Classification Scheme propuesto por Barnett y cols en 1993. Este instrumento mide los siguientes aspectos: el tipo de maltrato, la gravedad, la frecuencia, el periodo evolutivo, la separación de los cuidadores y la naturaleza de la relación con el maltratador. (Antequerra 2006). Todas estas variables determinarán el nivel de impacto en el desarrollo evolutivo.

Entrando en detalles más específicos y de acuerdo al objeto de estudio del presente trabajo, es de alta relevancia analizar la evaluación y diagnóstico del maltrato por negligencia, cuyo proceso se ve afectado por ser un fenómeno pasivo que no presenta evidencias físicas. Los estudios de Antequerra (2006) destacan que:

… para la valoración de la negligencia la mayoría de los instrumentos disponibles consisten en escalas complementadas por el evaluador a partir de la información obtenida durante la entrevista u observación de la familia. En lo que se refiere a los cuestionarios existentes, varían en las áreas de la negligencia que contemplan. Así algunos valoran solo un componente como el Childhood Trauma Inventory (Fink, Bernstein, Handelsman, Foote & Lovejoy, 1995) mientras que otros incluyen un amplio rango de conductas negligentes (p. 44).

Estos instrumentos mencionados por la autora, son de gran utilidad porque contemplan tanto los daños como las conductas negligentes de los padres, con lo cual se disminuirían las dificultades evaluativas. Adicionalmente, se considera que dentro de estos procesos es crucial tener en cuenta instrumentos, que permitan la medición de la percepción de padres e hijos frente a la dinámica de la familia, las cuales pueden influir en la cronicidad o no del daño. Antequerra (2006) afirma en cuanto a esta valoración que puede resultar interesante estimar el grado en que el niño, de manera subjetiva, considera negligente o no la conducta realizada por sus cuidadores. Esta percepción subjetiva puede determinar el tipo y la intensidad de las consecuencias que la negligencia ejerce sobre los niños.

De esta manera, la medición del impacto que tiene la negligencia sobre el comportamiento infantil, así como todas las variables involucradas, han sido analizadas por diversos investigadores, generando gran variedad de instrumentos que permiten correlacionar la cantidad de datos, los cuales no solo se adaptan a esta tipo de maltrato sino que son utilizados para medir e indagar, de igual manera en otras tipologías (ver apéndice B).

Finalmente, es bien conocido que las diferentes tipologías de maltrato, no se presentan de forma aislada, sino que se mezclan entre si. Por tal motivo se dificulta establecer las consecuencias de cada subtipo, por lo que la medición del impacto específico de la negligencia se complica, sin embargo hay que reconocer los esfuerzos, aunque reducidos, que han logrado aproximarse a las explicaciones de cada categoría. A continuación se describirán estos avances en cada una de las áreas mencionadas.

Impacto en el Desarrollo Físico del Niño

El desarrollo físico de los niños en el primer año de vida, presentan mayores avances que en los otros años a seguir. A nivel general, en esta área del desarrollo, se espera un adecuado crecimiento de las partes del cuerpo y el cerebro, así como en las habilidades motrices, las capacidades sensoriales, y en el fortalecimiento de la salud; más adelante, en la etapa de la pubertad, se presentan constantes cambios a nivel fisiológico y hormonal que dificultan la comprensión sobre su desarrollo físico (Papalia, Olds & Feldman, 2001). Así sucesivamente, va cambiando el infante hasta que lograra con el paso de los años su adecuado desarrollo. Sin embargo, cuando esta evolución se ve afectada por la negligencia de sus padres o cuidadores (ver apéndice C), debido a que no se atiende apropiadamente las necesidades básicas requeridas. Se genera por lo tanto, unas consecuencias que se presentan de manera temporal o a largo plazo, las cuales dependen de la duración a la que esté expuesto ante esta forma de maltrato.

Con el propósito de lograr uno de los objetivos establecidos en el presente trabajo, se ha organizado la información en tres de las principales categorías que tienen consecuencias en el desarrollo físico, evidenciando las repercusiones y el impacto de los cuidadores negligentes. Las categorías mencionadas, son de acuerdo a la falta de atención en el cubrimiento de: alimentación, protección y seguridad, y la higiene del niño.

La Alimentación: En esta categoría es de destacar, que la nutrición en el niño es primordial en toda la vida del ser humano, pues como lo señalan Bozhovich (1989) y Petrosky (1989), citados por Fuillerat (2004), la alimentación y nutrición, son determinantes para la formación del feto, pasando por la experiencia de la lactancia materna, así como para la edad escolar y la adolescencia; siendo fundamental en la formación de la personalidad y del comportamiento humano.

Es tal la importancia que tiene la alimentación para el desarrollo del infante, que es uno de sus principales derechos, donde el primer alimento del bebé cuando aún se encuentra dentro del vientre de la madre, es la sangre de ella, la cual le ayuda a nutrirse, a desarrollar sus órganos y cuerpo; al nacer y durante su crecimiento, recibe otros alimentos más sólidos, adecuados para la etapa de desarrollo en la que se encuentra y necesarios para mantener su cuerpo (Alcaldía Mayor de Bogotá, 1998).

Además, se debe tener en cuenta su importancia para el adecuado desenvolvimiento del niño en el contexto escolar; pues como lo refiere Hernán (1997), "… se puede asumir que la función cognoscitiva del escolar está influida por su estado nutricional previo y el ambiente psicosocial que enmarcan su crecimiento y desarrollo" (p.92). Sin embargo, cuando los cuidadores no suplen esta necesidad del niño, debido a una falta de proporción de los alimentos o el suministro inadecuado, se generan grandes consecuencias, las cuales puede tener efectos que producen baja talla, desnutrición, bajo peso y a demás, afectar el desarrollo neurológico. Es por esto, que Moreno (2001) a través de sus estudios, menciona que la alimentación propiciada por los progenitores/cuidadores puede ser escasa, en mal estado, con pocos nutrientes o inapropiada para la edad en que se encuentra el niño.

En consecuencia de lo anterior, se pueden presentar las siguientes repercusiones en el niño:

Diarreas agudas debidas al consumo de alimentos en mal estado o de alimentos inadecuados para el momento evolutivo que atraviesa… Vitaminopatías. Carencias vitamínicas, atribuibles a déficits nutricionales, que suelen darse fundamentalmente en población con pocos recursos (pudiendo llevar al raquitismo). Caries en un número abundante de dientes por una alimentación inadecuada pudiendo dificultar a la vez la masticación de determinados alimentos (Moreno, 2001. p.96).

Se debe resaltar hasta el momento, la importancia que tiene una adecuada alimentación y sus beneficios para el desarrollo físico y cognoscitivo del niño; así como es de destacar que ante la mala alimentación o la falta de ésta, se generan graves consecuencias que afectan tanto el organismo del infante como su adecuado desenvolvimiento ante la sociedad.

Otras consecuencias de la malnutrición, se evidencia a los seis meses, cuando las madres aunque lactan a sus hijos, prolongan ésta alimentación sin la introducción oportuna de nutrientes sólidos a la dieta del niño. Generando un riesgo de desnutrición, debido a que "… se establece en la díada un patrón repetido en el que la madre ofrece un alimento sólido, el niño rechaza este tipo de alimento y la madre no alienta al niño a consumirlo de manera consistente" (O´Connor & Szekely, 2001 citados por Cortés, Romero, Hernández & Hernández, 2004. p.58). Es de resaltar, que a pesar de que la madre se preocupa por lactar al niño, se presenta un descuido por parte de ella, al no tener presente las etapas adecuadas para proporcionar otros tipos de alimentos, generándole daños nutricionales desde muy temprana edad al infante.

Hasta el momento, se ha evidenciado que la desnutrición es una de las más comunes consecuencias que se presentan por una alimentación inadecuada o por la falta de esta. Los pequeños que están continuamente mal alimentados y que presentan desnutrición, evidencian disminución en: la talla, la velocidad del crecimiento, en los niveles de hierro, en la grasa subcutánea, los pliegues cutáneos, el perímetro braquial, entre otros (Di’Iorio, Urrutia & Rodrigo, 2000; Fernández, 2005; Hernán, 1997).

Como se ha señalado, estos factores al igual que la negligencia, no sólo generan una consecuencia sino que producen varias; ya que, ante la presencia de una de estas, se desarrollan otras más. Un ejemplo claro es la insuficiencia de hierro, donde varios autores (Hernán, 1997; Olivares & Walter, 2004) refieren, que ésta se relaciona con perturbaciones en la maduración del sistema nervioso central, en el desarrollo cognoscitivo y neurointegrativo de los niños.

Respecto a la talla y peso, Moreno (2001) señala las repercusiones en el crecimiento que tiene la negligencia o abandono físico de los cuidadores, haciendo referencia a:

Niños que nacen con una talla y peso normal pero que en un determinado momento - entre el primer y segundo año de vida - se estancan, o crecen muy lentamente para su edad. Es uno de los primeros signos de negligencia parental. (p.95).

Fernández (2005) alude a lo mismo, refiriendo que la talla a pesar de que la evidencia es más tardía que en el peso, se retrasa aproximadamente entre uno o dos años de la edad normal, a lo que llama "retraso pondoestatural". Ante esto, es de mencionar que tanto la talla como la pérdida de peso, son evidencias físicas claras de la negligencia por la que pasan los niños.

Asimismo, Leiva et al. (2001) mencionan que la mala nutrición a diferencia de los efectos que tiene en el crecimiento, el cual puede ser reparado con la ingesta adecuada de los alimentos, presenta una excepción en cuanto al cerebro y el sistema nervioso. Por esto, los autores refieren que el niño puede verse perjudicado en el crecimiento del cerebro y del desarrollo intelectual, presentando en el caso de niños escolares un bajo rendimiento, con circunferencia craneana subóptima, así como disminución en el volumen encefálico, peso cerebral, concentración de proteínas, contenido de ADN y ARN. Sin embargo Hernán (1997) objeta lo anterior, aclarando que "… los cambios en el crecimiento de las estructuras cerebrales eventualmente se recuperan en alguna medida, aunque perduran las alteraciones en el hipocampo y el cerebelo" (p.95)

Es de resaltar la importancia que tiene la negligencia en la estructura cerebral, el cual ante la presencia de éstas, genera consecuencias que dependiendo del grado de severidad pueden llegar a ser irreparables.

En cuanto al sistema nervioso, Kanarek y Marke-Kaufman (1991 citados por Cortés et al., 2004) afirman que "provoca cambios estructurales y bioquímicos en el sistema nervioso central que pueden alterar su funcionamiento y limitar las capacidades de aprendizaje" (p.58). Los autores evidencian respecto al funcionamiento del sistema nervioso, que puede verse muy afectado por la experiencia que vive con su familia, donde es probable que no pueda posteriormente arreglar los daños causados.

De igual forma, algunos investigadores (Alvear, Vial & Artaza, 1991; Giménez, et al., 2007) refieren, que también se ve afectado en el cuerpo, su maduración ósea y en el organismo, las hormonas como el cortisol o la norepinefrina, así como el número de receptores intracelulares; los cuales, estos últimos tienen repercusiones debido a la permanencia en el estado de hiperexcitabilidad en el que se mantiene el niño, generándole condiciones crónicas de estrés.

Se debe mencionar, la importancia de la alimentación para el desarrollo tanto interno como externo del niño, pues como han reportado varios autores, se presentan deterioros que pueden llegar a ser severos, donde algunos tienen solución pero otros son irreversibles; así mismo, también se hallan casos, donde el daño en el niño le lleva a muerte por desnutrición.

Higiene del niño: En esta característica se abarca lo referente a la higiene corporal o poca limpieza en la apariencia del niño. Un ejemplo claro lo menciona Moreno (2001) explicando que "El niño va constantemente sucio, siendo su apariencia la de no haberse lavado en varios días (pelo sucio y enmarañado, piel y dientes sucios) y llevando frecuentemente la ropa sucia y/o rota" (p.97). Asimismo el autor, menciona que esta constante falta de higiene le puede ocasionar al niño problemas de irritación en las zonas genitales, caries, deformaciones e infecciones en la boca; además se manifiesta en el organismo una "coraza hidrosoluble" que cubre el manto cutáneo, persistiendo por un largo tiempo.

La ropa del niño, es otra característica que permite observar la falta de higiene, así como la desatención de los padres, puesto que su vestuario es inapropiado al clima en el que se encuentra (Fernández y Perea, 2004), presentándose las complicaciones en las épocas de mucho frío o exceso de calor, las cuales pueden generar graves lesiones (Moreno, 2001). El vestido en los niños y sobre todo en una temprana edad, es de gran importancia debido a su vulnerabilidad ante el medio, asimismo, como se mencionó es primordial para las épocas de extremo frío.

De igual manera, Oliván (1999) menciona algunas anomalías que se presentan ante la falta de higiene en el niño, refiriendo que en cuanto a lo odontológico, se desarrollan caries, periodontitis, gingivoestomatitis; a nivel dermatológico, pediculosis, eccemas, micosis, impétigo; a nivel oftalmológico, se presentan errores de refracción y conjuntivitis; en el sistema respiratorio puede presentar bronquitis, asma, neumonía; y en cuanto al sistema locomotor se generan escoliosis, pies planos valgos, disimetría de extremidades inferiores.

Es de resaltar, que aunque algunas veces es normal ver a niños de estratos bajos con mala higiene y presentación, asociándolo por consiguiente a la situación económica de la familia, no es adecuado hacer caso omiso a esta situación negligente por la que pasan los niños, ya que en ellos es frecuente que se presenten las anteriores dificultades referentes a la higiene. Estas consecuencias se dan en conjunto, es decir, varias anomalías al mismo tiempo, afectando por lo tanto el desarrollo físico del niño, así como otras áreas más.

La Protección y seguridad del niño: esta es una de las principales características que se han mencionado, debido a que identifica notablemente a los cuidadores negligentes. En esta se hace alusión a los descuidos de los padres por la exposición del niño a ambientes fríos o calurosos durante tiempos prolongados, a las sustancias tóxicas cerca de su alcance, así como objetos pequeños, cortopunzantes, entre otros que le generan accidentes domésticos; también se encuentran las necesidades médicas que no son atendidas oportunamente.

Asimismo, Moreno (2001) menciona algunos de los accidentes que le pueden ocurrir a un infante de corta edad, por el descuido de los padres/cuidadores como quemaduras, intoxicaciones reiteradas, asfixias, descargas eléctricas, aplanamiento del occipucio por la constante posición decúbito supino sin movilización, deshidrataciones agudas, entre otras.

En cuanto a los cuidados médicos, sobresale la conducta de los padres negligentes respecto a la poca preocupación por el niño ante la presencia de enfermedades, incumpliendo los tratamientos para su recuperación, generándole como lo menciona Becedóniz (2003), el empeoramiento de los problemas por la ausencia de cuidados adecuados.

La protección y seguridad que brindan los padres a los niños, es uno de los principales factores que proporcionan bienestar, sin embargo la falta de atención para brindar adecuadamente esta necesidad, genera en ellos diversas problemáticas como las que se han mencionado. Estas, a demás de atentar y perjudicar el desarrollo del niño pueden generarle un gran daño físico.

Finalmente, se puede decir respecto al impacto que tiene la negligencia de los cuidadores en el desarrollo físico, que este permite evidenciar el maltrato al que está expuesto en su familia, el cual puede tener soluciones dependiendo de su grado de severidad, es decir del tiempo al que ha estado sometido y al tipo o tipos de negligencia que presenta su cuidador.

Impacto en el Desarrollo del Lenguaje del Niño

El lenguaje es una herramienta primordial en el desarrollo global del ser humano, el cual constituye la base para el establecimiento de relaciones con el mundo exterior, con lo cual se facilita la adquisición de las habilidades necesarias para sobrevivir. Este desarrollo se gesta en gran medida en las edades que van desde 0 a 6 años, siendo este un período en el que se forman y se desarrollan las bases de la comunicación. A partir de esta edad, la comunicación y el lenguaje oral crecen en complejidad, calidad y destreza. (Pérez & Salmeron, 2006).

Lo anterior, muestra como los niños que crecen en presencia de negligencia, tienen un alto riesgo de no desarrollar estas habilidades y por tanto generar un retraso en su 0evolución. Antes de pasar a estudiar estas consecuencias con detenimiento, se considera apropiado hacer una breve descripción de los componentes del lenguaje y su adecuado desarrollo.

El lenguaje se encuentra constituido por cuatro componentes: semántica, pragmática, sintaxis y morfológico. Moreno (2005) y Pérez y Salmeron (2006) las describen de la siguiente manera:

La Semántica: Evalúa el conocimiento que tiene el niño de la función significativa de ciertos elementos de la oración: agente, paciente, instrumental, nociones cualitativas y de cantidad. Asimismo, se ocupa del significado de las palabras en la mente de los hablantes y de su combinación cuando aparecen integrando una oración, de la expresión de significados a lo largo de una secuencia de acontecimientos, de cómo se organiza y se relaciona la información y de la adquisición y el uso de categorías abstractas

La Pragmática: Estudia el uso del lenguaje en diferentes situaciones comunicativas. Así como las reglas que dirigen el uso del lenguaje, los efectos esperados y buscados sobre el receptor y los medios específicos utilizados para tal fin

La Sintaxis: Explora la estructura de la oración, el sintagma nominal, verbal, adjetivo, objeto directo e indirecto.

La morfológica: Evalúa los usos plurales, las formas verbales e irregulares, así como los aspectos reflexivos y posesivos

A partir de estas funciones del lenguaje, es que las diferentes investigaciones evalúan el desarrollo en los niños. A continuación se encuentra las diferentes etapas por la que atraviesa un infante en el proceso de adquisición del lenguaje (ver tabla 2)

Tabla 2

Etapas del desarrollo de la comunicación y el lenguaje. Tomado de Pérez & Salmeronn (2006).

A partir de estos parámetros que describen el desarrollo evolutivo normal, se puede pasar a la descripción de las diferentes repercusiones presentadas por los autores, acerca de los niños sometidos a negligencia familiar o de los cuidadores.

Una de las características de esta problemática, es que conlleva un aislamiento social. Es decir que el niño se desenvuelve en un ambiente poco estimulable, pasando largos lapsos de tiempo sólo y por tanto aumentando la probabilidades de sobrellevar retrasos en esta área, pues no cuentan con modelos que estimulen constantemente la adquisición de esta competencia. Pérez y Salmeron (2006) constatan lo anterior al describir el lenguaje como un instrumento de comunicación exclusivo del ser humano, el cual cumple múltiples funciones tales como obtener y trasladar información, ordenar, dirigir el pensamiento y la propia acción, permite imaginar, planificar y regular.

Teniendo en cuenta las premisas anteriores, se puede comprender por qué esta área es la más afectada por este tipo de maltrato, pues es el lenguaje un comportamiento que para su efectivo perfeccionamiento, requiere de una exposición temprana a figuras y modelos que le muestren las diferentes vocalizaciones y usos del mismo.

Pérez y Salmeron (2006) describen algunos factores extrínsecos que generan este tipo de impacto. En primer lugar se encuentra la hipoestimulación ambiental, que comprende aspectos como: un ambiente cultural pobre, frecuentes hospitalizaciones, conflictos familiares que entorpecen el intercambio comunicativo y afectivo, por lo que se ve perjudicado el involucramiento del niño en situaciones comunicativas con hablantes más competentes. En segundo lugar, se hace referencia a la sobreprotección, en la cual se sustituye continuamente al niño, no se le posibilita el contacto con elementos que generen experiencias de aprendizaje. De esta manera el adulto se anticipa a sus necesidades, envolviendo al niño en un ambiente que no le deja interaccionar activamente. En este caso se encuentran dos tipos de negligencia, revisadas a lo largo del texto, como lo son las negligencias por omisión, como es el caso de la primera, y la negligencia por acción referente a la sobreprotección.

El estudio llevado a cabo por Manso (2005) en donde se estudiaron a nueve niños, cuyas edades comprendían de los cinco a los nueve años de edad, y quienes habían experimentado una situación de abandono. Se evidenció que los niños con ésta problemática presentaban graves inconvenientes en el componente oral, en donde la mayor repercusión estaba en la función pragmática, seguida de la sintaxis obteniendo índices por debajo de su edad cronológica. El autor describe específicamente los datos obtenidos para cada componente del lenguaje, por consiguiente se proporcionará los resultados para cada componente.

En morfología, presentan dificultades para utilizar las formas verbales irregulares y futuras y el uso de los pronombres personales. En sintáxis, se observa una complicación para el uso de la voz pasiva y construcción de oraciones complejas que involucren diferencias temporales. "La capacidad para realizar una determinada estructura lingüística a partir de un enunciado no es la adecuada, los niños manifiestan dificultades para utilizar la voz pasiva, oraciones más complejas como las subordinadas causales, temporales, adversativas y de relativo." (Moreno, et al., 2006, p. 63).

En Pragmática, en cuanto a esta función, los niños no logran dar a entender sus necesidades de una manera adecuada así como unas dificultades y confusión a la hora de responder preguntas con enunciados largos, por lo tanto, para este niño es complicado mantener su atención por largos períodos de tiempo. Según Clemente (2000 citado por Moreno et al., 2006) menciona que estas dificultades en la competencia pragmática se encuentran significativamente asociadas al escaso dominio de la morfología. Así, algunas construcciones sintácticas organizan el valor pragmático de los enunciados, como en el caso de las formas imperativas y las oraciones condicionales y la posibilidad pragmática. Es decir que la dificultad en una función que dificulta necesariamente las demás.

En semántica, en este aspecto los resultados no se presentan tan bajos, aunque existen complicaciones para utilizar el dativo, los locativos y las nociones de cantidad con adverbios cuantificadores. González et al. (2001) plantean que existen bajos niveles en el desarrollo léxico-semántica (pobreza léxica, conocimiento deficitario del significado del lenguaje y escaso dominio de relaciones sémicas taxonómicas).

Como se observa, cada componente del lenguaje se relaciona con el otro, por lo que los resultados de los estudios muestran retrasos a nivel global. Al analizar estas afirmaciones, se puede plantear que el desarrollo del lenguaje se presenta como un proceso multivariable, que correlaciona cada uno de los aspectos mencionados con anterioridad, de tal forma que al estimular una determinada función, se contribuye con el desarrollo de las otras. De acuerdo con Canales (2006) las limitaciones en el lenguaje parecen lógicas si se tienen en cuenta que este, se define y transmite culturalmente, las carencias sociales y escolares no han propiciado ni explícita (instrucción directa), ni implícitamente (interacción social) el desarrollo de una estructura conceptual que incorpore ciertas relaciones del lenguaje.

Pero no solo los componentes del lenguaje se relacionan entre sí. Las deficiencias en esta área, determinan en gran medida tanto el funcionamiento social como el cognitivo. Moreno et al. (2006) lo describen de la siguiente manera:

Cuando un niño no tiene habilidades verbales apropiadas para relacionarse y expresar lo que desea, no puede interaccionar socialmente, como lo hacen los demás. Lo que a su vez puede derivar hacia conductas disfuncionales tales como: frustración, impulsividad, oposicionismo, resistencia al control del adulto, ansiedad, inseguridad, sentimientos de inferioridad, baja autoestima, reducción de las interacciones sociales, dificultades en la interacción con las personas de su entorno y mala adaptación, pudiendo inducir a su vez un desarrollo afectivo anómalo, con alteraciones emocionales y comportamentales (p. 62).

Es decir que los niños al no contar con formas adecuadas de comunicación, no pueden establecer un contacto positivo con su grupo de pares, por lo que se generan otro tipo de estrategias que les permiten establecer mecanismos de ayuda comunicativa. Así lo comprueban diferentes autores, quienes han coincidido en afirmar que aquellos niños que han sufrido algún tipo de deprivación ambiental desarrollan un código lingüístico restringido, un lenguaje limitado esencialmente a la comunicación concreta e inmediata, insuficiente de todo punto en el medio escolar. (Moreno et al., 2006; Pérez & Salmeron 2006). Por otro lado Stevenson (1996) citado por Moreno (2001) afirma que estos niños presentan una impulsividad que se asocia con mayor frecuencia con los déficit comunicativos, y la cual dificulta la capacidad para reflexionar antes de actuar y prever los errores antes de cometerlos. Este aspecto conlleva en gran medida al rechazo social, lo que a su vez refuerza el retraimiento gracias a una serie de frustraciones seguidas, que disminuyen el acercamiento del niño con su medio social.

Luego de hacer esta revisión se puede concluir que el lenguaje es influenciado por el ambiente de manera significativa, siendo el área de desarrollo que mayores repercusiones evidencia dentro de una situación de negligencia. Asimismo, se observa con preocupación como esta área, influye sobre el desarrollo de las demás, especialmente el área socio afectiva, alejando al niño del resto de personas que lo rodean.

Impacto en el Desarrollo Socioafectivo del Niño

El desarrollo social de una persona es un proceso fundamental para la supervivencia. Lo seres humanos por naturaleza son sujetos sociales que necesitan de los demás para progresar evolutivamente. Este tipo de relación se observa desde la infancia, en donde se constituyen las bases para el futuro como adulto.

Este aprendizaje desde la infancia temprana, es descrito por la teoría del aprendizaje social o modelo cognitivo de aprendizaje social planteada por Bandura (1977, citado por Mangrulkar, Whitman y Posner 2001), la cual afirma que los niños aprenden a comportarse por medio de la instrucción, es decir todas aquellas indicaciones que reciben de las personas que se encuentran a su alrededor; así como por medio de observación, por la cual los niños imitan lo que ven de los modelos.

Esta teoría demuestra como el acompañamiento de los padres o cuidadores es indispensable para adquirir patrones de conducta, ya sea emocional o con respecto al resto de áreas de desarrollo. Así lo afirma Jadue (2002), refiriendo que los procesos emocionales están profundamente involucrados en la dirección de los procesos cognitivos: la atención, todos los actos perceptivos, el aprendizaje y la memoria.

Por tal razón y al igual que las demás categorías de desarrollo, desde lo socioafectivo se establecen una serie de parámetros que definen el curso normal de desarrollo de esta área. Los cuales son descritos en la tabla 3.

Tabla 3.

Etapas de desarrollo de la infancia y la adolescencia. Tomado de Mangrulkar, Whitman y Posner, 2001

Los diferentes estadios de la evolución psicosocial evidencian en gran medida la importancia de las relaciones afectivas durante los primeros años de vida. En el caso de la negligencia, Soler, et al. (2007) plantean que la falta de estimulación generalmente se acompaña de un déficit en la relación afectiva. Cuando en esta relación se ponen de manifiesto actitudes de rechazo, descuido, negligencia, pobreza del medio, tanto y en cuanto a estimulación como a posibilidades de actividades, el desarrollo físico y psíquico del niño se ve afectado. Es así como se inician en el niño las secuelas de este flagelo, promoviendo los respectivos retrasos de los que se han venido estudiando hasta aquí.

En cuanto a las manifestaciones específicas a nivel socio afectivo encontradas por diversos autores, se han hallado problemas en cuanto a expresión de emociones, autoconcepto, autoestima, control de impulsos y tolerancia a la frustración.

De acuerdo con Camras, Ribordy, Spaccarelli y Stefani (1986 citados por Pino et al., 2000), esta población se caracteriza por presentar complicaciones a la hora de expresar y reconocer afectos, careciendo de habilidades para animarse unos a otros a tratar de vencer las dificultades que se presentan en una tarea. Esto es lógico si se retoma la teoría del aprendizaje social, en donde los niños aprenden por observación las diferentes formas de comportamiento. De esta manera, niños que han sido educados con niveles bajos de contacto y poca estimulación afectiva, lo más probable es que evidencien este tipo de comportamientos y dificultades al involucrarse en otro tipo de escenarios sociales.

Coster et al., (1989) citados por Pino et al. (2000) describen otra de las manifestaciones comportamentales, al referir sobre las características de este tipo de población como menos hábiles para describir su propia actividad, estados internos y sobre todo para hablar de hechos pasados y futuros. Dentro de esta apreciación es importante resaltar la dificultad al describir sus propias emociones, lo que demuestra a su vez una falta de reconocimiento de su propia personalidad, que no les permite reconocerse como seres que sienten y expresan cada una de sus emociones. A partir de esto se demuestra que son niños ansiosos (Ericsson et al., 1989 citados por Ruiz & Gallardo 2002), que al no poder expresar lo que sienten, pueden llegar a presentar sintomatología depresiva.

Por último se rescata la postura de Perry (1999) como forma de compilación de estas repercusiones socio afectivas:

Estos niños presentan una gama de problemas emocionales, incluyendo síntomas de depresión y ansiedad. Una de estas conductas comunes es el apego "indiscriminado". Los niños pueden buscar apego -- cualquier apego para su seguridad, por lo que son considerados en algunos casos "amorosos" que abrazan personas que les son prácticamente extraños. Los niños no desarrollan un vínculo emocional profundo con personas que apenas conocen; más bien estas conductas "afectuosas" son realmente comportamientos que buscan seguridad. Estas conductas contribuyen a la confusión del niño respecto a la intimidad. La habilidad de poder emocionalmente "entender" el impacto de nuestra conducta en otros, no funciona en estos niños. Ellos realmente no entienden o perciben lo que otros sienten cuando ellos hacen o dicen cosas hirientes. (p.7)

Estas repercusiones explicadas por los autores, demuestran en definitiva una ausencia notable de habilidades sociales, por lo que es de gran importancia construir programas de intervención y prevención que contemplen estos aspectos, con el fin de reducir este impacto, logrando que estos niños puedan exteriorizar de una manera saludable cada una de sus emociones.

Otro aspecto afectado es la llamada autoeficiencia, la cual permite mediante la apreciación de las personas que rodean a un individuo, crear su propia percepción. Newman y Newman (1998 citados por Mangrulkar et al., 2001) afirman que aprender a evaluarse a sí mismo y sus habilidades en forma realista es otro proceso importante durante la niñez. Sin embargo es importante resaltar que durante la primera infancia, los niños atraviesan por una etapa de egocentrismo, en donde se consideran el centro del mundo. Ante estos procesos, estos autores explican que conforme los niños comienzan a poner atención al trabajo de los demás como medio de evaluar sus propias habilidades, el proceso de auto evaluación se complica debido a las presiones a las que se ven expuestos con respecto al conformismo, la competencia y la necesidad de aprobación.

Estas exposiciones aunque complicadas, resultan funcionales para el niño en crecimiento, pues le permiten construir una visión realista del mundo que le rodea, así como sus capacidades y habilidades, que su vez aumenta los niveles de autoconocimiento, lo cual genera mayor aprendizaje. A partir de este proceso se comienza a construir la autoeficiencia. Esta última, es otra dimensión del desarrollo del concepto de sí mismo, la cual describe "el grado en que los individuos se ven a sí mismos como valiosos, como gente causalmente importante y como personas efectivas para dar forma a los eventos y resultados de sus vidas." (Mangrulkar et al., 2001 p. 40).

Las afirmaciones anteriores demuestran la relación que existe entre estos procesos de desarrollo y la ausencia del vínculo. Esta situación aumenta considerablemente la probabilidad de presentar autoestima baja, pues estos niños construyen algunas interpretaciones a partir de lo que observan, sintiéndose seres no valiosos y sin el apoyo de su cuidador. Asimismo y pasado el tiempo es posible que se evidencien síntomas depresivos. Desde el punto de vista de Compas y Oppendisano (2000, citado por Jadue 2002) la prevalencia de los síntomas de ansiedad y de depresión aumenta durante el desarrollo. Estos síntomas están asociados con dificultades en el rendimiento escolar y en las relaciones interpersonales. Del mismo modo, cuando estos problemas se presentan en etapas tempranas de desarrollo, son predictores de problemas similares en la adultez.


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